TITULO: NO TRATES DE ESCONDERTE

TITULO ORIGINAL: NO TE ESCONDAS

AUTORA ORIGINAL HISTORIA: KAREN ROSE

AUTOR ORIGINAL PERSONAJES: KISHIMOTO - SENSEI

CONTEXTO : CHICAGO

PROTAGONISTAS: ITACHI UCHIHA Y SAKURA HARUNO

SIN FINES DE LUCRO

No sabes quién soy.
No puedes detenerme.
No te escondas.

Capítulo 23

Viernes, 17 de marzo, 19.30 horas.

La herida ya casi no sangraba y no le dolía tanto como al principio. Aun así, necesitaba que le dieran puntos; de otro modo, volvería a abrirse. Kiba estaba a punto de llegar. En cuanto la suturara podría empezar la tortura de Haruno.

El camino de entrada a casa de Kiba se divisaba estupendamente desde una manzana de distancia gracias a los prismáticos. Y también el Camaro de suelo bajo que descendía lentamente por la carretera y se encontraba a una manzana de distancia en sentido contrario.

«El coche de Itachi Uchiha.» Tardó unos instantes en recuperarse de la estupefacción. Kiba Carter se había chivado. «Sospechan de mí.» Imposible. El truco de los zapatos era buenísimo. Tendrían que Haber sospechado de Robin Archer, pero aunque la policía había ido a verlo por la mañana, el hombre seguía tan tranquilo en su casa. «Y ahora sospechan de mí.» ¿Cómo era posible?

Y, lo más importante, ¿qué haría ahora? Necesitaba que le curaran la herida. Tendría que hacerlo Haruno. Esperaba que el padre siguiera con vida, porque solo apuntándolo con una pistola en la cabeza conseguiría que ella la atendiera en condiciones. Cuando la hubiera suturado, Haruno y su padre morirían. Con más rapidez y mucho menos sufrimiento del que había planeado. «Tengo que marcharme.» Muy lejos.

Viernes, 17 de marzo, 20.15 horas.

—Debe de Habernos visto. —Itachi lanzó el abrigo sobre su escritorio con indignación.

—Hemos esperado cuarenta y cinco minutos —le explicó Hoshigaki a Hatake—, pero no ha aparecido.

Hatake suspiró y dijo:

—Sabemos de qué forma dispararon a Ino Yamanaka. Recibimos una llamada justo después de que salierais hacia su casa. Han encontrado muerto al novio de Mei Terumi en su piso. El chico estaba tendido encima de su propia pistola; el arma había efectuado un solo disparo. Y en el ordenador encontramos fotos. Al parecer Terumi había estado fotografiando a Sakura por toda la ciudad.

Otro muerto. «Mierda.»

—Sakura dijo que Terumi la había estado siguiendo.

—Bueno, su acoso fue un buen trabajo. Encontramos fotografías de Marge Hooper, de Sylvia Arness y de media docena de personas más con las que Sakura se cruzó ese día. Terumi dijo a Sasuke y a Mia que sospechaba que alguien había accedido a sus archivos, pero que se había «distraído» con no sé qué artículo. Así que, según parece, Yamanaka anda por ahí con un balazo.

—Terumi se ha acercado demasiado a Yamanaka —masculló Hoshigaki—. ¿De qué iba el artículo?

—No nos lo ha dicho. Mia nos ha explicado que Terumi no dejaba de murmurar «en portada».

—Así que el novio ha pagado con su vida la obsesión que Terumi tenía con Sakura y con la exclusiva. —Itachi suspiró—. ¿Habéis encontrado algo en el piso de Swanson?

—Lo alquiló hace dos meses una pareja joven —explicó Hatake—. Así que Yamanaka no está allí. Pero antes de eso, estaba alquilado a nombre de Deering, Inc.

«Más cerca.» Pero aun así, no servía de gran ayuda.

—¿Hemos hecho alguna búsqueda de los bienes inmuebles de Deering?

—Lori la está haciendo ahora mismo. Dentro de una hora más o menos sabremos algo. He vuelto a hacer venir a Temari Masterson. Nos ha dicho que quería llamar a su abogado. Adivinad quién es.

—Destin Lawe —dijo Hoshigaki, y Hatake asintió.

—No le ha hecho ninguna gracia saber que está muerto. Él le había dicho que era abogado.

—Por eso lo llamó ayer en cuanto la dejamos Marcharse —dijo Hoshigaki.

—Hemos recibido tres llamadas más diciendo que han visto al padre de Danny Morris. Todas falsas.

—Ella sabe que seguiremos cualquier pista. Menuda bruja —musitó Hoshigaki.

Itachi estuvo a punto de ponerse a chillar.

—Nada de todo esto nos sirve para encontrar a Sakura.

—Tenemos una orden de busca y captura de Yamanaka —anunció Hatake pacientemente—. Escucha, Itachi, hasta que Lori termine con la búsqueda no podemos hacer nada. Aprovecha el tiempo para recargar las pilas. —Entrecerró los ojos—. Es una orden. En cuanto tengamos el listado de los inmuebles, saldrás disparado. Te quiero bien despejado para entonces.

Itachi tuvo que hacer un esfuerzo para abandonar la sala. De camino al ascensor, se topó con Rick.

—Te he estado buscando —dijo Rick—. Tengo algo. —Al ver que Itachi lo miraba perplejo, Rick frunció el entrecejo—. Te hablo del CD que Poston rompió. Tengo algo.

Una oleada de energía renovada le dio el empujón que necesitaba.

—Vamos a verlo.

Viernes, 17 de marzo, 20.15 horas.

Sakura estuvo a punto de echarse a reír. Era una petición de lo más ridícula.

—¿Que quieres que haga qué?

Ino no sonrió.

—Aquí tienes una aguja esterilizada y un poco de hilo. —Se descubrió el brazo y le mostró la piel desgarrada—. Sutúrame.—Sostenía la pistola con la mano izquierda, con el cañón apretado contra la sien de Kizashi—. No me hagas daño; en la mano izquierda no tengo el pulso muy firme.

Sakura se puso seria al instante.

—Muy bien, pero no le hagas daño.

—Me matará de todas maneras; no la ayudes. —El hombre gruñó cuando Ino le dio una patada en el estómago.

—Cállate, viejo.

—No te preocupes, papá —susurró Sakura, y miró a Ino a los ojos—. No puedo ayudarte con las manos atadas. —Después de una hora de contorsiones, había conseguido extraer la navaja del bolsillo de su padre. Como tenía las manos atadas a la espalda, el único sitio donde había podido ocultar la navaja era en la parte trasera de la cinturilla de sus tejanos. Por el momento seguía teniendo la funda puesta, y no servía para nada, pero cuando Ino la desatara...

Ino tomó su cuchillo, uno grande de carnicero, y cortó las cuerdas que le sujetaban las manos.

—Un movimiento en falso y tu padre no tendrá que volver a preocuparse por su corazón.

—Te dolerá —le advirtió Sakura—. Aquí no tengo nada para mitigar el dolor.

Ino esbozó una sonrisa de satisfacción mientras sus ojos examinaban los estantes de la pequeña habitación donde se encontraban presos.

—Yo sí, pero por nada del mundo dejaré que me lo apliques.

Sakura se esforzó por controlar las náuseas que hacían que el estómago le diera tantas vueltas como le daba aquel cuchitril; acababa de reparar en la cantidad de plantas y botes que se alineaban en los estantes. La mayoría eran setas. Otra pieza del puzle encajó en su sitio.

—Alucinógenos. Los utilizaste con mis pacientes.

Ino extendió el brazo.

—Cállate y cose.

Sakura negó con la cabeza.

—Me estoy mareando aquí dentro. No me veo capaz de hacerlo bien.

—Estoy dispuesta a correr ese riesgo —dijo Ino en tono seco—. Empieza.

Sakura enhebró la aguja.

—¿Les administraste drogas a mis pacientes?

Ino dio un resoplido de impaciencia.

—Sí.

Sakura dio la primera puntada y Ino silbó de dolor.

—¿Y en mi sopa?

—Pues claro. Era el momento ideal para apartarte de Phil.

Sakura dio unas cuantas puntadas más.

—¿Te acostaste con Phillip?

La sonrisa de Ino denotaba crueldad.

—Pues claro. Y tomé unas cuantas fotos del gran momento. Con eso bastó para convencer a Phillip de que te dejara. No podía dejar que os casarais.

—¿Por qué no?

—Porque habríais sido felices. Lo de Green y lo del estrangulador no habría salido mejor ni aunque lo hubiera planeado expresamente, y me ocupé de que tuviera repercusiones.

—Creía que me estaba volviendo loca —musitó Sakura, acordándose de las semanas durante las que se había sentido demasiado débil para ir a trabajar y se preguntaba si su subconsciente estaría rechazando la profesión.

Ino soltó una risita cordial.

—Ya. Por cierto, cuando el domingo te dije que parecías una putilla hablaba en serio.

Sakura tensó la mandíbula.

—Me lo imagino. Eleanor tenía razón; nunca le caíste bien.

Sakura notó que el brazo de Ino se tensaba.

—Qué bruja. También ella se llevó su merecido.

Sakura levantó la vista.

—¿Qué?

—Siempre te estaba ayudando, siempre te regalaba cosas.

Sakura recordó la conmoción que había causado la repentina muerte de Eleanor.

—Tú mataste a Eleanor y te las arreglaste para que pareciera que le había dado un derrame cerebral.

—Sí. —Apretó los labios—. Tenía la piel del cuello tan arrugada que el forense ni siquiera se dio cuenta de la pequeña marca de la aguja.

—Pero no encontraron drogas en el análisis.

—El aire es milagroso, Sakura.

Sakura, confusa, bajó la vista a los puntos.

—Le inyectaste aire.

—Supuse que el viejo te daría una patada en el culo.

—Pero no fue eso lo que ocurrió —musitó Sakura. Ahora muchas cosas cobraban sentido.

—Las cosas te salieron bien —dijo Ino con amargura—. Siempre te salen bien. —Sacudió la cabeza con fuerza—. Bueno, te salían —rectificó—. Porque tu afortunada vida terminará esta noche.

Sakura estaba acabando con los puntos y aún tenía los pies atados.

—¿Qué piensas hacer con nosotros?

—Os pegaré un tiro. Es como cerrar un gran círculo. Empecé yéndome a vivir con vosotros porque maté a mi padre y ahora terminaré matando al tuyo.

Sakura dio un punto en falso que hizo sudar a Ino. Kizashi levantó la vista, apenas podía abrir los ojos.

—¿Mataste a tu propio padre? ¿Por qué?

El semblante de Ino se endureció.

—Iba a casarse y yo no quería. Ella tenía cinco hijos, y habrían invadido «mi» casa, se habrían apropiado de «mis» cosas. —Soltó una carcajada inquietante—. Valiente idea: fui a parar a tu casa, con «tus» cinco hijos. No me sirvió de nada.

—Le tendiste una trampa a Leon —masculló Sakura, tomándose su tiempo con los últimos puntos.

—Fue muy fácil. —Su rostro se ensombreció—. Y creía que tendértela a ti sería igual de fácil, pero no.

—¿Por qué no? —quiso saber Sakura.

—Tenía miedo de que la policía no descubriera las pistas importantes y he tenido que dejar demasiadas.

—Lo has hecho muy bien —musitó Sakura, siguiéndole la corriente.

—Sí —respondió Ino complacida—. Tenderte la trampa del viejo ha sido pan comido.

Sakura apretó los dientes. También eso había sido cosa de Ino.

—Me lo tragué.

—La gran psiquiatra. Pues no eres mejor que los demás; solamente ves lo que quieres ver. —Ino flexionó los dedos—. Tú sí que lo has hecho bien, y por eso el viejo va a morir ahora mismo.

Sakura sabía que era entonces o nunca. Se sacó la navaja de su padre de la cinturilla y, mientras Ino examinaba los puntos, la clavó con fuerza en su brazo sano. Con un chillido penetrante, Ino desvió la pistola hacia arriba y entonces Sakura le hizo lo mismo que a Clayborn. Ino gritó y la sangre empezó a brotar a chorro de su nariz. Sakura se abalanzó sobre ella y la estampó contra una pared. Los botes de los estantes se agitaron y Ino se quedó aturdida unos instantes.

Con una mano Sakura le arrebató la pistola y con la otra serró las cuerdas que le sujetaban los tobillos. Se plantó delante de Ino, pistola en mano, y Ino la miró con desdén.

—No te atreverás.

Sakura sabía que Ino tenía razón. La chica había sido su mejor amiga, pero durante todo aquel tiempo los sentimientos no habían sido recíprocos. Aun así, no se veía apretando el gatillo y quitándole la vida. La chica a quien había querido como a una hermana era una enferma mental. Había absuelto a Harold Green. ¿Acaso no merecía Ino el mismo trato?

—No quiero matarte, Ino, pero si tengo que hacerlo, lo haré. Levántate y no toques a mi padre o te juro que te mataré.

Ino se puso en pie.

—Esto es un cuchitril, Sakura. Seguro que te falta aire.

Sakura apretó los dientes.

—No me está yendo nada mal a pesar del pánico. —Y, para su sorpresa, era cierto—. Ahora, muévete. Apártate de mi padre. —Ino se desplazó unos centímetros hacia la puerta, con la mirada vigilante. Sakura sabía que la chica estaba esperando a que pestañeara—. Ya está bien. Papá, no puedo quitarle ojo de encima para desatarte.

—No te preocupes, Sakura. —Estaba muy débil—. Ve a buscar ayuda.

—Muévete, Ino. Vamos a llamar por teléfono, pero esta vez hablaré yo.

Viernes, 17 de marzo, 20.20 horas.

Itachi, Hoshigaki y Hatake se quedaron mirando las fotos que Rick había esparcido sobre la mesa.

—Las pistas que faltan en el CD se corresponden con las franjas que faltan en la imagen —explicó Rick.

—¿Fotos? —preguntó Itachi—. Pensaba que era un CD de audio.

—Ah. —Rick sacudió la cabeza para aclararla—. Me he pasado demasiado rato pendiente de esto. He encontrado un archivo de audio pero está fragmentado, como si durante una conversación por el móvil se perdiera de vez en cuando la cobertura. De todos modos, es suficiente para descubrir a Poston; eso está claro. Mientras trataba de recuperar los fragmentos de la conversación, he encontrado algunos archivos de imagen, muy ocultos. Ino debe de Haber intentado borrar el CD con el Government Wipe. Con eso los datos solo desaparecen si se borran siete veces y aun así se sabe que han estado grabados. A ver si le encontráis el sentido a la imagen.

En la foto aparecía una pared, con cuadros. Eran dibujos a pluma de una playa. Itachi los había visto y el corazón le dio un vuelco.

—Es el salón de casa de Sakura.

Hoshigaki tomó una de las fotografías.

—Bromeas, ¿no?

Itachi levantó la cabeza para mirarlo.

—Ha hecho lo mismo con Sakura que con Swanson. La fotografía ha sido tomada desde fuera. Allí es donde ella actúa.

Hoshigaki asintió, excitado.

—En el edificio de enfrente. Pero hay veinte pisos que dan a la calle. ¿Podrías saber cuál es a partir del ángulo de la foto?

—Es posible —dijo Rick—. La resolución no es nada buena, pero puedo intentarlo.

Hatake dio un golpe en la mesa para captar su atención.

—Necesitamos saber seguro qué piso es para conseguir una orden de registro. No me sirven las conjeturas.

Itachi llamó por teléfono.

—Lori, ¿tienes ya la lista de inmuebles que son propiedad de Deering?

Al cabo de dos minutos Lori aparecía con el listado y Itachi lo repasó de arriba abajo.

—Hay veinte pisos, pero solo uno queda enfrente del de Sakura. Vamos.

Viernes, 17 de marzo, 20.45 horas.

—Detente —ordenó Sakura, y Ino la obedeció con una sonrisa burlona en el rostro.

—¿Y si no lo hago?

Sakura disparó el arma y una bala pasó casi rozando la cabeza de Ino.

—Te pegaré un tiro.

El rostro de Ino enrojeció.

—Eres una bruja, siempre lo has tenido todo.

—Y ahora tendré el placer de verte en la cárcel, adónde tú querías mandarme.

—Y te habría mandado de no ser por los putos policías.

—Pareces uno de los malos de Scooby-Doo —dijo Sakura, y el ceño de Ino se acentuó—. Demasiado cine clásico. —Miró alrededor, pero para su desgracia no vio ningún teléfono.

—No hay ningún teléfono —dijo Ino con suficiencia—. Solo hay internet. ¿Y ahora qué?

—Ven conmigo. Llamaremos a unas cuantas puertas, seguro que algún vecino tiene teléfono. —Hizo una señal a Ino para que siguiera avanzando hacia la puerta—. En marcha.

Pero Ino la atacó. Sakura retrocedió y se quedó atrapada contra el cristal de la puerta del patio y Ino le arrebató la pistola. Sangrando y magullada, Ino apuntó a Sakura en el corazón.

—Ahora muévete tú. Sal a la terraza. Cerraré el círculo con tu padre, y también contigo. Todo esto empezó cuando tu paciente se tiró por el balcón. Ahora en los titulares también saldrás tú. Abre la puerta.

—No. —Sakura sabía que en el momento en que saliera a la terraza estaba muerta.

Ino quitó el cierre de seguridad y abrió la puerta, y el frío aire nocturno se coló por ella. Con una mano agarró a Sakura por el pelo y con la otra apretó la pistola contra su sien.

—He dicho que te muevas. Muévete ya. —Arrastró a Sakura hasta la terraza y le empujó hasta que quedó inclinada sobre la barandilla. Sakura gritó al notar la culata de la pistola contra la región lumbar. Instintivamente, se adelantó para evitar el dolor y perdió el equilibrio. Ino aprovechó para empujarle.

Y Sakura cayó.

—¡Policía! —Itachi se hizo a un lado y el cuerpo especial de intervención echó abajo la puerta del piso. A Itachi se le cayó el alma a los pies. En la terraza estaba Ino, sola. Apenas consiguió divisar dos manos que se aferraban desesperadamente al alféizar. «Sakura.» Itachi echó a correr, pero Ino Yamanaka se volvió con expresión violenta y perturbada.

—Si no os vais todos, le dispararé a las manos —amenazó con total tranquilidad—. Y si se cae, son doce pisos. O muere o deseará Haber muerto, y vosotros también.

Hoshigaki se situó detrás de Itachi.

—A la de tres, Itachi —dijo en voz baja—. Una, dos...

«Tres.» Hoshigaki y Itachi dispararon a la vez y la fuerza combinada de sus armas sobre el torso de Ino arrojó a esta por encima de la barandilla. Itachi no se molestó en comprobar dónde había caído; corrió a la terraza y entre él y Hoshigaki tiraron de Sakura hasta que estuvo a salvo. Estaba pálida y jadeante, demasiado afectada para pronunciar palabra.

Itachi la meció entre sus brazos y la llevó al salón.

—Ha caído a la calle —anunció Hoshigaki desde el balcón—. Está muerta.

—Círculo cerrado —susurró Sakura—. Como Cynthia.

En ese momento Itachi supo que no abandonaría a Sakura jamás. El hecho de ver sus dos pequeñas manos aferradas al borde del balcón había sido como perder veinte años de vida.

Sakura se esforzó por tenerse en pie.

—Mi padre. Llama al 911. Necesita oxígeno.

Y ella también, pensó Itachi. La sostuvo mientras ella corría hacia la habitación donde Kizashi Haruno permanecía tendido, todavía atado y pálido. Levantó la vista y, al verlos, cerró los ojos en señal de alivio.

—Estás viva. He oído los disparos.

Sakura se dejó caer de rodillas y buscó la navaja para cortar las cuerdas. Lloraba pero a Itachi le pareció que ella ni siquiera se daba cuenta. Tenía las manos temblorosas y la navaja representaba un peligro.

—Está muerta, papá. Ino está muerta.

—Sakura. —Itachi se acuclilló a su lado y le quitó la navaja de las manos—. Siéntate y respira. —Con rapidez, cortó las cuerdas que ataban a Kizashi y ayudó al anciano a estirar las extremidades. Os voy a llevar a los dos al hospital y no protestaréis, ¿de acuerdo?

Kizashi miró a Sakura.

—Si tú vas, yo también.

Ella asintió; se cubría la boca con la mano.

—De acuerdo.

—¿Sakura? ¿Papá? —Neji se deslizó velozmente hasta la puerta abierta y se detuvo en seco—. Santo Dios, Sakura. —Se dejó caer de rodillas junto a ella y la estrechó entre sus brazos—. Hatake me ha llamado y he llegado cuando aún estabas colgando del alféizar. Creía que ibas a caer. —La estrechó más fuerte y la meció.

Kizashi abrió los ojos como platos.

—¿Estabas colgando del alféizar? Santo Dios.

—Pensaba que iba a darme un ataque —dijo Neji con vehemencia—. Mamá y yo estábamos ahí plantados; nos hemos quedado sin respiración. Entonces Ino se ha caído y Uchiha te ha ayudado a subir. —Levantó la cabeza con gesto trémulo y miró a Itachi a los ojos—. Gracias.

Itachi consiguió asentir con la cabeza.

—De nada. Yo tampoco tengo claro que pueda volver a respirar con normalidad. —Exhaló un suspiro e hizo una tentativa de inspirar—. Sí, me parece que sí que puedo.

Sakura se apartó de Neji poco a poco, se volvió hacia Itachi y apoyó la cabeza en su hombro.

—Me parece que nunca me había alegrado tanto de ver a alguien como cuando te has asomado por el balcón. —Le dio un suave beso en los labios—. Gracias.

Itachi enterró la cabeza en el lateral de su cuello y se estremeció. Todo había terminado. Por fin.

—De nada. Vamos a comprobar que estés bien y nos iremos a casa.

Ella le ladeó la cabeza y lo miró a los ojos, sonriente.

—Esta noche no hay comidita que valga, detective.

La carcajada de Itachi sonó entrecortada.

—Me parece bien. No sería capaz de tragar ni un bocado aunque lo hicieras. Tal vez mañana.

—Eso, mañana.

Sábado, 18 de marzo, 8.30 horas.

Sakura, con el corazón acelerado, salió del ascensor a la planta donde se encontraba el despacho de Itachi. Se detuvo un momento y respiró hondo.

—¿Aún detestas los ascensores, Sakura?

Ella levantó la cabeza y vio que Kakashi Hatake la escrutaba con una amable sonrisa en el rostro y una taza de café en la mano.

—Sí, pero creo que ahora detesto más las alturas.

Él hizo una mueca.

—Me parece que es de lo más normal que tengas esa fobia, doctora. —Le pasó el brazo por los hombros—. Anoche no tuve oportunidad de hablar contigo. ¿Estás bien?

—Sí, un poco dolorida nada más. —Se había despertado en la cama de Itachi hacía una hora. Él ya se había marchado y le había dejado una nota en la almohada. «Duerme», le decía. Pero esa mañana necesitaba respuestas. Necesitaba estar con él—. ¿Está Itachi?

Él asintió al comprenderlo.

—Está en la sala de reuniones. Te acompañaré.

Cuando entró, cinco pares de ojos se posaron en ella. Estaban Naruto, Rick, Minato y Hoshigaki. Y también Itachi, que se puso en pie con el entrecejo fruncido.

—Te había dicho que durmieras.

—No podía. —Le mostró el Bulletin de esa mañana—. ¿Habéis visto esto?

Itachi suspiró.

—Sí, lo hemos visto. Siéntate, Sakura.

Ella ocupó la silla que le ofrecía y abrió el periódico. Una vez más, miró las letras en negrita. El titular rezaba: UNA ABOGADA DEFENSORA ASESINA. Debajo había dos artículos. El primero era el más extenso y lo firmaba Cyrus Bremin. Explicaba con detalle el papel de Ino en los asesinatos de la última semana que habían culminado con las muertes de Phillip Parks y Keith Brandon. Al fijar la vista en sus fotos Sakura experimentó una gran tristeza. Ella también aparecía en una fotografía poco nítida colgando del balcón. La imagen la puso rabiosa y le revolvió el estómago. La noche anterior había soñado con ello; veía sus dedos resbalar poco a poco del alféizar al mismo tiempo que oía sonar a todo volumen las bocinas de los coches que pasaban por la calle. Bien pensado, no era ningún sueño. Era un recuerdo del horrible momento que su mente repetía una y otra vez. Pero estaba viva, a diferencia de las otras trece personas.

El segundo artículo era más corto, pero igual de espeluznante. Ino había estado trabajando para varias de las familias más poderosas del crimen organizado de Chicago, y había ganado mucho dinero sucio ayudándolas a enviar a la cárcel a todos los empleados que no eran de su agrado. Invariablemente esos empleados acababan muertos, lo cual resultaba muy efectivo para disuadir a cualquier persona que estuviera planteándose una traición. Al parecer los empleados relacionaban en cierta manera a Ino Yamanaka con ese destino funesto. De algún modo Mei Terumi lo había descubierto, y eso le había costado la vida a su novio.

—Al final ha conseguido el titular que quería —masculló Sakura—. Me refiero a Terumi.

—Pero ¡a qué precio! —replicó Itachi con voz queda—. ¿Estás bien?

«Sí», trató de responder, pero al mirar la portada del periódico dijo:

—No; no estoy bien.

—¿Cómo se encuentra tu padre, Sakura? —preguntó Hoshigaki.

—Está estable. —Consiguió esbozar un amago de sonrisa—. Y de mal humor. Quiere volver a casa. —Su sonrisa se desvaneció—. Y quiere que yo también vaya.

Algo brilló en los ojos de Itachi, pero se limitó a sonreír.

—Ya hablaremos de eso cuando las aguas hayan vuelto a su cauce. ¿Has comido?

—Tu madre me ha obligado. —Sakura se había despertado con el olor de huevos fritos con beicon y la natural sonrisa de Mikoto Uchiha, que parecía restar importancia a las situaciones más difíciles. Sakura había pasado parte de la noche anterior en el hospital, donde la habían examinado y la habían enviado a casa rápidamente. A su padre sí que lo habían ingresado, por supuesto. Neji y su madre se habían quedado con él. Sakura quería quedarse también, pero el hombre no había dejado de insistir en que ella debía Marcharse a casa, a dormir. Su casa era la de Itachi.

—¿Qué descubristeis anoche?

—Que todo lo que cuenta Terumi en su artículo es cierto. Y más cosas.

—Engañó a hombres inocentes —explicó Minato con aspereza—. A unos cuantos los procesé yo. Si la policía estaba a punto de descubrir un delito cometido por alguna de las familias, esa familia la contrataba. Ella buscaba a un cabeza de turco y se las arreglaba para que encontraran pruebas, y encima «defendía» al pobre diablo de modo que no tuviera oportunidad de salir bien parado ante la justicia. —Apretó la mandíbula, en su mirada se apreciaba desdén—. Yo nunca sospeché nada, ni Karin tampoco. Hace unos días nos preocupaban los recursos de apelación por tu causa, y ahora nos enfrentamos a la posible revocación de todos los casos que defendió ella.

—Qué ironía —musitó Sakura.

—El hermano de Nicole Rivera era uno de esos inocentes —explicó Itachi—. Lo eligió porque le pareció que Rivera era quien podía imitarte mejor. Se las apañó para que acusaran a Miguel Rivera de asesinato y luego chantajeó a su hermana.

—¿Está libre el chico? —preguntó Sakura.

Itachi asintió.

—Desde anoche.

—Pero su hermana ha muerto —dijo Hoshigaki con abatimiento—. No tiene a nadie.

—Ino Yamanaka la mató. —Sakura cerró los ojos—. A ella y a todas las otras personas. Aún no entiendo por qué lo hizo, aparte de porque me odiaba. —El silencio general resultaba incómodo y violento. Sakura observó sus rostros—. Decidme por qué; ahora mismo.

—Lo hizo por Sai Swanson, Sakura—dijo Itachi con suavidad—. Estaba obsesionada con él.

—Pero él estaba enamorado de mí. —Frunció el entrecejo—. Hace tres meses que se marchó a África. ¿Fue ese el detonante? —Sakura observó cierto brillo en los ojos de Itachi y adivinó lo ocurrido—. Está muerto, ¿verdad?

—Lo siento, Sakura. Swanson no llegó al hospital de Chad. Encontramos sus cosas en el armario de Ino, y también un cuchillo con sangre seca que se corresponde con la de su grupo. Debió de matarlo en un ataque de ira, y luego te culpó a ti.

—Me ha odiado durante todos estos años. —Su boca se torció en una mueca de amargura—. Menuda psiquiatra. Tenía a una asesina a mi lado y no me he dado cuenta.

—Su madre padecía esquizofrenia, Sakura—dijo Hoshigaki—. Tu madre podrá explicarte más cosas, pero parece que Ino lleva años al borde de la locura. Lo que pasa es que era tan lista que nadie se daba cuenta, ni siquiera tú.

—Hace muy poco que empezó a perder el control sobre su enfermedad mental. —Itachi le estrechó la mano—. Ya no podía ocultarla por más tiempo.

—¿Mi madre lo sabía? —Sakura se esforzó por tragar saliva—. ¿Lo sabía?

—Sabía que la madre de Ino estaba enferma, Sakura. No tenía ni idea de que Ino también lo estaba.

Sakura asintió con gesto rígido.

—No importa. Me envenenó, ya sabéis; con la sopa.

Naruto, sentado en el otro lado de la mesa, hizo una mueca.

—¿Con las setas? Tal como imaginaba Hyuga.

—Y se acostó con Phillip.

—Es lo que nosotros pensábamos —dijo Hoshigaki.

Sakura volvió a asentir mientras su mente reproducía las imágenes de la noche anterior.

—Y también mató a su padre. —Para sorpresa de Sakura, nadie pareció extrañarse—. ¿También sabíais eso?

—Neji lo sospechaba. Parece ser que culparon a un chico del barrio.

—A Leon Vanneti. —Sakura arrugó la frente—. Es inocente, tal como decía Neji. Pero con mi palabra no hay suficiente y no tenemos pruebas. —Abrió mucho los ojos—. Dijo que Leon la había violado. En aquel momento no se hacían análisis de ADN, pero si aún guardan las pruebas tal vez podamos demostrar que es inocente.

—Haré las llamadas oportunas durante la mañana —prometió Hatake—. A ver si al menos arreglamos una cosa.

Sakura suspiró.

—También mató a Eleanor.

Ante eso, unas cuantas cejas se arquearon.

—¿De verdad? —preguntó Hoshigaki—. ¿Cómo lo hizo?

—Le inyectó aire. Y todo porque Eleanor era amable conmigo.

Hatake se aclaró la garganta.

—Tenemos una buena noticia para ti, Sakura. ¿Rick?

—Anoche encontramos en el piso los archivos originales de las grabaciones de Bacon —anunció Rick—. Y también un CD etiquetado con tu nombre. Lynne Pope reconoció la etiqueta; era la misma que vio el día que Bacon trató de venderle las imágenes. Por lo menos las copias están a buen recaudo.

Sakura estuvo a punto de marearse de puro alivio.

—No quería estar tan preocupada, pero no he podido evitarlo.

Hatake le dio unas palmaditas en el hombro.

—Pues ya no tienes por qué estarlo.

—¿Sabéis por qué Ino quería a toda costa los archivos de Bacon?

—Una policía visionó las imágenes cuando encontramos el CD en el trastero de Bacon. Aparece Ino llevándose los botes de medicamentos de tu botiquín.

—Los botes que luego dejó en el piso de Cynthia.

Itachi se encogió de hombros.

—Parece que estuviera preocupada por una nimiedad, pero supongo que tenía miedo de que

Bacon la chantajeara igual que quería hacer contigo.

—Eso pone el punto final —dijo Hatake—, a menos que tengáis más preguntas.

Sakura miró el periódico de nuevo y apartó la vista de la foto donde aparecía ella misma colgando del alféizar.

—Me gustaría saber cómo se las arregló Terumi para descubrir todo eso.

Itachi le tendió la mano.

—Vamos a hacerle una visita. Luego te llevaré a ver a tu padre.

Itachi le abrochó el cinturón de seguridad. Sakura estaba sentada en silencio, con las manos entrelazadas sobre su regazo y el pálido rostro con la apariencia frágil y vulnerable de una niña traumatizada. Él no dijo nada hasta que se hubieron alejado bastante de la comisaría.

—Tendrías que estar en casa, metida en la cama.

—No podía dormir, Itachi.

Él ya lo sabía. Se había pasado la noche tendida a su lado con el cuerpo rígido y helado y las lágrimas resbalándole de los ojos, hasta que él había dado rienda suelta a lo que ambos necesitaban. Y ella había respondido con tal intensidad que aún notaba el estremecimiento en la piel, de pies a cabeza. Deseaba con todas sus fuerzas volver a repetirlo. En ese mismo momento. Pero en vez de eso, le habló con voz suave.

—Podrías Haberte tomado el somnífero que te recetó Kiba.

—Después de lo de ayer creo que no voy a volver a tomarme un tranquilizante en mi vida. —Esbozó una sonrisa tensa—. Gracias de todos modos. No te preocupes, Itachi, solo necesito un poco de tiempo.

—Pues yo no tengo prisa, Sakura.

La seria mirada de ella fue como una jarra de agua fría para su mente febril.

—Muy bien.

—Tengo otra buena noticia. ¿Te acuerdas del amigo del padre de Danny Morris?

—¿El que arrestaste cuando te heriste en la mano?

—Sí. Esta mañana, de camino al trabajo, he pasado por su casa. Adivina quién estaba durmiendo la mona en el sofá.

Ella entrecerró los ojos con satisfacción.

—Has arrestado al padre.

—Intentaba escapar pero estaba demasiado desorientado para hacer cualquier cosa excepto tambalearse. Lo acusarán de asesinato.

Ella hizo un grave gesto de asentimiento.

—Muy bien.

Luego apartó la mirada, y Itachi comprendió cómo se había sentido cuando él se resistía a abrirse con ella.

—Sakura, habla. Cuéntame qué es lo que te preocupa.

Aparcó el coche en una plaza vacía y le volvió la cabeza sujetándole la barbilla con el dedo. Ella tragó saliva tratando de contener las lágrimas pero no pudo evitar que al fin rodaran por sus mejillas.

—Habla, por favor.

—He estado a punto de matarla, Itachi. Era como una hermana para mí y he estado a punto de matarla.

Él entrecerró los ojos.

—Merecía morir, Sakura. Ha matado a mucha gente.

—Estaba enferma. —Tragó saliva—. Y no la ayudé.

Itachi suspiró. Después de todo, él era policía y ella, psiquiatra.

—¿Sabes de qué me di cuenta ayer por la tarde, cuando estaba en su piso? De que una de las cosas que más me asustaba era que penetraras en mi mente y destruyeras todas las barreras. Luego caí en la cuenta de que tú no puedes hacer eso con las personas que te importan de veras. Por eso estabas desarmada ante Ino, y ante Phillip. Pero eso te pone a mi mismo nivel.

Ella lo miró perpleja.

—Así que no puedo utilizar mis conocimientos con las personas a las que quiero... Como debe ser.

Él se pasó la lengua por los dientes.

—Básicamente es eso, sí.

Los labios de Sakura se curvaron.

—Pues qué bien. —Se enjugó los ojos—. Soy un desastre.

—Lo que eres es muy guapa. Sakura, anteanoche te pregunté qué querías. Dijiste que lo que siempre habías querido era contar con alguien que te amara.

Ella alzó la barbilla.

—Y tú respondiste que eso no te asustaba.

—No, no me asustaba. Y sigue sin asustarme. Pero no me preguntaste qué quería yo.

Ella se mordió el labio inferior.

—¿Y qué quieres, Itachi?

Él vaciló, cohibido.

—Siempre he querido tener una mujer como mi madre.

Ella sonrió.

—¿Alguien que te haga la comida?

—En parte sí, pero se trata más bien de alguien que represente lo que ella ha representado para mi padre durante todos estos años. Él llegaba a casa, agotado y preocupado por algo ocurrido durante la jornada, y ella siempre... estaba allí. Y lo quiere tal como es.

—Ya lo sé. Es una buena persona, Itachi.

—Y tú también, Sakura. —Le tomó la mano y la apretó ligeramente contra sus labios—. Supongo que tenía miedo de que tú hicieras algo más que limitarte a estar ahí. De que me analizaras y me juzgaras, y tal vez que me dijeras que estaba loco porque así es como me siento a veces.

—Yo nunca haría eso. —Sus labios dibujaron una sonrisa—. Además, parece que soy una inepta.

—Pero solo para eso, para el resto de cosas eres bastante hábil. Vamos a hablar con Terumi.

Sábado, 18 de marzo, 9.45 horas.

Terumi estaba plantada en la acera, frente a su casa, con una maleta en la mano. Se la veía pálida y unas ojeras enormes ensombrecían su mirada. No pareció muy contenta de verlos.

—¿Señorita Terumi? —la llamó Sakura—. Siento mucho lo de su amigo.

Mei le clavó una mirada de arriba abajo, escrutadora aunque indiferente.

—Yo debería decir lo mismo.

Pero Sakura notaba que no lo sentía.

—Me gustaría hablar con usted.

Ella miró la calle.

—Voy al aeropuerto, solo dispongo de unos minutos.

Sakura asintió.

—Será suficiente. Quiero saber cómo descubrió que Ino Yamanaka estuvo trabajando para familias del crimen organizado.

Los labios de Mei se curvaron en una triste sonrisa.

—En realidad no me costó mucho. Estaba buscando trapos sucios y los encontré. La historia de su amigo Kiba era una menudencia, pero la de su amiga Ino... Menudo notición. Sabía que siempre acudía a las reuniones en el Blue Lemon todos los segundos domingos de mes y me preguntaba qué hacía una abogada entre tantos médicos. Entonces descubrí que había estudiado en la facultad de medicina de Kentucky mientras usted estudiaba en la de Chicago.

—No pudimos ir a la misma facultad —explicó Sakura a Itachi—. Dejó la carrera porque no soportaba las disecciones de cadáveres. Qué ironía, ¿verdad?

—Ella no dejó la carrera, doctora Haruno. La echaron, o por lo menos lo habrían hecho de no ser por las fotos incriminatorias que tenía con uno de los profesores.

Sakura la miró perpleja.

—Era totalmente predecible.

—Averigüé el paradero de una de sus viejas compañeras de piso gracias a la secretaria del decano de la facultad de medicina. Al parecer Yamanaka no le caía bien y no tuvo el mínimo problema en orientarme en la dirección adecuada. Me puse en contacto con Kelsey Chin, que ahora ejerce en Lexington. Ella me contó lo de la expulsión y lo de las fotos. Me dijo que Yamanaka había tratado de que la ayudara a hacer las fotos y cuando ella se negó se lo pidió a otra compañera de piso.

—¿Y cómo descubrió lo del crimen organizado? —preguntó Itachi con impaciencia.

—Me preguntaba qué clase de ética profesional podía tener una persona capaz de hacer una cosa así. Además, había perdido muchos casos y aun así tenía dinero para comprarse ropa y hacer cruceros.

—El crucero lo pagué yo —aclaró Sakura.

La sonrisa de Mei denotaba amargura.

—Entonces puede decirse que tuve suerte, porque eso fue lo que me hizo echar un vistazo a su lista de clientes. A partir de ahí, descubrirlo fue un juego de niños. —Un taxi se detuvo junto al bordillo—. Ahora tengo que irme. Me marcho a casa. Enterraremos allí a Keith.

—¿Y luego? —preguntó Sakura.

—Volveré. —Su amarga sonrisa se tornó una mueca—. He conseguido que me promocionen. Me han ofrecido un buen aumento. He aprendido a tener cuidado con mis ambiciones. —Entró en el taxi y no volvió la vista atrás.

El taxi desapareció al doblar la esquina.

—Aún no sé si me inspira lástima, Itachi.

Él la ayudó a subir de nuevo al coche.

—Tendrá que aprender a vivir con lo que ha hecho. Le ha tocado pagar el pato a su novio. —Se sentó a su lado en el coche y le estrechó la mano—. Tú no habrías podido evitarlo, Sakura.

Sakura exhaló un suspiro entrecortado.

—Ya lo sé. Y tal vez sea eso lo más difícil de asumir.

—Mira... Conozco a un policía que es licenciado en psicología y que por un precio moderado te acogería en su diván.

Sakura se echó a reír, lo cual le sentó muy bien.

—¿Moderado?

—Vale, de acuerdo. Te aconsejo que hagas un trueque.

—¿En qué tipo de trueque estás pensando?

Itachi puso el coche en marcha.

—Si tienes que preguntarlo es que no eres tan lista como creía.

—Ya te dije que no era adivina, detective.

Él sonrió.

—Es verdad. Será mejor que te lo explique con detalle más tarde. Ahora te llevaré a ver a tu padre; debe de estar esperándote.

Ofi Rodriguez