Capítulo 24: Déjalo morir

Fui al baño y me mojé el rostro con agua, para limpiar un poco la suciedad que había en ellas. Tenía las manos sobre la cara, y podía sentir como mis mejillas estaban más voluminosas, estaba sonriendo, y todo en cuestión del momento, porque no se que llegará a pasar el día de mañana, pero en este momento, puedo ser aunque sea una pizca feliz. Mis padres, ellos podrían sentir la felicidad nuestra, las dos pase lo que pase estaremos juntas. Siempre lo haremos.

Salí del baño, escuchando un ruido un tanto peculiar, era el golpe de dos cosas, o algo así. Justo detrás de la puerta de Gabriel provenía en sonido. ¿Qué estará haciendo? Vistes cuando ves a una persona, y ya sentís que te cae mal, no lo conoces, está mal prejuzgar a cualquiera, pero es algo interior, sin poder evitarlo te cae mal, bueno de esa forma me siento yo.

Miré a través de la cerradura, lo vi a él. Con algo estaba golpeando el piso, pero no podía ver, no lo lograba por la limitada vista panorámica que me dejaba el pequeño agujero de la cerradura. Después se movía para a un lado y dejaba ¿Madera?¿Acaso estará desarmando el piso?.

Al cabo de un rato terminó de hacer lo que estaba haciendo y desapareció de mi vista ¿Qué hizo? No tengo la menor idea. Él desaparece y yo acá, como una estúpida mirando por el agujero de la puerta. Espere unos segundos. Entré a la habitación tratando de hacer el menor ruido. En el suelo había un espacio considerable, en el que podía ir al exterior. Salté y apoyé mi cuerpo bien pegado al suelo, dejando este todo sucio por la tierra.

Vi como se cayó al suelo, al parecer se lastimó la pierna o el pie. Después se levantó y rengando se fue a quien sabe donde, a través de las lápidas de lo difunto que allí se encontraban.

Es un completo idiota, sale así nomas si saber defenderse, ni con algo con que defenderse. Camina por unos 15 minutos, mientras yo lo sigo a varios metros de distancia, sino él escucharía mis pisadas. Tengo el arma en mano. Gabriel se para en seco. Mierda, de seguro me escuchó. Gira su cabeza de un lado a otro buscando el dueño del sonido, pero no era yo lo que el cura había escuchado, sino que era el caminante de una mujer. No era solo ese. Detrás mío un caminante se abalanzó sobre mi, perdiendo la estabilidad. Pude recomponerme y clave la daga, luego de sacarla, en su frente.

Me puse de pie y divisé que Gabriel luchaba con el caminante. Corrí a su lado y apunte al cuerpo putrefacto que trataba de probar su carne. Si lo dejas morir ya no molestará. Una voz sonó en mi mente. Puedes decir que no pudiste ayudarlo. Te creerán. Te creerá. Noté el miedo en sus ojos. Mis manos temblaban pero no era de miedo. La adrenalina recorría mi cuerpo. Pero en mi mente habían dos frases que luchaban por tener un efecto en mí: Dejarlo morir o darle una oportunidad. Solo es cuestión de esperar, no gastarás balas. Él no sirve déjalo morir.

Suboca estaba en su cuello, apunto de poder lograr lo único que saben hacer. Matar.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de contener el mareo que se apoderaba de mí. Apreté el gatillo. Un cuerpo cayó al suelo. No tenía ganas de abrir los ojos.

Caí de rodillas al suelo, esperé unos segundos hasta que el mareo se detuvo. Miré al frente. Gabriel yacía en el suelo boca arriba. Su respiración era acompasada.

- Por un momento creí que me dejarías morir - No sé lo que pasó por mi mente, esa no era yo, nunca fui yo.

- Creo que todavía hay una gota de humanidad en mí - Agarré mi cabeza entre las manos y la apreté ligeramente. Maldito dolor de cabeza.

- No confían en mí, yo no confío en ustedes.

- Eso todos lo saben - Me paré imponiendo rudeza y seguridad - Como todos no dudarán en matarte si te metes con alguno de nosotros - Me levanté del suelo volviendo por el camino hacia la iglesia. Tres pasos y paré - Conste que por una promesa no te dejé morir. Y ahora que lo pienso bien, no sé si tal humanidad existe. Si llega a haber una próxima vez considérate muerto - ¿Eso salió de mi boca?, no lo creo.

- No, no, no, NO - Desperté llena de sudor y con la respiración agitada. Sentí frío mucho frío, y estar transpirada no me ayuda en nada, solo empeora todo. Eché un vistazo a la pequeña Grimes. Esta dormía plácidamente en el sillón del cura. La tapé bien con su manta para que no pasara fresco ya que había un hoyo grande en el suelo por donde salimos cuando se llenó de caminantes dentro de la iglesia. Todavía se puede sentir su olor nauseabundo.

Deambulé hasta llegar al baño. Ya estando en este me mojé y cambié mi ropa, secándome con la sucia, ya que no hay toallas. Hoy fue un día agitado.

Traté de acordarme cual fue el motivo por cual me desperté. Nada mente en blanco. Toqué mi frente, estaba caliente. Aún seguía con los mareos.

La iglesia estaba silenciosa, ni un alma exceptuando la mía. A paso lento y tanteando con mis manos la paredes para poder sostenerme. ¿Que mierda me agarró? Llegué al altar, me apoyé en este, y agarré fuertemente el borde sintiendo que en cualquier momento iba a caer al suelo desmayada.

- ¿Quién anda ahí? - Alguien habló, pero no me podía concentrar. Otra vez es frío que me hiela hasta los huesos. Levanto mi cabeza. ¿Papá?

Esto no es real, él está muerto. Pero está ahí, parado observándome con una sonrisa en sus labios, vestido con ese traje que tanto le gustaba usar, limpio y cuidado. Se acerca unos pasos. Pero sigue estando lejos. Sus ojos verdes brillan. Mira hacia atrás y alguien se acerca.

- Greeny - Patrick, como la última vez que lo vi, parado al lado de papá. Levanté la mano saludando, pero la vista se me hacía borrosa - ¿Nos extrañaste?

En mis ojos se fueron acumulando las lágrimas. Mamá apareció entre las sombras tal y como lo hicieron ellos dos. Mostró sus dientes, con su hermosa sonrisa.

- ¿Vas a venir con nosotros? - Mamá estiro su mano para que yo vaya a su lado.

- ¿Y Noah?

- A veces hay que hacer sacrificios, no todo es color de rosas.

- No la quiero dejarla sola.

- Ven con nosotros, ya no existe el dolor ni la necesidad.

- Lo siento ma no la quiero dejar sola - Corrí para abrasarla choqué contra su cuerpo. Pero hubo un cambio, algo cambio en la forma de su agarré. Levanté la vista y vi al que la violó sin piedad alguna. Todo rastro de ella desapareció. Rápidamente me fui para atrás cayéndome al duro piso. Me da miedo. Se va acercando a mi lentamente con sonrisa sínica y depravada. Arrastró mi cuerpo con las manos hacia atrás con ayuda de los pies.

Esto es mucho para mi cerebro que en cualquier momento va a explotar. Mis vista nuevamente se hace borrosa. Abro y cierro los ojos lentamente. Lo último que llego a ver son unos ojos azules. Mi vista se obstruye y ya no siento nada más.