A Sawara-san no se le movió ni una ceja cuando Yashiro-san se presentó pidiéndole copia de las propuestas recibidas para la pequeña Mogami-san. Ya no era su mánager, bueno ¿y qué? Tampoco es que lo fuera antes. Ya sabes, cuando trabajaba con Tsuruga Ren e igualmente le pedía sus horarios…

Él iba hojeando las nuevas propuestas mientras caminaba lentamente por los pasillos casi vacíos a esta hora. Saito-san se había ido al baby shower de su mánager y él tenía la tarde libre para su 'proyecto personal', tal como lo había llamado Takarada-san.

Apartó la vista de sus papeles y se permitió un suspiro, cargado de cansancio. Su proyecto personal, sí. Pero ¿cuál era su proyecto personal en realidad? ¿Enamorarla? No, jamás podría, mejor dicho, nadie podría… Porque ella no tiene ojos sino para Ren… Y bueno, es lo que hay…

Ah, Yashiro idiota. ¿Y tú qué sabes?

¿Y si Ren no se le declara nunca? ¿Y si Kyoko-chan no está lista para nadie?

Bastante es ya que ella haya aceptado tu amistad. Loados sean los dioses…

Así que valor y ánimo. Ella lo merece.

Ni sus exploraciones por LME con Saito-san ni los azares del destino le habían permitido volver a encontrarla desde aquella mañana. Así que ya estaba bien de confiar en la suerte y forjársela él mismo. Había revisado dos veces su agenda (y una tercera tan solo para asegurarse). Hoy la vería.

Enderezó los hombros antes de llamar a la puerta de la sección Love Me. Le respondió esa voz que hacía que las mariposas volaran en su pecho (a sus años…).

Lo recibió con la amabilidad de siempre, pero evitaba mirarle directamente. Una parte de él, la vanidosa o de viril orgullo, estaba satisfecha por causar tal estado de nerviosismo en la muchacha de su interés, pero otra, allí donde guarda su amor por Kyoko-chan, se retorció de enojada tristeza. Le rompía el alma que una muchacha como ella no supiera cómo reaccionar a una declaración, cómo comportarse frente a un muchacho después de 'las grandes palabras', simplemente porque jamás se le permitió considerarse digna de inspirar sentimientos de afecto… Alguien como ella, a su edad, joven y hermosa, debería saber cómo quitarse a los chicos de encima y cómo romperles el corazón con su educado rechazo… Porque sería educado, eso no lo ponía en duda él.

—Kyoko-chan, ¿ocurre algo? —preguntó él, haciéndose el desentendido.

—Ah, no, nada… —respondió ella, alzando la mirada solo un momento y rehuyéndole después—. No ocurre nada, Yashiro-san…

Si Kyoko hubiera mirado, hubiera visto en su rostro una sonrisa triste, y cómo sus ojos perdían un poco de brillo tras el cristal de las gafas.

—Kyoko-chan, ¿sabes una cosa? —dijo él, dando un paso adelante—. Soy el mismo de siempre. No debes sentirte nerviosa junto a mí, por favor…

Ella alza la cabeza y lo mira. Se muerde el labio inferior y de vez en cuando aparta la mirada, indecisa entre los cordones de sus zapatillas o los dulces ojos castaños que la observan.

—Pero después de lo que me dijo… —le dice, y exhala un suspirito antes de seguir hablando—. Después de eso, yo…, yo no puedo tratarlo igual…

—Eso no cambia nada… —le responde él, con esa misma suave voz con que le dijo que ella le gustaba—. Absolutamente nada… No soy ningún extraño… —luego le sigue un silencio, en el que Kyoko, con las mejillas ardiendo, vuelve a sus zapatillas. Pero una vez más, alza la mirada, intrigada por el ruido de papeles que Yashiro-san agita frente a su cara—. Veamos, ¿dos comerciales y una línea de ropa deportiva? ¿De veras? —Yukihito se lleva la otra mano al mentón, en fingido ademán pensativo—. Estás creciendo, Kyoko-chan… A este paso necesitarás tu propio mánager —y con una sonrisa un tanto ladina, añadió—. Pero de momento tendrás que conformarte conmigo…

Ella le devolvió la sonrisa.


Él se pasa por Love Me al menos cada cuatro o cinco días, siempre por trabajo. O con más frecuencia, si hubiera suerte. Saito-san, su representada, asiste divertida a sus andares por los pasillos de Love Me en su búsqueda 'casual' del mono rosa. Ella, por respeto (porque es muy capaz de ello, aunque no lo parezca), se muerde la lengua y se guarda para sí los comentarios irónicos y llenos de doble intención para no molestarlo. Porque es la suya, la de Yashiro, una empresa difícil donde la victoria no está en absoluto clara… Todos saben que Tsuruga Ren anda tras su kohai… Ayer mismo los vieron juntos en el hall, hablando, por supuesto. Ah, nadie dijo que Tsuruga se fuera a rendir sin presentar batalla…

Aunque su lado malicioso, perdón, travieso, se pregunta si en algún momento volverán a cruzarse los caminos de Yashiro Yukihito y Tsuruga Ren. Cara a cara y frente a frente. Preferiblemente en Love Me. Eso sería tooodo un espectáculo…

Es que esto es más entretenido que poner la tele…


Una de esas tardes, Yukihito se encontró de frente con Kotonami-san. Su intención era simplemente saludar cortésmente y seguir de largo, pero la muchacha, sin ninguna delicadeza, le pone la mano frente al pecho y lo hace parar en seco.

Kanae le dedica una mirada evaluadora, con el ceño fruncido, examinándolo de arriba abajo.

—Ya sé que te declaraste tú, precisamente tú y no Tsuruga-san… —le dice ella, entornando los ojos en un gesto cansado—. Las vueltas que da la vida… —luego lo miró, clavando sus ojos en los suyos—. Vas de frente, te concedo eso —y acercándose a él, su mirada tornada en una dura y fría y con una voz que presagiaba el sufrimiento eterno en las llamas del averno, le dijo—. Pero hazla llorar una sola vez y aplicaré en tus carnes todas las técnicas aprendidas con Uesugi sensei.

Y si los temblores que recorrieron su espina dorsal, sacudiendo cada una de sus vértebras, fueron algún indicio, Yashiro Yukihito supo que no mentía. Kotonami-san lo haría.

Y probablemente nunca encontrarían su cuerpo…