NOTA: el fandom que se nombra en este capítulo no me pertenece. El nombre del grupo, sí.
Saito Ayame era la sensación del momento, la envidia de toda la juventud descerebrada y sobreexcitada de Japón. Iba a grabar una película con los Star BoyZ (pronúnciese Sutaru Boisu), lo más de lo más en J-POP. En su último programa había soltado el bombazo de que trabajaría con ellos en el live-action Free!, y que iba a hartarse de ver músculos bien tonificados, cuerpos jóvenes mojados, a medio vestir con ajustados pantaloncitos de neopreno marcando muy bien aquello que debe ser marcado.
Bueno, como era de esperar, el público del plató enloqueció. Japón puede ser muy conservador, pero el yaoi vuelve locas a las fujoshi declaradas y encubiertas. La historia ni siquiera tiene que ser realmente yaoi. Bastará una ligera insinuación aquí y allá, un poco (bastante) de fanservice del que hace babear sin control, y la imaginación del público femenino correrá desbocada y sin freno. Y Free! de todo eso tenía de sobra…
Es por esto que las locas de hormonas alborotadas asediaban el acceso a LME, ocupando la acera con pancartas, en la vana creencia de que si tocaban a Saito-san estarían tocando por subrogación a los Star BoyZ.
Y bueno, a las fieras hay que darles de comer…
El coche llega y aparca frente a la entrada principal. La turba calla y espera, al acecho. Toda LME contiene el aliento observando tras los cristales del hall. Más arriba, un hombre con bigote que semeja al General Custer no se despega de los monitores de vigilancia.
Su mánager (oficialmente definitivo desde hace poco) sale del coche, le abre la puerta a Saito-san que también sale, y sonríe. Sí, sonríe. Y como si fuera esa la señal acordada, las locas sin seso y hambrientas de vaya usted a saber qué, empiezan a gritar y a estirar los brazos para tocarla, como horda salida de un apocalipsis zombi.
Y es entonces, cual Medusa rediviva en versión masculina (y sin serpientes en el pelo), que Yashiro Yukihito alza el rostro y las mira haciendo uso de su superpoder y convirtiéndolas en piedra. En dos segundos. Y además, un efecto colateral resulta ser 'la apertura del Mar Rojo', pues las hordas petrificadas aciertan a retirarse creando un caminito despejado y franqueándoles el acceso hasta la ansiada puerta.
Y cuando por fin entran, y las puertas se cierran tras ellos, todo LME deja escapar un suspiro de alivio.
—¡Yashiro-saaaan!
Él reconocería su voz en cualquier parte. Voltea el rostro y la ve. Kyoko se acerca, casi rebotando de entusiasmo, hasta ponerse a su lado. A Saito-san, un poco más allá, se la ve muy entretenida siendo interrogada por las recepcionistas y otras espectadoras (sin duda con más sesera que las de afuera).
—Yashiro-san, Yashiro-san… —repite ella, con los ojitos brillantes de admiración. A él se le dibuja una sonrisa tan solo por verla así—. Oh, dioses, pensé que solo era un mito, una leyenda de esas que corren por LME, pe-pero eso ha sido impresionante —se lleva la mano al pecho, para sosegar su acelerado corazón—. ¡La mirada petrificante es real! Cielos, ha sido muy emocionante ver tu superpoder en acción. ¡Es como en los mangas!
Él pone los ojos en blanco, pero sonríe cuando la mira.
—Oh, vamos, Kyoko-chan, si esto fuera un manga —le dice él, colocando con dos dedos las gafas—, sería con seguridad un manga shoujo, donde alguien como yo sería nada más que el amigo del protagonista, el que le anima a conquistar a la muchacha, de la que él, oh sorpresa, también está secretamente enamorado…
—Tonterías, Yashiro-san —protesta Kyoko, haciendo un gesto con la mano y descartando su analogía—, todos nos merecemos ser los protagonistas de nuestra propia historia.
Ella nunca supo lo acertado, preciso y atinado de la descripción que dio Yukihito de sus vidas. O puede que sí lo supiera…
—Mi única ventaja es que tú ya sabes que te quiero… —susurró él.
Pero ella le oyó. Allí, en medio del hall de LME, rodeados de un montón de gente que cuchicheaba sobre la turba de más allá del cristal. Le oyó, y un rubor precioso decoró sus mejillas. Y como en los mangas, a Yukihito le empezaron a salir flores a su alrededor. Porque sí. Porque no pudo evitarlo. Porque había dicho las palabras más importantes, las más grandes que se le pueden decir a otra persona. 'Te quiero'.
Kyoko se dio cuenta, perfecta cuenta, de que Yashiro-san había pasado del 'gustar' de aquella primera vez al 'querer'. Y también vio las flores y la forma en que su sonrisa iluminaba su cara.
Y eso lo había provocado ella.
Vio también cómo sus ojos se llenaban de una luz que venía de dentro. Una luz que parecía brillar más cuando ella se miraba en sus ojos. Y si ella hubiera sabido más de las cosas del mundo, hubiera podido afirmar que era amor puro, sin disfrazar.
Kyoko se dejó arropar al calor de su luz…
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NOTA DE LA AUTORA: No soy de notas largas, pero aquí va una…
Tal vez pueda considerarse que estoy tirando piedras contra mi propio tejado, pero llegados a este punto, permítaseme decir una cosa.
Sí, Kyoko se está dejando envolver por la sensación de sentirse querida, apreciada y respetada. Vale, eso está muy bien…
Pero no nos confundamos… Kyoko no necesita un hombre para ser feliz. La felicidad no consiste en tener un novio o un marido. La verdadera felicidad radica en la satisfacción personal. Todo lo demás es accesorio, y sin duda el amor constituye una parte importante de tu felicidad, pero no es la felicidad en sí misma. Hay mil clases de amor. Y el amor romántico es tan solo una de ellas.
No lo olviden nunca…
