Walking Onwards

by: The life is a dream

Eeeehh! Hay alguien aquí? Bueh, debo confesar que se estoy un poquito triste de ver que el capitulo 1 no tuvo tanta aceptación como pensé tendría y si eso me medio desmotivo a tardarme un poquito pero en esta mente mía seguían llegando ideas tras ideas así que decidí darle otra oportunidad.

Debo confesar que este no es mi fuerte, no estoy muy acostumbrada a escribir recuentos de la vida soy más del tipo gore, pero cuando llega la inspiración llega y esta historia me llego hace tiempo así que tengo que sacarla de mi sistema o seguiré pensando en mas capitulo y se hará interminable en mi mente.

El capitulo me salió más largo de lo tenía pensado, espero el siguiente este mas cortito y deseo darle las gracias a SABB y FERMAR99, mil gracias por sus review no saben lo feliz que me hace que les gustara la historia, espero este capítulo les guste igual.

Disclaimer: Los personajes de -man son propiedad de su autora, yo solo lo tome prestados para realizar de forma escrita una de mis enfermas fantasías jejejeje.

Advertencia 1: brutalidad al gramatical y ortografíal desde el inicio jejejejeje

Advertencia 2: Siiii es YULLEN.

-"…"- Pensamientos

-'abc'- Diálogos

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. de escena

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Capítulo 2: TÚ.

TIC TOC TIC TOC

-"mmg"- sin poder evitarlo un gruñido salió de sus labios mientras se acomodaba en su asiento; para fijar su mirada hacia el objeto o mejor dicho persona que en esos momento acaparaba no solo su mente sino su cama!.

Después de recuperarse de un mini infarto, lo siguiente que le siguió fue un pequeño ataque de pánico acompañado de una risa maniática que dejaría al mismísimo Conde del Milenio en ridículo; claro sin olvidar que posiblemente se extenderían rumores de fantasmas en la plaza, ya que, juraría que escucho gente corriendo de pánico gritando algo sobre demonios.

Nos es que le prestase mucha importancia, lo que sí le importaba era la persona que se encontraba en su cama durmiendo, o mejor dicho desmayado producto a las grandes cantidades de alcohol que el mismo abría ingerido, o esos es lo que le indicaba el olor de su antiguo compañero de armas. Reconocería a kilómetros ese peculiar aroma gracias a las múltiples veces que se vio obligado a cargar a Cross en las mismas condiciones; de repente una terrible sensación de deva vu le vino y sin poder evitarlo un escalofrió recorrió su cuerpo.

No sabía que pensar del asunto, ya de por si la sola situación era irrisoria, como para poder sacar conclusiones ante la imagen que ante él se mostraron. Y es que ver a YU KANDA con las ropas medio removidas y rotas, exponiendo mas carne de lo normal, lleno de algo blanco, a lo cual el no piensa poner nombre y prefiere enterrar ese hecho en lo mas oscuro de su mente, 'si! eso nunca lo vio'; para finalizar totalmente borracho.

Era tan imposible que por un momento creyó que todo era un sueño, que la guerra no había terminado y que posiblemente este era un mundo creado por su mente en agonía, después de haber recibido lo que posiblemente seria el golpe que acabaría con su vida.

-"auch"- era la quinta vez que pellizcaba su mejilla, y aun nada, todo seguía igual. Dolía y eso solo significaba una cosa; por fin había sucedido, se había vuelto loco, siempre pensó que la perdería pero nunca pensó que sería de esta manera tan aterradora.

Se levando rápidamente hacia la ventana y observo largamente el cielo esperando que lloviera deudas de Cross y cobradores; era lo más lógico que sucediera, después de todo estaba en su propio mundo de locura y luego llovería comida: todo hombre sin razón espera una llovía de comida, bueno solo él, pero se vale.

Se apoyo de espalda a la pared para fijar su mirada en su acompañante que dormía "pacifico" en su cama, con su camisa, la cual le había puesto después de haberle limpiado un poco, ah! sin olvidar que la única señal que el nipón había dado era, despertar para volver el estomago sobre ambos, pero eso solo eran pequeños detalles.

-"mmmmmgggg"-

Si bien al finalizar la guerra todos tomaron distintos caminos, el había mantenido contacto con algunos de los miembros, sabía que Jonny estaba en América y había fundado su propio taller, hablaba con él por cartas ocasionales; Miranda y Marie estaban juntos, tenía entendido que en Alemania mas de allí no sabría que decir; por otra parte Lavi y Bookman, ellos habían partido primero para seguir su trabajo no obtuvo más noticias de ellos. Lenalee y Komui habían vuelto a su hogar en china y por ultimo quedaba Kanda, siempre pensó que había encontrado el descanso eterno en batalla al no saber nada de él.

Pero eso lo regresaba a su situación actual, Kanda estaba con vida y la cual no pintaba muy bien. Su cabeza tenía un torbellino de preguntas sin contestar, no sabía que pensar o como tratar la situación, involuntariamente dejo salir otro suspiro que estaba conteniendo, no arreglaría nada sobre pensando las cosas, decidió levantarse y bajar las escaleras de su cuarto para ir a su pequeña sala, donde acomodo una sabana en el sofá para disponerse a dormir un poco.

Vería las cosas de mejor perspectiva en la mañana –"Buenas noches Bakanda"-y sin esperar respuesta se dispuso a dormir.

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-"mmmmmhg"- se removió entre las cálidas sabanas y la mullida cama, su cerebro rápidamente comenzó a procesar información sobre su paradero, lentamente abrió sus ojos acostumbrándose a la luz que entraba, nuevamente despertó en otro techo desconocido posiblemente del sujeto de la noche anterior; qué más daba, se iría pronto.

Sin poder evitarlo se quedo recostado, una fragancia conocida que no sabía ubicar lo llamaba algo muy impropio de él; no era de quedarse mucho, solo haría lo de siempre, tomaría dinero y se volvería a su camino. Si las cosas se ponían complicadas golpearía al sujeto y listo.

En todo este tiempo que anduvo vagando descubrió que los hombres eran más fáciles de tratar que las mujeres, al menos no lloraban tanto, no todos por lo menos; se obligo así mismo a levantarse de la comodidad de la cama, ignorando las nauseas y el dolor de cabeza que lo atacaron, paso saliva varias veces, la boca le sabia acida.

Notando que se encontraba vestido con lo que posiblemente era ropa del sujeto con el cual seguramente había dormido. Genial otro sentimentalista.

Paseó su vista por la habitación, ciertamente estaba en la casa del sujeto, podía ver sus cosas por todo el cuarto, uno sencillo en tonos verdes, algo interesante al ser el cuarto toda la segunda planta, tenía vista completa desde una especie de balcón interno de la sala si se acercaba al barandal. Vio el ropero, la cama, unas mesitas de noche, una con una lámpara otra con un libro, sobre la cama yacía una tétrica pintura, bastante extraña de un payaso y un féretro a la cual no reparo mucho hasta que sus vista se centro en el escritorio que se encontraba en la esquina de la habitación junto a un pequeño librero, sobre este se encontraba la billetera del sujeto.

-"Tch"- al diablo tomaría lo suyo y se iría, caminó tranquilamente hacia el escritorio y tomo la billetera para sacar todo el efectivo; era extraño había pasado bastante tiempo y no sentía a nadie en ese lugar, acaso el sujeto había salido?, sin tomarle más importancia al asunto y después de sacar todo el dinero, tiro la billetera desinteresadamente sobre la mesa para guardar el dinero en su pantalón.

Al tiempo que se daba la vuelta sintió como una gran cantidad de agua fría era lanzada en su cara, como acto reflejo lanzo un golpe directo a la cara del maldito que se creía muy listo y se maldijo así mismo por no notar la presencia; aparentemente la cruda era peor de lo que pensaba. Lo que nunca entro entre sus planes, fue que el sujeto no solo atajo su golpe sino que doblo su brazo apartándole de su cara al tiempo que sintió una patada que le hizo perder el equilibrio haciéndole caer, ahhh pero se llevaría consigo al hijo de perra.

Aferrando con su otra mano la camisa del contrario, para así cae los dos de manera rotunda en el suelo, el sujeto sobre él con la cabeza clavada al piso; aprovechando el momento de distracción intento asestar otro golpe, el cual fue retenido inmediatamente, otro nuevo intento de arremeter contra el contrario fue retenido al escucharle hablar.

-"Buenos días Bakanda"-

Sus ojos se abrieron como platos y entre la cortina que había formado su cabello suelto, pudo divisar aquellos ojos grises y esa cabellera blanca que bien conocía, no podría ser posible

-"Moyashi?"- nunca fue su intención que esa pregunta sonara de manera tan sorprendida, se maldijo así mismo por permitir ese momento de debilidad, pero era indudable, era el estúpido del moyashi y el muy hijo de puta lo tenía contra el piso.

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Se encontraba sentado en una pequeña mesa de madera, mirando amenazadoramente la espalda del moyashi, quien caminaba de un lado a otro en esa pequeña cocina, había tomado un baño, bueno un segundo baño, después de la ducha helada cortesía del idiota del moyashi; se las cobraría al enano de mierda

Ciertamente el tiempo había pasado aquel chiquillo idiota había crecido bastante, no lo suficiente para pasarle pero aquella diferencia tan marcada había desaparecido para convertirse en centímetro apenas notorios; el chico seguía en buena condición física a pesar del tiempo sin estar en batalla. Le saltaron un montón de preguntas a la cabeza; esa era la casa del moyashi acaso estaba viviendo solo o con alguien, disimuladamente paso su mirada por la pequeña casa, sin registrar señales de nadie más que ellos dos.

Había sido el primero en desaparecer después del combate final. Lo que el espero hubiese sido su último combate, donde saldaría sus deudas y le daría por fin el descanso eterno a su alma, había sido totalmente diferente a todo lo que había esperado; la batalla fue dura y cruenta pero él había triunfado, y así en total silencio había quedado solo entre cadáveres.

Sin saber que hacer tomo un camino distinto a los sobrevivientes, sin importarle las estúpidas investiduras, honores y glorias repartidas como general, su misión auto impuesta se había terminado, le había regresado el favor al estúpido moyashi.

En aquel entonces su mente había quedado en blanco, para cuando se dio cuenta ya se encontraba vagando sin rumbo, utilizando cualquier método para mantenerse en pie y seguir caminando, incluso si eso significaba vender su cuerpo después de todo este cuerpo solo era un contenedor; no era tan diferente de los supuestos monstruos que había exterminado, era un reemplazo. Nada era real, él no era real, entonces porqué seguía de pie, porqué su corazón, si es que poseía uno, no se detuvo y comenzó a desintegrarse como el de Alma lo hizo.

Su mirada se afilo más hacia el ex-exorcista de pelo blanco, un deseo incontenible de matarlo se apodero de su ser, inconscientemente apretó sus puños enterando sus uñas en su carne, que más le importaba, aun si estaba liberado de su maldición seguía siendo un fenómeno de la orden, ni siquiera era humano.

-"Aquí tienes el desayuno"- escucho al menor al tiempo que le colocaba un plato frente de él, repentinamente un fuerte y putrefacto olor llego a su nariz, volteo a ver a su plato y que mierda era esa cosa, y se movía, se MOVÍA!; pudo observa como su desayuno se tensaba al dirigirle una mirada matadora mientras agarraba el cuchillo, esa cosa tenia claras intensiones de atacarle, sin bajar la guardia dirigió su mirada hacia su compañero con la intensión de reclamarle, era claro que era algún tipo de burla del estúpido moyashi, eso ni siquiera era comida.

Mas sus palabras quedaron a medio camino al dirigir su mirada al frente y ver al menor apuñalando una cosa similar a la que se encontraba en su plato, aquella masa negra se retorcía y sangraba? algo verde.

El peliblanco quien había estado observando la escena levanto la mirada encontrándose con la de Kanda, para luego sonreírle –"He practicado algo, así que ya voy mejorando no crees"

El japonés solo atino a levantar una ceja, mientras repetía la misma acción que su contraparte y apuñalaba "esa cosa", juraría que lo escucho chillar, vio como agonizaba el muy dramático-"eres un idiota moyashi"- como carajos había sobrevivido todo este tiempo, y una mierda, no se iba a meter esa cosa a la boca.

El aludido frunció el seño-"Si eres tan bueno porque no cocinas tu, imbécil" mencionó al tiempo que se cruzaba de brazos.

-"Hasta un niño que 5 años puede hacer algo comestible"-decía al tiempo que volvía a apuñalar la masa sobre su plato, aparentemente se negaba a morir y quería dar lucha.

-"Eres un bastardo malagradecido lo sabías, además es tu culpa que no tengamos comida, toda la que tenia se perdió al tener que golpear a ese sujeto que…"-ambos quedaron en silencio-'rayos'-no tenía pensado traer ese tema a discusión, realmente no sabía cómo tocarlo y ciertamente el japonés parecía incomodo.

-"Moya…"-

-"Olvídalo Kanda no tienes que hablar de eso si no lo deseas, fue mi error, hay algo de pan en la alacena y puedo hacer un té decente, te parece desayunar eso"-menciono intentando rehuir de la mirada del otro, para levantarse y llevarse consigo los dos platos con los restos.

El japonés guardo silencio, apretando nuevamente sus manos, esta vez sintiendo la sangre brotar de las heridas que se había provocado, desde cuando se había vuelto tan débil y patético, acaso el moyashi le tenía lastima, lo odiaba. Ese día un silencio tenso se cernió en la residencia Walker.

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Era terriblemente temprano y domingo, intento retener otro bostezo, tenía que ir a la construcción con David y los chicos debido a la llegada de material, normalmente se recibía en días de semana pero debido a la premura en la construcción los tiempos se volvieron bastante disparejos; aparte los materiales eran trasportados de muy lejos por ello David, que era el jefe de construcción debía estar presente en su entrega, sin mencionar que debía cerciorarse que la carga llegase completa y en excelentes condiciones, por ello, les había pedido a un grupo de sus hombres más confiables ayuda a recibir dicha mercancía, en los cuales Allen encajaba en ese grupo.

Se dirigió hacia el barandal para ver la sala y se topo con una escena nada común en su casa. Kanda se encontraba durmiendo en su sofá de tres puestos, sabía que no era cómodo pero no tenia futones y realmente nunca pensó que tendría visitas, así que jamás se preocupo en comprar uno, sin mencionar que el aun estaba en plenas reparaciones de su casa y justamente dedicaba los fines de semana para ello, bueno casi todos.

No había pasado desapercibida la mirada de Kanda, pudo sentirla cuando cocinaba y sin querer trajo el tema a colación, no pudo evitar reprocharse mentalmente por ese desliz, el había meditado la situación y llegado a la conclusión de no tocar el tema y si el mismo Bakanda quería hablar, cosa que dudaba, lo escucharía y punto.

Sin saber porqué un terrible sentimiento de nostalgia se instalo en su pecho, y no, no era la del tipo extraño mis amigos y vamos a rememorar viejos tiempos juntos; su mente le pedía a gritos que hiciera algo. El problema era que no sabía había donde dirigir estos sentimientos. Reconocía esa mirada en Kanda pero simplemente no podía ubicarla y porqué le afectaba tanto; dejo escapar un suspiro involuntario, si seguía pensando jamás llegaría a trabajar.

Arreglo un poco su blanca cabellera para bajar las escaleras, saldría en silencio para no perturbar al mayor, se dirigió a la puerta dándose cuenta que BaKanda no se había despertado!, que tan fuera de forma estaba para no detectarle, él podía saber claramente que dormía profundamente.

Sin saber porque, ese hecho lo lleno de rabia, dando media vuelta se dirigió velozmente hacia el dormido japonés, detuvo sus pasos quedando frente a este para obsérvalo un rato, en un impulso levanto su pierna y le pego una patada directa en el estomago, tan fuerte que su sofá cayó de espaldas junto con el peli azul.

Escucho el ataque de tos del otro y un conjunto de maldiciones ahogadas-"coff coff pero que mier"-

-"Vístete, nos vamos, hay que trabajar"-

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Habían llegado a una enorme construcción donde el moyashi fue recibido por varios sujetos que le saludaban alegremente, jah! lógico, el niñato y su grupo de amigos, menuda mierda, dirigió su mirada para otro sitio, sin saber se extendió una extraña sensación en su pecho.

Un sujeto bastante ruidoso se acerco a el cabello de anciano para colocar su mano sobre su hombro de manera amistosa, inmediatamente le recordó al estúpido del conejo; acaso siempre debe haber algún idiota en el grupo. Escucho al sujeto cuchichear y señalarle, a lo cual el moyashi le respondió que era un conocido y que podía ayudar, así que, no era un amigo eh!.

El sujeto se acerco a el presentándose como el jefe y preguntándole que experiencia tenia, no parecía muy convencido, mas pronto comenzaron a llegar una gran cantidad de carretas y todo se volvió una locura; gritos se escuchaban por todas partes, todos corrían de un lado a otro descargando y contando cosas.

Sintió como el albino le daba un codazo, pronto se encontró al lado de este descargando unos pesados tubos y contando los mismos. Toda la mañana se había pasado entre descargo y números, pero para inicios del medio día, se encontraban en un círculo repartiendo felicitaciones del buen trabajo. El sujeto David según se había presentado le extendió su mano con una gran sonrisa.

-"Debo decir que no tenía confianza que fueras del tipo que podía con este tipo de trabajo, pero Allen me insistió que eras más que capaz y veo que estaba en lo correcto al hacerle caso, si piensas quedarte más tiempo por el pueblo y necesitas trabajo siéntete libre de venir acá la paga es buena"-.

Otra vez sintió como su cuerpo se tensaba, oculto sus ojos tras su fleco, que mierda significaba esto, el moyashi estaba intercediendo por el jeh!, que estaba haciendo de buen samaritano nuevamente y quería salvarlo –"Tch"-.

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El camino hacia la casa era bastante silencioso, nuevamente estaban recorriendo la plaza en donde se encontraron, aquella plaza que en las noches era la zona roja, donde el moyashi lo encontró con un hombre.

Si bien el enano quería regodearse de su preciosa vida post guerra; bien podía irse a la mierda, ya tenía suficiente de ese trato supuestamente maduro que le mostraba, y un demonio, el nuevo proyecto caritativo del idiota complejo de mártir.

-"Que te parece si bajamos a la zona comercial por algo de ropa"-

Había detenido su andar y bajo su fleco oculto su mirada, -'Jeh!'- así que de eso iba todo, el idiota le tenía lastima, acaso pensaba que necesitaba de su comprensión, de esa ficticia amabilidad de la cual ese hipócrita se regodeaba. No necesitaba de su ayuda y no necesitaba a nadie, el no pertenecía a este mundo el debería haberse reunido con alma y pudrirse en el mismísimo infierno.

De manera autómata se dirigió hacia el peliblanco, quien al sentirlo volteo a verlo para recibir de manera sorpresiva el impacto de un fuerte puñetazo en la mejilla derecha que lo llevo al piso.

-"QUE DEMONIOS TE PASA KANDA!"- mencionó el albino limpiándose la sangre con el dorso del brazo, mas sus quejas se quedaron mudas al recibir directamente aquella mirada de odio.

-"Siempre metiéndote donde no te llaman, haciéndote del salvador y sacrificándote por los demás, solo para satisfacer tu maldito ego"-golpe tras golpe el segundo exorcista descargaba su frustración con el más joven.

-"Nadie dijo que te metieras, que intentaras salvar a Alma y a mí, no sabes nada!"-el chico no se estaba defendiendo, simplemente intentaba bloquear los golpes lo mejor posible.-"yo no debería estar aquí, ni siquiera existo".

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Kanda se le había abalanzado y ahora estaba golpeándole incontables veces, mientras repetía una y otra vez lo mismo.

–"Yo no debería estar aquí"-

-'Aaah'- ya lo comprendía todo, aquel nostálgico sentimiento que tenia alojado en su corazón era algo que los unía en más de una manera; ambos eran iguales, aun podía recordar la sensación de desesperanza que sintió cuando escucho que era un simple contenedor, que nunca debió existir, que todo el cariño que había recibido de Mana no era para él. Lo entendía perfectamente, sabía lo perdido que se debía sentir Kanda. Pensar que todo lo que conocía no le pertenecía: sus actos, sus memorias y emociones todas le eran arrebatadas o mejor dicho el mismo se las negaba; en ese momento el propio Kanda negaba su propia existencia.

El miedo, la inseguridad, la ira y el temor; las conocía todas y cada una de ellas, de manera tan intima que no pudo evitar sonreí, el japonés era un idiota pero lo entendía y no iba a permitir que Kanda caminara solo por una senda que ya había transitado. Porqué en ese momento despejo todas sus dudas y su corazón se lleno de entendimiento, si el idiota aun no lo comprendía y se negaba a aceptar la verdad, haría que la viera aun si terminaban matándose.

Porque esa sería la única forma que tendría para agradecerle, el que regresara de la muerte para ayudarle en la guerra; ambos merecían vivir, no AMBOS querían vivir pero no bajo la sombra de otro sino por quienes ellos eran; ese es el deseo de ambos, por eso sobrevivieron a pesar de que lo negaran fervientemente y lamentaran que la muerte no se los llevara. Podrían mentir todo lo que quisieran, pero no a sus corazones, ambos se levantarían y le gritarían al mundo que no se quedarían de brazos cruzados y desaparecerían, ellos estaban vivos.

El albino tomo al japonés por los hombros mientras flexionaba una pierna para pegarle una soberana patada que los separo; logrando así que el otro impactara contra la fuente que se encontraba en el centro de la plaza.

-"Eres un idiota, lo sabías Bakanda"-se levanto al tiempo que rápidamente se lanzo contra el japonés, asestando una oleada de golpes, uno tras otro hasta sentir como sus manos eran manchadas de sangre -"eres tú quien no entiende nada, viviendo la vida bajo la sombra de otro, pensando que ese no es el lugar que te corresponde, pues te tengo una noticia imbécil"-

-"No importa lo que creas"- menciono centrado su mirada en la azul nabal -"esas decisiones incluso si pensaste que eran de otro, son tuyas!"-golpe

-"Tus sentimientos"-golpe

-"Tus experiencias"-golpe

-"Todas son parte de lo que eres; al diablo la orden, al diablo los segundos exorcistas."- grito entre jadeos, mientras bajaba la intensidad con la que asestaba los golpes -"El idiota que yo conozco, aquel guerrero orgulloso, un maldito bastardo, ese eres tú, nadie puede quitártelo. Todos esos actos son tuyos, no eres la sombra de nadie ni tampoco eres un simple contenedor, tu eres una persona diferente"-golpe

-"TU ERES YU KANDA"- esta vez el golpe fue asestado contra el piso, el japonés quedo en silencio, hace tiempo había dejado de pelear.

El albino cayó sobre el pecho del japonés jadeante, ninguno de los dos tenían fuerzas-"ambos decidimos mantenernos con vida, incluso si lo negamos, nosotros mismos nos aferramos a vivir, ese es un deseo que es nuestro"-

-"¿Quién soy?"-

-"Eres un idiota pero bienvenido al mundo, ahora eres parte de las miles de personas que tratan de descubrir quienes son, eso se llama vivir"-menciono con sorna aun sobre el japonés para luego reír desde el fondo de su alma, -"te felicito estas realmente jodido"- no podía controlarlo pero se sentía ligero y muy feliz, sabía que Kanda se sentía igual, porque podía sentir péquelas vibraciones en su cuerpo.

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Una extraña paz se había cernido entre los dos, ambos estaban ya acostados después de llegar prácticamente arrastrándose a la casa del albino e intentar curar sus heridas, en silencia habían decidido dormir. El japonés, sin se quedo observando el techo de madera, rememorando todo lo sucedido en la tarde.

-'Tu sentimiento, tus experiencias'

-'No eres la sombra de nadie ni tampoco eres un simple contenedor'-

-'TU ERES YU KANDA'-

Pero quien era Yu Kanda, toda su vida pensó que sus acciones eran el producto de la conciencia de un ser que fue y le obligaron a regresar, ahora se daba cuenta que él era una identidad distinta, incluso sus sentimientos hacia alma eran diferentes; mientras aquel chico lo veía como su amor, no podía verse albergando otro sentimiento que no fuese la amistad y ese era suyo y era real; no pudo evitar sonreír socarronamente, mierda le debía una al idiota.

Manteniendo aun esa sonrisa altanera, fue entregase a los brazos de Morfeo y por primera vez en toda su vida sus sueños serian suyos.

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Kanda despertó solo, busco al albino por toda la casa sin rastros de este, así que fue a la cocina y vio lo que parecía ser una bolas de arroz o algo en la mesa, sin poder evitarlo dejo escapar un suspiro, destapo el plato tomo una para llevarla a su boca y pegar un crujiente mordisco, inmediatamente devolvió el bocado; eso era incomible, mas sin embargo aguanto la respiración y volvió a meterse otro bocado, esta vez obligándose a tragar.

Paró un rato y sonrió de medio lado, ciertamente ese idiota se mataría así mismo comiendo eso, prosiguió intentando comer su desayuno notando como una pequeña lagrima se escapo de su ojo derecho, si ese sentimiento también era suyo.

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Había comprado una gran cantidad de panes, embutidos y algunos fideos instantáneas, esta vez prestaría mucha atención no quemarlos; suspiro ignorando las miradas y cuchicheos, era un pueblo pequeño, todos se conocían y era de esperarse que el fuese la comidilla al verle la cara en tal estado, suficiente había tenido con inventar excusas tontas a los chicos del trabajo.

Apresuro su paso, no había querido despertar a Kanda para dejarlo descansar, después de todo había sido un duro golpe, algo que no se aceptaría de un día para otro. Quería ofrecerle al japonés que se quedase hasta que se sintiese listo. Si era algo descabellado, ellos peleaban por todo, mas sin embargo la idea le parecía excelente, Kanda podría quedarse hasta sentirse completamente bien o el tiempo que desease, no tenia problema.

Cuando llego a casa, fue recibido por una imagen que lo había recibido por mucho tiempo. Todo se encontraba oscuro, solo se escuchaba el tictoc del reloj de pared; se paseo la casa notando todo ordenado y en su lugar, muy típico de Kanda, se dirigió a la cocina donde dejo la compra y vio en el centro de la mesa un plato con tres perfectamente realizadas bolas de arroz, se sentó frente a estas.

-"Itadakimasu"- Al dar el primero bocado y sentir aquel delicioso sabor, la devoró en un instante al igual que las restantes -"Maldito bastardo"- y con premura se dirigió corriendo hacia la puerta, lo buscaría y lo traería a rastras de ser necesario.

Cuando ya se encontraba en la puerta, abrió de golpe la misma encontrándose de frente con el mismo Yu Kanda que tenia la mano levantada a punto de tocar; fue un acto reflejo del albino, reacciono de la manera más lógica que su mente le dijo. Así que le propino un soberano derechazo mandando al japonés al suelo con el labio nuevamente sangrante-"Bienvenido idiota"-dijo al tiempo que se agachaba en canclillas para quedar a nivel del otro. El pelinegro solo atino a sonreír con sorna.

TBC

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You're Gonna Carry That Weight

Bien y allí quedo como será la vida de nuestros dos idiotas de ahora en adelante que están viviendo bajo el mismo techo jejejejeje, espero les guste el capitulo ya saben dejen review a mama si les gusto por favor y que tengan una linda semana. (llena de yullen mejor jejejejeje).