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El amanecer

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Sakura despierta en la pequeña cama que, dedujo, era la de Kakashi. Le había parecido que era lo mejor, dormir allí y no ocupar la habitación de sus padres.

Fue hasta la cocina y sacó la bolsa de los bollitos que Nakami-sama le había obligado a coger cuando fue a pedirle las llaves.

Volvió a la habitación para cambiarse el pijama por algo de ropa con la que salir al patio. En realidad no había traído mucha ropa, su idea era pasar los días entre agradables baños en el mar, divertidas lecturas tumbada en la playa o una hamaca en el patio, e intentar pensar lo menos posible en ese plateado de ojos oscuros al que había dejado de esperar después de los dos primeros días.

Optó por un bikini azul y rosa y unos pantaloncitos cortos.

Atándose la parte de arriba del bikini salió al patio para ver el amanecer. Llevaba cinco días allí y no se lo había perdido ningún día.

-Yo! –oye a sus espaldas.

Sin girarse se tensa, deja caer la bolsa de bollitos que tenía sujeta entre los dientes y deja escapar un pequeño grito por el susto.

Sus manos aún enredan las tiras del bikini que no quieren atarse sobre su cuello.

-Perdona, no quería asustarte.

Sakura, todavía de espaldas, no dice nada.

Kakashi que descansa apoyado contra la pared, se levanta de un salto y se pega a su espalda.

Su mano detiene el absurdo movimiento de Sakura con las tiras del bikini. Y bajo su tacto, si los movimientos ya eran torpes, se vuelven aún más inútiles.

-Déjame ayudarte –dice desentrelazando las tiras de los finos dedos de Sakura.

Sakura sigue guardando silencio. Sigue de espaldas a él. Y sólo deja caer sus brazos a sus costados.

Kakashi delicadamente hace una lazada entre las tiras del bikini. Sus dedos, los que sujetan las tiras, no las sueltan, las dejan cuidadosamente sobre su espalda, y se pierden acariciándola bajando por su espina dorsal hasta justo antes de donde la espalda pierde el nombre. Kakashi nota en Sakura un escalofrío que ella intenta ocultar.

-Perdón –dice sin apartarse un solo centímetro de su espalda pero retirado sus manos.

Y Sakura nota la respiración en la nuca. Lo que la pone aún más nerviosa.

-Sin ánimo de sonar cabreada, y sabiendo que es su casa, ¿qué hace aquí? –pregunta sonando cabreada.

Kakashi deja escapar el aire de sus pulmones antes de responder.

-Intenté venir antes, pero…

-¿Intentó? –pregunta interrumpiéndole sin girarse.

No quería girarse porque si se giraba, todos sus intentos por olvidarle, por ser una mujer fuerte e independiente, no habrían servido para nada.

-Sí, quería…

-Esas cosas no se intenta, se hacen –vuelve a interrumpirle.

En su voz Kakashi nota un deje de tristeza.

Un deje de tristeza que Sakura odia haber dejado notar. Aprieta sus puños contra sus muslos y se odia mentalmente por dejar que con sólo su cercanía él sea capaz de hacerla sentir así.

Kakashi sube una de sus manos hasta el hombro de Sakura, y deja que caiga por su brazo en una suave caricia.

Sakura da un paso adelante separándose de él.

-Yo… -intenta hablar, pero un horrible nudo en su garganta no se lo permite.

-Ya. Ya lo sé. No puedo tocarte así si no voy a volverte a hablar.

Sakura nota como algunas lagrimas escapan de sus ojos. Los cierra con fuerza intentando imaginarse sola. Otro amanecer más en la casita de la orilla del mar.

Sola. Como los últimos cinco días.

Pero Kakashi a sus espaldas da un paso adelante recuperando su cercanía.

Y su aliento en la nuca la recuerda que no está sola.

-Siento haber tardado tanto. Tsunade me envió a una misión.

Sakura abre los ojos y se gira de golpe para mirarle.

Pensaba gritarle algunas cosas, pensaba golpearle el pecho y hacer que cayera al suelo, pensaba decirle que cinco días eran muchos. Y que podía volverse por donde había venido. O que se iría ella. Pensaba decirle de todo. Pero sólo lo pensaba.

Kakashi estaba ahí. Mirándola con una gran sonrisa bajo la máscara. Kakashi estaba ahí. Mirándola con los ojos clavados en los suyos. Kakashi estaba ahí. Nervioso. Kakashi estaba ahí… con una pierna entablillada hasta la rodilla.

-¿Qué…? –deja la pregunta a medias.

-No voy a dejar de hablarte esta vez.

-¿Qué te ha pasado? –pregunta por fin señalando su pierna.

-Fui un idiota. Lo que pasó aquí... -traga saliva un momento- fue lo mejor que me ha pasado en años. No. Lo mejor que me ha pasado en la vida. Y, bueno, no sé qué pasó por mi cabeza. –Ella le mira sin decir nada-. Sé que no merezco algo así, que soy un completo idiota y que te he hecho daño. –Deja que una de sus manos suba al cuello de Sakura-. Pero si aun no es tarde… si no la he cagado demasiado y puedes perdonarme… me gustaría pasar lo que quede de mi vida contigo.

Sakura baja la mirada al suelo para que él no la vea llorar.

Kakashi deja caer su mano.

Coge aire y mira al cielo. El sol empieza a asomar por las montañas reflejándose en el mar.

-Lo siento, Sakura –dice con voz ronca, bajando la mirada para verla.

Ella todavía mira al suelo.

Kakashi hace ademán de marcharse. Pero Sakura se abraza a su cintura.

Kakashi se congela bajo su abrazo.

-No –es todo lo que oye entre sollozos.

Tras unos segundos Kakashi cierra los ojos dejando que las lágrimas corran por sus mejillas.

Rodea con sus brazos el cuerpo de Sakura en un abrazo que no puede juntar más sus cuerpos, pero la hace dejar de temblar.

Y de nuevo, la máscara, es el lugar perfecto para que la lluvia muera.

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