Disclaimer: Los personaje no son míos, son de la maravillosa S.M. Sólo la trama es mía y espero que la disfruten! :)
Capítulo 10: El presentimiento.
Bella Pov.
Llegué a mi casa cansada a morir, después de la fiesta post estreno nada más mi cabeza tocó la almohada me quedé frita.
Tenía la cabeza hecha un lío con toda la información que me había dado Alice la noche anterior, sentía que moriría en cualquier momento. Mierda, ¿Edward me iba a pedir matrimonio? No podía creerlo, no iba a créelo hasta que él me lo dijera, hasta que salieran esas palabras de sus propios labios, ¿Cómo se suponía que iba a confiar en él si me hacia todo lo que me hizo? Me trató con la punta del pie aquella tarde en el bosque, y ni hablar de los días anteriores, me había comparado con Tanya, había dando a entender que ella era mejor que yo, eso me había dolido sinceramente y hasta lo más hondo. Por muy bello que sea eso de pedir matrimonio, no podía perdonarlo, no podía recuperar lo que alguna vez tuve con él, éramos amigos, pero sólo eso.
Al día siguiente del estreno me desperté cerca de las doce del día, consecuencia de haberme dormido cerca de las cuatro de la mañana.
Me levanté, me duche y, extrañamente, quise verme bien, por lo que, me puse un vestido muy parecido al que había usado en Los Ángeles el último día, blanco con una tela de encaje encima, hasta medio muslo, la diferencia estaba en que este era de cuello circular, con tirantes gruesos y un cinturón fino en la cintura color café, lo combine con una torera de jean, unas zapatillas color café de tacón de quince centímetros, una bolsa igual café y una pulsera y collar en cadenas pequeñas doradas. El cabello lo dejé suelto y aloqué un poco las ondas naturales, pasándolo de lado a lado, mi largo cabello solo se movía pero no se desacomodaba como yo quería, por el peso que tenía, así que, finalmente, sólo pase el fleco, que apenas un mes antes me había hecho, hacia atrás y dejé que cayera ligeramente hacia adelante. Me maquillé con sombras cafés y doradas, rímel, delineador, base, polvo y brillo.
Una hora después estaba perfectamente arreglada y peinada, justo como deseaba, tenía una ligera sensación, algo que empezaba a emerger, que me decía que ese día iba a ser importante.
Bajé a la cocina para desayunar, esperando ver a mis hermanas o a alguien en la sala como era costumbre, pero sólo me topé con Melany, Andrea y Fanny, las tres cuchicheando en susurros.
-Hola, chicas- las saludé.
Las tres se alejaron con brusquedad y me miraron claramente sorprendidas.
-¿Están bien?- inquirí extrañada.
-Si...- respondió Fanny con voz temblorosa- Solo nos sorprendiste un poco.
-¿De qué hablaban? ¿Y los demás?- seguí preguntando.
-No, de nada, sólo estábamos...- vaciló Mel.
-Estábamos haciendo críticas constructivas hacia los artista que fueron al estreno- salió Andrea- ¿Viste el vestido de Beyonce? Estaba divina, pero nada que ver con el de Angelina, realmente impresionante. Aunque coincidimos en que nadie estaba mejor que tu- me sonrió.
Las miré con sospecha.
-¿Y los demás?- volví a preguntar.
Se miraron entre ellas.
-Ni idea- respondieron al unísono.
No les creí ni la mitad.
-Claro- respondí.
Justo en ese instante, y antes de que pudiera presionar a mis acompañantes, la puerta de la entrada se abrió y por ella entraron mis hermanas y mis cuñados, demasiados sorprendidos para su propio bien.
-¿Hola?- dije más extrañada que antes.- ¿Están bien?
-Si, si, si... Todo bien...- respondió Damon.
Katherine jaló su brazo para susurrarle algo a los gritos, ya que, yo, que estaba lejos de ellos en la entrada de la cocina, lo escuché a la perfección.
-Debemos decirle...- le "susurró" mi hermana.
-No, no podemos, se lo prometimos a...- mi cuñado no pudo continuar, ya que, Elena le había metido un buen codazo en las costillas.
-Damon tiene razón, no podemos- se unió.
Levanté una ceja, tenía la ligera impresión que estaban hablando de mi y no lo decía por las miradas que me echaban todos, para nada, con sarcasmo incluido.
-Él debe hablar con ella, no nosotros- continuó Damon.
-Pero, es que él nunca lo va a hacer- insistió Kath.
-Yo sé que lo hará, si realmente la ama como dice hacerlo, lo hará- prometió Stefan.
-Chicos, me perdí.- musité.
-Nada, Bells.- dijo Elena.
-¿Dónde estaban?- inquirí.
-Salimos a caminar un rato por el bosque- comentó Stefan.
Probablemente les habría creído si olieran a bosque, pero no olían precisamente a eso.
-¿En el bosque...?- ellos asintieron- En el bosque de la casa Cullen, supongo.
Todos contuvieron la respiración, inclusive mis primas y Fanny.
-¿Cómo...?- comenzó Damon.
-Su olor- me encogí de hombros.
Mi hermana mayor soltó algo parecido a "mierda" y corrió junto con su novio a su habitación. Cobardes.
-Elena, Stefan, en verdad no me importa que hacían en la casa de los Cullen, sólo quiero saber donde estaban, me preocupe por ustedes- chantajeé.
Elena suspiro.
-Lo sentimos, sólo fuimos a ver a Alice, esta vuelta loca con el estreno, es la primera vez que va a uno. Te llamó a ti también pero estabas dormida, no quisimos despertarte- explicó.
Me quedé medio complacida, pero investigaría, de haber sido eso me lo hubieran dicho desde que llegaron y Kath y Damon no hubieran salido corriendo.
Con un suspiro me dirigí a la cocina, dispuesta a almorzar, ya no era desayuno, después de todo.
Comí despacio, tratado de aminorar el gran revoltijo que había en mi cabeza, mi vida se había convertido en un caótico nudo que no sabía como desenredar, en las últimas horas me había enterado que el amor de mi vida, quien había terminado conmigo con el peor método posible, realmente planeaba pedirme matrimonio justo el día que todo lo malo empezó. La persona que había comenzado a ser mi mejor amigo de repente se dice enamorado de mi y yo acepto estar con él porque me imagine a otra persona. Además, tenía ese extraño presentimiento que no sabía si era bueno o malo.
Cuando termine de desayunar, decidí subir a mi habitación y llamar a Alice, si era cierto lo que mis hermanas decían Alice me diría algo.
-¡Bella!- exclamó como saludo.
Me reí ligeramente.
-Hola, Alice, sólo llamaba para discúlpame contigo por no ir a tu casa esta mañana- dije.
-Amm... No sé de que hablas, ¿esta mañana?- se quedó callada por unos segundos- ¡Oh! ¡Esta mañana! Claro, había olvidado que estabas dormida y no llegaste. Tranquila entiendo que estés cansada. ¿No vienes ahorita?
Mierda, estaba a punto de caer, debió de haber tenido una visión, porque, por supuesto, un vampiro-hechicero iba a olvidar un suceso que ocurrió apenas una hora antes. Por otro lado, ir a la casa Cullen significaba estar más cerca del misterio, podría sacar algo de esa visita, claro que también quería ver a cierto chico de ojos verdes.
-Claro- respondí con rapidez- Te veo en unos momentos.
Nos despedimos y colgamos. Tomé mi bolsa con mi celular y otras cosas, las llaves de mi coche y me subí a mi recién adquirido Ashton Martín. Manejé hacia la casa de los Cullen con calma, tenía que descubrir algo ahí, porque me llamaba Isabella Marie Swan Petrova que averiguaba que estaba pasando.
Me estacioné frente a la casa unos minutos después, sin querer, me estremecí. Tanya estaba ahí y la situación prometía ser interesante.
Salí del auto y toqué ligeramente la puerta. Casi al instante, Alice la abrió con una sonrisa enorme.
-¡Hola, Bella!- exclamó.
-Hey- saludé
Me invito a pasar y, justo en ese momento, desee con todas mis fuerzas no haber aceptado la invitación de Alice. Tanya estaba casi encima de Edward, con las víboras que ella llamaba brazos alrededor de su cuello. En cuanto me vio, se lanzó hacia él y lo beso con desesperación. Él se sorprendió al principio y, para mi satisfacción y confusión, la apartó rápidamente.
-Hola- saludé a todos.
En la sala estaban Rose, Emmett y Jasper, además de Edward y Tanya.
-¡Bella!- me abrazó Rose.
-¿Dónde están Carlisle y Esme?- pregunté mientras saludaba de beso a los demás.
-Salieron, papá quería pasar tiempo a solas con mamá- sonrió Emmett.
-¡Que bello!- exclamé- Jamás dudaré del amor que se tienen ambos.
Alice me sonrió abiertamente.
-Son lindos pero no quieres estar cerca cuando se van a lo físico- hizo una nueva de asco.
No pude evitar la enorme carcajada que salió de mis labios al escuchar las palabras de mi amiga.
-Definitivamente no quiero- logre decir.
-Iremos arriba- anunció mi pequeña amiga.
-¡Voy con ustedes!- saltó Rose.
Era obvio que quería estar lejos de Tanya. Y hablando del diablo, ya estaba tardando mucho en soltar uno de sus comentarios.
-Bella, vi la alfombra ayer, ¿Estas saliendo con Harry Styles?- soltó con malicia- Vaya, pero tu si que no tardas en recuperarte de las rupturas.
-Tanya- la llamó Edward duramente.
Lo frené con la mano, no me iba a dejar de esa falsa rubia y me podía defender yo sola.
-Bueno, me di cuenta de que hay personas que prefieren a las fáciles y ellos no valen la pena.- musité con fingido desinterés.- Además, no pueden quejarse cuando, incluso antes de romper, ya están con otras...
Eso era un ataque a Edward también y no quería hacerlo pero era la única forma.
-¿Te estas llamando fácil?- inquirió ella.
-¿Yo?- solté una risa.- No, yo no soy fácil y el chico que esta a tu lado te lo puede decir muy bien.
-¿Te refieres a mi novio?- preguntó con una sonrisa burlona y remarcando el "mi".
-Bueno, hubiera dicho eso pero me di cuenta de que no te llevo a la gala ayer.- resalté, siendo ahora yo la burlona.- ¿Porqué? ¿Es que le da pena mostrarte?.
Objetivo conseguido. Los ojos de Tanya llamearon con furia.
-Para que sepas, yo fui quien no quiso ir, Edward me rogó hasta lo imposible- presumió.
Me reí abiertamente.
-Eso no fue lo que me contaron- sonreí.- ¡Vamos, Tany! ¡Deja de humillarte! Tu y yo sabemos que no te rogó, si no al revés. Te cambio por su hermana, claro que es lógico pero no quiso llevarte. Deja de fingir y ten algo de dignidad.
Tanya se levantó y se me acercó tanto que nuestros pechos casi se tocaban.
-Tu me quitaste lo que era mío y yo lo recuperé.- me sonrió cínicamente.- No es mi culpa que no lo aceptes.
-Sólo una cosa, Tany.- hizo una mueca por el apodo.- No te puedo quitar lo que nunca fue tuyo. Eso que tu tienes de él yo ya lo tuve antes y mucho más, por dos años. Él puede decirte lo mucho que lo disfrutamos.- susurré.
Eso fue todo, la mano de Tanya voló hasta mi mejilla. Sin embargo, antes de que pudiera tocarme la atrapé y la apreté fuertemente.
-Suéltame, me lastimas- dijo con los dientes apretados.
Me reí.
-¿Qué? ¿Ahora nos rasguñaremos y jalaremos nuestros cabellos? - volví a reírme y después me puse seria.- Yo no soy débil y no me dejo de las personas. Si tu estas celosa porque no tienes lo que yo, esta bien, no sabes cuanto me complace saber que soy mejor, pero nunca me toques, porque no sabes de lo que soy capaz.- amenacé.
-Tu no eres mejor que yo- dijo.
-Entonces demuéstralo...- respondí.- No sólo lo digas, pero te costara mucho superarme.
Con una sonrisa de superioridad, solté su mano y me volví hacia mis amigas, quienes, al igual que Edward, miraban la escena con los ojos bien abiertos, totalmente fascinados.
-Nos vemos, Tany- le mandé un beso- Y un consejo, cuídalo- miré a Edward seductoramente.- Porque alguien te lo puede quitar muy pronto.
Encabecé la caminata hacia el cuarto de Alice, dejando una muy furiosa Tanya tras de mi y un sorprendido Edward. Mis amigas, afortunadamente, me siguieron y callaron hasta que llegamos al cuarto de Alice.
-¡Santo Dios! ¡Eso fue genial!- gritó Alice.
Rose me mandó una sonrisa orgullosa.
-Yo que me he callado tanto que quiero decirle a esa perra y tu llegas y sólo lo haces- se río- Me siento orgullosa.
Les sonreí.
-Gracias, chicas- respondí.
-¡Y esa mirada que le disté a Edward! ¡Dios! ¡Término de matarla!- siguió exclamando Rosalie, extasiada.
-¡Y a él también!- se carcajeó Alice.
-En verdad, eres como un súcubo, dispuesta a seducir hombres con tu belleza, sólo que tu no te los comes ni nada de eso.- comparó Rose.
Me reí, esas eran mis amigas.
-Pero debes admitir que esas últimas palabras: "Cuídalo, que alguien puede quitártelo muy pronto".- me imitó Alice hacia Rose.- Fue maravilloso.
Mi rubia amiga asintió en demasiadas ocasiones.
-¡Mierda, si! ¡Y fue tan caliente de tu parte!.
Me reí a carcajadas ante las palabras de Rose.
-Exageran- rodé los ojos.
-Para nada. Pero, ¿porqué le dijiste a Tanya que lo cuidara?- inquirió Alice.- Según yo tu ya no quieres nada con él.
Solté una risa nerviosa, pero sonó más burlona, lo que me agrado demasiado.
-¡Por Dios! ¡Yo puedo tener a Edward cuando yo quiera!- exclamé.- Si no estamos juntos ahora es porque yo no quiero. No él. Yo.
Ambas me miraron con una ceja alzada.
-Ya en serio, Bells- dijo Rose, suavizando su tono.- Aún lo amas y se te nota mucho.
-¡Por supuesto que no!- mentí miserablemente.
-Bella, lo amas tanto que si él te pidiera regresar lo harían de inmediato.- siguió Alice.
-No, no lo haríamos, yo ya no puedo confiar en él.- eso no era una total mentira.
-Y definitivamente si en este instante ella le dijera a él que aún lo ama, volverían.- musitó Rose.
-Chicas, no...- comencé a decir.
-Yo no les daría más de tres meses separados.- apostó Alice, ignorándome por completo.- Apenas llevan uno y parece que se están muriendo sin el otro.
¿En serio eso parecía? Mierda, debía fijarme en como lo mirada de vez en cuando.
-¿Tres meses?- soltó Rose, incrédula.- Yo apuesto a que no llegan a los dos y medio.
-¿Entonces es una apuesta?- sonrió Alice.- Recuerda que nadie apuesta contra mi.
-Lo que no apostare contra ti es si voy a ganar o no porque yo se que ganare.- dijo Rosalie con una sonrisa altanera.
-¡Chicas! ¡¿Están apostando acerca de mi vida y mis decisiones?!- exclamé totalmente incrédula.
Como respuesta, ambas se dieron la mano, cerrando el pacto. No podía creerlo.
Pasamos el resto del día mirando la alfombra roja en Internet y resaltando los mejores vestidos, también los peores, claro. Hacia tiempo que no me divertía tanto, con Rose y Alice era así, ellas eran mis mejores amigas, mis hermanas, al igual que Fanny y mis primas. Más allá de amiga éramos hermanas, todas, y claro que no podíamos excluir a Jasper, Emmett, Damon, Stefan e, inclusive, Edward. Éramos una gran y maravillosa familia de hermanos, nos apoyábamos entre nosotros, nos defendíamos y nos ayudábamos, era algo maravilloso. Yo nunca volvería a ser la misma si perdiera a alguno de ellos. Había perdido a Edward como compañero pero no como amigo y planeaba tenerlo conmigo.
-Ya vuelvo, creo que tengo hambre.- les anuncié cerca de las siete de la noche.
Las chicas solo asintieron y continuaron metidas en los diseños más impresionantes.
Bajé las escaleras tratando de prepararme para ver una nueva escena de Tanya, sin embargo, quede realmente sorprendida al ver sólo a Edward, mirando una película de terror. Mi vena juguetona salió al aire y me acerqué a él lentamente. Cuando estuve justo atrás de él, acerqué mi boca a su oído y susurre un "Bu".
El brinco que dio y la cara que puso se quedarían grabados en mi mente el resto de mi vida. Sólo atine a carcajearme cuando casi se cae del sillón por el brinco que había dado.
-¡Bella!- gritó sorprendido.
-¡Lo siento!- exclamé aún riendo.- ¡Tenía que hacerlo!.
En menos de un segundo ya estaba sobre su hombro.
-¡Ya veras!- amenazó riendo.
-¡Bájame, Cullen!- pedí a gritos.
-Si eso quieres...- dijo, entonces me soltó.
Caí de espalda en el sillón y me reí, eso en verdad no me lo esperaba.
-¡Hey!- exclamé.- ¡Eso dolió!
-No te dolió.- sonrió él.
-¡Claro que si!- me miró con una ceja levantada.- Bien, vale, si, no me dolió.
Nos reímos juntos, me senté correctamente en el sillón y él junto a mi.
-¿Qué tal? Creí que Alice te tendría secuestrada hasta bien entrada la noche.- dijo, tomando mi mano.
-De hecho planeó una pijamada.- sonreí.
-¿La van a hacer?- inquirió curioso.
Me encogí de hombros.
-¿Alguna vez has podido negarle algo a Alice?- regrese divertida.
Lo pensó unos segundos.
-No, la verdad es que no.- negó con la cabeza.
Me reí de nuevo, estar con él me ponía de muy buen humor.
-Ahí tienes.- contesté.- No pude negarme.
-Esta bien, ustedes son los únicos amigos que tenemos, Alice ya necesita una noche de chicas.- sonrió
Me encantaba como se preocupaba por su hermana y por su familia, era tan dulce. ¿Porqué tenía que ser tan perfecto?
Me mordí el labio.
-Si, supongo que no hemos tenido tiempo de estar juntas hasta ayer...- murmuré.
Asintió con una sonrisa y no pude evitar mirar sus labios. Mierda, ¿Porqué tenía que ser tan apetecible? Lo extrañaba, sus labios, sus abrazos, inclusive extrañaba que me dijera "amor" o "princesa". No podía evitar anhelarlo, con todo el corazón.
-Edward.- lo llamé.
Era hora de hacer lo que me había llevando ahí, con él, aparte de mis ganas y mi poca voluntad.
-Dime, Bella.- respondió.
-Yo...- dudé.- Quería pedirte disculpas...
Él lucía muy confundido.
-¿Porqué?- inquirió.
¿Era enserio?
-Por lo de hacer rato, quiero decir, no por haber puesto a Tanya en su lugar y no me importa que sea tu... novia- casi escupí la palabra.- Estoy satisfecha por eso, pero quería disculparme porque en unos de los comentarios te mencione a ti, o bueno no a ti, pero lancé una indirecta. ¡No pienses que realmente era para ti! ¡Era para ella! Pero no había forma de lanzarla sin incluirte, no fue mi intención en serio y no quiero que te molestes o algo así por un descuido mío. Bueno no fue un descuido, si quería decirlo, ¡Pero no por ti! Dios, estoy diciendo incoherencias...
Estaba un 99.9% segura de que me encontraba totalmente sonrojada, Edward sólo me miraba completamente divertido, conteniendo las carcajadas que querían salir.
-Calma, Bella...- dijo con voz ahogada.- Lo entiendo y no me lo tomé personal, quiero decir, no fue mentira lo que dijiste. Hablando de eso, yo, Bella, en verdad quiero pedirte una...
Oh, no, no ahora. Mierda.
-Edward.- corté su disculpa.- No lo hagas, déjalo, quiero decir, no es necesario que...
-No, Bella, es que si es necesario.- me interrumpió él.- Me porté como un completo asno, en serio, como lo lamento, tu todo lo que hiciste siempre fue darme libertad, apoyo, amor y muchas cosas más, me hiciste pasar los mejores momentos de mi vida entera y yo te trate como si fueras lo peor cuando, realmente, eres lo mejor del mundo. No sabes como lo siento, Bella, espero que puedas perdonarme, algún día, y que...- se quedó callado, vacilante.- Y que podamos ser amigos.
Solté un suspiro tembloroso, mierda, creo que iba a llorar como una Magdalena, sus palabras enserio me habían llegado al fondo del corazón, eso de amigos no me complacía para nada pero prefería tenerlo cerca como amigo a alejarlo por completo de mi. Si, era una maldita masoquista y una estúpida de lo peor.
-Edward, eso ya esta en el pasado, no soy muy rencorosa y menos con las personas que amo...- frené de golpe, mierda.- Claro que te perdono, quiero decir, eres mi amigo y eso esta olvidado para mi. Todos comentemos errores.
Estaba rogando en mi interior por que no le diera importancia a la primera parte. Mierda, se me había escapado, ni siquiera había procesado eso cuando ya había salido de mis labios.
Él sonrió abiertamente.
-¡Gracias, Bella!- dijo con emoción, como si eso lo fuera a regresar a la vida o algo parecido.
Me encogí de hombros sonriendo, feliz de haberlo alegrado. Para eso estaba yo ahí.
-No agradezcas.- dije.
Para mi enorme sorpresa, Edward envolvió sus brazos a mi alrededor, jalándome hacia su costado. Mi cabeza quedó recostada en su pecho, mi mano derecha en su cintura y sus dos manos unidas en la mía. Era así como me gustaba estar, me sentía tan protegía y en paz.
-No sabes cuanto te quiero, Bella...- susurró antes de besar mi cabello.
Su voz sonaba contenida, como si se estuviera tragando las palabras. Y si lo de antes me había llegado, eso había hecho que casi me diera un infarto ahí mismo. Hacia tanto tiempo que no me decía eso, no estaba pidiendo un "te amo" ese simple "te quiero" basto para que todas mis terminaciones nerviosas volvieran a la vida, para que yo volviera a la vida. Claro que, al parecer, las hormonas habían sido despertadas también, ya que, en ese mismo instante, me dieron una ganas enorme de saltarle encima. Mierda, quería besarlo, necesitaba hacerlo, ya me preocuparía por las consecuencias luego, cuando fuera el momento.
Me levanté apoyándome en mi brazo izquierdo para poder verlo con claridad. Mierda, él estaba tan cerca, sólo bastaría que me inclinara unos centímetros para volver a tener sus labios en los míos. Ambos quedamos ligeramente aturdidos por la cercanía de nuestros rostros pero nos recuperamos rápidamente. Sus ojos se quedaron clavados en los míos por unos segundos y después, lentamente, se fueron deslizando por mi nariz hasta mi boca, la cual, miró con lo que creía yo era deseo.
Mi respiración se atascó cuando comenzó a acercarse a mi lentamente, el aire se cargó de esa electricidad como siempre que compartíamos un momento tan íntimo. Lamí mi labio inferior ligeramente y él soltó un gemido que bajó por todo mi cuerpo hasta mi vientre.
Él estaba cada vez más cerca y, entonces, yo empecé a acercarme también, ambos lo hacíamos lentamente, como queriendo disfrutar del momento, saborear esa sensación tan maravillosa, esos nervios que de repente nos llenaron pero también de la calidez que nos brindaban nuestros rostros tan cerca.
Finalmente, después de unos segundos de vacilación por parte de ambos, nuestros labios se tocaron, ejerciendo una presión que me hizo suspirar. Ese contacto mandó una corriente de aire cálido por todo mi cuerpo y se alojó en mi corazón.
Nuestros labios comenzaron a moverse, primero lentamente, con dulzura y después con un hambre feroz, rápidos, hambrientos el uno del otro. Edward mordió ligeramente mi labio inferior y lo soltó lentamente, arrancándome un gemido de placer, no lo pensé mucho y me lancé sobre él. Coloqué mis manos en su nuca, atrayéndolo a mi, y tomé su suave cabello entre mis manos, él presionó su mano derecha en cadera, acercándome más, y su mano izquierda la dejo en mi nuca, presionándome contra su rostro. Como si yo fuera a alejarme, claro, si estaba en el paraíso.
Rápidamente, su lengua envolvió la mía, comenzando una batalla entre ellas, sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo, desde mis muslos hasta la parte de abajo de mis pechos. Yo tampoco me quedé atrás, una de mis manos bajo por su pecho, duro y atlético, acariciando cada bien formado músculo, hasta posarse en su cintura y atraerlo más a mi, si era posible.
Él me tomó de las caderas y, en menos de un segundo, me movió hasta que quede sentada a horcajadas en su regazo. Joder, podía sentir como nuestro encuentro pasional estaba dando resultados en su entrepierna, a través de la ligera tela de mis bragas. Era tan delicada y fina que me permitía sentirlo casi por completo, salvo por sus jeans.
Sin poder evitarlo, me froté contra él, provocando que ambos gimiéramos por la sensación, Edward me acercó más a su entrepierna y jadeé cuando lo sentí justo en el lugar indicado. Comenzó a besar mi cuello, descendiendo lentamente y con besos húmedos.
Yo frotaba su nuca con mis manos, acercándolo más a mi y no dejé de crear fricción entre nuestros cuerpos.
-Edward.- jadeé cuando lamió mi cuello.
Justo en ese momento, unos pasos se escucharon en las escaleras y la voz de Alice se escucho, llamándome.
Como dos adolescentes siendo atrapados en su primera vez, nos miramos casi con terror y nos acomodamos correctamente en el sillón, justo antes de que Alice apareciera en la sala.
-¡Ahí estas!- exclamó.- Estabas tardando mucho.
Me levanté con rapidez y acomode mi vestido, rogando no verme tan nerviosa o excitada.
-Si, lo siento, baje pero me quede hablando con Edward un rato.- mentí descaradamente.
-Bueno, vamos, es hora de empezar.- ordenó ella.
Le sonreí, le mandé una mirada a Edward de soslayo y camine hasta pararme al lado de mi amiga.
-Pues vamos entonces.- musité.
Alice pareció no darse cuenta de mi estado sobreexcitado y camino delante de mi hasta su habitación, parloteando todo el tiempo sobre lo que íbamos a hacer.
Pasé la mitad del tiempo pensando en lo que había ocurrido con Edward, fingía sonreír y reírme, intervine en la conversación pero mi mente estaba en otro lado, por algo era actriz. Mía amigas parecieron no notarlo y si lo hicieron lo callaron.
Vimos películas, hablamos, nos arreglamos y desarreglamos, comimos helado y reímos hasta cerca de las tres de la mañana. Entonces nos fuimos a muestras respectivas habitaciones, la mía estaba en el tercer piso, frente de la de Edward, para colmo de mis males.
Cuando llegue a la habitación, a salvo de Edward, tuve que crear con magia una pijama, ya que, la idea había salido de improviso, y me la puse. Era un short que me quedaba un poco más arriba de medio muslo y una blusa simple de tirantes ceñida al cuerpo, ambos rojos.
Me acosté y trate de dormir, sin embargo, mi traicionera mente no dejaba de recrear el momento con Edward y, cada vez que lo recordaba, me excitaba demasiado. Cerca de una hora después, decidí que lo mejor sería tomar agua, por lo que, me levanté, abrí sigilosamente la puerta y salí, baje las escaleras lentamente, tratando de hacer el menor ruido posible.
-¿A dónde, señorita Swan?- susurró una voz en mi oído.
Mi corazón se paró y me lleve una mano a la boca para no gritar. Entonces escuche la melodiosa risa en susurros de Edward, maldito Cullen. Me volví hacia él.
-¡Joder, Edward! ¡Casi me matas de un puto susto!- exclamé con la respiración acelerada.
Se llevó una mano a la boca para no soltar la fuerte risa.
-¡Eso es lo que te pasa por asustarme a mi!- recordó.
Mierda, ahora no podría vengarme como deseaba, yo había iniciado.
-Sólo porque yo empecé te lo paso.- le advertí.
Él asintió sonriendo.
-Ya en serio, ¿a dónde ibas tan sigilosa?- inquirió.
-A la cocina por agua, no podía dormir.- me encogí de hombros.
-Tu también...- susurró.
Me volví a encoger de hombros.
-Así parece...- respondí.
Se quedó unos segundos pesando.
-Bueno, hay algo mejor que tomar agua para poder dormir...- dijo.
Lo mire extrañada.
-¿Qué?- curioseé.
No dijo nada, sólo sonrió, tomó mi mano y comenzó a jalarme.
-Ven.- murmuró.
Pronto me sacó de la casa y comenzó a caminar en dirección al bosque.
-¿A dónde me llevas?- me reí.
-Ya veras, te encantara.- aseguró.
-¿Y Tanya?- inquirí.
-Que le den.- exclamó sonriendo, totalmente desinteresado.
-Creí que era tu novia...- presioné.
Él solo se encogió de hombros y yo decidí dejar de insistir.
Continuamos caminando, soltando risas cómplices de vez en cuando y hablando de lo primero que se nos ocurría. Estar con él era lo mejor que alguna vez pude haber hecho, era tan fácil, tan normal... Éramos sólo nosotros.
Caminamos cerca de media hora por el bosque riendo, jugando y demás. Justo en ese momento, Edward me llevaba en su espalda y ambos reíamos ligeramente, entonces, entre la obscuridad, logré vislumbrar una luz.
-¿Qué es eso?- inquirí embobada.
Edward río ligeramente.
-Es un lugar al que me gusta mucho ir últimamente.- respondió sonriendo.
Afirmé mi agarre en su cuello cuando me acomodo bien en su espalda.
-Pero, ¿qué es?- presioné ansiosa.
-Ya lo veras...- dijo divertido.
-¡Edward!- me quejé.
Río divertido.
-¿Éstas dispuesta a correr el resto?- preguntó.
Lo agarre más fuerte.
-No.- dije con un puchero.
-Lo supuse.- sonrió.
Le di un ligero golpe mientras sonreía. Mierda, lo amaba demasiado, ¡ni siquiera podía enojarme con él! Estaba echa un lío.
Ese fulgor comenzó a hacerse más y más notable, entonces, pasamos por una especie de puerta natural y salimos al más hermoso prado que había visto en toda mi vida. Estaba lleno de flores de todo tipo y en todos colores, inclusive, a esa hora de la noche, parecía que brillaba por si sólo, los árboles tenían grandes y anchos troncos y las hojas caían largas y bellas, pero, sin embargo, lo mejor de ese lugar era la paz que reinaba, en el silencio de la noche, cualquier bosque resultaría aterrador pero este, este prado tenía una belleza excesiva que hacia imposible el sentimiento de miedo, sólo había paz. Era cómo un bosque con hadas, que con su resplandor tan ligero iluminaban cada flor, cada hoja y cada árbol.
-Wow- susurré, incapaz de decir nada.
-¿Te gusta?- inquirió en mi oído.
-Es increíble...- le respondí.
-Me alegra que te guste.- se río.
Tomó mi mano y me guió por el suave y húmedo pasto hasta el centro del lugar, se sentó y palmeó el lugar al lado de él, lo seguí de inmediato.
-¿Cómo lo encontraste?- pregunté señalando mi alrededor.
Se encogió de hombros.
-Dando vueltas, vi a lo lejos la luz y decidí investigar. Jamás imagine toparme con esta belleza.- sonrió.
-Es increíble en serio.- le dije.- Nunca lo había visto.
-Bueno, Tanya me saco de quicio y quise alejarme de todos para aclarar mi mente un poco.- explicó.- Entonces lo encontré.
-¿Porqué te saco de quicio?- inquirí.- Quiero decir, es tu novia.
-Ella es muy insoportable.- se río un poco sombrío.
Lo miré interrogante, ¿quien pensaría que su novia es insoportable?
-¿Porqué?- presioné.
-¿Qué hay de ti con Harry?- me devolvió.
Abrí la boca y la volví a cerrar.
-Es... Un buen chico.- dije vacilante.
-¿Un gran chico?- se burló Edward.- ¡Ja! Estoy seguro que de mi no decías eso.
Lo golpe ligeramente en el hombro y luego bufé.
-¿Y eso que importa?- solté con algo de resentimiento.
-Importa, porque si no es el correcto no debes perder tu tiempo con él.- me sermoneó.
¿Así cómo contigo?, pensé.
-Lo sé, pero no sabré si es el correcto si no le doy una oportunidad.- respondí.
-¿No lo sientes?- preguntó.
-¿Sentir que?- regresé.
-Cuando es el correcto y cuando no.- se encogió de hombros.
-¿Tu si?- pregunte y él asintió.- ¿Y Tanya lo es?
-Definitivamente no.- respondió con rapidez.
-¿Porqué estas con ella entonces?- interrogué confundida.
Se encogió de hombros.
-Perdiendo mi tiempo.- contesto.
No supe que responder ante eso, me confundió el hecho de que sintiera, según él, que Tanya no fuera la correcta, no tenía idea de nada y cada día dudaba de todo, ya no sabía si realmente me había dejado de amar o si me iba a pedir matrimonio. Era todo tan confundo y luego él actuaba tan lindo conmigo, me ayudaba, se preocupaba por mi, entre otras cosas.
Estuvimos unos segundos sin hablar, ambos metidos en sus propios pensamientos, hasta que él rompió el casi incómodo silencio que se había formado, me preguntó un poco más por Harry, por mi padre, quien aún no había vuelto del reino y luego nos la pasamos bromeando, hablamos un poco de mi futuro reino, de su familia y de muchas cosas más.
Cuando nos dimos cuenta, el cielo comenzó a teñirse de rosa, señal de que estaba amaneciendo.
-Creo que sería mejor volver.- musitó.
-Creo que si.- suspiré.
Ambos nos levantamos y comenzamos a caminar de vuelta. En Forks, todo el tiempo hacia frío pero, justo esa mañana, el clima era insoportable, nosotros no nos enfermábamos y apenas sentíamos las incomodases del clima, sin embargo, cuando una ráfaga de viento totalmente helado me llego, no pude evitar estremecerme completa, después de todo sólo llevaba una blusa de tirantes y un short demasiado corto.
-¿Tienes frío?- inquirió Edward.
Negué con la cabeza, no necesitaba otro lindo gesto de parte de él para confundirme más. Pero había olvidado por completo que era con Edward con quien hablaba, el dulce, tierno y lindo Cullen, al que no le importaba quedarse sin camisa en medio del endemoniado frío con tal de ayudarme. Porque, así es, en un gesto hermoso y muy él, se quitó la camisa de manga larga que tenía para dormir y me la paso antes de que pudiera protestar, quedando él totalmente sin nada que le cubriera el pecho y la espalda. De no haber sido porque él se estaba muriendo de frío y yo tenía que protestar contra eso, estaba segura que lo hubiera mirado embobada y sin poder hablar.
-Ed, es tuya.- protesté volviendo mis ojos a su rostro.- No puedo, tu te vas a congelar.
-Tonterías.- musitó.- No hace tanto frío.
-Edward...- comencé de nuevo.
Sus manos atraparon mi cintura y me acercaron a él, demasiado. El suceso de la tarde aún no estaba completamente olvidado y de inmediato mi cuerpo reaccionó.
-Bells, tienes frío, te estas congelando, ponte la camisa.- dijo mirándome fijamente.
No pude resistir su mirada y, con un suspiro, me coloqué la camisa, sólo para que me soltara y pudiera volver a ordenar mis pensamientos. Continuamos caminando a su casa con una plática amena, llegamos cerca de las seis de la mañana y, de inmediato, subimos al tercer piso, tratando de no hacer ruido.
-Bueno, gracias.- le dije.- La pase muy bien...
-Yo también, Bella.- murmuró sonriéndome con cariño.
Baje la mirada, sintiéndome extremadamente tímida. No lo escuche acercarse, pero de un momento a otro estuvo junto a mi y me abrazo.
-Gracias por estar conmigo.- dijo.
Temblé cuando sentí su aliento en mi cuello pero no pude evitar devolverle el abrazo y sonreír.
-Tampoco es que yo me queje...- susurré haciéndolo reír.
-Buenas noches, Bella.- se despidió.
-Descansa.- le contesté.
Ambos entramos a nuestras habitaciones al mismo tiempo y cerramos las puertas a la par. Yo, por mi parte, recargué la espalda en la puerta y me tapé la boca con ambas manos, conteniendo un gritó. Era estúpido sentir eso, ya que, hasta el día anterior en la mañana, pensaba que ya no seríamos más que amigos de nuevo, pero, ahí estaba él, volviéndome completamente loca con sus abrazos, sus palabras dulces, sus miradas... Mierda, se sentía tan normal aún, tan natural, y podía sentir lo mismo él, estaba segura.
Atiné a separarme de la puerta, caminar a la cama y acostarme. Sin embargo, no lograba conciliar el sueño, la emoción aún estaba en mi y mis nervios saltaban casi eufóricamente.
Entre la obscuridad, el sonido de mi puerta siendo abierta me desconcertó. Me senté rápidamente y me sorprendí cuando vi que era Edward quien la había abierto.
-Lo siento, ¿te desperté?- inquirió con preocupación.
-No, tranquilo, no estaba dormida.- contesté.
Término de entrar y se acercó a mi.
-¿Problemas para dormir?- preguntó.
-Algo así.- susurré, haciéndome a un lado para que se sentará.- ¿Qué pasa?
-Nada, no podía dormir tampoco y, me pregunte, si, tal vez... Ya sabes...- comenzó a trabarse nerviosamente.- Quería saber si...
-¡Edward!- exclamé.- Sin rodeos.
Soltó una sonrisa nerviosa.
-Quería saber si podía dormir contigo.- murmuró con la mirada gacha.
¡Oh, mierda! ¿Él quería dormir conmigo? ¿Qué pasaba con el mundo? ¡Había terminado conmigo!
-Amm...- atiné a decir, un poco en shock.
-Claro, que si no quieres, no hay ningún problema, realmente no sé que estaba pensando...- comenzó a despotricar.
Sonreí enternecida por su nerviosismo, era dulce y lindo y... Perfecto para mi.
-Edward.- lo callé.- Tranquilo.
-Si, lo siento.- suspiró.- No sé que me paso.
-Tranquilo, es sólo que...- vacilé.
-¿Qué...?- me incitó a continuar.
Me envaré en mi lugar, tenía que decírselo.
-Es sólo que, tu terminaste conmigo y todo esto que haces me confunde mucho. Me gustaría que me explicarás que es lo que planeas para que yo no saqué conclusiones erróneas.- me expliqué.
-Bella, yo quiero que arreglemos esto, sé que me comporte como un patán y quiero que sepas que en serio estoy arrepentido. Quiero que seamos amigos.- dijo, remarcando la palabra "amigos" como si eso no nos quedara, como si fuera un error en nosotros.
Yo también pensaba eso.
-Estoy de acuerdo, pero entonces actúa como amigo.- le pedí.- Mira, tu tienes novia, yo tengo novio y nunca nos podremos quitar la etiqueta de "ex novios", aunque queramos, tenemos que ser menos cariñosos por respeto a ellos.
Soltó un suspiro.
-Tienes razón, Bella.- susurró.- Lo siento.
Se levantó, dispuesto a irse y yo sabía que eso era lo mejor pero, ¡a la mierda! Quería que se quedara conmigo.
-Ed.- lo llamé.
-¿Si?- se volvió hacia mi.
-Pues creo que sólo por hoy y no deben enterarse.- dije sonriendo.
Le hice un lugar en la cama y de inmediato corrió hacia ella con una sonrisa en el rostro. Se acomodó atrás de mi, paso su brazo por mi cintura y pegó mi espalda a su pecho.
Su aroma me llego, relajándome de inmediato.
-Buenas noches, Bella.- susurró en mi oído.
-Descansa, Ed.- le devolví con una sonrisa.
Cerré los ojos y, rápidamente me quede dormida, con su cuerpo amarrado al mío, tal como me gustaba.
-Pronto todo acabara.- escuché a los lejos.
Pero ya no pude analizar si era parte de un sueño o era realidad.
Desperté con el corazón en la garganta, el sudor bajando por cada parte de mi cuerpo y el pecho doliéndome de una forma insoportable. Me costaba trabajo respirar y no quería hacerlo porque cada respiro me daba dolor. Me senté de forma precipitada en la cama.
-¡¿Bella?!- exclamó Edward, a mi lado.- ¿Estas bien?
Negué con la cabeza y, de inmediato, se puso a mi lado.
-¿Qué tienes?- preguntó casi histérico.
-No respiro.- le dije entre jadeos.
-Bella.- me tomó por los hombros.- Por favor, Bells, trata de tomar una respiración profunda.
Intenté hacer lo que me decía pero el dolor en el pecho era insoportable. En lugar de respirar, las lágrimas empezaron a salir de mis ojos. ¿Qué era eso que sentía?
-No puedo.- sollocé.
Se puso frente a mi y me miró fijamente.
-Bella, ¿qué pasa?- inquirió preocupado.
-Me duele el pecho.- susurré con voz ronca.
Con la respiración agitada, colocó una mano en mi pecho y de inmediato el dolor redujo, permitiéndome respirar mejor. Al ver que comenzaba a respirar correctamente, Edward soltó un suspiro de alivio y me abrazo.
Empecé a calmarme en sus brazos, poco a poco.
-¿Estas mejor?- susurró después de unos minutos en silencio.
-Si, gracias.- le dije en el mismo tono pero con la voz ronca y jadeante.
-¿Qué paso?- inquirió con preocupación.
Me encogí de hombros.
-No lo sé, sólo me desperté sudando y me dolía mucho el pecho, no podía respirar.- le expliqué.
-Llamare a Carlisle.- decidió.
-¡No!- exclamé.- No los despiertes, debieron haber llegado tarde. Ya estoy mejor.
-Bella...- se quejó.
-No. Ed, ya me siento mejor.- le aseguré.- Sólo tengo una mala sensación.
-¿Una mala sensación? ¿Qué sientes?- saltó con preocupación.
-¡Calma!- volví a exclamar un poco divertida.- Un mal presentimiento, no sé.
-¿Cómo sabes que es malo?- inquirió.
-No sé, sólo sé que es malo.- aseguré.
Ambos soltamos un suspiro sonoro.
-Todo estará bien, Bella.- susurró al ver mi cara de preocupación.
-Eso espero...- suspiré.- ¿Qué hora es?
Edward se asomó a la mesita de noche y miró el reloj.
-Ocho y media.- informó con un bostezo.
-¡Dios! ¡Disculpa! ¡Sólo te deje dormir unas pocas horas!- exclamé avergonzada.
-No, tranquila, fueron buenas.- me calmó.
Sólo atine a sonreírle ligeramente. Ese sentimiento de que algo malo iba a pasar me tenía aterrada.
No pudimos volver a dormir, él estaba preocupado por la crisis que había tenido y yo estaba angustiada por lo que sentía, por lo que, sólo hablamos hasta que Alice tocó la puerta de Edward para decirle que el desayuno estaba listo y que yo no estaba en mi habitación.
-Debe de estar en el baño, Alice.- le dijo conteniendo la risa.
-No lo sé, Edward.- suspiro.- Mejor deja de tratar y dile que baje.
Los tres soltamos una carcajada y Edward corrió a abrirle.
-¿Cómo supiste?- le pregunté.
-¿En serio? ¿Me están preguntando eso?- inquirió divertida.
-Si, tienes razón.- se río Edward.- Fue algo tonto.
-Bajen a desayunar.- musitó sonriendo alegremente.- En cuanto terminemos iremos a la playa un rato.
Asentimos y nos levantamos. Yo salí de la habitación junto con Alice y nos dirigimos a la mía.
-¡Cuéntame todo!- estalló en cuanto cerró la puerta.
Me reí un poco.
-Calma, te cuento en la playa.- le sonreí.
-Bella...- se quejó.
-Alice...- dije en el mismo tono.
Soltó un resoplido, sabiendo que no iba a ceder.
-Bien.- refunfuño.
Me reí.
-Calma, amiga, juro que lo haré.- le prometí.
Volvió a sonreír, exclamó un "lo sé" y salió del cuarto. Me reí de ella y, ya que ir a la playa era otro plan improvisado, con magia cree un bikini color negro que se ajustaba excelente a mi cuerpo, me coloqué unos shorts ajustados, una blusa blanca simple con aplicaciones en el cuello y unas zapatillas plata con dorado. Recogí mi cabello en una coleta y puse en una bolsa grande color blanca una toalla, mis lentes de sol, mi teléfono, audífonos y otras cosas que iba a necesitar.
Cuando termine, bajé con dirección al comedor y dejé mi bolso en la sala, junto al de Alice y Rose.
-Buenos días.- dije en cuando entre.
-¡Bella!- exclamó Esme sonriendo.- Siéntate, ya esta tu lugar puesto.
Con un poco de alegría noté que estaba junto a Edward.
-Gracias, Esme.- le di un beso en la mejilla.
Salude a los demás de beso y luego me senté.
-No iremos a la Push.- aclaró Alice.- Vamos a ir a otra playa que esta cerca pero tiene sol.
Me reí.
-Eso esta bien, ¿qué sentido tiene una playa sin sol?- inquirí divertida.
-¡Gracias!- exclamó Alice.- Ella entiende.
Nos reímos y seguimos platicando entre risas.
-Ya les avisamos a tus hermanas, nos alcanzan allá.- informó Rose.
-Gracias, me acabo de acordar.- sonreí.
-Les diré eso.- me molestó Emmett.
-Lo negare todo.- respondí con calma.- Y sabes que me creerán a mi.
-Eres una chantajista.- me acusó.
-Lo sé.- musité.
Nos fuimos en el Jeep y, afortunadamente, no tuvimos que pasar por mis hermanas, por lo que, continuamos el camino por cerca de tres horas. Pasamos todo el tiempo hablando, bromeando y riendo, sólo Edward sabía que, en realidad, yo estaba preocupada y asustada hasta cierto punto, por lo que, me mandaba miradas de inquietud todo el tiempo, las cuales, yo tranquilizaba con una sonrisa y un asentimiento.
Finalmente, llegamos a la playa, Emmett estacionó el Jeep y todos salimos a la carrera, buscando un buen lugar cerca del mar.
Afortunadamente, la playa estaba totalmente vacía, por lo que, pudimos acomodarnos a pocos metros del mar. Las chicas extendimos las toallas y los muchachos corrieron al mar casi de inmediato.
Mis hermanas, junto con sus novios, mis primas y Fanny, llegaron poco después, todos en diferentes autos. Se reunieron con nosotros y nos pusimos a jugar.
Llevábamos poco tiempo dentro del mar, persiguiéndonos hasta mar adentro, cuando, de repente, una enorme ola de cerca de tres metros se levantó sobre nosotros. Nos protegimos entre todos pero la marea comenzó a subir casi de la nada y el mar se puso bravo, la corriente nos jalaba más adentro y hacia abajo, hundiéndonos, a pesar de nuestra fuerza, ninguno pudo salir del agua.
Estábamos totalmente desesperados y no sabíamos lo que pasaba, de repente, el agua nos jalo totalmente hacia abajo. En el fondo, un remolino enorme se había formado e íbamos directo hacia el.
Intenté nadar, salir del fondo y alejarme del remolino pero no pude. Tras de mi, sentí los brazos de alguien abrazándome. Edward. Estaba intentando protegerme con su cuerpo.
Me abracé a su cuerpo cuando el remolino de agua me jalo más cerca de la obscuridad. Él tomó mi mano e intento movernos pero la fuerte marea lo atrajo también. Terminamos separándonos por los jalones del mar, nuestras manos se resbalaron de la otra y ambos nos perdimos entre la revolución del océano. Lo último que vi antes de caer en la obscuridad fue su rostro lleno de terror y angustia. Entonces me perdí.
Hola mis niñas! Y niños, si hay, como están? Pues aquí esta el décimo capítulo de este historia! Que les pareció? Les gusto? Qué tal Ed y Bells? Ya falta menos para lo mejor! Ya verán! Y a dónde creen que los lleve ese remolino de agua? Espero que les guste mucho! Dejen un comentario si les gusto o no! :)
Los quiero!
Alexa Swan de Cullen*
