Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la maravillosa S.M. Pero la trama si es mía y espero que les guste mucho!


Capítulo 11: El Regreso.

Bella Pov.

Recuperé la conciencia apenas unos segundos después, al parecer, eso basto para que la catástrofe acuática parara.

Ahora estaba en una aguas tranquilas, cristalinas y necesitaba respirar, por lo que, en un rápido movimiento comencé a nadar hacia arriba. En ese momento me di cuenta de que no tenía mis piernas, si no que, una cola de casi metro y medio, color azul rey las sustituía.

Cuando salí tomé una inspiración y comencé a buscar a los demás, estaba en medio del océano, no que me asustara ni nada parecido, pero quería buscar a mis amigos y mis hermanas.

Mire el cielo y era completamente azul con unas pocas nubes blancas, el sol se filtraba ente ellas, provocándoles un resplandor divino. Me confundí por un segundo, antes de la tormenta o lo que sea que haya sido, el cielo estaba ligeramente nublado, no tan despejado. Probablemente eso era como un aviso de la tormenta.

Solté un suspiro y decidí nadar a la orilla, tal vez alguno ya estaba ahí. Como siempre, al ser sirena, podía ubicarme a la perfección en el mar, así que, tomé dirección a la playa y comencé a nadar.

Estaba bien dentro del mar, por lo que, tarde un poco en llegar a la orilla, pero llegué. Una vez en la orilla, coloqué mi mano sobre la cola azul rey y cerré el puño, al instante, la cola comenzó a secarse lentamente, hasta que mis piernas regresaron. Al menos, estaba vestida de nuevo.

La playa era simplemente preciosa, la arena tenía un color platinado y los granos no lastimaban en lo absoluto, inclusive parecía que caminabas sobre seda, tenía pequeños brillos, como vidrios, que resplandecían al sol. Algo me dijo que ya no estaba en la playa de antes.

Una ola del mar trajo consigo mi bolsa, completamente mojada.

¡Excelente! Mi maravilloso IPhone 4S no serviría más, ¡Y recién lo había conseguido!

Solté un bufido, mataría a Alice por la idea. Camine hacia la bolsa y la tomé, chorreaba agua por completo, me hinqué frente a ella y la abrí.

¡Santo Dios! Saqué mi celular de la bolsa y continúe sacando lo demás como loca, pero el resultado fue el mismo. Las cosas estaban completamente secas, sólo el bolso estaba mojado. ¿Cómo mierda...?

-¡Bella!- me llamaron.

Cuando levanté la vista me tope con todos los chicos ahí. Algunos apenas saliendo del agua, otros ya casi secos. Tomé mi bolsa y corrí hacia ellos.

-¿Saben donde estamos?- inquirí en cuanto llegué a ellos.

-No, pero me suena el lugar...- respondió Elena.

Asentí de acuerdo.

-Miren.- les di mi bolsa.- Lo regreso el mar, la bolsa esta mojada, pero las cosas que están dentro están secas, por completo. Creo que no estamos en un lugar común y corriente.

Los chicos examinaron el bolso con ojos asombrados.

-¿Qué hacemos?- habló para si mismo Jasper.

-Podemos caminar...- sugirió Alice.

-O podemos quedarnos aquí y esperar que alguien venga.- siguió Rosalie.

-Rose, no podemos quedarnos aquí, bebé, tenemos que caminar.- le dijo Emmett.

-Primero podemos ir a buscar las cosas, por si el mar las lanzo, y luego podríamos caminar un poco, hasta encontrar algo...- opinó astutamente Edward.

Por eso lo amaba.

-Yo estoy de acuerdo.- levanté la mano.

Sin embargo, no fue necesario caminar o siquiera opinar, ya que, el mar, como si supiera lo que estábamos por buscar, lanzo uno por uno los bolsos de las chicas y las cosas de los muchachos.

-¡Bueno! ¡Ahí están!- exclamó Kath, para alivianar el ambiente tenso por el asombro que se había formado.

Todos se acercaron a sus respectivas cosas, las tomaron y las analizaron, afirmando que las cosas estaban secas.

-Tenemos que descubrir donde estamos...- lloriqueó Alice.

-Tranquila, Ally.- la abracé.

Comenzamos a caminar en silencio por la playa en dirección norte. No habíamos caminado ni media hora cuando un enorme, en serio enorme, y frondoso bosque se interpuso en nuestro camino.

-¡¿Qué?!- exclamó Rose.- ¡Un bosque! ¡Un maldito bosque! ¡Como si fuera una jodida película de terror!

Solté un suspiro.

-Dejen de quejarse, muchachos.- musité.- Hay que seguir...

Rose iba murmurando maldiciones por lo bajo, Emmett intentaba calmarla, el resto estaba hablando de planes y caminos, y Edward y yo íbamos en silencio, uno al lado del otro, hasta que él lo rompió.

-¿Tienes una idea del lugar que es este?- inquirió.

-Ninguna.- susurré.- Pero estar en un bosque me da mala espina.

-No sólo a ti.- musitó.- ¿Qué clase de flor es esta?

Me volví hacia donde estaba señalando. Una flor amarilla con puntos rojos brillaba en todo su esplendor, abierta por completo. Oh, mierda.

-¡No la toques!- le grité, alejando su mano de un manotazo.

-¿Qué...?- exclamó impresionado.

-Es muy peligrosa.- dije más calmada.

Había estado tan malditamente cerca de tocarla, no quería ni imaginarme lo que pudo haber pasado.

-¿Porqué?- preguntó curioso.- Es muy hermosa.

Le di una sonrisa irónica.

-Hasta la más hermosa rosa tiene espinas.- murmuré.- Se llama Belladona, es conocida por ser la más hermosa flor de todas pero también la más peligrosa. En sus pétalos contiene pequeños pelitos puntiagudos, que, cuando la tocan, el veneno sube por el tallo hasta los pelitos y entra en tu sistema, el efecto es casi inmediato.- expliqué.

-¡Oh!- exclamó.- ¿Y las daña a ustedes?- inquirió con asombro.

-Claro, es el único veneno capaz de matarnos...- informé.

Hizo una mueca, como si no le gustará el pensamiento. Francamente, a mi tampoco.

Le sonreí totalmente divertida y me regreso la sonrisa.

-Hay demasiadas cosas extrañas aquí.- inquirió.

Me reí un poco.

-Lo sé, aquí es tan colorido...- susurré.

Continuamos caminando platicando de las extrañas especies que había y las flores coloridas. Los demás chicos iban atrás admirando los paisajes; Rosalie, afortunadamente, decidió callarse y observar junto con Emmett los monos de doble cola, las rosas gigantes, las ranas azules de increíble tamaño, entre otras especies.

No estoy segura del tiempo que llevábamos caminando, cuando, de la nada, un ave, que tenía toda la pinta de guacamaya, se paró frente a nosotros, provocando que se la tierra se cimbrara y tembláramos nosotros sobre ella. La miramos con la boca abierta y exclamaciones de asombro.

La guacamaya era mil veces nuestro tamaño, si no es que más, tenía un pico enorme y los ojos saltones nos miraban curioso, las alas, de unas dimensiones extraordinarias, se abrían y se cerraban continuamente, mostrando las diversas filas de colores que tenía.

Observe, por el rabillo del ojo, que Rose estaba a punto de gritar.

-Tranquilos.- murmuré.- No nos hará nada.

-¿Cómo estas tan segura?- me siseo Rose en voz baja.

-Es una simple guacamaya, ¿no lo ves?- inquirí ligeramente divertida.

-¡¿No ves el tamaño que tiene?!- siguió exclamando en susurros.

Me reí ligeramente y la guacamaya inclino la cabeza hacia un lado. Entonces decidí acercarme.

-¿Qué haces?- cuestionó Edward, tomando mi brazo.

-Voy a acercarme.- respondí y trate de soltarme.

-¡No!- gritó.

La guacamaya se sobresaltó por el ruido, a pesar de su gran tamaño su oído era demasiado bueno, y abrió las alas.

-Shhh...- lo callé.- La vas a alterar.

Me solté de su fuerte agarre y lentamente me acerque al enorme animal, quien me miró con curiosidad y agachó la cabeza. Cuando estuve frente a él, estire la mano hacia arriba con la palma abierta, el ave inclinó más la cabeza hacia abajo, rozó mi mano ligeramente y después puso su pico a mi alcance para que lo acariciara.

Toqué suavemente el pico, de arriba a abajo.

-Hola.- le susurré, fijándome en sus ojos demasiado inteligentes.- ¿Qué haces aquí?

-Bella...- me llamó Edward, angustiado.

-Tranquilo, no hace nada.- les dije y moví la mano un poco más.- ¿Lo ven?

La primera en acercarse fue Kath, seguida de Damon, Elena, Edward y el resto. Estuvimos unos minutos tocando al ave, quien estuvo bastante entretenida picando la mano de Emmett.

Entonces, en medio de nuestra diversión, un estruendo resonó en todo el bosque y, de inmediato, la enorme guacamaya levantó vuelo.

-¡¿Qué fue eso?!- exclamó Alice, nerviosa.

-No lo sé.- murmuró Kath.

-Vamos, hay que seguir.- murmuré con la mirada perdida por donde voló el ave.

Comenzamos a caminar lentamente.

-¿Creen que lleguemos a algún lado?- inquirió Rosalie.

-Tranquilos, ya llegaremos a algún lugar.- traté de calmarla.

-O moriremos en el intento.- musitó Emmett.

Me volví hacia él sin dejar de caminar.

-¡Emmett!- exclamé.- Si no tienes nada bueno que decir no digas nada.

Él hizo un ligero puchero.

-Sólo quería darle dramatismo a lo que dijiste.- se disculpó.

Rodé los ojos, ese era Emmett.

-De acuerdo, pero basta de eso.- le dije.

Emmett sonrió.

-¡Lo prometo!- exclamó.

Me reí.

-¡Bella, cuidado!- me gritó Edward.

Me volví para ver con que debía tener cuidado pero fue muy tarde, perdí el piso y, a pesar de que Edward trató de tomar mi mano, caí a lo que parecía un acantilado por lo alto que estaba.

Lancé un quejido cuando mi espalda tocó el suelo bruscamente.

-¡Bella!- exclamaron todos reunidos en la orilla del precipicio.

-¡¿Estas bien?!- gritó Elena con preocupación.

-¡Estoy bien!- grité de regreso.

Examiné el lugar pero no le encontré forma, tenía curvas por todos lados pero no era un círculo, era como un precipicio enorme pero cerrado.

Había dos curvas, que indicaban el inicio y el final a varios metros de distancia. Sin embargo, la forma era un ovalo con una hendidura en el lado izquierdo hacia dentro del ovalo. Era algo muy extraño.

-¡¿Puedes salir?!- inquirió Alice.

-¡Esta muy alto!- grité de regreso.

Era cómo de 6X3 metros.

Mis amigos se perdieron por unos minutos y después me lanzaron una liana gruesa.

-¡Sujétate y te subiremos!- exclamó Edward con el rostro llenó de preocupación.

Tomé el extremo de la liana que colgaba frente a mi con fuerza.

-¡Listo!- les grité.

La cuerda dio un tirón y comenzó a subir, jalándome en el camino. Cuando llegué al borde, solté la liana y me sujeté de el, de inmediato, Edward sujetó mi brazo izquierdo y Stefan el derecho, ayudándome a salir.

Solté un suspiro cuando Edward me abrazó.

-¿Éstas bien, Bella?- preguntó Fanny.

-Si, sólo sucia.- respondí.

Me solté del agarre de Edward y camine hacia el hoyo.

-¿Qué es esto?- pregunté para mi misma.

-Ni idea...- respondió Fanny, a mi lado.

Comencé a quitarle la tierra del bikini, que aún tenía puesto, y de mis brazos, mientras los demás rodearon la enorme fosa, marcando más la figura, parecía...

-¡Miren esto!- exclamó Jasper interrumpiendo mis pensamiento.

Nos acercamos a él, aún tratando de encontrar la forma.

Cuando llegamos, logramos ver que había marcado en la tierra cinco círculos deformes.

-Parecen dedos...- musitó Rosalie con un estremecimiento.

Eran cinco dedos y había un enorme y deforme hoyó con forma de no sé que con ellos...

-Es porque eso es...- murmuré.

-¿Qué?- preguntó Rose cuando me escucho.

Los mire a todos y camine hacia el inicio, el talón del pie.

-¡Es un pie!- exclamé.- El talón, el empeine, la planta y los dedos.- fui señalando cada parte y regresé al talón.

-¿Gigantes?- inquirió Kath confundida.

-Creí que sólo había en Odette.- dijo Elena.

-Se supone que los únicos gigantes están en Odette.- susurré.

¿Sería posible que estuviéramos en Odette? Si era así, joder, debía tomarme tiempo para recorrer el bosque de los gigantes.

Justo en ese instante, la tierra se cimbró fuertemente, tanto que tuvimos que tirarnos.

Cuando paso volvimos a levantarnos lentamente.

-¿Qué mierda fue eso?- soltó Damon.

-Chicos...- nos llamó Emmett en un susurró.

Todos lo miramos al mismo tiempo, Emmett estaba señalando hacia el enfrente, sin apartar la vista de ahí.

Voltee a ver lo que fuera que estuviera señalando y solté un jadeo, seguido de muchos otros.

Rosalie, como era de esperarse, soltó un gritó que Emmett se apresuró a cubrir.

Intimidados ante el tamaño de los seres que teníamos enfrente, todos comenzaron a retroceder lentamente menos mis hermanas y yo, habíamos tratado lo suficiente con esos enormes seres. ¿Sería posible que eso fuera una parte inexplorada de Odette?

Los tres gigantes nos miraron, eran muy similares a nosotros, sin embargo, el número de ojos variaba entre ellos, dos tenían ambos ojos, otro sólo tenía uno en el centro de su cara, era una herencia genética entre ellos.

Entonces, antes de que alguien pusiera decir algo, los gigantes se postraron ante nosotras, con la mirada gacha.

Kath, Elena y yo nos miramos y sonreímos, a pesar de que nos costaba hacernos a la idea, estábamos seguras de que ese lugar si era Odette.

Los gigantes se levantaron luego de un minuto y nos miraron.

-Sus altezas.- habló el que estaba en medio.- Bienvenidas a Biggertown.

Para ellos, el volumen era un simple susurró, pero para nosotros, aún ese susurró era un volumen considerable.

-Lo agradecemos.- le grité lo más fuerte que pude, y aún así tuvieron que inclinase para escucharme correctamente.- No recuerdo esta parte.

-Es una zona inexplorada, nos internamos para buscar comida, alteza.- aclaró el gigante de un ojo.- Ni siquiera nosotros la conocíamos.

Le sonreí.

-Agradecería enormemente que nos permitieran entrar a investigarla en algún momento.- pedí.

-Sería todo un honor, sus altezas.- habló roncamente el otro de dos ojos.

Todos tenían un tono amable y dulce, a pesar de su fuerte volumen.

-Y agradeceríamos también que nos mostrarán la salida de esta zona.- dijo Elena.- Entramos por el lado contrario de Atlántida y no sabemos como salir.

Los gigantes nos sonrieron.

-Eso sería también un honor, Alteza Elena.- musitó el de en medio.

Los tres gigantes pusieron sus manos en la tierra, indicando que nos subiéramos a ellas, eran lo suficientemente grandes como para que subiéramos cinco, sin embargo, nos fuimos de dos en cada mano.

Edward, Fanny y yo nos subimos en la mano derecha del gigante de en medio, fuimos el único grupo de tres. Alice y Jasper, se subieron en la izquierda del mismo gigante. Emmett y Rosalie y Melany y Andrea se subieron en la izquierda y derecha, respectivamente, del gigante de dos ojos que estaba del lado izquierdo. Finalmente, mis hermanas y mis cuñados fueron en el gigante de un sólo ojo, ubicado a la derecha.

-¿Cuáles son sus nombres?- le pregunté a mi gigante.

-Como lo lamento, alteza. Somos unos maleducados.- replicó avergonzado.- Mi nombre es Artemio, mi hermano Délico.- señalo al otro gigante de dos ojos.- Y nuestro primo Cosmo. A sus órdenes, altezas, somos fieles seguidores del reinado Swan.

Le dediqué una sonrisa.

-No saben como me alegra escuchar eso.- musité.- Nuestro padre, el Rey Charles, estaría muy complacido al saber que su reino lo acepta de una forma tan grata.

-No podemos quejarnos de nada, gracias a los reyes y reinas que hemos tenido desde nuestra creación no nos ha faltado nada.- intervino Cosmo.- Gracias a todo su árbol genealógico, a su familia, no sabemos lo que es pasar hambre o lo que significa guerra.

-Y esperamos el reinado de la princesa Bella, sabemos que gobernara con gran pasión y sabiduría, al igual que la Familia Real.- completó Délico.

Les regalé otra enorme sonrisa, conmovida por la confianza que depositaban en mi.

-Se los agradezco enormemente, no saben lo que sus palabras significan para mi.- dije.

-Estamos siempre a sus órdenes, alteza.- inclinó la cabeza Artemio.

-¿Ahora están listos para comenzar el viaje?- inquirió Délico.

-Totalmente listos.- dieron todos.

-Entonces comencemos.- se emocionó Cosmo.

Soltamos una risa y comenzó el viaje por el bosque. Los gigantes caminaban, sin embargo, para nosotros, era como si estuviéramos en un avión y, estúpidamente, hubiéramos bajado la ventanilla. Parecía que corrían pero sólo caminaban a su paso normal.

Durante el camino, los tres gigantes hablaron de sus familias, de la comunidad de Biggertown y sus hábitos.

Nosotros no podíamos ir más entretenidos, contaban anécdotas, se reían y jugaban entre ellos. Eran realmente una familia unida y sus palabras acerca de mi reinado me habían emocionado demasiado, sabía que todo el reino de Odette amaba a mi padre pero no estaba segura de que me amaran a mi y eso había sido un punto extra a mi orgullo se Reina que últimamente estaba muy descuidado.

No tardamos ni veinte minutos en llegar a la entrada de Odette, donde se dividía de Biggertown.

-Se los agradecemos mucho, solos no hubiéramos llegado nunca.- musitó Katherine con una sonrisa.

-Ha sido un placer, altezas.- respondió Délico.

Les dirigí una inclinación de cabeza, que era como agradecíamos silenciosamente.

-Recuerden que siempre tendrán el agradecimiento de la Familia Real.- dije.

-Y usted, su alteza, siempre tendrá la fidelidad y solidaridad de Biggertown, eternamente.- hizo una reverencia Artemio.

Con una última inclinación, dimos media vuelta y entramos a Odette, nuestro hogar.

Las casas tipo medieval, con sus paredes de piedra y sus techos en triángulo, era como si estuviéramos en la Inglaterra del Rey Arturo.

Las personas pasaban a nuestro lado, mujeres con vestidos de seda y manta y hombres con trajes de manta.

A nuestro parecer, nadie lograba reconocernos, pero era comprensible, estábamos paseándonos en bikinis demasiado pequeños y bermudas. ¿Cómo iban a saber quienes éramos?

-Hay que ir al palacio.- les indiqué.- Ahí podremos cambiarnos.

-Pero esta muy lejos, Bella.- se preocupó Kath.

-Y recuerda la regla de papá.- recordó Elena.- "En Odette la teletransportación esta prohibida para todos."

-¿Porqué esta prohibida?- inquirió Fanny.

-Porque no todos los ciudadanos la poseen, este reino se basa en la igualdad.- expliqué.- No podemos hacerlo porque sería creernos mejor.

-¿Eso no es algo ilógico? Quiero decir, no es culpa de nadie que los otros no tengan ese don.- intervino Rose.

-Sin embargo, se sienten mal.- respondió Kath.- A inicios de la creación de Odette, el don de la teletransportación era de lo más común, todos lo poseían. Sin embargo, con el paso de los siglos, se fue perdiendo poco a poco.

-No es que ya no sea común, es muy común ese don y, el no tenerlo, es muy extraño.- dijo Elena.

-¡Oh! Es como si fueran discriminados.- comprendió Alice.

-Exacto, algo así, cada quien en sus hogares pueden usarlo pero no a la vista de los demás.- terminé.

-Es lógico visto así.- musitó Edward, que de un rápido movimiento se colocó a mi lado.

-¿La gente no las reconoce?- preguntó Fanny.

-No tenemos nuestro aspecto real.- expliqué.- Somos como extrañas, hasta que lleguemos al palacio y ocurra el cambio.

-¿Este no es su aspecto real?- continuó Emmett.

-No, pero tampoco es tan drástico.- contestó Jasper por nosotras.

-¿Cómo lo sabes?- inquirió Alice, curiosa.

-Ya he estado aquí una vez, cuando Elena y Kath buscaron a Bella, me trajeron.- le contó.

-Prácticamente lo obligamos.- se río Elena.

Soltamos una carcajada al recordar.

-Parecía gato apunto de ser bañado.- agregó Kath.

Los chicos no pudieron con la imagen mental y soltaron una carcajada, mientras Jasper se enfurruñaba.

-No era para tanto.- se quejó.

-¿Cuál es la historia del reino?- preguntó Rose con curiosidad.

-Es demasiado simple, en realidad.- dijo Kath.- Pero es mejor que Bella se las cuente, ella tomó las clases de historia.

-¿Ustedes no?- inquirió Alice.

-Claro, pero no solíamos prestar mucha atención.- sonrió Elena.

-Pero no era culpa nuestra.- se defendió Kath.- Mistress Delight era demasiado aburrida, no sé como Bella lograba prestar atención y no dormirse.

Me reí.

-Como futura reina es mi deber conocer a la perfección cada historia y cada leyenda de mi reino, así como sus tradiciones y sus pensamientos.- le dije a Kath.

Ella bufó.

-Lo sé, lo sé.- se río.- ¡Es que ella era aburrida!

-Eso nadie se lo quitaba.- le di la razón.

Ambas reímos.

-¡Bueno! ¡Cuéntales!- exclamó Elena.

Sonreí.

-Hace miles de años, llegó una bella chica a este lugar, extrañamente, había logrado pasar a esta dimensión por medio de un lago. El lugar era sólo bosque y montañas, claro que no ha cambiado mucho.- reí.- Ella no era una chica cualquiera, podía controlar los elementos, las mentes, entre otras cosas, pero todo se basaba en el dominio, lo llevaba en la sangre desde el inicio.- sonreí.

-¿Ella entró en esta dimensión? ¿De dónde venía?- interrumpió Fanny.

-De donde todos venimos, de nuestra dimensión.- respondí.- Odette. Así se llamaba, de ahí el nombre del reino, significa "Madre de la Tierra", y ella era eso y más.

"Odette regresó a su mundo pero venía constantemente aquí y, un día, decidió quedarse para siempre, pero, ¿con quién? ¿Quién le haría compañía?- seguí.- Entonces creó a sus propios compañeros...

-¿Ella los creó?- exclamó Emmett.- ¿Cómo?

-De la tierra.- respondí.- Le tomó mucho tiempo pero, finalmente, logró que de la tierra surgieran personas, quienes la reconocieron como su gobernante y su creadora. Poco a poco se fue llenando el reino, Odette creó a las hadas del viento, a los gigantes y seres como nosotros de la tierra, a las sirenas del agua y a los vampiros y los demás del fuego.

"Odette reinó sola por dos siglos, entonces, nació un chico, un campesino torpe y aventurero.- Kath, Elena y yo nos reímos.- Una peligrosa combinación, definitivamente. Pero Odette se enamoró perdidamente de ese chico, ella cuido de él desde que lo conoció hasta que tuvo la edad suficiente para ser su esposo, el nombre del chico era Nicholas Connery, podía entrar en la mente de las personas y cambiar sus pensamientos o recuerdos, un don muy útil, sin embargo, era un simple campesino y nadie sabía de su maravilloso don, sólo Odette. Por supuesto, Nicholas también se enamoró de ella y, en cuanto ambos se decidieron, se declararon su amor y no tardaron en casarse. A pesar de ser un campesino, Nicholas gobernó con entrega y sabiduría por varios siglos más, hasta que ambos decidieron partir juntos."- finalicé.

-¿Cuántos siglos reinaron?- inquirió Fanny, maravillada.

-Odette reinó sola dos siglos y junto con Nicholas cinco siglos más.- le sonreí a mi amiga.- Ellos eran nuestros bisabuelos.

-¡Wow!- exclamaron todos.

Nos reímos.

-Luego vino Faylinn Connery, nuestra abuela, ella se casó con Nicolás Swan.- conté.- Ellos crearon las divisiones y los gobiernos, pero eso lo explicaremos después.

-Finalmente, nuestro padre Charles Swan Connery, casado con Renee Dwyer.- siguió Kath.- Y nosotras.

-Y bueno, esa es la historia.- finalizó Elena.

-Es increíble.- dijo Alice.

Para este punto, ya estábamos en las afueras del pueblo, el palacio de Odette estaba ubicado en una enorme montaña a las afueras del reino.

-Ahí.- señale la montaña.- Esta el palacio.

-¡No inventes!- exclamó Rose.- No están esperando que suba hasta ahí, ¿o si?

-Tenemos que subir.- respondió Elena.

Caminamos un poco más pero, entonces, nos sorprendió ver un carruaje color plata con seis caballos pura sangre blancos tirando de el.

-¿Qué...?- comenzó Kath.

En ese momento, bajó el conductor del carruaje e hizo una reverencia.

-Altezas.- nombró.- Su padre, el rey Charles Swan, me ha mandado a recogerlas.

-Así que él sabía...- murmuré.

Nos dimos una mirada y subí primero, Edward subió junto a mi y luego los demás.

El interior del carruaje era digno de una limusina, con los asientos corridos enmarcando su forma rectangular, las enormes ventanas cuadradas que permitían una visión extendida de los paisajes y el mueble que había para las bebidas. Un Carruaje Real.

-Wow, esto es mejor que Los Ángeles.- musitó Emmett.

Nos reímos.

-Sólo lo que la realeza se merece.- contestó Elena, altanera.

-¡Cálmense!- exclamó Alice con una sonrisa.

Volvimos a reír mientras el carruaje se alejaba del pueblo, con la naturaleza empezando a rodearnos.

Edward tenía su brazo entornó a mi cintura, su cabeza estaba recargada en mi hombro y su respiración en mi oído me hacia cosquillas.

-Ahí- señale el inicio del bosque- Se dice que, precisamente, en ese bosque, Merlin le juro amor eterno a Morgana una noche, al día siguiente, unos metros más adentro, ella fue poseída por Satanás, obligando a Merlin a encerrarla en una vasija china.

-¡Wow! Esa vasija ¿Dónde esta?- pregunto Rosalie.

-En una repisa alejada del público en el palacio- respondió Katherine.

-Esta todo tan lleno de historias.- dijo Jasper.- Aún no han oído nada.

-Es cierto.- le siguió Damon.- Y lo mejor de todo es que Bella se las sabe todas.

-Cuéntales la historia del palacio.- se emocionó Jasper.

Suspiré, no era fácil de ignorar la presencia de Edward.

-Bueno, cuando lleguemos, se darán cuenta de que nuestro palacio es muy parecido al Antiguo Palacio Ruso.- comencé.- Claro que, realmente, el Palacio Ruso se parece al nuestro. En fin, se dice que, después del reinado de Odette, su hija Faylinn Connery, nuestra abuela, como ya lo habíamos mencionado, se había alejado del reino en un acto de rebeldía. Ella no quería ocupar el trono porque no quería responsabilidades y ser reina traía muchas consigo. Nosotros, como no morimos, a menos que nos den una planta muy venenosa, tenemos que abdicar, no hay de otra o abdicas o reinas eternamente."

"Entonces, el reino estuvo una década sin gobierno, en ese tiempo, cuentan las leyendas..."

-Es decir la abuela.- me interrumpió Elena.

-Razón por la cual sabemos que en realidad paso.- siguió Kath.

Todos reímos.

-Como decía.- les mandé una mirada intentando parecer enfadada.- Cuentan las leyendas que varios hombres rusos lograron pasar a esta dimensión. Nadie sabe como, pero lo hicieron, pensamos que probablemente algunas criaturas que salieron de aquí procrearon en la dimensión humana y nacieron híbridos, pero es sólo una suposición."

-Interesante suposición y si me lo preguntas a mi, cierta en su totalidad.- intervino Jasper.

-Jasper siempre ha pensado que eso es verdad.- me reí.- Y yo también, no existe otra opción lógica.

-¡Sigue!- me incitó Emmett.- No queremos debates.

Solté una carcajada y apoye mi nuca en el hombro de Edward, él, por su parte, apretó más su agarre a mi cintura.

-¿En qué me quede?- pregunté para molestarlo.

-¡En la parte de los rusos!- me gritó.

Toqué mi oído con una mueca.

-Disculpa, no estoy acostumbrada a que me griten...- comencé.

-¡Bella!- perdió la paciencia.

Volví a reírme.

-Ya lo siento.- carraspee.- Bien, entonces algunos rusos lograron entrar a esta dimensión y, como el reino no tenía gobernante aún, decidieron tomar el trono ellos.

"Sin embargo, no contaban con que los pueblerinos, fieles a su sistema de gobierno, a su antigua reina y a su princesa heredera, lucharían contra ellos y desobedecerían sus órdenes. Cuando los rusos intentaron tomar control del palacio, todos los habitantes se les fueron encima.

"Esa fue la primera vez que se vio pelear a gigantes, sirenas, hadas, vampiros, trolls, entre otras especies, juntas. Sólo ha pasado esa vez y lograron expulsar a los rusos en un dos por tes, claro que fue más por el terror de ver llegar a esos extraños seres que por la batalla."

Todos estábamos riendo cuando terminé.

-¿Y porqué se parece el palacio?- preguntó Fanny.

-Porque, lógicamente, cuando los rusos llegaron a contarle a su general y a los emperadores de la Rusia Imperial nadie les creyó y los tomaron por locos. Entonces ellos decidieron construir el palacio igual al que habían visto aquí como muestra de su aventura.- narré.

-¿Y les creyeron?- se burló Rosalie.

Solté una risita.

-No.- respondí con simpleza.

Rose movió su cabeza hacia los lados, negando.

-¿Y eso no es peligroso?- inquirió Alice.- Que ellos sepan...

-No, en un principio se pensó que si y, cuando nuestra abuela finalmente decidió tomar las responsabilidades de ser reina y regresar, se hizo una investigación exhaustiva del mundo humano, pero se decidió que no, ya que, a aquellos rusos nadie les creyó, jamás volvieron y nadie más logró pasar por el escudo mágico que puso la abuela.- dije.- Sólo les permite el paso a las criaturas totalmente mágicas o nacidas aquí, en esta dimensión.

-¿Alguna otra historia que contar?- preguntó Emmett.

-Muchas.- respondí mirando por la ventana.- Pero hemos llegado, ya saldremos a recorrer el pueblo y les contaré todo lo que sé.

Todos comenzaron a mirar por las ventanas y soltaron exclamaciones de asombro, menos Kath, Elena, Melany, Andrea, Jasper y yo, por razones lógicas.

Bajamos del carruaje cuando este paró en la entrada principal.

-¡Es enorme!.- exclamó Alice.

-Y aun no has visto tu habitación.- se río Kath.

Ella soltó un gritó y jaló el brazo de Rosalie.

-¡Vamos!- le gritó.

-Quiero ver como entra.- me reí.

Edward río junto a mi y tomó mi mano.

-Es increíble, nunca había estado aquí pero se siente como si estuviera en casa.- comentó.

Lo mire.

-Eso es porque esta es tu casa, es la casa de todos.- le respondí.

Entramos por la enorme puerta de roble con detalles en oro y nos encaminamos a la sala, teníamos una hora antes del cambio.

-Sus altezas.- se postró una ama de llaves.- Su padre ha avisado a todos de su regreso y sus ropas ya están listas en sus habitaciones junto con un baño, al igual que las habitaciones confeccionadas para sus invitados. Todas las doncellas están esperando por ustedes.

Le di una sonrisa a la chica que había estado con nosotras siempre.

-Amanda, sabes puedes llamarnos por nuestros nombres sin necesidad de tanta formalidad, nos conoces desde que tenemos pañales.- le hablé.- Y gracias por informarnos.

-Por nada, alteza.- nos sonrió.

-¡Amanda!.- exclamó Elena con reclamo pero cariño.

-Sus altezas, ¿qué diría su padre si me escuchara tutearlas?- escandalizó ella.

-Ni que fuera tan estricto con eso.- rodó los ojos Kath.

-¡Eso no importa! ¡Suban que todos tienen ganas de verlas!- nos ordeno.- Después de casi ocho siglos sin verlas...

Corrimos a abrazarla cuando sus ojos comenzaron a cristalizarse.

-También te extrañamos mucho, Amanda.- le susurré.

-Bueno, bueno...- dijo, limpiándose las lágrimas.- Ya vayan, sólo tienen una hora antes del cambio y antes de la hora de la comida.

Le sonreímos, esa mujer, a pesar de tener la apariencia de una joven de 29 años, nos doblaba la edad, había vivido el reinado de nuestra abuela y el de nuestro padre.

Comenzamos a caminar hacia las habitaciones en el primer piso mientras hacíamos las presentaciones, Amanda trató a los chicos amablemente, pero, con Edward, tenía un trato más especial y sus ojos brillaban como si estuviera encantada y maravillada con él.

Dejamos a cada uno en su habitación, mis hermanas de desviaron con los hermanos Salvatore a sus habitaciones, Melany y Andrea siguieron otro corredor, hasta que quedamos Edward, Amanda y yo.

-¿Qué te pareció lo poco que has visto del palacio, Edward?- le preguntó Amanda.

Edward río.

-Que todo lo demás que he visto es una insignificancia comparado con esto.- contestó.

Amanda soltó una risa y entrelazó sus brazos, continuando así el resto del recorrido hasta su habitación.

No pude evitar molestarme un poco, Amanda era hermosa, de cabello rubio y rizado hasta sus hombros, ojos celestes y facciones finas, era un hada del viento, dulce, atenta pero fría y cruel cuando era necesario. Además, parecía que ellos se llevaban de maravilla.

-Es muy guapo.- comentó Amanda después de dejar a Edward en su habitación, junto a la mía.

-Si, lo es.- susurré mirando al frente.

-¿Tu crees que yo le gusté?- inquirió.

Me volví hacia ella en menos de un segundo.

-¿Qué?- cuestioné.

Amanda sonrió.

-¡Vamos, Bella! ¡Tu y él tienen algo!- exclamó.

-¿Cómo crees?- volví a mirar al frente.

-Pues tus ojos acaban de llamear de furia, de celos.- respondió.

Suspiré, era imposible ocultarlo.

-Si, tuvimos algo que ver...- respondí.- Pero ya no.

-Bella...- comenzó pero se detuvo.

Habíamos llegado a mi habitación.

-Amanda, luego te cuento todo, lo prometo.- le sonreí.

-De acuerdo, pero no te escaparás de mi cuestionamiento.- advirtió con una sonrisa.

Dio media vuelta y se alejó, dejándome ante la puerta de mi habitación.

Solté un suspiro y entre al cuarto, sonreí cuando lo vi, exactamente igual a como lo había dejado, la cama con su dosel enorme de roble, toda cubierta de terciopelo rojo y dorado, con sus toques en oro y rubí, mi enorme armario, el piano y la foto de mamá a lado de mi cama.

De la puerta del baño salió mi doncella: Antonella.

-¡Anto!- grité llena de emoción.

-¡Bella!- gritó de regreso.

Corrimos a abrazarnos presas de la emoción durante un minuto.

-¡Que maravilla verte!- le dije.

-Lo mismo digo, llevamos tanto tiempo esperando tu regreso y el de tus hermanas.- me sonrió.

-Y ha sido toda una sorpresa regresar, no estaba planeado.- musité.

-Pues que alegría.- afirmó.- ¿Ya nos encontraste un rey?

Me sonroje fuertemente, claro que lo había encontrado pero ese rey no me amaba.

-¡Lo encontraste!- gritó de nuevo emocionada.

Suspiré.

-Es complicado.- murmuré.

-¿Quieres contarme?- inquirió con preocupación.

Eso era lo que amaba de ella, si no quería contarle algo porque aún no estaba lista no se lo tomaba personal, sólo esperaba.

Asentí.

-Vamos, acompáñame y te cuento.- le dije.

No me daba nada de vergüenza que Antonella me viera desnuda, ella era quien me ayudaba a bañarme en mis primeros dieciocho años, cuando así se acostumbraba, ahora prefería que me dejara hacerlo a mi mientras ella acomodaba cosas por doquier.

Mientras me quitaba la suciedad y sal del cuerpo con el agua de rosas y esencias, Antonella escuchaba atentamente lo sucedido con Edward con la mirada en el suelo, analizando todo.

Luego comenzó a escoger mi ropa, dando sugerencias de lo que pudo haber sucedido.

-Es muy extraño, Bella.- dijo.- No lo entiendo.

Colocó la ropa en la cama.

-Ni yo lo hago.- bufé.

Ella se río.

-Ya saldrá el porque, tarde o temprano.- me ánimo.- Ahora vístete, tenemos media hora y el cambio ya empezó.

Como siempre, con una sonrisa me ánimo del todo, Antonella era un hada, pero a diferencia de Amanda, Anto controlaba todos los elementos y podía influenciar en tu estado de ánimo, no como Jasper, si no que si ella se sentía feliz, estando cerca de ella, automáticamente, te sentías feliz.

Mire la ropa y comencé a ponérmela, Antonella me ayudaba a acomodar las prendas, después cepilló mi cabello y lo dejo suelto, no me maquillo, no era necesario, estar en mi tierra hacia mi piel casi perfecta.

Me mire en el espejo cuando terminamos, la ropa era un corpiño de seda rojo con delicadas cadenas de oro que caían hasta mis costillas, dejando al descubierto mis brazos, mi abdomen y mi espalda, la falda de llegaba a los tobillos, igualmente de seda roja, se ajustaba a la cadera con detalles de flores hechos con rubíes y diamantes y caía en cascada después, suelta.

Me mire con el cambio, de nuevo era yo. Mi piel había pasado de ser pálida a tener un tono dorado, mis pestañas eran visiblemente más largas y más pobladas, enmarcando mis ojos perfectamente, mis rasgos eran más finos, las caderas habían crecido y la cintura era más pequeña, el abdomen estaba marcado ligeramente, por todo el ejercicio que hacia diariamente, mi cabello había crecido, llegando ahora a mis muslos, los rizos se definieron un poco más y tomaron brillo y volumen. Mi marca de nacimiento se encontraba en mi cuello cuando me giré, una delicada corona envuelta en rosas, y mi tatuaje del Gin&Gan estaba en su sitio, en mi coxis, adornado con diamantes y esmeraldas con sus dragones al final en rubíes, demostrando mi carácter equilibrado y mi fuerza y valentía.

-Ya estas más alta...- murmuró Antonella.- Ahora si te reconozco más.

Me reí.

-Creo que yo también.- dije.

-Bella, es tarde, ya debes bajar, tu padre las esta esperando.- me avisó mi doncella.

-¿Sabes que quiere decirnos?- le pregunté mientras bajábamos.

-No, pero espero que no sea nada malo, ha estado muy ocupado desde que llego.- informó.

Me dejó en la puerta del comedor y se dirigió a la cocina. Entré y vi a todos ya sentados.

-¡Bella!- escuché en varias voces.

Pero yo corrí hacia mi padre y lo abracé con fuerza. ¡Cómo lo había extrañado!

-Papá.- susurré en su oído.

-Hija, estas hermosa, de nuevo tu.- dijo separándose de mi.- Eres idéntica a tu madre.

Le sonreí, eso era lo mejor que alguien podía decirme.

-Gracias, papá.- lo bese en la mejilla.

Mi padre seguía siendo aquel imponente hombre de un metro noventa, atractivo, con un cuerpo bien formado y esa presencia que posee, pero en ese momento era muy similar a un peluche.

Me senté del lado derecho de mi padre, Edward estaba junto a mi. ¿Porqué siempre estaba a mi lado? No es que me quejara, claro, pero se supone que éramos amigos, los amigos no están juntos todo el tiempo, ¿verdad?.

-Bella, estas impresionante en verdad.- me susurró.

Lo mire y me sorprendió la cercanía de su rostro.

-Gracias.- contesté con una sonrisa.

Me dediqué a mirar a los demás, todos iban vestidos muy bien, las chicas llevaban ropa similar a la mía, cubiertas de piedras preciosas, mis hermanas ya habían hecho sus cambios. Ahora Kath tenía el cabello más largo, hasta la cintura, y sus bucles era mucho más marcados, su piel estaba más colorada, ya no tan pálida y su tatuaje de dragón hecho con rubíes estaba en su brazo.

Elena, tenía el cabello ligeramente ondulado, largo hasta la cadera y brillante, su piel era un poco más clara que la mía y su tatuaje de flor adornado con aguamarinas y ámbares se veía adorable en su cadera izquierda.

Los chicos, por otro lado, tenían ropa de manta en diferentes colores, algunos tenían detalles con hilo de oro y otros con hilo de plata.

Nuestras doncellas, Amanda y los cocineros comenzaron a servir la comida rápidamente.

-¿Qué ocurre, papá?- comenzó Katherine.- ¿Para qué nos trajiste?

-Si, y ¿Cómo es posible transportarse por agua?- intervino Elena.

-Su bisabuela, Odette, lo hizo, ¿porqué yo no?- respondió papá.

Elena se encogió de hombros.

-No nos has dicho que hacemos aquí.- le recordé.

Suspiró y dejó sus cubiertos a un lado de su plato. Tal parece que eso era más serio de lo que imaginábamos.

-Hemos estado investigado ciertos sucesos extraños en las últimas semanas provenientes de Voltera, el reino de los vampiros, donde residen Aro, Marco y Cayo Vulturi...- comenzó con rodeos.

-¡Nuestros tíos!- gritó Elena.

-Exacto, me reuní recientemente con los gobernantes de Biggertown, Slightly, Wolf Kingdom, Atlántica y Waverly.- dijo.

-¿Con quienes?- interrumpió Alice.- Lo siento.- dijo después de ver nuestros rostros.

-Descuida.- le dije.- Biggertown es donde viven los gigantes, Slightly es el reino de las hadas, Wolf Kingdom es el hogar de los lobos, Atlántica es donde las sirenas y Waverly pertenece a los hechiceros.- le expliqué.

-Wow...- susurró.- ¿Hay alguna criatura mitológica que no este aquí?

Nos reímos.

-Si.- respondí.- El monstruo del Lago Ness.

Alice rodó los ojos y los demás soltaron otra carcajada, incluyendo a mi padre.

-Sigue.- le indicó Elena a papá cuando nos calmamos.

-De acuerdo, en todos los reinos han estado pasando cosas extrañas.- continuó.- Como desapariciones, comentarios mal intencionados, mentiras... Y todos sabemos que ni Odette ni ningún otro reino ha tenido eso nunca...

-¿Y?- pregunté preocupada, eso no era nada común.- ¿Descubrieron algo?

-Si, todo esto proviene de Voltera, ahí ya los vampiros no están a gusto y algo se había estado cociendo.- contó.

-¿Y qué es? ¿Lo saben?.- cuestionó Elena.

-Si...- se quedó callado.

-Papá.- le urgí.- ¿Qué es?

Volvió a suspirar.

-Los Vulturi, sus tíos, le han declarado la querrá a todo Odette, quieren gobernar ellos todo.- soltó.

Me quedé sin aire y mis hermanas palidecieron, eso no podía ser verdad...


Hola a todos! Bueno! Ya esta el capítulo! No me maten! Quiero agradecer a .Cullen porque sin ella no estaría listo aún el capítulo! Amo que me presiones amiga! Por eso salen los capítulos! Jajaja! Espero que les guste mucho! ¿Cómo ven a nuestras Swan en el plan de "altezas"? ¿Les gusta? ¿Y que tal los gigantes? En los siguientes capítulos irán viendo los diferentes reinos, sólo quiero aclarar que Odette es el reino más grande y los demás son las divisiones de Odette, me explico? Algo que no entiendan? Dejen su comentario! En serio me animan mucho! Y pues a penas subí una nueva historia se llama "Alteza" y ojalá puedan pasarse por ella, les juro que les va a encantar mucho! Y pues nos leemos en el próximo capítulo! Los quiero a todos!

Alexa Swan de Cullen*