Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la maravillosa S.M. Yo sólo juego con ellos, la trama si es mía y espero la disfruten. :)


Capítulo 13: "Considérate advertida."

Bella Pov.

La discusión con papá se había alargado una hora y aún no terminaba.

-Bella.- intentó de nuevo.- Soy tu padre y te puedo ordenar.

-Tengo ochocientos años, no quince.- solté.- No puedes ordenarme ya.

-Ya te rogué, hija.- recordó.- ¿Qué hago?

-No puedes hacer nada, papá.- respondí.

Habíamos estado parados, sentados, con la mirada gacha, molestos, gritando, susurrando, implorando y nada servía. Él era tan obstinado como yo y ninguno cedería. En ese momento, estábamos en la etapa de gritar de nuevo y ambos de pie.

-Bella, por favor.- regresó a la súplica.

-Tu siempre me has dicho que debo defender a mi pueblo con mi vida, que no los deje solos.- musité.- ¿Y ahora me pides lo contrario?

-Es por tu seguridad, Bella.- insistió.

-¿Por qué no quieres que este en la batalla?- pregunté cansada.- Y quiero la verdad.

Le había hecho la misma pregunta media hora antes y sólo había respondido que era peligroso.

Charlie también suspiró.

-Porque no quiero perderte.- susurró y se volvió a sentar.

-¿Qué?- susurré impresionada.

-Eso.- respondió.- Perdí a tu madre porque trató de hacerse la valiente, no quiero perderte a ti por lo mismo.

-Papá...- murmuré conmovida.

-Cada día que pasa veo más a tu madre en ti.- siguió.- Temo perderte, hija. Apenas te recuperé.

Mis ojos se llenaron de lágrimas rápidamente pero las contuve.

-No vas a perderme, papá.- conseguí decir.- Estamos preparados...

-Bella.- interrumpió.- No quiero que lo hagas.

-Voy a hacerlo.- insistí.

El momento sentimental quedó rápidamente olvidado en ese momento. Mi padre me miraba con el ceño fruncido.

-Bella, te lo pido, no te arriesgues...-me suplicó papá.

-¡Tengo que hacerlo, papá, no puedo quedarme de brazos cruzados!- exclamé molesta.

Me quedé en silencio, sintiendo una cierta familiaridad con la situación, eso ya lo había visto antes, pero no lograba recordar en dónde.

-Hija, no les des lo que quieren...- susurró mi papá, sacándome de mis pensamientos.

Estuve a punto de dar marcha atrás y ceder ante el murmullo roto de mi padre, más no lo haría...

-Lo siento, padre, ya está decidido- con estas palabras, di media vuelta y salí rápidamente de su despacho.

Caminé hasta mi habitación y cerré de un portazo. Bufaba hasta lo imposible, traté de calmarme un poco y me dirigí a mi cama, dispuesta a recostarme lo que restaba del día.

Había sido demasiado para tan pocas horas, no podía que aún no anochecía. Habíamos pasado cerca de seis horas entrenando, media hora descansando, quince minutos en la sala de hechizos, la plática con Amanda me había llevado unos hora, la explicación de mis chicos sobre los Vulturi diez minutos y la discusión con mi padre una hora más. Habían pasado casi nueve horas desde que habíamos llegado y aún no anochecía.

Todo era de locos y habían sido demasiadas cosas para un solo día, estaba cansada emocionalmente, más no quería dormir, sabía que me atacarían pesadillas o, peor aún, visiones. Porque eso eran.

Había logrado recordar de donde venía esa familiaridad que había sentido en el despacho de mi padre unos minutos antes. Yo había soñado eso hace apenas un mes.

Solté un suspiro y todas las ganas de recostarme se fueron, estaba nerviosa y pensaba hablar con Alice respecto a las visiones. Ella sabría más.

Pero no en ese momento, en ese momento quería tocar mi piano, así que, me acerqué y toqué las teclas de marfil con cariño.

-Te extrañe, Molly.- le susurré a mi piano.

Ese piano de cola blanco, había sido el de mi mamá en su momento y ella lo había llamado Molly.

Presioné mi dedo índice sobre una de las teclas y detrás de esa nota vinieron más y más. Después de tener un ritmo, comencé a tararear lo que se me venía a la mente, formando, poco a poco, una canción.

-You don't need a lot of money- canté ligeramente. - And you don't have to play no games.

Paré y toqué la introducción de nuevo, después repetí lo que llevaba de la canción.

-All I need is all you're lovin'- comencé de nuevo. - To get the blood rushing through my veins.

Luego pensé en un amor de apocas antiguas, con té por la tarde, damas de compañía, vestidos largos y esponjosos, caballeros cortejando...

-I wanna say we're going steady

Like it's 1954

It doesn't have to be forever

Just as long as I'm the name on your tattooed heart, ohh.

"You don't need to worry about

Makin' me crazy

'Cause I'm way past that

So just call me if you want me

'Cause you got me, and I'll show you

How much I wanna be on your tattooed heart, ohh."

"Just as long as I'm the name on your tattooed heart."

"Wrap me in your jacket, my baby

And lay me in your bed

And kiss me underneath the moonlight

And let me trace the lines on your tattooed heart, ohh."

"As long as I'm the name on your tattooed heart."

Toqué los últimos acordes y casi brinco de felicidad por la nueva y hermosa canción hecha.

Eso me había relajado lo suficiente, me estiré aún sentada y después me levanté, caminando hacia mi cama. Pronto Antonella llegaría para ayudarme con el vestido.

Me recosté y solté un suspiro, comencé a escuchar pasos acercarse y supuse que era Antonella.

Sonaron unos ligeros golpes en mi puerta y, extrañada, me senté. Anto nunca tocaba.

-Adelante.- musité.

La puerta se abrió ligeramente y una criada se asomó, la reconocí como Marian.

-Disculpe, alteza.- comenzó.- En el salón principal esta una mujer que quiere verla a usted y al joven Edward. Es una desconocida, por lo que, le informamos a su padre y quiso estar con ustedes.

-¡Oh!- exclamé sorprendida.- Iré ya mismo, gracias Marian.

Marian asintió, sonrió y luego se fue.

Me levanté de mi cómoda cama y caminé a mi enorme armario, escogería algo y me lo pondría con magia.

-¡Bella!- entró sobresaltada Antonella.

Pegué un brinco en mi sitio.

-¿Qué?- pregunté.- ¿Qué pasa?

Ella camino hacia mí y se adentró en mi armario para salir unos segundos después con uno de mis mejores trajes.

-Tengo que arreglarte bien.- dijo alterada.- Con esto te verás genial, la chica que está esperando por verte tiene una fuerte y muy mala aura. Quítate la ropa deportiva.

-¿Quién es?- le pregunté, comenzando a desvestirme.

-No lo sé.- respondió.- En mi vida la he visto, pero es muy mala.

El vestido era largo, ceñido pero no demasiado, color dorado, tenía pequeñas mangas de encaje que llegaban debajo del hombro por muy poco, tenía una capa de satín y, encima de esta, una de encaje floreado con una abertura desde el pecho hasta el final del vestido con un lazo café debajo del pecho.

-¿Cómo es?- inquirí curiosa y preocupada.

-Alta, pero no como tú, rubia, de piel blanca y delgada, pero no como tú.- asintió segura, comenzando a ponerme el vestido.

-¿Rubia?- cuestioné.- Delgada, alta... ¿Con destellos rojos?

-Más bien rosas.- corrigió, terminando de atar el vestido.

-¡¿Tanya?!- casi grité.- ¡¿Qué hace ella aquí?!

Antonella se encogió de hombros y siguió acomodando el vestido.

-No sé si sea ella ni tampoco sé lo que quiera.- contestó.- Pero tú ya estas lista.

Ni siquiera me detuve a agradecerle, salí casi corriendo al salón principal, con la mente al mil por hora.

Cuando llegué, tomé un respiro y caminé hacia las enormes puertas.

-Alteza.- me saludaron con una inclinación los porteros.

Les sonreí cuando abrieron las puertas con un estruendo.

Caminé dentro del salón, tratando parecer tranquila y miré a los lados, buscando a la susodicha.

Y, por supuesto, la encontré sentada frente a Charlie y Edward en uno de los sillones de mi palacio, en mi reino.

Charlie la miraba confundido, él no tenía idea de quien era, no la había conocido y no sabía nada de ella. Edward la miraba con... Rencor, furia y no supe que más. ¿Qué ella no era su novia?

-¿Qué haces aquí?- le pregunté a ella antes de llegar a los sillones.

Todos se volvieron hacia mí. Tanya me miró sonriendo.

-Te hice una pregunta.- dije, al no obtener respuesta.

Ella se levantó y camino hacia mí, se detuvo cuñado estuvimos a poco menos de un metro.

-Yo sólo vine a ver a mi novio.- respondió con inocencia fingida.- Desaparecieron todos y estaba preocupada por Edward.

Apreté mis dientes y levanté una ceja. Estaba mintiendo.

-¿Segura?- inquirí.

-Totalmente.- sonrió.

La rodeé y me paré cerca del sofá individual.

-Pues ya lo viste.- aseguré.- Ahora puedes largarte.

-Isabella.- me llamó mi padre, más no me volví a verlo.

-Sí, pero aún no quiero hacerlo.- dijo Tanya.- Quería verte también, Bella. Estaba preocupada.

Suspiré y me reí.

-Eres tan falsa.- solté.- Eso ni tú te lo crees.

-Cambie, Bella.- musitó.- Quiero ser tu amiga y quiero que nos contemos todo.

Aguanté otra carcajada, era tan estúpida, habían pasado unos segundos y ya sabía que hacia ahí.

-Ese no es el punto.- solté.- ¿Cómo pasaste a esta dimensión?

-Soy un ser mágico.- recordó.- Puedo pasar.

-No, no puedes.- rebatí.- Esta dimensión es para seres nacidos aquí o en cualquier lado, pero con magia.

Ella me miró como si fuera obvio.

-Tú no eres mágica de nacimiento.- le eché en cara.

Ella abrió los ojos como platos.

-¿Qué...?- comenzó.

-Yo lo sé todo, Tanya.- dije.

Se acercó demasiado a mí.

-No te atrevas a decir algo.- amenazó.

Suspiré y caminé hacia la pequeña mesa de roble.

-¿Por qué no te vas y le dices a Aro que se deje de juegos?- inquirí.

-¿Qué?- susurró mi padre.

Edward, a su lado, nos miró boquiabierto.

-No sé de qué hablas.- se cruzó de brazos.

-Claro que lo sabes, Tanya.- le sonreí.- No mientas.

-Vine aquí por Edward.- continuó.

-Sí, claro.- murmuré con sarcasmo.

-Tu sólo estas celosa.- musitó.

Me volví hacia ella en menos de un segundo y Tanya se acercó más a mí.

-¿Celosa? ¿Yo?- me reí.- ¿De quién? ¿De ti? ¿Por qué lo estaría?

Ella hecho una mirada hacia atrás, hacia Edward.

-Por él.- susurró, aún que todos la escuchaban.- Aún no puedes con eso, ¿verdad, Bella?

Tomé un fuerte respiro.

-No sé de qué hablas.- respondí.

-No te hagas, Bella.- comenzó.- Aún lo amas, con cada partícula de tu cuerpo. Y no soportas saber que está conmigo, sólo admítelo...

-Si tú crees, que estoy celosa de ti por eso.- la interrumpí.- Déjame decirte que estas muy equivocada, tú no sabes que todo lo que hemos hecho sin ti aquí...

Los ojos de Tanya se abrieron demasiado y una mirada de odio se instaló en ellos.

-¡Eres una maldita!- gritó y se me echo encima.

Escuché a mi padre gritarle a uno se los guardias y a Edward soltar una exclamación ahogada. Sin embargo, puse mi mano frente a mí y utilicé mi escudo físico para protegerme de ella.

Tanya se estrelló graciosamente contra él unos segundos después.

-¡Espera!- me reí.- Creí que sabías que no podías dañarme.

-¡Créeme que voy a matarte!- exclamó.

Me reí más fuerte.

-¿Por qué no mejor te vas y le dices a mi tío que soy invencible?- dije con altanería.- Dile que voy a luchas hasta el final, que no puede contra mí y que, desde este momento, por orden de la futura reina de todo Odette, queda absolutamente retirado de su cargo como gobernante parcial de Volterra.- le indiqué.

-¿Cómo sabes que él me mando?- preguntó.

-Porque tu sola nunca hubieras entrado a esta dimensión.- le susurré.- Aquí sólo entran seres mágicos nacidos así, ya sea en Odette o en cualquier lado.- repetí.

-¿Por qué dices eso?- preguntó con la voz temblando.

-¿Por qué no les dices ya que no eres hija de los Denali?- cuestioné.- Que sólo estas ahí porque Eleazar tiene un corazón muy grande.

-¡Cállate!- me gritó.

-Y eso de que no naciste como ser mágico.- seguí.- Que ellos te transformaron...

-¡Dije que te callarás!- volvió a gritar.

-Tanya...- comencé.- ¡No tiene nada de malo!

-¡Para ti!- me regresó.- Porque tú eres la chica de oro, eres la perfección personalizada. A ti nadie te trata mal, nadie te hace menos, pero a mi si.- dijo.

-¿Por eso me odias?- pregunté.

-Por eso y más.- soltó.- Pero te demostré que puedo ser mejor en algo, te quité lo que más amabas...

En ese momento llegaron los guardias y tomaron a Tanya por los brazos.

-No lo hiciste.- susurré.

-Tú sabes que si...- sonrió con satisfacción.

Los guardias la jalaron y comenzaron a sacarla. Ella se dejó llevar.

-¡No olvides decirle a Aro!- exclamé.

-Y tú no olvides, Bella Swan.- musitó.- Que voy a disfrutar verte morir.

La perdí de vista un segundo después.

-¿Qué demonios fue eso, Bella?- saltó mi padre.

-Que Edward te explique.- indiqué y salí de la sala.

Caminé apresuradamente hacia la sala. Ahí me encontré con los demás.

-¿Qué ocurrió, Bella?- preguntó Alice.

-Tanya vino.- comenté.

-¿Qué?- susurraron ellos.

-Eso.- dije.- Esta liada con los Vulturi.

-No me sorprende.- salió Kath.- ¡Y qué bueno que no me avisaron! ¡Porque de haberlo sabido le arrancó la cabeza!

-¿Y esa irá asesina tan repentina?- pregunté curiosa.

Kath vaciló.

-Siempre ha estado ahí...- musitó.

Levanté una ceja.

-¿Ah sí?- volví a cuestionar.

-¿Si?- respondió ella, en forma de pregunta.

Elena le pegó en el brazo.

-Podías hacerlo mejor.- le dijo.

-¡Lo siento!- exclamó Katherine.- ¡Está haciéndome muchas preguntas!

Solté un suspiro.

-Chicas.- las llamé.- De nuevo están actuando extraño...

-Lo sentimos.- susurraron.

-¿Así qué...?- comenzó Jasper.- ¿Hubo pelea?

-Algo así.- respondí.- Dijo que yo estaba celosa y muchas cosas más.

-Dime, por lo que más quieras, que le dijiste sus cosas a la cara.- rogó Alice.

Rose asintió, haciéndole segunda.

-¡Pero claro!- solté con un bufido.- ¡Nunca la dejaría irse sin una buena plática!

Alice sonrió y Rose se quitó una lágrima dramáticamente.

-Ella es mi orgullo.- dijo mi rubia amiga.

Me senté al lado de Emmett, mientras reía.

-¡Bella!- llegó Edward muy acelerado.

-¿Mande?- brinqué sobresaltada.

-¿Estas bien?- preguntó y se acercó a mí para revisarme.

-Sí, estoy bien.- contesté extrañada.- ¿Por qué?

-Fue una buena pelea.- susurró.- Le diste a Tanya su merecido.

Tomé una respiración y cubrí mis ojos con mis manos. Edward se sentó junto a mí.

-¿Podemos no haber de eso?- inquirí.- Me dejó un mal sabor de boca.

-Claro.- resolvió Jasper por todos.

Me sumí en mis pensamientos en ese instante. Mi mente iba de un lado a otro, a la lucha que se avecinaba, a mi carrera, a Edward y, repentinamente, llegó a Harry.

A aquel chico de ojos verdes y mirada profunda que tanto me había ayudado, que tanto me había apoyado, un amigo fiel y alocado. Un tanto pervertido pero siempre divertido, un novio ideal para cualquiera pero no para mí... Y con quien aún no terminaba. ¡Mierda!

Me levanté precipitadamente, llamando la atención de todos.

-¿Qué pasa, Bella?- preguntó Stefan, confundido.

-Harry...- murmuré.

-¿Él qué?- quiso saber Fanny.

-¡No he hablado con él!- exclamé más fuerte.

Elena, Kath y Alice golpearon sus frentes al mismo tiempo y soltaron un "Bella" con frustración.

Las tres se pararon y corrieron detrás de mí, hacia el despacho de mi papá.

-¡¿Qué pasa, Bella?!- exclamó mi padre, alarmado, cuando abrí la puerta de un tirón.

-Necesito volver.- le dije.- Tengo un asunto muy importante.

-Puedes hacerlo.- dijo.- Sólo no tardes mucho.

-Sí, ya sé que puede.- le sonreí.- No te pedía permiso.

Dejé un apresurado beso en la frente mi padre y salí con las chicas.

-Voy a regresar y a hablar con él.- les avisé.

-No la riegues tanto, Bells.- pidió Alice.

-Y se honesta.- le siguió Elena.

-Nada de torerías.- indicó Kath.

-Lo juro.- prometí.

Pensé en Harry y me transporté hacia donde estaba, deseando con todas mis fuerzas que estuviera en un lugar privado, lejos de las multitudes, muy lejos.

Afortunadamente, se encontraba sentado en una banca, en un parque solitario en Port Angeles.

Con magia, cambie mi largo vestido por unos pantalones entubados negros, una blusa de manga larga color café con la parte de atrás ligeramente más larga que la delantera, una chamarra de jean hasta la cadera, unos botines cafés de tacón corrido con peluche café y gris en la parte de arriba y una bufanda café ligera.

Caminé hacia él.

-¿Harry?- lo llamé, como si me sorprendiera verlo.

Él levantó rápidamente la vista.

-¡Bella!- exclamó.- Qué sorpresa verte.

-Lo mismo digo.- musité.

Vaya que era incómodo el momento.

-¿Qué haces aquí?- pregunté, sentándome a su lado.

-Sólo estaba pensando.- respondió.

Le sonreí, ¿cómo empezar?

-Harry...- comencé.

-Bella...- dijo él al mismo tiempo.

Nos miramos y reímos.

-Tu primero.- dijo.

-No.- respondí.- Tu primero y no acepto un no.- agregue, al ver que iba a replicar.

Él sólo sonrió.

-Escucha...- comenzó.- Creo que nuestra relación no va a funcionar... Lo he pensado y, por muy enamorado que este de ti... Tu aún lo amas a él...- sonrió.- Y quiero decirte que siempre serás mi amiga, no quiero que eso cambie nunca.

-Harry...- susurré sonriendo.

-Sí, si...- dijo con desinterés.- De nada.- sonrió hacia mí.

Sus ojos verdes brillaban con algo de tristeza. Le regresé la sonrisa y me lancé sobre él, envolviendo mis brazos en su cuello.

-Gracias.- le susurré.

Sus brazos se cerraron en mi cintura.

-Por nada, Bella.- respondió.- Además, hoy vi a una chica guapísima en el hotel y no pude hablar con ella porque tenía novia.

Me separé de él y lo golpeé en el hombro, sonriendo.

-¡Oye!- exclamé.- ¡Acabamos de terminar!

Harry soltó una carcajada.

-¿Y?- soltó.- ¿Estas celosa, acaso?- inquirió, levantando una ceja graciosamente y poniendo su rostro coqueto.

Me reí y despeiné sus rizos aún más.

-¡Ya quisieras!- me reí.

-¡Mi cabello!- reclamó, peinándose otra vez.

-Pareces nena.- bufé.

-¡Ya verás cuan nena puedo ser!- gritó.

Solté un gritito y salí corriendo, huyendo de él. Harry salió corriendo detrás de mí, intentando alcanzarme para hacerme cosquillas.

Pasamos dos horas más jugando y riendo, hasta que se hizo lo suficientemente tarde como para que Harry me dejara en mi casa, vacía en ese momento.

-¿Sabes, Harry?- comencé.- Eres un gran amigo.

-Ya lo sabía.- se río él.

Lo golpeé en el hombro.

-En serio.- sonreí.- Pero... ¿No es difícil para ti...?

-¿Qué?- preguntó perdido.

Suspiré.

-Que seamos amigos y eso...- dije.

-No.- respondió rápidamente.- Te quiero en mi vida como amiga.

Lo miré.

-No quiero lastimarte más...- susurré.

-No lo harás, Bella.- me aseguró, mirándome fijamente.- Yo tomé esta decisión y, si la lleve a cabo, fue porque sé que puedo tolerarlo.

Asentí.

-De acuerdo.- me reí.- Porque sería difícil vivir sin tu cabello.- dije alborotando más su cabello.

-¡Bella!- exclamó él, acomodándolo.

Me reí más fuerte.

-Eres como una mujer.- lo molesté.

-Vamos.- sonrió.- Te dejo en tu puerta.

Bajó del auto y abrió rápidamente mi puerta, tendiéndome su mano para ayudarme a bajar. Le sonreí y la tomé.

-Ahora.- comenzó.- La escoltaré hasta su puerta, bella dama.

Le pegué en el hombro.

-Déjate de bromas.- lo reñí, intentando parecer enojada.

Él se sobó con la mano libre.

-Yo sólo quería jugar...- murmuró con un puchero.

Me reí.

-Eres tonto.- molesté.

Llegamos a la puerta y la abrí.

-Bueno, Bells.- musitó.- Te dejo aquí.

-De acuerdo.- le sonreí.

Dio media vuelta y dio un paso, luego se volvió hacia mí.

-Escucha.- comenzó, nervioso.- Es nuestro último día como novios, bueno, ya no lo somos pero... Quisiera, ya sabes, como un recordatorio.- tartamudeó.- Bueno, aún estoy enamorado y...

Sonreí y no lo dejé terminar, di dos pasos hacia adelante, me paré de puntas y toqué sus labios con los míos.

Comencé a besarlo lentamente y él, al principio, estaba demasiado sorprendido como para responder. Sin embargo, segundos después, comenzó a mover sus labios, en sincronía con los míos.

Sus brazos atraparon mi cintura y los míos fueron a su cuello. Nuestros labios se movían en sincronía, dulces y tiernos.

Sabía que eso era lo que él quería y yo quería dárselo, por última vez. No era la primera vez que me creía enamorada de Harry, era la primera vez que realmente lo sentía.

Yo estaba enamorada de Harry Styles pero no lo suficiente, no como para dejar mis pensamientos por Edward, ni para seguir algo con el mismo Harry. Sólo conseguiría dañarnos a todos.

La falta de aire hizo que nos separáramos, ambos respirando agitadamente. Harry recargó su frente con la mía.

-Ese debió haber sido nuestro primer beso...- susurró.

Lo miré a los ojos.

-Te quiero, Harry.- murmuré.

-Y yo a ti, Bella.- sonrió él.

Se separó de mí completamente.

-Y tranquila.- río.- Edward no se enterara de esto.

Lo acompañé en sus risas.

-¡Lo dices como si lo hubiera engañado!- exclamé.

-¿No lo hiciste?- inquirí Harry.

-¡No!- grité.- Y, en todo caso, él empezó con Tanya.

Harry soltó una carcajada.

-Vale, nadie debate eso.- continuó riéndose.

Luego nos volvimos a quedar serios.

-Me saludas a todos.- le pedí.

-Claro.- respondió.- Y ya entra, está haciendo frío.

Le sonreí.

-Tu ve con cuidado y me avisas cuando llegues a tu hotel.- ordené.

Él se río.

-Sí, mamá.- bromeó.

Solté una risita y lo empujé ligeramente.

-Largo.- solté.

Harry dio media vuelta riendo aún y se subió a su coche.

Entré a la casa cuando lo perdí de vista. De inmediato, cambié la ropa por el vestido y pensé en mi reino.

Sentí un jalón en el ombligo y aparecí en la sala, donde todos estaban.

-¡Bella!- exclamó Alice cuando me vio.

-Hola, chicos.- sonreí.

-¿Qué paso?- saltó Kath.- ¿Hablaste con él?

Asentí aun sonriendo.

-¿Por qué estás tan contenta?- preguntó Rose.

-Porque, querida Rose.- me senté junto a Edward.- Acabo de darme cuenta de que estoy enamorada de Harry.

Todos contuvieron la respiración.

-¿Qué?- susurró Edward.

Aún sin verlo, pude notar una nota de desesperación en su voz.

-Eso.- dije.- Y acabo de terminar con él.

Mis amigos soltaron el aire de golpe y la confusión reino en sus caras.

-Haber...- comenzó Stefan.- Ya no entendí.

-Ángel.- llamó Damon.- Explícate.

Solté un suspiro.

-Fui a la dimensión de los humanos para hablar con Harry.- comencé.- Cuando llegué, lo encontré en un parque, me acerqué a él, hablamos y acordamos quedar como amigos. Comenzamos a jugar después, me llevó a la casa, nos besamos y me di cuenta de que estoy enamorada de él.- terminé.

-¿Entonces regresaron?- inquirió Edward.

-No.- contesté mirándolo.

-¿Por qué?- quiso saber.

-Porque sólo hay una persona a la que amo con todo mí ser.- respondí con los ojos fijos en los de él.

Edward sonrió ligeramente.

-¿Entonces terminaron?- preguntó Damon, arruinando el ambiente romántico que se había creado.

Me volví hacia él.

-Sí, Damon.- respondí con cansancio.- Ósea te lo acabo de decir.

-Tardaste mucho.- señalo Rose.

-Estuve platicando con él.- le recordé.- Y ahora estoy cansada, así que, iré a dormir.

Me levanté del sofá y me dirigí a mi habitación, después de despedirme de mis amigos.

Ya en el cuarto, cerré la puerta, me recargué contra ella y, pasando una mano por mi cara, solté un suspiro. Abrí los ojos y caminé hacia mi cama.

Entonces la vi.

Ahí, en el centro de mi cama, reposando en todo su esplendor, había una linda y dulce caja de chocolates. La tomé cuando estuve lo suficientemente cerca de ella y la abrí cuidadosamente, no llevaba tarjeta ni nada.

Tomé entre mis dedos uno de los suculentos dulces y lo introduje en mi boca, mordiendo solo la mitad.

Al separarlo de mis labios, me sorprendió ver un tierno trozo de papel color rosa entre todo el café del chocolate. Mastiqué un poco el sabroso chocolate y saqué la nota del resto de este. La abrí con delicadeza.

"Considérate advertida" - rezaba la hojita.

Fruncí el ceño, confundida. Tragué lentamente el pequeño pedazo de chocolate, el cual, me dejo un extraño sabor amargo en el paladar.

Demasiado tarde me di cuenta de lo que ocurría... Sentí mis piernas demasiado débiles y lo último que vi antes de caer, fue la nota en el suelo.

Entonces, perdí el sentido de la vista...


Edward Pov.

-¡Emmett!- escuché el gritó de Alice.

Caminé hacia mis hermanos, sonriendo incluso antes de ver lo que hacían.

-¡Lo siento, enana!- gritó Emmett.

Cuando llegué a la habitación, simplemente no pude contener mi carcajada. Al parecer, Emmett había optado por probarse uno de los conjuntos de Alice y, por supuesto, debido al tamaño de mi hermano, la ropa había quedado horrible y rota.

-¡Arruinaste una blusa y una falda de la nueva colección de Chanel!- siguió gritando mi pequeña hermana.

-¡No fue mi intención!- exclamó Emmett.- ¡Nunca imaginé que me quedara tan pequeño!

Jasper, Rosalie y yo reíamos a carcajadas por la escena que se desarrollaba. Apenas llegué al sofá me tiré en el, sujetando mi estómago, que dolía por la fuerte risa.

Mis hermanos siguieron gritando unos minutos más hasta que Alice se hartó y, refunfuñando, volvió a sentarse en el enorme sofá de terciopelo dorado, abrazándose a Jasper de inmediato.

Después de encontrar a Bella con Amanda en la cocina y comunicarle lo que Kath y Elena habían descubierto acerca de sus tíos, se había encerrado con el rey Charlie en el despecho de y no supimos nada por cerca de una hora o más.

Pensar en Bella y en el peligro en el que estaba me puso nervioso, ¿qué podía hacer yo para salvarla? ¿Pedirle que no luchara? ¿Qué abandonara a su pueblo? ¡Me comería vivo si le dijera eso!

Solté un resoplido, molesto conmigo mismo por no poder hacer nada para tenerla a salvo. Quería que me perdonara por lo que había pasado respecto a Tanya, quería que decirle todo, quería que ella...

-¡Edward!- el gritó de Emmett me devolvió a la realidad.

Sólo estábamos Emmett, Jasper y yo, no veía a las chicas por ningún lado.

-¿Y Alice y Rose?- pregunté.

-Se fueron hace unos minutos.- respondió Jasper con calma.- Estas perdido y te sientes culpable, ¿por qué?

Solté un suspiro, algunas veces odiaba el don de Jasper.

-No sé.- murmuré.- Sólo me gustaría ayudar a Bella. Protegerla.

-Todos queremos eso, hermano.- dijo Emmett.- Bella es como mi hermanita, este contigo o no.

Sonreí ligeramente, adoraba que mi familia la aceptara tan bien. Nada que ver con Tanya.

-No te preocupes por ella.- intervino Jasper.- Es más dura de lo que alguna vez imaginaron. Puede cuidarse sola.

-Eso espero.- susurré.

Después de la visita de Tanya, había quedado algo susceptible, no quería que nada la dañara.

Bella me había demostrado en más de una ocasión ser fuerte y capaz de defenderse sola, sin embargo, para mí, ella era como la más hermosa y delicada flor. Debía protegerla a toda costa y de todo.

Hasta de Harry Styles, de ser necesario. Por un momento, cuando ella regresó de la dimensión mortal, sentí que mi corazón se rompía en mil pedazos, al escucharla decir que estaba enamorada de ese chico. Después, me había mirado y había dijo que había alguien a quien ella amaba y sentí que era yo. Entonces me sentí completo de nuevo.

-Hazle caso a Jasper...- me distrajo Emmett.- Bella es dura, sé que es inevitable preocuparse por ella, pero es una chica fuerte.

Como si se tratara del destino, en cuanto mi hermano mayor dejó de hablar, un gritó se escuchó en todo el palacio.

Nos miramos entre nosotros, nos levantamos y corrimos hacia el gritó, alertas ante algún ataque. La habitación de Bella era el lugar de origen.

Antonella estaba parada fuera del cuarto con la puerta abierta, con lágrimas en sus ojos y las manos en la boca.

Llegamos al mismo tiempo que Alice, Rose, Elena y Kath. El rey Swan, Stefan y Damon nos acompañaron segundos después.

Sentí mi corazón paralizarse, la única que faltaba ahí era Bella.

Ganándole al rey Swan, caminé presuroso hacia Antonella y la empujé ligeramente, asomándome a la habitación. Entonces sentí mi corazón romperse.

-¡Bella!- grité y corrí hacia ella.

Mi Bella, mi amor, estaba tirada en el piso de su habitación, los ojos cerrados y su piel, que había adquirido un tono dorado en el reino, estaba totalmente pálida. Pero, sin duda, lo que más me preocupó, fue su nula respiración.

Sin pensarlo, me aventé hacia ella. Charlie entró tras de mí y se colocó al lado de Bella, revisó su pulso y tembló.

-¡Antonella!- llamó desesperado.- ¡Llama un médico, un hechicero o lo que sea!

-¡¿Qué le paso?!- grité.

-Belladona...- susurró él.

Entonces recordé las palabras de Bella cuando estábamos en el bosque.

"-Hasta la más hermosa rosa tiene espinas.- susurró.- Se llama Belladona, es conocida por ser la más hermosa flor de todas pero también la más peligrosa. En sus pétalos contiene pequeños pelitos puntiagudos, que, cuando la tocan, el veneno sube por el tallo hasta los pelitos y entra en tu sistema, el efecto es casi inmediato.- explicó.

-¡Oh! ¿Y las daña a ustedes?- inquirí algo preocupado.

-Claro, es el único veneno capaz de matarnos...- respondió."

Quedé en shock por unos segundos. No, no, no... Dios, no, por favor.

-¡Papá!- sollozó Katherine.

-¡Aquí nadie hace esa clase de trabajos, papá!- gritó Elena.- Es demasiado complejo...

-¡Carlisle puede hacer algo!- sugirió Alice.

-¡Llámenlo!- exclamó Charlie.- Hagan lo que sea necesario.

Katherine se alejó de nosotros y tomó algo del suelo. Cuando se volvió, distinguí un papel rosa y la mitad de un chocolate.

-Considérate advertida...- leyó Kath.

-Mi hermano me las pagara.- susurró Charlie entre dientes con las mejillas empapadas en lágrimas.

Yo no estaba mejor.

-Se pondrá bien, papá.- lo consoló Elena.

-Lo mataré...- prometió Kath.- Lo mataré.

-¡Ya viene, Carlisle!- regresó Alice.

-¡Abran los portales!- gritó Charlie.

Todos los empleados de la casa, que se habían reunido en la habitación, corrieron hacia varios lugares.

En ese momento llegó Amanda.

-¡Pero...!- exclamó.- ¡¿Qué paso aquí?! ¡¿Qué hacen todos...?!- no terminó de preguntar cuando se percató del cuerpo de Bella.- ¡Dios Santo! ¡Mi niña!

Soltó los trapos que llevaba en las manos y corrió hacia nosotros.

-¡¿Qué ha pasado?!- gritó.

-Alguien la enveneno...- le susurró en respuesta Charlie.

Yo no sabía dónde estaba mi voz, la había perdido en cuanto había fijado los ojos en Bella.

Amanda soltó un sollozo.

-Mi ángel...- acarició la frente de Bella con cariño.

-Mi amor, por favor, hija, no te vayas...- le suplicó su padre.

-Alteza.- lo llamó un guardia.- El Dr. Cullen está aquí.

Mi padre entró en la habitación presurosamente y Charlie se levantó.

-Carlisle.- dijo con alivio.- Por favor, salvarla...

-Charlie.- lo saludó mi padre.- Te juro que lo haré. Necesito a todos fuera.

-Papá.- lo llamé.- Por favor, deja que me quede...

-No, Edward.- suspiró.- Necesito la habitación despejada.

Hundí mis hombros, no quería alejarme de Bella, no cuando estaba así... Tenía tanto miedo.

-¡Necesito a Antonella y a Amanda aquí!- ordenó papá.- ¡Los demás salgan!

Todos comenzaron a salir, muy a regañadientes. Por un segundo, sentí rabia al pensar que ellos se quedaban por morbo pero, después de observar los rostros de las personas reunidas, logré ver que, lo que los tenía ahí a todos, era suma preocupación. Algunos estaban preocupados, otros se veían furiosos y en sus mentes juraban matar a quien le había hecho eso a su princesa...

En ese momento, realmente vi el fuerte amor que los unía a todos, un amor sincero y dispuesto a todo. Eran una enorme familia.

-¡Su pulso se está debilitando!- ese gritó me sacó de todo.- ¡Fuera todos!

Ignorando a mi padre, me acerqué a Bella, sin embargo, antes de que la tocara, dos pares de manos me aferraron por los brazos. Stefan y Damon.

-Vamos, Ed.- me jaló Stefan.- Necesitamos salir.

-No puedo dejarla.- luché contra ellos.

-Sólo estas atrasando más todo, Edward.- intentó Damon.

Sentía en el pecho un enorme vacío, mi respiración estaba errática y sentía que moriría ahí mismo. Me dejé llevar por Stefan y Damon, sabiendo que era lo mejor, mi necesidad de estar con ella, de tomar su mano y de susurrarle que no me dejara aún estaba presente, más que nunca.

La puerta de roble se cerró ante mí, dejando dentro a la razón de mi vida, a mi padre y a dos chicas de noble corazón. Sólo atiné a golpearla cuando escuché a mi padre gritarle a Bella que respirará, que no se fuera.

Las lágrimas salieron de nuevo, más rápido que antes y mis piernas fallaron, dejándome arrodillado en el suelo cubierto de alfombras aterciopeladas.

-Ed...- susurró Stefan a mi lado.- Todo estará bien. Ella estará bien.

Entre los dos hermanos me ayudaron a pararme y a sentarme en los sillones más próximos.

Emmett, Jasper, Alice y Rose se acercaron a mí, tan destrozados como yo. Para Stefan, Damon, Emmett y Jasper, Bella era como su hermana pequeña, a quien debían proteger siempre. Para Alice, Rose y Fanny, ella era su mejor amiga, su compañera de chismes y risas.

Sin embargo, nada se podía comparar con Melany, Andrea, Kath, Elena y Charlie, era su prima, su hermana y su hija. Y podían perderla.

Yo tenía muy claro que hacer si ella se iba, la seguiría en cuanto pudiera.

En mi cabeza no cabía lo que acaba de pasar, no cuando, hace menos de una hora, habíamos estado hablando de su relación terminada con Harry. No cuando la había visto riendo y con ese brillo en los ojos.

Simplemente no podía.

-Mi hijo...- escuché el susurró de alguien.

Levanté mi vista para saber quién había dicho eso con tanto amor y me encontré con mi madre. Con Esme.

Sin pensarlo, me levanté y corrí hacia ella, abrazándola por la cintura.

-Mamá.- dije con voz ahogada por las lágrimas, los gritos y las súplicas que se amontonaban en mi garganta.- Se está muriendo, mamá.

-Ella estará bien, mi niño.- susurró ella, con voz confortable, sin embargo, se notaba la tristeza y la preocupación que la invadía.

Esme se separó de mí sólo para saludar a los demás y para confortar unos segundos a la familia directa de Bella, después de eso, se volvió a acercar a mí y se sentó en un sillón, llevándome con ella.

No sé cuánto tiempo estuve ahí, llorando y suplicando a lo más sagrado que había que ella se salvara, que viviera... Perdí la noción del tiempo e, incluso cuando deje de llorar, un peso se instaló en mí, privándome del movimiento.

Por mi mente sólo pasaban los momentos que había tenido con ella. Cuando la vi por primera vez, cuando se me declaró, sus ojos cuando llegamos al lugar del primer concierto, los fans aclamándola, ella dando autógrafos, sonriendo a sus fans, cuando se soltó en el concierto y cantó como si ese fuera su último día, el brillo de sus ojos. Sin embargo, también recordé los malos momentos, como cuando peleábamos por tonterías y dejábamos de hablarnos por días, cuando la traté tan mal...

Todos los recuerdos atormentaban mi mente, se azotaban en las paredes de mi memoria sin cesar, produciendo más lágrimas.

Quería tenerla a mi lado, quería abrazarla, quería decirle tantas cosas pero, por sobre todo, quería su perdón, lo necesitaba más que nada en el mundo, pero no más que a ella, nunca más que a ella.

El ruido de la puerta al abrirse me trajo a la realidad de nuevo. Carlisle había salido, al fin.

Todos nos aglomeramos a su alrededor, sin embargo, mi padre sólo se llevó a Elena, Kath, Charlie, Melany y Andrea a un lugar apartado de nosotros.

Suspirando de frustración y desesperación, me dispuse a observar los rostros de los Swan, tratando de encontrar un sólo signo de la situación. Efectivamente, lo hice. Los rostros de la familia cambiaron de la preocupación al terror, deteniendo mi corazón, después la confusión y el asombro los domino. Charlie preguntó algo a mi padre, llenó de ansiedad, mi padre contestó, dijo algo más y el alivio reino los rostros de las cinco personas.

¿Qué había pasado?

Ellos se abrazaron un momento y después volvieron los seis.

-¿Cómo está?- preguntamos precipitadamente todos.

Carlisle soltó una pequeña risa y después se puso serio.

-Los chocolates que había en su cama contenían Belladona, el veneno más potente de todas las dimensiones. Ella sólo comió la mitad de uno y Antonella la encontró rápido, por lo que, el veneno no fue demasiado, fuerte, más no demasiado y la atención llegó a tiempo.- explicó.- El medicamento no servía en su cuerpo inmortal, por lo que, tuvimos que invertir todo para que funcionara...

-¿Cómo que invertir?- preguntó Stefan con confusión.

-Volverla mortal.- respondió Carlisle.

Todos abrimos la boca, totalmente sorprendidos.

-¿Es...? ¿Es eso posible?- inquirió Alice, saliendo de su asombro.

-Tal parece que si.- dijo Carlisle.- Después de volverla mortal administramos el veneno y, afortunadamente, está dando resultado.- termino sonriendo.

Solté un suspiro lleno de alivio y las piernas me temblaron. Todos sonreímos y nos abrazamos entre nosotros.

-¿Cuándo podemos verla?- pregunté rápidamente.

-Ahorita está dormida, en algunas horas despertara.- sonrió.- Va a estar delicada, después de todo, no tendrá la fuerza a la que está acostumbrada y es normal que sienta náuseas o vomite. Significa que está sacando todo el veneno que ingirió.- informó.

-Ven, Carlisle.- llegó Charlie.- Esme, vamos a que tomen algo y les daré la bienvenida como se debe.

Mis padres se alejaron con Charlie, Amanda y Antonella, todos visiblemente más relajados.

-Te dije que estaría bien.- escuché a Stefan.

Se sentó a mi lado y Damon en el otro. Stefan puso una mano en mi hombro y Damon colocó sus manos en su rostro.

-Mataremos a la pequeña.- susurró.- Que susto nos dio.

Me reí.

-Aún siento que me desmayaré en cualquier momento.- dije.

Stefan río y Damon golpeo mi hombro.

-¡Que sea en tu habitación, hombre!- exclamó.- Así no tendremos que llevarte.

Los tres volvimos a reír.

-¡En mi vida me sentí tan aliviada!- musitó Fanny, llegando a nosotros con los demás.

Comenzamos a platicar entre todos, aliviados y sonrientes. Bella había hecho de las suyas de nuevo y no podía estar más feliz.


Bella Pov.

Me removí incomoda en mi cama, tenía demasiado calor, ¿quién había puesto sábanas tan pesadas? Quería quitarlas, estaba asándome.

Comencé a patalear, intentando quitar la molesta y pesada colcha.

-¿Bella?- escuché la voz de mi padre.

Abrí los ojos y la luz me molesto demasiado, volví a cerrarlos. La cabeza me molestaba demasiado.

-¿Papá?- inquirí con una voz que no reconocí.

-Aquí estoy, pequeña.- dijo con dulzura y acaricio mi cabello.

-¿Puedes cerrar las cortinas?- pedí con voz rasposa.

-Claro.- sentí que se movió y después la luz que se filtraba por mis párpados desapareció.- Listo.

Abrí los ojos y voltee a todos lados.

-¿Qué haces aquí?- quise saber.

Intenté sentarme pero me sentía demasiado débil, mis brazos no podían sostenerme. Lo miré alarmada.

-Tranquila.- susurró.- Carlisle dijo que sería normal.

-¿Carlisle?- pregunté.

¿Qué hacía Carlisle ahí?

-¿No recuerdas nada?- preguntó.

-¿Debo recordar algo?- inquirí más preocupada.

Papá suspiro.

-Alguien te enveneno, Bella.- informó.

Sentí que el color se fue de mi cara y mi corazón se detuvo por unos segundos.

-Los chocolates...- susurré y tomé mi cabeza cuando palpitó de forma insoportable.

-Exacto.- respondió mi padre.

-¿Saben quién?- pregunté.

Me miró como si fuera obvio.

-Aro...- comprendí.

Él asintió.

-Por un segundo...- comenzó.- Cuando te vi tirada, creí que moriría, Bella.

Miré a mi papá, sintiéndome culpable.

-Lo lamento, papá.- dije.

-No, Bella.- se apresuró a decir.- No fue tu culpa. Lo mataré, Bella, no me importa que sea mi hermano, eres mi hija y nadie te va a hacer daño.- prometió.

-Debí haberme fijado...- seguí.- Pero, pensé que Kath o Elena lo habían puesto. Ellas siempre me dan chocolates...

-No importa, hija.- me interrumpió con ojos llorosos.- Lo importante es que estas viva. Carlisle dice que la mortalidad se revertirá con el tiempo pero podemos apresurar las cosas...

-Espera...- lo interrumpí.- ¿Mortalidad?

Charlie suspiró.

-Eres humana, Bella.- soltó.- Carlisle tuvo que convertirte en mortal para poder aplicar el antídoto.

Mi boca estaba abierta, al igual que mis ojos.

-¿Qué?- susurré.

Mi estómago se revolvió de una forma nada agradable.

-Eso, cariño.- dijo.- Pero lo resolveremos...

-Creo que voy a vomitar.- avisé en un susurró.

Charlie se hizo a un lado y me ayudó a pararme. Cuando las náuseas se acentuaron, me solté de su agarre y corrí a trompicones hacia el baño, me doblé sobre el inodoro y vomité violentamente.

Mi papá llegó atrás de mí y me sujeto.

-Carlisle dijo que esto sería normal...- susurró mi papá.

-Pues no me gusta nada.- musité cuando terminé.

Me levanté, apoyándome en los brazos de mi papá y caminé al lavabo, tomé mi cepillo y me lavé los dientes.

Cuando terminé, comencé a caminar hacia mi cama. Mi papá intentó ayudarme.

-Tranquilo.- dije.- Yo puedo.

-¿No te sientes débil?- preguntó.

-Sólo un poco.- informé.

Me acosté y cerré los ojos, el dolor de cabeza aumentó.

-¿Cómo te sientes?- preguntó mi papá con preocupación.

-Mi cabeza duele demasiado.- contesté.

-Voy por una pastilla.- decidió.

Se levantó y salió del cuarto. Tiré mi cabeza en las almohadas y sisé por la fuerte palpitación que le siguió al movimiento.

¡¿Por qué?! Ahora estaba débil e indefensa ante los Vulturi, ¿qué iba a pasar ahora? Estaba claro que mis chicos podrían pero, ¿perderme la diversión? Joder, eso era mucho peor.

Mi papá regresó con la pastilla y volvió a salir, diciendo que debía avisar que había despertado.

Me tomé la pastilla y respiré profundo, intentando ordenar mi mente. Escuché la puerta abrirse y abrí los ojos rápidamente al sentirlo mirarme.

-Edward.- susurré sonriendo.

Al verlo, las preocupaciones quedaron a un lado y mis pensamientos fueron sólo a él. Estaba tan perfecto como siempre.

-Bella.- sonrió él y corrió a abrazarme.

Sentí sus brazos en mis hombros y mi cara en su pecho, rodeé su estrecha cintura con mis manos.

-Hola.- me reí cuando lo volví a tener frente.

-Casi muero del susto.- musitó.

Su semblante cambió y pasó a ser preocupado y afligido.

-Lo lamento.- susurré.

-Creí que te había perdido.- dijo con su mirada fija en mí.

Me mordí el labio.

-Todos te extrañamos.- se río.

-¿Me extrañaron?- pregunté confundida.

-Dormiste dos días, Bella.- informó.- Nos hacía falta tu risa, tu voz... Todo.

Me sonrojé y bajé la mirada.

-Pues, volví.- susurré.

-Y no sabes lo feliz que me hace eso...- sus dedos levantaron mi rostro y me miró fijamente.- Me encantan tus ojos.

Solté un bufido.

-Son cafés y ya.- repliqué molesta.

-No son sólo cafés.- contradijo.- Son profundos, llenos de emociones y hermosos.

Le sonreí, él siempre sabía que decir, en todo. Sonrió de regreso y comenzó a acercarse a mí.

Nerviosa, me di cuenta de que iba a besarme y decidí pararlo antes.

-Ed...- susurré cuando estuvo muy cerca.

No se movió.

-Bella...- comenzó pero se detuvo.

-¿Qué pasa?- inquirí.

Tomó un respiro y bajó la mirada, alejándose.

-Yo...- tragó con nerviosismo.- Quería hablar de lo que paso con Tanya...

Me alejé por completo de él y miré a otro lado, molesta.

-No quiero hablar de ella.- musité.

-Pero yo quiero hablar de ella.- contradijo.

En ese momento vi todo rojo, la furia subió por mi cuerpo y la cabeza me palpitó fuertemente.

-Pues ve con Damon o Stefan a hablar de eso.- ordené.- O tus hermanos, no conmigo.

Escuché que suspiro.

-Bella, quiero que sepas lo que realmente paso.- musitó.

Entonces perdí el control.

-¡¿Qué, Edward?! ¡¿Quieres que sepa cómo mierda te enamoraste de ella?! ¡¿Me vas a contar como late tu corazón cuando la ves?! ¡Gracias! ¡Pero no necesito saberlo!- grité furiosa pero dolida.

-No, Bella, yo...- calló y soltó otro suspiro.

-Déjalo, ¿puedes irte?- inquirí.- No me siento bien.

-No.- contestó.

Lo miré sorprendida.

-¿Qué?- solté.

-¡Eso, Bella! ¡No! ¡No me voy a ir hasta que me escuches!- exclamó.

Miré fijamente sus ojos, intentando retarlo, sin embargo, no soporté la presión de su mirada y bajé la mía.

-Bien.- dije.

Me levanté como pude de la cama, probablemente me hubiera ahorrado mucho, tal vez, hubiera sido mejor escucharlo, pero no lo hice. En cuanto mis pies tocaron el suelo, un mareo me asaltó de repente, me tambaleé y, en menos de un segundo, ya estaba Edward de mi lado, sujetando mi cintura firmemente.

Levanté la vista y lo miré fijamente, me fue inevitable bajar la mirada a su boca, aquella que me atraía de sobremanera. El aire se cargó de esa extraña electricidad, aquella que siempre nublaba mis pensamientos, era tan fuerte que casi podía ver las chispas saltar a nuestro alrededor. Nuestros rostros comenzaron a acercase, como si de imanes se tratase, sentí su respiración en mi rostro y el pulso se me acelero.

Una pequeña alarma se encendió en mi mente y estuve a punto de ignorarla. ¡Mierda! El deseo era tan fuerte...

Sin embargo, los recuerdos, inevitablemente, me invadieron, como nunca lo habían hecho, y la razón entró en mí de golpe. Me separé de un salto de él y tomé aire, intentando traer la coherencia de nuevo.

Sin mirarlo de nuevo, di media vuelta y seguí con mi camino.

-¿A dónde vas, Bella?- preguntó frustrado.

-Si tú no te vas, me voy yo.- contesté.

Edward suspiró y, de pronto, me tomó de la cintura y me volteó, choqué contra su duro pecho.

-Suéltame...- susurré sin mirarlo.

-¿Eso quieres?- preguntó.

Su cercanía me afectaba en exceso, por lo que, simplemente asentí.

-¡Mírame y dilo!- soltó molesto.

Levanté la mirada con vacilación y fijé mis ojos en los suyos. En ese momento, fui capaz de ver lo cerca que estábamos, nuestras narices casi se rozaban y nuestras respiraciones se entremezclaban, fui consciente de cada curva mi cuerpo totalmente adherida al suyo.

-Escúchame, Bella, por favor, te lo suplico.- rogó en un susurró.

Sus ojos se obscurecieron y una nube de tristeza los nubló.

-Edward...- susurré yo también.

Me soltó bruscamente, me dio la espalda y pasó sus manos por su cabello, después, me miró de nuevo.

-¡No, Bella! ¡Entiende que te amo!- gritó.

Me quedé paralizada en mi lugar.


Hola, a todos! Buenas casi madrugadas! Aquí vengo yo con el capitulo 13 listo! Que les pareció? Que tal el envenenamiento? Y Tanya? Realmente creen que solo fue para ver a Edward? Que tal nuestro querido Cullen sufriendo? Y a los Salvatore? Alguien mas aquí los ama? Al fin la confesión que tanto se esperaba! Hasta yo estoy emocionada! En el siguiente capitulo tendremos la conversación completa y una fiesta! Que emoción!

Quiero agradecer de nuevo a Vero porque sin ella este capitulo estaría hasta mañana! Gracias por presionarme amiga y por amenazarme con Jack y Elena! Te adoro mujer! :D

Los quiero mucho! Ya mañana es el ultimo dia del 2013! Gracias por estar un año mas conmigo y por seguir mis locuras y mis tonterías! Los amo como no tiene una idea! Con muchos o pocos comentarios, ustedes son lo mejor que me ha pasado nunca y por ustedes sigo aquí, luchando por lo que m gusta.

GRACIAS!

LOS AMO!

Alexa Swan de Cullen*