Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la maravillosa S.M. La trama si es mía y espero que la disfruten. :)


Capítulo 14: Deberes Reales.

Bella Pov.

-¿Qué?- susurré confundida.

En cuanto Edward pronuncio esas palabras, mi mente quedó totalmente en blanco, no pude pensar en nada, inclusive, dejé de respirar por unos segundos. Entonces, todo se desató: mi mente se llenó de todos los "te amo" de él, de cada momento juntos, de ese día... Y, ahí, me derrumbé.

Mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar como término todo: su grotesca forma de hablarme, sus gritos, aquel "no quiero saber nada de ti". Y la ira llegó entonces, me cegó por completo, sentía mi cuerpo arder en llamas y no controlé mis acciones.

Me separé bruscamente de él y lo abofeteé con la fuerza que mi cuerpo humano tenía, que era mucha, más que la de un humano promedio, si puedo presumir. Su rostro voló de lado.

-¡¿Me amas?! ¡¿En serio?! ¡¿Estás seguro?! ¡Si me amaras no me hubieras dejado como lo hiciste! ¡No me hubieras lastimado como lo hiciste! ¡Mucho menos hubieras ido a besuquearte con la perra de Tanya en mi cara como lo hiciste! ¡¿Sabes lo que es amar?! ¡Amar es cuidar y proteger! ¡Es unión! ¡Felicidad! ¡Es pasar buenos y malos momentos juntos! ¡Es apoyo, comprensión y confianza! ¡¿Sabes cómo se siente amar?! ¡Es sentir tu corazón latir al punto de explotar cuando ves a esa persona! ¡Que te sonrojes y rías tontamente! ¡Es que quieras estar todo el tiempo con él! ¡Mierda! ¡Es sentir que tu pecho se hincha de felicidad cuando lo ves reír! ¡Tal como yo lo hago! ¡¿Sabes por qué, Edward?! ¡Porque yo te amo! ¡Yo si te amo!- grité con lágrimas cayendo sin control por mis mejillas y la respiración agitada.

Llevé mis manos a mi rostro y quité las ligeras gotas bruscamente.

-Bella, lo sé...- musitó y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Entonces mi enojo decayó por completo. ¡Estaba llorando! ¡Mierda! ¡Edward nunca lloraba!

-Edward, lo lamento, perdí el control...- susurré atormentada.

-No, Bella, tienes razón, fui un idiota un verdadero estúpido. Te hice daño y eso jamás me lo voy a poder perdonar nunca en esta maldita vida, pero... ¿Sabes porque lo hace? Porqué te amo y temí que algo te pasara... Que ella realmente te hiciera daño.- terminó, negando con la cabeza frenéticamente.

-¿Qué estás diciendo? ¿Qué ella me hiciera daño? ¿Quién? ¿Por qué?- pregunté.

Edward sonrió amargamente.

-Tanya...- respondió con simpleza, su tono se llenó de amargo odio.

-¿Ella? ¿Qué...?- no entendía nada, mi mente era un desorden.

-Ella... Ella me amenazó, dijo que te haría daño y... Yo... En ese momento no supe que hacer... Quiero decir, ahora sé que ella nunca podría dañarte pero en ese momento el miedo me invadió... Yo... Yo no sabía que hacer... Y me desesperé porque el simple hecho de imaginar que algo te pase... Me resulta... Horrible.- se estremeció.- Y, estúpidamente, acepte el trato o la condición, más bien, que ella me puso...- decía.

-¿Qué condición?- lo interrumpí.

-Ella no te lastimaría si yo terminaba contigo y me quedaba con ella...- susurró con la vista gacha.

Abrí la boca, sorprendida, pero rápidamente llegó el enojo.

-¡Esa maldita perra! ¡La mataré! ¡Le arrancaré su peroxicada cabellera rubia! ¡Va a sufrir!- grité.

-Bells...- me llamó Edward.

-¡¿Qué?!- le grité.

-Calma.- susurró.

-¡Ya me calmé!- exclamé molesta.

Edward me miró con una ceja alzada. Respiré hondo.

-Ya me calmé, ya me calmé...- musité levantando las manos en señal de rendición.

Solté un suspiro, desordené mi cabello y me senté en la cama. Sentía mi cabeza como si fuera a volar en mil pedazos y el cansancio de apodero de mí. Realmente era demasiado.

-Bella, lo lamento...- Edward se sentó a mi lado.- No quería pero... Sentí miedo de perderte... De qué ella te hiciera algo.- negó repetidamente con la cabeza.

-Pero... Ella jamás podrá hacerme daño...- dije.- No se compara...

-¿Y esto? Estoy completamente seguro de que ella tuvo algo que ver con esto.- aseguró.- No sabes lo que sentí cuando escuché el gritó de Antonella y vi que estaba fuera de tu habitación... Y... Cuando te vi a ti... Casi... Yo... Simplemente... No...- se pasó las manos por el cabello y lo jaló, mostrando su desesperación.- Creí que el veneno te mataría y... Si eso pasara... Yo no dudaría en seguirte.

-¡Edward!- exclamé en un susurro, interrumpiéndolo.

Me miró fijamente y tomó mis manos entre las suyas.

-Bella, si algo te pasara yo no podría con ello, eres mi vida entera, aunque no lo haya demostrado en los últimos meses. Bells, te amo, no puedo estar sin ti, todo eso que dijiste un momento, lo de amar a alguien, yo lo siento, pero no con Tanya, lo siento contigo. Bella, lo lamento si te dañe y lo lamento mucho. Mi razón para seguir vivo es hacerte feliz y no lo estoy cumpliendo, lo lamento, estoy dispuesto a todo por ti, puedo ponerme de rodillas ahora, ¡en este instante! ¡Sólo si así consigo tu perdón!- exclamó.

Hizo ademán de pararse pero yo tomé sus manos firmemente.

Mi mente se sumergió en las razones y opciones que tenía. La opción uno era enojarme porque no me lo había dicho antes, eso, sin duda, habría cambiado las cosas demasiado, sin embargo, no podía enojarme con él, ya que, aunque estúpida e innecesariamente, me había protegido... Lo que me llevaba a la segunda opción, la más probable: perdonarlo, así de simple, perdonar todo lo que hizo... No lo había hecho con el fin de dañarme, si no de protegerme.

Suspire.

-Edward... Todo está bien, te perdono.- dije sinceramente.

-¿En serio?- cuestionó luego de permanecer callado unos segundos.

-¡Claro! ¡No puedo enojarme cuando lo hiciste por protegerme!- exclamé.- Sólo, ¿por qué no me lo contaste antes?

-Porque temí que te reaccionarás mal, que te molestarás o no sé...- respondió estremeciéndose.

-¿Cómo podría molestarme ciado me protegiste?- pregunté.- Estúpida e innecesariamente, pero lo hiciste.- agregué.

-Fui muy idiota, Bella.- respondió apenado.

-Demasiado.- completé en un susurró.- ¿Cómo paso todo?

Edward soltó un suspiro.

-Todo empezó el día que llegó Tanya, ¿recuerdas que íbamos a salir?- asentí en respuesta.- Bien, cuando mi familia fue a tu casa, yo me quedé, ya que tenía que terminar de arreglarme. Tanya también se quedó porque, según ella, ni loca iba a la Mansión Cullen.

Sonreí.

-Y yo ni loca la dejaba pasar.- comenté.

Edward soltó una risa.

-De acuerdo, estaba terminando de ponerme la corbata cuando Tanya entró a mi habitación, sin tocar ni nada, le pregunté que qué era lo que quería y comenzó a mandar indirectas de nuestra relación, a hacer preguntas y todo eso. Unos minutos después, le pregunté el porqué de todas las preguntas y ella sólo dijo: "Me pregunto qué harías por ella..." Yo le respondí que todo y ella se aprovechó de eso...- paró un segundo, recordando.- Entonces me amenazó y, al principio, me negué pero ella supo manipularme a la perfección."

"Según su plan, lo primero que debía hacer era cancelar la cita de esa noche con ese mensaje tan cortante... Y esa noche yo...- calló bruscamente.

-"Se cancela lo de hoy."- repetí casi automáticamente el mensaje, él asintió.- ¿Tu qué?

Soltó un suspiro roto y sus ojos se humedecieron. ¿Acaso él iba a decirlo? ¿Iba a contarme de la propuesta de matrimonio?

-Nada... Sólo... Ella me convenció de fingir que estaba con ella, usándote a ti todo el tiempo.- evadió la pregunta.- Por eso termine contigo de esa forma. No sabes lo que me dolió verte así de lastimada, el saber que yo era el causante... Me destrozó, juro que odie a Tanya en ese momento por obligarme y me odie más a mí mismo por hacerlo...

"Yo debía de fingir que no me importabas, que me era indiferente su dolor..."

"Cuando grabamos la escena fina, la boda, yo... Mierda, deseaba que eso pasara en verdad pero podía ver el recelo y el dolor en tus ojos, eso me recordaba lo que había pasado y el odio volvía a mí... No sé cómo soporté pero... Debía hacerlo, por ti, por tu seguridad. Debía protegerte, pero no me di cuenta de que estaba lejos de protegerte, estaba dañándote más..."

"Traté de hablarte y explicarte pero tú me evadías. Cuando me enteré de que salías con Harry los celos me invadieron, él si podía tocarte, abrazarle y hasta besarte... Yo no, yo había perdido ese derecho, algo dentro de mí se encendía, era como un instinto de posesión y me daban ganas de ir hacia ti y tomarte porque, en mi mente y en mi corazón, tú eras mía...- confesó avergonzado.- Sólo espero poder conseguir tu perdón por completo, después del todo el daño que te cause..."

Sin poder evitarlo, coloqué mi dedo en sus labios, callando sus nuevos ruegos. Él beso el dedo con devoción.

-Edward, ya te dije que si te perdono, lo hiciste por buena causa, tú no querías y creo que yo hubiera hecho lo mismo por ti, así que, tranquilo, sin rencores.- musité.

Edward sonrió y soltó un suspiro de alivio.

-¡Gracias, Bella! ¡Gracias!- gritó sonriendo y me atrajo en un cálido abrazo.

Me corazón dio un vuelco al encontrarme de nuevo entre sus brazos, sin embargo, una sensación de incomodidad se apoderó de mi al pensar en Tanya en esos brazos y me separé rápidamente.

-Bien, todo olvidado.- murmuré levantándome.

-Bella...- me llamó él en un susurró.

Me volví hacia él.

-¿Qué?- pregunté.

Sin contestarme, tomó mi rostro entre sus manos y comenzó a acercarse lentamente hasta que sentí su aliento entrando por mis labios entreabiertos. Yo sólo estaba ahí, parada, esperando que terminara de acercarse, quería callar ese exigente deseo que sentía, tenía que besarlo... Pero nuevas imágenes de él y Tanya se filtraron en mi mente, ¿nunca iban a parar?, y me separé de él delicadamente.

-Edward...- comencé, pero no supe cómo seguir.

-¿Qué pasa?- preguntó ante mi silencio.

-Yo...- dije.- Te perdoné, pero eso no cambia nada entre nosotros.- solté seria.

-¿Qué?- susurró con el ceño fruncido.

-Eso, lo siento, Ed, pero no me siento lista para volver a tener un "nosotros"- expliqué.

Edward frunció más el ceño, pero ahora, con dolor y sus ojos se nublaron de tristeza. Casi me golpeo por hacerle eso pero él debía entender.

Pasaron varios minutos, en los cuales, ninguno hablo, entonces, Edward sonrió.

-¡No importa, Bella!- exclamó y yo le levanté una ceja.- ¡No, no! ¡Voy a recuperarte! ¡Lo sé! ¡No sé cómo! ¡Pero lo haré! ¡Me esforzaré! ¡Voy a demostrarte que realmente te amo!- exclamó con ánimos renovados.

Me reí algo avergonzada por su mirada tan fija.

-Pues... Puedes tratar.- musité.

-Lo haré, en serio lo haré.- prometió en un susurro.

Le sonreí y, cuando menos lo esperaba, se inclinó y presionó sus labios firmemente contra los míos. Me beso lenta y delicadamente, tomó mi cintura y presionó mi cuerpo contra el suyo. Mi respiración se agitó y le devolví el beso, en ese momento olvide todos los problemas, sólo éramos él y yo, como siempre lo habíamos sido, casi podía sentir su corazón latiendo frenéticamente contra mi pecho, al igual que el mío.

Nuestras lenguas danzaban juntas, felices de estar de nuevo juntas.

Estábamos metidos en ese beso cuando un fuerte carraspeo hizo que nos separáramos bruscamente.

Me volví hacia el sonido, dispuesta a matar a quien se había atrevido a interrumpirnos, sin embargo, terminé sonrojada hasta la punta del pie al ver a mi padre parado enfrente de nosotros, mirándonos con el ceño fruncido.

El ambiente se tensó de inmediato.

-Amm... ¡Hola, papá!- exclamé después de una vacilación pequeña.

-Hola.- respondió seco.

-Majestad.- hizo una reverencia Edward.

-Edward.- contestó.- Muchacho, ¿cuántas veces debo decirte que me digas Charlie?- agregó sonriendo, rompiendo así la tensión del momento.

Respiré aliviada.

-Demasiadas, su Majes... Charlie.- se corrigió a si mismo luego de ver la ceja alzada de mi padre.

-¿Cómo te sientes, cariño?- preguntó papá.

-Bien.- respondí con simpleza.

-Su, ya vi, ¡más que bien, diría yo!- exclamó mi padre.

Me sonroje de nuevo.

-¡Papá!- susurré alterada.

Mi padre río desvergonzadamente.

-¡Tranquilos! ¡No les diré a sus hermanas! ¡Aún!- exclamó.

Lo vimos alarmados.

-¡No lo harías!- espeté.

-Majes... Charlie.- corrigió Ed.- Por favor, no lo haga.- rogó.

-Lo pensaré.- se burló mi papá.

Fruncí el ceño hacia él.

-Hija, recuerda la soirée de hoy.- dijo.- ¿Te sientes bien para ir?

-Sí, papá, tranquilo, estoy bien.- le aseguré.

-De acuerdo, le llamaré a Rebekah para que te ayude con el vestido y maquillaje.- informó.

Asentí emocionada. Rebekah era la estilista del castillo, una verdadera profesional, por si fuera poco eso, ella era una Original, era una de los primeros vampiros en el mundo. Además, claro, que era como una hermana para mí.

-¿A qué hora?- pregunté.

-La soirée empieza a las ocho, así que, como a las cinco o seis de la tarde.- respondió.

-¡Hecho!- grité.

-Descansa en que lo que la hora.- recomendó saliendo de la habitación.- Edward, necesito que me acompañes a hacer algunas cosas.- pidió.

Edward asintió en dirección a mi padre y se volvió hacia mí.

-Pues... Entonces... Adiós.- se despidió sonriéndome torcidamente.

-Adiós.- respondí con una tímida.

Salió justo detrás de mi padre y cerró la puerta, no sin antes susurrarme un "descansa".

Suspiré sonriendo y me tiré en la cama, recordando todo lo que había pasado en los últimos momentos, su declaración, los gritos, el perdón... Su beso... En este recuerdo demoré más de lo debido, volviendo a sentir sus labios contra los míos, nuestros cuerpos pegados, sus manos en mi cintura... Todo. Llevaba meses sin sentir mi corazón así de vivo...

Otro suspiro salió de mis labios, pero estaba cansada, por lo que, prontamente y entre recuerdos me quedé profundamente dormida.


Edward Pov.

Hacía poco había salido de la habitación de Bella con el Rey Charlie delante de mí. Aún podía sentir sus labios contra los míos, su respiración en mi rostro, su pequeño cuerpo pegado a mí... Y la fuerte bofetada que me había dado, la mejilla me ardía como los mil demonios.

Ahora que Bella sabía toda la verdad me sentía libre, feliz, emocionado. Sabía que ella había dicho que no podíamos volver pero yo la haría cambiar de opinión, le demostraría que la amaba y que lo de Tanya había sido mera idiotez mía.

Bella no necesitaba protección, ella podía cuidarse sola, ¿por qué me era tan difícil entenderlo y aceptarlo? Supongo que cuando amas tanto a una persona quieres salvarla de todo y evitarle todo el dolor, pero no se puede.

Pronto llegamos al despacho del Rey. Me dejó entrar sin decir ni una palabra y entró él detrás, cerrando la enorme puerta.

Estaba algo incómodo y avergonzado con él, quiero decir, nos había encontrado a Bella y a mí en medio de un beso un tanto subido de tono y luego había bromeado sobre ello.

Suspiré y una sonrisa se plantó en mi rostro al recordar el beso que había compartido con Bella. Había sido tan maravilloso, tan natural, tan lleno de amor...

Charlie pasó junto a mí y se sentó en el enorme pero visiblemente cómodo sillón que se encontraba detrás del escritorio, enorme también, de roble.

-¿Qué necesita, señor?- pregunté curioso.

Había dicho que quería que lo acompañara y hasta ese momento no había dicho ni una sola palabra.

-Sí, tengo que tratar algunos temas y te necesito a ti.- dijo.

-Dígame en que puedo ayudarle.- sonreí.

Había estado varias veces con Charlie arreglando las cosas del reino y proponiendo soluciones para ciertos problemas que había. El Rey había dicho que no quería molestar a Bella y preocuparla con los problemas del reino, que no era muchos. Por otro lado, mis hermanos se habían botado de risa y habían estado burlándose diciendo que Charlie estaba preparándome para ser el Rey de Odette.

Ese pensamiento me asustaba pero me llenaba de un sentimiento extraño, como una combinación de orgullo, satisfacción, felicidad y amor. Porque, eso significaría que Bella y yo estaríamos casados y, además, yo ya amaba Odette como si hubiera nacido y vivido toda mi vida ahí.

-En un tema muy especial para mi.- comenzó.- El amor.

¿Qué...? ¿Había dicho amor?

-Señor...- comencé inseguro.

-Charlie.- corrigió él.

-Charlie...- repetí más inseguro.

Él soltó una estruendosa carcajada.

-¡Debes ver tu cara!- exclamó pero se puso serio de inmediato.- En serio, muchacho, ¿crees que no me doy cuenta de cómo la miras?

-A... ¿A quién, Charlie?- pregunté, deseando poder desaparecer.

-A Bella.- respondió sonriendo.- Mira, Edward, tu sabes cómo amo a Bella y sabes todo lo que hemos pasado para poder estar aquí. Es mi hija intermedia, es la futura reina de Odette, es la que más se parece a su madre, físicamente, es la equilibrada y es la fuerte, pero nada de eso sirve para ella si no está contigo.

-Charlie...- suspiré.- Esto es algo incómodo para mí.- reímos.- Pero usted debe saber que amo a su hija con el alma entera. Cometí un error hace unos meses al dejarla ir pero fue para protegerla.

-Bella no necesita protección.- sonrió con orgullo.- Ni siquiera aceptó la mía.

-Ella es así.- dije.- Yo debí decirle, si lo hubiera hecho nada de esto habría pasado.

-Pero el "hubiera" no existe.- musitó Charlie.- Nosotros podemos detener el tiempo, pero no podemos regresarlo. Si detenerlo va a ayudarte a recuperarla, dime, y estoy seguro de que lo cumpliré, todo por ver a Bella bien.

-No, señor.- dije.- Yo le acabo de hacer una promesa a Bella y la voy a cumplir. No quiero arreglar las cosas con ella usando magia, quiero que ella vea que realmente la amo y para eso voy a actuar. Voy a hacer todo lo posible, y hasta lo imposible, para recuperar la confianza de ella...

-Y su amor...- interrumpió Charlie.

-Y nuestro amor.- asentí con una sonrisa.- ¿Por qué estás haciendo esto? Lastimé a Bella, deberías odiarme.

Charlie río con ojos tiernos.

-Nunca podría odiar a quien ella ama tanto.- respondió.- Y sé que tú también la amas, sé que lucharás por ella y sé que ustedes serán felices.

-Eso espero yo, Charlie.- murmuré.

-¡Claro que lo serán!- exclamó.- Los he estado observando y ustedes no trabajan bien separados, tienen que estar juntos. Se aman y, aunque no me caes precisamente bien en estos momentos por lastimarla...- volvimos a reír.- Yo te apoyo y espero que se casen y me den nietos.

Me atraganté, así de simple, me atraganté con mi propia saliva y comencé a toser frenéticamente. Charlie soltaba carcajadas divertidas cada dos segundos y termino tosiendo también.

-¿Mejor?- pregunté con voz ahogada cuando ambos dejamos de toser.

-Mejor.- respondió de la misma forma.

Soltamos otra risita divertida.

-Bueno, pues, ya que hablamos de esto.- sonrió Charlie.- Puedes irte, pero prométeme que serás tú quien me sustituya en el trono y no otro idiota.

Casi vuelvo a atragantarme cuando lo escuché. ¿Él estaba dándome algo parecido a su bendición para que nos casáramos? ¿Bella y yo? ¿Y quería que fuera yo quien lo sustituyera en el trono? ¿Estaba soñando?

-Lo prometo.- alcancé a susurrar.

-Bien, muchacho.- asintió.- Puedes irte.

Salí aturdido del despacho de Charlie pero, rápidamente, mi estado de ánimo cambio y pasó a uno más alegré. Realmente Charlie me había dado su bendición para estar junto a Bella por toda la eternidad, ¿era normal sentir todo como si fuera un sueño o una alucinación? Porque así me sentía.

Tuve que controlarme para no ponerme a saltar como una nenita. Ahora sólo tenía que conseguir la confianza de Bella.

Ouch.


Bella Pov.

-Bells...- me llamaban.

-Hermana...- canturreó otra voz.

-Rebekah llegó.- avisaron.

Y eso fue todo lo que necesité para que mis ojos se abrieran.

-¿Qué?- susurré con voz pastosa y tallándome los ojos.

-Rebekah nos está esperando en el salón principal.- explicó Kath.

Cuando logré sacar la pereza de mi cuerpo, abrí los ojos, encontrándome con mis hermanas.

-Alice, Rose y el resto ya están con ella, nosotras subimos por ti.- informó Elena.

-Claro, bajemos.- musité un tanto confundida.

¿Eran las cinco ya? Yo sentía que había dormido sólo unos segundos...

-¿Hace cuánto llegó?- le pregunté a mi hermana mayor.

-No hace mucho. Diez minutos a lo mucho.- respondió.

-¿Cómo te sientes?- cuestionó Elena, preocupada.

-Bien, algo cansada aún, pero bien.- respondí.

-¿Segura?- preguntó Kath.

-Si.- dije mirándola significativamente.

No quería que se preocuparan ni que me agobiarán.

-Bells, si te sientes mal o algo, no importa el Protocolo, quiero que regreses a tu habitación y como necesitas descansar no te quedarás hasta el final.- ordenó Elena.

-¡¿Qué?!- exclamé sorprendida.- Pero...- traté de decir.

-¡Pero nada, Bella!- me interrumpió Kath.- ¡Fuiste envenenada y ahora eres humana! ¡No es pregunta! ¡Es orden!- terminó mi hermana mayor, mirándome con seriedad.

-Bien...- murmuré.

Para ese momento, ya estábamos en la sala principal y, ahí, parada en el centro, estaba Rebekah, la hermosa chica de largo y ondulado cabello chocolate, curvas marcadas y una esbeltez sublime, sus ojos eran color castaños, era de tez morena y ojos castaños. Su actitud la convertía en una persona inigualable.

-¡Bella!- exclamó corriendo hacia mí.

-¡Rebekah!- grité.

Cuando me alcanzó, ya que, yo no podía correr, ambas nos envolvimos en un abrazo lleno de cariño, tratando de recompensar los siglos que habíamos estado lejos.

-¿Cómo estas, mujer?- preguntó en un animado tono.

-Bien, tanto sin vernos, Rebekah.- respondí sonriendo.

-¡De hecho! ¡Siglos!- río.- Pero bueno, ¡empecemos con la terapia!- exclamó con emoción y soltó un gritito.

Nos reímos ligeramente y subimos hacia mi habitación.

En el camino nos topamos con Edward, quien venía saliendo del estudio de mi papá, demasiado sonriente.

-¡Edward!- saludó Elena.

-Hola, chicas.- respondió él.

Sus ojos recorrieron a todas y, cuando llegó a mí, me sonrió. Claro que yo me sonrojé.

-Hola, Bella.- se dirigió a mí con una profunda mirada.

-Hola.- susurré mirándolo fijamente, con las mejillas totalmente encendidas.

Sonrió torcidamente.

-¿Cómo te sientes?- preguntó.

-Bien, algo... Algo... Mmm...- mirar sus ojos hacia que perdiera la concentración.- ¿Cuál era la pregunta?

Edward soltó una risa encantada.

-Que como te sientes.- respondió.

-¡Oh! Bien, algo cansada.- me apresuré a decir antes de caer de nuevo en su encanto.

Él sonrió más. Sabía el efecto que causaba en mí y verme nerviosa ante él le satisfacía.

-Ten cuidado, amor, no quiero que te pase algo malo...- musitó.

Me guiño un ojo, dio media vuelta y se alejó, dejándome paralizada por unos segundos.

Me había dicho "amor". No puede evitar comportarme como una adolescente y comencé a gritar y brincar en mi lugar ante la confundida mirada de mis hermanas y amigas.

-Bien, quiero saber ya que pasa aquí.- ordenó Alice.

El resto asintió, de acuerdo con ella.

-¿Acaso te dijo "amor"? ¿Volvieron?- inquirió Elena muy sorprendida.

-¡No! ¡Vamos a mi habitación! ¡Ahí les cuento!- musitéis

Al llegar a mi cuarto, procedí a contarles todo lo que había pasado, claro que, a Rebekah, le conté desde el principio.

-¡No puedo creerlo!- exclamó Alice indignada cuando finalicé el relato.

-¡Maldita rubia teñida! ¡Es una perra!- gritó Rose, totalmente colérica.

-Sí, la verdad, que mala onda.- dijo Rebekah, bastante sería, lo cual, era señal de su furia contenida.

-Así es, eso pasó, que Tanya se metió.- murmuré.

-¡Esa maldita ya se metió mucho!- gritó Mel.

-¡Hay que encontrar la forma de vengarnos!- sugirió Fanny.

-¿Y cómo?- preguntó Andy.

-Chicas, eso tendremos que verlo luego. Si quieren estar listas para la soirée hay que comenzar ya.- interrumpió Rebekah, haciendo una mueca burlona al pronunciar "soirée".

Todas estuvimos de acuerdo y, prontamente, nos sumergimos en un ambiente de relajación. Era como estar en un Spa.

Rebekah nos aplicó varías mascarillas y cremas de diversión colores, marcas y texturas, con diferentes propósitos e ingredientes. Nos hizo darnos un baño de agua de rosas con romero, luego, aplicó mascarilla se arcilla en nuestro cuerpo y aceite de romero en el cabello. No tengo claro aún como lo hizo pero, en menos de una hora, nuestra piel estaba tan suave como la de un bebé, nuestro cabello brillaba y caía sedoso por nuestras espaldas.

Entonces comenzó la sesión de maquillaje. Rebekah comenzó por Melany, siguió Fanny, Andrea, Alice, Rose, Elena, Kath y yo.

Terminamos cerca de tres horas después, exactamente a las ocho, pues habíamos empezado a las cinco.

Mis chicas habían quedado hermosas, todas. Sus vestidos, que iban de colores como el azul turquesa hasta el negro, tenían encaje, mangas finas y largas o sólo no tenían.

Mi vestido era color dorado, con un poco de encaje en la parte superior del pecho, el corsett tenía diseños de flores y hojas, tenía un lazo debajo del pecho con una piedra ámbar en el centro ovalada, la falda caía como cascada hasta el suelo y tenía una pequeña cola, a la altura de la cadera tenía una flor blanca como adorno. Contenía una capa de tela transparente con diversos dibujos en dorado, se unía a un collar con una piedra ámbar que caía con delicadeza por mi cuello, la capa se arrastraba en una cola un poco más larga que la del vestido.

-Sus altezas.- tocó la puerta una mucama.- El salón está lleno, las están esperando.

-Muchas gracias, Calixto.- dijo Kath.

-Enseguida bajamos.- seguí yo.

La mujer hizo una reverencia y salió.

-¿Listas, chicas?- les hablé a Rose, Alice y Fanny.

Ellas asintieron con nerviosismo.

-No quiero alterarlas... Pero recuerden que es su primera presentación al reino, la más importante.- musitó Rebekah como si nada.

-¡Gracias! ¡Eso me deja muy tranquila!- exclamó Rose con sarcasmo.

-¡No!- respiro hondo Rebekah.- ¡no me grites!- terminó en broma.

-Cálmense, chicas, no van a matarlas.- aseguré sonriente.

-Son los nervios.- excusó Alice.

-Ósea que se presentan en un escenario con más de diez mil personas pero un evento de doscientas les aterra.- bromeó Kath.

-Pero esas diez mil personas no eran reyes o duques...- corrigió Fanny.

Rebekah, mis primas, Kath, Elena y yo reímos en voz alta.

-¡Hora de bajar!- exclamé emocionada.

Las chicas soltaron un gritito, algunas emocionadas y otras aterradas.

Salimos de aquella habitación para dirigirnos a la sala principal.

Kath, Elena, Rebekah, Melany y Andrea caminaban, casi corrían, emocionadas. Rose, Alice y Fanny iban más atrás, como queriendo retrasar el momento.

Yo caminé lentamente y las iguale. Me sonrieron.

-¿Qué pasa, chicas?- cuestioné.

-Son los nervios.- respondió Alice.- Nunca habíamos estado en una situación así.

-Escuchen, chicas, sé que todo esto puede sentirse y verse enorme, también sé que es estresante pero el secreto es disfrutarlo. Como cuando estamos arriba de un escenario o Fanny grabando el programa, esa adrenalina y grandeza al saber que todos te miran y claman por ti.- dije.- No importa lo que pase ahí abajo, chicas, todos las van a admirar.

Ellas sonrieron.

-Gracias, Bells, me siento mejor.- cometo Rose.

-Y si no yo los amenazo.- sonreí.

Ellas soltaron una carcajada.

-Gracias, Bella.- dijo Fanny irónicamente.

Alice levantó el pulgar hacia mí, aun soltando risitas.

Seguimos caminando con tranquilidad por el enorme pasillo.

Teníamos que bajar dos pisos más para la sala principal, por lo que, acordamos usar magia y nos tele transportamos el pie de las escaleras del primer piso, frente de nosotras había un pequeño pasillo, el cual recorrimos con rapidez, seguido de una enorme puerta de roble, custodiada por dos guardias.

Al vernos, hicieron una reverencia y abrieron la puerta, dejándonos al descubierto.

Primero presentarían a mis primas, seguidas de Rebekah, Alice, Rose, Fanny y, finalmente, mis hermanas y yo.

-Damas y caballeros.- habló el vocero, atrayendo la atención de todos.- Ante ustedes, recibimos a: Andrea Swan y Melany Swan, duquesas de Slightly.

Mis primas bajaron sonriendo con su habitual elegancia.

-Princesa de Atlántica: Rebekah Di Gennaro.- continuó.

Rebekah bajó con la sensualidad que la caracterizaba.

-Las señoritas: Mary Alice Cullen, Rosalie Lilian Hale y Tiffany Brewster, duquesas del Reino de Odette.

Me sorprendió la gracia, elegancia y feminidad con la que bajaron mis amigas, una tras otra, con las adorables sonrisas en sus rostros, ¡y ellas que están nerviosas! Todo el salón se levantó en adulaciones y aplausos.

-Sus altezas reales: Katherina Swan Petrova y Elena Swan Petrova, princesas del Reino de Odette.

Mis hermanas me abrazaron y bajaron luciendo hermosas. Todos los invitados hicieron reverencias.

-Su alteza real, Isabella Marie Swan Petrova, duquesa de Atlántica, condesa de Biggertown, duquesa de Wolf Kingdom, gobernante de Volterra, duquesa de Slightly y futura reina del Reino de Odette.

Las puertas se abrieron para mí y comencé a descender por las escaleras, sonriendo. Los invitados me reverenciaron por unos segundos, mis ojos buscaron de inmediato a Edward. Cuando lo encontré, lo vi sonriéndome y yo le devolví el gesto.

Terminé de bajar las escaleras y me reuní con mis chicas.

-¡Hey!- saludé.- ¿Verdad que no fue tan complicado?

Ellas rieron.

-¡Fue magnífico! ¡Todos nos miraban!- exclamó Rose.

-Yo no sé ustedes, pero estaba deseando no caer por las escaleras.- comentó Fanny.

Sonreímos divertidas.

-Y creo que yo aún tengo náuseas.- dijo Alice tocándose la boca del estómago.

Rose, Fanny y yo dimos un paso hacia atrás en perfecta sincronía.

Soltamos una carcajada discreta.

-¡Les dije que les iría bien!- dije.

A continuación, llegaron Jasper y Emmett, acaparado la atención de Alice y Rose. Fanny se alejó a "socializar" según ella, Elena y Kath revisaban que los invitados estuvieran a gusto y Andy a perdió con Mel.

Me quedé sola hablando con Sioban, la gobernante de Slightly. Ambas charolábamos animadamente acerca de los vestidos y sus diseñadores cuando Edward llamó mi atención.

Él estaba hablando con la hija de mi acompañante, Maggie, una bella chica de cabello pelirrojo, rizos, figura perfecta y ojos azules.

Los celos brincaron al instante.

-¡Oh! ¡Creo que Maggie ha encontrado a un pretendiente!- exclamó Sioban.- ¿Quién es él?

Eso sólo causo que mis celos aumentarán.

-¿Me disculpas un segundo?- pregunté cortésmente, ignorando su pregunta y guardando mi ira.

-¡Claro, cariño! ¡Sal a tomar algo de aire! ¡Éstas sonrojada!- comentó Sioban.

-No se preocupe, iré a tomar aire.- le aseguré.- No me siento muy bien.- terminé y, sin esperar respuesta, comencé a caminar.

Le eché un último vistazo a Edward y vi que me miraba preocupado, le regresé una mirada cargada de ira.

Al salir, el aire frío me refrescó la mente y aclaró mis sentidos. Entonces, pude pensar con claridad y, al instante, mi mente se llenó de preguntas, todas cuestionando los sentimientos de Edward.

Mi mente me recriminó mis acciones, quiero decir, ¿por qué mierda había actuado así? Edward y yo no éramos nada, no tenía derecho de celarlo...

"¡Alto ahí!", me frenó una voz en mi mente, "¡Él te beso hace unas horas!", rememoró.

¡Eso era verdad! ¡Edward me había besado y me había dicho que me amaba por la mañana! ¡Eso me daba derechos suficientes para molestarme! ¿No?

¿Por qué me había dicho que me amaba y me había besado? ¿Fue cierto? Porqué de haber sido cierto, no tenía por qué coquetear con Maggie.

"¡Pero no coqueteaba con ella!", gritó la misma voz.

-¿Entonces que hacían? ¿Hablaban sobre el clima?- hablé en voz alta.

¡Mierda! Tenía que calmarme, tal vez sólo hablaban como amigos... Pero, ¿cómo confiar en alguien que te mintió? Quien lo hace una vez, lo hace varias...

"¡Lo hizo para protegerte!", exclamó mi voz interna.

¡Era verdad! ¡No tenía que culparlo de nada!

Solté un gritito de frustración y resoplé.

-Tranquila, Bells, te va a dar algo.- musitó Edward en mi oído.

Salté en mi lugar de la sorpresa, más no le respondí.

-¿Qué ocurre? ¿Éstas bien?- inquirió al no obtener respuesta.

-Si.- respondí con brusquedad.

-¿Qué ocurre?- preguntó confundido.

Entonces no controlé mi respuesta.

-¿Por qué no le pregunta a Maggie? Tal vez ella te diga.- contesté con ira.

-¿Qué?- cuestionó sorprendido.

-¡Nada!- exclamé con las mejillas rojas, no sabía si de ira o de vergüenza.

-¿Maggie?- volvió a preguntar.

-Pelirroja, rizada, perfecta, ¿te suena?- espeté.

-¡Oh! ¡Maggie!- exclamó con reconocimiento.

-¡Si! ¡Maggie!- exclamé con falsa emoción.

-Sí, la conocí, es una chica increíble...

Lo miré con una ceja alzada, furiosa e indignada.

-¡Que felicidad!- susurré, mirando hacia otro lado.

-¡Espera...!- se detuvo abruptamente.- ¿Éstas celosas?

-¡No!- grité.

-¡Oh! ¡Si éstas celosa!- gritó Edward extasiado.

Bufé.

-Claro que no.- murmuré.

Él se colocó detrás de mí, abrazó mi cintura y pegó su boca en mi oído.

-Vamos, amor, te dije hoy que te amo a ti y es cierto, no quiero a otra, sólo a ti.- murmuró.

Su aliento me hizo cosquillas y su proximidad envió un estremecimiento por mi cuerpo.

-¿Por qué estabas con ella, entonces?- pregunté con algo parecido a un puchero que estaba intentando ocultar.

Me volteó, de manera que nuestros pechos estaban totalmente pegados, nuestras respiraciones se mezclaban y aturdían mis sentidos. Traté de dar un paso atrás para poner distancia por mi cadera chocó contra el muro de piedra que había detrás de mí.

-Bella, sólo estábamos hablando, te lo prometo, no, te lo juro.- se corrigió.- ¿Aún desconfías de mí?

Sus ojos se vieron nublados por la tristeza.

Era una idiota.

-¿Qué? ¡Si! ¡Digo...! ¡No!- solté un suspiro.- Lo lamento, creo que exageré, es sólo que yo...

-No, Bells.- me interrumpió.- No te disculpes, es culpa mía por mentirte tanto...

Lo miré fijamente.

-Eso quedó atrás, ¿sí? Prometo no volver a hacer una escena así...- musité.

Él me sonrió.

-¿Ya me perdonaste?- inquirió juguetonamente.

-Lo estoy pensando.- respondí, siguiéndole el juego.

-¡Oh! Tal vez esto ayudé...

Entonces tomó mi cara firmemente ente sus manos y presionó sus labios contra los míos, moviéndolos insistentemente. Su lengua se abrió paso entre mis labios y envolvió la mía, acariciándola.

Mis manos fueron directo a su cuello y las suyas aferraron mi cintura, me acercó más a él y quedamos totalmente pegados. Sus manos subieron por mis costados y luego bajaron en picada hasta mi cadera, presionándome aún más contra él.

Solté un pequeño gemido al sentirlo más cerca.

Seguimos besándonos con desesperación hasta que un poco de razón entró en nuestras mentes, recordándonos donde estábamos en ese momento. Él me soltó poco a poco y el beso fue bajando de intensidad, entonces se separó por completo, más no se alejó.

-¡Vaya! Ammm... Eso... Dios... Ayuda.- tartamudeé.- Mucho.

Edward río, jadeante.

-Lo sien...- comenzó.

Sin pensarlo, me estiré ligeramente y lo besé, apenas sólo un roce.

-No te disculpes.- dije.- Y no lo sientas porque yo no lo hago.

Me separé totalmente de él y le sonreí de nuevo.

-Así que, Mister Cullen, ¿qué le parecería conocer a las joyas de la corona?- prepuse ante su silencio.

-Sería realmente un placer, Miss Swan, pero, ¿podría explicarme, por favor, que es eso de "las joyas de la corona"?- preguntó, ofreciéndome su brazo con una sonrisa.

Me reí un poco y lo tomé.

-Pues, según cuentan, una leyenda muy antigua decir que nacerían doce "joyas", todos pensaban que serían nuevas piedras preciosas.- me reí un poco más.- Pero vaya sorpresa que se llevaron al darse cuenta de que eran personas y no minerales...

Entramos al salón y de inmediato todas las miradas se fijaron en nosotros. A lo lejos, logré ver con claridad a Elena, Rebekah, Fanny y Kath, con una clara mirada del tipo "vas a contarme todo", simplemente rodé los ojos y les sonreí.

Seguimos caminando, ignorando las miradas.

-¿Cómo?- preguntó totalmente confundido.

Solté otra risita.

-Hace, aproximadamente, dos mil años, surgió un...- dudé.- Llamémoslo rumor, en el sur del reino. Dicho rumor, decía que con el nacimiento del segundo descendiente primogénito de la reina Odette, doce piedras preciosas nacerían dispersas en las tierras de Odette. Lógicamente, todos pensaron que serían nuevos minerales, supongo que era normal que lo pensarán...- suspiré.- En fin, cuando el segundo descendiente nació, ósea mi padre, todos los creyentes salieron presurosos a excavar en las minas pero no encontraron nada.

"Años después comenzaron a nacer; el primero fue el Ámbar, ósea, William, el hijo mayor de Aarón y Margaret, unos duques en Waverly. Como nadie sabía que, realmente, el rumor hablaba de personas y no minerales, les sorprendió enormemente el hecho de que el niño, siendo tan pequeño, supiera tanto sobre el ámbar y le gustará tanto esa piedra."

"Margaret decidido complacer a su hijo y en el cumpleaños número seis del pequeño, le obsequió una hermosa muñequera con una piedra ámbar que había encontrado casualmente mientras caminaba por las minas. Cuando le pusieron la muñequera, la piedra emitió un brillo y tomó un color café muy claro, casi dorado. En ese momento supieron que algo estaba ocurriendo, pero, claro, no podían saber que, por lo que, decidieron dejarlo pasar."

"Unos días después, nació Abby, la hija única de Benjamín y Tía, antes duques de Biggertown, y, al igual que William, mostró un poco común interés por una piedra, la de ella fue el ópalo. Le consiguieron una piedra y también brilló y se tornó más clara. Así fuimos naciendo uno por uno y entonces lo relacionaron todo."- terminé.

Edward lo pensó unos segundos.

-¿Qué eres tú?- preguntó.

-¿Cómo?- inquirí confundida.

-Que piedra.- aclaró.

Sonreí.

-El rubí.- contesté simplemente.- La más hermosa.

Edward alzó una ceja.

-Si te creo.- murmuró mirándome intensamente.

Desvíe la mirada sonriendo.

Después de eso, el tiempo pasó rápidamente. Anduve de persona en persona, tanto que, incluso, perdí la cuenta de todas las que había saludado y de quienes había conocido.

Finalmente, había logrado conseguir un descanso y me encontraba riendo a carcajada poco discretas con Emmett, Stefan, Jasper y Edward, se la pasaban de tontería a tontería, se lanzaban bromas y comentarios burlones y sarcásticos entre ellos. Al poco rato se nos unieron Alice, Rosalie y Elena.

Me la estaba pasando excelente con mis amigos, no podía parar de reír.

Estábamos burlándonos de Emmett, cuando una mano se posó delicadamente en mi hombro, me volví hacia la persona y me topé con Tia, la esposa de Benjamín. Ellos me ayudaban a controlar Biggertown todo el tiempo.

-¡Tia!- exclamé.- ¡Que gusto! ¡No te había visto!

-¡Yo apenas te reconocí! ¡Estas hermosa!- alabó.

-Gracias, igual tu.- devolví.- ¿Y Benjamín?

-¡Oh! Debe de estar por ahí.- respondió.

Y como si lo habitamos invocado, Benjamín apareció detrás de Tia.

-¡Bella!- exclamó.

-¡Benjamín!- grité.

Me lancé a abrazarlo.

-¿Cómo éstas? ¡Te has desaparecido!- reprochó.

-¡Claro que no! ¡Estaba ocupada!- me excusé.

-¡Si! ¡Ocupada!- comentó Tia con burla.

Me reí con ellos.

-¡Oh! ¡Vengan, quiero presentarles a mis amigo!- musité.

Los guíe hacia el grupo. Ni siquiera me había dado cuenta de que me había alejado de los chicos.

-¡Hey, Bella! ¡Te fuiste!- exclamó Emmett.

-Lo siento, me encontré con alguien.- dije.- Chicos, ellos son Benjamín y su esposa Tia. Benjamín, Tia, ya conocen a la familia y ellos son: Emmett Cullen y Rosalie Hale, Alice Cullen y Jasper Hale y Edward Cullen.- presenté.

-Hijos del doctor Cullen, ¿no?- preguntó Tia mientras se estrechaban las manos.

-Los mismos.- respondió Alice.

-Recién lo conocimos, a él y a su esposa, Esme.- recordó Benjamín.- Una pareja respetable.

-¡Por cierto! ¡Bella!- exclamó Tia.- ¡¿Cómo es eso de que te envenenaron?!

Benjamín también me miró con preocupación y alarma.

-Sí, bueno, en unos chocantes pusieron Belladona y ahora soy humana.- expliqué.

-¿Humana?- inquirió Benjamín.

-Carlisle tuvo que volverme mortal para que el antídoto hiciera efecto.- expliqué.- Dice que es temporal y que veremos la forma de adelantar la transformación.

-Descuida, ya nos enteramos del problema con los Vulturi y estamos seguros que fueron ellos. Vamos a estar con ustedes y vamos a hacer pagar a quien te hizo eso.- dijo Benjamín.

-Muchas gracias, chicos.- dije de corazón.

Todos congeniaron muy bien, inclusive comentamos lo del grupo musical.

-¡¿En serio?!- exclamó Tia con emoción.

Nosotros asentimos sonrientes.

-¿Por qué no suben?- inquirí Benjamín.

-¡Oh! ¡No!- me negué.

-¿Por qué?- cuestionaron los dos.

-¡Vamos! ¡Insisto!- siguió Benjamín.

Miré a los muchachos y todos asintieron.

-Bien.- acepté.

Nos encaminamos al escenario, hicimos que nos presentarán y nos hubiéramos en nuestros lugares.

-¡Hola a todos!- exclamó Jasper por el micrófono.- ¡Vamos a animar un poco la fiesta!

Todos aplaudieron.

-Que ánimo...- dijo Emmett con sarcasmo.

-Es un evento de alta sociedad, ¿qué esperabas?- respondí sonriendo.

Todos rieron.

-¿Con cuál empezamos?- preguntó Rose.

-Comencemos con algo ligero...- sugirió Ed.

Asentimos y acordamos comenzar con la canción que había escrito hacia poco tiempo. Manías.

Los acordes comenzaron a sonar y pronto comencé a cantar:

-La noche huele a ausencia, la casa está muy fría, una mal presentimiento, me dobla las rodillas- canté ligeramente entristecida.- Te busco en el espacio, de mi angustiada prisa, y solo encuentro rasgos, de tu indudable huida.

Tomé una respiración profunda y sostuve el aire para cantar lo que seguía.

-A dónde vas, porque te vas, porque dejaste un gesto, de ti por cada esquina. Si te llevaste tanto, en solamente un día, no te costaba nada, cargar con tus manías. Se te olvido el aroma, y el eco de tu risa, se te olvido llevarme, pedazo de mi vida.

"Hablando con tu foto, y la melancolía, después de largas horas, por fin se asoma el día. Pero mi fe se pierde, buscando mi agonía, una señal más clara para entender la vida."

Volví a tomar aire, llena de sentimiento.

"Si te llevaste tanto, en solamente un día, no te costaba nada cargar, con tus manías. Se te olvido el aroma y el eco de tu risa, se te olvido llevarme pedazo de mi vida. No te costaba nada cargar, con tus manías. Se te olvido el aroma y el eco de tu risa, se te olvido llevarme pedazo de mi vida."

Las personas que ahí estaban aplaudieron y yo sonreí como pude. Tantos recuerdos inundaban mi mente y tanto dolor me invadía. A esas alturas, ya había olvidado lo que había hablado con Ed esa misma mañana.

Stefan de levantó entre la multitud y subió al escenario.

-Bueno...- habló en el micrófono que le habían dado.- Yo quiera cantar una pieza con esta bella dama, si me lo permite.

Lo miré sonriendo y asentí.

No tenía ni idea de lo que quería que cantáramos pero lo haría.

Stefan se sentó en el banco de un piano de cola negro en la esquina del escenario y comenzó a tocar.

Reconocí la canción de inmediato y sonreí aún más.

Tell me that you love me.

Comenzamos ambos:

-Ohh yeah.

Seguí yo:

-The situations turns around enough to figure out, that someone else has let you down.

Me acerqué a Stefan y me recargué en el piano.

-So many times I don't know why- me acompaño él.

-But I know we can make it as long as you say it- me preparé para el coro.- So tell me that you love me yeah and tell me that I take your breath away.- Stefan me acompaño.- And maybe if you take one more than I would know for 's nothing left to say.

Le sonreí y lo miré a los ojos.

-Tell me that you love me anyway, tell me that you love me anyway.- me sonrió divertido y cantó:- Ohhh

Quise reírme pero me contuve.

-Waking up beside yourself and what you feel inside is being shared with someone else.- Mi amigo sonrió y tomó aire para acompañarme.- Nowhere to hide I don't know why.- seguí sola.- But I know we can make it, as long as you say it.

"So tell me that you love me yeah, and tell me that I take your breath away.- cantamos ambos, luego seguí yo.- And maybe if you take one more.- Stefan se unió.- That I would know for sure, there's nothing left to say."

Iba yo sola de nuevo.

-Tell me that you love me anyway.- canté.

Era divertido porque ambos nos dedicábamos la canción a los ojos de los demás pero, sólo nosotros sabíamos para quienes era.

-Show me look what we found turn it around every day.- cantamos juntos y seguí yo.- I can hear what you say.- de nuevo los dos.- Now I know why know we can make it. If you tell me that you love me yeah, and tell me that I take your breath away, and maybe if you take one more, so tell me that you love me yeah, and tell me that I take your breath away. Maybe if you take one more than I would know for sure.

Seguí yo:

-There's nothing left to say, tell me that you love me anyway.

Después de eso, Stefan y yo bajamos del escenario entre aplausos. Mi padre me esperaba al pie de este con cuatro personas, dos mujeres y dos hombres, todos de tez rojiza y cabello negro.

-Bells.- me llamó papá.

-¿Si?- inquirí, acercándome.

-Mira, quiero presentarte a Billy Black, su hijo heredero: Jacob y sus hijas mayores Rebecca y Rachel.- presentó.- Billy es el Alfa de Wolf Kingdom.

-Es un gusto conocerlos.- les sonreí.

Ellos hicieron una reverencia.

-El gusto es nuestro, alteza.- dijo Billy.

Le dediqué otra sonrisa. Charlie comenzó a platicar con él, por lo que me volví hacia los muchachos.

-Hola.- saludé.

-Alteza.- intentaron hacer una reverencia.

-¡No! ¡No!- los interrumpí.- No es necesario.

Ellos se irguieron ligeramente confundidos.

-Comúnmente a todos les gusta.- dijo Rebecca.

-A mí no.- me reí.

Comenzamos a hablar y seguimos por dos horas más. Las chicas eran hermosas por dentro y por fuera, les gustaba la caridad, disfrutaban salir con los lobos habitantes y trataban a todos como sus iguales. También eran divertidas y amistosas.

Jacob era el menor pero su padre lo había elegido para ser el heredero. Entendía porque. Jacob era compasivo, armonioso, irradiaba seguridad y protección, además, era una excelente persona, no podías sentirte incómodo en su compañía.

Las chicas se retiraron unas horas después, alegando querer bailar, por lo que, Jacob y yo nos quedamos solos.

Jacob comenzó a contarme cosas de su infancia y yo no podía parar de reír. ¡Era simplemente divertido!

-Entonces, mamá dijo que debíamos comportarnos ante el reino pero Rachel hacia caras demasiado graciosas y no podíamos con ello. ¡Quería estornudar y mamá no la dejaba!- contó muerto de risa.- ¡No la dejaba! Cuando ya no pudo más, estornudo cerca de seis veces seguidas y todos comenzamos a reír.

Sequé las lágrimas que salían de mis ojos por tanta risa e intenté controlarme.

-Así que, por eso tu hermana huye de los estornudos.- reí.

-Menos de los de ella.- sonrió.

-Eso debió haber sido muy divertido de ver.- volví a reír.

-Si.- dijo.

-¿Qué paso con tu mamá?- pregunté.- Si puedo saber, claro.

-Por supuesto.- dijo más serio.- Veneno de vampiro.

Abrí la boca sorprendida y después a preguntar si de ahí.

-¡No!- exclamó rápidamente.- No de Volterra. Vampiros de la otra dimensión, la de los humanos.

-Como lo siento.- murmuré.

-Ella no resistió, el vampiro que la mordió era muy poderoso y le inyectó mucha ponzoña, era casi imposible que sobreviviera.- contó.

-Debió ser triste.- musité.- La mía murió en una batalla, atacaron el palacio y la mataron.- conté.

-Sí, lo sé.- dijo.- Todos saben la historia de la difunta reina Rene. Murió por salvarlas a ustedes.

Bajé la mirada.

-Sí, bueno.- sonreí un poco.- Desearía que hubiera sido diferente.

-Es bueno que las haya salvado.-musitó.- Muy bueno.

-Lo sé.- respondí rápidamente.- También era casi un milagro que viviera.

Comenzó a sonar una música suave y lenta.

-¡Dejemos los temas angustiosos!- exclamó, sonriendo de nuevo.- Vamos a bailar.

Me reí pero no pude negarme. Tomé la mano que me ofrecía y caminé con él hacia las demás parejas.

Bailamos cerca de tres piezas seguidas, riendo o sólo charlando. Era un gran amigo, porque, si, ya lo consideraba mi amigo.

Luego de las tres canciones, la cuarta de interrumpió bruscamente.

Todo miramos el escenario y creo que casi me da un ataqué, pues, sobre él, Damon, Stefan, Edward, Jasper y Emmett sostenían micrófonos con unos muchachos en los instrumentos detrás de ellos.

-Bueno, hola.- dijo Ed.- Nosotros esperamos que nos dejen cantarles algo muy especial.

Todos aplaudimos y una música pegajosa y movida comenzó a sonar.

Damon comenzó:

-Oh, I just wanna take you any way that you like we could go out any day, any night. Baby I'll take you there, take you there. Baby I'll take you there, yeah.

Edward le siguió.

-Oh, tell me tell me tell me how to turn your love on, you can get, get anything that you want. Baby just shout it out, shout it out. Baby just shout it out, yeah.

Al final hizo una cara graciosa. No pude evitar reírme, ellos cantaban mientras hacían caras chistosas y se movían graciosamente por el escenario.

Stefan cantó lo siguiente:

-And if you, you want me to. Let's make a move.

Y Edward continuó:

-Yeah, so tell me girl if every time we...- y ahí comenzaron todos.- To-o-uch. You get this kind of, ru-u-ush

"Baby say yeah, yeah

If you don't wanna, take it slow

And you just wanna, take me home

Baby say yeah, yeah"

Y Ed siguió:

-And let me kiss you.

Damon cantó después:

-Oh baby, baby don't you know you got what I need looking so good from your head to your feet. Come on come over here, over here. Come on come over here, yeah.

Jasper comenzó:

-Oh, I just wanna show you off to all of my friends, making them drool down their chinny-chin-chins. Baby be mine tonight, mine tonight. Baby be mine tonight, yeah.

Stefan sonrió y siguió:

-And if you, you want me to, let's make a move.

Damon abrazó a su hermano y cantó:

-Yeah, so tell me girl if every time we...- entraron todos de nuevo.- To-o-uch. You get this kind of, ru-u-ush.

"Baby say yeah, yeah

If you don't wanna, take it slow

And you just wanna, take me home

Baby say yeah, yeah"

Damon hizo a un lado a los chicos y gritó armoniosamente:

-And let me kiss you.

Todos comenzaron aplaudir y a cantar juntos. El público los siguió moviéndose al ritmo.

-Na na na na na na na na. Na na na na na na na na. Na na na na na na na na.

Emmett siguió con una gran sonrisa:

-Yeah, so tell me girl if every time we...- comenzaron todos de nuevo.- To-o-uch. You get this kind of, ru-u-ush.

"Baby say yeah, yeah

If you don't wanna, take it slow

And you just wanna, take me home

Baby say yeah, yeah"

"Every time we to-o-uch. You get this kind of, ru-u-ush"

"Baby say yeah, yeah

If you don't wanna, take it slow

And you just wanna, take me home

Baby say yeah, yeah"

Y Edward terminó:

-And let me kiss you.

Estábamos muriendo de risa y animados a más no poder. Los chicos, en el escenario, se reían sin parar.

Todos nos habíamos divertido demasiado.

-La siguiente canción.- comenzó Ed.- Esta dedicada a alguien especial. No puedo hablar por el resto porque no es la misma situación pero, yo se la dedico a alguien realmente especial para mi y se que ella sabrá identificarnos.- terminó.

Me miró por un segundo y se volvió a los demás. Mi corazón latía rápidamente.

Empezó Stefan:

-So your friend's been telling me you've been sleeping with my sweater and that you can't stop missing me. Bet my friend's been telling you I'm not doing much better 'Cause I'm missing half of me.

Le siguió Damon, dando un paso al frente:

-And being here without you is like I'm waking up to. Only half a blue sky kinda there - but not quite. I'm walking 'round with just one shoe. I'm half a heart without you. I'm half a man at best with half an arrow in my chest. I miss everything we do. I'm half a heart without you.

Emmett respiró y continuó:

-Forget all we said that night. No, it doesn't even matter 'Cause we both got split in two.

Damon fue de nuevo:

-If you could spare an hour or so we'll go for lunch down by the river. We can really talk it through.

Emmett y Edward se acercaron y cantaron juntos:

-And being here without you is like I'm waking up to.- Emmett cambió con Jasper, Edward cantó junto a él.- Only half a blue sky kinda there - but not quite. I'm walking around with just one shoe. I'm half a heart without you. I'm half a man - at best with half an arrow in my chest 'Cause I miss everything we do. I'm half a heart without you.

Ed siguió sólo:

-I'm half a heart without you. I'm half a heart without you.

Jasper le pasó un brazo por los hombros y cantó lentamente:

-Though I try to getcha out of my head, the truth is I got lost without you, and since then I've been waking up to.

Los chicos se juntaron y cantaron a la par:

-Only half a blue sky (only half the blue sky) kinda there - but not quite. I'm walking around with just one shoe. I'm half a heart without you. I'm half a man at best (half a man at best) With half an arrow in my chest, I miss everything we do. I'm half a heart without you.

Damon cantó con fuerza y sólo:

-Without you. Without you. Half a heart without you. Without you. Without you.

Ed terminó de nuevo y me miró mientras cantaba, como lo había hecho toda la canción:

-I'm half a heart without you.

Las lágrimas caían sin control por mis mejillas mientas le regresaba la mirada a aquel cobrizo. Ed tenía los ojos brillantes pero se contenía.

En ese momento me sentí segura de algo: no iba a dejarlo ir. Dios, lo amaba, lo amaba como a nadie nunca, él era mi otra mitad y yo la de él. No importaba que pasara, no lo dejaría ir. Lucharía por él y con él, así como él lo había hecho conmigo.

Porque, en ese momento, consiguió mi perdón y mi amor, por siempre y para siempre.


*Soirée: Terminó femenino, fiesta de sociedad que se celebra al atardecer o por la noche. Se pronuncia aproximadamente "suaré". Terminó utilizado mayoritariamente en el siglo XVIII.

*La canción "Manías" es de Thalía.

*"Tell me that you love me" es de la serie Victorious, la cantan Tori y Andre, ósea Victoria Justice y Leon III.

*"Make it in America" es de Victoria Justice de la serie Victorious.

*"Kiss you" y "Half a Heart" son de One Direction.


¡Hola a todas! ¿Cómo están? ¡Espero que muy bien! ¡Yo lo siento! ¡Mucho! Es que miren, ya tenía este capítulo ya lo tenía escrito desde hace como unos seis meses pero a la hora de transcribirlo, para que les miento, me dio una flojera impresionante y además que el capítulo no ésta exactamente corto y por eso me tarde más. Pero aquí esta listo y solo me queda preguntarles ¿Qué opinan? ¿Intensa la platica de Ed y Bells? ¿Y como ven a Charlie con Ed? ¡Aparecio Jacob! ¿Qué creen que hara? Y nada mas para agregar, aquellas que ven The Vampire Diaries, si, Rebekah esta basada en la de la serie solo que diferente físicamente. Ay, yo no sé ustedes pero me hubiera gustado que Stefan tuviera algo con Rebekah e la serie, ya saben, que se hubieran enamorado y eso porque si se me hizo muy horrible lo que Elena le hizo, eso de que lo escogió a él y como una semana después se fue con Damon… No, no. ¡Pero bueno! ¡Eso no tiene nada que ver! Jajaja ¡Dejen sus comentarios porque los amo y me hacen feliz! Más ahorita que ando con problemas amorosos.

¡Las amo!