Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la maravillosa S.M. La trama si es mía y espero que la disfruten. :)


Capítulo 15: Corazón, vuelve a mi pecho.

Bella Pov.

Escuché a Charlie balbucear algo cuando los chicos terminaron la última canción. Solamente capté las palabras "mañana " y "comida".

-Aja...- musité con la mirada fija en Edward.

-¿Bella?- dijo mi padre.

-Sí, ya te escuché.- repliqué, sin apartar mis ojos del chico cobrizo.

Charle se puso en frente de mí y me sonrió cuando le hice mala cara.

-¿Qué te dije?- preguntó.

Maldije en mi fuero interno por no poder leer la mente de mi padre.

-Dijiste algo de una comida... mañana.-respondí con inseguridad.- O en la mañana.- agregué al notar su mirada.

Mi padre soltó una risita.

-La familia Black nos invitó a una comida mañana.- repitió.

Asentí y suspiré.

-De acuerdo, estaremos listas.- sonreí.

-Recuerda que sólo son tus hermanas y tu.- musitó.

-Sí, papá, lo sé.

-Bien.- dijo.- Será mejor que vayas con el chico Cullen, está esperando una respuesta.

Una sonrisa de orgullo apareció en el rostro de mi papá y me confundió por completo.

-¿Por qué la sonrisa?- inquirí inquieta.

-En absoluto nada.- respondió.

Mi papá dio media vuelta y se alejó aun sonriendo, pasó junto a Edward y le dio una palmada en el hombro, compartieron unas palabras, sonrieron, me miraron y luego Charlie siguió su camino.

Me sentí nerviosa y confundida cuando Edward volvió a mirarme y caminó hacia mí con inseguridad.

-Hola.- saludó apenado.

-Hola.- le sonreí.

-¿Cómo te lo estás pasando?- preguntó con nerviosismo.

-Supongo que bien.- me encogí de hombros.- Gracias.- musité antes de que pudiera seguir con la banal conversación.

-¿Por qué?- inquirió con confusión.

Luché contra una sonrisa pero las comisuras de mis labios se levantaron brevemente.

-Por hacerme sentir como lo haces...- respondí mirándolo fijamente.

Él sonrió y se rascó la nuca en un gesto avergonzado.

-Supongo que también debería darte las gracias a ti.- musitó.

-Sí, bueno, sólo se ama una vez.- susurré.

Nos miramos fijamente unos momentos y estaba por hablar cuando los bordes de mi visión se hicieron borrosos y, de repente, el piso se movió bruscamente.

-¿Bella?- llamó Edward, preocupado.

Incapaz de responder, me llevé una mano a la cabeza, como si de esa forma, el mundo dejaría de moverse tan bruscamente. De un momento a otro, estaba en los brazos de Edward, quien llamaba frenéticamente a Carlisle.

Mi mente humana registraba sólo unas pocas cosas, como cuando el rostro de Carlisle apareció en mi visión, moviendo los labios rápidamente o cuando unos brazos me levantaron, luego de eso, todo se ensombreció y sólo atiné a cerrar los ojos.

Sentí el mullido colchón cuando me depositaron en el con cuidado y delicadeza.

Abrí los ojos y me encontré con el rostro de Edward a escasos centímetros del mío.

-Amm... No creo que esto haya sido el mejor coqueteo del mundo.- susurré sintiendo mi cuerpo entumecido.

Edward me miró, sorprendido al principio y luego soltó una risa.

-Definitivamente no lo fue.- respondió y acaricio mi mejilla dulcemente.

-¿Ésta despierta?- escuché a alguien preguntar.

Reconocí la voz como la de Carlisle.

-Sí, lo ésta.- respondimos Edward y yo a la par.

El padre de Ed apareció en mi campo de visión.

-¿Cómo te sientes, Bella?- preguntó con una sonrisa amable.

-Como si me hubiera pisado un gigante.- respondí.- No siento mi cuerpo.

Carlisle se río.

-Haces las comparaciones más extrañas que haya oído.- comentó.- Es cansancio, no debiste haber bajado a la soirée. Tu presión esta baja, así que hemos mandado a alguien para que te traiga algo que comer y después de eso debes dormir.

-Quiero cambiarme el vestido.- dije sin fuerza.

-Tus hermanas ya lo han hecho.- me respondió Edward.

-¿Qué?- inquirí.

Traté de sentarme pero mis brazos estaban débiles y mi cabeza se estrelló con la almohada.

-Bella, no intentes nada en estos momentos, estas muy débil.- me regañó Ed.

-Ya lo noté.- me quejé.

Su rostro se arrugó con preocupación y después se volvió hacia la puerta cuando ésta sonó. Intenté copiar su movimiento pero me fue casi imposible, no podía obligar a mi cuello a moverse, por lo que me resigné con un suspiro.

Miré el techo, esperando a que alguien dijera algo y, finalmente, Carlisle agradeció a quien quiera que había llegado, Edward se levantó y, por un minuto, lo perdí de vista, regresó sonriendo y con una charola de comida en sus manos.

-Hora de comer.- anunció.

Intenté sentarme pero no pude. Lo miré pidiendo ayuda.

Él sonrió, dejó la comida en la pequeña mesa de noche y pasó sus brazos por mi cintura, me levantó con facilidad y me sentó en la cama.

Tomó uno de los platos y un tenedor.

-¿Qué es?- pregunté con la voz rasposa.

-Fruta.- respondió.- Manzanas, peras, fresas, naranjas y moras.

Me reí un poco.

-Creo que me conviene estar enferma.- comenté.

-Ni lo sueñes.- musitó Ed.

Picoteó la fruta y me la ofreció.

-¿Sabes? Puedo comer yo sola.- dije.

-¿En serio?- inquirió.- Trata de levantar la mano.- retó.

Levanté una ceja.

-¿Crees que no puedo?- me burlé.

Levanté la mano, según yo. Él, en cambio, alzó una ceja.

Miré la mano y estaba exactamente sobre el colchón, no se había movido ni un centímetro.

Apreté los labios fuertemente y luego solté un resoplido.

-Bien.- dije con desgana.- Tu ganas.

Abrí la boca y acepté los pedazos de fruta que me había ofrecido. Tal parecía que mi cara era lo único que funcionaba en esos momentos.

Edward se río ligeramente.

-Claro que, el que estés prácticamente inmovilizada, también tiene sus ventajas.- dijo él.

-¡Para ti!- exclamé riendo.- ¿Cómo cuál?

-Que puedo cuidar de ti.- respondió.- Quiero decir, tu siempre eres tan fuerte y no necesitas a alguien cuidándote, así que...

Tuve que sonreír ante sus palabras, enternecida.

-De igual forma...- continuó. - No me gusta que estés mal, te prefiero sana y molestando como siempre aunque eso implique que no debo cuidarte.

-Tu siempre me cuidas.- objeté.- Por eso estamos en esta situación.

Me miró avergonzado pero yo le sonreí.

-Cuando se ama a alguien tan locamente como yo te amo a ti...- dijo.- No importa si es la persona más poderosa del mundo, siempre va a haber quien la cuide.

Sonreí aún más y sentí la sangre acumularse en mis mejillas.

-Algo malo de ser humana...- comencé.- Es que me sonrojo por todo.

Edward río y me volvió a ofrecer fruta.

-Es adorable.- musitó.

Mordisqueé un pedazo de manzana.

-Creo que tienes razón.- dije.- Puedo entenderlo, cuando amas a alguien, sólo quieres cuidar de él y no importa si es un niño o si es Terminator, siempre estarás ahí, cuidando de él, porque lo amas...

Los ojos de Edward resplandecieron.

-Exacto.- susurró.

Lo miré y sentí deseos de besarlo pero sabía que no podría moverme lo suficientemente bien y probablemente sólo me dejaría en ridículo, por lo que, simplemente sonreí.

-Creo que me siento mejor.- comenté.

-¡Excelente! ¡Te tomaré la presión!- exclamó Carlisle.

Edward y yo brincamos por la sorpresa y después yo me sonrojé mientras él se rascaba la nuca.

¿Había estado Carlisle todo el tiempo ahí?

-Descuiden.- añadió sonriendo con burla.- No escuché nada que no debiera, sólo escuché que dijiste que te sentías mejor, lo prometo.

Asentimos en su dirección y él se acercó a mí con un aparato en la mano.

-¿Cómo se llama eso?- le pregunté cuando se sentó a mi lado y comenzó a ponerme el estetoscopio.

-Se llama baumanómetro o tensiómetro.- respondió.- Y sirve para tomarte la presión arterial...

-Ya sé para qué sirve.- me reí.- Sólo que no sabía cómo se llamaba.

Carlisle sonrió.

-Ahora lo sabes y ya éstas mucho mejor.- musitó.

-Te creo, empiezo a sentir mi cuerpo.- me estiré lentamente.

Sonreí al ver que mis músculos se movían, aún los sentía un poco pesados pero, al menos, ya seguían mis órdenes.

-Ahora duerme, Bella.- ordenó.- Debes descansar mucho.

Asentí y me recosté.

-Esto es el cielo.- me reí.

Carlisle y Edward se miraron sonriendo.

-Vamos, hijo.- dijo Carlisle a Edward.- Hay que dejarla dormir.

-Iré en un segundo.- le respondió Edward.

Carlisle nos miró, sonrió y salió de la habitación, cerrando la puerta.

-Me alegra que estés mejor.- sonrió.- Ya tienes un poco de color.

-A mí me alegra moverme.- respondí.

Ambos nos reímos.

-Supongo que está bien.- dijo.- Tu descansa mucho.

Se acercó a mí y besó mi frente delicadamente.

-Buenas noches, Edward.- susurré con cansancio.

Ahora que mi presión estaba bien, una ola de sueño se apoderó de mí en menos de un segundo. Mis ojos se cerraron un poco.

Escuché a Edward reír.

-Buenos días, Bella.- respondió.

Sólo pude sonreír, imaginaba lo tarde, o temprano, según como se viese, que era.

Segundos después estaba dormida.


Abrí los ojos lentamente y me topé con la luz entrando por mi ventana cerrada, me pregunté vagamente la hora mientras me estiraba en la enormidad de mi cama y ese simple pensamiento hizo que me sentara con brusquedad a medio estiramiento.

-Mierda.- musité.

Me levanté apresuradamente de la cama y corrí a escoger un vestido de día para la comida con los Black.

Con prisa, escogí un vestido amarillo claro, de un sólo tirante grueso, el vestido se ajustaba hasta la cintura y luego caía hasta el suelo con un ligero vuelo. Me coloqué unas zapatillas amarillas que apenas se veían por el largo del vestido. Recogí mi cabello en una media coleta y deje unos mechones rizados sueltos.

Con disgusto, me di cuenta de que mi perfecta piel ya no era tan perfecta, por lo que, me maquillé lo necesario: polvo compacto, base, rímel, sombras en tonos cafés, delineador y brillo labial rosa.

Bajé precipitadamente las escaleras hasta el comedor, donde me detuve para respirar un poco, recomponerme y acomodar el vestido y el cabello, después de todo eso, abrí la puerta.

-¡Bella!- exclamó Carlisle con sorpresa.

En el comedor ya estaban todos, por supuesto, desayunando o comiendo o lo que sea que estuvieran haciendo.

-¡Hola!- exclamé.- Buen día, disculpen la tardanza.

Entonces reparé en un ligero detalle.

-¿Y mi papá y mis hermanas?- inquirí.

-Charlie dijo que tenían una comida importante, salieron al jardín trasero hace como diez minutos.- respondió Edward con confusión.

Cerré los ojos con fuerza y una expresión de dolor se instaló en mi rostro. Diez minutos.

-Bien, gracias, disculpen, los veo en un rato.- dije atropelladamente.

Di media vuelta y salí corriendo del comedor con dirección al jardín trasero.

Tardé poco más de cinco minutos en llegar al jardín y ese tiempo era muy poco si juzgábamos por la distancia.

Al igual que en el comedor, paré antes de llegar y respiré, arreglé mi cabello y me apresuré a salir.

Mis hermanas, Charlie y los Black hablaban animadamente y, cuando Rachel me vio, las conversaciones disminuyeron de volumen.

-¿Bella?- inquirí mi papá confundido.

-Buenos días.- solté rápidamente.- O tardes...Lamento mi impuntualidad.

-Descuide, alteza.- dijo Billy Black.- Pensamos que no vendría pues, por la noche, su estado de salud no se veía de lo mejor.

Jacob se levantó y apartó la silla de su lado cuando llegué, me senté en ella y le sonreí.

-Gracias.- musité.- Si, tuve una ligera baja de presión pero eso no iba a impedirme cumplir con mis obligaciones, aún que haya llegado casi veinte minutos tarde. Lo lamento.

-No se preocupe, alteza, es un honor que nos acompañe.- reiteró Billy.

Le sonreí y las conversaciones comenzaron.

-¿Cómo te sientes?- me susurró Charlie, pues estaba junto a mí.

-Mucho mejor.- le respondí en el mismo volumen.- Es como si estuviera en un día normal.

Él asintió, evaluando mi respuesta y siguió comiendo.

-En la noche no te veías muy bien y, el hecho de que tuvieron que sacarte del salón en brazos, me preocupo enormemente.- dijo Jacob.

-¡Oh!- exclamé.- Bueno sí, creo que preocupe a varias personas pero el médico de Palacio aseguró que sólo fue una sorpresiva baja de presión arterial.- expliqué.

-¿Y están seguros?- inquirió él con preocupación.

-¡Muy seguros!- exclamé.- El médico es excelente.

-Bien.- asintió y después sonrió.- Ayer me impresionaste mucho, Bella.

-¿Ah sí?- solté y tomé el vaso con agua de mi lugar.

-Sí, así es, nunca había conocido a alguien como tu.- comentó.

-Me lo dicen a menudo.- susurré.- Gracias.- añadí en voz alta.

-Bueno.- interrumpió Billy las conversaciones.- Creo que llegó el momento de hablar del motivo de nuestra insistencia por esta comida.

Todos lo miramos expectantes.

-Adelante.- musitó papá.

Jacob y Billy se levantaron de los asientos y se volvieron hacia mi padre.

Fugitivamente, tomé un pedazo de pan dulce y me lo metí a la boca antes de que los demás se dieran cuenta. Entonces, Jacob me tendió una mano sonriendo.

¿Quería que me levantara yo también? ¿Íbamos a pararnos todos? No entendía nada, sin embargo, la tomé y me levanté.

Papá nos miró confundido.

-¿Qué es lo que pasa?- preguntó.

Me llevé una mano a la boca para cubrirla y comencé a masticar lo más discreto posible.

Elena soltó una risa y hundió la cabeza en su plato para que nadie viera la sonrisa en su cara, sus hombros comenzaron a temblar.

Katherine estaba confundida, igual que papá y yo, y pasaba la mirada de Jacob a mí, luego miraba a Billy, pasaba a papá y volvía a empezar.

Billy le cedió la palabra a su hijo.

-Bueno.- inició Jacob con un carraspeo.- Ayer por la noche, en la soirée que ustedes, amablemente, ofrecieron, conocí a una persona muy especial que es su Alteza Isabella.- me sonrió.- Así que, el motivo de ésta comida, que tanto insistimos fuera en su palacio y en su reino, es el inmenso deseo que tengo de pedirle a usted, Rey Charlie, la mano de su hija heredera en matrimonio...

En ese momento dejé de escuchar, me atraganté con el pedazo de pan que había estado a punto de tragar.

Papá se ahogó con el sorbo de agua que estaba tomando, Elena dejó de reírse y levantó la cabeza bruscamente y Katherine abrió la boca.

-¡¿Qué?!- exclamamos todos, interrumpiendo el discurso de Jacob acerca de unir los reinos y que licántropos y seres mágicos habitaran en un sólo lugar.

Papá y yo jadeábamos por aire después de nuestra casi muerte por ahogamiento y mis hermanas se veían casi molestas.

-Si.- dijo Jacob.- Bella, quiero casarme contigo, si tu padre lo aprueba, claro. Nunca había conocido a nadie como tu.- tomó mi mano entre las suyas.- Y quiero estar contigo en todo.

Estaba un noventa y nueve punto nueve por ciento segura de que mi boca estaba abierta y mi expresión era de horror, por lo que, traté de recomponerme.

De repente, tuve ganas de no haberme levantado nunca de mi cama.

-Jacob.- comencé.- Escucha, creo que ha habido un error...

-¡Un gran error!- exclamó mi papá.- Con todo respeto, joven Jacob, me veo en la obligación de negar la mano de mi hija.

-¿De qué habla? ¿Por qué?- cuestionaron Jacob y Billy.

-Sería una asombrosa unión, dos reinos unidos, nuestra especie conviviendo con muchos más.- siguió Billy.

-Papá...- supliqué en un susurro, mirándolo.

-Lo que ocurre es que Bella ya está comprometida.- soltó mi padre.

-¡¿Qué?!- exclamamos todos en la mesa.

Apreté los labios y me volví hacia Jacob.

-¡No!- solté.- Supongo que era una forma de decirlo pero, en realidad, Jacob, mi corazón ya le pertenece a alguien, en este momento no estamos juntos pero...

-Pero ya amas a alguien...- terminó él por mí.

-Como lo siento, debí habértelo comentado...- comencé a disculparme.

-No, Bella.- me interrumpió.- No es tu obligación divulgar tu vida privada al primero que conozcas. Lo entiendo.

Cerré los ojos, mortificada.

-Como lo siento...- seguí.

-De eso nada.- me cortó Billy.- Fue un simple mal entendido, usted ya ama a alguien, alteza, y sabe que el amor es sagrado para los lobos.

Le sonreí a Billy.

-¡Ahora sigamos comiendo!- exclamó Jacob.

Todos sonreímos más relajados y continuamos con nuestra comida.

Al terminar, una hora después, Jacob quiso dar un paseo por el jardín y me pidió que lo acompañara.

Ambos nos levantamos y, con nuestros brazos entrelazados, nos despedimos y comenzamos a caminar.

-Así que...- comenzó Jacob.- ¿Qué ocurrió con tu amor?

Solté un suspiro.

-Es una larga historia y muy complicada.- me reí sin humor.

Él sonrió.

-Creo que tenemos el tiempo suficiente.- musitó.

Entonces procedí a contarle cada cosa que había ocurrido entre Ed y yo mientras caminábamos tranquilamente por los enormes jardines del castillo.

-Creo...- comenzó cuando terminé de contarle todo.- Creo que ya les llegó la hora.

Lo miré extrañada. No me digan que la hora de terminar todo.

-¿La hora?- inquirí con algo de temor.

-Sí, ya sabes, de perdonarse y ser felices de nuevo.- completó.

Solté un suspiro de alivio.

-¡Ah!- exclamé.

Jacob soltó una risita.

-¿Qué pensaste?- preguntó.

Moví la cabeza sonriendo.

-Lo peor.- admití.

Volvió a reír.

-No, Bella, ya en serio, es tiempo. Quiero decir, él te ama y todo eso pero no estará ahí eternamente, algún día se cansara de esperar y lo vas a perder, ¿vale la pena perder a quien amas por orgullo?- movió la cabeza.- Yo no lo creo y creo que si no quieres perderlo debes dejar de hacerte la orgullosa y la lastimada y perdonarlo bien, porque, admítelo, se te quitó lo del corazón roto cuando te volvió a decir que te amaba.

Pensé en eso y no podía negar que tenía razón y mucha. No quería perder a Edward por mi estúpido orgullo.

-Ahora déjame adivinar quien es.- pidió.

Sonreí.

-Es muy obvio.- musité.

-¡Oh, vamos!- exclamó.

Me reí junto con él.

-Bien.- cedí.

-El chico que cantó ayer.- dijo rápidamente.

Me sonrojé sin poder evitarlo.

-¡Ja!- exclamó.

-Te dije que era muy obvio.- dije con un tono de queja.

-Algo.- se rio.- Yo no me di cuenta hasta que dijiste que ya había alguien más.

Solté un suspiro.

-Además...- siguió.- No eres precisamente discreta.

Sonreí.

-Lo sé.- solté con mortificación.

Jacob comenzó a reír.

-¡Bella!- escuché el gritó de Alice.

Me volví hacia la voz de mi amiga y me topé con todos mis amigos a unos metros de nosotros.

-Ven.- le dije a Jacob.- Te voy a presentar.

Caminamos hasta los Cullen con absoluta tranquilidad.

-Chicos.- los saludé.

-Hola.- me regresaron.

-¿Qué tal la comida?- preguntó Rose.

-Interesante...- contesté echándole una mirada a Jacob.

Él río.

-Chicos, él es Jacob.- presenté al chico a mi lado.- Ellos son Alice, Jasper, Emmett, Rosalie y Edward.- señalé a cada uno.

-Es un gusto conocerlos a todos.- dijo Jacob.

-Igual.- contestó Alice por todos.

Comenzamos a platicar de diversas cosas, Emmett no paraba de tomarle el pelo a Jacob, Alice brincaba emocionada por la salida que tendríamos al día siguiente, Rosalie soltaba comentarios divertidos, Jasper abrazaba a Alice intentando controlarla y Edward sólo observaba, demasiado callado para mi gusto.

Cuando estaba a punto de pedirle a Ed que caminara un rato conmigo para poder hablar con él, sentí un leve tirón en mi vestido y bajé la mirada, buscando lo que me jalaba.

Ahí, a mis pies, una pequeña niña cargaba una muñeca en su brazo izquierdo y la mano derecha estaba en mi vestido.

Parecía un pequeño ángel, con sus cabellos negros, rizados ondeando al viento y los grandes ojos cafés obscuros abiertos con inocencia. Iba con un vestido naranja hasta los pies, igual que su muñeca.

-¿Alteza?- inquirió con una voz dulcemente melodiosa.

-Dime, cariño.- le sonreí, hincándome para quedar a su altura.

-Mi mamá me dijo que le dijera...- tomó aire.- Que ojalá se mejore porque todo el reino habla de lo que le paso ayer.

Contuve una risa.

-Bueno, dile a tu mamá que muchas gracias y que ojalá todos en su familia sean bendecidos con salud.- contesté.

La pequeña se balanceó ligeramente sobre sus talones.

-Alteza, yo también quiero desearle salud.- dijo.- Es usted muy hermosa como para enfermar.

Sonreí enternecida.

-Pues te lo agradezco, tú también eres muy hermosa.- le dije.- ¿Cómo te llamas?

-Mariana.- contestó.

-Bueno, Mariana, muchas gracias.- musité.

-¿Alteza?- volvió a llamar.

-¿Si?- inquirí con una risa.

-Le traje a Anne con la esperanza de que se sienta mejor.- explicó.

-¿Y quién es Anne?- pregunté.

Me extendió la muñeca.

-La tengo desde que nací, según mi mamá, pero yo recuerdo que ella me la daba cuando me sentía mal y con Anne siempre me sentía mejor.- explicó.- Quería traérsela a usted para que la ayude a sentirse mejor.

Sentí un ligero nudo en mi garganta pero tragué saliva rápidamente para deshacerlo.

-Te lo agradezco mucho, Mariana.- murmuré.- ¿No te va a doler separarte de Anne?

Ella negó con su cabecita, causando que los largos rizos volarán por todos lados.

-Ella estará bien con usted, además, Anne me dijo que vivir en el palacio era su más grande sueño y yo la estoy ayudando a hacerlo realidad.- exclamó Mariana.

-¿Y no quieres pasar un momento más con Anne?- cuestioné.

-Me gustaría mucho, alteza.- aceptó.- Pero ahora es de usted.

-¿Y si ambas jugamos con Anne?- propuse.

-Mi mamá me dijo que sólo podía si usted quería y si se sentía bien.- respondió.

Me reí.

-Bueno, Mariana, gracias a tu regalo, ya me siento mucho mejor.- exclamé.- ¿Quieres que juguemos con Anne?

Ella asintió muchas veces.

-¡Entonces ya está! ¡Juguemos!- volví a exclamar.

Le extendí la mano y ambas caminamos hacia un montoncito de pasto, nos sentamos una junto a la otra y comenzamos a jugar con la muñeca de trapo y cabello rojo.

Con esa pequeña niña, me sentí libre y tranquila. Había dejado a Jacob con mis amigos y no me entere de cuando se fue.

Jugué con Mariana durante horas, me asombraba su inocencia y su buen corazón, me transmitía paz y la esperanza de un buen futuro.

Además, me reí a carcajadas cuando ella se acercó a mi oído a susurrarme que Edward era muy guapo:

-Ese chico que no deja de mirarla es muy guapo, alteza.- había susurrado la pequeña.

-¿Quién?- pregunté, volviéndome para buscar.

-El de cabello naranja.- aclaró.

Mis ojos se toparon con Edward, quien me miraba fijamente con una sonrisa en el rostro. Por supuesto, al toparme con su mirada, me sonrojé.

-Sí, lo es.- acepté.

Mariana soltó una risita.

-Y usted se puso rojita.- se burló.

Me volví hacia ella y la agarré de las costillas, ella río incontrolablemente por las cosquillas provocadas.

-¡Shhh!- exclamé y me puse un dedo en los labios.- ¡Que no te escuche!

-¿Por qué, alteza?- sonrió.

-Porque es un secreto, uno entre tú y yo.- dije.- ¿Puedo confiar en ti?

-¡Sí!- exclamó sonriendo más.

Me reí y le estiré mi mano.

-¿Tenemos un trato?- inquirí.

Mariana asintió muchas veces y apretó mi mano con la suya.

-¡Tenemos un trato!- gritó.

Continuamos con nuestro juego hasta que el sol casi quedó oculto en el cielo.

-Ya es demasiado tarde, alteza.- dijo la pequeña con un puchero.- Debo volver con mi mamá.

Suspiré, deseando que pudiera quedarse un rato más.

-Bien, pequeña.- asentí.- Vamos, te llevaré, es muy tarde y las princesas como tú no pueden estar solas.

-¿Soy una princesa, alteza?- preguntó con sus ojos brillando.

-¡Claro que sí!- me levanté y le ofrecí mi mano.- ¡Todas somos princesas!

Mariana tomó mi mano y comenzamos a caminar.

Ella saltó con emoción.

-Mi mamá se pondrá muy contenta cuando sepa que soy una princesa como usted.- exclamó sonriendo enormemente.

Me llené de ternura.

-¿Puedo acompañarlas, señoritas?- inquirió una voz.

Me sonrojé sin poder evítalo y Mariana soltó una risita mirándome.

Giré la cabeza para toparme con los ojos verdes de Edward.

-Claro que puede, caballero.- respondí intentando controlar mis nervios.

Él me sonrió y comenzamos a caminar en silencio.

Pocos minutos después Mariana lo rompió y comenzó a charlar con Edward, yo sólo me quede callada pensando.

¿Y si Jacob tenía razón? ¿Y si ya era tiempo de perdonarlo todo? No podía negar que seguía estúpida y ridículamente enamorada de él y lo que había dicho Jacob acerca de perderlo había hecho mella en mi corazón.

Siempre pensamos que sólo porque nos aman nos van a perdonar todo y que siempre van a estar ahí pero, por muy grande que sea el amor, las personas no siempre van a estar ahí, ellas también se cansan y el amor muere, Edward podía cansarse de esperar y podía irse. Yo no quería que se fuera.

Algo se enfrió en mi interior al imaginarme a Edward lejos de mí, cansado de esperar que yo fuera un poco menos rencorosa y pudiera perdonarlo completamente.

No podía permitirlo, no podía dejar que él se fuera y no lo haría.

-Bueno, alteza, Edward.- comenzó Mariana, sacándome de mis pensamientos bruscamente.- Fue una linda tarde gracias a ustedes, gracias.

Le sonreí a la pequeña niña y me agaché a su altura.

-Gracias a ti por el maravilloso regalo, espero verte más en el palacio.- dije.

Ella asintió muchas veces.

-Si mi mamá me deja.- prometió.

Me levanté y me despedí de ella con la mano, Edward hizo lo mismo.

-Fue un placer, Mariana.- sonrió él.

-El placer fue mío.- musitó la niña.

Entró a la casa y nosotros dimos media vuelta.

Ahora que estábamos solos ninguna conversación salía a flote.

-Así que...- comenzó Edward unos minutos después.

-¿Así qué...?- pregunté, incitándolo a seguir.

-¿Qué tal la comida?- soltó rápidamente con el rostro totalmente serio.- Escuché que te pidieron matrimonio.

Me reí al recordar la fallida proposición de Jacob.

-Así es.- respondí aun riendo.

Edward se tensó a mi lado.

-¿Y cuál fue tu respuesta?- inquirió más serio que antes.

Me encogí de hombros.

-¿Sabes, Bella? Yo realmente pensé que estaba haciendo las cosas bien contigo.- dijo con brusquedad.- Ya vi que no y ojalá seas feliz.

Comenzó a caminar rápidamente y yo sólo me quedé parada por el shock hasta que una voz en mi cabeza dijo que si no caminaba y sacaba a Edward de su error podía perderlo. Entonces comencé a correr.

-Edward.- lo tomé del brazo y lo detuve.- Dije que no.

-¿Qué?- me miró confundido.

-Le dije que no a Jacob.- musité.

-¿En serio?- preguntó y yo asentí.- Como te quedaste callada asumí que habías dicho que sí.

-Edward.- casi reí.- ¿Cómo podía decir que si a alguien que no amo? ¿Cómo podría hacerlo cuando a quien amo eres tú? No podría ni en mil años.

Él me miró fijamente y una sonrisa adorno sus labios.

-Bella...- comenzó.

Lo frene con una mano, sabía lo que iba a decir y no era necesario que lo dijera.

-So your friend's been telling me, you've been sleeping with my sweater, and that you can't stop missing me.- canté en un murmullo.

"Bet my friend's been telling you

I'm not doing much better

'Cause I'm missing half of me."

Tomé su mano entre las mías y lo miré a los ojos. Sus ojos brillaron y comenzó a cantar conmigo.

"And being here without you

Is like I'm waking up to

Only half a blue sky

Kinda there - but not quite

I'm walking 'round with just one shoe

I'm half a heart without you

I'm half a man at best

With half an arrow in my chest

I miss everything we do

I'm half a heart without you."

Terminamos parte de la canción, que él había hecho para mí, juntos, sólo sonriendo.

-¿Qué significa eso?- preguntó él en un susurro.

-Significa que estoy cansada de esperar, significa que estoy cansada de sufrir, de estar separada de ti, significa que ya no puedo estar sin ti, que te amo más que a nada y a nadie en el mundo, significa que no soy nada si no estoy contigo, que mi corazón está contigo y significa que estoy lista para perdonarte, para olvidar a Tanya y dejarla en el pasado, para volver a vivir el "nosotros" que tanta falta me hace...

No pude terminar de hablar porque sus labios ya estaban pegados a los míos, besándome con desesperación, con pasión y con amor, siempre con amor.

-No sabes cuantas veces he deseado que esto ocurra en los últimos días.- musitó cuando se separó sólo unos milímetros de mí.

-Te amo, Edward.- le dije.

-Te amo, Bella.- respondió.

Y nuestros labios volvieron a unirse, mientras sentía como cada pieza de mi volvía a encajar perfectamente en su lugar, dejándome completa y feliz. Mi corazón estaba latiendo frenéticamente de nuevo, mi cuerpo perfectamente pegado al suyo.

Mi corazón volviendo a mi pecho.


Hola a todas! Pues, como pueden ver, aquí está esta irresponsable con un nuevo capítulo, no está lleno de romanticismo como tal vez se esperaba pero no ando muy inspirada en ese sentido y espero en serio no decepcionarlas. Ojala les guste y espero que dejen un lindo comentario.

Ando con prisas por que mi mejor amiga Vero me está amenazando con mandarme a Aro si no publico así que solo dejo esta nota rápido o moriré!

Las amo.

Alexa Swan de Cullen.