CAPITULO 3
Cuando llego al hotel me dirijo directamente a los elevadores y miro de reojo al recepcionista quien ya me conoce y está dirigiéndome una sonrisa cordial. Mientras subo recuerdo la primera vez que visite este hotel, tenia 15 años, era el aniversario de matrimonio de mis padres, ellos decidieron celebrarlo aquí, por razones desconocidas para mi.
La campanilla del elevador anuncia que llegué al piso indicado, recorro nervioso los pasillos ya conocidos en busca de la puerta número 715, la puerta que dará paso a ese rostro que me ha hipnotizado la última semana. Cuando estoy en frente de el me quedo helado, pensando que decir, ayer nos declaramos, si se puede llamar así. Acaso debo besarla? A veces siento que pienso mucho mis acciones antes de realizarlas. Golpeo la puerta decidido, cuando por fin se abre, ahí esta mi bella, angelical y delicada Gabrielle.
- Tu es magnifique
- Disculpa? –
- Que te ves guapísimo – dice con su juguetona sonrisa y agrega – recuérdame enseñarte como se habla en français –
- Je parlais français – por primera vez desde que la conozco me atrevo a poner en práctica el francés que me enseñaron mi padre y tía Mía - vous êtes la femme la plus belle du monde –
- Merci, merci beaucoup – dice alegre, para luego acercarse a mi y besarme fugazmente en la comisura de los labios, disfruto del suave roce de sus labios por ese corto segundo
- De rien, vamos, mi madre debe estar impaciente
Descendimos en el elevador en silencio, mirándonos de tanto en tanto, con las manos unidas y los dedos entrelazados, en el vestíbulo del hotel nos encontramos con el recepcionista, quien nos desea un buen día, afuera el muchacho del servicio de valet parking del hotel nos esperaba con las puertas abiertas del audi. Cuando estamos frente a él no puedo evitar reír de la expresión de Gabrielle cuando lo ve, creo que nunca se imaginó que este muchacho simple y humilde supiera como conducir. Sin soltar su mano rodeo el auto para abrir su puerta, en el momento en que lo hago noto que hay un fotógrafo cerca.
- Demonios – digo apresurándome a cerrar la puerta y subir al asiento del conductor
- Que pasa? – mi rostro debe haberse oscurecido, me pregunto si tengo la misma expresión de papá.
- Un paparazzi – digo saliendo a la avenida mas cercana a toda velocidad - puedes ponerte el cinturón de seguridad? –
- Por que te siguen los paparazzis?
- No había querido hablar de esa parte de mi vida – digo avergonzado – soy hijo de un exitoso empresario y de la dueña de una prestigiosa editorial del país, somos invitados a todas los eventos de la llamada alta sociedad de Seattle, mi padre es benefactor de un sinnúmero de casas educacionales, somos… acaudalados –
- Oh mon dieu – exclama sinceramente sorprendida – eres hijo de Christian Grey, el gerente general de Grey Enterprises Holdings Inc?
- Si, del mismo – digo avergonzándome – y eso resulta atractivo para la prensa, soy el hijo mayor de un matrimonio, que en su tiempo nadie dio un centavo por el, no tengo novias conocidas ni nada por el estilo –
- Asi que… mañana seremos la portada de alguna revista sensacionalista? –
- Es lo mas probable – digo al tiempo que me detengo en un semáforo – saldrás huyendo ahora que sabes que nuestra privacidad de la semana pasada se acabó? –
- Lo dudo – dice dirigiéndome una dulce mirada y acariciando mi mejilla. Tomo su mano y la beso.
Durante el resto del viaje no seguimos hablando del tema. Cuando llegamos a casa, una vez mas esa mirada de asombro se dibujó en el rostro de Gabrielle, su asombro me llama la atención, teniendo en cuenta que esta acá para realizar sus estudios en una universidad privada, vive en un hotel de lujo y viaja en primera clase. Quizá la vida en Francia es más austera o nosotros somos muy exhibicionistas. Detengo el auto y nuevamente lo rodeo para abrir la puerta a mi invitada. En la puerta está esperándonos Gail con su cálida sonrisa. Gail es casi como una abuela para mí, ha estado a mi lado desde que soy pequeño.
- Hola Gail – saludo abrazando a esa mujer que tanto ha dado por mi familia – te presento a Gabrielle Mercet–
- Mucho gusto señorita Mercet – saluda cortésmente inclinando la cabeza
- Igualmente – responde distraída en el vestíbulo mi bella francesa
- Donde están mis padres?
- En la terraza
- Gracias – digo guiñándole un ojo, luego cojo por la cintura a Gabrielle – Ma chérie, viens avec moi –
- Estoy agradablemente sorprendida con tu français – dice al tiempo que muerde su labio inferior. Avanzamos por la casa hasta llegar a la terraza que está comunicada con la sala principal. Allí se encuentran los tres integrantes de mi familia. Mi madre es la primera en levantarse como empujada por una fuerza invisible, la saluda con un apretado abrazo, le ofrece algo de beber y luego se sienta. Luego es mi hermanita quien la saluda y le dirige la sonrisa Grey patentada. Por ultimo él, mi padre, el señor Grey, Gabrielle al verlo le tiende la mano derecha.
- Enchanté – dice mi padre antes de besarle el dorso de la mano
- Également – responde Gabrielle claramente nerviosa y sonrojada. Me pregunto que produce mi padre en las mujeres que todas reaccionan así en cuando lo ven. Antes eso me parecía divertido, que a sus cuarenta y tantos aun tuviera ese arrastre con las mujeres, pero ahora no me agrada. Al parecer con mi madre pensamos lo mismo porque carraspeamos al mismo tiempo.
El almuerzo transcurrió tranquilamente, Gail se esmeró en cocinar comida francesa a lo que Gabrielle estuvo muy agradecida. Luego del postre lleve a mi bella francesa a recorrer la casa, porque el aumento de su asombro por mis bienes materiales iba en directa proporción a mi incomodidad con poseerlos. Cuando llegamos a mi habitación ella se mostro cariñosa cerrando tras de si la puerta y abrazándome firmemente, todos los músculos de mi cuerpo se tensaron al instante. En momentos como ese agradezco que mi padre me obligue a entrenar una vez por semana con Bastille. Si bien no soy del tipo musculoso como Dean, tío Elliot o mi padre, tengo todos los músculos de mi cuerpo bien demarcados. A Gabrielle eso parecía gustarle porque en ese momento acariciaba los músculos de mi espalda sin parar. La separe un par de centímetros de mí para poder mirarla a los ojos.
- Eres hermosa
- Tu también
Era el momento adecuado para que yo tomase la iniciativa. Pase mi dedo pulgar por su labio inferior sin apartar mis ojos de los de ella, luego alcé su cara sujetándola del mentón para así tener a mi entera disposición esos labios que horas antes habían rozado los míos, los que habían dado una pequeña muestra de lo que podían entregar. Y la besé. La besé con suavidad, con dulzura, luego con apuro y pasión. Al término de ese, nuestro primer beso, su respiración era entrecortada y estaba levemente sonrojada. Cuando me disponía a besarla una vez más, mi hermanita entra sin tocar, como de costumbre.
- Interrumpo? –
- No – dije disgustado
- Papá quiere hablar contigo
- Voy enseguida – gruñí. Bajé a toda prisa la escalera hasta el estudio de mi padre – me necesitas?
- Si, cuando vayas a dejar a tu novia
- No es mi novia
- Bueno, cuando vayas a dejar a tu amiga – deja escapar una de esas sonrisas que pocas veces muestra – pasa a recoger a Sophie
- Sophie?
- Sophie! Sophie Taylor, la hija de Taylor, en que mundo vives?
- Por que no va Taylor por ella?
- Es un problema difícil de explicar
- Viene con su esposo?
- Te dije que es difícil de explicar
- Ok, dime donde y a que hora la recojo
Mi padre haciendo de buen samaritano, es algo que se le da realmente bien, lo criticable de todo esto, es que me incluye en sus actos benéficos sin consultarme. Cuando salí del estudio me encontré con Phoebe y Gabrielle hablando animadamente, esta última me pidió que la llevara al hotel de inmediato, a lo que yo gustoso accedí. Hice el recorrido en tiempo record, ya que tenía que pasar por Sophie, que dicho sea de paso, hace tiempo que se marchó de esta casa, harán unos 10 años quizá, luego de dejar de vernos solo supe que se casó hace 3 años. No se si tiene hijos, no se a que se dedica, solo recuerdo jugar con ella en el patio de la casa cuando éramos pequeños. Al llegar al hotel Gabrielle me pide que vuelva a verla, ya que "tenía algo importante que hablar conmigo".
Conduje desde el hotel a la dirección que me indicó mi padre, hasta lo que resultó ser un motel. Ok, es un lugar extraño para recoger a una persona. Llamo a mi padre para avisarle que estoy afuera, mientras lo hago veo salir una pareja conocida del edificio, son Dean y Ava. Me obligo a mantener la calma. Mi prima es una chica inteligente, debe estar teniendo precauciones y todo con su consentimiento. Mientras me encuentro sumido en mi ensimismamiento, alguien golpea el vidrio del auto. Es una chica delgada, alta, alguien a quien me parece haber visto antes. Dudoso bajo el vidrio.
- Necesitas algo?
- No me recuerdas? – rió la muchacha
- La verdad, no
- Soy Sophie – guau es mas linda de lo que recordaba, bueno de lo que puede recordar un niño de 8 años.
- Disculpa – dije bajándome nervioso del auto – es que ha pasado un largo tiempo
- Tranquilo Teddy, donde pongo mis maletas? – apresurado abro el portaequipaje y la invito a subir – gran auto el que tienes
- Una de las excentricidades de mi padre – digo nervioso – que te trae por aca?
- No es muy grato, pero me acabo de divorciar y me quede sin casa, sin dinero, nada. Bueno solo mi trabajo.
- Lo siento
- No lo hagas, el hombre era un idiota, no merecía tenerme y yo no merecía ese trato, un día lo golpee y me denunció. Yo le respondí con una demanda de divorcio. Fue un día feliz.
Guau. No esperaba esa soltura para hablar. Inesperado, pero agradable. Que increíble volver a ver a mi amiga de infancia, cuando ambos ya no somos niños. Bueno yo soy mucho más inmaduro que ella, pero ya no soy un niño. Creo. Mirándola de reojo me doy cuenta que tiene unas marcas extrañas en el brazo izquierdo, como alargadas y que rodean sus muñecas. Ella nota que las observo y dice misteriosa "no te preocupes, no me paso nada malo" y me dedica una sonrisa que me recuerda a Taylor y las pocas veces que lo he visto sonreír. Me pregunto si su ex marido la golpea o la castiga. A nuestra llegada a casa Gail y Taylor estaban sorprendidos de ver a Sophie ahí, en cambio mis padres se veían felices de tenerla con nosotros.
- Los dejo – dije alzando la voz sobre la bienvenida a la recién llegada – vuelvo en un par de horas
- A donde vas cielo?
- Al hotel donde se hospeda Gabrielle – enrojezco de inmediato
- Oh – mi madre se ve confusa
- Ana, querida, deja a Teddy tranquilo – cuando termina de decir eso, me aparta del grupo – por lo visto vas a necesitar esto
- Que … – no termino de formular la pregunta cuando me doy cuenta del objeto que me acaba de entregar - Papá – digo devolviéndole el preservativo – no se si lo vaya a necesitar, estamos recién conociéndonos, ella me pidió que fuera a verla, que quería decirme algo…
- No subestimes la intuición de tu padre – dice poniendo el condón en el bolsillo de mi chaqueta – las mujeres son menos evidentes que los hombres a la hora de demostrar sus ansias de sexo
- Papá, si no tuvimos esta conversación cuando era niño, crees necesario tenerla ahora?
- Nunca está de mas – ríe como solo el lo hace – y por favor, cuando regreses quiero saber como ha ido
- Que? Quieres detalles?
- No, solo dime si salió bien o fue un asco. Hazle ese favor a tu viejo padre
No quise seguir escuchándolo, me ponía nervioso. Tome nuevamente mi audi y conduje hasta el hotel. Durante el camino pensé acerca de lo que me dijo mi padre, será tan evidente que quiere hacer el amor conmigo? Y si es cierto, soy asi de ciego que no lo he notado? Desde la inexperiencia de la que soy poseedor, puedo inferir que efectivamente le gusto pero no estoy seguro que sea a tal punto. Como he hecho en varias ocasiones subo directamente al cuarto de Gabrielle, allí me recibe vistiendo un delicado pijama de satín negro.
- Pensé que ya no vendrías
- Te prometí que volvería – la saludo con un fugaz beso en sus aterciopelados labios – además creo que tienes algo importante que decirme o me equivoco?
- Mentí – dice con una sonrisa pícara en su rostro, luego toma mis manos y me conduce a la cama. Allí nos sentamos uno al lado del otro mirándonos a los ojos – quería estar un momento a solas contigo
- Oh… - mi incertidumbre por lo que venía se debe haber reflejado en mi cara, porque Gabrielle rió disimuladamente y me besó.
- Que quieres hacer esta noche?
- Y que quieres hacer tu? – la verdad es que yo quería abrazarla y besarla toda la noche si es que fuese necesario.
- Besarte, mucho, hasta que me duelan los labios
Creo que teníamos la misma idea, me acerque sonriente a besarla largo y tendido, durante lo que parecieron minutos. Luego nos tendimos en la cama a conversar de su país, de la familia, de como había ido la comida del día de hoy. Todo intercalado con besos, caricias y abrazos. En un momento en el cual estábamos besándonos, una de sus curiosas manos descendió a mi estomago, lo que envió una punzada de excitación directo a mi miembro, que comenzó a alzarse en respuesta a las caricias, cada vez mas intensas, de mi hermosa francesa. De pronto introduce su mano en mi pantalón y comienza a acariciarme sobre la tela de la ropa interior. Dejo escapar un gemido de placer. Su respiración se hace entrecortada e irregular. En cierto modo me siento estúpido, no se que que debo hacer en ese momento. Opto por acariciar su espalda desnuda bajo la tela del pijama. Ella automáticamente me despoja de la chaqueta y camiseta, dejando al descubierto mi torso. Me atrevo a rozar uno de sus pechos delicadamente. Ella responde con una intensa mirada dirigida a mis ojos. "Tócame" la oigo decir, pero no estoy seguro de si fue ella quien lo dijo o mi subconsciente que me lo ordenaba. Sin hacer caso a mis divagaciones, tome su pecho en mi mano y lo besé suavemente sobre la tela. Casi al instante Gabrielle se quita la camiseta que segundos antes había servido de barrera entre mi boca y su pecho, dejando al descubierto dos pequeños y rosados pezones. Que son iguales a ella, hermosos y delicados. Con timidez me atrevo a besarlos. Mientras mi dulce francesa me quita los pantalones y la ropa interior, dejando al descubierto la generosa erección que me ha entregado. En ese momento recobro un poco la conciencia y digo:
- Nunca he tenido relaciones sexuales… con nadie – ella se detiene de inmediato
- Guau. Estas seguro de querer hacerlo? – la noto confusa
- Claro que si – en ese momento me sonríe amorosa y me besa tiernamente. Casi al instante comienza a remover sus cajones y me queda mirando aun mas confusa – sucede algo?
- No tengo preservativos… y no tengo ningún método anticonceptivo
- Yo traigo un preservativo en mi chaqueta – digo avergonzado, ella hábilmente los busca, lo abre y me lo coloca, para luego colocarse a horcajadas sobre mi.
- Creo que tendré que guiarte – con una mano toma firmemente mi erección y la introduce en ella. Esta nueva sensación además de extraña es exquisita. Comienza a subir y bajar. La tomo por la cintura y comenzamos a gemir dispares. Una sensación de opresion que comienza a liberarse me inunda y consigo llegar al extasis segundos antes que mi hermosa francesita, que cayó exhausta sobre mi pecho sudoroso. Estuvimos asi durante unos minutos, hasta que ella me dice – deberías ir a tu casa, tu madre debe estar preocupada por su pequeño
- Es verdad – aunque no me agrada, eso es cierto - no gusta la idea de dejarte aquí sola, menos después de todo lo que ha pasado
- No te preocupes, mañana no tengo nada que hacer y te esperare con los brazos abiertos – rió y agregó – trae preservativos
- Esta bien
Me vestí, la besé y me despedí. Que maravillosa noche. Ahora comprendo cuando se habla de adicción al sexo. Yo me podría hacer adicto a el. De vuelta a casa voy pensado en que le voy a decir a mi padre. Se que no se va a conformar con un simple "estuvo bien". Se que querrá detalles escabrosos, detalles que no estoy dispuesto a entregar. Lo que paso hoy, en ese cuarto de hotel es uno de los tesoros más grandes que tengo y que creo podre llegar a tener. Es el inicio de un viaje de introspección hacia el descubrimiento de mi propio placer y de como puedo entregárselo a otra persona.
