Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa S.M. Yo sólo juego con ellos. La trama si es mía y espero que la disfruten! :)


Capítulo 16: Amigos.

Bella Pov.

Decir que me sentía en el cielo era poco, creo que estaba en el espacio o más lejos. El simple hecho de estar entre los brazos de Edward era magnífico, no teníamos que decir nada, ambos sabíamos que ya todo estaba en su lugar, donde debió haber estado siempre.

-Siento que esto es como en un sueño.- me susurró.

Sonreí sin poder evitarlo.

-Pues espero no despertar nunca si lo es.- musité en el mismo volumen.

Seguíamos parados a unos metros del palacio con muy pocas ganas de volver a donde sabíamos que todos nos acribillarían con preguntas.

-Sin embargo, siento decirle, Princesa, que debemos volver al palacio antes de que el Rey se preocupe.- musitó Ed con un tono muy educado.

Solté una risa.

-No quiero, todos van a alejarte de mí para preguntarte cosas.- me quejé.

Edward besó mi frente dulcemente.

-Podemos escabullirnos a tu habitación o a la mía y listo.- sonrió.

Le sonreí de regreso.

-Me gusta esa idea.- susurré.

Envolví mis brazos entorno a su cuello y me acerqué para besarlo. Sus suaves labios se amoldaron perfectamente a los míos, comenzando una suave danza que ninguno quería terminar.

Una sensación de completa felicidad me llenó. Así era como quería estar para siempre.

-Probablemente deberíamos volver.- susurré.

-Probablemente.- murmuró de vuelta y volvió a besarme.

Mi corazón palpitaba aceleradamente y la respiración comenzaba a faltarme pero no quería separarme de Edward, es más, era capaz de pegarme a él con alguna magia antigua indestructible con tal de estar con él para siempre.

Finalmente nos separamos, él tomó mi mano y comenzamos a caminar juntos con dirección al palacio.

-¿Están en pie los planes para mañana?- me preguntó.

-Si.- respondí con un asentimiento.- Una salida que tenemos pendiente desde el primer día que llegamos.

Edward río ligeramente.

-Han pasado tantas cosas que siento que llevamos años y no días.- musitó.

Sonreí.

-Así suele pasar, aquí el tiempo pasa volando.- me encogí de hombros.

Sentí los labios de Edward en mi cabello y sonreí más. El corazón amenazaba con salirse de mi pecho de tanta felicidad.

-¿Es oficial?- pregunté después de unos minutos de silencio.

-¿Qué es oficial?- cuestionó confundido.

Apreté más mis dedos entornó a su mano.

-Esto.- dije.- Nosotros.

Él paró de caminar y envolvió mi cintura con sus brazos. Lo miré a los ojos.

-Por supuesto que sí, para mi es totalmente oficial, Bella.- susurró cerca de mis labios.- ¿Quieres tu que sea oficial? ¿Quieres volver a intentarlo, Bella?

Asentí con seguridad.

-Claro que quiero. Te amo, Edward, quiero estar contigo para siempre.- declaré.

Él sonrió.

-También te amo, Bella, te juro que nunca más voy a permitir que te dañen, ni siquiera yo, voy a protegerte de todo.- juró con solemnidad.

Levanté una de mis manos y acaricie el cabello de su nuca ligeramente, empujé ligeramente su cabeza hacia abajo y junté nuestros labios, en un suave beso.

Cuando nos separamos, nos sonreímos y seguimos con nuestro camino de regreso, esta vez en silencio, no eran necesarias las palabras entre nosotros.

Cuando llegamos al palacio, nos dirigimos a la habitación de Edward en silencio y vigilando en todo momento las puertas, los salones y los pasillos para no encontrarnos con alguno de los chicos.

Afortunadamente, logramos llegar a la habitación sin ser detectados y entramos rápidamente.

Solté una risa sin poder contenerme. Edward me sonrió.

-¡Lo logramos!- exclamó.

Me reí más fuerte.

-Por suerte.- musité.

Me acerqué a él y pase mis brazos ligeramente por su cintura.

-¿Quieres hacer algo en específico?- inquirió, posando sus manos en mis caderas.

Me encogí de hombros.

-El estar contigo es suficiente.- respondí.

-Pienso lo mismo.- exclamó sonriendo.

Nos acostamos en la cama y comenzamos a platicar de diversas cosas. Pasamos horas sólo hablando, riendo, jugando, siendo nosotros mismos, recuperando el tiempo perdido.

Cerca de las doce de la noche decidimos dormir y, por supuesto, lo haríamos juntos.

-¿Te sientes bien?- inquirió con preocupación.

Asentí.

-Un poco cansada pero estoy bien.- contesté.

Pensé en mi pijama, me concentré un poco y luego recordé que era humana y no tenía magia para poder cambiarme. Solté un quejido.

-¿Qué pasa?- brinco Ed, preocupado.- ¿Te duele algo?

Me reí.

-No, sólo recordé que no tengo magia y no puedo cambiarme por mi pijama o aparecer algo para dormir.- expliqué divertida.

-Oh.- exclamó con claro alivio.

Se encogió de hombros y caminó hacia su armario. De ahí sacó la playera que se había puesto el día que habíamos ido a la playa, justo antes de volver a Odette por un remolino de agua, y me la ofreció.

-Tengo esta, es la más larga y puedo buscar algún short o algo así.- ofreció.

Le sonreí y tomé la playera que me ofrecía.

-Está bien con ésta, es tan larga que podría usarla como vestido.- bromeé.

Edward se rio ligeramente. Caminé hacia el baño y me metí para poder cambiarme con más comodidad.

Mientras me quitaba el intrincado amarre del vestido, me miré en el espejo y me topé con que mis ojos cafés brillaban, tenía las mejillas sonrojadas y sonreía sin poder evitarlo y sin pensarlo, si quiera. Sin duda era el poder del amor, "el poder de Edward", lo llamaría Katherine.

Me reí sola por mis pensamientos. Tal vez nuestra reconciliación ya se veía venir a kilómetros de distancia para los demás pero yo realmente pensaba que no iba a pasar nada más entre nosotros que el pasado y esa idea me torturaba día y noche.

Ahora todo estaba en su lugar, como siempre debió haber estado y yo no podía estar más feliz por eso.

Salí unos minutos después. Edward ya estaba recostado con las mantas a su alrededor dispersas.

Me acerqué y me lancé a su lado con una sonrisa.

-¿Lista?- preguntó con los ojos brillantes.

Asentí varias veces. Nos acomodamos como antes: mi cabeza en su pecho, uno de sus brazos bajo mi cuerpo y anclado en mi cintura y el otro acariciando mi antebrazo, que reposaba en su estómago, y nuestras piernas entrelazadas, tapados con las mantas hasta la cintura.

Solté un suspiro de satisfacción, justo así quería estar para siempre, con él y sólo con él.

Mi novio apagó las luces y se acurrucó mejor a mi lado.

-Buenas noches, amor.- susurró, dejando un beso en mi coronilla.- Te amo.

Sonreí, demasiado feliz como para evitarlo.

-Descansa, Ed, también te amo.- respondí.

Unos pocos minutos después, ambos estábamos dormidos.


Unos insistentes toques en la puerta me despertaron a la mañana siguiente.

Abrí los ojos, ligeramente desubicada, entonces recordé todo lo sucedido la noche anterior y casi brinco de pura felicidad.

Sentí a Edward moverse debajo de mí y levanté la mirada para toparme con la suya adormilada.

-Hola.- susurré.

-Hola.- contestó con la voz pastosa. Frunció el ceño ligeramente.- ¿Quién toca con tanta insistencia?

Sólo entonces volví a ser consiente de los golpes en la puerta.

Me encogí de hombros y bostecé, sentándome en la cama. Edward se levantó y abrió la puerta.

-¿Qué?- soltó con brusquedad cuando abrió.

-¡Edward!- exclamó Alice, entrando al cuarto.- ¡Bella no está en su cuarto! ¡Fui a verla hace unos minutos y no está! ¡¿Qué hago?! ¡¿Le aviso al Rey Charlie?! ¡¿A la guardia?! ¡¿A Kath y a Elena?!- soltó con desesperación.

Me reí ligeramente. Edward me miró y sonrió.

-¡¿Por qué no te preocupas?! ¡La chica que amas puede estar secuestrada! ¡O herida! ¡O, por Thor, muerta!- gritó fuera de sí.

-Alice...- comenzó mi novio, luego suspiro y me señalo.

Alice se volteó en un microsegundo y, cuando sus ojos se fijaron en mí, levanté una mano sonriendo y la saludé.

Mi amiga pestañeo varias veces y luego su mirada se tornó confundida.

-¿Por qué ella...?- me señaló y luego se volvió hacia su hermano.- ¿Por qué tu...? ¿Acaso ustedes...?- alternó su mirada entre nosotros.

Edward asintió con una risa, se acercó a la cama, tomando asiento a mi lado y tomó mi mano.

-Sorpresa.- musité con la mirada divertida.

Alice abrió la boca, totalmente sorprendida y luego soltó un gritó de emoción.

-¡No puede ser!- gritó.- ¡¿Desde cuándo?!

Edward y yo nos miramos.

-Ayer.- musitamos al mismo tiempo.

Mi cuñada corrió y nos abrazó a ambos, aun brincando un poco.

-¡No saben cómo me alegro! ¡Ya era hora!- exclamó en susurros.- ¡Todos tiene que saber esto!

Nos soltó rápidamente y salió corriendo.

-¿Deberíamos detenerla y pedirle que no diga nada?- inquirí.

Edward negó con la cabeza.

-No sí no quieres, para el desayuno ya todos lo sabrán y nos ahorraremos las explicaciones.- contestó.

Asentí.

-De acuerdo.- me encogí de hombros.- Entonces que riegue el chisme por nosotros.

Edward se rio y, en un segundo, me tomó por la cintura y me lanzó al centro de la cama. Solté una carcajada y un pequeño gritó.

Mi novio se colocó encima de mí, con una sonrisa y me quitó un mechón de cabello que había caído en mi rostro con el movimiento.

-No puedo evitar recordar que no te he dado los buenos días como se debe.- susurró.

Me reí.

-¿Ah, sí?- fingí pensarlo.- Creo que tienes razón. Si, ahora que lo mencionas, tienes toda la razón.

Ambos reímos y entonces Edward cerró la distancia entre nuestros rostros y me beso delicadamente, moviendo sus labios sobre los míos con ternura, con delicadeza y una chispa de pasión. Mis brazos se anclaron en su cuello y lo jale para tenerlo un poco más cerca. Ambos nos perdimos en ese beso, nos olvidamos del tiempo, del lugar, de los problemas pasados y los futuros. Sentí su calor traspasarme y envolverme en una fina capa de ilusión y esperanza.

Mis manos encontraron el cabello de su nuca y jugueteé con él, él colocó una de sus grandes manos en mi cintura y la apretó ligeramente. No supe en que momento la cosa cambio y lo dulce se transformó en pasión, solo sabía que necesitaba más y más de él y Edward no se veía mejor. Nuestros labios cambiaron la dulce danza por una rápida y sin contemplaciones, una guerra de dientes, labios y lenguas.

La larga playera de Edward subió en algún momento y dejó al descubierto mis bragas y parte de mi abdomen. Sentí la mano de Edward, que había estado en mi cintura, acariciar mi abdomen y comenzar a bajar muy lentamente.

Tocó mi muslo y entonces comenzó a subir y a subir un poco más y entonces... La puerta se abrió estrepitosamente, asustándonos y cortando toda pasión al momento.

Nos separamos rápidamente y en estado de alerta, miramos hacia la puerta sólo para encontrarnos con todos, y cuando digo todos son todos, desde mi padre hasta Antonella, pasando por mis hermanas, primas, Stefan y Damon, Alice, Jasper, Rosalie, Emmett y todos los demás, mirándonos con los ojos abiertos como platos.

Solté un resoplido y me tiré en la cama, intentando controlar mi respiración y el fuerte sonrojo que comenzaba a subir por mi cara.

-¿Les podemos ayudar en algo?- preguntó Edward, entre mis piernas sosteniéndose con sus brazos a cada lado de mi cabeza para no aplastarme.

Casi me rio de la escena que estábamos dando.

Entonces Melany soltó un gritito emocionado y todos comenzaron a hablar. Sin importarles para nada la posición comprometedora en la que nos encontrábamos Edward y yo, las chicas corrieron hacia mí y me lo quitaron de encima para levantarme y poder abrazarme. Ellas brincaban y hablaban y gritaban sin parar, por el rabillo de mi ojo pude ver a mi novio encerrado entre los hombres, con mi padre con su brazo sobre sus hombros sonriendo orgullosamente, en las mismas condiciones que yo sólo que ellos no brincaban ni gritaban, ellos reían estruendosamente y se daban palmadas en el brazo continuamente.

Rodé los ojos ligeramente.

-¡Cuéntanos todo! ¡Estoy tan feliz por ustedes!- exclamó Elena.

-Chicas, ¿podemos hablar de esto más tarde?- inquirí.- Me muero de hambre.

El instinto protector de Amanda se activó al instante, como supuse que haría, y comenzó a mover los brazos desesperadamente.

-¡Es cierto! ¡Señoritas, la princesa acaba de salir de un envenenamiento que casi la mata y necesita fuerzas y energía!- exclamó, tomando mis brazos y apartándome del círculo recién formado.

-Pues yo vi que tenía mucha energía cuando tenía a Edward encima.- soltó Rosalie con una risa.

Mi boca se abrió por la sorpresa y las demás soltaron una carcajada.

-¡Rose!- exclamé casi escandalizada.

-¡Chicos! ¡Todos a desayunar!- exclamó Amanda soltando risitas.

Después de un agradable desayuno lleno de bromas que estabas dirigidas, en su mayoría, a Edward y a mí, todos nos pusimos en movimiento para poder tener nuestra salida ya planeada desde el primer día que pisamos Odette.

Salimos del palacio y pasamos de largo por las caballerizas y por los carruajes hasta que nos encontramos en el pequeño sendero repleto de bosque que conectaba el palacio al reino.

Íbamos los Cullen, mis hermanas, los Salvatore y, por supuesto, yo. Mis primas habían pasado de la salida pues ya conocían hasta el más pequeño recoveco.

-¿Alguien sabe dónde está Fanny?- preguntó Alice.

-¿Fanny?- inquirí.- No sabía que estuviera pedida.

-No lo está, salió ayer por la tarde.- aclaró Rose.

-Sí, pero no la vi en el desayuno hoy.- insistió Alice.

-Tal vez se quedó dormida.- sugerí.- No me sorprendería para nada.

Rose soltó una risita.

-A mí tampoco.- admitió.

Hice un puchero.

-Nos dejó solas.- me quejé.

Katherine y Elena se colocaron a nuestro lado.

-¿Quién las dejó solas?- preguntó Katherine.

Elena estaba atándose el largo cabello castaño en una coleta alta.

-Fanny.- respondimos al unísono.

-¡Oh!- exclamó Elena con liga del cabello en la boca. Soltó unos cuantos balbuceos aún con la liga entre los dientes.

La miramos totalmente perdidas. Rodó los ojos, se sacó la liga de la boca y repitió lo que había dicho mientras se ataba el cabello:

-Que ayer la vi salir del palacio con un chico.

La miramos sorprendidas.

-¡¿Un chico?!- exclamé.

-¡¿Qué?!- soltaron Alice y Kath.

-No te creo.- afirmó Rose.

Las cuatro perfectamente sincronizadas.

Elena se encogió de hombros.

-En serio.- asintió.

-¿Viste como era?- preguntó Alice con emoción.

Elena negó con la cabeza.

-Alcancé a ver que era alto y de cabello claro, no rubio, si no, como castaño claro.- asintió para sí.

Había muchos chicos de cabello castaño claro.

-Esperemos que lo presente pronto.- dijo Rose.- No le conocemos ningún chico.

-¡Sí!- exclamó Alice.- El chico lindo de Los Ángeles. Ese con el que salió unos cuantos meses hace poco más de un año.

Rose y Katherine resoplaron, y Elena y yo nos soltamos a reír.

-¡Alice, ese era su primo!- expliqué entre risas.

Alice frunció el ceño.

-No es verdad.

-Es totalmente verdad.- me apoyó Rosalie.- La primera vez que salió con él, todas la molestamos y le pedimos que nos lo presentara...

-Y ella nos dijo que era su primo, que estaba de intercambio.- siguió Kath.

-El chico estuvo seis meses y regreso a su casa en Argentina.- terminó Elena.

Nos burlamos de Alice un poco más y, el resto del camino, observamos los tipos de plantas, de animales, las flores, el bosque completo. En algún punto del camino, Edward se unió a mí, tomando firmemente mi mano o pasando su brazo por mi cintura, pegándome a su costado.

Llegamos al pueblo más pronto de lo que esperábamos o, tal vez, la estábamos pasando tan bien caminando por el bosque que no notamos el tiempo correr.

En la entrada del pueblo, había un hermoso puente de piedra y debajo de éste un río pasaba lentamente, acariciando los pilares del puente. Era un río cristalino, lleno de peces de varios colores y tamaños y piedrecitas salteadas que brillaban con el sol por los minerales.

Pasando el puente, las calles empedradas y las casas de madera con techos en punta y balcones pequeños, daban la bienvenida con el claro ajetreo de las personas que caminaban de un lado a otro, las mujeres con niños pequeños comprando comida en el mercado, las brujas en sus escobas que flotaban de lado a lado, los duendes y las hadas, los primeros pequeños y gruñones y las últimas, dejando un halo dorado por donde volaran, los hechiceros en cada esquina vendiendo sus pociones, los árboles moviendo sus ramas para que el sol no llegará tan directo a las personas, los pocos vampiros caminaban con sombrillas en lo alto para no distraer a nadie con su brillo, etc.

De inmediato sentí la conexión, era una sensación de vuelta al hogar.

-Esto es hermoso.- susurró Rosalie.

-Es más que eso.- siguió Emmett.

Jasper sólo sonrió por las reacciones de sus hermanos.

-Esto es Odette en un día cualquiera por la mañana.- sonrió Elena.

-¡Andando!- exclamó Katherine.

Nos encaminamos hacia el pueblo, con el centro en mente, allí se podían admirar aún más las diferentes especies que habitaban el reino, además era sumamente hermoso y estaba deseando con todo mi corazón que les agradara a todos.

Pasamos la mayor parte de la tarde en el mercado del reino, enseñándoles a los demás la forma de vida de nuestros habitantes. El mercado era un largo camino con calles empedradas y vendedores con sus puestos en cada lado, tratando de hacerles ver a los compradores porque ellos eran su mejor opción; los compradores, por su lado, utilizaban el fino arte del regateo para conseguir mejores precios.

Mis hermanas y yo aprovechamos el tiempo para vigilar que las cosas continuaran pacíficas y que no hubiera necesidades ni maltratos. Fue una tarde muy provechosa y muy divertida. Cerca de las seis de la tarde ya íbamos de regreso al palacio.

-¿Qué les pareció?- preguntó Katherine con emoción.

Convivir con nuestros gobernados nos hacía sentir mucho mejor y alegraba mucho más nuestras visitas al pueblo.

-¡Es hermoso!- exclamó Alice.- La convivencia y el ambiente es tan diferente.

Rosalie asintió.

-Es cierto, además todos aquí son muy amables.- remarcó

-Y no podemos olvidar la "cálida bienvenida" que ya le hicieron a Edward.- musitó Emmett.

Sonreí.

Resulta que, poco después de internarnos en el mercado, una chica que estaba por ahí, se acercó a nosotros y nos llamó: "Altezas", nos llevamos todos una grata sorpresa al ver que incluyó a mi novio en ese título. Él era el más sorprendido de todos y después de tartamudear un saludo se puso de un tenue color rosa.

Nos reímos mucho de eso.

-No entiendo porque lo hizo.- se quejó Ed.

Íbamos tomados de la mano, por lo que, apreté sus dedos ligeramente para que me mirara.

-Digamos que ellos reconocen a su futuro rey.- sonreí.

Ed se sonrojó como nunca y bajó la mirada totalmente apenado. Todos soltamos una fuerte carcajada.

Y en eso estábamos cuando una voz conocida nos llamó:

-¿Chicos?- inquirió.

Nos volvimos todos al mismo tiempo

-¿Fanny?- reaccionó Elena.- ¿Qué haces por aquí?

-¡Oh!- exclamó ella.- Lo siento, sé que ya habíamos planeado esta salida pero él me invitó justo hoy y no me pude negar…

-¿Él?- soltamos todas las mujeres.

Fanny se sonrojó.

-Sí.- sonrió.- Conocí a alguien el día de la fiesta…

-Soireé.- la corrigió Alice con diversión.

-Eso.- soltó Fanny con cansancio.

Nos reímos.

-¿A quién conociste?- pregunte con algo de impaciencia.

Ella se volteó, buscó a alguien por unos segundos y luego sacudió el brazo un poco.

-Aquí viene…- susurró.

Elena me tomó del brazo.

-Bella, es Hyden.- me murmuró.

Me fije mejor en la figura que caminaba y, efectivamente, nosotras conocíamos a esa persona.

-Chicos, él es Hyden.- presentó Fanny cuando el chico llegó.

Mandíbula angulosa, ojos verdes, cejas pobladas, nariz mediana, ni muy grande ni muy pequeña, y ligeramente respingona, frente ancha, labios perfilados y llenos, cabello largo hasta la mandíbula, castaño claro y lacio, cuerpo de infarto y su estatura oscilaba entre el 1.80 m. y el 1.85 m. Definitivamente yo conocía a ese chico.

Mientras Fanny nos presentaba, nuestras miradas se encontraron. Levante una ceja y él se encogió de hombros.

Ni mis hermanas ni yo hicimos algún comentario sobre él y nos encaminamos de regreso al palacio.

Al llegar, entramos y nos dirigimos directo al comedor, llegábamos justo a tiempo para la comida.

Papá se sintió feliz de ver a Hyden y, por supuesto, tuvimos que explicar que conocíamos al chico desde hace tiempo, solo que no dijimos el porqué, pues el mismo Hyden lo cortó diciendo que eso no tenía importancia alguna.

Después de la comida pasamos a la sala, donde continuamos con la mini celebración que se había armado de improviso.

Todos reían y papá, definitivamente, estaba feliz de tenernos a todos reunidos y en paz.

Sin embargo, desde la sorpresa que Fanny nos había dado por la tarde, había una inquietud que no podía sacarme de encima.

Miré fijamente al chico castaño que estaba frente a mí. Me acerqué y le toqué el hombro ligeramente.

Estaba sonriendo cuando me miró.

-¿Qué ocurre?- inquirió alegremente.

-¿Podemos hablar?- pregunté.

Asintió con una mirada preocupada.

Se levantó de la silla donde estaba y me siguió fuera del comedor, hacia uno de los pasillos.

-Bien, dime ahora que ocurre.- exclamé.

-Escucha, Bella, sé que nunca en mi vida he sido de cosas serias pero con Fanny está siendo diferente...- comenzó a explicar.

Levanté una mano para frenarlo.

-No me preocupa eso, te conozco y confió en ti en ese sentido.- aclaré.- Pero quiero saber que estás haciendo y sabes a lo que me refiero.

Bajó la mirada y se pasó una mano por el cuello. Entonces su actitud cambio y se endureció.

-Tendrás que ser más específica.- espetó con ojos fríos.

Resople.

-No uses esa actitud conmigo.- regañe.- ¡Su don es la piromanía! ¡Tú eres...!

-¡Lo sé!- exclamó- Lo sé.

Me restregué el rostro con una mano.

-¿Qué estás haciendo, Hyden?- susurré.

-Por favor, confía en mí.- suplicó.

Asentí con un suspiro, confiaba en él, solo esperaba que las cosas no se complicaran mucho.


Hola, mis guapuras! Commo están?! Espero que muy bien! Yo les seré honesta, estaba que me moría por publicar, este capitulo estaba a la mitad cuando me decidí a seguir adelante pero se me cruzaron el colegio y las universidades y con ellas los exámenes de admisión y los sermones de "debes mantener tu promedio" entonces como que me atasque un poco, pero ya estoy aquí! Y les juro que no voy a dejar ninguna de las historias! Espero no tardarme mucho con los capítulos!

Y por cierto! Les quiero contar una hermosa noticia! Con este rollo de las universidades, fui hace unas semanas a presentar examen en la UDLAP que, aquí en México es como de las más importantes, las que son mexicanas creo que si han oído hablar de ella! Quienes la conocen pónganmelo en su comentario! Bueno, el caso es que me aceptaron y me dan el 50 % de beca! Y no saben lo feliz que me hace eso! Y pues solo quería compartirlo con ustedes por que ustedes son parte importante de mi vida!

Po cierto, ya estando en estas! Por que no me dejan un comentario diciéndome de donde son y lo que más les gusta de su país o ciudad o estado! Empiezo yo: Soy de la ciudad de Puebla en el estado de México y lo que más me gusta de Puebla el centro por que tiene haciendas y un estilo muy colonial, me hace sentir como en la época de la revolución! Les toca!

Nos leemos en el siguiente capitulo!

Las amo con todo mi corazón!

Alexa Swan de Cullen*