CAPITULO 8
Pasaron días desde la visita al antiguo departamento de Sophie, y la visión de ella siendo golpeada para obtener placer sexual, me asqueaba. Me asqueaba al punto de querer tener al ex marido frente a mí, y romperle todos huesos de su cuerpo. Durante los recesos en la universidad observaba en la lejanía a la guapa profesora de algebra, su cadencia al andar, su seguridad al moverse, y por sobre todo, su inigualable belleza.
- Buenos días – ese acento francés
- Gabrielle
- Teddy, nunca me dejaste explicarte lo que sucedió esa mañana en el hotel.
- No es necesario – esto es verdad? – ya es tema superado
- No quiero que pienses que no te quise…
- Gabrielle – la interrumpo – no quiero ser grosero, pero no me interesa saber qué demonios te paso esa mañana. Me gustabas mucho, por lo mismo sufrí mucho. En este momento tengo interés en otra mujer – casualmente Sophie pasaba por ahí – ya no estoy interesado en una niña que no sabe lo que quiere.
- No soy una niña – la ira comenzó a apoderarse de ese delicado rostro – soy prostituta – las palabras escaparon de su boca
- Esto es demasiado para mí – quise dejarla hablando sola, pero sujeto mi brazo firmemente
- Ahora me vas a escuchar – dijo con determinación – me gustabas, de hecho, aun me gustas. No puedo parar de pensar en ti y de la manera equivocada en la que termino lo nuestro. Cuando decidí estudiar en este país y nadie quiso financiar mis estudios, tome la determinación de no dejar que nadie me quitara ese sueño. Investigué el negocio de las escort y me decidí a entrar en él. Sé que en este momento no debes querer seguir escuchándome, pero me gustas mucho y no me voy a rendir tan fácilmente. Tú vas a ser mío.
- Terminaste?
- Si
- Adiós.
La conversación con Gabrielle me descompuso la mañana. Yo? Gustarle? No puede ser. Si de verdad le gustase no me habría hecho eso. Es una mentirosa. Los sentimientos se golpeaban dentro de mí sin control. Volví a recordar todo lo que pase estando enamorado de ella. Esa dulce francesa que conocí en el avión, termino siendo una prostituta. Inevitablemente una lagrima rodo por mi mejilla, la cual fue secada sutilmente por una mano femenina. Levante la vista y la vi mirándome dulcemente, buscando en su maletín un pañuelo. Sophie sonrió levemente antes de decir:
- Te vi hablando con la francesa – guarde silencio por unos segundos – si no quieres hablar de esto, lo comprendo
- Es prostituta – dije con un hilo de voz, ante su creciente confusión repetí – es prostituta
- Lo siento mucho Ted
- No lo hagas – dije tomando aire para recobrarme – ya no la quiero en mi vida, es… solo que, me dolió enterarme tanto tiempo después de la verdad
- Que te parece si después de la universidad vamos por un trago?
- Qué tal si vamos a escala?
- Está bien
- Enviaré a Jacobs por ti
- Eres perfecto Ted
- Gracias
Durante el resto del día no pude concentrarme en ninguna clase. Quería salir corriendo de ahí y hundirme en los brazos de Sophie. Siempre recordare cuando solía jugar con ella de niños, teniendo en cuenta que era pequeño, cada vez que me lastimaba y comenzaba a llorar ella me consolaba. De hecho, mi madre dice que, hubo una época en la que solo ella podía consolarme. Luego creció, se fue de casa, ingreso a la universidad, conoció a quien un par de años después se convertiría en su esposo y deje de verla por largos años, pero nunca me olvide de ella. Lo que nunca imagine, es que ella iba a estar presente en los momentos que yo más consuelo necesitaba de lo que llevo de vida adulta. Durante la tarde me comunique con Jacobs para que la recogiera y la llevara a escala. Le pedí a Mary que cocinara algo especial. El momento en que se abrió la puerta del ascensor y la vi salir, quise que nada de lo sucedido con Gabrielle estuviera atormentándome, era realmente un espectáculo digno de admirar, pelo suelto, vestido negro y tacones a juego. Cuando estuvimos frente a frente, no puede evitar admirarla por un momento y luego abrazarla fuerte. Fue un abrazo reciproco, no hubo nada de tensión sexual en ese abrazo, por primera vez desde que regresó, sentí la conexión fraternal que teníamos de niños. Hoy, ambos adultos, yo destrozado anímicamente y ella perfecta salvadora como siempre lo ha sido. Espero que Sophie nunca salga de mi vida.
- Como estas? – preguntó después de separarnos de ese abrazo que ojala hubiese durado una vida entera.
- No se
- Es una respuesta válida – rio por lo bajo – es tu primera pena de amor?
- Desearía decir que no, pero no puedo – digo al tiempo que me desplomo en el sofá más cercano
- Tranquilo, nadie muere de amor – sentándose a mi lado – yo no morí
- Gracias – acaricio su mano sobre el sofá
- De nada – responde a mi caricia por unos segundos, luego se libera de la leve sujeción de su mano nerviosa – quizá no debería estar aquí
- Por qué? – buscando su mirada
- Me están pasando cosas fuertes contigo – dice casi sin respirar – y me duele saber que tu sufres por alguien que no te merece – casi sin pensarlo me acerco a ella casi al punto de rozar nuestros labios, me mantengo en esa posición esperando que ella de su consentimiento, el cual no se tardó en llegar. Cuando por primera vez nuestros labios se rozaron sentí una electricidad que me recorrió desde el punto de encuentro y viajo a través de todo mi cuerpo. Sus labios suaves y delicados, ese beso con el que venía soñando hace días. Nuestros labios se movían al mismo ritmo, tal como si llevaran años de práctica, ella, tímida introdujo su lengua en mi boca y yo hice lo mismo, jugueteamos con ellas durante un momento, luego volvimos al ritmo acompasado, hasta separarnos – no sabes cuánto vengo esperando este beso – dijo en un suspiro
- Puedo imaginar que casi el mismo tiempo que yo – la bese en la comisura de los labios. Para ese entonces Gabrielle ya no era tema – Mary tiene la cena lista, me acompañas?
- Encantada – le ofrecí mi mano y la guie hasta el comedor, perfectamente adornado para la ocasión. Comimos entre miradas cómplices. Luego de eso fuimos a cobijarnos al calor de la chimenea. Sophie se acurruco a mi costado, la abrace. De vez en cuando nos besábamos, acariciábamos, reíamos y disfrutábamos. Nunca me había sentido tan cómodo con una mujer. – te quiero Teddy
- Y yo a ti – bese su frente.
- Es hora de regresar a casa –
- Quédate – sus ojos se encendieron
- Estas seguro?
- Si – la bese, esta vez apasionadamente, acariciando su cintura, caderas, bajando mis manos a sus muslos, ella jugaba con sus manos desde mi pecho hasta mi pelo. Me incorpore, con ella en mis brazos, sin dejar de besarla, la alcé y me dirigí a mi dormitorio. Estando allí la deje sobre mi cama y pare automáticamente de besarla – aun estas a tiempo de huir –
- No puedo negar que estoy nerviosa, siento como si fuera mi primera vez – se sonrojó y tomo aire – hace más de 10 años que no tengo una relación sexual normal –
- Espero cumplir las expectativas – la recliné en la cama y me posé a su lado, comencé a besarla en los labios, luego el cuello, podía sentir en mis labios el compás de su pulso carotideo, estaba acelerado y eso me encendía aún más. Se podía oler su nerviosismo – tranquila, sabes que nunca te haría daño, solo relájate – acaricie su rostro con el dorso de mi mano y la besé solemnemente en la frente, antes de seguir trazando un camino de besos desde el cuello, hasta las clavículas, y de ahí al nacimiento de sus pechos, con el primer beso allí, vino el primer gemido, al oírlo mi corazón se disparó y la erección comenzó a crecer. Nos pusimos de pie y mirándola hacia abajo, vi como torpemente intentaba abrir la cremallera del vestido, la ayude sin dejar de mirarla a los ojos, cuando deje que el vestido se deslizara por si solo hasta el piso, quedo al descubierto un juego de lencería negro, elegante sin pretensiones, no venía preparada para el sexo, eso me inspiro devoción. Trague saliva antes de mencionar lo magnifica que lucía en ese conjunto. La seguí besando, seguíamos de pie, ella hábilmente abrió mi camisa dejando a la vista mi torso que, modestia aparte, mantengo bien tonificado, una vez más agradecí al cielo que mi padre me obligue a entrenar. Me ayudo a quitarme el pantalón y ya no pude seguir ocultando la erección, manifestación máxima de mi deseo por ella. Hecho eso, se quitó el sujetador y dejo al descubierto un par de grandes pechos, con pezones firmes y erguidos. Los acaricie con delicadeza, sentí como su respiración se agitó, luego acerque mis labios al nacimiento de sus pecho y empecé a abrirme camino hacia sus pezones, cuando al fin tuve uno en mis labios, lo succioné delicadamente, lo lamí y mordisquee, mientras que con una mano jugueteaba con el otro pezón, entre los dedos índice y pulgar. Oí otro gemido. La volví a recostar en la cama y me quede admirando por un par de segundo el espectáculo que implicaba Sophie semi desnuda. Me incline y la bese en los labios
- Acuéstate a mi lado – pidió con la respiración entrecortada, obedecí silencioso y me acosté sobre mi costado, ella se puso frente a mí y me beso y mordisqueo los labios. De pronto sentí como una mano nerviosa recorría mi pecho y abdomen, haciéndose camino hacia la erección que pedía a gritos ser liberada. En primera instancia la acaricio sobre la tela de la ropa interior, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, luego de eso metió su mano dentro y comenzó a acariciar directamente. Necesitaba estar dentro de ella a como diera lugar, pero tenía que mantenerme tranquilo – puedes tocarme si lo deseas – estaba tan ensimismado que había dejado de acariciarla, la bese a modo de disculpas y baje mi mano directamente a su entrepierna y la toque sobre la tela del calzón y pude intuir que estaba lista para recibirme en su interior. Metí mi mano dentro de la braga y comprobé que el presentimiento reciente había sido acertado, la humedad y el calor que sentí al introducir uno de mis dedos en su vagina me dejo claro que estaba lista. La mire a los ojos, ambos sabíamos que significaba. Terminamos de desnudarnos, ella se posó de espaldas –
- Preparada? – sonreí, ella sonrió y asintió. Puse la punta de mi pene en la entrada de su vagina y fui empujando poco a poco, sintiendo como ella se llenaba de mí. En un principio gemía tímida, pero cuando nuestros cuerpos se fueron sincronizando al compás del vaivén de caderas, comenzó a gemir un poco más. Me volvían loco sus gemidos, estuvimos en esa posición un momento, nunca deje mirarla a los ojos, luego me senté en la cama y recordé que no me había puesto el preservativo, aparte a Sophie un par de segundos y en un hábil movimiento me coloque uno, volví a penetrarla, esta vez ella tenía el control, yo estaba sentado y ella sobre mí a horcajadas, lo que dejaba a la altura de mi rostro sus pechos que se movían al mismo ritmo que nuestros cuerpos, para este entonces la excitación era gigante. La sujete bien y me puse de pie con ella en brazos, sin dejar de penetrarla, camine hasta la pared más cercana y puse su espalda contra ella, para que tuviera más estabilidad y seguí penetrándola de pie. Sentí como empezó a palpitar mi pene, ante la liberación inminente, no baje el ritmo de mis embestidas hasta que ya no pude soportarlo y tuve un sonoro orgasmo, segundos después, sentí como sus músculos pélvicos se contrajeron alrededor de mi pene, supe que ella había llegado al orgasmo también. Estuvimos en esa posición unos minutos hasta recobrar el aliento, luego la lleve a la cama – eres perfecta
- Tú también – me beso fugazmente, antes de desaparecer en dirección al baño, cuando volvió venia envuelta en una de mis playeras – puedo usarla de pijama?
- Se te ve mejor a ti que a mí – fui al baño a botar el preservativo y ponerme algún pantalón, cuando regrese a la habitación me acosté con ella dejándola posar su rostro en mi pecho, la acerque hacia mí y bese su coronilla – le enviare un texto a Mary, no quiero que me despierte temprano mañana, quiero disfrutar esta noche contigo bonita – dicho eso, teclee el mensaje y lo envié.
A la mañana siguiente el timbre del loft sonó temprano, era el clan Grey que iba de visita a escala, escoltados por Taylor. Una vez allí, Ana se dirigió directamente al dormitorio principal a buscar a su hijo mayor, cuando entro vio a Ted con una chica, la cual no reconoció debido a que estaba oscuro, por lo mismo se dirigió a las ventanas para abrir las cortinas, su sorpresa fue evidente cuando vio que la muchacha que estaba en brazos de su hijo, era Sophie, la hija de Taylor.
