Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Meyer, la historia tampoco, solo hago una adaptación, cualquier cosa que les resulte conocida tampoco es mía. Está basada en una película, seguro ya se habrán dado cuenta cual es, y si no, pues al final se los dejaré por escrito.

Summary: Tras la muerte de su padre, Bella se convierte en la sirvienta de su madrastra y sus hermanas, pero no todo es tan malo, su destino se cruza con el príncipe Edward el cual huye de sus responsabilidades como próximo Rey.

Capitulo 2: Nueva Familia.

Los rayos del sol comenzaban a alumbrar por toda la campiña francesa, el cielo con tintes rojizos y azules en su mayoría, daba la bienvenida al jinete que cabalgaba con temple, con elegancia, su corcel negro parecía disfrutar del viento frío matutino, incluso su jinete cabalgaba con una sonrisa, con el corazón latiéndole a cada galope, pues pronto vería a la razón de su vida.

Mientras tanto, a escasos kilómetros de ahí, en la Gran Casona Swan, los sirvientes corrían de un lado a otro para mantener todo en orden. Ultimando detalles, ya que la llegada del patrón era un evento que alegraba a todo el mundo, en especial a una niña de cabellos marrón. La única hija de Charles Swan.

-¡Oh Carmen esto parece Navidad! – exclamó la castaña emocionada mientras la nana le abotonaba el vestido en colores rosados. – Recibo madre y hermanas en un solo día.

-Sí. – sonrió la mujer con nostalgia. – Van a pasar cosas emocionantes aquí con una Varonesa. – La mujer no pudo terminar de hablar porque Bella había saltado de la cama. – ¡Estate quieta Bella! – dictó la nana.

Isabella Marie Swan, aquella niña que había sido la razón de la alegría en aquella casa desde que su madre dio a luz, sonrió emocionada, Bella como prefería que la llamasen, había crecido con su padre y un sinfín de criados en aquella enorme casa.

Pese a que no eran de descendencia noble, Charles Swan era un mercader con una fortuna envidiable que le permitió darle lo mejor a su hija, desde que René su esposa, había muerto tan trágicamente en ese accidente a caballo.

Charles había quedado devastado, pues René había sido su único amor, y juró darle lo mejor a aquel fruto del amor que hubo entre su amada René y él.

Isabella a pesar de su corta edad, tenía una educación de noble, era una fanática de la palabra escrita. Su padre había alimentado aquel gusto por la lectura, pues en cada viaje, traía con los libros que jamás alguien pudiese imaginar, historias de amor, aventuras, Reyes, tierras míticas.

Pero a pesar de la felicidad que Bella le daba a su padre, el se sentía incompleto, como cualquier hombre tenía necesidades y buscaba remediarlas, hasta que en un viaje, conoció a su actual esposa, una Varonesa recién viuda y con dos hijas.

La Varonesa Tanya Denali. Una mujer aristócrata que tocó las fibras más sensibles del mercader, y que al cabo de un par de semanas, desposó en el mismo pueblo donde la había conocido.

Charlie pensaba que aquella mujer de belleza sin igual, cabellos rojos como el fuego y piel de porcelana, con gráciles movimientos podía ser una madre para Bella, pues él bien sabía que ella necesitaba una figura materna, y para ponerle la guinda al pastel, Tanya tenía dos hijas mayores a Bella; pensó que serían una familia unida, y que Isabella agradecería el que su familia creciera.

La pequeña Swan había recibido una misiva semanas antes, donde Charles le contaba las nuevas noticias, Isabella había estado tan emocionada al saber que pronto tendría una madre y hermanas, que pasó las dos semanas anteriores ultimando detalles en las habitaciones de sus hermanas, y poniendo al tanto a todos los sirvientes de la casona.

-El amo merece un poco de felicidad después de tanto tiempo criando a una niña solo. – dijo otra de las sirvientas. – Seguro que la Varonesa es encantadora.

-Espero caerle bien. – susurró Bella mirándose al espejo.

Su vestido rosado con encajes blancos en el cuello y las mangas resaltaban su piel blanca casi traslucida. Su cabello estaba peinado en un moño alto del cual escapaban algunos rizos temerarios, enmarcando esa cara infantil.

Sonrió a su reflejo, le gustaba lo que miraba. No había visto a su padre en mucho tiempo, y quería estar presentable, la última vez que lo vió, ella había estado jugando con Jacob, su mejor amigo en la pocilga de los cerdos, había tenido suciedad hasta en las orejas, pero eso no quitó que su padre la alzara en brazos y le besara todo el rostro, prometiéndole que no pasaría tanto tiempo para que el volviese y estarían juntos.

-Seguro ella te querrá mucho mi niña – sonrió Carmen dándole un beso en el tope de su cabeza.

-Tú solo pórtate como el angelito que seguro llevas ahí dentro. – la picó Ángela dándole un apretón ligero en su nariz.

-Y no mordisquees los huesos en la cena o quedarás en evidencia. – dicto su nana, terminando de cepillarle el cabello.

Bella rió pero en instantes su sonrisa se borró, miró hacia la ventana al escuchar una especie de tintineo.

Se acercó rápidamente y con la gracia que era poseedora pudo agacharse para evitar que una roca le pegara directamente en la frente.

-¡Jake! – gruñó la castaña.

Jacob un menudo chaval con piernas más delgadas que el mango de una escoba, se estaba agachando dispuesto a tomar otra pequeña roca y arrojarla a la ventana. Al escuchar su nombre miró hacia esta y sonrió, pero como si no creyera lo que veía, se talló un par de veces los ojos.

-Bella. – la advirtió la nana. – Tu padre llega hoy y debes estar presentable.

-¡Jake! Ya te he dicho que hoy no. – gritó Bella para que el niño de piel cobriza y dientes blancos la escuchara.

-¡Pareces una señorita! – murmuró Jacob haciendo cara de asco.

-¡Es que lo soy tonto! – chilló Bella.

-Sí pero hoy si lo pareces. – dijo mirándola embobado.

-Chico o chica te gano. – Bella se cruzó de brazos y lo miró altivamente.

-¡Ja! – Jake alzó las manos al aire. – Eso quisiera verlo.

Bella apretó su quijada, alzó su vestido hasta las rodillas y corrió escaleras abajo, sin importarle los gritos de advertencia de Carmen o Ángela.

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-¡Maravilloso! – exclamó el jinete al entrar por el enorme portón del patio. - ¡Maravilloso!

Seguido de este, un par de carrozas se detuvieron frente a las enormes puertas de la casona.

Los sirvientes se arremolinaban arreglando sus ropas y enfilándose frente a las carrozas para darle la bienvenida a su amo.

-Bienvenido a casa mi señor. – Saludó a su amo, Eleazar el esposo de Carmen y padre de Ángela.- Veo que nos ha traído una Varonesa.

Charles sonrió con alegría al bajarse del caballo. Miró su casa con ojos vibrantes para luego palmear la espalda de Eleazar.

-Eh traído un hogar entero mí querido Eleazar. – comentó Charles. – Pero parece que me falta una hija. – esto último lo dijo en un susurro apenas audible, pero Eleazar lo escuchó a la perfección.

Tanto Charlie como Eleazar miraban a su alrededor en búsqueda de Bella; todos estaban ahí, incluso la cocinera Odile, pero Bella no aparecía por ningún lado.

Las puertas del carruaje se abrieron dando paso a una niña de 10 años, de cabellos rubios y ojos celestes, tan hermosa como una flor en capullo, su nombre Jessica, los sirvientes la miraban fascinados pero en instantes su mirada fue de nuevo hacia el carruaje, de este bajaba otra niña de cabellos negros como la noche, pero de igual belleza, su nombre Alice.

Las niñas miraban con curiosidad a todo el mundo, Jessica con su barbilla altiva, mientras que Alice con esa inocencia de cualquier niño que descubre algo nuevo e interesante.

Charlie sonrió acercándose al carruaje, de esté, una hermosa mujer comenzaba a bajar. El mercader ofreció su mano, y está la tomó afianzándose a ella.

Su cabello rojizo asombró a los sirvientes que se quitaban el sombrero ante su presencia, su rostro angelical, pero serio y su mirada fría como el hielo les erizó el cabello de la nuca.

La Varonesa miró a Charlie y le sonrió con ternura. El mercader la miraba embobado.

-¡Papá! – un grito lo sacó de su burbuja. Parpadeó un par de veces y la sonrisa que ocupó su rostro fue una totalmente diferente, una que al menos Tanya no estaba acostumbrada de ver.

Era como si Charlie viera al santo Grial, como si la razón de su vida estuviese frente a él, y no era precisamente la varonesa, sino una menuda chiquilla con el vestido roto y escurriendo de lodo.

Charles la tomó en sus brazos sin importarle lo sucia y pestilente que estaba. Tanya tuvo que taparse la nariz con su pañuelo, mientras que las niñas miraban con atención aquella escena.

-¡Oh cariño! – rió Charlie. – Estás igual que cuando me fui.- soltó una carcajada. – Seguro que Jake está por aquí.

Bella soltó risas apuntando hacia la esquina de la casona, Jacob el delgaducho como solían llamarle los otros niños del pueblo, arrastraba su cuerpo cubierto de lodo, no estaba peor que Bella.

-Esperaba presentar a una señorita pero creo que tengo que conformarme contigo. – comentó Charlie bajando a su hija para que conociera a su nueva familia. – Bella quiero presentarte a la Varonesa Tanya Denali y a sus hijas Jessica y Alice.

A Isabella le brillaron los ojos cuando vio a la Varonesa, tan hermosa. – pensó. Miró a las que serían ahora sus hermanas y sonrió más, por fin tendría compañeras de juegos, cómplices para atacar a Jacob, - imaginó que serían excelentes para jugar ajedrez y cartas, aunque Carmen le dijera que eso solo lo hacían los hombres y no las damas.

-Isabella, por fin te conozco. – expresó Tanya mirando a la niña cubierta de lodo. – Tu padre no hace otra cosa que hablar de vos, estaba ansiosa de conocerte. – La Varonesa se giró para ver a sus hijas. – Niñas, saluden a su hermanastra.

A Bella no le agradó el término "hermanastra", pero lo dejó pasar.

Las dos niñas hicieron una reverencia diciendo al unisonó "un gusto", Bella rió emocionada.

La tarde pasó sin complicaciones, la cena estuvo elegante y llena de grandes sorpresas.

Charles le dio carta abierta a la Varonesa de cambiar lo que ella quisiera de la casa, incluso sus hermanas escogieron una habitación del tercer piso junto a la de Bella.

Jessica comentó que no era justo que Bella tuviese la habitación más grande del tercer piso, cosa que a la Varonesa le molestó diciendo que era normal que Isabella tuviese esa habitación.

Bella había pensado que si Jessica o Alice quisieran su habitación, se las daría, puesto que ellas le habían dado el mejor de los regalos. Una familia.

-Te eh traído un regalo. – comentó Charlie arropando a Bella en su cama.

La niña sonreía emocionada, ni siquiera tenía sueño. Habían sido tantas sorpresas, el ver a su padre feliz, el tener una nueva madre y hermanas, y el llenar la casa de felicidad en solo un día para ella había sido como un paraíso terrenal.

-¡Utopía! – Bella leyó el lomo del libro que su padre tenía en sus manos.

Charlie puso el libro en sus manos, ella lo acarició como si quisiera grabar en sus dedos las letras impresas de la portada.

-Significa Paraíso. – expresó su padre sentándose en la cama a su lado. – Quizá sea algo denso para una niña de 7 años pero puede ampliar nuestra biblioteca.

-¿Me leerás un poco? – preguntó esperanzada.

-Ah sido un largo día pequeña. – contestó Charlie evitando un bostezo.

-Y ahora sois un esposo. – comentó la pequeña, sin poder evitar que su voz fuese un susurro.

Charlie la miró pensativo.

-Sí. – susurró tomando el libro en sus manos y acomodándose bien en la cama junto a su pequeña niña. – Ahora soy esposo, pero soy padre antes que nada. Tú siempre serás lo más importante para mi Bella. – suspiró. - Tú y yo hemos sido dos durante mucho tiempo, supongo que hay que acostumbrarse a esto.

Bella asintió convencida de que las cosas cambiarían desde ese día, pero algo dentro de ella le gritaba que los cambios siempre son buenos.

-¿Has visto como tomaron la cena? – preguntó con emoción en la voz.

-Sí. – rió su padre.

-Fue perfecto – suspiró. – Como en un baile.

-Te agradan, ¿no es así?

Bella asintió rápidamente.

-Bien, porque he de salir de viaje en quince días.

-Pero si acabas de volver papá. – murmuró con ojos tristes. – no es justo papá.

Pocas veces Bella actuaba de esa manera, ella pensaba que ahora que tendrían una familia más grande, sus largos viajes se terminarían.

-En tres semanas volveré cariño.

-Que sean dos por favor. – suplicó la pequeña.

-Trataré que sean dos.

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Quince días habían pasado desde que la Casona Swan había cambiado sus habituales costumbres, incluso por dentro. Muebles, tapices, cuadros, todo había sido removido y reemplazado por muebles nuevos, solo la cocina, la biblioteca y la habitación de Bella seguían intactas.

Bella estaba realmente sorprendida del cambio y de la rapidez con la que se hicieron, incluso la Varonesa pedía la opinión de Charles en cuanto a la decoración nueva a lo que el mercader contestaba "es perfecto si a vos le gusta".

Esa mañana, sirvientes, esposa e hijas mantenían la cara larga, las despedidas jamás habían sido el fuerte de los Swan, incluso de las Denali tampoco.

-De acuerdo. – suspiró Charlie acomodando su capa y tomando los guantes que Eleazar le ofrecía. – Jamás había visto tantas caras tristes. ¿quién ha muerto? – preguntó divertido. – Volveré dentro de una semana.

-Entonces vete, así volverás pronto. – Contestó Tanya haciendo un puchero.

Charlie la besó con pericia, después se dirigió a apretar las mejillas de sus hijastras. – Quiza para entonces las tres pequeñas jovencitas ya se hicieron amigas.

No era un secreto que las niñas y Bella eran totalmente diferentes. Mientras que a Bella le gustaba leer bajo un árbol en el jardín, a las hijas de su esposa les agradaba pasar tiempo en casa, bordando o aprendiendo cosas propias de una dama. Bella prefería los paseos por el bosque junto a Jacob.

-Cuento contigo para que pongas al corriente a la Varonesa. – expresó el mercader arrodillándose frente a su hija. – a Ella no le agrada ensuciarse las manos.

Besó y abrazó a su hija prometiéndole que volvería pronto.

-Que tenga un buen viaje amo. – le deseó Eleazar dándole las riendas de su caballo cuando este subió a él.

-Gracias querido amigo.

El mercader cabalgo lentamente hacia la puerta mientras los demás sirvientes seguían en filas mirándolo. En cambio la Varonesa apuró a sus hijas adentrándose a la casa.

-¡Esperen! – chilló Bella limpiándose una solitaria lagrima. – Es una tradición que salude desde el portón.

La Varonesa ignoró a su hijastra y entró a la casa.

Bella corrió hasta la puerta pasando por alto la actitud de su madrastra, siguió la figura de su padre cabalgando lentamente por el camino polvoso del enorme patio.

Pero algo andaba mal…

Charlie sintió un hormigueo en su brazo derecho, de pronto no le respondía y soltó una de las riendas del caballo, pero este siguió caminando.

Bella frunció el seño al mirar lo lento que iba su padre.

El mercader sintió como un piquete recorría su brazo hasta su pecho, la visión se le nubló y sintió que todo le daba vueltas.

Bella gritó al ver a su padre desplomarse justo frente al portón del patio.

-¡Papá!

La castaña corrió hasta su padre, sintió como su corazón parecía detenerse y acelerar al mismo tiempo.

-¡Papá! ¿Qué te pasa?

Eleazar corrió seguido de su esposa y su hija Ángela. Para entonces, la Varonesa, alertada por el jaleo fuera de la casa, salió apresurada, olvidó su recato, olvidó su descendencia noble y corrió como si su vida dependiera de ello.

Tanya no quería ni siquiera imaginar lo que había pasado, no quería pensar en lo que los demás dijeran si la vieran en ese estado, lo único que le importaba era que Charles estuviese bien.

Pero su sorpresa fue tal, que al ver lo pálido de su marido quien yacía en el polvoso camino, su corazón dio un vuelco.

-Charles. – chilló Tanya.

-¡Papá reacciona por favor! – imploraba Bella.

Tanya se arrodillo frente a su marido, logró acomodar el cuerpo de este, miró su rostro y el dolor crispaba sus facciones. Tanya se mordió el labio intentando apaciguar el sollozó que amenazaba con salir de su pecho. Charlie miró a Tanya como queriéndole decir algo, pero luego su mirada cambio hacia su hija quién no dejaba de llorar asustada.

-Te quiero mi niña. – susurró Charles acariciando la mejilla de Bella.

Hasta ese momento Tanya no había llorado, pero al ver que su marido decía sus ultimas palabras, y estas iban dirigidas a su hija y no a ella, a quien había jurado amor frente a un sacerdote, su corazón terminó de romperse y morir junto a su marido que yacía frente a ella.

Tanya gritó de dolor y se levantó dispuesta a correr de nuevo a casa pero sus pies no le respondieron. Eleazar, al ver el estado de la Varonesa, intuyó que lo que necesitaba era el apoyo de alguien, se acercó a ella y la envolvió con un abrazo protector, Tanya soltó un gritó aterrador y lleno de dolor desplomándose en los brazos de aquel sirviente.

Isabella lloraba desesperanzada mirando a su padre, ella no podía creer que la vida fuese tan injusta.

-Papá por favor. – susurraba la pequeña.

Carmen y Ángela miraban con preocupación y lágrimas en sus rostros a la joven ahora huérfana, intentaban protegerla del dolor causado por la reciente muerte de su padre pero ella se rehusaba a separarse del cuerpo inerte de aquel hombre que la amó más que a su propia vida.

Pasarían 10 años para que otro hombre entrara en la vida de la pequeña Isabella Swan.

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Nuevo capitulo, esta vez me tarde un poquitín, reclamos, dudas, aclaraciones jajaja dejarme un comentario. Nos leemos próximamente