¡Yu-Gi-Oh!: El último duelo

Capítulo 6

Pasado el susto, el Faraón regreso a su trono. Aún pensaba en aquel duelo y el primero de Yugi en el Mundo de las Sombras. Tal parece que el mundo jamás experimentara una paz verdadera y su alma jamás encontrara el reposo eterno.

-Su Alteza-Mahad se arrodilló ante su Rey y mejor amigo-lamento interrumpirlo, pero es urgente que esté listo.

-¿Listo?-Atem se enderezó viendo a su amigo-¿para qué?-su sacerdote lo miro a los ojos.

-Para regresar una vez más al mundo de los mortales y esta vez sea para siempre-Atem se levantó alarmado-No se preocupe, Faraón. Las palabras de Isis aún no se cumplen, pero es necesario que usted regrese a ese mundo.

-¿Volveré a compartir el cuerpo con Yugi?-Atem bajo las escaleras que daban hacia su trono, pero Mahad negó.

-Siento no ser útil para despejar sus dudas y miedos, pero lo que si podré hacer es acompañarlo en esta nueva travesía-Mahad se puso de pie y miraba a su gran líder-No estará sólo.

Atem asintió, por lo menos tenía a un aliado de su lado y que mejor que Mahad para ayudarlo. En un cuarto del palacio, los sacerdotes se reunieron en torno a Atem y entre ellos estaba Mana. El regreso de Atem al mundo mortal requería de todo el poder de los portadores milenarios.

-Aún no me han dicho, ¿volveré a compartir el cuerpo con Yugi?-Atem miro a Isis-¿Volveremos hacer uno sólo?.

-Eso depende de ustedes, pero sí, volverán a compartir un solo cuerpo. No hay nadie en el mundo que sea compatible con su alma más que el cuerpo de Yugi Moto-Isis fue hacia Atem y tomo el rompecabezas en sus manos-Faraón, tengo que advertirle sobre los peligros que esconden esté nuevo viaje-volvió a colocar el rompecabezas en su lugar y miro a su líder que esperaba con impaciencia-Cuando usted regrese a ese mundo, tiene hasta el atardecer para encontrar a Yugi. Si no lo hace, las consecuencias podían ser catastróficas.

-¿Qué es lo que puede pasar?-Isis cerró sus ojos sin decir nada. En ese momento Shimon se acercó a él-¿Tú me lo dirás?.

-Las consecuencias serían que su alma vagara eternamente en el mundo mortal sin tener descanso. A un con Yugi, como su nave, usted ya no podrá entrar en su cuerpo. Así que no se le olvide, el atardecer es su tiempo límite. Nosotros no podremos traerlo de vuelta ya que no nos encontraremos más en esté lugar.

-¡¿Qué?!-Mana atrajo la atención de todos con su grito-¡¿Y qué pasara conmigo?!.

-Tendrás que esperar a renacer, Mana-Mahad veía a su discípula-Tú ciclo aún no termina.

-Está bien-Mana se giró para no ver como su mejor amigo, su maestro y los demás sacerdotes desaparecían dejándola sola-(Suerte, Atem)-una solitaria lágrima salió de sus ojos cayendo en el piso.

-(Mana)-Atem sintió pena por su amiga y se giró para ver ahora frente a él a Seth.

-Su Alteza, espero que esté listo-Atem asintió y luego vio a Mana de reojo-Ni lo piense, no puede llevarla con usted.

-(¿Qué?)-Mana dejo de llorar ante lo que dijo Seth.

-Ya he tomado una decisión-Atem se giró y fue hacia Mana que volteó a verlo-Mana, ¿querrías acompañarme en esta nueva aventura?-la castaña dejo de lado su cara triste y se abalanzo a abrazarlo como siempre lo hacía-¿Eso fue un sí?-decía un apenado Faraón con su amiga rodeando su cuerpo con sus brazos y piernas.

Los sacerdotes formaron un circulo alrededor de Atem y Mana. Sus rezos hicieron que el rompecabezas comenzara a flotar encima de Atem y en segundos, todo se llenó de luz. En casa de Yugi, el Rey de los juegos era regañado por su abuelo por lo haberle dicho lo que sucedía.

-Lo siento abuelito, no quise preocuparte. Ya tienes mucho trabajo cómo para que te preocupes por mis problemas-Solomon no lo miro y le da la espalda-Abuelito.

-Perdónelo, abuelo. Ya sabe cómo es nuestro chico de cabellera picuda-Joey tomo por el cuello a Yugi y comenzó a revolverle el cabello cosa que hacía quejarse a Yugi-Siempre hay alguien malo tras de él.

-Bueno, pero desde mañana comenzaremos tu entrenamiento-Solomon se dio la vuelta para mirar a un despeinado Yugi-Necesito pensar que tipo de entrenamiento requieres. No puedo enseñarte como los demás.

-No se preocupe por eso, abuelo-Joey se cruzó de brazos-De eso me encargaré yo.

-Y Mai-pero como respuesta recibió una mirada asesina del rubio-yo no dije nada-la mirada de Joey lo puso nervioso y con algo de miedo.

-¡Yugi!-Minerva bajo las escaleras y saltó a los brazos de su amigo-Qué bueno que estás bien.

-¡Sí es la niña que me cayó ayer!-Joey veía con desagrado a la pequeña que abrazaba a su amigo-¿Quién es ella, Yugi?.

-Bueno, ella es..-Yugi escuchó un carraspeo que provenía de su abuelo.

-Verás, Joey-Solomon quito a la pequeña del lado de Yugi y la puso entre Joey y él-Ella es mi bisnieta.

-¡¿Qué?!-el rubio se quedó con la boca abierta y miro a su amigo que se dio un pequeño golpe con su mano.

-¡QUÉ NO ES MI HIJA!-estalla Yugi.

-¿Qué no es tu hija?-Solomon miro a la niña que no decía nada-La verdad, yo le encuentro un parecido a ti, Yugi.

-Ya te había dicho que…-pero Yugi no termino de aclarar. Su cuerpo, repentinamente, comenzó a ponerse pesado, su vista borrosa y sintió que algo le desgarraba por dentro. No era doloroso, pero era una sensación horrible.

-Yugi, ¿te sientes mal?-Joey se acercó más a su amigo por si esté perdía el conocimiento.

-Señor Moto-Minerva alzo un poco las manos para atrapar, si lo requería, a su maestro y amigo.

En la tumba de los artículos del milenio, la puerta que había separado a Yugi y a su misterioso y a la vez querido alter ego suyo, Yami o Atem, volvía a resurgir. Cercas de aquel lugar, la familia Ishtar se preparaba para la comida. Marik, el encargado de vigilar la tumba de los artículos, veía por la venta. Ahora entendía a su hermana, esa sensación de inestabilidad se expande rápidamente.

-No te preocupes, hermano-Odion fue hacia su hermano que volteo a mirarlo con ese semblante de preocupación que tenía desde hace días-Nuestra hermana Ishizu de seguro cumplió con su tarea de darle el amuleto a Yugi.

-Eso no es lo que me preocupa, Odion-Marik volvió a ver la venta-Sé que mi hermana cumplirá con su tarea. Lo que realmente me preocupa es el hecho de esa visión suya. Yugi es un mortal como tú y como yo, no posee magia que lo proteja de semejante enemigo. Ni siquiera yo podría contra él. El destino de esté mundo es incierto. Y esa energía oscura sigue tomando fuerza con cada minuto que pasa.

-Hace unos momentos, me dijo que un gran poder se ha liberado-su hermano asintió sin decir nada-Entonces confiemos en ese poder. Sí usted dice que está fuera de malicia él nos salvara y sellara de nuevo el Reino de las Sombras.

-Gracias por tus palabras-Marik volteó a ver a su hermano y sonrió-Confiemos en que Yugi pueda con esta tarea y que esa fuerza que siento también nos ayude.

En Kaiba Corp., Seto se había encerrado en su oficina para meditar sobre una estrategia suficientemente buena para derrotar a su más acérrimo rival, Yugi Moto. Después de lo ocurrido en Egipto, Seto, aunque no lo demostraba, sabía que todo lo que había pasado era real y que en una vida pasada fue el rival de Yugi, bueno, del otro Yugi. En su mazo encontró a los tres dragones blancos y recordó cómo fue que esa carta nació.

-Esos tontos-Kaiba dejo en paz su mazo y se recargo en su silla. Desde que fue al hospital para amenazar a Yugi de que entrara a su nuevo torneo, no más se la pasaba pensando en esas últimas palabras que le dijo el Rey de los juegos. Sí el destino lo quería, el sería el nuevo Rey-El destino, ese famoso destino-tomo uno de sus dragones y lo observo-Esas son tonterías-el joven director de la compañía cerró los ojos por unos segundos y cuando los volvió a abrir su entorno había cambiado-¡¿Qué demonios?!-ahora se encontraba en aquel balcón dónde el otro Yugi le había dado a su vida pasada el rompecabezas del milenio-Esté lugar es…

-Exacto, es aquí dónde fuiste coronado como Rey hace más de cinco mil años-Seto fijo su vista en la persona que salía del palacio hacia el balcón donde se encontraba-o más bien yo fui coronado por el Faraón.

-¡Eres!-Kaiba miraba perplejo como un hombre idéntico a él, pero ataviado con un traje egipcio, se paraba justo enfrente de él.

-Soy tu vida pasada, soy Seth, un sacerdote de la corte del milenio y también, antiguo Faraón-Seth observaba como su vida futura seguía impresionado por su llegada-¿Qué pasa, Kaiba?. ¿Por qué tan sorprendido?. Tú dijiste que no creías en estas cosas.

-Cállate, yo no estoy sorprendido y sigo creyendo que todas esas tonterías del destino sólo lo creen personas con tan poco cerebro como Yugi y Wheeler-pero el sacerdote no estaba muy convencido de esto-Es más, creo que esto es un sueño. El cansancio por el torneo y mi estrategia para derrotar a Yugi me hizo esta mala broma.

-¿Sueño?, ¿estás seguro?-Seth comienza a caminar hacia Kaiba-Entonces no te importara que nos fusionemos.

-¿Qué cosa?-Kaiba dio un paso atrás, pero recapacito, no quería mostrarse miedoso ante ese sueño suyo, porque lo era, según él-Deja de decir estupideces. Suenas cómo ese fastidioso de Yugi. Me repugna todo lo que tenga que ver con el pasado y el destino.

-Creo que no es así-Seth se detuvo a unos metros de Seto y señalo con su dedo índice atrás de Kaiba-Mira, ¿eso te repugna?-Kaiba, indeciso, miro detrás de él y vio al Dragón Blanco de Ojos Azules-Vuelve a decirlo, Seto. Pero esta vez no me lo digas a mí, díselo a él.

-Mi Dragón Blanco-Kaiba podía sentir la pesada mirada de su monstruo favorito.

-Kaiba, no te queda de otra-el aludido giró a verlo y estaba molesto-Debemos fusionarnos. Nuestra alma debe ser una.

-¡Ya escuche suficiente!-Seto se lanzó a golpear a su doble, pero lo que no se esperaba es que lo traspasara-¡Imposible!.

-Lo haré de la forma difícil, si así lo quieres-Seth se dio la vuelta, Kaiba seguía dándole la espalda-Cuando la lucha comience, nosotros seremos uno y pelearemos a lado de nuestro Faraón. Mientras tanto, tú sigue jugando al niño rico, así no levantaremos sospechas-Seth hundió su mano derecha en la espalda de Seto.

-¡AHH!-Kaiba comenzó a desprender una luz blanca que cubrió todo el lugar-¡NO!-Seto abrió los ojos. Estaba sudando a mares.

-¡Seto!-Mokuba entro corriendo al escuchar el grito de su hermano-¿Qué pasa?-pero su hermano no decía nada, sólo veía su escritorio dónde reposaba su mazo-Seto, ¿te encuentras bien?-pero el castaño seguía sin responder.

Seto siguió ido y sólo veía su carta del Dragón Blanco de Ojos Azules. La tarde se hizo presente en ciudad Domino y en la casa de los Moto, Yugi, con ayuda de Joey, llego a su cuarto y se recostó. Esa sensación de que su cuerpo se partía en dos aún no se iba y no sabía cómo explicárselo a los demás sin asustarlos, ya había sido suficiente con lo que paso en la mañana como para decirles que su interior estaba siendo desgarrado.

-Viejo, ¿sabes que puedes contarme todo, verdad?-Yugi lo miro y asintió-Entonces, suéltalo, dime que pasa-Yugi miro hacia el frente sin decir nada-Bueno, no te obligare. Cuando quieras decirme ahí estaré para escucharte.

-Gracias, Joey-Yugi sonrió. Joey podría ser alguien inmaduro, pero eso salía sobrando cuando se trataba de su amistad que se convirtió en el pasar de los años en una hermandad-Te contaré todo, pero no hoy. Quiero descansar, siento mi cuerpo muy pesado.

-Es verdad, hoy tuviste un juego muy peligroso-Joey fue hacia la puerta y apago la luz del cuarto. Miro por última vez a Yugi y notó que esté lo miraba-Te dije que podías sin él. Eres el Rey de los juegos. Su Alteza, nadie se compara con usted. Bueno, tal vez yo, je, je-escuchó una pequeña risa cansada de su amigo-Descansa, mañana vendré para comenzar nuestro entrenamiento.

-Gracias, Joey-Yugi cerró los ojos-(Lo siento, Joey. Pero por el momento es mejor así).

La ventana del cuarto de Yugi se pudo observar en ese hermoso atardecer una luz dorada que surcaba el inminente cielo oscuro. Nadie se percató de esa luz que se dirigía hacia las arenas de Kaiba Corp. Joey bajo a la estancia y vio al abuelo de Yugi y a Minerva en una pequeña clase de duelo. La niña de pelo azul al verlo, dejo todo lo que hacía para ir con él.

-¿Cómo se encuentra el Señor Moto?-Joey pudo ver en sus grises ojos una gran angustia. En ese momento recordó a su amiga Tea, ella siempre se mostraba así cuando Yugi combatía y no era para menos, su mejor amigo arriesgaba su vida para mantener la paz.

-Está bien, se quedó dormido-la niña suspiro un poco aliviada, pero eso no quitaba la angustia que sentía por su maestro y amigo-Descuida, Yugi estará cómo nuevo mañana.

-Eso espero-Minerva bajo la mirada-En todo el tiempo que llevo de conocer al Señor Moto, él jamás se había enfermado y me preocupa verlo así.

-Minerva, creo que será mejor posponer la clase-Solomon recogió las cartas que había en la mesita y la niña fue rápidamente hacia él-No te preocupes, no dejare de enseñarte, pero por el momento, tú no estás concentrada y es muy difícil que entiendas en ese estado.

-Lo siento, mañana sí estaré al cien y recuperare el día perdido, maestro Solomon-el abuelo de Yugi se sonrojo apenado por lo adecuada que era la niña.

-Bueno, creo que iré hacer la cena-Solomon puso la baraja en su bolsillo y se dirigió a la cocina, pero se giró a ver a Joey-¿Te quedas a cenar con nosotros, Joey?.

-Claro-el rubio asintió y el abuelo de Yugi entro a la cocina. Todo quedo en silencio, sólo estaban Minerva y él en la estancia-Y bueno-Joey atrajo la atención de la niña-¿cómo conociste a Yugi?.

-Bueno-Minerva vio el techo de la casa, esperaba que él le ayudara a recordar su historia con Yugi-conocí al Señor Yugi mientras él daba un paseo por el pueblo de Rodas. Cómo está tan cercas de las ruinas griegas es un buen lugar para abastecerse de comida y comprar algunos recuerdos de su visita en el lugar.

Hace seis meses, Minerva se encontraba va vagando por el mercado de Rodas. Su aspecto descuidado hacía que la gente se alejara de ella e incluso si se acercaba a su puesto la agarraban a golpes. Uno de esos días, Minerva no pudo contener su hambre y decidió robar una manzana de un puesto que se encontraba cercano al hotel. Esto le costó muy caro. La dueña del lugar junto con su hijo se dieron cuenta y llevaron a Minerva a un lugar dónde nadie pudiera escuchar sus gritos mientras la golpeaban. Ese lugar era parte de las ruinas y fue ahí donde quedo una malherida y hambrienta Minerva, siendo empapada por la lluvia que caía.

-(Sí tan sólo pudiera moverme)-Minerva movió un dedo de su mano izquierda pero fue tanto el dolor que sintió que gritó muy fuerte-¡AHH!-esa mujer y su hijo le habían fracturado su dedo-(Hubiera sido mejor que muriera junto con mis padres)-la lluvia no dejaba ver que Minerva lloraba por su cruel destino-Quisiera morirme-dijo con sus últimas fuerzas que le quedaban.

-No digas eso-Minerva vio a su lado derecho y vio unos tenis negros y una parte de unos pantalones kaki-eres muy joven para que digas esas palabras tan fuertes.

-(¿Quién es?)-Minerva trato de ver a aquella persona que le hablaba, pero el dolor que sentía era tan fuerte que termino por hacerla perder la conciencia.

Minerva despertó, pero no se encontraba fuera de las ruinas. Miro a su alrededor y vio una cortina blanca que tapaba la otra parte del cuarto y miro a su derecha y vio una ventana que dejaba ver la tormenta que se había desatado en el pueblo.

-¿Dónde estoy?-su mirada se fijó en sus manos-¿Qué es esto?-su mano derecha tenía una especie de tubo de plástico que conectaba a una bolsa que tenía líquido-¿Qué me hacen?-con su mano izquierda Minerva intenta quitarse aquel tubo, pero es detenida por alguien. Cuando busca a aquella persona se topa con un joven de ojos morados y de peinado picudo con unas mechas rubias-¿Quién es usted?-Minerva quita de un golpe su mano.

-Tranquila, nadie te está haciendo nada-decía amablemente el joven de asentó raro-Te encontré en las ruinas, estabas muy malherida y bajo esta fuerte tormenta de seguro se complicaría tu situación.

-¿En dónde estoy?-decía un poco más relajada Minerva, aquel joven le daba confianza, pero aun así no bajaría la guardia ante un posible ataque.

-Estás en un hospital, te traje aquí al ver el estado en el que estabas-la niña dejo de mirarlo-¿No te gustan los hospitales, verdad?-ella negó-a mí tampoco-río un poco-a decir verdad, me da un poco de pavor las inyecciones-la niña de pelo azul lo miro con una media sonrisa-Y dime, ¿cómo te llamas?.

-Eh-por primera vez alguien le preguntaba su nombre. Desde que murieron sus padres nadie la llamaba por su nombre hasta casi olvida que tenía uno-M-me llamo…Minerva.

-¿Minerva?-el joven notó el sonrojo de la niña y le pareció tierno-Qué bonito nombre. De seguro sabrás que es el nombre de una diosa griega-ella negó-Bueno, ahora ya lo sabes. Es la diosa de la sabiduría según la cultura romana y su nombre fue cambiado a Atenea. Pero bueno, no creo que a una niña como tú le interese esté tipo de cosas.

-¿Por qué?-el joven la miro atento, pero Minerva no estaba en paz hasta que averiguara porque ese joven la ayudo, a ella, la que nadie quiere-¿Por qué me ayudo?. ¿Por qué me salvo?.

-Porque yo no dejaría a nadie rendirse como tú lo estabas haciendo-la niña abrió los ojos al escuchar el comentario tan serio que decía el joven-La vida es un regalo muy preciado y aunque a veces sea dura y cruel, nunca hay que rendirse. Además, tú eres muy joven cómo para estar pensando en la muerte.

-¿Y en qué cosas debería pensar?-Minerva aparto la mirada de aquel joven de peinado extravagante-En mi mente no hay nada más que eso, es mi única salida.

-Pues creo que estas muy equivocada-el joven saco algo de su bolsillo y lo puso a la vista de la niña que lo miraba ahora intrigada-Siempre hay cosas en las que pensar. Desde un simple juego hasta en personas y lugares. Siempre hay más en que pensar que en la muerte.

-¿Cómo se llama?-el joven sonrió y extendió su mano derecha hacia ella.

-Mi nombre es Yugi, Yugi Moto y desde ahora tú y yo seremos amigos-Yugi esperaba que la niña le diera la mano.

-¿Amigos?-Minerva dirigió su vista a la mano que le ofrecía Yugi. Dudo por unos segundos. Jamás había tenido amigos, nadie la quería cercas y por eso pensaba cosas tan horribles-¿Enserio?-miro de nuevo al joven que la miraba extrañado-Nadie quiere ser el amigo de una persona como yo.

-Pero yo si quiero-Yugi tomo la mano derecha de la niña que la siguió con su mirada hasta quedar sus ojos grises fijos en los suyo-Te aseguro que seremos grandes amigos. Te diré una cosa. Mis amigos son como mi familia y cuando ellos me necesiten yo estaré ahí para ayudarlos y protegerlos. Así que, Minerva, bienvenida a mi familia.

Desde ese día, la vida gris que llevaba Minerva cambio. Yugi, su gran amigo y ahora maestro, le enseño que la vida es un gran regalo y que no todas las personas son malas. Pero lo más importante que aprendió de aquel joven japonés fue tener el valor necesario para hacerle frente a los retos y jamás abandonar tus sueños, nunca rendirse.

-Fue así como el señor Moto y yo nos conocimos-Minerva vio al rubio amigo de Yugi, parecía molesto por la forma en que tenía sus manos en puños-Sabía que no le agradaría saber que fui una ladrona-agacho la mirada, apenada por su pasado-Pero no me quedaba de otra, nadie quería ayudarme. Siempre me tiraban piedras, fruta podrida o en casos más extremos llegaron a los golpes-miro de nuevo a Joey que la veía-Y todo eso cambio cuando el señor Moto me salvo aquel día. No volví a robar e incluso él me ayudo a conseguir un pequeño trabajo en el hotel como guía de turistas.

-No estoy enojado porque hayas robado-Joey sonrió para calmar a la niña-Estoy molesto por personas como esas que abusan de las más débiles. ¡¿Cómo se atreven a golpear a una niña?!-la sangre le hervía a Joey de tan sólo imaginar lo que tuvo que sufrir esa pequeña-Me alegro que Yugi te ayudara. Yugi es una increíble persona y te aseguro que aprenderás muchas cosas de él.

-El Señor Moto me ha contado mucho de sus amigos-decía emocionada Minerva al ver que Joey no la rechazaba por su pasado-En especial de dos amigos, uno de ellos era usted-Joey se apuntó con su dedo índice-Dijo que no había conocido a una persona más aguerrida como usted, Señor Joey. Siempre me contaba de su mejor amigo que no dudo en saltar de un barco a la mitad de la noche para salvar unas cartas, que jamás lo abandono cuando las cosas se ponían difíciles y que incluso fueron rivales. Me dijo que si hay alguien de quién aprender es de Joey Wheeler, a quién considera un hermano y el rival más fuerte en duelo de monstruos.

-¿Enserio dijo eso?-Joey se quedó sin palabras al escuchar cómo Minerva se había referido a él y menos que Yugi hubiera dicho eso.

-Así que si quiero ser una gran duelista como el Señor Moto, debo aprender de los mejores. Mi maestro jamás mentiría y menos si se trata de su familia, como él dice-el rubio asintió-También espero conocer a ese otro amigo suyo. Dice que él le enseño hacer valiente y hacer el mejor duelista. ¿Creé que venga a ver al Señor Moto mañana?, ¿o no vive aquí en Japón?.

-Bueno, Minerva-Joey suspiro, sabía que eso era imposible-tal vez algún día lo conozcas-la niña sonrió-(Algún día)-Joey miro el techo y recordó a otro de sus mejores amigos.

La noche se llegó y con ella una nueva pesadilla para nuestro joven Rey de los juegos. Yugi se encontraba corriendo por las desiertas calles de ciudad Domino. La lluvia había hecho su trabajo empapándolo todo. Yugi no sabía a dónde iba, pero le urgía llegar. Se sorprendió al detenerse enfrente de las arenas Kaiba. Cruzó la calle que lo separaba del lugar.

-¿Porque estoy en esté lugar?-el joven arqueólogo miro a todos lados-¿Qué pasa?. Presiento que algo malo va a suceder-Yugi se llevó la mano derecha a su pecho y la alejo unos cuantos segundos después al sentir algo que no debería estar ahí-¿Una cadena?-Yugi uso sus dos manos para buscar el objeto que traía esa cadena y cuando lo encontró lo alzó para verlo-¡¿Qué?!-en sus manos volvía a tener el rompecabezas del milenio-¡No puede ser posible!. El rompecabezas del milenio debe estar sellado en la tumba de los artículos del milenio, ¿cómo es posible que de nuevo esté colgando de mi cuello?-un ruido que provenía de tras de él hizo que dejara de ver el articulo milenario y volteara-¿Qué significa esto?-ante Yugi se encontraban miles de personas arrodilladas y no sólo eso, el entorno había cambiado. Ya no era la ciudad la que lo rodeaba ahora se encontraba en un enorme desierto rodeado de enormes pirámides-Esto es…

-Su Alteza-una voz muy familiar para Yugi hizo que dejara de mirar a aquellas personas y girara para ver quién lo llamaba-Bienvenido, está de nuevo en casa-Seth, la vida pasada de Seto, hacía una reverencia a un espantado Yugi-Logro derrotar las fuerzas oscuras y salvar su reino.

-¿Dé que hablas, Seto?-Yugi dio un paso y sintió que su atuendo había cambiado. Miro su ropa-No puede ser-su pantalón, playera y tenis habían cambiado a una túnica que llegaba un poco más arriba de su rodillas y sus pies en vez de traer sus tenis llevaban unas sandalias doradas-Esta ropa y estas joyas-Yugi miro sus brazos y sintió que algo muy pesado estaba sobre su frente así como también sintió unos pendientes en cada una de sus orejas.

-Su pueblo ha esperado por mucho tiempo su retorno-Yugi busco a la persona que hablo-al igual que sus sacerdotes. Por fin, el ciclo terminara y usted volverá hacer uno-Mahad alzó la mirada-Faraón, he regresado para protegerlo una vez más.

-Es el Mago Oscuro-Yugi dio un paso atrás-(Ellos piensan que soy el Faraón). Se equivocan, yo no soy la persona que ustedes creen. Mi nombre es Yugi y yo no soy un egipcio cómo ustedes.

-No tema-Mahad sonrió-todo estará bien. A llegado el momento en que usted vuelva hacer uno sólo-Yugi negó con la cabeza asustado-Sé que tiene miedo y es normal tenerlo, eso no lo hace débil al contrario, demuestra que sigue siendo un ser humano, cómo todos los demás.

-Entiendan, yo no soy el Faraón Atem, mi nombre es Yugi-el menor de los Moto miro su mano izquierda, ahí descansaba el primer disco de duelo de monstruos-Yo no puedo ser él..

Yugi abrió los ojos de golpe, ahora su enemigo no había sido el causante de su pesadilla. Notó que ya era de noche y de seguro todo el mundo ya se había ido a dormir. Se levantó de la cama y fue hacia su ordenador que estaba en su escritorio. Encendió la computadora y accedió a su correo.

-Joey, espero que estés despierto-busco en su lista de amigos a su rubio mejor amigo y lo que encontró fue un correo de Tea de hace unas cinco horas-Es cierto, con todo lo que paso ya no tuve oportunidad de hablar con ella-abrió el e-mail y empezó a leer.

Hola Yugi

¿Cómo has estado?, espero que bien, Hace días que no recibo noticias tuyas y le he preguntado a Joey sobre ti y me dice que estás tan fascinado con esas ruinas griegas que se te va el tiempo, incluso me ha dicho que has dejado un poco el duelo de monstruos y no es para menos, te gusta tu carrera igual que yo, a veces me pasa lo mismo, pienso tanto en el baile que se me olvida que tengo una vida fuera de ella. Oye, Yugi, cambiando de tema. Hoy me sucedió algo muy raro. Soñé que tenías un duelo como mi maestro de baile, Jack, y que yo me encontraba flotando sobre un tablero que no conozco. Además de eso, el lugar era oscuro, era cómo el Reino de las Sombras. Yugi, tengo un mal presentimiento. Por favor, contesta esté correo en cuanto lo veas. Necesito saber que te encuentras a salvo y en Grecia haciendo tus investigaciones. Por favor, Yugi, no quiero que esté presentimiento de que las cosas están tornando peligrosas y que vuelvas a poner en riesgo tu vida.

Yugi, cuídate.

Te quiere tu amiga, Tea.

-Tea-Yugi cerró los ojos y medito unos minutos. Volvió abrirlos, tomo el mouse y dio clic en responder-Hola Tea, siento no poder escribir tan seguido y tienes mucha razón. A veces me concentro tanto en mi trabajo que olvido a la gente, pero prometo que ya no volverá a suceder. Espero que te esté yendo muy bien en tu carrera, ansió ver los resultados en una gran puesta de escena o en un concurso ya sea aquí o en Nueva York. Y por lo otro, no te preocupes, todo está bien. Sigo haciendo mis investigaciones junto a Minerva, ya te había contado de ella en anteriores correos. Ella es quién evita que me meta en problemas, es como tu suplente en este país. Y no te preocupes tanto, las cosas están bien, creo que no nos acostumbramos aún a la paz y eso no hace pensar que pronto habrá un nuevo enemigo. Estoy bien así que concéntrate en tu carrera. Te deseo la mejor de la suerte en tu carrera y en lo que hagas. Te quiere Yugi-Yugi puso el cursor en el icono de enviar-Lo siento, Tea, pero es mejor así-y dio clic-no quiero que alguien salga lastimado.

Yugi miro por la ventana, se sentía fatal al mentirle a su amiga, pero no quería exponerla como en la tarde, ni a ella ni a nadie más. La noche siguió su curso sin problemas. En la mañana, Joey se dirigía a la casa de su mejor amigo. Ayer no pudieron ir a las arenas de Kaiba, pero hoy nadie se interpondría para que Yugi y él tuvieran un día lleno de duelos y entrenamiento.

-Buenos días-Joey abrió la puerta de la casa y vio a Yugi con Minerva-Veo que ya estás mejor, hermano-cerró la puerta y se dirigió hacia sus amigos.

-Sí y listo para entrenar-Yugi tomo su mazo y miro a Minerva-¿Quieres acompañarnos?-la niña sonrió y asintió-Bien.

-Oye, Yugi-Joey miro hacia todos lados y luego a su amigo-¿y tus papás?. Me dijo el abuelo que estaban en Japón.

-Sí, bueno, apenas los vi hace un rato, pero acaban de salir de viaje-Yugi se supo de pie-Mi papá es un hombre muy ocupado, Joey.

-Y yo que los quería saludar-el rubio se cruzó de brazos y luego fue hacia Yugi y comenzó a rascar con su puño la cabeza de esté-Pero ahora sí me contaras eso que no quisiste decirme ayer, ¿verdad?-Joey soltó a su amigo y notó que lo dejo todo despeinado.

-Eso creo-Yugi sentía su cabeza adolorida-Bueno, vayamos a entrenar-Joey asintió y Minerva se puso de lado de esté, se veía ansiosa por el primer entrenamiento que vería de su maestro.

Continuará….