Disclaimer: Los personajes que se presentan en esta historia son propiedad de la autoría de Masami Kuromada y Toei Animation. La historia que se presenta es ficción ya que nunca ocurre en la serie original, y su fin es meramente de entretenimiento sin intención de ofender o plagiar a alguien.
Disclaimer: El presente trabajo está basado en la historia "La última esperanza", cuya propiedad intelectual es de la autora La Dama de las Estrellas.
"Born of Hope"
Tercer Capítulo: "Insomnio"
Era una noche hermosa, pues la luna estaba plena en el negro cielo cuajado de fulgurantes estrellas, fría y luminiscente en su redonda forma, bañando en plata a esa parte del mundo. Gris se volvió el bosque que se extendía frente a la villa hasta las fronteras del reino, custodiadas por las poderosas montañas durmientes. Naur descansaba. El ruido dentro del palacio se había consumido con la llegada de la noche. Los patios estaban silenciosos, y ningún alma, a parte de los guardias en turno, deambulaba por los exteriores. Las antorchas habían sido encendidas en cuanto las sombras cubrieron las blancas murallas del castillo. Las risas en la ciudadela se extinguieron con el pasar de la madrugada, y solamente las banderas ondeantes, desde las estacas de plata, se atrevían a irrumpir el mutismo. La paz invadía de igual manera cada rincón dentro de la morada, pues todos y cada uno de los que residían en el castillo se encontraban sumidos en profundos sueños, al menos, la mayoría…
El rey se removió sobre su lecho, despertando con dificultad en medio de la noche. Sentía un enorme cansancio, y sus ojos simplemente no deseaban abrirse, pero incluso, aquel tenue sonido le despertó. Pestañeó lentamente, siendo invadido por la mezcla difusa de sombras y pálida luz que colmaban sus ojos; miró a su lado, donde encontró el hermoso rostro durmiente de su reina descansando en el pecho desnudo de él. Desvió entonces sus orbes al frente, justo al marco de las puertas que sellaban su habitación, las cuales ahora se encontraban ligeramente abiertas, y con una pequeña silueta recortada entre ellas. Apartó con cuidado a Selena, incorporándose.
-¿Saga…?- susurró Deuteros- ¿Qué haces despierto?-
El infante se adentró a la habitación de su padre, a tímidos pasos; el pequeño camisón resultaba holgado para él, con el cual batalló en no pisar mientras avanzaba. Se detuvo justo a mitad de camino, donde la luz argenta de la luna entraba por la enorme cristalera del balcón. Saga tenía aferrada a una de sus diminutas manos lo que parecía ser la manta de su cama, mientras con la otra se tallaba un ojo intensamente. Permaneció quieto en el mismo sitio, solamente repitiendo la acción una y otra vez, fue entonces cuando Deuteros vio las lágrimas que caían por el rostro de su hijo. Apartó las cobijas que lo cubrían y se levantó rápidamente hasta llegar donde el pequeño. Se arrodilló frente a él, posando una mano en sus rebeldes y cortos cabellos azules.
-¿Qué sucede?- preguntó despacio, tomando igualmente la manta que colgaba de Saga.
-Tengo miedo…- sollozó, sin poder contener las salinas gotas que brotaban.
-¿De qué?- quiso saber el rey mientras acariciaba la cabeza de su heredero.
-No quiero dormir… tengo mucho miedo, papá- admitió sin lograr calmarse- no me gustan mis sueños-
-Shhh… tranquilo, no llores- dijo en voz baja el monarca, limpiando las lágrimas de Saga, obligándolo a verlo a los ojos- ¿Qué hay de malo con tus sueños? ¿Algo te asusta?- preguntó de la misma manera solemne; el peliazul asintió.
-Hay mucho fuego, lejos de mí- comenzó el niño- pero también está oscuro…- sus hombros temblaron ante el intento por reprimir un nuevo llanto- tú no estabas, ni mamá… y un monstruo se ríe muy fuerte-
Deuteros entonces abrazó a Saga vigorosamente, intentando que no llorase. Se levantó con él en brazos, sintiendo en el acto el fuerte agarre del gemelo en su cuello. El rey acarició unos momentos la cabecilla de su hijo, y después su espalda, comprobando que el pequeño se tranquilizaba poco a poco. El mayor comenzó a andar por la habitación, pensativo y preocupado por lo que fuera que el gemelo estuviera viendo en sus sueños.
-Él me asusta, papá-
-Sólo fue una pesadilla, Saga. No tienes por qué tener miedo-
-Pero el monstruo…-
-Él no puede hacerte daño, ¿Sabes por qué?- inquirió Deuteros; Saga negó sutilmente. El rey tomó al niño por las axilas, levantándolo cautelosamente en el aire- porque tú eres Saga, príncipe de Naur, el más valiente de entre todos- aseguró firmemente, logrando una sonrisa en su primogénito- y nada puede dañar a un príncipe de Naur-
-¿Nada?-
-Nada- afirmó el joven, devolviendo al niño a la seguridad de su abrazo.
-¿Ni siquiera un gigantesco troll de las montañas?- preguntó inocentemente, y Deuteros rió.
-Ni siquiera un troll-
-¿Y un lobo salvaje con colmillos enormes?-
-Tampoco un lobo, porque cuando él te vea, ¡Saldrá huyendo asustado!- exclamó quedamente, tratando de no hacer ruido- así que no llores más, ¿De acuerdo?-
Saga asintió con renovada fuerza, y Deuteros besó su frente. El monarca salió de la habitación despacio, yendo hacia la de los gemelos, esperando que Saga realmente durmiera más tranquilo. Avanzó por el largo pasillo, donde sólo había dos puertas, la de su propia habitación y la de sus hijos. Giró la aldaba dorada, empujando la portezuela para abrirla. Había una pequeña candela prendida sobre la mesa bajo la ventana que mantenía visible el interior de la habitación, pues las pesadas y hermosas cortinas azules bordadas en oro mantenían alejada la luz y el frío nocturnos. Deuteros se acercó a la cama donde yacía Kanon completamente dormido; rió por lo bajo al verlo con la mitad de su cuerpo cubierto por la cobija, y la otra mitad expuesta, igual que siempre cada vez que dormía. Tomó la cubierta y arropó por completo al gemelo menor. Acarició su cabeza y sonrió. Dio la media vuelta a donde estaba el lecho de Saga, se sentó en el borde y ahí lo bajó con cuidado.
El heredero se acomodó rápidamente entre sus cálidas mantas, viendo a su padre con ambas esmeraldas brillantes que eran sus ojos, sin indicio de que tuviera sueño. El rey lo cubrió igualmente, asegurándose de que no pasara frío, y peinó con una mano las mechas añiles del infante. Deuteros sabía que Saga no volvería a dormir tan rápido como él deseaba; suspiró y esperó.
-Ya es tarde, Saga-
-No te vayas, papá- rogó el chiquillo, sujetando fuertemente su brazo- cántame una canción-
-Saga…-
-Por favor- insistió el peliazul- mamá siempre lo hace cuando es hora de dormir-
-Yo no sé cantar tan bien como ella- se excusó el rey.
-Por favor, por favor, por favor…-
-Está bien, tranquilo o vas a despertar a Kanon- pidió en un susurro, arropando aún más al gemelo.
El rey suspiró lentamente, consciente de que tendría que hacer como su hijo le pedía, o no volvería a cerrar los ojos en lo que restaba de la noche. Se aclaró la garganta, un poco nervioso, pues no estaba acostumbrado a hacer tales cosas como cantar, eso nada más lo hacía Selena, que con su melodiosa voz lograba adormilar a los gemelos cuando caía la noche. Tomó aire, y entonces su grave voz inundó la quietud de la habitación con una lenta entonación.
"Et eärello, endorenna utúlien. Sinome maruvan… ar hildinyar, tenn´ Ambar-metta…"
Deutero miró a Saga, quien lo observaba mudo y con un brillo en sus pequeños iris verdes. Peinó nuevamente su cabello, logrando que comenzara a parpadear por el cansancio, como si de las letras se desprendiera una magia capaz de hacerle perder la fuerza a Saga.
-¿Dónde la aprendiste, papá?- preguntó curioso el niño, soltando un bostezo y acurrucándose en su almohada.
-Es una canción muy vieja… de un antiguo rey en una parte perdida del mundo…-
-¿Me contarás de él…?- insistió, cerrando lentamente los párpados. Deuteros sonrió quedamente.
-Mañana, mi príncipe. Ahora duerme…- murmuró, comprobando que su hijo ya estaba quieto.
Depositó otro beso en su frente, y cubrió con cuidado su cuerpo. Se levantó de la cama, siendo cauteloso en su andar mientras se acercaba a la salida de la habitación. Abrió la puerta, decidido a dejar el aposento de los niños.
-¿Papá…?-
El monarca suspiró, cansado. Dio la media vuelta, encontrando a Kanon tallándose un ojo, mientras se incorporaba de su cama. Deuteros llevó una mano a su cara, regresando sobre sus pasos en dirección al menor de los peliazules. Esa iba a ser una larga noche…
Fin del tercer capítulo.
Notas de la autora:
Finalmente! Aquí el tercer capítulo de las historias sobre los príncipes gemelos. No son una monada desvelando a su papi? XD yo le daría pastillas para dormir a esos niños, o algo! que son esas horas de no dormir? XD. Como siempre, espero que les haya gustado, porque sé que hay más de uno leyendo por ahí ;D.
Quien no haya reconocido la canción de Deuteros… qué vergüenza! XD, pero bueno, es la canción que canta Aragorn en su coronación (El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey) : P, ya saben, búsquenla y sabrán cómo se oye.
Para: La Dama de las Estrellas
En honor a ti y a tu hermosa historia, que sin ella, esto jamás hubiera surgido!
