Hola nuevamente!
Lamento de verdad por no actualizar estos últimos meses. Surgieron unos asuntos algo delicados que acabaron en mi papá y yo mudándonos de casa. No está tan mal (por fin tengo mi propio cuarto, ¡yay!)
Ah, y un quiste que me está obligando a tomarme un medicamento que sabe a rayos xP
Pero no te angusties, no habrá operación ni nada (fiuh!).
A penas me pusieron el Internet hoy, pero afortunadamente mis tiempos de ocio rindieron buenos frutos con esta historia. Y no solo el cambio de casa fue de la nada, ahora voy en una nueva escuela así que las cosas comienzan a hacerse un poco estrechas. No estoy muy segura de qué tan seguido pueda a actualizar, te recuerdo que prometí completar las historias pendientes, y lo haré.
Les debía una larga, así que espero -como siempre- que la disfrutes :3
Avatar: El último maestro del aire no me pertenece (snif snif...)
Clasificación: T
-o-o
Euforia.
Ella había estado actuando en una forma tan extraña últimamente. O al menos eso es lo que le cruzaba por la mente a Aang con respecto a su ahora esposa mientras notaba la manera tan cariñosa con la que tomaba en brazos a la hija de Zuko y Mai; eso sin mencionar aquella forma tan dulce en la que miraba a la bebé.
Katara siempre había sido buena con los niños -en especial con los bebés-, don que pareció aflorar en aquellas frías noches cercanas a la madrugada en las que acudía a hogares ajenos para ayudar a su abuela con el parto de alguna mujer que quedó encinta poco antes de que los hombres se fueran de la tribu.
Katara amaba a los bebés, y ellos la amaban a ella; pero las últimas semanas de ese mismo mes parecía haber profundizado su cercanía a los niños, además de haber formado un notable lazo de empatía con la mayoría de las mujeres embarazadas que llegaba a conocer.
Pero ahora que Aang le miraba de cerca -después de haber viajado por unos cuantos días- notaba algo diferente en ella, había algo detrás de ese suspiro sin razón que le escapaba de los labios cuando vería alguna escena romántica -por más mínima que fuera- ocurrir en cualquiera de las obras de teatro que solían ver cada fin de semana; alguna razón por la cual se despertara tan tarde en las mañanas, cuando era bien sabido que su reloj del sueño está acostumbrado a madrugar.
-Aang...¿sucede algo?- Preguntó la joven luego de dejar a la pequeña Ursa en brazos de su madre.
El monje sintió a la realidad golpearle con la solidez de una roca.
-Eso creo...- Respondió arqueando una ceja con curiosidad, su mirada fija en la joven maestra.- Pero creo más en que tú tienes la respuesta.
El rostro de Katara se tornó de un color carmesí.Estuvo a punto de dar un paso hacia atrás, pero se contuvo lo suficiente para que el joven Avatar no sospechara y sacara conclusiones acerca de lo que estaba ocurriendo en realidad. Pensó en mentir, su boca se abrió para decir algo pero las palabras no salieron, su mente estaba en blanco.
-Katara.- Se adelantó Aang mostrando una mirada de incredulidad.- Tengo veintidós años, no voy a caer en lo que sea que estás tratando de inventar.
La joven maestra-agua estaba entre la espada y la pared.
-Bueno, yo...- Suspiró, varios mechones de cabello enredándose entre sus dedos.- ¿No podemos hablar de esto luego?
-No lo creo, amorcito.- Respondió Aang, una sonrisa dibujada en su rostro.- Ven, vamos afuera.
-Bien...-Dijo acercándose a su esposo, el rojizo rubor encendiéndole las mejillas mientras tomaba su mano y se dejaba guiar por los pasillos del enorme Palacio Real.
Caminaron en silencio hasta llegar al jardín. Se sentaron en una banca de piedra a la orilla del pequeño estanque donde jugueteaban un par de crías de patos-tortuga.
Su mano se posó sobre la de ella.
-Puedes decirme lo que sea, lo sabes, ¿verdad?
-Claro que sí.- Respondió casi de inmediato.- Pero no es acerca de decirlo...- Agregó con cierta timidez.- ...sino el cómo hacerlo.
El graznido de un pato-tortuga rompió con el silencio que comenzaba a invadirles.
-Pues yo opino que tú y yo sabemos muy bien como "hacerlo".- Comentó Aang entrelazando sus manos, la pícara sonrisa en sus labios aumentando el rubor en las mejillas de Katara.
-¡Aang!- Le reclamó dándole un leve empujón en el brazo, seguido por una carcajada
por parte de ambos.
-¡¿Qué?!- Cuestionó acercando sus labios al oído de la morena.- Sabemos hacerlo bien...- Murmuró, su aliento danzando en la piel de Katara.- ...tú sabes hacerlo bien.
Sus labios se encontraron en un profundo beso, las mejillas de ambos atrapadas en las manos del otro, y para cuando se separaron fue la pequeña risa de ella lo que acabó con el silencio.
-Creo que me salí del tema.- Comentó él mientras intentaba controlar el veloz palpitar en su pecho.
-No estés tan seguro.- Dijo Katara, sus manos encontrándose detrás del cuello de Aang.- "Eso" tiene que ver con esto.
-Entonces soy todo oídos.
Katara cerró los ojos, tragó saliva y dejó que las palabras salieran por si solas.
-Estoy embarazada...-Murmuró, aguantando la respiración de manera inconsciente a la vez que sus palabras eran digeridas.
El rotundo silencio parecía eterno para la joven, que esperaba una explosión de alguna emoción desconocida, no sabía si sería alegría, sorpresa o incluso coraje. El silencio se mantenía flotando a su alrededor como una especie de niebla sombría que le llevó a desear que -aunque fuese- demostrara la última. En eso escuchó un tembloroso suspiro.
-Voy a ser papá. Vamos a ser padres.- Dijo, una sonrisa formándose lentamente sobre su rostro. Halló sus azules ojos, el anaranjado brillo del atardecer iluminando el rostro de su esposa.
Un corto grito escapó de los labios de Katara al sentir uno de los brazos de Aang deslizarse, apoyándose en la base de sus muslos, mientras el otro encontraba su espalda a la vez que recostaba su frente contra al abdomen de su mujer. Katara se sujetó del hombro de su esposo apenas sintió sus propios pies abandonar el suelo, su otra mano apoyada en la cabeza del joven monje.
Aang dejó escapar una carcajada y comenzó a girar junto con su mujer, acción que termino en él perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas sobre el fresco césped, el peso del cuerpo de Katara sobre su pecho. Le abrazó con fuerza, sus brazos cruzándose, formando una equis en la espalda de ella.
Katara recostó su cabeza en el hombro de Aang, sintiendo como él apartaba el montón de cabello de uno de sus hombros, descubriendo su oído.
-Te amo, Katara.- Murmuró antes de plantar un beso sobre su mejilla, su frente, sus labios.
-Yo también te amo, Aang.- Respondió dejándose inundar por la lluvia de besos que se apoderaba de su rostro.
-o-o
Bien, espero que lo hayas disfrutado, nos leeremos hasta la próxima :3
Gracias por leer.
