Hola gente del mundo!

Pues resulta que mi computadora murió y estoy estrenando la nueva xD

Antes de comenzar el fic quisiera hacer un pequeño anuncio...

Sé que soy super seca a la hora de agradecerles por leer mis fics (significa mucho más de lo que crees, en serio) así que se me ocurrió hacerlo con pedidos.

Pueden mandarme algún mensaje o si quieres dejar tu review con la idea que te gustaría que escribiera para ti. Digamos que será un regalito de Navidad de mí para ustedes bellos lectores ^^

Nota: Puede que los fics sean algo cortos, aún así los hago de corazón x3

Y sin más preámbulos, te dejo el fic de hoy ^^

Clasificación: K+

Avatar: El último maestro del aire no me pertenece.

-o-o

Gema.

Ya eran las primeras horas de la madrugada para cuando la espalda de Aang encontró la suavidad del colchón. Dejó salir un silencioso suspiro, sabiendo que tenía algo de tiempo desde que su esposa y el pequeño Bumi se habían arropado entre las cálidas sábanas.

El maestro-aire giró su cuerpo y una de sus manos se deslizó discretamente por la cintura de Katara, hallando el pequeño bulto donde descansaba un nuevo fruto del muto amor entre ellos. Sonrió hundiendo su nariz en la abundante cabellera marrón que se desparramaba por la almohada y fue entonces cuando sintió el fuerte dolor que se propagó por su cuello. Dejó escapar un leve gruñido.

-¿Aang?...-Llamó una adormitada voz.

-Estoy bien, Amor.- Respondió mientras se incorporaba, recargando la espalda sobre su propia almohada.- Solo estoy un poco adolorido por la pelea con Yakone.- Agregó pasándose una mano por la nuca.

Los grises ojos se abrieron de golpe al sentir las tibias manos que acariciaban sus hombros con delicadeza. Aang soltó una risita queda.

-Katara, estoy bien...- Explicó dulcemente.-...ya es tarde, vuelve a dormir.

La maestra-agua frunció el ceño levemente, una mirada decidida se formó en su rostro y comenzó a aplicar un poco más de presión en sus movimientos. Para cuando sus manos llegaron a su espalda baja sintió como el cuerpo de su esposo se estremeció. Los hombros de Aang se tensaron y su espalda se irguió a la vez que su temblorosa respiración hacía un leve eco en la habitación.

-Por lo espíritus...- Exclamó ella en un susurro. Sus palabras enviaron un cálido aliento que hormigueó por la espalda del joven Avatar.- Aang, estás tan tenso.

Él solo agachó la mirada avergonzado. No quería angustiar a nadie, pero la batalla con Yakone -a pesar de haber sucedido hace más de un par de semanas- le había dejado aún más herido de lo que creyó.

-De verdad no es nada, Katara.- Comentó segundos antes de que un nuevo gruñido de dolor se colara entre sus dientes.

El joven encontró la preocupada mirada detrás de su hombro y suspiró.

-Por favor no hagas eso, amor.- Se quejó volteando hacia otro lado.

-¿A qué te refieres?- Preguntó confundida.- ¡Voy a curarte te guste o n...

La queja de la curandera se evaporó apenas sintió los brazos de su esposo rodeando su cintura a la vez que descansaba su cabeza sobre su hinchado vientre. Katara se mantenía sentada sobre la cama, sus piernas cerradas hacia un lado y brazos aguantaron su peso, apoyados sobre la suave cama.

-Aang...- Llamo en voz queda mientras colocaba su mano sobre la espalda del Avatar, sus dedos trazando la línea de su tatuaje una y otra vez.

-Detesto cuando me miras así.- Comentó sintiendo como sus mejillas se encendían.

-¿Qué?- Murmuró ella.

Aang fue deshaciendo el abrazo poco a poco y, luego de plantar un pequeño beso sobre el vientre de la morena, alzó la mirada. Esta vez encontrando una leve confusión en los brillantes orbes azules iluminados por la luz de la luna.

-¿Alguna vez te dije lo mucho que me fascinan tus ojos?- Preguntó con las mejillas aún enrojecidas.

-Aang...- Reclamó ella con una sonrisa apenada, un rubor propio sobre su rostro.- ...siempre dices esas cosas.

Entonces, en la tenue oscuridad del cuarto, Katara sintió como la mano de Aang tomaba la suya con dulzura y entrelazaba sus dedos lentamente.

-No, lo digo en serio.- Agregó Aang con una voz decidida.- Los maestros-aire tenemos los ojos grises.- Hizo una pausa y bajó la mirada hacia sus manos.- Jamás había visto un color de ojos como el tuyo...creo que fue lo que más me gustó de ti la primera vez que nos vimos.

La maestra-agua acercó su otra mano a la mejilla de Aang y tiró de ella con delicadeza, acercando sus labios a los de ella.

-Te amo, Katara.- Murmuró rozando sus labios.

Aang había volado en su planeador millones de veces; sin embargo, jamás creyó que alguna vez llegaría a ser alguien de carne y hueso quien lo llevara hasta las nubes.

Sus labios se separaron y fue la voz de Katara la que quebrantó el silencio de la habitación.

-Continúa.- Dijo mientras recostaba su cabeza sobre el pecho de Aang.

El joven Avatar podía sentir su corazón latiendo con fuerza dentro de su pecho y sabía que para su esposa no era un secreto, pues la mano que unía sus dedos con los de él quedó atrapada entre sus cuerpos.

-Pues...¿qué puedo decir?...-Bromeó nervioso a la vez que abrazaba su cintura con la otra mano.- Hay veces en las queme viene a la mente el momento en que las luces se apagaron en la cueva...y cómo los cristales comenzaron a brillar en la oscuridad...en su brillo...- Respiró hondo y cerró los ojos, el recuerdo tomando el control de sus palabras.-...nunca creí que tus ojos pudieran llegar a resplandecer de esa forma.

Las mejillas de Katara se ruborizaron. Tenía algo de tiempo que no pensaba en aquel día.

-No sabía que eras poeta.- Murmuró abrazándose al cuerpo de su esposo con ternura.

-No era un poema.- Comentó con una pequeña sonrisa cruzando por sus labios.- Tus ojos son como gemas...las gemas más hermosas que alguna vez vi en mi vida.

Katara se sintió agradecida porque ambos estuvieran arrodillados sobre la cama, pues sabía que de no ser así sus rodillas se hubiesen estremecido ante las enternecedoras palabras de su esposo.

-Eso sí lo fue...- Murmuró Katara, sus brazos soltándole lentamente.

Aang dejó escapar una risita y su mano pasó de la cintura al viente de la morena.

-Te amo.- murmuró antes de plantar un pequeño beso sobre su mejilla.

-Yo también te amo, Aang...- Respondió colocando su mano sobre la de él, un pequeño movimiento sobre ésta alertando a ambos. Katara sonrió.- Creo que será mejor ir a dormir o no parará de patear en toda la noche.

Aang esbozó un largo bostezo y asintió con una sonrisa adormitada.

-o-o

Gracias por leer.