Escuchó varias voces a su alrededor parecían estar hablando entre sí, no era algo muy diferente de lo que había presenciado durante los últimos días.

Después de haberse dirigido al cuarto oscuro -en donde Tsubasa revelaba las fotos definitivas de SONG para distintos tipos de pasarelas- se encontró con la dificultad de buscar un objeto menor a dos centímetros en la variable cantidad de utensilios que utilizaba su prometida a la hora de trabajar. No se rindió como era de esperarse, después de todo Tsubasa le estaba esperando para plasmar otro significativo momento de su relación.

— ¿No ha venido Tsubasa? —Preguntó sin mirar una dirección en particular, todos se callaron instantáneamente.

—No hemos sabido nada de ella—Comentó Serena con duda, Maria ya prácticamente podía imaginarse la cara de los demás presentes en la habitación por el hecho de que su hermana le hubiese dicho eso.

—Entiendo…—Fue lo único que dijo, estaba terriblemente decepcionada. Cuatro días internada y ni señales de humo de su prometida cuando debería estar justo allí, tomando de su mano y brindándole apoyo.

Se había guiado del tacto y la poca vista para revisar las repisas y estanterías. Sus manos habían dado en el blanco, por fin había dado con el objeto de su búsqueda pero su celebración le trajo la peor repercusión de su vida. En un movimiento brusco había golpeado varios botes a un lado y movido la repisa no tan elevada de aquella, el resultado final se resumía a ella acostada sobre el suelo soltando gritos desgarradores mientras sentía como sus ojos ardían en un calor tan asfixiante que le hacían sentir como si se estuviesen derritiendo. Después de la intervención médica el dolor había menguado de a poco, al día siguiente le habían informado de una ceguera permanente en donde su única esperanza era que apareciera un donador que tuviese compatibilidad con ella para otorgarle sus ojos, porque la luz de sus ojos jamás regresaría.

—Aunque se supone que Maria era dada de alta hoy, ¿Por qué sigue en bata? —Identificó la voz de la siempre enérgica Kirika.

—Estaba por preguntar eso—Y claro, si Kirika estaba allí, por consecuente Shirabe igualmente tenía que estarlo.

—Pues verán…—Comenzó su hermana.

—Encontraron donante—Terminó su cuñada con cierta brusquedad. Kirika, Shirabe y Maria soltaron un sonido de verdadera sorpresa.

— ¿Tan rápido? —Preguntaron las tres con incredulidad. Cuatro días, el primero lo pasaron atendiéndola, en el segundo día sacaron su diagnóstico y se lo informaron, por tanto el donador debió haber aparecido el día anterior, el día tres, para que pudieran informárselo ese día, el día cuatro.

—Sí, tienes suerte Maria-neesan…—A la aludida le sonó algo tenso el tono de su hermana, pero lo dejó pasar.

—Suerte…—Murmuró por lo bajo, si realmente tuviera suerte no estaría en esa situación.

—Aparentemente era un hombre que se había accidentado el mismo día que tú y como era donante, bueno, ya te imaginarás—Continuó Kanade.

—Fue una coincidencia.

—Sí, una bastante acertada coincidencia—masculló la pelirroja.


Maria sonrió con verdadera alegría mientras que se dirigía con Kanade y Serena a su hogar. Le habían operado hace ya un par de meses, dejando el tiempo restante hasta el día anterior para la recuperación. Sakurai Ryoko había sido la doctora que le había atendido, una mujer bastante simpática aunque bastante excéntrica en ocasiones; ella había sido quien había estado cerciorando su recuperación y le había retirado los vendajes que habían cubierto sus ojos -anteriormente verdes, ahora azules- por un largo tiempo un par de horas atrás. Había extrañado ver las sonrisas en todos aquellos rostros conocidos, como también se había percatado de que por poco y se olvidaba de sus rostros. Moría por ver a Tsubasa.

Es verdad, Tsubasa jamás se apareció ni se dignó a darle un hola (y esperaba una muy buena explicación, el trabajo no era excusa) pero el amor que le tenía a la japonesa no iba a mancillarse por cosas como esas, estaba en todo su derecho de estar molesta, pero estaba más ansiosa que otra cosa. Tan ensimismada había estado en aquello que no había notado las miradas incómodas que se habían estado intercambiando su hermana y su novia durante todo el camino, tan ensimismada había estado que no escuchó la voz de Serena pidiéndole un minuto antes de entrar. Si Maria no hubiese estado tan ensimismada como para ignorar todo aquello no hubiese recibido el peor golpe que recibió apenas entró en su casa.

Ver la casa en orden fue ciertamente algo que jamás espero. Las veces que Maria frecuentaba el estudio de Tsubasa (o su apartamento) terminaba riñéndole acerca del desorden para al final terminar ella limpiando para que en su próxima vez fuera el mismo lío, de hecho la única vez que Maria vio el lugar de Tsubasa fue cuando ésta le propuso matrimonio, pero ese no es el punto. Tomó el orden como alguna clase de "regalo de bienvenida"… hasta que noto lo inusual dentro de aquel orden.

Uno al entrar a aquel apartamento podía ver la marca "Maria y Tsubasa" que consistía ver el lugar ordenado a gusto de la primera junto con el desorden de la segunda. Ejemplo uno, en el recibidor en donde ponían las llaves estaba un pequeño tazón donde y a un lado solía estar la cámara de Tsubasa y las llaves de la motocicleta que usaba cuando quería despejarse y sentir la adrenalina. Ejemplo dos, en el único sofá que había en el lugar era color beige pero siempre había una manta color aguamarina cubriendo una parte de él. Ejemplo tres, en el comedor reposaba la foto que Tsubasa le había tomado por accidente con la que ella había recortado encima junto a otra que estaba editada de manera que se complementaban al juntar los dos cuadros que la misma Maria había personalizado. Maria al entrar a aquel lugar sintió como si hubiese vuelto a su antiguo apartamento pero con cierto toque más narcisista por todas las fotos que había de ella en un intento de remplazar las faltantes a un lado de Tsubasa. La cámara de Tsubasa ya no estaba en el recibidor y tampoco las llaves de su motocicleta, la manta ya no estaba tampoco, lo que sí estaba era el almohadón color rosa fucsia junto con una manta rosa pálido, pero lo que realmente le dolió que fue al mirar al comedor, el marco en donde estaba la evidencia de su primer encuentro y el marco en donde estaba la parte de Tsubasa tenían imágenes diferentes, fotografías de la misma Maria tomadas por Tsubasa.

— ¿Porqué…?

—Tsubasa se fue cuando diagnosticaron tu ceguera—Habló Serena antes de que su hermana mayor pudiese formular toda la pregunta—Le dio a Kanade las llaves del lugar y le informó su renuncia a Zwei Wing y SONG.

—Estás mintiendo…—La voz de Maria salió casi temblando, se negaba a creerlo, Tsubasa no podía abandonarla ahora que más le necesitaba, ella no era como Ver., ¿verdad?

—Antes de irse me pidió que te entregara esto—aquellas palabras dichas por Kanade atrajeron la atención de la peli-rosa, quien al girarse miró el celular propiedad exclusiva de Tsubasa—Dijo que sabrías que hacer.

Las cuencas de la serbia casi se salieron de su sitio. Tomó lo que le estaba ofreciendo la mejor amiga de su ¿prometida? ¿Seguía siéndolo? Y entró al cuarto oscuro para notarlo completamente vacío, solo quedaban las repisas pero ya sin nada, los trabajos que Tsubasa había colgado y el área de revelación se habían evaporado. La unica prueba de que había vivido allí fue la enorme mancha en el suelo que había causado todo aquello. Detrás de ella, la pelirroja y la castaña le observaban con pena.

—Quiero estar sola.

— ¡Pero…! —Serena trató de protestar pero Kanade le detuvo obligándole a salir del lugar.

El primer uso que tuvieron sus nuevos ojos fue llorar. Lloró por horas hasta que pudo calmarse lo suficiente como para encender el móvil (después de cargarlo un poco) y ver qué era lo que Tsubasa quería que viera, aun no estaba todo perdido, ¿verdad?

Insertó la clave que ella conocía de memoria y notó que tanto la pantalla de bloqueo como la del menú principal estaban con las imágenes de default. Miró los correos acumulados, algunos eran notificaciones de diversas cuentas, otros más eran de SONG pero hubo uno en especial que le hizo arder de rabia, a juzgar por el nombre del correo, era de una mujer la cual le hablaba descaradamente a Tsubasa acerca de "volver" a los viejos tiempos. Era una larga cadena de mensajes que finalizaba con uno que decía "iré por ti".

Revisó las notas del teléfono, aún estaban aquellas letras de los poemas que la peli-azul solía escribir en ocasiones y uno nuevo que no conocía de nada que recitaba…

Mis palabras fueron inútiles

Mis gestos contundentes.

Pasarán milenios para que lo entiendas,

Se terminará la eternidad para que lo comprendas.

Hablar nunca ha sido mi fuerte

Lo sabes, lo sé.

Todo llega al final en alguna ocasión,

Para ti y para mi es el comienzo de algo mejor.

Me perdí en el limbo de tu cuerpo

Me dejé llevar por tu deseo.

Estuvieron los sentimientos más bellos de la creación

En ningún momento fueron confusión,

Es necesario aceptar que las cosas terminan

Hay que seguir adelante para seguir siendo feliz.

No te abandono, te dejo ir, vuela hasta llegar a la cima

Y olvídate de estas estúpidas rimas.

No termino esta relación únicamente por ver un presente que no me gusta,

Sino porque veo un futuro en el que estamos mejor separados.

No me arrepiento de lo que viví contigo pero,

Espero que nuestro futuro sea mejor que lo que vivimos.

No necesitas estar en una relación para ser feliz.

Se termina hoy pero se perdió hace tiempo,

Mereces algo mejor que yo.

Es mejor terminar ahora

Hay que aceptar que ya no estamos la una con la otra

Hay que aceptar que podemos volver a ser felices.

Seguir así solo me hace daño

Es necesario olvidar nuestra relación.

María, terminamos.

Nuevas lágrimas aún más gruesas y saladas que las anteriores brotaron de sus ojos al ver la cruda realidad, debía olvidarse de aquellas fantasías que soñó junto a Tsubasa.


—Regresamos en un rato, ¡no te vayas antes de que volvamos! —escuchó decir a la pequeña –ya no tan pequeña– Kirika mientras halaba de la mano de Shirabe y salían del local. Maria rió ligeramente al ver la escena aunque con cierto deje de amargura, pensar que hace unos cuantos meses ella estaba igual…

Continuó restregando el espejo del lugar.

Después de un periodo de depresión por el que pausó su carrera de modelo, decidió regresar al Londres para retomarla desde cero y al mismo tiempo olvidarse de Tsubasa quien había desaparecido de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno. Partía esa noche y para relajarse habia ido a ayudar al salón de belleza que había abierto Kirika.

Detuvo sus movimientos con lentitud mientras que clavaba su mirada en la que le devolvía el espejo, de nuevo recordó a su antigua prometida, de no estar tan opacados por su tristeza, estaba segura de que aquellos ojos azulados que ahora poseía brillarían tanto como había visto hacer a los de la Kazanari. Negó con la cabeza, su objetivo era olvidarla ¿cierto? No tenía que olvidarlo como seguramente ella… ¡al carajo! ¡No podía hacerlo! Tsubasa era la persona que más amaría en su vida, era la persona que permanecería en su memoria hasta sus últimos momentos. Tres meses desde que habían terminado y aún seguía haciéndose tantas preguntas que solamente la misma peli-azul le podría responder, se negaba a creer que ella fuera igual a los hombres con los que había salido, seguía teniendo esa esperanza, porque de no ser así, ¿Qué pasaría con todas esas veces que se dijeron que se amaban? ¿Qué fueron en realidad todas aquellas veces que demostraron su amor desde lo más tierno hasta lo más carnal? Sabía que estaba mal lo que tanto deseaba, que Tsubasa fuese infeliz, pero no por dejarle infeliz a ella, sino porque sabría que al alcanzar la felicidad Tsubasa le borraría completamente de su mente, porque estaba segura de que ya lo había hecho de su corazón, era tan doloroso… era mucho más doloroso de lo que podía soportar, ¿Por qué aun la seguía amando? ¿Qué brujería había hecho la fotógrafa en ella?

—Maria…—Escuchó su voz detrás de ella mientras que una silueta se dibujaba en el espejo. Al girarse se encontró con lo más contrario a su visión, una chica igual de alta que ella, de cabellos rubios y ojos borgoña, claramente extranjera. ¿Por qué encontraba tanto extranjero en Japón? — ¿Maria-san?

—Ah, no es nada—Dijo de inmediato— ¿Cómo sabes mi nombre?

—Trabajo para TSAB, la sucursal de SONG en Europa—Respondió—Bueno, trabajaba, me transferí hace poco a Japón por motivos personales. Y bueno, usted es Maria Cadenzavna Eve la modelo favorita en TSAB por si no lo recuerda—Maria no pudo sino impresionarse por el enorme parecido que tenía la voz de esa joven con la de Tsubasa, su voz era menos madura (visiblemente era más joven) pero tenían el mismo timbre de voz y el cómo engañó a su sentido del oído momentos atrás era la prueba.

— ¿Qué te trae por aquí?

—Verdad—Pareció reaccionar mientras levantaba un sobre de paquetería—Me enviaron esto desde TSAB, al parecer hubo un pre-lanzamiento con viejas fotos suyas. Kanade-san me pidió que de favor se las entregara.

—Ah, gracias…—Dijo de manera apagada mientras que por cortesía sacaba la revista dentro del sobre, no pudo hacer más al notar la ilusión de la menor que, a juzgar por su acento (y por como pronunció su nombre), era italiana. No necesitó fingir sorpresa al ver las fotografías porque su sorpresa fue genuina— ¿De dónde?

La chica frente a ella ladeó la cara confundida. Miró la fuente de las imágenes, allí estaba un nombre que recordaba por ser el nombre de los correos en el teléfono de Tsubasa, Phara Suyuf. ¿Cómo fue que ella tenía esas fotos si nunca trabajó con ella? Además de que esas fotos las tomó junto a Tsubasa para una campaña automovilística que al final terminó cancelándose, ¡la motocicleta en la que estaba sentada era la suya!

Mandó al carajo –por segunda ocasión en el día– sus intenciones de enterrar el recuerdo de la fotógrafa. Al llegar a Londres, lo primero que haría sería interrogar al encargado de imagen.

—Me están llamando, me tengo que ir—Escuchó a la rubia

—Ve con cuidado—Contestó de manera casi automática.

.

.

Era un día frio de invierno, el calor de la taza en sus manos le daba directo en la nariz mientras que trataba de calentarla un poco. Afuera nevaba y se hacía más tormentoso para ella caminar, aunque por suerte aun contaba con un poco de apoyo, muchos le habían dado la espalda desde que tomó la decisión más dolorosa de su vida.

— ¿Lo ves? No podemos dejarla sola porque se aísla—Una mujer escultural de largos cabellos castaños y ojos jade a su acompañante de cortos cabellos negros y ojos ámbar, de estatura ligeramente más alta que su acompañante.

—No me aíslo—Se quejó la mujer—Solo recuerdo algunas cosas.

—Hoy se cumple un año ¿verdad? —Habló de manera suave la más alta de las dos—Debió ser duro.

—Sí, ha sido bastante duro.

Corrió y corrió persiguiendo a los paramédicos hasta que le obligaron a permanecer fuera del quirófano debido a que solo personal autorizado podía entrar, y ella, Tsubasa Kazanari, terminó fuera con un gran sentimiento de tristeza y lágrimas saliendo de sus ojos mientras que hacía su mejor intento para permanecer en calma y no despotricar en contra de todos.

— ¡Tsubasa! —Fue Kanade quien le llamó, a su lado se encontraba su cuñada— ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué tan grave fue?

—Es mi culpa—Dijo de inmediato. Aun recordaba como media hora atrás Maria gritaba con un verdadero sentimiento de agonía, de inmediato fue por ella y la encontró retorciéndose del dolor en el suelo mientras se frotaba la cara. No pensó realmente en sus acciones y tomó del auto de Kanade para llevarla directo al hospital, llegaron en cosa de nada, durante el camino solo pudo mandarle a la Amou una disculpa y avisarle que Maria había sufrido un accidente.

Fueron demasiadas las ocasiones en las que Maria le había dicho que esa manera tan desordenada que ser no traería nada bueno, nunca pensó que se lo mostraría de aquella manera. No necesitaba saber lo que les dirían los médicos en unas horas, ella ya sabía el diagnóstico de antemano, durante la carrera te hablaban de posibles consecuencias en diversos accidentes. ¡Joder! Cómo se maldecía por haberse olvidado de cerrar el bote, por dejarlo junto a las memorias y peor aún, se arrepentía de no haber ido tras Maria antes de que entrase una vez más.

Si tan solo hubiese sido más insistente…

Despues de contar lo que había sucedido la parejita Serenade intentó consolarla, pero las cosas solo fueron peor cuando llegó su tía, Sakurai Ryoko de Kazanari, a anunciarles la ceguera definitiva de Maria. Fue directamente a su apartamento, gritó, lloró, hizo berrinche. Lanzó el frasco ahora vacío para dar con una respuesta después de correr hasta que sus piernas no pudieran sostenerla.

— ¡Ni pienses que te dejaré hacer eso! —Gritó Kanade mientras que Serena veía todo con la mirada baja, era claro que ella tampoco estaba de acuerdo.

—Es una lástima, no estoy pidiendo tu permiso—Respondió Tsubasa de manera simple cerrando la última maleta la cual fue llevada por Ogawa.

— ¿Estás de acuerdo con esto? —Preguntó al castaño, este negó con una sonrisa de resignación.

—Tsubasa-san sabe lo que hace—Fueron sus palabras mientras salía—Además, esto fue lo mejor que pudimos conseguir.

—Yo debería estar muerta—Respondió tensando al noviazgo, era bien sabido que para hacer un trasplante como el que estaba deseando hacer debía perder la vida primero, por suerte Ryoko había logrado intervenir para solamente dejarle ciega, aunque claro, Tsubasa había pedido que "rellenasen" los huecos que quedarían en su cara con los ojos de Maria como un "precio a pagar"

—Pero alejarte ya es demasiado, Tsubasa—Habló Serena por fin—Maria necesitará tu apoyo.

—Las tiene a ustedes—Rebatió—Si yo estoy con ella lo único que haré es que se sienta culpable y haga cosas extremas.

— ¡Eso es justo lo que Maria pensaría si estuviera en tu posición! ¡Ahora piensa tú desde la suya! —Kanade explotó— ¡Te ama, te necesita!

—No lo hará después de que la decepcione—Dijo.

—Ella no está decepcionada de ti.

—Pero lo estará—Suspiró entregándole su teléfono móvil—Sólo dale esto cuando su vista se recupere y regrese al apartamento, ella sabrá que hacer

— ¡Tsubasa!

—Es mejor así. Debe odiarme, es lo mejor—Después de esto Kanade dejó el lugar. Serena le siguió no sin antes abrazar a Tsubasa y prometerle que tanto ella como la Amou guardarían el secreto de Maria y harían lo que les encomendó.

La última imagen que Tsubasa había visto de Maria era ella costada en la cama completamente anestesiada. Acarició su mejilla con completa devoción antes de que los médicos la separaran y anestesiaran también para comenzar con la operación. La única imagen que Tsubasa tenía grabada a fuego en su memoria era la sonrisa tan hermosa de Maria y esos ojos cían que ahora poseía ella. Los últimos recuerdos que tenia de la Cadenzavna no eran sus gritos de agonía (de hecho eso nunca lo olvidaría) sino todas aquellas veces en las que, ayudada en su mayoria por Serena –dado a que Kanade continuaba en desacuerdo con ella– visitó a Maria, respirando su aroma, escuchando su voz, y tan solo unas horas antes de que le quitaran a Maria los vendajes que a ella ya le habían quitado, besando sus labios, probando su dulzura una vez más mientras se encontraba en el país de Morfeo.

— ¿Y ya decidiste que vas a hacer hoy? —Preguntó la castaña.

—Deja, Phara—Regañó la pelinegra—El día de por sí ya es pesado, y con este frío.

—Y es por eso que insisto que dejar a Tsubasa sola no es buena idea, Leiur—La Kazanari sonrió con amargura al escuchar la interacción de la que una vez fue su novia con su actual pareja.

—Yo estaré bien—Aseguró—Tengo una pequeña presentación en TSAB, después me iré a casa. No tengo ánimos de hacer mucho hoy.

—Si claro, y yo soy el conejo de pascua—Soltó Phara con ironía antes de dirigirse a su novia— ¿Hay problema si la acompaño el día de hoy?

—Mientras no lo hagas rutina…

— ¡Leiur eres la mejor! —Depositó un beso en su mejilla. Tsubasa únicamente se sintió avergonzada mientras tomaba de su café. La charla fue de temas variados, casi siempre volvían al punto de que Tsubasa no estaba cuidándose como debería pero ella insistía en que estaba bien aun cuando era bastante obvio que no lo estaba.

La razón por la que Tsubasa había huido a Londres se debía a que así las posibilidades de encontrarse con Maria eran mucho menos probables, estaba segura de que Maria se relanzaría, por eso había encargado a Kanade que entregara la copia de las fotografías que le había dejado de esa fallida sesión de automóviles para darle un impulso, su conocimiento artístico no mentía, aquellas imágenes eran oro que alguna vez vio con total libertad.

—Sabes, ella es muy hermosa…—Escuchó a Phara la cual estaba colgada de su brazo, con costumbres como aquellas, aún se preguntaba cómo es que Leiur no la asesinaba todavía, esperaba que Phara no se estuviera excusando con su ceguera. Tsubasa supo de inmediato de quien hablaba. Llevaba la primera foto que le había sacado en su mano. Phara soltó su brazo y soltó una risilla que le dio desconfianza, siempre la soltaba cuando estaba por hacer una travesura.

—Si lo dices por la foto, debes saber que es mucho más hermosa en persona—Sonrió con añoranza cuando sintió cómo su exnovia tomaba la foto de manera brusca para después sentir su presencia frente a ella y ya no a un lado.

—Pero aquí ella tiene los ojos que tú tienes ahora—Dijo—Es una vista única si lo consideras.

—Puede ser…—Fue lo único que le escuchó decir—Aunque tengo una duda que sigue sin quedarme clara, ¿no hubiera sido mejor que te quedaras con ella en lugar de hacerle creer que habías vuelto conmigo?

Tsubasa suspiró con cierta resignación, ya estaba acostumbrada a esa pregunta.

—Si me hubiera quedado con ella en primera instancia, le sumaría demasiada presión emocional, se sentiría bastante culpable y trataría incontables veces convencerme para regresarme la vista, lo cual sería completamente inútil—Tomó aire—Renunciaría a seguir su sueño como modelo y en dado caso de que lo hiciera no lo disfrutaría, de nuevo, sería inútil. Te repito, lo mejor era que desapareciera de su vida.

— ¿Y no te gustaría volver a esos tiempos con ella? ¿Llamarla y decirle que la amas? ¿Explicarle lo que realmente pasó?

—Si lo dices por ti y Leiur, trataré de…

—Solo responde…—Interrumpió Phara.

—Sí me encantaría, pero Kanade y Serena hicieron bien su trabajo de que me odiara—Se encogió de hombros y extendió la mano frente a ella con la palma de su mano—Ahora, ¿te importaría devolverme mi fotografía?

—Realmente la quieres.

—Pues claro, esa foto marcó nuestro destino. Mis mejores momento con ella, todo…

La risa de Phara se dejó escuchar hasta el momento que sus manos sintieron el papel.

— ¿Y qué harás?

— ¿Con qué? —Preguntó la Kazanari cuando escuchó la pregunta que lanzó la Suyuf de la nada. No obtuvo respuesta, solo un ligero sollozo y un fuerte abrazo sobre su persona. Ese abrazo no tuvo nada de común.

Su cuerpo se tensó una vez que aquellos brazos recubiertos por un abrigo le abrazaron con delicadeza pero cierto desespero que hacia el separarse difícil. Un inolvidable aroma a flores brotaba de su cabello, era el mismo shampoo de siempre. No le costó absolutamente nada saber que la propietaria de aquel abrazo había sido Phara, pero no dudaba que aquello había sido planeado por ella, las proporciones de aquel cuerpo no eran las suyas sino de la única mujer que hacía capaz que su corazón latiera a un pulso inimaginable, la única mujer por la que estaba dispuesta a inclusive hasta morir sin pensarlo dos veces.

— ¿Maria? —Sus labios fueron atrapados por otros ajenos, le supo a lágrimas. La había hecho llorar y esta vez no podía evitar escuchar su llanto—No llores, por favor—Suplicó. María se abrazó de nuevo a Tsubasa pero ahora, la ex-fotógrafa correspondió dicho acto sintiendo como poco a poco el peso sobre ella se iba aligerando hasta que por fin sintió su alma liberada.

—Te amo—Ninguna rompió el abrazo cuando Maria soltó aquellas palabras.

— ¿Por qué? —Aquello no debía ser así, pero…

—La vista es inútil cuando se ocupa medir el amor por medio de acciones—Repitió las palabras que le había susurrado durante su primera vez—Los errores y las heridas causadas forman tambien parte de la historia, sin excepciones. Recuerda, nuestro amor desde el principio se pintó de gris. Antes rayaba el blanco, inclusive durante el accidente. El tiempo sin ti parecía un negro profundo, no quiero volver a eso, te encontré y sé que como yo me sigues amando. Yo… yo no pienso dejarte ir otra vez.

—Y yo no me siento capaz de alejarme de nuevo.


¡Y eso es todo! ¿Que tal? ¿Les ha gustado? ¿Debo tirarme del puente? ¿Debí extenderlo? ¿Debí recortarlo y dejarlo en one-shot? ¿Debería hacerle epílogo?

Fuera de joda, muchas gracias leer y acompañarme en este mini-proyecto de two-shot (segundo two-shot que hago ahora que lo pienso), saben que sin ustedes amigas/amigos lectores yo no soy nada. Como dije en el capítulo anterior, este tipo de cosas salen cuando ves videos en YouTube bastante tristes con potencial enorme para Fanfic. Estoy segura que posiblemente a algunos las adaptaciones del video a Fanfic tienen a algunos ya hartos pero no se puede evitar, cada quien le da un toque único y se adueña de la historia como quiere, de hechoo originalmente iba a ser un KirikaxShirabe pero me arrepentí, de cualquier manera hasta aquí me corto antes de solta mi vida acá.

Y ya sin más que decir me despido con un fuerte abrazo para todos ustedes, nos leemos en la próxima.