El verano siguió adelante y los Potter y los Booth mantenían el contacto hasta que llegó la hora de ir a Hogwarts, donde acordaron quedar media hora antes de que el tren partiera para enseñarles a los Booth la entrada al andén y a la vez entrar todos juntos.

Cuando llegaron apenas había gente por lo que pudieron hablar tranquilamente, el señor Booth, que pudo asistir, le dijo a su hija y a Harry que también estaba allí que se cuidaran y que se defendieran si alguien les molestaba o les agredieran, aunque lo mejor sería que acudieran a los profesores. Finalmente se despidieron y los chicos subieron al tren.