Capitulo 2
Hermione entra al Ministerio apurada por alcanzar el ascensor que la lleva a su piso. Ve una mano detenerlo y sube apresurada casi chocando con quien detuvo la puerta.
Ten cuidado Granger- Draco le abre paso para que pueda entrar
Buenos días Malfoy- Hermione siente sus mejillas sonrojadas al darse cuenta de la situación ya que el ascensor esta lo suficientemente lleno como para que ella quede apretujada al lado de él.
Para disimular su turbación saluda con una inclinación de cabeza al resto de los ocupantes que la miran con curiosidad ya que es toda una novedad que ella, la mejor amiga del Elegido, tenga que compartir parte de su tiempo con un mortifago redimido.
Bajan juntos y se dirigen caminando rápido, lado a lado a sus respectivas oficinas, sin dirigirse la palabra en todo el trayecto.
Hermione se sienta en su escritorio y comienza a ordenar sus papeles casi frenéticamente, tratando de recuperar un poco de normalidad, de pronto se siente mareada y se da cuenta que echa en falta su dosis matinal de cafeína.
"Esto es ridículo. Iré a la cafetería y de regreso veré como me las arreglo con Malfoy".
En cuanto sale de su oficina siente "ese" aroma que hace que se dilaten sus fosas nasales. Café puro de grano, no ese sucedáneo enlatado, sino café de verdad.
Ve a Marie soplar su taza y paladear ese manjar.
-Marie ¿Dónde compraste ese café?
-Me dio el sr. Malfoy. Tiene una cafetera en su oficina.
Sin pensarlo dos veces coge su taza y se planta en la puerta de la oficina de Malfoy, a pesar que se siente como "la vecina nueva pidiendo prestada una taza de azúcar"
-Pasa Granger…
- Malfoy, no tuve tiempo de ir a la cafetería, podrías….?- se quedó muda.
La antigua oficina sucia y deslucida había cambiado de manera impresionante. Una gruesa alfombra color chocolate amortiguaba sus pasos mientras avanzaba al centro y contemplaba con la boca abierta el librero en donde se encontraban ordenados alfabéticamente los mas de ochenta tomos de la Enciclopedia del Pocionista desde "Algas y otras Plantas Acuáticas" hasta "Zumos y Desecados en la Elaboración de Pociones". A su derecha y a espaldas de la ventana estaba el escritorio, un mueble grande y elegante con su sillón ejecutivo en donde estaba sentado cómodamente Draco. Un pequeño sofá completaba el rincón.
En la pared opuesta Malfoy había acondicionado un área pequeña como laboratorio de pociones con un mesón con cubierta de mármol, hornillas mágicas y un mueble en donde reposaban tres calderos de distintos tamaños, una caja de madera clara de tres pisos, cada uno con diversos compartimentos para guardar ordenadamente los ingredientes, una balanza y otros instrumentos.
¿Qué se supone que es esto Malfoy?
Mi oficina. Me gusta trabajar con comodidad. Y te aclaro que Puckle limpió, pintó, traslado algunos de mis muebles y ordeno todo anoche, con autorización del Departamento de Mantención- Draco continúo clasificando las carpetas sobre el escritorio sin dirigirle una mirada.
Por favor no me digas que tienes un elfo domestico trabajando para ti….
No es un elfo. Es una elfina. Y si trabaja para mí. No he podido convencerla que se retire. Cada vez que le doy la prenda, esta aparece lavada y planchada a los pies de mi cama…- se incorporó un poco en su sillón y le clavó sus ojos grises- Si traes una taza vacía en la mano me imagino que quieres un poco de café… Sírvete tu misma, la cafetera está en el rincón.- y volvió a enfrascarse en un expediente.
Hermione se sirvió café y se volteó indecisa. Draco continuaba estudiando en total indiferencia hacia ella.
Eh… Gracias Malfoy - Draco solo asintió con la cabeza sin responder. Se quedó mirándolo sin saber si salir o quedarse a hablar de algo, cualquier cosa que le ayudara a sentirse mas cómoda en su presencia.
¿Necesitas algo mas Granger?- levanto la vista y se sorprendió al verla con todo el aspecto de una niña tímida, ruborizada. Parecía haber perdido su aplomo característico y por primera vez le pareció vulnerable. No pudo evitar esbozar una muy leve sonrisa de simpatía.
No…en verdad si…- Hermione sentía un nudo inidentificable en la garganta- Necesito que hablemos, necesito que….- Pero no pudo continuar pues los interrumpió un vozarrón que venia de la salita de espera. Hermione se precipitó a la puerta con las piernas como gelatina y presagiando la tercera guerra.
Dime Marie…¿Dónde escondiste a mi novia?- bromeaba Ron.
Ron… Pero que…- Hermione se vio interrumpida por un abrazo triturante y unos labios firmes sobre los suyos. Cuando se separaron Draco estaba parado con los brazos cruzados en el dintel de la puerta de su oficina, los miraba con una ceja levantada y un brillo burlón en los ojos.
Buenos días Weasley.
Malfoy...- Ron le lanzó una mirada obscura. Hermione solo deseo que ninguno de los dos volviera a abrir la boca, pues la primera palabra equivocada haría estallar una pelea.
Vamos a mi oficina Ron- dijo tomándolo de la mano y tratando de moverlo, lo que era mas fácil de decir que de hacer ya que Ron había vuelto a crecer un par de centímetros, había agregado varios kilos de masa muscular y no dejaba de mirar amenazadoramente a Malfoy.
Después continuamos nuestra conversación Granger…- dijo Draco, entrando calmadamente a su oficina y cerrando la puerta con suavidad.
Una vez en la oficina de Hermione, Ron volvió a abrazarla suavemente hundiendo la cara en su pelo y susurrándole al oído.
Te extrañé Mione... Lo bueno de esto es que por fin vas a vivir conmigo. No quiero que sigas trabajando aquí, con el hurón al otro lado de la puerta. Podemos vivir en mi casa en Escocia y me acompañaras a las giras con el equipo...- De pronto sintió como Hermione se tensaba en sus brazos y se separaba de él.
Ron, de que hablas… sabes que no voy a dejar este puesto. Adoro mi trabajo, Malfoy es solo un inconveniente con el que tendré que aprender a convivir.
¿Un inconveniente?- bufó Ron molesto-. ¿Te volviste loca Hermione? Te recuerdo que era un mortifago. ¿quieres seguir trabajando aquí o es que no quieres vivir conmigo? ¿Hasta cuando vamos a esperar?
¿Por qué tengo que renunciar yo?... Si tanto quieres que vivamos juntos instálate de una vez por todas en Sortilegios Weasley y múdate a Londres- respondió enojada pero se contuvo al ver la mirada herida de Ron.
Sabes que son solo dos temporadas mas, tres cuando mucho Hermione. No me pidas renunciar ahora. Esto es lo que soñé toda mi vida.- dijo con voz más calmada y abrazándola nuevamente- Es solo que si te tuviera más cerca…
Yo siento lo mismo. ¿Qué te parece si voy el fin de semana y nos regalamos unas mini vacaciones? Podremos estar solos y tranquilos en una cabaña en algún bosque cerca de un lago…- Se detuvo de pronto al ver que Ron rehuía su mirada.- ¿Qué pasa?
Tenemos que hablar.- dijo con voz grave sentándose en la orilla del escritorio- Estoy fichado para la Selección de Quidditch de Gran Bretaña.
¡Ron eso es magnifico!
Pero significa que tendré que ir a todos los partidos y empezamos el jueves de esta semana en Argelia- la miró visiblemente incomodo, intentando que no se le notará el entusiasmo que sentía- Tenia que venir hoy a decírselo a todos por que no podre volver en algún tiempo. Tu fuiste la primera en saberlo, necesitaba compartirlo contigo. Estaremos continuamente viajando y no estoy seguro que podamos reunirnos fácilmente. Empezamos en Argelia, luego Egipto, España, Francia, Japón, Australia, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Rumania y eso solo los que han confirmado.
Mientras hablaba había empezado a sonreír y los ojos le brillaban. Hermione sintió una punzada de culpabilidad ya que nunca había compartido su pasión por el deporte.
Estoy feliz por ti Ron, va a ser grandioso… y por lo demás no te preocupes, yo me las puedo arreglar, además domino bien los hechizos de transformación. Si se mete conmigo va a repetir el numerito del hurón botador.- Dijo riendo y abrazándolo. Ron inicio una serie de besos en su cuello que la hicieron suspirar.
¿Qué me decías de una escapada romántica? Porque yo me quedo en Londres hasta mañana
Hacía una semana que Ron había partido después de una apoteósica despedida en la Madriguera de la que no pudieron escapar y que termino casi de madrugada con un festival de fuegos artificiales gentileza de George y snitchs encantadas persiguiendo a los asistentes.
Su vida en el Ministerio había tomado su propio ritmo, casi no veía a Draco y se hablaban solo lo estrictamente necesario cuando llegaban a coincidir.
Malfoy tuvo la gentileza de dejar su cafetera en una mesa al lado del escritorio de Marie, que se convirtió en terreno neutral por lo que Hermione no volvió a entrar a su oficina y ni que decir que la conversación pendiente quedó olvidada. Aparentemente había decidido simple y llanamente ignorarla.
Esa mañana Hermione despierta antes de que suene el despertador. No bien abre los ojos siente la punzada en las sienes que la hace cerrarlos de nuevo. Tiene escalofríos y sus mejillas muy rojas, trata de levantarse pero el mareo la obliga a tirarse de nuevo en la cama. Toma dos aspirinas y cierra los ojos, se adormece nuevamente.
En el ministerio, Draco ha llegado temprano para su primera salida a terreno con Hermione. Le extraña su ausencia ya que acostumbra a llegar antes que el. Se sirve una taza de café y comienza a preparar su trabajo. Deberán viajar a una mina de carbón siguiendo una denuncia de explotación de elfos domésticos en trabajos industriales. Pasa el tiempo y se impacienta.
Marie ¿No ha llegado Granger? Ya son más de las nueve.
No sr. Malfoy, hace cinco minutos le envié una lechuza y no he recibido respuesta.
Draco nunca se ha caracterizado por su paciencia "¿ que se cree? ¿Qué voy a esperarla toda la mañana?" Se encierra nuevamente en su oficina y se pasea molesto "Así que la Srta. Perfecta cree que puede faltar al trabajo cuando se le ocurra…Quizás le teme a la competencia. La ratona nunca ha sido muy atlética y hoy si que vamos a caminar… Bueno, tendrá que acompañarme por las buenas o por las malas."
-¿Tienes noticias de Granger?
- Aun no.. Tal vez le pasó algo. Nunca falta al trabajo sin avisar- dice Marie nerviosa- ¿Quiere que vaya a su casa?.
- No, dame su dirección iré yo.
Se aparece en una pequeña plazoleta frente a un edificio de apartamentos, sube la escalera hasta el tercer piso y pulsa el timbre… Nada, silencio absoluto. Vuelve a intentar y pega su dedo al timbre por lo menos por un minuto. Escucha ruido en el interior y la puerta se entreabre. Hermione se asoma con las mejillas rojas y los ojos vidriosos. Su pelo más enmarañado que nunca forma rizos en su cuello. Viste un pijama de algodón morado con nubes rosas algo desteñido
Que pasó Granger ¿Tienes resaca?- le pregunta malicioso – jodida facha traes.
Me siento mal- la acomete una nausea y tiene que correr al baño.
Draco aprovecha de entrar al departamento. No tiene tiempo para fijarse en detalles cuando la ve salir del baño trastabillando, con la cara y las manos humedas. Logra sostenerla y la sienta en un sillón. Nota que está ardiendo en fiebre y sus labios están resecos. Se fija en sus brazos que tienen manchas rojas y alargadas parecidas a un rasguño.
Granger, no te muevas, necesito ver tu estomago y tu espalda- Hermione no responde, solo lo mira con cara de no entender lo que le dicen. Con delicadeza levanta un poco la blusa del pijama y descubre nuevamente las mismas manchas.
Todavía tienes ese gato mezcla de Kneazle?
Crookshanks?...Si esta por ahí…
Tienes fiebre del Kneazle Granger. Es altamente contagiosa. Avisaré a San Mungo para que vengan a buscarte.
No me dejes sola… tengo miedo- Hermione suplica tomando su mano.
No te voy a dejar. Enviaré una lechuza y te prepararé algo para tratar de bajar un poco la fiebre- la estira en el sofá y va a la cocina.
A través del ventanal cerrado que da a un pequeño balcón, ve la lechuza de Marie parada sobre una silla y cansada de picotear el vidrio. Escribe una nota y manda la lechuza a San Mungo. Cuando se da vuelta descubre desconcertado que se halla en una cocina absolutamente muggle. No hay calderos, ni hornillas mágicas ni un solo ingrediente que permita preparar una simple poción. Se decide a improvisar y registrando los estantes encuentra una caja con un surtido de hierbas medicinales. Hierve agua en una taza con su varita y deja caer un par de saquitos de te de menta y manzanilla, la enfría y vuelve con Hermione.
Le pasa el brazo por la espalda para ayudarla a incorporarse y le acerca la taza para que beba lentamente. Se sienta en el brazo del sofá y su barbilla queda justo sobre la cabeza de Hermione y de pronto se fija en ella por primera vez en su vida. Descubre las pequeñas pecas sobre su nariz y la suavidad de su pelo rozando su brazo y le llega una oleada del olor de Hermione, dulce, muy dulce, suave y limpio. Le recuerda al olor del algodón de azúcar y de algunas flores silvestres. Siente el impulso de enterrar la nariz en su cuello y, no sabe por que, los ojos se le llenan de lágrimas. Levanta la cabeza, aprieta los parpados y respira hondo. Sabe que ella lo mira pero tiene miedo de enfrentarla.
Malfoy… ¿Qué pasa?
Nada..- y es dicho con rabia reprimida, que no es por ella si no por el mismo, por dejarse llevar por mariconadas que no sabe de donde salen y no llevan a ninguna parte. Por que es ella y viéndola tan frágil vuelve rememorar todo lo que hoy le avergüenza y lo único que quiere es que pase algo, cualquier cosa, para que ella deje de mirarlo con esos ojos desconcertados.
Suena el timbre, se rompe el momento. Draco se levanta apresurado tratando de volver a la normalidad. Entra el medimago, examina rápidamente a Hermione, le hace algunas preguntas de rutina a Draco y finalmente se la llevan levitando en una camilla bajo un hechizo desilusionador.
Draco vuelve a la cocina y toma una muestra de la comida de Crookshanks. El gato se acerca y se restriega en sus piernas. Aprovecha de tomar muestras de su pelo y saliva.
Siente curiosidad y se permite recorrer el pequeño departamento. Entra en el dormitorio y con un movimiento de varita ordena la cama de sabanas blancas y cobertor rojo. Sobre la mesita de noche hay una fotografía de ella y la comadreja bajo un árbol de navidad al que se acerca flotando un muérdago, él la besa y después ambos ríen saludando a la cámara. La devuelve, extrañado por esa punzada de malestar que se agranda cuando ve ropa de hombre colgada en su armario.
Sale del departamento, asegura la puerta con un hechizo protector y se marcha preguntándose por que no se lo llevaron a el también a San Mungo, aunque con toda seguridad lo habrían internado en un ala muy distinta a la de Hermione.
