DISCLAIMER: Los personajes son de la imaginería de la . El movimiento de las piezas sobre este tablero de ajedrez es contribución mía. Se que he estado floja, pero me comprometo solemnemente a actualizar. Lamentablemente mi mente es más rápida que mi teclado.

Capitulo Siete

Llevaban casi una hora volando hacia el norte en el automóvil de Draco Malfoy, navegando sobre un mar de nubes grises.

Y exactamente así se sentía Hermione, navegando en un mar medio tempestuoso y con el mareo a flor de piel. Es cierto que no era tan malo como ir en escoba pero el vaivén del coche por las ráfagas de viento aumentaba su sensación de nausea.

- ¿Estas durmiendo? Vas muy callada.

- Estoy mareada Malfoy. Te lo dije y te lo repetí cientos de veces antes de partir, NO ME GUSTA VOLAR.

Draco se volteó a mirarla y estiro la mano para tocar su frente. El simple gesto tomó por sorpresa a Hermione. Sintió su mano tibia sobre la frente helada dándole una agradable sensación de bienestar.

- En la guantera hay jugo de calabaza y ponte mi chaqueta- dijo Draco soltando el volante para tomar la prenda desde el asiento trasero con lo que provocó un badén que puso el estómago de Hermione a la altura de su nariz- Voy a subir un poco para evitar el viento. Aún nos queda al menos una hora de vuelo para llegar al pueblo. Aguanta un poco mientras nos elevamos.

Hermione abrió la guantera encontrando un muy surtido bar. Vino elfo, hidromiel, whisky de fuego, cerveza de mantequilla se mezclaban con botellas de vodka y coñac francés. En el último compartimento encontró una solitaria botella jugo de calabaza.

- Oye Malfoy ¿Qué pasó con lo de si bebes no conduzcas?

- Eso… Es para quienes se suben a mi auto y especialmente para cuando estamos estacionados.

- Eres un idiota.

- No preguntes si no quieres oír la respuesta. Ponte la botella en el cuello, recuéstate un poco y abrígate. Voy a abrir la ventanilla para refrescar el aire. Trata de disfrutar el vuelo Granger por que será nuestro medio de transporte permanente cada vez que tengamos estas salidas.

A regañadientes Hermione se recostó en el asiento envuelta en la chaqueta de Draco que olía suavemente a su perfume.

Al subir sobre las nubes el viaje mejoró considerablemente con lo que dejó su malestar atrás.

Se quedó mirando el perfil de Draco recortado contra el cielo. Tenía los ojos grises fijos en la lejanía, su pelo se movía con la brisa y tarareaba una melodía en voz muy baja. Por primera vez se dio cuenta que efectivamente se había convertido en un hombre muy atractivo, con algunos rumores de aventurillas y vida disipada. Eso respondía a la seguidilla de secretarias y otras funcionarias, jóvenes y no tanto, que llegaban con frecuencia a su oficina sin otra intención aparente que saludar a su secretaria y algunas miradas algo inquisitivas cuando almorzaban juntos en el comedor del Ministerio.

Si no conociera su pasado y si no hubiera corrido tanta agua bajo el puente, quizás hasta ella podría haberse sentido atraída. Después de todo no era un hombre común y corriente, Destacaba por su elegancia, su físico y además era muy inteligente. Cualidad que había llegado a apreciar de sobremanera.

Le parecían dos personas distintas. Una el chiquillo malcriado, altanero, clasista y arrogante. Y la otra, este hombre atractivo, inteligente, de modales impecables, pero definitivamente distante y reservado. Intuía que solo conocía una primera capa y quizás las siguientes fueran igualmente interesantes.

- ¿Te sientes mejor?

Hermione se sintió sonrojar frente a la pregunta pues se había quedado ensimismada mirando el perfil de Draco.

- Si. Mucho mejor, gracias.

- Debemos tomar una decisión. No me gusta el aspecto de esas nubes y no puedo divisar el pueblo. ¿Volvemos a Londres antes que oscurezca o buscamos un claro dónde acampar? Corremos el riesgo de que nos alcance una tormenta en el regreso.

A Hermione ni le hacia ninguna gracia estar sola con él en un bosque alejado de todo, pero el ruido de un trueno distante y un resplandor en las nubes la decidió.

- Acampemos, mañana podemos buscar la laguna y el pueblo.

- Ponte el cinturón…voy a atravesar las nubes para poder ubicar un claro

En cuanto atravesaron las nubes comenzó una pesadilla. El viento y una llovizna persistente no les dejaban ver nada alrededor. El motor rugía y los nudillos de Malfoy estaban blancos por el esfuerzo de mantener el volante.

Sintieron algunas ramas de los arboles golpear las llantas y el chirrido de la carrocería cuando quebraron la copa de un ciprés y los trozos de madera golpearon el costado. El automóvil quedo casi de cabeza al intentar esquivarlo con lo que Hermione se sintió partir en dos por el cinturón de seguridad.

Las ráfagas de viento estremecían el vehículo, que zigzagueaba en el aire esquivando los obstáculos. La puerta de Hermione crujió cuando esta le dio un fuerte golpe, empujada por una maniobra para evitar impactarse en una colina que pareció formarse de la nada frente al parabrisas.

Hermione se sentía al punto del desmayo, con su cabeza por explotar y su estomago dando tumbos como una pelota. A duras penas lograba controlar las arcadas y sus dedos estaban incrustados en el asiento en un esfuerzo de mantenerse firme en su posición, cada vez que las ramas aparecían sorpresivamente, chocando con la ventanilla

De pronto un fuerte viraje la sacudió hacia el lado contrario y Hermione se hizo un ovillo para amortiguar la caída al estrellarse pero, contrario a lo que esperaba, aterrizaron con la suavidad de un pájaro.

Creo que este lugar está bien. ¿Te parece?- le dijo Draco tranquilamente mientras ponía el freno.

Hermione lo miró con incredulidad y una ira producto de sus nervios destrozados empezó a gestarse en su estómago y finalmente estallo en lágrimas y empezó a golpear a Draco con sus puños en todos los lugares que le permitía alcanzar el cinturón de seguridad.

- ¡Por Merlín Malfoy! ¡Eres un completo idiota!¡Podríamos haber muerto estrellados a 1000 kilómetros por hora en un lugar que no aparece ni en los mapas!

- Granger!- Le grito mientras le sujetaba las manos- Si te callas y miras a tu derecha veras el resplandor de las luces del pueblo en la próxima colina. Sé exactamente donde estamos pero si hubiera tratado de aterrizar allí estaríamos estrellados contra el bosque pinos que rodea todo el lugar. Si no te gusta este sitio, son 30 kilómetros en línea recta hasta Pineville. Puedes caminar. Te prestare mi paraguas.

Diciendo eso se bajó dando un portazo. La lluvia golpeaba el techo del automóvil mientras Draco, a la luz de los faros, armo la carpa con un golpe de varita y traslado el equipaje al interior.

Hermione bajó lentamente tratando de controlar el temblor de sus piernas y con movimientos casi automáticos de su varita camino por el perímetro del campamento rodeándolo con hechizos protectores.

Cuando entro en la carpa, Malfoy ya se había cambiado su ropa de viaje por un pijama afranelado y una gruesa túnica de lana basta, había encendido la chimenea y estaba levitando una bandeja con servicio de café a la pequeña mesa de comedor.

Hermione apoya su espalda en la lona de la puerta y se queda mirándolo en silencio, mientras el agua escurría por su ropa y su pelo hasta humedecer el felpudo. Se sentía tremendamente avergonzada, su reacción había sido desmedida y no atinaba a romper el silencio.

- Ehrrr… Malfoy yo quería….

- Ve a cambiarte Granger, te vas a resfriar. Tu dormitorio es el de la derecha.

Hermione casi corrió a refugiarse. Se quitó rápidamente la ropa mojada y la secó con una ráfaga de aire caliente de su varita antes de colgarla. Calentó una toalla con la que se secó concienzudamente el pelo. Agradeció la idea de haber empacado su pijama más grueso y su bata esponjosa y ya que Malfoy había dado la pauta de la tenida de esa noche, pues que fuera "traje de noche".

La luz de los candelabros era tenue, pero no impedía ver la lujosa alfombra de pared a pared y los gruesos tapices con motivos medievales que cubrían las paredes.

Una vez de vuelta en la cocina, se sentó frente a la mesa en donde Draco ya había puesto dos cuencos con sopa caliente y estaba sirviendo vino elfo en unas finísimas copas de cristal.

- Malfoy, lo siento. No quise descontrolarme así…

- No te preocupes. Al menos no vomitaste- le dijo mirándola con un brillo de picardía- Mañana iremos al pueblo y de allí a la dichosa laguna. Cuando veníamos me pareció ver un brillo de agua hacia el este.

Hermione tomo un sorbo de vino e instantáneamente sintió un agradable calor que recorría su garganta y se instalaba en su estomago. Al segundo sorbo, la comisura de sus labios inició un acto de desobediencia y se curvaba hacia arriba cada vez que miraba a Draco, además de la idea persistente de encontrarse en una cita bastante surrealista , idea con la que conspiraban el elegante entorno, la luz de las velas, el ruido de la lluvia sobre la lona del techo, la exquisita comida y por supuesto el vino elfo.

- ¿quieres postre? Es pastel de frambuesa flameado en ron- sin esperar respuesta y con un golpe de varita Draco hizo aparecer dos platillos llameantes, los que apago con una campana una vez que estuvieron en la mesa.- Bien… planifiquemos la salida de mañana.

- ¿Siempre será así Malfoy? ¿solo trabajo? Mejor hablemos de nosotros, me gustaría conocerte mejor- Hermione, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, le sonreía mientras se llevaba una cucharada de pastel a la boca. No alcanzó a oír la vocecilla insidiosa de su conciencia que le pedía a gritos que contara hasta veinte antes de dejar que las palabras se deslizaran de su boca.

Draco la miró sorprendido, a el no le afectaba tanto el vino elfo. Dejo ver su mejor sonrisa maquiavélica, estas oportunidades no se pueden perder y tener a Granger diciendo lo que realmente piensa de el, sin barreras de ninguna especie era algo que realmente no podía desaprovechar. La información es poder y el esperaba obtenerlo.

La conduce suavemente al sillón frente a la chimenea y cada uno se sienta con las piernas cruzadas mirándose de frente. Draco se da cuenta que Hermione empieza a tener la mirada mas clara, por lo que rápidamente sirve una gran copa de whisky de fuego añejado para ella y otra para el.

- ¿Me odias Granger?- la pregunta fue hecha en un tono neutro.

- Nooo… Te odiaba en otra época. Ahora pareces diferente, más guapo, más inteligente. Siento que nunca te conocí y ahora estoy descubriendo… no se que estoy descubriendo. Eres atractivo…- Hermione jugaba con un mechón de pelo y se sonrojo más aun al responder y de pronto se ríe.- No puedo creer que te haya dicho eso. Pero es verdad, hay que ver como te miran las chicas del Ministerio. Ahora pregunto yo… ¿Por qué no me delataste en Malfoy Manor?

La pregunta es como una daga, incisiva, certera y profundamente dolorosa. Draco la mira de fijo y no detecta ni una pizca de malicia en la mirada de Hermione. Solo ingenuidad y ansias de saber si realmente puede confiar en el.

Y comienza a hablar. Suelta el nudo que tiene en el pecho y el estomago y después de las primeras frases siente que ya no puede detenerse , que sus palabras son como un rio corriente abajo y que nada podrá detener ese caudal de recuerdos, dolores y remordimiento.

Le habla de la frialdad de su padre, de sus ansias de poder, de su miedo a decepcionarlo que primero lo empujó a ser el mejor alumno y después a transformarse en mortìfago. De cómo su admiración paso a transformarse en decepción al ver a su padre convertido en un títere en su propia casa, de su dolor tras su muerte, de cómo su madre se transformo en un pilar en los años de exilio. Pero sobre todo hablo del miedo, del miedo a morir o de verse obligado a matar, el miedo a las torturas, el temor a verse enjuiciado, de su asco cuando fue obligado a torturar a un muggle, de cómo vomitó en el mismo lugar y de cómo lo torturaron por su "cobardía".

No se dio cuenta cuando empezó a llorar recordando la soledad de aquellos años y de los que siguieron. Como debía encontrarse con Pansy y Theo a escondidas para que no fueran reclutados por las huestes de Voldemort, el miedo permanente a ser traicionado por Crabbe y Goyle quienes resultaron tener mayor vocación para la crueldad, el miedo de perder a todos los que amaba, el miedo que le obligaba a ocultarse en los pasadizos de su propia casa para evitar encontrarse con su tía Bella, Sus ansias que la guerra terminara, que ganara uno u otro bando pero que terminara esa puta guerra para no sentir que debía demostrar su lealtad a cada paso que daba bajo riesgo de recibir un rayo mortal por la espalda.

Y por eso no pude denunciarlos, ustedes representaban otra vida, una de peleas infantiles, de riñas de colegio. Si yo hablaba los mataban y sentí que seria matar una parte de mi mismo, de lo poco que quedaba de inocencia…

Hermione también esta llorando, se ha ido acercando a el imperceptiblemente y termina en su regazo, acariciándole el pelo, abrazándolo.

Draco no esta acostumbrado a la ternura, pero se siente bien. No sabe si el whisky o sus propios sentimientos han bajado barreras y se deja hacer y su mano recorre la espalda de Hermione que esta acurrucada en el sillón con la cabeza en su pecho acariciando suavemente su mentón.

Es la segunda vez que están tan cerca y vuelve a sentir esa sensación cálida que lo pilla por sorpresa y se descubre oliendo su pelo y acariciando suavemente la cara de Hermione hasta que ella lo mira y allí se pierde en sus ojos. Se acerca y roza sus labios con los suyos, como tanteando terreno, la mano de Hermione se desliza hasta su nuca y empieza a besarla en serio, recorriendo sus labios, humedeciéndolos con su lengua, buscando su cuerpo bajo esa bata que la hace parecer un peluche, logra llegar hasta su piel y sus manos trazan círculos en su espalda, tocan la piel tibia y suave de sus estomago y finalmente acaban en sus pechos.

Hermione no piensa, solo siente. Siente la calidez de sus manos sobre su piel, siente el reguero de besos desde su cuello a la clavícula, siente que todo es perfecto y lógico, aunque sus huesos se hayan convertido en espuma y sus manos desobedientes insistan en acariciar el pelo, la nuca, la espalda de Draco, deja que sus manos vaguen en busca de esa piel que pensaba fría pero que descubre inquietantemente cálida. Mantiene los ojos cerrados para solo sentir.

Draco también tiene los ojos cerrados concentrado en su sentido del tacto, resbala sus dedos en los pechos de ella creando un vórtice de sensaciones. Hermione deja escapar un suave gemido que lo vuelve a la realidad. Se descubre al borde del abismo, un paso más y hubiera sido un viaje sin retorno.

Hermione lo mira adormecida y vuelve a hacerse un ovillo junto a el, pero esta vez ella busca su cuello con los labios. Draco saca su varita y susurra "dormiens". Acomoda a Hermione en el sillón y la cubre con una frazada. Acerca su varita a la frente de la chica… "Obliviate".

- Lo siento Granger pero no puedo dejar que lo recuerdes.

La besa en la frente y se sienta en el suelo cerca de la chimenea, enciende un cigarrillo y apaga con un golpe de varita todas las velas. Mientras mira a Hermione a la luz de la chimenea se da cuenta que algo ha cambiado. Granger ya nunca volverá a ser solo Granger.

Tira lo que queda del cigarrillo a las llamas y se encierra en su habitación.