Capítulo 11
"No olvidar. Todo lo escrito aquí es solo producto de mis fantasías y no tiene nada que ver con la vida real. Los personajes, lugares, y otros elementos de este tablero pertenecen a JK Rowling".
La biblioteca era, por lejos, el lugar favorito de Hermione. Y esta en especial se constituía en su pequeño paraíso. Los pasillos llenos de cielo a suelo de grandes estanterías con escalerillas y andamios que permitían alcanzar los tomos más altos. Todo era pasillos y estanterías repletas de libros de todos los tamaños y colores, nuevos y viejísimos, ordenados por materias y forrados unos en relucientes coberturas de cuero y otros en pergaminos cosidos con cintas de colores.
La biblioteca tenía rincones amoblados con butacas y pequeñas mesas redondas, alumbrados por multitud de lamparitas como peceras flotantes iluminadas con velas y chimeneas encendidas y sectores de estudio con mesas alargadas y sillas de madera clara que recibían luz de sol a través de grandes ventanales y claraboyas.
Pero aun siendo su lugar favorito, no pudo evitar el dolor de cabeza después de estar seis horas sentadas en un alto butacón de cuero negro, frente a una mesilla donde la pila de libros consultado fue creciendo hora tras hora, ni pudo evitar el estremecimiento de horror tras ver lo que la magia negra es capaz de hacer a un cuerpo humano.
Se pasó las manos por los ojos enrojecidos por el polvo de los pergaminos, sin preocuparse del maquillaje, a esas alturas inexistente y le dio paso a la punzada de hambre. Lo único que había comido en el día era tres galletas y un café contrabandeado por Draco en un momento de descuido de la bibliotecaria.
Habían trabajado intensamente, casi sin hablar salvo monosílabos y una que otra indicación bibliográfica. Draco había resultado el compañero ideal, concentrado y silencioso, el único sonido constante era el rasgar de la pluma contra el fajo de pergaminos que iba llenando con su caligrafía pequeña y apretada. Ordenados cuadros, en donde analizaba y descomponía cada maleficio encontrado, completaban las notas diseminadas por la mesa. Podían decir lo que quisieran de él, pero efectivamente sabía trabajar.
Fue en ese momento en que se percató de que no había ningún ruido y al voltear hacia el sillón contiguo se dio cuenta que Draco estaba profundamente dormido con un libro caído a su lado y el pergamino sobre su pecho subía y bajaba al ritmo suave de su respiración, sus facciones relajadas le daban un aire infantil que se acentuaba por los mechones lacios de su pelo rubio cayendo a los lados de su frente.
Y fue en ese mismo y preciso momento en que Hermione sintió por primera vez una ola de ternura que le quitó el aire y le humedeció los ojos. Ganas irrefrenables de pasar la mano por su frente y arreglar su pelo. O cubrirlo con una frazada. O simplemente acurrucarse a su lado y abrazarlo con la cabeza en su pecho. La Hermione practica y racional, se limitó a darle un leve puntapié en el tobillo "Malfoy, te quedaste dormido", para espantar esas mariposas que ilegalmente habían tomado su estómago a mansalva.
-¿Qué paso?- Draco se veía desconcertado y confundido, se peinó con las manos y chequeó que su camisa y su corbata estuvieran en orden - ¿Me quede dormido? Disculpa Granger, fue sin querer. Traducir latín siempre me da sueño... Lo último que recuerdo es que apoye la cabeza en el respaldo para descansar un poco y de allí nada. ¿Estas enojada? Tienes una mirada rara...
-No, no, es solo que estoy cansada- Se apresuró a recoger los pergaminos desperdigados de la mesa y ordeno los libros en una pila – La biblioteca ya está por cerrar.
-¿Quieres ir a comer algo? - Draco termino de ordenar y con una vuelta de varita puso un pequeño letrero de "No tocar, reservado" sobre la pila de libros – Te invitaría a mi casa pero madre está de visita y me despellejaría vivo si llevo una invitada a cenar sin aviso previo.
-Entonces vamos a mi casa...- Lo dijo sin pensar, sorprendiéndose a sí misma. Y la sobresaltó más descubrirse esperando que Draco aceptara.- Podemos comer algo y avanzar con lo de la organización del evento.
-Déjame enviar una lechuza a madre para que no me espere y nos vamos.
Una vez en camino, Hermione comenzó a dudar de su impulso. Era cierto que lo estaba llevando bien con Draco, pero este paso a ser un poco más íntimos la hacía dudar. Lo miro de reojo, mientras Draco conducía relajadamente tarareando algo en voz baja. ¿Porque confiar en él? Era el mismo Malfoy de Hogwarts, el que la despreciaba y humillaba a la menor ocasión. ¿Era posible que alguien se hubiera civilizado tanto?
De pronto se sintió como aproximándose a un animal salvaje presuntamente domesticado. Draco podía mostrarse como dos personas distintas, una de ellas era ese hombre a su lado que se comportaba de forma amable, simpática, caballerosa e inteligente. El otro era el patán que conoció en el colegio, un mocoso malcriado, discriminador y petulante.
Quizá había dado en el clavo. Malfoy había madurado y pulido sus defectos a costa de experiencias dolorosas. Esa solución no la complacía del todo, era demasiado sencilla, demasiado obvia. Sin embargo no dejaba de rondar su cabeza el relato de Harry sobre James Potter torturando a Snape siendo adolescentes.
"Snape...Clase de Pociones... Defensa contra las artes oscuras... pociones... sustancias prohibidas... calderos... fuego... hielo... hielo..."
La voz de Draco interrumpió el hilo de sus pensamientos.
-Estas muy callada y tienes una mirada rara desde que salimos del Ministerio.- Dijo estacionando hábilmente frente a la puerta del edificio de Hermione.- Si no te sientes bien, lo dejamos para otra vez.
-No pasa nada... Estaba pensando ¿Y si no fue un hechizo? El perfil indica que es una persona poco hábil con la magia y no hemos encontrado ni un solo indicio de la existencia de un hechizo que tenga el efecto de congelar de esa forma. ¡Y si el hechizo se usó para lanzar algo como una poción o un talismán? Existen pociones para congelar. Quizás usó una más potente o modificada, es más fácil que modificar un hechizo.- Hermione tenía los ojos brillantes y las mejillas sonrosadas. Draco casi podía oír los engranajes de su cerebro- Todo calza. Yo vi un destello chocar contra tu escoba... Tu escoba, no contra ti. Tú sentiste los efectos de congelación al chocar contra el agua y el agua estaba congelada desde la orilla al centro. Si tú hubieras provocado la congelación habría sido al revés...
-Y no hubieras podido sacarme...- Draco se volteó para quedar frente a frente- Tienes razón Granger. Existe una poción bastante simple de hacer pero requiere de hielo fósil que está controlado, además de polvo de algas rosa de montaña que son difíciles de conseguir y nieve negra de lepismas, en otras palabras... contrabando.- Draco se acomodó y puso en marcha el motor- Bájate Granger, tengo algo que hacer.
-¿Dónde crees vas? Si piensas que vas a ir solo te equivocas.- Hermione se puso el cinturón de seguridad y se acomodó.
-No voy a llevarte Granger... Bájate o te bajo yo. Hablo en serio.
-O me llevas o mando un escuadrón de aurores tras de ti. Esto también me incumbe.
-¿Me puedes decir en que te incumbe que quiera aprovechar la tarde yendo a buscar a una desnudista?
-No seas ridículo Malfoy. Eso es infantil.
-¿Tanto como esto?- le dijo tirando el último ejemplar de Corazón de Bruja en su regazo con la portada a todo color luciendo una enorme fotografía de Ron y ella abrazados con cara de espanto.- Lo único que faltaría es que nos fotografiaran juntos en un tugurio... Por Merlín eres una mujer inteligente ¿Porque te haces esto?
-Eso sí que no es de tu incumbencia Malfoy. Tú mismo lo dijiste ¿Recuerdas? Buenos compañeros de trabajo, no amigos. Vamos.
Hermione se empotro en el asiento y se quedó mirando al frente sin dar muestra de escuchar los refunfuños y maldiciones que mascullaba Draco, quien finalmente se dio por vencido y condujo rápidamente a su destino. "Maldita Granger, cabezota, tozuda como mula...".
El ambiente dentro del auto se podía cortar con cuchillo. Cada uno mirando al frente con el ceño fruncido.
-¿Adónde vamos?
-Al Callejón Knockturn. ¿Entiendes porque no quiero llevarte?
Draco sintió una punzada de remordimiento al ver que Hermione tenía los ojos demasiado brillantes. "Mierda... maldita revista. Fue estúpido" pero por más que lo pensara algo impedía que las palabras salieran de su boca. Se había comportado como un patán y se había sobrepasado con lo que se sintió peor y lo fastidio aún más el que Hermione no lo hubiera gritado. Ese silencio gélido era más difícil de manejar. Si ella hubiera explotado, como el pretendía, hubiera salido de su automóvil dando un portazo, pero su porfía era monumental. La miró de reojo, estaba ensimismada mirando los escaparates que pasaban a toda velocidad. "Un millón de galeones por tus pensamientos Granger".
Hermione continuó todo el trayecto aplicando la ley del hielo, Se sentía humillada. "Maldito Malfoy" De todas las personas del planeta tuvo que ser él quien le mostrara la revista y peor aún, como pudo ser tan estupida para haber cometido esa "indiscreción"... "Estúpido Malfoy no tiene derecho a humillarme" Y Ron, la de problemas que se le avecinan. Trató de concentrarse. "Contrabando y Callejón Knockturn, no suena para nada peligroso ni ilegal... Solo suena como el tipo de cosas que hacíamos con Harry y Ron" pensó con sarcasmo.
Cuando llegan al callejón Diagon, Malfoy estaciona el automóvil frente a una tenducha que vende ropa de segunda, tercera y cuarta mano. "Quédate aquí Granger" y se baja antes de que Hermione pueda protestar. Cruza la calle y tranza por algo que le entregan en una sucia bolsa de papel y se devuelve rápidamente.
-Ponte esto y mantén la capucha en su sitio. Nos conocen a los dos, pero solo les caigo bien yo.- dice mientras le entrega la bolsa que contiene una túnica negra, roñosa y con un fuerte olor a gato.- mantén tu varita empuñada y ocúltala con las mangas y ¡No abras la boca!
Hermione se la pone y se asegura que la cubra de pies a cabeza, la capucha es tan grande que, aun si la miran a la cara, solo verán sombras. Draco se nota nervioso, le da una última mirada evaluadora e inesperadamente recoge un mechón rebelde que se asoma a un costado de la capucha de Hermione. El contacto de piel con piel lo descoloca y tomándola por el mentón levanta la cara de Hermione para poder mirarla a los ojos. Se encuentra con dos pozos castaños de mirada dura, determinada, valiente, en suma lo que el admira. Debe tragar firme antes de decir "Granger, estamos bien?" la respuesta lo descoloca aún más "Si, pero debemos hablar. Terminemos con esto" y hace ademan de separarse. Él no quiere romper el contacto, le acaricia, solo un pequeño roce en su mejilla y los ojos de ella cambian, su mirada se dulcifica e inesperadamente se separa de él y le da la espalda avanzando hasta la desembocadura del Callejón Knockturn. "Maldita Granger".
El callejón Knockturn contrastaba dramáticamente con el callejón Diagon. Donde uno era todo sol, luz y vida, el otro se transformaba en un pasadizo angosto y húmedo, con charcos que brillaban en el empedrado. La mayoría de las tiendas dedicadas a la magia oscura habían cerrado pero otras habían sobrevivido e iluminaban sus escaparates con velas negras y rojas dejando ver horribles artilugios y frascos con sustancias medio secas y desvanecidas. Estaban solos, pero se sentían observados lo que se confirmaba por el leve movimiento de las cortinas en algunos ventanucos. Hermione sintió un escalofrío cuando tres ratas gigantescas cruzaron corriendo el callejón perseguidas por un gato tuerto y roñoso.
Llegaron hasta un bar destartalado casi al final de la calleja y Malfoy se dispuso a entrar bajando la escalera que daba a la puerta bajo el nivel de la calle. Hermione sintió la tentación de dar la media vuelta y correr, pero se obligó a seguirlo.
Dentro del bar ubicaron una mesa cerca de la única ventana. El lugar no estaba mal del todo, se veía razonablemente limpio si se obviaba la gruesa capa de roña que cubría el piso y algunas manchas sospechosas en las paredes, sin embargo no era mucho lo que podía inspeccionar a la escasa luz de las velas. El techo imitaba el maderamen de un barco y estaba tallado con innumerables leyendas firmadas por lo que parecían marineros con nombres como "John Aguadulce" o "Robert Sin Pies". La barra estaba adornada con una enorme bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas y alumbrada con velas en botellas vacías de licor. Por lo demás el local estaba vacío.
Draco hizo una seña casi imperceptible hacia la barra y se les acerco una camarera contoneándose.
-Necesito hablar con Cornelius.
-¿Qué quieres de tomar niño? Si no te sirvo algo, Cornelius no vendrá.
-El me conoce...
-Conoce a mucha gente... Que vas a tomar.
-Traiga dos cervezas de mantequilla.
La camarera les sirvió, recogió el dinero y partió de mala gana a la trastienda. Draco dio un sorbo a la cerveza y se pasó la mano por la cabeza, acomodándose el pelo.
Toma esta cerveza con cuidado. No tiene nada que ver con la de Rosmerta.
Hermione la probó con cuidado, ya desde antes de acercársela a la nariz percibió el olor a cebada y alcohol, pero lo más impresionante era el sabor fuerte, dulce y cremoso. Le dio un segundo trago y a una mirada de Malfoy volvió a dejar la jarra en la mesa.
- Cornelius es el mejor contrabandista de alcoholes. Conoce a tipos, amigos de muchos tipos, que pueden conseguirte lo que pidas. Es el adecuado para saber quién compró los ingredientes.
- Este lugar no parece tan peligroso.
- Es temprano y esta vacío. ¡Ahí viene, no hables!
Cornelius Butler es un tipo alto y moreno, con una inmensa barriga, nariz enrojecida y una larga barba negra ensortijada. Por su aspecto físico perfectamente se le podía imaginar vestido de pirata con pata de palo, un loro en el hombro y parche negro en el ojo. En cambio vestía una túnica café cubierta con un paño de cocina a la cintura y conservaba intactos todos sus miembros.
-¿Qué pasó Malfoy?¿Ya acabaste tu ración de Whisky de fuego? No voy a venderte más, no te quiero alcohólico. Es malo para el negocio- dijo Cornelius con una risa estentórea mientras se sentaba a la mesa. No le dio una segunda mirada a Hermione a pesar que arrisco un poco la nariz al sentarse junto a ella, al parecer era usual la presencia de personajes extraños y silenciosos- Si lo que quieres es algo especial tengo un vino elfo recién llegado de Grecia, hidromiel de Turquía y cerveza de mantequilla holandesa, todos hechos para conquistar. Dulces y fragantes ¿Qué te parece?
-Quiero tres botellas de cada uno y una de vino elfo para llevar ahora. Enviare a mi elfina a recoger todo.- No quiso ni pensar en la cara de Hermione bajo la capucha- Necesito una cosa más... un nombre... Alguien que venda sustancias algo especiales...
Cornelius le dio una larga mirada adusta y Hermione entendió como alguien a primera vista tan jovial, podía llegar a ser peligroso.
-¿Qué quieres meterte muchacho? ¡Porquerías!? ¡Yo no ayudo en eso! ¡Es más, esos canallas no tienen cabidas en mi callejón! ¡Cada vez que encuentro uno merodeando, lo muelo a maldiciones! Una cosa es querer borrar tus pesadillas de manera equivocada y otra muy distinta matarte a pausas.- Puso los brazos sobre la mesa y bajando la voz se acercó a Draco- Mira muchacho. Te conozco desde tus tiempos de colegial y te quiero como a mi sobrino favorito. Te he recogido con espátula cuando te has desecho, te he emborrachado cuando ha sido necesario y te he visto levantarte. No quiero verte tomar ese camino... Consíguete una buena mujer. No hay nada que alivie tanto como dormir con la cabeza apoyada en unos pechos grandes y blancos.
Los intentos de Draco de cortar el discurso de Cornelius no dieron ningún efecto y debió soportar su exposición hasta el final. Lo que más le incomodaba era no poder ver el efecto que esas palabras habían provocado en Hermione, que seguía sentada y encorvada en absoluto silencio.
-No se trata de eso- y en pocas palabras le resumió sus sospechas- ... Por eso necesito el nombre de alguien que se especialice en sustancias difíciles o prohibidas.
Cornelius se quedó mirando al vacío un rato acariciando su barba.
-Ese podría ser Willy el Negro, es el mejor en el rubro. Pero no lo veo desde hace un tiempo.
-¿Podrías avisarme si aparece por aquí?
-Hare algo mejor... Le diré que alguien necesita un cargamento de escamas de dragón y te hare una cita con él. Lo demás es cosa tuya.- hizo una seña a la camarera quien les llevo una botella de vino- Este corre por mi cuenta. Cuídate muchacho y trata de llevar una vida normal.
Cuando salen ya ha anochecido completamente y el callejón Knockturn muestra su lado más amenazador. Sombras oscuras se esconden en los portales y se escuchan ruidos extraños, carcajadas y susurros amenazantes. Un par de veces perciben figuras ocultas y Hermione presiente malas intenciones, a lo menos un asalto.
Draco también se ve nervioso, la toma por el codo, apuran el paso y terminan el camino casi corriendo. Hermione se deshace de la túnica en un basurero y le hace una señal de despedida, comienza a alejarse del vehículo dispuesta a aparecerse en su departamento.
-¡Granger! Dónde vas? Yo te llevo.- Draco abre la puerta del auto y la ayuda a subir y una vez dentro se voltea hacia ella- Aun no es tan tarde, ¿Comemos juntos?
- Esta bien, pero en mi casa
Draco saca su varita y una pequeña luz verde se desprende de la punta, flota un momento y luego desaparece.
Hacen el camino de regreso en silencio. Hermione esta recostada tratando de no pensar en nada, su corazón aun algo acelerado por la tensión vivida. No quiere detenerse a recordar las palabras de Cornelius. Le parece poco ético desmenuzar la información privada de Draco, después de todo la obtuvo sin su consentimiento. Ese hombre realmente era un misterio, un atractivo y sensual misterio.
Respiro hondo y se obligó a cambiar la línea de sus pensamientos, habían dado un paso adelante en la identificación del atacante. Lo demás era un poco de tiempo y una generosa dosis de suerte. Ahora tenía que concentrarse en esa maldita gala de beneficencia. ¡Como odiaba a su jefe por imponerle eso! A ella no se le daba la mano para ese tipo de cosas.
Cuando Hermione abre la puerta de su departamento, la recibe una cálida luz desde el interior. Se asoma y ve una serie de pequeñas velas flotando que alumbran una hermosa y mullida alfombra sobre la que está una pequeña mesita dispuesta para la cena, rodeada de dos grandes almohadones. El delicioso aroma de las especias y la comida, servida en pequeños cuencos para comerla con los dedos, crean una atmosfera sensual.
Hermione, con los ojos como platos, se vuelve hacia Draco a quien nota visiblemente incómodo.
-Perdón Granger. No es la disculpa que pensaba darte... Le pedí a Pukle una cena para dos y seguramente pensó... en fin, se confundió.
-No te preocupes. Voy a quitarme esta ropa con olor a gato y vuelvo. Ponte cómodo... – Su tono fue más frio de lo que esperaba- Si quieres tengo jugo de calabaza en la cocina...
-¿Te importa si abro el vino? Necesito beber algo.
-En la cocina están las copas...
Se encerró en el baño y mientras se cambiaba la ropa por unos pantalones cómodos y un jersey de punto se sentía hervir. "Maldito Malfoy... Claro, tiene a su elfina muy bien entrenada. Cena para dos y la pobre criatura monta la escenografía de un harem. Cuantas pobres ilusas habrán caído en sus sucios trucos" Lo que no entendía Hermione era esa extraña sensación en su estómago y esa vocecita insidiosa que le preguntaba "Y si lo hubiera preparado para ti ¿Estarías tan molesta?" Se lavó la cara y las manos y se amarró el pelo en una coleta y por primera vez sintió un poco de miedo de responderse.
Draco sirvió dos copas de vino elfo, dio un par de sorbos mientras curioseaba el único mueble atiborrado de libros y fotografías en donde se veía a Hermione y sus padres en distintas etapas de su vida: Una pequeñita de cabello aprisionado en dos trenzas soplando las tres velas de una torta, Hermione con uniforme de colegio muggle de la mano de su padre, una foto en movimiento de los tres frente a la torre Eiffel, Hermione con uniforme de Hogwarts ondeando su diploma de séptimo año y, como no, otras en donde aparecía en compañía de los Wesley y sus compañeros de Griffindor. Los libros eran una mezcla ecléctica de tratados de magia y literatura muggle. Tomó un pequeño tratado de "Hierbas sudamericanas y sus propiedades curativas". Se acomodó en el sillón y le acaricio la cabeza a Crookshanks que de un salto se acomodó sobre sus piernas.
-¡Crookshanks, bájate!... Te va a llenar de pelos- le extiende un cepillo de ropa y se sienta en uno de los almohadones para quedar frente a Draco – Nunca se comporta con tanta confianza, por lo general es algo huraño. ¿Por qué no comemos? Esto se ve delicioso.
Draco se sienta en el cojín frente a ella y le alcanza una copa de vino.
- Quiero proponer un brindis por nuestra primera vez- Hermione lo mira con ojos desorbitados a lo que Draco responde con una sonrisa maliciosa- No te ilusiones Granger... Es la primera vez que formalmente voy a reconocer que metí la pata hasta el fondo y que mereces una disculpa. Perdón por comportarme como un troll, no tengo derecho a meterme en tu vida privada. Mi comportamiento fue inexcusable y un pobre intento de alejarte de riesgos potenciales.
- Disculpa aceptada, solo porque le caes bien a Crookshanks.- dijo Hermione con una sonrisa- Lo que no quiere decir que aceptare tus disculpas la próxima vez .
De allí en adelante la atmosfera se distendió considerablemente. Draco la hizo reír contando anécdotas de un viaje a Estambul, lloraron con el picante de un pequeño cuenco rojo, discutieron sobre la esclavitud de los elfos. Draco se había quitado la chaqueta y descuidadamente se subió las mangas de su camisa.
-Granger... Converse este asunto de la gala con mi madre y me recomendó a uno de los mejores planificadores. Es un mago francés y esta disponible dentro de una semana para empezar con todo.
-Un planificador! Es perfecto, nos ahorraría un montón de trabajo.
-Hay algo más...Considéralo un favor personal hacia mi.- respiro hondo denotando lo mucho que le costaba pedir favores- Veras, Pansy tiene un pequeño taller de diseño en Paris y le ha costado sacarlo adelante. Piensa abrir una sucursal en Londres y sería de mucha ayuda para ella si pudiéramos presentar sus diseños.
-¿Hablas de un desfile de modas? Yo había pensado en una cena.
-Podrían ser las dos cosas e incluso cerrar con un baile. Teniendo un planificador afinando los detalles es posible.
-Mmmm...Es buena idea. ¿Cuándo crees que podríamos entrevistar a ese mago? Además tenemos que pensar en el lugar y...
De pronto los ojos de Hermione quedaron oscuros y fijos sobre el antebrazo izquierdo de su acompañante. Draco siguió el rastro de su mirada y vio la marca tenebrosa, pálida pero perfectamente distinguible, sobre su piel blanca. Rápidamente bajo los brazos y escondió la marca bajo su ropa, pero ya el clima se había arruinado como si una nube negra hubiera pasado sobre ellos.
Hermione se levantó tratando de disimular su turbación "Voy a buscar algo para..." Draco se mesó el cabello y suspiro. Debía encontrar una forma de eliminar esa maldita marca o se vería condenado a morir de calor el resto de su vida.
Hermione volvió a los pocos minutos premunida de un fajo de pergaminos y una pluma. Draco se dejó vencer por un impulso y tomo la mano de Hermione por sobre la mesa, mirándola a los ojos.
-Granger, imagina que es una cicatriz... Por favor, imagina que en algún momento de mi vida tuve un terrible accidente que dejo una cicatriz en mi brazo. No es la primera vez que veo esa mirada en los ojos de alguien y créeme que no es agradable.
-Solo fue la sorpresa. Olvidé que la tenías...¿Me dejas hacer algo?
Sin esperar respuesta Hermione cogió firmemente la muñeca izquierda de Draco, dejando expuesto su antebrazo. Su rostro reflejaba solo una intensa curiosidad mientras estudiaba detenidamente los trazos negros y grises. Deslizó suavemente su dedo índice sobre el contorno del tatuaje mágico siguiendo la silueta de la serpiente enroscada.
El tacto de Hermione sobre su piel, su cercanía y el perfume de su pelo se confabularon para que Draco cayera en una sensación de irrealidad en donde lo único importante era el perfil de Hermione y la lenta caricia sobre su brazo.
-Si uno olvida lo que significa, le encuentras hasta cierta belleza- dijo Hermione con voz trémula.
-Tienes razón- dijo Draco en voz baja. Siente la garganta seca y cuando Hermione levanta la mirada y ve sus ojos brillantes no puede resistirse- Tienes razón, tiene cierta belleza.
Hermione ya no piensa, siente el latido del corazón en las sienes. Parece que todo se ha oscurecido a su alrededor y que la única luz emana de los ojos grises de Draco. Siente un temblor en las piernas que, a pesar de estar sentada, le advierte que no trate de ponerse de pie. La exploración en el brazo izquierdo de Draco, se convierte en una caricia que la lleva a bajar la mirada. Siente que Draco toma suavemente su barbilla para levantar su cara y de pronto se encuentran frente a frente, mientras fijan la mirada el uno en el otro.
Y en ese preciso momento se abrió la puerta del departamento con estruendo y Ginny se queda paralizada en el umbral con los ojos como platos y roja hasta la raíz del pelo.
¡Perdón…¡ No quise interrumpir
