Capítulo 12

"No olvidar. Todo lo escrito aquí es solo producto de mis fantasías y no tiene nada que ver con la vida real. Los personajes, lugares, y otros elementos de este tablero pertenecen a JK Rowling".

- ¡Qué está pasando Hermione?

Es la primera pregunta Ginny tras cerrarse la puerta. ¡Como contestar a eso si toda la tarde y parte de la noche se había transformado en un sueño algo surrealista! Y a esa pregunta siguieron miles "¿Te gusta?" "¡Tú le gustas?" "¡Ha pasado algo antes?" "Desde cuándo va esto?" y así hasta caer en un bucle sin fin. "No Ginny, no hay nada", "No sé qué viste, pero te juro que no hay nada", "Te repito, nunca me ha besado". Y también reproches "Puedo entender que es atractivo pero ¡fue un mortífago Hermione! ¡Hasta pudo haber matado gente!", "¡Te volviste loca! No puedo creer que estaba a punto de besarte".

Cuando finalmente se calmó la verborrea de Ginny y la tuvo sentada mirándola de frente con una cara muy parecida a la de Molly Weasley y un "Explícate¡", Hermione logro coordinar un poco sus ideas.

- Nada Ginny, no hay nada. Solo fue un momento emocional que tuvo que ver con la marca tatuada en su brazo, pero nada más. Pero hay algo más interesante…- Y paso a relatar detalladamente desde su investigación en la biblioteca hasta su incursión en el callejón Knockturn- Y por eso necesito hablar con Harry, puede haber una pista solida allí.

- Le adelantare algo mañana, en cuanto llegue de su guardia… Hay otra cosa… La foto de Corazón de Bruja…

- Espero que no le traiga problemas a Ron. Sé que se va a especular sobre una posible reconciliación, pero eso no va a pasar. Tengo claro que ya no me ama…Solo amigos y no en el ahora, en un futuro cercano. Aun me duele un poco.- dijo Hermione con un suspiro resignado.

- Entiendo… ¿Puedo quedarme aquí? Venía a invitarte a salir pero veo que no estas de ánimo. Podemos hacer una pijamada con películas muggles y helado. Después de los turnos en San Mungo necesito algo totalmente frívolo e infantil para relajarme. Además prometo no volver a tocar ningún tema serio.

Hermione no pudo sino reír. Adoraba a esa loca pelirroja. Definitivamente nada mejor que pasar un par de años en peligro de muerte para aprender a divertirte con las cosas más pequeñas.

Draco manejo a toda velocidad hasta su departamento. No quería pensar en lo que casi había hecho "Y sobrio… Sin excusa de ninguna clase". ¿Hasta cuándo tendría que soportar esa atracción que iba in crescendo? Y era todo, ella completa, no solo su cuerpo, que eso hubiera sido normal y fácil de solucionar, sino también los detalles. Pequeñas cosas como un lunar justo en el centro del escote, la forma de morderse el labio cuando leía o como cerraba las ojos cuando se masajeaba un poco el cuello. Y lo peor de todo… Las ganas de verla. De esperarla cada mañana, con la puerta de la oficina entreabierta para escucharla llegar, y coger cualquier cosa como excusa para aparecerse por su escritorio. Y los celos por la mierda. Ese maldito puñetazo en la boca del estómago que fue ver su fotografía abrazada a la comadreja. Hasta su madre escucho el gruñido y percibió el cambio de ánimo antes de tener tiempo de disimular. Definitivamente tendría que poner un corte antes de que fuera demasiado tarde y la muy hija de… muggles, estuviera riéndose en su cara. "Necesito salir, SALIRRRR… Blaise maldito, tenemos que salir. Es el único antídoto contra las mariconadas. Si no me sacas de esta voy a terminar convertido en un puto perro faldero."

Apenas abrió la puerta de su departamento y vio la luz de la salita prendida, comprendió que la noche aún no había terminado.

- Llegas tarde. Estaba preocupada.

- Fui a tomar algo con Blaise.- Draco la besó en la mejilla y se sentó a su lado.

- ¿El mismo Blaise que acaba de irse con Pansy y Theo?- Le dijo mirándolo con una ceja enarcada- Ya estas grande cariño. No es necesario mentir. Solo quiero que tengas cuidado.

Draco no contestó y se levantó para servirse un vaso de whisky de fuego, dando la espalda a la mirada reprobatoria de Narcisa.

- Ven, siéntate a mi lado. Tenemos que hablar- Narcisa espero que se acomodara y tomo una de las manos de Draco. Lo miro largamente con ternura reflejada en sus ojos celestes- Me has cuidado demasiado tiempo Draco. Es hora que te dediques a ti… No me mires con esa cara por Merlín.

- Pero…

- Me voy a instalar en Italia, en Florencia concretamente. Es una historia antigua que viene de mis tiempos de estudiante. Él era mestizo y nunca lo hubieran aceptado, menos después de la fuga y matrimonio de Andrómeda. En ese entonces no tuvimos oportunidad, pero ahora es distinto, son nuevos tiempos y quiero aprovechar lo que me queda de juventud.

- ¿Ehr….?

- Sé que es complicado para ti y que parecerá precipitado, pero cuando te haces mayor sabes que tienes poco tiempo que perder. Las decisiones son más rápidas. Además Cassius es un excelente….

- Cassius? Cassius Zabinni? El tío de Blaise? Lo conozco... Es experto en arte renacentista y además coleccionista. Me lo encontré una vez mientras buscaba antigüedades en Rumania… ¡Madre!- Draco la miraba sin dar crédito.

- Nos encontramos en Rumania casualmente, meses después de la muerte de Lucius. Fue un gran consuelo para mí. Después volvió a Italia. Al tiempo volvimos a encontrarnos y retomamos lo que había quedado inconcluso. En fin… Mañana me regreso a Florencia y te visitare el día de la Gala- Le sonrió con una mirada maliciosa- Creo que falta tu confesión.

- ¿Piensas casarte?- hizo la pregunta nada más para ganar tiempo. Su madre podía ser mejor que el veritaserum si se lo proponía.

- ¡Por Circe, no! Tu padre fue mi único marido… A propósito, el Ministerio nos devuelve la mansión. Yo no voy a volver allí. No podría… Tiene recuerdos buenos, pero los malos los superan con creces. Voy a traspasarla a tu nombre íntegramente.

Draco miró a su madre mientras detallaba los bienes que incluían "El más bello juego de cubiertos de plata, labrados por los duendes, además de la cristalería y la colección de flores exóticas del invernadero". En su madurez, Narcisa Malfoy mantenía esa belleza aristocrática a la que contribuían su piel blanquísima y sus ojos azules. Solo unas tenues líneas en las comisuras de los labios y alrededor de los ojos delataban su edad. Pudo imaginársela paseando por Florencia del brazo de un señor maduro y elegante, admirando las obras de arte en los museos y asistiendo a la opera. Siendo parte de la crema y nata de la sociedad mágica italiana. "Va a ser feliz, nació para esto. Necesita sentirse rodeada de belleza y en lo posible ser ella misma la joya de la corona".

- ¿Y cuando vuelves a tu antiguo trabajo? – Narcisa se dio cuenta que Draco pensaba en otra cosa mientras ella hablaba por lo que cambio rápidamente de tema y lo miro con un deje de malicia- Ya no hay razones para que continúes aquí.

- No voy a volver. Quiero instalarme en Londres… ¿Te importaría si le doy otro uso a la mansión? ¿Un uso no comercial? Solo en caso de no continuar en el ministerio, me gustaría iniciar una idea propia.

- Y de paso podrías buscar una novia. Llevas demasiado tiempo solo. Tenía mis esperanzas puestas en Pansy pero ya no es posible. Eres guapo, joven, inteligente y con dinero propio. Un excelente partido.

- Y un ex mortífago madre. Eso aún pesa.- Se sirvió un segundo vaso de whisky y le dio un beso a Narcisa- Estoy cansado, me iré a dormir… Te adoro y me alegro que seas feliz otra vez. ¿Desayunamos juntos antes de que te vayas?

- Por supuesto cariño, que duermas bien- Antes de que saliera de la habitación y con mucha malicia de por medio Narcisa hizo su recomendación- No dejes pasar mucho tiempo. Los vientos ya cambiaron y es necesario desechar viejos prejuicios. Una heroína de guerra… no se me ocurre nadie mejor para ti.

La respuesta de Draco fue un corto gruñido. El resto lo dejó a la imaginación de su bendita madre.

Los días siguientes fueron solo rutina destinada a realizar interminables listas de invitados (a la que agregaron al seleccionado de Quidditch una vez que a Hermione se le acabaron las excusas creíbles para no incluirlos) e idear una manera de compatibilizar el exiguo presupuesto y el costo de un evento por todo lo alto. Finalmente pudieron presentar un programa decente y contratar a Pierre De La Fontaine como organizador, un mago francés con el pelo sospechosamente violeta, caracterizado por una elegancia prístina y una tendencia endiablada a salirse del presupuesto. Hermione dio su visto bueno a una muestra de las creaciones de moda de Pansy Parkinson, quien le envió a través de Draco una lacónica nota en que le agradecía la "gentileza de darle una oportunidad de negocios".

Después de muchas discusiones se decidieron por la opción de Draco de realizar la Gala en Hogwarts, después de todo era el lugar más seguro de la comunidad mágica. "Tú puedes conseguirlo Granger, MacGonagall no le negara este pequeño favor a su alumna estrella."

Salvo la confirmación de Harry con respecto a las sospechas sobre la poción congeladora y sus amenazas a Draco por su escapada al callejón Knockturn "Deja esto en manos de profesionales Malfoy y no arrastres a Hermione contigo o hare que te encierren en el ala siquiátrica de San Mungo por ser un riesgo para ti mismo y los demás". Sin pistas que seguir y sin que Willy el Negro diese señales de vida, su investigación había llegado a punto muerto.

Draco se desesperaba con la inmovilidad forzada. Su instinto cazador se había despertado y eso le hacía estar alerta las veinticuatro horas y le impacientaba que su agresor no diese señales de vida. "Solo un movimiento y te atrapo. Tuviste suerte de encontrarme distraído" pero a esas alturas y sin ningún nuevo incidente, casi se había convencido que el ataque del bosque solo constituía un blanco al azar.

Pero lo que más contribuía a su actual incomodidad era la férrea determinación a cortar de raíz su… relación? Con Hermione Granger. Para esto había restringido a límites casi imposibles su interacción con ella, reuniéndose lo estrictamente necesario, y siempre en presencia de De La fontaine, el resto del tiempo se encerraba en su oficina para hacer una gama de pociones para distintos fines hasta que la cantidad acumulada de frascos y redomas impedía incluso moverse con facilidad. Hastiado con la incomodidad de no tener un lugar libre dentro de su oficina y con la mezcla de olores de los distintos ingredientes, puso todo en una caja y la envió a San Mungo. En seguida empezó un nuevo envío, esta vez con dirección a la enfermería de Hogwarts y la cabaña de Hagrid. Así y todo, los días se le hacían interminables.

Por su parte, Hermione también resentía este súbito alejamiento. Extrañaba el olor a café en las mañanas que precedía la llegada de Draco, con dos tazas humeantes, para comentar las tareas del día. Se acostumbró a trabajar con la puerta de su oficina abierta, pero esto le pareció patético y volvió a cerrarla ya que, después de todo, "ella no esperaba que entrara a su oficina y tampoco necesitaba su compañía." Ella tenía sus propios amigos aunque era difícil coordinar horarios y a la única que veía en forma periódica era a Ginny quien, de un tiempo a esta parte, la miraba con ojos sospechosos cada vez que el nombre de Malfoy salía casualmente en la conversación, lo que con el estado actual de las cosas, era cada vez menos frecuente.

A quince días de la Gala, los nervios de Hermione estaban a punto de estallar. Jamás había previsto todo lo que significaba la preparación de un evento de esa naturaleza, todos los pequeños detalles que aparecían como maldiciones a medida que se acercaba la fecha. Afortunadamente Pierre De Lafontaine resultó ser un mago de aspecto refinado con el alma de un sargento de infantería, por lo que ya casi, casi podía estar tranquila. Hasta esa tarde de viernes en que escucho voces desde su oficina.

Blaise Zabinni hizo su aparición del brazo de dos esplendorosas brujas, vestidas con brillantes túnicas cortísimas y piernas interminables enfundadas en botas negras, que se deshacían en sonrisas y movimientos de pestañas.

- Vengo a raptar a Draco Malfoy y traigo dos cómplices. ¿Podrías avisarle que su salvador está aquí?- La sonrisa de Zabinni y el guiño picaresco tuvieron el efecto de enrojecer a Marie hasta las raíz del pelo - ¡Dragón! Te presento a Francine y Justine ambas recién llegadas de Paris. Pansy me encargo hacer de anfitrión de estas bellezas... Te advierto que solo hablan francés.

- Hasta el lunes Marie- Draco salió de su oficina impecablemente vestido con una túnica negra sobre un traje gris oscuro y se despidió con un beso en la mejilla dejándole un tenue aroma a perfume masculino- ¿Nos vamos?

Hermione salió de la oficina justo para ver como Draco ponía la mano en la cintura de una de las chicas para conducirla al ascensor, lo que mando una descarga eléctrica a las abejas africanas anidando en su estómago.

- Guaaauuu, se ve espectacular ¿Verdad?- Marie no recibió respuesta a su comentario por lo que prefirió guardarse cualquier otra opinión.

Hermione envió una lechuza a Luna Lovegood auto- invitándose a pasar el fin de semana juntas. No pensaba quedarse en Londres, sola en su departamento. Luna era la persona más entretenida del mundo y perfecta para no pensar en rubios oxigenados que les hacen de acompañante a la primera modelo esquelética que se les cruza en el camino.

El día lunes Hermione amaneció con buen ánimo después de pasar dos relajantes días dedicados a mimarse en casa de Luna. Fue un fin de semana exclusivamente de chicas destinado a conversar, tomar chocolate caliente, ir de compras, probar peinados y maquillajes y reírse de los resultados. Eso era lo bueno de Luna, junto a ella se sentía mucho más libre y dispuesta a reírse de sí misma.

Apenas saludó a Marie escucho a sus espaldas pasos apresurados y la voz de Harry.

-Urgente ¿Dónde esta Malfoy?

- Hola Harry, yo estoy bien. Espero que Ginny y tu estén bien. También me alegro de ver…

- Perdón Hermione, esto es grave.- se dirigió a Marie con gestos nerviosos- Necesito ubicar a Malfoy. Se trata de ese amigo suyo. El del bar del callejón Knockturn y de otro sujeto no identificado. Ambos están muertos. Según testigos esperaban a Draco Malfoy.

Hermione lo arrastro de un brazo a su oficina y cerró la puerta.

- ¡Por Merlin Harry! ¡Cornelius Butler! Era la persona que iba a conseguir el encuentro con el traficante de sustancias controladas. ¿Piensas que Malfoy tuvo algo que ver con el asesinato?

- No, nada de eso. Sabemos que Malfoy estuvo todo el fin de semana en un hotel en Liverpool.

- Entonces porque..?

- Temo que pueda estar en peligro. La muerte de Cornelius Butler fue horrible, se ensañaron con la maldición septumsempra, al segundo hombre lo torturaron con la maldición cruciatus y luego lo mataron. Necesitamos a Malfoy para saber si puede identificarlo - Harry le dio una mirada inquisitiva- ¿Te sientes mal? Te pusiste pálida.

-Nada… Oh Harry, es horrible. Parece que todo vuelve a comenzar- Hermione reprimió un sollozo y se recompuso- ¿Cómo esta Ginny?

- Con sus padres, está asustada pero ya sabes lo dura que es.

Unos golpes en la puerta interrumpieron la conversación. Marie se asomó con rostro sombrío.

- Draco Malfoy acaba de llegar.

- ¿Le dijiste algo?- Harry se adelantó a la pregunta de Hermione y la apremio a salir- Vamos…

- No sabe nada sr. Potter.

Draco estaba sentado en su escritorio con las cortinas cerradas y la oficina en penumbra bebiendo una poción analgésica mezclada con un antiácido cuando Harry entro de sopetón, corrió las cortinas y con un floreo de varita dejo la habitación completamente iluminada.

- ¿Qué pretendes Potter… matarme de la migraña?- Se quejo Draco hablando entredientes

- Necesito que me acompañes Malfoy. Este fin de semana mataron a dos personas que pueden estar relacionadas contigo. Una de ellas es Cornelius Butler, necesito que reconozcas al segundo.

- Cornelius… No!- Se dejó caer en el sillón con la cabeza entre las manos, respiro hondo y levanto la cara endurecida como piedra- Como fue.

- Un ataque directo en su bar. Lo tomaron por sorpresa. A él y a su acompañante. Destrozaron todo y los torturaron. Ambos estaban amarrados y desarmados.

- Y soy sospechoso…

- No. Sabemos que estuviste en Liverpool cuando ocurrió. Estamos al tanto de tus salidas. Solo por seguridad para ti.

- No puede ser… -El rostro de Draco tenía un tinte grisáceo y parecía a punto de vomitar. Su estado de confusión era tal que no hizo caso de la mención de Harry al control de los aurores.

- Hermione puedes traer café por favor- Harry le dio una mirada significativa para que saliera a lo que Hermione obedeció sin replicar.- Pareces muy afectado.

- Era importante para mí. Nunca me juzgo y nunca tuve que dar explicaciones… Me ayudó mucho tener a alguien de mi lado cuando todo…- De pronto se dio cuenta de con quien estaba hablando, por lo que se recompuso y volvió a su actitud altanera habitual- No lo cuentes Potter, arruinaras mi mala fama y pueden llegar a creer que tengo corazón después de todo.

- Una cosa más. Necesitamos ubicarte en un lugar protegido. No puedes regresar a tu casa en las afueras.

- Tengo un lugar en la ciudad, cerca del Ministerio…

- Tu departamento en el edificio muggle también está identificado y si nosotros lo encontramos alguien más también puede hacerlo. Iras a Grimauld Place… Los pisos superiores están ocupados por el museo, pero la planta baja esta acondicionada como un pequeño departamento. No es tan grande como a lo que estás acostumbrado pero estarás cómodo y lo más importante es que tiene toda clase de hechizos protectores y de seguridad.

- Muy amable Potter- la voz de Draco enfatizaba su tono irónico- Y cuando debo mudarme a ese lugar tan cómodo y seguro?

-En lo posible hoy mismo- Draco se levantó e hizo ademan de salir a lo que Harry respondió aprisionando su antebrazo izquierdo- Una cosa más…

Draco hizo una mueca de dolor y pequeñas manchas de sangre que súbitamente aparecieron en la manga de su camisa blanca. Con la velocidad de un rayo Harry desenfundo su varita y apunto directamente a la cara.

- Descubre tu brazo… despacio.

Draco apretó la mandíbula y lo miro de frente sin moverse

- Obedece Malfoy.

Draco se movió lentamente, enrollando la manga de su camisa en forma parsimoniosa. Cuando tuvo la mitad del brazo desnudo puso frente a los ojos de Harry el tatuaje muy realista de un dragón color verde esmeralda, acostado con las alas semiplegadas, rodeado de rosas grises, cubriendo totalmente los vestigios de la marca tenebrosa. Era una hermosa obra de arte corporal.

- Es un tatuaje muggle Potter. Me lo hicieron ayer.- molesto volvió a cubrirlo- ¿Qué ibas a decirme antes de tu ataque de paranoia?

- Vamos a San Mungo para el reconocimiento. Hermione insistirá en acompañarnos. Pide entrar solo… Malfoy , tengo que preguntarlo. ¿Porque te tatuaste?

Draco lo mira con desconfianza y responde con la poca paciencia que encuentra. Le parece extraño que, de todas las personas que conoce, sea Harry Potter quien le pregunte porque desea borrar una cicatriz.

- ¿Tú no lo harías Potter? ¿No te gustaría borrar tu cicatriz? Esta marca representa la peor etapa de mi vida. Ya te lo dije una vez. Quiero recuperar lo perdido y no me voy a resignar a esconder partes de mi cuerpo. No puede cubrirse con magia, pero un poco de tinta y se acabó el problema… Además, tú tienes un colacuerno húngaro en el pecho.