CAPÍTULO II

Habían pasado unos días desde su encuentro con Inuyasha, y todo para ella estaba tranquilo, demasiado. Nada había parecido molestarle y sus clases y notas iban viento en popa. Más ella seguía teniendo demasiados temores. Ese día se había levantado demasiado ansiosa, y cuando fue al baño, sintió un ruido seco y sordo. Su madre, pensó.

Kagome caminó los pocos pasos que le alejaban de la habitación de su madre, y la abrió de par en par. No se había equivocado: su madre estaba tirada en el suelo, al costado de la cama, desmayada. Supuso que se había querido levantar temprano como ella, para no hacerla trabajar de más. Se le acercó y con mucho esfuerzo la sentó en la cama.

- Mamá, despierta – dijo asustada – te juro que si no te levantas te llevaré al hospital de inmediato – expresó de manera demasiado asustada. Después de un rato, notó que su madre no se levantaría, pero respiraba de manera acompasada. No había manera de llegar a la universidad tampoco, ya que al ver la hora eran las 6, y sus posibilidades de ser recibida en el aula, con semejante retraso, quedaron desechados. "Hoy me tocará quedarme en casa" dijo y suspiró.

Decidió que lo mejor sería ir a preparar algo de desayuno para su madre y sus hermanos, pues ella debía recuperar energías y sus hermanos prepararse para la escuela. Se sentía feliz, pues tenía hermanos mellizos. Dos niños preciosos, que tenían la edad de siete años. Ella buscaba estudiar bastante, para que ellos tuvieran todo lo que a su madre y a ella les había hecho falta. No se quejaba demasiado, pus antes todo era difícil. Cuando era chiquita, ellas habían incluso llegado a dormir en la calle. Los detalles no los recordaba exactamente, pero después, recordó que cuando su madre se casó con su padrastro y nacieron sus hermanos, todo fue mejor. Vivieron cinco años tranquilos, pero las cosas de la vida decidieron que el buen hombre tenía que morir.

No habrían tenido problemas, pues de alguna manera lograban ganar algo de dinero para sostener su hogar; sin embargo su madre actualmente estaba empeorando en su salud, y era por eso que Kagome se mataba trabajando en vacaciones para tener algún dinero guardado, pues su mamá estando así, no podía trabajar mucho.

Se había quedado tan absorta pensando, que sólo la sacó de su ensimismamiento, en sonido de la tetera, anunciando que el agua había hervido. Preparó el desayuno para todos, además de las loncheras de sus hermanos. Algo ligero para que no se hostiguen. Después de haber acabado, fue a la habitación de su madre y vio que se estaba desperezando suavemente. Logró poner su mirada más tranquila, para que su madre no preocupara por nada.

- Madre, ¿Estás bien? – preguntó suavemente. Notó que su madre levantaba la mirada y pese a que la tenía perdida, le sonrió. Se sintió muy aliviada.

- Estoy bien, Kagome – le dijo dedicándole una sonrisa muy amplia, más cuando dirigió su mirada a la ventana, notó la claridad del día, se asustó y exclamó - ¡Por Dios no has ido a clases! ¡Niña malcriada, está muy mal que hayas faltado! – terminó con rostro de un falso enfado.

Kagome se sintió feliz de verla radiante, feliz, pero ella inmediatamente le dijo – Madre, se nos dijo que en estos días salían tus resultados, ¿Qué te parece si hoy día vamos a ver si están listos? – Le dijo de manera seria.

Nadia (el nombre de su madre), la miró con un atisbo de duda, pero aún así asintió. Mientras buscaba qué ponerse ese día, notaba que su hija aún no salía de su habitación, y aparte de ello, la miraba demasiado. Cuando le iba a preguntar a qué se debía ello, notó la hora. 7:00 de la mañana. Soltó un gemido del susto. Con presteza le solicitó a su hija que despertara a sus hermanos, y ella de manera obediente, así lo hizo.

- Shippo, Souta; levántense – Dijo de manera seria, casi intimidante. Sin embargo los niños no se habían ni movido. Lastimosamente, ella notó que ellos se habían enrollado más con sus frazadas así que recurrió a un arma que no fallaba - ¡LEVÁNTENSE DE UNA VEZ! – gritó bastante fuerte, y los dos niños se levantaron de un salto demasiado asustados.

- ¡Hermana por qué nos gritas así! – Protestó Souta.

- Creo que es porque le falta novio – Bromeó Shippo.

- Es tarde niños, son las siete de la mañana – Comentó desinteresadamente y después agregó con burla – Si llegan tarde, no será nada bonito el castigo de su auxiliar ¿no creen? – Dijo sonriendo, cosa que hizo correr a sus hermanos al baño – Les dejo aquí sus uniformes – terminó.


Después de haber terminado y llevado a sus hermanos al colegio, regresó por su madre a su hogar, y se encaminaron al hospital. Se les hizo algo tedioso el recoger los resultados, pero no hubo problema. Por mucha suerte que tuvieron, lograron tener una cita ese día mismo, pese a los reclamos de Nadia, pues Kagome pagó la consulta de inmediato. Cuando ingresaron al consultorio, Kagome se sentía mal, mareada y asustada.

- Buenos días, ¿En qué puedo ayudarlas? – Preguntó el médico.

- Doctor, traigo los resultados de los exámenes de mi madre – Explicó Kagome – Se los hizo hace un par de semanas para descartar una infección u enfermedad en su útero. Terminó la joven. El médico las miró seriamente y asintió. Recibió los documentos y sacó las placas, las revisó y su gesto se volvió impasible, cosa que en lugar de tranquilizar a madre e hija, las hizo temblar. Luego leyó los informes de cada uno y le pidió a la madre salir de la habitación.

- Señorita ¿usted es mayor de edad? – preguntó de manera seria.

- Sí - Contestó la joven, con nerviosismo.

- Déjeme decirle que los exámenes revelan que su madre tiene cáncer uterino. Al parecer se ha detectado a tiempo, sin embargo hay que hacerle más exámenes para determinar qué tipo de tratamiento llevará su madre – concluyó el médico.

Kagome solo asintió, con el peso de esas palabras en su cabeza y sobre todo, en su corazón. El miedo se apoderó de ella. Sintió entrar a su madre y el médico le dijo lo mismo, pero notó que su mamá no perdía la calma como ella. Ella se había calmado, pero el hecho de ver cómo conseguir dinero se le metió en la cabeza. No sabía qué decisión tomar. Lo único que sabía era que habría que buscar de dónde se pudiera y usarlo para curar a su madre. Con esa idea durmió esa noche.

La mañana siguiente, despertó con un nuevo semblante, se le ocurrió una gran idea. Trabajaría unas horas, y ganaría algo. No sería mucho, pero trataría de juntar lo más que pudiera de eso. Con ese pensamiento partió rumbo a la universidad.

Su pensamiento la hizo andar de manera tranquila, sin embargo el brillo de preocupación seguía en sus ojos. Ese día iba de un humor extraño, pues por un lado estaba optimista, y por el otro pensaba que si alguien la molestaba, le daría un buen golpe; sonrió ante su raro pensamiento.

Llegó tranquila al salón de clases, e ingresó. Notó que estaba casi vacío, pero no prestó atención alguna. Sabía que había llegado bien temprano, pero tenía en cuenta también que algunos compañeros solían llegar a esas horas. Después notó quién era el que había llegado temprano, Sesshomaru. El joven callado y misterioso de su salón. Algunas compañeras gustaban de él, pues era reservado, usaba lentes que ocultaban su mirar, era callado, guapo y el hecho de ser el primer puesto, las hacía pensar que era una buena opción. Pero a ella eso no le era relevante. Él no le atraía para nada, pues para ella solo era alguien más. Aparte, de ser el culpable, de la propuesta de Inuyasha.

Se olvidó de su presencia y decidió pensar que él no estaba. Se quedó pensando qué podría hacer para conseguir dinero. Ninguna opción le parecía atrayente, pues necesitaba el dinero, y lo necesitaba ya. En medio de su reflexión, sus ojos se desviaron al joven al que había decidido ignorar su presencia, Sesshomaru. Recordó lo que le había propuesto Inuyasha, el acercarse al joven y si era posible enamorarlo. ¿Podría hacer esa clase de cosa?, pensó que tal vez podría, pero nunca haría semejante cosa a causa de sus principios.

Lo recorrió de pies a cabeza con la mirada, y sabía perfectamente que era simpático, pero a ella, le daba miedo incluso pensar en acercársele por Inuyasha, sin embargo el día anterior había faltado y debía preguntar a alguien si habían dejado algo el día anterior. Ahí se decidió. Notó que faltaba aproximadamente 20 minutos para que llegaran sus compañeros, así que disimuladamente se acercó a donde se sentaba su compañero, para poder probarse a ver si podría preguntarle acerca del día anterior, sin embargo a medio camino se arrepintió, simuló recoger algo del suelo y regresó a su sitio.

- Si quieres hablarme de algo, dímelo, no huyas como una mera cobarde – dijo él sin despegar su mirada del libro, luego agregó – además ¿Faltaste ayer no? – preguntó seriamente.

- Solo quiero que me digas o me pongas al corriente de lo que se hizo ayer, o si han dejado alguna clase de trabajo – explicó sin inmutarse – era eso lo que deseaba preguntar.

- De acuerdo – Convino Sesshomaru.

Ella se acercó ya más resuelta, y se puso a conversar con él. Fue agradable, pues él era una persona inteligente, nada superficial y menos arrogante como había pensado anteriormente. Era callado, pero logró sacarle unas cuantas palabras. Mientras conversaban, notó que habían llegado varios estudiantes, y Kagome no pudo evitar notar las miradas taladrantes de todos sobre ellos. Se molestó. Nadie debía molestarse por un simple diálogo; sin embargo recordó a Inuyasha y decidió alejarse de ese lugar. Terminó de conversar con Sesshomaru, justo cuando Inuyasha pasaba por la puerta. Se maldijo internamente, pues él tomaría eso como una aceptación a su proposición. Notó su mirada fija en ella y una sonrisa maliciosa que se iba asomando pos sus labios; eso le hizo sentir terror.

Kagome decidió no volver a hablar con nadie, hasta que acabaron las clases y se dispuso a regresar a su casa. En un momento dado, se armó de coraje y decidió ir al jardín trasero, pues sabía que allí estaría Inuyasha. Necesitaba aclararle que no había aceptado nada de él, y que su trato no le interesaba en lo más mínimo. Fue con cuidado y cautela, evitando encontrarse con alguien que la conociera. Cuando llegó a ese lugar, lo vio sentado bajo un árbol, solo. Le dio la impresión de que se sentiría mejor si él hubiera estado acompañado de sus amigos, o tal solo de su amigo Miroku, pero aun así se le acercó y le habló seriamente.

- Taisho, tengo que hablar contigo – Dijo Kagome – No creas que el verme hoy sentada con él significa algo – Expresó tranquilamente – Solo estaba preguntando acerca de lo que se hizo ayer o si han dejado alguna clase de trabajo – Comentó algo más nerviosa, pues notó que la mirada de él había cambiado y veía en ella malicia, mucha malicia.

Inuyasha la miró impasible, pero después soltó una pequeña risa que hizo asustar demasiado a Kagome. Se levantó del pasto y se le acercó a ella, la rodeó y como si fuera una entidad diabólica (Como lo sintió ella), le expresó.

- Querida, si no te hubiera interesado, no hubieras sentido la necesidad de acercarte a mí a explicarme nada – Dijo de manera susurrante en su oído, cosa que a Kagome estremeció – Pero para que veas que soy bueno y este al ser tu primer acercamiento a él, te daré esto – Dijo y le entregó varios billetes.

Kagome no podía salir de su trance. ¿Darle casi una media paga en cualquier trabajo promedio solo por acercársele a hablar a su compañero? ¿Qué le había hecho él?. Ella se estremeció. Sabía que había llegado con sus ideas bien puestas, sin embargo sus manos comenzaron a sudarle al ver ese dinero, el que les haría falta, mucha falta. Trató de evitar pensar y dudar; lo consiguió y con su otra mano le dio una bofetada tremenda a Inuyasha y le tiró el dinero encima.

- ¡Maldición! – Expresó ella furibunda – ¡No quiero este dinero! Es mucho para mí, yo nunca haría eso, no es algo que se me dé bien ¿Entiendes? – Expresó colérica, mientras lo agarraba del cuello de la camisa y lo bajaba a su altura – Nunca podría buscar enamorar a otra persona, pues no se me da bien estar buscando técnicas para engatusar a alguien, y menos por dinero – Finalizó dispuesta a irse. Más la mano del otro agarrando su muñeca la hizo llevar su furia a niveles insospechados.

- Necesitas el dinero – Dijo él de manera tajante - ¿Acaso tu madre no está enferma? – Dijo fingiendo serenidad, pero se le podía notar un deje de burla; luego bajó el tono de su voz, mientras la soltaba y recogía el dinero - Tómalo como un regalo y si necesitas más, aquí estoy dispuesto a darte lo que necesitas, si aceptas mi trato – Dijo mientras se iba.

- ¿Por qué yo? – Preguntó Kagome con temor - ¿Por qué precisamente tenía que ser yo?, no gusto de él de ninguna manera, ni él ni nadie de este lugar; no quiero verme involucrada con ningún compañero "con dinero"; además, ¿es que lo odias tanto para buscar a alguien que haga esa clase de cosas? – Preguntó con voz rendida.

- Veo que tú eres la única que puede hacerlo, y lastimarlo severamente – Dijo tranquilo – Antes logré hacerlo con una chica más simple, y él cayó, pero ella era muy dulce, y no lo dañó lo suficiente – expresó calmadamente – Ahora quiero que lo hagas trizas, que sufra, y no dejes nada de él – Culminó de espaldas a ella y le dijo – aunque si no quieres hacerlo, dímelo y buscaré a otra persona que lo haga, recuerda que nadie es indispensable querida – Dijo rotundamente y se fue caminando lentamente.

- Lo pensaré – gritó Kagome sin poder creerlo ella misma, pues no había pensado su respuesta – Lo pensaré, Inuyasha – Concluyó, llamándolo por su nombre, a manera de que estaban en más "confianza", Sin embargo esperó que se fuera por completo. Ahí se desplomó al suelo y comenzó a llorar suavemente, pues había tomado una decisión. Si hasta ese imbécil notaba que ella necesitaba el dinero, pues para ella era necesario en esos momentos; lo haría, aceptaría su trato. Él sabía que para ella conseguir dinero rápido y bastante, se le haría difícil, más aun siendo estudiante universitaria y solo le pagarían algo mínimo. Era por eso que ese Taisho, la estaba retando tácitamente.

Estaba completamente convencida que lo que estaba a punto de hacer estaba mal; pero a pesar de su código moral, lo que haría, y además con ello rompería sus propios esquemas trazados sobre sí misma, todo por el dinero que necesitaba con tanta urgencia. No era por ella, si no por su familia, para tenerla completa y sus hermanos no sufrieran por no tener a su madre, todo a falta de dinero. Enamoraría a Sesshomaru, lo haría pedazos si era necesario para conseguir su propósito. Pero como siempre, las cosas eran más fáciles cuando se piensan, y para ella llevarlo a cabo sería lo difícil y eso era lo que la hacía llorar. Pero cuando se proponía algo lo cumplía, y si era enamorarlo lo que ella debía hacer, lo haría mejor que cualquiera, aunque le costara lágrimas; se lastimarse a sí misma o a alguien más.


¿Reviews?

Espero que les esté gustando mi historia. Soy nueva en esto así que me gustarían consejos para poder mejorar. Nos vemos en el siguiente capítulo.