CAP IV
- ¡Ya llegué! – Gritó Kagome al entrar en su hogar. Ese día se sentía demasiado cansada, tanto física, como emocionalmente. Este día había estado demasiado malo; por no decir que fuera el peor de su vida. Inuyasha había tenido que ver. Nada la hacía sentir peor, que el hecho que él esté haciéndole recordar y reclamándole que ya le había dado dinero y tenía que cumplir con sus órdenes ¡Es que ya lo sabía bien! Odiaba a ese idiota con todas sus fuerzas. Trató de olvidarse de todo ese asunto por un buen ratoy dar calma a su familia; así que, al momento de ingresar a casa dio un gran suspiro, y se dirigió a la sala; desde donde provenían varios gritos de júbilo.
- ¿Qué tenemos aquí? – Exclamó divertida. Vio a tres niños en lugar de dos. Era raro ver que sus hermanos trajeran alguna amistad a casa, y en esta ocasión lo habían hecho. Un niño bien simpático; que al escucharla, se volteó hacia ella completamente avergonzado.
- Hola señorita – Saludó cortésmente el adolescente. Cuando ella lo miró bien, notó que este chico, probablemente era de una familia de dinero. Una ropa bastante linda, y también era seguro un par de años menor que sus hermanos.
- ¿Qué sucedió aquí? – Inquirió hacia ellos, y los tres se pusieron completamente nerviosos. Sin embargo notó que el niño se encogía sobre sí mismo, y comenzaba a querer llorar. Inmediatamente Kagome lo notó, y en dos pasos se ubicó frente a él y lo abrazó. – Todo estará bien ¿De acuerdo?- Dijo sonriéndole.
- Quisieron robarme algo de dinero – Menciono el niño con la voz muy bajita. Después de un profundo suspiro continuó – Me puse a correr muy asustado, así que de un momento a otro me perdí y ya no sabía dónde me encontraba – Concluyó.
- Nosotros lo encontramos de casualidad cuando veníamos hacia acá – Mencionó Souta.
– Así que decidimos traerlo y ponerlo a salvo – Terminó Shippo.
- Oh ya veo – Mencionó tranquila Kagome – ¿Ya contactaste con tu familia? – preguntó con preocupación y él solo asintió. Después de observar la casa unos instantes; preguntó por quién hacía falta - ¿Y mamá? –con preocupación muy bien disimulada con curiosidad.
– Se fue al mercado hace bastante rato a comprar para invitarle a Kohaku - mencionó Souta. Más luego de pensar unos segundos dijo – Pero ya debió haber vuelto – Exclamó algo asustado.
Kagome sintió pánico, así que decidió ir a ver si le había pasado algo, por ello les dijo a los tres niños – Quédense aquí tranquilos, que ya vuelvo – Su mente estaba en otro lugar sopesando las opciones del porqué su madre no volvía, así que cuando abrió la puerta de manera veloz, chocó de manera muy fuerte con otra persona que estaba a punto de tocar la puerta de su casa, de tal manera que ambos cayeron al suelo. Adolorida, quiso pensar que era su madre, pero al notar ropas caras y también un rostro juvenil, se maldijo. "Debe venir por el niño" concluyó. El rostro de la otra persona la miraba serio, casi impasible, pero de repente le dijo de manera bastante agradable.
- ¿Podrías retirarte de encima mío? Es que no me gusta estar tirada en el suelo, querida – Le dijo la joven frente a ella. Kagome se avergonzó. Por un segundo, pensó que ella sería así, tal y como era Inuyasha, pero no todos los que tienen dinero son de esa manera ¿verdad? Recordó a su madre, pero tendría que atender primero a la joven.
- Lo siento – murmuró con voz baja – No quise chocar contigo de esta manera, pero iba con demasiada prisa - En ese instante se abrió la puerta de su casa y salieron los tres niños, al haber notado el ruido de afuera.
- ¡Hermana! – Escuchó decir al niño, y ahí confirmó su teoría.
- Bueno Kohaku, creo que ya es hora de irnos. Has importunado mucho a estas personas. Ya otro día podrás volver a conversar y jugar con ellos ¿Verdad? – Le dijo a Kagome con una gran sonrisa.
Justo cuando Kagome iba a contestar algo irónico a manera de broma, escuchó cómo uno de sus vecinos llegaba y gritaba.
- Kagome, ¡kagome! – Gritó un vecino a viva voz – Tu mamá se ha desmayado en el mercado y no reacciona, entre los vecinos la llevamos al hospital Shikon; ¡Debes ir allá! Dijo asustado.
Kagome no sabía qué hacer, pero la voz de la joven fue la que le hizo sentirse aliviada "Ve con tu madre, ella te necesita, yo me quedaré con los chicos. No nos conoceremos, pero cuando hay problemas siempre es buena una ayuda". Cuando escuchó esto, miró a la joven, le dio un pequeño asentimiento y se fue.
Fue todo un caos ir al hospital donde se encontraba su madre, pues tenía muchas cosas en la cabeza y estaba muy pero muy nerviosa. Llegó allá con mucho miedo, pero cuando vio a su madre recostada, descansando tranquilamente. Se sintió mejor.
- La paciente ha estado deshidratada – Señaló el médico – Aparte de eso, ha estado sobrecargando mucho estrés y es natural que su cuerpo colapsara – mencionó él para concluir.
Kagome asintió, y evitó decirle la enfermedad de su madre, pues seguramente pediría más exámenes además de los que ya se le estaban practicando, y eso requeriría mayor gasto de dinero. Sabía además que en ese momento no tenía más, ya que el dinero que le había dado Inuyasha estaba acabándose. Suspiró. Las cosas no podrían ponerse más difíciles ahora ¿O sí?
Inuyasha Pov
Había estado muy feliz ese día. Logró crear una gran idea al profesor, y sólo faltaba que se concretara, pese a que él deseaba que se hiciera ese mismo día, pero no todo era perfecto ¿Verdad? Esperaría que llegara la semana entrante y mandaran ese trabajo sugerido, que haría a Kagome arrancar y cumplir su parte del trato. Sé que estoy molestándola demasiado y que ella tenía muchos problemas encima, pero no me importa en lo más mínimo. Ella era sólo un juguete, y cuando me canse de ella, después de haberla hecho sufrir, la desecharía. Simple como eso. En medio de mis cavilaciones, sentí el sonido del celular, y vio que era Miroku; así que contestó.
- Inuyasha, ¡Qué bueno que contestas!; es un milagro que me contestes apenas escuchas el celular querido amigo – Terminó él con su tono de voz "Meloso". Soltó un pequeño gruñido. Su único fallo. Miroku era su única excepción a la regla, pues era su "amigo". Era el único que conocía desde hace mucho tiempo, además de ser el único al que dejaba husmear en su vida y darle hasta consejos. Sabía que en base a sus normas no debía permitir que se le acercara, pero después de haberle hecho pasar unas cuántas, le permitió seguir cerca de él; y le gustaba pensar que era solo para sacarle algún provecho, sino no tendría su conciencia tranquila.
- ¡Keh!, estaba distraído, de no ser así ni siquiera te habría contestado pedazo de imbécil – exclamó burlón – además tú sólo llamas cuando no estás con tus amiguitas, así que ¿quién se olvida de quién? – Indicó con ironía.
- Querido amigo, a las mujeres hay que tratarlas como valiosos seres – expresó con un falso tono – además de dedicarles tiempo, y no voy a estar aguantando tu mal humor mientras estoy con alguna ¿no? – Terminó él.
Inuyasha sonrió, ese tonto jamás cambiaría. Sólo lo dejó estar cerca de él, por el hecho que este sabía conquistar a las chicas, y aprendió a hacerlo de él; y no se avergonzaba de ello.
- ya me estás hartando – Exclamó algo molesto - ¿Qué es lo que quieres? – Le espetó.
- No me aguantas ni un poco, qué mal amigo – expresó con drama – además que te llamo para saber de ti, pues no te he visto en la universidad estos días; y piensas que sólo es para pedirte algo, qué malo eres – Inuyasha se molestó y lanzó un pequeño gruñido de advertencia que su querido "amigo" captó de inmediato – Está bien, está bien. Necesito que me traigas unos papeles que olvidé en mi casa; y los necesito, de eso depende una nota importante del curso que estoy llevando. Se encuentran en la mesita de centro de mi sala – terminó.
Inuyasha se mentalizó y comenzó a contar. 1, 2, 3, 4…
No pudo más.
- ¿Eres idiota o qué?, cómo vas a olvidarte documentos importantes, y encima llamarme a mí para llevártelos ¡el colmo! – Señaló con enfado. Después de unos segundos continuó – pero bueno, ¿a dónde quieres que te los lleve? – expresó con derrota.
- Al hospital Shikon no Tama – Expresó con miedo – Es algo urgente, ¡No me falles! – Y CORTÓ la llamada.
Inuyasha se exasperó. De nada servía que su carácter hubiera cambiado en el transcurso de los años, pues ese idiota seguía tratándolo como se le viniera en gana. Renegaba cada vez que éste le pedía algo, pero no había manera de contradecirle, ya que a pesar de todo llevaban una amistad muy estrecha. Además ese idiota era un "genio", pues saca excelentes calificaciones y sin duda sería un gran médico. Pienso que él realmente hubiera sido mejor, un psicólogo; pues se le daba bien tratar con los otros. Pero él de psicólogo, sería mi karma. Suspiré y me encaminé a la casa de mi "querido amigo".
Al llegar, abrí puerta de la casa, y como siempre no había nadie allí. ME dirigió a la mesa y cogí los papeles. Observé a mi alrededor y rodé los ojos. ¿Era acaso natural ver pósteres de las conejitas de Play Boy en una sala? Solo a Miroku podría ocurrírsele algo así, y era peor que sus "víctimas" de una noche no se quejaran de ello. Sin más preámbulo me encaminé, y le mandé un mensaje al celular de mi amigo para saber dónde está ese idiota. "Emergencias" me respondió él. Después de haberle dado el encargo, me dirigí hacia la salida del hospital, pues esta le traían malos, muy malos recuerdos.
Cuando estaba a punto de llegar a la puerta, noté una cabellera azabache entre los asientos. Un segundo dejé que mi mirada posara allí y la reconocí. ¿Kagome? ¿Acaso su madre habría caído mal? No podía ser cierto, pues cuando me dieron esos resultados, ella estaba con un cáncer en etapa inicial. Sin pensar siquiera me acerqué a ella, y un instinto de protección afloró. Detuve el andar unos instantes por miedo a su descubrimiento. ¿Protección hacia ella? Si ella parecía cuidarse muy bien sola. Di media vuelta con fuerza para marcharme, y no me percató que había alguien allí, y para colmo choqué fuertemente con la otra persona, a la que terminé tumbando. Genial. Pensé irónicamente. Después de levantarla y disculparme, me dirigí a la salida, más una mano sostuvo mu muñeca. Gruñí por lo bajo.
- Inuyasha, necesito tu ayuda – Escuché de la voz de atrás. Sin duda era de ella. Me molestó, más no intenté alejar su mano de la mía, pues su tacto se sentía suave – Mi madre, acaba de caer aquí por estar mal, y el dinero en mi casa está evaporándose. Sé que no he cumplido el acuerdo, ni he seguido tus normas, pero juro que necesito algo más en este momento – Expresó ella con una voz quebrada, al parecer a punto de llorar.
Pov normal
Inuyasha suspiró. Esas cosas solo le pasaban a él. Estaba teniendo emociones fuertes por culpa de ella en ese momento, recordando cosas del pasado; y sin duda se sentía vulnerable. Sin embargo en un arranque de "cólera" se soltó de ella.
- He sido muy paciente contigo, querida – Expresó con toda la ironía que pudiera cargar en su voz – Pero no me pidas más dinero, no seas tan arrogante. Yo no te daría más y lo sabes; además lo de tu madre no es mi problema, es el tuyo y de nadie más – con eso se alejó y la dejó llorando de manera suave, pero desconsolada.
Salió y se acercó a su auto. Una vez dentro y dispuesto a arrancar los remordimientos acudieron a su cabeza. ¿De verdad la dejaría así? ¿Sería tan desgraciado de no prestarle una ayuda? Pues, sí. Debía hacerlo. No era su problema. Para nada suyo. El hecho que su propia madre falleciera en un hospital no contaba. Pero él podría sacar más ventaja de ella si lo hacía ¿no? Suspiró.
Salió del auto, y se dirigió a la caja de pago de Emergencia y pagó todos los gastos médicos de la señora, y si había algo más; indicó que lo pasaran a su cuenta. No haría nada más. Él era un desgraciado, y la acción de ese momento era sólo porque quería aprovechar más de ella, y nadie más vería esto. No había nada más allí que sus deseos de hacerla humillarse delante de él y por esto, le haría la vida cuadritos. Con esa falsa convicción (pues muchas dudas se metían en su mente), se encaminó a su auto y se fue.
Muchas gracias por sus Rewiews!
Disculpen la tardanza, sé que debí actualizar antes, pero las obligaciones no me dejaron tiempo; así que hoy vengo con este nuevo capítulo que espero, les guste.
Saludos y nos vemos en la próxima!
