POV INUYASHA
Las palabras de Higurashi me dejaron descolocado. Ella prácticamente me estaba echando de su casa de la peor manera posible, y ni siquiera estaba tratándome mal, y yo no había hecho absolutamente nada malo a ojos de su familia. Me enfureció demasiada su manera cortante de responder.
Además, verla parada delante de su puerta, con esa mirada seria y asesina que sólo me mostraba a mí me hacía querer buscar la manera de hacerla llorar, gritar y proferir miles de maldiciones en contra mía, y no tenga esa carita de mal disimulada satisfacción. Organicé mis ideas y le proferí las siguientes palabras:
- Querida, desde el momento en que decidiste aceptar mi propuesta, aceptaste venderte al diablo. A uno sexy en todo caso – Dije burlón, y la noté tensarse – Tú me tienes que dar cuenta de lo que haces o dejas de hacer, pues para algo estoy dándote dinero. Me lo debes, ¿o quieres que entre a tu casa, y le diga a tu madre que su linda hijita ha aceptado dinero de un mal chico? – terminé de decirle, pero en ese momento noté que en los ojos de ella aparecían oscuras lágrimas, que sabía no soltaría nuevamente delante de mí. Maldición. ¿Acaso solo sabía llorar?
Ella me miró como solo ella sabe hacerlo, pero lo que hizo a continuación me descolocó. Me jaló de la mano, y me llevó lejos de su casa, y para ese momento ella se había calmado un poco. Se sentía bien su contacto, y hace mucho yo no dejaba a una chica darme este tipo de contacto, si no me daba lo que yo quería. ¿Sería acaso que me había comenzado a gustar Kagome, esta chica fiera que me detestaba totalmente? Deseché la idea de inmediato. La miré de la manera más cálida que podía, sabiendo que ella no podía verme. Acaso por mirarla así, ¿podría perder algo? No lo creía.
Dejé mis propios cuestionamientos para después, cuando noté que se detuvo delante de mí y logré componer nuevamente mi desinteresada expresión.
- Me has traído aquí para declararme tu amor ¿Kagome? – Le dije sin pensar, y rápidamente repudié la rapidez de mi boca a comparación de mi cerebro. Ella me miró con una pequeña mueca de sorpresa que recompuso en instantes.
- No me gustas – Dijo mordaz, y me sentí hervir – Te lo dije una y otra vez, te odio y no te soporto. Hoy te has metido en mi casa, con engaños ¿Tú y yo amigos? ¡Jamás! – No supe el por qué me dolieron sus palabras, pero aún así permanecí callado, y la seguí escuchando; pues sabía que era hora que se desahogue – Mi madre está enferma, mis hermanos dependen de ella, ¿y yo? Yo soy la hermana perfecta que va a la universidad, entiende eso ¿y tú quieres corromper mi ser? No eres más que un pobre idiota, no sabes lo que es pasar por lo problemas míos, y encima me presionas para hacer la vida de alguien miserable ¿Crees que no tengo remordimientos? – Con estas últimas palabras se echó a llorar. La vi caer lentamente, y cuando estaba a punto de tocar totalmente el suelo, la logré agarrar y sin pensarlo la abracé. Sentí un calor que no había sentido desde que falleció mi amada Kikyo.
Ella se sorprendió y quiso separarse de mí, pero no la dejé y en cambio la abracé con más fuerza, pues sabía que ella lo necesitaba. En un momento, ella levantó la mirada y yo no pude recomponer mi careta, y me sentí mal. Quería verme como el hechor de sus pesadillas, pues tenía demasiada cólera arremolinada dentro. ¡Ella estaba lográndolo! Logrando meterse en la vida de Sesshomaru, pese a que yo sabía que sería muy difícil, ella lo está haciendo fácil, y me sentía celoso. Sí eso era, tenía muchos celos de este par; pese a que yo he sido quien ha comenzado todo.
Ella se soltó repentinamente de mi agarre con fuerza y me abofeteó. Después me dijo fríamente – No te aproveches de la situación, iluso – Y se levantó. Cuando estaba yéndose, me levanté desconcertado ¿Iluso? ¿Por qué decirme algo así? Corrí y la jalé del brazo con fuerza, y le pregunté con ira.
- ¿Yo soy el iluso? Tengo dinero, a las chicas que quiero; puedo doblegar las voluntades; nada me falta y aun así ¿te atreves a llamarme así? – Le dije serio. Noté que pese a tenerla sujetada con bastante fuerza, ella no hacía nada por soltarse. Se volteó lentamente, se acercó a centímetros de mí y sus palabras, se quedaron marcadas en mi mente.
- ¿Te gusto verdad? – Lanzó esa pregunta al aire, pero no para ser contestada, mientras yo me sentí sonrojar - No puedo creerlo, no eres más que un tonto sentimentalista más - dijo ella incrédula, mientras yo me quedé ahí parado. La solté y dejé ir. Cuando estuvo algo lejos de mí, la escuché decir – Lo siento, pero ya tengo alguien quien me gusta, y seguiré tus mandados. No te quiero volver a ver cerca de mi casa; menos sabiendo de tus sentimientos hacia mí.
¿Me gustaba? ¿De verdad se había colado en mi corazón esta chica seria y totalmente estudiosa, de pensar cerrado y sumamente altanera? Pues creo que sí. Sin perder tiempo, me levanté corriendo a alcanzarla. Cuando ya estaba algo cerca de su casa, la tomé de la mano la volteé y le dije "lo siento" antes de besarla.
Sí la había besado ¿Y qué?, ella me gustaba ¿Y qué?, nadie podía estar sin amor. Ella estaba reacia a responderme, pero no me importó. Como pude logré colarme dentro de su boca y memoricé su sabor, ella me mordió pero aun así no me importó. Cuando sentí que me faltaba el aire, me separé del beso y la agarré fuertemente entre mis brazos.
- Cambiemos nuestro trato, ¿Te parece? – Le dije con voz seductora. Por su parte, ella se tensó en mis brazos, y no pude adivinar sus movimientos, hasta que sentí un dolor profundo en el pie, y un fuerte dolor en la entrepierna.
- No me vuelvas a hablar, ¡y el trato se acabó! – Dijo ella furibunda. Esta vez sí la dejé marchar.
Ella era una fierecilla ¿No?, pues dominaría esa fiera, y la haría besar el suelo por donde piso. Eso me daba una gran idea. Ella enamoraría a Sesshomaru y luego se quedaría conmigo, tal como hizo Kikyo en el pasado. Estando conmigo, y dejándome por él. Sería una gran venganza, y podría quedarme con el premio de guerra esta ocasión. Con esta idea en mente, me fui a casa.
Kagome POV
Impura. Así era como me sentía en este momento. Inuyasha, ese bastardo me había forzado a besarlo. Debí verlo venir. Yo diciéndole semejante estupidez como el "¿Te gusto?" y él se me había lanzado encima. Estaba yo tan feliz por lo de Sesshomaru, y ahora Inuyasha me salía con esto.
La cólera no me había dejado pensar bien. ¿Romper el trato? Este inuyasha no me había dejado pensar bien, nada bien. Mi cólera por él estaba llegando a límites insospechados, pero no lo odiaba. Sería gastar fuerzas innecesarias en una persona que no vale la pena, y no estoy dispuesta a gastar fuerzas de esa manera tan irresponsable, ya que la necesito para apoyar a mi madre, no tengo espacio para nada más.
Fui de manera tranquila a casa, ya que me di la satisfacción de golpear a ese pobre idiota. Mi siguiente paso sería evitarlo a toda costa, y eso comenzaría ya. Si seguía al lado de Sesshomaru, esta vez sería una amistad real, y no dejaré que nada más adelante quiera doblegar mi manera de ser. Sonreí.
Cuando llegué a casa, todos pensaron que volvía con noticia de novio nuevo, pero rompí sus esperanzas totalmente. Mamá me mandó a dormir, no sin antes decirme que no le gustaba que saliera sin avisar. Sonreí, por eso adoraba a mi madre, ella era una mujer íntegra en todo sentido; y esto me hacía sentir mal.
Para la mañana siguiente, me levanté más temprano de lo usual, pues lo del día anterior no me había dejado dormir. Ese Inuyasha no me dejaría en paz, y en dinero que él me daba yo lo necesitaba. ¿Seguir su trato? Él podría aprovecharse de mí, pero sé que también puedo pararlo como lo hice ayer, sonreí.
Sé que las cosas se me estaban poniendo mal. Ni siquiera había conquistado a Sesshomaru, e Inuyasha ya había caído en mis "redes". Era raro sólo pensarlo, pero acaso, ¿yo le había gustado por el hecho de llevarle la contraria? Eso me parecía espeluznante.
Me levanté con paranomasia, con calma y comencé a alistarme tranquilamente, preparé el desayuno como casi siempre hago; y dejé todo listo. Tomé mi desayuno y dejé a todo mundo durmiendo, pues este día estaba saliendo temprano, ya no quería estar más en casa.
El viaje en el bus fue bastante tranquilo, no renegué contra nadie, y sólo me quedé pensando. Cuando llegué a la universidad, nuevos miedo se arremolinaron en mi interior. ¿Inuyasha se me acercaría hoy? Lo más probable es que ese idiota lo haga, pues la manera en que ayer lo traté, es digna de una gran reprimenda. Tragué grueso.
Esta sería la primera vez, que me quede fuera del aula. Y después entendí que era la peor decisión. Caminé por varios lugares, de manera suave, y cuando noté que faltaban quince minutos para mi clase, me acerqué al salón.
Mientras me acercaba, noté algo que me hizo temblar, aunque supe disimularlo muy bien. Todos me miraban. Me miraban y cuchicheaban entre sí. Era raro, pues aunque era la segundo puesto, todo era acaparado por Sesshomaru, el flamante primer lugar de esta carrera.
Entré al aula por la puerta posterior, y lo que vi me dejó sin aliento. En la pizarra, estaba escrito con letras grandes, Inuyasha y Kagome son novios. Y en letras pequeñas, varias chicas habían puesto varios tipos de comentarios. Se sintió humillada. Kagome se acercó con la mano temblando, y una mirada asesina a la pizarra. Agarro la mota y comenzó a borrar todo lo escrito. Posteriormente, volteó y miró a sus compañeros. Ellos esperaban una explicación. Bufó internamente. Esos chicos ricos que pensaban como colegiales cuando se trataba de estas cosas pedían explicaciones sobre una estupidez. Armándose de valor, comenzó a hablar.
- Taisho y yo no tenemos absolutamente nada – Dijo ella seria – La persona que haya comenzado con esta clase de juegos, que se levante y me diga de dónde sacó esta clase de idea; pues esto de aquí no es nada cierto. Dijo al borde de la ira.
- Fui yo – Dijo alguien en la puerta. Kagome podría reconocer esa voz, aunque fuera ciega y estuviese a punto de quedarse sorda – Me gustas, y me rechazaste, tenía que probar suerte nuevamente ¿no? – Exclamó Inuyasha.
Kagome no pudo más. En un arranque, se acercó a él, lo abofeteó y salió disparada del aula. Lo que no vio, fue que alguien había ido detrás de ella siguiéndola. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, buscó un sitio para esconderse y poder llorar en paz. Cuando lo encontró, sintió que unos brazos la aprisionaron, y escuchó una voz que había olvidado hasta ese momento.
- Cálmate, no solucionarás nada llorando – Dijo Sesshomaru.
Al reconocer la voz, volteé con una mirada de súplica. Sí era él. Sonreí y lo abracé con mucha fuerza. Después de unos segundos, me arriesgué y le dije:
- Taisho no me gusta ni un poco, es más lo rechacé y parece que no le ha sentado nada bien – Dije con mucha tristeza. Él solo me miró y me dijo, volvamos al aula. En ese instante decidí arriesgarme. Sé que si rechazaba totalmente a Inuyasha me haría seguir con lo de Sesshomaru, para poder seguir teniéndome bajo su poder, así que haría mi jugada maestra. Los solté de la mano que me había brindado y le dije – Tú me gustas, Sesshomaru – Y lo dejé ahí atónito, mirándome, mientras yo volvía.
Sé que en este instante él quizá quiera sacarme de su vida, más aún por Inuyasha; pero una parte de mí espera que no lo haga. Inútilmente mi corazón sueña que él no me odie, pues he notado que pese a todo él no es una persona mala, por el contrario, sólo es desconfiado.
Al volver al aula, tuve miedo de que al entrar, todos me bombardearan de preguntas, pues pude notar que el profesor aún no llegaba. Suspirando decidí entrar y cuando estaba ingresando, sentí que tomaban mi mano y entrelazaban mis dedos. Supe en ese instante, sin voltear, que ese era Sesshomaru. Él había decidido apoyarme. Entré al aula con su feroz compañía, y nadie se acercó ni dijo nada más. Este día me sentaría con él.
El día fue algo tranquilo, pues la seguridad y masculinidad de Sesshomaru, habían hecho retroceder a todos, pero sobre todo, a Inuyasha. A la hora de salida, fui con Sesshomaru, pues no quería ir con nadie más, ya que sabía que me harían muchos cuestionamientos, y sé que estas niñas ricas eran más alocadas que las normales. Caminé a su costado, y él nuevamente entrelazó sus dedos con los míos, hasta que llegamos a su auto. Una vez dentro de su auto nos quedamos sentados y pude escucharlo decir.
- ¿Qué pretendes? – Dijo sin interés. Pude notar que había cierta ferocidad en sus ojos, pese a que lo ocultaba con falsa tranquilidad.
- Nada, y gracias por tu ayuda - Le dije sinceramente. Sentí sus ojos sobre mí y me recorrió un escalofrío. Supe que debía hablarle más, antes que decidiera botarme de su auto – Tú me gustas, y es una verdad que llevo grabada desde que te vi. No soy como el resto de chicas que está detrás de un chico sólo porque es bonito, o guapo. A mí me gustan las personas inteligentes, y en este caso; tú comenzaste siendo un modelo de estudio, y el hecho que Taisho hiciera lo de hoy, me hizo sentir que podría alejarme de ti por ese odio que se tienen – Dije seria, tomé un respiro y luego continué – Te rogué para seguir juntos en el proyecto, pues me gustas, y cuando a una persona le gusta alguien, quiere estar a su lado ¿No es así? – Le dije terminando mi pequeño discurso. Me sorprendió mi facilidad de palabras, y el hecho de que no sentía que estuviera diciendo algo falso, por excepción del "me gustas".
Él me miró, para posteriormente arrancar su coche. Quise saber qué pensaba, deseaba preguntarle, pero me aguanté. Después de un momento, noté que no íbamos a mi casa, y seguí callada. Cuando aparcó su coche, recién hablé.
- ¿Me has traído a tu casa? – Dije sin temor, pero tampoco mucha seriedad, y él asintió.
- Te he traído aquí, pues hoy era el día que quedamos para avanzar el proyecto – Dijo él serio – Pero hoy suspenderemos eso. El día de hoy te diré sobre el odio entre Inuyasha y yo – El hecho de escuchar esas palabras me asustó, pues sabía que era un tema delicado, y que si yo sabía, estaría metida en medio.
- No es necesario – Le dije sinceramente – Ese tema es entre ustedes dos, y yo no tengo nada que ver allí – Terminé de decir algo confiada, pero él me dijo palabras exactas que como siempre, me hicieron estremecer.
- Si te gusta un chico, es necesario saber todo de él ¿no es así? – Me dijo mirándome seriamente – Si me aceptas después de lo que te cuente, podría considerarte algo más que una compañera de estudios, podría hacerte mi amiga, pero no esperes más – Mencionó melancólico.
Yo me debatí en mi interior. ¿Saber la verdad de ese par? Me daba miedo siquiera pensarlo, pues sabía que entre ellos y ese tema, las emociones eran muy fuertes. Sin embargo, mi papel de chica enamorada y declarada recientemente, me hizo decirle "Está bien". Y entramos a su casa.
Tenía un enorme jardín, bastante cuidado y ni qué decir de la fachada de su casa. Era simplemente perfecto. Cuando entramos en su casa, su mayordomo, preguntó si quería algo, y él solo le dijo que venía con visita. El hombre se puso pálido al verme.
- ¿Señorita Kikyo? – Preguntó desconcertado – Se me hizo raro que me llamaran por un nombre que no es mío, y cuando iba a negar; Sesshomaru lo mandó lejos.
Él me hizo subir hasta su habitación, y era extraño hacerlo, pero curiosamente no tenía miedo. Entramos y me hizo sentar en una silla, ubicada frente a una mesita. Lo vi acercarse a un armario, abrir unos cajones y sacar un álbum; que cuando llegó a mis manos, noté envejecido.
- Obsérvalo – Me dijo esa orden y calló. Yo abrí y comencé a mirar las fotos. Pude notar que dentro habían fotos de tres niños, uno de ellos se notaba Sesshomaru, otro que es Inuyasha, estoy segura y una niña. ¿Una niña?
Se me hizo raro. Comencé a avanzar las hojas más rápido, hasta que noté que en algunas, Inuyasha salía abrazando a la chica como si fuera un tesoro, y Sesshomaru parecía molesto. Pero eso no era lo inquietante. Lo inquietante era su parecido conmigo. Cuando terminé de ver el álbum, Sesshomaru habló.
- Ella es Kikyo – Dijo y yo asentí – Era la novia de Inuyasha, yo la amaba y la quería para mí. Así que cuando lo hice, y logré hacerla mi pareja; ella murió estando conmigo – Dijo él, y cayó un profundo silencio entre ambos, después continuó - ¿Estarías con alguien que tiene esa clase de peso en sus espaldas? – terminó él. Sin embargo él no había notado algo. Yo había visto a través de su mentira. No era posible que la mataran estando él, lo sé. Estaba mintiendo. Pero ¿por qué? Me quedé callada y el silencio reinó entre nosotros, para no querer irse.
¡Lamento la demora! Espero que les haya gustado este capítulo, que he demorado mucho en escribir. Espero sus comentarios, y los quiero, !Nos vemos en la próxima!
