SESSHOMARU POV
Hoy era un día corriente. El único hecho que cambiaba, es que no había llegado a clases a la hora que acostumbraba. Estuve manejando tranquilamente después de hablar con Jaken, diciéndole que traería a alguien conmigo en la tarde, así que quería la biblioteca bien limpia y ordenada. Pude sentir que él se había asombrado, y estaba dispuesto a preguntar, pero una mirada de advertencia mía bastó para quedarse callado.
Al llegar a la universidad, caminé a paso lento, y en ese momento recordé la razón por la cual odiaba llegar a la misma hora que el resto. Chicas universitarias lanzándome guiños que yo ignoraba olímpicamente. Jóvenes molestos, pues sus novias se me quedaban mirando. Nada de eso me interesaba, pero aun así yo "era culpable", por enamorarlas.
Nunca he sido aficionado a la popularidad, pero antes solía gustar de ella, cuando Inuyasha y yo aún éramos "hermanos". Después de romper nuestra larga amistad, basada en una competencia mutua y permanente, me volví más cerrado que antes.
Odiaba a ese idiota actualmente, pues no había visto nada más que el hecho de la gran mentira que le conté. Que Kikyo había muerto a mi lado, o el sólo hecho de quererla para mí. Si él solo supiera la verdad ¿qué haría? Mi único pecado fue querer protegerlo de esa arpía que se había colado entre nosotros, y nunca pude ver la verdad hasta que ella fue adolescente.
Decidí dejar esos pensamientos fuera de mi mente, pues pese a mi carácter frío, ese tema me causaba daño. Decidí pasar este día tranquilo, y cuando me dirigí al aula, noté un barullo extraño. Ingresé ignorando todo y a todos, y me ubiqué en mi asiento, saqué mi libro y me puse a leer. No quise mirar hacia adelante, pues sería prestar atención a gente que no la merece, pero no pude evitar escuchar algo que me hizo enfurecer.
- ¿Escuchaste los rumores? – Dijo una compañera a otra – ¡Inuyasha está de novio con Higurashi! – Dijo con falsa decepción - ¿Qué le vio a la tonta esa? – Comenzó a criticarla.
Me sorprendí y me sentí más molesto. Esto era algo personal. Inuyasha no podía ver a alguien cerca de mí, sin quererlo tener de aliado en su tonta venganza. Había días en que me daban ganas de decirle la verdad sobre Kikyo, pero mi promesa me impedía hacerlo; aunque anhelaba ver su cara demacrada por la incredulidad, pero aun así, tenía la promesa que pesaba sobre mí, cuando él aún era mi amigo y la respetaría. Lo otro era, si ellos eran novios ¿no comenzaría a repetirse la historia? ¿Ella sería otra manzana de la discordia entre ambos? Yo sabía que no, pero lo único que haría sería esperar a que llegue Higurashi, pues hace unos días, ella me había asegurado odiar a Inuyasha con todas sus fuerzas.
Pasaron ni cinco minutos, que la vi ingresar en el aula. Ella se veía bastante pálida, pero en un segundo se recompuso y exclamó con contenida cólera.
- Taisho y yo no tenemos absolutamente nada – Dijo demasiado seria – La persona que haya comenzado con esta clase de juegos, que se levante y me diga de dónde sacó esta clase de idea; pues esto de aquí no es nada cierto - Dijo al borde de la histeria, pero pude percibir que estaba al borde de las lágrimas.
- Fui yo – Dijo alguien en la puerta. Y en ese momento pude darme cuenta, perfectamente de quién había salido semejante cosa, no podía ser nadie más – Me gustas, y me rechazaste, tenía que probar suerte nuevamente ¿no? – Exclamó Inuyasha hacia ella con petulancia. Noté la tensión entre ambos, y también el preciso momento en que ella emprendía camino hacia él, lo abofeteaba y se iba corriendo.
Atiné a salir detrás de ella, no sin antes darle una mirada de muerte a Inuyasha, que me miraba con prepotencia. Lo sabía. Él la quería como presa, al notar que ahora andaba rondando cerca de mí. Tengo suerte de ser bastante atlético, así que decidí alcanzarla. Ella era veloz, pero logré alcanzarla después de un largo camino. Sé que mi naturaleza es ser bastante serio, pero no puedo dejar las cosas así como así si Inuyasha está de por medio. Cuando llegué donde ella estaba, la rodeé con mis brazos, y le dije:
- Cálmate, no solucionarás nada llorando – Fue lo único que pude decirle, pues yo sabía perfectamente de la manera de actuar de Inuyasha.
Al reconocer mi voz, ella atinó a voltear con una mirada de súplica. Al notar quién era. Sonrió y me abrazó con mucha fuerza. Me sentí algo incómodo, pero no podía hacer nada. Yo fui quien decidió venir a consolarla. Después de unos segundos, que se sintieron bastante largos, escuché de ella unas palabras muy desconcertantes, para provenir de ella.
- Taisho no me gusta ni un poco, es más lo rechacé y parece que no le ha sentado nada bien – Dijo ella con mucha tristeza. Yo me sentí nervioso por su mirada, pero lo camuflé con mi seriedad. Sólo la miré y le dije "volvamos al aula". Le di la mano y comencé a tirar de ella levemente. Noté que ella suavemente se soltó de mi agarre, y volteé a verla.
– Tú me gustas, Sesshomaru – Dijo ella y se fue dejándome solo y desconcertado. ¿Yo gustarle?, entiendo el efecto que causo en las mujeres jóvenes, pero ella era compañera de aula, y me había asegurado no gustarle en una ocasión anterior y ahora ¿me soltaba esto sin más?, tendría que vérselas conmigo. Con esa idea me encaminé al aula. Cuando estaba cerca, la noté indecisa para ingresar y lo comprendí. Todos harían preguntas.
No me gusta involucrarme cuando las cosas tienen que ver con Inuyasha, pero sería precisamente por su culpa que lo haría. Me acerqué de manera callada, agarré su mano y entrelacé nuestros dedos. Supuse que a todos les daría un ataque el saber que los dos primeros puestos estaban juntos, pero el que me interesaba alejar y hacer renegar era Inuyasha. No obtendría a esta chica. ¿Cómo hacerlo? Ella tiene demasiado carácter.
Al ingresar, todos nos miraron atónitos, y varias chicas la miraban envidiosas. Ella obtendría su escarmiento también. Sonreí mentalmente, obviamente era vengativo. Mi atención pasó a Inuyasha. Él me miraba mortalmente. Estaba celoso, y eso me daba mala espina. Lo conocía demasiado como para no darme cuenta. ¿Ella realmente le gustaba? Decidí ignorar estas cosas y no prestar atención a nada más.
Me concentré totalmente en las clases, con Higurashi a mi lado. Entendí que había buscado sentarse conmigo, pues no quería comentarios de nadie más. Estaba esperando el momento para conversar seriamente con ella. Cuando terminaron las clases, ella inmediatamente notó que estaba alistándome, se levantó y salió a mi lado. Suponía que ella no quería preguntas.
Lo que no imaginaba era el cuestionamiento que yo le haría. Al salir, nuevamente la tomé de la mano, entrelazando nuestros dedos. La llevé a mi auto, y una vez adentro, pude al fin quitar mi careta.
- ¿Qué pretendes? – Dije con aparente tranquilidad, pese a que la estaba mirado de la manera más fiera, inconscientemente.
- Nada, y gracias por tu ayuda – Me dijo ella tranquila, pero pude notar el leve rubor de sus mejillas. Si ella pensaba que me daría por satisfecho con eso, estaba muy equivocada. Seguí mirándola de manera analítica, hasta que la escuché decir, teniendo la mirada oculta - Tú me gustas, y es una verdad que llevo grabada desde que te vi. No soy como el resto de chicas que está detrás de un chico sólo porque es bonito, o guapo. A mí me gustan las personas inteligentes, y en este caso; tú comenzaste siendo un modelo de estudio, y el hecho que Taisho hiciera lo de hoy, me hizo sentir que podría alejarme de ti por ese odio que se tienen – Expresó con calma, y luego continuó – Te rogué para seguir juntos en el proyecto, pues me gustas, y cuando a una persona le gusta alguien, quiere estar a su lado ¿No es así? – Me dijo ella con calma, aunque hubo algo que me inspiró desconfianza, aunque no podía definir con exactitud qué.
La miré por unos instantes más, y arranqué el auto. Mi máscara de seriedad me hacía ocultar mi rabia ¿Yo gustarle a ella?, pues habría que ver si seguía a mi lado, después de conocer mi "verdad". Seguí el camino con más seriedad que antes, y noté que ella quería hacer preguntas, pues notó que no íbamos a su casa. Cuando llegamos, ella recién se decidió a hablar.
- ¿Me has traído a tu casa? – Expresó de manera más tranquila de lo que esperaba. Asentí suavemente. Me molestó un poco su serenidad, por lo que decidí decirle palabras bruscas.
- Te he traído aquí, pues hoy era el día que quedamos para avanzar el proyecto – Dijo él serio – Pero hoy suspenderemos eso. El día de hoy te diré sobre el odio entre Inuyasha y yo – Noté que ella se había puesto demasiado tensa, pero me imagino, que ella quiere saber del tema.
- No es necesario – La escuché musitar – Ese tema es entre ustedes dos, y yo no tengo nada que ver allí – Me dijo tranquilamente. Fue algo que me molestó, pues estaba queriendo mostrarse desinteresada. Me molestó pues estaba queriendo abrirle algo de mi mundo, y ella no quería que lo hiciera. Así que decidí usar las palabras, cosa en que era muy bueno.
- Si te gusta un chico, es necesario saber todo de él ¿no es así? – Le dije con doble intención – Si me aceptas después de lo que te cuente, podría considerarte algo más que una compañera de estudios, podría hacerte mi amiga, pero no esperes más – Dije sin evitar la melancolía, pues en ese instante recordé a la risueña Rin, quién fue la primera víctima de Inuyasha.
Noté que ella me desvió la mirada, y parecía estarse debatiendo en su interior. No me interesaba. Cuando estaba a punto de soltar todo, ella aceptó con un suave "Está bien". Y me acompañó dentro de mi casa. Noté que se había quedado mirando el jardín, y la fachada de mi casa con mucho asombro, y algo que no pude definir. La insté a salir de su ensoñación e ingresar dentro del recibidor. Allí encontramos a Jaken.
Al verlo, noté algo que debí haber previsto. Y era el parecido de Higurashi con ella. Al parecer Jaken lo notó inmediatamente, y no pude evitar las palabras que salieron de su boca, después de ponerse mortalmente pálido.
- ¿Señorita Kikyo? – Preguntó desconcertado. Supe que él había notado ese parecido, así que sin que ella se diese cuenta, lo hice marcharse a otro lado. Con tranquilidad subimos las escaleras, y ella me siguió sin alegar nada. Totalmente perdida en sus pensamientos. Cuando llegamos a mi habitación, lo primero que hice, fue ofrecerle una banca, mientras ella me observaba fijamente. Ella me veía acercarme a un armario, pero ella sólo veía lo exterior, no podía saber cómo me sentía por dentro.
En este armario se encuentra la caja de pandora. En mi situación actual, era mi baúl de secretos, que esperaba no salieran a la luz. Si bien las culpas no son mías, podría pagar con ellas sin problema alguno, pues había sido precisamente yo, quien no había previsto la situación. Cuando encontré lo que buscaba, lo saqué, lo desempolvé suavemente y luego se lo entregué a la joven que me esperaba.
- Obsérvalo – Le dije con una tensión contenida, cosa que ella percibió. Noté que se quedó mirando las primeras fotografías con mucha sorpresa, pues en ellas lucíamos Inuyasha y yo, juntos. Además la vio a ella, persona de quien no me gustaba pronunciar nombre desde que "eso" sucedió.
Cuando se dio cuenta de las tres personas presentes, ella se fijó en las emociones que se mostraban, pero luego comenzó a pasar las páginas más rápido. Cosa que no esperaba. Lo interesante fue el final. Y sé que ella lo había notado. Y cerrando el libro, me miró con sus ojos confundidos e interrogantes. Me tomé unos segundos, para mentalizarme y poder explicarle unas cuántas cosas.
- Ella es Kikyo – Le expresé con dificultad que ella no pareció notar. Sé que lo que seguía quizá alejaría a esta chica de mí, pero ella tenía que saber a qué se atenía si estaba rondando cerca de mí. Así que armándome de valor solté lo siguiente – Era la novia de Inuyasha, yo la amaba y la quería para mí. Así que cuando lo hice, y logré hacerla mi pareja; ella murió estando conmigo – Dije de la manera más mortalmente fría que hubiera. Dejé pasar unos momentos, mientras ella parecía pensar las cosas seriamente, pero pude notar que no había ningún atisbo de emoción en su rostro; así que decidí agregar - ¿Estarías con alguien que tiene esa clase de peso en sus espaldas? – Terminé de decir. Dejé que esta vez el silencio se quedara sobre nosotros. Y esta vez ella no parecía querer romperlo. Analicé su rostro nuevamente, pero no pude detectar nada.
Ella, después de mucho tiempo se levantó, y sentí la decepción. Ella se iría, sería igual que como algunas personas que conocen el secreto. Lo curioso fue verla acercarse a la ventana, mirar hacia afuera, y quedarse ahí, sin pronunciar nada. Después de unos cuántos minutos, ella volteó hacia mí con una mirada fiera, y me espetó dejándome sin palabras.
- Si vas a decirme algo, háblame con la verdad – Me siseó con fiereza – ¡Vamos! No creas que me creeré esa ridícula historia, no entiendo con quién crees que hablas, pero a mí no me engañas con esa careta - Terminó seriamente. La vi acercarse a mí con serenidad, pero un brillo de malicia asomándose en sus ojos. Era raro verla de esa manera, pero no lo haría ceder, ella no era nadie para querer rebuscar en su pasado.
- No me interesa si me crees o no - Espeté furibundo. Noté el cambio en sus ojos, pues yo había reaccionado con más rudeza de lo usual. Sin embargo decidí darle un poco de miedo – El creerme o no, no cambiará el pasado - expresé siseante, y me acerqué a ella, acorralándola y sintiéndola tensarse – Pero, ¿me aceptarías con todo y ese problemita a mis espaldas? - Le inquirí de manera provocativa en su oído. Me alejé de ella lentamente, y la miré a los ojos. Noté un brillo agresivo en ellos. Eso no fue lo desconcertante. Lo desconcertante, fue notar como agarraba su bolsa, la colgaba del hombro y salía de mi habitación. Sentí la furia atorada en la garganta. Cuando iba a ir a cogerla por el brazo, escuché unas palabras muy interesantes.
- Podrás querer engañar a todo el mundo con esas palabras – Dijo tranquilamente, como si se encontrara aburrida – Pero no quieras engañar a una persona que sabe leer el comportamiento corporal; no seré psicóloga pero he notado y visto a través de tu mentira – Antes de terminar de salir, dijo con voz triste – Entiendo que no confíes en mí, pero si de verdad quieres hablar conmigo, no lo hagas con mentiras. No creas que por el hecho de decirte mis sentimientos, voy a volverme como una de esas locas fans que te manejas – Y se fue.
En ese momento, sentí una gran ira, que estaba dando paso a un gran deseo de odio y destrucción. ¿Vio a través de esta mentira desde el comienzo? Eso era demasiado raro. Esta persona no parecía del tipo que lograra hacer esa clase de cosas así nada más.
Con una gran cólera remolineándose en mi interior, decidí poner orden en el sitio donde ella se había ubicado. Craso error. Sin darme cuenta, mis manos azotaron las cosas y comencé a lanzarlas con fuerza hacia la pared, suelo el lugar donde cayera. ¿Cómo podía decir semejantes palabras sin conocerme realmente? ¿Cómo un ser ajeno, podía decir con certeza que yo estaba mintiendo? Lo peor de todo, es que ella lo había hecho y varias personas en el pasado no. Me sentí abrumado.
No esperaba que su confesión terminara así, tampoco. Que me dijera que le gustaba, y de la nada ¿que no era algo importante? Esa chica estaba mal de la cabeza. Nadie había dicho cosas así jamás.
Tenía que pensar en algo claramente, pues aún está el trabajo grupal sobre mis hombros. Si solo no lo hubieran mandado elaborar en parejas, no tendría todo este embrollo encima. Ni siquiera con Rin había deseado contarle algo de Inuyasha, y desear hacerlo con esta compañera (cosa que no había hecho ni siquiera cuando estaba con Rin). Rin, suspiré.
Recordaba el día que conoció a la adorable Rin. Era un día de fuerte lluvia, y esa chica no tenía paraguas. Ella le inspiró una extraña sensación, así que la ayudó y llevó a casa. Con ella las cosas parecían ir lentamente, pues tenía un carácter infantil, que alegraba su seria manera de ser y su cerrado corazón. ¿La amó? Pues llegó a quererla, pero no a amarla. Cuando pensaba que estaba comenzando a amarla, ella le contó sobre Inuyasha. Con eso, él se alejó completamente de ella; y Rin al notar eso se fue, sin dejar rastro alguno.
Era extraño que ahora apareciera esta compañera, y que pese a haberla querido alejar, era tremendamente obstinada como para hacerle caso. Tampoco actuaba como los demás, que lo dejaban estar. Ella prefería ir contra la corriente y ser dominante. Sonrió para sí mismo. Era obvio que viera a través de su fachada.
Decidió que le ofrecería una disculpa (aunque fuera una disfrazada), para tener la convivencia "armoniosa" que estaban desarrollando. No era que necesitara de esa chica para tener alegría y algo de emoción. Era para darle la espalda a Inuyasha, pues esta chica lo prefería a él. Sintió desaparecer la cólera de repente. La conservaría, sería su preciado tesoro, aún cuando la hiciera sufrir condenándola a ser sólo una amiga; ese sería su castigo por atreverse a querer ver a través de sus palabras.
Kagome POV
Salí de esa mansión con el pulso totalmente disparatado. Ese idiota, ¿Por quién me tomaba? Había notado toda su mentira. ¿Él pensaba que no me daría cuenta? Sus ojos; pese a su aparente indiferencia, me mostraba que había más, oculto tras sus palabras oscuras. Lo noté desde que me soltó su: "Era la novia de Inuyasha, yo la amaba y la quería para mí. Así que cuando lo hice, y logré hacerla mi pareja. Ella murió estando conmigo".
Mentía y eso me enfureció. Yo no fui quien propició la conversación, ni siquiera quería saber más sobre su relación; pero no, yo ya estaba enredada en el problema. Suspiré hondo. Decidí concentrarme en el camino de vuelta, y si bien recordaba, había una parada de bus cerca. Lo tomé y logré sentarme entre las últimas filas.
Lo que me había dejado pensando, era esa persona de la foto. Kikyo, la joven tan parecida a mí. Teníamos bastante similitud, aunque su cara inexpresiva, demostrara que era una persona calculadora. Traté de disipar los malos pensamientos, e ir con calma a casa. Cuando bajé del bus, comencé a caminar lentamente.
Miré las calles, y no pude evitar ponerme melancólica. Mamá estaba enferma ¿Qué pasaría si no se recuperaba? ¿Si su cáncer era del tipo maligno, y sólo se expandía más? No podía ni pensarlo, pues no veía una vida sin ella. Aunque si algo malo sucedía, cuidaría bien de mis hermanos. Suspiré. Las cosas estaban difíciles. Sé que Inuyasha no me iba a dejar en paz, y Sesshomaru no soltaría el secreto que se guardaba, aunque tengo la certeza que es algo bastante feo.
Doblé la esquina que daba a la cuadra de mi casa, y la sorpresa mía fue ver un vehículo estacionado fuera de esta. Comencé a sentir miedo de saber quién era, pues el auto era lujoso. Cuando llegué, pude distinguir que era claramente el auto de Inuyasha.
Suspiré con fuerza y renegué internamente. Hoy hablaría con él, y lo haría entender así fuera a golpes. Yo no quería nada con él, no merecía una persona así. Comencé a impacientarme, pero aún así entre con calma a mi casa. Cuando lo hice, noté dos cosas importantes. Mis hermanos estaban en la sala, con Inuyasha alrededor de ellos, y estos se veían muy asustados. Sin pensar, dejé que la ira me dominara.
- ¿Qué crees que haces en mi casa? - Le espeté con ira.
- Llegué a visitarte, pero me encontré con tus hermanos asustados, tu madre se desmayó delante de ellos – me expresó con voz calmada, nada de cinismos, nada de su burla de siempre. Eso me aterraba – Los ayudé a subirla a su habitación y ahora está descansando – Me dijo seriamente - ¿Dónde estabas tú? - Se tomó el derecho de reclamar.
Me sentí ofendida por su manera de hablarme, pero no me lo tomé a pecho. Simplemente me acerqué a mis hermanos, y los abracé. Les dije que todo estaría bien, e iría a ver a mamá. Cuando subí a su alcoba, comprobé lo dicho por Inuyasha. Ella estaba tranquila, y sólo parecía dormir. Decidí preparar la cena, mientras Inuyasha jugaba con mis hermanitos.
Suspiré. Ese idiota se estaba ganando el cariño de ellos con facilidad. Son unos niños encantadores, pero no me gustaría que sufrieran si algún día se enteraran de cómo era realmente este chico. Me demoré un buen tiempo mientras me perdía en mis pensamientos, así que no noté cuando alguien se acercó por detrás a mí.
- Deberías unírtenos - Me susuró Inuyasha – Yo puedo pedir comida para que traigan a domicilio – terminó con tranquilidad. Lo odiaba. Odiaba que se llevara bien con mis hermanos y haya dado una "gran impresión" a mi madre, siendo tan falso como es él.
- Quiero que hablemos en privado - Espeté seriamente – No creas que por estar aquí y caerle bien a ellos vas a lograr algo conmigo, no te equivoques - Susurré con frialdad.
Inuyasha se puso serio, pero lo disimuló muy bien. Sólo noté que me susurró un "hablaremos después" y salió de mi cocina. Sé que su plan debería estar en marcha; pero no entiendo qué hace aquí, en mi casa, invadiendo nuestra privacidad.
Cuando salí dispuesta a llevarlos a la mesa a cenar, vi a mi madre bajar las escaleras. Noté que se sorprendió al ver a Inuyasha en casa, nuevamente. Su mirada se volvió suave y supe inmediatamente qué estaba pensando. Ella estaba pensando que él venía por mí o peor aún, que éramos pareja.
Después de una agradable cena (debo reconocer que fue agradable), acompañé a Inuyasha a la puerta. Ahí todas mis murallas se alzaron nuevamente.
- No voy agradecerte por haberlos acompañado hoy – Le dije mirando melancólicamente el cielo – además, no puedo aceptar tu presencia aquí - Espeté seriamente, luego bajé el volumen y dije tranquilamente – Lo nuestro es un trato, Inuyasha. Me pediste acercarme a él, y estoy cumpliendo - Señalé con calma. Sé que solté una bomba para él, pues inmediatamente refutó.
- Podemos cambiarlo, te ofrecí cambiarlo a cambio que seas mi pareja – Dijo con gran convicción - Ya no tendrías que fingir, y sólo estarías conmigo – dijo con ese aire que le rodeaba. Suspiré por enésima vez este día. Lo miré con cólera y sin pensar pregunté.
- ¿Tan rápido olvidaste a Kikyo? - E inmediatamente supe que había hecho una pregunta incorrecta. Él me miró con una frialdad abrasadora, me cogió fuertemente del brazo y me arrastró hasta su vehículo. Evité hacer ruido, pues no quería preocupar a nadie en casa. Subimos al carro y él arrancó a gran velocidad.
Me asusté.
Este idiota había reaccionado de mala manera a mis palabras. No sé qué quería o intentaba hacer, pero no quería averiguarlo. Haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad, puse mi mano sobre la de él y le dije, pese al miedo "para, Inuyasha". Y gracias a Dios escuchó mis palabras.
Un silencio incómodo se cernió sobre nosotros dos. No sé qué era lo que él esperaba, lo único que sabía es que él se había calmado. No fue hasta después de un momento, que lo escuché hablar; y cuando lo hizo, mi sangre se heló.
¿Qué puedes saber tú sobre ella, Kagome? - Y se quedó mirándome, con la mirada más fría que jamás le haya visto.
¡Espero que les guste el capítulo! a partir de ahora las cosas se pondrán más picantes,¡y la aparición de un nuevo personaje se develará en el siguiente episodio!
¿Me dejan un Review?
Nos vemos a la próxima.
