KAGOME POV
No sabía qué hacer. Inuyasha me tenía encerrada en su vehículo, esperando una respuesta. Traté de recordar como respirar, pues su presencia en ese momento imponía, cosa que no me gustaría aceptar. Entrecerré los ojos con algo de miedo y solo atiné a hacer algo que últimamente me estaba saliendo bien: actuar. Agaché la cabeza y estiré mi mano nuevamente sobre la suya, y pude notar su gran tensión, pero me hice la desentendida sobre ese asunto.
Levanté suavemente mi vista, y la posé sobre él. Estaba mortalmente serio, cosa antinatural en él. Comencé a estudiar su rostro. Los labios apretados. Los ojos medio entrecerrados y la mirada perdida en el horizonte. Si hubiera estado como siempre, lo hubiera golpeado por la estupidez anterior, pero estando así; nada podía hacer. Comencé a llorar. Era algo fingido, pero pensé en todas las cosas negativas que estaba guardando del mundo, y él sólo miraba. En un momento volví a levantar mi mirada sobre él y por fin me decidí a hablar.
- Conversé con Sesshomaru sobre ella - Le dije calmadamente - me le "declaré", pero como verás; no dijo nada, pero se molestó y decidió hablarme de ella - continué - me dijo que nos parecemos demasiado - y pude notar como él negaba con la cabeza, y me molesté - Vi una fotografía - Mencioné y él se quedó callado. El silencio se cernió sobre ambos, y no quise romperlo. Simplemente, quité el seguro de la puerta, y salí del vehículo. El lugar donde nos encontrábamos era un descampado, pero prefería cualquier clase de lugar, antes que seguir en el mismo lugar que "él". Probablemente me pida más respuestas, pero no estaba dispuesta a contarle todo. Eso fue una conversación de escape. El lugar era frío, y comencé a llorar nuevamente. Esta vez en serio. ¿Qué estaba haciendo? Dejándome llevar por un idiota, cuando antes no le hubiera dejado ni siquiera acercarse ni un centímetro a mí.
Él bajó del auto, pero no me interesó. De alguna manera, su presencia calmaba mi corazón, pues podía botar con él toda la ira retenida que tengo. Escuché el sonido de la puerta del auto, y supe que él había salido de ella. Suspiré. Creo que nunca conseguiría llegar al entendimiento con esta persona. ¿Qué podía ver en mí? Soy una persona poco sociable, pero cuando tengo amigos, los valoro y cuido bastante. Recuerdo a Sango, y sé que está en el club de teatro de la universidad. Creo que podría ser una opción de escape de todo.
Sigo perdida en mis pensamientos, con el frío abrasador de la noche; pero no me importa. Después de unos momentos, siento la presencia de alguien a mi lado. Obviamente es Inuyasha. Evito llamarle por su nombre, pues alguien como él no merece ser llamado de una manera cercana; y llamarlo por el nombre, sería permitir todas sus cosas.
Sentí algo sobre mis hombros, y pude notar que era el abrigo de este idiota. Claro, yo salí de casa sólo con un polo delgado, aunque de manga larga. Era obvio que tuviera frío. Lo siguiente que hizo me dejó más descolocada. Me abrazó. Pero no fue un abrazo posesivo, fue un abrazo suave que venía desde mi espalda. Quise golpearlo, decirle que se aleje, pero no pude. Mi estado emocional actual no me permitía estar a la defensiva. Lo siguiente que noté en él, fue que comenzó a hablar, de manera pausada.
Lo siento, Kagome – Dijo con voz baja – No me gusta hablar de ella, pues es una herida que no tengo cerrada – continuó con tristeza – Nos conocimos en la infancia, y crecí a su lado. Cada día era una aventura con ella. Tenía de amigo a Sesshomaru – Dijo con dificultad su nombre, luego continuó – nos hicimos grandes amigos los tres. Cuando entramos en secundaria, me di cuenta que ella me gustaba. Obviamente a él también – Escuché una risa totalmente falsa. Quise interrumpir, pero me hizo callar – ambos éramos los amigos enamorados de una misma chica, pero aunque las cosas se dieron así; preferimos dejar que ella elija con quién estar, y me eligió a mí.
Vino un silencio sobre nosotros, y pude notar que él por fin me había soltado, y estaba perdido en sus pensamientos. Detestaba estar en medio de esta situación, pues yo nunca me había enamorado, a lo mucho me había gustado alguien alguna vez, y era precisamente por esto que me costaba tanto entender su dolor.
Sesshomaru me la quitó – Dijo Inuyasha, después de salir de su ensoñación – Un buen día ella dejó de verme, y comenzó a alejarse de mí. Unos días después, terminó conmigo – Expresó con calma – Luego me enteré que era la novia de Sesshomaru, y ahí rompimos nuestra amistad. Habíamos dicho que dejaríamos que elija, pero él se metió en medio y me la arrebató y lo peor ¡Jamás se disculpó! – Gritó Inuyasha con desesperación. Pude notar como estaba él. Dolido. Luego continuó – Un mes después, supe que ella falleció. En un accidente, mientras estaba con él. No me dejaron ver el cadáver, pero ese día peleé con Sesshomaru de la peor manera. Su cara de frialdad no cambió en ningún momento ¿Cómo podía estar así? ¿Acaso no la amaba como yo? Me hice esas preguntas una y otra vez, y pasé días horribles después de ello. Luego decidí que lo haría pagar por todo, y aquí me tienes. En esto es lo que él me ha convertido – Terminó Inuyasha.
Me quedé callada, analizando toda la información brindada. Aquí había cosas que no cuadraban, pero de igual manera callé. Las palabras de Inuyasha me han hecho darme cuenta de algo, esa chica había ocultado algo. Las cosas no son perfectas siempre, y si de la nada había cambiado a ambos, era porque algo ocultaba. Según estas palabras ella no sintió culpa de cambiar a un amigo por otro, y eso me da la idea de que era una persona calculadora. Sumamente calculadora. Tendría que hablar con Sesshomaru. Lentamente tomé la mano de Inuyasha, y le dije que volviéramos.
Pude ver que en su mirada estaban las palabras "te quiero", pero era la primera ocasión que no había hecho ninguna clase de movimiento conmigo. El regreso a mi casa fue silencioso, y notaba como él me volteaba a ver después de unos segundos. No le hice mucho caso y me apoyé en la ventana, procurando darle la espalda.
Cuando estuvimos cerca de casa, él bajó más la velocidad del auto. Era sumamente sencillo leer a través de sus acciones. Rodé los ojos inconscientemente, y emití un sonoro bufido. Cuando llegamos, nos quedamos un momento en silencio. Aunque me moría de ganas por bajar del auto, me quedé, después de todo él me daba algo de dinero. Inuyasha acercó su mano a la mía y me preguntó:
- ¿De verdad no quieres nada conmigo? – Preguntó suavemente – No tendrías que fingir algo que no es, y así estarías conmigo – Finalizó. Yo me sentí mal, pues noté que era sincero. Sin embargo no podía negar todas las malas acciones que había hecho, pese a su gran ayuda. Rompí el contacto con él y sólo suspiré.
- No – Así de simple fue mi respuesta. Él se quedó mirando hacia adelante, y yo sólo le dije – No quiero nada con nadie, pero tú me has obligado a esto. ¿Cómo pretendes que tenga sentimientos por ti si me has tratado como una pieza de ajedrez este tiempo? – me solté el cinturón de seguridad, abrí la puerta y antes de salir le dije – No esperes nada de mí, no creo que llegues a gustarme nunca, y además ya hay alguien a quien quiero – Y salí, para entrar a mi casa.
Fue extraño, pero él no se fue hasta dentro de unos momentos, que escuché sonar su carro y marcharse. Una vez dentro, me atestaron de preguntas; no sólo mis hermanos, sino también mi madre. En esta ocasión tuve que mentirles a ellos también.
- Madre, lo siento – Dije "arrepentida" – Tuve que ir con él, pues debía rechazarlo – Mi madre me miró de manera extraña, entendí que quiso decir su mirada, así que suspiré y solté – Me gusta alguien más – Y subí corriendo a mi habitación.
No pude dormir bien esa noche, pues no era sólo la "mentira". De alguna manera, cuando lo dije, sentí un vuelco en el corazón y pensé en "él" No estaba bien. Nada de lo que hacía estaba bien, pues no puedo permitirme sentir nada por nadie, y menos en las circunstancias en que me encuentro. En un momento dado me puse a llorar.
Al día siguiente, me levanté temprano y decidí salir a caminar. Tenía reunión con Sesshomaru en la tarde de ese día, y tenía que prepararme mentalmente para ir a verlo. Preparé el desayuno, salí a correr en un parque cercano, volví a tomar mi desayuno y seguir mi rutina de lo más normal. Cuando llegó la tarde, supe que tendría que ir a casa de él.
No quería ir, pues mi mente se había convertido en una maraña de pensamientos inconsistentes que me decían que me dejara llevar, cosa que no estaba bien. No podía darme el lujo de enamorarme, menos con las circunstancias que tengo en este momento. Traté de alejar los pensamientos, y sólo me alisté, salí de casa y fui a la de él. Ya ni su nombre quería pensar. Sonreí.
Tomé el bus hasta su casa y noté algo. Alguien me seguía. Supuse que sería idea de Inuyasha por mis palabras anteriores, pero ya lo haría entender a la fuerza. Llegué, llamé a la puerta y me abrió su mayordomo.
- Buenos días señorita – Dijo con una reverencia y me sentí totalmente fuera de lugar. Luego sonreí y le pedí que me llevara con Sesshomaru. Él iba en silencio, pero pude entender que murmuraba algo por lo bajo "no es como ella". No sé qué querría decir, pero supongo que tenía que ver con la tal Kikyo.
No entiendo ese asunto, y está más enmarañado que mi propia mente. Pero tengo la certeza que sea lo que sea que hizo Sesshomaru, no era para dañar a Inuyasha. No entiendo mis ideas en ese asunto, y prefiero no querer averiguar más, ya que era suficiente lo que sabía desde mi posición. Cuando llegamos al estudio, no pude evitar sonrojarme ante la imagen delante de mí.
Era extraño ver a Sesshomaru con ropas totalmente comunes, ya que solía ir de manera casi "formal" a estudiar, así que verlo de esta manera le sentaba bien. Lo que no estaba bien, era el sonrojo de mi cara, que quise ocultar.
Después de lograr serenarme, me acerqué a él y lo saludé. Me miró discretamente y entendí que esperaba algo de mi parte; pero no le daría el gusto. Así que haciendo acopio de mi valentía y calma, simplemente le solté:
- Hay que comenzar a trabajar, no esperas que haga todo sola en tu casa, ¿no? – Y le dediqué una pequeña sonrisa. Noté que se destensaba ligeramente, asentía y me ofrecía asiento. Todo en silencio. Pude notar que mientras hablábamos sobre el proyecto, él parecía esperar algo más; pero yo no diría nada. Sus asuntos no me concernían después de todo.
Estuvimos conversando sobre el trabajo un par de horas, hasta que escuché el sonido de la puerta; y posteriormente entrar al mayordomo Yaken, si no me equivoco. Nos trajo unos aperitivos, y supe que era el momento de tomar un descanso.
La incomodidad volvió entre nosotros. No sabía qué palabras decir, qué comentar, pero no pareció importarnos a ambos. Sólo disfrutamos de la compañía del otro. Cuando íbamos a retomar nuestra labor, él decidió interrumpir.
- Acabemos por hoy – Dijo con calma – Tengo algo que decirte – Concluyó de manera categórica, que no daba lugar a reclamos. Me guió fuera de su sala de estudio, y me llevó fuera de la casa. Como supuse, tenía un bonito jardín y comenzamos a caminar en él.
Me sentía terriblemente nerviosa, y no era para más. Él lucía como siempre, pero a la vez había algo distinto. Traté de entenderlo, pero no supe qué era. Luego lo entendí. Teníamos las manos unidas. ¿Extraño? No me lo parecía en lo absoluto, pero no era nada común que estuviéramos así, pues sólo nos tomamos de las manos cuando me ayudó con el asunto de Inuyasha. Suspiré y me solté suavemente de su mano. No estaba bien esto. Yo soy partícipe de un "engaño", y no tengo permitido enamorarme de él, pues sé que después va a odiarme, así que traté de estar callada, después de soltarme de su agarre. Él lo notó, pero no dijo nada; sólo se tensó ligeramente.
Caminamos unos minutos más, hasta que llegamos a unas bancas en una parte alejada de su casa, y se sentó, posteriormente me invitó a sentarme a mí. Estuvimos en silencio, y después noté cómo miraba fijamente el suelo, como si fuera lo más importante.
- Tengo algo que decirte – Expresó con voz carente de emoción – Sé que quizá en asunto entre Inuyasha y yo sea desagradable, pero las cosas que él dice son ciertas – Expresó con calma. Yo me sentí burlada nuevamente, y me levanté indignada, pero su mano me hizo quedar quieta, cuando tomó la mía – Entiende que es la verdad que inventé sobre este asunto. Hay más cosas en todo esto, y muchas mentiras. Sin embargo, supongo que te habrás dado cuenta que era para su bienestar – Terminó. Luego me soltó. Suspiré, y en lugar de irme, permanecí parada unos momentos más, para posteriormente, volver a sentarme.
- Me vas a disculpar, pero sabes que no tengo nada que ver en esto – Expresé calmadamente – Entiende también que no es mi culpa la rivalidad u odio actual entre ustedes – Continué – él ha ido a mi casa – Expresé como quien no quiere la cosa. Lo sentí tensarse nuevamente, así que tomé su mano – Ustedes tienen cosas escondidas, y yo no soy nadie para buscar abrir viejas heridas, así que déjenme fuera – Lo tomé de la mano y lo comencé a jalar nuevamente a su casa. Estar a solas con él de esta manera, en la naturaleza, me ponía extraña. Y no quería más cosas en mi cabeza. Después una pregunta fue lanzada al aire y yo no la respondí "¿De verdad te gusto?" y me quedé totalmente callada, sopesando en mi interior. Me gustaba, claro que sí. Era el más inteligente, serio y frío. También sabía que no correspondería a mis sentimientos, pero me tenía sin problema ese asunto. Aunque he notado la manera en que me trata, y me gustaría pensar que podría quererme, pero sería totalmente extraño que comenzara a gustar de mí con tan poco tiempo conociéndonos. "Me agradas" escuché de repente de él y una alegría se arremolinó en mi interior. No hice más ese día y nos divertimos un poco, conversando de cosas banales; aunque parecía que la conversación era más por parte mía que de él.
Ese día fue muy gratificante para mí, y tendría que tener más cuidado con mis sentimientos, pues había un Inuyasha despechado en algún lugar, que podría arrebatarme mi momento de alegría junto a Sesshomaru, por sus tontos celos. Cuando llegó lunes nuevamente, me alisté como de costumbre. Cuando salí de casa, me encontré con algo que nunca me hubiera imaginado. Había un carro estacionado frente a mi puerta, y una persona parada delante de él apoyándose sobre este. No me lo esperaba.
Le sonreí, y me acerqué e ingresé al auto. ¿Cómo podría rechazar la amabilidad de Sesshomaru?
Llegamos a la Universidad, en completo silencio. A pesar de todo, sé que él amaba por completo la quietud, la calma; cosa que me había comenzado a agradar también. Estuvimos unos minutos más en el carro, callados; hasta que le dije: "vamos".
Salimos calmadamente, y fuimos al interior del establecimiento; y cuando estábamos más cerca, noté que mi mano era cogida. No había palabras de por medio. Entendí que me iba a ayudar con el asunto de Inuyasha, y me sentí feliz. Lo que no me gustó fue la mirada de toda el aula en nosotros dos; pero no me importó por primera vez.
Lo siguiente no pude verlo venir. Me había sentado junto a Sesshomaru, como ya se estaba haciendo costumbre; conversar con él, aunque sólo me escuchara. Y de un momento a otro, sentí que era abrazada por la espalda; y un pequeño susurro en mi oído. "Buenos días, Kagome", por parte de Inuyasha. Sentí mi sangre hervir.
Sin importarme nadie, jalé a Inuyasha fuera del aula, y lo regañé, de la manera más fea que pudiera. Él me miró altanero, cosa que me animó. Después me dijo calmadamente en un susurro bajo, pero que aun así comprendí: "El trato continúa, y por cierto; tu madre está mal". Y verlo ingresar al aula, con una sonrisa burlona, me hizo sentir el deseo que la tierra me tragara. Mi madre ¿mal?. Ingresé al aula sin importarme nada, ni mis compañeros, Inuyasha o el propio Sesshomaru. Yo estaba queriendo vivir una fantasía, y no podía permitirlo. Cuando cogí mis cosas y lo vi interrogante, sólo le dije "tengo problemas, nos vemos" y me fui. No jugaría más el juego de Inuyasha.
Llegué a casa después de hora y media, y noté cosas primordiales. Mis hermanos o estaban y mi madre tampoco. Cuando pregunté a algún vecino, me dijeron que se habían ido al hospital. Fui corriendo para allá, y me encontré a mis hermanos en el pasillo. Llorando. Los animé un poco, y decidí ingresar a la habitación donde se encontraba mamá, después de pedirle permiso a la enfermera.
Cuando iba a entrar, escuché la conversación.
- Señora su cáncer está avanzando – Explicó el médico – si bien se ha detectado en la primera etapa, es un cáncer agresivo, y está propagándose. Tenemos que comenzar los tratamientos lo antes posible – Indicó el doctor. Yo me quedé de piedra. ¿Otra vez dinero? – Usted sabe que el seguro que acaba de adquirir, sólo cubre los procedimientos, más no las medicinas. Espero que pueda conseguir el dinero, si no sus malestares van a seguir aumentando – Concluyó el médico. Me sentí morir. Necesitaba dinero y ya.
Comencé a pensar en cómo obtener dinero, así que una opción me quedó "el trato continúa", esas palabras resonaron en mi mente. Tendría que hacerme novia de Sesshomaru. Y lo haría pronto, ya que supongo que él vendrá a casa hoy. Cuando terminaron de atender a mi madre, decidí regresar a casa, y lo que encontré al llegar me dejó estupefacta. Sesshomaru estaba allí, esperándome con el coche aparcado a media cuadra de mi hogar. Lo miré con una muda petición que él entendió, y llevé a mi madre y hermanos a casa. Les dije que iría a comprar algo para preparar comida, y les pedí a mis hermanos que cuidaran de ella. Cuando iba a salir, escuché a mi madre diciéndome.
- ¿Él es el chico que te gusta, verdad? – Preguntó sin malicia, y yo me quedé de piedra. Ella se había dado cuenta de nuestro intercambio de miradas – No me gusta, prefiero a Inuyasha – concluyó. Me molesté, pero no dije nada y salí. A encontrarme con él.
Me acerqué con cautela a su auto, y noté que él parecía pensativo. No deseaba que supiera del mal de mi madre, pues eso me haría tener que dar muchas explicaciones; así que evité hacerlo. Subí en él y le sonreí. Él me miró más serio que de costumbre.
- ¿Por qué te fuiste así? – Preguntó seriamente, pero sólo se encontró de respuesta mi silencio. No sabía qué contestar. Sé perfectamente que él es muy directo, así que sólo me resigne a estar callada; pues si miento, descubrirá mi mentira – Me preocupé, ¿sabes? – Soltó sin más. Y yo sentí mi corazón encogerse.
Supe que este era mi momento, y sin pensar, volteé hacia él y le dije, "lo siento". Y lo besé. Lo besé suavemente, queriendo transmitirle mis sentimientos, que aún eran algo confusos. Él me correspondió. Estuvimos así unos momentos, hasta que él cortó el contacto con una pregunta.
- ¿Por qué lloras? – Y yo no pude evitarlo. Lo abracé con fuerza, y lo volví a besar. No me importaba nada más, y en este momento sólo éramos él y yo. No importaba el trato, Inuyasha o la enfermedad de mi madre; nada de eso me valía ahora. En estos momentos, lo único en lo que podía pensar, era que estaba a su lado y besando a Sesshomaru Taisho.
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- ¿Querida, de verdad vas a ir a verlo? – Preguntó un joven de cabellera oscura a una joven, que descansaba a su lado.
- Por supuesto – Expresó con frialdad – Ese imbécil me arrebató la oportunidad de hacerme rica – Expresó con cólera.
- No creo que sea buena idea aparecerte delante de él después de todo este tiempo, y sabiendo que estás "muerta" – Expresó con burla.
- No me interesa, tengo que verlo – Expresó levantándose suavemente – Después de todo, Inuyasha me pertenece – Terminó con altanería.
- No me hagas sentir celoso – expresó con falso tono – querida Kikyo.
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Espero que les guste el capítulo! Saludos y nos encontramos en la próxima.
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