Entre Sombras de Sospecha

Entre Sombras de Sospecha

Gundam Wing

Por Maryluz

Pairings: 1x2

Category: Shonen Ai, AU.

Raiting: PG-13.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.

Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.

-- Dialogo -

"Pensamientos "

Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

CAPITULO 4

Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

La lluvia seguía cayendo a torrenciales en toda la ciudad. Los rayos iluminaban por completo el cielo, como si algo en lo mas alto reaccionara a lo que estaba pasando abajo, en la tierra.

Todo en las oficinas del FBI parecía estar de cabeza; un rayo había dañado las instalaciones eléctricas quemando algunas computadoras, teléfonos y faxes. Por lo mismo no había luces y solo estaban funcionando con la planta de reserva, pero esa no les permitiría trabajar por demasiado tiempo. Las oficinas que cerraban por fuera con llaves eléctricas no estaban funcionando, tampoco las grabadoras o el equipo de interrogatorios.

No iba a poder hacer nada con el seminarista esa noche. Quizá solo obtener sus huellas digitales y mandarlas al laboratorio. Para sacarle sangre debería esperar, también para hacerle rendir su declaración... Incluso para mandarlo tras las rejas tendría que esperar.

Heero cerró de un portazo la puerta de su oficina y salió a toda prisa dejando a un par de agentes apostados en la puerta.

Quatre escuchó el portazo y giro su rostro solo para ver como Heero se alejaba a toda prisa del lugar. ¿Por qué estaba tan enojado? Había estado siguiendo todo lo que su jefe estaba haciendo, desde que encontró el cuerpo hasta que detuvo al sospechoso y le hizo ver que era el seminarista.

Pero no podía creerlo.

Colgó la llamada que había hecho desde su celular y se encamino hasta su casillero. Seguramente el seminarista había llegado tan empapado como había llegado Heero a las oficinas del FBI y no iba a permitir que se resfriara. Así que sacó una toalla y regreso sobre sus pasos hasta el lugar donde su jefe había metido al chico.

Los dos agentes que estaban franqueando la puerta saludaron a su compañero con una inclinación de cabeza y uno de ellos le abrió la puerta para que entrara. Quatre miro con sorpresa al seminarista, allí sentado, como si fuera un cachorro abandonado en medio de la nada. El seminarista estaba por completo empapado, temblaba de frío, mientras permanecía sentado frente a un escritorio, esposado a la espalda. Verlo tan frágil y desvalido le hizo sentir pena por él.

-- Lo lamento mucho señor cura – dijo Quatre acercándose a él. Duo levantó la vista topándose con un par de ojos aqua que ya conocía.

-- Oh no, yo aun no soy sacerdote, solo soy un seminarista – Quatre sonrió ante la declaración y con una toalla comenzó a secarle el cabello.

-- No puedo soltarle para que lo haga usted mismo, pero tratare de secarlo yo – dijo frotando de forma vigorosa el cabello de Duo para intentar secarle.

-- Gracias agente Winner – dijo el seminarista con voz apagada.

-- Dígame Quatre, joven seminarista – aclaro el agente. Duo elevo la cabeza para sonreírle y Quatre le correspondió con otra igual.

-- Háblame de tú, dime solo Duo – Quatre sonrió y asintió - ¿Qué piensan hacer conmigo? ¿Por qué estoy en el FBI y no en la policía? Aun que tampoco se porque he sido arrestado – cuestiono Duo. El agente Yuy no le había dicho nada, solo le leyó sus derechos y después se mantuvo callado todo el camino.

-- Nosotros somos agentes federales, no policías, por eso estas en las oficinas generales del FBI. Esta es la oficina de mi jefe – Duo abrió mucho los ojos por la sorpresa – Aun no se que procede, pero lo primero es rendir tu declaración. Después te dirán que sigue, espero. – dijo Quatre inclinándose un poco para secarle los brazos y la cara a Duo.

-- ¡Yo no soy un asesino! – dijo Duo elevando la voz un poco.

-- Y yo te creo...

El seminarista volteo a verle con la sorpresa reflejada en su rostro de nuevo. Quatre sintió pena otra vez por el joven esposado frente a él. Parecía agradecerle con la mirada por creer en su inocencia, pero para él, Duo Maxwell no era ningún asesino, es más, no lo creía capaz de matar a una mosca.

-- Agente Winner – dijo de forma lenta viendo fijamente los ojos color aqua del agente frente a el. Quatre espero de forma paciente a que Duo hablara – Quisiera saber si pudiera hacer una llamada.

-- Tiene el derecho a una – dijo Quatre de forma firme, Duo sonrió – pero cayó un rayo que nos arruinó la central eléctrica. En estos momentos estamos trabajando solo con una pequeña central, por eso ve un foco encendido y otro no – dijo señalando al techo – Los teléfonos no funcionan – aseguro. Duo bajó la cabeza con tristeza, por lo que no vio lo que el agente hacía – pero si me da el numero al que quiere llamar, yo le comunicare desde mi celular – Duo elevo la cabeza de nuevo y sonrió de forma luminosa.

-- Si. Muchísimas gracias Quatre – dijo Duo de forma verdaderamente agradecida.

Quatre marco el numero que el seminarista le estaba dictando y al escuchar la voz de un hombre que decía que había marcado al arzobispado y preguntaba con quien quería hablar. Duo le indico que preguntara por su eminencia Traize Khushrenada. Quatre hizo lo que el seminarista le pidió y una vez que escucho la gruesa voz de un hombre, le puso el teléfono en el oído para que atendiera.

-- ¡Eminencia!, soy Duo Maxwell – dijo de forma seca. Pudo ver como el joven seminarista se tensó al escuchar aquella voz. Si Duo había dicho eminencia, es que era un hombre de una alta jerarquía en el clero. ¿Quién sería? ¿El arzobispo? – Necesito al abogado del clero – dijo de forma baja alejándose un poco del auricular al escuchar un grito. Quatre pudo escuchar claramente aquella voz proveniente del interlocutor de Duo, parecía molesto.

-- ¡Que hiciste ahora Duo! – el grito se escucho tan claro, que parecía que el hombre estuviese en la habitación y no lejos de ellos.

-- ¡Nada!, ¡Le puedo jurar que no he hecho nada!. Todo es un mal entendido.

-- ¡Duo te lo advertí!. Te dije que la próxima vez que te vieras envuelto en un problema legal, sería la última. Estamos cansados de tus malos entendidos, de tus rebeldías. No tienes madera de sacerdote, lo mejor sería que...

-- ¡Espere! – dijo Duo algo alterado y un poco asustado – Se muy bien lo que me dijeron. Estoy advertido, pero en esta ocasión no he hecho nada.

-- Si no has hecho nada, ¿Por qué quieres al abogado del clero? – Duo volteo a ver a Quatre y este le respondió en voz baja.

-- Aun no te acusan de nada. Creo que te has adelantado.

-- Estoy en las oficias del FBI...

-- ¿Queee? – el gritó retumbo en toda la habitación, a pesar de haber sido lanzado a través del celular.

-- ¡No he hecho nada! – afirmo de nuevo – De echo aun no me acusan de nada. Solo necesito que me saquen de aquí, el padre Roberts necesita de mi ayuda. Aun tengo que terminar de reparar el techo de la iglesia y no hay quien atienda el comedor de los pobres. Por favor excelencia... ¡sáqueme de aquí!

-- Mira Duo. Voy a mandar al abogado a ver en que lío estas metido. Pero si este problema es grave... – Duo guardo silencio esperando la advertencia – Vete despidiendo del sacerdocio.

-- Si. Lo entiendo – dijo Duo de forma humilde – Gracias eminencia.

Quatre retiro el celular del oído de Duo. Al parecer el seminarista no era muy querido por el hombre con el que había hablado. Volteo esperando alguna explicación del seminarista y pudo ver como el de los ojos violetas estaba a punto de dársela... pero fue interrumpido.

-- Quatre – la fría voz de Heero les hizo sobresaltarse.

Tanto Duo como Quatre se quedaron observando al agente. Su tono autoritario le hizo temblar ¿O quizá era la ropa mojada? Ninguno de los dos se había dado cuenta de que había llegado y les tomó por sorpresa.

Heero les veía con el ceño fruncido, traía en sus manos una hoja en blanco y una caja que contenía una esponja con tinta, la misma que usaban cuando obtenían las huellas digitales. Yuy se acercó hasta el seminarista y le soltó una mano dejando la otra esposada al respaldo de la silla.

Heero no presto atención a la mirada violeta que le veía sin entender y que pareció temblar cuando su mano tomó la del seminarista para presionar sus dedos sobre la esponja empapada en tinta y la presionaba de forma ruda sobre la hoja en blanco.

-- Te saliste con la tuya Quatre – dijo Heero de forma molesta dejando la mano del seminarista sobre la mesa para ver al rubio de forma ruda – Prepáralo, vamos a trasladarlo. Por mientras voy a llevar estas huellas al laboratorio para que cuando regrese la luz, sea lo primero que procesen.

Quatre sonrió de forma complacida y asintió. Heero volvió a salir de la oficina a toda prisa dejando las llaves de las esposas para que Quatre soltara al seminarista.

-- ¿A dónde me van a trasladar? – Cuestionó Duo sin entender. Mientras Quatre lo desesposaba de la silla y le esposaba ambas manos a la espalda.

-- Vamos a un hotel – los ojos de Duo se abrieron en sorpresa al enterarse del lugar a donde iba a ser llevado, pero Quatre se dio prisa en aclararle – Las celdas del FBI son incomodas y sin luz son oscuras y frías. Así que convencí a nuestro superior de que debido a su condición de sacerdote – Duo iba a protestar, pero Quatre lo evito – Si, ya se que aun no es sacerdote, pero pertenece al clero. Así que nuestro jefe accedió a que sea arraigado en el hotel cerca de esta central. Allí será interrogado y todo lo que surja durante el proceso. Pero estará cómodo. Aun que custodiado por algunos de nuestros agentes.

-- ¿Por cuánto tiempo estaré arraigado?

-- Solo mientras se obtienen pruebas

-- ¿En mi contra?

-- O a su favor. Yo creo lo segundo. Solo puede estar encerrado 72 horas. Si no se encuentran pruebas saldrá libre en ese tiempo.

Duo medio sonrió al agente, mientras era trasladado esposado por toda las oficinas del FBI para ser llevado hasta el hotel donde permanecería arraigado.

-- El que nada debe, nada teme – murmuro Duo mientras caminaba con la cabeza en alto y Quatre sonrió al escucharle.

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

-- Capitán Broden – la voz de Heero resonó en todo el lugar al llamar al jefe de la policía. El hombre barbado se acercó al inspector con una carpeta en la mano.

-- Inspector Yuy, gusto en verlo – dijo el capitán saludando a Heero con una ligera inclinación de cabeza – Aquí tiene los datos que recabamos sobre la ultima victima – dijo tendiéndole la carpeta a Heero – El cuerpo es de uno de los vagabundos que frecuenta la iglesia del padre Roberts. El cuerpo fue enviado a la morque, pero por lo que pudimos ver, murió de la misma forma. Tenía un par de orificios en el cuello y el color del cuerpo era igual al anterior. Además tenía la misma expresión de horror – Heero cabeceo en acuerdo con el capitán.

-- ¿Recopilaron la sangre a la entrada del callejón? – pregunto el inspector. El capitán asintió con la cabeza.

-- En estos momentos esta en el laboratorio. Tal como lo pidió, vamos a obtener las pruebas de ADN y las compararemos con las que usted nos mande.

-- Muy bien capitán, le agradezco su cooperación.

-- Usted es el único testigo de lo que pasó en aquel callejón. ¿Esta seguro de que era el seminarista? – Pregunto el capitán con duda. Heero le vio de forma fija. ¿Estaba realmente seguro de que el asesino era el seminarista Duo Maxwell?

¡Si!, Mil veces si.

-- Lo es – aseguro de forma firme – y las pruebas lo comprobaran.

-- Esta bien. Por lo menos ha atrapado usted a su asesino, debo felicitarlo por ello.

-- No. No es necesario que lo haga.

Broden solo sonrió en respuesta, mientras Heero se dio la vuelta para ir al hotel. Le urgía leer la declaración del seminarista, tenía que coincidir con lo que él había vivido, a menos que mintiera, que seguramente es lo que haría de ser culpable...

Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

Quatre esperó dentro del cuarto que siempre les asignaban a los arraigados en aquel hotel. Las ventanas contaban con barrotes para evitar que los sospechosos escaparan. El cuarto era sencillo, contaba con un baño con regadera, una cama individual, un pequeño peinador con espejo, un par de sillas, dos cajoneras que servían como buró y un escritorio con silla casi a la entrada del cuarto. No había lámparas, cepillos o algo que pudiera ser usado como arma.

Duo se había cambiado con la ropa que el rubio le había facilitado. Quatre solo esperaba que Heero no se fuese a enojar cuando descubriera que había forzado la cerradura de su locker y sacado su ropa para prestársela a quien él consideraba el asesino en serie que andaba buscando. No podía prestarle la suya porque el seminarista era más alto que él, seguramente los pantalones le quedarían arriba del tobillo y las mangas de la camisa le quedarían cortas. Pero en cambio, la ropa de Heero le quedaba como si hubiese sido mandada a hacer.

Ahora esperaba de forma paciente a que Duo terminara de dar su declaración. Aun faltaba que el agente encargado del caso, es decir Heero, regresara. Hacía pocos minutos le había avisado que ya iba hacía el hotel que no se moviera de allí porque tenía una tarea para él.

La persona que mecanografiaba la declaración de Duo se la tendió para que la leyera y la firmara, una vez que lo hubo hecho se marcho sin decirle más, se inclino brevemente frente a Quatre, después salió cerrando por fuera.

-- Aun no se porque estoy detenido – dijo Duo de pronto tomando asiento en el colchón de la cama viendo al rubio con una enorme sonrisa - ¿Qué fue lo que hice? ¿O fue algo que hice en el pasado? – dijo cambiando su expresiva sonrisa por una más seria - ¿Paso algo?

Quatre se quedo observándolo por un momento metiendo las manos a la bolsa del pantalón. El seminarista había narrado lo ocurrido y no cabía duda que había sido una gran casualidad que Duo se encontrara en el lugar en el que Heero había acorralado al sospechoso. Realmente una enorme casualidad...

-- Se encontró otro muerto cerca del callejón de la iglesia – dijo Quatre de forma seria. Duo se paro de golpe.

-- ¿Quién era? ¿A quien han matado esta vez? – dijo de forma alterada.

-- No se si ya fue identificado, Heero debe tener esa información.

-- ¿Y me acusan a mi por eso? – Quatre solo asintió - ¿Por qué? ¿Yo que tengo que ver?

-- Heero iba persiguiendo al asesino y lo cercó en el callejón en el que se encontraba usted – dijo Quatre olvidando que Duo le había pedido que le hablara de tu – Por eso esta aquí.

-- Por eso me gritó asesino – murmuro Duo bajando la vista y sentándose de nuevo en la cama – Por eso me trato de esa forma, me esposo y reviso... – dijo sonrojándose notablemente cuando recordó como las manos calientes del agente habían recorrido su cuerpo sin pudor alguno.

La puerta de la habitación se abrió en ese momento haciendo que Quatre se girara y Duo elevara la vista solo para toparse con los ojos cobalto del inspector Yuy. Heero le hizo una seña a Quatre para que saliera y este solo asintió en acuerdo. Vio por última vez a Duo en la cama viendo detenidamente los ojos cobalto de su jefe e incrementando su sonrojo. ¿Qué había pasado entre ellos para que Heero se comportara de esa forma con él? ¿Sería esa noche? No. Había sido antes, justo en el momento en el que Heero le había visto en la iglesia, en ese momento comenzó a comportarse hostil y más frío que nunca, acusándole incluso desde ese momento de algo de lo que no estaba seguro.

Salió de la habitación y vio a su jefe del otro lado del pasillo. Dos agentes custodiaban la puerta donde estaba encerrado el seminarista, no había forma de que escapara. Caminó hasta Heero quien estaba fumando y veía por la ventana del pasillo de forma distraída. Seguía lloviendo afuera.

-- Necesito que vayas a la morgue – dijo de repente volteando a verle. Quatre abrió los ojos de forma enorme.

-- ¿Morgue? – Heero clavo sus ojos cobalto en los aqua de forma amenazante.

-- No me salgas con tonterías ahora. Ya te dije que si no tienes estomago para esto que te busques otro trabajo – dijo de forma molesta – Pero mientras sigas trabajando bajo mis ordenes, vas a hacer lo que yo te pida y vas a ir a la morgue y obtendrás los resultado de la autopsia del 4º cuerpo. Si mi intuición sobre Trowa Barton no me falla, él hará un comparativo como el que nos llevó esta mañana. Ayúdale a elaborarlo, quiero que cuando salgas rumbo a St. George ya lleves contigo esos resultados perfectamente organizados.

-- ¿St. George? – cuestiono Quatre sin entender.

-- Si. Vas a ir a St. George y obtén estos datos – dijo tendiéndole una hoja húmeda con ciertos datos que debería corroborar – Seguramente regresaras hasta mañana, pero háblame al celular una vez hayas obtenido el informe de la autopsia y los datos de St. George.

-- Esta bien – dijo Quatre de forma resignada. Por lo visto esa noche no le iba a tocar dormir, pero se sentía contento de poder pasar un poco más de tiempo con el forense, aun que fuera viendo los datos de otro muerto – Solo pasare a despedirme y enseguida me marcho – dijo el rubio caminando hasta la habitación donde los agentes custodiaban al sospechoso. Heero caminó detrás de él.

Cuando Quatre abrió la puerta, Duo seguía sentado en la cama viendo al piso y levanto la mirada topándose de lleno con la cobalto que estaba a sus espaldas sonrojándose de inmediato. Eso era algo que averiguaría después.

-- Me despido Duo, tengo que ir a trabajar – Duo se paró a la carrera con cierto temor en la mirada. Por un momento sintió que estaba dejando a un niño abandonado al cuidado de un extraño. Pero Duo no se quedaría con un extraño, se quedaría con su jefe. ¿Sería de eso de lo que tenía miedo?

-- ¿Él va a quedarse? – apuntó el seminarista al agente Yuy que dejaba una serie de documentos sobre el escritorio y se sentaba en la silla frente a ellos.

-- Creo que si – dijo sonriendo de forma serena. Duo pareció soltar un pequeño juramento. No sabía que los aspirantes al sacerdocio pudieran decir palabrotas, quizá era por eso que su eminencia le había llamado rebelde – No te preocupes, Heero no te hará daño. Y si acaso se pone rudo, afuera hay un par de agentes que pueden defenderte – dijo soltando una pequeña carcajada. Duo solo sonrió un poco, pero aquella mirada cobalto fija en él le silenció de golpe.

-- Vete de una vez Quatre – ordenó su jefe de forma ruda. Quatre se giro para verle.

-- Por cierto. Duo ya hizo su llamada, quizá nos veamos en problemas con el clero si no haz hecho una acusación formal en su contra – La mirada de Heero centelló por la advertencia del rubio.

-- ¿Cómo fue que hizo esa llamada si la central telefónica de las oficinas no estaba funcionando? – Quatre se sonrojo ante la pregunta de sus superior y el ojo azul supo de inmediato la respuesta - ¿Por qué haces cosas tan estúpidas Quatre? El que le hayas facilitado tu celular nos ha quitado un tiempo valioso para obtener pruebas en su contra.

-- Pero él no es culpable – dijo el rubio apuntando a Duo que estaba sentado en la cama viendo la discusión – Y si tu creyeras que realmente lo es, no estarías aquí ni pensarías en pasar toda la noche en este cuarto encerrado con él.

La mirada azul cobalto y la mirada violeta dijeron más que mil palabras. Ambas se abrieron en sorpresa al escuchar la declaración del rubio y Quatre lo supo de inmediato. Vio primero la mirada de su jefe, inquisitiva y fría, asombrarse por un instante para casi de inmediato regresar a su forma normal. Giro el rostro para ver la mirada violeta y se topo con la misma mirada asombrada fija en la de su jefe. Pero por el contrario a la de Heero, la del seminarista seguía asombrada y un visible sonrojo pintaba las blancas mejillas del joven.

-- Llámame cuando tengas los datos que te pedí – dijo Heero clavando su vista en los documentos que tenía frente a sí, mientras sacaba un cigarro de su saco y lo encendía.

Levanto la vista al escuchar el portazo que su subordinado dio al salir, después giro la vista hasta el chico que aun se encontraba sentado en la cama, observándole como si no viera nada. Su mirada perdida en él podría haberlo puesto nervioso, pero él no se dejaba intimidar de esa forma. De todas maneras, no parecía quererle perturbar, solo estaba allí y no estaba. Así que solo se limitaría a revisar la copia de la declaración del seminarista y la compararía con su experiencia. Algo debería encontrar.

Pero concentrarse en algo teniendo al seminarista tan cerca, oliendo ese perfume que parecía embriagarle y recordando a cada segundo aquel incidente en el que sus manos habían tocado la tersura de su piel, palpado esa calidez y sentido que todo eso se sentía tan bien...

"Maldición" – se dijo de forma molesta apagando casi de golpe el cigarro que apenas acababa de encender. Ni siquiera debería estar allí, con él, encerrado entre cuatro paredes con las ventanas aseguradas y la puerta cerrada y custodiada por fuera – "Necesito distraerme" – se dijo sacudiendo la cabeza de forma fuerte para encender otro cigarro y colocarlo entre sus labios, tratando de poner atención a lo que leía para dejar de estar pensando tonterías.

Sin embargo, sintió un toque cálido sobre su labio inferior haciéndole voltear hacía arriba con sorpresa solo para toparse con aquel rostro angelical sonriéndole de forma serena mientras apagaba el nuevo cigarro que había encendido.

-- ¿Pero que?... – trato de cuestionar, pero fue interrumpido.

-- Quizá aquí no tengamos santos – dijo sin borrara su sonrisa abanicando con la mano el humo que el cigarro había dejado – pero esta todo cerrado. No hay nada de ventilación y el humo me molesta un poco. ¿Sería demasiado pedir que no fumara aquí dentro?

Heero frunció el ceño con molesta, no tanto porque le enojara que el joven seminarista le hubiese retirado el cigarro de los labios, sino, porque de nuevo le había sorprendido con la guardia baja. Se había acercado de forma silenciosa, quizá le ayudaba que estaba descalzo y caminó sobre la alfombra, pero él se vanagloriaba de su poder de observación y su magnifico oído, jamás nadie podía sorprenderle. Y de buenas a primera aparece alguien que vence sus barreras sin ni siquiera proponérselo.

"Maldición" – repitió su cabeza de forma molesta haciendo que se parara de la silla en la que estaba para ver al seminarista a su misma altura. No le gustaba ver a nadie desde abajo porque eso limitaba su autoridad.

-- ¿Esto lo hace apropósito? – cuestiono el agente de forma fría haciendo que la sonrisa de Duo desapareciera de golpe.

-- ¿Qué cosa? – Heero se separó del escritorio caminando de forma lenta hacía el seminarista haciendo que este retrocediera ante cada paso que daba.

-- Acercarse de forma sigilosa hasta mí para arrebatarme de los labios mi último cigarro – dijo deteniéndose y cruzando los brazos – Porque no es la primera vez que lo hace y quiero saber si lo esta haciendo a postas.

-- ¡No!, es solo que me molesta el humo. Y si usted quiere morir de cáncer, yo no – dijo de forma algo cómica. Parecería que quería hacerse el gracioso con él, pero era algo que no iba a lograr. Tenía que poner barreras entre él y el sospechoso, porque no se debía intimar con ellos; esa era una de las reglas del FBI y él las cumplía al pie de la regla.

-- De algo tenemos que morir – dijo Heero de forma desinteresada elevando los hombros sin darle importancia al asunto.

-- ¡Claro!, lo único que tenemos seguro es la muerte, ¿No? – dijo de forma sarcástica el seminarista - Pero si he de morir, que no sea por culpa de alguien más.

Heero frunció el ceño. ¿Qué tenía esta persona que siempre le sorprendía? De nueva cuenta le estaba regañando y sabía que tenía la razón. De echo él no solía fumar tanto, pero por alguna extraña circunstancia tener tan cerca de si a esa persona le hacía sentirse nervioso y descontrolado y con lo único que podía relajarse un poco era fumando.

Y ahora ya no tenía su distracción...

-- Quiere morir de viejo, sentado en una mecedora y rodeado de sus seres queridos – afirmo Heero tratando de sonar irónico, ya que si el seminarista resultaba culpable sería sentenciado a muerte y terminaría más rápido de lo que tarda un enfermo de cáncer en morir.

Pero Duo no pareció entenderlo así, ya que sonrió de forma amplia y retrocedió sin darle la espalda hasta que llegó a la cama y se sentó. Heero permaneció observándole, sin descruzar los brazos, no sabía porque el ver aquella sonrisa en ese rostro blanco le gustaba tanto.

-- No he pensado en la muerte – dijo Duo sacando al agente Yuy de sus pensamientos – no me agrada pensar en ella, ya que yo soy huérfano. Me contaron que mis padres murieron en un accidente cuando yo era un bebe. Supongo que ellos tenían muchos planes, quizá verme crecer, casarme y tener hijos. Es el sueño de todo padre. Yo por eso no pienso en el mañana.

Heero se recargo en el borde del escritorio escuchando lo que el seminarista contaba. Quizá en aquel relato, pudiera descubrir algo que pudiera ayudarle a su investigación.

-- Yo creo en el presente, en el ahora y el aquí. El mañana es cada segundo, cada acción y cada palabra. Así que el mañana no existe porque es hoy demasiado pronto – Duo sonrió de nuevo viendo al agente - ¿Soy demasiado complicado?

-- Si – respondió Heero de forma sincera - ¿Por qué estudia para sacerdote si no parece tener vocación para ello? – Las cejas de Duo se alzaron en sorpresa al escucharle.

-- Porque quiero ayudar a la gente como ellos me ayudaron a mi. Es decir, como los sacerdotes me ayudaron a mi, ya que fui criado por ellos.

-- Salió de un orfanato donde le cuidaban sacerdotes para entrar al seminario donde hay más sacerdotes – Duo asintió – Es decir, que usted creyó que lo más lógico sería ser uno de ellos al salir del orfanato – Duo solo abrió los ojos de forma sorprendida - ¿No probo otra cosa? Ser maestro, ¿quizá?. ¿Doctor?, ¿Psicólogo?, ¿Chef?. Con cualquiera de esas profesiones también pudo haber ayudado a la gente.

-- Me gusta el sacerdocio – dijo Duo apretando los dientes.

-- ¿Cómo le gustan las manzanas o las galletas?

-- ¿Qué me esta queriendo usted decir con eso? –

-- Nada que usted no sepa ya – dijo Heero clavando su mirada cobalto en la violeta que parecía verle con enojo – Usted no esta en el seminario por vocación propia, sino, por una heredada.

-- ¿Qué? – dijo Duo poniéndose de pie – Usted no me conoce como para evaluarme de esa forma. Usted no sabe nada de mi. Si hasta piensa que soy un asesino, que podría esperar de usted.

-- Se lo suficiente

-- Y según usted ¿Qué es lo suficiente?

-- No es algo que le vaya a decir, así que puede enojarse, patalear o gritar todo lo que quiera. No voy a decirle nada que pueda ser utilizado en mi contra y si sabe lo que le conviene, usted debería hacer lo mismo.

-- ¡Haaaaaa! – gritó Duo de forma desesperada – le aseguro que a veces usted me parece insoportable. Y yo soy de esas pocas personas que no juzgan a la ligera, ni me enojo con facilidad y usted casi, casi, me hace enojar.

-- ¿Y qué hace cuando alguien le enoja? ¿Los golpea, o solo los regaña de forma fuerte? – pregunto Heero aun recargado en el escritorio.

Podía ver cada reacción del joven seminarista, cada movimiento y gesto, su aroma se empeñaba en impregnar la habitación del hotel en el que estaban. Por lo menos mientras estaba fumando el aroma del tabaco sobresalía sobre ese perfume embriagante que se desprendía del cabello húmedo del joven frente a él. No podía despegar la vista de aquel cuerpo magnifico dibujado a través de la tela de aquellos pantalones – que le resultaban sumamente conocidos – y aquella fina camisa negra. Esos ojos violetas lo tenían sumido en una especie de hechizo ya que ni siquiera lograba recordar que estaba haciendo allí, con él, ambos encerrados en una habitación de hotel, a solas. Era un oficial del FBI, pero también era humano y la tentación que tenía frente a sí era mucha.

-- Ninguna de las dos, solo cuento hasta 10, hasta 100 y si es necesario hasta un millón – lo último que dijo el seminarista no le sacó de aquel hechizo, solo le hizo mostrar una mueca en forma de sonrisa.

-- ¿Entonces no se enoja nunca? – dijo el agente separándose del escritorio y acercándose al seminarista de forma lenta. Duo no se movió de su lugar, solo apretó los puños, parecía estar dispuesto a comprobarle que no mentía.

-- Yo no me enojo tan fácilmente – aseguró siguiendo cada movimiento del agente frente a él sin moverse.

-- ¿Esta seguro que no lo hace? – volvió a cuestionar Heero cada vez más cerca del joven.

-- Totalmente seguro, nada me hace enojar – volvió a asegurar viendo a Heero detenerse frente a él, a solo unos centímetros de distancia suya.

-- No creo que sea tan impasible – aseguro el agente metiendo ambas manos a la bolsa del pantalón. Pero Duo pareció molestarse por tal afirmación, así que frunció el ceño y elevando la voz gritó.

-- ¡Yo jamás miento! – dijo acercándose inconscientemente al agente, solo para dejarle bien claro lo que decía.

-- Entonces tendré que comprobarlo – dijo Heero sacando ambas manos de las bolsas.

-- Cuando usted qui...

Los labios del agente Yuy se posaron de forma sorpresiva sobre los del seminarista haciéndole callar abruptamente. Los brazos de Heero se cerraron sobre su cuerpo apresando sus brazos con los suyos de modo que no pudiera moverse. Sus ojos se cerraron por instinto, lo que no le permitió ver la sorpresa que los ojos, enormemente abiertos, del seminarista mostraban.

Aquella necesidad que había surgido en él de probar aquellos labios, al sentirse como en un hechizo, le había llevado a hacer lo que estaba haciendo - más que comprobar la teoría sobre el enojo- Sentir ese sabor en su boca, esa suavidad, le hacía sentirse embriagado, como si hubiese bebido demasiado, ahora estaba borracho de un sabor dulce que se empeñaba en llenar por completo sus sentidos, sentidos que siempre mantenía controlados pero que en esta ocasión estaban fuera de si.

Al sentir esos labios entre los suyos fue como si un rayo tocara su piel porque todo su cuerpo se sacudió. Jamás había sentido algo como eso. Apretó más el cuerpo de Duo al suyo al sentirlo forcejear con él. Pero no quería soltarlo, no quería que esa calidez se alejara de él. El seminarista podía luchar todo lo que quisiera, pero no lo dejaría escapar, no esta vez.

Comenzó a sentir su piel y la sangre ardiendo, mientras algo en su entrepierna comenzó a despertar. Entonces tuvo conciencia de lo que estaba haciendo y sabía que era malo, muy malo.

Se separó bruscamente de los labios del seminarista que al verse libre de aquel abrazo de hierro se dejo caer de forma pesada sobre la cama, bajando la cabeza y levantando su mano hasta tocar sus labios con dos dedos. Él se sintió, por primera vez, perturbado, hasta algo asustado. Jamás había dejado que sus deseos salieran a flote. Siempre mantenía bajo control todo, desde sus sentidos hasta su cuerpo. Y ahora, de nuevo, este chico venía a echar por tierra todas sus defensas y mostrarlo tan vulnerable como en realidad era.

Se giro de llenó saliendo de la habitación sin decir nada dando un portazo.

Si era verdad que existían los vampiros, seguramente el seminarista Maxwell era uno de ellos, ya que aquellos ojos violetas eran los que le habían hechizado con tan solo verlos.

Y aun seguía presa de ellos...

Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

Continuara....

N/A: Me operan la mano izquierda, lo que me obliga a estar separada de la computadora por espacio de unos 20 dias, así que hasta entonces tendran el siguiente capitulo. Ho, yo se que puedo usar solo la mano derecha, pero me desespero muy rápido al no poder usar ambas manos. Hasta entonces!