Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
CAPITULO 5
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Trowa miraba con atención las heridas del cuerpo que aun tenía en la plancha mientras grababa sus observaciones para posteriormente hacer su reporte. Pero según observaba, todo parecía ser igual a las anteriores. Los dos orificios en el cuello, el color azulado que tomaba al entrar en rigus mortis. No había señales de violencia, solo esa mirada de horror cristalizada en aquellos ojos, igual a la de las anteriores victimas. ¿Qué había causado sus muertes? ¿Qué?
¿Un vampiro?
¡Imposible!
Era un hombre de ciencia, solo creía en lo que veía, en eso el agente Yuy y él se parecían. Ojalá él pudiera tener la capacidad de asombro que tenía ese otro agente rubio. Ese chico le hacía sentir extraño, especial cuando se sentía observado por aquellos ojos color aqua tan transparentes y puros.
Al agente Winner le asustaban los muertos, tan solo al recordarlo en su rostro se dibujo una diminuta sonrisa. Esa visita nocturna aun la llevaba grabada en la memoria y sonreía para si mismo cada vez que la recordaba.
-- ¡Buenas noches!
Recibir visitas a esa hora de la noche no era algo común. Solo llegaban clientes, pero estas siempre iban acompañados de las sirenas de las ambulancias forenses y como no había escuchado ninguna, no podía ser uno de ellos. Así que se dio prisa en apagar la grabadora y salir del cuarto frío para retirarse el cubre bocas y el delantal. Cuando entro al anfiteatro vio justo en medio del lugar a la última persona que esperaba ver.
-- ¿Agente Winner? – cuestiono más para si mismo que haciéndole una pregunta al recién llegado. Necesitaba asegurarse que lo que estaba viendo no era algún espejismo. Después de todo, sus únicos compañeros eran los muertos y estos no hablaban.
-- Ho... Hola – dijo el rubio de forma nerviosa acercándose hasta el atractivo forense que se había quedado parado en el marco de la puerta solo observándolo – yo... yo no...
-- ¿Quiere hablar afuera? Se que este lugar le resulta incomodo – dijo caminando hasta Quatre. Quatre bajo la mirada sintiéndose ruborizar. ¿Por qué se sentía tan avergonzado? ¿O sería acaso el miedo que aquel lugar le daba?
-- Por favor – dijo Quatre de forma queda – solo he venido por la autopsia de la última victima y... y... – dijo volteando a ver al forense que le observaba de forma detenida – Mi jefe me ha pedido le comente si puede relacionar este última muerte a las anteriores como en el reporte que le llevó esta mañana.
-- Claro – dijo Trowa de forma seca caminando dentro de una de las oficinas, sintiéndose algo desilusionado de verdadero motivo por el que se había presentado a su lugar de trabajo. ¿Pero que esperaba?, ese era su trabajo ¿no?. - ¿Gusta acompañarme? Aun no lo escribo, pero no me tardare mucho, solo unos cuantos minutos. La vedad es que todo es tan parecido al anterior, que solo e de cambiar pocos datos.
Quatre guardo silencio siguiendo al medico. Era un lugar muy reducido, así que estaba aun más conciente de su aroma. Lo vio colocarse detrás del pequeño escritorio, mientras él se sentó frente a él. Un ligero escalofrío le recorrió el cuerpo haciéndolo estremecer. No le gustaba nada estar en ese lugar. Traía puesto el traje, pero aun así sentía frío.
-- Este es el cuarto más frío – dijo Trowa al percatarse que el agente estaba temblando. Se paro hasta él de forma silenciosa - siento mucho tenerlo aquí – Y entonces Quatre sintió algo tibio sobre sus hombros y se sobresalto al levantar la vista y toparse con aquella mirada esmeralda tan cerca suya haciéndole sonrojar. El forense había colocado sobre su cuerpo una pequeña manta que ahora le protegía del frío.
-- No... n... no se preocupe – dijo Quatre bajando la vista. Ver aquella mirada fija en él le hacía sonrojar haciéndole sentir un ligero calor en todo el cuerpo y sabía muy bien que no era producto de la manta.
Trowa retrocedió sintiéndose perturbado, de pronto se sintió acalorado, a pesar de no estar usando ropa más abrigadora y estar en un lugar muy frío. Regreso de forma silenciosa a su lugar, no sabía porque el estar tan cerca del rubio le hacía sentirse nervioso, lo único que sabía es que la sola mirada a esos ojos color aqua le hacía estremecer. Había pasado unas pocas horas junto a él y cada vez le parecían menos y necesitaba de más. Unos cuantos momentos platicando en la morgue o durante el almuerzo ya no le eran suficientes. Pero no era ahora cuando debía averiguar que le pasaba, lo primero era terminar el trabajo, después, ya vería como saber que le ocurría junto al agente y porque no lograba sacárselo de la cabeza.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
La oscuridad aun reinaba afuera, la lluvia había cesado y ahora solo relampagueaba a lo lejos. Los ojos cobalto de Heero veían de forma desinteresada el exterior, pero sus pensamientos estaban muy lejos de allí.
¿Qué había hecho?
¿Por qué se había atrevido a besar a una persona que se ordenaría de sacerdote en poco tiempo? ¿Qué pretendía probar con eso?
Él, que siempre se vanagloriaba de tener sus propios sentimientos y reacciones bajo control. Él, que jamás actuaba dejándose llevar por sus impulsos. Él, que siempre tenía todo calculado. Ahora todo se le había ido de las manos, robándole a esa persona un beso.
¿Pero por que?
¿A caso su subconsciente había actuado por su cuenta orillándole a hacer lo que hizo? ¿O era acaso que ese joven seminarista le atraía un tanto?
-- ¡Maldición! – dijo golpeando fuertemente el vidrió de la ventana del pasillo, haciendo que los agentes que custodiaban la puerta del cuarto donde estaba Duo voltearan a verle.
Pero Heero ni siquiera volteo a verles. Estaba preocupado por sus propias reacciones. Desde que había conocido a ese seminarista había tratado de levantar una pared de frialdad entre ellos, pero por alguna razón, el chico parecía saber como romperla y abrirse paso para llegar hasta él. No sabía que hacer, ni como seguir con el caso de forma imparcial. Se estaba dejando influenciar y no debía involucrarse. Tenía que terminar con eso ¡ya!.
La llamada de su celular le saco de sus pensamientos. Quatre le hablaba en el mejor de los momentos, así por lo menos ocuparía su cabeza en trabajo y no en el Seminarista Maxwell.
-- Habla Heero Yuy – contesto de forma seca, su voz sonaba tan normal como siempre, sería imposible que alguien tan siquiera imaginara por todo lo que estaba pasando en ese momento – Esta bien Quatre, en cuanto te sea posible llámame con los resultados de las medidas que te pedí.
Ya lo sabía. Lo que Quatre le dijo por teléfono solo confirmó lo que ya sospechaba. Aquella persona, es decir, Duo Maxwell, había acabado con la vida de otro de los vagabundos de la iglesia – alguien apodado "La hormiga" – según le informó la policía. Ya mañana averiguaría todo su historial policiaco y el personal podría obtenerlo yendo de nuevo a la iglesia a hablar con sus compañeros.
Trowa Barton iba a enviarle por correo el reporte de la autopsia a su cuenta, para que pudiera revisarlo una vez que tuviera tiempo y no esperara a Quatre. Pero quizá sería más sencillo esperar al rubio que ir hasta su oficina a revisar los datos. Aun le faltaba revisar la declaración del seminarista, esperar a la gente del laboratorio para que le tomaran las muestras de sangre y hacerle las pruebas necesarias para comprobar su culpabilidad.
-- Agente – dijo Heero parándose frente a uno de los hombres que custodiaba aquella puerta – entre y sáqueme la declaración del sospechoso. Debe estar arriba de todos los papales. También asegúrese de que el sospechoso este bien.
El agente solo cabeceo en acuerdo. A nadie le parecería sospechoso que preguntara por el estado del sospechoso. No sería ni el primero ni el último en intentar quitarse la vida con algo que pudiese usar como cuerda (agujetas de loa zapatos, un trozo de tela, corbata, calcetines, etc). Así que era común que cada ciertos minutos alguien se encargara de revisar que todo estuviese en orden.
Heero regreso hasta la ventana del pasillo esperando a que el agente llegara con aquello que le pidió. No espero mucho, el reflejo del hombre saliendo de la habitación se dibujo sobre el cristal mientras un nuevo relámpago iluminaba afuera.
-- El seminarista esta rezando ahora mismo agente Yuy. No he querido interrumpirle ya que rezaba de una forma muy ferviente. Entre y salí sin que se diera cuenta de mi presencia – dijo el hombre tendiéndole varios documentos a Heero.
- Esta bien – dijo Heero tomando los documentos y cabeceando en acuerdo cuando el hombre saludo con la mano para regresar a su lugar frente a la puerta de Duo.
Heero se sentó en las escaleras que conducían al piso de abajo con los papeles en las rodillas. No había una buena luz en ese lugar, pero tampoco estaba muy interesado en leer la declaración del seminarista. Había mejores formas de comprobar su culpabilidad que leyendo una declaración que bien podría ser falsa. Solo él sabía que había pasado y estaba seguro que el asesino era él, él y nadie más.
Había escuchado que el chico estaba rezando. Por un momento creyó que el agente saldría diciendo que estaba llorando, o quizá aun sentado en la cama viendo a la nada. Pero no había de que extrañarse, al fin y al cabo, los católicos espiran sus culpas rezando. La cuestión aquí era ¿Cuál era esa culpa? ¿Rezaba por todas las muertes que había causado? Cómo si rezando se le fuesen a perdonar semejantes crímenes. O, ¿Por qué diablos estaba rezando? ¿A caso se sentía culpable por el beso?
-- Pues si deberías de rezar, porque definitivamente eres culpable – murmuro de forma baja comenzando a leer los documentos que habían permanecido en sus piernas por un buen rato. El sol comenzaba a colarse por las ventanas y eso le permitía ver mucho mejor.
Aun faltaba que Quatre le llamara teniendo los datos de las mediciones en sus manos. No sabía a que hora había llegado al poblado, pero si aun no había llamado es que algo pudo haber pasado, tanto que extravió el celular, se le acabo la batería o algo. Quatre no era de los que incumplía un trabajo.
Abrió la carpeta, otra vez, desde el comienzo y comenzó a leer de nuevo, ya que por estar pensando en lo sucedido con el seminarista y con la llamada de Quatre que aun no llegaba, no estaba comprendiendo nada. La declaración del seminarista comenzaba en aquel callejón donde lo encontró. Pero las palabras que seguían no correspondían en nada con lo que había pasado. No decía nada sobre lo que hizo en la iglesia, ni como lo fue persiguiendo a todo velocidad a través de las callejuelas del barrio. Tampoco mencionaba haberse atravesado por la avenida principal sin tomar ninguna precaución provocando un grave accidente automovilístico. Cada palabra que leía comenzaba a hacerle hervir la sangre por el enojo. No debería extrañarle que un sospechoso mintiera, pero no esperaba que ese chico lo hiciese con tanto cinismo, con unas palabras que de no ser porque él estuvo en el lugar de los hechos justo en ese momento, le hubiese creído.
Se levanto de golpe de las escaleras y camino de forma decidida hasta la puerta donde ambos agentes aun permanecían custodiándola. Ambos hombres se cuadraron al verle, pero Heero los ignoro y abrió la puerta de forma molesta entrando al cuarto y cerrando con un portazo que resonó en todo el piso del hotel.
Duo se sobresalto al escuchar la puerta azotarse y se paro de un brinco de la cama. Lo primero que vio fueron los ojos cobaltos del agente clavarse como dos fríos puñales en sus ojos. El hombre frente a él lucia sumamente molesto, traía una serie de papeles en la mano y le observaba con el ceño fruncido.
-- ¿Q... que... s... suce... sucede? – pregunto nervioso al ver que el agente solo le observaba de arriba abajo. Se había quitado las ropas prestadas y se había puesto de nuevo sus ropas del clero. Uno de los agentes las había dejado sobre el peinador, secas y limpias.
Heero observo de nueva cuenta ese alza cuellos puesto sobre la camisa negra. ¿A caso estaba poniendo una barrera entre ellos? Ese atuendo, sumado al aura de inocencia que le inundaba al observarle, le había hecho enojar aun mas. Un chico vestido de sacerdote no iba a detenerle ahora.
-- ¿Por qué miente? – dijo de forma fría sin moverse de su lugar, achicando los ojos al ver como el chico frente a él sujetaba fuertemente, con una de sus manos, el crucifijo de plata que colgaba de su cuello. Era como si al sujetar esa imagen estuviera poniendo frente a si un escudo. ¿A caso lo consideraba una amenaza? - ¿Por qué esta mintiendo? – repitió al no obtener respuesta del seminarista. Era mejor ser considerado una amenaza, quizá el miedo que pudiera tenerle podría hacerle soltar la lengua. Y al parecer el seminarista no era de esos que permanecían mucho tiempo callados.
-- Yo jamás miento – la mirada de miedo que le había visto cuando entro pareció esfumarse. Ahora le sostenía la mirada y parecía desafiarle con esos ojos violetas tan llenos de luz. No era la primera vez que le decía que no mentía, y parecía ser sincero en sus palabras, pero tenía que estar mintiendo, era imposible de creerlo inocente cuando lo había descubierto, casi, con las manos en la masa.
El enorme problema que tenía ahora, era que ¿No sabía que diablos pasaba con él? Sus pies se negaban a moverse. Parecía como si al verle en ese lugar, totalmente vestido negro, luciendo esa pequeña línea blanca en el cuello, hubiese sido suficiente como para dejarle clavado al suelo. ¡No!, eso no podía ocurrirle a él. ¿Por qué de pronto se sentía como Michel Douglas en la película de Atracción Fatal?.
Cerró los ojos para tratar de romper aquel hechizo que había sido lanzado sobre él y dio dos pasos aproximándose al seminarista una vez que se sintió seguro. Este al verlo acercarse retrocedió de igual manera haciendo que el agente Yuy sonriera un poco al ver aquel miedo reflejado de nuevo en aquellos ojos violetas. Si, él miedo era su mejor aliado en ese momento.
Podía lidiar con el miedo. Podía lidiar con la ira, con el enojo, pero le estaba resultando difícil lidiar con esos ojos violetas y ese alza cuellos. Lo mejor era intimidarle para evitar que le mirara de nuevo.
--¿Por qué me ve de esa forma? ¿A caso cree que voy a violarlo?
El color rojo tiñendo las mejillas del seminarista pudo haberle hecho reír, pero mando cualquier atisbo de diversión hasta el fondo de su ser. Frunció el ceño y dio otro paso al frente haciendo que el chico frente a él chocara contra la cama perdiendo el equilibrio y cayendo sentado a ella sin dejar de ver aquellos ojos cobalto de forma sorprendida.
-- ¡Aléjese! – dijo Duo de forma temerosa levantando una de sus manos– Cualquier cosa que quiera decirme puede hacerla desde esa distancia.
Heero dejó los papeles al borde de la cama subiéndose a ella para estar más cerca de aquel cuerpo tembloroso que parecía querer replegarse sin lograrlo. Sus ojos estaban enormemente abiertos, pero de su boca no salían las palabras. Había creído que intimidándolo un poco lograría sacar a relucir su verdadera personalidad, esa que le había llevado a matar a 4 personas. Sin embargo, estaba volviendo a ser presa de esos ojos violetas que le veían de forma asustada y a esos labios abiertos que temblaban ante su cercanía. No pudo evitar el entrecerrar los ojos para acercarse de nuevo a esa boca e intentar repetir lo que una ya había hecho. Pero una mano empujándolo fuertemente le impidió lograr su cometido.
Duo se paro de forma rápida alejándose del agente y de la cama con el corazón en la garganta y sintiendo su cuerpo temblar.
-- ¿Qué... que... que?... – el agente vio la forma acelerada en la que el seminarista trataba de articular palabra, así que se paro de nuevo para verle con una mueca en forma de sonrisa. La cama estaba entre ellos, impidiendo que se acercara demasiado a él.
-- ¿Me dirá que tiene miedo que se repita lo de anoche? – soltó de forma firme. Viendo las reacciones que aparecían en la cara de aquel joven. No parecía molesto o enojado, más bien estaba sorprendido.
-- ¿Qué cosa? – cuestiono Duo
-- Ese delicioso beso que compartimos.
-- ¡Esta rotundamente equivocado!. Usted lo único que hizo fue unir sus labios con los míos. Eso no se puede considerar un beso.
-- ¿Y usted sabe lo que es un beso? – Duo se puso rojo de nuevo y desvió la vista de aquellos ojos cobalto que parecían leer en su interior como si fuese un libro.
-- ¡Claro que lo se! – dijo elevando la voz, para después agregar en un poco más baja - de una manera teórica por lo menos – aclaro sintiéndose apenado. No fuera a pensar el agente que él había besado a alguien antes, cuando no era así - Además lo he visto en la TV y en el cine y leído en un sin fin de libros. Así que le puedo asegurar que si se lo que es un verdadero beso carnal.
-- Entonces deberá saber que un beso pede transmitir pasión y eso fue justo lo que sentí cuando "solo uní mis labios a los suyos" – dijo haciendo énfasis con los dedos en las últimas palabras. Duo volvió a sentir que el color le inundaba el rostro ¿Por que sentirse así de perturbado? No se había dicho una y mil veces que ese beso no había significado nada para él. Y si era así, entonces ¿Por que su corazón parecía querer salírsele del pecho y sentía que su rostro ardía?
Se giró dándole la espalda al agente, no quería seguir viendo esa mirada inquisidora, era como estar frente al arzobispo siendo acusado de hereje.
-- Quiero hablar con el padre Roberts
-- No puede
-- Tengo que hablar con el padre Roberts
-- Ya le dije que no puede.
-- ¿Por qué? He estado en esta situación más de las veces que pueda imaginarse y se que tengo derecho ha hacer una llamada.
-- Derecho que uso en la jefatura de policía para hablar con el abogado del clero ¿No es cierto?
-- Oh. Lo había olvidado. Aun así necesito hablar con el padre Roberts.
-- Hablara con él cuando salga de aquí. A la cárcel o en libertad, todo depende de los resultados de la investigación.
-- ¡Yo no soy un asesino!
-- No. Pero si es un ladrón.
-- ¿Qué? ¿Pero que he robado yo últimamente? – debía reconocer que en el pasado si robo una que otra cosa, ¡pero siempre fue para dárselo a alguien que lo necesitaba más!.
Pero el agente Yuy no le respondió, solo clavo su mirada cobalto en la violeta con intensidad y después se giró para salir de la habitación dando un sonoro portazo que hizo que el seminarista se tapara los oídos.
-- ¿Pero que he robado yo? – se preguntó por segunda vez en esa noche y no fue la última vez que lo hizo en el transcurso de las horas.
¿Pero que he robado yo?...
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Quatre atravesó corriendo los pasillos del hotel, subió los escalones de dos en dos y se paro de golpe frente a su jefe, quien ya le esperaba con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Quatre imaginaba que Heero estaba enojado porque no le regreso la llamada cuando obtuvo los datos que le había pedido, pero tenía una explicación para ello, solo esperaba que Heero le dejara explicarse.
-- Yo...
-- Olvídalo, no me interesa saber porque no me llamaste, solo quiero tener los datos que te pedí – dijo extendiendo la mano.
Quatre sacó una hoja de papel de la bolsa de su saco y aspiro de forma aliviada. No le hubiese gustado decirle a su jefe que la batería de su celular se termino porque buena parte de la noche se la paso platicando con el forense. No sabía porque de frente su platica eran simples monosilábicos, pero por celular, recuperaba su seguridad y sin el nerviosismos presente platicaba muy a gusto con él.
Heero observo con atención los datos que le había pedido a Quatre. El muerto de St George había aparecido, al igual que el Nejo, en un callejón oscuro cerca de las 11 pm. Los datos de la autopsia eran idénticos a los de las siguientes victimas, según el informe del forense. La hora a la que salió el seminarista de esa iglesia rondaba las 11 pm también y para tomar el autobús que le llevaba al arzobispado, o un taxi, o un auto normal, debió pasar a fuerzas por ese callejón.
-- También debió haber visto algo – dijo Heero en voz alta llamando la atención del rubio.
-- ¿Cómo dices? – cuestionó sin entender esas palabras. El estaba seguro que teniendo esos datos Heero se daría cuenta que estaba acusando a un inocente de un crimen. Duo no estaba en la iglesia cuando ocurrió el crimen.
-- La hora a la que salió el chico, coincide con la hora de la muerte de la segunda victima – dijo Heero mostrando los datos que tenía en una de las carpetas – Si él no es el asesino, entonces debió haber visto algo. Y yo recuerdo que nos dijo que se había enterado por las noticias.
-- Duo ya se había ido de St. George cuando ocurrió ese crimen – dijo Quatre tratando de defenderlo.
-- Según tus propios datos Quatre – dijo Heero mostrándole la hoja que le había traído – tardas entre 10 y 15 minutos en llegar de la entrada de la iglesia a la primera parada del bus. No hay forma de acercar un auto hasta la entrada de la iglesia ya que se encuentra al fondo de una callejuela empedrada y terrosa. Si el chico llevaba equipaje, que es de suponerse ya que se iba a cambiar y suponiendo que es ágil, pudo haber tardado 10 minutos mas. Así que debe haber visto algo.
Quatre solo observo los ojos cobalto de su jefe, él estaba totalmente convencido e iba a ser muy difícil de sacarlo de allí. Una vez que Heero afirmaba algo, que admitiera un error era casi imposible u aun peor, que cometiera un error era imposible.
¿Entonces era Duo Maxwell un asesino serial?
Pero el principal problema no era el creer a Duo Maxwell un asesino o no, el principal problema venía subiendo las escaleras usando sotana y llevando bajo el brazo un portafolios de piel, mientras iba acompañado del comandante principal del FBI (su jefe) parándose frente a ellos con el ceño fruncido.
-- Agente Yuy, ¿qué pruebas tiene en contra del seminarista Maxwell? – pregunto el hombre enojado. Quatre supuso que aquel otro que le acompañaba, el que usaba sotana, debía ser el abogado que mando su eminencia Traize Krushrenada. Una vez que los hombres se fueran, iba a tener que soportar el mal humor de su jefe.
-- Las estamos reuniendo ahora mismo comandante Darlian – informo Yuy de forma seria.
-- No te pregunte eso, quiero saber que pruebas tienes hora mismo. ¿Vas a acusarlo formalmente? – la mirada cobalto de Heero se elevo para ver la de aquel hombre alto y delgado que le veía desde arriba, como creyéndose un ser superior. El echo de que vistiera de sotana no lo dotaba de dones especiales como para que le viera de semejante forma. ¿A caso el seminarista Maxwell algún día podría verle de esa forma? Desecho ese pensamiento de inmediato y regreso a ver los ojos de su jefe.
-- Aun no podemos – respondió de forma seca. Sabía que un buen abogado podría sacar libre al seminarista y al parecer, ese hombre lo era.
-- Entonces hay que soltarlo – Lo sabía, sabía que ese hombre había logrado el amparo que le quitaba a su sospechoso principal de las manos.
Quatre suspiro aliviado. A pesar de lo que creyese su jefe, él seguía considerando a Duo inocente y el que el abogado del clero lo hubiese podido sacar en libertad le daba cierto grado de alivio.
Heero guardo silencio cuando ambos hombres llegaron hasta la habitación donde el seminarista descansaba y le tendieron una orden a los agentes que custodiaban la puerta. El hombre de la sotana entro al cuarto mientras el comandante Darlian regreso hasta donde Heero y Quatre se encontraba.
-- Se que tienes motivos para considerarlo un sospechoso – dijo el hombre volteando de reojo hasta la habitación por donde había entrado el hombre daba la impresión de que no quería que le fuesen a escuchar – Te respeto mucho, eres el mejor agente que tenemos, pero debes entender que nos estamos metiendo con la iglesia y si no tenemos una base con que sustentar una acusación como esa(la de asesinato), no vamos a poder detenerle por mucho tiempo – dijo el hombre en voz baja. Heero sabía lo que el comandante pensaba, de echo, el mismo lo sabía, por eso no refuto la decisión de liberarle, al fin y al cabo, iba a mantenerle vigilado y ya había obtenido su sangre y huellas digitales, solo faltaban los resultado del laboratorio para ser comparados.
Heero solo cabeceo en acuerdo haciendo que el hombre sonriera.
-- Mi hija desea mucho que salgas con ella muchacho y a mi también me gustaría mucho que lo hicieras - dijo el hombre tomando el hombro de Heero, cambiando bruscamente de tema.
-- Quizá... – trató de darle largas sin que su jefe se ofendiera – cuando atrape a este asesino veremos – que otras excusas puedo poner, Completo para si mismo haciendo que el hombre volviera a sonreír.
La puerta de la habitación se abrió y aquel hombre anciano y otro mas joven, ambos vestidos de negro, solo que uno con sotana y el otro en pantalones, aparecieron por el pasillo rumbo a las escaleras.
-- Nosotros nos retiramos comandante – la voz rasposa del abogado inundo el lugar haciendo que Heero le observara primero, para después bajar la mirada y toparse con aquellos ojos violetas que de nuevo le veían de forma intensa – pero antes quiero hablar un momento con usted a solas – Y ambos hombres se alejaron unos pasos dejando a ambos agentes frente al seminarista.
Cuando su mirada choco con la violeta, vio como una luminosa sonrisa adorno por completo el rostro del seminarista haciéndolo descontrolar un poco. Pero se recupero de forma rápida no dándole notar a nadie el estado en el que ese chico podía ponerlo.
"Eres el diablo vestido de sotana" se dijo mentalmente sin apartar la mirada ceñuda de aquella figura vestida de negro.
-- De una vez le advierto, que esta no será la última vez que me vea – dijo Heero cruzando los brazos frente a aquel chico.
-- Eso espero, agente Yuy – dijo Duo sin borrar su sonrisa del rostro – Creo que usted necesita acercarse un poco más a dios – aseguro borrando de pronto aquella sonrisa de sus labios. Daba la impresión de que le estaba retando con sus palabras. ¿A caso lo estaba haciendo de nuevo? ¿Quería hacerle notar que aquello que hizo había estado mal? Solo mostró una mueca en forma de sonrisa al comprender la intención de sus palabras. No, esta vez no iba a sorprenderle.
-- Parece que ya lo olvido – dijo Heero acercándose al seminarista. No había hacía donde hacerse, por lo que el chico no podía moverse. Eso pudo aprovecharlo para decirle en voz baja, sin que todos los que aun estaban en el pasillo le escucharan - Yo no soy creyente. Así que no puedo estar cerca de su dios, pero puedo estar cerca del diablo.
-- ¿Pero que dice? Si usted no cree en dios tampoco debería creer en el diablo, ¿No es así?
Heero elevó la mano para tocar con su dedo índice la barbilla de Duo de forma provocativa. Pudo notar como las mejillas del chico se tornaron de un color rojo intenso y sus ojos se abrieron. Era fácil saber lo que pasaba por su cabeza, era tan transparente, pero aun que lo deseara mucho, aun que esa fuera su intención desde un principio; había mucha gente como para hacerlo.
-- Pero claro que creo en el diablo y lo hago porque lo he visto – Duo se aparto para dejar que la mano de Heero le siguiera tocando y frunció el ceño con molestia e incredulidad.
-- ¡Eso es imposible!
-- Es posible. Lo he visto y lo sigo viendo, porque es usted.
-- ¿Yo? ¡Pero si me voy a ordenar de sacerdote!
-- Entonces Será el Diablo Vestido de Sotana – Duo frunció mas el ceño.
-- ¿Por que le caigo tan mal?
-- No se confunda seminarista Maxwell, usted no me cae ni bien ni mal. Solo es uno más de mis casos. Uno muy complicado debo admitir.
-- ¿Solo soy un nombre en un expediente?
-- No – Duo sonrió al escucharlo, hasta que Heero volvió a hablar – Solo es un numero.
¿Porque sería que ver aquella cara de desilusión le afectaba tanto? ¿Esa mirada dolida le hacía sentir extraño? Nunca sentía nada, siempre lograba mantener cualquier tipo de emoción bien encerrada, pero ahora, al ver esos ojos tristes y ese semblante abatido, le hacía sentir ganas de tomarlo entre sus brazos y abrazarle a su cuerpo y susurrarle al oído – No es verdad lo que te dije, solo estoy molesto – Tanta era esa sensación, que se encontró de pronto levantando el brazo y...
-- ¡Vamonós Duo!
La voz rasposa del abogado del clero le regreso de golpe a la realidad haciendo que bajara el brazo sin haber hecho nada. ¿Pero que idiotez estuvo a punto de hacer? Él que siempre tenía todo bajo control, ahora estaba cayendo poco a poco en un pozo que no parecía tener fondo. No, él no era de esas personas ena...
¿Enamoradas?
¿Pero en que tonterías estaba pensando? El no estaba enamorado, mucho menos de un hombre y asesino. No tenía nada que ver el que le hubiese besado, solo había sido parte de una prueba para lograr hacerle enojar y que apareciera aquella otra personalidad, la mala, la que mataba, la que era capaz de golpearle, la que tanto deseaba atrapar...
-- Espero que esta noche, si pueda soñar con los angelitos, Agente Yuy – dijo Duo haciendo que Heero frunciera el ceño.
-- Hn – Si claro, justamente venía soñando despierto con eso últimamente, con un ángel disfrazado de demonio con sotana. ¿Y ahora lo soñaría con alas?
-- Y después me dice como me veo con alas – ese comentario le hizo sonrojar ligeramente haciéndole voltear a verlo con la mirada encendida. Pero Duo estaba riendo a carcajadas. Lo había hecho de nuevo, este seminarista había sobrepasado sus barreras y le había sorprendido... de nuevo.
Se alejó de él lo más rápido que pudo. Tenía que encontrar la prueba de su culpabilidad. Algo, lo que fuera. Un vez que el asesino estuviera en la cárcel él podría descansar en paz y volver a ocuparse de lo suyo. Dejaría de pensar en tonterías y volvería a atrapar criminales.
¿Enamorarse él?
¡Ni que estuviera loco!
Quatre vio por la ventana, con una sonrisa, como el seminarista Duo Maxwell subía a un auto junto con el abogado y muy cerca de ellos, Heero abordaba el suyo metiendo el acelerador hasta el fondo alejándose de ellos.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Continuara...
