Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
CAPITULO 6
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Quatre observo de nuevo a los niños llegar hasta ese seminarista de ojos violetas. Su sonrisa era contagiosa y tanto niños como adultos le seguían mucho. Era servicial, amable y muy honesto. ¿Cómo era posible que este chico, alguien de su misma edad, fuera considerado el principal sospechoso de 4 asesinatos?
¡No!, Imposible.
Tenía días de estarle vigilando, los mismos que tenía su jefe de estar de pésimo humor. Jamás, en el tiempo que tenía de trabajar a su lado, lo había visto así. Se la pasaba día y noche en su oficina, le gritaba a medio mundo y arrojaba cuanto papel se le cruzaba por enfrente con el nombre de Duo Maxwell.
No entendía nada.
Las pruebas de sangre que fueron encontradas en el pasillo que conducía del callejón a la iglesia dieron positivo. Si era la sangre del seminarista. Pero el chico tenía una buena explicación para ello: Había estado reparando el techo de la sacristía y se había golpeado un dedo haciendo que este sangrara. Había bajado por el techo rumbo al callejón para entrar a la iglesia por ese lugar dejando su sangre derramada en el suelo. Heero personalmente se había encargado de corroborar su coartada y si, allí había rastros de la sangre del seminarista y coincidía perfectamente con la encontrada en el callejón. Los del laboratorio que habían ido a sacarle sangre corroboraron también su historia, ya que reportaron que el dedo gordo de su mano izquierda estaba amoratado y la uña negra a punto de caerse, señal de que se había dado un fuerte golpe.
Esa prueba no le había servido de nada. Heero había maldecido en voz alta varias veces.
El ADN tampoco le sirvió, ya que no había encontrado ninguna muestra en las victimas; ningún cabello, piel o algo que pudiera ser analizado y comparado. Ninguna de las pruebas que tenía lograban implicar al seminarista con las muertes. Y sin embargo su jefe se empeñaba en creerlo culpable. Su obsesión con ese chico era aun más fuerte que antes.
-- Esa obsesión por encontrarlo culpable se incrementó después de que me mando a St. George. ¿Habrá pasado algo entre ellos cuando se quedaron a solas en el cuarto de hotel?
Quatre bajó del auto y camino de forma decidida hasta donde estaba Duo contándoles algo a los niños. No le molestaba dar a conocer su presencia en el lugar, Duo ya lo había visto, solo que no se lo había comentado a su jefe. Sabía que era un terrible error darse a conocer ante un sospechosos, porque si era realmente culpable, esa persona se cuidaría de no hacer algo malo delante de él. Pero como estaba seguro que no lo era, solo se acercaba a él como amigo, para platicar un rato y saber sus opiniones.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
El toque de la campana hizo que todos los niños corrieran al mismo tiempo riendo a carcajadas, pasando por un lado de Quatre quien sonrió de forma amplia al verles.
-- ¡Hola agente Winner!, que bueno que viene – dijo Duo de forma alegre.
-- Creí que iba a llamarme por mi nombre –
-- Lo mismo digo Quatre – el rubio sonrió.
-- Duo, quiero preguntarte algo desde hace días – dijo Quatre sentándose al borde de las escaleras acompañándolo. Duo solo le observo de forma sería, ya que la sonrisa del rubio había desaparecido de repente.
-- ¿Qué sucede? – cuestiono intranquilo al ver la seriedad de quien estaba empezando a considerar su amigo.
-- Desde hace unos días, mi jefe tiene un humor horrible. Esta imposible. Jamás lo había visto actuar de esa manera. Esta sumamente agresivo, más parece un león enjaulado que un detective de policía – Duo solo le observo sin decir nada – Mi jefe era frío, más no iracundo. Se la pasa encerrado en su oficina, sin dormir y sin comer. No ha querido que nadie le interrumpa, ni siquiera yo que soy su subordinado y trabajo con él de forma directa. Si alguien entra, comienza a gritarle y todos le tienen miedo. Y creo que su humor cambió desde que se quedo contigo en aquel hotel – Los ojos de Duo se abrieron enormemente ante lo que el chico frente a él decía y bajo la vista al piso. Quatre se giro para verle - ¿Paso algo entre ustedes?
Quatre vio como el color rojo pintó el blanco rostro del chico. Las manos del seminarista se cerraron fuertemente sobre el faldón de su sotana y entonces supo que la respuesta a su pregunta era un si. ¿Pero que había pasado para que ahora su jefe se comportara de esa forma y el chico frente a él se sonrojara de esa forma?
Duo levanto la vista y cerró los ojos al tiempo en que le sonrió de forma amplia. Quatre no supo que pensar en ese momento. ¿Por qué le sonreía así?
-- Si paso algo – dijo haciendo que Quatre se intrigara aun más – pero no te lo puedo decir – dijo el seminarista abriendo los ojos y bajando de nuevo la mirada al suelo – Espero que comprendas.
-- No puedo – dijo el rubio algo serio – si supiera que fue lo que paso, quizá podría ayudarle a mi jefe a tranquilizarse.
-- No creo que hay sido yo el causante de su estado. No fue algo tan grave, creo – dijo el chico volviendo a ver al agente – Debe ser porque no han dado con el asesino.
-- Si, quizá tengas razón. Yo solo estoy suponiendo cosas. Pensé que su mal humor podría ser porque tu siempre logras romper sus barreras. Es la primera vez que lo veo actuando de esa forma, él siempre tan frío y dueño de sus emociones y ahora reacciona de una forma totalmente desconocida. Estaría más tranquilo si supiera que le pasa.
-- ¿Por qué no se lo preguntas directamente? – cuestiono Duo.
-- Ya lo he hecho, pero siempre me dice que no haga preguntas y me ponga a trabajar – Duo sonrió ante lo que parecía ser una broma y Quatre le sonrió igual poniéndose de pie – Debo irme ahora, pero volveré después para platicar.
-- Me dará mucho gusto verte.
Quatre se despidió agitando la mano y camino rumbo a la salida de la iglesia. Las platicas con Duo era amenas, casi tanto como aquellas que tenía con el forense, solo que con el seminarista no se ponía nervioso y su platica era fluida. Cuando hablaba con Trowa, los nervios le trababan la lengua y se veía inmerso en silencios llenos de sonrojos cuando de pronto descubría aquella mirada esmeralda fija en él.
Pero no podía negar que le gustaba mucho sentir su corazón acelerado y el verse transportado en un mundo de sueños al contemplar aquellos ojos verdes.
-- Quatre...
La voz de su jefe le despertó de sus recuerdos y se giro bruscamente topándose con la imagen de Heero frente a él. Estaba recargado en una de las columnas del edificio, fumando, su cara denotaba el cansancio y sus ceño fruncido enojo. ¿Por qué estaba él allí? ¿No se suponía que su turno de guardia era por la noche? Solo para eso salía de la oficina y aun no era tiempo, era todavía muy temprano para sustituirle.
-- He... Heero, ¿No deberías estar en la oficina? – cuestiono temeroso.
-- ¿Y tu no deberías estar en el auto? ¿Fuera de la vista de cualquiera que pudiera verte y reconocerte? - ¡Le había visto!, El reclamo estaba justificado, no debía dejarse ver, un buen agente no permite ser descubierto en una vigilancia. No pudo menos que bajar la vista de forma culposa, había quebrantado una de las leyes de investigación y no tenía justificación para ello - ¿Qué clase de agente eres Quatre? Te hiciste amigo del sospechoso – aseguro haciendo que Quatre levantara la vista de nuevo - ¿A caso también le has revelado parte de la investigación?
-- ¡No!, ¡Por supuesto que no! – dijo a la carrera – Jamás haría algo como eso. Antes que nada, soy policía.
-- Un policía que devuelve el estomago cuando tratan de hablarle sobre una autopsia...
-- ¿Cómo lo supiste? – dijo abriendo enormemente los ojos ¿A caso el forense le había contado a su jefe cuando le había prometido no hacerlo?
-- No lo sabía – Quatre se sonrojo. Le había revelado su secreto sin querer. No cabía duda de que su jefe sabía muy bien como sacar información. Trowa no le había traicionado y eso le hizo sentirse un poco mejor - ¿como puedes...?
-- ¡Agente Yuy!
Esa voz le hizo interrumpirse y girarse de forma lenta. Pudo ver como el sospechoso, el causante de todos sus desvelos estaba a solo centímetros de él. ¿Cómo era posible que se hubiese acercado tanto sin que lo hubiese notado? Era el mejor agente con el que contaba el FBI, si este chico se hubiese acercado para matarle, ni siquiera le habría podido detener.
-- Deje de regañarlo – pudo ver como esos ojos violetas parecían verle con cierto dejo de molestia - El agente Winner no me ha dicho nada de su investigación. Y creo que no sería el único en vomitar al leer el reporte de cómo abren un cadáver y pesan sus restos – Heero solo frunció mas el ceño. ¿Por qué siempre le regañaba de una u otra forma?
-- Ese no es el motivo principal, él simplemente no debió dejarse ver – aseguró.
-- De todas formas yo ya sabía que me vigilaban. Ya lo había visto – Quatre iba cometiendo un error tras otro y eso le hizo girarse para advertirle que un error mas y...
-- Quatre...
-- Ho, no, no vi al agente Winner, lo vi a usted - ¿Qué fue lo que dijo? Esas palabras lo descolocaron por un milisegundo sorprendiéndole, pero recupero de forma rápida la compostura para girarse y encararlo.
-- ¿Hn? ¿En que momento me vio? – cuestionó dejando al fondo de su pensamiento cualquier atisbo de sorpresa. No debía dejarse confundir, seguramente es lo que estaba buscando, era probable que estuviera mintiendo para ver como reaccionaba, pero no iba a lograr nada con él.
-- El mismo día en que me trajo el abogado del clero, Dekim Barton. Usted estaba frente a la iglesia y desde entonces viene por las noches. Cuando se percata que el candado esta puesto, se introduce dentro del salón principal a través de una de las ventanas y se la pasa dando vueltas – Eso era verdad. ¿Pero como lo sabía él?
-- ¿Cómo sabe eso? – cuestiono intrigado quitándose el cigarro de la boca y aventando el humo.
-- Yo le dejo la ventana abierta para que entre – dijo mostrando la mas hermosa de las sonrisas.
Esta vez no pudo evitar mostrar la sorpresa que esa acción le había causado. Si no hubiese sido porque se había quitado el cigarro de la boca, seguramente este se hubiese caído al pender de su boca abierta. Lo bueno era que el seminarista había permanecido con los ojos cerrados y no había podido verle. Pero la ira comenzaba a consumirle, ¿cómo era posible que este chico le estuviese manipulando de semejante manera? ¿Los había visto?, ¡No! Lo había visto a él, él era el responsable de que nada ocurriera.
-- ¡Maldición! – no pudo evitar maldecir en voz alta haciendo que el seminarista Maxwell frunciera el ceño y le hablara de forma firme.
-- Por favor agente Yuy, estamos en la iglesia – regañado de nuevo - De todas formas le agradezco que nos cuide de forma tan esmerada, ya que, si ha habido dos muertes en el callejón, eso quiere decir que el asesino conoce este lugar y esta cerca.
-- Claro que lo esta – dijo viéndole fijamente sin meditar en sus palabras. Duo pareció comprender lo que le estaba diciendo.
-- No soy yo – dijo a la defensiva.
-- Claro que no – sarcasmo - Y da la casualidad que desde que le vigilamos no ha habido ningún otro crimen – dijo el agente.
-- No se que hacer para que me crea – cuestiono de forma algo triste el seminarista.
-- No puede hacer nada.
-- Seminarista Maxwell...
Tanto Heero como Duo voltearon hacía el atrio de las escaleras, allí, en la parte alta, donde no daba el sol, se encontraba un chico alto, cubierto con una capucha oscura y vestido de negro, como los sacerdotes, solo que traía un mandil blanco que le lucía un tanto extraño. Heero aprovecho la distracción para fumar de nuevo.
-- ¿Erick, que sucede?
Ahora podía recordarlo, era otro de los vagabundos que acudía a la mesa de los pobres, solo que este les ayudaba como monaguillo en las misas impartidas por el padre Roberts
-- El padre Roberts le esta llamando
-- Gracias Erick, voy enseguida – El chico cabeceo en acuerdo y se retiro, Duo se giro para ver de nuevo al agente frente a él – El padre Roberts enfermó y esta en cama muy débil. El médico ha dicho que tiene anemia y debe descansar lo más posible. Pero el padre no quiere suspender las misas ahora que viene mas gente. Se ha desvanecido un par de veces, pero insiste en pararse – pareció afligido, pero bien podría estar solo actuando.
-- Así que por eso no lo hemos visto – indico Quatre, ya que desde que le vigilaban el hombre mas anciano no se hacía presente en las afueras de la iglesia.
-- Así es. Erick se encarga de atenderlo, mientras yo me hago cargo de los asuntos de la iglesia. Pero para poder dar misa y confesar, necesito ordenarme - Heero entrecerró los ojos al escucharlo ¿A caso le estaba queriendo decir algo? – Y lo voy a hacer muy pronto – Heero se saco de nuevo el cigarro de la boca aventando el humo sobre el seminarista, quien solo lo abanico con la mano. Una pequeña venganza por lo antes dicho.
-- No debería dar por echo cosas que aun no suceden – dijo Heero de forma fría viéndole con el ceño fruncido.
-- Y usted no debería fumar delante de los que no lo hacemos – Heero frunció más el ceño aventando el cigarro que traía en la mano y apachurrándolo con el pie. Regañado de nueva cuenta, ¿Hasta cuando este chico dejaría de burlarse de él?
Se dio la vuelta sin decir más y se alejo de todos a la carrera. No sabía que más hacer. Todos comenzaban a decirle que abandonara el caso, que se diera carpetazo al asunto y tomara algún otro. Pero él no era de los que dejaba un caso sin resolver y no por el echo de que las victimas eran vagabundos, gente sin familia que vivía en las calles, iba a olvidarse de ellos. Relena Darlian, la hija del comandante, había estado justamente esa mañana en su oficina para decirle eso mismo... por eso había salido disparado de allí. Lo menos que quería era verse involucrado con alguien como esa chica, fría, engreída, arrogante y con falta de la calidad moral de su padre.
-- Agente Yuy
Heero escucho la voz cansada del párroco de aquella iglesia. Pudo ver como el hombre se veía sumamente demacrado, casi tan pálido como un muerto. Grandes ojeras descansaban bajo sus ojos, pero aun así sonreía. Le hizo una seña para que fuera hasta él y Heero no tuvo más remedio que seguirle.
Entraron los dos en la sacristía y el sacerdote le hizo tomar asiento. Heero pudo ver la mirada inquisidora del hombre mayor, parecía querer leerle la mente, pero él era alguien difícil de leer.
-- Voy a ir al grano, agente Yuy – dijo el hombre cruzando las manos bajo su mentón – me han mandado a descansar, a beber mucha leche y a olvidarme un poco de mi rebaño, pero eso último es algo que jamás voy a hacer – si eso era ir al grano, Heero no quería saber como sería irse por las ramas – Dígame ¿por qué lo hizo? – Heero ni se inmuto ante la pregunta, ya que había varias cosas que había hecho y mientras no especificara cual, no se daría por aludido – Respóndame agente Yuy.
-- Si me especifica la pregunta, tratare de hacerlo – dijo Heero de forma fría. No iba a revelar nada que tuviera que ver con él caso y eso el hombre debería saberlo, ya que su investigación sobre el asesino era como sus secretos de confesión. El hombre suspiro y bajo la vista de forma seria.
-- ¿Por qué lo beso? – dijo elevando la vista, Heero solo entrecerró los ojos.
-- ¿Así que se lo contó?. Y yo que creí que trataba de olvidarlo, ya que no ha vuelto a mencionar el asunto – aseguro Heero sin cambiar de posición.
-- No le ha dicho nada porque yo se lo recomendé – afirmo - ¿Me dirá que eso que hizo fue parte de su interrogatorio? – Heero no dijo nada - ¿Sabe que desde ese momento ha dejado a Duo muy perturbado? Debido a mi enfermedad, Duo se ha hecho cargo de todo lo relacionado a la iglesia y además...
Heero tuvo que soportar los siguientes 20 minutos un sermón relacionado con la moral y las buenas costumbres, como si no tuviera suficiente con su propia conciencia, ahora venía un sacerdote a seguirle torturando.
Pero de algo había servido pasar esos minutos con el hombre. Por un instante, su vista dejo de prestar atención a lo que el sacerdote decía para detenerse en un punto fijo en el arrugado cuello. El agente se quedo viendo por largos momentos ese punto. Era algo que había visto, ya 4 veces. Si su memoria no fallaba, esa herida en el cuello, que realmente parecían ser un par de ronchas abultadas, pero muy parecidas en distancia una de la otra, circunferencia y hasta podría asegurar, que en ubicación.
¿Qué significaba aquello?
¿Esto era una especie de marca?
¿Sería el padre Roberts el siguiente en morir?
No podía estar seguro de las conclusiones que su cabeza estaba sacando en ese momento sin tener algo con que comparar. Pero tampoco podía dejarle morir solo para comprobar su teoría. Lo primero era asegurarse de que esa herida era igual o parecidas a la de las últimas 4 victimas, después, brindarle protección al anciano cura.
-- Espero que esto que sucedió no se vuelva a repetir - dijo el cura terminando el sermón, del cual Heero no supo ni de que trato.
-- Dígame padre Roberts – Heero se paro de su asiento acercándose al hombre para ver más de cerca esas ronchas en su cuello. Por un momento había pensado que algún insecto habría causado aquello, pero al verlas bien, se dio cuenta de que apenas estaban cicatrizando y aun tenían un pequeño punto de sangre - ¿Cómo se hizo esas heridas en el cuello? – pregunto señalándolas con el dedo.
El hombre por impulso levanto una de sus manos y la coloco en su cuello. Sabía a que herida se refería el agente, pero no tenía ni idea de cuando habían aparecido esas marcas en su cuello.
-- No lo se – dijo el hombre – Aparecieron hace unos días, justo al tiempo en que comencé a sentirme mal. Por un momento pensé que alguna pulga o garrapata se me había pegado, estando donde estamos no sería de extrañar. Por eso mandé a que Duo y Erick fumigaran los claustros, e incluso el comedor de los pobres. Pero estas ronchas no desaparecen. El medico concordó conmigo en que posiblemente haya sido algún insecto.
-- Hn – dijo Heero enderezándose en su lugar – ¿permitiría que otro médico le revisara? – Ya tenía idea de a que médico mandaría traer, si es que el hombre frente a él lo consentía.
-- ¡Claro!, ¡Claro! Agente Yuy, se lo agradecería mucho – dijo el hombre entusiasmado – Duo ya me había comunicado, que a pesar de lo que paso, usted se estaba esmerando mucho en cuidarnos – Ese comentario le hizo fruncir el ceño con molestia. ¿Cuánta gente más sabía que había agentes vigilando la iglesia? Trató de auto convencerse a si mismo que ese coraje que comenzaba a crecer en su interior, era debido a ese descuido suyo al haberse dejado descubrir y no a la sensación de sentir que el hombre le hacía entender que cuidarles, era una forma de disculpa de su parte por lo ocurrido con Duo.
-- Veré si el médico puede venir ahora mismo – dijo Heero metiendo las manos a las bolsas de su pantalón y saliendo de la sacristía. Se dio prisa en encender un cigarro para tratar de alejar la tentación de ir a ver al seminarista de nuevo y pedirle que dejara de descubrirlos con todos. Pero no era algo que pudiera hacer. La culpa era suya por haberse dejado ver.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Quatre se encontraba justo frente a la morgue, viendo con titubeo la entrada al lugar. Era media tarde y el sol aun alumbraba muy fuerte, pero el se sentía sombrío.
Heero le había telefoneado hacía un par de horas y le había pedido, no, más bien ordenado, que fuese por el forense al lugar donde se encontrara (Heero sabía que Trowa trabaja solo por la noche) y le pidiera ir a la Iglesia donde él le estaría esperando. No le dio más detalles, solo que lo buscara y lo llevara en menos de 3 horas.
Había tardado poco en conseguir su número privado, ya que no se había atrevido a pedírselo antes. Marco con nerviosismo a su celular y espero a que le respondieran con el corazón en la garganta. Pero no ocurrió. Volvió a intentar un par de veces antes de por fin escuchar como alguien, con voz adormilada, respondía.
-- ¿Quién? – pregunto ahogando un enorme bostezo.
-- He... yo... yo – Quatre trató de controlar su nerviosismo. Le daba muchísima pena escuchar la voz del forense adormilada, le había despertado, sabía que algo así podía pasar. La otra noche le había comentado que trabajaba hasta las 7 am y regresaba al trabajo a las 10 pm, así que dormía buena parte del día hasta cerca de las 6 pm. Pero si había trabajo pendiente, bien podría salir hasta otro día. No sabía en que circunstancias le había despertado ahora.
-- ¿Si? ¿Quién habla? – pregunto el forense un tanto molesto. Y tenía toda la razón al estarlo.
-- Soy... soy el agente Quatre Winner – dijo a la carrera – se que le he despertado...
-- ¿Quatre? ¿Cómo?...
-- Ah, ¿el teléfono? – supo de inmediato que le estaba preguntando.
-- Aja
-- Bueno, recuerde que soy agente del FBI. Obtener su información no es tan complicado – solo escucho silencio del otro lado de la línea y eso le hizo temblar - ¡No!, ¡no!, no se moleste, es solo que...
-- ¿Otro muerto? – pregunto de pronto. Al parecer ese pensamiento le había terminado de despertar.
-- No. No. Realmente es mi jefe quien quiere verle. Me parece que de forma urgente, porque si no, no me hubiese pedido buscarle y llevarle hasta la iglesia donde él se encuentra. ¿Podría?... ¿Podría...?
-- Claro que puedo acompañarle. Espéreme frente a la morgue, llego en 10 minutos.
Y allí estaba él ahora, esperando al forense que le hacía sentirse como un simple adolescente. Su corazón no había parado de latir desde que colgó con él. No sabía como comportarse estando en su presencia y en esta ocasión, ni siquiera había podido hablar bien con él a través del teléfono. Tenía miedo de verlo enojado que se comportara tan o mas frío que Heero. No quería ni imaginarse que pudiera decirle de verle así.
El golpe al vidrio de su lado le despertó de sus sueños negativos y giro el rostro topándose con aquellos ojos verdes que tanto le llamaban la atención. Su corazón se paralizo por un momento esperando ver el ceño fruncido y la mirada fría, pero fue todo lo contrario: el forense le estaba sonriendo. Aquello hizo que un tremendo calor subiera por su rostro pintándolo de rojo.
-- Buenas tardes, le agradezco que me esperara – dijo Trowa. Quatre bajo del auto sintiéndose temblar, pero ya no de miedo a que estuviese enojado, ahora había algo que le recorría el cuerpo y le sacudía brevemente.
-- Yo soy quien le da las gracias, después de que e interrumpido su sueño. No sabe cuan apenado me siento, pero... – la mano del forense se levanto para con su dedo callar aquello que el rubio estaba diciendo. El color rojo de su rostro se intensifico aun más.
-- No hay porque disculparse – dijo Trowa bajando la mano sintiendo como la calidez de aquella boca que se había atrevido a tocar, comenzaba a subir por su brazo y recorría de forma libre su cuerpo – Me alegra mucho que haya sido usted quien viniera por mi, Quatre.
-- Nos... nos... ¿vamos? – cuestiono el rubio apuntando el auto. Trowa solo cabeceo en acuerdo y entro del lado del copiloto. Quatre se acomodo en su lugar y de forma nerviosa inició el camino a la iglesia donde se encontraba Heero.
El forense había tocado sus labios y ese simple contacto le había enviado hasta las nubes. Solo había sido un gesto con la intención de callarle, nada del otro mundo y sin embargo le había hecho estremecerse de la punta de los pies hasta la cabeza. Se había sonrojado a mas no poder y por mas que trataba de controlar su nerviosismo no podía lograrlo. Su corazón lo traía en la garganta y no sabía ni como comenzar a hablar con él.
-- ¿Se encuentra bien?
No escucho cuando el forense le llamó, sus propios latidos del corazón le impedían escucharle. Fue hasta que Trowa le tocó la mano, que iba fuertemente tomada de la palanca de velocidades, que Quatre volteo.
-- Tranquilo – dijo al ver que el rubio se había sobresaltado y estuvo a punto de cambiar de velocidad sin meter el clutch haciendo que el auto se apagara. Pero lo había evitado a tiempo al sujetarle fuertemente la mano evitando que ocurriera un accidente.
-- Lo siento – dijo Quatre apenado deteniéndose a un costado de la avenida para tratar de que su corazón regresara a la normalidad – No se, no se que me pasó, es solo que, que...
-- ¿Estas nervioso? – cuestiono el forense haciendo que Quatre elevara la vista para clavarla en sus ojos verdes – yo también. Así que ¿por qué no tratamos de controlarnos antes de presentarnos ante tu jefe?
¿Qué? Quatre trato de pronunciar palabra, pero de su boca no salió nada. Solo sus ojos se abrieron con sorpresa ante las palabras de Trowa, incluso había dejado de tratarlo de usted para comenzar a llamarlo de tu. Dejo que su sonrisa apareciera en su rostro y pudo ver como el forense también le sonrió a su vez.
Puso en marcha el auto de nuevo y dejo de pensar. No quería llegar a falsas conclusiones, no quería saber que había detrás de ese nerviosismo que le había confesado Trowa. Podía deberse a muchas cosas y no solo a que iba en su compañía.
Aun que la sensación que le embriago después de saberlo nervioso al igual que él, le hacía sentir sumamente bien y feliz.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
El cielo había ennegrecido de forma repentina y los rayos de tormenta ya iluminaban por completo el firmamento. El viento frío había comenzado a soplar haciendo que todo cuanto había en el suelo volara, la tierra cubrió las calles alrededor de la iglesia convertida en nube de polvo. La negrura invadió el lugar, sin lámparas que pudieran alumbrar debidamente, todo se había envuelto en oscuridad al llegar la noche.
Heero vio por enésima vez el reporte que Trowa le había entregado, sujetando entre sus dientes la lámpara de bolsillo que siempre cargaba. Hacía escasas horas que el médico se había retirado de la iglesia llevando consigo una muestra de sangre del sacerdote. En poco tiempo le había enviado por e-mail un reporte detallado, el cual Quatre le había llevado hasta el lugar en su coche.
Aquellas heridas, las ronchas con una pequeña gota de sangre, eran del mismo tamaño, distancia y circunferencia que las encontradas en las 4 victimas (Una pequeña anotación con pluma del forense, le indicaba que para él eran colmillos, más no de algún perro o lobo, de algo desconocido) Además estaban ubicadas a la misma altura y posición que las anteriores. Y para terminar, el análisis de sangre en el padre Roberts, mostraba grandes cantidades de eparina. Aun que esto último tenía una explicación lógica; el padre estaba enfermo y el médico le había recetado aspirinas, aun que en dosis bajas, esto pudo haber alterado ese resultado. Sin embargo, no podía dejar de ser una gran casualidad y por supuesto, él no creía en casualidades.
¿Colmillos? ¿Vampiros?, No, tonterías, él no podía estar cayendo en esa clase de paranoias.
Vio como alguien había salido a poner el candado y no pudo distinguir la figura que se movió a las afueras de la iglesia. No sabía si había sido el seminarista Maxwell, el vagabundo Erick o algún otro, dudaba que hubiese sido el padre Roberts. Así que espero unos minutos, y después bajo del auto para caminar hasta el callejón e introducirse por la ventana abierta.
Pudo escuchar sonidos en la parte alta de la iglesia, pero afuera corría el viento fuerte, posiblemente algún árbol azotaba sus ramas sobre el tejado haciendo parecer como si golpeasen sobre el. Aun así, sus ojos viraban de forma rápida de un lado a otro, estando alertas. La noche se estaba pareciendo mucho a aquella en la que fue atacado.
Desde hacía mucho rato que no veía al seminarista...
¿Dónde diablos se había metido?
Esa pregunta surcaba su mente, mientras los ruidos sordos provenientes de aquella rama retumbaban aun más fuerte en el interior de la iglesia. Podía escuchar ecos a lo lejos. La gente del comedor de los pobres se había arremolinado en una esquina a dormir. Nadie se animaba a salir una vez obscureciendo, todos tenían miedo al vampiro.
¿Vampiro?
¿Debería comenzar a creer en esos seres irreales creados por la literatura?
Desde que había tomado el caso, habían llegado a su memoria toda la cantidad de libros que había leído sobre vampiros. Como buen lector que era, no podía dejar de lado los más populares. No toda su biblioteca estaba compuesta de libros académicos, también había variadas novelas, de todos los géneros habidos y por haber.
Y uno de aquellos libros hablaba sobre la forma en la que podía sobrevivir un vampiro sin matar...
-- ¿Pero en que tonterías estoy pensando? – se dijo Heero mentalmente sacudiendo la cabeza de forma fuerte para alejar esos pensamientos de su cabeza.
Siguió caminando de forma sigilosa dentro de la lúgubre iglesia. Si de día se veía tenebrosa, de noche, era aun peor, no culpaba a los feligreses por evitarla a esas horas. Las pocas velas encendidas no le causaban la menor tranquilidad, todo lo contrario, producían sombras por todas partes, desde hacía días se venía sintiendo como "Blanca nieves perdida en el bosque". No podía estar tranquilo después de haber leído aquel informe y a pesar de auto criticarse por estar cayendo en la paranoia colectiva, no podía desaparecer de su cabeza la imagen del seminarista convertido en un criminal.
De pronto en su imaginación, aquella sombra en el callejón que le había atacado, comenzaba a tomar la forma del seminarista Maxwell y no era la primera vez. Pero ni sus ojos, ni su voz eran identificables y tampoco podía asegurar que fuese él.
Si no fuese por aquella declaración...
Cuando recién lo atrapó, cuando lo esposo y llevó a las oficinas del FBI (trató de borrar de su cabeza aquella ocultación, aun que cada vez le resultaba más imposible); él estaba seguro de su culpabilidad. Pero su declaración, quizá ficticia, le eximía de culpas. En ese momento se había enojado al no encontrarla parecida a la de él. Había intentado reclamarle, enfrentarle cara a cara para sacarle una confesión, pero nada resulto como esperaba. No pudo saber que hacía en ese callejón, a solas, bajo la lluvia y cubierto con una capucha negra. ¿Qué le había llevado a estar en ese justo lugar a la hora en la que él perseguía al asesino? De ser el seminarista inocente, ¿Qué rayos hacía en ese lugar?
Habían pasado tantas cosas, que ya ni tiempo tuvo para averiguarlo personalmente, solo sabía que Quatre había corroborado su coartada y era cierta. Cuando lo leyó, de nuevo creyó que había mentido cínicamente, pero Quatre lo había comprobado...
¿Dando los santos oleos a un moribundo?
¿Qué no acababa de decir que necesitaba ordenarse de sacerdote para hacer todo lo referente a eso de confesar y no sabía que otras cosas más?
¿Entonces estaba mintiendo de nuevo?
Un grito de dolor que se elevo en forma de eco por todo el interior del recinto le hizo ponerse la piel de gallina(y él no era de los que se asustaba de forma fácil) y después el fuerte golpe de algo que caía le hizo voltear de forma repentina hasta el lugar de donde creyó venía el sonido. Por mero impulso había tomado la pistola entre sus manos y corrió hasta el salón principal, aquel que llevaba al callejón. Pero ya no se escucho nada mas, ni siquiera el ruido del árbol golpeando el techo y sin embargo, el viento seguía soplando.
Un escalofrío le recorrió la espalda y de reojo le pareció ver una sombra a sus espaldas, se giro de forma rápida apuntando su arma, pero lo único que estaba allí era uno de los cirios cubierto con una manta formando una especie de sombra. Iba a bajar el arma al haber confundido la sombra de la vela tapada, con una persona, y no escuchar nada más, pero entonces el ruido de metal rebotando en el suelo le hizo sobresaltarse de nuevo y esta vez si vio claramente como alguien corría.
Se dio prisa en seguir a aquella sombra. Esta vez no había podido distinguir nada y tampoco quería alertarla. No iba a gritar "Alto, FBI", porque ni siquiera sabía si le había visto y estaba huyendo de él o si corría por alguna otra razón. Vio una luz al final del pasillo, como si la puerta de algún cuarto se hubiese abierto y después cerrado. Los único cuartos que se encontraban allí, eran los claustros y era imposible que alguien pudiese escapar por las mini ventanas que cada uno de ellos tenía. Así que camino de forma lenta elevando el arma por si alguna sorpresa le esperaba al llegar al lugar.
La luz de un foco que iluminaba a uno de los santos, le permitió ver una serie de gruesas gotas rojas que seguían un camino desde la oscuridad de donde venía hasta uno de aquellos claustros. Se agacho sin soltar el arma ni apartar la vista de aquella habitación, mientras con dos dedos tomaba una de aquella gotas. Era viscosa y oscura, no era agua pintada, esta era sangre.
Su corazón se aceleró de golpe al imaginarse lo peor. ¿Otro asesinato? Se apresuró a levantarse y colocarse frente a la puerta empuñando el arma con ambas manos, entonces de una patada abrió la puerta.
La imagen que vio le hizo quedarse petrificado...
El seminarista Maxwell, le miraba de una forma asustada, ambos brazos (ya que traía ambas mangas de la sotana levantadas) escurrían un agua roja, muy parecida a la sangre y de la comisura de los labios un hilillo rojo llegaba hasta su mentón formando una gota, que al hacerse más grande cayó hasta el suelo aumentando el charco a sus pies.
El sonido del arma al activarse rompió el silencio haciendo eco en todo el lugar.
-- ¿A quien ha matado ahora?
La fría pregunta del agente quebró de nuevo el silencio. Duo Maxwell, asesino serial, ya no iba a poder negar lo obvio, estaba totalmente cubierto de sangre, solo faltaba encontrar el cuerpo...
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Continuara...
N/A: WAJAJAJAWAJAJAJA Y la risa macabra de Maryluz inundo por completo el lugar, jejeje. Lo se, soy cruel. Pero es muy divertido.
