Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
CAPITULO 7
Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
El fuerte golpe sobre la puerta aun retumbaba en todo el oscuro recinto. Pero la puerta de gruesa madera del claustro donde se encontraba el seminarista Maxwell, solo se había astillado debido a lo que había hecho el agente Yuy. Aun así, el chirrido que ahora hacía al estarse balanceando de un lado a otro podría crisparle los nervios al más controlado de los policías.
-- ¿Dónde esta el cuerpo? ¿Quién fue esta vez? ¿El padre Roberts? ¡Contesta Asesino! – la fría voz del agente retumbaba de forma acusadora. Podía ver aquellos labios que había osado en probar, temblando, mientras la sangre delatora se empeñaba en hacerle notar lo que ante sus ojos era más que obvio.
-- Y... yo...
La palidez en el rostro del seminarista no hacían más que acentuar su culpabilidad al haberle encontrado, casi, con las manos en la masa. Su voz no salía de su boca debido a no saber como excusarse; esta vez no habría coartada, no había testigos ni nada que pudiera salvarle: lo había atrapado y él, ese seminarista, lo sabía.
"Asesino", "Asesino"
Hasta parecía que el eco se estuviese burlando de su desesperación. Desde que le había visto por primera vez lo sabía culpable – Maldición – y ahora había muerto otra persona por no poder encontrar las pruebas necesarias para acusarle.
-- Quatre, quiero que revises los alrededores de la iglesia, busca otra victima y avísame de lo que veas – dijo Heero por el celular a su compañero que era quien estaba revisando la parte trasera del lugar, mientras él se introducía en el interior
Había pasado un largo minuto y sentía que hubiesen sido siglos, pero por fin, ¡por fin! Le había atrapado... y no sabía si sentirse feliz, triste o aliviado. Prefería no sentir nada, como siempre, pero ahora estaba sintiendo y odiaba eso.
-- ¿Qué esta pasando aquí?
Sin ni siquiera moverse, Heero pudo ver de reojo como el padre Roberts aparecía por el pasillo de los claustros sumamente pálido y demacrado. Caminaba de forma lenta, deteniéndose de las paredes. Al verle apuntando el arma, sus pasos se hicieron un poco más rápidos y se detuvo de golpe, abriendo enormemente sus cansados ojos al ver frente a él al seminarista Maxwell cubierto de sangre.
-- ¡Por todos los santos!, Duo, ¿Qué pasó? – dijo el hombre tratando de acercarse, pero Heero se lo impidió extendiendo el brazo que no sostenía la pistola.
-- No se acerque, aun puede estar armado.
-- ¡Esta loco agente Yuy! – dijo el padre Roberts retirando a Heero a la carrera - ¿Qué no ve que esta en shock?
Haciendo caso omiso a las recomendaciones del agente, el padre Roberts aparto la mano que le detenía y corrió a ver al seminarista, en su semblante y en su voz se podía apreciar la preocupación. ¿Pero por que? Lo tenía en sus manos y sabía que era un asesino, el propio padre debería sentirse aliviado de que lo hubiese detenido, si no, probablemente, si su intuición no fallaba, él sería el siguiente.
-- ¿Duo, hijo mío, Duo, estas bien? – cuestiono el padre viendo los ojos del seminarista y limpiando el hilillo de sangre que aun escurría de su boca haciendo que aquella mano cubierta de arrugas se tiñera de rojo. Heero se molestó ante la pregunta hecha por el hombre.
-- ¿Cómo va a estar bien si lo acabo de descubrir? – le espetó, pero el padre se volteo para gritarle igualmente molesto.
-- ¡Cállese! Esto debe tener una explicación – aseguro. Heero jamás se dejaba intimidar por alguien que le levantaba la voz y esta no sería la excepción.
-- Claro que si, que Duo es un asesino, si no, porque esta todo cubierto de sangre, mató a alguien.
-- No – la voz de alguien le hizo girarse a sus espaldas. Heero pudo ver a Erick detrás de él con un botiquín de primeros auxilios – Duo se reventó tres dedos con el martillo al estar arreglando el tejado de la iglesia. Trató de detener el sangrado metiéndolos a su boca, pero era demasiado.
"¿Qué?"
El padre Roberts lo sostuvo entre sus brazos mientras el seminarista se desplomo en ellos. El anciano le levanto la mano y todos pudieron ver aquellos blancos y delgados dedos totalmente deshechos. La sangre escurría por sus manos hasta llegar al codo y formaba gruesas gotas que se estrellaban contra el suelo.
-- ¡Necesitamos un médico! – dijo el padre Roberts alarmado.
-- Déjeme, yo puedo atenderlo – dijo Heero guardando el arma y tomando a Duo entre sus brazos para dejarlo sobre la cama del claustro – Tráiganme agua limpia y déjenme aquí el botiquín. Búsquenme desinfectante, hilo, aguja, traigan una vela. Esto servirá mientras un médico puede revisarlo.
¿Cuánta sangre había perdido?
Mientras atendía al chico pudo percatarse de todo aquello que su ceguera no le permitió ver. Sobre un pequeño buró había una palangana de agua totalmente roja, probablemente Duo había tratado de limpiarse mojándose las ropas, ya que lo rojo de la tela no era sangre, si no, agua enrojecida. Afuera aun no estaba lloviendo, entonces no se había mojado por la lluvia, era agua, el agua de aquel recipiente, ya que tampoco había agua a las afueras del cuarto, por donde él había llegado. La pequeña luz que iluminaba el cuarto no le había permitido ver claramente aquellas manos lastimadas.
Tomo un trapo y lo empapo en agua tibia, con él comenzó a limpiar la mano que se veía peor. Desinfecto la herida y con sumo cuidado retiro los pedazos de piel desgarrados. Utilizando la vela, desinfecto la aguja y cosió la abertura...
El seminarista no se movió, ni se quejo en ningún momento y eso le tenía algo preocupado. ¿Preocupación? ¿Desde cuando él sentía ese tipo de cosas? Dejo de lado sus pensamientos y se concentro en lo que hacía tratando de no cometer ningún error.
El padre Roberts y Erick estuvieron allí todo el tiempo. Heero había llamado a Quatre para solicitarle un médico, el rubio trató de saber si habían encontrado a alguien, ya que él no encontraba nada, pero Heero le ordeno que siguiera buscando y que llamara al doctor y lo enviara al claustro del seminarista Maxwell.
"Quatre no encuentra nada... ¿Realmente estoy equivocado?"
Mientras terminaba de curar al herido, no pudo dejar de notar la suavidad de aquella piel, su blancura y esa aura de inocencia, que a pesar de sus ropas negras, le envolvía. Limpio la piel de su rostro de aquel liquido rojo que le cubría y continuo limpiándole el cuello, el pecho de forma lenta sintiendo que estaba en medio de un hechizo mientras sus manos descendía de forma lenta limpiando aquella piel. Tenía que retirar sus ropas sucias y ponerle limpias, sus manos temblaban como nunca, cuando comenzó a desabotonarla para retirarla de su cuerpo. Su conciencia le advertían que no estaban solos, pero sus sentidos solo estaban al tanto de aquella piel tan cremosa que parecía temblar ante su tacto. Sus dedos rozaron el pecho del seminarista y eso le hizo sentir una corriente eléctrica sacudirle el cuerpo haciéndole pararse de un brinco y girarse al padre Roberts y al vagabundo que le miraba de forma extraña.
-- Cámbienlo ustedes padre, yo voy a traer un par de vendas del auto y algunos medicamentos...
Ni siquiera espero a que el padre le dijera nada, salió a toda prisa del lugar con aquel pretexto. Pero lo que necesitaba era calmarse, respirar el aire frío de la noche y lograr que su autocontrol regresara a su cuerpo. Jamás había dejado que su cuerpo reaccionara ante nada y se vio sorprendido cuando al tocar aquella cálida piel, algo en su cuerpo despertó de forma automática. Había sido una reacción involuntaria. Era como cuando sacaba su arma al verse amenazado, en esta ocasión, había salido huyendo al no poder controlar esa reacción.
¿Qué diablos le estaba pasando? Ya una vez había besado esos labios y tocado ese cuerpo. ¿Qué quería esta vez? ¿Qué? Su cuerpo había respondido a esa pregunta momentos antes, pero se negaba a si mismo la posibilidad.
Llevó las vendas y el medicamento de nuevo al claustro y se puso a hacer su trabajo mandando hasta el fondo sus pensamientos. Omitió en todo momento ver el rostro blanco del seminarista y tuvo cuidado de no tocarlo. El chico ya había sido cambiado, ahora traía una pijama, así que no tuvo que presenciar el cuerpo desnudo en ningún momento y acentuar su excitación delante de los dos hombres que estaban con él.
Ya con ambas manos vendadas, el medico hizo su arribo y les hizo salir a todos... a todos menos a uno.
-- Ya le dije que no es necesario que se quede – dijo el hombre de forma exasperada.
-- Y yo ya le dije que me quedo – insistió el agente Yuy cruzando los brazos, en una clara señal de que no iba a moverse.
-- Si el seminarista es un sospechoso, le aseguro que no va a escapar, yo le voy a cuidar bien – insistió el hombre a su vez.
-- Y en lugar de estar perdiendo el tiempo, póngase a hacer su trabajo, yo aquí me voy a quedar, lo quiera o no.
El hombre refunfuño y se hinco a un lado de la cama de Duo para revisar las curaciones hechas. Había querido reclamar por el trabajo realizado, regañar al agente por haber hecho algo que no le correspondía y haberlo hecho todo mal, pero no pudo. Se había sorprendido al darse cuenta que las curaciones hechas por Heero habían sido acertadas. La herida había sido desinfectada y suturada de forma correcta, cerrando en los puntos precisos y dejando todo unido de una forma perfecta.
Envolvió las manos del seminarista con vendas pequeñas y se paró para ver a Heero a los ojos con el ceño fruncido. La mirada que el agente le regreso era igual a la suya.
-- Debe darle medicamento para desinflamar y algunos antibióticos para que la fiebre baje cuando se presente – dijo el hombre de forma fría.
-- Hn – dijo Heero haciendo que el hombre se molestara. Trabajar con el agente Yuy era desesperante cuando él sabía tanto o más que él en el campo de la medicina.
El hombre se dio la vuelta para salir, pero antes se giro para ver a Heero que aun permanecía en su lugar observándole con el ceño fruncido. Heero había esperado que le dijera algo, pero él hombre no había dicho nada sobre lo que había hecho. Por lo menos, eso quería decir que todo estaba bien, aun que él no era médico, había estudiado muchos libros de medicina para poder desenmascarar a varios criminales. Aun así, era la primera vez que hacía una reconstrucción de ese tipo. ¿Realmente lo había hecho bien?
-- No me llame si no me necesita – dijo el hombre saliendo de la habitación dando un portazo. Por lo menos esa reacción le confirmaba que todo había estado bien.
No pudo evitar que una mueca en forma de sonrisa se formara en su rostro.
Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Quatre atravesó a la carrera el pasillo oscuro de la iglesia hasta llegar al claustro donde Heero se encontraba. Quería saber que tanto había pasado con el seminarista y con su jefe. Por un momento pensó que el asesino había aparecido, ya que Heero le había puesto a buscar a una victima, pero no encontró nada. Al escuchar lo que su jefe le había dicho, mando pedir un par de policías a los que hizo subir al techo de la iglesia y revisar el comedor de los pobres mientras el registraba a los alrededores, el callejón y las calles más cercas al recinto. Pero no hubo nada. Por lo menos no una victima. Entonces Heero le mando pedir un médico y eso le preocupo más, cuando quiso saber el porque, de nuevo Heero no le dijo nada. ¿Por qué su jefe siempre tenía que ser tan duro con él? A veces no sabía como comportarse, se sentía como un niño ante su presencia. Había entrado a trabajar con él lleno de ilusiones y sueños, pero el comportamiento de Heero para con él solo le hacía dar de botes al suelo.
-- Quizá si debería buscarme otro trabajo – se dijo con tristeza llegando hasta la puerta del claustro y tocando de forma ligera.
El chirrido de la puerta al abrirse le puso los pelos de punta y más se le erizaron al ver frente a él la imagen pálida y ojerosa de un hombre rubio vestido de negro. Parecía un zombi, tenía una enorme cicatriz en un costado del rostro y sus ojos verdes se clavaban en su rostro de forma inquisitiva.
-- Bu... busco a... al agente Yuy – dijo tartamudeando, el chico junto a él cabeceo en acuerdo y abrió un poco más la puerta dejando ver a Heero recargado en una de las paredes con los brazos cruzados viéndoles fijamente.
Heero salió del lugar cerrando a sus espaldas. La puerta no cerraba del todo bien, por lo que echar llave iba a ser imposible hasta que no fuera arreglada.
-- ¿Qué encontraste? – preguntó Heero al estar frente a su subordinado.
-- Ningún cuerpo, solo sangre. Dos policías y yo buscamos por todos lados, incluso en el techo. La lluvia que aun sigue cayendo borro un poco de la sangre que había allí arriba, junto a un martillo, pero la hemos recopilado, creo que hay suficiente como para analizar. Pero no hay cuerpo, por lo menos no a los alrededores.
-- Lleva la sangre al laboratorio – se dio prisa en ordenar, para después continuar - Espero que también hayas recogido el martillo, porque quiero que confirmes que las huellas y la sangre, tanto la que haya en el mazo, como la que había tirada, son del Seminarista Maxwell.
-- ¿Le paso algo a Duo? – Cuestionó el rubio con suma preocupación. Heero se giro, abrió un poco la puerta y vio a Duo aun dormido en la cama, mientras Erick le observaba detenidamente. Sintió una especie de punzada al ver como aquel vagabundo observaba al chico, así que cerro de nuevo olvidándose del asunto.
-- Al parecer se golpeo con el martillo, solo quiero que me lo confirmes.
-- ¿A caso esta desmayado? – Heero cabeceo en acuerdo - ¿Pero como? No me parece que un golpe en la mano con el martillo sea suficiente para desmayar a alguien.
-- Yo tampoco lo creo, por eso date prisa en llevar eso al laboratorio y me llamas cuando tengas los resultados. El seminarista se destrozo tres dedos de la mano izquierda y se lastimó la mano derecha.
-- ¿Pero como? – Los ojos enormemente abiertos de Quatre dejaban ver cual sorprendido estaba.
-- Eso lo sabremos cuando despierte.
-- Oh. ¿Qué crees que paso? – cuestionó Quatre. Sabía que las deducciones de Heero eran muy acertadas y tenía verdadera curiosidad por saber que había pasado.
-- No quiero creer nada. Cada vez que saco una conclusión, este chico la echa por tierra de una u otra forma – Quatre sonrió. Eso era verdad y Heero lo sabía bien, por eso desde que había tomado ese caso estaba tan molesto.
-- ¿Vas a admitir que te equivocaste con él? –volvió a preguntar Quatre sin borrar su sonrisa del rostro, pero el rostro molesto de Heero le hizo borrarla de golpe.
-- Todavía no me e equivocado. Nada me hace creer que no es culpable. Y ya vete al laboratorio.
-- Si – dijo el rubio al haber comprendido que había cometido un error al hacerle ver a su jefe que estaba equivocado.
Heero entro de nuevo al claustro, no estaba dispuesto a moverse hasta saber que diablos había pasado.
¿Realmente estaba equivocado con Duo Maxwell?
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
De nuevo estaba lloviendo. Parecía que la ciudad estaba cubierta por un manto gris que se empeñaba en bajar cada noche y derramarse por las calles y las viviendas como fina pelusa o como cascadas torrenciales. Esta noche, solo era pelusa helada, pero aun así mojaba.
Había salido temprano de la morgue, más bien, no había llegado ya que la encontró cerrada. Llamó a su jefe y este le indico que tenían un problema y se vieron en la urgente necesidad de fumigar.
"Claro, sus eternos clientes agradecerán no ser devorados antes de ser enterrados" se dijo con fastidio caminando por las solitarias calles rumbo a su departamento.
Pero no quería llegar, no tenía nada que hacer en su casa y como estaba acostumbrado a desvelarse, tampoco tenía sueño. Por lo menos le hubiesen telefoneado, así no hubiese salido solo a mojarse. Y todo para nada...
Se paro de golpe al recordar algo y a sus labios acudió una ligera sonrisa. Quizá aun no era tan tarde y de algo servía el no ir a trabajar...
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
El agua golpeteaba de forma ligera el techo de la iglesia, como si fuese una canción de cuna: sencilla y agradable. Tenía mucho rato de estar en aquella habitación, mas no estaba solo. El padre Roberts se había retirado a descasar dejando a aquel vagabundo a su lado, quizá, previniendo algún tipo de arranque de su parte. Quizá solo para que le ayudara. Quizá... prefería no pensarlo. Pero estar solo o acompañado era lo mismo, ya que, ese chico era sumamente silencioso, no decía ni hacía nada, solo estaba allí, recargado en la pared viendo, al igual que él, a ese seminarista, respirando aquel aroma dulce que sobresalía sobre el desinfectante y el alcohol. Se sentía incomodo. Un escalofría le recorría la espalda y siempre que veía de reojo, allí estaba ese chico, viendo y no viendo nada a la vez. Quizá solo era frío, prefería no darse a la tarea de averiguar que era esa extraña sensación que le sacudía el cuerpo.
Prefería centrar su atención a ese cuerpo inmóvil en la cama, mientras él estaba sentado en una silla junto a aquel camastro, descansando ambos brazos sobre sus piernas, procurando estar al pendiente de cada movimiento, de cada gesto dado entre sueños. Su mirada azulada no podía despegarse de aquel rostro en apariencia inocente. No podía dejar de preguntarse si realmente estaba equivocado con él.
¿Por qué ahora se cuestionaba tanto? ¿A caso esa misma noche no había asegurado que había matado a alguien? Incluso, aun no tenía los resultados del laboratorio. Pero aun así, su intuición le decía que el chico le estaba diciendo la verdad... ¿Solo esta vez?
Levanto de nuevo la vista para verlo.
Viéndolo así, dormido, era imposible creer que este chico pudiese ser un asesino serial. Pero había tantas cosas que le acusaban, tantas casualidades que él no estaba dispuesto a creer. Había estado en St. George, donde ocurrió el segundo asesinato, salió la misma noche en que ocurrió. Dos semanas después, ocurrió el tercer crimen y en el último, el cuarto, él lo vio, lo siguió y lo encontró en aquel callejón.
Era culpable, tenía que ser culpable, porque si no lo era... si no lo era...
"Diablos"
Si Duo Maxwell no era culpable, entonces ya jamás podría volver a confiar en su razonamiento lógico y científico e iba a tener que comenzar a creer en todo aquello que no podía ni debía creer, como los vampiros.
"Maldición"
-- Agente Yuy – Heero despertó de sus pensamientos al escuchar aquella voz llamarle y vio los ojos violetas del seminarista Maxwell por fin abiertos. Se veía asustado y temblaba; mas no sabía si de frío o quizás miedo. Estaba sonrojado y sudando, desde hacía un rato se había percatado que tenía fiebre, tal como él médico le había dicho, pero ya no podía darle más medicamento – Agente Yuy – escucho de nuevo su nombre pronunciado por aquellos labios.
-- ¿Hn? – cuestiono de forma silenciosa sin moverse de su posición, solo haciéndole notar que estaba allí.
-- Lo vi, vi al vampiro en el techo
-- ¿Qué? – no sabía que era lo que decía, ni siquiera había pasado por su cabeza que el asesino fuese otro y que le hubiese atacado a él... ¡A él!...
-- ¡Lo he visto! – dijo con desesperación - ¡Es verdad lo que cuenta la gente! ¡Es un vampiro! – Eso era imposible, tenía que ser un humano, ¿Por qué decía que era un vampiro? ¿Qué había visto para que dijera semejante cosa?
-- Esta delirando – dijo en voz baja el agente acercándose al seminarista para poner su mano en su frente, estaba ardiendo – Tranquilícese, tiene fiebre y ve cosas que no son ciertas. Quizá solo fue un mal sueño – Duo aparto la mano del agente de su frente para tomarla fuertemente entre las suyas y poder hablarle viéndole a los ojos. Aquellos ojos parecían transmitirle una suplica. Quería que le creyese, que supiera que no estaba mintiendo.
-- No. Lo que vi no fue producto de mi imaginación o mis pesadillas – Se escuchaba bastante lucido como para pensar que deliraba – Fue lo mismo que vi aquella noche en que me detuvo...
"¿Qué?"
-- ¿Qué fue lo que vio? ¿Dónde? – cuestiono Heero tratando de mantener su voz controlada, no dejándole saber al seminarista lo que aquella palabras le estaban causando.
-- En el callejón. Esa noche en que salí de dar los santos oleos al Sr Leonard, vi a una persona correr por enfrente mío, bajo aquella tormenta entró a un callejón sin salida. Me gire para avisarle que no iría a ningún lado por allí y entonces lo vi... era una sombra negra que trepaba por las paredes, como si estuviera escalando sin usar arneses. Hoy lo vi otra vez, pero en esta ocasión le vi el rostro y a la vez no se lo vi.
-- ¿Se lo vio o no se lo vio? - ¿Podía Ser posible?
-- Sus ojos rojos – igual a lo que vi – me dejaron paralizado. Quería levantarme y no pude. Quería mover mis brazos y no pude. Quise gritar y de mi boca no salió sonido alguno. Era como si algo o alguien me tuviera sujeto y amordazado. Agente Yuy... yo jamás había estado tan asustado.
"¿Será realmente un sueño?" - ¿Qué ocurrió? ¿Por qué estaba lleno de sangre? – preguntó tratando de sonar sereno, pero serenidad no era lo que estaba sintiendo en ese momento. ¿A caso su doble personalidad se hacía presente en forma de sueño? Cuantas veces no había leído eso en los libros de psiquiatría.
-- Vi esa cosa, no puedo decir que haya sido un humano, acercarse a mi; unos enormes dientes blancos sobresalían de la comisura de sus labios, como los dientes de un perro enojado; si era el asesino iba a matarme – Heero tembló ante la posibilidad apretando mas fuerte aquella delgada y vendada mano – tenía que salir de la parálisis de alguna forma y solo logre abrir mi mano, la que sostenía el martillo. Este calló de forma pesada y me golpeo... entonces todo regreso a mi, la sombra desapareció así como había llegado y yo comencé a sentir dolor, frió, miedo... y la voz que antes no quiso salir de mi boca, se presento en forma de grito.
"Ese fue el grito que escuche"
-- Salté del techo sangrando. Trataba de detener aquel chorro metiendo mis dedos a mi boca, pero el horrible sabor que me lleno tuve que escupirlo y corrí hasta aquí. Creo que llegue por reflejo, porque yo seguía temblando de miedo, pero sabía que usted estaba dentro y podría verme, oírme, evitaría a toda costa que ese asesino llegara hasta mi - ¿Yo? – Tengo miedo, tengo mucho miedo. Esa mirada inyectada en sangre me persigue, me parece estar viendo sus ojos, allí – dijo apuntando justo detrás de Heero con la mano libre – y me hace temblar.
Heero se giro para ver a donde apuntaba Duo, pero allí solo estaba Erick, quien se encogió de hombros al no saber interpretar lo que decía el seminarista.
-- ¿Por qué cuando presento su declaración no dijo nada de esto? Usted comenzó el relato desde que le encontré en el callejón. Además, ¿No se supone que no puede dar los santos oleos? Aun no es sacerdote.
-- ¿Usted me hubiera creído? ¿A caso me cree ahora? – cuestiono el chico viéndole fijamente sin contestar a la última cuestión.
-- No importa lo que yo piense, debió haber quedado asentado en el archivo lo que usted dijo que vio.
-- ¡Ni siquiera estoy seguro de lo que vi! – asevero de forma vehemente - No se que era. Además, estaba asustado por como ocurrieron las cosas. ¿Dejaría de creerme un asesino si le hubiese dicho que vi algo trepando las paredes?
-- No
-- Entonces no tiene caso – dijo soltando la mano de la del agente y desviando la vista de los ojos cobalto. Heero solo le observo con el seño fruncido. Comenzó a sentir frío cuando aquella mano se retiro de la suya. Apretó fuertemente el puño tratando de retener aquel calor, aquel cosquilleo que se había presentado desde hacía unos momentos.
-- Pero era importante que lo dijera. Por lo menos tendríamos algo más que investigar – insistió Heero tratando de olvidar cualquier cosa que hubiese sentido, pero vio como algo cristalino comenzó a escurrir de aquellos ojos cerrados ¿Lágrimas? ¿Por qué? No pudo seguirle diciendo más, no sabía porque el seminarista lloraba. ¿Aun estaba asustado? O acaso ¿Le habrían herido sus palabras?
Algo en su interior pareció desquebrajarse al ver aquel liquido cristalino que salía de sus ojos. ¿Por qué dolía tanto el pecho al ver aquello? Nunca lágrima alguna había logrado conmoverle. El era duro, frío y totalmente controlado. ¿Por qué ahora sentía algo que jamás se había permitido sentir?
¿Dolor? ¿Esto era dolor?
-- Tengo frío...
Aquellas simples palabras rompieron el cristal del silencio que se había hecho en aquellos momentos. Heero se acercó hasta la cama para subir las mantas y se giro a Erick para solicitarle mas.
-- Voy a buscar en el almacén – dijo el rubio.
-- Podría también traer un poco de agua y un trapo – el chico solo le observo y Heero supo que esperaba una explicación a su petición – Hay que bajarle la fiebre – dijo de forma fría. No estaba acostumbrado a dar explicaciones cuando daba una orden, pero este vagabundo no era su subordinado, así que tuvo que explicarle.
-- En seguida vuelvo - dijo el rubio saliendo del claustro y dejando a Heero a solas con el seminarista Maxwell.
No quería que el vagabundo se fuera, no quería quedarse a solas con aquel chico porque se sentía extraño en su compañía y no quería seguir pensando ni experimentando esa clase de sentimientos.
-- Agente Yuy – el sonido de la voz de Duo le hizo voltear a verle.
-- ¿Hn?
-- Quédese conmigo, por favor, tengo miedo. Creo que si el asesino me vio y cree que yo le vi, va a intentar matarme – Ver con miedo a aquella criatura angelical le hacía sentir extraño. Una necesidad urgente de protegerle le había inundado y no sabía que hacer con ella.
"¿Yo protegiendo a este asesino?"
-- Nadie va a matarlo – aseguro Heero tratando de olvidar sus pensamientos. Se acerco hasta la cama del seminarista y se sentó a su lado. Por instinto, su mano se elevó y cayó sobre la frente del chico haciéndole voltear – yo voy a estar aquí – La sonrisa luminosa que se dibujo en aquel rostro le hizo estremecer ¿A caso le había dado frío? – Además, su amigo el vagabundo no tarda en regresar.
-- Pero usted tiene un arma y Erick no – una mueca en forma de sonrisa se dibujo en el rostro del agente.
-- Creí que no quería que usara mi arma, ya que esta las "carga el diablo" – Duo abrió los ojos de forma enorme y Heero supo que el chico se había equivocado.
-- Olvídelo, estoy delirando.
-- Si, claro – dijo con sarcasmo sin dejar de acariciar los mechones de cabello que caían desordenados sobre su frente.
-- Y sobre los santos oleos – dijo cerrando los ojos y sonriendo – El señor Leonard es hipocondríaco. Cada semana se muere de algo distinto, así que, solo acudimos a brindarle un poco de paz y eso si puedo hacerlo.
-- Hn – gruño Heero sin despegar sus manos de los cabellos del seminarista. Había leído algo como eso en los reportes de Quatre, solo quería escucharlo de los labios del seminarista.
¿Casualidad? Ya no sabía ni que pensar...
De pronto se detuvo dándose cuenta de la tontería que estaba haciendo. ¿Acariciando el cabello del seminarista de forma tan intima? Sus manos habían continuando moviéndose sin darse cuenta. Quizá solo había sido ese sentimiento de protegerle y darle algo de tranquilidad. Pero no tenía porque haber continuado con aquella caricia, no debía y no podía.
-- Continúe por favor - ¿Qué? Aquella voz le hizo levantar la vista topándose con aquellos ojos violetas fijos en él – Me sentía mejor con lo que estaba haciendo, me transmitía una paz que estoy muy lejos de sentir en estos momentos.
-- ¿Hn? – sin embargo no elevo la mano para continuar con su caricia, por el contrario, la sujeto fuertemente con la otra evitando a toda costa que su subconsciente le fuese a traicionar - ¿Aun tiene miedo?
-- Si – dijo cerrando los ojos – Pero ya no se si es a causa del vampiro o... – Heero se quedo esperando la siguiente palabra, pero esta nunca llego. El seminarista se había quedado dormido y él se había quedado pensando en aquello que el chico había querido decirle.
A caso era ¿Miedo a él?
Soltó su mano y la vio fijamente ¿En que momento había continuado con algo que no quería hacer? ¿Realmente no quería?
Giro la vista para ver al seminarista y de nuevo su mano se dirigió a aquellos cabellos desordenados que caían cubriendo su frente. Dejo que las finas hebras se deslizaran entre sus dedos y de forma lenta otro de sus dedos comenzó a acariciar aquella nariz respingada mientras llegaba hasta la punta de aquellos cabellos dejándolos caer y separando sus dedos de la nariz para tomar camino hasta esos labios entreabiertos que expulsaban aire debido al sueño.
Sus labios se abrían y cerraban de forma ligera, aquellos labios sonrosados que había probado una sola vez y que cada vez que hablaban le llenaban la cabeza con ideas raras. Su dedo había continuado recorriendo de forma lenta aquel rostro fino y de mirada hechizante. Aquellos labios eran una tentación que le invitaban a repetir aquella hazaña. Se había ido acercando poco a poco sin darse cuenta hasta que sintió el aliento cálido y dulce de su dueño chocar contra su rostro.
¿Qué estaba haciendo?
En esos momentos no sabía y realmente no le importaban las consecuencias de sus actos. Quería probar de nuevo aquellos labios y embriagarse con su sabor. Sería otro beso robado, como había sido el primero.
"¿Es que me atrae tanto que no puedo dejar pasar la oportunidad de besarle?"
Pero justo en el momento en que sus labios estaban a punto de probar de nuevo aquella boca, la puerta se abrió con aquel chirrido haciéndolo componerse a la carrera y volteando para ver quien entraba.
"Maldición ¿Qué estaba a punto de hacer?"
Erick acababa de abrir la puerta cargado con un par de mantas, y otras cosas, que dejo al borde de la cama. Ni siquiera había volteado a verles, bien pudo haber estado besando al seminarista y ese vagabundo ni cuenta se hubiese dado.
Pero pudo notar que tenía fuerza, ya que no solo había llevado las mantas, también traía una palangana y una tina con agua colgada de la otra mano.
-- Voy a cuidar al padre Roberts – dijo volteando por fin a ver a Heero, el agente solo cabeceo en acuerdo – Le he traído lo que me pidió, si requiere de algo más, solo hágamelo saber.
-- ¿Es usted quien cuidaba del padre Roberts desde que enfermo? – cuestiono Heero viéndole fijamente, entrecerrando los ojos para enfocar mejor.
Nunca había tomado verdadera conciencia de este chico. Cuando recién lo vio en el comedor de los pobres, le pareció alguien débil y enfermo, incapaz de sostenerse por demasiado tiempo en pie. Y como en ese momento confiaba mucho en su análisis intuitivo, descarto de forma inmediata a una persona enferma.
¿Pero ahora?
-- No. Era Duo – Heero frunció el ceño al saberlo. Estaba mintiendo. El propio seminarista le había informado que ese vagabundo cuidaba del padre Roberts mientras él se hacía cargo de los asuntos de la iglesia. Además su voz sonaba distinta al afirmar que era otro quien le cuidaba y no él - Pero ya que él esta herido y con fiebre y me parece que usted se quedara aquí esta noche, yo iré con el padre Roberts - No confiaba en él.
-- Le mandare a alguien para que le ayude – se dio prisa en avisarle.
-- No se moleste, yo puedo solo con el trabajo. El padre Roberts duerme toda la noche – Eso es imposible. Un hombre de esa edad, se estaría levantando constantemente al baño. Esta mintiendo de nuevo y eso le hizo fruncir el ceño aun más.
-- No es molestia – insistió Heero de forma firme, además, un ligero presentimiento le hacía querer mandar a alguien con el padre Roberts – en seguida llegara alguien con usted. Pudo ver como la mirada del chico no cambio en ningún momento, solo le miraba de forma fija. No sabía ni que pensar con respecto a él, solo sentía que no debería dejar al cura a solas con él.
-- Ok. Buenas noches – dijo el vagabundo cerrando a sus espaldas con ese escalofriante chirrido.
En cuanto el chico salió, se dio prisa en tomar su teléfono y llamar a Quatre.
-- Quatre... manda a uno de los policías con el padre Roberts – ni siquiera espero a que le contestara - que le vigilen bien, que no se despegue de su lado en ningún momento y sobre todo, que no le deje a solas con ese vagabundo llamado Erick...
-- Pero... – trato Quatre de hablar, sin embargo Heero le interrumpió.
-- Además, quiero que investigues todo lo que puedas sobre el vagabundo. Quiero que vengas por un objeto, que saquen sus huellas y revisen todo sobre él. Sobre todo... Averigua, si estuvo en St George antes de llegar aquí...
Erick el vagabundo, tenía la misma altura y complexión que el seminarista Maxwell, además de vestir de negro como ellos...
¿Podría ser Erick realmente "El Vampiro"?
En esos momentos en que no tenía nada, no iba a descartar ninguna posibilidad...
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Quatre se había marchado de aquella habitación hacía relativamente poco tiempo. Y él había regresado a la cama del seminarista Maxwell. Quatre había tratado de sacarle información sobre lo que estaba pasando, pero no pudo ni quiso decirle nada, porque realmente no tenía nada, solo suposiciones que en ese caso no le estaban funcionando. Solo se limito a pedirle que llevara la palangana al laboratorio y se limitara a seguir vigilando.
Duo Maxwell seguía con fiebre. Como había sacado la palangana, tuvo que meter el trapo directamente al agua fría que estaba en la pequeña cubeta que le llevara el vagabundo. Pudo sentir como el chico temblaba cuando pasaba el trapo mojado sobre su frente. Más de una hora estuvo pasando el trapo por aquella piel ardiendo, escuchándole murmurar algo que parecían ser plegarias o rezos hasta que todo se calmo.
-- Por fin – dijo soltando un suspiro cuando vio que el seminarista respiraba de forma tranquila y la temperatura parecía haber bajado. No sabía si había sido a causa del agua fría o porque las medicinas por fin habían surtido efecto, lo único que sabía era que la fiebre había bajado, lo que le daba la oportunidad de descansar.
Se sentía agotado, pero mas tranquilo.
¿Desde cuando él se preocupaba por alguien que no fuese él mismo?
Paso el trapo húmedo por su frente para tratar de borrar con agua todo su sentir. Había tratado de olvidar que estabas a solas con ese chico, encerrados en su cuarto, aun que, eso de encerrados era relativo, ya que la puerta no tenía ni podía echar cerrojo hasta que fuese reparada.
-- ¡Maldición!, yo no sirvo para enfermero – se dijo de forma agotada soltando el trapo en la tina que tenía a un lado suyo haciendo que el agua salpicara su pantalón y le mojara los calcetines - ¡Maldición! – volvió a repetir sacudiendo la tela.
-- Creí haberle pedido dejara sus maldiciones afuera
Heero se enderezo de inmediato al escuchar aquella voz serena y pudo ver que el seminarista le miraba y le estaba sonriendo, como siempre que le daba un regaño. ¿Por qué aquella voz, adornada de esa cálida sonrisa le hacía sentir extraño?
-- ¿Desde cuando esta despierto? – cuestiono para dejar de ver aquel rostro atractivo.
-- Recién despierto ¿Ah estado toda la noche aquí, cuidándome? – Heero solo cabeceo en acuerdo sin despegar su mirada de aquel rostro sonriente - Gracias, agente Yuy.
Heero levanto la mano hasta su cuello y comenzó a masajearlo y a moverlo de un lado a otro para tratar de desestresarse sin contestar nada a aquel agradecimiento. Le hubiese gustado haberle dicho que no había nada que agradecer, pero realmente si tenía porque hacerlo. ¡El jamás había cuidado a nadie!
-- ¡Oh!, esta cansado – dijo Duo viendo aquel gesto de cansancio presentarse en el agente – Porque no descansa un poco en la cama – dijo levantando las colchas haciendo que Heero volteara a verlo con el ceño fruncido ¿Qué pretendía diciendo aquello? así que se dio prisa en refutar la oferta.
-- No se levante. Usted debe descansar en la cama, yo estoy bien aquí, en la silla – Duo sonrió y solo le observo.
-- No fue eso lo que le ofrecí – dijo sin borrar su sonrisa – le ofrecía compartir la cama
"¿Qué?"
¿Acaso este chico le estaba tentando?. ¿A caso no sabía lo que le estaba proponiendo? ¿Cabía la posibilidad que debajo de aquel rostro, en apariencia inocente, se ocultara un verdadero demonio? ¿Un ser capaz de asesinar a sangre fría? ¿capaz de seducir sin importarle sus vestimentas y sus convicciones religiosas?
-- Se ha quedado mudo agente Yuy – La voz de Duo le hizo fruncir el ceño aun mas, ya que aquella sonrisa no había desaparecido de su boca. Parecía que se estuviera burlando de él. La sonrisa del seminarista se borro cuando el agente no le dijo nada y solo se limito a verle de forma fría – En el orfanato, teníamos muy pocas camas, así que dormir 2, 3 o 4 chicos en una misma era normal. Solo cuando entre al seminario, fue que conocí lo que era una cama para mi solo – explico el seminarista.
-- Pero solo era un niño entonces – aclaro Heero sin dejar de fruncir el ceño.
-- ¿Y eso importa? Solo quiero que descanse. No hay más camas, ni mas cuartos. A menos que quiera ir con la gente del comedor de pobres. Aun que en ese caso, debería dormir en el suelo, junto con los demás vagabundos y tengo la impresión de que no le resultaría agradable –"¿Y dormir con usted si?" se cuestiono.
-- Prefiero la silla – dijo Heero dándose prisa en contestar. Además, no iba a dejarlo solo.
-- Y yo prefiero que duerma cómodo – insistió el chico. ¿Por qué tanta insistencia de su parte? ¿Qué quería lograr? ¿A caso quería comprobar algo?
-- Le aseguro, que sería lo mismo la silla o la cama... – "junto a usted no podría dormir" pensó de nuevo.
-- Puedo ir a...
-- No insista, no voy a dormir de todas formas. Estoy acostumbrado a no hacerlo – le interrumpió.
-- Y por eso esta siempre de mal humor. Porque no duerme. ¿A caso me tiene usted miedo?
"Si"
-- Por supuesto que no. Además, usted sabe que tengo un arma
-- Entonces. Venga ahora mismo y duerma o me veré en la necesidad de levantarme y traerlo de una oreja, agente Yuy - ¿De nuevo le estaba regañando? ¿Por qué ahora le estaba tratando como si fuese un niño negándose a dormir?
-- ¿Me esta usted retando? – cuestiono de forma molesta.
-- No. Solo lo invito a descansar un rato... amenos que tenga miedo – "que terco".
-- No voy a caer en su juego – le advirtió.
-- No estoy jugando. Solo quiero que descanse.
-- Con dos minutos que descanse será suficiente
-- No podrá descansar en esa silla, venga ahora a la cama. Le dejo la orilla, ¿O prefiera la pared?
-- Ni una ni otra. Me quedo aquí.
-- Entonces me obliga a levantarme – dijo el seminarista recorriéndose hasta la orilla en señal de levantarse.
-- Quédese en su lugar – aquella fría voz le detuvo de moverse, pero no de hablar.
-- Venga.
-- No insista.
-- Si, si insisto. Y si no viene, yo voy – volvió hacer el ademán de levantarse, hasta que Heero hablo.
-- Si... – dijo Heero haciendo una pausa. Ya se estaba cansando de tanta terquedad y de tanta palabrería. Parecía ser que este chico disfrutaba el sacarlo de quicio - voy, ¿dejará de hablar y se pondrá a dormir?
-- Si – dijo volviendo a mostrar aquella luminosa sonrisa. ¿Se reía porque le había ganado?
-- Además, ¿puede prometerme que va a dejar de hablar? – No importa, mientras dejara de hablar.
-- Esta bien agente Yuy. No sabía que usted necesitaba total silencio para poder dormir, yo por el contrario, puedo dormir hasta en un concierto de rock.
-- Le creo, ahora solo cállese y duerma.
Entonces Heero se paro de la silla con cierta renuencia. La sola idea de dormir junto a ese seminarista le hacía sobresaltar el corazón; su cerebro repetía una y otra vez que era una tontería, que había estado a punto de besarlo mientras estaba dormido y con fiebre. Pero por otro lado, estar en la misma cama le daba la oportunidad de estar mas al pendiente de él, de saber si se levantaba a cometer algún crimen. Si se quedaba dormido y el seminarista trataba de irse, el movimiento en la cama iba a despertarle.
¿Dormir?
Pero que tontería, eso era lo menos probable que iba a suceder esa noche.
Se sentó a un lado de la cama retirando el porta armas que descansaba bajo su brazo, colocándola en la silla que antes ocupaba, entonces se recostó a su lado sin mirarle. Pero estaba tan incomodo, sintiendo el calor del cuerpo del seminarista casi encima suyo.
Una cama individual para dos personas era una ridiculez.
Veía al techo sin cerrar los ojos, tratando de no pensar en nada, pero poco a poco comenzó a ser conciente de aquel calor y aquel aroma proveniente del chico junto a él. Quiso ponerse de lado para sentirlo menos, ya que su cuerpo comenzaba a sentir un cosquilleo que empezaba a reconocer, pero casi se cae al suelo al intentar moverse.
-- ¿Quiere que le deje la pared?, así por lo menos podrá detenerse y no corre riesgo de caerse – Ni siquiera espero una confirmación de su parte, se movió hasta la orilla dejándolo a él recargado en la pared. Como no lo había escuchado, pensó que ya se había quedado dormido, pero estaba muy equivocado. Al parecer, ese chico si sabía guardar silencio después de todo.
Pero tenerlo así, casi cara a cara, era aun peor que estar a punto de caer, porque ahora no podía darle la espalda. Podía verle al rostro y sentir su aliento rozando su cara. Ese calor y ese aroma comenzaban a inundarle los sentidos y la parte de su cuerpo que rozaba la del seminarista comenzaba a cosquillear.
Ese cosquilleo comenzó a hacerle hervir la sangre por dentro, el calor comenzaba a sofocarle y había una necesidad creciendo dentro de él. Una sed impresionante se apoderó de su boca y las cosquillas comenzaron a llegar a su estomago haciéndole acelerar la respiración.
Malos pensamientos comenzaron a llegar a su cabeza. La idea de tocar aquel cuerpo comenzó a surgir en su imaginación, mientras su mano comenzó a levantarse para llegar hasta aquel rostro blanco y de facciones finas, que ahora parecía relajado, pero que sabía bien como mostrar enojo o felicidad, así como vergüenza al sonrojarse.
-- Definitivamente esta noche no voy a dormir nada – murmuro para si mismo bajando la mano hasta su costado viendo de forma detenida aquel rostro. Ahora si iba a tener que poner a prueba todo su autocontrol.
¿Pero que diablos le estaba pasando? ¿Tanto le atraía este chico?
"Si, mil veces si"
Y ahora iba a tener que dormir a su lado procurando no tomar revancha de la posición en la que estaban mientras el seminarista parecía dormir de forma tranquila.
"Maldición"
¿Por qué tenía que estar pasando por esto justo ahora?
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Quatre sintió frío y por impulso se abrazo a si mismo tratando de darse un poco de calor al frotarse sus brazos con sus manos. Había llovido de nuevo hacía poco tiempo y no podía tener el auto encendido con la calefacción ya que seguía vigilando. Ojalá hubiese traído una chamarra, pero la había dejado olvidada en la oficina. Ahora, solo podía intentar calentar sus manos con su aliento y ni así lograba calentarse. Ojalá pudiera estar, al igual que Heero, en el interior de la iglesia. Quizá allá dentro estuviera más calientito que afuera.
Hacía poco tiempo una persona del laboratorio había llegado por aquella que Heero le dio y las muestras de sangre que habían recogido. Tenía sus ventajas el trabajar para el inspector Yuy, a veces no necesitaba llevar las cosas y alguien podía ira a recoger las pruebas o aquello que tenía que ser analizado. Casi acababa de colgar con los de investigación personal para solicitarle cotejar aquellas huellas en la palangana con la base de datos. Esa información aun iba a tardar, así que aun le quedaban varias horas hasta que saliera el sol.
Tenía frío y se sentía terriblemente solo.
¿Hacía cuantos días que no veía al forense Trowa Barton?
Una diminuta sonrisa se formo en sus labios al recordarlo. Después de aquel día en que lo trajo hasta la iglesia para ver al padre Roberts, lo había llevado de nuevo a la morgue para que realizara los estudios. Hubiese querido quedarse hasta que tuviera los resultados, tan solo para verle. Había comprendido que Trowa le gustaba y mucho, por eso su nerviosismos, por eso no podía hablarle y cada vez que le veía se sonrojaba. Su corazón latía apresurado tan solo al recordarlo.
-- Lo extraño – murmuro de forma silenciosa.
Ojalá pudiera tener el coraje para irle a buscar a su trabajo e invitarle a almorzar, comer o cenar, ¡lo que fuera!, simplemente quería su compañía como aquella vez en que el forense le invito a desayunar. En ese entonces no sabía lo mucho que le gustaba el de los ojos verdes y ahora que lo sabía, se acobardaba aun más ante su presencia.
-- ¿Qué debería decirle la próxima vez que le vea? – se cuestiono al momento en que volvió a elevar sus manos para soplar aire caliente e intentar calentarse.
El golpe al vidrio de su auto le distrajo y le hizo girar sintiéndose asustado. No esperaba a nadie y estaba seguro que nadie le había reconocido, entonces, ¿Quién?. Se sorprendió mucho al ver un enorme vaso de café humeando frente a sus ojos y sonrió. Abrió la puerta tomando el vaso y salió para agradecerle a su jefe sin elevar la vista.
-- Gracias Heero – dijo elevando la vista y haciendo que sus ojos se abrieran de forma enorme al ver frente a sí a quien menos esperaba ver - ¿Trowa?
El forense estaba parado frente a él, en esta ocasión no vestía de blanco, vestía informal, llevando una chamarra puesta y otra bajo el brazo, una que le parecía vagamente familiar. Trowa le sonrió y esa sonrisa le aceleró el corazón e hizo que su boca se secara de golpe y un calor profundo le recorriera el rostro.
-- Espero no estarte interrumpiendo en tu trabajo – Quatre abrió aun más los ojos al ver como el forense le extendía la chamarra. Esa era suya ¿Por qué la tenía Trowa? – Tuvimos un problema de bichos en la morgue, así que están fumigando – Quatre tomo la chamarra entre sus manos y siguió escuchando al galeno – Fui a buscarte a tu oficina - ¿Fue a verme? ¿A mi? El rojo se intensifico aun más en su rostro – Me dijeron que estabas de comisión. Supuse que estabas aquí. Esta haciendo frío y vi tu chamarra en el respaldo de tu asiento, así que me tome la libertad de traértela. Espero no te moleste.
-- No. No, claro que no. Se lo agradezco mucho, en verdad, moría de frío – dijo poniendo el café sobre el capacete del auto para ponerse la chaqueta. Se sorprendió cuando el forense hizo lo mismo, pero para poder ayudarle a ponerse la abrigadora prenda.
-- De nada – dijo sonriendo - ¿Crees que tu jefe se enoje si te acompaño en tu guardia?
Quatre abrió enormemente los ojos. ¿Trowa quería acompañarle? ¿Quedarse con él toda la noche? ¡Si!, si quería quedarse con él, platicar o intentar hacerlo. Así que se dio prisa en contestarle.
-- Probablemente si, pero no me importa – dijo sonrojándose – además me gusta mucho... su compañía – Quatre vio como el ceño del forense se frunció y muy dentro de si sintió que algo se hacía pedazos ¿A caso el forense se había molestado por un comentario tan desinhibido de su parte? Se había dado prisa en corregir lo que había dicho, ¿Trowa se había dado cuenta de que le había dicho que le gustaba? – yo...
-- Creí que habíamos dejado los usted de lado y ahora nos tuteábamos. ¿Quieres que regrese a decirte agente Winner? – Los ojos de Quatre se abrieron con asombro y cierta preocupación.
-- ¡No!, claro que no – dijo a la carrera – es la falta de costumbre, yo, lo siento mucho – dijo el rubio desviando la vista del alto de ojos verdes y sintiéndose triste. ¿Se había enojado con él? ¿Por qué se sentía tan triste al solo imaginarlo?
Sintió como algo cálido se poso sobre su barbilla obligándolo a elevar la vista para fijar sus ojos color aqua en aquellos verde esmeralda que le miraban con un dejo de preocupación. Trowa le sonrió.
-- No te disculpes, Quatre, no me gusta verte triste.
-- No lo estoy – dijo sonriendo, al contrario, se sentía profundamente feliz - ¿Quieres entrar al auto? Esta haciendo frío y en verdad, agradezco mucho tu compañía, por lo menos evitaras que me duerma.
-- Si te duermes, me daría gusto vigilar tu sueño
-- ¡No! – dijo sonrojado a mas no poder – No puedo dormirme, tengo que vigilar.
-- Entonces te ayudare a hacerlo. Y en cuanto termine tu turno, podremos ir a desayunar, si quieres.
-- Por supuesto que si – dijo sonriendo.
Entonces ambos entraron al auto. Si Heero al día siguiente se enojaba con él al grado de correrlo, no le importaba. No le importaba nada, con tal de estar al lado de aquel que tanto le gustaba y le hacía acelerar el corazón.
¿Podría ser que él también le gustara un poco a Trowa Barton?
Rogaba porque así fuera.
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Heero no podía dormir, ya que sabía que aquel aroma y aquella calidez traspasaría hasta sus mas profundos sueños y quizá podría hacer algo de lo que se arrepentiría mas adelante. Si estando despierto había sido capaz de tocarle, una vez, besarle, una vez y casi volverle a besar de nuevo; no quería ni imaginar lo que podría hacer estando dormido en su compañía.
A penas estaba conciliando el sueño, cuando el seminarista había girado el rostro del otro lado y ya no podía verle de frente. Había aprovechado esa oportunidad para mandar hasta lo más profundo de sus pensamientos todo lo que ese chico lograba despertar en él, cuando de pronto, aquel chico se movió en la cama dándose la vuelta y abrazándolo como si fuese una almohada.
-- "¡Maldición! y yo que había logrado controlarme"
Trató de soltarse de aquel abrazo tratando de no lastimarlo, pero era una tarea titanica, ya que aquellos delgados brazos habían logrado asirse con habilidad a su espalda, empujándolo con fuerza a aquel delgado cuerpo, haciendo que el suyo se estremeciera sin ningún control.
¿Por qué su cuerpo reaccionaba con la sola cercanía del chico?
Un calor sofocante comenzó a llenarle el cuerpo y recorrerle de arriba a bajo haciéndole casi olvidar quien era y con quien estaba. Todas aquellas cosquillas que había logrado controlar, volvieron a aparecer en su cuerpo. Intentó empujarlo de nuevo, pero el chico era igual de terco dormido que despierto, ya que no le soltaba - ¿Por qué no? – Esa pregunta comenzó a martillar en su cabeza con insistencia, con la misma insistencia con la que el joven seminarista le tenía abrazado y no parecía querer soltarle. - ¿Por qué no dejarse abrazar y acariciar por aquel cuerpo suave y embriagante? – Entonces sus brazos dejaron de empujar y dejó que fueran los del seminarista quienes le apretarán más a su cuerpo amoldándose a él como si estuviesen hechos el uno para el otro, dejó que su propio cuerpo disfrutara de aquel calor, de aquel aliento chocando contra la piel de su rostro, correspondiendo a aquel abrazo.
¡Pero no podía hacerlo!, sabía que eso estaba mal, ¿Aprovecharse de esa forma de una persona dormida? El era alguien acostumbrado a controlarse, a no mostrar ante nadie su verdadera forma de ser. Sabía como ocultar sus propios sentimientos hasta de si mismo. Tenía que alejarse del Seminarista Maxwell aun que su cuerpo se negara a dejarlo.
"Al diablo con la sutileza" se dijo soltándolo de golpe – Despierta de una maldita vez – casi grita al oído de aquel chico junto a él, pero parecía que le hubiese gritado a un sordo, ya que lo único que había hecho el seminarista fue abrazarlo aun más, entrelazando sus piernas con las del agente haciéndole pegar un brinco en la cama al sentirle frotarse contra su cuerpo.
"¿A caso esta es su forma de atacarme?"
-- ¡Despierta! – volvió a moverle en la cama.
-- Nnnnn – escuchó, pero el chico no se movió.
Lo volvió a empujar por el hombro, pero el seminarista se movió de tal forma que su brazo se resbalo y quedo detrás de la nuca del chico haciendo que su rostro quedara frente al otro a escasos centímetros. Pudo ver como aquellos ojos violetas se abrieron por un momento haciéndole acelerar el corazón sin control alguno.
Sabía que eso estaba mal, sabía que tenía que alejarse lo antes posible, pero era como si estuviese congelado, porque no podía moverse. Se sintió de pronto transportado a un mundo irreal, como hechizado y entonces todo aquello por lo que había estado luchando se vino por la borda, porque aquel chico se acerco a sus labios y le beso...
¡Le Beso!
Y entonces despertó de aquel hechizo como si le hubiesen dejado caer una piedra en la cabeza. Saltó de la cama a toda prisa sin preocuparse más de aquel cuerpo dormido en la cama y salió a toda prisa del lugar llegando en segundos al baño... tenía que lograr calmar de alguna forma, lo que aquel simple beso le había logrado despertar.
-- ¡Maldición! – gruño para sus adentros. Jamás se había comportado como un adolescente normal, ¿Por qué venían ahora sus hormonas a despertar de esa forma?
¿Masturbándose él en el baño interior de la iglesia?
-- ¡Maldición!, tiene que ser culpable Seminarista Maxwell... si no de asesinato, si de hacerme comportar como un completo idiota...
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Continuara...
N/A: Me voy de vacaciones, así que ¡Felices Fiestas! Y nos vemos en Enero.
