Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
CAPITULO 8
ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Heero se despertó con un sobresalto. No había podido pegar el ojo en toda la noche y cuando por fin había logrado dormir un poco, incómodamente sentado en la silla frente al camastro del seminarista Maxwell, se despertó; traía una manta encima, pero el chico no estaba allí. Se levanto arrojando las cobijas y salió a toda prisa buscando por todos lados. Aquel beso, quizá inconsciente del seminarista hacía él, le había tenido mirándole toda la noche, tratando de analizar si había sido apropósito o producto de algún sueño. Aquel recuerdo le estaba torturando. El deseo había comenzado a crecer en él y debía mandar esos deseos a lo más profundo de su ser.
Era alguien del clero, pero a su cuerpo no parecía importarle.
Criminales femeninas se le habían insinuado en el pasado, tratando de provocarle, pero siempre mantuvo el control en todo. ¿Cuántas veces no le llamaron gay al no reaccionar ante esas provocaciones? Pero el no se consideraba gay, solo alguien que sabía mantener bajo control TODO, hasta su cuerpo. Y ahora, de buenas a primera, ese chico lograba lo que profesionales, acostumbradas a la seducción, jamás pudieron. Y él ni siquiera lo hacía apropósito... ¿O si? ¿Por qué? ¿Por qué este seminarista lograba despertar en él lo que antes nadie había podido?
"¿A caso he sido gay desde hace tiempo sin que lo supiera?"
Cuando sintió aquellos labios pegarse a los suyos, no pudo evitar que la excitación embriagara su cuerpo y se había levantado a la carrera sin poder evitar el lastimarle la herida; eso era preferible a lastimarle de otra forma. Había sido pura suerte el haber mantenido la cordura en semejante situación. Habían sido años de continua practica para lograr mantener bajo control sus hormonas y su cuerpo. Pero ahora no había logrado controlarse del todo. Por eso hizo lo que hizo en el baño y se había jurado a si mismo, jamás volver a repetirlo.
Cuando regreso a su lado, pudo ver que efectivamente le había lastimado, ya que una pequeña mancha roja había cubierto la banda a la altura de la muñeca. Quizá algún punto se había abierto, pero no era conveniente retirarlas ahora, ya que eso podría provocar que más puntos se abrieran.
Escucho las campanas, sacándolo de sus pensamientos, levantó su muñeca para ver el reloj, faltaban 15 para las 5 am. A esa hora se acostumbraba dar campanadas, aun que la primera misa se celebrara a las 7 am. Durante todos los días que tenía de vigilar la iglesia, se había tomado el tiempo de anotar mentalmente los horarios de cada uno de los miembros. Pero el seminarista estaba herido de las manos, ¿cómo iba a cocinar ahora para el comedor de los pobres? ¿Cómo iba a barrer el piso y la alfombra? ¿Cómo iba a ayudarle al padre Roberts con las misas? ¿Cómo?
Sus pasos le llevaron a la cocina. Las enormes ollas que contenían la primera comida del día estaban a fuego lento, esta debería estar lista a las 6 am para comenzar a darles de comer a los vagabundos que muy puntuales hacían fila para comer un poco - ¿Cómo iba a servirles? - En el lugar había un par de mujeres, a quienes había visto antes en el lugar, eran quienes ayudaban al padre con parte de la comida, pero el seminarista no estaba allí.
Siguió caminando hasta el lugar donde estaban los vagabundos, la mayoría aun estaban dormidos, otros despiertos recargados en la pared. Unos cuantos de aquellos levantaron la mano para saludarle al reconocerle, él solo cabeceo en forma de saludo. Pero el seminarista Maxwell no estaba en el lugar.
Entro a la carrera al almacén, aquel lugar que el seminarista menciono en su primera entrevista y allí, hincado acomodando las mantas en el suelo, lo encontró.
-- ¿Pero que demonios esta usted haciendo aquí? – cuestiono el agente de forma grave haciendo que el chico se parara asustado para quedar de frente a Heero. Sus ojos violetas se habían abierto de forma enorme para casi de inmediato relajarse y sonreírle de aquella forma en la que solo él sabía hacerlo.
-- ¡Cielos!, agente Yuy, que susto me pego – dijo regresando a su posición en el suelo – Y debo recordarle que esta en un lugar sagrado y debe mantener sus palabrotas afuera – Heero paso una mano por su cara al escucharle y verle hacer lo que se supone no debería, claro, además de haberle regañado de nuevo.
-- No debería estar levantado – aseguro tomándolo fuertemente de los brazos para levantarlo del suelo. Duo se giro viéndolo sorprendido – Ayer tuvo fiebre, además, debe tener insensibilidad en los dedos que fueron suturados y dolor agudo. ¿O me dirá que no siente nada de eso? – dijo Heero cruzando los brazos sobre su pecho de forma defensiva.
-- El dolor es algo soportable – dijo abriendo y cerrando los dedos vendados – además, como no siento si me golpeo en ellos, puedo hacer más cosas – dijo riendo – este dolor es una penitencia por todas mis faltas – Heero frunció el ceño.
-- Es un inconsciente, puede dañarse.
-- El padre Roberts esta enfermo y yo no puedo darme el lujo de enfermarme en estos momentos. ¡Hay mucho trabajo!
-- Trabajo siempre hay
-- Tiene razón y en lugar de estar solo viendo, venga – dijo hincándose de nuevo junto a las cobijas – ayúdeme con esto.
Heero descruzó los brazos y se hincó con el seminarista para ayudarle a apilar las mantas en una orilla, después tomar las mantas sucias y llevarlas a la parte trasera de la iglesia. Claro que Heero no dejo que el seminarista llevara demasiadas, solo unas cuantas y no lo hubiese dejado llevarle ninguna, solo que la terquedad del chico era desesperante.
Aun que no había querido hacerlo, le resulto una buena forma de seguirle a todos lados y ver su comportamiento, ya que parte de la mañana le estuvo ayudando en todo lo que hacía. Después de dejar las mantas en la parte trasera, donde estaban los lavaderos, se fueron a la cocina, donde él estuvo sirviendo platos, mientras Duo se encargaba de dar el pan a los hombres que ya se encontraban formados. No podía negar, que la comida olía delicioso, quizá porque él hacía mucho tiempo que no probaba algo cocinado con tanto esmero y cariño, solo compraba comida rápida o congelada y el sabor era muy diferente a la que ahora servía a los pobres y no podía negar que estaba deliciosa.
-- Tome agente Yuy – la voz del seminarista le hizo levantar los ojos topándose con aquella mirada violeta fija en él – le sabrá mejor la comida con un poco de pan.
Heero extendió la mano tomando aquel bolillo de las manos enguantadas del seminarista. A pesar de que los vagabundos traían las manos sucias y enfermas, la gente dentro de la cocina era sumamente limpia. Ahora estaba sentado en la orilla de una de aquellas mesas, mientras todos desayunaban de forma pacifica. Duo tomo asiento frente a él y la mirada cobalto siguió cada movimiento del seminarista frente a él. Era claro que el chico sentía dolor, pudo verlo en sus facciones cuando intentaba partir el pan sin resultados, así que se lo quito y lo partió por él.
-- Gracias – dijo sonriendo de forma luminosa, Heero no dijo nada, solo se dedico a ver como tomaba de forma cuidadosa la cuchara con dos dedos y comía de forma lastimera. Por un momento, cruzó por su cabeza la idea de quitarle el cubierto y ser él quien le diera en la boca, pero desecho la idea de forma rápida. No volvería a hacer estupideces, como cuidarle, de nuevo – Gracias no solo por lo del pan, también por cuidarme toda la noche y por haber curado mi herida – dijo levantando la mano
-- Hice lo que tenía que hacer, no tiene porque darme las gracias – dijo el agente desviando la vista de aquel rostro sonriente hasta su plato en la mesa.
-- Pero quiero hacerlo. En verdad, le estoy muy agradecido, creo que si Erick no me lo hubiese contado, no lo hubiese sabido – prefirió no decir nada y esperar que el chico diera por zanjado el tema.
El sonido de las campanas le distrajo, nadie se inmuto por eso, levanto la muñeca y vio su reloj, faltaban 15 minutos para la primera misa. Al parecer, no solo él se estaba haciendo cargo de las tareas del seminarista, ahora había alguien más. ¿Quién sería?
-- ¿Quién esta tocando las campanas? Creí que usted lo hacía – aseguro Heero. Duo levanto la vista y sonrió.
-- Erick. No tiene ninguna obligación en hacerlo, pero esta mañana me dijo que el subiría al campanario y tocaría por mi – Cuando él se levanto iban a ser las 5 am, ¿A que hora se levanto el joven vagabundo?
-- ¿A que hora se levanta esa persona? ¿Era él quien toco antes de las 5 am? – cuestiono Heero con curiosidad, Duo cabeceo de forma afirmativa. Quatre aun no le hablaba para darle información del vagabundo, pero intuía que no encontrarían mucha, por eso quizá, pudiera sacársela al seminarista.
-- Si, él fue quien toco a esa hora y es quien esta tocando ahora mismo. Erick sufre de insomnio crónico, por lo que no duerme mucho y suele estarnos ayudando en todo lo que puede. Será él quien se quede con mi puesto de ayudante del padre Roberts y mío una vez que yo me ordene sacerdote. Antes también se encargo de llevarle el desayuno al padre Roberts a su cuarto y a ese agente que usted envió a ayudarle a cuidarlo – dijo sonriendo de forma amplia.
-- ¿Quién va a dar misa? – cuestiono sabiendo la respuesta. Aun que el hombre estaba enfermo, seguía oficiando misa con ayuda del seminarista, solo que ahora estaba herido y por un momento creyó que esta se suspendería - ¿El padre Roberts con ayuda de ese vagabundo?
--Si, el padre Roberts, Erick y yo le ayudaremos, aun que este herido puedo hacerlo, mientras no me ordene sacerdote no puedo oficiar misa, pero eso lo haré muy pronto – Heero frunció el ceño con molestia moviendo la cuchara en el plato haciendo ruido.
-- No lo creo posible
-- ¿Por qué no? Tengo vocación, aun que usted no lo crea – Heero clavo su vista cobalto en la violeta haciendo que la sonrisa del chico desapareciera.
-- Si tuviera vocación no hubiese correspondido a ese primer... – uno de los dedos del seminarista se elevo hasta posarse en los labios del agente impidiéndole hablar.
-- ¡Ssssshhhh no diga eso! Y yo no hice nada, fue usted – Heero retiro aquellos dedos de su boca de forma rápida ya que al sentir aquella calidez (bajo las vendas) tocar sus labios, había sentido como si una corriente eléctrica le golpeara fuertemente.
-- Si, tiene razón. Ese lo hice yo, pero anoche todo lo hizo usted – Los colores acudieron al rostro blanco del seminarista.
-- ¿Qué? ¿Qué hice anoche? – pregunto dudoso. Los colores en aquel rostro le indicaban que sabía pudo haber hecho algo malo. ¿Entonces cabía la posibilidad de que lo hubiese hecho de forma consciente?
-- ¿De verdad no lo recuerda?, seminarista Maxwell – dijo Heero mostrando una mueca en forma de sonrisa.
-- No. Yo estaba dormido, no se que hago cuando estoy dormido. ¿A caso soy sonámbulo o algo parecido? ¿Le hice algo como para que se levantara y regresara a esa incomoda silla?
-- Por supuesto que hizo algo y debo advertirle que si llegase a repetirlo, no regresare a dormir incómodamente en una silla – Los ojos de Duo se abrieron de forma enorme en una clara muestra de sorpresa.
-- ¿Qué hice? – cuestiono al no escuchar la respuesta a su pregunta y notar la forma desafiante en la que el agente le estaba hablando
- Me beso en los labios.
-- ¿Qué hice que? – dijo Duo parándose de la mesa y haciendo que todos le miraran – yo... yo... yo...
-- Deje de tartamudear y siéntese – dijo Heero tomando al seminarista de la manga y sentándolo. El chico solo había bajado la vista totalmente sonrojado -¿Lo hizo apropósito?
-- ¡Nooo! – dijo a la carrera de forma defensiva haciendo que Heero solo le observara de forma mas detenida – Yo jamás haría algo como eso. Estaba dormido, quizá estaba soñando...
-- ¿Con migo?
-- ¡Noooo! – volvió a aclarar – o no lo creo, no lo se. Jamás recuerdo lo que sueño.
Heero frunció el ceño. Todo comenzaba a encajar. Una persona que sufre de doble personalidad no suele recordar lo que hizo la otra.
Quizá, si.
Quizá por fin había visto el comportamiento de la segunda parte del seminarista, aquella que tanto buscaba. Tenía que seguirlo presionando, obligarlo a desdoblarse por completo y quizá, esperaba, hacerlo actuar. Pero para eso tenía que seguir a su lado, presionándolo, obligándolo y por fin, atraparlo.
-- ¿Desde cuando hace cosas que no recuerda? – cuestiono Heero haciendo que el seminarista le observara sin entender - ¿A caso jamás ha recordado lo que sueña?
-- No – dijo Duo tratando de recordar algo – Siempre he tratado de recordar lo que sueño, pero jamás he logrado hacerlo. Cuando estaba en el orfanato, los chicos decían que yo hablaba dormido, que incluso era sonámbulo y solía vagar por las noches en los corredores del lugar, que les hablaba como si estuviera despierto, pero yo jamás logre recordar nada.
-- Hn – gruño el agente cruzando los brazos mientras se recargaba por completo en la silla escuchando aquel relato - ¿Qué hacía mientras caminaba dormido?
-- Nada malo – dijo el chico a la carrera – solo caminaba de un lado a otro y luego regresaba a la cama.
-- ¿Ha sufrido de sonambulismo aquí en la iglesia?
-- Ni el padre Roberts, ni Erick o la gente del comedor me han dicho nada, así que no lo se – dijo Duo bajando la vista para luego levantarla – Pero si usted me comenta que hice eso, quiere decir que si, que sigo siendo sonámbulo.
Heero se paro de golpe empujando la silla con el movimiento haciendo mucho ruido y llamando la atención de todos. Duo le observo hacía arriba, podía ver la extrañeza en aquellos ojos violetas, pero lo que estaba afirmando le había molestado mucho, al grado de hacerle fruncir el ceño y apretar los puños.
-- No me venga con tonterías – dijo de forma acusadora sin importarle las miradas que le dirigían los vagabundos y las cocineras reunidas en el comedor – Usted sabía bien lo que estaba haciendo. No es sonámbulo – dijo azotando la mano en la mesa con furia – tampoco esta enfermo. Usted solo esta tratando de justificarse.
-- No, le juro que yo...
-- ¡No jure! – casi grita – se supone que usted va a ser sacerdote, entonces no jure en vano, porque ya sabe lo que yo creo de usted – los ojos del seminarista estaban muy abiertos, brillaban de una forma en la que le hacían pensar que en cualquier momento se pondría a llorar.
Se dio la vuelta y salió a la carrera del comedor dejando a todos en él sumamente sorprendidos. Nadie sabía lo que había pasado, ni porque aquel a quien consideraban su protector, se había ido tan enfadado, o porque aquel seminarista tan lleno de energías y vivacidad, ahora estaba herido y apesadumbrado, sentado solo en aquella silla viendo al suelo sin moverse o pronunciar palabra.
Todos se preguntaban ¿Qué estaba pasando? Pero nadie se animaba a ir a averiguar.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Quatre estaba placidamente dormido en su auto, recargado hombro con hombro con aquel que le cayera de sorpresa la noche anterior. Hacía un rato que había despertado, pero no quería moverse para no despertarle y seguir disfrutando de aquella cálida cercanía.
¡Estaba feliz!
Su corazón latía con tranquilidad al sentir aquel aliento chocando contra su rostro de forma serena. Habían pasado toda la noche vigilando la iglesia y sus alrededores. El forense, tenía un poder de observación casi tan bueno como el de su jefe y sus observaciones sobre la gente que salía muy temprano de sus casas para ir al trabajo le habían ayudado mucho. Había cosas que él no había tomado en cuenta y Trowa se las había señalado sabiamente.
Claro que no solo se habían dedicado a vigilar todo el tiempo, también habían podido platicar e intercambiar anécdotas. Jamás se había sentido tan contento. Varias veces le insistió para que fuese a descansar a su casa – rogando porque no se fuera - y las mismas el forense se negó a irse haciendo que su corazón latiera apresurado ante la negativa.
Quería creer, quería hacerse ilusiones, quería soñar que el forense sentía algo más que amistad por él. Por eso le dejo acompañarle en su guardia, por eso no le importaba si su jefe se enojaba, si le regañaba o lo corría.
En esos momentos lo único que le importaba era seguir disfrutando del calor de aquel cuerpo junto al suyo, que había terminado siendo vencido por el sueño hacía escasos minutos. Por eso él estaba velando su sueño sin moverse, sin animarse ni siquiera a respirar por el temor a despertarle y que se marchase de su lado al ver el sol asomarse en el cielo.
Cerró los ojos para disfrutar mucho mas, para soñar, para ilusionarse...
-- ¡QUATRE!
Quatre abrió los ojos de forma enorme y se enderezo en su lugar con el corazón en la garganta al escuchar la voz de Heero y de forma rápida salió del auto para enfrentar la furia de su jefe. El agente Yuy se veía realmente molesto ¿A caso ya había visto a Trowa en el auto junto a él? Trago saliva de forma nerviosa mientras las cejas de Heero se ceñían cada vez mas conforme se acercaba.
-- He... Heero buenos días... – Quatre pudo ver como la mirada de Heero recorría de forma desaprobatoria el interior del auto, para después centrarse en sus ojos.
-- ¿Qué tienen de buenos? – esa fría respuesta le dejo ver que realmente su jefe estaba enojado - Has estado perdiendo el tiempo en lugar de averiguar lo que te pedí.
-- Yo...
-- No te atrevas a negarlo, no estoy ciego, estoy viendo que estas acompañado, no me sorprendería que lo hayas estado toda la noche – Quatre se sonrojo al escuchar aquellas palabras y no pudo mas que bajar la mirada sintiéndose culpable.
-- Agente Yuy – la voz del forense le hizo interrumpirse y girarse a ver al alto de ojos verdes que descendía del auto del rubio – Fue mi culpa. Yo insistí en acompañarle. Pero no crea que interferí con su trabajo, al contrario, le ayude un poco a vigilar. Creo que cuatro ojos son mejores que solo dos. ¿No cree?
-- ¿Por qué no fue a trabajar? – cuestiono intrigado. No creía que el forense fuera de esas personas que dejan botado el trabajo así como así.
-- Tuvimos una peste y fumigaron la morgue, tuve vacaciones forzosas.
-- Ya veo – eso era bastante creíble aun que sabía que no era del todo la verdad - ¿Qué averiguaste sobre el vagabundo? – dijo olvidando el enojo y al forense para centrase en lo realmente importante, además, no estaba realmente enojado con su subordinado, su enojo lo había causado otra persona y otro problema. Quatre elevo la vista y se paro frente a Heero.
-- Las personas de investigación se han puesto a trabajar toda la noche. Hace unos minutos les llame para obtener el reporte que me has pedido – Justo antes de que Trowa se quedara dormido en su hombro - pero por desgracia no han averiguado gran cosa. No hay datos en los registros civiles, no hay un acta de nacimiento, ni mucho menos datos en la policía.
-- ¿Entonces? – cuestiono Heero sacando un cigarro mientras escuchaba las malas noticias que Quatre le daba.
-- Hay algo que me llamó la atención – dijo el rubio colocando la mano sobre su barbilla, Heero solo le observo clavando su mirada azulada sobre él - Hay un dato en la policía, un asesinato ocurrido hace casi 60 años, un caso sin resolver por cierto.
-- ¿Qué hay con él?
-- En ese asesinato, se tuvo como principal sospechoso a un chico cuyas huellas digitales coinciden casi en un 50% con las huellas que encontramos en aquel trozo de madera con sangre. Solo hay que tomar en cuenta que esas huellas tienen mucho tiempo en los archivos y no son confiables. Sin embargo, me han mandado por correo electrónico una foto de la persona e increíblemente se parece mucho al vagabundo Erick, incluso, tiene la misma cicatriz en el rostro.
-- ¿Hn?
-- Espera, déjame te la muestro, así como la comparación de las huellas de ese caso con las que recogió el laboratorio del trozo de la madera de aquella anoche. Ah y por cierto – dijo girándose, antes de abrir la puerta de su coche, para verlo – laboratorio me envió los resultados de la sangre encontrada en el techo de la iglesia y el martillo. Toda es del seminarista Maxwell.
-- Eso ya lo sospechaba – por alguna extraña razón intuía que el seminarista había dicho la verdad y eso, por el contrario a lo que había creído, le hizo sentirse aliviado - Ahora muéstrame esa foto y dime que paso con las huellas de la palangana. ¿Encontraron las huellas del vagabundo?
-- Hay muchas huellas en ese recipiente. – dijo Quatre apareciendo con la hoja del correo en la mano y tendiéndosela a Heero – Hay huellas del seminarista Maxwell, del padre Roberts, pero es imposible saber cual es la del vagabundo, también hay huellas incompletas; de las que están completas, no hay ninguna que coincida con la del trozo de madera o la que nos enviaron de la policía.
Heero observo la hoja que mostraba una copia de la foto que Quatre le tendió. A pesar de estar a blanco y negro, era nítida. La cicatriz en el rostro parecía coincidir con la del vagabundo que estaba en la iglesia, los ojos no se veían bien, pero se notaban claros, así como el color de cabello y la piel. Se podría decir que Erick, el vagabundo, y la persona de la foto eran la misma, solo que las edades no coincidían en nada. Si la persona de la foto estaba viva, debería estar rondando los 80 años y Erick parecía de 20. ¿Sería la persona de la foto algún pariente desaparecido de Erick?
-- ¿Qué paso con esta persona? ¿Tienes algún dato de ella? – cuestiono Heero soltando el humo del cigarro que había dejado acumular en su boca mientras analizaba la foto.
-- En ese entonces fue soltado por falta de pruebas. Tengo su dirección y he mandado a alguien a investigarle ¿Crees que esta persona sea abuelo del vagabundo Erick? ¿O quizá pariente?
-- No lo se, pero no esta de mas investigar.
El seminarista había descrito algo casi imposible: una persona escalando una pared de más de 10 mts de alto, sin usar arneses o cuerdas para hacerlo, mientras llovía a cantaros. Unos colmillos blancos sobresaliendo en la boca de quien parecía ser un perro enojado y unos ojos rojos, como si estuviesen inyectados en sangre. De todo lo que había dicho, él había presenciado solo las últimas dos, además, había sentido esa parálisis, ese miedo, esa desesperación por querer moverse y no poder, por querer gritar y sentirse amordazado.
Anoche parecía tan sincero... hasta que le beso.
-- Quatre, vamos a montar una guardia especial en el techo de una de las casas que esta cerca de la iglesia.
-- ¿He? ¿En el techo?
-- Si. Hay que verificar la historia del seminarista.
-- ¿Qué historia? – cuestiono el rubio sin entender nada. Lo único que sabía era que Duo se había lastimado los dedos al dejarse caer un martillo sobre ellos mientras arreglaba el techo de la iglesia. Cuando había ido a ver a Heero, este no le dijo nada sobre ninguna historia que le hubiese dicho el seminarista.
-- La que te va a ampliar en su declaración inicial. Llama a alguien para que venga y quédate a escucharla, quiero que la repita tal y como me la dijo a mi – Quatre solo cabeceo en acuerdo sin entender nada – También vente preparado para la guardia de esta noche. Descansa un poco, ve a desayunar y te espero por aquí en la tarde.
-- Será como tu digas Heero – Heero entonces centro la mirada en los ojos esmeraldas del forense que en ningún momento se movió de su lugar ni les perdió de vista.
-- ¿A usted puedo pedirle un favor? – cuestiono viéndole fijamente, Trowa cabeceo en acuerdo acercándose a ambos – Podría, por favor, revisar al padre Roberts y al seminarista Maxwell.
-- Claro, lo haré enseguida y le dejare con Quatre el reporte – Eso le daba a entender que el forense pasaría todo el tiempo con el rubio. No le disgustaba la idea, pero tampoco le entusiasmaba mucho que su subordinado fuese interrumpido innecesariamente en su descanso.
-- Solo asegúrate de descansar lo suficiente Quatre – dijo Heero dándose la vuelta para partir rumbo a la casa de enfrente. Quatre lo observo por un momento para después voltear a ver al forense y sonrojarse de golpe al ver que le miraba fijamente.
-- ¿Me acompañas a revisar a los pacientes? Después podemos ir a desayunar, comer, dormir o lo que gustes – los latidos del corazón de Quatre subieron hasta su garganta y un intenso color rojo pinto sus mejillas al escuchar semejante declaración. ¿A caso a eso se estaba refiriendo Heero?
-- Yo... yo... yo... – pudo ver como una sonrisa ligera apareció en aquellos labios sonrosados del forense y entonces una risa queda escapo de sus labios para después hablarle.
-- Vamos Quatre, no debes tomar de forma literal lo que le he dicho, solo acompáñame un momento a revisar a esas personas y después podremos continuar con nuestra rutina. Desayunar, comer y dormir.
Quatre bajo la vista sintiéndose avergonzado, al decir dormir no había implicado que lo hicieran juntos. Y eso se lo estaba dejando bien claro ahora el forense.
-- Aun que yo ya he dormido un poco a tu lado – continuó haciendo que Quatre levantara la vista de nuevo para verlo – Si gustas, puedes hacerlo en mi casa, así cuando despiertes puedes llevarle el reporte a tu jefe – Quatre de nuevo se sonrojo – Así no tendrás que pasar por él a la morgue y sentirte incomodo en el lugar. Claro, si quieres...
-- Si – dijo Quatre a la carrera, antes de que el alto de ojos verdes le diera la oportunidad de negarse – Te agradezco que recuerdes que no me gusta tu lugar de trabajo – casi al mismo tiempo cubrió su boca por lo que había dicho – espero no te moleste – Pero Trowa solo sonrió.
-- No me molesta que lo digas. Me agrada que me tengas la confianza suficiente como para que lo comentes. Porque entonces procurare no hacerte regresar allí, así que podremos vernos fuera de la morgue... – dudo por un momento, pero después completo – en tu casa o en la mía.
"¿Cómo si fuera una cita?" – pensó, pero su nerviosismos le impidió preguntar, Trowa pudo darse cuenta de su sonrojo y quizá por eso solo sonrió, para volver a hablar.
-- Entonces, ¿Vamos? – dijo cambiando de tema, lo cual Quatre agradeció en el alma, ya que, no sabía ni que contestar a todo lo que había dicho el oji verde.
-- Claro, vamos – dijo Quatre siguiendo al forense dentro del interior de la iglesia.
Quizá mas tarde, cuando hubiese descansado y los latidos de su corazón le dejasen pensar, podría armarse de valor para cuestionarle.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Heero llegó de forma rápida a aquella casa, pero antes de tocar, aspiro y soltó el aire varias veces. Entonces golpeó aquella puerta y espero de forma impaciente a que alguien abriera. Pudo ver como una pequeña cortina, que cubría el medio vidrio de la puerta frente a él se abrió y casi al instante se volvió a cerrar, entonces el montón de cerrojos que protegían la entrada comenzaron a escucharse al abrirse y por fin, aquella dama apareció en el umbral.
-- Es usted de nuevo – dijo la mujer de forma asustada - ¿Por fin han atrapado al vampiro? – cuestiono casi al instante. Heero ya no creía que realmente fuese paranoia colectiva, o quizá, ¿el estaba comenzando a contagiarse?. - No, tonterías, se dijo tratando de olvidar lo que recién había aparecido en su cabeza.
-- No – fue la seca respuesta haciendo que la mujer apretara los labios dejando dibujar un puchero, como aquellos que hacen los niños poco antes de llorar.
-- Ya ha pasado mucho tiempo, ¿Hasta cuando piensan atraparlo? – cuestiono la mujer de forma acusadora – Ni que fuera tan fácil, pensó Heero sin animarse a decir nada de eso.
-- Estamos trabajando en eso señora – volvió a informar de forma fría mandado al fondo de su lengua lo que realmente le hubiese gustado contestar – de echo, a eso he venido – Los ojos de la mujer se abrieron de forma enorme.
-- ¿Qué? ¿A caso el vampiro esta aquí? ¿En mi casa? – dijo asustada, poniéndose a sacar todas las cruces que traía al cuello.
-- No señora – dijo Heero haciendo que la mujer suspirara de alivio – Su casa esta frente a la iglesia y quiero ver la posibilidad de que nos deje poner a un agente en el techo del segundo piso, para que revise, de noche, los movimientos del lugar.
-- ¡En serio! – dijo la mujer emocionada – ¡Tendría vigilancia nocturna!, ¡Claro!, ¡claro que los dejo pasar! Si quieren estar de día, también pueden, por mi no hay problema, ningún problema. ¿Desde cuando van a venir? ¿A que horas les espero? ¿Va a traer a todo el ejercito? – Heero suspiro, quizá no debió haber dicho nada y solo subir sin pedirle permiso.
-- Señora – dijo tratando de tranquilizarla, pero la mujer siguió hablando y hablando sin hacerle caso – señora – volvió a intentar con iguales resultados – Señora – y siguió igual - ¡SEÑORA! – por fin se calló
-- ¿Si?
-- Solo es una persona y no es nadie del ejercito
-- Oh, que pena. Pero no se preocupe, si necesita que le preste mis ajos, mis cruces, lo que sea, que solo me diga – Heero se dio por vencido y agachando la cabeza, mejor se dispuso a partir.
-- El agente Winner vendrá esta misma noche - dijo y se alejó antes de que la mujer pudiera detenerle con ese parloteo sin control, casi tan parecido al del seminarista, solo que el otro le agradaba más.
-- ¡Le tendré preparado un kit para cazar vampiros! – gritó la mujer haciendo que Heero solo acelerara más el paso. No iba a caer en la paranoia colectiva.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Ya era tarde. El sol se había metido más temprano de lo acostumbrado y ahora unas enormes nubes negras cerraban por completo el cielo. De nuevo iba a llover. Y los relámpagos que centellaban en el cielo le daban un mal presentimiento... ¿Presentimiento? ¿Y desde cuando él se dejaba guiar por esas cosas nada científicas?.
"Desde que le conocí" – se dijo así mismo regresando a su tarea de barrer el piso del salón principal de aquella iglesia. El polvo que sacaba al estar barriendo la raída alfombra de la iglesia le hacía estornudar de vez en cuando. Pero no había podido dejar que ese terco seminarista lo hiciera.
Así que de buenas a primeras, al igual que en la mañana, se vio realizando parte de las tareas que ese chico hacía en el lugar. Las misas habían acabado, debido a que el padre Roberts estaba enfermo y no había nadie más que oficiara, se habían reducido a solo 3. Una a las 7 am, la otra a las 6 pm y la última enseguida. Por eso la tierra, el polvo y la basura, era más que en la mañana.
¿A caso la gente no sabía que para algo existían los basureros? ¿Por qué no depositaban allí los papeles en lugar de en el suelo?
Había notado algo que no había visto las primeras veces que fue a esa iglesia. Ahora había mas gente. Ahora la iglesia se veía llena, había gente por los pasillos y hasta afuera escuchando el oficio. Había escuchado de boca de muchos de los feligreses que era debido al "vampiro", pero también tenía que ser por la reducción de la cantidad de misas. Ahora la gente solo tenía 3 opciones y no 8 como antes de que el sacerdote enfermara.
¿Vampiro?
La gente del barrio seguía pensando que la persona que mato fríamente a esos vagabundos era una criatura inventada por la literatura. No podía creerlo, jamás iba a creerlo, él era un científico, alguien que no se dejaba guiar por fanatismos, supersticiones, ni nada que no pudiese ser probado y comprobado...
Sin embargo, desde que había tomado ese caso, su mente analítica y su pensamiento siempre científico había comenzado a flaquear.
"Maldición, ¿Por qué?"
-- Agente Yuy, ¿puede acompañarme al claustro? – la voz de Duo le distrajo. Esa podría ser la respuesta a su pregunta, pero sacudió la cabeza al estar pensando tonterías. Se sentía agotado y sucio, pero no quería retirarse hasta tener algo, lo que fuera, sobre ese asesino. No creía, ni por poco, que hubiese desaparecido, mucho menos se daba el lujo de creer que fuese lo que la mayoría pensaba: un vampiro.
O era Duo o Era Erick... pero solo tenía su intuición y esa no bastaba para encerrarlos.
Duo Maxwell bien podría tener doble personalidad y recién la noche anterior le había dado motivos suficientes para reafirmar su teoría: le había besado y no parecía recordarlo. Pero ese vagabundo, Erick, también le había dado motivos para sospechar de él, aun que menos. Erick era joven y tenía la fuerza suficiente como para cargar un par de pesadas mantas, una palangana y un balde con agua, todo al mismo tiempo, hasta él hubiese batallado un poco para recorrer los pasillos y llegar hasta la habitación del seminarista sin tropezarse un par de veces o derramar el agua en el camino. ¿Quién otro podía haber subido al techo de la iglesia a través de las paredes del callejón? El único joven, además de Duo, era Erick.
Joven y con una extraña alergia al sol que le provocaba quemaduras, por eso era mas común verlo de noche que de día. Como si fuese un vampiro.
Tonterías... se dijo sacudiendo la cabeza de forma enérgica, tenía que sacar de su cabeza esas ideas locas que jamás iba a aceptar.
Caminó detrás del seminarista por los pasillos, quien no se cansaba de hablar y comentar cosas a las cuales no les estaba haciendo caso, dejando la escoba recargada en uno de los murales, ya no sabía si era un agente especial del FBI u otro más de los ayudantes del padre Roberts.
Solo Quatre parecía ser ahora un agente, ya que seguía apostado fuera de la iglesia vigilando todo movimiento. Había llegado puntualmente con una enorme sonrisa tatuada en el rostro, solo esperaba que realmente hubiese descansado. Él tenía días sin presentarse en su oficina y ya tenía varios mensajes en su teléfono de parte del comandante, esperaba con impaciencia su informe... pero no tenía nada que informar, por lo menos no algo referente al caso.
En cualquier momento esperaba mandar al rubio a aquella casa, para que revisara desde lo alto. Solo esperaba que la mujer le dejase en paz y no interrumpiera con esas absurdas historias sobre el vampiro o le obligase a vestir con un collar de ajos. Iba a tener que aleccionarle al respecto, solo esperaba que Quatre tuviera el suficiente coraje como para hacerle ver a esa mujer lo peligroso que era estar espiándoles mientras trabajaban.
Entro detrás del seminarista al cuarto y vio como el chico se agachaba y tomaba algo que estaba sobre la pequeña cama, para después girarse y dárselo. Heero tomó lo que parecía ser ropa de civil.
-- Se que debe estar cansado y sentirse sucio – aseguro el seminarista sin perder aquella sonrisa luminosa – así que puede tomar un baño para que se relaje. No pretendo pedirle que se marche, en verdad no me gustaría que lo hiciera. Pero si se va a quedar, quizá quiera refrescarse y asearse un poco, aun que he de decirle, que aquí no tenemos agua corriente y deberá usar un balde. Después puede ir a cenar al comedor, la comida no debe tardar en estar lista.
-- ¿Balde? – Duo no pudo evitar el soltar una pequeña risita.
-- No se preocupe agente Yuy, no tendremos un baño con regadera, pero el agua se calienta en la estufa, así que no debe preocuparse por pescar un resfriado - De nuevo se estaba burlando de él y no podía hacer nada para responderle. ¿O quizá si?
-- Creo que usted esta en las mismas circunstancias y un poco peor – dijo Heero dando dos pasos para estar más cerca de aquel seminarista que parecía mantenerle preso con aquella mirada fija en sus ojos. Pudo ver como el chico frente a él dejo de reír, pero no borro su sonrisa – desde ayer que fue herido no se ha aseado debidamente, ¿cierto? – Duo solo cabeceo en acuerdo – entonces porque no me acompaña al baño – la sonrisa en aquel rostro blanco pareció borrarse por un momento – creo que yo podría ayudarle – dijo el agente mostrando una mueca en forma de sonrisa.
-- Es usted muy amable, agente Yuy – dijo Duo volviendo a sonreír. Heero por el contrario, borro la suya ¿A caso no entendió o solo se estaba haciendo el desentendido? - pero creo poder arreglármelas.
-- ¿Cree poder arreglárselas? – cuestiono incrédulo – No debe retirarse las vendas ni mojárselas. ¿En verdad cree poder hacerlo solo?
-- Bueno, si no pudiera, no es necesario que se moleste, puedo pedirle a Erick que me ayude a ponerme unas bolsas sobre los vendajes, así no he de mojármelos
-- Hn ¿De quien es esta ropa? – pregunto Heero dejando el tema y viendo el pantalón y la camisa negra, de buena marca, que el seminarista le había dado. Dudaba mucho que fuesen del chico frente a él.
-- Suyas, por supuesto – dijo sonriendo – Espero no crea que me la robe.
-- ¿Mía? ¿La trajo Quatre? – cuestiono.
-- No. Esa ropa me la presto el agente Winner aquel día en que me detuvo – hizo una pausa sonrojándose levemente, pero luego prosiguió - Me dijo que la ropa era suya – Quatre... se había atrevido a sustraer la ropa de su casillero sin avisarle, ya le reclamaría luego – El día que me soltaron, me dieron todo lo que llevaba en una bolsa y entre esas cosas estaba su ropa. Iba a regresársela el primer día que le vi aquí, pero no quise interrumpir su ronda nocturna y hacerle saber que le había descubierto – Maldición, este chico no dejaba de sorprenderle – estaba esperando el momento adecuado para regresársela y creo que este es ese momento.
-- Hn – dijo Heero viendo como el seminarista Maxwell tomaba algo de ropa para él. Y le tendía una toalla.
-- El agua ya esta lista ¿Quiere bañarse primero?
-- Ya le dije, hagámoslo juntos para poder ayudarle
-- Prefiero...
-- ¿Me tiene miedo? – cuestiono Heero sin dejar de ver como aquel rostro blanco parecía teñirse de un ligero color rojo de nuevo.
-- No. Confió mucho en usted, solo que debido a lo... – pudo notar como las mejillas del seminarista se coloreaban aun mas – Me da vergüenza – dijo a la carrera dándole la espalda.
¿Vergüenza?
Eso era nuevo. ¿A caso había recordado lo que había hecho la pasada noche y ahora se avergonzaba de verle desnudo temiendo que aquello volviese a ocurrir? Eso no encajaba con una doble personalidad. La sicología de este chico era sumamente compleja. Había pasado varias horas a su lado, estudiando su comportamiento y todo parecía tan contradictorio. Parecía una persona normal, servicial y alegre. Cuando estaba cerca del padre Roberts era cuidadoso y le ayudaba en todo. Cuando estaba con los vagabundos en el comedor o el dispensario, constantemente les estaba haciendo reír. Cuando estaba con los feligreses lograba infundirles paz, pero cuando estaba con él... – Maldición, ¿Por qué tenía que estar analizando también esa parte? – Cuando estaba cerca suyo, no perdía oportunidad para sorprenderle, regañarle o llamarle la atención por algo. Jamás le veía borrar esa sonrisa amplia y sus ojos brillaban más. Incluso le veía sonrojarse de vez en cuando, quizá recordando algo de todo lo que había ocurrido entre ellos.
-- Solo voy a ayudarle – dijo Heero de forma fría dejando de lado sus pensamientos – Su amigo Erick debe estar agotado de todo el trabajo que ha estado haciendo, ya que supongo que fue él quien puso el agua y la llevo hasta el baño – afirmo Heero haciendo que Duo volteara a verlo y solo asintiera – Quizá haya uno de mis hombres con el padre Roberts, pero el chico rubio tampoco se ha separado de él – Por lo menos es lo que le había dicho aquel agente que no se había separado del sacerdote desde la noche anterior.
-- Ha... – le vio titubear un poco mientras aquel sonrojo en sus mejillas se acentuaba – creo que tiene razón – pero parecía haberle convencido, ese solo pensamiento le hizo mostrar una mueca en forma de sonrisa, pero no sabía debido a que motivo su corazón había comenzado a agitarse sin control ¿A caso a la sola idea de verle desnudo? Prefirió pensar que no – Erick ha estado trabajando mucho por nosotros, desde que el padre Roberts enfermo él ha estado haciendo trabajos que solo hacíamos él o yo y ni siquiera esta recibiendo un sueldo – dijo elevando la vista para clavar sus ojos violetas en el azul cobalto del agente – Humildemente acepto su ayuda – dijo bajando la vista de nuevo sintiéndose avergonzado – Por aquí esta el baño – dijo saliendo rápido del claustro para guiar a Heero, aun que Heero ya sabía donde quedaba el lugar.
Caminaron en silencio hasta llegar al lugar que era bastante grande, solo que húmedo y haciendo juego con el resto de la iglesia, lúgubre. Pero Heero no podía dejar de pensar en lo que el seminarista le había comentado sobre ese vagabundo rubio.
Una persona no trabaja por nada - pensó Heero - aun que si ese rubio era un vagabundo, ser considerado por el seminarista y el padre Roberts pudiera ser pago suficiente. Dentro de la iglesia el vagabundo tenía techo y comida asegurada y el propio seminarista le había asegurado que Erick sería quien ocupará su lugar una vez que se ordene sacerdote. Quizá el vagabundo ya lo sabía y por eso estaba trabajando tan arduamente, aunque, el pago bien podría ser otra cosa... ¿pero que?
-- Sangre...
-- ¿He? – cuestiono Heero al escuchar la voz del seminarista haciéndolo regresar de sus pensamientos. Entonces vio lo que el seminarista señalaba. Sobre su mano derecha, a la altura de su muñeca y bajo los vendajes, un poco de sangre fresca se dejaba ver. Heero extendió la mano y tomo aquel brazo para acercarlo a sus ojos – Yo tuve la culpa – dijo tratando de levantarle la venda un poco para ver que tanto se habían abierto las heridas.
-- ¿Usted? ¿Por qué? – cuestiono el seminarista viendo como el agente revisaba la herida.
-- Anoche, cuando me levante a la carrera para ir al baño – no iba a decirle a que – me di cuenta que le lastime la herida. Así que deberé deshacer el vendaje, aun que no debería. Pero creo que es mejor revisar que punto se abrió para saber que medidas tomar. ¿Acepta? – pregunto deteniendo su mano sobre la calidez del brazo del seminarista para verle a los ojos.
-- Yo confió en lo que usted diga – dijo, para después mostrar una enorme sonrisa al tiempo en que cerraba los ojos haciendo que el corazón del agente se agitara de nuevo sin esperarlo – además, usted fue quien me curo y me cuido todo este tiempo.
-- Hn – dijo Heero de forma seca continuando con lo que hacía de forma rápida tratando de controlar aquel latido rebelde, cuando algo en aquella herida llamó su atención y volvió a detenerse sin terminar de quitar el vendaje - ¿Cómo se hizo estas ronchas?
Pudo ver como el seminarista abrió los ojos para fijarlos en lo que el agente le decía. Eran dos pequeñas ronchas abultadas de cuyo centro parecía brotar la sangre. El tamaño, la longitud y la distancia entre ellas parecía ser la misma que había visto en el padre Roberts y no solo en ellos, también en las victimas del asesino.
-- Debió haber sido algún animal – dijo el chico sin prestarle mayor atención, pero Heero no estaba seguro de nada. Le soltó el brazo sin dejar de verle con el ceño fruncido. La sangre estaba fresca y bajo las vendas, era imposible que algún bicho le hubiese picado, a menos que fuese un gran zancudo y aun así lo dudaba.
-- ¿Por qué miente? – cuestiono de forma aun mas fría haciendo que los ojos del seminarista se abrieran de forma enorme – No. Eso no va a funcionar. ¿Se lo hizo usted mismo para distraerme? ¿Para intentar confundirnos?
-- ¿Qué?, ¿Pero de que esta hablando?
- De esto – dijo volviendo a tomarle el brazo y mostrándole las heridas. La sangre volvió a salir en pequeñas gotas – A menos que usted tenga hemofilia(*), la sangre ya debió haber coagulado. No tarda mas de 5 minutos. No pudo ser un insecto, porque las ronchas están bajo las vendas. No es alergia, ni ninguna otra explicación que quiera darle. Esto se lo tuvo que haber hecho usted apropósito.
-- ¡Yo no hice nada! – dijo el chico tratando de soltar el brazo del agarre del agente, pero al contrario de lo que pensó, Heero le dio la vuelta al brazo haciendo que el chico tuviera que girar con él para evitar que se lo quebrara y quedara pegado al cuerpo de Heero, quien utilizó su brazo libre para apretarlo más a su cuerpo.
-- ¿Qué pretende? – dijo Heero casi al oído del seminarista haciéndolo sonrojar. No estaba seguro de lo que había dicho, pero era un razonamiento lógico. A menos que el dichoso "vampiro" hubiese marcado a Duo como lo había hecho con el padre Roberts. ¿Pero a que hora? Ya que el siempre estuvo a su lado, no había momento en que le hubiese dejado solo. No había posibilidades de que Duo se hubiese topado con el asesino, y ya que este solo actuaba de noche.
-- Agente Yuy, suélteme, por favor – le escucho suplicar, pero en lugar de soltarlo, dejo que su brazo se extendiera por el estomago del seminarista y le acercara más a su cuerpo. Pudo sentirlo temblar y ese cosquilleo que sintiera la noche anterior, volvía a crecer de nuevo en él, pero no le importó.
-- ¿Por qué? – cuestiono más para si mismo que cuestionándoselo al chico, pero fue el seminarista quien respondió.
-- Por favor, suélteme – le escucho suplicar de nuevo, mientras trataba de soltarse, pero para soltarse de su llave debería saber lucha greco romana.
-- No entiendo, en verdad no entiendo. ¿Qué espera para actuar de nuevo? ¿A que me vaya? – Duo cabeceo en negativa - ¿Qué fue todo ese cuento de anoche? Incluso amplio su declaración describiendo esas mentiras.
-- ¡No eran mentiras! ¡Yo vi al vampiro!, Jamás miento, jamás. Yo no he hecho nada malo – dijo de forma desesperada. Heero entonces le soltó y el seminarista se giro para verle a los ojos – ¡Le he dicho toda la verdad!. Vi esa cosa en el techo de la iglesia. ¡Yo no soy un asesino!
Los ojos del seminarista se veían sinceros. Era difícil no caer hechizado en esos hermosos ojos violetas que desde el principio le habían llamado la atención. Levantó la mano para tratar de tocar aquella blanca piel de su rostro, el cual se había sonrojado notablemente. Quería tocarlo, acariciar con sus dedos aquella mejilla y dejarlos deslizar hasta esos sonrosados labios. Volver a probarlos, saborear esa dulzura... Pero lo único que pudo hacer fue tomarlo fuertemente por los hombros y acercarlo a él. Pudo sentir como el cuerpo del seminarista tembló ante su contacto y sus ojos se abrieron de forma enorme, mostrando temor. Sentía la calidez de aquel cuerpo subir por sus manos y recorrerle de pies a cabeza. Pudo sentir la respiración acelerada del chico chocar contra su rostro, mientras sus ojos se clavaban de forma insistente en aquellos labios sonrosados y entre abiertos.
-- ¡Agente Yuy! ¿Qué esta haciendo? – cuestiono Duo de forma entrecortada, sintiendo el temor que la cercanía del agente le producía.
Pero Heero no escucho nada, solo extendió el brazo por la espalda del chico acercando su rostro para poder besar aquellos labios que a gritos parecían pedirle que lo hiciera. Sin embargo el seminarista ladeo el rostro evitando que los labios del agente terminaran en los suyos y elevo los brazos hasta chocar contra el amplio pecho del agente para alejarle.
-- ¡Suélteme! ¿Pero que pretende? – dijo volviendo a girarse para encararlo. Su ceño estaba fruncido y su rostro sumamente sonrojado. Podía sentir aun su respiración agitada golpeando su rostro y no pudo evitar responder.
-- Ya lo sabe – dijo de forma fría sin soltarle del agarre en el que lo tenía por más esfuerzos que el chico hacía por soltarse.
-- ¡No!, ¡yo no se nada! – gritó desesperado
-- Yo...
Pero entonces, el vibrador del celular le hizo despertar de aquel hechizo soltando al seminarista y se dio prisa en contestar olvidando por completo aquella extraña necesidad. Quatre le informaba que un auto lujoso acababa de estacionarse frente a la iglesia y varios hombres, al parecer sacerdotes, descendían de él. Uno parecía ser el de mayor rango, ya que vestía de rojo y era rodeado por otros 3, el abogado del clero venía entre ellos.
Una maldición silenciosa escapo de sus labios, solo esperaba que no fueran a traerle alguna orden en que le obligaba a salir de ese lugar.
-- Será mejor que olvidemos todo, por el momento – dijo viendo al seminarista que aun le seguía viendo con el seño fruncido y rojo por el enojo – Acaban de llegar varios sacerdotes. Por el color de uno de ellos, me imagino que será Su Eminencia Traize Krushrenada.
-- ¿Su Eminencia? - dijo el chico perdiendo el color de golpe. Al parecer, el solo mencionar el nombre de Traize era motivo suficiente para hacerle temblar. Y vaya que sabía que tenía motivos de sobra para temblar. Su eminencia Traize Krushrenada era el único que podía aprobar o desaprobar su nombramiento como sacerdote.
-- Deje que le vendé de nuevo la mano para ir con su eminencia.
-- Si, gracias... – dijo secamente elevando el brazo, pero bajando la vista sintiéndose totalmente rojo.
-- Pero ni crea que voy a olvidarme de lo que ha pasado – dijo amarrando la venda manchada de sangre a su muñeca. Duo solo le observo son decir nada, mientras Heero se dio prisa en salir del baño para acompañarle a ver a esos hombres.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
El grupo del clero entro en el recinto de forma ruidosa. Los tres hombres caminaban alrededor de aquel que vestía de rojo como si fuesen sus guaruras. Cada uno de aquellos marchaban a la par de otro, como si fuesen soldados en una formación militar. Uno de ellos se acerco para abrir la enorme puerta de madera que franqueaba el interior del recinto. La oscuridad que reinaba dentro solo era rota por la escueta luz que desprendía un sin fin de velas encendidas y el eco de aquellos pasos comenzó a resonar por todo el lugar.
-- Su eminencia Traize, que sorpresa tenerlo en nuestro santuario a estas horas – todo el sequito de sacerdotes se detuvo detrás de su Eminencia Traize, quien se giro para ver al cansado hombre que caminaba hasta llegar a él y se inclinaba para besar el pesado anillo que descansaba en uno de sus dedos.
-- ¿Cómo se encuentra, padre Roberts? He sabido que ha estado enfermo, pero que le han atendido bien los médicos – pregunto Traize de forma cordial, mientras los sacerdotes a su lado solo observaban en silencio.
-- Muy bien su eminencia. Si he estado un poco anémico, pero con todos los cuidados que me procuran, estoy seguro que aun puedo seguir en este mundo unos años mas – dijo el hombre sonriendo. Traize lo dudaba, pero no dijo nada - ¿Puede decirme a que debo el honor de su visita? – cuestionó de nuevo el anciano cura.
-- Claro. Quiero hablar con Duo Maxwell ¿Esta él por aquí ahora?
-- ¿Duo? – cuestiono más para si mismo poniendo una mano en su barbilla por un instante - ¿Hizo algo malo?
-- Nada padre Roberts, solo quiero hablar un momento con ese chico. ¿Ya sabe que en tres semanas se ordenan los nuevos sacerdotes? – el padre Roberts cabeceo en acuerdo – solo quiero preguntarle a Duo si desea ordenarse ya o prefiere esperar otro año para hacerlo. O quizá ya se arrepintió – dijo Traize casi elevando las manos al cielo rogando porque así fuera.
-- Mmm, me da la impresión de que usted esta aquí por otro motivo.
-- Y según usted, ¿Cuál podría ser ese motivo?
-- La presencia constante de la policía, quizá. Aun que para nosotros esa presencia es buena, quizá usted lo considera mal. Pero debo decirle que la policía ha hecho que los pleitos en el barrio hayan cesado, así como los asaltos. Ya no se ven las pandillas en la calle y las misas cada día están más llenas.
-- Lo se, lo se. También las colectas se han incrementado – informó su eminencia – Pero nosotros solo hemos venido a hablar con Duo, además de aprovechar para recoger las dos últimas colectas. ¿Podría por favor dárselas a mis colaboradores? – dijo señalando a los dos sacerdotes jóvenes que estaban a su lado.
-- Claro, claro, síganme. Iré a avisarle a Duo – dijo el hombre caminando fuera del lugar seguido de aquellos hombres topándose con Duo y con Heero en el camino. Así que no fue necesario irle a buscar, solo le avisó que le esperaban.
Duo abrió la puerta y pudo ver como aquel hombre, vestido de rojo, le veía de forma detenida para después fijar su vista azulada en la persona que llegaba detrás de él.
Traize vio aquella mirada cobalto recorrerle con altivez mientras el abogado se acercó a él para susurrarle el nombre y el papel que ese hombre tenía dentro de la iglesia y casi al mismo tiempo salir de allí dejándolo a solas con ellos.
-- ¡Ah!, Inspector Yuy – dijo su Eminencia acercándose a Heero para tenderle la mano. No cabía duda que esperaba que Heero hiciese lo mismo que el resto de sus subordinados; besarle la mano; pero Heero solo la tomó y la apretó de forma ruda dándole a entender con ese acto que él no era parte de aquel teatro. La mirada de Traize centello y dijo mostrando una sonrisa aun mas amplia apretando a su vez la mano del agente – Un gusto conocerlo por fin, he oído hablar mucho de usted.
-- Hn – solo contesto Heero
-- Su eminencia – dijo Duo haciendo que ambos hombres se soltaran las manos, entonces Traize se giro al seminarista y extendió su mano.
-- Mi querido Duo – dijo al tiempo en que el chico se agacho para besar la mano que traía el pesado anillo en ella. Heero solo frunció el ceño, no le agradaba nada el que cualquier persona tuviese que rendirle pleitesía a otra - Vine a verte, ya que no te has presentado en el arzobispado. Y te hemos mandado llamar un par de veces – dijo Traize mostrando una sonrisa que a los ojos de Heero no se veía sincera.
-- Mis disculpas eminencia, pero como podrá ver, hemos estado algo ocupados – Traize vio de reojo a Heero y sonrió
-- Lo veo. Por eso decidimos venir a estas horas. Terminó la ultima misa y ya se esta sirviendo la cena en el comedor de pobres ¿cierto?
-- Si eminencia, solo faltamos el agente Yuy – dijo señalando a Heero – y yo de sentarnos a cenar.
-- Ah, ¿Así que usted les acompaña? – preguntó directamente a Heero, este solo cabeceo en acuerdo – Ya veo ¿Por qué motivo?
"Porque se me da la gana" – quiso contestar, pero no lo hizo, solo contesto de forma neutra – por seguridad
-- ¿Seguridad para quien? – volvió a cuestionar Traize
-- Para todos
-- Vaya, que buena seguridad se tiene entonces – parecía ser sarcasmo, pero no supo como tomarlo. Después se volteo a ver a Duo ignorando a Heero por completo - Duo, ¿como esta el padre Roberts? El dice que esta bien, pero tu que lo cuidas y no sabes mentir, me dirás la verdad – ¿Ese hombre decía que el seminarista no mentía? ¿Sería realmente cierto?
-- Esta débil, por mas medicamentos que toma y por mas que hemos cuidado de su dieta, su anemia no mejora. Por eso hemos decidido disminuir la cantidad de misas hasta cuando... cuando...
-- ¿Hasta que te ordenes? – Duo volteo a ver a Heero por un momento y después a Traize. Heero frunció el ceño ante la pregunta.
-- Si. En cuanto me ordene y sea sacerdote podremos regresar los horarios de misa a la normalidad. El padre Roberts y yo podremos repartirnos el trabajo y estoy seguro de que se repondrá totalmente – Heero apretó los puños al escuchar semejante respuesta
-- Te escuchas muy seguro – dijo Traize sin dejar de verlo
-- Lo estoy – aseguro el seminarista
-- Entonces... – dijo Traize haciendo una pausa para ver a Heero de reojo mientras sonreía - ¿quieres ordenarte ya?
-- ¿Ya? – cuestiono Duo sin poder creerlo – Yo... yo... – No, quiso responder Heero por él, pero no podía hacer nada.
-- ¿Quieres esperar un año mas o...? – volvió a ver a Heero de reojo quien solo veía al seminarista con el ceño fruncido y los puños apretados - ¿Quieres renunciar al seminario?
"Si"
-- No, no, no quiero renunciar – Maldición - Le he prometido no volverme a meter en problemas y lo he cumplido. Estoy tomando muy en serio mi vocación. Quiero ser sacerdote y ayudar a la gente, ayudar al padre Roberts.
-- No estoy muy seguro de tu vocación mi querido Duo – dijo Traize borrando su sonrisa – El último problema legal en el que te metiste es muy serio y aun no eres libre de toda sospecha, ¿no es así agente Yuy?
-- No puedo hablar sobre el caso – dijo Heero de forma fría sin dejar mostrar su verdadero sentir ante nadie.
-- ¡No soy un asesino! – se defendió Duo.
-- Yo ya le he dicho que puede seguir sirviendo a la gente de otra forma. No es necesario que sea sacerdote – dijo Heero haciendo que Duo volteara a verle con el ceño fruncido.
-- Ves Duo, por lo que comenta el agente Yuy, también duda de tu vocación.
-- ¡Pero tengo vocación!, Agente Yuy – dijo volteándose a ver a Heero - dígale a su eminencia que usted esta bromeando, le consta que tengo vocación
-- A mi no me consta nada. Yo no voy a tomar la responsabilidad de sus actos y si realmente quiere que diga algo, va a tener que lidiar con las consecuencias – Duo apretó los labios queriendo reprimirle de alguna forma, pero quizá era mejor esperar para hacerlo.
-- Mmmm, ¿Qué quiere decir Inspector Yuy? ¿A caso tiene alguna prueba de que el seminarista Maxwell no tiene vocación de Sacerdote? – Duo volteo a ver a Traize con los ojos muy abiertos ¿Qué iba a decir Heero? - ¿Han encontrado alguna prueba en su contra que lo vincule con el asesino que tanto buscan?
-- Ya le he dicho que no puedo hablar del caso.
-- Pero si aun sigue en esta iglesia, eso quiere decir que la persona que busca esta cerca ¿No es así?
-- Lo siento...
-- Oh, ya lo se, no puede hablar del caso. Esta bien, me rindo. Entonces Duo – dijo viendo de nuevo al seminarista - si vas a profesar, preséntate en el arzobispado en 3 semanas. La ceremonia se llevara a cabo a las 3 pm. Así que llega antes de las 2. Para las 5 pm ya estarás totalmente desocupada para que regreses con el padre Roberts a oficiar tu primera misa.
-- Si, si, allí estaré – dijo el seminarista sumamente emocionado.
-- Eso espero Duo, pero si no te presentas, no me molestare por ello – dijo mostrando una sonrisa que para Heero no resulto sincera, mas bien, parecía que Traize deseaba que el trenzado seminarista no llegase – Ahora bien, puedes ir a buscar al padre Roberts, quiero despedirme antes de partir.
-- Claro su eminencia – dijo dándose la vuelta para salir en su búsqueda, Heero se giro también para seguir al chico, solo que el sacerdote de rojo le detuvo.
-- Agente Yuy, me permite un segundo – dijo haciendo que ambos se voltearan a verle – a solas – completo – Anda Duo, ve a buscar al padre Roberts, el inspector Yuy me hará compañía – Duo volteo a ver a Heero y este solo cabeceo en acuerdo, entonces Duo regreso la vista a su eminencia Traize.
-- En seguida vuelvo.
Heero vio como el sacerdote le indicaba que le siguiera hasta el fondo de la iglesia donde tomo asiento en una de aquellas bancas. Heero no pretendió seguirle, solo se recargo en la pared y cruzo los brazos esperando por el interrogatorio.
-- Dígame Inspector Yuy ¿Cuál es el motivo por el que siga, como si fuese una sombra, a Duo?
-- Es confidencial
-- No me diga – pareció divertirle su respuesta – Hay ciertos rumores sobre sus motivos, Dekim me dijo mucho de la última vez que le vio. Parece que se divirtió mucho con mi pobre chico.
Heero ni siquiera cambio su semblante ante el comentario, pero todo parecía indicar que lo que sucedió con el seminarista en la habitación, había llegado hasta oídos del hombre. No parecía molesto, al contrario, parecía divertido. Pudo apreciar por sus reacciones, que el hombre no quería que Duo profesara, hasta Quatre había escuchado su amenaza cuando este le gritó por el teléfono.
-- ... – Heero solo frunció el seño y permaneció con la boca cerrada.
-- ¡Cuantos años tiene Inspector?
-- ¿Eso importa?
-- ¡Por supuesto que importa!, parece usted muy joven para ostentar el titulo de Inspector del FBI.
-- ¿A caso quiere ver mis credenciales?
-- No, no es necesario, no estoy insinuando que usted mienta, solo que su juventud le puede llevar a comportarse de manera... hmmm, ¿cómo decirle?, ¿inadecuada?
-- Yo jamás me he comportado de manera inadecuada, ni con el seminarista Maxwell ni con nadie – La carcajada de su eminencia Traize se dejo escuchar en todo el interior de la iglesia haciéndola lucir lúgubre en lugar de divertida. Se había parado de la banca y seguía riendo como si hubiese contado algún chiste. Heero sabía que mentía, es más lo había hecho a propósito porque nuca admitiría ante nadie que su cuerpo no podía ser controlado cuando estaba cerca de ese seminarista.
-- Vaya que sabe usted mentir, inspector Yuy – dijo dejando de reír para verle fijamente - pero de antemano se de esa revisión que le hizo a Duo bajo la lluvia - ¡Maldición!, si le habían contado se dijo a sí mismo tratando de no mostrar sus pensamientos en sus facciones – Lo dejó esposado a la silla, totalmente empapado, después lo llevo a un hotel – siguió contando chasqueando la lengua en señal desaprobatoria, pero Heero siguió observándole con el ceño fruncido y la boca cerrada - ¿No le inquieta? – preguntó, pero el inspector continuó sin moverse – Entonces le beso de forma descarada, sin importarle que él es un seminarista y va a pertenecer a dios ¿cierto, inspector?
-- Usted parece saber mas que yo – dijo Heero encogiéndose de hombros
-- Bueno, como parece no tener remordimientos por lo que hizo, quisiera pedirle algo.
-- ¿Qué? ¿Qué me aleje del seminarista Maxwell?
-- Parece que lee mi mente Inspector – dijo su eminencia mostrando de nuevo una sonrisa
-- No lo voy a hacer – aseguro el agente haciendo que la sonrisa de Traize se borrara
-- ¿Me esta desafiando? – cuestiono frunciendo el ceño
-- No, solo cumplo con mi trabajo.
-- ¿El cual es? – cuestiono de nuevo con saña
-- Cuidar de los ciudadanos.
-- ¿Y besarles?, ¿Tocarles de forma impura?, ¿Acosarles? y quizá... – dijo dejando la pregunta abierta pata hacer que Heero se imaginara lo demás.
Heero prefirió guardar silencio ante la acusación. Muchas veces se había recriminado a si mismo por haber iniciado todo aquello, pero ahora no parecía importarle, su cuerpo se revelaba ante sus ordenes y su cerebro no tenía la fuerza suficiente como para negarse al placer que sentía al estar cerca de él.
Vio como su Eminencia se giro al escuchar la puerta abrirse y vio aparecer a todo el sequito de sacerdotes con quien había llegado y atrás de todos, también venía el padre Roberts y el seminarista Maxwell. Dio gracias porque todo aquello terminara, la mirada azulada de aquel hombre le inquietaba y no deseaba estar mas en su compañía, era como estarse enfrentando a alguien igual que él, alguien que sabía como analizar y obtener información. El único problema es que este hombre ya sabía todo lo referente al seminarista y era comprensible, Duo Maxwell seguramente había hablado con el padre Roberts, no sabía si en confesión o no y el padre Roberts a su vez, había hablado con su Eminencia.
-- Una última cosa agente Yuy – dijo su eminencia Traize antes de subir al auto – quiero que sepa que yo tengo ojos y oídos en todos lados y no habrá nada de lo que no me entere – Heero solo le observo sin decir nada, después su eminencia se acercó a él para susurrarle – No vuelva a dormir en la habitación de él, su puerta no cierra, recuerde... – Heero frunció el ceño ante la advertencia ¿Alguien les había visto la noche anterior? Al parecer si.
Su eminencia Traize abordó el auto, mientras uno de los sacerdotes cerro la puerta. En cuanto se pusieron en marcha, Traize borro la sonrisa con la que se había despedido del padre Roberts y el seminarista Maxwell y de forma seria se dirigió al abogado del clero.
-- Comunícate de forma urgente con el director Noventa del FBI.
-- Enseguida su eminencia – dijo el anciano hombre tomando el celular que le tendió otro de los sacerdotes.
-- Vamos a arreglar esta incomoda situación – murmuro Traize siguiendo su camino y esperando que le comunicaran con el hombre en cuestión.
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Continuara...
(*) Hemofilia: Una persona con hemofilia no puede coagular la sangre o se puede tardar en hacerlo y aunque llegue a coagular, no es consistente y si no se forma un buen tapón para detener la hemorragia, incluso pequeñas heridas pueden originar abundantes y hasta mortales pérdidas de sangre – wikipedia info –
N/A: Parece que solo serán 10 capítulos, así que solo faltan 2 para terminar. Pero de una vez advierto que el final no será lo que esperan y no puedo decirles mas sin revelarles lo que sigue.
