Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
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CAPITULO 9
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El día no había sido nada productivo, todo lo contrario, y la noche no pintaba mejor...
Heero acababa de bañarse, por completo solo, ya que el seminarista había aprovechado que él estaba cenando en el comedor de los pobres con Quatre – huyó, pensó - el seminarista le había recalcado que había podido hacerlo solo y que de ahora en adelante no necesitaría de ninguna clase de ayuda con el baño – Que remedio, se dijo - Le había dado las instrucciones a Quatre para la guardia nocturna, aleccionándole sobre no dejar a la mujer asomar las narices por el techo ni dejarse colgar collares de ajo al cuello. Su rubio subordinado había mal aguantado la risa, pero ya se daría cuenta que nada de lo que le había contado de esa mujer era para reírse.
No había seguido al seminarista porque sabía exactamente donde estaba, no por nada el otro agente, Stand, estaba con el padre Roberts y ambos hombres estaban juntos ahora. Erick había estado todo el tiempo en el comedor; podría haber estado hablando con Quatre, pero nunca le perdió de vista. Sus sentidos siempre estaban alerta.
Pero ahora estaba donde nuca se imagino estar – se dijo lanzando un largo suspiro – recargado en una silla, justo afuera del claustro de ese chico, en el pasillo, a oscuras. Pasaba de las once de la noche y todo estaba silencio dentro de la iglesia. Los pasillos estaban solos, solo aquella luz mortecina que muy a penas destellaba bajo el pedestal de aquel santo en una lejana esquina. No se escuchaba ni una sola voz, ni un murmullo, nada, ni siquiera el viento soplando ¿Sería presagio de algún desastre?
Esperaba que no...
Se recargo de nuevo, viendo a la nada. Ya tenía mucho tiempo en ese caso, para ser exactos, 3 meses, 3 semanas, 2 días, 11 horas, 26 minutos y 7, 8, 9 segundos... En ese tiempo había conocido a la única persona que encajaba con el perfil del asesino que buscaba, pero cada vez que se acercaba a una prueba, de una u otra forma ese chico la desestimaba. Después, justo él día en el que se hirió con el martillo, aparece una segunda persona que pudiera encajar con el perfil; tiene la misma estatura, su misma complexión y juventud; pero no el mismo tono de ojos ni de cabello, aun que si la misma alergia al sol, quizá un poco peor.
Trataba de encajar esa otra imagen en aquella sombra que vio en el callejón. La voz gruesa y en off no parecía pertenecer a ninguno de los dos sospechosos, pero bien pudo haberla fingido. La estatura, la complexión, esas si encajaban, pero no los ojos. Aquellos eran rojos, quizá producto de alguna fuerte droga. Lo que no lograba comprender aun, era aquella parálisis, aquel miedo, todo aquello no podía explicarlo científicamente.
Sin embargo, Erick, el vagabundo, no era fácilmente rastreable. No existía ninguna acreditación de su existencia en el registro civil. No sabían donde ni cuando nació, donde había estado viviendo hasta antes de llegar a la iglesia, ni siquiera sabían si Erick era realmente su nombre. Había tratado de obtener sus huellas de forma clandestina, pero no contó con que aquella palangana tuviera tantas. Quizá las del vagabundo se habían borrado de forma accidental con las mantas que había traído. Y una vez obtenidas, no estaba seguro de que coincidieran con alguna de las huellas que tenían en el registro criminal. Lo mas fácil sería encerrarlo e interrogarle para obtener algo de información. Pero como no tenía absolutamente nada en su contra, no podía hacerlo, su jefe era capas de despedirlo si cometía semejante error.
Iba a tener que obtenerlas de alguna otra forma.
-- Quatre – su voz resonó en el solitario lugar como un eco sordo. Lo mejor era preguntar como iba todo, ya que nadie se comunicaba con él aun.
-- ¿Si, Heero? – Contesto el rubio desde lo alto de aquella casa frente a la iglesia.
-- Novedades
-- No. Ninguna. No se ve ningún movimiento ni adentro ni afuera del edificio.
-- Ok – dijo cortando la comunicación con el rubio para dirigirse ahora al agente que estaba con el padre Roberts - Stand
-- ¿Si, Jefe? – cuestiono el hombre
-- Novedades
-- Ninguna. El sacerdote esta profundamente dormido y el chico rubio esta leyendo aquí, a mi lado.
-- Muy bien, no te separes de él en ningún momento.
-- Ok jefe
Heero corto la comunicación y se levanto de su silla, quizá esa noche todo iba a estar tranquilo, así que empujo con un dedo la puerta del seminarista solo para asomarse un poco. Pudo ver que el chico aun no se dormía y estaba hincado frente a su cama, con las manos cruzadas bajo su barbilla. Intuía que estaba rezando en silencio.
-- ¡Heero! – la voz de Quatre que le hablaba por el radio le hizo alejarse de aquel claustro
-- ¿Qué sucede Quatre? – cuestiono Heero a la carrera, quizá después de todo, si iba a ocurrir algo.
-- Acaba de llegar un correo de la gente de investigación. Nos están enviando el expediente completo del caso Willson(*).
-- El caso no resuelto – aseguro el agente
-- Así es. Además viene anexado lo que se averiguó al ir al poblado donde vivió el sospechoso.
-- Muy bien Quatre, iré al auto por mi computadora, tu sigue vigilando, asegúrate de que todo quede grabado en tu maquina y mándamelo por la mañana.
-- Ok Heero – dijo Quatre cortando la comunicación.
Heero se asomó una última vez al claustro del seminarista y lo vio aun hincado ¿A caso tenía tantos pecados por los que arrepentirse? Solo esbozó una mueca en forma de sonrisa y se dio prisa en ir a su auto por la maquina.
Cuando regreso con la computadora, ocupó su lugar en la silla sin asomarse al claustro que le tocaba vigilar, intuía que el seminarista aun estaba rezando o quizá dormido ya. Así que se dio prisa en encender la maquina y revisar el archivo que también había sido enviado a él. Lo primero que vio, al encenderla, fue aquella señal de alerta que le indicaba que aun tenía pendiente entregar el reporte a su jefe, pero decidió ignorarlo, nuevamente, para ir directo a aquello que le importaba: El caso Willson/1949.
La forma de describir el caso le resulto un tanto extraña. No cabía duda que la forma de redacción de aquellos años a los actuales era muy diferente. Le parecía estar leyendo algún cuento de horror y no un reporte policiaco. Quizá el policía encargado del caso era un escritor frustrado, pero el relato le resultaba cada vez más interesante.
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Caso Willson - Expediente 07-49-0078/1949
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El primer día de Julio, del año 1949, llegó al internado para varones del condado de West un nuevo profesor de ciencias; Edward Willson pronto se convirtió en catedrático, pero a diferencia del resto del personal docente, el profesor Willson no dormía dentro del internado. La casa del maestro estaba detrás de la escuela, por lo que a nadie se le hizo extraño que el hombre entrara y saliera del lugar a sus anchas.
Pero desde que el profesor Willson llegó a la escuela, la muerte de estudiantes se hizo presente. Cada dos o tres meses, algún estudiante moría por alguna enfermedad, anemia, según se pudo comprobar después - ¿Pero anemia en un internado donde se suponía se paga para que los estudiantes comieran y estudiaran bien? – Lo mismo se preguntó el policía que llevaba el caso. Por eso se abrió esa investigación.
Desde que la primera denuncia llegó a sus manos, se puso a investigar, sobre todo, porque uno de sus hijos estudiaba en ese internado y no quería que le fuese a pasar algo. Cuando llegó al pueblo, lo vio extraño – describía el paisaje negro y llenó de nubes, la falta de vida silvestre cuando antes había animales por todos lados, incluso la falta de pobladores a la vista – Nadie decía nada, todos parecían asustados. De los pocos que obtuvo información dijeron que el demonio estaba viviendo en la escuela y que todos iban a morir.
Hablo con la gente de la escuela, con maestros, alumnos y el director. También hablo con Willson. No obtuvo nada en concreto y el caso quedo sin resolver.
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Notas Posteriores
Expediente 07-49-0078/1951
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Un par de años después de aquel incidente, el director murió a causa de la anemia y nombraron a Willson como su sucesor. Algo extraño, ya que no tenía ni la edad ni la experiencia como para hacerse cargo de esa escuela o alguna otra. Y entonces sobrevino el desastre.
Los estudiantes ya no morían cada dos o tres meses, al parecer hubo una epidemia y comenzaron a morir uno tras otro. La gente del pueblo no creyó mas en que fuese anemia, ni ninguna otra enfermedad, comenzaron a acusar a Willson de ser un vampiro y de estar matando a los estudiantes, a los animales, de ser el causante de que allí no saliera mas el sol y de que las flores y los árboles ya no florecieran mas. Se alebrestaron a tal punto que tomando palos, antorchas y piedras, se fueron en contra del director e incendiaron su casa... con él dentro.
Pero el fuego no solo consumió la casa del director Willson, también se extendió hasta la escuela y varias casas del pueblo mas. Los bomberos no llegaron a tiempo y las llamas se salieron de control.
El resultado de aquello... 15 estudiantes, 3 profesores y 23 aldeanos muertos. Willson fue rescatado de entre los maderos ardiendo, aun con vida, y fue llevado a las oficinas principales de la policía del condado para evitar que la gente del pueblo le fuese a linchar. El fuego le había desfigurado el rostro pero viviría.
Las investigaciones no arrojaron nada en contra de Willson. Todos los estudiantes muertos habían sucumbido ante una anemia severa que les extinguió la vida. La escuela y la casa del director quedaron destruidas y no se volvieron a levantar. Una parte del pueblo también quedo bajo los escombros.
Fin de las notas
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Estatus del Caso: Abierto.
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Agregado de la investigación Actual.
Willson desapareció después de aquella tragedia y no se tiene registro de otra vivienda ni otro trabajo docente, todo parece indicar que se lo trago la tierra. Nunca se tuvieron noticias de algún pariente, esposa o hijos. Solo la vieja fotografía que se anexó al primer archivo.
Mucha suerte en su investigación Inspector Yuy.
Para cualquier aclaración o duda, estoy a sus ordenes en los tels...
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-- ¿Se puede saber que hace fuera de su cama, Seminarista Maxwell? – dijo Heero sin mirar. Había podido ver por el rabillo del ojo como aquella persona se encontraba parada en el marco de la puerta, usando su pijama, viéndole sin decir nada.
No supo que hacer, ya que el chico seguía allí, sin moverse y sin hablar. Giro solo los ojos, aparentando seguir viendo el monitor de su portátil y pudo notar que el seminarista permanecía con la cabeza baja, dejando que los mechones largos de su frente le cubrieran también los ojos. No traía zapatos, por lo cual no le escucho llegar hasta él. Pero su aroma le inundo por completo los sentidos haciéndole dejar de leer el final de aquellas notas del policía que había ido a investigar al poblado de West.
-- ¿A caso no tiene sueño? – volvió a preguntar Heero esperando algún tipo de respuesta.
-- Hay una pregunta en mi cabeza que no me deja dormir – dijo de pronto el chico sin moverse ni un centímetro de su lugar – Y quiero preguntársela, porque si sigo con la duda no dormiré en toda la noche.
-- Pregunte lo que quiera – dijo Heero. Duo entonces levanto la cabeza y camino hasta él plantándosele enfrente. Heero entonces elevo la vista y clavo sus pupilas cobalto en las violetas. Gran error. Un estremecimiento le recorrió por entero el cuerpo. Ver al seminarista sin su sotana y el alzacuellos era como derribar aquella barrera invisible que se había plantado ante él.
-- ¿Qué le iba a decir a su eminencia Traize? – Heero esbozo una mueca en forma de sonrisa, mandando hasta lo mas profundo cualquier cosa que pudiera sentir. ¿Así que eso era lo que le tenía tan preocupado? – Dígame, por favor.
-- No iba a decirle nada, no tenía porque hacerlo – dijo regresando su vista al monitor.
-- Pero usted dijo... – trato de saber el seminarista, pero Heero le interrumpió.
-- Yo no quería verme involucrado, así que le dije cualquier cosa – No estaba acostumbrado a recibir ordenes y al parecer Traize Krushrenada estaba acostumbrado a que todos hicieran su voluntad.
-- ¡Pero afirmo que no tenía vocación!.
-- Eso es porque no la tiene – dijo Heero de forma fría regresando su vista cobalto a la violeta - Usted solo esta haciendo lo que cree que debió seguir. Se crió en un orfanato con sacerdotes, así que creyó que el siguiente paso era entrar al seminario. Usted no esta haciendo lo que quiere, si no, lo que cree que debe.
-- ¿Lo que creo que debo?
-- Contésteme una cosa – Duo cabeceo en acuerdo - ¿Usted quiere ser sacerdote porque debe ayudar a los demás? Ó ¿Usted debe ser sacerdote porque quiere ayudarlos?
-- Yo debo ser sacerdote porque quiero ayudarlos – dijo el seminarista de forma segura.
-- Con esa respuesta me acaba de dar la razón. Esta considerando ser un sacerdote por deber, no porque realmente así lo desee.
-- ¿Qué? No, esta equivocado... yo... yo... – Trató de justificarse Duo, pero realmente no podía hacerlo.
-- Hay muchas formas de ayudar a la gente.
-- Yo solo conozco esta – dijo de forma melancólica – Soy huérfano, las únicas personas que cuidaron y se preocuparon por mi fueron los sacerdotes. El padre Roberts era uno de esos buenos hombres, por eso lo quiero como si fuese mi padre – Heero no perdió detalle de ese dato, eso era algo que no sabía. Si realmente el seminarista era el asesino y marcaba a sus victimas, ¿sería capaz de asesinar a alguien que quería como si fuese su padre?
-- Seminarista Maxwell – dijo Heero viendo los ojos violetas del chico – ¿Nunca ha pasado por su cabeza el enamorarse? – Duo abrió mucho los ojos al escucharle - ¿Tener una pareja con quien compartir su vida?
-- ¡No!, ¡nunca!. Esos pensamientos...
-- ¿Le enseñaron que eran pecado?
-- Si.
-- Solo si realmente fuese un sacerdote, pero aun no procesa. Usted tiene derecho a otra vida, no a una impuesta por alguien mas.
-- Nadie me esta obligando – refutó Duo con cierto recelo.
-- Se esta obligando usted mismo, seminarista Maxwell. Cree que es... – Heero guardó silencio al ver como aquella amplia sonrisa aparecía de nuevo en aquellos sonrosados labios. Al parecer el enojo que viera en sus facciones recientemente, había desaparecido.
-- ¿Por qué sonríe? – cuestiono intrigado. Después de todo, no le estaba contando algún chiste.
-- Aun recuerdo que usted me dijo que yo solo representaba un número en un expediente y sin embargo, me llama por mi nombre – Maldición – Eso me hace pensar que a pesar de todo usted me considera cercano a su persona y eso me hace feliz.
-- ¿Por qué dice eso? – cuestiono tratando de sacarse de la cabeza todo lo que el seminarista acababa de decir. Porque tenía razón, lo sabía, pero no quería admitírselo a si mismo.
-- Porque un número es distante y frío. En cambio un nombre representa a una persona, aun que solo me llame por mi apellido. Así que si lo que usted estaba buscando era no involucrarse conmigo, obtuvo exactamente lo contrario.
La mirada violeta y la sonrisa abierta del seminarista le desconcertaron. Por una parte tenía razón, él había estado intentando no acercarse a él diciéndole que solo lo consideraba un numero en un caso de asesinato, pero siempre le llamaba por su apellido. Aun que no había llegado a hablarle de tú, había intimado con él en más de una forma, ya que en sus pensamientos, ese chico tenía rostro – un rostro hermoso por cierto – y nombre propio.
Se paro de golpe dejando la computadora en el suelo y dejó que sus brazos se cerraran a los lados del cuerpo del seminarista impidiéndole irse a ningún lado. Pudo ver el miedo reflejado en aquellos ojos, pero prefería eso a ver otra cosa en ellos. Porque si aquellas orbes violetas le llagasen a ver con algo de deseo, no iba a poder detenerse, aun que perteneciera al clero.
-- Aun he estado un poco más cerca de usted que esto – las mejillas del seminarista se tiñeron de rojo intenso mientras apretaba los dientes – pero es a lo más que llagare... esta noche – dijo el agente separándose igual de rápido a como le había cercado para contestar el teléfono que estaba vibrando en su cintura – Yuy – dijo de forma clara. Como el que estaba vibrando era el celular y no el radio, sabía que solamente podrían estarle hablando del cuartel – lo se – y sabía que quien iba a llamarle, tarde o temprano, era el comandante Darlian – Estoy trabajando en el reporte – aseguro mientras Duo solo le observaba sin decir nada - ¿Cómo dice? ¿Otro muerto? – Los ojos de Duo se abrieron en asombro al saberlo - ¿Dónde? – Heero se giro a verlo y pudo ver que la mirada del seminarista se notaba ansiosa, al igual que él – Ya veo. Entonces no tiene nada que ver con este caso – aseguro – Bien, le mandare el reporte lo antes posible – y sin decir mas, colgó.
Heero se dejo caer en la silla y lanzó un fuerte suspiro poniendo uno de sus brazos sobre sus ojos. Sabía que tenía testigos, pero estaba muy cansado como para ocultarlo.
-- Quizá debería hacerle caso a todos y dejar este caso
-- ¿Qué? – cuando quitó el brazo de sus ojos pudo ver el rostro del seminarista Maxwell muy cerca del suyo - ¿Se va a rendir tan fácil?
-- Yo no he dicho que me haya rendido – dijo frunciendo el ceño y clavando su mirada cobalto en la violeta con cierto rencor. ¿Si el era el asesino, no era mejor para él que se retirara? Esa clase de reacciones era lo que le hacía dudar tanto de la culpabilidad del chico.
¿El teniendo dudas?. Si, para que negarlo. Desde que había conocido al seminarista Duo Maxwell había comenzado a dudar de su capacidad de deducción y sus dotes de detective.
-- Pero esta diciendo que quizá... – esa frase le hizo regresar a la conversación.
-- Dije que quizá, no que lo vaya a hacer. Yo jamás dejo un caso sin resolver y este no será el primero – dijo parándose de la silla haciendo que el seminarista se parase a su vez y quedara a solo un paso de distancia – y si me disculpa – se agacho para tomar su maquina – tengo trabajo que hacer – dijo volviendo a sentarse y abriendo aquel archivo que parpadeaba en una esquina indicándole lo que tenía pendiente por entregar.
Esperaba que Duo hubiese entendido la indirecta y se marchara, ya que su continua presencia le estaba poniendo nervioso... ¿Nervioso? Eso no era posible, jamás se ponía nervioso ante nada y ante nadie. Era imposible que este chico lograra, sin proponérselo, lo que nadie había hecho antes.
-- Buenas noches seminarista Maxwell
-- Aun no tengo sueño
Heero se giro bruscamente al sentir que algo frotaba una de sus piernas y se topo con sorpresa con el cabello del seminarista haciéndole cosquillas, ya que el chico se había sentado en el suelo y recargado su cabeza en la base de la silla haciendo que su cabello rozara su pierna y le provocara cosquillas.
-- Puedo hacerle compañía, aquí, hasta que vaya a dar un rondín por la iglesia o me de sueño – aseguro. Heero gruño de forma silenciosa. No quería tenerlo cerca, porque no le permitiría concentrarse, pero por otro lado, ayudaba a la investigación el tenerlo vigilado.
-- Haga lo que quiera – dijo Heero comenzando a teclear en su maquina, pero no le iba a resultar fácil, ya que el seminarista se había puesto a hablarle, contándole cosas de cuando estaba en el orfanato, de cómo solía platicar con el padre Roberts, así, como estaba ahora con él.
Había estado tan concentrado en leer entre líneas si había algo más en aquella platica, que no se percató que el chico se estaba quedando dormido. Hasta que aquella voz dejó de llenar el silencio giro el rostro para ver al seminarista, totalmente recargado entre la silla y la pared, profundamente dormido.
Sería mejor dejarlo allí y seguir con su trabajo, pero su conciencia martillaba haciéndolo sentir culpable. Estaba haciendo frío y el chico solo traía puesto el pijama, no traía zapatos y estaba incómodamente sentado en el suelo. Así que, dejó de nuevo la computadora y tomo a Duo entre sus brazos para conducirlo de nuevo hasta su claustro.
"Maldición" – gruño para si mismo – "¿Por qué desde que le conozco, he de tener conciencia?"
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La noche estaba fresca, pero en esta ocasión si traía puesta una chamarra. Estaba atento a todo lo que pudiera pasar en aquella iglesia, revisaba constantemente el monitor de su computadora registrando a cada segundo todo movimiento. La cámara con lector infrarrojo le ayudaba bastante en su tarea, pero para el ojo humano, lo mejor era verlo todo directamente a través de la mirilla de su rifle de asalto. Prefería mil veces el arma a los binoculares. No es que se sintiera paranoico, pero era mejor estar preparado por cualquier cosa que pudiese ocurrir. Heero no le reprendería por ello.
No pudo evitar el soltar una pequeña risita al recordar a su jefe.
Heero estaba atrapado dentro de la iglesia, haciéndose cargo de algunas de las tareas que hacía Duo. Ya le había dicho, que no se sentía un agente del FBI, si no, otro mas de los ayudantes del padre Roberts. Jamás había visto a Heero haciendo el aseo de su departamento, ya que para eso tenía a una persona que le limpiaba la casa y ahora le veía constantemente agitando la escobada de aquí para allá. Él, por el contrario, seguía en sus funciones.
La soledad en la que estaba le invitaba a recordar lo ocurrido con el forense, Trowa Barton. Le había invitado esa tarde a su departamento, para que descansara y le llevara el reporte de la salud de los dos hombres encargados de la iglesia. Había pensado tonterías cuando le dijo aquello, lo admitía, pero una vez dentro del departamento del forense, no sabía si aquel pensamiento se tornaría realidad.
-- ¿Gustas un poco de café? – la pregunta del forense le sacó de sus pensamientos. Habían comido hacía poco tiempo y ahora estaba dentro del lugar donde vivía aquella persona que le interesaba tanto.
Había llegado casi sin darse cuenta, el tiempo al lado del forense se le iba muy rápido. Las platicas con él habían dejado de ser solo del lado del médico para comenzar a ser mutuas, amenas. Podía pasar horas y horas hablando de cualquier cosa y podía ver que Trowa le escuchaba de forma interesada y todo lo que le preguntaba era contestado de forma clara y concisa, señal de que le estaba poniendo atención y eso era algo reciproco, porque él también escuchaba atentamente lo que el médico le contaba.
El departamento de Trowa era chico, estaba situado en el segundo piso de un edificio del centro, cerca de la morgue; ya lo sabía, pero nunca se había atrevido a aparecer por su hogar. Era acogedor e irradiaba calidez y paz. No podía decir lo mismo de su casa, ya que, a pesar de que vivía solo (después de pelearse con media familia para que le dejaran ser policía), una de sus hermanas se había encargado de decorarlo para él. Por eso no lo sentía propio, solo lo veía como un lugar al que llegaba a dormir, ya que casi nunca estaba en él.
-- Si, gracias – respondió a la invitación siguiendo a su anfitrión a la sala-estudio, ya que allí mismo había un escritorio con una computadora, el teléfono, papeles y varios libros. Pudo ver que una luz en el teléfono estaba parpadeando, Trowa siguió su mirada y se dirigió hasta el aparato poniéndolo en altavoz. Eso le indicaba que Trowa no tenía nada que esconder y le agradó el saberlo.
La voz indicándole que se preséntese a trabajar esa noche en la morgue, inundo por completo la habitación. Quatre se sintió triste por un segundo, eso quería decir que se tendría que despedir del forense esa misma noche, aun que, tampoco iba a poder verlo, ya que él también tenía que presentarse a su guardia nocturna.
-- Parece que ya acabaron con el problema – dijo Trowa dirigiéndose a la cocina, que estaba a penas al pasar la barra desayunadora – ¿Te gusta con leche y azúcar?
-- Si, por favor – dijo Quatre sonriendo, se dedico a ver a los alrededores de la sala; las fotos que estaban en una mesa le llamaron la atención. Trowa se acercó en ese momento con un par de tasas en la mano.
-- Mi hermana – dijo viendo aquello que Quatre veía de forma tan insistente – y mi madre – dijo señalando la foto de otra mujer mayor.
-- Lo siento, no quise ser entremetido – dijo el agente de forma apenada. No es que estuviese pensando que Trowa se interesaba en mujeres, es solo que le hallaba cierto parecido con el forense y ahora sabía porque.
-- No lo eres. Supongo que ver tantas fotos de ella y de mi madre debe resultarte extraño – Quatre solo se sonrojo pero no dijo nada. Trowa tomo una foto que mostraba a dos niños y una mujer, suponía era él, su hermana y su mamá - Ella me cuido cuando murió mi madre. Todos dijeron que fue muerte natural, pero yo siempre creí que había algo mas. Ella era muy joven para morir por paro cardiaco. Por eso estudie médico forense, quiero descubrir que fue exactamente lo que provocó la muerte de una persona. Pero hasta que comencé a estudiar medicina, supe que hay ataques fulminantes y eso fue lo que mato a mi madre.
Trowa se sentó a su lado con la foto que traía en sus manos para contemplarla. Podía ver que su semblante era melancólico. Desde que le había conocido, esta era la primera vez que le veía así. Era serio, si, pero con él siempre se mostró abierto y amable, hasta divertido. Podía pasar horas sumergido en su platica y en aquellos ojos verdes.
-- Mi hermana murió apenas el año pasado en un accidente automovilístico – eso le sorprendió enormemente y comprendió de inmediato aquella melancolía.
-- ¡Oh!, cuanto lo siento – dijo a la carrera sintiendo aquella tristeza en el forense, pudo ver como Trowa solo dibujo una mueca en forma de sonrisa, era como esa que su jefe solía utilizar cuando no quería decirle algo. No quería ni imaginarse al forense siendo quien recibió el cuerpo de su hermana y teniendo que ser, precisamente él, quien tuviese que preparar el reporte médico.
-- Desde que Catherine se fue, me quede por completo solo – sintió una dolorosa punzada en el corazón al escucharle. Por lo que se dio prisa en decirle aquello que se ocultaba en su corazón y comenzaba a desbordarse.
-- No Trowa – dijo tomando el rostro del forense con sus manos para verlo directo a los ojos y hacer que el le viera a su vez – ya jamás estarás solo, porque yo estoy contigo.
-- ¿Tu? – sintió como su rostro comenzaba a arder en una clara señal de que se había sonrojado. ¿Se habría equivocado?, No, estaba seguro de que no estaba cometiendo ningún error al revelar sus sentimientos. Sintió que sus manos quemaban, aun estaba sosteniendo el rostro de Trowa, pero no tenía la fuerza para soltarlo y tampoco quería hacerlo. Así que amplió su sonrisa y pudo ver como los ojos esmeralda del forense parecieron brillar.
-- Si me lo permi...
-- Claro que si – Ni siquiera había terminado de decirle lo que quería cuando Trowa lo tomó de las manos a la carrera para depositarlas en su pecho. Lo sintió latir a toda prisa. Era como si con tan solo tocarle pudiera escuchar su corazón – claro que si – dijo de forma suave acercándose hasta los labios del agente. No pudo separar sus ojos aqua de aquella penetrante mirada. Deseaba tanto que Trowa le besara pero se había detenido a escasos centímetros de sus labios – si después de esto me odias... – ni siquiera sabía que había querido decirle con aquello, cuando sintió como sus labios eran tocados por una corriente eléctrica que amenazó con hacerle arder el cuerpo entero.
Cerró los ojos por impulso dejando que los labios del forense le guiaran. Sus manos se elevaron para cerrarse sobre el cuello de Trowa y corresponder el beso dado, dejando que todas sus emociones se desbordaran a través de sus labios. No quería pensar, solo sentía como todo el amor por el alto era plenamente correspondido. Por mucho tiempo pensó que todo eran solo fantasías, sueños que jamás se llegarían a cumplir, pero ahora sabía que no estaba soñando, que todo era real. La boca se llenaba de una sabor exquisito, embriagante y dulce.
Se separaron cuando les hizo falta el aire y Quatre sonrió al ver los ojos verdes del forense. No se habían dejado de abrazar y ninguno de los dos dijo nada, solo podía verse reflejado en aquella mirada. No sabía porque Trowa se veía tan serio, hasta que hablo.
-- ¿Estas enojado? – cuestiono de pronto el forense haciendo que los ojos de Quatre se abrieran de forma enorme. ¿Cómo iba a estar enojado por recibir lo que tanto deseaba? ¿A caso era por eso que se había puesto serio?
-- No, no, por supuesto que no. Al contrarío, estoy muy feliz – Trowa sonrió sintiéndose aliviado y dejando deslizar un dedo por la sonrojada mejilla del agente.
-- No se que hubiera hecho si después de esto dijeras que me odiabas y no querías volver a verme – Quatre sonrió de forma amplia y Trowa sonrió a su vez - Debes descansar – pero Quatre negó con la cabeza. No quería dormir y al despertar darse cuenta que todo había sido uno mas de sus sueños.
-- Estoy bien – aseguró, pero un bostezo escapo de su boca haciéndole sonrojar aun mas. Trowa solo sonrió.
-- Tienes guardia esta noche y yo debo hacer un reporte para tu jefe.
-- Ah, tienes razón. Heero me lo pediré en cuanto llegue a la iglesia – y si no lo llevaba su jefe iba a gritarle hasta dejarlo sordo. Además, le recomendó que descansara, así que tenía que hacerlo si no quería dormirse durante su vigilancia.
-- Entonces duerme un poco, te despierto poco antes de que sea hora de irnos.
Y por eso había regresado a trabajar con una enorme sonrisa. Las cosas con el forense caminaban como jamás lo había imaginado y se sentía feliz por ello. Quizá iba a resultar difícil verse, ya que él no tenía un horario fijo y Trowa trabajaba de noche. Pero planeando bien las cosas, iba a resultar, claro que si. No podía evitar el recordar cada beso dado después del primero, había dormido solo un poco, porque no quería dejar de disfrutar aquella compañía. Aun así, no se sentía cansado y sus sentidos estaban alerta.
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Heero se encontró de nuevo en aquel claustro, llevando entre sus brazos el delgado cuerpo del seminarista. Podía sentir su calor atravesar la delgada tela del pijama y llegar hasta su piel. Y estaba temblando, claro que no de frío. Lo dejó rápidamente sobre la cama e intento alejarse de él, pero algo se estaba aferrando a su camisa y al tratar de alejarse, lo único que conseguía era acercarse mas al seminarista en la cama.
Sintió lo mismo que venía sintiendo desde hace días, pero ahora tampoco era el tiempo de ponerse a analizarlo. Sabía que este chico le provocaba reacciones desconocidas para él, pero que había visto en otras personas y leído en múltiples libros.
Duo Maxwell había dejado de ser solo un numero en un expediente, desde siempre tuvo rostro, aroma y hasta sabor – Maldición - ¿Desde cuando tenía que pensar eso sobre el seminarista Maxwell?
Sentir la calidez que transmitía aquella mano bajo las vendas al sujetarle por la camisa impidiéndole partir, le estaba calentando la cabeza y no solo eso, le estaba calentando por completo el cuerpo. La respiración rítmica del seminarista le indicaba que estaba dormido, que aquella que estaba haciendo era solo un mero reflejo, quizá, victima de algún sueño. Se sentó a su lado dejando que el calor de aquel cuerpo le inundara por completo haciéndole sentir cosquillas donde tocaba.
Sabía que era peligroso, sabía que tenía que estar haciendo su trabajo afuera, pero no podía y no quería separarse de aquella calidez. Era una completa estupidez, ese chico estaba prohibido para él, estaba decidido a hacerse sacerdote por pura obligación. Era peligroso estar a su lado, tenía que separarse de él a como diera lugar, porque la belleza del chico le ponía los nervios de punta y aquellos sentidos que siempre manejaba y mantenía bajo control, con él no funcionaban. Sus sentidos despertaban a otras emociones, a otras sensaciones que recién experimentaba y realmente le agradaban bastante.
Sin darse cuenta, su mano había comenzado a acariciar los rebeldes cabellos de su frente, dejándolos deslizar uno a uno. Sus dedos se deslizaban de forma suave sobre aquella piel de porcelana haciéndole estremecer. Esa inocencia, esa belleza de la que era poseedor... era tan engañosa.
-- Agente Yuy – le escucho murmurar entre sueños haciéndole detenerse de golpe al creer que se había despertado, pero el seminarista aun estaba dormido – no abandone, no se vaya, no me deje.
"¿Qué?" Esas palabras le dejaron petrificado ¿Por qué estaba diciendo esas palabras? ¿Estaría realmente dormido, o solo estaba fingiendo?
-- Seminarista Maxwell – susurro a su oído esperando que dijera algo o que se moviera en señal de que estaba despierto, pero no sucedió ni lo uno ni lo otro.
Era tanta la tentación que tenía frente a él, que aquellos labios parecían estarle invitando. ¿Podría solo juntar los suyos con los del chico y retirarlos de forma rápida? Porque no, el chico no sabría nada y no tendría porque enterarse. Así que dejó que sus labios robaran un beso de aquellos otros sonrosados y entre abiertos a causa del sueño. Quería solo probarlos brevemente, pero estaba tan equivocado al creer que solo le bastaría con unirlos a los del chico, había comenzado a reaccionar como si fuese un ebrio con varios días sin probar el vino. Comenzó a devorar aquella boca como si esta fuese la última vez que lo hiciera, dejando deslizar su lengua por el interior, probando y saboreando aquel dulce néctar que parecía reaccionar ante las caricias que su lengua daba. Sus manos también habían comenzado a moverse en el cuerpo del seminarista bajo el suyo y se deslizaban por su espalda acercando el cuerpo de Duo al suyo al tiempo en que la masajeaba haciéndolo reaccionar.
Heero sintió como si estuviera drogado. Y vaya que sabía de lo que hablaba, ya que hacía un par de años había sido atrapado por uno de los criminales a los que investigaba y había sido drogado para obtener información de él. Él era fuerte y resistirse a una poderosa droga no había sido tarea fácil, pero había salido airoso e ileso. Ahora no estaba tan seguro de lograrlo, sobre todo, porque no deseaba luchar contra esa droga que amenazaba con inundarle el cuerpo con forme su lengua exploraba aquella boca y se embriagaba con aquel intoxicante sabor
Dejó que sus manos se abrieran paso por debajo del saco del pijama dejando deslizar sus dedos de forma delicada por aquella piel suave y cremosa: sintió como aquel cuerpo tembló ante su contacto, como si aquella caricia le hubiese dado frío o le hubiese hecho cosquillas, pero no lo sintió moverse mas ni corresponder a su beso. No le importo.
Separó sus labios de aquella boca para observarle. Parecía profundamente dormido, la suave luz que daba aquella lámpara alumbrando a un santo le hacia lucir sereno, todo lo contrario a como estaba él. Dejó que uno de sus dedos se deslizara por su mejilla y se quedara por eternos segundos sobre aquellos sonrosados labios, moviendo hacía abajo el inferior para obligar a abrirlos y regreso a su boca, dejando introducir de nuevo su lengua para seguir embriagándose con su sabor.
Sintió aquel cuerpo estremecerse entre sus brazos, bajo las caricias que sus manos no dejaban de dar sobre su piel, pero esta vez unos brazos ajenos habían subido hasta su torso y comenzaron a empujarle. Entonces supo que Duo había despertado, pero su cuerpo no respondió a aquel empujón apartándose, al contrario, sus brazos se cerraron sobre aquel delgado cuerpo evitando que se apartara de él y profundizando aun más el beso. Dejando que su lengua se introdujese cada vez más, robándole el aliento y los sentidos, le besaba con una pasión que no conocía pudiese tener y la necesidad de poseer aquel cuerpo se fue haciendo cada vez más fuerte, cada vez más urgente...
Las piernas del seminarista habían comenzado a moverse acomodándose a los lados de su cuerpo tomando una posición demasiado comprometedora. Y entonces sintió lo que jamás creyó pudiera pasar... la otra boca respondió al beso dado de la misma forma arrebatada en la que lo hacía él.
¡Le estaba correspondiendo! ¿Correspondiendo? ¿A caso estaba soñando?
Una risa estridente le hizo separarse bruscamente del cuerpo del seminarista. Su respiración se normalizo en un instante y se paró de la cama a la carrera tomando al chico de las solapas de la camisa del pijama. Lo sacó de la cama a la carrera y lo arrastro por el pasillo a toda prisa sin dejarle decir nada. Lo metió de forma rápida al dormitorio del padre Roberts.
-- ¡Agente Yuy! – gritó antes de que Heero abriera la puerta, Heero solo se giró por un segundo para verle, pero en el segundo siguiente le grito a Stand
-- ¡Asegúrate de que el sacerdote este bien! – y sin decir más, cerró de golpe la puerta y se fue buscando el lugar de donde creía provenía ese risa.
No era ni el lugar, ni el momento para hablar sobre lo ocurrido, con el Seminarista Maxwell.
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-- ¡Quatre! – el grito de Heero en el radio le sacó de golpe de sus pensamientos – Dime donde esta el vagabundo. Cuando fue a dejar al seminarista, al único que no vio fue a ese vagabundo rubio.
-- ¡Si! – dijo a la carrera con el rifle aun en sus manos. Revisó rápidamente la pantalla de su computadora, pero no había nada, entonces cerro un ojo y se fijo por la mirilla para ver al frente. Sin embargo, de nuevo no había ningún movimiento, ni dentro ni fuera – no se ve a nadie Heero.
-- ¡Revisa bien!, acabamos de escuchar una risa estridente, muy parecida a la del asesino y él único que no esta en su lugar es ese vagabundo
-- Entendido
Quatre siguió viendo a través de la mirilla del rifle, ya que el infrarrojo le permitía ver claramente los movimientos de las personas al frente. Se percató de inmediato de que Heero iba corriendo por los pasillos con el arma en la mano ¿Qué estaba pasando? Pudo ver de reojo, en la pantalla de la portátil, como alguien mas iba corriendo por el callejón de la iglesia, bajó el rifle para ver mejor, pero aquella imagen había desaparecido ¿A caso fue su imaginación? Entonces escuchó un ruido en la parte baja, frente a la casa donde estaba y de nuevo empuño el arma para ver, pero aquella que se movía era más rápido que él ya que no lograba enfocarlo, la ventaja era que estaba grabando todo aquello y mas tarde podría revisarlo junto a Heero.
De nuevo un ruido le distrajo y giró el arma y la vista hasta el lugar de donde provenía, pero de nuevo no vio nada. Bajó el arma y le pareció ver a alguien justo detrás suyo, se giro de golpe y...
-- ¡DIOS MIO!...
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-- ¿Quatre? – cuestionó Heero al escuchar el grito del rubio a través del radio, su corazón comenzó a latir presa de la adrenalina – Stand, reporta – dijo corriendo por los pasillos hasta llegar al callejón, tenía que llegar a toda prisa a la casa a donde había mandado a Quatre. Pero necesitaba asegurarse que las personas que había dejado al cuidado del otro agente seguían allí.
-- Estoy solo – escucho a decir a su subordinado.
-- ¿Cómo que estas solo? Reporta bien – dijo de forma enfadada llegando hasta la barda de aquella casa y brincando de un solo salto sobre ella para llegar al techo. Si se detenía a pedirle premiso a la mujer, perdería mucho tiempo escuchando todas aquellas fantasías sobre vampiros, y le urgía ver que le había ocurrido a Quatre.
-- El padre Roberts sigue dormido y el seminarista Maxwell salió detrás de usted.
-- Maldición, te dije que los cuidaras.
-- Lamento llevarle la contra señor, pero usted me dijo que me asegurara de que el sacerdote estuviera bien y el único sacerdote es el padre Roberts, no podía ir tras el seminarista Maxwell y dejar solo al padre, no fueron esas sus ordenes.
-- ¡Maldición! - ¿por qué tenían que seguir tan a pecho las ordenes dadas? – esta bien, no te separes de él – dijo llegando hasta el lugar donde se suponía debería estar Quatre. No quería ni imaginarse donde estaba ese endemoniado seminarista.
Llegó al techo casi en dos brincos, pero sus ojos se abrieron de forma enorme al ver el desastre en aquel lugar ¿Qué había sucedido allí?. Empuño el arma de forma lenta, revisando con su aguda vista cada punto. La falta de luz no le ayudaba mucho, por lo que la atención debía ser concentrada en cada cosa fuera de lugar. La computadora de Quatre estaba tirada, con la pantalla quebrada y apagada. El rifle de asalto estaba justo del otro lado de aquel techo. Había muchas cosas allí, como dos tinacos de agua, vacíos en ese momento, y hierros viejos, montones de basura y trastos viejos que la gente amontona sin querer botar.
Camino despacio sintiendo el corazón entre las manos. Sentía que en cualquier momento algo o alguien surgiría entre las sombras y era probable que sus dedos apretaran el gatillo. Por eso tenía que calmarse, era ahora cuando debía hacer acopio de su tan conocida sangre fría. Por el radio no se escuchaba nada, no había vuelto a oír a Quatre desde que soltara aquella frase asustada. Y no quería pensar en nada. Así que siguió caminando de forma cuidadosa, procurando no pisar algo que hiciera ruido y le delatara. Y entonces, entre todo aquello, en medio de las sombras y detrás de otro montón de cacharros, vio un cuerpo... Era un bulto negro, pero el cabello rubio esparcido por el suelo era inconfundible.
¡Era Quatre!, tenía que ser Quatre.
Estaba boca arriba, con una de sus manos sobre el pecho y la otra extendida en su totalidad hacía arriba de su cabeza. Quería correr hasta donde estaba su subordinado, quería ver si estaba bien, pero no podía hacerlo. Si quien atacó a Quatre aun estaba allí, era probable que esperaba que corriera hasta su lado y al estar distraído viendo como se encontraba, aprovecharía para atacarle. Tenía que moverse con cautela, revisando punto por punto, centímetro por centímetro. Así que siguió caminando con el arma entre las manos hasta que llego al rubio y pudo tocarle el pulso sin dejar de ver para todos lados...
Respiraba, eso ya era un gran alivio.
El fuerte ruido de algo que se caía le hizo levantarse a la carrera y apuntar al frente. Había alguien allí.
-- Salga con las manos en alto – dijo con voz fuerte y clara, y entonces un fuerte grito le hizo casi saltar el corazón.
-- ¡Dios mío!, ¡dios mío! – Heero maldijo por lo bajo bajando el arma ¿Qué hacía esa mujer allí arriba? ¿No le había advertido a Quatre que le exigiera no andar husmeando en su vigilancia? – ¡El vampiro estuvo aquí!, fue quien ataco a su amigo, iba a chuparle la sangre, pero yo, con esto – dijo mostrándole a Heero todas las cruces y ajos que cargaba en el cuello – lo espante se lo juro señor policía.
Heero prefirió no decir nada, solo se acercó a revisar los alrededores del lugar, pero estaba seguro que con tanto ruido y con tanto tiempo perdido, la persona que había atacado a Quatre ya se había marchado.
-- Quatre – dijo tomando al rubio por el cuello para acomodarlo. No traía ningún golpe visible y respiraba regularmente. Solo parecía desmayado – Voy a bajarlo a su casa – dijo Heero dirigiéndose a la mujer que no paraba de rezar tomando entre sus manos uno de sus tantos crucifijos. Ella solo cabeceo en acuerdo.
Lo dejo en uno de los sillones y le pidió algo de alcohol para intentar reanimarlo. En cuanto el rubio olió el liquido en el algodón que le llevo la mujer, comenzó a abrir los ojos pesadamente, pestañeando de forma lenta primero, para casi de inmediato retraerse sobre el sillón de forma asustada.
-- ¡Heero!, ¡Dios mío Heero! ¿Qué era esa cosa? – dijo a la carrera viendo para todos lados. Heero pudo ver el miedo reflejado en aquellos ojos color aqua. Sabía que su subordinado era demasiado sensible para esa clase de trabajo, por eso continuamente le recomendaba cambiar de profesión. Pero también sabía que el chico era muy meticuloso y de voluntad férrea. Solo por eso lo había aceptado bajo sus ordenes y quizá ahora todas esas cualidades podrían darle la descripción del asesino que tanto buscaba.
-- ¿Qué viste? ¿Qué te paso? Cuándo llegue hasta el techo, no había nada, solo tu computadora rota y la señora que dice haber visto "al vampiro" – dijo Heero resaltando el apodo que le habían dado al asesino.
-- ¿El vampiro? – cuestiono Quatre como ausente, temblando al pronunciar aquel nombre.
-- Dime ¿que viste? – volvió a cuestionar Heero tratando de hacerle despertar de aquel mutismo en el que parecía querer sumergirse. No podía dejar que el mecanismo de defensa que a veces se disparaba en aquellas personas que entraban en algún shock debido a una impresión muy grande, se apoderara ahora de Quatre.
-- Yo estaba... estaba... – dijo pasando sus manos por su cabello de forma nerviosa, por lo menos parecía estarse recobrando – revisando lo que me pediste, cuando de pronto escuche un ruido y trate de ver que era, pero no vi nada. Busque y busque y no vi nada. Sentía algo extraño a mis espaldas, como si alguien me estuviera viendo y de reojo me percaté que había alguien detrás de mi. Era la figura de una persona vestida de negro, pero estaba oscuro y no podía verle bien, así que me gire para encararle y entonces... entonces... – dijo mientras las lagrimas amenazaban con escurrirse de sus ojos – vi unos ojos rojos, como inyectados en sangre, me veían de una forma horrible, como si quisieran devorarme. De su boca sobre salían dos enormes colmillos blancos. Fue como lo que describió Duo en la ampliación de su declaración.
-- ¿Era el seminarista Maxwell? – cuestiono Heero de forma neutra. Quatre elevó la vista para ver las orbes azuladas de su jefe y un par de lagrimas comenzaron a resbalar por su rostro – No lo vi
-- Quatre – dijo Heero en forma de advertencia – Si era Duo Maxwell, dímelo, no lo encubras.
-- Es verdad, no lo vi, traía puesta una capucha, además, el miedo me paralizó, no podía moverme. Lo único que salió de mi boca fue una plegaria... y luego no recuerdo nada.
-- El vampiro se lo llevo, yo lo vi – dijo la mujer – Cuando estaba a punto de morderlo, yo abrí la puerta que conduce al techo con mis cruces en la mano. El vampiro entonces lo soltó y salió volando por los techos de las casas de mis vecinas – Heero se giro para ver a la mujer, al parecer, era el único testigo.
-- ¿Usted le pudo ver el rostro? – pero la mujer negó con la cabeza.
-- Estaba de espaldas a mi. Solo vi que vestía de negro – después puso sus dedos sobre su barbilla, como recordando algo – eran ropas largas, como si fuese una bata o quizá, una sotana.
-- ¿Sotana? – dijo parándose de golpe y llamando por el radio – Stand, reporta.
-- El padre Roberts sigue dormido, el rubio ya regreso del baño y el seminarista no ha vuelto por aquí.
-- ¿Qué ropas esta usando Erick? – pregunto el agente – Descríbelas.
-- Una sotana de color negro y sobre ella trae puesta una especie de capucha de color gris oscuro. Zapatos negros sin calcetines y no se si trae pantalones...
-- No importa, eso es todo. Avísame cuando llegue el seminarista Maxwell.
-- Ya llego.
-- ¿Y que trae puesto?
-- La sotana...
"¿Qué?" ¿Por qué el seminarista Maxwell se había quitado el pijama y puesto la sotana de nuevo. ¿A caso había subido hasta el techo de la casa y atacado a Quatre? ¿A su amigo Quatre? No, eso no podía ser cierto. Por alguna extraña razón no podía creer que el seminarista Maxwell se hubiese atrevido a atacar al rubio. El único sospechoso que le quedaba... No, un momento. No podía descartar nada. Si ambos chicos vestían de negro, ambos podía ser culpables.
¿O habría un tercero?
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Continuara...
N/A: Si, ya se que me tarde, pero mi musa se escapo de nuevo y ni Heero con todo y su arma pudo atraparla (ya se parece al asesino de este fic). Además, estuve enferma, me queme el brazo con aceite hirviendo y me la pase haciendo disfraces para la convención y para primavera. Demasiado trabajo y muy poco tiempo para escribir.
Espero no tardarme tanto con el siguiente capitulo. Y tienen razón no podrá terminar en el capitulo siguiente.
P.D. Disfruten la voz de Heero en el personaje de Light Yagami en Death Note. La pasan por Animax, pero también la pueden encontrar en youtube(Es español latino). Me encanta imaginarme que es Heero quien esta hablando, lastima que no pusieran a quien hace la voz de Duo en el personaje de L.
