Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
CAPITULO 10
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Heero había pasado toda la noche en vela. Había mandado traer a mas agentes para que revisaran los alrededores de la iglesia y el interior de la misma buscando cualquier cosa fuera de lugar. También mando la computadora de Quatre con aquellos que pudieran rescatar la información que el rubio había logrado grabar antes de que esta fuera destrozada. Pero a pesar de que los agentes llegaron en menos de 5 minutos, la persecución fue infructuosa. No habían encontrado nada y los encargados de sistemas aun no le reportaban que habían encontrado en la maquina de su subordinado. Quizá el asesino se había alejado al ser sorprendido por la mujer de aquella casa y al haber llegado él se había ido para evitar que le atraparan. Por lo menos eso es lo que hubiese hecho de ser él el asesino.
¿Pero quien era ese asesino realmente?
La suposición que había hecho sobre el seminarista Maxwell la desecho poco después, cuando se había dado el tiempo suficiente como para analizarla. El chico había estado todo el tiempo en su compañía – y vaya que su cuerpo lo sabía – era imposible, que aun saliendo inmediatamente después, hubiese llegado con Quatre tan pronto – ni que pudiera volar.
Tenía que averiguar a donde había ido.
Cuando entro de nuevo a la iglesia, varias horas después de que había ocurrido todo, se fue de inmediato al cuarto del seminarista. Había muchas cosas que quería saber, preguntarle y porque no, verle. Pero sus deseos se vieron frustrados cuando al tratar de abrir la puerta esta no se abrió. Empujo un poco más fuerte y escucho el claro sonido de un objeto que estaba detrás de la puerta al moverse. Pudo asomarse un poco y vio la silla que él había estado usando, recargada evitando que esta se abriera. Maldijo por lo bajo la precaución tomada por el seminarista, pero quizá eso era lo mejor... por ahora.
Regreso sobre sus pasos hasta el claustro del padre Roberts y al abrir la puerta, dos pares de ojos se clavaron en él. Heero volteo hasta el lecho de la cama y se dio cuenta de que el sacerdote seguía profundamente dormido. Stand le explico que el padre Roberts no se había dado cuenta del alboroto y solo se había movido en la cama un poco, pero nunca se levanto. Heero cabeceo en acuerdo y entonces le pidió al rubio vagabundo que le explicara donde había estado todo el tiempo.
-- En el baño – respondió sin titubeos el chico, pero no dijo nada mas. Heero entrecerró los ojos sin separar su mirada de aquella que parecía verle sin ninguna clase de emoción y al ver que no decía nada más, prosiguió con su interrogatorio.
-- Usted si debió darse cuenta del alboroto. ¿Qué hizo entonces?
-- Me encerré en el baño – y de nuevo guardó silencio. Bien sabía que la mayoría de los culpables buscaban cerrar la boca para no ser descubiertos en una mentira. Por eso le resultaba tan extraño que ese chico siempre estuviera tan callado. Tenía que lograr que hablara.
-- ¿No vio a nadie correr por los pasillos? – volvió a preguntar esperando obtener algo más que solo frases cortas.
-- No salí del baño
-- ¿Pero escucho a alguien correr por el lugar? - insistió
-- Solo escuche una risa loca, pero yo no salí del baño ¿Qué tal que fuese el asesino? – eso sonaba lógico, pero no sabía si creerle o no, bien se lo podía estar inventando, al fin y al cabo, ellos estaba allí buscando a ese asesino.
-- Hn – dijo Heero de forma fastidiada - ¿A que hora regreso aquí?
-- Cuando ya no escuche ruidos.
-- Llego aquí poco después de que usted se fue, jefe – dijo Stand de forma seria poniendo en la cabeza de Heero una hora aproximada. Eso lo descartaba. No podía haber atacado a Quatre y regresado tan rápido. ¿Entonces quien era el asesino?
Heero cabeceo en acuerdo y ya que parecía que el vagabundo estaba de humor para hablar, aprovecho para obtener más información.
-- ¿Dónde nació usted? – cuestiono Heero de pronto, esperando que el chico frente a él se mostrara algo perturbado, asustado al ser interrogado, pero no vio nada de eso. Erick solo se encogió de hombros y cabeceo en negativa.
-- No lo se.
-- Tiene que tener alguna idea de donde nació o quienes fueron sus padres – pero Erick solo cabeceo en negativa - ¿Por lo menos sabe quien le crió?
-- Yo solo recuerdo haber vivido en callejones, bajo las calles, metido en alcantarillas, comiendo basura, tomando agua del piso. Vivía como podía... – dijo viéndole con el ceño fruncido. Heero tuvo la idea de que le estaba recriminando por ello, aun que él no tenía la culpa de eso. Tampoco sabía si aquello que le contaba el chico era su historia o la de alguien más, ya que pudo haber escuchado miles de historias parecidas entre toda la cantidad de vagabundos que frecuentaban el comedor de pobres.
-- Según escuche, usted es alérgico al sol y eso fue lo que causo esa quemadura en su rostro. ¿Es eso cierto? – La mirada de Erick pareció cambiar por un escaso milisegundo, pero al segundo siguiente estaba igual de vacía.
-- Esos son solo rumores. A la gente de por aquí le gusta agregarle de su cosecha a las historias.
-- ¿Entonces cual es la historia de esa cicatriz? – pregunto Heero con curiosidad. Era la primera vez que escuchaba al chico hablar tanto y había algo extraño en esa forma de hablar, un acento peculiar que le recordaba algo. Pero necesitaba que siguiera hablando para poderlo corroborar.
-- Hace algunos años, bajo un puente, traté de arrebatarle un pedazo de pan a un compañero. Hacía frío y nos calentábamos con lumbreras hechas de lo que podíamos. Ese hombre tomo un trozo de metal que estaba dentro del tambo donde estaba la lumbre y me pego en la cara con él – dijo poniendo su mano en la cicatriz. ¿Sería eso cierto? – Esta cicatriz es el recuerdo de aquello y lo que me impide tratar de robar de nuevo.
-- Hn – solo dijo Heero – Y que hay de su alergia al sol. Desde que estoy aquí no lo he visto exponerse a él, hasta me atrevería a asegurar que la extrema blancura de su piel es debido a eso.
-- ¿A caso cree que yo soy el vampiro? – Heero se sorprendió por su pregunta, pero tenía muy bien controlados sus impulsos y jamás los daba a conocer mientras interrogaba a alguien - ¿Cree que soy el vampiro? – volvió a preguntar.
-- ¿Lo es? – cuestiono a su vez el agente sin ponerle demasiado énfasis a su pregunta. Sabía que la mejor defensa a una pregunta incomoda era hacer otra.
-- Claro que no – afirmo Erick sin ver al agente – tengo insomnio, por eso no duermo mucho y procuro hacer los trabajos de la iglesia de noche. Casi siempre estoy dormido en el día, pero también puedo caminar bajo el sol aunque me produce un terrible enrojecimiento, similar a una quemada por lumbre – dijo volteando a ver al agente – si fuese un vampiro el sol me haría polvo y no solo una quemadura severa, ¿No es así?
-- Eso es lo que dice la literatura, pero yo no creo en esas fantasías – dijo Heero de forma decidida. Erick frunció el ceño sin dejar de ver aquella mirada de hielo que Heero le dirigía y entonces tomo el libro que había estado leyendo y desvió la vista hasta él dando por zanjado el tema.
Cuando Heero vio aquel gesto frunció el ceño a su vez. Stand ya le había dicho que Erick estaba leyendo a su lado poco antes de que saliera para ir al baño. Pero había algo que le inquietaba.
-- ¿Quién le enseño a leer? – pregunto Heero haciendo que Erick elevara la mirada de nuevo para verle – según acaba de decir, se crió en las calles, ¿Cómo es que sabe leer?
-- Porque Duo me enseño – aseguro.
La mirada de Heero se aguzó más en aquel libro. Era la Biblia. Para entender un libro como ese necesitaba saber leer realmente bien. Tenía muchas hojas y la forma de escribir de cada autor a veces era compleja; tenía muchas palabras que para ser entendidas al 100 % tendría que tener un diccionario a la mano. No. Una persona que recién comienza a leer no estaría leyendo la Biblia. Ese hombre estaba mintiendo. O solo estaba fingiendo leer o realmente tenía mucho tiempo de hacerlo.
Pero no diría nada, por lo menos sabía que este chico si era capaz de mentir. La pregunta era ¿Por qué mentía? Además, había algo en su forma de hablar que le sonaba sumamente extraño. La gran mayoría de los vagabundos en el comedor de pobres tenían un léxico muy pobre y este chico, por el contrarío, hablaba de forma correcta, hasta podía decir que elegante y había un cierto acento extranjero que se empeñaba en ocultar.
Su verde mirada le había resultado mejor que un detector de mentiras. Centellaba y se apagaba en milisegundos ante las preguntas que le hacía. Solo su mirada experta había podido notarlo, al parecer, al igual que él, tenía mucho tiempo de controlar sus propias reacciones.
¿Quién era realmente este tipo?
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Era domingo y de nuevo, no había podido hacer nada esa noche y el día se estaba complicando cada vez más...
Había ajustado su horario al de los miembros de aquella iglesia. Se levantaba a la misma hora que ellos – aun que solo dormía unos minutos en el transcurso del día - e incluso, ayudaba un poco. Gracias a su experiencia y a lo trabajado que tenía sus impulsos era que no caía al suelo dormido. Stand seguía al lado del padre Roberts, mientras Quatre se encargaba de revisar los alrededores. Esta mañana en particular, se la había dejado libre para que tratara de recuperarse del susto de la noche anterior, pero lo esperaba por la tarde para reanudar su guardia.
Pero un descanso era lo que él no se podía permitir, aun que lo necesitara mucho, ya que esto se estaba pareciendo cada vez más a un callejón sin salida. O daba resultados, o abandonaba el caso...
- Yo no soy de los que abandono – se recriminó mentalmente, sentado al final de aquella hilera de bancas, escuchando sin escuchar, el sermón del sacerdote.
En días como ese se daba cuenta lo mucho que habían cambiado las cosas en aquel lugar. Al principio que llegó, no le inspiraba ninguna confianza ya que se veía oscuro y lúgubre, pero ahora, lleno de gente, de cantos y de música, las cosas se veían totalmente distintas. Podía apreciarse la luz colándose por los ventanales abiertos y el viento agitando los cabellos de la gente le daba una vista especial.
¿Había cambiado la iglesia o había cambiado él?
Hacía poco rato que había entrado al interior del recinto. Pocas veces se sentaba a escuchar la misa, generalmente permanecía afuera, pero como desde la noche anterior no veía al seminarista, decidió ver que estaba haciendo. Una mueca en forma de sonrisa se dibujo en su rostro al ver como ese chico no parecía el mismo de siempre. Estaba sentado en una esquina, cabeceando, mientras esperaba que el padre Roberts terminara de hablar para poder pararse a hacer su trabajo. Pudo ver como un par de enormes ojeras pintaban la parte baja de sus ojos y con lo blanca que era su piel, estas eran muy notorias – Parecía que se hubiese puesto maquillaje oscuro - Además, cuando se paró, se paseaba de un lado a otro de los pasillos con los ojos semi cerrados, daba la impresión de que en cualquier momento iba a caer dormido. Tampoco se le veía la misma vitalidad de todos los días, era una clara señal de que no había dormido y eso casi le hace sonreír. Por lo menos no era el único que había pasado la noche en vela.
Cuando fue el turno de las ofrendas, Duo se condujo de forma lenta, como siempre, por cada uno de los pasillos con la canastilla entre sus manos, pero a diferencia de otras ocasiones, hoy no había ninguna sonrisa pintando su rostro y eso no le agradaba nada. Estaba tan acostumbrado a esa sonrisa franca que al no verla sintió algo amargo en la boca del estomago y las ganas de sonreír que le daba el verlo desvelado se le quitaron de golpe. ¿Por qué reaccionaba de esa forma al no ver aquella sonrisa?
No sabía y prefería no saber.
Al llegar hasta donde él estaba, pudo ver como aquellos ojos violetas le vieron por un milisegundo, pero luego desviaron su dirección hacía el suelo mientras su mejillas se pintaban de rojo y sin esperar a que dijera nada, se alejó.
¿Vergüenza a caso? ¿O estaría enojado por lo ocurrido la noche anterior?
No sabía y no era tiempo para preguntar. Se dio prisa en bajar la mano y guardar el billete de 20 que había permanecido hasta entonces entre sus dedos. Tenía que planear bien lo que iba a hacer a continuación. Su Jefe no dejaba de llamar y sabía que una vez llegara el reporte de cada uno de aquellos agentes que acudieron a su llamado, iba a meterse en problemas. Todavía hubiera obtenido algo, pero no había nada nuevo que pudiera presentarle a Darlian. Ni siquiera podía presentar los análisis que le había solicitado al forense sobre aquellas dos personas del clero ya que solo revelaban una cosa, ambos tenían la misma cantidad de Eparina en su sangre, pero también, ambos la estaban consumiendo debido a sus dolencias, entonces seguía en las mismas y su jefe le iba a reclamar por ello.
Suspiro pesadamente y salió del recinto antes de que la misa terminara. La gente ya le reconocía y solía acercarse a él para saludarle, como si fuese uno más de aquellos personajes en su interior y eso le hacía sentir extraño. El nunca había tenido amigos ni la necesidad de cultivarlos, solo se dedicaba a resolver casos y tan pronto como acababa uno, aquellos lazos que había hecho con la gente involucrada los rompía para entablar otros. Los lazos familiares tampoco habían sido hechos para él.
En resumidas cuentas, no tenía a nadie, ni familiares ni amigos, solo conocidos y compañeros de trabajo. No había ningún lazo en su vida, nada. ¿Y entonces por que la imagen de ese seminarista se empeñaba en aparecer en su cabeza al cuestionarse por algún lazo?
-- No. El seminarista Duo Maxwell no es ni será jamás mi amigo ni tendré jamás ningún lazo con él – se dijo saliendo del alcance de cualquier persona que pudiera verle.
Quería ir a su oficina, tenía días, semanas, sin pararse en ella, pero al parecer no iba a ser ahora cuando volviera, ya que los pasos apresurados de alguien que se acercaba le hicieron presentir que se acercaban a él. Y no se equivoco.
-- ¡Agente Yuy! – hizo caso omiso a aquella voz y siguió su camino. Todo se esperaba menos que quien le siguiera fuese ese chico - ¡Agente Yuy! – volvió a escuchar, pero no aminoro su paso. Aquellas pisadas aceleradas se fueron haciendo cada vez más rápidas hasta que le escucho correr y respirar de forma acelerada.
Sintió como era detenido fuertemente por el brazo haciéndole girar para quedar de frente a aquella persona que le hacía reaccionar como jamás había pensado. Pudo ver como el seminarista estaba sudando y respirando de forma agitada, mientras su ceño fruncido le indicaba que estaba molesto. Él por el contrario, ni siquiera se había cansado y le miraba igualmente ceñudo, pero más como forma de defensa ante ese contacto tibio proveniente por una mano cubierta de vendas, que por haber sido detenido.
-- Quiero hablar con usted, ¡Ahora! – le dijo en forma imperativa recuperando el aire perdido a causa de la carrera
-- Claro, y yo tengo su tiempo – dijo de forma sarcástica
-- No estoy para juegos, venga ahora mismo conmigo. En la sacristía nadie va a molestarnos
-- ¿Y eso es lo que quiere? – dijo dejando asomar en su rostro una mueca en forma de sonrisa haciendo que el seminarista se sonrojara.
-- ¡Cállese! Si quería verme molesto, ya lo logro.
-- Molesto no es la forma en la que me gustaría verle – le escucho murmurar cosas ininteligibles que si no fuese porque sabía había estudiado en el seminario, bien podrían haber parecido maldiciones.
Entraron a la sacristía, pero fue Heero quien tomo la palabra. Sabía perfectamente de que quería hablar, pero él tenía otras cosas en la cabeza que quería aclarar primero. Y necesitaba ganarle la palabra antes de que el seminarista no le dejara hablar.
-- ¿Por qué se quito el pijama y se puso la sotana? – cuestiono en cuanto el chico cerró la puerta de aquella pequeña habitación.
-- ¿Qué? – los ojos del seminarista se abrieron por la pregunta hecha por el agente, le había tomado por sorpresa y su rostro lo reflejaba.
-- Debió quedarse con el agente Stand y el padre Roberts – aclaró el agente - Con eso disminuiría la probabilidad de que usted fuese el asesino, pero no, se fue del cuarto justo después de que yo salí y eso no le ayuda en nada a bajar sus estadísticas.
-- ¡Tenía que ir a ver como estaban nuestros invitados! – dijo Duo a la carrera. Heero solo arqueo una ceja y el chico se dio prisa en explicarle el termino "invitado" - esa gente que se queda a dormir en el comedor de pobres. No podía ir solo usando el pijama. El padre Roberts siempre me ha dicho que no debo ir por allí dando tentaciones.
-- Muy sabio de su parte, pero con solo la sotana no hace que esa tentación desaparezca.
-- ¡Pero eso no le da derecho a asaltarme en mi cama!, mientras duermo – Había tocado demasiado pronto el tema y necesitaba volver a alejarlo de alguna forma.
-- Si no se hubiese despertado no se hubiera dado cuenta – murmuro Heero pensando en una forma de salir de allí antes de que el episodio de la noche anterior se volviese a repetir. Estaban solos, en una habitación reducida debido a la ocupación del mobiliario y el aroma del seminarista comenzaba a inundarle de nuevo.
-- ¡Eso no es excusa! ¡Dios! ¡Si no hubiéramos escuchado aquella risa... no quiero ni pensarlo – dijo Duo dándole la espalda para no verlo.
-- ¿Por que no quiere pensarlo? Sabe exactamente que hubiese pasado – dijo Heero acercándose para murmurarle al oído aquellas palabras. Pero en cuanto Duo elevo las manos para cubrir sus oídos se volvió a alejar.
-- ¡No!, ¡Yo no se nada! Yo no tengo idea... – había comenzado de forma firme, pero la voz del chico se había ido bajando hasta terminar casi en un susurro. Entonces se giró para verle y pudo ver como el labio inferior le estaba temblando notoriamente.
-- ¡Claro que lo sabe! – aseguro acercándose hasta él y levantándole la barbilla con su pulgar obligándole a verle a los ojos – Ahora mismo esta temblando – dijo al sentir aquella sacudida involuntaria que se había producido cuando toco su rostro. Duo se separo a la carrera de su contacto sin dejar de verle. Parecía asustado.
-- ¡Yo no se nada!, ¡No se nada! – dijo elevando la voz de nuevo – Soy una persona célibe, ¿Entiende?, no tengo permitido sentir...
-- Y sin embargo su cuerpo le traiciona porque justo ahora siente calor y se sonroja – le interrumpió Heero - su corazón esta latiendo tan aprisa que apenas y puede respirar, por lo mismo esta jadeando, como si hubiese corrido demasiado. Esta asustado de sus propias emociones y pretende que yo le de respuestas.
-- Si, quiero respuestas, pero yo no estoy asustado, estoy molesto con usted.
-- No. No esta molesto. Si lo estuviera ya me hubiera golpeado.
-- Yo jamás lo haría – dijo Duo – No soy de los que golpean.
-- No estoy hablando de golpes físicos, hay otros que duelen más. Y en lugar de alejarse de mí, lo único que ha hecho es traerme a un sitio solitario. ¿Esperando que? ¿Qué le bese de nuevo?
-- ¡Nooo! ¡Claro que no! Y espero que no vuelva a repetirlo. Voy a ser sacerdote y es incorrecto, es pecado, es...
-- Natural – volvió a interrumpirle el agente.
-- ¡No es natural besar a otro hombre! – acotó de forma escéptica - Yo ni siquiera sabía que a usted le gustaran los hombres.
-- No me gustan los hombres – "Me gusta usted" le hubiese gustado decir, pero no quería darle la ventaja de saberlo. Es más, ni siquiera podía creer que él estuviera pensando en que ese chico le gustara tanto al grado de gritárselo a él mismo.
Tenía que salir de allí lo antes posible. Había buscado la forma de desviar el tema a otro lado, pero la discusión se le había ido de las manos. Podía ver al seminarista temblando y muy sonrojado. La tentación de probar aquellos labios sonrosados y temblorosos no podía apartarla de su cabeza. Aun podía recordar como habían respondido a su beso de la noche anterior y la necesidad de repetir aquello se hacía cada vez más fuerte y las ganas de luchar contra sí mismo estaban disminuyendo notoriamente.
-- ¿Qué es lo que quiere de mi? – pregunto de pronto Duo haciendo que el corazón de Heero se acelerada. Esa misma pregunta se la había estado haciendo él.
¿Qué quería de él? Había estado tratando de convencerle de que no tenía vocación, que había muchas formas de ayudar y no precisamente tenía que ser sacerdote para hacerlo. ¿Qué iba a lograr con ello? ¿Qué dejara el seminario? ¿Pero para qué?
¿Para qué?
-- ¿Qué busca al besarme de esa forma? ¿Quiere que renuncie a ser sacerdote? – la pregunta le hizo fruncir el ceño. ¿A caso este chico leía la mente?
-- ¿Y usted por que ha correspondido a cada uno de esos besos? ¿Qué pretendía? ¿Qué deje de pensar que usted es un asesino con doble personalidad? – cuestiono Heero a su ves desviando el tema al asesino de nuevo. Prefería no contestar a aquella pregunta, ya que no sabía la respuesta.
-- ¿Todavía piensa que yo soy el asesino?
-- No hay nada que me haga pensar lo contrario. Pero tampoco he encontrado nada que le inculpe.
-- Y no lo va a encontrar – Heero frunció el ceño de nuevo ¿Por qué estaba tan seguro? – porque ya le he dicho muchas veces que yo no soy "el vampiro". Si yo fuese esa persona, no podría caminar bajo el sol, ni tocar a los santos. El agua bendita me quemaría como si fuese ácido, además, no me reflejaría en los espejos.
-- Parece que le gusta el cine de horror – dijo Heero de forma sarcástica – Pero usted debería saber, ya que esta directamente involucrado, que no buscamos a un ser fantástico, si no, a un humano. El termino "Vampiro" se lo han dado los vecinos y los medios.
-- Supe que anoche atacaron a Quatre y que se encuentra bien – dijo Duo de pronto sonrojándose y bajando la vista – Y usted estaba conmigo cuando ocurrió – dijo elevado la vista para verle con el ceño fruncido - ¿No es eso prueba suficiente?
-- No esta ante un jurado, 579, no tiene que convencerme de su inocencia – Duo le miro extrañado.
-- ¿579? – cuestionó intrigado - ¿Qué es eso?
-- Es el numero de su expediente – Duo retrocedió un paso al escuchar la explicación y Heero pudo ver la mirada violeta dolida y apagada. Al ver aquellos ojos, siempre brillantes y felices, envueltos en una triste oscuridad, se sintió mal consigo mismo. Jamás se había sentido de esa forma, era como si hubiese disparado contra un niño indefenso. Pero el seminarista no era un niño y no estaba seguro de que fuese inocente. ¿Entonces porque se sentía tan mal al ver el abatimiento envolver aquellos ojos? Quería hablar, decirle algo para corregir lo dicho. Pero se obligo a si mismo a mantener la boca cerrada y guardar sus sentimientos.
-- Por favor – le escucho murmurar – Por favor, le ruego, le suplico – No sabía a donde iba con tantas suplicas, pero entre más hablaba, se sentía peor – que no me llame por un numero. Por favor, sígame llamando por mi apellido si gusta, aun que preferiría que me dijera solo Duo. Pero se que usted no busca una amistad conmigo – Heero solo le miro de forma mas intensa – ¡Pero por favor! No me diga de forma tan horrible. No lo soportaría, no de usted.
La mirada violeta y la cobalto chocaron por eternos segundos. Heero podía verse reflejado en aquellos ojos de forma clara. No sabía que hacer, ni que decir. Era la primera vez que se veía en una situación como esa, algo que el mismo había provocado y no sabía como arreglar. Quería tomar al seminarista entre sus brazos para abrazarlo a su cuerpo mientras le susurraba al oído que sería como él quería. Que comenzaría a llamarle Duo y no volvería a ponerle ningún numero a su nombre. Que creía en él, que confiaba en él y que sabía encontrarían al verdadero asesino para librarlo de toda sospecha.
Se vio de pronto elevando la mano para tratar de tocarle, para hacer realidad aquella fantasía que se había comenzado a formar en su cabeza, cuando la voz del seminarista le distrajo.
-- Su celular – Heero le observo sin entender mientras Duo apuntaba a su cintura. Pero esa distracción le había servido para despejar su cabeza de tonterías. ¿Cómo era posible que en su mente hubiera surgido la posibilidad de decirle a ese chico que creía y confiaba en él? No, esa era una verdadera estupidez - ¿No va a responder la llamada? – Heero entonces se percató de que su celular estaba timbrando y se dio prisa en tomar la llamada. Gracias a eso, se había librado de cometer una locura con ese seminarista... otra mas.
-- Yuy – informo al tomar el auricular del móvil - ¿Y por que no me lo traen hasta acá? – Heero escucho lo que le decían y luego respondió – Mándenme a un agente como mensajero con esa información... ¿Por qué no?... ¿Sistemas no quiere?... ¿Y quien es sistemas para mandar?... ¿Cómo de que ese equipo ya no es nuestro?... ¿Por qué sistemas va a mandar uno nuevo?... Pero yo no quiero el equipo, quiero la información que hay dentro. Ok, Ok. Voy ahora mismo para allá.
Heero cerró el celular sumamente enojado. La gente de sistemas no sabía lo importante que era para él la información que Quatre había grabado la noche anterior. Pero por lo menos habían podido recuperarla, lo malo es que estaba en una pc de escritorio en su oficina y debería ir hasta allá lo antes posible para comenzar a revisarla. Eso quería decir que su jefe podría verle y no estaba de humor para responder preguntas. Así que metió las manos a la bolsa del pantalón y se dio prisa en alejarse de la sacristía y de aquel seminarista que le hacía reaccionar y comportarse como jamás lo había echo antes, pero de nuevo aquella voz le detuvo.
-- ¡Agente Yuy! – Heero ni siquiera se giro para verle, solo se detuvo y aguardo a que el chico siguiera hablando - ¿Va a regresar? – Pero no dijo nada. Quizá debía decirle que no iba a volver, que alguien mas llevaría ese caso. Pero de solo pensar en renunciar, algo en su interior parecía temblar – Prométame que va a volver – volvió a escuchar. Cerró los ojos sin querer responderle ya que su corazón se aceleró de golpe y no era algo que le agradara ya que no sabía la razón a que ese órgano interno reaccionara de esa forma ante unas simples palabras. Así que se giro un poco para verle y poderle hablar.
-- ¿Sabe usted lo que me esta pidiendo?
-- Por supuesto que lo se...
Heero espero a que dijera otra cosa, a que completara aquella frase que parecía haber quedado a medias. Que mencionara algo referente al asesino. Pero Duo no dijo más, así que él solo cabeceo en acuerdo y siguió su marcha.
-- Voy a volver, seminarista Maxwell – dijo sin voltear, pero lo suficientemente alto como para que Duo lo escuchara.
Duo sonrió de nuevo y Heero pudo ver esa sonrisa reflejada en los vidrios de la puerta principal. Y esa sonrisa, le hizo sentir bien.
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Trowa giró su mirada esmeralda hacía arriba para ver de nuevo aquel edificio; las oficinas generales del FBI. Tenía un extraño presentimiento desde la noche anterior. Un escalofrío se había empeñado en recorrerle la espalda de arriba abajo y no pudo el evitar pensar en Quatre. En ese momento intento llamarle al celular para ver como se encontraba, pero no tuvo suerte. Prefirió pensar que lo tenía apagado por encontrarse en su guardia nocturna. Pero ya era de día y el celular seguía sin ser contestado y aun no respondía a ninguno de los mensajes que le había dejado.
Estaba terriblemente preocupado.
Antes de ir a las oficinas del FBI se había dado una vuelta por la iglesia con la esperanza de encontrarlo allí, pero no había nadie, solo un agente nuevo llamado Stand. Había esperado encontrarse con Heero y saber del rubio, pero él tampoco estaba allí y Stand no había querido darle ninguna información y lo entendía. Ese nuevo agente no le conocía de nada y si Heero no daba la orden, no podía darle informes sobre el caso o los mismo agentes que allí se encontraban.
Subió las escaleras hasta llegar a la recepción de aquel edificio, el FBI. Quizá Quatre estaba allí ahora o pudieran decirle donde se encontraba. Había sido un terrible error de omisión el no preguntarle por su dirección o el teléfono de su casa el día anterior. Pero eso lo iba a corregir en cuanto lo viera.
-- Busco al agente Winner o al Inspector Yuy. Soy el Medico Forense Trowa Barton – dijo el oji verde mostrando su identificación del trabajo al agente que estaba en recepción. El joven revisó sus credenciales y cabeceo en acuerdo.
-- El inspector Yuy esta ahora en su oficina, suba por favor – dijo indicándole las escaleras.
-- Gracias – dijo Trowa. Por lo menos Heero podría darle noticias del rubio y quitarle esa preocupación tan grande que tenía.
Heero había llegado a su oficina hacía una hora directo a ver la información que Sistemas había recuperado de la maquina de Quatre. Se había sentado en su silla y colocado los audífonos para prestar total atención al contenido de aquella grabación. Pero su atención no estaba del todo puesta en ella. Desde que venía manejado, de su cabeza no querían desaparecer las palabras de aquel seminarista.
"Soy una persona célibe"
¿Célibe? Y quien era él para profanarle, para besarle solo porque se sentía atraído por esa belleza de la que era poseedor. Quien era él para intentar que cambiara de opinión y ¿por qué?. ¿Por qué? El no era nadie para cuestionar su vocación, para intentar que abandonara el seminario para entregarse a él...
"¿Qué?, ¿Pero en que demonios estoy pensando?" – se dijo sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos.
-- ¿Se puede?
Aquella voz, acompañada de unos ligeros golpes a la puerta le hicieron deshacerse de los audífonos y prestar atención al recién llegado. Sabía que no era su jefe, ya que este se encontraba en un operativo especial y no regresaría hasta la noche.
-- Pasa, Trowa Barton – dijo al ver el reflejo de la alta figura a través del cristal ahumado de su oficina. Por lo menos la visita del forense serviría para alejar aquellos pensamientos sobre el seminarista de su cabeza.
-- Se que no esperabas verme, no he venido a hablar de trabajo, si no de...
-- Quatre - completo Heero sabiendo de antemano a que iba. Y no era que le molestaran los rodeos, era que necesitaba concentrarse lo antes posible y como veía en el semblante del forense que estaba preocupado, prefirió adelantarse. Y vaya que el oji verde tenía motivos para preocuparse. Quizá, si aquella mujer no hubiese estado espiando al rubio, ya estuviera muerto – no debes preocuparte, el trabajo de un policía esta lleno de peligros y constantemente arriesgamos la vida. Quatre tuvo suerte esta vez pero...
-- ¿Qué? ¿Dónde esta Quatre? – pregunto Trowa con desesperación colocando ambas manos sobre el escritorio y exigiendo una respuesta. Heero elevo la vista para ver los ojos verdes del chico frente a él. Había creído que Trowa ya lo sabía y que estaba allí para ver que tan grave había sido el asunto y las probabilidades de que se repitiera. Estaba comenzando a tener errores de juicio y no sabía si eso se debía a lo poco que dormía o a la presencia constante en su cabeza de cierto chico de ojos violetas.
"¡Maldición! ¿Desde cuando él cometía ese tipo de errores?" – Desde que conocí a ese seminarista – se respondió a si mismo. Pero de inmediato elimino de su cabeza los pensamientos sobre Duo y se centró a contestarle a Trowa.
-- Anoche fue atacado por quien creemos es el asesino que buscamos – Heero vio como la cara del forense había cambiado de la incertidumbre al pánico. Sus ojos se habían abierto enormemente y veían a la nada mientras comenzaba a deslizarse hasta tomar asiento – Te he dicho que esta bien, no tienes porque asustarse tanto.
-- Esta bien – repito Trowa - ¿Pero pudo morir?
-- Si – aseguro Heero de forma fría.
-- ¿Dónde esta? He estado tratando de llamarle a su celular pero no me contesta.
-- Fue destruido anoche, al igual que su computadora
-- Ahora veo. ¿Esta él aquí? - Heero cabeceo en negativa - ¿Esta en un hospital? - cuestiono con un nudo en la garganta, pero la negativa de Heero le devolvió el alma al cuerpo.
-- Le di la mañana libre, pero va a volver por la tarde. ¿Quieres que le diga algo? ¿Qué se comunique con tigo? – Esta vez fue Trowa quien cabeceo en negativa.
-- Quiero verlo, saber si realmente esta bien. Quizá no tiene daños visibles, pero él es tan sensible, que algo tan perturbador como verse cara a cara con un asesino serial pudo afectarle de otra forma. Como médico he visto muchas cosas y creo que puedo ayudarle de forma profesional y más aun, de forma personal – Heero solo cabeceo en acuerdo, pero Trowa continuo – No se si ya sepas, pero ayer... – Heero levanto la mano en ese momento evitando que el forense siguiera hablando.
-- No se nada de ustedes dos, así que evita el contarme detalles. Yo no soy quien para prohibirte verle, yo no mando en su vida privada.
-- El problema es que... – Trowa vaciló un poco, pero al poco tiempo continuó. Heero supuso que había estado evaluando el confiarle algo que quizá solo les incumbía a ellos – No tengo la dirección de Quatre. El solo me había dado su celular, ni siquiera se si tiene teléfono en su casa.
Heero tomo un papel y garabateo algo en él para de forma inmediata tendérselo al forense. Trowa se dio prisa en tomarlo y verlo. Heero le había proporcionado no solo su dirección, si no, también su teléfono particular. Por la dirección se daba cuenta que la colonia pertenecía a la zona pudiente de la ciudad. ¿A caso Quatre era Rico? No creía que los agentes de FBI ganaran tanto como para pagar una renta en esa zona, mucho menos para comprar una casa por allí.
-- Quatre debe estar ahora en su departamento – aseguro Heero – reponiéndose del susto y durmiendo un poco. Te he dado la dirección de allí ya que no creo que este con sus padres, después de todo, esta peleado con su familia.
Trowa solo observo a Heero comprendiendo que aun había muchas cosas que no sabía de su rubio. Pero eso lo iba a tener que remediar ya mismo. Así que se paro de la silla le dio las gracias a Heero y partió a buscarlo.
Iba a tener que tomar un taxi para llegar hasta ese lugar, pero incluso tomaría un avión para llegar hasta el fin del mundo, haría cualquier cosa para estar en cuestión de segundos con él, ayudándole, consolándole.
Daría hasta su vida con tal de que él estuviera bien.
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Quatre estaba sentado en el sofá, con ambos pies arriba. Aun usaba el pijama y traía el cabello totalmente enmarañado. Su blanca piel lucía un par de enormes ojeras y las huellas del cansancio e insomnio eran notorias. Sobre una de las mesas esquineras de la sala, había una cafetera conectada y una taza de café dejaba salir el humo. Necesitaba mantenerse despierto, por eso se estaba ahogando en esa bebida, para no dormir.
Estaba aterrado.
Se abrazó a si mismo por las rodillas al recordar lo ocurrido la anoche anterior y un temblor le recorrió la espina dorsal. ¿Qué era esa cosa? Aun ahora, varias horas después de lo ocurrido, el recuerdo de aquella figura le hacía temblar de miedo.
No había podido verla, ni sentirla. Era demasiado rápida para que el ojo humano la registrara, pero quizá la cámara si la tuviera grabada. Una vez obtenida su foto, quizá la pudiera atrapar y el miedo que todas aquellas personas – incluido él – sentían, por fin se iba a disipar.
Pero ahora seguía libre y tenía miedo a que le siguiese hasta allí, hasta su casa y acabase con él porque le había visto. Estaba aterrado, tanto, que no había querido pegar el ojo desde que llego. Se había encerrado en su departamento poniendo llave a puertas y ventanas. A él le gustaba mucho la luz, pero ahora había bajado persianas y apagado las luces para que diera la impresión de que no había nadie. Estaba en la sala, porque quería estar lejos de las ventanas, temiendo que quizá esa criatura se colara hasta allí.
No quería cerrar los ojos, pero el cansancio casi lo tenía vencido. Debía ser mentira que el café lograba mantenerte despierto, porque a pesar de que casi se bebía la cafetera entera, él estaba a punto de caer presa por el sueño.
Dejó descansar su barbilla sobre sus rodillas, mientras abrazaba sus piernas y se cubría mejor con el cobertor que había tomado de la recamara. Constantemente veía las sombras que cruzaban por enfrente de su puerta, temiendo que alguna de aquellas se parara frente a ella. No iba a responder al timbre y mucho menos abriría si alguien llegase a tocar. Lo sabía, estaba paranoico, asustado y tenía miedo de salir a la calle por temor a encontrar a aquella criatura de nuevo. Pero sabía que tenía que regresar al trabajo, no podía dejar a Heero solo ni a esa gente. Era un agente especial del FBI y no podía darse por vencido por estar frente a frente con una criatura desconocida.
Pero por más que trataba de darse ánimos y asegurarse a si mismo que regresaría al trabajo, su corazón latía con furia al solo imaginarse regresar a la iglesia y permanecer vigilando de noche, solo.
Apretó los ojos con fuerza.
-- Voy a regresar, voy a regresar – se repitió una y otra vez, tratando de que su corazón se normalizara y creyendo, con todas sus fuerzas, de que esa criatura no volvería tras él.
Entonces abrió los ojos de forma asustada al escuchar pasos por el corredor y casi de inmediato una sombra se deslizó por debajo de la puerta. Había alguien frente a ella y su corazón se fue hasta su garganta. Quiso pararse para salir huyendo, pero sus piernas se negaban a responderle. Estaba casi seguro de que era el asesino. Si fuese algún amigo, vecino, o su familia, hubiesen tocado el timbre o gritado su nombre para que les abriera. Pero no, la persona frente a la puerta no había hecho nada de aquello.
Comenzó a temblar al ver como la perilla de su puerta comenzaba a hacer ruidos y se giraba intentando abrirse. Su corazón palpitaba de forma ruda y temía que en cualquier momento le fuese a estallar. Cerró los ojos con fuerza tratando de controlarse, era ahora cuando debía hacer uso de todo lo que Heero le había enseñado. Su jefe no se cansaba de repetirle que lo primero era guardar la calma y mandar el miedo hasta el fondo de su corazón.
En cuestión de segundos volvió a abrir los ojos y se dio prisa en registrar la habitación en donde estaba. El alarma estaba bajo su almohada y perdería demasiado tiempo si se ponía a buscarla. Recordó que su hermana, la menor de las mujeres, había dejado olvidado un bate de béisbol apenas la semana pasada. Así que se levanto a la carrera y corrió hasta el armario que estaba junto a la puerta de entrada, abrió, tomo el bate y cerrando los ojos para tomar velocidad, lo dejó caer sobre la persona que iba entrando a su departamento justo en ese momento...
Pero no le dio...
Abrió los ojos para ver donde estaba esa criatura, pero el sol que se colaba de afuera le deslumbro impidiéndole la vista. Solo pudo ver una silueta oscura que alargaba la mano para tratar de tomar el bate que aun llevaba entre sus manos.
-- ¡ALEJATE DE MI! – grito con fuerza volviendo a elevar el bate para dejarlo caer sobre aquella criatura. Esta vez si le golpeo, pero no con la fuerza que le hubiese gustado. El no tenía la fuerza de su jefe y sabía que el golpe que lanzó no había hecho ningún daño.
Entonces sintió como era rodeado por unos fuertes brazos que le hicieron perder el arma que llevaba entre manos. Iba a morir sin ver a Trowa de nuevo. Estaba en las manos de ese asesino y no había forma de que pudiera liberarse. Los ojos se le comenzaron a llenar de lágrimas.
-- Trowa – murmuro dejando que sus lagrimas se deslizaran por sus mejillas
-- Aquí estoy Quatre – Esa voz le regreso el alma al cuerpo, se giro de forma rápida topándose con los ojos verdes de aquel a quien tanto quería ver.
-- ¡Trowa! – gritó antes de desvanecerse entre sus brazos. La presión había sido demasiada y el cansancio le había vencido, pero ahora se sentía seguro, porque Trowa había llegado.
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Heero esta vez estaba decidido a terminar lo que había ido a hacer a su oficina. Así que en cuanto Trowa se fue se dio a la tarea de ver aquel video hasta encontrar algo en él. Llegó hasta aquella parte en la que Quatre fue atacado. La cámara no mostró el ataque al 100%, solo una parte de él. No sabía si el asesino se había cuidado de no ser grabado o había sido mera coincidencia. Repaso una y otra vez esa parte. La vio por 10, 20, 30 minutos, una y otra vez tratando de descubrir algo en ella. La grabación estaba sumamente oscura, pero gracias al software con el que contaba, le había ido agregando un poco de luz hasta que esta se vio de forma clara.
Allí había algo.... solo tenía que encontrarlo.
Allí...
Detuvo la grabación un momento poniéndose frente a la pantalla y regresándola un poco. La hizo avanzar cuadro por cuadro hasta que dio con aquello que había visto...
Era una imagen muy borrosa, pero podía identificarla. Era la imagen de una persona saltando sobre el techo de la iglesia. Estaba totalmente vestida de negro. Era imposible identificarle estando tan lejos. Si agrandaba la imagen esta se pixeleaba(*), pero quizá los expertos pudieran lograr aclararla. El tenía suficientes conocimientos como para hacerlo, pero estaba demasiado involucrado en el caso que quizá viera cosas que realmente no estaba allí. Por eso era mejor mandarla a un tercero.
Sacó el cuadro y la mando por correo al departamento correspondiente con grado de urgente. Una persona no podía saltar desde el techo de la iglesia hacía el suelo sin hacerse daño. Generalmente usaban la barda del callejón para poder bajar, pero esta persona no lo había hecho así. Había otra imagen en la que se veía un manchón de color parduzco, como si alguien hubiese corrido muy rápido. Esa era casi imposible de ser corregida. La mejor imagen era la que ya había mandado. Si lograban aclararla... si lo lograran....
Su corazón comenzó a latir de forma acelerada al imaginar a la persona que podría aparecer en aquella fotografía. Una larga trenza sobresaliendo de lo que parecía ser la cabeza le hizo sacudirse bruscamente. No, no podía estar sacando conclusiones ahora. Además, una foto no concluiría nada. No serían suficientes pruebas para acusarle.
Se levanto de su escritorio y abrió el primer cajón. Lo primero que vio fueron sus cigarros. Hacía tanto tiempo que no encendía uno que ya ni siquiera los extrañaba. Volvió a cerrar el cajón y caminó hasta la ventana pensando en aquel seminarista.
¿Y si la imagen que aparecía en aquel cuadro era la de ese chico?
No, volvió a sacudir su cabeza de forma enérgica. No precisamente tenía que ser él, podría ser el otro, el vagabundo o quizá un tercero que no tenía nada que ver con ninguno de los dos. Era una verdadera lastima que ni Quatre ni aquella mujer le hubiesen podido ver.
¿Ojos rojos? ¿Colmillos? Esas parecían ser las descripciones de un animal y no las de un humano. El seminarista le había llamado criatura, Quatre había preguntado ¿que era esa cosa? Solo él parecía haber visto una figura humana frente a él.
Una llamada lo sacó de sus pensamientos y se dio prisa en contestar.
-- Agente Yuy, el comandante va en camino a su oficina.
Colgó tan rápido como pudo y salió de la oficina antes de que alguien le viera. Aun esperaba tener un par de horas más para revisar el video, pero al parecer su jefe había terminado antes y decidió regresar. Era probable que alguien le hubiese dicho que él estaba en la oficina y decidió caerle de sorpresa.
Pero para cuando llegara, ya no habría nadie.
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La tarde había caído demasiado pronto y la noche la cubriría en poco tiempo. La iglesia del barrió ya se veía semi oscura debido a las altas torres que cubrían el sol que se ocultaba detrás de ellas.
Heero recién bajaba del auto viendo hacía adentro del recinto, buscando a alguien en particular. Pero la iglesia a esas horas se veía vacía. Aun faltaban algunas horas antes de que la primera misa de la tarde comenzara, así que la agente que regularmente acudía a ayudar al padre Roberts con el comedor de pobres debería estar ahora en la cocina. Y era más que probable que la persona que buscaba también estuviese allí.
Sabía que el asesino solo actuaba de noche. Era más que probable que lo hiciera para hacer alarde de aquel mote que le habían dado: "Vampiro". Tenía la certeza de que las muertes anteriores habían ocurrido entre las 11 y la media noche, así que era poco probable que mientras hubiese sol, algo ocurriera.
Por eso ahora iba a buscar a Quatre. Solo esperaba que el rubio ya hubiese llegado. Había hablado a su casa y no le sorprendió escuchar la voz de Trowa contestar el teléfono. El forense le había afirmado que Quatre estaba listo para regresar al trabajo y que muy pronto estaría en la iglesia.
Eso esperaba, ya que, a pesar de que Quatre era un poco asustadizo, se sorprendía con facilidad y no soportaba la sangre ni los muertos, también era un gran elemento, detallista y minucioso; su capacidad de evaluar a las personas era bastante acertada y su optimismo siempre solía ser contagioso, aprendía muy rápido y era capaz de reponerse de un shock - como el sufrido la noche anterior – en poco tiempo, por eso y a pesar de todos sus defectos, le dolería perderlo.
Camino por el oscuro pasillo que conducía de la entrada a la sacristía, para después pasar rumbo a la cocina que se encontraba a un lado del comedor. Sus pasos retumbaban por todo el solitario lugar elevando un eco sordo. Casi al mismo tiempo el chirrido de una puerta se levantó acompañando el eco de sus pasos.
-- ¡Agente Yuy!, espere – aquella voz la reconoció de inmediato. Seguramente el seminarista le había visto o escuchado y era él quien había salido de aquella puerta, la sacristía suponía. Pero no se detuvo y siguió caminando sin mirarle.
-- Voy llegando y no tengo tiempo para usted en este momento – le aseguro metiendo las manos a las bolsas del pantalón, ya que tan solo el sentir aquella presencia le hacía sentirse extraño y no quería que sus manos actuaran sin que lo hubiese ordenado.
-- No le voy a quitar mucho tiempo, solo quiero una respuesta a la pregunta que le hice antes – volvió a insistir el seminarista deteniéndolo por el brazo. Heero le observo por un instante, pero negó con la cabeza.
-- No voy a responderle – dijo soltándose de aquel agarre. Pudo ver como el chico había retirado ya las vendas de sus manos y ahora solo usaba un pequeño guante de maya y unas gasas. Eso era obra de un médico. Trowa seguramente.
-- ¿Por qué no? Necesito que me de una respuesta – dijo el chico mostrando una mueca de dolor. Probablemente le había lastimado. Se sintió culpable.¿Desde cuando él sentía culpa? No, esas eran tonterías. Así que retomó su camino siendo seguido de cerca por el seminarista.
-- ¿Y para que la quiere? ¿A caso va a dejar el seminario? – cuestionó sin verle.
-- No
-- Entonces no tiene caso. Y será mejor que vaya a ver a Quatre
-- El esta con Trowa – ya lo sabía, esas vendas se lo habían informado.
-- Ah, entonces, ¿Me sugiere que no interrumpa? – dijo deteniéndose para verle de forma fija a los ojos, esperando ver la reacción en aquella mirada pura.
-- ¿Cómo dice? – cuestiono. Parecía una pregunta inocente ¿Realmente lo sería?
-- ¿Sabía usted que Quatre y Trowa son algo mas que amigos? – dijo elevando un brazo para ponerlo sobre la pared acercándose peligrosamente al rostro blanco del chico.
-- ¿Algo mas? ¿Cómo que? – era imposible que ni siquiera se lo pudiera imaginar. Suspiro pesadamente y metió la mano de nuevo a la bolsa del pantalón para responderle.
-- Novios, amantes yo que se. Solo algo mas – Duo pareció horrorizado, pero luego bajo la cabeza y cuando la volvió a elevar mostraba aquella sonrisa luminosa de nuevo.
-- Me alegra por él. Es una buena persona y el médico también lo parece.
-- Lo es. ¿Pero eso quiere decir que usted no los juzga? ¿No le parece un pecado que dos hombres se amen?
-- No – Heero frunció el ceño molesto.
-- Hipócrita – Duo abrió los ojos con sorpresa al escuchar aquella palabra.
-- ¿Por qué me dice eso? Yo celebró el amor ante todo.
-- ¿Aun que sea entre dos hombres? – cuestiono Heero sin poder creerlo.
-- Hay amor entre ellos, además Quatre es mi amigo y Trowa se ha portado muy bien con el padre Roberts y conmigo. Jamás podría rechazarlos.
-- ¿Y sus creencias? – Duo mordió su labio inferior y guardo silencio sin decir mas – Su silencio me confirma que usted es un hipócrita – Duo solo le observo frunciendo ahora el ceño – No me vea de esa forma. Su religión condena las relaciones entre personas del mismo sexo y sin embargo usted acepta la relación entre sus amigos. ¿Eso no es ser hipócrita?
-- Llámelo como guste. Pero no estamos hablando de mis creencias, ni de las suyas, quiero saber ¿Por qué me ha besado tantas veces y que quiere de mi? – Heero sacó una de las manos de la bolsa de su pantalón y la extendió hasta rozas ese pedazo de tela blanca que sobresalía de la sotana negra del seminarista.
-- Quizá si no trajera ese alzacuellos puesto, pudiera responderle – Duo no dudo ni por un momento. Elevó sus manos de forma rápida y se quitó aquel trozó blanco del cuello.
Heero le observó con el ceño fruncido. Así, sin esa barrera que le apartara de él, sin ese alzacuellos, había dejado de ser un seminarista para ser solo un muchacho vestido de negro. Le hubiese gustado que no aceptara su reto, que permaneciera con aquella cosa blanca en su ropa para que le sirviera de escudo.
Pero la había desechado sin contemplaciones y ahora estaba allí, frente a él, esperando el resultado a una pregunta para la cual no había respuesta. Sus ojos violetas no habían dejado de verle en ningún momento y mientras su mano bajaba hasta su costado sosteniendo aquel trozo de tela entre sus dedos, una de sus manos había salido de la bolsa de su pantalón elevándose para tratar de alcanzar aquel rostro blanco. Su corazón se había desbocado en su pecho y su mente, siempre deductiva, se había ido muy lejos dejando a su cuerpo, su razón y sentidos totalmente vulnerables. Una tremenda necesidad de tocarle le embargo y dejó que sus impulsos siguieran a su mano. Apenas alcanzo a tocar un mechón de cabellos cuando sintió como si una corriente eléctrica le quemara la punta de los dedos haciéndole despertar de aquel sueño irracional; cerró su mano por completo y se giró dándole la espalda.
Se dio cuenta, justo a tiempo, de que estaba a punto de cometer una tontería. El no podía darse el lujo de caer presa de ese chico vestido de negro ¿Cuál de sus personalidades era la que se dedicaba a seducirle? ¿A robarle los sentidos? ¿A obligarle a abandonar el deseo de atraparle? Porque él era el asesino, tenía que serlo...
-- ¿Agente Yuy? – esa voz le regreso de sus pensamientos.
-- Póngase esa cosa – dijo de forma imperativa sin voltearse a verlo. No quería que aquella necesidad que había nacido en él al verlo sin el alzacuellos regresara de nuevo. No cuando el tocar aquellos cabellos le había hecho reaccionar cerrando el puño y girándose para no verle.
-- No voy a hacerlo hasta que usted me responda – aseguro el chico de forma segura y molesta haciendo que Heero se girara para verle con el ceño fruncido.
¿Por qué tenía que llegar a ser tan molesto y tan terco? Quizá si le asustaba un poco pudiera lograr que desistiera de la pregunta. Así que, caminó de forma rápida haciendo que el seminarista retrocediera hasta topar con la pared de forma sonora cerrando los ojos por el dolor, mientras Heero colocaba ambos brazos a sus lados para evitar que pudiese escapar. Entonces Duo volvió a abrir los ojos topándose de lleno con aquellos ojos frío mirándole de forma dura.
-- A... gente... Yuy – tartamudeo sin poder completar una frase coherente
Pudo ver como aquellas blancas mejillas habían comenzado a pintarse de rosa primero, para pasar a un rojo fuego después. Ojalá pudiera saber que tanto pasaba por su cabeza en esos momentos, determinar si este chico que ante la vista de todos era casi un santo, podía llegar a ser un asesino en serie.
"Un asesino en serie"
Ese pensamiento le hizo retroceder sin dejar de verle. Estaba allí, en esa iglesia, para encontrar a un asesino, nada mas para eso, no tenía tiempo para responder preguntas sin sentido ni para iniciar juegos infantiles. Pero aquella mirada violeta, aquel cuerpo tan perfecto, aquella sonrisa tan luminosa, aquella piel tan blanca, aquellos labios tan delici...
¡Maldición!, Tenía que salir de allí antes de que aquel hechizo hiciera efecto en él.
Heero se dio la vuelta sumamente molesto y salió a toda prisa sintiendo que todo su cuerpo temblaba de pasión. Tenía que huir de esa absurda necesidad. ¡Pero él no era de los que huía de un problema!, ¿Por que ahora lo estaba haciendo de esa forma, casi como si de ello dependiera su vida?
Esa sensación le parecía conocida, el huir ahora, era como aquella vez en el callejón con el criminar, pero a la inversa. En aquella ocasión no podía moverse, aun que lo quisiera; y en esta ocasión no podía quedarse, aun que lo quisiera.
-- ¡Agente Yuy! – aquella voz gritando de nuevo su nombre le hizo detenerse. No podía arriesgarse a tocarle de nuevo, porque si lo hacía, toda aquella necesidad iba a ganarle y no sabía como podría reaccionar. Ya le estaba costando mucho mantenerse bajo control. Pero esa voz suplicante fue más fuerte y sin haberlo calculado, sus pies fueron los que se detuvieron.
Espero a que el seminarista estuviera cerca. No iba a arriesgarse a ver aquellos ojos violetas escrutar su rostro como solía hacerle. Su simple aroma era como una droga que poco a poco estaba invadiendo su cuerpo y apoderándose de sus sentidos. Estaba temblando por dentro, aun que por fuera se veía igual que siempre. Su corazón resonaba en sus oídos y terminó por apretar fuertemente sus puños para evitar caer de nuevo en aquel hechizo.
-- No ha respondido mi pregunta – le escucho murmurar a sus espaldas. Esa afirmación le hizo abrir mucho los ojos, pero cuando se giro para verle su semblante de nuevo era frío.
-- Pensé que sabía leer entre líneas – espetó en tono helado haciendo que el chico le viera de forma detenida a los ojos – ¿O lo que usted esta buscando es una respuesta directa?.
-- Eso mismo es lo que quiero. ¿Quiero que me diga, directamente, porque ha hecho eso? – ¿eso era lo que realmente quería? ¿Quería una demostración? ¿A caso le estaba retando?
Miró con el ceño fruncido aquel rostro blanco. Podía ver la determinación en aquella mirada. Si, lo estaba retando. ¿Pero retándolo a que? ¿A caso estaba buscando una respuesta física? ¿Cuál de sus personalidades estaba buscando eso? ¿Sacaría a flote al asesino si le daba gusto?
¿Lo haría? Porque no intentarlo...
¡Porque era un seminarista!, ¡Demonios!, alguien que pertenecía al clero, nada más que por eso. Porque era incorrecto, porque jamás debería suceder. Pero la voz de su cerebro trabajando a toda prisa, era opacada por el sonido de su corazón. Y aquella necesidad creciente fue la que le hizo hablar.
-- Esta bien – afirmo Heero dando un paso al frente para perderse en aquella mirada. Quería darle su respuesta, quería decirle algo convincente para que dejara de molestarle con el asunto, pero al verse reflejado de nuevo en aquellos cristales violetas, cualquier cosa que se hubiese comenzado a formar en su cabeza se borro por completo. Lo único que hizo fue alargar sus brazos y tomar aquel cuerpo delgado y cubierto por la sotana para acercarlo al suyo y depositar sus labios sobre aquellos otros entreabiertos.
Sintió aquel cuerpo temblar entre sus brazos, tratando de soltarse de su agarre. Pero al mismo tiempo sentía aquellos labios moverse bajo los suyos, respondiendo de una forma, quizá tímida, dejando que su lengua se moviera a su antojo. Sentía de nuevo su sabor en su boca, embriagándose, intoxicándole y haciéndole olvidar todo. Quizá buscaba asustarlo un poco, quizá quería sacar a relucir su verdadera personalidad, quizá.... ya no se acordaba que buscaba al besarle de esa forma. Su cuerpo estaba comenzando a reaccionar y eso no era lo que buscaba.
Pudo sentir como aquellos brazos, que al principio forcejeaban por soltarse, habían dejado de moverse. Quizá no le abrazaban, pero tampoco estaban forcejeando mas. Se animó a abrir los ojos para ver el rostro del seminarista y se maravillo con la vista. El chico tenía los ojos cerrados y su rostro se veía sumamente sonrojado. Y eso le hizo temblar, sacudiéndole el cuerpo...
¡Pero eso estaba mal!
Muy mal...
Entonces Heero lo soltó de forma lenta dejando aquellos labios entre abiertos y vio como Duo se replegó contra la pared del aquel pasillo bajando el rostro sonrojado y subiendo una de sus manos hasta sus labios. Estaba temblando, podía ver como su cuerpo se sacudía y su respiración agitada se escuchaba con claridad.
-- Yo... – dijo Heero frunciendo el ceño y haciendo que el seminarista levantara la mirada para verle. Pudo ver la huella que un par de lagrimas había dejado sobre aquellas blancas mejillas y quiso moverse hasta él para borrarlas. De nuevo ese amargo sabor en la boca del estomago le había hecho cambiar su expresión siempre fría por una de preocupación. Pero se recompuso al instante para decirle de forma seca - Espero que eso haya respondido a su pregunta.
Se lo había demostrado, esperaba que eso bastara para que dejara de preguntar.
-- Su pregunta quizá no haya sido respondida, pero la de nosotros si...
Heero se giro de forma brusca topándose de lleno con la mirada acusadora de cuatro hombres. Uno de ellos era su jefe; el comisionado del FBI y su jefe directo, el comandante Darlian; y los otros 3 eran parte de su equipo de subordinados.
"Maldición" – se dijo mentalmente sin cambiar en ningún momento su semblante – "Ahora si va a sacarme del caso"
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Darlian lo tomo del hombro sin darle tiempo a nada, explicándole y exigiéndole, pero él solo había podido ver aquellos ojos llorosos que le veían alejarse. Quería borrara toda aquella tristeza que asomaba en ese rostro blanco, pero no podía hacerlo ahora, por fin su jefe le había atrapado y no iba a soltarlo hasta que le diera ese maldito reporte.
Cuanto se arrepentía de no haberlo terminado esa misma tarde mientras estuvo en su oficina.
Darlian le había sacado de la iglesia y lo tenía cerca del callejón. Su voz subía de tono cada vez que él se negaba a su petición. Estaba comenzando a perder la paciencia con todo lo que le estaba diciendo y él no era alguien que se impacientara con mucha facilidad, pero ese hombre le estaba pidiendo algo que no estaba dispuesto a cumplir.
-- ¡Ya te dije que detengas esta investigación! - insistió el comandante Darlian alzando la voz de nuevo – ya no ha habido mas muertes y necesito que tomes otros casos mas importantes, dejaremos esto a la policía.
-- Tengo otro sospechoso – dijo Heero tratando de conseguir algo mas de tiempo
-- ¡No tienes nada! – Diablos, alguien ya le había contado. No le había mando el reporte para evitar que se diera cuenta de que no tenía ninguna prueba - Solo tu intuición. Y si a lo que te refieres con otro sospechoso es – dijo metiendo la mano al interior de su saco para mostrarle un par de fotos - a esta cosa, no cuentes con ello.
Heero tomo entre sus manos las fotos dándole un vistazo rápido. Eran las ampliaciones mejoradas de lo que había visto en el video que había tomado Quatre. Pero a simple vista no se veía nada. Pero esas las vería después, así que las guardo. De momento tenía que lograr convencer a su jefe de que le diera más tiempo.
-- No me refiero a las fotos, si no, a una persona. Aun que no hemos podido encontrar datos de ese otro chico, pero lo vamos... – dijo tratando de hacerle ver al hombre que realmente tenía algo.
-- ¡Tu no! y no te atrevas a hacerme esa pregunta que veo tatuada en tus ojos – Al parecer su jefe estaba empeñado en quitarle el caso.
-- Jamás he dejado un caso sin resolver – insistió haciéndole ver que su reputación estaba en juego.
-- Siempre hay una primera vez – trato de hacerle desistir, pero Heero no estaba dispuesto a ceder - El clero esta sobre mi y el departamento esta exigiéndome que te detengas – explicó el hombre.
-- Traize... – murmuro Heero desviando la vista, pensó que no le había importado el verlo allí, pero al parecer solo había fingido no darle importancia al asunto. Era probable que ese hombre le hubiese informado todo a su jefe, después de todo, ¿no le había dicho que él tenía ojos y oídos en todos lados y no habría nada de lo que no se enterará?
-- Su eminencia personalmente solicitó que hagamos algo; o detenemos a su muchacho o nos vamos - ¡Maldición! creí que no haría nada - ¿Tienes pruebas suficientes en su contra? ¿O algo de esa otra persona? – Heero cabeceo en negativa, solo tenía aquellas fotos ampliadas y ya le había dicho que no servían, es más, el sabía que así sería – Entonces tenemos que irnos.
-- ¡Maldición! – dijo en voz alta dándose por vencido. No tenía nada más con que rebatirle, no tenía nada que ofrecerle para hacerle cambiar de opinión. No tenía más que darse por vencido y acatar las ordenes.
-- Además, no me gusto nada lo que vimos – dijo Darlian bajando la voz casi a un murmullo, para que solo Heero pudiera oírlo. Heero frunció el ceño y le miro de forma fría.
-- Eso no significa nada – trato de justificarse, pero la mano del comandante Darlian le impidió seguir hablando.
-- Mira muchacho. Yo se que utilizas cualquier método para lograr tus objetivos. Yo jamás me meto con ellos. Soy de los que piensa que el fin justifica los medios, ¡pero eso se me hizo una verdadera exageración!. Si su eminencia Traize se entera, que casi estoy seguro de que lo hará – si, él también lo estaba - me obligara a que te arreste por acoso.
-- Yo no lo estoy acosando – dijo algo alterado, pero controlando su voz haciéndola notar tranquila.
-- No es lo que parecía – dijo el hombre suspirando pesadamente - Ese chico va a ser Sacerdote, ¡Por dios Heero!. ¡Es casi como si lo estuvieras violando!
-- ¡Yo jamás!... – trató de protestar.
-- ¡Papá! ¿Ya terminaste?
Pero aquella voz, que reconoció de inmediato, interrumpió cualquier cosa que iba a decirle al hombre. Ambos hombres se giraron para ver aparecer detrás del mayor a una hermosa chica vestida de forma elegante, usando su cabellera rubia totalmente suelta, sujeta a sus espaldas por un par de trenzas.
"Maldición" – volvió a murmurar Heero para sus adentros.
-- ¡Hola Heero! No sabía que estabas aquí – Claro, pensó el agente.
-- Hn – cabeceo Heero en forma de saludo
-- Relena, me temo que no podré acompañarte a cenar – le dijo el hombre a su hija haciendo que en la chica apareciera una cara de tristeza (que para Heero parecía fingida). Después se giro a ver a Heero de nuevo - Heero ve con ella – Heero pudo haber gritado una palabrota, pero mando hasta el fondo cualquier indicio de asesinato y contesto de forma fría y serena.
-- Lo siento...
-- Oh, vamos Heero, aceptare ir a donde tu quieras – dijo Relena colgándose de su brazo sin darle tiempo a negarse.
-- Vamos muchacho, esta noche no tienes mas cosas que hacer – insistió su jefe – ya mañana me das tu reporte – Heero trato de negarse, pero su jefe insistiendo y Relena colgada de su brazo no se lo permitieron – No voy a aceptar un no por respuesta. Llevas a mi hija a cenar, cuando acabes terminas tu reporte y mañana nos vemos en la oficina para asignarte tu siguiente caso.
Heero no era de los que se dejaba manipular, pero sabía que Relena era demasiado terca e insistente, quizá no tanto como cierto seminarista, pero él era diferente a ella. A penas la vio aparecer, pudo notar el asco que aquel lugar le inspiraba, pero era tanta su insistencia por tenerle de alguna forma, que no le había importado hacerse presente en aquel lugar. Quizá ya era hora de ponerla en su lugar.
Relena sonrió triunfante cuando Heero cabeceo en acuerdo.
-- ¿Estas segura que iras a donde yo te lleve? – cuestiono Heero viendo los ojos azules de la chica.
-- ¡Totalmente segura Heero! No me importaría comer en un basurero, mientras este contigo
-- Hn – respondió Heero en acuerdo.
Unos minutos después, Relena estaba sumamente arrepentida de sus palabras. Metió a toda prisa la mano a su bolso de mano y saco su costoso bote de perfume y se puso a rociarlo por todas partes.
-- ¡Heero que asco! – dijo tapándose la nariz con una mano, mientras con la otra levantó una cucharilla para sopa - ¡Mira esto! Esta sucia y oxidada – dijo devolviéndola al plato mientras Heero sin preocuparse daba otra probada a la comida haciendo que Relena se espantara - ¡Yeek Heero! Yo jamás comeré esta porquería – dijo empujando el plato al frente indicando con ese acto que no iba a comerlo.
-- Dijiste que a donde yo quisiera – aclaro Heero mientras uno de aquellos vagabundos se sentó a un lado de la hija del comisionado y ésta rehuyo su compañía haciéndose hasta la otra orilla mientras con la botella de perfume alejaba el mal olor.
-- ¡Jamás creí que me trajeras al comedor de pobres de esta iglesia! – dijo viendo a Heero enfurecida – Si lo que no querías era pagar, yo hubiese pagado por ambos en un lugar diferente, algo elegante, como a lo que yo estoy acostumbrada. ¡Esto es horrible! – dijo elevando la voz haciendo que todos voltearan a verla y que aquel vagabundo que se había sentado a su lado se levantara y se fuera.
-- Buenas noches señorita – Tanto Heero como Relena levantaron la vista para ver a la persona que se había acercado a ellos. La última misa acababa de terminar, así que el resto de las personas que acudían regularmente al comedor de pobres iban llegando – Lamento que no le guste nuestra comida – dijo viendo el plato que la rubia había despreciado con una mirada melancólica – quizá usted este acostumbrada a otro tipo de comidas – continuo mientras tomaba aquel plato entre sus manos - pero este sencillo plato de sopa, para estos hombres y mujeres que muchas veces no han comido en días, es como un lujoso manjar – termino al tiempo en que entrego el plato a otro de aquellos vagabundos que apenas lo tuvo en sus manos, se dio prisa en devorarlo como si tuviese muchos días sin comer. Heero sonrió para si mismo, lo había hecho de nuevo, pero por lo menos esta vez no fue él quien recibió su regaño, si no, Relena, quien estaba sumamente sonrojada, no sabía si de vergüenza o de coraje al verse retada de una forma sutil pero severa.
-- ¡No padre!, lo siento, yo no quise... – trato de disculparse la rubia, pero Heero le interrumpió.
-- Solo es un seminarista – dijo el agente dando una cucharada mas a la comida, haciendo que Relena girara la vista para verlo.
-- Pero me convertiré en sacerdote en tres semanas, agente Yuy – dijo Duo frunciendo el ceño y cruzando los brazos mientras clavaba su mirada violeta en el agente. Heero levanto su vista para clavarla a su vez en la del seminarista. Al parecer el evento de hacía unos minutos lo había olvidado y dejaba asomar su acostumbrado humor bélicos al insinuarle que no tenía vocación.
-- ¿Por qué sigue dando por hecho algo que aun no ha sucedido? – pregunto Heero frunciendo el ceño apartando el plato para cruzar a su vez los brazos, dándole replica.
-- Porque va a suceder – aseguro el seminarista descruzando los brazos e imprimiendo toda la seguridad en sus palabras.
-- ¿Y si fuese evitado? – cuestiono Heero acercándose en la mesa, retándolo con sus palabras, haciendo que Relena solo elevara una ceja de forma suspicaz.
-- ¿Y quien va a evitarlo? – cuestiono Duo de forma seria sin dejar de ver aquella mirada cobalto, dejando apoyar ambas manos sobre la mesa, aceptando el reto.
-- Yo...
Relena se paro de golpe haciendo ruido al empujar la silla hacía atrás con su cuerpo deteniendo aquella pelea verbal. Había fruncido el ceño al presenciar aquella discusión, ¡Heero jamás le miraba como veía a ese chico usando sotana!. Era bastante llamativo, debía admitir, con esa trenza larga descansando en su espalda y esos ojos violetas, llamaba mucho la atención, hasta ella se sentía un poco atraída hacía él, pero pertenecía al clero y allí no había nada que hacer.
-- Heero – dijo viéndolo fijamente - ¿Nos podemos ir? ¿Me llevas a mi casa? – por algún motivo quería alejarlos, llevarse a Heero lejos de ese chico. Sentía que él, con todo y sotana, era una verdadera amenaza.
-- Trajiste tu auto, vete sola – dijo Heero sin mirarla, acercando su plato para darle otra probada a su sopa.
-- ¿Qué? – gritó la rubia sumamente molesta, apretando los puños por la furia. Heero siempre la rechazaba de esa forma, pero nunca espero que lo hiciera delante de él.
-- Yo aun tengo cosas que hacer, tu padre me pidió un reporte para mañana – dijo el agente sin darle mayor importancia al asunto.
-- Pero yo...
-- Agente Yuy – interrumpió Duo haciendo que Heero levantara la vista de su plato para verle – usted sabe que este barrio no es seguro, mucho menos para una mujer sola – Ahora comenzaba a caerle bien el seminarista, pensó sonriendo la rubia. Quizá él lograra convencer a Heero de que la acompañara.
-- Esta bien – dijo Heero haciendo que de nuevo Relena sonriera de forma triunfal – le pediré a Quatre que te lleve - ¿Qué? Eso jamás, pensó Relena y se dio prisa en avisar.
-- No es necesario – dijo ofendida – se cuidarme sola – termino dándose la vuelta enfadada.
-- Muy bien, entonces, buenas noches Relena – eso termino por enojarla mas y se giró para verle.
-- ¡Eres insoportable! – dijo sin poder controlar su genio.
-- No tienes porque soportarme. Solo deja de buscarme y tenderme trampas.
-- Yo no te he tendido ninguna trampa – dijo haciéndose la sorprendida.
-- Acompañaste a tu padre a este lugar con el pretexto de ir a cenar con él. Tu bien sabes que a estas horas él se reúne con todos los agentes para saber los avances en los casos, por lo que no iba a poder llevarte. Y lo sabes porque lleva años haciéndolo. Así que llegaste, estuviste escuchando una conversación privada y te apareciste en el momento correcto e hiciste que me pidiera llevarte a cenar en su lugar.
-- Grrrrr – gruño enojada dándose la vuelta y saliendo a toda prisa del comedor.
-- ¿Eso hizo? – cuestiono Duo sentándose en la silla que momentos antes había dejado Relena. Heero solo asintió tomando un trago de agua para pasar la comida - ¿Cómo lo supo?
-- No lo sabía, solo lo supuse, pero su reacción me lo confirmo.
-- Es usted muy listo
-- Debo serlo, si no, no resolvería los casos – dijo de forma sincera, aun que bien pudo haber sonado a presunción.
-- Sin embargo... – Duo mordió su labio – dejara este caso – Heero apretó fuertemente el vaso que tenía en su mano al escucharle decir aquello. Frunció el ceño, él jamás abandonaba un caso, en esta ocasión se lo estaban ordenando - Yo no estaba escuchando – dijo el chico viendo el ceño fruncido del agente – Solo que su jefe hablaba tan alto, que todos nos hemos enterado – dijo Duo bajando la vista. Su semblante se notaba triste ¿Era debido a su partida?, No, bien podría ser otra cosa.
-- ¿Por qué se aflige? – cuestiono Heero tratando de averiguar esa mirada triste. Aun que no sabía porque deseaba saberlo.
-- Porque me había acostumbrado a su presencia y creo que sin usted merodeando por los alrededores de la iglesia, ese asesino volverá a presentarse
"¿Es una amenaza?" Pero no podía decirlo de esa forma
-- ¿Me extrañara a mi o al agente? – ¿O a mis besos? Le hubiera gustado preguntar, pero ya que el chico parecía querer dejar el asunto en el olvido, él lo haría también.
-- A ambos – dijo sin dudar, Heero frunció el ceño de nuevo – Usted parece alguien muy duro...
-- Lo soy - aseguró
-- No, no lo es, solo es pura apariencia, ya que, debajo de esa mascara de frialdad y dureza, existe alguien cálido, capaz de... – dijo deteniéndose y dejando a medias lo que iba a decirle. Heero pudo ver el sonrojo en aquel rostro y como el chico no había podido sostenerle la mirada.
-- ¿De? – cuestiono Heero intrigado ante ese sonrojo que había aparecido en las mejillas del seminarista. ¿Realmente no estaba dispuesto a olvidar ese último beso?
-- De muchas cosas - completo el chico poniéndose de pie, pero Heero lo tomo de la muñeca impidiendo que se fuera. Duo había volteado asustado a verle, dejándole ver el temor en aquellos ojos violetas - ¿Agente?
-- ¿De que soy capaz, seminarista Maxwell? – Duo se sonrojo aun más y mordió su labio inferior con fuerza haciendo que el sonrojo de su cara fuera más evidente - ¿Quiere que se lo diga? ¿O que se lo vuelva a demostrar?
-- ¡NO! – gritó soltándose de forma rápida de aquel agarre y logrando que con aquel grito todos aquellos en el comedor se giraran a verle.
-- Eso es porque ya lo sabe – aclaro el agente alzando una ceja – ¿Verdad?
Heero pudo ver como las blancas mejillas del seminarista se habían sonrojado a tal grado que parecía un tomate. Se giro de forma rápida y salió casi corriendo del comedor. Heero dejo mostrar una mueca en forma de sonrisa en su rostro.
"Claro que lo sabe, por eso se fue corriendo"
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Había sido un error haber probado la sangre joven. Tanto tiempo alimentándose solo de sangre vieja que no había podido resistirse al olerla tan de cerca. Por eso, ahora, teniéndola tan a la mano, no podía dejarla escapar. Ese olor le estaba volviendo loco. Ese sabor en sus labios, en su lengua, diluyéndose con su saliva, lo quería volver a saborear.
Relena había salido tan enojada de "ese cuchitril", que ni siquiera se fijo por donde se metió. Fuera de ese cuartucho donde daban "porquerías" a comer no había luz y como ella era tan desorientada, doblo hacía donde vio algo de luz y se encontró caminando dentro del recinto principal de la iglesia. Ella no era para nada asustadiza, pero el lugar no daba nada de confianza. Estaba todo tan oscuro, solo aquellas velas encendidas le daban algo de luz, pero el rojo se reflejaba por todos lados y le estaba poniendo nerviosa. Hacía donde volteara solo había oscuridad y mas oscuridad.
Por fin vio algo de luz procedente de una puerta y se dirigió de forma rápida hacía el lugar. Al salir, el aire frío de la noche la recibió y se sintió mejor de encontrarse fuera, pero un aroma desagradable llego hasta su nariz haciendo que, de nuevo, se la cubriera con los dedos – ¿Por que le gusta a Heero permanecer en este inmundo lugar? – se pregunto.
-- Maldito Heero Yuy – se dijo Relena con enojo atravesando aquel callejón maloliente, buscando la salida del lugar. Era demasiado lúgubre y oscuro, tal como el interior de la iglesia, y aun tenía que buscar su auto.
Un escalofrío le recorrió la espalda y se giró de forma rápida buscando la causa. Sus ojos se abrieron en asombro, mientras su corazón comenzó a latir de forma acelerada y un miedo indescriptible comenzó a apoderarse de ella haciéndole temblar. ¡No!, tenía que ser imposible, tenía que ser una mentira, una fantasía que le jugaba su cabeza al encontrarse precisamente en ese lugar.
Quería gritar y no podía, simplemente su boca se había trabado y la voz se le había ido. ¿Qué era aquello que se acercaba sigilosamente a ella, como flotando sobre el suelo? ¿Qué era aquello? Esos ojos rojos inyectados en sangre le hacían erízale la piel y ponerle los cabellos de la nuca de punta. ¿Qué era aquello?...
-- ¡UN VAMPIRO! – gritó por fin haciéndose hacía atrás, tumbando una serie de maderos y la basura acumulada en aquel lugar tropezándose con lo que había tumbado mientras era arrastrada por todo ese muladar.
Todo quedo en silencio, solo una risa sorda se elevo en todo aquel lugar.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Heero escucho aquel grito y salió corriendo hacia el lugar de donde creyó provenía. Uno de los únicos lugares que podrían producir esa cantidad de eco, además del interior del recinto, era el callejón. Y dentro de la iglesia no había nadie, solo quedaba aquel lugar donde habían estado ocurriendo los hechos.
Mientras corría, pidió reporte a Stand, que era quien estaba dentro de la iglesia. Pero Stand le había dicho que solo estaba recogiendo sus cosas ya que le habían solicitado en otro caso. Heero maldijo en silenció la rapidez con la que Darlian estaba actuando, así que solo pregunto por el padre Roberts y el agente le informo que estaba descansando.
Roberts no parecía estar en peligro... ¿Y el seminarista?
Su corazón comenzó a latir de forma apresurada tan solo al pensar en aquella persona, así que acelero el paso...
Sus pasos apresurados retumbaron en todo el lugar hasta llegar al callejón, mientras se dio prisa en sacar su arma y apuntarla al frente al poder ver de reojo, como alguien estaba agachado en ese lugar lleno de basura, tierra, tablas viejas y roedores. La escasa luz proveniente del interior de la iglesia no le permitía ver bien aquella silueta, pero algo muy dentro de si, le decía quien era.
-- Póngase de pie con las manos en alto – dijo de forma calmada sin dejar de apuntarle con su arma. Y así de espaldas, pudo ver como la figura frente a él comenzaba a levantarse y tomaba forma frente a sus ojos - ¿Qué hizo ahora, seminarista Maxwell?...
La imagen que vio ante sus ojos al girarse le hizo saltar el corazón del pecho. Duo se había girado de forma rápida haciendo que su larga trenza ondeara frente a sus ojos como si esta fuese un látigo. Era una imagen tan sensual, como si el seminarista fuese un modelo profesional a quien le pidieran girarse ante una cámara para ser captado cuando su cabello ondeara alrededor. Además, aquella enorme sonrisa adornaba su blanco rostro y aun que permanecía con las manos en alto debido a su orden, no parecía asustado ni culpable.
Pudo notar que unas gotas de sangre resbalaban de su mano derecha. En otras circunstancias pudo haberle acusado de asesino, pero no esta vez, ya que a pesar de que ya estaba oscuro, aun no era tan tarde. Quizá su razonamiento le llevaba a concluir algo equivocado, pero estaba seguro que el seminarista, esta vez, no tenía nada que ver con cualquier cosa que hubiese ocurrido ene se callejón.
-- ¿Qué esta haciendo aquí? ¿Y por qué Sangra? – cuestiono de forma imperativa guardando el arma.
-- Escuche el grito – dijo bajando las manos al ver que Heero guardaba el arma y salía por completo al callejón buscando algo con la vista – Aquí no hay nadie. Y esta sangre la encontré allí – dijo señalando el punto. Pero Heero ya la había visto y estaba agachado, igual que había estado él, revisándola - ¿Ya confía en mi? – preguntó de pronto. Heero solo le vio de reojo.
-- ¿Qué vio? – pregunto Heero desviando la vista y observando los puntos rojos, ignorando la pregunta antes hecha. La sangre no era abundante, quizá un rasguño. Pudiera ser sangre de algún animal.
-- No vi nada. Yo iba co... – se interrumpió haciendo que Heero levantara la vista para verle – caminando por aquí, cuando escuché el grito y al parecer llegue primero.
-- Hn – dijo Heero parándose cuando su comunicador sonó, escuchó por un momento la voz de Quatre y luego respondió – Insiste, vamos para allá – dijo volteando a ver al seminarista Maxwell – Vamos al frente del edificio, creo que fue Relena quien grito. Si esta es su sangre – dijo deteniéndose un poco para analizar sus palabras – realmente me gustaría saber que le paso – dijo concluyendo y comenzando a caminar. Duo le siguió y volvió a preguntarle.
-- Esta vez no me grito asesino, ni me acuso de nada. ¿Ya confía en mi? ¿Ya cree que yo no soy a quien busca? – Heero solo le vio de reojo, pero le ignoró de nuevo - ¡Contésteme!, necesito saberlo.
-- ¿Por qué es tan importante para usted el que yo confíe? – cuestionó Heero sin dejar de caminar. Podía ver el lugar de donde le había llamado Quatre, estaban cerca.
-- Porque yo... yo... yo... no lo se – dijo Duo deteniendo a Heero por la manga, el agente se detuvo para mirarle. Sus ojos violetas estaban mirándole fijamente, parecía ser él quien esperaba una respuesta y no al revés - ¿Debería saberlo?
-- Eso solo usted se lo puede contestar – dijo Heero y volvió a caminar.
Duo se quedo viendo el piso, sin moverse, sin saber cual era la respuesta a la pregunta que él se estaba haciendo. Cuando Heero no escucho que le siguieran, se giro para ver que tanto estaba haciendo ese chico y lo que vio no le gusto. De nuevo aquella cosa amarga en la boca de su estomago le hizo soltar aquellas palabras que se estaba empeñando en guardar.
-- Yo... – dijo haciendo que Duo elevara la vista para verle – confió en usted, seminarista Maxwell.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Quatre salió del auto al escuchar el gritó elevarse por detrás de la iglesia. Hacía un buen rato que había llegado a la iglesia en compañía de Trowa, su médico de cabecera. No era tiempo para reír por sus pensamientos, pero no pudo evitar que una sonrisa se asomara a su rostro. Corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron, su corazón comenzó a acelerarse cuando vio la casa en la que había sido atacado, pero reprimió ese miedo que había comenzado a asomar en él y siguió de largo.
Parecía el grito de una mujer.
Y lo primero que apareció ante sus ojos fue el auto lujoso de una chica a la que conocía muy bien. Relena Darlian estaba dentro sujetando fuertemente el volante del auto. ¿Sería ella quien había gritado? Heero aun no se comunicaba con él, le había dado uno de sus celulares, ya que el departamento aun no le reponía el dañado. Quizá Heero no lo había escuchado, aun que se había escuchado muy fuerte.
Desacelero el paso hasta llegar a la ventana del piloto, donde estaba Relena. La vio pálida y viendo a la nada, era como si estuviese asustada y golpeo el vidrio para intentar que le contestara. Pero Relena no respondió. Toco de nuevo y otra vez no respondió, ni siquiera volteo a verle.
-- Heero – comentó el rubio a través del manos Libres llamando a su Jefe – Relena esta en su auto, pero no responde a mi llamado, parece estar en shock. ¿Escuchaste el grito de hace un momento?
-- Insiste, vamos para allá – le escucho responder.
Quatre volvió a tocar al vidrio del auto, pero esta vez uso sus llaves para hacer más ruido, fue entonces que Relena volteo y bajo la ventanilla.
-- ¡Quatre!, ¿Sucede algo? – preguntó la rubia como si nada, haciendo que Quatre soltara un suspiro de alivio. Quizá el auto estaba blindado y el simple golpeteo con la mano no se escuchaba por dentro.
-- ¿Esta bien, señorita Relena? Hemos escuchado un grito de una mujer y a la primera persona que veo es a usted. ¿Gritó por algún motivo? – Relena le vio con lagrimas en los ojos haciendo que Quatre se sintiera asustado.
-- ¡Claro que si! – dijo sollozando –¡MIRA, ME ROMPI UNA UÑA! – gritó tan fuerte como habían escuchado antes – Me caí en ese inmundo callejón, estoy toda llena de barro y basura, huelo horrible – dijo haciendo un puchero – Si ese maldito jefe tuyo no se hubiera negado a llevarme a mi casa, no me hubiese pasado todo esto – sentencio enojada.
-- Lo siento – dijo el rubio apenado - ¿Quiere que le acompañe a casa?
-- ¡NO! – gritó Relena frunciendo el ceño y poniendo en marcha el auto pisando el acelerador hasta el fondo y alejándose a toda prisa.
Quatre solo observo el carro alejarse de forma preocupada, Relena parecía enfadada por haberse caído en el callejón, pero el grito que él había escuchado parecía de miedo, no de enojo. Había podido ver que el dedo índice de la rubia tenía un punto con sangre, como el que tenía el padre Roberts. Era todo tan extraño... que no sabía que pensar.
-- ¿Dónde esta Relena? – cuestiono Heero al rubio, Quatre solo cabeceo en negativa
-- Se fue muy enojada contigo – señalo
-- Hn. ¿Fue ella quien gritó? – Quatre asintió con la cabeza – Había un poco de sangre fresca en el callejón, ¿Esta herida?
-- No se puede decir que este realmente herida, ya que se quebró una uña – Heero bufó de forma fastidiada – pero el dedo si tenía sangre, un punto sobre una roncha, como la del padre Roberts o como esa – dijo señalando el brazo de Duo
Heero siguió la mirada de Quatre y se topo con el brazo de Duo, el seminarista elevo la mirada de su propio brazo hasta los dos agentes.
-- ¿Usted se topó con Relena en el callejón?
-- No – aseguro el chico – como ya le había dicho, yo iba corriendo... – se interrumpió igual que antes sonrojándose un poco - es decir, caminando por allí, cuando escuche el grito y como estaba cerca llegue primero que usted.
-- Hn – dijo Heero viéndolo fijamente, para después voltear a ver a Quatre – bueno, aquí no hay mas que hacer. Recoge todo, nos vamos ahora mismo.
-- ¡QUEEE!
Heero se giró para ver el semblante del seminarista y su propio semblante hubiese cambiado, si no fuera porque él tenía tan bien controladas sus reacciones. Duo se veía desencajado, sumido en la sorpresa, la desesperación y la tristeza. Su rostro siempre lleno de luz, ahora se veía ensombrecido. Aquella sonrisa que le viera solo unos minutos antes, ahora había desaparecido por completo.
Sintió que algo dentro de su pecho se hacía pedazos al verle de esa forma. Quería abrazarle y decirle que no sufriera, porque el verle así le hacía sufrir a él también. Quería tomarlo entre sus brazos y besarle, mientras le prometía que iba a volver.
Pero en lugar de hacer una tontería como aquella, entró de nuevo al interior de la iglesia y se perdió entre la oscuridad del lugar. Huyendo de su propio sentir, de esa necesidad de volver a tomarle entre sus brazos, de tocarle y besarle.
"Soy un idiota al sentirme así"
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Relena llevaba metido el pie en el acelerador, corría a toda prisa por aquellas calles, pasándose semáforos, en amarillo y rojo, sin precaución. Pero lejos de estar preocupada por causar algún accidente o por verse involucrada en uno, iba riendo.
Su cuerpo presa de la adrenalina que le daba el ir conduciendo a tan alta velocidad, más la lujuria envolviéndole al haber protagonizado, minutos antes, una escena que para ella había sido como llegar al cielo; le había hecho elevar la temperatura y bajar el capote del auto convertible no le ayudaban a bajarla.
Aun se sentía transportada al cielo, flotando entre las nubes mientras recreaba en su memoria lo antes vivido.
Se había sentido presa del miedo al creer ver "al vampiro" acercándose a ella. Había gritado de terror, pero se dio cuenta que solo había sido una fantasía creada por su cabeza. Quien se había acercado a ella era ese hermoso, guapo, sexy y educado seminarista.
-- No me importa que sea del clero – dijo en voz baja mientras recorría todo, segundo a segundo, en su cabeza.
Había caído en medio de la inmundicia, llenándose de lodo, de basura y se había quebrado una uña y lastimado un dedo haciéndole sangrar. El chico se había arrodillado y sonreído, haciéndole latir el corazón como nunca antes, quizá se había sentido avergonzada de ser vista toda sucia, pero el chico le había ayudado a levantarse tomándole de la mano y al ver que sangraba él, había metido su dedo en su boca chapándolo con su lengua de una forma, que para ella, había sido de lo mas sensual. La había hecho sonrojar y su cuerpo se había calentado de una forma tan rápida que se encontró, como nunca, retirando su mano de forma rápida y alejándose del chico a toda prisa para entrar en su auto.
Aquella atención le había dejado en shock. Y en ese estado Quatre le había encontrado. Obviamente no le iba a decir al rubio lo que había hecho aquel seminarista con su dedo y como la había echo sentir a ella.
-- Si las cosas con Heero no funcionan, te robaré al clero, Hermoso y sexi seminarista. Solo tienes un pero, pero eso se arregla fácilmente – se dijo Relena soltando la carcajada y siguiendo su loca carrera hacía su casa.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Quatre abrió la puerta de su auto y metió la ultima parte de su equipo. Con la destrucción de su computadora, solo habían quedado algunas cámaras infrarrojas y su rifle de asalto. Generalmente no bajaba tantas cosas del auto, por eso no tardó tanto en guardarlas. A penas se podía imaginar que tuvieran que dejar ese trabajo. Esta sería la primera vez que Heero dejaría un caso sin resolver y seguramente se sentiría mal por ello.
Lo vio caminar por el pasillo que conducía de la sacristía a la salida, por un lado del recinto principal, con las manos en las bolsas del pantalón. No sabía si ya se había despedido de todos, él por lo menos, ya lo había hecho. Le había dolido mucho decirles adiós, porque él, al contrario de su jefe, si establecía lazos con aquellos con los que convivía y en la medida de lo posible, los visitaba después de terminado el trabajo. Sabía que Heero jamás volvía y siempre seguía las reglas del FBI en lo referente a los lazos afectivos con la gente de los casos con las que se involucraba.
No, Heero jamás regresaría a ésta iglesia ni a ésta gente.
Y lo más probable era que tampoco se despidiera de ellos, ya que no los consideraba sus amigos; si los llegaba a ver en la calle, tampoco les dirigiría el saludo. Reglas eran reglas y Heero sabía seguirlas, aun que, también podía romperlas.
Vio como Heero se acercaba a él, su auto estaba estacionado justo detrás suyo, así que abordo y espero que Heero saliera. Su jefe no le había dado ninguna orden, pero sabía que él iba a regresar a su oficina a terminar ese dichoso reporte. Así que iba a seguirlo para saber si podía ayudarle en algo.
Pero poco antes de salir de la iglesia le vio detenerse y girarse: Alguien le estaba hablando.
-- Agente Yuy – la voz cansada y rasposa del padre Roberts le hizo detenerse. No era su intención despedirse de ninguno de ellos, por eso les había sacado la vuelta. Pero el hombre mayor había sido amable con ellos y no quería hacerle ninguna grosería, así que se regreso – Le agradezco mucho lo que hizo por nosotros – dijo el hombre extendiendo la mano a Heero, este la tomo para estrecharla.
-- No pude hacer nada.
-- Claro que lo hizo. Se que si por usted fuera, no se iría de aquí. Pero su jefe le ha obligado. Le deseo lo mejor y cuando desee volver, aquí tendrá amigos y toda esta gente agradecida – dijo extendiendo la mano y mostrando a todos aquellos vagabundos que se habían ido acercando a él para despedirse.
Justo lo que no quería estaba sucediendo ahora. Aquellos hombres y mujeres que ocupaban el comedor de pobres, estaban ahora allí, rodeándole, dándole la mano, besándosela, abrazándole con lágrimas en los ojos, como si aquella despedida realmente les estuviera partiendo el corazón. De pronto se sintió como si él fuese uno más de los miembros de aquella congregación y al alejarse, todos sus feligreses le despidieran llorando.
Se alejó un poco dándoles las gracias, buscando con la mirada la verdadera persona de quien deseaba despedirse, pero no estaba allí. Solo aquel otro usando sotana, aquel chico rubio con la cicatriz en la cara. Sus ojos verdes le veían de forma extraña. No podía saber que pasaba por la cabeza de aquella persona al estarle observando de esa forma.
Erick se acercó hasta él y extendió la mano. Heero elevó la suya de forma lenta sin apartar su mirada cobalto de aquella otra verde. ¿A caso iba a agradecerle como el resto de aquellos hombres?
-- Que lástima que se vaya – aquello lo tomó por sorpresa ¿A caso era sarcasmo? Pero no parecía haber sido dicho en ese tono, parecía decirlo sinceramente. Si este era el asesino, ¿No sería mejor para él, que se fueran?
-- Me aseguraré de que la policía atrape a ese asesino – dijo Heero informándole que no se quedarían desprotegidos. Erick sonrió sin soltarle de la mano
-- Pero creo que todos preferíamos que fuera usted quien estuviera aquí y no la policía, sobre todo Duo – Heero se soltó en ese momento frunciendo el ceño.
Prefirió no decir nada, solo cabeceo en forma de saludo a todos los presentes y se dio la vuelta para alejarse de allí. Se sentía extraño, a sus espaldas estaba toda la gente con la que había convivido en esos meses, menos uno. Y hubiese preferido que fuera al revés. Que solo uno estuviese a sus espaldas. Pero quizá era mejor así.
Si, era mejor así. Se olvidaría de ese caso, se olvidaría de esa gente, se olvidaría de ese seminarista. Se olvidaría que alguna vez le vio rezando de forma tan ferviente, se olvidaría que alguna vez logro sorprenderle, se olvidaría de que alguna vez le atrajo, de que alguna vez le osculto de una forma insolente, de que alguna vez le abrazo a su cuerpo, de que más de una vez le beso...
Y entonces, poco antes de llegar a la salida, aquella imagen que tanto le atormentaba le salió al paso.
Lo que vio, de nuevo no le gusto nada, le hizo sentir que algo en su interior se quebraba. Él, él que siempre se considero de acero; alguien sumamente duro y difícil de conmover; ahora se sentía reblandecer por aquella mirada. Los ojos violetas de aquel chico, siempre tan llenos de vida, estaban cubiertos no solo por la oscuridad de la noche, si no, por la más cruda de las tristezas. Jamás, en todos sus años de experiencia, había visto la tristeza reflejada con tanto realismo en un rostro. ¿Sería porque esta era real?
-- Agente Yuy – dijo el seminarista acercándose hasta él.
Heero se sintió, como en aquella ocasión frente al asesino, petrificado, sin poderse mover, sintiendo que su corazón se aceleraba sin poderlo controlar. Quería ignorarlo e irse, dejar de sentirse como si lo estuviera abandonando. No eran nada, ni siquiera amigos. No tenía porque sentir la culpabilidad inundarle el cuerpo.
-- ¿Qué quiere? – dijo controlando todo lo que estaba sintiendo y articulando la pregunta con toda la frialdad que le fue posible.
-- Darle las gracias – dijo bajando la vista de forma dolida. Heero pudo sentirlo, sabía que su frialdad le estaba haciendo daño y de nuevo aquella necesidad de abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien, comenzó a nacer en él. Apretó los puños para evitar que su subconsciente le fuese a traicionar.
-- Ya lo hizo el padre Roberts. Espero que siga las recomendaciones de seguridad que les deje y si me disculpa – dijo metiendo los puños apretados de sus manos a las bolsas de los pantalones – aun tengo que terminar un reporte – dijo comenzando a caminar y pasando por un costado del chico. Pudo ver como Duo ni siquiera se movió o elevó la cabeza para verle alejarse. Permaneció así, hasta que ya no pudo verle más, entonces sintió un par de brazos sujetarle fuertemente por la espalda, deteniéndole.
Sus ojos se abrieron de forma enorme al sentir aquella calidez rodeándole por completo el cuerpo. El frió de la noche fácilmente podía ser remplazado por un abrigador abrazo como aquel. No quería retirarse, no quería dejar de sentir aquel dulce calor, aquel embriagante dolor al sentir su propio cuerpo reaccionar ante aquel otro cuerpo que le sujetaba.
Sacó sus manos como pudo y se soltó de aquella cálida prisión.
-- Lo siento, yo – dijo Duo bajando la vista sintiéndose ruborizar – Solo quería despedirme.
Heero elevó una de sus manos y colocando sus dedos sobre aquella blanca barbilla le hizo elevar el rostro para verle. Sus ojos violetas estaban cubiertos por las lágrimas ¿Por qué lloraba? ¿Realmente le dolía tanto el saber que se iba? Si era así, entonces ¿Este tampoco era el asesino? ¿Entonces, quien sería?
Una lágrima resbaló por aquella mejilla y el dedo de Heero se movió para borrarla. Pudo sentir la calidez de otra mano sujetar la suya. Fue como si una corriente eléctrica le golpeara fuertemente el cuerpo y le bloqueara por completo la mente, ya que se encontró de pronto haciendo cosas que no tenía permitido hacer.
Separó su mano de aquel rostro lloros para meterlo en la bolsa de su camisa y obtener una tarjeta de ella.
"¿Qué estoy haciendo?" – se preguntó al ver aquello que permanecía entre sus dedos – "Si este chico es el asesino, me estoy suicidado" – pero su mano se extendió dándole a Duo aquello que llevaba consigo.
-- Esta es mi dirección – escuchó su voz como si alguien más estuviera hablando – Aquí vienen el teléfono de mi casa – "!Maldición! ¿Qué estoy haciendo?" – los teléfonos directos de mi oficina en el FBI y mis celulares – "¿A caso quiero morir?, ¿En que momento mis sentidos se han dormido a tal grado que revelo información clasificada?" – el segundo – dijo apuntándolo con el dedo – es el que trae ahora Quatre.
Duo tomó la tarjeta entre sus manos y sonrió de forma amplia. Aquella sonrisa le hizo sentir mejor, pero su cuerpo y su mente seguía totalmente desconectados. Porque mientras su cabeza gritaba que se marchara de allí lo antes posible, su cuerpo se negaba a moverse y cuando por fin lo hizo, solo fue para abrazarlo a su cuerpo y susurrarle al oído unas palabras que jamás creyó pudieran salir de su boca.
-- Dejé esta vida y vengase conmigo –"No puedo estar diciendo esto"
-- ¡A... age... agente Yuy! – le escucho tartamudear, pero también sintió como un ligero temblor sacudió el cuerpo que estrechaba entre sus brazos, como si una corriente de frío le hubiese estremecido.
-- No le pido que se decida ahora, ya tiene mis datos, sabe donde y como localizarme. Solo piénselo – "¿A caso quiero que vaya a matarme?"
-- Yo... – dijo Duo separándose de él para verlo a los ojos – no tengo nada que pensar. Pertenezco a este lugar y es aquí donde me voy a quedar – Y al pronunciar esas ultimas palabras se separó por completo del cuerpo de Heero dando dos pasos hacía atrás.
Heero se sintió de pronto vacío, como si al separarse del cálido cuerpo del seminarista le hubiesen arrancado un trozo de su ser. Pero era algo que jamás daría a conocer. Pareciera que al ser pronunciadas aquellas palabras con tanta determinación, su cuerpo y su cabeza se hubiesen vuelto a unir, porque ahora su cuerpo respondía ante sus ordenes. Había mandado todo cuanto hubiese sentido hasta el fondo de su alma, cabeceo en acuerdo ante lo que escuchó y se dio la vuelta para marcharse.
Olvidaría todo lo que había pasado en ese caso una vez que terminara su reporte. Cerraría ese capituló en su vida y tomaría otro. Si, eso mismo iba a hacer.
-- Vámonos Quatre – dijo Heero de forma imperativa al ver al rubio parado delante de su auto. Seguramente al verlo regresar a la iglesia, se había bajado para esperarlo.
-- Si
Abrió la puerta del auto y arranco a toda velocidad para alejarse lo más que pudiera de esa presencia que le había hecho reaccionar como jamás lo creyó en su vida.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
El nuevo día había llegado de forma lenta a las oficinas del FBI. Darlian estaba impaciente porque llegara su mejor agente, pero este, aun no se dignaba a aparecer. Sabía que no estaba en el caso que recientemente le había quitado, ya que Heero siempre le obedecía. Así que no le quedaba más que esperar...
Heero bajó del auto de forma rápida. El sol estaba justo sobre su cabeza, no había llegado temprano a la oficina de forma deliberada, porque aun estaba muy molesto al tener que dejar un caso sin resolver. Llevaba el reporte completo del caso, bajo su brazo, dentro de un grueso fólder. Iba a entregárselo a su jefe, tal como se lo había pedido, pero si creía que iba a tomar otro caso, iba a llevarse una enrome sorpresa.
Había estado toda la noche meditando en lo que tenía que hacer y había tomado una decisión. Quizá para muchos dormir y pensar con claridad por la mañana les daba resultados, pero a él, le resultaba mejor no dormir, razonaba mas.
-- ¡Heero! – la voz de Quatre ni siquiera le detuvo. Iba determinado a hablar con el hombre de la última planta de aquel edificio – Heero, espera – dijo Quatre dándole alcance - ¿Qué vas a hacer? ¿Por qué me pediste que llegara a estas horas? – Quatre había esperado que Heero le permitiera ayudarle a elaborar el reporte durante la noche, pero su jefe lo había mandado a dormir y que esperara su llamada. Lo que nunca se imagino es que Heero le llamara durante la madrugada citándolo a esa hora.
-- Solo sígueme, me interesa que escuches lo que voy a decirle a Darlian – Quatre cabeceo en acuerdo y lo siguió.
Heero cabeceo en forma de saludo a todos los que se topaban en su camino. Ni siquiera uso el ascensor y decidió subir por las escaleras. Tenía buena condición y el ejercicio le ayudaba a tranquilizar su enojo. Quería decirle unas cuantas palabras a su jefe de forma tranquila.
Cuando llegó al piso donde estaba el comisionado, ni siquiera espero a que su secretaría le anunciara, pasó por enfrente de la chica y abrió la puerta.
-- Espere, agente Yuy, no puede pasar – pero Heero y Quatre ya estaban dentro. Darlian elevó la vista al escuchar la puerta y los gritos de la mujer y se topó de llenó con un par de ojos que le miraban de forma seria.
-- Esta bien, déjalos, los estaba esperando – le dijo a la contrariada secretaría, haciéndola salir con un ademán.
Heero dio un par de pasos hasta el escritorio del hombre, sacó el fólder y lo dejó caer pesadamente, haciendo que al golpear con la madera, éste hiciera mucho ruido.
Darlian le observo de forma seria, con el ceño fruncido. Si Heero estaba enojado, él lo estaba más. Habían perdido mucho tiempo en ese caso y no habían logrado nada.
-- ¡Siéntense! – pidió Darlian de forma severa, pero solo fue Quatre quien le hizo caso. Heero, en vez de sentarse, cruzó los brazos y frunció el ceño a su vez.
-- Quiero saber a que agente le va a dar mi caso – exigió – Y solicitó que se me mantenga informado de los avances.
-- No – sentenció Darlian de forma rotunda – Tú vas a hacerte cargo de otro caso y te olvidaras de este – dijo señalando el abultado reporte.
-- ¿Por qué? Después de que me a obligado a dejarlo, ahora tampoco puedo saber si han encontrado a ese asesino – masculló
-- No va a haber nadie que te informe – dijo Darlian, restándole importancia al asunto, sacando un sello del primer cajón del escritorio y estampándolo de forma sonora sobre la carátula del expediente
-- ¡Cerrado! – exclamo Quatre con asombro y volteando a ver a Heero. Su jefe había trabajado tanto en ese caso, que podía imaginar como se sentía.
-- Se lo van a dar a la policía – dijo Heero tratando de normalizar el tono de su voz, lográndolo apenas – Todo porque nada de lo que encontramos les parece suficiente.
-- Me alegra que lo entiendas Heero – dijo Darlian suspirando de forma aliviada. Ya se imaginaba tener que luchar más con él para convencerle de que abandonara, en definitiva, ese caso – No ha habido mas muertes y según tus propios informes, en es barrio suele haber muchos altercados, peleas entre pandillas, asaltos y hasta asesinatos. Suponemos que uno de esos mal vivientes fue quien atacó a Quatre.
-- No... – trató de protestar Quatre, pero la mano de Heero en su hombro le hizo callar.
-- Además – continuó al ver la reacción de Heero – has roto la regla principal en este trabajo – Quatre alzó las cejas y Heero las frunció mas – Has establecido lazos con esa gente.
Heero se acercó hasta la ventana ahumada de la oficina de su jefe para ver hacía el interior. Muchos otros agentes estaban sentados en sus lugares, trabajando en distintos casos, esforzándose al máximo por resolverlos y él... iba a abandonarlo.
Darlian seguía hablando sobre aquella regla, la regla de oro que manejaba su vida, y no podía menos que estar de acuerdo con él. Había establecido lazos afectivos con la gente de aquella iglesia, con el sacerdote, con los vagabundos, con los feligreses y sobre todo, con aquel seminarista.
"Con aquel seminarista"
-- Por eso te hice dejar el caso – termino Darlian haciendo que Heero se girara para verle de nuevo – lo regresaremos a la policía. Pero si de algo te sirve, estoy seguro que esa persona, "El vampiro", ya debe haberse ido de los alrededores.
-- Hn –solo dijo Heero, aun que él lo dudaba.
-- Así que voy a asignarte un nuevo caso – dijo el hombre sacando un nuevo expediente del escritorio – es...
-- Espere – dijo Heero parándose delante del escritorio apoyando ambas manos sobre este – no quiere un nuevo caso.
-- Pero Heero... – trató de protestar Darlian, pero Heero se le adelanto interrumpiéndolo.
-- No voy a tomar un nuevo caso, por lo menos no ahora – Darlian se sobresalto recargándose en su asiento y viéndole de forma fija.
-- ¿He? Entonces ¿Qué quieres? – preguntó cuando Heero guardó silencio por demasiado tiempo.
-- Quiero irme a Europa – Quatre abrió los ojos con sorpresa al escucharlo. Y Darlian se altero tan solo al imaginarlo.
--¿Qué? ¿Pero de que diablos estas hablando? No tenemos ningún caso que nos obligue a ir tan lejos. Ni siquiera algún seminario, platica o algo.
-- No estoy pidiendo irme de trabajo o de estudio.
-- ¿Entonces?
-- Quiero Vacaciones. Tres semanas, para ser exacto. Y voy a irme a Europa – dijo Heero mostrando una mueca en forma de sonrisa.
Después de todo, nadie podía negárselas. Tenía muchos años en el FBI y jamás se había tomado vacaciones. Así que, Darlian iba a darle vacaciones o él iba a tomárselas, esa era su decisión y nadie iba a poder hacerle cambiar de opinión.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Continuara
¡No tenía internet! :'(
