Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
WARNING: Este capitulo contiene un poco de Lime. Lean bajo su propio riesgo.
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
CAPITULO 11
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Era tarde, lo sabía, pero eso no importaba en lo absoluto. Tampoco le importaban las implicaciones de lo que estaba a punto de hacer. Sabía que era una locura, pero por lo menos, no estaría solo.
-- No tenías porque venir, Quatre – dijo Heero de forma seria viendo los ojos aqua del rubio.
-- Pero quise hacerlo Heero – aseguro mostrando la más encantadora de las sonrisas – Cuando Darlian me dio la opción de tomarme vacaciones igual que tú o asignarme otro jefe, no lo dude ni un instante.
-- Decidiste venirte a Europa conmigo – dijo Heero mostrando una mueca en forma de sonrisa
-- Por supuesto que si – dijo Quatre entusiasmado
-- ¿Te das cuenta de lo que esto significa? – dijo Heero un poco preocupado, pero al rubio no pareció importarle
-- Claro que lo se – aseguro
-- ¿Ya hablaste con Trowa? – La mirada de Quatre se ensombreció y bajo la vista hasta el suelo – Creo que no lo has hecho ¿Crees que no entenderá?
-- No supe como decírselo y preferí no hacerlo, por el momento.
-- Bueno, respeto tu deseo. Entonces...
Ring, ring, ring.
El ruido del celular de Quatre hizo que Heero se interrumpiera. Aun estaba usando uno de los de su jefe, ya que estaba de vacaciones, le repondrían el equipo dañado hasta que regresara al trabajo.
Quatre observo a Heero primero, esperando su permiso para responder la llamada, cuando Heero le indico que lo hiciera, tomo la llamada.
--¿Si? – cuestiono el rubio
-- ¿Quatre? ¿Por qué estas contestando tú el teléfono de Heero? – Quatre se extraño un poco, hasta que identifico la voz.
--Ha, señorita Relena. Lo que pasa es que Heero me dejo su celular cuando él mío fue dañado. ¿Puedo ayudarle en algo?
-- Bueno, que bien que te encontré a ti ya que ninguno de los teléfonos de Heero responde. Tu seguramente si sabes donde esta tu jefe, él siempre te dice todo. Dime a donde se fue de vacaciones.
-- ¿De vacaciones? No, yo no... – dijo poniéndose nervioso viendo fijamente aquella mirada cobalto que no dejaba entre ver nada
-- ¡Claro que lo sabes!, Tu siempre sabes donde esta Heero y que esta haciendo. Se que se fue de vacaciones por tres semanas, fue lo único que le pude sacar a mi padre, y quiero que me digas ¿A dónde se fue?
-- Yo no se a donde... – Heero levanto la mano pidiéndole el aparato al rubio y Quatre se lo entregó.
-- Relena... – la fría voz del agente hizo que la rubia guardara silencio de golpe.
-- ¡Heero! – dijo casi en un grito recuperando el habla – No quería interrumpir tus vacaciones, pero yo...
-- Relena – Heero le interrumpió – voy a tomar un avión rumbo a París en este momento. Voy a estar tres días allí, después salgo rumbo a España, enseguida a Alemania e Italia. Seguramente tu padre ya te dijo que estaré tres semanas fuera. Si quieres alcanzarme...
-- Si, si, si – dijo Relena a la carrera, interrumpiéndolo, temiendo quizá, que Heero se arrepintiera de sus últimas palabras – En este mismo momento salgo rumbo al aeropuerto, me compraré ropa allá. Espérame allí, si no te alcanzo, espérame en París.
-- ... – Heero colgó sin darle respuesta y le entregó el celular a Quatre. Seguramente Relena pensaría que iba pasando por alguna de las puertas de seguridad del aeropuerto y que la señal se había cortado.
-- ¿Por qué le dijiste eso, si no es verdad? – cuestiono el rubio viendo a Heero sin entender la enrome mentira que le había soltado a la rubia.
-- Porque así me la quito de encima por ese tiempo
Quatre soltó la carcajada ante la ocurrencia de su jefe. Ya se podía imaginar a Relena buscando a Heero en cuanto hotel se le pusiera en frente. Tres semanas no serían suficientes para registrar todos los hoteles en esas ciudades.
-- Pongámonos a trabajar, Quatre. Solo nosotros dos debemos de bastar para atrapar a ese asesino.
-- ¡Si jefe!
Heero puso el auto en marcha y metió el pie hasta el fondo para llegar a ese lugar lo antes posible.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Europa...
Claro, Europa cruz con Asía, justo el entre calles donde se encontraba la iglesia de St. James. Le había mentido a su jefe, le había mentido a sus compañeros, a Relena y a todo el mundo – Yo jamás dejo un caso sin resolver – por eso había solicitado vacaciones.
Si, lo había decidido, iba a atrapar a ese asesino en un plazo máximo de tres semanas y para ello tenía a dos sospechosos con un porcentaje diferente de posibilidad, pero porcentaje al fin y al cabo.
Había estado toda la noche planeando lo que iba a hacer y por la mañana, ya lo tenía casi todo listo. Una vez que salió del FBI, telefoneo al padre Roberts para informarle de su salida del país. Sabía que estaba mintiendo, pero también sabía que el hombre se lo comunicaría a sus dos sospechosos. Esperaba con ansias que el asesino se confiara lo suficiente como para cometer ese error que tanto buscaba y pudiera atraparlo.
Sin embargo, había pasado poco más de una semana de vigilancia continua y aun nada ocurría. Mientras él se escurría por la misma ventana que permanecía abierta, Quatre vigilaba por fuera. Siempre llevaban sus armas cargadas y debían mantenerse comunicados en todo momento. Heero sabía que Quatre estaba en peligro y él también; ambos habían visto al asesino y ambos podrían ser atacados por este en cualquier momento. No iban a contar con refuerzos ni con más gente que les ayudara a perseguir a ningún sospechoso. Si iban a llamar al FBI, la policía o quien fuera, tenían que tener identificado al asesino.
El interior de la iglesia estaba tan oscuro como siempre, ni las velas o la pequeña lamparilla que alumbraba a los santos lograba iluminar el lugar por donde pasaba. Pero él no necesitaba luces, conocía el interior del recinto como si esta fuese su casa, no en balde había estado tanto tiempo trabajando en el lugar y su memoria fotográfica le facilitaba mucho el trabajo de identificación nocturno. Además, las cosas en ese sitio no cambiaban nuca. La misma alfombra raída al centro del pasillo principal, la misma banca rota al frente del enorme cristo que adornaba el centro, aquel reclinatorio mal puesto. Nada cambiaba, ni siquiera la escoba que descansaba en la pared derecha, a un costado de la salida a la sacristía. Quizá esta vez había un solo cambio, olía un poco a aceite. Era posible que hubiesen limpiado la madera de las bancas o los santos. Y no se equivocaba, ya que un enrome garrafón con ese liquido permanecía recargado a un lado de la banca frente a la salida, aun con el trapo sobre ella.
Salió a la oscuridad de aquel pasillo, después de haber verificado que en el interior de la iglesia no había nadie. Camino de forma lenta, mirando para todos lados, esperando no ver a nadie, como todo el resto de la semana había sucedido. La gente del comedor de pobres se retiraba a dormir en punto de las 10 pm. Ni el padre Roberts ni el seminarista Maxwell o Erick el vagabundo, daban algún rondín al comedor, que era donde todos esos vagabundos dormían. Los platos de la cena solían lavarse muy temprano, para evitar tener que retirarse demasiado noche. El padre Roberts dormía solo, con la puerta cerrada y el seminarista Maxwell hacía lo mismo. Si alguien tenía que salir al baño, tenía que hacerlo acompañado, nunca deberían salir solos del comedor. Las puertas deberían ser cerradas a las 10 pm y no se debía dejar entrar o salir a nadie después de esa hora. Todas esas recomendaciones se las había dejado Heero antes de irse y al parecer eran seguidas al pie de la letra. Ya que en esos 10 días que había estado vigilando, no había visto a nadie después de esas horas.
Aun así, caminaba alerta, recorriendo con la mirada cada rincón. Sabía que debía llevar lentes infrarrojos, pero le limitaban el espacio y si el asesino se escondía detrás de él, no iba a poder verle lo suficientemente rápido como para reaccionar a tiempo.
Llegó hasta aquel pasillo, el que conducía hacía los claustros. Podía caminar y llegar hasta el comedor, donde estaban los vagabundos, pero hasta hoy, sus pasos por ese pasillo le habían llevado cada noche hasta ese claustro, aquel que se encontraba casi al final del corredor y que aun permanecía con la chapa rota.
El claustro del seminarista Maxwell...
Desde aquella primera noche que llego a St. James, después de que había sido obligado a dejar el caso, le había estado vigilando muy de cerca. Tanto a él, como a Erick, pero sus ojos estaban mas centrados en ese chico, en lo triste que se veía. Desde que le conocía le había visto sonreírles a todos, se dirigía con alegría a la gente y parecía ser la luz en medio de la oscuridad de aquella iglesia. Pero ahora, aquella luz se extinguía como se extingue la luz de una vela.
Había visto como las ojeras se empeñaban en aparecer bajo aquellos ojos violetas haciendo que se viera enfermo. No quería admitirse a si mismo, que estaba algo preocupado por la salud del chico. Y como no iba a estar cansado y ojeroso, si cada noche que llegaba hasta el claustro, podía escucharlo rezar de forma ferviente hasta muy entada la noche.
Ojalá pudiera saber que tanto pedía en sus rezos, pero nunca permanecía el tiempo suficiente como para escucharlo pedir por algo. Solo se aseguraba de que estuviera bien y una vez que lo había hecho, continuaba con su recorrido, para después regresar sobre sus pasos de nuevo hasta ese claustro y volver a escuchar detrás de la puerta como las plegarías de aquel chico parecían no querer terminar.
Muchas veces se recriminó a si mismo por regresar sobre sus pasos cuando debería irse. Por no poder reprimir la necesidad de tan siquiera escucharle. Tenía que hacer acopio de toda la fuerza de voluntad de la que poseía para no empujar aquella puerta y entrar a verle, a hablarle, a tocarle, a besarle...
¡Maldición!
Esta era una maldita tortura diaria.
Al final terminaba yéndose, escuchando aun aquellos murmullos procedentes de sus labios. Mandando al fondo de su ser, cualquier pensamiento o intención de entrar a esa habitación.
Y esa había sido su rutina hasta el día de hoy. Solo mirarle, escucharle y jamás acercarse a él. Necesitaba atrapar al asesino para alejarse de allí, para dejar de torturarse con esa cercanía. Pero hasta hoy no había encontrado nada. Ningún error, ninguna señal, nada. Era como si realmente ese asesino se hubiese ido de allí. Sin embargo, si sexto sentido le decía que él aun seguía allí.
¿Alguna vez, alguna noche, ese asesino cometería el error que tanto buscaba para poder largarse de ese lugar?
Ya no lo soportaba, no soportaba ver a ese chico tan triste, vagando por la iglesia sin ánimos, sin aquella alegría que tanto contagiaba a los demás. No le sorprendería enterarse que la disminución de la asistencia en las misas se debía a la apatía del seminarista Maxwell y no a que la gente se sentía insegura sin ver a la policía en el lugar.
Como le gustaría poder ir a preguntarle porque ya no sonreía. Pero no iba a delatarse ante uno de sus sospechosos, ante aquel que podía desarmarle con esos ojos violetas. El único que había hecho de él lo que ningún criminal jamás había podido hacer.
Y sin embargo, sus pasos se detuvieron frente a aquella puerta con la chapa rota. Y lo que escucho de forma clara, le hizo acelerar el corazón como pocas veces le había sucedido con persona alguna. Apretó los puños dispuesto a tocar a la puerta, pero apunto de azotar sus nudillos contra la madera, decidió mejor darse la vuelta y alejarse de ese lugar.
Si no lo hacía ahora, si no huía de esas palabras, era probable que olvidara quien era y donde estaba para cometer un crimen en contra de ese seminarista.
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Quatre se sintió cómodo, cálido y una suave sensación de paz le inundo. Tenía los ojos cerrados y dejó que una sonrisa asomara a su rostro. ¿Por qué se había sentido tan temeroso? ¿Por qué? ¿Por qué?
Abrió los ojos de forma rápida al tiempo en que su mano se deslizó debajo de la almohada llegando hasta su pistola. La empuño de forma rápida y poniéndose de pie sobre la cama la apuntó contra aquella criatura: "El Vampiro"
Sabía que no debía haberse dormido, sabía que tenía que mantenerse despierto para esperar a que aquella criatura le buscara en su departamento, pero al parecer el sueño le había vencido y había terminado tendido en su cama.
El miedo al ver aquellos ojos rojos le invadió de nuevo. Los terribles dientes asomándose en la comisura de aquellos labios le hizo helar la sangre y comenzó a temblar. Quería gritar, quería moverse, quería apretar el gatillo, pero estaba petrificado de horror. Las lagrimas comenzaron a asomar a sus ojos y a escurrirse como cascadas por sus mejillas.
Iba a morir...
Su corazón se acelero hasta casi estallarle mientras sus lagrimas no dejaron de caer por sus mejillas. Pudo ver, a través de su llanto, que aquella criatura comenzó a acercarse hasta él. ¡IBA A MATARLE!, ¡A MATARLE!
Trowa... ¡Trowa!... ¡TROWA¡
El nombre de su amado por fin escapó de su boca y no dejó de gritar y gritar hasta que logró que con sus gritos aquella horrenda criatura comenzara a retroceder.
¡Trowa!
Sus gritos fueron aminorando y de nuevo regresaron sus movimientos a su cuerpo. Su corazón seguía latiendo a toda prisa, pero ya no tenía miedo. Comenzó a parpadear limpiándose las lagrimas de su rostro y entonces... despertó.
Estaba sentado en su auto, frente a aquella iglesia, era de noche y había dormitado un poco teniendo aquella ¿pesadilla? No. Ya no una pesadilla. Desde que Trowa llegó a su departamento aquel día y le sorprendió entrando de sorpresa, aquel miedo había desaparecido y se había dado cuenta, gracias a Trowa, que todo estaba en su cabeza. Heero, su jefe, afirmaba que aquel a quien apodaban "El Vampiro" era un humano y un humano no podía trepar las paredes para subir hasta su habitación, además, para averiguar su dirección, tendría que haberle seguido, ya que todos sus datos estaban muy bien resguardados en las oficinas generales del FBI y seguirle, cielos, seguirle sería de los mas complicado ya que siempre se aseguraba de dar muchas vueltas antes de llegar a su casa, algo que había aprendido en su entrenamiento como agente. Mientras estaba en un caso, antes de llegar a su hogar, debería asegurarse de no ser seguido, pero esa era una rutina que había adoptado de diario y no solo por caso.
Trowa...
Solo de pensar en su forense no podía evitar en reír. Quizá aquel sueño en el que se veía despertándose de golpe y tomando su arma bajo la almohada había sido un fragmento de realidad mezclado con fantasía, ya que, cuando había perdido el sentido en brazos de Trowa, aquel día, había despertado en cuanto se sintió en la cama, tomo el arma que estaba bajo la almohada y le apuntó a quien creyó, por un instante, era el vampiro. Pero era Trowa...
-- Quatre, soy yo, baja el arma –la voz de Trowa le hizo despertar de su sueño y bajó el arma como si esta fuese de plomo.
-- ¿Trowa? ¿Cómo? ¿Tu? ¿Tu? – había comenzado a tartamudear al sentirse confundido y emocionado. Sus piernas se doblaron y cayó hincado sin dejar de ver aquella mirada esmeralda. Trowa le sonrió y se acercó a él para abrazarle a su cuerpo.
-- Me tenías preocupado, te estuve llamando toda la noche y al no poder comunicarme fui a buscarte a la iglesia primero, luego al FBI y Heero me contó. Fue él quien me dio tu dirección.
-- Pe... ¿Pero como entraste?
-- Nunca debes dejar la llave, ni bajo el tapete de bienvenida, ni sobre el dintel de la puerta. Cualquiera puede encontrarla.
-- Oh – Quatre había comenzado a reírse a carcajadas. Él, un agente del FBI, entrenado en las mejores técnicas de seguridad, no había podido mantener su puerta cerrada. Constantemente dejaba su llave bajo el tapete, por si se le llegaban a perder sus llaves. Conseguir un cerrajero en aquella zona era muy difícil, y como siempre llegaba a deshoras y muerto de cansancio, le pareció el lugar mas seguro.
Su sonrisa reflejaba felicidad y una completa ensoñación, que al escuchar los golpes al vidrio de su auto se sobresalto apuntando el arma con cierto miedo. Pero aquellos ojos verdes viéndole con cierta burla le hicieron sobreponerse de inmediato para bajar del auto y quedar de frente a ese chico que tanto le volvía loco.
-- Sigues creyendo que soy el vampiro – afirmo el moreno de ojos verdes mostrando una enorme sonrisa haciendo que Quatre sintiera cosquillas en todo el cuerpo al verle.
-- Lo siento Trowa, yo... yo... – dijo sintiéndose sonrojado al verse descubierto. No cabía duda que estar en aquel sitio, a solas y en plena noche le hacía sentir temor.
-- No te preocupes – le dijo poniendo su dedo índice en los sonrosados labios del rubio – yo también estaría en alerta de estar en tu lugar. Lo que no comprendo es ¿por qué no me dijiste que estabas aquí? Durante todo este tiempo nos hemos visto poco. Tenía ganas de verte esta noche, así que llamé a la oficina del FBI y me dijeron que estabas de vacaciones. ¿Por qué no me lo dijiste? - dijo Trowa haciendo que Quatre se sorprendiera - Y seguramente aquí también esta tu jefe,¿cierto?
Los ojos de Quatre se abrieron de forma enorme al verse atrapado. Sabía que tenía que haberle dicho lo que planeaba, incluso Heero entendía que le dijera, pero él no había tenido el valor para informarle que se iba a arriesgar de nuevo y esta vez no habría refuerzos que pudieran apoyarles.
Bajó la vista de forma apenada, sin saber que decirle, sintiéndose avergonzado. Seguramente Trowa pensaría que no le tenía la suficiente confianza y quizá que no le amaba lo suficiente. Sus lagrimas amenazaban con derramarse de sus ojos, cuando sintió el contacto tibio de aquellos dedos morenos posarse sobre su barbilla para obligarle a verle.
Su corazón se deboco en su pecho al sentir aquellos labios fríos, debido al clima nocturno, posarse sobre los suyos haciéndole entrar en calor de forma inmediata y contradictoria. Haciéndole sentir electricidad por todo su cuerpo y obligándole a sostenerse de aquellos brazos que se posaban sobre sus hombros.
Dejó que aquella boca le guiara y cerro los ojos abandonándose a la calidez de aquel otro cuerpo que parecía amoldarse a su cuerpo de forma perfecta. Se sintió llevado a las nubes y flotar en el cielo.
Cuando abrió los ojos, al sentir de nuevo los pies en la tierra, vio aquella mirada esmeralda posada en sus ojos aqua. Sonrió al haber olvidado el motivo de su turbación anterior, pero fue Trowa quien le regreso de nuevo a la realidad.
-- Voy a acompañarte – anunció haciéndole abrir mucho los ojos.
-- No – dijo a la carrera alejándose de él. Si el asesino aparecía podría herirlo y dios no lo quisiera, hasta matarlo y eso jamás iba a perdonárselo. Él era un agente destinado a estar en el campo, Trowa era un forense, él jamás correría el riesgo de morir si se presentaba una situación – No Trowa, por favor, debes irte – dijo Quatre tratando de convencerlo de retirarse – yo iré a buscarte mañana a tu departamento, pero esta noche debo estar solo. Por favor, entiéndeme – dijo al ver que Trowa negaba con la cabeza
-- Voy a quedarme. Se que al pedirme que me vaya solo estas tratando de protegerme y te lo agradezco, pero no lo necesito – dijo tomando las manos del rubio – quiero estar contigo en esto, incluso, al enterarme que pediste vacaciones, he hecho lo mismo. Tuve el presentimiento de que estarías aquí y fue a donde primero vine.
-- Trowa – dijo Quatre sintiéndose emocionado, ya que estaba aprendiendo a conocerlo demasiado bien.
-- Si quieres le pido permiso a tu jefe para quedarme a hacer la guardia contigo – Quatre abrió mucho los ojos – No me lo impidas, entiende que quiero estar contigo en todo momento, las buenas y las malas. ¿Me lo permitirás?
Las lagrimas que Quatre estaba conteniendo comenzaron a derramarse en ese momento y se soltó de las manos de Trowa para abrazarse a él. Sentía su corazón en la garganta y todo su cuerpo temblaba. Jamás había escuchado palabras mas hermosas dirigidas a él.
-- Si Trowa, si quiero – dijo el rubio sintiendo como los brazos de Trowa se cerraban con fuerza sobre su cuerpo correspondiendo al abrazo que le estaba dando.
"Esto mas que una petición para quedarse" – pensó Quatre – "sonaba como una declaración de amor".
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El viento frío de la noche se colaba a través de la pequeña ventana que estaba en la parte alta del claustro. La luz de una única vela era lo que iluminaba el interior. La voz susurrante de aquella persona, era lo que inundaba por completo el solitario lugar. Una cama y una sola silla recargada en la puerta para evitar que alguien la abriera desde afuera, era lo único que acompañaba aquella soledad.
Duo estaba hincado frente a la cama, rezando como cada noche de forma ferviente. Susurraba sus plegarías sintiéndose agobiado, derrotado y sumamente cansado. Tenía días de sentirse así y cada noche rezaba hasta quedarse dormido. Pero esta noche en particular, el sueño no acudía a él y los rezos no lograban calmar esa opresión que sentía en el pecho. Estaba triste y no lograba darse los ánimos necesarios para sonreír. La sola idea de verse feliz ante los demás le daban ganas de llorar.
No sabía identificar desde cuando se sentía así. Solo sabía que era una sensación extraña que jamás había sentido y que no sabía como aliviar. Era como estar enfermo, ya que no dormía y no comía bien. Pero no había medicina que pudiera curarle o aliviarle en algo. Todos lo notaban, todos en esa iglesia sabían que algo le estaba pasando, pero nadie le decía nada. Quizá temían ofenderle o recordarle aquello que le causaba dolor.
-- ¿Qué es lo que me pasa? – se dijo en voz alta, sintiendo que un temblor inundaba su cuerpo haciéndole sacudirse, mientras por sus mejillas un par de lágrimas comenzaban a resbalar - ¿Por qué estoy llorando? – se dijo limpiando aquellas gotas saladas con la manga de su sotana, para después poner una mano en su pecho sintiendo aquella opresión cada vez más fuerte - ¿Qué es este dolor? ¿Por qué me siento tan vacío, como si me hubiesen arrancado el corazón? ¡Duele! – dijo en un grito tocándose el pecho - ¡Duele mucho! Es un dolor insoportable que no me ha dejado comer, ni dormir en estos días ¿Por qué? No lo entiendo – dijo, viendo de nuevo aquella imagen que estaba colgada en la pared - ¡Dios mío!, dame una señal para identificar este padecimiento, para poder tomar la dirección correcta. ¿Dime que debo hacer, porque mi cabeza no deja de pensar en aquella persona, en aquellas palabras, en aquellos ojos, en aquellos besos? – tomó entre sus manos la cabeza mientras sollozaba - Yo se que no debo pensar en eso, pero no puedo evitarlo. Ya no soy dueño de mis pensamientos... – dijo secando sus lágrimas de nuevo - ¡Dame una señal! ¡Por favor!, te lo suplico, sácame de este sufrimiento.
Los golpes a la puerta le distrajeron y giró la cabeza para ver hacía la puerta. Vio la silla que impedía que alguien entrara, el agente Yuy le había pedido que la mantuviera así y había seguido su consejo para mantener su puerta cerrada desde entonces. Así que se levanto de donde estaba, secó sus lágrimas de nuevo con la manga de su sotana y caminó hasta la puerta retirando la silla y abriendo.
Sus ojos se abrieron de forma enorme al verlo parado delante de su puerta, su rostro se iluminó como si el sol se reflejara en él y por el impulso que da la felicidad lo abrazó fuertemente pasando sus manos por la amplia espalda.
-- ¡Agente Yuy! – dijo ahogando un gemido acomodando su rostro contra su pecho.
-- ... – Heero no supo como reaccionar en aquel momento, solo se quedo parado con aquel cuerpo pegado al suyo, sintiendo su calor y tratando de controlarse a si mismo para no responder a aquel abrazo y a aquellas palabras dichas cuando se encontraba rezando. Había perdido contra si mismo y había regresado sobre sus pasos para tocar a esa puerta y recibir semejante bienvenida. Su cuerpo se había movido solo. No pudo detenerlo, por más que su cerebro gritaba que se detuviera, este no lo había hecho.
-- Estoy tan feliz – dijo el seminarista apretándolo fuertemente haciendo que el corazón de Heero se fuera hasta la garganta sin poder evitarlo.
Él, él, que siempre podía controlarse ante todo acontecimiento, ante cualquier persona y provocación, no podía controlarse cuando estaba frente a este chico. Y mucho menos cuando lo tocaba, cuando podía sentir el calor de su piel y el olor de su cabello. Ya lo sabía, lo había descubierto hacía relativamente poco tiempo, pero al sentirlo así, pegado a su cuerpo, su auto control, su lucidez, su pensamiento racional y su mente siempre analítica podían irse al carajo...
Un temblor comenzó a invadirle el cuerpo y apretó los puños sintiéndose indefenso, presa de algo que no sabía descifrar.
"No lo haga" - se dijo sintiendo ese temblor recorrerle desde la punta de los pies hasta la cabeza – "no me abrace de esa forma, no me deje sentir su calor, oler su aroma. No lo haga" – se dijo cerrando los ojos – "No me apriete mas a su cuerpo porque me será imposible controlar por mas tiempo el mío"
No quería responder a aquel abrazo, pero sin poder controlar sus reacciones por mas tiempo y sintiendo que sus pensamientos racionales le abandonaban por completo, sus brazos se cerraron sobre aquel delgado cuerpo, correspondiendo a aquel otro dado.
-- Creí que no volvería a verle – dijo Duo sin soltarle de aquel cálido abrazo, sintiendo el calor que la piel del agente le transmitía – En cuanto el padre Roberts nos dijo que se iba a Europa, llamé al cuartel del FBI solo para corroborarlo y cuando me confirmaron lo que ya sabía me dieron ganas de llorar – aquella confesión le hizo abrazarle mas a su cuerpo, dejando que sus manos comenzaran a recorrer aquella espalda de forma lenta, tratando de transmitirle tranquilidad, una tranquilidad que él estaba muy lejos de sentir – Apenas puedo creer que realmente usted este aquí – dijo el seminarista levantando el rostro para verle con la mas amplia de las sonrisas – No esperaba que regresara tan pronto de sus vacaciones, creí, por un momento, que se olvidaría para siempre de nosotros. Pero algo muy dentro de mi me decía que usted iba a volver, por eso, cada noche, dejó abierta esa ventana, la misma que usted usaba cuando se colaba para vigilar de cerca esta iglesia ¿Fue por allí por donde se coló esta noche? – Pero Heero había dejado de escucharle por verse inmerso en aquellos labios sonrosados y tentadores que se abrían y cerraban por la acción de su dueño. Podía ver el brillo en aquellos ojos violetas y su reflejo le dejo momentáneamente en shock, lo que veía en aquellos ojos le fue difícil de identificar. ¿Por qué se veía de esa forma? ¿Por qué parecía estar contemplándolo de forma soñadora? ¿Cómo si él fuese una estrella de cine o algún santo?
Sintió que su cuerpo se movía solo de nuevo, acercándose poco a poco a aquellos labios que sonreían, como hacía mucho tiempo no le veía sonreír. Pudo ver esa mirada fija en sus ojos, dejándole acercarse sin retirarse, sin moverse ni un ápice, apretando con fuerza la tela de su saco.
-- ¿Agente Yuy? – cuestiono el chico viéndole fijamente, pero al no obtener respuesta de Heero volvió a cuestionarle - ¿Ocurre algo? ¿Por qué me ve de esa forma? – solo le veía, pero no respondía a sus cuestiones. Trató de separarse de aquel abrazo en el que él mismo se había puesto, pero no pudo moverse – Agen...
Y entonces, sin avisar, Heero dejó que sus labios avanzaran acortando la distancia entre ambos, cerrándose sobre aquellos otros levantados hacía él por estar viéndole a los ojos. No pensaba, solo dejó que su cuerpo se moviera y actuara por si solo.
Duo sintió como si un rayo le tocara la boca y le electrificara por completo el cuerpo haciéndole abrir los ojos sobremanera. Pero no pudo moverse, solo su corazón latiendo a toda prisa se daba el lujo de latir. No lo previó, no lo esperó, pero muy dentro de si, lo deseaba. ¡Pero estaba mal!, muy mal... por eso se dio prisa en tratar de soltarse sin lograrlo.
Heero apretó mas aquel cuerpo delgado al suyo, podía sentir que forcejeaba, pero entre más trataba de apartarlo, mas le apretaba. La electricidad que recorría su piel, a cada minuto se incrementaba.
Duo forcejeaba, pero aquellos brazos parecían acero sólido y entre mas trataba de alejarse, más cerca se encontraba de él. De ese agente que se empeñaba en aparecer en su cabeza más que los propios rezos. Por más intentos que hacía por apartarlo de su mente, más aparecía en ella. No sabía porque, y entre mas intentaba alejar los recuerdos de sus besos, estos se empeñaban en aparecer más en su memoria; torturándole, quemándole, haciéndole desearlos como nunca antes. Era como ser presa de una droga y no poder dejarla.
¿Pero no podía o no quería?
En esos momentos su mente no quería reaccionar, solo su cuerpo parecía querer hacerlo, porque estaba temblando, tal como lo dijese el agente antes de irse. Sentía calor y algo que jamás había sentido revoloteaba en su estomago haciéndole cosquillas, pero lejos de causarle risa, estaba apunto de llorar; porque había una emoción creciendo en su pecho y llenándole de algo indescriptible, algo que le hacía sentirse lleno, protegido y querido. Pero a la vez le asustaba y le causaba dolor.
¿Era esto amor?
¿Esto era el amor?
¿Entonces no estaba mal lo que estaba haciendo?
¿Era esta la señal que tanto estaba pidiendo?
¿Eran los besos del agente Yuy la señal que le estaba mandando?
¿Y si así era, entonces porque negarse?
¿Por qué? ¿Por qué?
Heero entonces lo sintió, la boca del seminarista, antes cerrada, comenzó a abrirse de forma lenta dándole libre acceso a su lengua, dejando que le acariciara primero despacio, para poco a poco ir incrementando sus movimientos dentro de ella tentando y saboreando con gusto aquel exquisito sabor, embriagándose con el.
Esta vez sentía los brazos del seminarista sujetarle con fuerza de la espalda, profundizando aquel beso. Sus manos dejaron de apresarle para comenzar a masajear su espalda, tal como le hacía antes, amoldándolo, dejando que sus cuerpos fueran los que comunicaran aquellas nuevas sensaciones.
Se separó de la boca del seminarista cuando le hizo falta el aire, podía escucharlo jadear y al elevar la vista, pudo ver su rostro sonrojado y sus pupilas dilatadas, además de ver sus lagrimas derramarse por sus mejillas. Se veía hermoso, tentador, así que volvió a tomarle por la nuca para repetir el beso, pero en esta ocasión no encontró resistencia alguna, al contrario, se vio arrastrado por unos brazos delgados, pero fuertes, tomando posesión de su boca y por completo de sus sentidos. Su cuerpo reaccionó como jamás lo había hecho, el fuego le consumía por dentro y algo en su entre pierna comenzó a palpitar. Había estado manteniendo el control hasta donde pudo, pero el arrebato del seminarista le arrancó la poca cordura que le quedaba.
La ropa era estorbosa y el calor le sofocaba, así que retiro su saco como pudo arrancando el porta armas también y dejó que sus manos fueran deslizándose por la ropa del chico de forma lenta, tocando cada punto de aquella espalda, levantando la sotana hasta la mitad para poder sacar la camisa negra del pantalón y poder recorrer con entera libertad aquella blanca y suave piel. Un gemido escapo de la boca de Duo al sentir aquella caricia haciéndole acelerar la respiración aun más.
Separó sus labios de su boca para poder deslizarlos por su cuello, dejando arrastrar su lengua por el, arrancando con los dientes aquella muda barrera blanca que se interponía siempre entre ellos.
Sin el alza cuellos en el camino, las cosas podían salírsele de control demasiado pronto. Pero en esos momentos la cordura no parecía tener cabida en ninguno de los dos.
Abrió los ojos deteniéndose por completo ya que un pequeño atisbo de lucidez llego hasta su cabeza al darse cuenta de lo que hacía con el chico, con uno de los sospechosos, con un futuro sacerdote.
¿Pero que estaba haciendo? – se pregunto - Este chico pertenecía al clero y él le estaba profanando al comportarse de la forma en la que lo hacía. Pero aun que su cabeza lo sabía, su cuerpo parecía no reaccionar a sus cuestionamientos.
Todo se estaba saliendo de las manos. Además, ¿Quién estaba respondiendo a sus besos y caricias? ¿El seminarista? O ¿El asesino? ¿Cuál de las personalidades del seminarista era la que estaba con él en esos momentos? Si era el asesino, debería darse por muerto.
Pero estaba muy lejos de importarle.
-- No – susurro el chico al darse cuenta que era depositado sobre su cama de forma lenta , pero era una negativa demasiado suave, tentadora, era como si le estuviera pidiendo que continuara en lugar de detenerse – No – volvió a escuchar, pero esta vez una mano se interpuso entre sus labios y la piel de aquel cuello tan exquisito. Pero no se detuvo, metió dos de aquellos dedos en su boca y comenzó a chuparlos, metiéndolos en su boca y sacándolos; primero de forma lenta haciendo que del chico escaparan algunos gemidos de sorpresa, para después comenzar a meterlos y sacarlos de forma más rápida – no – dijo de nuevo empujándolo de su cuerpo – deténgase – imploro apretando los ojos, pero abriéndolos al instante al sentir la mano de Heero posarse sobre su miembro y haciéndolo reaccionar como jamás creyó que pudiera pasar - ¡NO! – gritó de forma fuerte despegando aquella mano de su cuerpo.
-- ¿Por qué no? – cuestiono Heero de forma sensual acercando su cuerpo al del seminarista, haciéndole sentir su propia excitación despierta, haciendo que su cuerpo quemara ante la intimidad.
-- ¡Basta! – murmuro en un jadeo - basta
-- No, ¿Por qué no se deja arrastra conmigo hacía el pecado? Sabe que lo desea, su cuerpo lo esta gritando – Duo abrió los ojos sobremanera y empujó como pudo el cuerpo que estaba casi sobre él.
-- ¡No entiende!, ¡no entiende!, ¡esto esta mal!, ¡muy mal! – dijo casi gritando parándose para quedar de frente al agente.
-- ¿Cómo puede estar mal? No puede negarme que siente lo mismo que yo, que reacciona al igual que yo, que quiere lo mismo que yo – dijo Heero parándose al igual que él, acercándose a ese chico con cada afirmación, para tomarlo entre sus brazos de nuevo y tratar de besarle, pero Duo volteo el rostro antes de que este pudiera lograrlo.
-- No, no, eso es lo que esta mal – dijo tratando de forcejear con él sin poder lograrlo - ¡Déjeme ir!, usted solo esta tentándome, es el diablo que quiere que claudique – dijo Duo soltándose de aquel agarre y retrocediendo sin querer verlo a la cara.
Heero se sintió molesto por esas palabras y camino de nuevo para cercarlo contra la pared con su cuerpo. Quería que le mirara, que le viera a los ojos y repitiera lo que había dicho, pero al no hacerlo voluntariamente, lo tomo fuertemente por el mentón y le obligo a mirarle.
-- Oh, no, yo no soy el diablo, usted lo es. Yo jamás había reaccionado a nada, ¿lo entiende? – Duo abrió mucho los ojos - Y ahora, cuando usted esta cerca, solo tiene que mirarme para que yo caiga en ese hechizo que son sus pupilas. ¿Eso es normal? – cuestiono, pero no esperó respuesta - Por supuesto que no es normal. Yo soy un científico un escéptico por naturaleza y desde que usted apareció en mi vida no he hecho más que creer en tonterías de vampiros y apariciones fantasiosas, cuando solo debería creer en los hechos y aquello que vean mis ojos y pueda ser probado por la ciencia.
-- Yo no soy culpable de sus debilidades – dijo en forma de reproche el seminarista
-- Se equivoca seminarista Maxwell. Usted y solo usted es culpable de todo esto.
-- ¿Por qué yo? ¿Qué hice para que me crea culpable de la debilidad de sus creencias?
-- Mirarme con esos ojos que transmiten pureza. Hechizarme con cada palabra que salía de su boca y se transformaba en un reto, en un sarcasmo o un regaño disfrazado de verdad. Usted es el único que ha logrado traspasar mis barreras sin ni siquiera proponérselo.
-- Nunca fue mi intención
-- Una buena parte de las pruebas le acusan a usted de ser ese asesino que tanto busco. Y sin embrago yo... – Heero le observo sin poder completar la frase, en lugar de eso, asaltó de nuevo esos labios que tan tentadores se apretaban en forma de puchero.
Heero lo empujó contra la pared, cercándolo con su cuerpo, evitando con sus brazos cualquier posible salida. Sus labios se movían de forma ruda sobre aquellos otros que no parecían moverse, pero que sin embargo respondían, de forma tímida quizá, pero lo hacían. Saboreaba con rudeza el interior de la boca de Duo, quería castigarlo por lo que sentía, por lo que le hacía, por creerlo culpable, por no encontrar al asesino, por la frustración de haber tenido que dejar el caso... por todo...
Pero el seminarista no era culpable, el culpable solo era él mismo, eso le hizo suavizar el beso. Dejó que su lengua se relajara dentro de aquella boca, aminorando la presión de sus brazos sobre aquel otro cuerpo, dejando que sus manos acariciaran y masajearan aquella espalda de forma lenta. Logrando que el cuerpo del chico temblara ante su contacto, que gimiera, de forma quizá inconsciente, su nombre, cuando por fin se separó de su boca para besar su cuello.
Dejó que su mano se colara por entre la tela de la sotana y abriera el cierre del pantalón para llegar hasta el miembro semi despierto del chico, quien al sentir aquella tibia mano no pudo evitar el soltar un gemido aun mas fuerte. Dejó que su mano siguiera su camino, que tomara entre sus dedos aquel miembro haciéndolo crecer entre sus dedos y comenzara a masturbarle. Primero de forma sensualmente lenta, arrancando a sus paso ligeros quejidos para después hacerlo mas y mas rápido.
Duo no pudo evitar gemir ante la sensación de aquella mano sobre su miembro, no podía hacer nada, solo sentía un placer infinito que le nublaba la mente y le hacía olvidar hasta su nombre. Sus manos se aferraban a la tela de la camisa del agente mientras apretaba su boca para evitar soltar algún gemido demasiado fuerte, porque mientras su razón ya no trabajaba, su cuerpo sabía perfectamente bien donde se encontraba y que ningún sonido debía emitirse o el padre Roberts, Erick o la gente del comedor de pobres podían llegar y encontrarlos en semejante situación.
Pero todo se borraba demasiado rápido de su cabeza, mientras aquella mano no dejaba de moverse en su miembro y él se quejaba de forma silenciosa, sonando como gemidos de forma queda ante los oídos de Heero, mientras subía y bajaba por aquella piel caliente.
Heero sintió la respiración de Duo cada vez más acelerada y descontrolada, era la primera vez que veía la pasión desbordarse de esa forma en el cuerpo del seminarista. Y no podía negar que le gustaba y mucho. Le excitaba y le hacía hervir la sangre como nadie lo había hecho antes.
-- Dígame que esto no es lo que quiere, dígame que quiere que mi mano se detenga y no se siga moviendo de la forma en la que lo hace dándole placer.
Pero de la boca de Duo solo escapaban ligeros quejidos. Podía ver el rostro del chico sonrojado, agitado y disfrutando de lo que estaba haciendo con su mano, porque en sus labios se dibujaba una pequeña mueca en forma de sonrisa.
Sabía que en poco tiempo iba a terminar e incremento la velocidad. Asaltó de nuevo aquella boca devorándola con sus besos, suprimiendo con tal acto el fuerte gemido que escapó de la boca del seminarista al terminar en su mano, mojándola con su blanca semilla y manchando de paso, parte de su sotana.
Heero lo sintió sujetarse de sus hombros, al parecer estaba agotado, respiraba aun de forma agitada al separarse de su boca, tomando aire a grandes bocanadas. Pudo ver como por aquel rostro angelical y blanco, las gotas de sudor perlaban su frente y a este le acompañaban las lagrimas que escurrían por su rostro. Sin embargo, también podía verle sonrojado, mantenía sus ojos cerrados mientras se recuperaba. Así que retiró la mano que aun mantenía dentro de los pantalones del chico de forma lenta, sin dejar de verle y fue entonces que abrió los ojos y los clavó de forma penetrante empujando el cuerpo del agente de él.
-- ¿Qué ha hecho? – dijo Duo frunciendo el ceño
-- Qué hicimos, porque yo no lo hice solo
-- ¡No!, Esto no debió pasar, no – dijo Duo a la carrera sumamente asustado. Heero se acerco a él sujetándolo por el brazo. Pero de un fuerte tirón se soltó - ¡No me toque!, no vuelva a hacerlo, porque si no...
-- No se mienta, esto era lo que deseaba. Esta era la señal por la que tanto estaba pidiendo. ¡Ya la tiene!
-- ¡No!, yo jamás... – dijo desviando la vista del agente, pero Heero no estaba dispuesto a pasar por el victimario.
-- Claro que si, si no, dígame ¿que es esto? – dijo mostrándole la mano manchada de semen. Duo al ver lo que Heero le mostraba, se sonrojo hasta mas no poder guardando silencio. Se sentía avergonzado, sucio, una completa basura. Heero aprovecho ese momento para acercarse de nuevo a él y sujetarlo fuertemente por la cintura.
-- No, ¡suélteme! – dijo tratando de empujarlo de su cuerpo, pero Heero le sujetaba fuerte. Duo no quería mirarlo a la cara, así que Heero le tomo fuertemente por el mentón obligándolo.
-- ¿Qué parte de usted es la que quiere que me vaya? ¿Qué parte fue la que respondió a mis besos y a mis caricias? ¿Qué parte de usted es la que quería que continuara hasta llegar al final?
-- ¡Yo no tengo doble personalidad! – gritó Duo molesto
-- Entonces ¿Era usted todo el tiempo? – dijo Heero sin entender
-- ¡Si!, ¡si!, ¡si! – dijo cerrando los ojos totalmente enrojecido. No sabía lo que decía, estaba contestando la verdad y no sabía si eso era bueno o malo. Necesitaba salir de allí, alejarse de ese hombre y pensar, limpiar su conciencia, su cuerpo. Ya no sabía que hacer o que pensar. Solo sabía que tenía que salir de allí - ¡Suélteme!, Tengo que irme, déjeme salir, suélteme – dijo empujándolo fuertemente debido a la desesperación y el miedo, y lanzándolo al suelo.
-- ¡Espere!, ¡Espere! – gritó Heero desde el suelo tratando de detenerle, pero Duo no le hizo el menor caso. Tomo fuertemente la silla y abrió la puerta a la carrera, pero antes de salir, Heero dijo algo mas, que de no ser por el miedo que Duo sentía al haber terminado en la mano del agente, se hubiese detenido - Yo lo amo... – pero Duo ya se había ido.
"¿Yo lo amo?"
"LO AMO"
-- ¿Fui yo quien dijo esas palabras? – se cuestiono Heero sin creer lo que había salido de su boca.
Heero se levantó del suelo y se sentó en la cama del seminarista. ¿Por qué había dicho aquellas palabras? Habían salido de su boca sin pensarlas. Jamás había declarado amor a nadie y ahora las decía justo en el momento en el que el Seminarista Maxwell había escapado de sus brazos. ¿Por qué? ¿Por qué quería retenerle? ¿Por qué no quería que se fuera de su lado? ¿Es que le quería para siempre junto a él, compartiendo su vida?
-- Si. La respuesta a cada una de esas preguntas es si – se dijo con seguridad levantándose de la cama y caminando hasta la parte donde había dejado el porta armas para ponérselo, después se dirigió a la puerta para irle a buscar.
Iba a convencerle, a hacerle ver que ordenarse sacerdote era una tontería cuando ambos sentían amor. Porque no podía dudar que el Seminarista sentía algo por él, no sabía si realmente era amor, pero si por lo menos le gustaba eso podría bastar para transformarlo, esperaba, en algo mas.
-- Y lo voy a lograr... – se dijo abriendo la puerta y saliendo a la oscuridad del lugar.
Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
"¿Que había hecho?, ¡Que había hecho!, ¡QUE HABÍA HECHO!
Había salido corriendo del lugar sintiéndose miserable, enojado, pero consigo mismo al estar experimentando cosas que se suponen eran prohibidas. ¿Entonces porque tenía que sentirlas? ¿Por qué no había detenido al agente Yuy cuando le había masturbado de esa forma? ¿Por que no había detenido aquella mano, aquellas caricias? ¿Por qué sentía tanto placer cuando le besaba, cuando le acariciaba? Durante toda su vida se le dijo que el deseo carnal para un clérigo era incorrecto y era castigado con el peor de los castigos. En el pasado, aquel que pecaba solía azotarse la espalda así mismo hasta sangrar. En el presente... ¿en el presente que se tenía que hacer para espirar una culpa tan terrible?
¿Rezar?...
¿Serían suficientes los rezos para sentirse menos culpable?
Llegó corriendo hasta el altar y se hinco elevando sus manos y cruzando sus dedos. De sus ojos escapaban las lagrimas que desde hacía mucho tiempo no derramaba. Ojalá esas gotas saladas pudieran eliminar la suciedad que sentía en todo su cuerpo, pero sabía que ni siquiera el bañarse y tallarse fuertemente con jabón o lejía podría lograrlo.
Estaba sucio...
Rezaba y rezaba de forma fuerte, muy fervientemente, apretando los ojos y uniendo sus manos de tal forma que dolía, pero mas le dolía la traición de la que se sabía participe. Porque en algún momento él había correspondido a esos besos, a esas caricias. Había deseado que ese otro cuerpo le poseyera. Y le había hecho terminar.
Lo había deseado, lo había deseado. Era un vil pecador, un asco.
-- Estoy sucio, yo no merezco ser tu siervo, no soy digno. He cometido el peor de los pecados y lo peor de todo es que no puedo arrepentirme señor – porque a pesar de sentirse mal, lo había disfrutado - No merezco ser parte de tu rebaño, no puedo serlo. Merezco la muerte por lo que he hecho – dijo en voz baja, mientras gruesas lágrimas caían desde su rostro al suelo – Si con mi vida lavo esta ofensa, por favor, tómala ahora mismo.
-- ¿Entonces, es tu deseo morir?
Abrió los ojos de forma enorme al escuchar la voz en off de alguien a quien no identifico. Sabía que las imágenes no hablaban, así que no podía ser dios, pero si podría ser su voz interior haciéndose presente en su cabeza de forma tan real que pareciera escucharla. Así que cerró los ojos de nuevo y asintió.
-- Si. Quiero morir, ese es mi deseo. Si mi muerte lava mi culpa, entonces debo morir – aseguro.
-- ¿Es tan ferviente tu deseo de morir? – volvió a escuchar. Esta vez no abrió los ojos y asintió.
-- Si, lo deseo fervientemente
-- ¿Estarías dispuesto a ofrecer tu cuerpo en sacrificio para lavar tu ofensa? – Duo volvió a afirmarlo de forma convencida y resignada.
-- Quiero morir. Quiero morir ahora mismo.
-- Entonces, que así sea.
Sintió como un viento frío recorrió su espalda y sin darle tiempo a nada, vio de reojo unos ojos que reconoció de inmediato. Estaba a sus espaldas, inclinado detrás de él. Al ver aquella mirada muy cerca suyo sintió terror, no solo miedo, era algo indescriptible. Los ojos de esa persona parecían vacíos de toda emoción, era como estar viendo la muerte misma. Se quedo inmóvil, incapaz de moverse, sintiéndose presa de un miedo infinito, algo que jamás había sentido y jamás creyó sentir.
- T... T... Tu... ¿Por qué? – alcanzó a tartamudear sin poderse mover de su lugar. Su cuerpo pesaba y le era imposible moverse. Aquel frío y aquel miedo que sentía le hacía temblar de pies a cabeza, mientras veía como esa persona se iba agachando poco a poco hasta estar a su altura en el suelo. Entonces vio como aquellos ojos comenzaban a cambiar de color, a un rojo sangre, y como al abrir su boca un par de enormes colmillos asomaban de ella.
Se sintió levantar de la ropa de forma fácil, mientras veía con horror como arrancaba de un tirón los primeros botones de la sotana para abrirla y dejarle al descubierto el blanco cuello. Y él no podía moverse, de su boca no salía palabra alguna para detenerle.
¡Quería gritar!, pedir ayuda, pero de su boca no salía sonido alguno.
Sintió el frió punzando en su cuello y como algo se desgarraba en su interior y entonces el dolor acudió a él. Sus ojos se abrieron en horror al comprenderlo todo.
Este era su fin...
Era el dolor más agudo que jamás hubiese sentido, sentía que algo punzante le atravesaba la piel y como algo viscoso comenzaba a escurrir por su cuello y caía derramándose por él hasta llegar al suelo en gruesas gotas.
Sus ojos estaba abiertos de par en par, veía claramente como aquel ser bebía de él y poco a poco le arrebataba la vida. No era así como deseba morir, no era así como pensaba que sucederían las cosas, pero si esta era la voluntad divina...
Un fuerte sonido inundo por completo la iglesia. A sus oídos pareció ser el rugido de un león. Entonces sintió que era dejado caer al suelo y aquello que atravesaba su piel se había retirado, pero ya era demasiado tarde...
Solo cerró los ojos y dejó que el asesino tomara su vida y de esta forma fuese castigado por su pecado...
Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
Continuara...
Sorry por dejarlo en esta parte, pero como ya me había tardado mucho en actualizar esta historia, pues quise subirles este adelanto.
Y Lamento la tardanza, pero aquellos que tienen un autor alert, sabrán que subí otro fic de otra serie (Prince of tennis). Fue un regalo de Cumpleaños para una amiga. Me lo pidió desde hace un año y como buena mexicana, lo dejé para al último. Pero bueno, ya esta este capitulo, el siguiente ahora si es el final. Espero no tardarme tanto en actualizar.
