Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
CAPITULO 12 ** FIN **
Habían llegado hacía unos días al arzobispado, tomando posesión de la habitación y del despacho del cura encargado. La comitiva de su eminencia Traize siempre solía apoderarse de todas las habitaciones y oficinas sin pedir permiso, ya que para eso eran los superiores.
Su eminencia había llegado a ese arzobispado en especial, ya que quería tener todo listo para el día en el que los nuevos sacerdotes se ordenaran, incluido Duo, por supuesto. Contaba con ello. No estaba dispuesto a que, después de todos los problemas que el chico les había causado, de buenas a primeras este abandonara.
El padre Roberts le había dicho que Duo tenía serias dudas sobre su vocación y que estas dudas habían surgido cuando ese policía apareció en la iglesia. Por eso había utilizado todas sus influencias para hacerlo retirar del caso.
Y lo habían retirado.
Pensó que ya tenía todos sus problemas resueltos, y que solo debía preparar la ceremonia para la ordenación, pero se había equivocado. Ya que esa noche en especial, le habían llevado un reporte urgente de uno de los seminarios. Se dio prisa en leer y al terminarlo, frunció el ceño y apretó sus puños con fuerza sobre el papel, arrugándolo por completo. Casi de inmediato llamó a gritos al abogado del clero que siempre estaba con él.
– ¿Dígame su eminencia? - dijo Dekim llegando de forma somnolienta al lado de aquel hombre totalmente vestido de rojo.
Nada mas al entrar, frunció el ceño de forma molesta dejando caer su cansada vista en aquel hombre de cabellos avellanados que le estaba estudiando de igual forma. Su eminencia parecía preocupado. Pero aun así, parecía imposible de creer que Traize luciera tan fresco, siendo mas de media noche. El hombre se desvelaba constantemente atendiendo los asuntos del clero, pero siempre estaba listo a la hora de los llamados. Jamás faltaba, a menos que fuera estrictamente necesario. Pocas veces se enfermaba y a pesar de su edad, se veía y comportaba como un jovenzuelo de 20años.
Y él que se moría de sueño.
– Toma, lee esto y dime que opinas – dijo tendiéndole las hojas arrugadas al hombre.
Dekim tomó las hojas, se puso sus lentes y comenzó a leer. Con forme los párrafos pasaban sus ojos se iban agrandando. Cuando por fin llegó al final, hizo lo mismo que Traize, arrugó las hojas y dijo de forma segura.
– Debemos pedir ayuda – Traize se recargó en su asiento de forma fastidiada. Eso lo sabía, pero el anciano parecía no comprender el motivo de su preocupación.
– ¿A quien? ¿A la policía? Si nosotros no lo hemos podido encontrar, ¿como lo harán ellos? - Dekim pareció enfurecerse por el tono sarcástico con el que su eminencia se dirigió a él, por eso se dio prisa en responderle.
– No a la policía, pero quizá al FBI. Usted pidió que se retirara a ese hombre, al agente Heero Yuy del caso de la iglesia de St. James – Dekim guardó silencio esperando ver la expresión de su eminencia. Cuando vio que este esperaba que continuara, prosiguió - Podemos solicitarles que venga exclusivamente él a investigar en nuestro caso – Traize se enderezo en su lugar y cabeceo en acuerdo.
– Comunicame con Darlian
Dekim se inclinó levemente en forma de despedida y salió del despacho de su eminencia de forma rápida.
Traize tomó de nuevo aquel reporte y lo estudió con calma. Durante meses habían estado ocultando lo que estaba pasando en el seminario: muertes por anemia severa. Varias veces había visto esos reportes. En el presente año, ya llevaban 10 seminaristas muertos por esa causa, 2 en el último mes. De antemano sabía que no era una enfermedad y ya no iba a poder seguir ocultándolo. Las familias buscaban otras respuestas, hasta ahora los habían podido convencer de no acudir a la policía y como eran católicos, aceptaban la muerte de su familiar como un designio divino. Pero no faltaría aquella madre, padre o hermano, que en su aflicción, acudieran a las autoridades y muy pronto iban a encontrar relación con los muertos por el "vampiro".
Dada la enorme cobertura que los medios le habían dado al caso de ese asesino serial, varias eran las familias que estaban inquietas y habían informado sus deseos de realizar una autopsia a los cuerpos. Y eso no lo iba a poder evitar.
Desde que estaba en el seminario había escuchado esas historias sobre fantasmas, momias, sombies y vampiros. Siempre las considero fantasiosas y poco creíbles. Desde siempre han existido cuentos de terror que rondan las escuelas. No faltaba aquella historia que decía que una muñeca se aparecía en los baños de las niñas, o la clásica mano pachona que salía del escusado.
Pero la historia que surcaba el seminario era ligeramente distinta.
Se contaba que hacía algunos años, habían muerto muchos seminaristas a causa de una enfermedad extraña. Se presentaba como una anemia severa y aquellos que la padecían morían en poco tiempo. Pero que esa enfermedad se había presentado cuando ingresó al seminario un nuevo sacerdote, quien les daba clases de espiritualidad y teología. Este sacerdote nunca salía del seminario de día, era muy blanco y pocas veces le veían comer. De allí que surgieran los rumores sobre un vampiro chupa sangre que solo atacaba de noche.
"A mi gusto solo eran tonterías"
"Paso el tiempo entre cuentos y fantasías de mis compañeros. Nunca supe si lo que decían era cierto o no, hasta que un día, poco antes de que me ordenara, llegó un nuevo sacerdote a impartir clases de Teología."
– Zech Merquise...
Todos quedaron impactados al verle. Tenía el cabello rubio platinado, casi blanco, sus ojos eran celestes, casi transparentes y tenía la piel sumamente blanca. No hubo quien no relacionara a este sacerdote con el vampiro de los cuentos.
Todos le tenían miedo y le sacaban la vuelta.
Y las cosas empeoraron, porque varios compañeros enfermaron: anemia severa, según informaban los médicos. Muchos se ordenaron y se sintieron aliviados de ser mandados a diferentes iglesias - estábamos huyendo del seminario- Nadie quería regresar y estar bajo el mismo techo que ese sacerdote.
Pero en algo había una diferencia con aquel cuento de horror: no había muerto nadie. Aquellos que habían enfermado se recuperaron al cabo de cierto tiempo y continuaron con sus estudios hasta convertirse en sacerdotes - al igual que yo.
"Todo parecía ser realmente una leyenda urbana, hasta que fui ascendido y mandado al arzobispado. Un día de tantos, revisando unos documentos de los seminarios a mi cargo, cayeron en mis manos varios reportes de sucesos extraños. Todos aquellos seminaristas que habían presentado anemia severa, decían haber visto a una persona entrando a sus claustros. Aquellos ojos rojos les habían dejado paralizados, sin poder pronunciar palabra o gritar. Vieron lo que parecían ser un par de colmillos sobresaliendo de la comisura de los labios de aquella persona. Todos, sin excepción, mostraban un par de marcas en el cuello con un punto rojo en medio. Pero nadie podía reconocer a la persona que les había hecho aquello."
¿Por qué habían sido ocultados?
"Reuní todos los reportes que pude y los compare. Todos decían casi lo mismo, pero eran de distintos seminarios. No había un solo sacerdote que hubiese estado en todos aquellos seminarios en los periodos de tiempo en que se presentó la enfermedad."
"No supe que hacer y lo deje pasar. El tiempo fue pasando y yo fui creciendo con esa duda y esas muertes en mi conciencia, porque en algunos casos, si habían muerto algunos seminaristas. Yo sabía que pude haberlas evitado, si tan solo hubiese solicitado ayuda."
"Siempre me sentí culpable y por eso, cada vez que algún reporte de anemia severa llegaba a mis manos, lo ocultaba. Aquellos que sabían de mis averiguaciones sobre dicha enfermedad, como Dekim, sabían que tenían que ocultar mis suposiciones y negar cualquier posibilidad de que hubiese un vampiro."
"Cuando supe lo sucedido en St. James, sabía que había una posibilidad de que hubiese ocurrido algo semejante a lo que sucedía en el seminario, solo que al extremo. El cuerpo había sido vaciado de sangre y había provocado su muerte."
"Era parecido, muy parecido. Y se pareció aun mas cuando pude leer la declaración de una de las testigos y la declaración ampliada del seminarista Duo Maxwell."
– Si – se dijo de forma segura – los vampiros están comenzando a salir a la luz...
Heero salió de la habitación del seminarista sintiéndose extraño. Jamás le había profesado amor a ninguna persona. Nunca nadie le había despertado esa clase de emociones. Él, que siempre se mantenía bajo control y se vanagloriaba de mantener ocultos ante todos esos sentimientos. Siempre supo que, emociones y sentimientos, eran debilidades y mostrarlas ante los demás era darle armas para hacerle daño. Por eso, desde muy niño, se había empeñado en ocultar ante todos, hasta de si mismo, eso que pudiera vencerlo.
Pero desde hacía unos meses esos sentimientos se empeñaban en salir a la luz sin poder evitarlo. Por mucho tiempo mantuvo bajo control todo lo que sentía. Ocultaba bajo una mascara de frialdad lo que pensaba, todo aquello que le hacía reaccionar de forma extraña, todo aquello que no podía explicar de una manera científica. Hasta que llegó ese chico a su vida y la puso de cabeza. Fue entonces que aquella pared invisible pareció hacerse pedazos y ante él aparecieron los sentimientos: Odio, locura, miedo, amor... amor.
Y por quien...
¿Por quién?
– Por Duo Maxwell... el Seminarista
"Maldición, un seminarista, un amor prohibido y no solo por el hecho de ser otro hombre, si no, porque su religión lo tachaba de ser un pecado mortal."
De repente su corazón comenzó a latir con furia, tuvo que levantar su mano hasta colocarla en el pecho y masajearlo con fuerza. Era algo que jamás había sentido, era como si miles de agujas se encajaran en él. Era como si algo malo estuviera pasando. Entonces la imagen del seminarista inundo por completo su mente y la necesidad de correr y encontrarlo se hizo más fuerte.
¿Un presentimiento? ¿Era esto un presentimiento? Él jamás se dejaba guiar por esa clase de sentimientos. Siempre tacho de ignorantes y fantasiosos a los que decían guiarse por esa clase de emociones.
Pero ahora estaba corriendo sintiéndose guiado por una fuerza extraña. Corrió sin darse cuenta por aquel pasillo que minutos antes había recorrido. Mientras corría de forma desesperada sacó el arma y la llevó en la mano lista para disparar a quien le saliera al paso. Seguramente ese camino era el mismo que había tomado el chico de la trenza. Ese camino llevaba directo al interior del recinto principal de la iglesia. El seminarista había dicho que quería limpiar su alma y para un católico como él, eso significaba confesar sus culpas. Así que lo más probable era que estuviese rezando como hasta hacía unas noches lo estaba haciendo.
Llegó de forma rápida hasta el lugar, la puerta estaba extrañamente abierta, él la había dejado cerrada y decidió entrar de lleno al interior...
Allí, frente al altar, había una figura totalmente negra. Tenía buena vista, pero distinguir entre la obscuridad no se le daba bien a nadie, por suerte varias veladoras aun permanecían encendidas y la diminuta luz que alumbraba a los santos de las orillas, le permitió distinguir que era esa sombra.
Cuando entró al recinto, aun tenía el arma en la mano,entonces la elevó al distinguir algo negro prendido al cuello del seminarista - Tenía el cuello del seminarista entre sus dientes - Pudo ver como la sangre escurría por aquella piel blanca, tiñéndola de rojo.
Sintió temor, coraje e impotencia. Temor al ver como esa criatura había atacado al seminarista y le hería haciéndole sangrar. Coraje, al haber osado probar esa blanca piel y hacerle daño. Impotencia por no poderle disparar directamente por temor a herir al chico.
Pero él nunca dejaba que sus temores le vencieran ni que sus emociones interfirieran. Tenía que controlarse y hacer lo que debía. Así que, apretó el puño sobre el arma y disparó.
El sonido del disparo sonó como el rugido de un león inundando por completo el lugar.
Sentía el corazón acelerado, a punto de reventar, pero sabía que no debía descontrolarse. Estaba seguro de que le había herido, solo que se había movido dejando caer el cuerpo del seminarista totalmente ensangrentado. Sin medir las consecuencias y sin pensar en lo que hacía, corrió hasta el chico.
Ni siquiera había tenido tiempo de pensar y él no era de los que reaccionaba por impulso, siempre lo tenía todo calculado y en esta ocasión sus sentimientos habían interferido con su trabajo.
Y no sabía si había logrado controlarse lo suficientemente a tiempo para salvar al Seminarista.
Afuera del recinto, la noche y el frío no se sentían tanto, ya que Trowa había llevado un termo con café para acompañar a su rubio en la vigilancia.
– Gracias – dijo Quatre sonriendo de forma amplia al recibir una pequeña taza con el liquido caliente. La acunó entre sus manos para calentarse. Sintió como el calor del recipiente comenzaba a calentarle, pero solo estaba frío por fuera, porque por dentro se sentía caliente.
Sintió un ligero cosquilleo recorrer su rostro, se giró topándose con aquella mirada esmeralda detenida en él. Por un momento pensó que aquella caricia se detendría, pero se había equivocado, ya que aquel dedo que acariciara su mejilla, había continuado descendiendo hasta tocar sus labios haciéndole estremecer y sonrojar al mismo tiempo.
– Están fríos – dijo Trowa acercándose a sus labios para depositar un beso fugaz – quizá pueda hacerlos entrar en calor – continuó para volver a besarle, pero esta vez de forma mas apasionada. Se separaron cuando les hizo falta el aire – Me gustaría compartir contigo todo. Lo que sientes, lo que piensas. Me gustaría ayudarte con el trabajo en la medida de lo posible – Quatre le observo con una hermosa sonrisa dibujada en el rostro. Parecía que cada vez que Trowa hablaba, era solo para declararle su amor.
– También me gustaría, pero... - trató de hacerle ver que su trabajo era peligroso, pero el dedo de Trowa atravesándose en sus labios le interrumpió.
– Se lo que vas a decirme, que eres policía, que tu trabajo es riesgoso; pero sabes – dijo viéndolo fijamente y tomándolo de la mano – Me gustaría estar allí cada vez que lo necesites. Aun que se que sería imposible, pero ojalá eso fuera posible.
– Puedes ayudarme – dijo sonrojándose – abrazándome fuertemente – Trowa sonrió de forma amplia al escucharle y se dispuso a acercarse a él para pasar sus brazos al rededor del cuerpo del rubio.
Pero el fuerte estruendo proveniente del interior de la iglesia les sorprendió. Soltaron todo lo que traían en las manos y saltaron del auto. Corrieron lo más rápido que pudieron hasta llegar al frente de la iglesia. Quatre vio con horror como Trowa levantaba la pesada cadena del portón viendo que el candado aun estaba puesto. Heero nunca entraba a través de ese lugar, siempre usaba una de las ventanas abiertas del lugar. Así que tomó a Trowa de la mano y comenzó a jalarlo rumbo al lugar donde estaba esa ventana. Pero poco antes de llegar, vio como la puerta del comedor de pobres se abrió de golpe dejando salir a varios de los vagabundos envueltos en cobijas.
Estaban aterrados.
– ¡Agente Winner! - gritó uno de esos hombres con jubilo en la voz – Dentro de la iglesia esta el Vampiro – gritó asustado – mató al seminarista Maxwell, esta tirado en el piso, lleno de sangre. El agente Yuy no va a poder con él – dijo a la carrera el hombre haciendo que el corazón de Quatre se fuera hasta la garganta.
¿Habían matado al seminarista? ¡Dios!, Tenía que darse prisa en ir a ayudar a Heero. Su rostro dejo entre ver el temor que la sola palabra "Vampiro" le causaba, pero no era ahora cuando iba a flaquear. Se había prometido a si mismo guardar todos sus miedos en su interior y ayudar a capturarlo. Pero no quería que aquel a quien amaba sufriera algún daño en el proceso.
– Quedate aquí Trowa – dijo Quatre sacando su arma a la carrera y quitando el seguro.
– Voy a ir contigo, aun que no quieras – dijo el moreno de forma segura. Quatre volteo a verle, tratando de transmitirle con la mirada el miedo que sentía de que algo le pasara. Pero lo que vio en el rostro de Trowa, le hizo entender que no habría nada que hiciera o dijera que le convenciera de dejarle.
– Trowa – pero el forense cabeceo en negativa
– Iré detrás tuyo, cuidare tus espaldas – dijo sonriendo. Quatre supo en ese momento que podía contar con él siempre que lo necesitara. Le sonrió de forma luminosa y cabeceo en acuerdo. Quizá lo dejaría seguirlo solo por esta vez.
– ¿Sabes usar una de estas? - dijo sacando una de sus armas de la funda que llevaba bajo el brazo. Trowa la tomo entre sus manos y le quito el seguro.
– Por supuesto – aseguro sonriendo – vamos por ese hombre – dijo entrando primero que Quatre al comedor de pobre.
– Esperame – dijo dándose prisa en seguir al forense al interior de la iglesia.
Heero se puso en cuclillas a un lado de Duo, sin bajar el arma en ningún momento y girando los ojos de un lado a otro para evitar ser sorprendido, dejó que sus dedos llegaran hasta el cuello del caído. Su corazón latía tan rápido que sentía que se le iba a salir del pecho. Jamás en toda su vida había sentido esa clase de temor. Estaba temblando de tan solo imaginar que ese chico, el que estaba tirado en el suelo, estuviese muerto o mal herido. Pero se sintió aliviado al sentir el pulso del seminarista latiendo de forma fuerte, pero irregular. Estaba sangrando aun y la hemorragia no parecía querer detenerse. Sabía porque, "El Vampiro" le había administrado una gran cantidad de eparina y eso le había diluido la sangre.
¿Pero cuando? ¿En que momento lo había hecho? ¿A caso cuando le había mordido? Estaba tan oscuro que no le sorprendería toparse con que ese vagabundo cargaba con alguna jeringa cargada con ese medicamento y se lo había inyectado al seminarista aprovechando la falta de luz.
-- Tontos humanos que creen que una simple bala de acero puede con alguien como yo.
Aquella voz la reconoció de inmediato. ¡Ese era el asesino! Se puso de pie de un salto volteando para todos lados, tratando de distinguir algo entre tanta oscuridad.
Un ruido a sus espaldas le hizo girarse de forma brusca y apuntar el arma. La sonora carcajada que ya antes hubiese escuchado le hizo girarse de nuevo hasta donde parecía provenir. Pero el eco que envolvía el interior del lugar le hacía difícil prever la ubicación.
– ¿Donde estas? - gritó de forma enérgica – Sal de tu escondite – Tenía que hacer algo con Duo, no podía dejarlo allí tirado y desangrándose. Deseaba sacarlo en brazos de ese lugar y correr al primer hospital que encontrara o atenderlo él mismo mas minuciosamente. Pero mientras el asesino no apareciera no podía moverse y eso lo tenía terriblemente desesperado - Quatre... - alcanzo a murmurar al audífono que llevaba prendido al oído, pero un fuerte tirón se lo voló de las manos haciéndole retroceder por la sorpresa.
– De nada te servirá pedir ayuda, Duo va a morir muy pronto
"¿Que?" Vio de reojo al seminarista en el suelo con preocupación. Por sus conocimientos médicos sabía que si no paraba la hemorragia si sucedería lo que decía ese asesino.
-- ¿Qué haz hecho? –dijo sin perder de vista a Duo y al mismo tiempo moviendo los ojos para todos lados previendo el ataque de ese "vampiro". Ojalá hubiese alguna luz, además de las velas.
-- Todavía no lo hago, pero lo haré en cuanto acabe contigo – Heero se sintió paralizado al escucharle. Y entonces, frente a él, en medio de aquella oscuridad pudo distinguir un par de ojos, pero estos estaban totalmente rojos, como si estuvieran inyectados en sangre y le veían con odio.
Por impulso elevó el arma apuntándole a la persona que estaba frente a él. Pero algo le impedía jalar el gatillo, de pronto se sintió de nuevo como aquella vez, trató de mover su dedo para que saliera la bala de su pistola, pero no podía moverse. Ni siquiera pudo mover su cuerpo. El miedo comenzó a hacer presa de él, como la primera vez que le había enfrentado. Trago saliva con dificultad al darse cuenta que estaba a merced de ese hombre, si le iba a matar, podría hacerlo en cualquier momento, ya que su cuerpo no iba a poderle responder cuando quisiera defenderse.
Apretó con fuerza los ojos y pudo sentir como si algo le liberase. Al abrir los ojos pudo escuchar de nuevo esa carcajada, pero ya no vio esas orbes rojas por ningún lado. ¿A caso estaba jugando con él? Pero al regresar la vista al seminarista, vio que alguien le levantaba por el cuello.
Entonces disparó.
Pero de nuevo aquella sombra se había movido de forma rápida dejando caer el cuerpo del chico al suelo. Regresó de forma rápida hasta él y puso sus dedos en el cuello de Duo para sentir su pulso. Era cada vez más débil. Tenía que sacarlo de allí lo antes posible.
¿Pero como hacerlo? ¿Como?
-- ¿Qué le haz hecho? Casi lo has matado - dijo Heero aguantando las ganas de salir corriendo de allí con él. La risa que inundo la iglesia le sacó de sus pensamientos. Le tenía atado de pies y manos. No podía descuidarse ya que podía ser atacado por el asesino, pero tampoco podía descuidar al seminarista por temor, a que ese tipo, lo fuese a rematar. Tenía que sacarlo de su escondite, lograr que le diera la cara, así por lo menos sabría su identidad y si de casualidad escapaba, ya sabría a quien buscar. Lo iba a provocar, si su intuición no fallaba, lo iba a sacar del lugar donde estaba - ¿A caso eres tan cobarde como para esconderte entre las sombras? ¿Por que no sales y me enfrentas? ¿Tanto miedo me tienes?
Las risas que momentos antes inundaba el recinto desaparecieron. Y entonces, por fin, ante sus ojos apareció aquella figura vestida de negro. "El vampiro" estaba parado frente a él, mostrando una sonrisa burlona y viéndole sin temor, a pesar de estarle apuntando con un arma, ya que por instinto de supervivencia, la había sacado . Aquellos ojos rojos, aquella boca mostrando un par de enormes colmillos, como los de un perro enfadado. Eran tal cual Quatre los describía. Pero ahora también podía verle el rostro de forma clara, si, tenía que ser él.
Rubio... extremamente blanco... y con esa enorme cicatriz surcándole el rostro.
"Erick..."
"Erick, el vagabundo."
"Erick, quien siempre vestía como uno más de los seminaristas, porque había sido tomado bajo la protección del padre Roberts y el seminarista Maxwell."
"Erick era el asesino que tanto buscaba y ahora estaba frente a él."
– ¿Tu? - dijo Heero asombrado, pero después de todo no tenía porque sorprenderse tanto, Erick era uno de sus sospechosos. Lo que no sabía, era porque había dañado a una de las personas que mas le había ayudado en esa iglesia - ¿Por que le has hecho esto a Duo? - no pensaba quedarse con la duda - Matarlo, ¿por qué? El te estaba ayudando - el asesino de nuevo rió a carcajadas
– Y yo lo estoy ayudando a él – afirmo de forma convencida
– ¿De que forma, arrancándole la vida cuando apenas esta comenzando a vivirla? - Erick volvió a reír a carcajadas
– Pero no morirá, al contrario, Duo vivirá por siempre, por años, por siglos, por milenios... - dijo sin titubeos extendiendo ambos brazos para indicar la cantidad de tiempo - pero a mi lado – Heero frunció el ceño con molestia ¿De que diablos estaba hablando? Ningún ser humano podía vivir tanto tiempo. ¿Y como que a su lado? Eso, solo sobre su cadáver
-- ¿Qué eres tu? – cuestiono sin comprender. Podía estar pensando muchas cosas, pero el asesino jamás lo podría adivinar, ya que ante él y ante cualquiera, siempre mostraba su mascara de frialdad.
Lo vio sonreír mostrando todos los dientes. Pudo ver con mas detenimiento ese enorme par de colmillos que sobresalían de la comisura de sus labios. ¿Que era esto? ¿Que criatura estaba frente a sus ojos? ¿Se habría implantado esos dientes? No, eso era imposible, por lo menos no se los había visto en los últimos días y nunca había visto al vagabundo abandonar la iglesia como para ir a un dentista a implantarse colmillos. Y entonces el asesino contesto su duda.
-- Soy aquello que nunca quisisteis creer – dijo sonriendo de forma amplia. Heero frunció mas el ceño. No era cierto, no podía ser un verdadero vampiro porque estos no existían - Soy tan real como vos – de nuevo ese acento extranjero y antiguo ¿Estaría tratando de confundirlo? - Quiero a Duo conmigo. Desde que lo vi en St Thomas, hace más de 4 meses, me propuse hacerlo mi compañero, mi amante - ¿Cuatro meses? Casi el tiempo que llevaba en el caso. ¿Se estaba confesando frente a él? - Pero no podía hasta que él así lo deseara, hasta que buscara la muerte y debo darle las gracias por hacerle desearla, por lograr perturbarlo a tal punto, que no pudiese encontrar otra forma de huir que la muerte – de nuevo volvió a reír - ya que fue gracias a vos, a sus continuos acosos, que ahora podré tenerlo.
-- Eso no voy a permitirlo – dijo entre dientes
-- No vas a poder evitarlo, tonto y estúpido mortal
-- Hace 4 meses asesinaron a un vagabundo en st Thomas, has sido tu, Erick. En St George y aquí mismo, siempre has sido tu, Vagabundo ¿A caso es esa otra personalidad? – una risa sorda inundo todo el lugar
-- Siempre me he mantenido oculto, es la única forma que tengo para poder alimentarme sin que nadie se lo tome enserio. Los vagabundos no le interesan a nadie, siempre están solos, viviendo como y donde pueden. Enferman y mueren con facilidad, por eso son mis mejores presas.
– ¿Alimentarte? ¿Presas? ¿Crees, a caso, que los vagabundo de aquí o de cualquier otro lugar son comida? ¡Estas enfermo!
– ¡No estoy enfermo! - dijo enojado elevando la voz – Estoy maldito – dijo dejando ver en sus facciones el cansancio y la melancolía – Estoy condenado a vivir por siempre, a ver pasar el tiempo sin envejecer. Pero no lo haré solo, por más de 400 años he estado solo y ya me aburrí.
– ¿400 años? Eso es imposible.
– ¿A caso me veo mas joven? - dijo entre risas – Me veo de la edad que tenía cuando me convirtió mi maestro. Será la misma edad de la que se verá siempre Duo. Nunca envejecerá, siempre será bello, pero solo yo he de disfrutarlo.
– No
– No puedes evitarlo
Y sin decir mas, se abalanzó contra Heero a tal velocidad que parecía volar. Heero elevó el arma y disparó una y otra y otra vez, pero Erick corría a tal velocidad que evitaba toda bala que iba dirigida a él. Heero lo vio llegar demasiado rápido y sin poderlo evitar, esté lo atacó; el agente sintió como algo pareció rasgarle con furia el brazo haciéndole soltar el arma. Debido a la velocidad y el impulso, fue lanzado hacía atrás golpeándose el cuerpo. Cerró los ojos al sentir el golpe y un fuerte dolor en el brazo derecho. Estaba sangrando, podía sentir algo escurriendo que bajaba desde el hombro y doblaba por el codo. Desde el suelo abrió los ojos topándose de lleno con la imagen del seminarista, aun estaba inconsciente, pero le veía respirar. Tenía que recuperarse rápido y salir de allí con él. Así que, se paró buscando su arma, pero al tiempo en que sus dedos se cerraron sobre la empuñadura, un zapato se dejó caer sobre ella evitando que la pudiera levantar.
Una sonora carcajada volvió a inundar el recinto. Erick le veía de nuevo con una sonrisa sarcástica y los ojos inyectados en sangre.
– Tu serás la comida de mi Duo cuando despierte.
– E... Erick – dijo Heero sintiendo el dolor de algo atravesándole el brazo.
– Erick Black, Edward Willson, Michael Robins, no se, he tenido tantos nombres a lo largo de mi vida que si me dices solo vampiro, entenderé.
Heero abrió los ojos viéndole desde su posición en el suelo. "¿Edward Willson?, ¿El maestro de aquella escuela? ¿A quien trataron de linchar? Eso era imposible de creer."
De nuevo el brazo dolió, tenía que salir de allí, así que elevó ambos pies golpeando el cuerpo de Erick empujándolo al frente y liberándolo del pie que le apresaba. Se levantó a la carrera y corrió a toda prisa, brincando las bancas de la iglesia. Le dolía el brazo y estaba sangrando de forma profusa, pero no podía hacer otra cosa, se había quedado sin arma y ese "vampiro" parecía tener mas fuerza de la que aparentaba.
Le vio de pronto frente a si y trató de sacarle la vuelta, pero el vampiro se había movido demasiado rápido y de nuevo le veía frente a él. Subió de nuevo a la banca que estaba a su costado, seguido muy de cerca por aquella criatura, que golpeaba fuertemente la madera con sus zapatos haciendo que el eco resonara en todo el lugar. Lo vio volar por los aires, dándose una maroma en el, para quedar de nuevo de frente. ¿Era tan ágil como para brincar de techo en techo y llegar en cuestión de segundos de la iglesia a la casa que estaba enfrente? Si, al parecer si.
– Porque no se da por vencido, agente Yuy, no va a poder seguir huyendo más de mi.
Se vio de pronto atacado una y otra vez por algo filoso. No sabía que era, solo pudo levantar sus brazos y tratar de defenderse. ¿Qué era? ¿Qué? Le estaba causando grandes y profundas heridas. Pudo ver que esa criatura le atacaba con sus uñas, las movía contra él, como si fuesen afiladas dagas de acero.
– Aaahhhh – cada arremetida con esas garras le desgarraba la tela de la camisa y se encajaba en su piel haciéndole lanzar un gemido de dolor.
El sonido de un disparo se escucho como un fuerte trueno en aquel pasillo haciendo que tanto Trowa como Quatre acelerara más el paso. Para Quatre, aquella puerta parecía alejarse con forme avanzaban, era tanto su temor de que el vampiro estuviese dentro que estaba sudando a chorros y su corazón se aceleraba al grado de sentirlo casi estallar.
Estaba asustado, pero no estaba dispuesto a olvidarse de su jefe, le había prometido su ayuda y por mas miedo que tuviera, iba a cumplir su deber.
Llegó primero que Trowa y trató de abrir, pero la puerta no cedía. Trowa se unió en su intento por abrir la puerta que le llevaba al interior de la iglesia, pero se dio cuenta que estaba cerrada por dentro.
Escucharon varios disparos seguidos, luego nada. Detrás de ellos, varios vagabundos se habían echo presentes. Como la puerta no abría, encendió las luces del interior y se puso a gritarle a su jefe.
– ¡Heero! - gritó golpeando la puerta - ¡Habré la puerta, Heero! - pidió con desesperación al darse cuenta que dentro estaba todo demasiado silencio.
Pero lo único que escucho fueron pasos rápidos y el sonido de la madera moviéndose. ¿Qué estaba pasando?
¿Qué?
Después de la forma en la que Erick le atacaba, de pronto todo paro y al elevar la cabeza vio a aquella criatura corriendo hacía la puerta que conducía a los pasillos del interior de la misma. Puso el cerrojo y volteo sonriendo con malicia a verle. En ese momento las luces de los costados de la iglesia se encendieron cegándolo por unos momentos, pero eliminando un poco aquella maldita oscuridad.
– ¡Heero! - esa voz la reconoció de inmediato, era Quatre - ¡Habré la puerta, Heero!
¡Era eso!. Esa criatura había detectado el movimiento afuera y se había adelantado para cerrar la puerta impidiéndole el paso a su subordinado. Pero esta era su oportunidad. Pudo ver de reojo como aquello que usaban para atizar el fuego de las velas aun estaba en su lugar. Era una vara larga de acero con una punta de flecha en un extremo, a un costado habían soldado un gancho del que colgaba una campanilla vacía, que era la que sofocaba la llama de la vela.
Corrió a toda prisa para tomarla, mientras vio como el "vampiro" frunció el entrecejo viendo lo que hacía. Casi lo vio volar hasta él y sintió como era tomado fuertemente del cuello y volteado para quedar de frente a él, a Erick.
– Tu no eres más rápido que yo – dijo con voz grave apretando el cuello del agente. Sus ojos rojos inyectados en sangre le veían con odio, con resentimiento. Sus colmillos asomaron en su boca cuando la abrió para intentar acercarse lentamente hasta su cuello.
A pesar de sentirse sofocado por la falta de aire, sonrió un poco al tenerlo así de cerca. Erick vio esa mirada y se detuvo sin entender esa media mueca. Entonces se hizo hacía atrás, apenas a tiempo para evitar que la punta de acero fuese encajada en su cuerpo, pero no pudo evitar que esta misma se encajara en su brazo, rasgándole la manga de la sotana y encajándose en su piel haciéndole sangrar.
– Al parecer, eres vulnerable – dijo Heero poniéndose de pie con dificultad, sosteniendo el atizador en las manos cubierto de sangre.
El vampiro lo empujo fuertemente haciéndolo volar algunos metros y cayendo sobre su espalda, pero Heero se dio la vuelta sobre su eje quedando de pie frente a él.
Pudo ver como Erick dejaba ver una sonrisa sarcástica al tiempo en que levantaba el brazo mostrando la herida que sangraba. Estaba a los pies de Duo y la sangre parecía escurrir desde su brazo hasta el rostro del seminarista. Por un momento creyó que le haría algo, pero solo lo vio lamer con su lengua la sangre que escurría de su brazo y recorrió con ella toda la herida, casi al instante quedo cerrada, como si esta jamás hubiese existido.
¿Que significaba esto? Tenía que ser una pesadilla.
– Eres un tonto humano – dijo entre risas – nosotros somos inmortales e invencibles
Un balazo y una patada sobre la puerta hicieron que Erick y Heero voltearan hasta el lugar de donde provenía el ruido. Quatre, seguido de Trowa y de varios de los vagabundos que se quedaban en el comedor de pobres entraron en ese momento.
Todos soltaron una expresión de horror al contemplar la escena. Duo estaba tirado frente al altar con la cara sangrando y bajo su cuerpo parecía haber un gran charco de sangre. Huellas de pisadas rojas, recorrían toda la iglesia mientras trozos de las bancas de madera estaban esparcidos por todo el interior. Pedazos de algunos santos rotos, también estaban en el suelo y frente a ellos, mas al fondo, estaba Heero cubierto de sangre.
Erick mostró los dientes a los recién llegados, como si fuese un gato erizado. Quatre elevó el arma al instante, sintiendo su corazón en la garganta, y disparó. El vampiro salió volando hacía él con ambas manos alzadas, pero esta vez fue Trowa quien disparó dando en el cuerpo de la criatura y haciéndolo desviarse.
Heero corrió por su arma, estaba tirada a un costado del seminarista quien seguía sangrando e inconsciente. Lo vio por unos instantes, la sangre de Erick manchaba por completo su blanco rostro haciéndolo verse como una más de aquellas victimas de asesinato, no sabía que mas hacer, estaba perdiendo demasiado tiempo, así que apretó el puño sobre el arma y sin moverse de su lugar comenzó a dar instrucciones.
– ¡Quatre, sigue disparando, no permitas que se te acerque!, Trowa, ven a revisar al seminarista. Ustedes – dijo dirigiéndose a los vagabundos que permanecían en la puerta viendo como estatuas todo lo que estaba pasando – ¡salgan de aquí y traten de cerrar por fuera! - había que evitar que Erick escapara.
Trowa corrió hasta llegar al lado de Heero, barriéndose sobre el piso de la iglesia para llegar lo antes posible hasta Duo. Cuando Heero vio que Trowa atendía al chico, se paro para ayudar a Quatre. Erick había corrido evitando las balas, pero no podía salir del interior del recinto debido a que la puerta que conducía a los corredores estaba cerrada por fuera y la puerta principal se cerraba a las 10 de la noche y no se abría hasta la mañana siguiente.
Quatre seguía temblando, pero no dejaba de jalar del gatillo, siguiendo en todo momento aquella sombra que parecía volar por todo el interior de la iglesia, hasta que la pistola dejó de disparar. Quatre apuntó el arma a aquella criatura que giró sobre su eje para dirigirse a él. Comenzó a retroceder despacio, mientras seguía disparando, pero su pistola se había quedado sin balas, la otra arma se la había cedido a Trowa. Su cuerpo se paralizo de miedo al verle de forma clara. Era Erick, pero a la vez no era nadie. Su mano seguía elevada empuñando el arma, pero sus dedos se negaban a moverse, su cuerpo entero se paralizo, solo su corazón seguía latiendo.
– Tro... Trowa – musito entre dientes al ver su peor pesadilla convertida en realidad.
Heero apunto el arma a la criatura que caminaba rumbo a su subordinado, pero esta cayó de sus manos haciendo un fuerte ruido que retumbo en el interior del recinto. Su brazo derecho estaba desgarrado y sangraba haciendo que le fuese imposible sostener nada con ella. Al mismo tiempo luces brillantes comenzaron a aparecer ante sus ojos y sus piernas comenzaron a temblar haciéndolo ponerse de rodillas.
¿Tanta sangre había perdido?
– ¡Quatre! - gritó Heero en su lugar viendo como aquella criatura estaba cada vez mas cerca del rubio.
Quatre vio con horror como aquella criatura se aproximaba a él. Sus ojos estaban abiertos a mas no poder, trataba a toda costa de gritar, de decir algo, pero nada salía de su boca. Su cuerpo se negaba a moverse y aun que tenía la mano levantada con el arma aun empuñada, esta ya no traía balas.
– Esta vez no habrá nadie que te salve – dijo Erick mostrando una sonrisa de satisfacción.
– Te equivocas – Erick volteo al escuchar una voz a sus espaldas y una bala en la frente le hizo caer a su costado.
– ¡Trowa! - gritó Quatre sintiéndose libre de aquel temor que le impedía moverse o gritar y corrió a los brazos de su amado.
– Te dije que cuidaría tus espaldas – dijo el forense abrazando el pequeño cuerpo de su rubio.
De nuevo una carcajada inundo por completo el recinto. Trowa empujo a Quatre detrás de su cuerpo y empuño el arma, pero no fue lo suficientemente rápido. Un golpe empujo a ambos chicos haciéndolos volar varios metros por el aire hasta hacerlos chocar contra la pared de la iglesia. Ambos cayeron inconscientes rompiendo varias bancas de la iglesia.
– ¡Soy inmortal! ¡Inmortal! - gritó Erick, haciendo que el eco dentro de la iglesia repitiera las mismas palabras una y otra vez.
Heero trato de ajustar su vista de nuevo al frente. Veía todo borroso, pero pudo distinguir las figuras de Quatre y Trowa tiradas. Respiraban, ya que veía sus pechos subir y bajar, eso ya era ganancia. No sabía que tan heridos estaban, pero no podía atenderlos ahora. También alcanzó a ver que Trowa había arrancado las mangas de su camisa y con estas había improvisado una venda para envolver el cuello del seminarista y con ella tratar de detener el sangrado del chico. Pero ahora, tenía que buscar la forma de detener a Erick. Ya sabía que un arma de fuego no iba a poder con él y que el atizador tampoco podía hacerle mucho daño.
¿Como detener a alguien que no parecían hacerle daño las balas? ¿Como?
El eco de los pasos de Erick le sacó de sus pensamientos, elevó la vista topándose de lleno con aquella imagen caminando de forma lenta hasta él. Seguía viendo borroso, así que sacudió la cabeza para tratar de aclararse la vista. Pudo ver como Erick se agachó cerca de él para tomar entre sus manos aquella varilla de acero con la punta de flecha.
¿Que iba a hacer ahora?
Estaba hincado, totalmente indefenso. Su arma había caído al suelo y aun que la tuviera entre sus manos no iba a poder utilizarla, ya que su brazo estaba destrozado debido a las heridas que Erick le había causado. La única arma que hubiese podido utilizar, era la que ahora traía ese asesino entre sus manos.
Un quejido a su costado hizo que Erick se detuviera y Heero girara su vista hasta donde provenía aquel quejido. Duo parecía estar despertando, pero se quejaba y se movía demasiado, era como si su cuerpo temblara y se convulsionarse.
– Espera, hay que revisar al seminarista Maxwell antes de que muera – dijo con desesperación, tratando de despertar en Erick algún sentimiento que tuviese dormido por aquel chico, después de todo, lo había estado ayudando y el rubio había confesado que le había seguido hasta allí para llevarlo con él.
Pero Erick solo comenzó a reír sin hacer el menor intento por acercarse a Duo. Heero abrió los ojos con sorpresa al verle elevar el pie y sintió como era lanzado al suelo con él sin poder oponer demasiada resistencia. Erick permanecía con el pie apoyado en su pecho, dándole a entender con esta acto que le había ganado.
Esta vez, Heero había sido su presa y sonreía al saberse victorioso.
– Voy a torturarte sin matarte – dijo con voz ronca, haciendo que esta se escuchara retumbar en el interior de la iglesia como una lúgubre sentencia - quien acabará con tu vida será aquel a quien tanto amas... - dijo al tiempo en que elevó el atizador y lo dejó caer en el hombro del agente haciéndolo gritar de dolor – Porque Duo esta comenzando a dejar este mundo – Heero abrió los ojos con dolor y sorpresa al comprender aquella palabras.
– Aahh, detente – pidió Heero tomando con su mano izquierda aquel pedazo de acero – aun no esta muerto, todavía...
– Duo muy pronto se unirá a mi, como un vampiro mas – le interrumpió encajando de forma más profunda el aceró en el hombro del agente.
– Argggh – trató de suprimir el gritó de dolor, ya que muchas veces eso era lo que buscaban los asesinos. Les gustaba causar dolor, escuchar los gritos de sus victimas, eso les excitaba y no iba a darle ese placer.
Erick retiró el acero del cuerpo del agente, entre risas, levantándose por completo de el para poder probar aquella sangre que cubría la punta, con su lengua. Esto lo aprovecho Heero para tratar de incorporarse, pero solo logro ponerse de rodillas de nuevo, ya que sentía que todo a su alrededor comenzaba a dar vueltas.
– Sangre, quiero más de tu sangre... - dijo Erick volteando a ver a Heero con aquellos ojos rojos – te perforaré primero, después seré yo quien te mate...
Heero le vio mover aquella vara de acero hacía atrás, tomando velocidad para encajarla en su cuerpo. Se sentía mareado y veía borroso, su cuerpo lo sentía pesado y sabía que no iba a poder esquivar aquel golpe.
Esta vez si le iba a matar.
– ¿Que esta pasando? ¿Que es todo este alboroto?
– ¡Padre Roberts!
El grito general de todos los vagabundos que permanecían afuera del recinto no se dejó esperar. Se sentían aliviados de ver al anciano hombre, pero el miedo aun se reflejaba en sus sucios rostros.
Entre balbuceos atropellados y gritos sin orden, trataban de poner al cura al tanto de lo que ocurría adentro.
– ¿El vampiro esta adentro? - cuestionó con sorpresa ante la afirmación de todos - ¿Y el agente Yuy?
– Esta adentro, también el agente Winner y el medico que ha venido a vernos. El agente Yuy nos pidió que saliéramos de la iglesia y cerráramos por fuera.
– ¿No se supone que estaba de vacaciones? - murmuró el cura para si mismo en voz alta. Entonces se percato de algo, volteo para todas partes y al no encontrarlo, cuestiono - ¿Han visto a Duo o a Erick?
Todos enmudecieron y bajaron la vista.
El ruido adentro le hizo dar un paso hacía la puerta, pero todos los que allí permanecían se atravesaron para evitarlo.
– No entre padre Roberts
– ¿Por que no?, ¿Donde están Erick y Duo? ¿Que esta ocurriendo allí adentro? - dijo con desesperación el hombre
– Los dos están allí adentro – dijo uno de los vagabundos
– ¿Están peleando con el vampiro?
– ¡No!, ¡ERICK ES EL VAMPIRO! Y ¡MATÓ AL SEMINARISTA MAXWELL! - gritaron varios al mismo tiempo – lo vimos, lo vimos.
La cara del padre Roberts perdió todo color, no se esperaba una noticia como esa. No era para nadie desconocido el aprecio del hombre por Duo y sabían que Duo le quería igual. El hombre subió y bajo la mano de su boca a sus costados sin poder pronunciar palabra. Hasta que por fin, apretó los puños y habló elevando la voz.
– Rápido, rápido, que alguien vaya a la casa de la señora Sara, la vecina de enfrente y díganle que llamé con urgencia a la policía, el FBI y una ambulancia – dijo a la carrera – Nosotros nos quedaremos aquí rezando y esperando que ellos no necesiten nuestra ayuda... - termino el hombre bajando la vista y entrelazando sus manos al tiempo en que elevaba una plegaria, rogando porque aquellos que estaban dentro, realmente estuvieran bien.
Heero sentía su corazón en la garganta; él que jamás se asustaba, que jamás se dejaba vencer por sus temores, ahora estaba a merced de ellos sin poderlos controlar u ocultar. Veía en cámara lenta como aquella punta de acero se acercaba a su cuerpo con una velocidad que, sabía, le haría un daño terrible y le dejaría en peligro de muerte.
Estaba a punto de morir y lo estaba esperando, sin poderse mover o hacer algo para evitarlo.
No iba a poder detener al asesino de las personas que vivían en aquella iglesia.
No iba a poder ayudarle a su subordinado, Quatre o a Trowa, que aun estaban inconscientes.
Y sobre todo, no iba a poder ayudar a Duo...
Duo...
Vio venir aquella vara esperando el fatal golpe, su corazón martilló con fuerza sin permitirle cerrar los ojos, pero entonces algo detuvo a Erick.
Sus ojos se abrieron con asombro y con incredulidad. Lo que estaba viendo ahora era la imagen mas terrorífica, y a la vez la mas hermosa que jamás hubiese visto en su vida. Ya que, el seminarista Maxwell estaba parado entre él y el asesino, impidiendo que Erick le matara al detener con su mano aquella pieza de acero haciéndole sangrar.
¿Esto era un sueño? ¿O una pesadilla?
¿Era un ángel o un demonio lo que le había salvado de morir?
No podía saberlo, su mente analítica no le permitía darse cuenta que lo que estaba frente a él no era lo uno ni lo otro. Era difícil identificar al seminarista, ya que traía por completo el cabello suelto, este le llegaba debajo de la cintura y había adquirido un tono rojizo al haber estado expuesto a la sangre que estaba bajo su cuerpo. La sotana estaba por completo cubierta de sangre y dejaba entre ver parte de los pantalones.
¿Era él?
– ¿Du... Duo? - murmuró con apenas aliento. Esto hizo que el chico volteara a verlo y entonces el cuadro quedo completo.
El cabello largo se movió conforme el movimiento de su cabeza y sus ojos, aquellos hermosos ojos violetas que tanto le habían gustado cuando recién le conoció, eran ahora de otro color, de un color amarillo cristal, casi transparentes y sin brillo, sin vida. No existía mas esa sonrisa. Su rostro estaba pálido y totalmente manchado de sangre, al igual que su cuello, sobre el que se veía un par de ronchas, como las que tenía el padre Roberts y como las que fueron encontradas en los muertos. Aquellas vendas que había improvisado Trowa con las mangas de su camisa, colgaban sobre el hombro del chico.
– "¿Que es esto?" - pensó Heero sin poder despegar la mirada del seminarista
– ¡Duo! - gritó Erick tratando de quitarle el atizado al chico, pero Duo no lo soltó - ¿Que estas haciendo? - gruñó – ¡yo soy tu amo!, es a mi a quien debes obedecer.
– ... - Duo solo se quedo observando a Heero sin decir nada
– ¡El es tu cena! - dijo apuntando a Heero que seguía en la misma posición - ¡Mátalo!, bebe su sangre y termina de convertirte en vampiro para que seas mi pareja y dejen de atormentarte la culpa y los remordimientos.
Pero Duo frunció el ceño y regreso su vista al rubio. Cerró su puño sobre el acero doblando la punta de la misma hasta que esta se quebró y cayó al suelo haciendo ruido.
"¿Por que el seminarista tiene tanta fuerza? ¿Que es lo que le pasó?"
– No – dijo de forma clara – yo jamás haría eso.
– ¡Vas a morir! - sentenció Erick con molestia – Necesitas sangre, la sangre de él – dijo volviendo a apuntar a Heero. Duo miró al agente por unos instantes, para después volver a ver a Erick y negó de forma vehemente - ¡Vamos!, tienes hambre, puedo verlo en tus ojos, estas ansioso por probar ese manjar. El aroma de la sangre de todos ellos llega hasta tu nariz y despierta tu necesidad de comer ¿Porque no te sacias teniéndolo tan cerca?
– Yo... no soy un asesino – murmuro
– ¿Prefieres morir tú a verlo morir a él? - Duo no dijo nada, solo bajo la vista. Erick se enfureció aun mas y apretando los dientes habló de nuevo - ¿Tanto le amas?
Heero pudo ver como un ligero sonrojo pintaba aquellas pálidas mejillas manchadas de sangre. ¿Un vampiro sonrojado? Era lo mas hermoso que sus ojos hubiesen visto.
"¡Vampiro!"
¿Y desde cuando había comenzado a creer en esas criaturas creadas por la literatura? El era un científico, un escéptico, no tenía porque creer en fantasías. Pero todo lo que había visto esa noche y todo lo que estaba sintiendo, no era lógico, ni normal. Si alguien se lo hubiese contado, seguramente pensaría que esa persona estaba inventando todo o que tenía algún grado de locura.
– No voy a convertirme en asesino, jamás mataría a un ser humano, mucho menos al agente Yuy – En los ojos de Erick parecieron brillar las llamas de odio.
– El corazón humano es tan débil, tan frágil y tan imperfecto – dijo Erick con voz ronca – ¡PERO TU YA NO ERES HUMANO! – gritó colérico – No tendrías porque conservar estas tontas emociones humanas. No deberías conservar sentimientos por él, ni por ningún otro ser cercano a ti.
Heero comenzó a levantarse de forma tambaleante. Se sentía muy débil y todo parecía dar vueltas a su alrededor, pero logro permanecer de pie, a unos cuantos pasos del seminarista, quien seguía de espaldas a él y frente a Erick.
Su sangre escurría por el brazo estrellándose contra la raída alfombra del suelo de la iglesia. Pero no podía permanecer solo viendo sin intentar hacer algo.
– ¡Soy humano! - dijo Duo casi sin voz
– No lo eres – replico Erick – Solo mirate – Duo desvió su vista hasta sus manos y vio las uñas crecidas y sus manos llenas de sangre. Elevó una de sus manos hasta su boca, sus ojos se abrieron en sorpresa cuando pudo sentir sus afilados colmillos – ¡Tu así lo decidiste! Tu buscabas la muerte y este es el castigo que obtuviste por dejarte arrastrar a la lujuria, por caer en la tentación.
– N... no – trató de murmurar, pero de su boca no salían las palabras.
– No lo escuche – la voz de Heero le hizo girarse para verle. Heero estaba parado frente a él, viéndole fijamente, sostenía con su mano izquierda su brazo derecho que escurría sangre. Su camisa estaba desgarrada y sobre sus brazos podían verse varios arañazos – No lo escuche. Esto no es un castigo que le haya mandado su dios. Esto se lo ha hecho él y nadie mas – Erick comenzó a reír de nuevo.
– Usted le hizo caer en el pecado y no lo niegue, porque yo estuve allí – Heero frunció el ceño con molestia – Este es tu castigo, Duo. La muerte en vida. Estas condenado a vivir eternamente.
– ¿Contigo? - pregunto Duo inquisitivo.
– Si, conmigo – respondió Erick mostrando una sonrisa de satisfacción que a Heero le dio asco.
– No – dijo de forma convencida. La sonrisa de Erick se borro de inmediato haciéndole fruncir el ceño con molesta de nuevo. Heero mostró una mueca en forma de sonrisa al oírle, esas palabras fueron como una pequeña luz en un túnel lleno de oscuridad y de cierta forma le llenaron de felicidad.
– Parece que nada de lo que hiciste por conseguirle te dio resultado, Erick – dijo Heero sin borrar esa sonrisa. Erick gruño apretando los puños – ni matar a esa pobre gente para hacerme creer que él era el asesino. Fue a ti a quien seguí aquella noche hasta los callejones. Trepaste por las paredes frente al lugar donde estaba Duo para hacerme creer que era él quien había matado a aquel otro vagabundo. Siempre sabías donde estaba y que estaba haciendo, por eso te hiciste ayudante de seminarista, para saber donde buscar la oportunidad de atacarle. Tu fuiste quien ataco a Quatre - Erick volvió a reír.
– Que fácil fue engañarle, agente Yuy. Que fácil fue burlarse de usted y culpar a Duo de todo lo que yo hacía. Ustedes los humanos son tan tontos, que su propia estupidez me dio la oportunidad perfecta para tenderle una trampa y arrastralo a la perdición – dijo entre risas – ya no tiene salvación, si no se convierte en un vampiro pronto, como yo, morirá.
– Lo prefiero – dijo Duo en un murmullo – jamás matare a nadie, ¡nunca!.
"¿Qué?"
Las palabras del seminarista le cayeron como balde de agua helada. ¿El chico prefería morir a convertirse en asesino? ¿Pero que prefería él? Las respuesta a su pregunta llegó demasiado rápido, haciéndole latir el corazón a toda prisa.
Quería verlo vivo, ¡Vivo!, quería que esa sonrisa y esos ojos siguieran mostrando luz y fueran el motivo por el que la gente le buscara. Quería que todos disfrutaran de esa alegría y de esa esperanza que el chico sabía transmitir. Quería que todos escucharan su regaños inocentes y aprendieran a ver las cosas de forma positiva, tal como las veía él.
Quería que viviera, si, quería que siguiera viviendo aun que él no pudiera disfrutar de esa alegría jamás.
Y debido a ese pensamiento, las palabras salieron de su boca sin que pudiera detenerlas.
– No – dijo dando un paso al frente haciendo que tanto Duo como Erick voltearon a verlo – no quiero que muera – dijo aproximándose hasta Duo de forma lenta.
Ambos, tanto Duo como Erick, permanecieron a la expectativa, viendo como Heero caminaba de forma lenta hasta pararse frente al seminarista. Heero le veía a los ojos, aquellos ojos cristalinos que habían perdido todo color, le observaban de la misma forma. Quería ver una vez más aquella mirada curiosa, desafiante, poder escuchar sus comentarios convertidos en regaños. Pero sabía que eso ya no sería posible.
No quería que muriera.
Levanto su brazo izquierdo hasta cerrar su puño sobre la tela del cuello de la camisa y de un fuerte tirón la abrió llevándose de encuentro los primeros botones. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo, aun que apenas y podía creerlo. Giró un poco la cabeza dejando expuesto su cuello.
– Hazlo... - dijo de forma firme.
Erick sonrió ante lo que estaba viendo. Una vez que Duo bebiera la sangre del agente Yuy, se convertiría por completo en un vampiro y todo sentimiento humano se iría junto con la vida de ese hombre.
Los ojos de Duo se abrieron con sorpresa al ver latir aquella vena en el cuello del agente. Podía ver la sangre correr por ella y el aroma le llegaba a torrentes inundando por completo sus pulmones y haciéndole tener un hambre infinita. Mandaba ordenes a su cerebro, pero este parecía gritar solo "hazlo", "hazlo", aun que él no quería hacerlo, su cuerpo pareció moverse solo.
Erick esperaba con ansias, acercándose de forma lenta, al igual que Duo lo estaba haciendo. Quería estar en primera fila, cuando el chico encajara sus colmillos en el cuello del agente, ese sería el momento en el que pasaría a ser por completo suyo.
Duo cerró los ojos al tiempo en que sus manos se elevaron para tomar el cuello del agente. Su boca se abrió dejando ver aquellos colmillos afilados. Sentía su corazón latiendo a toda prisa y de forma descontrolada. Podía sentir entre sus dedos, también, el fuerte latido del corazón del agente. Parecían latir al mismo tiempo, igual de fuerte, igual de rápido y de forma sincronizada.
– Vamos, hazlo, porque si no lo haces tu, lo haré yo – dijo Erick haciendo que Duo abriera los ojos.
Y entonces, de forma rápida, Duo empujo al agente separandolo de su cuerpo, para igualmente rápido tomar a Erick del brazo jalándolo hacia si, dándole la vuelta para ponerlo de espaldas a su cuerpo, sujetándole el brazo en una llave y poniendo el otro brazo bajo su cuello.
– Rápido agente Yuy, ¡Váyase!
– ¡DUO! - gritó Erick tratando de soltarse al tiempo en que Heero salió corriendo rumbo a la puerta.
Pudo darse cuenta que el seminarista había adquirido fuerza en lo que fuese que le había hecho Erick, pero también sabía, que no podía esperar que le detuviera por siempre. Tenía que hacer algo para detenerle, ¿Pero que?, las balas no parecían hacerle daño y el atizador solo le había hecho una leve herida que había cicatrizado demasiado rápido.
Entonces, cerca de la puerta, vio algo que quizá iba a poder funcionar...
– Duo, ¡Suéltame! - gritó Erick tratando de soltarse de los brazos del seminarista, viendo como el agente Yuy corría, apenas, hasta la puerta que le sacaría del interior de la iglesia. No podía permitirlo, quería deshacerse de él y si salía, cabía la posibilidad de que escapara y regresara con refuerzos y eso le pondría más difícil su caza. Pero primero tenía que soltarse y lo antes posible.
Si, Duo había adquirido fuerza, pero no la suficiente como para retenerlo.
De un fuerte tirón, se soltó de los brazos del seminarista, Duo trató de detenerlo de nuevo sujetándolo por la manga de la sotana, pero un codazo en la cara lo mando al suelo. Erick corrió a toda prisa para alcanzar al agente que ya había abierto la puerta. No iba a escapar de sus manos ahora que lo tenía tan cerca y tan debilitado.
– No huya
El eco de aquella voz se escucho en todo el interior del recinto e hizo voltear a Heero. Los ojos rojos del "Vampiro" le dejaron helado, sin poder moverse o emitir palabra alguna. No sabía que clase de poder usaba para lograr que sus victimas se quedaran sin movimientos o sin poder hablar. Necesitaba hablar, decir algo para que aquello que había planeado con tanta premura, diera resultado.
– Ya no hay mas a donde ir – dijo tomándolo fuertemente por el cuello al tiempo en que dejaba enseñar sus afilados colmillos.
Vio esos ojos rojos cerrarse al tiempo en que acercaba su boca a su cuello. Había dejado al descubierto esa parte de su cuerpo para el seminarista. Estaba dispuesto a morir, pero no a manos de un asesino serial como Erick.
Erick estaba saboreando su victoria, solo le faltaría lograr que Duo probara la sangre humana, pero aun le quedaban esos dos chicos que habían entrado de forma intempestiva a tratar de ayudar al agente. Pero de nuevo algo le evito llegar hasta el cuerpo inmóvil del agente y se vio siendo lanzado hacía atrás.
Heero se quedo de pie, libre de aquello que le impedía moverse, viendo al frente el cuerpo del seminarista. Duo se había recuperado rápido del golpe que le diera Erick y había llegado por su espalda para separarlo de su cuerpo. Pero al no poder medir su reciente fuerza, le había lanzado hacia atrás haciéndolo volar por el aire y estrellándose contra el suelo unos metros más allá.
Duo volteo a verle y pudo ver aquellos ojos enrojecidos, como inyectados en sangre. Los colmillos asomaban a su boca, mientras un hilillo de sangre escurría desde su nariz hasta el labio superior de su boca.
Sujetó su brazo derecho con el izquierdo, su sangre empapaba casi por completo la manga de la camisa y seguía goteando. Quiso dar un paso para acercarse al seminarista, para tratar de ayudarle. Se veía sumamente mal, quizá estaba peor que él, pero el chico dio un paso hacia tras y comenzó a agitar las manos en negativa.
– No se acerque – dijo con voz pausada – algo malo me esta pasando... - dijo dejando a medias lo que estaba diciendo. Heero pudo ver como aquel delgado cuerpo estaba temblando.
– ¿Qué le sucede? - cuestionó Heero dando otro paso corto hasta el chico que había bajado su cabeza y cubierto el rostro con sus manos.
– No lo se – murmuró – huelo miedo, sangre y me ha dado mucha hambre. Jamás había tenido un hambre como esta, una necesidad tan fuerte por comer. Además, puedo escuchar su corazón latiendo a toda prisa, escucho la sangre corriendo por sus venas y como esta escurre por su brazo y cae estrellándose en el suelo - dijo viéndole de reojo – Yo ya no soy lo que era antes y no se si volveré a serlo algún día.
– Volverá a serlo – pero Duo sacudió la cabeza en negativa al escuchar las palabras del agente.
– Incluso en estos momentos, me esta costando mucho trabajo el mantener esta terrible necesidad de comer, bajo control.
– ¡ENTONCES COME! - el grito de Erick retumbo en toda la iglesia. De nuevo ese "vampiro" llegaba hasta donde estaban ellos, colocándose frente a la puerta de forma rápida, impidiendo la entrada o salida de cualquier persona – No te resistas a tus nuevos instintos, sabes perfectamente que él es tu comida. Tu cuerpo pide, implora por esa sangre, por esa comida que saciará tu apetito.
– N... no
– Entonces cargaras por siempre con la culpa de haber cometido el pecado de lujuria con él – dijo señalando a Heero
– No es lo mismo que asesinar
– Pero también es un pecado, como lo es amar a alguien de tu mismo sexo – dijo Erick mostrando una sonrisa - ¿Por que no acabas con tu dolor ya mismo? Ya sabes cual es la única forma.
– No lo haré
- ¡ENTONCES VOY A MATARLO YO MISMO Y DESPUÉS TE HARE BEBER LA SANGRE DE TODOS EN ESTA IGLESIA! - dijo Erick haciendo que sus ojos volvieran a tornarse rojizos.
Heero supo de inmediato que si permitía que Erick actuara, ya no iba a haber poder humano o sobrehumano que le salvara. Así que cubrió al seminarista con sus brazos, abrazándolo a su pecho y lo volteo dándole la espalda a Erick, al tiempo que gritó.
– ¡AHORA!
Al grito de Heero la puerta se abrió dejando entrar a varios de los vagabundos y al padre Roberts. Erick sintió como un liquido viscoso le baño por completo, el aroma le resulto familiar y retrocedió limpiándose el rostro y sintiéndose asustado.
– ¿Que cree que esta haciendo?
Heero metió su mano izquierda a la bolsa de su pantalón y sacó el encendedor. Erick retrocedió dejando una mancha liquida en el suelo. El no era de aquellos que tomaba ventaja de su puesto, no era de los que tomaba la justicia en sus manos y ejecutaba a aquellos criminales que, a pesar de saberlos culpables no podían permanecer en prisión por falta de pruebas. Este era el caso de Erick, el vampiro, porque pudo haberle confesado todos sus crimines, pudo haber matado a varios de los vagabundos y herido a sus hombres, sin embargo, no tenía forma de probarlo.
Todos aquellos que protegiera antes, estaban ahora en la puerta, viendo con horror cuanto ocurría, mientras Heero mantenía el encendedor en su mano.
– El liquido que te cubre es inflamable, si una chispa de esto llega a caer en él, morirás – dijo viendo a Erick, para después ver a los que estaban en la puerta - ¡Ustedes, deben protegerse! Váyanse de nuevo y cierren por fuera – les dijo.
– Soy inmortal, un simple fuego no podrá conmigo. Ya has visto que mis heridas pueden cicatrizar.
– Un simple fuego marco tu rostro cuando los moradores de aquel pueblo incendiaron tu casa. ¿Pero que ocurriría si el fuego te envuelve por completo? - la sonrisa del rostro de Erick se borró por completo. Heero lo sabía, por eso había aprovechado que Duo había detenido al vampiro un poco para tomar el aceite con el que limpiaban las bancas y entregarlo a la gente que aun permanecía afuera. No les dijo nada, solo "esperen mi señal y lancenlo a la persona que este detrás de la puerta".
– Agente Yuy – dijo Duo de forma incrédula - ¿Le va usted a matar? - Heero volteo a verlo de reojo, pero no dijo nada, solo observo al asesino de forma fija, frunció el ceño y hablo de nuevo.
– Entréguese y le prometo que nadie le va a dañar – La risa sorda de Erick volvió a inundar el interior del recinto
– ¡TONTOS HUMANOS!, son tan fáciles de manipular. Mantienen una tonta fe a sus estúpidas leyes. Usted sabe que la policía o el FBI no podrá detenerme por mucho tiempo. Las balas no me dañan, ¿Como van a detenerme? Usted sabe que no puede hacerme nada, y yo puedo decirle que me entregaré y en cuento me de la espalda, le matare
Heero mostró una mueca en forma de sonrisa. Presionó su pulgar por el pequeño mecanismo del encendedor y una diminuta llama apareció en el mismo. La sonrisa de Erick volvió a desaparecer y Heero pudo notar como algo resbalaba por la frente del vampiro: una gota de sudor. Así que no estaba equivocado, de nuevo su pensamiento analítico le daba la respuesta que buscaba.
– Agente Yuy – la suplica en aquella voz le hizo girarse un poco para ver al seminarista. Pudo ver en aquellos ojos amarillos, el miedo. ¿A caso creía que a él le esperaba el mismo fin?
– ¡Hágalo! - grito Erick - ¡HAGALO! Y se llevara una terrible sorpresa – dijo mostrando de nuevo una sonrisa cínica. Heero pudo ver como los ojos de Erick se giraron para ver al seminarista que aun permanecía detrás de él, para luego verle de nuevo y exigirle que le quemara.
¿A caso el seminarista Maxwell era esa sorpresa a la que se refería Erick? ¿Que le iba a pasar al chico si mataba al vampiro? Según la literatura, al matar al vampiro maestro, todos aquellos a quienes hubiese convertido regresaban a la normalidad, siempre y cuando, estos no hubiesen bebido sangre.
Pero eso era un cuento, algo que no podía ser cierto ¿Pero a caso no estaban pasando demasiadas cosas extrañas esa noche?
Erick volvió a sonreír al ver la duda en el rostro del agente, estaba casi seguro de que no le haría nada. No podía dejar de admirar su intuición y su razonamiento, ya que, había comprendido de inmediato que la sorpresa que le esperaba era algo referente a Duo.
Así que el vampiro dejó escapar una estruendosa risa, y se lanzó hacía él con las garras extendidas.
Duo vio como Erick casi volaba hasta Heero, así que se dio prisa en tratar de detenerlo. Lo vio pasar por enfrente de sus ojos de una forma tan rápida, que solo alcanzó a tomarlo por la pierna, logrando apenas que se detuviera. Pero si había logrado golpearlo en el brazo.
Heero vio todo tan rápido, que no tuvo tiempo a reaccionar, solo sintió el golpe sobre su brazo haciéndole soltar el encendedor, el cual voló por el aire apagándose al ser soltado el mecanismo que permitía escapar el gas para mantenerlo encendido.
El encendedor se elevó por los aires, para después comenzar a caer dando giros en el aire. Poco antes de tocar el piso, el último giro le hizo quedar de boca, haciendo que la pequeña piedra interior se soltara debido al golpe y rebotara por su cuenta contra la punta metálica haciendo que soltara una chispa. Esta chispa fue lo único que se necesito para que el fuego comenzara.
– ¡ERICK! - gritó Duo al ver como el fuego fue corriendo por aquel rastro en el suelo hasta alcanzar el cuerpo del rubio.
Heero detuvo el delgado cuerpo del seminarista, abrazándolo de nuevo a su cuerpo con la poca fuerza que le quedaba, evitando que se acercara al cuerpo ardiendo del asesino, ya que en poco tiempo este había quedado envuelto en llamas. Lo único que escapaba de aquel cuerpo era una risa sorda que inundaba todo el lugar.
– Erick – solo podía murmurar entre sollozos, mientras su lagrimas escurrían mojando los brazos del agente.
Heero solo pudo abrazar aquel cuerpo, sintiéndolo temblar. No sabía que iba a pasar ahora, pero no le importaba. Duo estaba con él y estaba vivo, al parecer la amenaza de Erick solo había sido un intento para tratar de evitar su captura.
Lo único que importaba ahora era que Duo estaba vivo.
El cuerpo ardiendo de Erick cayó al suelo, su risa dejo de escucharse y entonces giró lo que debería ser su rostro y sus ojos rojos se abrieron viendo a las dos personas que aun estaban frente a él.
De nuevo una risa sorda y luego nada...
Heero cerró los ojos abrazando de nuevo el cuerpo del seminarista al suyo, suspirando de forma aliviada al sentirlo vivo, pero entonces, el cuerpo del seminarista se desvaneció en sus brazos.
– ¿Seminarista Maxwell? - pregunto Heero de forma preocupada depositando el cuerpo del seminarista en el suelo. ¿Se habría desmayado?
Se dio prisa en tratar de revisarlo, a pesar de que aun veía borroso y se sentía mareado, confiaba en sus instintos para saber si algo andaba mal con el chico.
Y si, todo estaba mal.
No podía sentir su respiración, aun que podía escuchar brevemente latiendo su corazón. ¿Pero por que no respiraba? A caso era, ¿Un paro respiratorio?
De forma rápida comenzó a dar masaje al pecho del chico para evitar que su corazón dejara de latir. Tenía que evitar a toda costa que el corazón de Duo se detuviera, pero con la poca fuerza que tenía, eso iba a ser imposible.
– Resista, resista... - dijo de forma desesperada, escuchando a lo lejos las sirenas.
Al parecer, la policía iba llegando al igual que alguna ambulancia. El color de las torretas ya comenzaban a iluminar el interior y el sonido de las sirenas inundaban el silencio del lugar.
– ¡DUO! - gritó tratando de que el chico abriera los ojos, pero no parecía dar resultado...
¿A caso Duo iba a morir?
Trowa abrió los ojos sintiéndose mareado. A su nariz llegaba el aroma nauseabundo de carne quemada, era como cuando en la morgue, alguien solicitaba que el cuerpo fuese incinerado. El era quien se encargaba, no solo de las autopsias, si no, también de meter el cuerpo al crematorios y soportar ese horrible aroma que aveces le hacía volver el estomago.
Se incorporó viendo a su alrededor y vio a su rubio en iguales condiciones que él, quizá un poco maltratado, pero bien.
– Q... ¿Quatre?
– Yo estoy bien, ayuda a Heero por favor
Lo había olvidado, el agente Yuy y ese "vampiro".
Escucho a lo lejos como alguien pujaba. Giro la vista y pudo ver algo quemándose, un cuerpo y al frente, al agente Yuy.
Se incorporo tomando su cabeza con una mano y entonces pudo ver lo que realmente el agente estaba haciendo: trataba de reanimar al seminarista Maxwell.
Corrió tan rápido como pudo para tratar de ayudarle.
– Trowa – dijo Heero viendo como alguien se hincaba a su lado – es un paro respiratorio, estoy tratando de...
– No vas a poder, dejame hacerlo a mi, tu dale respiración – Heero ni siquiera lo cuestiono – a mi cuenta.
– Si
A cada cuenta de Trowa, Heero soplaba aire por la boca del chico, pero este no parecía reaccionar.
Afuera, todo parecía ser caos, las sirenas, las luces y las voces solo haciendo que todo se confundiera. Pero dentro las cosas no eran mejores. Quatre había llegado hasta donde estaban ellos y solo podía mirar sin saber que hacer o como ayudar.
Heero había dejado de sentir dolor, solo se sentía desesperado por volver a ver aquellos ojos violetas, aquella sonrisa clara y aquella felicidad que siempre parecía acompañarle. No quería verlo muerto, no quería.
– No me deje – dijo de forma audible, poco le importaba que Trowa y Quatre le escucharan o que le escuchara cualquiera otra persona – no se aleje de mi, no crea en esa tontería que le dijeron, la muerte no es ningún castigo para el amor. Luche, luche conmigo.
– AHORA
A la voz de Trowa Heero volvió a tapar la nariz del seminarista con su mano izquierda para volver a soplar aire por su boca. Pero contrario a las otras ocasiones, esta vez lo escucho suspirar.
– DUO – dijo Heero viendo que había color en aquellas pálidas mejillas. Pudo ver como de forma lenta el seminarista comenzó a abrir los ojos y entonces volvió a ver ese hermoso color en ellos, de nuevo eran violetas, ya no mas amarillos o rojos.
Trowa se detuvo al ver como Duo comenzó a elevar la mano para tocar el rostro del agente, Heero se dio prisa en tomar la blanca mano manchada de sangre y dejar que le tocara. De nuevo había calor en aquel toque, ya no estaba fría como hacía unos momentos. La sensación que despertaba en su cuerpo era de nuevo como choques eléctricos y le hacían latir el corazón a toda prisa.
Duo sonrió.
– Me gusta mas mi nombre, cuando sale de sus labios – Heero sonrió en respuesta
– Ssshhhh, no hable, seminarista Maxwell, no se canse – dijo sin soltarle la mano, que ahora dirigía hasta su pecho, pero Duo no le hizo caso, porque volvió a hablar.
– No, no me diga mas seminarista, dígame Duo, como hace un momento lo hizo, así yo podré decirle Heero y no agente Yuy – Heero elevo la mano del chico hasta sus labios y depositó un beso en ella.
– Duo – Duo sonrió al escucharle – Duo – volvió a repetir Heero viendo aquellos ojos violetas brillar como antes, viéndole detenidamente y transmitiendo la felicidad de siempre. Ya lo había dicho una vez y jamás pensó en volverlo a decir, pero la necesidad se hacía presente ahora, ahora que lo veía tan vivo como antes. Por eso, cerrando los ojos y apretando aquella mano contra su pecho, se animo a decir de nuevo – te amo, Duo Maxwell.
Tras segundos interminables, Heero abrió los ojos preocupado al no escuchar ningún comentario del chico en el suelo, temía ver su rechazo en aquellas orbes violetas y que su vida terminara al escucharle, pero lo que vio solo fue el llanto de Duo resbalar por sus mejillas.
Duo apretó la mano de Heero y sonrió de forma amplia haciendo que la vida regresara al cuerpo del agente.
– Erick tenía razón – dijo Duo soltando la mano de la de Heero para dirigirla de nuevo hasta el rostro del agente y comenzar a delinear aquellos labios que en más de una ocasión le habían besado – yo jamás iba a poder matarte, porque yo también te amo – Heero sintió su corazón latir a toda prisa al escuchar aquellas palabras, pero entonces la mano del chico cayó de forma pesada hasta el suelo, mientras sus ojos violetas se cerraron.
– RAPIDO, HA CAIDO EN PARO CARDIACO – gritó Trowa a Heero y Quatre, pero Heero, que era quien tenía conocimientos médico, solo se había quedado viendo el rostro apacible del seminarista.
"¿Duo?" - quiso preguntar, pero se había quedado en silencio, viendo como todo daba vueltas a su alrededor. Escuchaba a lo lejos que Trowa decía algo de un paro cardíaco, pero ya no veía bien, ya no escuchaba bien y por último, sus piernas le dejaron de responder haciéndole caer al suelo, a un costado del seminarista.
Con la poca fuerza que aun le quedaba, había elevado su mano izquierda para tomar la del seminarista, entrelazando sus dedos con los del chico, para ya no moverse más.
– ¡Heero!, ¡HEERO! - grito Quatre con desesperación y lágrimas en los ojos, pero su jefe ya no respondía.
¿Es que acaso este era el final para ambos?
Continuara...
N/A: Sorry por la enorme tardanza y sorry por el final de capitulo. Como ven, este no es el final, el final será el próximo capitulo, ahora si ya no habrá mas.
Lamento si me tarde en actualizar, pero se me había ido la inspiración y por más pelis, mangas y fics de vampiros que leía, esta nada mas no volvía. Además, me quede sin compu(2 laptops en 2 años, ¡Que record!) y mi internet esta fallando mucho, me he llegado a quedar sin internet por una semana y no solo sin internet, también sin teléfono (jamás se cambien a Telum o cablevision). Espero que ahora si las cosas se calmen y puede subirles muy pronto el capitulo final y no, esta vez no habrá epilogo.
