Entre Sombras de Sospecha
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2
Category: Shonen Ai, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Religión. El tema de la religión es tratado en este fic yaoi, ya que hay sacerdotes. Si alguien tiene problemas con algo de esto, les pido por favor, no lo lean.
- Dialogo -
"Pensamientos "
Ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssss
CAPITULO 14 ++ FINAL ++
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaa
Warning: Lemon.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaa
Heero Yuy nunca estuvo del todo inconsciente. Lo último que alcanzó a escuchar fueron aquellas palabras que le llenaron por completo el corazón.
"Yo también te amo"
Y luego nada, los ojos de aquel chico se habían cerrado, su mano había caído hasta el suelo y no se había movido mas. Aquellas palabras le habían subido al cielo por escasos segundos, para después sumirlo en el peor de los infiernos.
Su cuerpo no quiso responder a la orden de ayudarle a Trowa a reanimar al seminarista. Por más que su cerebro ladraba ordenes a su cuerpo, éste no quería moverse. Sus piernas permanecieron dobladas en el suelo mientras veía como todo giraba a su alrededor. Sus ojos comenzaron a ver luces intermitentes, luego nada, todo se puso negro y cayó al suelo. Unos segundos después, las luces de las torretas iluminaron todo. La vista le había vuelto, pero no podía moverse. Con mucho esfuerzo y la poca energía que le quedaba, alcanzó la mano del seminarista y entrelazó sus dedos con los de él.
Quería sentir su calor, saber que seguía con vida, pero no sentía nada. Nunca estuvo del todo inconsciente, solo no podía hablar, ni escuchar. Entre abría los ojos y veía todo borroso, mucho movimiento, muchas personas que no alcanzaba a distinguir; solo veía siluetas borrosas y envueltas en penumbras. Su cuerpo estaba insensible a todo, tanto, que no sintió cuando fue entubado y canalizado para que le pusieran el suero y el oxigeno.
Fue subido a la misma ambulancia que el seminarista, eso le permitió medio ver lo que hacían para reanimar a Duo. Pero no podía escuchar lo que decían y aun que podía leerles los labios, sus ojos los sentía tan pesados que no alcanzaba a mantenerlos abiertos todo el tiempo. Hubo un momento en que ya no pudo abrirlos mas.
Cuando abrió los ojos de nuevo, estaba lleno de tubos por todos lados, pero él era un hombre fuerte. Había sido el mejor en su rama durante la academia, casi nunca enfermaba y de las heridas sufridas durante los casos, se recuperaba realmente rápido. Algunas veces paso por su cabeza que no era humano.
Pero lo era.
Un Humano como cualquiera, un humano que pensaba, soñaba y sentía como cualquiera.
Y ahora sentía más que antes.
Así que se incorporó en la cama y tomó el reporte médico que estaba sobre la mesa donde servían los alimentos. Frunció el ceño y curvó la boca al darse cuenta de que había sufrido una amenaza de infarto. ¿Una amenaza de infarto? Claro, era de esperarse, después de todo había sufrido un choque hiperbárico (perdió mucha sangre) y es imposible que el cuerpo funcione sin ella. Pero estaba razonando de forma lógica y a pesar de traer un brazo vendado, no se sentía mal físicamente. Eso quería decir que no había sido afectado su cerebro por la falta de oxigeno que, seguramente, le había provocado el estar a punto de la muerte por algunos momentos. Así que no permanecería en cama por más tiempo, no cuando había algo de suma importancia que tenía que averiguar.
– ¿Qué cree que esta haciendo? - dijo el médico cuando entro al cuarto y lo vio vestido con sus maltratadas ropas y ya sin nada conectado.
– Tengo cosas importantes que hacer – dijo restando importancia al reclamo que el hombre de blanco imprimía en su voz.
– ¡Pero usted esta convaleciente!, ¡no puede irse, puede recaer! - insistió el joven galeno tratando de hacerlo regresar a la cama. Pero Heero se negó.
– La única recaída que pudiera tener, es un infarto real – dijo de forma sarcástica haciendo que el médico frunciera el ceño con disgusto – además, según los exámenes que me practicaron, todo esta en orden. No tiene caso que ocupe una cama, me siento perfectamente.
– Pero... - trató de refutar, pero el agente le interrumpió.
– Tráigame la hoja de responsiva, así no recaerá sobre usted la culpa si algo me llegase a pasar – el médico apretó los puños y refunfuño. Suspiró pesadamente, al parecer se daba por vencido.
– Esta usted loco, pero será como quiera. Y ya que su ropa esta desastrosa, le facilitare algo de la de los paramédicos.
– Gracias.
No sabía si aquel médico había sido amable o si solo había sido la necesidad de deshacerse de él, ya que había regresado al cuarto en poco tiempo, con la hoja para que autorizara su salida y le había facilitado ropas azules de paramedico. Quizá el hombre pensaba que iría a su casa a cambiarse, pero su idea principal era permanecer en ese lugar hasta encontrar a Duo y asegurarse de que estaba bien.
No le fue difícil saber que Duo estaba en el cuarto 401 y le tenían vigilado. Habían circulado rumores haciendo saber que el paciente era un sobreviviente al ataque del vampiro y que posiblemente este se convertiría en uno de ellos.
La primera palabra que cruzó por su cabeza fue "Tonterías", pero ya no sabía ni que pensar al respecto. Después de todo lo que había vivido la anoche anterior, lo que había visto y sentido, ya no sabía si volvería a reaccionar de forma lógica, como antes.
Vio llegar a varios médicos y camilleros acompañando el cuerpo de un hombre al que introdujeron en la que había sido su habitación. Por lo visto habían sido rápidos al ocupar una cama vacía. Claro, últimamente los crímenes se habían disparado en la ciudad y los hospitales públicos, como en el que estaban, se llenaban con facilidad.
Casi de inmediato se escuchó alboroto dentro del cuarto 401, al parecer por fin Duo había despertado.
Había estado todo el tiempo afuera de la habitación, cuidándole, esperando a que reaccionara y cuando por fin lo hacía, no pudo entrar. Cualquier persona podría darse cuenta de su presencia y echarlo. Así que mejor decidió esperar, los gritos se escuchaban hasta afuera, por lo que sabía estaba bien, solo confundido y desesperado. Si tenía la fuerza para gritar y pelear como lo había hecho, es que ya estaba fuera de peligro y eso le hizo suspirar de forma aliviada.
Permaneció en el umbral de la puerta viendo todo el procedimiento, escuchando todas y cada una de las preguntas que hacía el paciente hasta que se quedo dormido. Hubiese querido estar a su lado, tomarle de la mano y susurrarle al oído que todo estaba bien y que no había nada de que preocuparse, pero no quería delatar su presencia.
Cuando vio que todo se calmaba y las personas se disponían a salir, se dio la vuelta y regreso a aquella banca afuera del cuarto, desde donde había permanecido cuidándole.
Todos salieron hablando del caso, un sobreviviente del ataque del "vampiro", ninguna otra victima había corrido con semejante suerte. La noticia había corrido rápido y debido a eso, reporteros de medios impresos y la televisión buscaban una entrevista, pero la policía les tenía vedado el paso. No iba a poder hablar, hasta que rindiera su declaración.
La mirada de uno de los médicos que salía de aquel cuarto se fijo en aquel hombre, vestido de paramédico, que estaba en una banca a las afueras de la 401. Su ceño se frunció y se dirigió a ese hombre de forma segura y algo molesta. Detestaba su estoica forma de ser, sus sorprendentes conocimientos de todo, le hacían auto suficiente y difícil de tratar; pero aunque le disgustase sobremanera, como buen médico, le importaba su salud y eso precisamente era lo que le había llevado a pararse delante de él.
– ¡Es usted un inconsciente! - Heero, abrió los ojos y le miro con el ceño fruncido sin pronunciar palabra. Sabía que le había reconocido, lo notó por su cara y él le reconoció a su vez, esté era el médico que había acudido a ver a Duo cuando se lastimó las manos – Debería estar ocupando un cuarto en este hospital y mire, esta aquí, en peligro de sufrir un infarto.
Los ojos azulados del agente Yuy le vieron de forma fija y sin cambiar su expresión, comentó de forma fría – No soy tan fácil de matar.
– ¡Esta loco!, Acaba de sufrir una amenaza de infarto y aunque se recupero de forma sorprendentemente rápida, aun esta convaleciente. Tiene que estar al cuidado de un médico.
– Ya tengo a uno – dijo de forma calmada.
– ¡¿A quién?!, yo no veo a nadie por aquí – le vio levantar la mano y tocar su cabeza - ¡Idiota! - le gritó con desesperación – Usted no es un médico calificado y no va a estar confiando en sus conocimientos para saber si va a recaer.
– No se preocupe por mi, estoy en perfecto estado de salud y no voy a morir ahora.
– Vaya a su habitación ahora y quítese ese uniforme – Heero le miro de forma irritada y solo contestó.
– Ya me di de alta y como no tengo ropa, me han facilitado estas.
– ¡Ba!, me rindo, es imposible hablar con usted. Por eso odio a los genios – dijo murmurando, mientras se alejaba sumamente molesto.
Heero esbozó una mueca en forma de sonrisa. No pensaba moverse de allí, hasta no estar completamente seguro de que Duo estaba bien.
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Desgraciadamente, el hambre es canija y como él no había comido desde quien sabe cuantas horas, había comenzado a sentirse débil. Había perdido sangre, le habían transfundido, puesto suero, medicamentos y todo eso le había afectado. Necesitaba reponer energías comiendo. Así que tuvo que bajar hasta la cocina del hospital para comer algo y al regresar fue que se enteró del otro altercado del seminarista con los médicos.
No cabía duda que todo lo que había leído en el expediente del chico, era cierto y mira en donde lo venía a comprobar.
Duo había salido de su cuarto, había sido descubierto por uno de los paramédicos que estaba de guardia. Este era uno de los que creía que Duo se convertiría en vampiro y del susto había ido a despertar a todos los que se encontraba en el cuarto de descanso. El seminarista había sido descubierto en la habitación que había sido suya, desmayado.
Lo habían llevado de nuevo a su habitación para volverle a conectar. Él, por su parte, había entrado en la habitación 430 y levantó el expediente que se encontraba en el suelo. Pudo ver que de él se había desprendido la hoja que decía "bajar a la morgue". Por lo visto aquel paciente que llevaron a la que había sido su habitación, había muerto, y Duo posiblemente lo confundió con él.
Tenía que aclarárselo lo antes posible.
Pero tuvo que esperar a que todos aquellos, médicos y enfermeras, salieran de la habitación para poder entrar. Lo vio inquieto en aquella cama, moviéndose y murmurando cosas incomprensibles. Presa, quizá, de algún mal sueño. Y no era para menos, después de todo aquel horror vivido, hasta él esperaba tener pesadillas alguna que otra vez.
No quiso despertarlo, no quería inquietarlo mas con su presencia y que aquel latido cardíaco, inestable, se saliera de los parámetros de nuevo. No sabía como hacer que se tranquilizara, a pesar de tener los conocimientos médicos, en el campo de los sueños no eran aplicables. Se sentía desesperado, solo viéndolo moverse, sudando por aquel sueño.
Sintiéndose impotente, no atinó mas que a secar el sudor de aquella frente con la mano, despejando los cabellos que caían descuidados sobre ella y comenzó a susurrarle palabras tranquilizadoras.
– Tranquilo, tranquilo, todo esta bien... - murmuró mientras acariciaba y besaba su frente tratando de que aquel latido se normalizara.
Y para su sorpresa, el latido del corazón de Duo comenzó a bajar, entrando de nuevo a niveles normales y aquella intranquilidad se volvió serenidad.
Después de todo, había logrado tranquilizarlo.
Había permanecido toda la noche a su lado, velando su sueño, procurando susurrarle palabras tranquilizadoras cada vez que le veía inquieto. Tomando su mano, sintiendo su calor. A pesar de lo cansado que estaba, procuro no dormir. Le gustaba sentir aquella calidez entre sus manos, saber que ya no estaba aquella frialdad que había sentido cuando lo tenía sujeto al enfrentarse a Erick. Daría lo que fuera por volver a ver esos ojos violetas y esa enorme sonrisa. Quería volver a escuchar sus palabras convertidas en regaños, y que le sorprendiera con la guardia baja.
Pero de momento, solo se conformaba con estar a su lado y vigilar su sueño. Ya habría tiempo, después, para cualquier otra cosa.
Salió de la habitación, a su pesar, poco antes de que hubiese cambio de turno y algún médico o enfermera le descubrieran dentro. Aun no estaba dispuesto a partir.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaa
Una vez que salió el sol, vio desfilar un sin fin de personas por aquella habitación. Quatre, Trowa, el padre Roberts, los vagabundos del comedor de pobres, algunos feligreses, Traize y su séquito y hasta la última persona que hubiese esperado ver por allí. Siempre procuró esconderse, no buscaba ser descubierto tan pronto. Procuraba escuchar todo lo que hablaban en la medida de lo posible. Pero fue hasta que la última persona salió de aquella habitación que escuchó las palabras que eran dirigidas a él.
- ¿Cuánto tiempo más va a estar allí afuera, Agente Yuy?...
Sintió su corazón agitarse al escuchar aquella voz. Necesitaba mantenerse bajo control, no estaba 100% seguro de que realmente le hubiese escuchado, quizá solo había sido producto del poco descanso y la nula concentración que estaba teniendo últimamente. Así que, asomó la cabeza a través de la puerta, tratando de guardar su sorpresa hasta el fondo y mostrando, como siempre, su apariencia fría. Pero todo parecía indicar, que si, realmente ese chico sabía que él estaba allí. Quizá alguien le había dicho que estaba afuera de su habitación. No debería de sorprenderse, pero lo había hecho.
Heero pudo ver de nuevo aquella amplia sonrisa mientras atravesaba en silencio la habitación hasta llegar a él. A pesar de que deseaba tanto ver aquellos ojos y aquella sonrisa, mantuvo su apariencia fría ante él. No quería darle a notar cuan contento se podía sentir al verle de nuevo, bien y a salvo.
– ¿Cómo supo que estaba yo aquí? - dijo el agente Yuy retirando el cubre bocas y frunciendo el ceño al verse descubierto.
Duo volvió a sonreír sintiendo una enorme felicidad crecer en su pecho. Ya lo sabía, lo sabía. Pero no sabía explicar como es que lo sabía.
- Gracias por salvarme – dijo de forma sincera sin dejar de sonreír.
Heero solo le observó sin decir nada. Duo tenía un parche en el cuello que cubría aquellas dos ronchas hechas por Erick, el suero colgaba de un gancho movible, al igual que una pequeña bolsa de sangre vacía. No parecía estar mal herido, pero según había leído en el informe del médico de guardia, Duo había sufrido un infarto, pero lo habían logrado estabilizar en la ambulancia. Había ingresado inconsciente y con una anemia severa, hubo la necesidad de transfundirle sangre y mantenerle en observación constante. Por eso se veía pálido y con el cabello totalmente suelto, hasta indefenso, parecía un niño necesitado de seguridad.
Y él quería ser quien se la diera.
Cuando Duo vio que el agente permanecía en silencio solo viéndole, su sonrisa se borro por un instante y bajó la vista hasta sus manos.
- Quizá estoy asumiendo que fue usted quien me salvó – él estaba creyendo que su seriedad se debía a que había cometido algún error – pero ya que es a usted al último que recuerdo...
- ¿Qué recuerda? – preguntó de pronto haciendo que Duo levantara la vista y se sonrojara de golpe. No, no quería ser tan brusco, pero necesitaba saber si recordaba lo último que le había dicho. Se sentía desesperado por escucharle decir lo mismo que antes de caer en un paro respiratorio. ¿Se lo habría dicho de forma consciente, sabiendo lo que aquellas palabras significaban? ¿O había sido todo producto de verse a las puertas de un abismo? Por eso estaba desesperado, por eso quería saber y no dejaría de insistir hasta conocer la respuesta a esa duda - ¿Hasta qué punto recuerda? ¿Sabe que fue lo que ocurrió en esa iglesia? ¿Por qué esta usted en el hospital? ¿Lo sabe? – Duo sacudió la cabeza haciendo que su cabello se agitara con él
- No, yo no lo se. Lo último que recuerdo es haber salido corriendo de mi habitación... - Era buen camino, pero necesitaba seguir presionando hasta obtener la respuesta que buscaba. Lo quería orillar hasta ese punto exacto e iba a insistir hasta lograrlo.
- ¿Por qué salió corriendo? – Duo elevó la vista hasta clavarla en la cobalto del agente y éste vio el dolor en aquellos ojos violetas. No quería verlo sufrir de nuevo, pero por lo menos esa cara le indicaba que recordaba la escena en el claustro. Era tan fácil leer en el rostro del seminarista, que no le hacían faltas las palabras para entender.
- Por favor, no me haga recordarlo, no me haga repetirlo. No estoy en condiciones – dijo bajando de nuevo la vista.
- ... - Heero prefirió callar, hasta que el seminarista volvió a hablar.
- Puede contarme, ¿Qué pasó en la iglesia? Por favor. - Al parecer buscaba cambiar de tema. Pero no podía contarle todo el horror vivido dentro de la iglesia, él mismo le había dicho que no estaba en condiciones. Quería que fuese él quien recordara, no contarle, eso no serviría de nada.
- No es conveniente.
- Por favor. Necesito saber que ocurrió. ¿Erick era el asesino? – Heero cabeceo en acuerdo. ¿Qué caso tenía negárselo? Tarde o temprano se enteraría – Entonces... – dijo bajando la vista y poniendo un dedo sobre su barbilla, como meditando sus palabras – Esos ojos rojos, esos horribles colmillos ¿Era Erick? ¿Pero cómo? - dijo viéndolo de nuevo
- No sabemos si Erick era su verdadero nombre, ya que también era conocido como Edward Willson y muchos otros mas, según me comento él mismo – Duo abrió los ojos con sorpresa – No sabría explicarle, ya que no hay algo lógico en todo lo que ocurrió en la iglesia. Durante todo este tiempo, he tratado de construir en mi cabeza una historia coherente, algo que me diga que lo que vivimos no fue un sueño, una fantasía. Pero no he podido hacerlo – realmente su pensamiento siempre lógico no había querido ocuparse en otra cosa que no fuese la salud del seminarista.
– Yo... yo... - comenzó a tartamudear - me parece recordarme con uñas y dientes – dijo tomando fuertemente su cabeza – me parece que todo esto es una horrible pesadilla. Aun ahora, me siento sumido entre penumbras, sin poder recordar todo con claridad. Usted... - dijo elevando la vista para verlo - ¿Usted? ¿Cómo está usted? - dijo abriendo mucho los ojos.
– Bien – dijo Heero de forma seca – sobreviví.
– Pero estaba muy mal herido. Sangraba y no podía sostenerse. ¿En verdad está bien? - volvió a preguntar un tanto preocupado.
– Puede verme, estoy de pie y estoy vivo – Duo sonrió de nuevo, mostrándole esa sonrisa luminosa que tanto recordaba.
– No le caería mal un poquito de humildad, agente Yuy
– ¿Humildad? - pero de que diablos estaba hablando ahora. Duo sonrió de forma enorme.
– Estuvo a punto de morir y en lugar de dar gracias a dios, solo dice de forma fría y seca que, sobrevivió – Heero sonrió ante sus palabras. Lo había hecho de nuevo.
– Y lo hizo de nuevo – Duo abrió los ojos y clavo su mirada en los cobalto – Me regañó como es su costumbre, seminarista Maxwell.
– ¡Oh!, ¡Lo siento, agente Yuy, nunca fue mi intención – dijo contrariado y sonrojándose
– No se disculpe, seminarista Maxwell, me lo tengo bien merecido – Duo sonrió de nuevo
– Entonces, en verdad ¿Está usted bien?
– Si.
– Pero venga, déjeme verlo mejor – dijo Duo palmeando la orilla de su cama, indicándole con ese acto que quería que se sentara cerca de él.
Heero se acercó de forma obediente, sentándose en una orilla de la cama del chico. Duo se acercó para ver mejor las heridas de su brazo, sacándolo del cabestrillo y levantándole la manga para revisarle. Heero no perdió de vista la expresión de su cara. Pudo ver el gesto de horror al ver las vendas manchadas de sangre, y como algunas heridas de su mano aun sangraban un poco. Después lo vio elevar la vista para perderla en su cara, sintió sus dedos recorrer de forma lenta las cicatrices que Erick le había causado.
Era una sensación tan placentera, que por impulso cerró los ojos para sentir mejor esas caricias. Abrió los ojos de golpe, y detuvo aquella mano, cuando aquellos delgados dedos comenzaron a descender por su rostro, recorriendo lentamente desde su frente hasta su cuello. Una corriente eléctrica, como si hubiese sido un rayo, le recorrió la espina dorsal y algo en su entrepierna amenazó con despertar.
– ¿A... agente Yuy? - no aguantaba más, iba a tener que seguir presionándolo para poder hablar claramente. La necesidad de tocarle, de besarle y acariciarle crecía a cada segundo. Pero no iba a hacer nada, no hasta saber si recordaba lo que le había dicho aquella noche y sobre todo, si se seguía sintiendo igual.
– Antes de perder el conocimiento, después de que detuvimos a Erick, ¿Recuerda lo qué me dijo? - Duo soltó su mano de la de Heero y bajó la vista. Lo vio dudoso, como tratando de recordar, pero al parecer no lo sabía. Duo elevó de nuevo la vista para verle
– ¿Qué le dije? Estoy tratando de recordar, pero nada viene a mi memoria.
– ¿Recuerda qué le pasó a Erick? ¿Sabe cómo terminó? - Duo abrió mucho los ojos y apretó los dientes mostrando una cara de horror.
– El encendedor... voló por los aires... Erick, Erick... ¡Noooo! - dijo al tiempo en que cubrió su rostro con sus manos – Erick murió... quemado.
– Si – confirmo Heero - ¿Y entonces, qué le pasó a usted?
– Yo... yo... no se. No se. Caí al suelo y no recuerdo nada mas.
– Erick le pedía que me matara. ¿Recuerda eso?
– ¿Matarlo? Yo jamás podría hacer eso – dijo Duo viéndolo fijamente.
– ¿Por qué? - cuestionó el agente.
– ¡Porque, porque no!. No soy un asesino. Jamás le haría daño a nadie, mucho menos a usted, agente Yuy.
– ¿Y por qué menos a mi? - volvió a cuestionar Heero.
Heero vio como Duo bajó la vista, no sabía si estaba tratando de recordar lo que le había dicho. Lo estaba presionando, lo sabía, pero necesitaba que recordara y al parecer, el presionarlo estaba funcionando. Así que elevó la mano hasta que sus dedos rozaron la barbilla del chico haciendo que este levantara de nuevo la vista hasta clavarla en sus ojos.
– ¿Qué le dijo Erick, cuando no quiso matarme? - vio como aquel sonrojo en las blancas mejillas del seminarista comenzó a intensificarse. Pudo sentir como trató de mover su rostro hacía atrás para alejarse de él, pero no se lo permitió.
– Por... por favor... - murmuro Duo tratando de alejarse de nuevo, pero esta vez la mano de Heero le tomó de la nuca para acercarlo más a su rostro.
Heero pegó su frente a la del chico, dejando que su mirada azulada se perdiera en las orbes violetas del seminarista, quien le miraba de forma asombrada. Sus mejillas estaban totalmente teñidas de rojo y sus brazos se empeñaban en tomar su brazo, tratando de soltarse.
– Agente Yuy
– Lo recuerda, ¿Verdad? - Dijo Heero interrumpiendo cualquier cosa que Duo iba a decirle. Duo guardó silencio. Mientras la mano del agente dejó de tomarlo fuertemente de la nuca y comenzaba a dejar que sus dedos acariciaran aquella piel cálida y sonrojada.
Heero pudo ver como los ojos del chico se cerraba al sentir aquella caricia, como aquella respiración comenzaba a agitarse ante su solo contacto, mientras su propia respiración se aceleraba a su vez. Disfrutaba acariciando aquella piel, viendo aquel rostro agitado y aquellos labios sonrosados abriéndose y cerrándose debido a la respiración de su dueño.
– A... agente... agente Yuy – le escuchó murmurar su nombre entre jadeos.
– Lo recuerda, ¿Verdad? - repitió la pregunta que aun no había sido respondida. Duo abrió los ojos en ese momento y le observo sin decirle nada, pero no era necesario, su rostro, totalmente sonrojado, le daba la respuesta – Se que lo recuerda, su rostro, sus ojos, todo usted me lo esta diciendo.
– Lo recuerdo – murmuró el seminarista – vagamente, pero lo recuerdo – Heero acarició con dos dedos, la mejilla sonrojada haciendo que Duo cerrara los ojos de nuevo.
– ¿Y lo qué usted me dijo antes de perder el conocimiento? ¿Lo recuerda? - Duo abrió los ojos y los clavó de nuevo en los cobalto – Que Erick ten...
– No lo diga – dijo Duo tapando la boca del agente Yuy con sus dedos, al tiempo en que bajaba la vista.
Heero sintió aquella mano tibia posarse sobre sus labios y quitó la suya del rostro del seminarista para tomar aquella mano, dejando que sus labios besaran los dedos del chico, haciéndole levantar la vista a la carrera para verle de nuevo. Sabía que lo que hacía le traería los recuerdos de lo sucedido en el claustro.
– Agente Yuy, no... - dijo tratando de quitar su mano, pero Heero se lo impidió.
– ¿Por qué no? Su corazón late a la par que el mio, su cuerpo arde como arde el mio. Si recuerda lo que me dijo, sabe que yo... - de un jalón Duo retiro su mano de la de Heero e interrumpió lo que el agente le estaba diciendo a la carrera.
– No, no lo diga. No me torture con sus palabras, con sus caricias. No quiero recordar lo que pasó, lo que hice, por favor – dijo sacudiendo la cabeza y cerrando los ojos.
– Por favor, seminarista Maxwell, por favor... Duo – los ojos de Duo se abrieron de forma enorme al escuchar su nombre.
– Dígalo de nuevo – pidió Duo en voz baja, pero lo suficientemente alto como para que Heero lo escuchara.
– Duo – las lágrimas en el rostro de Duo no se hicieron esperar.
Heero se acercó hasta el rostro de Duo y con suaves besos comenzó a secar aquellas lágrimas. Duo ni siquiera hizo el intento de apartarlo de su lado, al contrario, pasó sus brazos por el cuello del agente para abrazarlo a su cuerpo. Heero sintió aquella calidez envolverle por completo. Jamás creyó que al pronunciar aquel nombre lograría romper las barreras que el chico había construido entre ellos.
– Duo – volvió a susurrar al oído del chico haciéndole estremecer. Se separó un poco de su rostro para levantar con su mano la barbilla del chico.
Los labios de Duo temblaban, mientras la mirada de ambos no se separaba. Podía ver aquella luz en esos ojos violetas, aquellos ojos que por un momento había temido jamas volver a ver. Sentía que su cuerpo era acercado al del seminarista como si este fuese un imán y el chico no parecía oponer mas resistencia. Quizá ahora podría decirle, convencérle, o lo que fuera.
– ¡HEEEEEERRRRROOOOO!
El grito ensordecedor de una mujer les hizo separarse de forma brusca, al tiempo en que la puerta de la habitación se abrió y una chica rubia, cargada de maletas y paquetes, apareció enfurecida.
– "Maldición", "Por poco lo logro" - pensó Heero suspirando de forma pesada al reconocer a la rubia que recién llegaba,
– ¿Pero qué significa esto, Heero? - la rubia se aproximó hasta los dos chicos en la cama y sin dejar de ver a uno y a otro, comenzó a reclamar – Me mandaste a Europa por dos semanas. Me puse a buscarte en cada uno de los hoteles de las ciudades en las que me dijiste que ibas a estar. Gaste una fortuna en ropa y cuando llamó a mi casa para decirle a mi padre que no puedo encontrarte. ¿Que crees que me dijo? - sin esperar respuesta prosiguió - ¡Que tu estabas aquí!. Me regrese en el primer vuelo y vengo a verte ¿y con qué me encuentro? ¿Estas con una chica?, ¿En su cama?
– ¡Yo no soy una chica! – dijo Duo algo molesto. Relena volteo a ver a Duo en la cama con el ceño fruncido y los puños apretados. Camino dos pasos para verlo mejor, después sus ojos se abrieron con sorpresa y exclamó de forma alarmada.
– ¡Oh, por dios!, Usted es el seminarista Maxwell – Duo asintió.
– Si, lo soy – Relena esta vez volteo a ver a Heero y señalando a Duo, reclamó.
– ¿Ahora eres gay? - dijo sumamente molesta. Duo iba a hablar, pero Heero tomó su mano apretándola ligeramente para impedírselo, entonces fue él quien lo hizo.
– Eso no es de tu incumbencia, Relena – aclaró el agente.
– ¿Qué no es de mi incumbencia? Pero si me pediste que te buscara en Europa...
– Lo hice para quitarte del camino. Yo jamás me fui del país – Los ojos azules de Relena centellaron con furia ante lo dicho por el agente.
– Eres un... - trató de volverle a reclamar, pero Heero le interrumpió.
– Te lo advertí, Relena. Deja de buscarme.
– Hay, está bien, está bien – dijo Relena levantando las manos en forma defensiva - Mejor voy a fijar mis atenciones en ese guapo y sexy seminarista – Duo y Heero voltearon a verse sin entender el comentario.
– ¿Cuál seminarista? - preguntó Duo intrigado, después de todo, el único seminarista en la iglesia era él y la rubia no le interesaba en lo mas mínimo.
– El rubio, el que tenía una cicatriz en la cara. Bueno, eso es lo de menos, una cirugía plástica y quedará muy guapo – dijo Relena de forma sonriente. Al parecer el capricho que tenía por Heero ya había pasado, pero le tenían una pésima noticia.
– Ha, Relena, ese era el asesino – dijo Heero sin darle importancia al asunto.
– ¿Qué? ¿Cómo que el asesino? Si ese chico beso mi dedo cuando me rompí la uña. Limpió mi sangre y... ¿El era el vampiro? - Heero asintió - ¡Dios!, ¡Estuve en peligro de muerte! - dijo aterrada.
- Deberías fijarte mejor en la persona que escoges para atosigar.
– ¡Heero!, ¿Pero cómo te atreves? - volvió a vociferar la rubia, al parecer aun tenía ganas de pelear.
– ¡Alto! - dijo Duo haciendo que Relena guardara silencio y volteara a ver al que estaba en la cama – señorita Relena, le recuerdo que esto es un hospital y tanto el agente Yuy como yo estamos convalecientes. Y no solo nosotros dos, hay mas pacientes en los cuartos contiguos y sus gritos se deben escuchar en todo el hospital. Así que le pido de favor, que si aun tiene mas cosas que decirle al agente Yuy, lo vea con él mas tarde y a solas, ya que no sería conveniente que las demás personas se enteren de su rech... - se corrigió – sus problemas. Y le recomiendo que mida mucho el volumen de su voz – Relena se sonrojo por las palabras dichas por el chico del pelo largo.
– ¡Esto es el colmo! Usted me esta...
– Si, te regañó, como es su costumbre – dijo Heero mostrando una mueca en forma de sonrisa al ver la cara espantada de Relena. Nadie, ni siquiera su padre, le regañaba como lo había hecho el seminarista Maxwell – Ahora, será mejor que salgas. Tu padre debe estar preocupado, así que porque no vas a verlo.
– ¡Aaahhh! - expresó indignada. Se dio la media vuelta, recogió maletas, pateo paquetes y cerró la puerta dando un portazo.
Duo suspiro cansado. Ni siquiera se había dado cuenta que Heero había permanecido todo el tiempo sujetándolo de la mano.
– Duo – dijo Heero haciendo que los ojos del seminarista se giraran para verlo, pero el no giro el rostro, solo sus ojos – tenemos que hablar sobre...
– Antes de que diga nada – dijo Duo soltando su mano del agente – necesito recordarle que voy a profesar este fin de semana.
Heero frunció el ceño de forma molesta. Después de todo lo que habían pasado, de estar a punto de morir, de confesarse mutuamente lo que sentían, aun así ese terco y estúpido chico pensaba convertirse en sacerdote.
– No – dijo Heero poniéndose de pie y viéndolo de forma fría – usted no puede convertirse en sacerdote.
– Ya le he dicho a su eminencia Traize que lo haré – aseguró. Heero ya se imaginaba que su eminencia Traize no había ido solo a ver como se encontraba, pero por un momento pensó que Duo recapacitaría su decisión. Al parecer se había equivocado.
– Usted no tiene vocación – aseguro Heero haciendo que esta vez fuera el ceño de Duo el que se frunciera – si dio su palabra, deberá retractarse, ya que no voy a permitir que cometa semejante estupidez.
– ¿Que va a hacer, presentarse en la ceremonia y decir que se opone? - dijo Duo de forma sarcástica y molesta, ya que no pensaba que el agente se atreviera a tanto.
– Si – tal afirmación hizo que la boca de Duo se abriera de forma asombrada – voy a ir al arzobispado, que es donde se llevará a cabo la ceremonia y les diré a todos que usted no puede ser sacerdote.
– ¡Agente Yuy!
– Y no puede serlo porque además de no tener vocación, usted me ama – Duo se sonrojó y apartó la vista del agente para después hablar.
– Eso... eso no es... no es verdad... - tartamudeo totalmente rojo.
– Debe recordarlo, fue eso lo que me dijo antes de que cayera inconsciente – Heero se sentó de nuevo a su lado tomando fuertemente su barbilla para que le viera - dígame que eso no es cierto, pero viéndome a los ojos – Duo tomó la mano del agente para tratar de apartarse, pero Heero bajó la mano hasta el pecho del chico y oprimiéndola firmemente continuó – dígame que no es cierto que su corazón late apresurado, que su cuerpo no tiembla ante mi tacto, que no esta ansiando que le bese – dijo uniendo sus labios con los del seminarista de forma sorpresiva.
Lo sintió forcejear solo al principio, pero un instante después sintió como se relajaba entre sus brazos, como aquel cuerpo delgado se amoldaba al suyo respondiendo al beso dado. Las corrientes eléctricas cruzaban por todo su cuerpo, le inflamaban la sangre y le nublaban los sentidos. Podía sentirlo temblando ante su tacto, mientras con la mano que no tenía herida, acariciaba su espalda, mientras su lengua viajaba en el interior de la boca del seminarista, saboreando, embriagándose con su sabor.
Se separó de los labios del seminarista cuando les hizo falta el aire, fue entonces que sintió que era empujado con fuerza por el pecho, haciéndolo ponerse de pie para no caer al suelo. Pudo ver como el chico mantenía su rostro bajo, haciendo que los mechones de su cabello cubrieran parte de su rostro y también pudo ver sus lágrimas resbalando por sus mejillas hasta mojar la sabana con la que aun se cubría.
Heero Yuy podía ser duro, frío, arrogante y calculador. Usaba su razonamiento siempre lógico para mantener en total control sus emociones y procuraba nunca entablar lazos con sospechosos o victimas. Pero este chico, Duo Maxwell, había sabido... es más, ¡no supo ni como!, pero se había instalado en su cabeza y su corazón, rompiendo todas sus barreras y resquebrajando sus emociones, a tal punto, que le hacía reaccionar como jamás lo había hecho.
Por eso, ver aquellas lágrimas le hacían sentir un nudo en la garganta y la culpabilidad por lo que había hecho comenzaba a martillar su conciencia.
– ¡Váyase!, por favor – dijo de forma firme – no quiero que siga tentándome. Mi decisión esta tomada y aun que usted se presente en la ceremonia...
– Usted pudo darse cuenta, hace apenas unos segundos, que su determinación va a flaquear y mas temprano que tarde, usted va a pecar, según su religión.
La mirada de Duo se clavó de forma penetrante en la cobalto. Sus labios comenzaron a temblar y abrió la boca para decir algo, pero nada salió de ella por varios segundos. Y cuando por fin hablo, su voz sonó muy baja.
– Yo jamás...
– No se mienta, Duo, sabe que lo hará. Según su religión, hasta con el pensamiento puede pecar y le aseguro, que lo hará – Duo bajó la vista sin poderle refutar nada.
– Váyase – musito en voz baja – ya no le quiero seguir escuchando, ya no quiero verle más.
Heero lo observo apretando los puños. Estaba molesto por la determinación del chico, por esa absurda lealtad a una vida que no le iba a llenar, que no le iba a satisface en nada y tarde o temprano iba a terminar cansándose de ella. Pero el seminarista no parecía verlo así. El chico quería sacrificare para pagar una deuda moral con aquellos que le habían criado y mantenido por años.
Eso era de admirarse – debía reconocer – pero no quitaba el echo de que le doliera tanto.
– Por favor, márchese, agente Yuy – volvió a repetir Duo, levantando la vista y viendo al agente Yuy aun parado cerca de la cama.
Heero quería decirle que no se iría, que se quedaría allí hasta que aceptara irse con él y olvidara esa tontería de ser sacerdote.
Pero se quedo callado.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaa
Duo tembló de forma perceptible haciendo que Heero retrocediera. Había podido ver como los vellos del brazo del chico se había erizado, como si tuviera frío. Entonces Duo cubrió su nariz y sus ojos se clavaron de forma sorprendida en la puerta cerrada de su habitación. Los ojos cobalto del agente siguieron la mirada del chico ¿Que estaba viendo, si la puerta estaba cerrada?
Entonces la puerta se abrió y un hombre alto y joven, de cabellos largos y usando una bata medica entró con una bandeja en las manos.
– Buenas noches, la hora de visita ya termino – dijo viendo al agente. Heero volteo a ver a Duo, sus ojos estaban sumamente abiertos, al igual que su boca, y parecía estar temblando de miedo. No sabía que le ocurría al seminarista y su intuición decía que nada bueno, pero no tenía forma de averiguarlo – puede dejarme solo con el enfermo, debo tomar algunas muestras y revisarlo – Heero cabeceo en acuerdo sin saber que decir para quedarse. Aun no terminaba de hablar con el seminarista, pero ya se las arreglaría para verle mas tarde. Dio un paso para alejarse, pero la mano del seminarista cerrada sobre la tela de su camisa se lo impidió.
– No se vaya – le escucho murmurar, al verle de reojo, se dio cuenta que la vista violácea del chico no había dejado de ver al recién llegado – él huele a sangre
Heero quiso hablar y decirle que era obvio que oliera a sangre, acababa de decirle que iba a tomar una muestra de él, así como seguramente, la había tomado de otros pacientes. Pero Duo se le adelanto.
– El no es un ser viviente... - Eso hizo que Heero abriera muchos los ojos
El médico que había entrado, giró el rostro en ese momento, clavando su vista cristalina en aquellos ojos violetas. Duo sintió miedo, estaba aterrado de estar en la misma habitación con esa persona.
Heero observo al recién llegado y pudo notar la mirada clavada en la vista de Duo. No le gustó nada lo que veía, parecía que el médico quisiera asesinarlo con ella.
– ¿Pero de que habla? - dijo el joven a Duo - ¿Yo soy alguien como ustedes? - Heero pudo ver como los ojos del medico parecieron relajarse – Le aseguro que no le voy a lastimar. ¿Es por eso que me dijo que soy inhumano? ¿Por que no le gustan las agujas o algo así?
"Deja de jugar. Tus palabras asustaran a todo el mundo"
– ¿Q... qué? - dijo Duo comenzando a temblar, aun sosteniendo la camisa del agente. Heero observó esa mano y después se giro para ver al médico.
"Sobreviviste a uno de nosotros, por eso puedes olerme... y oírme"
– ¿Q... qué, qué?
– ¿Qué sucede seminarista Maxwell? - pero Duo no respondió, solo seguía viendo los ojos de aquel médico y tartamudeando una pregunta que no alcanzaba a decir.
"Dile que se vaya"
– N... No. No se vaya agente Yuy
"¡Maldición!, dile que se vaya"
– ¡No!, ¡No! - dijo agitando fuertemente la cabeza, haciendo que su cabello suelto se moviera a su vez.
– ¿Qué esta pasando, seminarista Maxwell?, ¿Por qué esta tan alterado? ¿Doctor? - dijo Heero girando la vista de uno a otro de aquellos en la habitación.
– He, quizá le teme a las agujas. Será mejor que le pida a alguna enfermera que le ponga un calmante y yo vuelvo mas tarde – dijo el joven médico dándose la vuelta y dispuesto a partir. Pero Duo le detuvo al volver a hablar.
– ¿Que quiere? ¿por qué esta usted aquí? ¡¿Es acaso un ángel de la oscuridad que viene a buscarme?! - pregunto Duo haciendo que el médico volteara a verle de nuevo.
– ¿Ángel de la oscuridad? - dijo mostrando una mueca en forma de sonrisa – Parece que esta algo confundido. Aun que trabajo en el turno nocturno, no soy ningún ángel – Heero solo frunció el ceño, Duo parecía confundido, pero ese médico tenía un aura extraña que le rodeaba y la acentuaba con sus palabras y sus acciones. Al parecer su razonamiento lógico volvía a funcionar y este le decía que ese tipo, estaba ocultando algo. Y por lo mismo, aunque el seminarista le había pedido que se fuera, no iba a dejarle solo.
– Ya veo – dijo el médico dándose la vuelta para quedar de frente a ellos de nuevo – así que no piensa dejarle solo – dijo viendo esta vez a Heero – ¿será usted la mamá del niño? ¿Va a quedarse con él hasta darle su mamila y cambiarle el pañal?
Heero frunció el ceño al escuchar aquellas palabras y ver aquella mirada cínica dirigirse a él, aun que esta cambió al instante siguiente. Siempre había usado su poder de observación y su razonamiento lógico para tratar de determinar la personalidad de una persona, casi nunca fallaba, y en esta ocasión, sabía que ese médico estaba ocultando algo y quería sacarlo de la habitación de alguna forma. Pero la psicología inversa no funcionaba con él y saberlo le hizo sonreír.
Pudo ver como la sonrisa de aquel hombre vestido de blanco se borro al ver al agente tan calmado. Heero sabía muy bien como guardar sus emociones y darle vuelta a la situación.
"Prometo que no le haré daño, solo hágalo salir. Debe tener la enorme curiosidad de saber que le ocurre y porque detecta olores que antes no podía ni imaginar que existieran. Yo se lo puedo explicar. No todos somos horrendos monstruos sedientos de sangre y capaces de matar"
Duo abrió los ojos con sorpresa. Si, tenía curiosidad por saber que ocurría con él y sobre todos, que iba a pasar en el futuro.
– Agente Yuy – Heero volteo a verle al tiempo en que Duo le soltó de la manga – puede marcharse ahora.
– ¿Hn? - ¿Y ahora que había pasado? ¿No acababa de pedirle que se quedara? ¿Por qué le pedía que se marchara de nuevo? - Hn – solo respondió a la petición.
Heero salió de la habitación, pero lejos de irse, se quedo parado a un costado de la puerta, escuchando, ya que no estaba dispuesto a permitir que alguien le hiciera daño a Duo. Ese medico se le hacía extraño y sabía que no debía dejarlo solo en su compañía.
El medico se quedo en su sitio viendo la mirada violácea del chico en la cama. Era notorio su nerviosismo, por lo mismo sonrió.
– Sabe tan bien como yo, que no estamos solos – dijo sin perder esa sonrisa – su amigo esta allí afuera, escuchando todo. No es necesario que le vea, que le escuche, usted puede detectar su aroma.
– ¿Como lo sabe? - preguntó Duo, ya que era verdad, el aroma a vainilla y tabaco seguía estando muy presente, ese aroma que tanto identificaba con el agente Yuy.
– Porque yo también lo huelo – Duo guardo silencio – así como también huelo su miedo y muchos olores que identifico con los sentimientos de ustedes, los humanos. Y digo de ustedes, porque a pesar de que yo lo desee, yo ya no lo soy.
– ¿He?
– El vampiro, ese ser que describían como el asesino de vagabundos, no es el único; hay mas – los ojos de Duo casi se desorbitaron al escucharlo, ¿mas vampiros? - Hemos vivido por muchos años, no somos fáciles de encontrar, ni de matar. Muchos vivimos entre ustedes, los humanos, pasamos desapercibidos porque buscamos escondernos. Tenemos miedo de la crueldad humana.
– ¿Miedo? ¿ustedes tienen miedo de nosotros? ¿Por qué? - cuestiono Duo sin entender.
– ¿Ya vio lo que le paso a este vampiro?, murió quemado. ¿No cree que eso fue cruel?
– Erick estuvo a punto de matarnos. El que muriera quemado fue un accidente, el agente Yuy le pidió que se entregara.
– Ese fue un accidente, pero muchos otros no lo han sido. Esas películas sobre vampiros han creado las absurdas ideas de que nosotros morimos clavándonos una estaca al corazón. No todos somos malos, hay muchos como yo, que sobrevivimos de otras formas, no matamos, al contrario, damos vida.
– Pe, ¿pero como sobreviven?, ¿No beben sangre humana?
– Esa es nuestra principal comida, pero no la única. Yo trabajo aquí, porque tengo de sobra. Hay bancos de sangre y soy quien toma las muestras. No sería la primera vez que una muestra se extravía – dijo el hombre sonriendo.
– Oh -solo pudo decir Duo, sin encontrar ninguna gracia en lo que acababa de escuchar.
– Pero no probaría la tuya
– ¿Por qué no? ¿A caso sabe fea? - el hombre ahora soltó la carcajada
– Todo lo contrario. Estoy seguro que tu sangre sería la mejor que haya probado en siglos y eso la hace peligrosa.
– ¿Humm?
– Fuiste mordido por uno de nosotros, no te convertiste en vampiro porque no bebiste sangre de inmediato y en teoría debiste morir cuando murió tu creador. Pero en extrañas ocasiones, un mordido sobrevive. Tu sangre ha sido contaminada, lo que la hace una droga para un vampiro, y como una droga, no se puede dejar y uno muere por sobredosis.
– ¿Estas diciéndome que mi sangre es veneno?
– Es veneno para un vampiro, cualquier vampiro que pruebe tu sangre, morirá en poco tiempo. Si tu sangre es transfundida a un humano, no sucederá nada. Para ustedes los humanos, tu sangre es como la de cualquier otro.
– ¿Por qué supe que eras un vampiro?
– Mi aroma. Todos los vampiros tenemos el mismo aroma, por lo que es fácil identificarnos. Incluso, ustedes, los sobrevivientes, también su aroma es particular. Te será fácil identificarnos a nosotros o identificar a otro sobreviviente. Ahora deberé llevarme tus muestras, pero ya sabes que las tuyas no desaparecerán.
Duo extendió su brazo y sintió el pinchazo. Poco después el hombre salió de la habitación y casi al mismo tiempo. Heero entró.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaa
Los ojos de Duo le vieron con sorpresa y casi de inmediato le hablo. Al parecer había olvidado lo que le había pedido e iba aprovechar al máximo cualquier oportunidad.
– ¿Escuchó? - preguntó al agente sin dejar de verlo – Se que estuvo allí afuera, pero no se si escuchó bien todo lo que ese hombre me dijo.
– Escuché todo de forma clara.
– ¿Y que opina? - cuestionó intrigado.
– Por lo menos ahora estaré seguro de que usted ya no corre peligro.
– Pero... pero ¿No le preocupa que haya mas vampiros? ¿mas asesinos como Erick?
– Para serle franco, no.
– ¿Por qué? No le entiendo.
– Según dijo ese doctor, ellos nos temen, tanto como nosotros les tememos a ellos – Duo cabeceo en acuerdo – desde mi punto de vista, ellos son como nosotros, hay de todos los tipos. Así como los humanos se dividen en buenos y malos, también ellos; y buscar a los malos sería como buscar a los criminales humanos. Mientras no lastimen a nadie, yo no haré nada y tampoco puedo hacerlo, porque ya no tengo trabajo.
– ¿Qué dice? - dijo Duo aun mas sorprendido - ¿Cómo que no tiene trabajo?
– Me despidieron por desobedecer una orden directa de mi jefe.
– ¿Pero como pudieron hacerle eso? Usted y el agente Winner fueron quienes detuvieron al vampiro. ¿Eso no le ayudó a que fueran indulgentes? - Heero solo se encogió de hombros, daba la impresión de que no le importaba. Duo bajó la vista y apretó los puños sobre la sabana – Fue culpa nuestra, ¿Verdad? - dijo elevando de nuevo la vista para clavarla en los ojos cobalto del agente.
– Fue nuestra decisión desobedecer las ordenes. Por lo menos Quatre solo fue suspendido, después será reasignado, yo fui el despedido. Fue por mi terquedad, usted o la gente de su iglesia no tuvieron nada que ver – Duo sonrió, a pesar de que sus ojos mostraban la tristeza que le provocaban el saber al agente sin trabajo.
– Está mintiendo por tratar de hacerme sentir mejor, pero se que usted lo hizo por nosotros.
– Si quiere verlo de esa forma, entonces le diré que fue por usted.
– ¿Por mí? ¿Por qué dice que es por mí?
– Por que no quería dejar de verlo, porque usted se metió en lo mas profundo de mi mente y no estaba dispuesto a que ese vampiro le hiciera daño – dijo Heero llegando hasta la orilla de la cama para tomarlo de la mano que había comenzado a apretar aquella sabana.
Duo trató de soltarse, pero la fuerza del agente Yuy era mucha, aun estando herido, su fuerza no había menguado en nada. Forcejeo tratando de soltarse, pero Heero no le soltó en ningún momento y volvió a hablarle.
– Escuche – dijo Heero, pero Duo apretó los ojos y bajó la cabeza e hizo intento por soltarse de nuevo, pero esta vez con menor fuerza.
– No
– Escuche – volvió a insistir. Heero le movió la muñeca para captar su atención. Pero Duo volteo la cabeza al lado contrario de donde estaba el agente.
– No – volvió a decirle.
– Escúcheme, solo lo diré esta vez y jamás lo volveré a repetir – Duo dejó de forcejear y le vio a los ojos, entonces Heero le soltó y le vio a su vez – Te Amo Duo – los ojos de Duo se abrieron de forma enorme al escucharlo – no se en que momento paso, no se cuando fue el momento en que rompiste todas mis barreras y te metiste en mi corazón. No se en que momento mi cabeza se nublo a tal punto, que buscaba a toda costa que fueses culpable para encerrarte en la mas oscura de aquellas mazmorras y así poder olvidarme de ti y de lo que sentía, porque yo tenía prohibido sentir. Eras un seminarista, alguien empeñado en convertirse en sacerdote y sin embargo, no me importó – Duo solo le observó y Heero aprovecho para continuar - Quiero que te quedes conmigo, que vengas a mi lado y vivamos juntos. Me gustaría que olvidaras el convertirte en sacerdote, para que te conviertas en la persona mas importante en mi vida. Quiero que me regañes todos los días, que tu sonrisa ilumine mis noches y que tus ojos guíen mis días. ¿Podrías ayudarme, Duo Maxwell? Ya que, te aseguro no habrá nadie en este mundo, que te necesite mas de lo que te necesito yo.
Heero no perdió detalle del rostro de Duo. Esté en ningún momento dejó de verlo y pudo ver como sus ojos se abrían cada vez mas con forme hablaba. Le vio palidecer ante su confesión y ante sus palabras. Le vio sonrojarse y supo entonces que su corazón estaba latiendo tan fuerte como latía el suyo. Le vio guardar silencio y por primera vez en mucho tiempo, no supo que le diría, no vio como antes, su interior. Siempre había sido como un libro abierto, transparente, puro y sincero. Siempre supo que él no era capaz de dañar a nadie, pero su estúpida terquedad y el no saber como reaccionar a lo que sentía hacía ese chico, era lo que le había llevado a tratarlo de la forma en que lo hizo.
Sintió que habían pasado siglos desde que ambos habían guardado silencio y solo se habían quedado viendo.
Pero entonces Duo cerró los ojos apretándolos de forma fuerte al tiempo en que apretaba las sabanas con sus manos.
– ¡Lo siento!, lo siento mucho, agente Yuy, pero no puedo ayudarle – dijo Duo sin animarse a abrir los ojos. Pasaron unos segundos sin que se escuchara ningún ruido o comentario. Entonces Duo volvió a abrir los ojos y vio los del agente frente a él.
Heero vio los ojos violetas del chico desde la orilla de la cama. Podía ver como su boca aun permanecía abierta ante lo ultimo que le había dicho. Metió una mano a la bolsa del pantalón azul. Si hubiese podido, hubiera sacado también un cigarro para fumarlo allí mismo.
Estaba realmente molesto.¿Por qué tenía que ser tan terco? Pero ya no había mas que hacer.
– Se que conoce la ubicación del bar que esta en el barrio, cerca de la iglesia –Dijo Heero, volviendo a tratarlo de usted. Duo cabeceo en acuerdo - Le estaré esperando el viernes, a las 5 pm – dijo sin dejar de ver aquellos ojos violetas que parecían incrédulos – Creo que tendrá tiempo de sobra para llegar. Después de todo, deberá explicar porque no va a profesar. Le esperaré – dijo Heero dándose la vuelta para salir de la habitación.
– Agente Yuy – la voz de Duo le detuvo en la puerta. Se giró para verle y lo que vio no le gusto nada. Duo permanecía con la cabeza agachada y sus manos apretaban fuertemente le sabana de la cama. Entonces el chico levanto la cabeza y pudo ver como los ojos del chico le veían de forma triste y llorosa – sabe que no voy a ir, ¿verdad?
– Le esperare – dijo Heero saliendo de la habitación y cerrando tras de si.
Heero colocó su mano sobre su rostro antes de recargarse en la puerta de la habitación que acababa de abandonar. Se sentía tan cansado, que lo único que quería hacer era dormir. Y ya que no iba a poder hacer otra cosa, iba a dormir hasta que fuese viernes y Duo tomara su decisión. Duo tenía que decidir...
Amor o Religión.
Y esperaba que fuese amor.
Ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssssssssssss
El viernes se llegó terriblemente lento para Heero.
El continuo tic tac de aquel reloj le hizo levantar la vista para ver de nuevo la hora, pero solo habían pasado escasos 30 segundos desde la última vez que le había visto. Su imagen reflejada en aquel espejo detrás de la barra donde estaba sentado, le hizo fruncir el ceño. ¿Qué parecía? ¿A caso esa era la imagen que estaba presentando a todos en aquel bar? Ya ni siquiera parecía él mismo.
Regreso la vista al reloj y la hora simplemente no había cambiado, no podía ocultarlo, estaba muy desesperado.
- ¿A que hora le dije? – murmuro en voz baja - ¿A caso no piensa venir?
Apuro el vaso de licor que tenía en la mano y pidió otro. ¿Desde cuándo tomaba tanto? ¿Desde cuándo dejaba que sus emociones le controlaran? ¿Desde cuando se sentía como un humano y no como una maquina de atrapar criminales, frío y sin sentimientos?
- Desde que le conocí a él – se dijo mostrando una mueca en forma de sonrisa.
La puerta del bar se abrió y se giro para ver quien había entrado, pero al darse cuenta de que no era a quien él esperaba, se volvió a girar en su banco, recargando su cabeza en uno de sus brazos. Sintiéndose avergonzado al dejar escapar sus emociones cuando siempre había sido tan controlado.
De nuevo vio el reloj...
Ya era demasiado tarde, era probable que no viniera y que jamás le volviera a ver.
– Es mejor así – se dijo apurando el contenido del vaso y dejándolo sobre la barra de forma sonora.
Tenía el vaso vació apretado en su mano, mientras su cabeza se negaba a dejar de apoyarse en su brazo. Trataba de convencerse de que era mejor que no hubiese llegado, que era mejor seguir como hasta ahora, que no le necesitaba y sin embargo, algo en su interior dolía. Era como si una bala de metal le hubiese atravesado el pecho y se alojara dolorosamente en el corazón. No, no una bala, algo aun más fuerte y más grande, ¿Una bala de cañón acaso? ¿Un misil? No sabía como describirlo. No sabía que podía causar un dolor aun más fuerte que el de un balazo.
Se agarró el pecho tratando de que cediera, pero no era suficiente.
- ¿Por qué duele tanto? – se preguntó en voz baja, pero no había nadie que le pudiera responder. Poco a poco el bar se había ido llenando, pero no había nadie solo. Todos tenían compañía, quien no estaba en grupo estaba en pareja, solo él no tenía a nadie y era la primera vez que se sentía extraño – deme la cuenta – ordeno en tono frío recuperando la compostura frente al barman.
El hombre cabeceo en acuerdo y se alejó un poco. En cuanto le dieran la nota, abandonaría ese lugar para siempre, olvidándose de todo lo que dejaba atrás. Él le había abandonado sin haber estado jamás juntos.
Un vaso alto fue depositado frente a sus ojos y eso le hizo levantar la vista. La bebida era totalmente blanca haciéndola parecer leche, si no fuera por la pajilla que sobresalía, eso es lo primero que hubiese pensado.
– La persona de la esquina le invita esto, señor – dijo el barman, alejándose rápidamente del lugar. Heero volteo para todos lados, pero no vio a nadie en ninguna esquina y el hombre de la barra había entrado al interior del lugar sin darle tiempo a preguntar ¿cuál persona?. Tomo la pajilla, y con reticencia la aventó sobre la barra para tomar un poco de aquella bebida, casi al mismo tiempo la devolvió - ¡Maldición, que es esto!
- ¿A caso no sabe que beber es casi tan malo como fumar?
Heero se quedo congelado en su lugar, no se animó a voltear de inmediato creyendo que al hacerlo la imagen que veía a través del espejo pudiera desaparecer.
Cuando se giró sobre su banco, la imagen de una mujer estaba frente a él, sonriéndole con coquetería. Vio por su hombro buscando a otra persona, pero al no ver a nadie giró el rostro para todos lados buscando aquella imagen que viera reflejada en espejo. Pero no vio nada. La mujer frente a él, hablo y eso le hizo voltear a verla de nuevo.
– ¿Decía?
– Preguntaba que si, ¿acaso no sabe que beber solo es tan malo como no amar? Así que le he mandado "un beso de ángel" pero creo que no le gusto, aun así espero me permita acompañarle. ¿Puedo invitarte otra cosa?
¿Que había dicho esa mujer?, sus palabras las había confundido y las había tomado como un regaño; como si este hubiese sido dicho por la persona a quien esperaba. ¿A caso era tanta su desesperación por verle que hasta le imaginaba? Incluso, había confundido una bebida alcohólica con la leche.
– ¿Y entonces, guapo? - dijo la mujer, tomándolo del brazo y dejando descansar su pecho sobre él mismo de forma seductora. Heero frunció el ceño y se soltó del agarra de la mujer.
– Lo siento, pero soy gay – dijo Heero saliendo de su alcance. Puso unos billetes sobre su cuenta y salió a toda prisa del bar.
Nada mas puso un pie fuera del lugar, encendió un cigarrillo. Estaba obscuro afuera y la luna brillaba en el cielo iluminando todo el lugar; pero la única luz que buscaba le iluminara, no había aparecido y era probable que, jamás volviera a aparecer.
Ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssssssssssss
El tiempo había pasado arrastrándose como tortuga, lento, muy lento, dejando sus marcas plasmadas en el rostro cansado de Heero. Había enormes ojeras bajo sus ojos y se sentía derrumbado, abatido y sin embargo, estaba intentando mantenerse en pie.
Darlian seguía telefoneando y dejando mensajes en su celular y en su contestadora en casa, pero él no estaba interesado en escuchar ninguna clase de disculpa o alguna persuasión para que regresara al trabajo. Sabía por Quatre, que le habían solicitado a él para un caso en especifico, el rubio no le supo o no le quiso decir que trabajo era ni quien le había solicitado. Pero él no era curioso y no estaba dispuesto a ir a averiguar con su ex jefe nada.
Sin embargo, llevaba sobre el asiento del copiloto un legajo con las copias que su ex compañero le había mandado por correo. Le había dado solo una hojeada y le había intrigado. No cabía duda de que su ex jefe se había confabulado con el rubio para hacerle regresar al trabajo y casi le convencían, debía aceptar que el caso si le interesaba, pero su orgullo y otra cosa le impedían dar su brazo a torcer.
Su auto se detuvo delante de aquel lugar al que hacía meses había ingresado buscando información: El arzobispado. Había salido de él cargando un archivo con la historia de aquel seminarista, aquel que le había dejado plantado y del cual no tenía noticia alguna desde que se ordeno.
Se había ordenado...
Ordenado...
Ahora era Sacerdote.
Alguien totalmente ajeno, intocable. Ya no iba a necesitar que usara un alzacuellos como muda barrera para interponerse entre su deseo y aquel cuerpo. Con solo recordar que se había ordenado bastaría para detener sus impulsos. Porque aun ahora, doce semanas después de aquella ceremonia, seguía pensando en él como aquel primer día en que le vio rezando, hincado en aquella oscura iglesia y su belleza le había hecho casi soltar el cigarro que llevaba entre sus labios.
Pero no era para preguntar por él que había ido al arzobispado, no, iba por otro asunto, un asunto de trabajo, se lo había repetido una y mil veces. Iba a corroborar la documentación que Quatre le había enviado, antes de hablar con Darlian. Eso y nada mas iba a preguntar en ese sitio.
Claro, también iba a tratar de averiguar quien le había solicitado en el caso. Si, no era curioso, pero le inquietaba un poco la identidad de esa persona.
El auto lo había estacionado cruzando la acera, frente al arzobispado, así que bajó del auto y justo cuando estaba a punto de cruzar, se quedo paralizado viendo aquella aparición frente a sus ojos. Sus pies se quedaron pegados al piso al verle allí, hablando con alguien mas, viéndose como siempre, con aquella luminosa sonrisa que adornara su blanco rostro cada vez que acudía a St James. En sus sueños no se veía tan radiante, ni tan luminosa. En aquellos sueños le veía cabizbajo y triste, sufriendo por tener que llevar aquellos hábitos y por tener que cumplir con aquella promesa, con aquel celibato impuesto por sus creencias.
Frunció el ceño al verle reír a carcajadas y darse cuenta que vestía, ya no mas como un seminarista, si no, como todo un sacerdote y que la idea de que iba a sufrir, solo estaba en su cabeza.
El único triste y cabizbajo era otro y no ese chico.
Apretó los puños con furia y frunció mas el ceño. A punto de dar un paso al frente para irle a reclamar por sentirse feliz, cuando él seguía sumido en la tristeza, se arrepintió. Desvió la vista y se giró sobre sus talones. Abrió la puerta del auto y subió dando un portazo que bien pudo hacer que la puerta quedara sellada. Estaba enojado, mucho muy enojado, así que metió el pie en el acelerador hasta el fondo, haciendo mucho ruido con las llantas, para alejarse de ese lugar y huir de todas aquella sensaciones que ese chico le hacía sentir.
Se había jurado olvidarle y con furia se daba cuenta, que estaba más presente que nunca.
Vio por el retrovisor, mientras su auto se alejaba, y le pareció imposible ver como alguien salia del arzobispado y se quedaba parado en medio de la calle, viendo aparentemente hasta su auto. Por un momento creyó verle a él, al padre Maxwell, en medio de la calle, gritando algo que por la lejanía le era imposible oír. Sacudió la cabeza para alejar las tonterías que pasaban por su cabeza. Era imposible que le hubiese visto, él estaba tranquilamente hablando con otro sacerdote en el interior del lugar. Seguramente había sido su imaginación o la enorme necesidad que había tenido de que algo así ocurriese.
Y aun que hubiese ocurrido.
Duo Maxwell, ya era el Padre Maxwell y con eso no había nada que hacer.
Ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssss sssssssss
Su coraje y enojo lo trajeron dando vueltas en la ciudad por varias horas. Tratando de decidir el siguiente paso, tratando de saber que era lo siguiente que debía hacer. Aunque en su cabeza la decisión estaba tomada, aun le quedaban dudas a su corazón. ¿Él pensando con el corazón? ¿Él que siempre pensaba y analizaba las cosas antes de dar su juicio o tomar alguna decisión?. No, ya no mas, tenía que volver a tomar el control de su vida y por eso se encontró dirigiéndose a donde no pensaba hacerlo, por lo menos no pronto.
Si, definitivamente iba a tomar de nuevo las riendas de su vida, esa vida que había quedado olvidada en el interior de aquella habitación de hospital, cuando le vio por última vez.
– Heero, muchacho, que bueno verte – el comandante Darlian se acercó hasta él para darle un fuerte abrazo y recibirlo con jovialidad en las oficinas generales del FBI – Debo admitir que me tenías con pendiente, creí que no podríamos hacerte volver, pero si estas aquí, es porque has decidido ocupar tu puesto y a aceptar nuestras disculpas.
– Hn – solo dijo Heero. No estaba de ánimos para nada, aun seguía molesto por lo que hacía unas horas acababa de ver, así que decidió saturarse de trabajo, trabajo y mas trabajo. Así, regresaría de nuevo a su pensamiento lógico y analítico y volvería a sellar toda esa gama de sentimientos y emociones que habían escapado de su ser, cuando le conoció a él, a Duo Maxwell – ¿puedo preguntar quién me solicitó en este caso? ¿Y por qué precisamente tengo que ser yo?- quiso saber, aun que no era curioso, no pudo evitar el preguntar por la insistencia en que fuese, precisamente él.
Darlian se sentó en su silla y le miro de forma seria, Heero no cambio en ningún momento su postura, solo le vio de forma fría, como siempre acostumbraba.
– No se porque te quiere a ti, Heero. Yo también estoy intrigado, después de todo, fue por su influencia que te retiré de tu anterior caso – Heero se enderezo en su silla al escucharle.
– Traize es quien me quiere en el caso ¿Por qué? Además, ¿Quiere qué vaya al seminario?.
– Ah, sobre eso – dijo Darlian carraspeando de forma nerviosa – Si aceptas el caso, voy a tener que asignarte un nuevo compañero, ya que Quatre...
– Lo se – le interrumpió Heero – Fue asignado con el capitán Wufei Chang
– Veo que sigues en contacto con él.
– Hn – cabeceo el agente.
– Bueno, entonces ya sabes que el capitán Chang no aceptara que se le retire su acompañante, por lo menos no hasta que no resuelva el caso – Heero volvió a cabecear en acuerdo. Wufei debió haberse dado cuenta, desde el comienzo, lo valioso que era Quatre, así que sabía que una vez terminado el trabajo, no iba a deshacerse de él – así que dado la gravedad del asunto y a que estarás conviviendo directamente con el clero, deberé asignarte a alguien que tenga conocimientos de como hay que tratarles para evitar que nos manden directo al infierno y sin escalas – dijo tratando de bromear, pero Heero solo frunció el ceño con disgusto. No estaba acostumbrado a trabajar con alguien que se dejaba manipular y le trataba de imponer las opiniones ajenas. Así que eso lo debería dejar bien claro, ya que una vez que aceptara el caso, convencer a Darlian de lo contrario iba a ser difícil.
– No soy católico, comandante.
– Pues deberás fingir, por lo menos hasta que resuelvas el caso. Y no solo eso, deberás... - Heero se paró de su lugar con el ceño fruncido, haciendo que Darlian se interrumpiera. No quería tener nada que ver con seminaristas, sacerdotes o el clero en general. Ya no mas - ¿Heero?
– Esta dando por hecho que aceptare el caso, pero creo que voy a negarme – realmente no quería hacerlo, le interesaba el caso, pero no quería aceptar las imposiciones del comandante o de algún subalterno que se sintiera con el derecho de mantenerlo con una correa al cuello.
– ¿Heero?
– Ya le dije, no soy católico, ni proceso ninguna religión. Puede asignarme a quien quiera y seguiré sin creer. Nadie va a aleccionarme de como debo comportarme, sería como limitar mi autoridad y mi trabajo. No puede decirme como debo comportarme delante de esos hombres, porque entonces no sería yo – Darlian suspiro de forma resignada. Ya se esperaba esa reacción de su parte, pero creía saber la forma de calmarle y lograr que aceptara los términos que, su eminencia Traize, había dispuesto para el caso.
– Lo se muchacho, lo se. Pero creí que te interesaría encontrar al "vampiro" del seminario.
Heero frunció mas el entrecejo y volvió a tomar asiento. ¡Si!, maldita sea, ¡si! Quería encontrar a ese otro "vampiro". Con la experiencia que le había dejado el caso de St James y lo que había escuchado de aquel medico en el hospital, creía posible atrapar a ese otro ser fantástico que se encontraba en aquella escuela eclesiástica.
Darlian abrió el primer cajón del escritorio y tomo el expediente que tenía en él. Lo abrió de forma lenta y tomo una de las hojas de él.
– Por los datos que nos han dado, este caso es muy parecido al que tuviste hasta hace poco. Las descripciones del sospechoso, ojos rojos, colmillos sobresaliendo de la boca, parálisis, miedo; la eparina en la sangre; la anemia severa por la cual han muerto algunos chicos.
– ¡Maldición!, esto lo esta haciendo apropósito – dijo Heero parándose de nuevo y extendiendo el brazo - ¡démelo! - Darlian sonrió y regresando aquella hoja al archivo, se la tendió a su mejor agente con una sonrisa en los labios.
Heero le miro de forma fría, su jefe si que sabía como convencerle. Desde que Quatre le había mandado el caso por correo, lo vio interesante, pero las hojas que el rubio le mando no estaban completas. Quizá Quatre había tomado algunas hojas al azar o probablemente, en confabulación con su jefe, le había mandado solo unas cuantas, retirando las mas importantes para que cuando fuera a ver a Darlian este le proporcionara aquellos datos que le harían aceptar el caso. Ya que, todos los datos que su jefe le estaba dando le hicieron crecer las ganas de atrapar a ese criminal.
Cerró los ojos con molestia y se dio la vuelta para salir de allí, sin dejarle a Darlian darle los pormenores del caso.
– ¡Heero! - gritó tratando de detenerle, pero este no se detuvo – El nuevo agente, ¡Heero!, ni siquiera vas a dejar que te diga su nombre. ¡Heero! - pero Heero ya se había marchado. Darlian suspiro de nuevo – Bueno, ya se enterara mañana – dijo el hombre sonriendo y entrando de nuevo a su oficina.
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Heero manejó de forma pensativa hasta su casa. Había aceptado regresar a su trabajo y había tomado otro caso. En un principio se había prometido alejarse de la ciudad para olvidarse de ese seminarista; pero jamás lo hizo. Pasaba los días y las noches en vela, pensando en cada caricia y cada beso compartido con ese chico de ojos violetas. No descansaba y cuando lograba dormir un poco, se encontraba teniendo sueños húmedos con él. Se maldecía, se reprochaba por tener pensamientos y deseos por ese chico, cuando no debía tenerlos. Muchas veces se vio saliendo de su departamento con la firme intensión de irle a buscar. De saber si realmente se había ordenado sacerdote y le había olvidado. Pero así como salia de rápido, así regresaba a su casa.
– Si no se presentó en aquel bar, es porque decidió renunciar a mi – se dijo mentalmente sacando de la bolsa de su camisa un cigarro.
Hacía más de tres meses que no fumaba, desde que aquel chico le había pedido que dejara sus cigarros y sus maldiciones afuera, casi lo había dejado... casi.
Lo prendió con el encendedor del auto y vio de reojo el archivo del nuevo caso. "El vampiro del seminario", era un buen nombre, debía admitirse a si mismo, que ya no le gustaban los números en los expedientes y prefería bautizarlos.
– Je – rió para si mismo al recordar que el seminarista Maxwell le había pedido encarecidamente que no le llamara por un numero, que le llamara por cualquier nombre, hasta por su apellido. Y ahora, después de aquello, ya no podía pensar en sus casos como un numero en un expediente. Ahora, todos aquellos casos en los que había estado involucrado o había prestado sus servicios, tenían un nombre en su cabeza.
Incluso, Quatre se había sorprendido cuando le había comentado el numero del caso en el que trabajaba y él le pregunto por un nombre.
Quatre, si, el rubio seguía en contacto con él, le telefoneaba casi a diario solo para saber como estaba. Si él fuese el forense, estaría celoso de que le hablara tanto a su ex jefe. Pero el médico también se tomaba la molestia en llamarle, incluso, ambos, Quatre y Trowa, habían ido a visitarle con la intención de hacerle salir de su departamento para que se distrajera. Pero no lo habían logrado. No sabía si alguno de los dos tenía noticias de Duo, ya que, no permitía que siquiera le mencionaran su nombre.
No podía culpar a Quatre por haber aceptado la asignación con Chang, después de todo, él había sido despedido y no había pensado en regresar. Él mismo le había recomendado con Wufei y Chang le había dado la oportunidad al rubio. De antemano sabía que Chang era uno de los mejores, solo que el era capitán. A diferencia suya, Wufei había preferido llevar una vida, se había casado, tenía dos hijos y llegaba a casa a dormir cada noche. Ambos habían estado juntos en la academia, competían por todo, hasta que su amigo se enamoro y se casó, llegando solo a la capitanía, mientras él había subido hasta el grado de inspector.
Si, Quatre estaba con uno de los mejores y sabía que Wufei no le iba a soltar tan fácil. Solo esperaba que el agente que Darlian le asignó, fuera aun mejor de lo que lo había sido el rubio. Se lo admitía a si mismo, pero jamás admitiría ante Quatre, que él había sido el mejor subordinado que había tenido; a pesar de su temor a los muertos.
Llegó hasta el complejo de edificios de apartamentos en el que estaba el suyo. Era un lugar lleno de edificaciones iguales, misma altura, mismo color, misma numeración y para una persona poco observadora, encontrar una dirección en ese complejo, sería toda una calamidad. Solía dejar el auto un par de cuadras lejos de su hogar, así, si alguien le seguía, encontrarle le sería mas complicado.
Apagó el motor volteando para todos lados, sus instintos eran innatos, así que no era tan fácil olvidarles. Tomo el archivo del nuevo caso y bajó para dirigirse hasta su casa.
Sus pensamientos no querían apartarse de la imagen de aquel chico. Y solo de pensar que trataría de nuevo con sacerdotes, su corazón amenazaba con salirse del pecho. No quería tener sentimientos ni por él ni por nadie. Sabía que sentir algo, lo que fuera, era mostrar debilidad. Tenía que volver a controlar su cuerpo, sus sentidos, sus pensamientos y hasta su corazón. Si iba a regresar al trabajo, y cabía la posibilidad de toparse con él en algún lugar, tenía que tener todo eso bajo estricto control. No iba a dejar que de nuevo, aquello que guardaba bajo esa pared invisible, saliera y le debilitara. Tenía que volver a ser frío, firme, observador y escéptico.
Comenzaba a meterse el sol y las sombras ya cubrían casi toda la calle debido a la altura de los edificios. La oscuridad estaba pronto a llegar y las luces comenzaron a encenderse, dando tonos de entre celeste y anaranjado, al cielo.
Sus pasos le llevaron hasta las escaleras que le conducían a su departamento. Subió despacio, eran cuatro pisos y había dos departamentos mas antes de llegar al suyo, que era el último. Tenía vista a la calle de tres planos distintos, por eso lo había escogido en ese lugar, ya que, no tenía vecino a la derecha, solo estaba la pared del edificio; al frente estaba el pasillo que tenían los otros tres y la ventana de atrás podía ser usada para subir al techo. Por la hora, no era común encontrar gente por el pasillo o las calles. La mayoría de los que vivían allí eran hombres jóvenes, trabajadores que llegaban tarde a sus casas, o de plano, no llegaban en días. También había unas cuantas parejas jóvenes sin hijos y parejas del mismo sexo, que al igual que las anteriores llegaban tarde.
Por eso, se detuvo casi al doblar la escalera y ver a alguien sentado en el piso, frente a su departamento y recargado en la pared que daba al lado derecho del edificio. No podía reconocerle. No estaba tan lejos como para no verle bien, además tenía visión 20/20, por lo que confiaba mucho en sus ojos. Por eso estaba seguro de que no sabía quien era. Estaba sentado, pero podía ver que traía un pantalón de mezclilla algo roto, tal como se usaban ahora; una playera a rayas, negro con gris, algo gastada y una sudadera abierta con gorra. Parecía alguien joven porque sus manos así lo delataban, pero no podía verle el rostro.
¿Quien erá? - se dijo mentalmente, comenzando a caminar de nuevo de forma queda y sin dejar de ver a aquella persona. Sus manos estaban metidas en la bolsa del pantalón, pero mientras caminaba, fue sacando una, dejándola lista para tomar su arma si era necesario.
Darlian le había retirado su arma y su placa, pero eso no quería decir que no tuviera una propia y un permiso para portárla. Ya mañana recogería de nuevo sus equipos en el FBI, pero ahora no iba a estar desprotegido por si esa persona representaba alguna amenaza.
No creía que este fuera el nuevo agente, ya que su vestimenta no correspondía a alguien perteneciente al FBI. Mas bien parecía el hijo de la persona que le hacía el aseo. Eso le hizo suspirar con más calma y acelerar su paso. Posiblemente la mujer que le ayudaba en la casa, le había mandado a darle algún recado.
– ¿Me esta usted esperando? - a su voz, aquella persona volteo asustada a verle.
Sus ojos se abrieron de forma enorme, no era a quien esperaba ver, no era a quien quería ver. Le vio levantarse y quedar al frente suyo. Lucía tan diferente...
– ¿Qué...? - trató de articular palabra, pero no pudo hacerlo. Su boca se había secado y él que se había prometido a si mismo mantener su cuerpo bajo control - ¿Cómo fue que me encontró? - dijo recuperándose de la impresión y frunciendo el ceño hasta donde pudo, poniendo una barrera de frialdad entre ellos – Padre Maxwell – dijo en voz baja ese nombre, tan baja, que solo parecía haber sido dicho para él.
"Padre Maxwell"
Debía recordarlo, saber que aquel que estaba frente suyo, a pesar de estar vestido de civil, era ahora un sacerdote, ya no mas un seminarista.
Vio como aquel chico dio la vuelta a su mano derecha, haciendo el intento de obtener algo de su espalda. - Un arma - Estuvo a punto de sacar las manos de la bolsa del pantalón para obtener la suya. ¿A caso le iba a matar?
Pero a pesar de que su mente daba ordenes a sus manos para que se movieran, su cuerpo se quedo inmóvil, pegado al suelo. Viendo como las ropas que ahora traía el chico se ajustaban como guante a su cuerpo. Su cabello, que había permanecido oculto debido a la gorra de la sudadera, se dejaba ver cuando esta cayó hasta sus hombros.
Aquello que vio extenderse ante sus ojos no fue un arma, era una tarjeta, la misma que le diera el día que se despidió de él en St James. Pero a pesar de tener su dirección, no debía haberle resultado tan fácil dar con él. No era lógico, pero dado que la lógica no encajaba con éste chico, quizá debía preguntar. Pero Duo se le adelantó.
– Le vi por la mañana en el arzobispado – Tal afirmación le pudo haber tomado por sorpresa, pero estaba tratando de mantener cualquier sentimiento bajo control, y la sorpresa estaba incluida.
– Hn – por eso no dijo nada, solo le observó. Se veía sonrojado, como tratando de buscar las palabras correctas para decirle algo.
– Salí corriendo, pero ya se había ido – dijo subiendo la mano y rascándose la cabeza de forma nerviosa.
– Hn - ¿Para qué, para qué quería verle o hablarle? ¿Para qué había ido a buscarle a su casa? Porque no dejaba de dar rodeos y simplemente le decía.
– Yo... yo... - lo vio nervioso de nuevo, desviando la vista en todo momento, sonrojado, indeciso y ya se estaba cansando. Le estaba costando tanto mantener su autocontrol con él al frente suyo y vestido de esa forma – se le ve muy bien – dijo de pronto, levantando la vista de nuevo para clavarla en él.
– Hn – No sabía que buscaba, solo quería que dijera de una vez a lo que había venido, pero parecía que eso no iba a ser rápido.
– Es decir, se recuperó muy bien de sus heridas. Por eso digo que se le ve muy bien, bastante sano – Heero solo cruzó los brazos.
– ¿Sólo a eso vino? ¿A comprobar que he sanado? - dijo tratando de sanjar cualquier tema y hacerlo que se marchara mostrándose frío y distante con él.
– No, no, yo, yo, yo... - tartamudeo de forma nerviosa de nuevo.
– ¿Hn? ¿Entonces? - cuestionó Heero. Duo sonrió un poco y volvió a subir su brazo hasta su cabeza. Heero no supo que le parecía tan gracioso al chico, él estaba muy molesto por la situación.
– Usted me lo está poniendo muy difícil - ¿Difícil? ¿difícil? ¿Él se quejaba de estarle poniendo las cosas difíciles cuando era por su causa que se encontraban en esa situación?.
– ¿A qué se refiere cuando dice que le estoy poniendo las cosas difíciles, Padre Maxwell? - trató de saber.
– ¿He? - dijo Duo de forma sorprendida al escucharle hablar - ¿Padre Maxwell? - cuestionó a su vez el chico. Heero pudo haberse reído de semejante reacción. Pero en lugar de eso solo dijo en forma sarcástica
– Así es, Padre Maxwell. Así es como les llaman a los que, como usted, después de haber sido seminaristas, profesan para convertirse en Sacerdotes, ¿o no? ¿A caso tienen otro nombre, Padre Maxwell?
– Es correcto lo que dice, pero... - dijo Duo, solo que Heero le interrumpió antes de que terminara.
– ¿Pero? ¿A caso a los recién nombrados sacerdotes, se les llama por un nombre alterno? Si no conozco tanto de los títulos otorgados a la gente del clero, me excuso por ello.
– No, no – dijo de nuevo Duo sacudiendo sus manos – es que yo no...
– Usted no ¿qué?, ¿Me va salir con que no es sacerdote? - dijo Heero de forma sarcástica
– Eso es lo que he estado intentando decirle – dijo Duo sonriendo – Yo no soy Sacerdote, no procese - Los ojos de Heero se abrieron de forma enorme al escucharlo. Si no fuera porque estaba manteniendo en control su cuerpo, estaba seguro que este hubiese caído al suelo – Yo, yo no pude ordenarme – Tenía que ser mentira, lo acababa de ver por la mañana vestido como uno mas de los sacerdotes del arzobispado. Quería gritarle que mentía, que lo acababa de ver en el arzobispado vistiendo como uno de ellos, pero no lo hizo. Debía haber una explicación. Mando hasta el fondo lo que sentía y de forma tranquila preguntó.
– ¿Aun no es sacerdote? Eso quiere decir, que lo hará un tiempo después – aseguró.
– No, yo no... yo ya no voy a procesar.
– ¿A caso seguirá por siempre siendo un seminarista?
– No, no, no podría yo... - Esta respuesta terminó con su poca paciencia, por eso explotó.
– ¡Miente!, Le vi en el arzobispado usando aquellas ropas. Un civil no las usaría, solo un sacerdote o seminarista.
– Si, allí me he estado quedando, pero no soy ni sacerdote, ni seminarista – Duo pareció asustado, pero le respondió a toda prisa – y estaré allí por poco tiempo.
– ¿Por qué vestía como uno de ellos? - cuestionó Heero sin entender.
– Porque yo no tengo ropa, ni nada material. Esta ropa – dijo señalando las que traía puestas – me las dieron en el comedor de pobres, ya que no podía salir del arzobispado vistiendo como uno de ellos, sin serlo realmente. Y tampoco puedo estar en el arzobispado vistiendo de civil.
Heero guardo silencio sopesando tal revelación. Si, quizá no era sacerdote, pero eso no quería decir que había renunciado a ello por él. Desde siempre supo que no tenía vocación y quizá por fin lo había aceptado. Pero no con eso quería decir que le aceptara a él. Solo había aceptado que no se dedicaría por siempre a servirle a los demás siendo algo que no quería ser.
– Entonces – dijo Heero haciendo que Duo volteara a verlo - ¿Va a regresar al seminario para ordenarse el año que entra?
– No, también he dejado de ser un seminarista - Heero solo frunció el ceño. ¿Y eso que significaba?
– ¿A qué ha venido realmente? - ya no sabía como llamarle. Saber que no era ni sacerdote ni seminarista le había dejado sin armas para alejarle y solo le había llenado de dudas. ¿Qué quería? ¿A qué había ido? No creía que solo hubiese ido a decirle que se retiraba del clero. Su razonamiento lógico le indicaba que ese chico estaba allí por otra cosa, algo muy distinto a lo que le acababa de revelar. Pero la lógica no encajaba con él, entonces...
– Yo... - dijo Duo sonrojándose de nuevo – yo... - Heero no perdió detalle de aquel tartamudeo. Quizá estaba mal interpretando, quizá aquello que ese chico estaba intentando decirle le abría una posibilidad que creía perdida, pero no estaba seguro de nada y no lo estaría hasta que no hablara.
– ¿Hn? - cuestiono Heero sin hablar realmente, haciendo que Duo levantara la vista para verle de nuevo.
– Yo... yo quería ayudarle, a pesar de que dije que no podía.
– ¿A... ayudarme? - cuestionó Heero sin entender.
– ¿A caso es muy tarde? Si lo es, lo entendería - ¿Tarde para qué? Si, estaba oscureciendo, pero aun no era hora de encerrarse. Además, el chico solo le estaba metiendo mas dudadas de las que tenía y quería despejarlas todas antes de que se fuera.
Duo dirigió sus ojos hacía las espaldas del agente Yuy, Heero giró su vista para ver que era lo que Duo vio, pero no había nadie. Justo cuando iba a volver a hablar, pudo escuchar unos pasos.
– Buenas tardes – giró el rostro para ver a uno de sus vecinos entrando a su departamento, él solo inclinó la cabeza en señal de saludo. ¿Cómo es que ese chico lo había escuchado? ¿O acaso lo había visto?
Heero se dirigió a su puerta y abrió. Era mejor seguir hablando dentro y no exponerse a que alguien les viera. Era cuidadoso de con quien se relacionaba y nunca estaba dispuesto a revelar más de lo estrictamente necesario.
– ¿Por qué no pasa?
– Yo... yo... - tartamudeo sin animarse a moverse.
– No hemos terminado de hablar y no me gusta que los vecinos me vean. Cuando estoy en un caso, ellos pueden resultar heridos, así que es mejor que ni siquiera puedan identificarme.
– ¡Ah!, ya regresó al trabajo, que bueno – dijo Duo cabeceando en acuerdo.
Así que caminó hasta entrar en el departamento del agente Yuy. Heero encendió las luces de la sala y dejo el expediente sobre la mesa del comedor, indicándole a Duo que tomara asiento en el sofá, mientras él entraba a la cocina.
– ¿Gusta algo de beber? - le preguntó al chico haciendo que este volteara a verlo.
– ¿He?, si, si, gracias – de nuevo Heero detecto ese tartamudeo nervioso.
Heero ni siquiera le preguntó que deseaba, preparó café para ambos en total silencio. Podía verlo sentado en el sofá de forma nerviosa, jugaba con sus manos y procuraba no verle. Desde el lugar que ocupaba Duo, la cocina era completamente visible y se le hacía extraño que ni siquiera levantara la vista para observarle.
Heero llevó dos tazas de café hasta la sala y se la tendió al chico frente a él.
– Es extraño, que a pesar de su apariencia, usted tome el café tan fuerte – dijo al tiempo en que ocupaba su lugar frente al chico en un sillón.
– ¿Mi apariencia? - dijo Duo viéndole de forma fija
– Desde que le conocí, me dio la impresión de que era alguien ¿Dulce? - dijo lo último en forma de pregunta haciendo que Duo le viera de forma extraña – Lo comprobé al verlo en aquella iglesia. Pero a pesar de su apariencia, también tiene un carácter fuerte y cada vez que me regañaba o cada vez que rompía las reglas lo podía ver.
– ¿Mis reglas o las suyas? - dijo Duo sonriendo. ¿A caso creía que estaba jugando?
– Ambas – respondió Heero dejando el café sobre la mesa de centro para verlo fijamente y sin apartar la vista de él le dijo – ya que usted hizo tambalear mis propias reglas desde el mismo momento en que le vi.
– ¿Va a echarme de nuevo la culpa de sus debilidades? - preguntó Duo rememorando una discusión pasada. Heero pudo haberse sorprendido de que recordara eso, pero ante él se mostró frío e inmutable y solo le observo de forma mas penetrante.
– ¿A caso usted no se siente culpable?
– ¿De qué? ¿De qué debería sentirme culpable?
Heero se paró molesto del sillón y se acercó peligrosamente a Duo en el sofá cercándolo con sus brazos en el respaldo y haciendo que casi soltara la taza del susto.
– ¿Es o se hace? - cuestionó Heero sin dejar de verlo a los ojos, dejando que su aliento chocara de forma amenazante con el rostro del chico.
– ¿He? - respondió Duo. Heero pudo ver ese sonrojo tupirle por completo el rostro y como aquellos ojos violetas se ensanchaban al verlo y sentirlo tan cerca.
– No me salga ahora con que no entiende – dijo, tratando de obtener la respuesta a esa pregunta que aun no era respondida.
– Es que no entiendo. ¿De qué me esta usted acusando ahora? Ya una vez me acusó de ladrón, incluso de asesino y soy totalmente inocente. Pero usted me cree culpable de algo de lo que no tengo ni idea – Heero lo liberó quitándole la taza de la mano y sentándose a su lado mientras suspiraba de forma pesada, al parecer no iba a obtener su respuesta hasta no repetirla, y así, frunciendo el ceño, casi grita.
– ¿¡A qué vino?! - volvió a preguntarle clavando sus ojos azules en los violetas de forma molesta.
– Yo... yo... - Duo volteó el rostro sin poderle sostener la mirada. Su rostro estaba totalmente rojo.
– Solo tartamudea, baja la vista y se sonroja; no responde a está pregunta que le hago desde que llegó aquí. ¿A qué vino? - insistió.
– Yo...
– Ya me dijo que no es sacerdote, ni seminarista. Ya tampoco se como llamarle. Me dice que se la estoy poniendo difícil, cuando el único que la pone difícil ¡Es usted!
Duo se puso de pie viéndole de forma triste. Heero pudo ver esa mirada que tanto detestaba. Le hacía sentirse como jamás se sintió antes. Podía gritarle a medio mundo, hacer llorar hasta al mismo presidente si con eso resolvía algún caso. Pero esos ojos violetas, viéndole con dolor, con pena, esos ojos no podía verlos así.
Por eso desvió la vista y apretó los puños.
– Creo... creo... que será mejor que me vaya.
Heero volteo a verlo de nuevo y olvidando mantenerse bajo control, sus ojos se abrieron en sorpresa al escuchar lo que decía y se paró a su vez.
"Se va"
– No creí que se pudiera alterar tanto al verme.
"Yo tampoco lo sabía"
Duo caminó por su costado sin detenerse, llegando hasta la puerta, dispuesto a irse. Heero no se movió de su lugar para intentar detenerle. Aun había muchas cosas de que hablar, pero no podía controlarse por más tiempo. Él, él que siempre mantenía todo bajo control, ahora estaba perdiendo contra alguien que ni siquiera se proponía ganarle.
"Si tan solo hubiese ido a aquel bar" - pensó - "Si hubiese ido, ahora tendría la fuerza y la seguridad para no dejarle partir de aquí".
Antes de abrir la puerta del departamento de Heero, Duo se giró para decirle.
– Lo siento - ¿Por qué se disculpaba? Se preguntó Heero girando la vista para verle - yo... siento haber llegado tarde aquel día...
– ¿Hn? - Cuestionó Heero sin dar crédito a lo que escuchaba. ¿Había ido? ¿Estaba escuchando bien? ¿Realmente se había presentado en aquel bar después de que él se había marchado?.
– Después de que abandoné el arzobispado sin profesar. Fui a ver al padre Roberts y volví a hablar con él. Estaba muy indeciso en buscarlo o no - ¿Pero qué esta diciendo? - Después de todo, le dije que no iría - ¡Maldición!, es de humanos cambiar de opinión – Pero las palabras del padre Roberts, las del padre Merquise y aquellas que yo mismo dije al negarme a profesar, me empujaron a ir a aquel bar.
– ¿Fue al bar? - lo estaba escuchando, pero aun no daba crédito a lo que escuchaba.
– Llegué tarde, usted ya se había ido. Le pregunte al barman y me dijo que alguien con su descripción se había marchado hacía como una hora.
– ¿Fue al bar? - repitió Heero. Duo volteo a verle en ese momento, mostrando aquella encantadora sonrisa que tanto le gustaba.
– Siete horas después de la hora acordada. Me dijo que me esperaría, pero creo que si exagere – dijo soltando una risa ligera
– ¿Eso quería decirme? ¿Qué fue al bar? - Duo bajó la cabeza y sin verlo asintió.
– Aja – esa actitud y ese respuesta le indicaron al agente que aun había algo mas – Yo... yo... debo irme, me están esperando en el arzobispado – dijo Duo viendo fijamente los ojos color cobalto de Heero.
"¿Qué estaba esperando? ¿Qué buscaba al mirarle de esa forma?"
– No le quito más su tiempo, solo, solo, solo – esa tartamudez le confirmaba que aun faltaba algo que quería decirle ¿Pero qué? - Adiós, Agente Yuy – dijo dándose la vuelta.
El sonrojo que todo el tiempo le acompañó le llegaba, ahora, hasta las orejas. Mantuvo apretados los puños hasta que tomo el pomo para abrirlo e irse.
¿Le iba a dejar?
¿Iba a dejar que se marchara después de todo lo que le había contado?
¿A caso no había renunciado al sacerdocio y se había dirigido a verle a aquel bar?
¿A caso no le había dicho entre lineas que le amaba? Tan solo con haberse presentado en aquel sitio le indicaba que sentía lo mismo que él.
Era por eso que había ido a buscarle, doce semanas después, pero lo había hecho. Había vencido sus prejuicios morales y estaba ahora en su departamento. Viéndole, hablándole.
"Y a punto de irse"
– Adiós, que dios lo cuide – dijo Duo viéndolo por última vez y dispuesto a salir. Pero de forma rápida fue obligado a soltar el pomo de la puerta y se vio arrinconado contra la madera de la misma.
Sintió el calor del cuerpo del agente contra su espalda y muslos, amoldándose al suyo como si estuviesen hechos el uno para el otro. Heero le apresaba con sus brazos y su cuerpo, evitando que se moviera o fuera a irse. Podía sentir su respiración en la nuca. Y un cosquilleo que le recorría el cuerpo entero y le contraía el estómago.
Esa calidez, ese perfecto acomodo y aquellos sensuales labios pegados a la piel de su cuello, le hicieron soltar un gemido de forma inconsciente. Al escuchar aquel sonido escapar de la boca de Duo, Heero apretó mas su cuerpo al del chico.
– Agente Yuy – murmuro sin moverse.
– No se vaya, Duo – le dijo de forma queda al oído, haciendo que Duo abriera mucho los ojos – no me deje de nuevo.
– Yo...
– No me diga que tiene que irse. Si vino aquí después de derribar sus barreras, es por algo. Aun no se como dio conmigo, pero agradezco a lo que sea porque me encontró. Porque ahora, no lo voy a dejar ir.
– A... agente Yuy – musitó aquel nombre de forma asustada.
Heero comenzó a rozar la suavidad de la piel del cuello del trenzado con sus labios, haciendo que un ligero quejido escapara de la boca del chico.
– Amm, por favor – le escucho jadear esas palabras – por favor, no me torture de esta forma.
– Lo mismo digo – le escucho murmurar contra su piel ardiendo – Por favor – suplicó – por favor Duo Maxwell, deja de torturarme.
– Yo no... - trató de decir, pero Heero le interrumpió.
– Si, si lo haces. Quizá de forma inconsciente. Te niegas, con palabras, a que continúe, pero todo tu cuerpo me pide a gritos que lo haga ¿A quien debería hacerle caso?
Duo guardó silencio y cerró los ojos, lo que Heero aprovechó para separarlo de la puerta y girarlo de forma lenta hasta dejarlo frente a él; volviendo a colocar sus brazos sobe la madera de la puerta para evitar que huyera.
Heero pudo ver esa mirada violeta clavada en sus ojos. Brillaban y estaban dilatados. Su rostro resplandecía, como si el sol se reflejara en él. Pudo ver como se sonrojaba ante el escrutinio de su mirada y entonces el chico bajó la vista. Heero no quería dejar de ver aquellos ojos, aquella luz tan luminosa, que se encontró de pronto despegando su mano de la puerta, para llevarla hasta el mentón de Duo para obligarlo a que le viera de nuevo.
Duo no dijo nada, solo lo observó de nuevo. Podía sentir la mano del agente detenida sobre su barbilla y esa mirada cobalto observándole, gritándole algo que no alcanzaba a entender. Oscurecidos, viéndose como dos enormes pozos, profundos e interminables. Se sentía temblar por dentro; deseoso de que todo aquello no terminara nunca. Temeroso de sus propios pensamientos que toda la vida le habían dicho que eran impuros, malos, sucios; pero que ahora estaban muy lejos de importarle.
Heero dejó que sus dedos dejaran aquel mentón y comenzaran a recorrer la piel de aquel cuello de forma lenta
– No te vayas, ladrón – dijo Heero dejando deslizar sus dedos por el pecho del chico. Duo se dio prisa en tomarlos entre sus manos deteniendo aquella caricia.
– ¿Ladrón? - cuestionó Duo viéndolo fijamente - ¿pero qué he robado yo?, Desde el principio me acusó de ladrón, de mentiroso, hasta de asesino. ¡Y no soy nada de eso!
– Eres un ladrón
– ¡No he robado nada! - farfullo en trenzado de forma molesta.
– Claro que si – aclaro Heero de forma calmada.
– ¿Qué robé? ¡Dígame de una vez! - pidió de forma imperativa.
– Eres un ladrón porque desde el mismo momento en que te vi, me robaste el corazón – Duo se sintió como vuelto a la vida, después de todo, el agente Yuy le había estado acusando de algo que al principio creyó era malo, pero ahora se daba cuenta de que no lo era del todo.
– Entonces, agente Yuy – dijo al mismo tiempo en que sonreía y elevaba los brazos hasta ponerlos a su altura – deberá detenerme, esposarme y meterme preso, porque de ese delito, si me declaro culpable.
Heero tomo las muñecas de Duo con sus manos, como si estas fueran las esposas y mandó ambos brazos del chico hacía su espalda, acercándolo a él. Haciendo que sus cuerpos chocaran y pudieran sentir esa electricidad que les recorriera por completo cada vez que sus pieles se rozaban.
Duo sonrió aun mas al tenerlo así de cerca y poder ver esos ojos cobalto tan cerca suyo. Su aroma inundaba por completo sus sentidos y no podía, ni quería alejarse de él de nuevo.
– Será usted detenido y condenado a cadena perpetua – Duo no pudo menos que sonreír ante aquellas palabras.
– ¿De verdad? - dijo siguiéndole el juego al agente.
– Si.
– ¿Y en dónde ha de encerrarme para cumplir mi condena, agente Yuy?
– Mm – Heero pareció pensarlo un poco, para de inmediato responder - ¿Te parece bien este departamento? - Duo comenzó a reír.
– Encantado de pasar el resto de mi vida encerrado aquí, siempre y cuando, usted sea mi carcelero – dijo sin perder su sonrisa.
– Cuenta con ello.
Y diciendo esto, Heero poso sus labios sobre los del chico apretando su cuerpo contra el de Duo. Sintió como aquella boca respondía a su beso de la misma forma en que él le besaba, devolviendo y acariciando con su lengua otra lengua extraña. Los brazos de Duo le abrazaban de forma apasionada profundizando el beso, no cabía duda, el chico estaba consciente de lo que hacía y no estaba dispuesto a dejarle escapar de nuevo.
Heero podía sentir su cuerpo temblando y su respiración acelerada a tal punto, que su corazón casi explotaba en su pecho. Él, él que siempre se mantuvo bajo control ante cualquier situación, ahora estaba expuesto y vulnerable ante un completo inexperto.
Se separaron con la respiración entrecortada, tratando de recuperar el aire perdido. Regreso a su boca de nuevo, mientras una de sus manos se elevó para tomar la cremallera de la sudadera comenzando a abrirla de forma lenta.
Duo ni siquiera lo sintió. No se sentía frío, al contrario, comenzaba a hacer calor y la ropa se hacia estorbosa. Las manos de Heero comenzaron a levantarle la playera, mientras su boca se separaba de los labios del chico para llegar a su cuello; pero Duo pegó un respingo al sentir la mano de Heero rozar su miembro.
– ¡Espera! - gritó de forma alarmada alejándose de él y volviendo a bajar su playera.
Heero solo lo observo sin decir nada. Era claro que algo le había asustado. ¿Acaso había ido demasiado rápido? Podía verlo sonrojado y jadeando, así como también estaba excitado, tal como lo estaba él mismo.
Pero no era ahora cuando debía detenerse; si permitía que Duo se retractara ahora, quizá nunca volvería a tener el coraje para buscarle de nuevo.
No, no iba a permitir que se arrepintiera, mucho menos que se fuera.
Así que dio un paso para acercarse al chico y lo abrazo fuertemente a su cuerpo. Duo se tensó entre los brazos del agente cerrando los ojos con fuerza, temiendo que este le fuese a hacer daño al pedirle que se detuviera de forma tan repentina. Pero contrario a lo que había pensado, Heero comenzó a hablarle al oído de forma suave.
– No pienses en nada ahora, Duo.
Duo abrió los ojos en ese instante, siendo consciente de aquel cuerpo pegado al suyo, percibiendo con claridad y con fuerza aquel aroma que tanto identificaba con el agente, sintiendo su calor y esa fuerza que le oprimía el cuerpo, pero también el corazón.
– Solo siente – continuó el agente, sintiendo como Duo comenzaba a relajarse entre sus brazos – Olvida todo, olvida al mundo entero, solo quedate aquí, conmigo.
– Yo... yo... - tartamudeo apenas respondiendo al abrazo.
– El amar a alguien, no es como para arrepentirse.
– ¡Heero! – dijo Duo elevando la cabeza a la carrera para verle a los ojos – No estoy arrepentido, solo... solo... - dijo bajando la cabeza de nuevo.
Heero lo soltó, haciendo que los ojos del chico mostraran preocupación. ¿A caso temía que le dejara? Pero no era eso lo que haría. Heero caminó hasta la puerta de la recamara, la abrió por completo, pero antes de entrar, se volvió hacía Duo y extendiendo su mano le dijo:
– Ven.
– ¿He? - cuestionó el chico sin comprender.
- Ven conmigo, rompé esa última barrera que te impide amarme por completo.
– ¿Romper la barrera? - ¿Realmente estaba listo para hacerlo?
– Ven Duo, rompamos juntos esa última barrera y quedate conmigo para siempre.
Duo se sonrojo y sonrió a su vez ante aquellas palabras. Podía ver la sinceridad en aquellos ojos cobalto. Sabía que no mentía al pedirle que se quedara con él para siempre, no era la primera vez que se lo decía y esperaba que está si fuera la última. Así que sonriendo aun más, extendió su mano para tomar la que se le ofrecía, al tiempo en que Heero cerró sus dedos sobre aquella otra y lo jaló hacia si para besarle, para continuar con aquello que habían dejado inconcluso en la sala de su departamento.
La ropa había quedado regada por el suelo de forma rápida, formando una nueva alfombra en el cuarto. La tenue luz de una lampara sobre el buró de Heero, les daba la intimidad perfecta. A pesar de estar desnudos, el calor podía sentirse en aquella habitación.
Duo se vio siendo depositado sobre algo mullido y suave, mientras la boca de Heero le devoraba de forma apasionada. Su cuerpo ardía bajo el cálido cuerpo del agente que parecía amoldarse al suyo de forma perfecta. Manos y piernas recorrían su piel haciéndole jadear como nunca antes lo había hecho; haciéndole sentir que podía tocar el cielo.
– Haa – escapó un gemido más fuerte de su boca cuando sintió que una mano suave descendió por su vientre hasta llegar a su miembro endurecido, comenzando a acariciarlo. Se tensó de inmediato y tomó aquella mano con la suya, tratando de detener la caricia.
– No te asustes – escucho aquella voz ronca pegada a su piel ardiendo, susurrándole – relajate Duo, no esta mal hacer esto cuando dos personas se aman.
Entonces Duo soltó aquella mano y dejo que Heero siguiera acariciando su miembro erecto. Primero de forma suave, dejando que sus dedos recorrieran de forma lenta aquella piel, para poco después, tomarlo con toda la mano y comenzar a masturbarle de forma cada vez más rápida.
Los gemidos de Duo escapaban de su boca cada vez más rápido y más alto. Sabía que en cualquier momento se vendría en su mano. Heero no era ningún santo y sabía que Duo estaba a punto de llegar al clímax, por lo mismo subió hasta su boca y comenzó a besarle de forma aun más apasionada, dejando que su lengua recorriera su boca y atrapara el fuerte gritó que soltó cuando su semilla se derramo por completo en su mano.
Dejó que la respiración de Duo se normalizara antes de poder continuar.
– Eso fue – trató de decir entre jadeos, mostrando una luminosa sonrisa.
– No, no hables en pasado, ya que todavía no terminamos.
Al tiempo en que Heero dijo esto, subió hasta su boca para asaltarla con otro beso apasionado, haciendo que Duo volviese a sentir ese choque eléctrico que hacía que todo su ser se sacudiera. Heero tomó la mano de Duo para guiarla hasta su propia hombría. Sintió como Duo tocaba de forma tímida su miembro, pero en esta ocasión no había retirado la mano asustado. Al sentirlo recorrer con sus dedos la piel de su miembro, un fuerte gemido escapó de su boca. No cabía duda que ser tocado por el chico le hacía hervir la sangre y en poco tiempo no podría contenerse mas.
Él, él que siempre mantuvo bajo control todos sus instintos, todas sus emociones, todas sus necesidades sexuales; ahora estaba casi a su limite; solo con escucharle gemir, besarle y sentir su mano masturbarle de forma lenta.
Dejó que Duo le siguiera masturbando de la forma en la que sintiera mas a gusto, eso no importaba, mientras le siguiera tocando, de la forma en que lo hiciera era lo de menos, después de todo, esta era su primera vez e iba a lograr que se relajara lo suficiente para que lo disfrutara, tanto o más que él. Cada vez que Duo subía y bajaba por la piel sensible y húmeda de su miembro, los espasmos de placer le hacían gemir de forma sonora. Jamás llegó a pensar que pudiera reaccionar así ante las caricias de un completo novato.
– Sigue, sigue Duo, no te detengas
A pesar de que estaba extasiado con las caricias de Duo, tuvo que detenerle antes de que le hiciera terminar en su mano y todo terminara antes de tiempo. Lo hizo de forma sutil, ya que mientras Duo le masturbaba, él bajó su mano llena de semen por debajo de las piernas del trenzado hasta encontrar su entrada.
– ¡Haa! - escapó un ligero quejido de aquella boca, cuando sintió como algo se abría paso en su interior de forma lenta.
– Tranquilo Duo – dijo al sentirlo tensarse de nuevo – no voy a hacerte daño. Yo jamás le haría daño a la persona más importante en mi vida.
Duo pareció relajarse, mientras Heero dejó que su lengua recorriera el pecho del chico llegando hasta una de sus tetillas y comenzando a chuparla, haciendo que Duo soltara un fuerte gemido. Chupó y succionó por igual ambas tetillas por un rato hasta que las abandono para seguir bajando hasta que encontró su ombligo y dejó que su lengua se hundiera en él.
Heero pudo darse cuenta que los gemidos que escapaban de Duo ya no eran de dolor, si no, de placer; así que comenzó a mover el dedo que aun permanecía en el interior del chico comenzando a estirarlo. Se había acostumbrado lo suficiente a él, como para seguirlo preparando. Comenzó a meterlo, sacarlo y estirar su entrada hasta que estuvo listo para un segundo dedo en su interior.
Duo se sentía extraño, su cuerpo temblaba y sudaba, además de que su respiración estaba sumamente acelerada, a tal grado, que le costaba respirar. Cada vez que Heero tocaba su piel con su lengua, sentía como algo revoloteaba en su estómago y hacía que algo en su entrepierna volviera a despertar. No hacía mucho había derramado su semilla en las manos del agente y se había sentido llegar a las nubes; no sabía que aun podía sentirse mejor. También sentía los dedos de Heero en su interior, llenándole, haciéndole sentir completo, deseado, amado. Cada vez que esos dedos entraban en él, llegaban a tocar cierto punto que le hacían agitarse y su cuerpo se sacudía en espasmos placenteros que lo hacían jadear.
– Heero – escapó el nombre del agente de su boca entre gemidos – Heero, por favor, haa – volvió a gemir
– No, Duo – dijo Heero separándose del abdomen del trenzado para verle a los ojos – no vayas a pedirme que me detenga ahora.
– Ha, ha, ha, ha, ¿Quién dijo que quiero que te detengas?, ha, ha – dijo a penas, entre jadeos cansados
– ¿Entonces qué me estas pidiendo por favor?
– No se que sigue, pero estoy seguro que esto no es todo y por favor, por favor, no soporto más. Mi cuerpo se siente extraño y estoy a punto de explotar.
Una mueca en forma de sonrisa se dibujo en el apuesto rostro de Heero. No sabía que el ex seminarista pudiera decir frases tan excitantes y sobre todo, que él pudiera estar pensando en esas cosas que antes ni siquiera imaginaba.
Sin darle una respuesta directa, Heero se incorporo en la cama sacando los dedos de la entrada del trenzado. Duo abrió los ojos mostrando una cara de pesar.
– No Duo, esto aun no termina.
Abrió las piernas de Duo y se coloco entre ellas, pudo ver la cara de susto que ponía el chico cuando hizo eso. No quería verlo asustado, ni temeroso de lo que sucedería, porque de llegar a hacerle daño, era probable que no volviera a dejarse tocar jamás. Así que tenía que ser muy cuidadoso, ya lo había preparado, pero no sabía si sería suficiente para una primera vez.
– Duo, yo...
No tuvo tiempo de decirle nada, ya que el chico extendió sus brazos y lo apretó a su cuerpo para besarle de forma apasionada. Le daba el permiso que necesitaba para que continuara. Así que tomó una de las piernas de Duo y la levantó sobre sus caderas para que le envolviera, mientras colocaba su hombría en la entrada del trenzado.
Duo sintió su cuerpo ser llenado de nuevo por algo mas grande y mas grueso que los dedos del agente. Se sintió, por un momento, siendo partido en dos. La invasión de su cuerpo le tenso a tal punto, que fue Heero quien gimió de dolor. Pero lejos de empujarle o pedirle que se retirara, le abrazó mas a su cuerpo, encajando sus uñas en la espalda del agente.
– Ahh, Heeroo – gimió al sentir que el miembro de Heero estaba por completo dentro de él.
Al principio, Duo se sintió adolorido, pero al cabo de un momento, ese dolor se transformo en placer al grado de que ahora solo salían gemidos de su boca. Sus caderas habían comenzado a balancearse y Heero había comenzado la dulce tortura de entrar y salir de él. Era una sensación tan placentera, tan irreal. Jamás pensó que pudiera sentirse así con él, que pudiera sentir tanto placer ante algo que siempre le dijeron que era malo, prohibido.
– Ahh Duo – gimió Heero.
Heero pudo darse cuenta que el miembro de Duo volvía a estar despierto, así que extendió una de sus manos sobre el sexo del trenzado y comenzó a masturbarle.
– Ahh Heero, Heero - Heero no dejaba de embestirle causando en él un placer infinito y difícil de controlar - Heero, yo... voy a... Heero... - Gritó Duo al tiempo en que volvía a expulsar sobre la mano de Heero y sobre su estomago, su blanca semilla.
Heero quería seguir conteniéndose, le quería seguir procurando placer, pero ya no podía resistir. Al mismo tiempo en que sintió a Duo tensarse de nuevo, su cuerpo lo hizo a su vez. En cuanto sintió la semilla de Duo llenar sus cuerpos, su cuerpo dejó escapar la suya dentro del cuerpo de Duo. Habían llegado al clímax al mismo tiempo y eso le hacía feliz.
Heero suspiro pesadamente dando sus ultimas resistencias, para poco después salir del interior del cuerpo de Duo acercándose a sus labios para darle un beso y después desplomarse sobre ese cuerpo delgado y perfecto.
Duo se sentía desfallecer, sudoroso y cansado, con el cuerpo del agente Yuy pegado al suyo. Abrazó con fuerza ese cuerpo, mientras respiraba ese nuevo aroma que llenaba por completo sus sentidos: el aroma del amor.
Jamás olvidaría haberse entregado en cuerpo y alma, a aquel a quien amaba tanto, la persona que había despertado en él sentimientos y emociones que jamás había conocido ni esperaba conocer.
– Te amo, agente Yuy.
Heero se acomodo sobre el cuerpo del trenzado, abrazándolo más a su cuerpo y besando su pecho, mientras cerraba los ojos para descansar un poco y dejar que sus respiraciones se normalizaran.
Duo no supo que pensar ante la actitud que tomaba el agente. Había esperado una respuesta igual, un "también te amo" o por lo menos un "yo también", pero no que se quedara callado.
– Heero – trató Duo de hacer que le viera a los ojos, pero Heero parecía dormir – Heero Yuy – volvió a intentar, pero no respondió - ¡Agente Yuy! - gritó haciendo que esta vez Heero si volteara a verle.
– ¿Por qué no duermes un poco? Mañana tengo que ir a trabajar – dijo Heero intentando levantarse, pero Duo fue más rápido y lo jaló de nuevo para que se quedara en su lugar.
– ¿No vas a decirme nada, agente Yuy? - recriminó Duo entre dientes con el ceño fruncido - ¿Vas a cumplir tu promesa de no volverlo a repetir?
Heero enarco solo una ceja al ver la molestia en la cara del trenzado. Podía leer en su rostro a que se debía su enojo y estaba tratando de controlar el soltar la carcajada. Pero se estaba convirtiendo en una tarea titánica.
Duo vio el pésimo esfuerzo que Heero hacía por no reírse y eso le enfureció aun más. Así que empujó a Heero de su cuerpo y aventó las sábanas a un lado para pararse.
– ¡Si no vas a decir nada, será mejor que me regrese al arzo...!, ¡ha! - gritó cayendo al suelo, ya que al tratar de ponerse de pie, un fuerte dolor en la parte baja de la espalda le hizo doblar las piernas.
– Creo que no te dije que la primera vez, el dolor en tu trasero te mantendría en cama, por lo menos, un par de horas – dijo Heero al tiempo en que se levantaba completamente desnudo de la cama para tomar al trenzado entre brazos. Le escuchó murmurar cosas ininteligibles, y no pudo menos que sonreír – te aseguro que la próxima vez sera mejor y entre más lo hagamos, más rápido te acostumbraras.
– ¿He? - dijo Duo totalmente sonrojado al escuchar lo que Heero decía y al encontrarse totalmente desnudo entre sus brazos y sentir aquella cálida piel rozando la suya. Ese roce le hacía sentir choques eléctricos por todo su cuerpo y necesitaba que le bajara ya mismo - ¿A donde me llevas? - preguntó al darse cuenta que no era depositado en ninguna parte y que Heero lo llevaba fuera de la habitación.
– Vamos al baño, a lavarnos, después volvemos para cambiar las sabanas y poder dormir.
– Jm – refunfuño el trenzado, por lo visto aun seguía molesto, ya que desde que lo levanto en brazos, no había querido verle a la cara.
– Duo Maxwell – dijo Heero mientras lo ponía de pie en el piso del baño, Duo volteo a verlo, entonces Heero lo tomó por el mentón y le beso de forma apasionada – Te amo.
– Agente Yuy, no sabe que no es bueno hacer esperar a las personas... - Heero le interrumpió colocando un dedo sobre sus labios para que dejara de regañarle.
– Esto fue una especie de venganza por presentarte 12 semanas después del día acordado.
– ¡Heero!
– No sabes cuanto me hiciste sufrir.
– Nunca, jamás, jamás, volveré a hacerlo. - aseguro tomando a Heero por el cuello para ser esta vez él, quien le besara.
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Después de haber tomado un baño y cambiado las sabanas, ambos estaban acostados en la cama. Heero tenía el cuerpo desnudo de Duo entre sus brazos, acariciaba el sedoso cabello del chico con una de sus manos, mientras Duo jugaba con los dedos de la otra mano del agente, mientras le contaba algo a lo que no estaba prestando atención.
Disfrutaba tenerlo así, entre sus brazos, oliendo su perfume, disfrutando de su compañía y de cada palabra que salía de esa boca que había disfrutado y explorado a su antojo momentos antes. No importaba que se desvelaran, total, él estaba acostumbrado a no dormir. Estaba seguro de que, a pesar de que le había dicho al chico que tenían que dormir porque al siguiente día tenía que trabajar, era probable que él no durmiera por el temor a que todo lo que había vivido con él desapareciera al llegar el día. No querría abrir los ojos y darse cuenta que todo había sido un sueño.
Pero aun que él no era curioso, tenía un par de dudas en su cabeza que deseaba despejar.
– Dime Duo – dijo Heero haciendo que el chico callara y se girara un poco para verle – se que te di mi tarjeta con la dirección y mis teléfonos, pero a pesar de saberla, es muy complicado llegar hasta mi. Sin embargo, tu parecías estar seguro de que este era mi departamento. ¿Cómo supiste eso?
Duo se encogió un poco entre los brazos de Heero, haciendo que el agente se inquietara un poco ¿A caso era tan difícil contarle como había dado con él?
– Desde, desde lo que ocurrió con Erick – comenzó a contar sintiéndose un poco nervioso - mi olfato es muy sensible a muy diversos y diferentes aromas. Pero el tuyo – dijo Duo girándose un poco más para alcanzar los labios del agente – el tuyo he podido detectarlo desde mucho antes de que ocurriera aquello. Aun que ahora es mucho mas fuerte que antes.
– Por eso estabas seguro de que aquí me quedaba.
– Si. Desde que llegue a este complejo de edificios, fui siguiendo ese delicioso aroma a tabaco y vainilla que tanto identifico contigo. Aquí, en este sitio, ese aroma es mas fuerte. Por eso me quede sentado allá afuera, sabía que en algún momento ibas a llegar.
– Sabes que por mi trabajo, a veces no llego a dormir en días, ¿Estabas dispuesto a esperarme?
– Si – dijo Duo de forma segura, para poco después titubear – creo. Bueno, si no llegabas en días, iba a tener que regresar una y otra vez. Después de todo, venía con toda la intención de decirte cuanto te amo.
– ¿Realmente esa era tu intención?
– ¡Claro que si!
– Ah, pues como batalle para sacártela – reclamo - Casi tuve que sentarte en el banquillo de los acusados y arrancarte la confesión – Duo comenzó a reír ante lo dicho por el agente - Hace un rato mencionaste, además del padre Roberts, a un tal ¿Padre Merquise? - cuestionó Heero jugando con los dedos de Duo mientras le abrazaba más a su cuerpo - ¿Quién es ese hombre al que le debo el tenerte así, desnudo y entre mis brazos? – Duo se sonrojo y rió de nuevo de forma ligera.
– Si, el Padre Merquise fue enviado desde el Vaticano para ordenarnos. Yo... - Heero le interrumpió, quería saber que tanto había pasado, por eso pregunto.
– ¿Qué fue lo que le dijiste a ese hombre para renunciar a la ordenanza?
– Creo que fue él quien me empujo a salir corriendo del arzobispado e irte a buscar, llegue tarde, claro, pero llegué.
– Cuéntamelo, con lujo de detalles – pidió Heero sintiendo verdadera curiosidad por ese hombre.
– Si, porque va a sorprenderte lo que te voy a decir sobre el padre Merquise.
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El jueves, doce semanas atrás, había llegado temprano al arzobispado, al igual que los demás. Tenía que dormir en los claustros del lugar. Hacía tiempo que no me sentía tan incomodo. Además de que había muchos seminaristas listos para profesar, también había un aroma extraño que me tenía inquieto.
Esa noche no había cenado, fue mi penitencia por sentirme extraño en un lugar que debería ser como mi casa.
Me desperté temprano, como es mi costumbre, y participé con todos en los oficios de las cinco. Allí estaba su Eminencia Traize y todos su séquito. Y ese aroma también, aun más penetrante que el día anterior. Fui reprendido varias veces por encontrarme buscando algo con la mirada, en lugar de estar orando. No me quedo mas remedio que dejar de buscar el lugar de donde procedía aquel aroma y rezar.
Cuando terminaron los rezos, quise recorrer el lugar para descubrir de donde venía aquel aroma que aun no lograba identificar, pero no pude. Fui obligado a volver a mi claustro a prepararme para la hora en que fuese ordenado sacerdote.
Estando en el cuarto me puse a rezar tratando de olvidar ese aroma y mientras lo hacía tu aroma, agente Yuy, llegó hasta mi memoria. Quise sacarlo de mis pensamientos, pero me fue imposible. Comencé a rezar de nuevo y a pedir por una señal, lo que fuera, algo que me indicara que lo que iba a hacer era lo correcto.
– Algo, lo que sea, por favor – me dije en voz baja, hincado frente a mi cama con los ojos cerrados.
Abrí los ojos de forma enorme al percatarme que aquel aroma, ese extraño aroma que inundaba por completo el arzobispado, comenzaba a hacerse mas fuerte en mi cuarto. Comencé a girar la vista de forma lenta hasta ese lugar. Ese aroma era cada vez más fuerte y parecía venir de detrás de la puerta. No sabía porque, pero sentía temor.
Tallé mis ojos de forma desesperada cuando me pareció ver como si una sombra se deslizara por debajo de la puerta y se arrastrara por el piso del cuarto cubriéndolo casi por completo. Estaba aterrado, mi corazón latía con toda su fuerza haciéndome casi perder el aliento.
– A... ¡Agente Yuy! - casi grité cerrando los ojos y subiendo de un salto a la cama. Casi al mismo tiempo aquel aroma y aquella sombra comenzó a difuminarse.
Me armé de valor al ver lo que pasaba y brinque de la cama para dirigirme a la puerta y abrirla. No había nadie frente a mi claustro, ni en el pasillo; tampoco se veía a nadie por el corredor. El aroma seguía presente, pero ahora de forma más tenue.
– ¿Qué fue eso? - me pregunté sin apartar mis ojos del pasillo.
Estaba seguro de que alguien había estado allí, casi había podido verlo. Ahora no me cabía duda de que ese aroma pertenecía a alguien, la pregunta era ¿A quién?
Al poco tiempo me vinieron a buscar, todo estaba ya listo para procesar. Había llegado un nuncio apostólico a ordenar a los nuevos sacerdotes ¿Por qué? Su eminencia Traize podía hacerlo, para eso era Cardenal y Obispo. Seguramente habían enviado al nuncio a alguna misión especial y no solo a ordenar a los seminaristas, pero eso era algo de lo que no podría enterarme.
Estaba formado en la fila, junto a los otros seminaristas, esperando mi turno. Había sido uno de los últimos en llegar, por lo tanto, también sería uno de los últimos en recibir la eucaristía.
Pero mi mente estaba muy lejos de la ceremonia. Desde lo ocurrido en el claustro, unas horas antes, de mi cabeza no desaparecía tu imagen, agente Yuy, ni tus últimas palabras antes de irte del hospital.
"Le esperaré"
Iba a estar en aquel bar, esperando a que yo fuera y no iba a llegar.
No iba a llegar.
"Escúcheme, solo lo diré ésta vez y jamás lo volveré a repetir" – Tus palabras regresaron a mi memoria y golpearon tan fuerte como si estas fuesen un bloque de cemento - "Te amo Duo".
- Dijo que me amaba... - murmuré para mi mismo, caminando detrás de aquellos seminaristas, que al llegar frente al nuncio, posaban su cabeza en el reclinatorio y esperaban por las palabras del rubio platinado para ser ordenados sacerdotes ya.
¡Y yo estaba a punto de llegar!.
¡Y aun estaba dudando!
Cuando te fuiste del hospital, me había auto convencido que era mejor ordenarme sacerdote; pagar con mi vida el favor dado. Retribuirles en algo a aquellos hombres que me habían criado desde que era niño. Tan seguro estaba en ese momento, que el padre Roberts dio su visto bueno a mi ordenación, incluso su eminencia Traize lo hizo.
"Quiero que te quedes conmigo, que vengas a mi lado y vivamos juntos."
– ¡Vivir juntos! - Me sonrojé ante mis pensamientos, ya que llegó a mi memoria, aquel momento vivido contigo en el claustro, momentos antes de ser atacado por Erick – Pero voy a ser sacerdote – me recriminé a mi mismo cerrando los ojos con furia y apretando los puños.
"Me gustaría que olvidaras el convertirte en sacerdote, para que te conviertas en la persona mas importante en mi vida."
– Yo... yo... - Abrí los ojos al recordar esa parte – Yo jamás he sido importante para nadie. Mis padres me abandonaron y fui a parar a un orfanato de donde sólo salí para entrar como seminarista. ¿Y ahora voy a ser sacerdote? ¿Para qué? ¿Por qué quiero ser sacerdote? ¿Por qué quiero ayudar a la gente? ¿Por qué quiero pagar mi deuda con los sacerdotes que me criaron, siendo como ellos? ¿A caso no hay otra forma?
"Usted no tiene vocación. Además de no tener vocación, usted me ama"
– ¿Qué? - Dije en voz alta, haciendo que todos voltearan a verme – lo siento – me disculpé sonrojándome y bajando la vista - "Yo... yo... ¿Yo lo amo?
"Erick tenía razón"
Mis propias palabras llegaron a mi memoria. Esas palabras que confirmaban lo dicho por ti. Mi propio corazón lo aseguraba al estar latiendo de forma desenfrenada.
"Erick tenía razón. Yo jamás iba a poder matarle, porque yo también te amo".
Me detuve de golpe abriendo los ojos de forma enorme y entonces levanté la vista. Frente a mi, estaba su Eminencia Traize y el sacerdote que me iba a ordenar. Me quedé petrificado viendo los ojos celestes del hombre rubio. El rubio platinado también pareció sentirse inquieto ante mi presencia. Ese aroma, ese aroma que había venido sintiendo desde que llegue, estaba allí, frente a mi. Mis ojos se abrieron a más no poder al ver frente a mi a un Sacerdote que olía diferente al resto de mis compañeros, incuso, diferente al propio Traize.
– ¿Duo Maxwell? - cuestionó el rubio platinado. Yo ni siquiera me moví – Si estas listo, ¿Quiéres tomar tu lugar? - pero yo seguí sin moverme o pronunciar palabra.
– Tsk – Traize pareció fastidiado y lo hizo saber de forma ruidosa haciendo que despertara del trance en el que había caído – vamos Duo, hincate o vete. Aun puedes retractarte, nadie te esta obligando – Giré la vista a su Eminencia y luego volví a ver al nuncio.
– Usted es... - traté de decir, pero la mano del rubio, pidiéndome que me acercara, me interrumpió. Lo hice con ciertas reservas.
– No soy de los malos – murmuro para que solo yo pudiera oírle – y se por lo que estas pasando. Así que ¿Por qué no vas con él?. Debe estarte esperando.
Me enderece en mi lugar de forma sorprendida. Pude ver una sonrisa en aquel rostro extremadamente blanco. Lo sabía, sabía que ese aroma era extraño, pero no del todo desagradable, ya que ese hombre no olía a sangre, por lo menos no a sangre humana, como olía aquel médico en el hospital.
Y él me estaba dando la señal que buscaba, de alguna forma extraña llegaba ante mi la respuesta que tanto estaba buscando.
– Lo siento – dije dando un paso atrás para alejarme del reclinatorio y viendo a ambos hombres volví a hablar – lo lamento, pero no puedo procesar. Agradezco sus enseñanzas y sus cuidados, pero me voy a retirar. - dije, para después darme la vuelta y caminar hacía la salida de la iglesia con todas las miradas sobre mi.
– Duo, ¿A dónde vas? - la voz de su Eminencia Traize me detuvo un instante. Yo me volteé para responder a su pregunta.
– A ayudar a la única persona que realmente me necesita – dije sonriendo y sin decir más, salí corriendo del lugar.
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– ¿Así que viniste a ayudarme? – preguntó Heero volviendo a tocar la cálida piel de Duo con su lengua lanzando torrentes de electricidad por el cuerpo del chico.
– Si – dijo Duo en un jadeo, reaccionando ante la caricia tan excitante de Heero.
– Entonces, ¿por qué no me sigues ayudando? – dijo Heero girando en la cama y dejando a Duo abajo con su cuerpo encima. Duo le vio con los ojos muy abiertos, pero se relajo al ver el rostro apacible del agente frente suyo y comprendiendo a la perfección lo que quería.
– Te ayudare, toda la vida, siempre y cuando, tu me ayudes a mi – dijo Duo elevando sus brazos para tomar a Heero por el cuello y besarle de la misma forma apasionada en la que el agente lo había hecho momentos antes. Duo dejó deslizar su cuerpo por el del agente Yuy, haciéndole saber como se encontraba él. Heero se separo de la boca de Duo y enarcando una ceja le preguntó de forma divertida.
– ¿De verdad fuiste seminarista? - Duo comenzó a reír jalando a Heero de nuevo para besarle de forma apasionada y continuar con los besos y caricias hasta que ambos quedaron tan cansados, que se quedaron dormidos.
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Sentía paz, una paz que tenía mucho tiempo de no sentir. Su trabajo era absorbente y el tiempo libre era escaso o nulo, por eso nunca tenía tiempo para él, mucho menos para dedicarle a alguien más. Y sin embargo...
Sin embargo ahora estaba dispuesto a no saturarse de trabajo como en el pasado y llevar una vida de pareja como lo hacía su rival académico de años: Wufei Chang. Estaba dispuesto, incluso, a pedirle consejo de como llevar su vida, si él no podía encontrar un punto medio entre trabajo y hogar.
Hogar... ¿Cuándo él había imaginado tener un hogar? ¿Y con quién? Con...
– Duo Maxwell – susurró Heero aquel nombre, aun con los ojos cerrados, mientras seguía acostado en la cama.
Heero se dio vuelta en la cama extendiendo el brazo y no sintió nada. Frunció el ceño sin abrir los ojos, esperaba que Duo aun siguiera acostado, después de todo, el sol aun no salía, debería ser aun de madrugada, así se lo indicaba el aire fresco que se colaba por la ventana abierta. Así que siguió tanteando con la mano sin abrir los ojos esperando sentir ese cuerpo que, apenas la noche anterior, había sido suyo más de una vez. Pero de nuevo no sintió nada.
Abrió los ojos de golpe y se sentó en la cama volteando para todos lados. ¿Dónde diablos estaba Duo?
– ¿Duo? - salió ese nombre de sus labios con algo de temor ¿A caso todo había sido un sueño? ¿Un sueño, como esos que tenía con tanta frecuencia? - No. Esto fue real – se dijo con seguridad apretando los puños sobre las sabanas. Los recuerdos estaban frescos en su memoria, había dejado un espacio al lado derecho de su cama, cuando él solía dormir a la mitad – Duo se fue – murmuro apretando más la sabana en sus manos.
Pero entonces, un aroma a quemado comenzó a llegar hasta su nariz.
¿Pero qué se estaba quemando?
Se levantó de un brinco de la cama poniéndose el pantalón que había quedado tirado en el piso de la recamara, si había un incendio en el edificio, no iba a salir desnudo de su departamento. Salió corriendo de su habitación y vio todo lleno de humo, así que por impulso cubrió su boca y se agacho para evitar que este le fuese a intoxicar.
No sería ni la primera ni la última vez en que se viera envuelto en un incendio y sabía muy bien como actuar en estas situaciones.
Se arrastró casi a gatas hasta la cocina y a punto de llegar a la estufa, se topó con un par de piernas envueltas en mezclilla. Elevó la vista y pudo ver a alguien abanicando con una bandeja, todo el humo rumbo a la ventana.
– ¿Duo?
– Ah, Heero – dijo el chico de forma nerviosa al tiempo en el que Heero se levantó viendo el problema: Pan quemado aun dentro de la tostadora.
Heero suspiró pesadamente y caminó hasta la estufa para apretar el botón del extractor que estaba sobre la campana, haciendo que el humo comenzara a despejarse de la habitación.
– Lo siento – dijo Duo de forma avergonzada – estaba terminando de hacer el desayuno. Pero ni en el orfanato, seminario o el comedor de pobres, teníamos un aparato como estos – dijo señalando el tostador que Heero había desconectado, pero aun humeaba – Sólo los había visto en la TV y creí poder usarlo. Perdona, casi quemo tu casa – dijo Duo sonrojado y bajando la vista.
Heero se dio prisa en tomarlo por la cintura y acercarlo a su cuerpo, le colocó su mano bajo la barbilla para obligarlo a verle a los ojos.
– No me importa – dijo Heero dejando recorrer su mirada por aquel rostro sonrojado y acariciando con sus dedos la piel de su mejilla – No me importa que me mates del susto o que quemes nuestro hogar, mientras estés aquí, conmigo.
– Entonces me das permiso de quemar tu casa – dijo Duo en tono juguetón, pero el agente Yuy, siempre controlado, pareció espantarse ante la idea.
– No, obviamente no – dijo soltándolo
– Dijiste que mientras este aquí, contigo para achicharrarnos juntos – volvió a decir en son de broma, pero esta vez Heero no parecía tener humor para jugar.
– Deja de bromear, Duo, porque mejor no desayunamos – y diciendo esto Heero lo volvió a tomar por la cintura acercándolo a su cuerpo para besarle de forma apasionada siendo correspondido de forma inmediata.
Heero no traía puesta la camisa, solo usaba el pantalón que llevaba el día anterior, así que sentir la piel caliente de ese cuerpo contra su pecho, le producía cosquillas por todas partes, sobre todo el estómago. Podía sentir como la lengua del agente recorría su boca robándole el aliento e inflamándole la sangre.
– No, espera, espera – dijo soltándose totalmente rojo y con la respiración acelerada – porque mejor no dejamos esto para mas tarde – Heero lo soltó con renuencia. Después de todo, aun era muy temprano para comer o alistarse para ir al trabajo. Sin embargo, iba a tener que ser paciente con él, no podía presionarlo más de lo que ya lo había hecho.
– Esta bien – dijo de forma resignada - pero dime, ¿Qué haces levantado tan temprano?
– Bueno, estoy acostumbrado a levantarme a estas horas, después de todo, es la hora en la que se dan los oficios. Así que, después de rezar, me puse a preparar el desayuno, ya que tenemos que ir a trabajar – Heero se extraño ante lo que acababa de escuchar, por eso preguntó.
– ¿Tenemos? ¿Ya tienes trabajo? - dijo sentándose en la barra donde Duo había dejado la comida que había preparado antes de quemar el pan.
– Si, hoy es mi primer día – dijo sonriendo - Estuve tres mese en capacitación y hoy por fin me van a dar mi uniforme y me asignarán una plaza.
– Había pensado que casi todo el tiempo habías estado con el padre Roberts – dijo Heero comenzando a comer. No cabía duda de que tener la comida caliente y recién hecha le iba a gustar bastante.
– Allí estuve sólo por poco tiempo, ya que su Eminencia Traize mandó de forma rápida, a un par de acólitos a ayudar al padre – dijo sentándose a su vez frente al agente – Por cierto, le agradezco, en nombre del Padre Roberts y de toda la comunidad de St. James, por su contribución para la reconstrucción de la iglesia.
– ¿Hn? - cuestionó Heero viendo fijamente los ojos violetas del trenzado, pero este estaba sonriendo con los ojos cerrados.
– También deberé agradecerle, cuando lo vea, al agente Winner. Sin la ayuda de ustedes dos, la iglesia no hubiese quedado lista tan pronto.
– ¿De qué ayuda estas hablando? - cuestionó de nuevo Heero sin darle importancia al asunto – Yo no he hecho nada.
– No mientas – dijo Duo sin perder su sonrisa – se que fuiste tu y el agente Winner.
– Quatre es muy rico, de él no me sorprendería ¿Pero por que piensas que yo contribuí en algo?
– Solo se que lo hiciste – Heero dejó el tenedor sobre el plato y colocando ambos codos sobre la barra y su mentón sobre las manos cruzadas, le observó de forma fija. Le vio largo rato, como cuando estudiaba el perfil psicológico de algún criminal. Pero éste no era un criminal, era Duo, ex seminarista y la persona mas importante en su vida. Así que suspiró pesadamente y habló de nuevo.
– ¿Y como lo supiste? Traté de mantenerlo en secreto, ni siquiera Quatre lo sabía ¿Cómo te enteraste tu?- preguntó esperando escuchar el nombre de la persona que le delato. Después de todo, si había donado una importante suma para la reconstrucción de la iglesia. Había mandado bancas nuevas y contrató a un plomero para que instalara agua caliente en el lugar, así ya no tendrían que bañarse calentando agua en una cubeta.
– No lo sabía – dijo Duo sonriendo de forma luminosa.
– ¿He?, ¿Me tendiste una trampa? - cuestionó Heero sin dar crédito a la forma en la que Duo le había sacado la confesión.
– He aprendido algunas cosas de usted, agente Yuy – dijo Duo recogiendo los platos para llevarlos al fregadero y comenzar a tallarlos.
– Deberé tener cuidado con lo que diga de ahora en adelante – Duo comenzó a reír, mientras Heero le ayudaba a secar los platos y los ponía en su lugar – ¿Vas a trabajar ayudando gente? - cuestionó Heero regresando de nuevo al tema del trabajo del trenzado.
– Por supuesto que si. Ya me habías dicho que no solo siendo sacerdote podía ayudar a la gente.
– Bueno, entonces, antes de irme a las oficinas del FBI, te dejo en tu trabajo, así sabré donde trabajas y puedo ir a recogerte cuando salga del mio – Duo se dio prisa en aclarar.
– Te agradezco, pero sería mejor que eso lo hicieras mañana, ya que hoy solo voy a recoger mi uniforme y a que me digan a donde me van a asignar. Ya mañana sabré en que lugar voy a estar trabajando y quien será mi jefe. Esta bien si sólo me dejas en la estación del metro, ya que me deja cerca de la oficina de entrenamiento y saliendo del trabajo quiero ir al arzobispado a agradecerles por dejarme quedar allí durante este tiempo.
– A ese lugar si me gustaría acompañarte, después de todo, necesito información sobre el nuevo caso – Duo solo volteo asombrado a verle, pero Heero continuó hablando, cambiando rápidamente de tema - Entonces mañana, sin falta, te llevo a tu lugar de trabajo y te recojo cuando salgas. Quiero saber ¿dónde? y con ¿quién? trabajas. Y sobre todo, quiero que todos sepan, que ya tienes pareja – dijo Heero de forma tan calmada, que parecía ser normal decir tales cosas.
– ¿He? ¿Debería preocuparme por esa reacción tuya? - cuestionó Duo de forma alarmada sin darse cuenta que Heero se había parado de nuevo para colocarse a sus espaldas y tomarlo de la cintura para acercarlo a su cuerpo.
– ¿Reacción? - susurró a su oído haciéndolo estremecer - ¿A cuál reacción te refieres?
– A esos celos que parecen demostrar que no me tienes confianza – recriminó el trenzado de forma dolida.
– No pienses eso, Duo. Eres la persona mas importante en mi vida, quiero estar todo el tiempo contigo, pasar las horas, los minutos y los segundos a tu lado - ¿Y desde cuando él hablaba tanto? Claro, desde que nació la necesidad de hacerle entender a Duo, que solo quería que tuviera ojos para él y nadie más – Si hubiera sabido que desde ayer estarías conmigo, no hubiese tomado este caso y en estos momentos te estuviera raptando para irnos a algún viaje fuera del país.
– Pero ya tienes un caso y no vas a dejarlo. Tu nunca dejas un caso sin resolver.
– Si. Pero en cuanto este caso quede resuelto. Tu y yo – dijo dejando que sus labios rosaran la suave mejilla del trenzado de forma cariñosa haciéndolo sonrojar de nuevo – nos iremos de luna de miel.
– ¿Luna de miel? Eso solo los casados y nosotros nunca... – dijo interrumpiéndose de golpe y cerrando los ojos de forma fuerte. Heero sintió la tristeza que pareció embargar al chico y no le agradó nada. Así que lo giró para que le viera a los ojos, pero Duo sólo bajó la vista.
Heero no podía verlo de esa forma, ya antes había visto esa cara y cada vez que lo veía así se sentía de forma extraña. Era como si ese rostro, siempre alegre y luminoso, cubierto con una capa de tristeza, fuese capaz de desquebrajar cualquier pared que pudiera construir para protegerse.
Aun que en estos momentos estaba por completo descubierto y vulnerable, estaba mostrando un lado que, persona alguna conocía. Sólo él, sólo Duo Maxwell, sólo él podía conocer hasta su más intimo pensamiento, hasta su más intimo secreto. Por lo mismo lo tomo por el mentón obligándolo a que levantara la cara y pudiera verle a los ojos. Daría lo que fuera por ver siempre esos ojos brillar como estrellas.
– Nosotros también podemos – Duo abrió mucho los ojos al escuchar lo que Heero decía – Hay muchos lugares en este país o en otros, donde podemos hacerlo.
– ¿Te refieres a...?
– Casarnos, si – Los ojos de Duo se nublaron en lágrimas mientras Heero comenzó a limpiar las gotas que comenzaron a escurrirse por las mejillas – Aunque para mi, eso sería un mero tramite, ya que desde ayer, tu te has convertido en mi esposo y yo en el tuyo.
– Heero, yo... - trató de decir Duo, pero Heero lo silenció con un beso.
– Con o sin papel, te quiero a mi lado para siempre. ¿Aceptas?
– ¡Claro que si! - dijo Duo sellando su respuesta con un beso apasionado, haciendo que la sangre de Heero comenzara a hervir y esta vez no pudiera contenerse.
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Heero abrió la puerta de aquel edificio sintiéndose seguro. Había llegado temprano al lugar porque había dejado a Duo en la estación del metro hacía escasos minutos. No podía creer que con tan solo unos besos del trenzado su auto control se hubiese ido al carajo. No cabía duda de que el chico tenía un poder infernal en él e iba a tener que aprender a controlarse, si no quería que un día de estos, Duo se espantara a tal punto, que se fuera de su lado. Y eso no iba a poder soportarlo. Si no fuera porque tenía que ir a trabajar, se hubiera quedado con el trenzado a probar su auto control con él.
Apenas el día anterior había ido a hablar con su jefe y decidió regresar al trabajo. Al parecer, la noticia había corrido rápido por todo el lugar, ya que todo aquel que se cruzaba a su paso le saludaba y le daba la bienvenida llamándole "Agente Yuy". Se sentía bien siendo llamado de esa forma de nuevo. Aun que más le gustaba ser llamado así por Duo.
"Su Duo".
En cuanto entró al piso en el que se encontraban sus oficinas, se vio recibido por un rubio al que tenía tiempo de un ver, pero con el que hablaba muy seguido.
– ¡Heero, que gusto verte de nuevo! - dijo Quatre acercándose a él para saludarle – Me dijeron que ya tomaste un caso y que...
El rubio se vio interrumpido de pronto, al ser levantado por la parte de atrás del cuello de la camisa y movido hacía atrás del cuerpo bien formado de un hombre, vestido igual al resto de los que allí se encontraban.
– Ni creas que vas a quitarme a mi subordinado, tan solo porque regresaste, Yuy – dijo aquel hombre de ojos negros y rasgados, cruzándose de brazos y viéndole con el ceño fruncido.
– Chang – saludo Heero inclinando su cabeza en forma de saludo – me presentaran a mi nuevo subalterno dentro de una hora, no tienes porque ser tan agresivo con la persona que le recomendó al jefe que te asignaran a Quatre
– ¡Fuiste tu! - casi grita, pero Heero solo palmeo su hombro haciéndolo callar.
– ¿Cómo esta tu familia?
– ¿He? ¿Ah?, pues – dijo Wufei sintiéndose nervioso, esta era la primera vez que Heero preguntaba algo así, pero parecía sincera su cuestión, así que respondió – Bien, todos bien. Los chicos creciendo, y Meilan esta embarazada otra vez.
– Felicidades Wufei
– Gracias.
– Quizá, un día de estos puedas darme un consejo para llevar un hogar como el tuyo.
– ¿Qué?, ¿He?, si, si, cuando quieras.
– Bueno, los dejo, tengo que ir por mi placa y mis armas. Si el jefe pregunta por mi, díganle que ahora vuelvo.
– Si Heero – contesto Quatre viendo como su ex jefe salía del piso para ir a recoger sus cosas. Sintió la mano de Wufei posarse en su hombro y como este le susurró de forma confidencial.
– ¿Tu crees que algo le haya pasado a Yuy? Ya que ese que acaba de salir, no era ese frío y controlado agente que siempre competía conmigo estando en la academia. Se ve tan sereno y su mirada transmite calidez y no frialdad.
– No sabría decirle, agente Chang, todavía hasta hace unos días, Heero se sentía abatido y profundamente decepcionado de la vida. No se que le habrá hecho cambiar tanto – Quatre subió su mano en un puño hasta que la coloco bajo su mentón, daba la impresión de estar pensando – A menos que...
La puerta abriéndose de nuevo, le permitió ver al comandante Darlian entrando al lugar acompañado por una persona, que tan solo al verla, hizo que en el blanco rostro de Quatre, apareciera una enorme sonrisa y la felicidad inundara su pecho.
– ¡Esto si es una verdadera sorpresa! - gritó al tiempo en que corría para abrazar al recién llegado.
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Por fin volvía a traer bajo el saco la funda con su arma y dentro de la bolsa interior del saco, su identificación. Por un momento, creyó que jamás volvería a usar una placa de agente del FBI y que la única pistola que tendría, sería la que él había comprado para su defensa personal.
Por eso ahora se sentía tan aliviado de volver a tener sus pertenencias con él y no solo porque con ellas volvía a tener el respaldo de la agencia, si no, porque con toda esa fuerza tras suya, podría proteger a Duo de cualquier peligro que se presentara.
"Su Duo" - ya le era imposible sacarlo de su cabeza.
Le había dicho en el hospital, que no le preocupaba la existencia de más criaturas como Erick, pero con el nuevo caso entre sus manos, no podía negar que la seguridad de Duo le preocupaba mucho más de lo que podría preocuparle la suya. Después de todo, la sangre del chico era como una droga y como tal, esos seres podrían buscarle para doparse con ella.
Ojalá tuviera el valor para pedirle ayuda a Duo. Ese nuevo don que le había sido otorgado al haber sobrevivido al ataque de Erick, le sería de mucha ayuda. Duo fácilmente podría identificar a otra criatura como ésas, gracias al aroma que expedían. ¿No le había contado, apenas la noche anterior, que el sacerdote que le iba a ordenar "era de los buenos"? ¿Realmente lo sería?
– Bueno, éso ya me toca a mi averiguarlo – se dijo llegando de nuevo hasta el piso donde estaba su oficina. Darlian le iba a presentar a su nuevo compañero a las 10 am y ya casi era la hora.
A penas hubiera conocido a su subordinado, se iba a dar un tiempo para llamarle a Duo, por eso le había facilitado uno de sus celulares. Para esas horas, ya debería saber la dirección a donde había sido asignado y quería ir a esperarle cuando saliera.
"No puedo creer, que no aguante un minuto más sin verle" - se dijo mentalmente.
No había tenido tiempo de preguntarle en que lugar trabajaba, pero se imaginaba que sería algún restaurante de comida rápida o alguna tienda de conveniencia, de esas que trabajan las 24 horas, ya que eran las únicas que entrenaban a sus empleados, les daban uniformes y después les asignaban a una de tantas sucursales.
"Cuando le hable, le preguntaré la dirección y le caeré de sorpresa antes de irme al arzobispado con el novato" - se dijo mostrando una mueca en forma de sonrisa mientras pensaba éso - "Y una vez cerrado este caso, lograré, bajó cualquier medio, que le den vacaciones a Duo para poder Casarnos"
"¿Casarnos?".
Jamas imaginó que algún día esa palabra pudiera significar tanto. Iba a comprar anillos de boda y a organizar una gran fiesta para ese día. Todo, con tal de ver esos ojos brillar.
En que locura estaba pensando – se dijo sacudiendo la cabeza dejando asomar una mueca en forma de sonrisa en su rostro.
Atravesó los pasillos del piso hasta llegar a la oficina de Darlian, la secretaria no estaba en su lugar, pero tampoco le hubiese detenido, ya que, tenía una cita con él.
Escucho voces en el interior, eso le indicaba que el novato ya había llegado y que al parecer, Quatre y Wufei también estaban dentro. Así que abrió la puerta sin tocar y lo primero que vio le dejo petrificado en su lugar. Por más controlado y entrenado que estaba para ocultar a todo el mundo sus emociones, no pudo evitar que sus ojos se abrieran dejando mostrar el asombro que semejante imagen le causaba.
Allí, frente a él, estaba la ultima persona a quien esperaba ver. Llevaba puesto un traje negro con camisa blanca y corbata a juego, como el resto de las personas en esa oficina. ¿Eso quería decir que también él pertenecía al FBI?
– Esto, tiene que ser una broma – dijo Heero arqueando las cejas con disgusto.
– Heero, muchacho – dijo Darlian tomándolo del brazo y haciéndolo entrar en la oficina – déjame presentarte a tu nuevo compañero. Se que es muy joven y bastante novato, pero es la persona que necesitamos para este caso, por lo mismo ha sido reclutado y acaba de terminar su entrenamiento. Así que se bueno con él.
El novato caminó hasta Heero y poniéndose frente a él, sonrió de forma luminosa haciendo que el corazón de Heero se agitara con violencia en su pecho, mientras su boca se secaba impidiendo que las palabras salieran de su boca. Le vio elevar la mano y extendiéndola frente a él, dijo.
– Mucho gusto, agente Yuy, he oído hablar mucho de usted. Se que tiene un record perfecto y que jamás deja un caso sin resolver. Por lo que me dará mucho gusto y una enorme felicidad, trabajar bajo sus ordenes. Yo soy el agente especial del FBI, Duo Maxwell.
Heero tomó la mano de Duo y la estrecho sin decir nada. Duo en ningún momento perdió su sonrisa, al contrario, esta se ensanchó aun mas cuando Heero la tomó. Pero su cabeza era un remolino de pensamientos y su corazón latía desenfrenado presa de múltiples y variadas emociones.
"Trabajar con Duo"
No, no sabía que pensar al respecto. Duo estaría corriendo riesgos innecesarios, riesgos para los cuales no estaba preparado. No quería ni imaginarse al chico en peligro.
No, no. Los contras de esa decisión eran muchos y dolorosos.
Pero también estaban los pros de trabajar juntos. Lo podía tener vigilado y podría protegerle todo el tiempo, además, le vería todos los días a todas horas. Podrían irse al trabajo juntos y podrían regresar juntos. No habría ni un solo segundo en que le perdiera de vista y más que todo, conocía a todos los agentes con los que Duo podría relacionarse.
"Sólo faltaba una cosa y esa la dejaría bien clara ahora mismo"
Heero aun sostenía la mano de Duo, viéndolo a los ojos, perdiéndose en esa mirada violeta que desde el primer momento le había robado el corazón, sintiendo que habían pasado minutos, cuando solo habían pasado algunos segundos desde que "se había presentado".
Mostró una mueca en forma de sonrisa viendo como el rostro de Duo dejaba de sonreír y se extrañaba al ver ése gesto, pocas veces visto, en el rostro de Heero. Entonces lo jaló hacía su cuerpo, abrazándolo y apoderándose de sus labios de forma apasionada. Le robaba el aliento y los sentidos. Duo respondió de inmediato, de la misma forma en la que Heero lo hacía, dejándolos a ambos sin aliento en poco tiempo.
Se separaron con la respiración entrecortada y con la mirada de todos, sobre ellos, pero eso estaba muy lejos de importarles.
Heero tomó el rostro sonrojado de Duo entre sus manos para hablarle – Bueno, "novato", ya es hora de que nos vayamos a trabajar – dijo soltándolo – Así que, toma tus cosas y no olvides nada, que no por el echo de que seamos amantes, no recibirás un merecido castigo por tus errores.
– ¿Qué dijiste? - dijo Duo sonrojándose hasta las orejas.
– Vamos, date prisa, traete esos folders – dijo señalando una buena cantidad de documentos en el escritorio - que aun tenemos que ir al arzobispado a verificar la información de los expedientes del caso, para después ir al seminario.
– ¡He!, ¡he!, Si, si señor – dijo Duo de forma nerviosa, dándose prisa en recoger lo que Heero le pedía y saliendo tras suya.
Darlian, Quatre y Wufei se dieron prisa en seguirlos hasta el marco de la puerta y se quedaron parados al ver a Heero detenido a la mitad del piso.
– Y esto va para todos – dijo elevando la voz para llamar la atención de los agentes que allí se encontraban – este chico – dijo tomando a Duo por el brazo – no solo es mi compañero, también es mi pareja, vivimos juntos, nos amamos y nada mas cerrando este caso, nos vamos a casar. Así que, quien se atreva a poner sus ojos en él, tendrá problemas conmigo.
– ¡Heero! - dijo Duo alarmado, pero Heero no le hizo caso, solo lo tomo del brazo y lo saco del lugar.
– Si va a necesitar de mis consejos – dijo Wufei rascando su cabeza mientras Darlian y Quatre comenzaban a reír.
– Comandante – habló Quatre haciendo que el hombre mayor volteara a verle - ¿Cree qué esto funcione? - dijo el rubio preocupado.
Darlian tomó al rubio por el brazo y comenzó a reír de forma jocosa. Wufei no perdió detalle de eso, ya que parecía que el hombre estaba contento y realmente no tenía motivo. ¿O si?. Después de todo, haber visto a Heero besando al "nuevo" y enterarse por propia boca de su mejor agente, que tenía pareja y se iban a ¿Casar? - ¡Por dios, casar! - era como dejar viuda a su hija Relena.
– Ya saben, muchachos – dijo Darlian viendo a sus dos agentes – que a mi no me importan los métodos que usen, siempre y cuando, el caso quede resuelto. Y si mi mejor agente y el novato se entienden, no es de mi incumbencia, siempre y cuando esa relación no interfiera con el trabajo. ¿Cierto Quatre?, ¿Wufei? - dijo el hombre viéndolos a ambos.
Quatre se sonrojó, después de todo, él había conocido a Trowa en el trabajo y hasta el último momento, el forense estuvo con el. Ahora vivían juntos y cada vez que podían, hasta trabajaban juntos. Y además sabía que su actual jefe, había conocido a su esposa recién salido de la academia. Ella, al igual que su superior, había sido policía y una muy fuerte, según pudo escuchar, la única que le había podido vencer en un combate cuerpo a cuerpo.
– Si, tiene razón comandante. Fue muy tonto de mi parte cuestionarle.
– Ah, no te preocupes muchacho, después de todo, el saber que Heero y ese muchacho tienen una relación me alivia.
– ¿Por qué? - cuestionó Wufei intrigado.
– Pues veras, este chico, Duo, hasta hace unos meses era seminarista – confesó el hombre a Wufei, quien no sabía nada del nuevo.
– ¿Qué, qué? - dijo Wufei dejando ver su sorpresa al enterarse.
– Y al haber renunciado al seminario, su eminencia Traize me recomendó que lo reclutara. Fue un verdadero alivio que, su Eminencia en persona, me llamara para informarme que Duo había decidido no profesar, después de todo, yo había ido a hablar con el chico cuando aun estaba en el hospital y le ofrecí trabajar para nosotros, ya que, para este y otros casos parecidos, vamos a necesitar de alguien que sepa como tratar al clero. Su Eminencia Traize nos había separado del caso de St. James, pero ya tenía entre mis manos otros casos parecidos y precisamente involucrados con el clero.
– ¿Pero entonces ese chico no es policía? - volvió a preguntar Wufei sin dar crédito a lo que escuchaba.
– Si y no. Es decir, fue reclutado por el FBI, por lo que de forma automática se convierte en agente. Pero no lo es, porque se niega rotundamente a tomar un arma, aun que se le medio enseñó a usarlas.
– ¿Pero eso no es peligroso para él? Puede salir lastimado si se ve involucrado en alguna situación de riesgo.
– Si, en eso tienes razón. Pero, desgraciadamente, en el caso que se les ha sido asignado, ni saber utilizar un arma correctamente les puede ayudar.
– ¿Pues qué caso tiene Yuy entre manos? - preguntó Wufei sumamente intrigado.
– El del Vampiro del Seminario.
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Duo corrió detrás de Heero cargando los documentos entre sus manos. No sabía como sería trabajar bajo las ordenes del agente Yuy. Había conocido su lado frío, controlado, auto suficiente y conocedor de todo. Pero también conocía su lado apasionado y preocupado por su seguridad y justo ahora, perecía darle a conocer de nuevo sus celos.
Todos y cada uno de ellos le gustaban. También su lado enojado.
– ¿Heero, estas enojado conmigo porque no te lo dije ayer? - Heero se detuvo y se giró para verlo con las cejas arqueadas con disgusto.
– ¿Ya lo sabías?
– He, si – dijo de forma nerviosa - Bueno, sabía que me estaban entrenando para ingresar al FBI, lo que no sabía es que precisamente tu, serías mi jefe. Debo admitir que no solo fui a tu casa a decirte que te amaba, si no, a confiarte que ingresaría al FBI para hacer uso de mi nuevo sentido del olfato.
– Lo sabía, sabía que aun te faltaba que me dijeras algo, pero nunca imaginé que fuera esto.
– ¿Esta usted enojado, Agente Yuy? - cuestionó Duo de forma intranquila.
Heero lo tomo por la cintura de forma sorpresiva, haciendo que Duo soltara todos los documentos que llevaba entre sus brazos. Pero lejos de regañarle u ordenarle que los recogiera, dejó que su boca respondiera a la pregunta que el nuevo agente le había hecho, sin importarle quien les estuviera viendo.
– Te dije que no me importaba que me mataras de un susto o que quemaras mi casa. Tampoco me importa que te levantes de madrugada a preparar el desayuno que he de comerme mas dormido que despierto. Así que, ¿cómo va a importarme tener que venir o regresar juntos del trabajo a la casa y vernos todos los días? Ver tus ojos y tu sonrisa. Escuchar tus palabras o tus regaños – los ojos de Duo comenzaron a llenarse de lagrimas al escucharle. Heero elevó sus manos para limpiar con sus pulgares las gotas que se derramaban por esos ojos violetas - Pero eso no quiere decir que no regresemos a nuestro hogar para amarnos y entregarnos uno al otro cada noche, cada día o cada madrugada, como lo hicimos esta mañana o como lo haremos en cuanto lleguemos.
– Te amo, Heero Yuy – dijo Duo tomando las manos del agente entre las suyas. Heero se acercó hasta sus labios para rozarles de forma sensual, al tiempo en que le murmuró.
– Y yo te amo más que a nada en el mundo, Duo Maxwell, novato agente del FBI – dijo apoderándose de los labios del chico de forma mas apasionada y siendo recibido por una boca que respondía de la misma forma. Pero el beso fue interrumpido de forma abrupta por Duo, haciendo que Heero arqueara las cejas.
– Agente Yuy, si no nos damos prisa en ponernos a trabajar, no llegaremos temprano a casa – dijo recogiendo los papeles que habían quedado regados en el suelo, para después comenzar a jalarlo de la mano – no se ponga a holgazanear, agente Yuy, que en cuanto lleguemos a casa, quiero que me vuelva a hacer el amor – Heero esbozo una mueca en forma de sonrisa al escucharle.
– ¿Esas son palabras que diría un seminarista?
– Un seminarista no, pero un hombre enamorado si – respondió Duo sonriendo.
– Entonces, "novato", deja de perder el tiempo y vámonos. Tengo que llegar temprano a mi casa, para hacer el amor con mi amado hasta que desfallezca.
Mas adelante, cuando todo terminara y el caso fuera cerrado, se llevaría a Duo hasta el último lugar del mundo, donde podrían disfrutar de su amor, con o sin argolla en el dedo. Pero si Duo lo deseaba, primero organizaría una gran fiesta donde pudieran intercambiar esos votos, que estaba seguro, Wufei podría encargarse de escribir.
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– ¡Su Eminencia!, ¡Su eminencia!
El grito alarmado y cansado de un hombre anciano, inundó por completo la oficina que aquél hombre, vestido de rojo, ocupaba. Había recibido una llamada que le avisaba de una desaparición y no sabía como iba a reaccionar aquél hombre de cabellos avellanados. Nunca se sabía que esperar con él, por eso le había ido a avisar de forma inmediata sobre lo ocurrido.
– ¡Eminencia! - dijo recuperando el aire que se le había escapado al subir corriendo las escaleras y llegar hasta el despacho del hombre.
– ¿Qué sucede? ¿Por qué esa cara de susto, mi amigo Bartón? - preguntó el hombre de forma calmada mientras seguía revisando algunos documentos.
– Duo, Su Eminencia, Duo no llegó a dormir en toda la noche al arzobispado y nadie sabe donde esta – dijo el hombre de forma asustada.
Después de todo, su Eminencia había autorizado que el chico se quedara en el arzobispado, cuando dejó la iglesia de St. James, hasta que consiguiera otro lugar para vivir. Su Eminencia tenía muchas consideraciones con él, así que creía que la desaparición del chico, podría afectarle.
Pero contrarió a lo que pensó, Traize lucía muy sereno, tanto, que ni siquiera dejó de ver los documentos cuando le informó de la desaparición de Duo. Él, por otra parte, no podía dejar de jalar sus delgados dedos.
– ¿Su Eminencia? - cuestionó el hombre pensando que quizá Traize no le había escuchado. El hombre vestido de rojo levantó la vista para verle y solo le sonrió de forma calmada.
– No se preocupe Dekim – dijo Traize estampando su firma en el último documento que tenía sobre la mesa – Duo esta donde siempre debió estar.
– ¿He? - cuestionó de forma silenciosa el hombre.
– Está con el Agente Yuy y por lo que dijo Darlian, jamás lo va a dejar...
– ¡Oh por dios!.
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FIN
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N/A:
¡Si!, ¡si!, ¡por fin lo termine!.
Espero que les haya gustado el final y que hayan quedado resueltas todas sus preguntas. Y vaya, agregué un lemon que no tenía planeado, jejejeje. Espero que les haya gustado y que no me haya quedado muy OOC. Pero lo que yo quería dejar muy en claro, es que para Duo era su primera vez.
Y bueno, la pregunta del millón, ¿Por qué advertí que este sería un final diferente? Pues porque es un final abierto, jejejeje. Si, doy a entender que esta historia tendrá continuación, pero ya saben que a mi no me gustan las segundas partes y prefiero dejarla hasta aquí. Tampoco hay epilogo. Debí haber subido esta parte hasta donde Heero parte del hospital, pero dado que ya solo me faltaba el lemon y la escena final, decidí esperar. Espero haya valido la pena la espera, ya que son mas de 40 hojas y no 10 como fueron al principio del fic.
Y bueno, en un principio quería que esta historia fuera mi despedida de los fics, pero creo que no lo voy a hacer. Así que no se sorprendan que por allí, dentro de un tiempo, les vuelva a aburrir con otra locura mas.
Gracias a tod s por leerme, por dejarme sus rr, que les aseguro que leo todo, pero no tengo mucho tiempo para contestarlos por el o amor-yaoi. Si de verdad alguien quiere una respuesta rápida, escríbanme a: maryluz_mty . Si, si tengo twitter y también tengo Facebook, pero ninguno de los dos los uso mucho. Es más rápido contactarme por el yahoo.
¡Gracias de nuevo!, sobre todo a Kadita por darme el BoVo para muchas de estas escenas y respaldar todas y cada una de mis locuras.
¡Nos leemos pronto!
