Disclaimer: Los personajes, algunas locaciones y demás de Saint Seiya Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.


TWO OF US

Capítulo 2: Memorias del olvido

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Allí estaba ¡Otra vez metido en un gran lío! Piscis no era ningún estúpido, no habría engaño o nuevo plan que pudiera usar esta vez con él.

Suspiró, odiaba tener que hacer esto. Detestaba darse a conocer, hablar de su pasado. Hasta se negaba de contárselo a su maestro y no porque no confiara en él ¡No quería que nadie le tuviera pena o algo similar!

Su mirada se perdió en el frondoso verde de las colinas. Desde donde estaban se podía ver un poco de lo que aparentaba haber sido una aldea. No todo estaba como él recordaba, con lo limitado de su campo de visión, pudo divisar que lo que había sido su pueblo ya no era todo ruinas. Al parecer estaba reconstruyéndose. Lo que le resultó una irónica epifanía de sí mismo.

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Nueve, diez años? ¡No lo recordaba con exactitud!

Su mirada se ensombreció al notar que había un edificio que seguía intacto...

Albafika carraspeó, impaciente. Lo que sacó al crustáceo de sus pensamientos.

El santo de cáncer rodó los ojos, ya era tarde, ya había metido la pata lo suficiente. Tenía que hablar, no tenía salida.

— Giuliano era un monaguillo de la iglesia del pueblo —hizo una pausa, señalando el lugar— Voy a obviar todos los detalles de que era feliz y todo eso. Sólo te diré que tenía familia: madre, padre y una hermana mayor, que también ayudaba en la iglesia…

Se detuvo unos segundos. El recuerdo vino a él, golpeándolo con fuerza. Había pasado mucho tiempo sin haber siquiera pensado en aquello.


Un chico de cabellos azules de unos 9 años, terminaba de limpiar el cáliz. Tenía que dejar todo preparado para la misa del día siguiente. Era feliz haciéndolo y se esforzaba con ansias de algún día convertirse en el párroco de su pueblo. Quería poder estar a la altura de la persona que más admiraba además de su papá, que era un agricultor muy dedicado, y ese era el Padre Franccesco. El interés que no había demostrado en el trabajo de su padre, había despertado en la actividad de aquél párroco. Ayudaba a la gente con pesares económicos de la aldea, brindándoles asilo o un plato de comida si lo necesitaban; también, hacía poco tiempo, estaba llevando adelante un orfanato… todo con ayuda del diezmo que los mismos aldeanos brindaban en cada misa.

Muchas familias, al no contar con dinero, daban como diezmo parte de la actividad que realizaban de trabajo. Su familia particularmente solía ofrecer algunas hortalizas. Su hermana Gioachina, que era 3 años mayor que él, era la nueva encargada de ayudarle al clérigo a llevar toda la ofrenda hasta el nuevo orfanato, que quedaba un poco alejado del pueblo.

El estruendoso ruido de las puertas, interrumpió sus quehaceres.

¡Hermana, al fin llegan! ¿Qué tal va todo en el orfanato? La chica tenía el cabello castaño, llevaba dos trenzas y un largo vestido lila. Traía con ella una canasta, que ahora estaba vacía. Allí llevaba las hortalizas de su familia para el orfanato. Era bellísima y su hermano la quería mucho.

Vámonos a casa Giuliano contestó con un aire sombrío, completamente contrastante con su usual manera de ser. Parecía llevar una pesada carga en sus verdes ojos, que se veían al borde de romper en llanto.

¿Qué te ocurre? preguntó preocupado. Su hermana era una persona llena de vida, definitivamente algo muy malo debía estar pasando.

¡Debemos irnos de aquí! Sino él…

¿Pasa algo? interrumpió una voz. Al oírla, Gioachina pareció estremecerse.

¡Padre Franccesco! ¡Mire, ya acabé con todo! contestó Giuliano con mucha emoción. En ese momento lo notó, notó la cara de asco con la que su hermana miraba al clérigo.

Disculpe, ya nos vamos cortó ella, tironeando del brazo a Giuliano para salir rápidamente del lugar. Estaban llegando a la puerta cuando el cura se acercó y la agarró con firmeza del hombro.

Recuerda, nadie va a creerte. Así que es conveniente que calles susurró. La chica se soltó con brusquedad y se apresuró a la salida, como si su vida dependiese de ello¡Espero verlos mañana en la misa! les gritó, como despedida.

Giuliano, que había visto toda la escena, se había quedado estupefacto.

Caminaron hasta su hogar en silencio, su hermana estaba… rara. Iba con la mirada perdida, parecía como una especie de muerto-vivo al que le habían arrebatado el alma, o algo similar.

Gioachina entonó, preocupado ¿No vas a decirme qué fue todo eso? ¿Qué quiso decir el padre con que "nadie va a creerte"? la chica detuvo su andar, no lo pudo evitar y estalló en llanto. Parecía que en cualquier momento iba a derrumbarse y caer al suelo, por lo cual su hermano la abrazó, para sostenerla.

¡¿Gioachina qué pasa?! ¡Por favor, dime! gritó desesperado al verla así ¡No sabía qué hacer! Sus ojos se llenaron de lágrimas por la impotencia que le generaba la situación.

Nada, sólo estoy cansada contestó intentando calmarse y calmarlo. Se enjugó las lágrimas y trató de esconder su dolor detrás de una sonrisa. Al estar cerca de ella vio unos pequeños moretones en su clavícula, que parecían seguir por debajo de su vestido… ¡¿Qué rayos le había pasado?!

¡¿Qué te pasó ahí?! ¡Estás lastimada! dijo con extrema preocupación, señalando el lugar.

Nada de lo que debas preocuparte contestó ella haciendo un ademan para cubrirse el lugar con su manoApurémonos a llegar a casa, mamá estaba haciendo ensalada de frutas cuando salí

Aunque no se lo quería dejar pasar, sabía que su hermana no iba a decírselo. Probablemente le había contado su problema al Padre Franccesco y él podía ayudarla, tal vez era por eso que le dijo que era mejor guardar silencio hasta que él encontrara una solución... Sí ¡Seguramente era eso! El Padre Franccesco lo resolvería.

No se podía ni imaginar que ese razonamiento sólo era producto de su inocencia.


— El punto es que el cura de esa Iglesia engañó a todos, se decía un enviado de Dios y robaba todo el diezmo que decía que era para una nueva causa que estaba iniciando, un orfanato. Pero todo era una mentira que utilizaba sólo para abusar de niñas —Albafika frunció el ceño con total asco al oírlo— Para colmo el tipo tenía contactos en el Vaticano, uno no podía acercarse a romperle la cara, así como así —hizo una pausa— Luego una horda de espectros atacó este pueblo, la gente aterrada corrió a la Iglesia en busca de ayuda y el muy hijo de puta cerró las puertas, se encerró dentro, y no dejó entrar a nadie. Dejó a todos a merced de la muerte.

— Ya veo —interrumpió Albafika, sintiendo empatía por lo que Manigoldo contaba— ¿Y qué pasó con Giuliano? —Preguntó con curiosidad al darse cuenta que su compañero no había vuelto a nombrarlo.

— Sobrevivió al ataque, pero se perdió —contestó cortante— Perdió a toda su familia a mano de unos espectros bajo órdenes de Thanatos. El chico de pronto comenzó a sentir que ya no podía confiar en nadie y que la vida era una completa basura, así que se volvió parte de ella —hizo una pausa— Empezó a robar, matar y demás a cualquiera que se le cruzara en el camino, proclamándose el mensajero de la muerte ya que podía ver espíritus. Aunque lo que más quería era morirse él también, se había quedado muy solo en el mundo y jugaba con fantasmas para llenar un poco ese vacío —frenó unos segundos y sonrió con nostalgia por lo que estaba a punto de decir— Hasta que un día se le apareció un viejo que le dijo que él no era basura, sino parte del universo y simplemente dejó de existir para convertirse en otra persona.

Albafika lo miró confundido, pero pronto empezó a hacer conexión. En ningún momento de la historia Manigoldo había hecho mención de sí mismo. ¿Cómo encajaba él en todo esto y por qué sabía tantos detalles? Luego recordó que cuando eran niños él le había dicho que un "viejo" lo había encontrado y lo había llevado al Santuario, y el "bienvenido a mi tierra natal" que había dicho al llegar…

¿Acaso Giuliano y él eran la misma persona? Se sintió tentado de preguntárselo, pero rápidamente se detuvo al darse cuenta que quizás su compañero no se sentía cómodo contando cosas de su pasado y que no había tanta confianza entre ellos. Ya sabía lo que necesitaba saber, por lo que decidió dejar el tema para otro momento. Quizás lo descubriría si lo ayudaba.

— Entonces, estás aquí para vengar a Giuliano y a todo ese pueblo —afirmó, siguiéndole el juego.

— Así es, vengo a darle una lección a ese cura hijo de puta.

— ¿Cómo sabes que aún vive?

— Fácil Albita, desde que puedo entro a Yomotsu a diario para corroborar eso. Además, Giuliano lo vio luego del ataque, jurándose que en cuanto tuviera una oportunidad lo mataría. Pero la perdió cuando se fue de aquí.

— ¿Y cómo sabes que está aquí?

— ¡Porque lo sé, maldita sea! —resopló, molesto— Llámale intuición, pero estoy seguro de que ese tipo aún sigue aquí, acumulando sus riquezas.

— Bien —contestó, realmente sentía empatía. Odiaba a las personas que osaban burlarse de la confianza de otros, por lo que comprendía a la perfección lo que su compañero quería hacer— Veamos si encontramos a ese "cura hijo de puta" —Agregó, emprendiendo marcha al pueblo.

— ¡Usar malas palabras te hace ver varonil! —dijo cáncer entre risas. Ahí estaba, ese niñito decidido y valiente que había conocido años atrás. Lo creía sepultado, pero no, aún vivía. Aunque prefirió esconder su emoción detrás de la burla— Deberías usarlas más a menudo.

— ¡Cállate o tragaras arena! —fulminó piscis, pero no realmente ofendido. Aunque le pesara esa era la manera de su compañero de ser amistoso.

Al final el crustáceo ya no le caía tan mal, parecía esconder una buena persona bajo toda esa máscara de desfachatez. Aunque no tenía por qué admitirlo tan abiertamente.

Después de todo, no eran tan diferentes como pensaban. Ambos compartían un triste pasado… memorias de lo que habían perdido que, aunque las guardaran en lo más profundo de su inconsciente, volvían desde el olvido.


Notas de la autora:

NO ME LINCHEN D: jajajaja. Sí, sé que tardé mucho en subir esto, pero bueno, ya está. Ya lo pude sacar de mi cabeza.

Quise utilizar un poco la influencia del catolicismo en Italia en esa época. Espero que nadie se ofenda por eso. Sinceramente yo creo que el tipo de personas que utilizan su poder para cosas horribles se encuentran en todos lados, lamentablemente.

El título viene gracias a un tema de la banda NTVG, es mi canción favorita de esa banda ;_;

La información va a venir a cuentagotas, porque así es Mani c: (Sí, lo más probable es que me extienda de tres capítulos xD)

Recuerden que Manigoldo no es el nombre real del personaje, sino su seudónimo ;) Aunque calculo que habrán hecho la conexión jaja.

En fin, creo que no tengo mucho más por aclarar, porque planeo hacerlo con el siguiente capítulo.

Espero que les haya gustado y que estén odiando a Franccesco tanto como yo c: (?)

Otra vez los dejo con intriga ¿Verdad? Soy malvada, lo sé u_u (?)

Dejen reviews con sus conjeturas :P

Nos vemos en el próximo capítulo n.n