CROSS ANGE: TENSHI TO RYUU NO RONDO [クロスアンジュ 天使と竜の輪舞] Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN
Capítulo 4
Dormir
Pasó el tiempo, cuatro meses ya. Salamandine aun sabía sin saber cómo podía lidiar con las pesadillas de Ange.
No podía dormir con tranquilidad, pues en la madrugada comenzaba a escuchar como la rubia se removía entre sueños llamándole a ella junto con la fallecida pelirroja antes de comenzar a gritar por auxilio o por piedad, y los sueños de aquella voz misteriosa habían desaparecido tan mágicamente como habían llegado.
Sus ojos se volvieron pesados y se cerraron antes de que pudiera evitarlo. Las ojeras eran imposibles de ocultar y el cansancio era persistente. Por lo que fue así, que mientras Salamandine definía las escalas del boceto para su nueva reconstrucción, que cayó dormida sobre el escritorio.
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La oscuridad que le rodeaba no era tanta como la que aparecía en sus anteriores sueños en los que una presencia desconocida le ayudaba, haciéndole sonreír una vez que se levantaba. Ahora era realmente capaz de abrir los ojos.
—Salamandine… hey Sala…—Escuchó la inconfundible voz de Hilda a sus espaldas. Ante esto no pudo evitar girarse con el motivo de ver a su amada pelirroja más rápido de lo que fuera capaz de procesar.
—Hilda, de verdad tú…—Enmudeció, simplemente enmudeció, tanto en las palabras que sus labios estaban por entonar como las palabras que su cerebro era capaz de procesar. Hilda únicamente le miró con una sonrisa nostálgica.
—Lo sé, los poderes de Aura son impresionantes—Comentó—Es la primera y última vez desde que visito tus sueños que ambas somos capaces de vernos.
— ¿Última?
Los brazos de Hilda rodearon a Salamandine, quien no pudo evitar sollozar al entender esas acciones.
—Vengo a despedirme—Dijo apretando fuerte el abrazo. Su voz se quebró, pero las lágrimas no aparecían en el rosto de la menor—Me gustaría hacerlo también de Ange pero sé que esa no es una buena idea en la condición en la que está.
— ¿Por qué nos toca este desenlace? —Preguntó Salako finalmente sacando una de sus grandes preguntas, aquellas que siempre se reprimía y que, por alguna razón, solo podía sacar en presencia de la norma— ¿Por qué existe este presente?
—Porque hay distintos tipos de lágrimas que se derraman, de alegría y tristeza—Respondió Hilda limpiando las lágrimas que bajaban por las mejillas de Salamandine—Lágrimas por el miedo y el temor de perder a alguien. Son pruebas que debemos pasar.
— ¿Pero por qué debimos perderte a ti? —Cuestionó la azabache una vez más.
—Porque una vez que aprendamos de esta vulnerabilidad seremos invencibles—Respondió la pelirroja—No desapareceré para siempre—Declaró después de un rato de silencio en el que aún se escuchaban los pequeños sollozos de la mayor.
—Ange tiene razón, te contradices mucho—Dijo Salako lo cual sacó una pequeña risa en Hilda.
—Soy mala en esto del consuelo—Se burló Hilda acariciando la espalda de Salako y besando ligeramente sus labios—Pero soy buena dando consejos…
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Cuando Salamandine despertó notó que realmente había llorado. Acarició sus labios con la punta de sus dedos, sintiendo aquel último tacto tan real a pesar de haber sido un sueño.
Sus labios estaban fríos. Solos.
El sonido de la ducha siendo usada le permitió a Salamandine el relajarse y limpiarse las lágrimas antes de cambiar su triste semblante. No le quedaba duda de que para haber sido un sueño, había vuelto a hablar con Hilda, quien se despidió no sin antes darle un último consejo para contrarrestar las pesadillas de Ange así como le ayudó anteriormente en las diversas pruebas. Porque sí, Hilda había confesado que siempre había visitado sus sueños, dignándose a hablar cada vez que le veía atrapada.
Miró el reloj, no habían pasado más de veinte minutos. Justo en ese momento la ducha se apagó y escuchó a Ange moverse, seguramente para vestirse.
Dejó el escritorio y decidió ir a la cocina por algo de comer. Tomando una manzana que estaba allí y dándole un mordisco tras otro antes de que la rubia decidiera acompañarle.
"Nunca las dejaré solas, solo que hay veces en las que debo ausentarme, pero siempre volveré"
—Salako…—Le saludó Ange inusualmente alegre, Salamandine correspondió su sonrisa inmediatamente y le ofreció un poco de té.
Los segundos se transformaron en minutos y estos en horas. Ange parecía haberse liberado de una carga mientras que Salako había adquirido una, definitivamente la pelirroja era un equilibrio para ambas en más de un sentido.
La hora de dormir llegó.
Ange alistó su cama mientras que Salako solo observó la suya antes de girarse con Ange.
"Lo habrás notado, a Ange no le gusta estar sola…"
—Ange…—Llamó Salamandine.
"Tampoco le gusta pedir ayuda aunque la necesite más que nada, por eso es que tú debes ofrecérsela"
— ¿Te parece si esta noche dormimos en la misma cama? —Preguntó con timidez y las mejillas de Ange se sonrojaron levemente mirando a la azabache con sorpresa antes de asentir lentamente.
"Así como tú, lo que Ange necesita es sentirte. Saber que estás allí"
Se acostaron en un principio en silencio antes de que Salamandine decidiera tomar la mano de Ange enlazarla con la suya dejándola caer sobre la superficie blanda y lisa de la cama, perdiendo sus orbes zafiro de nueva cuenta en los carmesí. Ange tembló ligeramente haciendo que Salamandine portase una sonrisa triste.
— ¿Tienes frío? —Preguntó a pesar de saber que aquello era completamente imposible. Era verano.
"No está preparada para recibir un abrazo, así que solo enlaza tu mano con la suya y entonces…"
Ange decidió esforzarse un poco por la azabache, así que apretó su agarre con fuerza y se acercó ligeramente a ella, no contó que la esencia de la princesa dragón enloqueciera sus sentidos.
—Algo—Murmuró Ange en voz baja a lo que Salako suspiró. Definitivamente Hilda tenía más experiencia en estas cosas, y eso porque la mayor no sabía que la tercera parte de Aura había pasado por algo similar pero sin el apoyo que Ange si tenía. Lo suyo había sido más crudo… más cruel
"…Entonces solo repite mis palabras…"
—Solo con tomar tu mano somos capaces de transmitir nuestro calor, nuestros sentimientos y nuestros temores—Murmuró Salako en el oído de Ange una vez que ésta cerro los ojos pero sin sucumbir aun al sueño—Este lazo no se destruirá porque es el camino a nuestra felicidad, así que no me importará convertirme en el caballero de armadura oxidada que apenas pueda moverse para servirte como escudo. No te dejaré sola. Estaré a tu lado siempre.
