Los Herederos de Low
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2, 3+4, 5+H? Category: Shonen Ai, fantasia, AU. Raiting: PG-13. Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos. Warnings: Shonen ai.
-- Dialogo - " Pensamientos "
Capitulo 4
La muerte
Aun faltaban días para que se presentara la luna llena en el cielo del reino Low. En esos momentos lucía casi llena, pero aun no estaba completa. En un par de días, se vería libre para ir a visitar a aquella persona que tanto quería. solo podía hacerlo en luna llena. Una vez, cada mes; cuando las ligas que cerraban los hechizos que impedían que los brujos pudieran trasportarse, se rompían.
Sus ojos azules veían por la ventana de la torre más alta aquel cielo estrellado. No había una sola nube y los sonidos de la noche llegaban a ella de forma clara.
Cuanto odiaba permanecer en ese sitio, cuanto odiaba tener esas visiones y contarlas al señor de ese castillo. Cuanto odiaba que ese hombre la tocara. Cuanto odiaba haber sido dotada de los dones de su madre y haber sido condenada por ellos a vivir bajo la sombra de su verdugo. Bajo el poder del hombre que había dado la orden para matar a la mujer que le dio la vida.
Noche a noche las visiones llegaban a ella y las escribía en un libro rojo con pastas de piel. Noche a noche las palabras de la profecía volvían a renacer en su memoria, como hacía más de 20 años habían nacido en la memoria de su madre. Cuanto odiaba tener que escribirlas y esconderlas para que ese falso rey no las encontrara. Cuanto odiaba fingir que era su aliada, para cumplir con el resto de la profecía.
La luna no estaba aun en su parte más alta y todavía no quería dormir. Se había asomado por la otra ventada de la torre, que tenía una vista magnifica de los interiores de palacio, por que había escuchado los pasos de alguien que se empeñaba en no hacerse notar.
Pudo ver una pequeña figura que corría por los pasillos bajos de palacio, mientras su capa ondeaba por el viento. Se ocultaba como un ratoncito que le teme a la luz. Se ocultaba cada vez que veía las antorchas de los guardias. Pero la luz clara de la luna, se reflejaba sobre esos cabellos rubios.
-- Quatre. - murmuro para si misma - no temas, nadie te vera - dijo sonriendo para si mientras hacia un ademán con su mano, al tiempo en que el relincho asustado de los caballos en el establo hacía que los guardias salieran corriendo para ver que pasaba.
Quatre corrió al ver que los guardias se alejaban, y se oculto detrás de una de las torres de piedra que sostenían el techo del palacio. No quería que alguien le viera. No lo deseaba. Quería ocultarse de todos los que pudieran verle. Se asomo para ver si alguno de los hombres que hacían su ronda andaba por allí. Pero al no ver a nadie, corrió hasta las escaleras de piedra que daban a las habitaciones de los soldados. Quería verle. estaba seguro que era una locura, pero necesitaba verle.
En la parte baja se encontraba las habitaciones que ocupaban los guardias que estaban dentro de palacio. Una hilera de puertas de gruesa madera mostraba el inicio del corredor, el pasillo estaba alumbrado con antorchas. Pero como ya era tarde, todas las puertas estaban cerradas y el corredor estaba vacío.
El fuego crepitando en la antorcha era el único sonido que se escuchaba en el pasillo. Un viento frío comenzó a correr agitando la capa y los cabellos rubios que caían de forma rebelde sobre su frente. Su subconsciente le repetía una y mil veces que estaba loco al estar en ese sitio a esa hora y que si llegaban a verle él corría peligro. Pero haciendo caso omiso a lo que su mente repetía, comenzó a caminar de forma lenta hasta quedar de frente a esa puerta. Esa puerta que tantas veces había ido a visitar a esas horas y nunca tocaba.
-- Trowa. - dijo en voz baja oprimiendo sus manos contra su pecho.
El viento comenzaba a soplar más fuerte al colarse por el hueco de la escalera de piedra. El frío ya estaba haciéndole temblar, la capa que cubría sus hombros no era lo suficientemente gruesa como para protegerle del frío. Y como la parte baja no recibía el solo en el día, las habitaciones bajo la parte principal de palacio eran aun más frías.
Estiro la mano despacio hasta esa puerta y comenzó a palpar la gruesa madera con su mano. Se sentía tan húmeda y fría. Seguramente Trowa no estaba nada cómodo en esa habitación.
Trowa estaba solo. tan solo como lo estaba él. Duo había huido de palacio la noche anterior, pero intuía que estaba bien. Sin Duo que le hiciera compañía, se sentía más solo que nunca. Solo estaba él. Trowa. Y era ahora que lo necesitaba más que antes, por que sentía frío en su corazón por el próximo anuncio del compromiso con la princesa de Catalonia. Pero en los últimos meses Trowa se había comportado demasiado frío. y sabía que Trowa estaba sufriendo al igual que él por ese tono tan formal que usaba. A que se debía ese cambio?... Ojalá pudiera saberlo. Cuanto necesitaba verlo y que las cosas fueran como ante, como cuando eran niños. Cuanto lo necesitaba.
Podía tener el valor para negarse a la boda con Dorothy, aun que estaba seguro de no lograr nada. También podía tener valor para enfrentarse a quien se le pusiera enfrente. Sabía que se defendía muy bien usando dos espadas. Pero entonces por que no podía tener el valor para confesarle a Trowa lo que sentía? O para tocar aquella puerta de madera frente a él?...
En un arranque repentino de valor, estiro su mano y toco a la puerta. Su corazón latía a toda prisa esperando que Trowa abriera, pero no sucedió. Que debía hacer? Retirarse e irse a su solitaria habitación? O entrar?...
De nuevo su mente le repitió que se fuera!. Trowa dormía y no era conveniente despertarlo. Pero otra vez ignoro esos pensamientos y empujo la puerta con su cuerpo para entrar cerrando detrás de él y sintiendo el latido de su corazón en la boca y un profundo calor que le invadía el rostro.
Había entrado en la habitación de Trowa. si alguien le veía era probable que mandaran al arquero a la horca. y esos pensamientos hacían que su corazón latiera más aprisa.
El fuego de un pequeño fogón medio iluminaba la habitación haciendo que un ligero calor impregnara el lugar por completo. La vista color aqua de Quatre comenzó a vagar por el lugar identificando las cosas en ella. Del lado derecho y sobre una pequeña mesa estaban las flechas que usaba Trowa; recargado a un lado del fogón, estaba el arco. Y del lado izquierdo la cama.
Quatre dio un par de pasos al frente hasta estar a un paso de la cama. Sobre ella pudo ver al arquero, medio destapado, dejando entre ver su torso desnudo. Sintió que un nudo se le hacía en la garganta y la boca se le secaba. No era la primera vez que veía su torso desnudo, muchas veces lo había visto cuando eran niños, pero si era la primera vez que lo veía ahora, a la edad que tenían. No sabía que el cuerpo de Trowa se había vuelto tan perfecto.
Dejo vagar su vista, sosteniendo el aire, sobre el cuerpo sobre la cama del arquero. Era tan alto!, sus músculos los tenía bien marcados, su piel estaba ligeramente tostada, debido a los rayos del sol. y su rostro se veía sereno cuando dormía. La mascara de frialdad que usaba cuando le veía, no estaba ahora sobre su cara. Sus labios delgados, entre abiertos por la respiración que le daba el sueño, le incitaban a acercarse a ellos.
Sintió que su corazón casi estallaba y como un ligero estremecimiento se apoderaba de su cuerpo. Pero que diablos hacía en esa habitación observando a Trowa como si fuera un ladrón? De nuevo su cabeza repitió que se marchara, pero de nuevo no hizo caso de ella y se acerco.
Se hinco a un lado de la cama, para poder ver bien el rostro del arquero. Cuanto daría por que despertara y tener el coraje suficiente para decirle que lo amaba. Y al escuchar esas palabras repetidas de los labios del arquero, que lo tomará entre sus brazos y le besara. como contaban los cuentos.
Cuentos?...
Si, solo en cuentos podía soñar el que el arquero le amara. Por que él era un príncipe, y estaba destinado a casarse con alguien a quien no amaba ni amaría nunca. Las leyes del reino habían sido dictadas antes de que naciera y quien era él para cambiarlas?
Se levanto dándole la espalda al arquero, mientras una lágrima traviesa daba muestras del dolor que sentía al saber que jamás podía amar libremente a la persona que ahora dormía.
-- Que haces aquí?
El frío de una hoja de acero sobre su cuello le hizo darse cuenta que Trowa había despertado y no parecía haberle reconocido. El brazo desnudo del arquero lo sujeto fuertemente por el cuello acercando el cuchillo a su garganta, mientras la otra mano le sostenía por el cabello y él solo atino a levantar los brazos para detener el brazo que sostenía el cuchillo.
-- Trowa? - dijo de forma nerviosa al sentir que el arquero ponía su mano sobre su cuello para encajar aun más la hoja del cuchillo sobre él. Pero al escuchar su voz la soltó de golpe.
-- Quatre? - al escuchar su nombre en labios del arquero, sintió una alegría enorme.
Se dio la vuelta sonriendo topándose con los ojos verde esmeralda del arquero que le veía sin entender.
-- Su majestad, no debería estar aquí, es muy peligroso - dijo Trowa bajando el cuchillo. La sonrisa de Quatre desapareció al escuchar que Trowa de nuevo se dirigía a él con formalidad.
-- Trowa.
Quatre se lanzó sobre los brazos del arquero, acurrucando su cabeza entre el hueco de su hombro. Por una reacción involuntaria Trowa cerró sus brazos sobre la espalda del príncipe Winner, dejando que el llanto del rubio cayera sobre su pecho.
-- Por favor Trowa, deja que me quede esta noche aquí - dijo Quatre entre sollozos, haciendo que Trowa sintiera un estremecimiento que comenzaba a recorrerle de pies a cabeza.
-- No. no se puede majestad - dijo Trowa de forma nerviosa, sin soltar a Quatre del abrazo en el que lo tenía.
-- Por favor Trowa, deja que me quede, nadie sabrá que he estado aquí. Me siento tan solo en el palacio. Duo se fue y aun que digan que esta en la torre no es cierto, él esta lejos. Tú eres al único a quien puedo recurrir ahora Trowa, no me apartes de tu lado, no me dejes solo. Cuando me llamas majestad es como si le hablaras a alguien más. Tu también me has abandonado Trowa?, Tu también te alejas de mi al decirme de esa forma?
-- Quatre. - dijo el arquero acercando mas al príncipe Winner a su cuerpo mientras le daba un beso en la frente - no ha sido mi intención lastimarte. Pero debes entender que yo solo soy un soldado y debo obedecer las ordenes que se me han dado.
-- Debes alejarte de mi?
-- No - dijo Trowa apresurándose a responder - debo dejar de llamarte por tu nombre. Nadie puede ordenarme que me aleje de ti o de Duo, eso jamás lo conseguirán - dijo Trowa separando a Quatre de su cuerpo para verlo a los ojos.
-- Deja que me quede aquí esta noche - volvió a pedir Quatre tristemente.
-- La cama es chica y la habitación es fría - dijo Trowa aceptando, a pesar de su nerviosismo, lo que le pedía Quatre.
-- No importa Trowa, yo puedo arreglármelas con lo que tienes - dijo Quatre sin dejar de abrazarse de Trowa y sintiendo que su corazón latía a toda prisa y que un sonrojo aparecía en sus mejillas - y prométeme que me llamaras por mi nombre cuando estemos a solas.
-- Eso si puedo prometértelo. Quatre - Quatre volteo a verlo con la más luminosa de las sonrisas, mientras Trowa lo vio de forma detenida.
Sus mejillas mostraban un adorable sonrojo y sus ojos aqua mostraban las huellas que dejaba el llanto, pero cuando sonreía brillaban como un par de estrellas. Nunca pudo resistirse a esa mirada y ahora le permitía quedarse en su habitación a sabiendas que si lo descubrían dentro de ella podía ser mandado a la horca por romper las leyes del reino Low. Pero si tenía su frágil cuerpo a su lado por una noche, aceptaba las consecuencias de ese acto.
Sin separar los brazos del cuerpo del más chico, lo condujo hasta la cama y retiro la capa que llevaba, para después quitarle las botas y acomodarlo en la cama. Quatre se dejo conducir de forma mansa y se acurrucó en la cama como si fuese un niño, mientras Trowa camino hasta la silla que estaba cerca del fogón.
-- No dormirás en la cama? - pregunto Quatre totalmente sonrojado viendo que Trowa se sentaba en la silla cubriéndose con una manta.
Trowa sintió que su cuerpo temblaba ante la sola mención. Su miembro estaba algo endurecido por la cercanía del rubio y no podía permitir que se percatara. No podía dormir con él en la misma cama. No debía dormir con él. Sus deseos podrían traicionarle y llevarlo a cometer una locura de la que se arrepentiría toda la vida.
-- Dormirás mejor tu solo en esa cama - afirmo Trowa viendo la mirada de preocupación de Quatre - yo vigilare tus sueños.
-- No - dijo Quatre sentándose en la cama - no he querido incomodarte. En la silla no dormirás a gusto - dijo bajando la mirada de forma triste - será mejor que me vaya a mi habitación y te deje solo.
Una lágrima resbaló de las mejillas blancas de Quatre brillando con la poca luz que proporcionaba el fogón. Trowa se paro de la silla al ver que Quatre estaba por levantarse.
-- No te levantes - dijo Trowa haciendo que Quatre volteara a verlo - no me has incomodado, solo pensé que dormirías mejor si no había alguien a tu lado.
-- Sería todo lo contrario - dijo Quatre sonriendo con la más luminosa de las sonrisas.
-- Sabes que me haces trampa? - cuestiono el arquero sentándose en la cama de espaldas sin ver al soberano - sabes que no te puedo negar nada cuando me pones esa cara.
-- Lo se Trowa - murmuro Quatre sin poder evitar sonreír ante las palabras.
Ambos se acostaron en la cama, demasiado juntos debido al tamaño de la misma. Quatre pasó sus brazos por el pecho de Trowa, haciendo que un estremecimiento inundara al arquero. Sabía el soberano del reino Winner lo que su simple roce podía hacerle?. Quizá era hora de decirle. Giro su rostro para hablarle, pero Quatre ya había cerrado los ojos y parecía haberse quedado dormido casi sobre su pecho.
-- Los Dioses saben por que hacen las cosas - pensó Trowa para si mismo y solo lo abrazo posesivamente, quizá por esa noche, podía soñar que las cosas eran diferentes y que Quatre, soberano del reino Winner, podía amarle libremente. Y con estas fantasías en su cabeza se dedico a velar su sueño.
El fuego crepitaba en la chimenea de aquella cabaña. Todo estaba silenció, pero podía escucharse, a lo lejos, el sonido de los búhos y el aullar de los lobos.
Duo abrió los ojos y se giro sobre su cuerpo para ver la cama donde descansaba el cazador. Este estaba boca arriba, con los ojos cerrados, aparentemente dormido. Cubría solo medio cuerpo con una cobija. Pudo notar que aun estando dormido, usaba esos gruesos guantes de gamuza con el que lo viera el día anterior. Por que no se los quitaba ni para dormir? Lo primero que pensó es que debería tener unas manos horribles para ocultarlas con esos feos guantes.
Pero eso a él no le importaba. Lo primero que haría, era levantarse del suelo y salir de la cabaña. Dos días de dormir en el suelo ya le tenían la espalda molida y necesitaba dormir de forma cómoda en una cama blanda.
Levanto las cobijas que le cubrían de forma silenciosa y se puso de pie para recoger sus botas que estaban a unos pasos de su cabeza. Pero al estirarse cayó de súbito sobre las cobijas que había levantado al sentir como algo le detenía por un pie.
-- Que demonios!! - murmuro girando su vista desde su posición para ver que era lo que lo había detenido. Y se topo con una soga fuertemente amarrada a su tobillo - ese bastardo!!! - dijo en un murmullo, mientras se estiraba para intentar desatar el nudo de la soga.
Pero el nudo estaba muy bien hecho y le resultaba imposible soltarlo. Claro!, era de esperarse que siendo un cazador hiciera tan buenos nudos para evitar que los animales se le escaparan. Pero él no era una tonta presa que iba a escaparse!!, había pensado con enojo, él era libre de marcharse si así lo quería. Así que se estiro del otro lado para alcanzar sus botas y obtener de dentro el cuchillo que era de Quatre.
Pero por más que se estiraba, no alcanzaba sus botas, estaba a solo un par de dedos de obtenerlo y no lo lograba. Volvió a intentar estirarse jalando las cobijas con sus brazos en el intento, pero nada.
Jadeo cansado y se quedo sentado en el suelo. No recordaba haber dejado sus botas tan lejos. Y no podía usar las cobijas para tratar de lanzarlas y acercarlas, por que si el cuchillo caía, el ruido podría despertar al cazador y no quería arriesgarse. Entonces se sintió extraño, era algo que había sentido antes, justamente el día anterior cuando se topo con el cazador. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y de forma brusca levanto la mirada hasta la cama.
Heero estaba sentado en la cama observándole con ojos fríos, su rostro no mostraba emociones, solo la boca ligeramente curveada y las cejas arqueadas con disgusto. Abrió la boca por la sorpresa, él le había estado observando en su intento por desatarse y no le dijo nada?.
-- Maldito mal nacido me tienes atado!! - dijo Duo con enojo - que piensas que soy? Una de tus cabras salvajes? - pero Heero solo entrecerró los ojos sin decir nada - Piensas que iba a escaparme? Por que me ataste de esta forme he? Y si me pasa algo mientras duermo? Como se supone que iba a levantarme? O si quisiera ir al baño? O que tal si..
-- Cierra tu maldita boca - dijo el cazador poniéndose de pie y caminando descalzo sobre la madera del suelo de la cabaña para pararse a un lado del trenzado.
Duo lo miro desde abajo. Si viéndolo de frente le parecía temible cuando le gritaba, ahora viéndolo desde abajo le parecía un monstruo. Y esa imagen le hizo cerrar los ojos y apretar la boca.
-- Por que reaccionas de esa forma? - pregunto Heero aun en tono molesto - piensas que voy a comerte? - Duo abrió los ojos al sentir la voz de Heero a su altura. El se había puesto en cuclillas cerca de su cuerpo, pero se mantenía lo suficientemente alejado como para no tocarle.
-- Por que me ataste? - pregunto Duo en tono más calmado.
-- Solo protegía mis intereses - dijo Heero poniéndose de pie. Duo lo miro sin entender - Estaba seguro que por la noche intentarías irte y veo que no me equivoque. Así que decidí atarte mientras dormías para evitar que te fueras - dijo viéndolo a los ojos para después darle la espalda y murmurar - y evitar que te hicieras daño.
-- Me estas secuestrando!!! - dijo Duo con enojo - vas a tenerme atado y encerrado en esta maldita cabaña todo el tiempo? - Heero volteo a verlo con la mirada fría.
-- Te dejare libre por la mañana, ahora solo duerme - dijo con voz gélida.
-- Dormir atado?? Tu crees que pueda dormir atado a esa cosa que tienes en la chimenea? - dijo Duo apuntando la forja de acero a la que estaba sujeta la cuerda con la que tenía atado su tobillo.
-- Si no te vas a dormir, por lo menos cierra la maldita boca! - dijo cada vez más enojado el cazador - yo no puedo dormir con tanto ruido.
-- Pues me vas a tener hablando toda la noche hasta que me sueltes!, yo nunca he dormido atado! Además esta cabaña es muy fría y tengo los pies congelados. y estas cobijas son muy delgadas, el aire frío me cala hasta los huesos y no solo eso, no soporto el aroma de los animales. y.
Heero se dejo caer sobre la cama de espaldas y tomo varias de las cobijas para ponérselas sobre la cabeza intentando que la voz de Duo dejara de oírse, pero Duo seguía hablando y hablando sin callarse. A caso iba a estar todo lo que restaba de la noche hablando? Dioses, si hacía eso era mejor pararse y matarlo con sus propias manos.
El canto de un gallo anunciaba que no tardaría en salir el sol, pero aun estaba muy oscuro afuera. Faltaban unas dos horas para que el sol se levantara sobre las bardas de palacio.
Por primera vez en muchos años había dormido tranquilo, sin esa sensación de soledad que le acompañaba siempre en esa enorme cama en su habitación. Había abierto los ojos desde hacía un rato y se había sorprendido al encontrarse a un lado del arquero. Por un momento había pensado que todo había sido uno más de sus sueños, pero no, Trowa ahora dormía placidamente, sujetando de forma firme sus hombros, como evitando que escapara de su lado.
Se había dado la vuelta para quedar de frente al rostro del arquero. Lucía tan sereno dormido y sin darse cuenta se encontró a si mismo acariciando los mechones castaños que caían descuidadamente sobre el rostro del más alto.
Sonrió para si mismo al ver como el arquero entre sueños sonreía y coloco una mano sobre el pecho del arquero y recargo su cabeza para descansar un poco y darse cuenta de lo que sentía en esos momentos.
Sonrió para si mismo, al sentir la tranquilidad que no había sentido antes en su amigo. Sabía desde hace tiempo, que podía sentir las emociones de otras personas, pero lo mantenía oculto. Esto lo venía sintiendo desde que era niño y al no saber que explicación darle o como utilizarlo, solo dejo que sus sentidos fueran reaccionando de vez en cuando. Solo que ahora, podía controlarlos a voluntad. A veces las emociones llegaban sin que pudiera controlarlas, como el día anterior con Hilde; o las invocaba, como sucedía ahora, con Duo. Solo que trataba de no usarlos con las personas que quería, como Trowa, Duo o su tío Traize; por que no quería interferir en sus vidas.
Se levanto un poco y suspiro al ver el rostro sereno del arquero. Ya era hora de irse, si no lo hacía ahora, no querría hacerlo nunca. Y quizá dentro de poco, alguien pasara a despertarlo para iniciar sus labores en el palacio y si lo encontraban en su habitación, Trowa podría meterse en problemas.
Se levanto del pecho del moreno para inclinarse hasta su mejilla y depositar un beso en ella. Trowa pareció parpadear, pero no se despertó. Murmuro un silencioso 'gracias' a su oído y se levanto de la cama decidido a salir.
Tomo su capa y se puso sus botas. Abrió la puerta y antes de salir por completo se asomo para asegurarse de no ser visto por alguno de los guardias.
El pasillo de nuevo estaba vació, así que antes de marcharse, se giro para ver a Trowa que seguía dormido en la cama y con un murmullo, dejo escapar las palabras que no se atrevió a decirle durante la noche.
-- Te amo Trowa - y salió por el pasillo para llegar hasta su habitación.
Heero se había levantado más cansado que de costumbre. Duo había pasado buena parte de la noche hablando tonterías. Y eso le había desvelado. Pero tenía que levantarse temprano para poder atrapar animales, además de atender los pocos que había recuperado el día anterior.
Dirigió su vista al trenzado que estaba aun en el suelo. Por lo menos ahora tenía quien pudiera ayudarle. Claro!, si no le daba por escapar de nuevo.
Había desatado el tobillo del trenzado con sumo cuidado, tratando de no tocarlo. Aun que traía sus gruesos guantes, no podía confiar en que estos podrían protegerle.
-- Despierta. - dijo Heero moviendo el bulto en el suelo con su espada.
Duo comenzó a moverse en el suelo agitando sus manos para evitar que lo que le molestaba pudiera arrancarlo del reino de los sueños.
-- Quatre. déjame dormir, no molestes. dile a alguien más que te acompañe a montar. - dijo Duo sin abrir los ojos y regresando a su posición para seguir durmiendo.
-- Te dije que despertaras. - volvió a hablar Heero moviendo a Duo con la espada de nuevo.
Duo subió las sabanas hasta su cabeza y sin abrir los ojos volvió a acurrucarse para seguir durmiendo.
-- Déjame en paz Trowa, aun no sale el sol.
Heero entrecerró los ojos al escuchar los nombres que el trenzado mencionaba. Quines eran Trowa y Quatre?... montar?
No parecía que el trenzado fuera a despertar pronto solo con llamarle, así que camino hasta la mesa de la cocina y tomo un garrafón de agua que estaba sobre ella. Y regresando hasta donde estaba Duo la dejo caer por completo en su cara.
-- Nos hundimos!! - grito Duo levantándose a la carrera de donde estaba, para toparse con las piernas del cazador que estaba frente a él con la garrafa vacía de barro en la mano - bastardo! - grito enfurecido limpiándose con las manos el agua que caía a chorros por su cabello.
-- Ayer dijiste que querías bañarte - dijo Heero regresando hasta la mesa para dejar la jarra de barro en ella.
Duo abrió la boca sorprendido. Recordaba perfectamente cuando había dicho eso, cuando estaba casi en medio del estanque. Lo menciono casi para si mismo, era imposible que Heero le hubiera oído.
-- No pudiste haberme escuchado - dijo Duo en un murmullo mientras se levantaba del suelo totalmente mojado.
-- Te escuche - dijo Heero aun de espaldas.
-- Co. como?, estaba muy lejos para que pudieras oírme - dijo Duo sin poder creerlo. Heero volteo para verlo.
-- Puedo escuchar muy bien a una distancia que no podrías imaginar. Así que cualquier cosa que digas, por más lejos que estés, podré oírla - afirmo Heero - puedo distinguir los sonidos de cualquier tipo de animal, así sea aun insecto. Puedo distinguir la respiración de un humano a la de un caballo. No necesito de luces para guiarme en las noches, mi vista es bastante clara y puedo ver muy lejos. Corro más rápido que un caballo y algunas otras cosas de las que no tienes por que enterarte.
-- No eres humano! - dijo Duo sorprendido - que eres?
-- Por desgracia soy un humano como cualquier otro - dijo Heero dándole la espalda a Duo - ahora vístete y recoge tu cama, por que hay muchas cosas que hacer.
Duo se quedo observando la puerta por la que el cazador desapareció. Podía un humano hacer todo lo que el cazador afirmaba?
-- Realmente puede oírme? - dijo en un susurro, para poco después escuchar la voz del cazador a lo lejos que solo decía 'si'.
Dentro de palacio los arreglos para el compromiso del príncipe Maxwell y la princesa Schbeiker llevaban a todo el mundo de un lado a otro. Por primera vez en muchos años había más gente de la que se podía atender.
El general de la fuerza real estaba en el establo hablando con uno de los mozos de cuadra. Uno de los caballos había escapado durante la noche y no era cualquier caballo, era Shinigami, la yegua del príncipe Maxwell.
-- Están seguros que huyo? - pregunto Miliardo a uno de los asustados mozos - no vino alguien por ella?
-- Estamos seguros señor. Anoche hubo un disturbio en el establo y cuando llegamos no vimos nada. Pensamos que había sido algún animal que asusto a los caballos, pero esta mañana nos hemos percatado de que la yegua del príncipe Duo no estaba.
-- Esta bien - dijo Miliardo haciéndoles una seña para que se alejaran - Shinigami escapó - se dijo Miliardo a si mismo poniendo una mano sobre su mentón - me pregunto si habrá ido a buscar a su amo? No me resultaría extraño que lo hiciera. Duo tiene el control sobre esos animales, por más que Traize trate de ocultarlo, ellos se darán cuenta tarde o temprano - se dijo a si mismo comenzando a caminar rumbo al palacio.
Hilde caminaba detrás de Trowa y detrás de ella iban otros dos guardias. Por ordenes de su excelencia Traize, ninguno de los reyes podrían moverse en el palacio sin una escolta. Dado que había demasiada gente.
La mirada azul de Hilde no se despegaba del semblante del arquero. Desde que llamó a su puerta por la mañana había notado un ligero cambio en él. Esta vez no se veía tan frío, podría asegurar que había un brillo especial en su mirada y que con la vista no dejaba de buscar algo. Quizá buscaba a Quatre, pero el príncipe Winner había sido llamado al lado de su tío Traize y del padre de Dorothy, Trowa no lo vería tan fácilmente ese día, claro!, si es que es a él a quien buscaba, pero como estaba de espaldas a ella, no podía apreciarlo bien.
Otra comitiva de guardias se cruzo con ellos en el pasillo rumbo al comedor. Y los ojos celestes de una chica hermosa, de cabellos rubios sumamente largos, centellaron al ver el brillo en los ojos verdes del arquero que iban delante de la princesa Schbeiker.
-- Hola Hilde! - dijo la chica deteniéndose delante de ella y obligando a los guardias a detenerse.
-- Que tal Dorothy! - dijo la morena deteniéndose a la par de la princesa de Catalonia.
-- Debes estar emocionada de que por fin te casas con Duo - dijo sonriendo la rubia - yo lo estaría si me fuera a casar en un mes con Quatre - sonrió de forma maliciosa viendo de reojo al arquero de ojos verdes. Hilde pudo percatarse de eso y noto el cambio en el semblante de Trowa.
-- Tu mejor que yo, sabe que Quatre no te quiere - dijo Hilde haciendo que la sonrisa en el rostro de Dorothy desapareciera - No deberías estar tan ilusionada con ese matrimonio, quizá no se lleve a cabo, como no se llevara el mío.
Y diciendo esto Hilde siguió caminando pasando por delante de los guardias e ignorando cualquier comentario que la rubia pudiera decirle.
-- Yo debo casarme con Quatre - murmuro Dorothy siguiendo a su sequito de guardias - a cualquier costo debo casarme con Quatre.
Cuando Duo salió de la cabaña, seguía oscuro afuera. Pero no era de extrañarse, las copas de los árboles tapaban por completo la luz del sol, haciendo que solo unos cuantos rayos se colaran entre las ramas.
Duo siguió a Heero hacía la parte trasera de la cabaña. Sabía que allí había otro cobertizo donde el cazador guardaba sus armas, algunos sacos con algo y un montón de hierbas que olían a rayos.
-- Hay que alimentar a las gallinas salvajes - dijo Heero con Duo a sus espaldas - el grano del gallinero ya se acabo, hay que llevar un nuevo saco.
-- Alimentarlas? - dijo Duo sin entender - Que ellas no se ponen a escarbar la tierra para sacar gusanos? - pregunto Duo dudoso.
-- No siempre van a encontrar gusanos en la tierra. Eso generalmente lo logran cuando llueve, por aquí hace tiempo que no cae una sola gota de lluvia. Así que toma ese saco y ve a darles de comer - dijo Heero apuntando el saco de grano, mientras él sacaba algunas trampas.
-- Esta bien, está bien... - dijo Duo acercándose para tomar el saco.
Duo tomo el saco y lo dejo caer sobre su espalda, pero pesaba tanto que a penas dio un paso y cayó al suelo con todo y lo que llevaba cargando.
-- Auch! - dijo sonoramente haciendo que el cazador volteara a verlo
-- No puedo creer que no puedas ser capaz de cargar un simple saco de granos - dijo tomando de la espalda del trenzado el saco para que pudiera levantarse.
-- Esta muy pesado!! Yo jamás he tenido que cargar nada - se quejo Duo
-- Pues deberás aprender, hay muchas cosas que hacer como para que no puedas ni levantar un simple saco de granos.
-- Si, mi amo... - dijo Duo de forma sarcástica.
-- Ya te he dicho que no eres un esclavo - refuto Heero.
-- Pues así me siento! - grito Duo.
Heero abrió el saco y tomo una alforja y lo llenó con el para después lanzárselo al trenzado que sintió el golpe en el estomago haciéndolo caer hincado.
-- Cof, no podías, cof, habérmelo dado en la mano, cof, en lugar, cof, de golpearme con él? - volvió a quejarse Duo.
-- Para ser un vagabundo eres muy débil - dijo el cazador saliendo de la parte trasera de la cabaña.
-- Yo no soy débil maldito bastardo!! - dijo levantándose - pero no me voy a dejar vencer tan fácilmente por ese arrogante mal nacido, le voy a demostrar que puedo ser fuerte - murmuro a sabiendas que Heero podía oírle.
El resto de la mañana se la pasó persiguiendo a las gallinas para darles de comer a una por una, hasta que vino el cazador y le dijo de qué forma debía alimentarlas. Solo arrojarles los granos en el suelo y ellas se pondrían a comerlas. Duo se había sentido tonto, jamás había visto a la gente de palacio alimentar a los animales del granero. Solo sabía como alimentar a los caballos y Heero de momento no tenía ninguno.
Necesitaban leña para la chimenea y Duo había salido a buscar ramas secas para eso, mientras veía como Heero armaba una trampa con cuerdas.
Heero había volteado percatándose de algo que no había visto. El cabello del trenzado estaba algo suelto de la parte de arriba y parecía volver a rebasar sus caderas, como lo había visto el día anterior.
-- Oye! - dijo viéndolo fijamente, Duo volteo siguiendo la voz de Heero.
-- Que? - dijo Duo sin entender la mirada que Heero tenía sobre él.
-- Tu cabello? - dijo tratando de entender por que lo veía mas largo. Duo atrapo la punta de su trenza y se puso a revisarla.
-- Que?, que le pasa a mi cabello? - pregunto dudoso.
-- Ayer le corte un buen pedazo, pero hoy parece tener la misma altura - dijo Heero solo viéndolo sin moverse de su lugar. Duo solo se río.
-- Mi cabello crece mucho - dijo Duo - por eso no me molesto en cortarlo. Por más que lo corto, vuelve a crecer de este tamaño - dijo Duo sin darle importancia y dejando a Heero demasiado intrigado.
-- Eso. jamás lo había oído de los ancianos - murmuro Heero viendo como Duo se internaba en el bosque recogiendo ramas secas para la chimenea.
Duo estaba recogiendo ramas en lo profundo del bosque, ya tenía una buena cantidad, creía que eran suficientes para hacer una buena fogata. Pero algo le distrajo, un ruido proveniente detrás de unos matorrales. Sabía que no era el cazador, por que se había quedado en la cabaña armando las trampas y la cabaña estaba del otro lado.
Dejo las ramas en el suelo y se acerco tratando de no hacer ruido. Abrió un poco las ramas de los matorrales y el relincho de un caballo en su cara lo asusto lanzándolo al suelo.
-- Que susto me diste! - dijo Duo levantándose al ver que aquello que lo había asustado era un caballo.
Era un hermoso caballo pinto, el fondo de su piel era blanca y totalmente salpicado de gris que le hacía lucir como si fuera plateado y lo blanco fuera la luz que se reflejaba sobre su piel.
El caballo se movió nervioso al ver que Duo se acercaba alzando ambas manos a la altura de su pecho. Algo que le había enseñado Miliardo para infundirle confianza a los animales.
-- Oh bonito, no voy a hacerte daño - dijo Duo llegando hasta un costado del hermoso corcel y acariciando su piel - ves que no iba a hacerte daño? - Dijo Duo sonriendo mientras su mano se deslizaba sobre la piel del animal - no se que haces aquí? Pareces un caballo salvaje. Me recuerdas a Shinigami, aun que ella era negra - el caballo relincho de forma mansa, Duo parecía caerle bien - pero deberás irte. Si ese ogro de Heero te encuentra aquí, va a querer encerrarte. Así que vete! - dijo Duo dando un manotazo en el lomo del caballo, haciendo que este relinchara - no hagas eso!, que no ves que se va a dar cuenta de que estas aquí?
El caballo se movió y Duo le dio la espalda. Esperaba que con eso ya se hubiera ido. Se dirigió de nuevo hasta las ramas secas y se agacho a recogerlas, cuando sintió un fuerte empujón que lo lanzo al suelo de nuevo.
-- Otra vez tu? - dijo Duo al ver que el caballo pinto estaba detrás de él y relinchaba - eres terco amigo, pero si te quedas Heero va a atraparte. Es un cazador. No sabes lo que es un cazador?
-- Zero.
El caballo relincho al escuchar su nombre y se acerco hasta el cazador y este al verlo cerca comenzó a acariciarle la crin.
-- Es tuyo? - dijo Duo levantándose.
-- Si. Zero escapo ayer junto con el resto de los caballos. Pero ya esperaba que volviera. - dijo de forma segura.
-- Si yo me hubiera escapado de ti, no hubiera regresado - dijo Duo comenzando a cargar con las ramas, mientras Heero solo lo observo.
-- Zero siempre vuelve. Lo he vendido muchas veces y siempre termina por regresar. Así que opte por quedármelo.
Duo camino hasta el caballo y le palmeo el lomo
-- Te gusta la mala vida amigo - dijo Duo sonriendo, mientras Heero solo le veía de forma extraña.
-- Llévate a Zero al establo - dijo Heero haciendo que Duo se detuviera.
-- Como gustes.
Zero estaba muy quieto, cosa que se le hizo muy extraña a Heero. Generalmente estaba nervioso delante de extraños. Por que no lo estaba con Duo?
Duo camino hasta el corcel y de un brinco saltó sobre el caballo y se detuvo de su crin. El caballo relincho de forma mansa y Duo comenzó a guiarlo hasta el establo. Heero no había podido despegar su vista cobalto de la imagen del trenzado. No cabía duda que sabía montar, sus movimientos eran graciosos y elegantes. Y montaba a 'pelo', sin nada que estuviera entre su cuerpo y el caballo. No cualquiera podía hacerlo. Y algo que nadie había logrado antes, lo había hecho Duo: montar a Zero.
Zero era un caballo salvaje. Lo había atrapado desde que era un potro y por lo mismo no había podido domarlo. Sin embargo logro venderlo, quizá a un precio más bajo por su condición de indomable. Pero el maldito caballo siempre regresaba, escapando de sus nuevos dueños y había tenido que entregar otros caballos a los dueños que le habían comprado. Por eso decidió quedárselo, y después de muchos intentos, por fin pudo montarlo sin que lo tumbara. Pero solo él, por que ni siquiera su amigo Wufei lograba montarlo.
-- Quien eres? - se pregunto en voz baja, viendo como Duo montaba a Zero como si fuera un caballo manso.
Uno de los salones de palacio estaba por completo solo. Las luces del sol se colaban por la ventana permitiendo que todo el salón estuviera iluminado. Faltaban pocas horas para que la fiesta comenzara y muchos de los invitados ya se encontraban en el palacio.
Los ojos esmeralda de Trowa estaban fijos en el suelo, como odiaba tener que hacerlo delante de esa odiosa mujer. Pero eran las ordenes que tenía y no le quedaba más que obedecer.
-- Su majestad quería verme? - pregunto Trowa sin levantar la vista, esperando que la mujer delante de él le dijera algo. Pero ella solo había comenzado a reírse y a caminar dando vueltas alrededor de él.
El largo vestido de sedas color oro se deslizaba con forma sus pasos y el cabello de un color rubio claro se movía graciosamente conforma a sus movimientos.
-- Vaya Trowa, hasta que me tratas con respeto. Como la princesa que siempre fui y que olvidaste por un tiempo.
-- . - Trowa se quedo en silencio, ni siquiera levantaba la mirada para verle.
-- Y ahora ni siquiera me respondes - dijo Dorothy riendo - siempre soñé con él día en el que me convirtiera oficialmente en la prometida de Quatre, para poder hacer justo lo que estoy haciendo. Tratarte como lo que siempre fuiste, solo un sirviente!. - dijo de frente a Trowa con aire de superioridad.
Trowa levanto la vista por primera vez clavando su vista esmeralda en los ojos celestes de la chica, para después volver a bajarlos. Ordenes eran ordenes y no podía desobedecerlas.
-- Así me gusta - dijo Dorothy - que bajes tu vista ante alguien de la realeza. Y que no hables si no se te da permiso. Nunca debes olvidarlo, por que esto mismo deberás hacer cuando pases al servicio del reino de Catalonia.
-- . - Trowa mordió su labio inferior evitando a toda costa responderle a la rubia.
-- Sabes por que pasas a nuestro servicio Trowa? - dijo Dorothy riendo de forma divertida - Por que te pedí como regalo de bodas.
Trowa mordió más su labio al grado de hacerlo sangrar un poco. Dorothy siempre había sido así con todos. A Quatre solía hacerlo llorar muy seguido y él siempre lo defendía cuando eran niños. Amaba ser su héroe, que siempre acudiera a él cuando Dorothy estaba cerca. Que le abrazara y que le pidiera que no se separara de su lado mientras ella estuviera en el palacio.
Pero ya no eran unos niños.
-- Así que no quiero que te dirijas a mi futuro esposo por su nombre, siempre debes llamarlo por su titulo real. Deberás acompañarnos a todos lados - dijo Dorothy con una risita - así sabrás lo felices que somos juntos y que no pudiste evitar.
Trowa levanto la vista con sorpresa al escuchar lo último que dijo Dorothy y se topo con los ojos celestes de la princesa clavados como dos puñales en su rostro.
-- Oh por los dioses, a caso creías que no me iba a enterar? - cuestiono y sin esperar respuesta continuo - Tu siempre has sido como un héroe para Quatre. Desde que éramos niños vi que él te admiraba mucho, que te adoraba. Pensé que esa adoración por ti se le pasaría y me di cuenta con horror que empeoro - con el dedo índice de una de sus enguantadas manos, levanto la barbilla de Trowa para que le viera - pero Trowa - dijo sonriendo de forma maliciosa - a caso tu estas enamorado de mi prometido?
Trowa sacudió su cabeza y se libero del dedo de Dorothy volviendo a bajar la vista y apretando los labios. Jamás iba a admitir delante de nadie, lo que sentía por el príncipe de Winner. Si lo hacía, era estarse mandando a la orca al ser penado con la muerte el gusto o la intimidad con alguien del mismo sexo.
-- Contesta! - dijo Dorothy exigiendo una respuesta. Trowa levanto la vista de forma altiva, por fin se le concedía la palabra.
-- Solo soy un soldado que cumple ordenes por amor a su reino. y si esas ordenes son morir por mis soberanos lo haré sin vacilar. Si su majestad piensa que esto es amor por alguno de ellos, esta en lo correcto. Por que si un soldado no ama a sus reyes, como dará su vida por ellos?
-- Entonces estaré esperando que también mueras por mi! - dijo Dorothy molesta por la respuesta dada.
-- Lo haré con gusto. - dijo Trowa sonriendo - él día en que se llegue a casar con un Winner. Pero mientras yo este solo al servicio de los herederos de Low, solo moriré por ellos.
-- Sal ahora mismo de aquí!! - dijo Dorothy muy molesta. Jamás iba a pode ganarle a Trowa, por lo menos no hasta que pasara a ser parte de su servicio.
Miliardo atravesó la habitación en la que Traize atendía a algunos invitados para llegar hasta su lado y susurrarle algo en el oído. Traize se levanto disculpándose con los hombres reunidos en el salón y guió a Miliardo hasta la biblioteca, donde se encerró con él para hablar a solas.
-- Bien, te escucho Miliardo - dijo Traize sentándose en uno de los escritorios.
-- Su excelencia, he hecho que un grupo de guardias salgan de palacio acompañando a un hombre que he vestido con las ropas del príncipe Maxwell. Me he asegurado que muchos de los invitados lo hayan visto, así no habrá duda. Como ninguno de los guardias le ha visto bien, no podrán saber que escoltan a un impostor. En cuanto estén a las afueras de palacio, otro grupo armado atacara a lo soldados. Cuatro vivirán y uno de ellos morirá, que será quien traiga la nota escrita con el rapto del príncipe Maxwell.
-- Bien Miliardo, pero me preocupa que tanta gente sepa de esto.
-- No se preocupa su excelencia. Lo soldados si son de palacio, que era lo que nos importaba. El grupo armado solo son mercenarios a los que se les ha pagado bien por el trabajo. Ellos piensan que deben aniquilar al chico de la trenza, que es quien sabe todo el plan. Mataran a uno de los guardias y colgaran la nota, que no han podido leerla por que no saben hacerlo.
-- Excelente Miliardo, entonces solo debemos esperar la noche para llevar a cabo el plan - dijo Traize sonriendo.
-- Si todo sale como lo esperamos, los soldados vivos atravesaran el puente poco antes de que las trompeteas suenen anunciando el compromiso.
Esa misma noche, dentro del salón principal la gente reía y bailaba de forma animosa. El anuncio del compromiso sería dentro de poco tiempo, se había anunciado que en cuanto la luna tocara las bardas de palacio, la música sería cortada para dar entrada al príncipe de Maxwell y a la princesa Schbeiker.
Unos ojos azul oscuro se giraban constantemente hasta las escaleras principales del salón, esperando ver aparecer a Duo por ellas. En cuanto lo viera aparecer, correría hasta él para pedirle que cancelara la boda. Aun y cuando Quatre le había dicho que Duo tampoco quería casarse y que él no estaba en el palacio, su excelencia Traize aseguraba que Duo aparecería en cualquier momento y eso le hacía dudar de la palabra de Quatre. Traize se veía tan seguro de lo que aseguraba.
Sin embargo la luna estaba por ponerse sobre la barda principal de palacio y en cuanto las trompetas sonaran, la música sería interrumpida y su suerte sellada. Como iba a poderle explicar eso a su cazador? Si en cuanto le comentó que estaban por comprometerla, estaba dispuesto a matar a su prometido con su espada. No cabía duda, que a veces el cazador era muy arrebatado.
Una lagrima resbalo por su rostro blanco al escuchar el sonido de las trompetas. Cerro los ojos con pesar al sentir la mano de su padre al tomarla por el brazo para conducirle hasta las escaleras.
No escuchaba todo lo que su padre le iba diciendo. Le regañaba por su apatía al compromiso, por estar llorando cuando debería estar feliz. Pero que sabía su padre sobre su forma de sentir? Aun con los ojos cerrados llego hasta las escaleras donde su Excelencia Traize Khrushrenada le esperaba sonriendo.
-- Se ve hermosa princesa Hilde - dijo Traize tomando la mano de la chica que el rey Schbeiker le entregaba, para besarla - estoy seguro que Duo estará muy complacido de verla.
-- Lo dudo - dijo Hilde abriendo los ojos y bajando la vista. Traize observo al rey Schbeiker al escuchar el comentario de su hija y este se apresuro en contestar.
-- Esta nerviosa, no le haga caso. Y dígame, donde esta su sobrino su excelencia? - pregunto el rey Schbeiker volteando para todos lados.
-- He mandado por él, no deberá tardar en bajar, ya ve que esta tarde Duo salio a caballo - dijo Traize sonriendo de forma convincente
-- Si, lo vi salir con cinco guardias - dijo el hombre haciendo que Hilde se sorprendiera de esa afirmación.
-- Pero mientras esperamos podemos seguir detallando los pormenores de la boda, le parece? - dijo Traize
Hilde guardo silencio y dejo de escuchar la conversación que su padre y Traize sostenían para buscar con la mirada la verde aqua de Quatre. Al distinguirla pudo ver una leve sonrisa en el rostro del rubio, que estaba acompañado por la princesa de Catalonia. Y Quatre le sonreía aun y cuando estaba en compañía de la persona a la que menos soportaba? Entonces las cosas no deberían estar tan mal. Era probable que en verdad Duo no llegara a la recepción y eso le había hecho sonreír. La sonrisa de Quatre le daba la confianza que la seguridad de Traize le había quitado.
Pero su seguridad desapareció cuando vio aparecer por las escaleras a un sequito de soldados. Todas las miradas se posaron sobre las escaleras al pensar que después de los soldados aparecería Duo. Pero quien apareció por ellas sumamente apurado, era el capitán de la fuerza real: Miliardo Peacencrafth.
Todos esperaban saber el motivo de esa intrusión en la fiesta y donde estaba Duo?. Miliardo se aproximo a Traize y este subió las escaleras para llegar hasta él. Todos vieron como Miliardo susurraba algo en el oído de Traize y como este se sorprendía, tomando una nota de papel que estaba en las manos de Miliardo.
Traize arrugo la nota y se dirigió al rey Schbeiker dejando a todos con la sorpresa en el rostro.
-- Esto es inadmisible! - grito el rey Schbeiker - como que el príncipe Duo fue secuestrado? - los murmullos de la gente no se dejaron esperar y la sorpresa apareció en el rostro de Hilde ante la noticia - que clase de seguridad tiene en este casillo para que uno de sus príncipes haya sido raptado?
-- Cálmese su majestad! - dijo Traize - en estos momentos pondremos a todos los soldados que se pueda a buscar a Duo.
-- Mi hija no se quedara sin consorte! - gritó - a sus casi 20 años ya se considera una vieja. Debió haberse casado a los 14 con el príncipe Maxwell - Traize entorno los ojos ante las palabras del rey, ya se esperaba esa reacción del hombre.
-- Rey, si usted hubiera hecho valido el acuerdo cuando debió, no estaríamos pasando por esto ahora. Su hija y mi sobrio ya estarían casados y seguramente con unos cuantos hijos. Pero según me informaron, usted no pudo convencer a su hija de venir a la boda.
-- Bueno, si, pero el príncipe Maxwell tampoco coopero.
-- Duo suele ser muy terco y no esta acostumbrado a que nadie le diga que hacer. Así que si usted utilizo la palabra deber, iba a obtener lo contrario de su parte. Pero no se preocupe, que su hija no se quedara sin un marido. Haremos todo lo que este en nuestras manos para encontrar a Duo y efectuar la boda en un mes como lo teníamos planeado.
-- Eso espero su excelencia Traize, por que si no, exigiré el cambio de consorte! - Traize abrió los ojos con sorpresa al escuchar las palabras del rey.
-- Ah si? Y se puede saber a quien tiene en mente? - pregunto con Curiosidad.
-- Claro, al príncipe Winner - dijo señalando a Quatre que estaba muy al pendiente de la conversación acalorada que tenía su tío y el padre de su amiga Hilde. Traize solo sonrió.
-- Me temo su majestad, que Quatre ya esta comprometido con la princesa Dorothy Catalonia y eso sería imposible - aseguro negando con la mano.
-- Si no es con Quatre, entonces con usted.es soltero y es un buen partido para mi hija.
Hilde se asusto al saber los planes de su padre. Ella casada con Traize Khrushrenada? Noo, mil veces casada con Duo o con Quatre. Por lo menos eran amigos y tenían más o menos la misma edad, pero Traize tenía casi la misma edad que su padre.
-- Conmigo? - Traize soltó la carcajada - es un gran honor que me considere un buen partido, pero por desgracia soy demasiado viejo para su joven y hermosa hija. La quiero como si fuera mía, me sería imposible tomarla como esposa - dijo Traize haciendo que Hilde suspirara de alivio.
-- Entonces? - cuestiono el rey.
-- Ya le he dicho, mis hombres estarán esta misma noche en la búsqueda de Duo. Le aseguro que lo encontraran y castigaremos a las personas que osaron secuestrarlo. Por mientras el compromiso entre mi sobrino y su hija sigue en pie. En cuanto Duo este de vuelta se llevara a acabo la boda.
-- Pero si en un mes no encuentran a Duo Maxwell, la boda se llevara a cabo con Quatre Winner o con usted - dijo el rey Schbeiker de forma terminante - o la alianza entre nuestros reinos quedara cancelada para siempre.
-- Sabe usted lo que esta diciendo rey Schbeiker? - pregunto Traize arqueado una ceja ante la amenaza - se estaría poniendo en contra del reino Low. Y usted sabe lo que eso significa.
-- Lo se - dijo el hombre - pero también se que si mi hija no se casa, mi reino desaparecerá al no tener un varón en el trono.
-- De una vez le advierto que no estoy dispuesto a cancelar el acuerdo con el reino de Catalonia y que yo no estoy dispuesto a casarme para hacerme cargo de su reino dejando a este desprotegido.
El rey Schbeiker se dio la vuelta enojado para salir del salón, mientras los soldados de su reino le seguían. Si era necesario, él mismo se pondría a buscar a Duo Maxwell. Su hija debía casarse y pronto.
Estaba cansado.. No, cansado no era la palabra correcta, estaba agotado.
Había trabajado todo el día en la cabaña, recogiendo cosas y alimentando a los animales. Además de haber encendido la chimenea y cocinado algunas cosas que Heero le había dado. Por un momento pensó que era comida, pero cuando levanto la cuchara de madera para probarla, el sabor amargo casi le hace volver el estomago. Y más al distinguir parte de los ingredientes que parecían ser insectos o viseras.
Que porquerías comía el cazador?
Como extrañaba las abundantes comidas del palacio. Cada noche tenían una suculenta cena, con un lechón asado, mucha fruta y abundante vino. Pero en la cabaña con el cazador, solo tenían peces, agua y una que otra fruta silvestre.
Su estomago volvió a gruñir.
Desde hacía mucho rato Heero había desaparecido y ahora él había salido de la cabaña para buscarle. No sabía por que le preocupaba que Heero no estuviera ya de vuelta, después de todo, él vivía en esas tierras desde hacía tiempo y debería conocerlas. No tenía por que preocuparse que algo le pasara. Debería preocuparse por si mismo, de noche no se veía nada y podía caer en alguna de las trampas que el cazador había colocado alrededor de su cabaña.
Levanto la vista al percatarse que la luz de la luna se colaba entre las ramas de los árboles, por la parte trasera de la cabaña. Se veía hermosa. Era enorme, redonda y blanca. Se podía decir que era luna llena. Las estrellas brillaban en todo el cielo y no había una sola nube que la tapara.
Por fin esa noche el compromiso con Hilde Schbeiker sería cancelado al no estar él presente. Estaba seguro que su tío no seguiría con el plan de casarlo y que el rey Schbeiker no estaría muy complacido con demorar la boda una vez más después de que la había estado demorando por varios años. También estaba seguro que Hilde no le odiaría por ello, sabía por la bruja One que la princesa Schbeiker tampoco quería casarse.
Ahora podía regresar a palacio. pero si su tío le obligaba a casarse se tendría que ir al reino Schbeiker y no era lo que quería. No, ya no. Había muchos cambios que hacer en el reino Low. Tenía que quedarse por lo menos tres meses más. Hasta que tuviera 21 y pudiera subir al trono.
Diablos!, tenía que soportar al cazador durante tres meses?
Siguió el pequeño sendero que iluminaba la luna y se topo con una fogata y bajo ella estaba Heero viendo al cielo. Alrededor de la fogata había algo que se estaba asando y olía en verdad delicioso. No es que tuviera tanta hambre, pero comer solo peces ya le estaba hartando. Y eso que se cocinaba en la lumbre, no parecía ser un pez y comenzaba a oler delicioso.
-- Vaya, hasta que te encuentro! - dijo Duo parado a un costado del cazador para después voltear al cielo a ver la luna cuando no recibió respuesta de este - es una linda luna llena, verdad?
-- Aun no es luna llena - aseguro Heero haciendo que Duo abriera los ojos por la sorpresa - aun faltan dos días.
-- Yo hubiera jurado que es luna llena, por que se ve tan redonda - dijo Duo. Pero Heero no le dirigió la palabra y en cambio camino hasta donde estaba la fogata y tomo una de las varas.
Duo vio expectante como Heero se sentaba alrededor del fuego y soplaba a lo que parecía ser carne sobre una rama. Su estomago volvió a protestar al percibir el aroma de la carne en ella.
Los ojos cobaltos del cazador se fijaron en los violetas que veían la carne que sostenía en sus manos. A caso siempre tenía hambre? No se acababa de comer dos peces en la cabaña y toda la canasta de granos?
-- Quieres? - pregunto el cazador tendiendo la rama que tenía en las manos.
-- Si, muchas gracias! - dijo Duo sentándose del otro lado de la fogata y tomando la punta de la rama que el cazador le tendía.
-- No puedo creer que aun tengas hambre, después de todo lo que comiste - murmuro el cazador.
-- Yo como muy bien! - dijo Duo con una sonrisa, dando la primera mordida a la carne.
Heero dejo vagar su vista sobre el vagabundo. Sus manos eran finas y cuando las vio la primera vez no tenían huellas de trabajos rudos. Un día después no podía decir lo mismo, el trenzado había tenido que hacer muchas cosas a las que seguramente no estaba acostumbrado.
Pero ese día había descubierto dos cosas más en ese vagabundo trenzado. La primera y muy importante, es que su cabello creía muy rápido. Jamás había escuchado de alguna raza que tuviera ese don sobre el cabello. Cuantos no estarían dispuestos a pagar por saber como hacía para que creciera tan rápido?. Y la segunda y no menos importante. El vagabundo había podido montar a Zero. Solo había dos respuestas para esto: Una, Zero se había vuelto manso al escaparse el día anterior o Dos, el trenzado sabía como controlar a los animales. Bueno, esos dos últimos puntos ya los comprobaría mañana.
-- Que rico!! - dijo Duo sacando a Heero de sus pensamientos y saboreando la carne que le había tendido sobre una rama de árbol - este manjar es exquisito, sabe delicioso. Que es? Nunca había comido algo tan sabroso...
-- Es carne de víbora - dijo Heero de forma fría.
Duo sintió como las nauseas llegaban de su estomago hasta su garganta y rápidamente se paro devolviendo por completo el estomago.
-- Como... como puedes comer eso? - dijo terminando de devolver el estomago.
-- No sabías que la carne de víbora es medicinal? - aseguro Heero viendo los exagerados gestos del trenzado.
-- Yo no estoy enfermo!! - recrimino Duo sintiendo que las nauseas regresaban al ver como Heero seguía comiendo y tapaba su boca con su mano.
-- Lo dicho, para ser un vagabundo eres muy débil...
-- No lo soy!!, soy muy fuerte!! - gritó Duo haciendo que Heero levantara la vista para verlo - pero yo no como porquerías, quizá por eso tienes ese carácter tan agrio. Por toda la cantidad de basura que comes. Serpientes, insectos, vísceras... yack!, luego esas horribles sopas que huelen a rayos!! De verdad que no se por que cocinas todo eso!!
-- Por que si - fue lo único que contesto Heero.
-- Pero vas a enfermarte si comes tanta porquería - aseguro Duo de forma efusiva.
-- Y por que habría de importarte que me enferme o no? - cuestiono Heero arqueando una ceja y haciendo que un rubor apareciera en las mejillas del trenzado.
-- Tienes razón!, a mi no me importa que te enfermes o no. A mi me tiene sin cuidado que te mueras o sigas vivo. Total, si te mueres salgo de mi deuda más pronto.
-- Eso quiere decir que esta noche no intentaras irte? - volvió a cuestionar Heero viéndolo fijamente.
-- No!, no me voy a ir hasta que te pague. Te dije que te pagaré y eso haré - dijo Duo algo alterado.
-- Dijiste el primer día que me pagarías, pero en cuanto se hizo noche intentaste huir.
-- No!, te dije que me quedaría ha hacer los quehaceres del día y eso hice, no me fui. Pero ahora te prometo que me quedare aquí, contigo, hasta que te pague hasta la última moneda de oro que te debo.
-- Me estas dando tu palabra? - cuestiono Heero levantándose del tronco en el que permanecía sentado y haciendo que su capa y su cabello, ligeramente largo, ondulara con el viento.
-- Te doy mi palabra - dijo Duo extendiendo la mano a Heero para cerrar el trato.
Pero Heero solo cruzo los brazos sin tomar la mano blanca y delgada que el trenzado le estaba extendiendo. Duo apretó los dientes y bajo la mano a un costado de su cuerpo con enojo. Era la segunda vez que le extendía la mano y el cazador lo rechazaba.
-- Eres un arrogante!! - grito Duo.
-- Por que lo dices? - cuestiono Heero viéndolo fijamente.
-- Te estoy dando la mano en señal de amistad y tú la rechazas como si yo tuviera una enfermedad y con ella pudiera matarte - Heero solo le dio la espalda y comenzó a caminar.
-- No necesito amigos, solo limítate a servirme. Ahora recoge todo y apaga la fogata, ya es hora de dormir.
Las palabras que Duo repetía desde la parte detrás de la cabaña, Heero podía oírlas. Hasta sus oídos llegaban las palabras, "arrogante", "mal nacido", "bastardo", "insensible", "odioso", "ogro". y otras más.
Había sacado las manos de sus guantes y las observaba a la luz del fuego de la chimenea dentro de la cabaña. Cuanto deseaba haber podido darle la mano al trenzado, sentir la calidez de otra piel diferente a la suya entre sus manos. Pero no podía tocarlo. si lo hacía lo estaría condenando a la muerte.
Por que con su solo contacto provocaba muerte?.
Por que sobre él pendía esa maldición que le obliga a no tener ningún tipo de contacto físico con nadie? .
Que había hecho para merecer ese castigo?
Humano? Había dicho que él era humano. no, él era la muerte.
Enterró la cabeza entre sus manos y se obligo a si mismo a no recordar cuantas veces alguien había muerto en sus brazos, tan solo por tocarlo.
Continuara.
Notas de la Autora:
Mil disculpas por la tardanza en la continuación de esta historia, pero me encontraba con una gripa de esas que te duran semanas y no te dejan pensar.
Mil gracias a Bony por darme la anécdota de las gallinas, jejejeje. Ya ven que no solo Duo tiene problemas con los animales de granja.
Gracias a mis amigas, Faby, Claudia2174, Xcaret y Bony por su apoyo y amistad.
Comentario extra, en el capitulo anterior olvide mencionar que significa EUNUCO. Un Eunuco es la persona que se encarga de cuidar a las concubinas del rey en un harem. Generalmente se les corta la lengua y el miembro. Por eso el reclamo de Duo a Heero de quererlo convertir en eunuco, jejejeje.
Espero que este capitulo haya sido de su agrado.
Comentarios, sugerencias, tomatazos a: maryluz_mty@yahoo.com
Review contest:
Angeli Murasaki: Jejejejeje, confieso que lo hice apropósito eso de la frase, para que pensaran mal, jejejeje. Me gusta hacer eso con mis historias. Gracias!!!
Miaka Yuy: Pues Heero sabe y de mala manera, jejejeje. Pero eso ya lo viste, nop? De todas formas más adelante se vera más de eso.
Hikaru Itsuko: Ojalá la trama te siga atrapando y que siga así hasta que llegue al final. Realmente lo espero!!
Denisse: Si!, tienes razón, Zech no es tan malvado, jejeje. Es como la conciencia de Traize, jejejeje.
Devil1: De nada!, que bueno que te gusta la historia.
Aguila Fanel: Que bueno que te va gustando la trama, ojalá que este capitulo también te haya gustado. Pero ya vez que Duo es muy terco y no se da pro vencido con el trabajo, jejejeje. Sobre Quatre y Trowa, pues ya vez, las cosas son por las ordenes, y por esa ley que hay en el reino Low.
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2, 3+4, 5+H? Category: Shonen Ai, fantasia, AU. Raiting: PG-13. Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos. Warnings: Shonen ai.
-- Dialogo - " Pensamientos "
Capitulo 4
La muerte
Aun faltaban días para que se presentara la luna llena en el cielo del reino Low. En esos momentos lucía casi llena, pero aun no estaba completa. En un par de días, se vería libre para ir a visitar a aquella persona que tanto quería. solo podía hacerlo en luna llena. Una vez, cada mes; cuando las ligas que cerraban los hechizos que impedían que los brujos pudieran trasportarse, se rompían.
Sus ojos azules veían por la ventana de la torre más alta aquel cielo estrellado. No había una sola nube y los sonidos de la noche llegaban a ella de forma clara.
Cuanto odiaba permanecer en ese sitio, cuanto odiaba tener esas visiones y contarlas al señor de ese castillo. Cuanto odiaba que ese hombre la tocara. Cuanto odiaba haber sido dotada de los dones de su madre y haber sido condenada por ellos a vivir bajo la sombra de su verdugo. Bajo el poder del hombre que había dado la orden para matar a la mujer que le dio la vida.
Noche a noche las visiones llegaban a ella y las escribía en un libro rojo con pastas de piel. Noche a noche las palabras de la profecía volvían a renacer en su memoria, como hacía más de 20 años habían nacido en la memoria de su madre. Cuanto odiaba tener que escribirlas y esconderlas para que ese falso rey no las encontrara. Cuanto odiaba fingir que era su aliada, para cumplir con el resto de la profecía.
La luna no estaba aun en su parte más alta y todavía no quería dormir. Se había asomado por la otra ventada de la torre, que tenía una vista magnifica de los interiores de palacio, por que había escuchado los pasos de alguien que se empeñaba en no hacerse notar.
Pudo ver una pequeña figura que corría por los pasillos bajos de palacio, mientras su capa ondeaba por el viento. Se ocultaba como un ratoncito que le teme a la luz. Se ocultaba cada vez que veía las antorchas de los guardias. Pero la luz clara de la luna, se reflejaba sobre esos cabellos rubios.
-- Quatre. - murmuro para si misma - no temas, nadie te vera - dijo sonriendo para si mientras hacia un ademán con su mano, al tiempo en que el relincho asustado de los caballos en el establo hacía que los guardias salieran corriendo para ver que pasaba.
Quatre corrió al ver que los guardias se alejaban, y se oculto detrás de una de las torres de piedra que sostenían el techo del palacio. No quería que alguien le viera. No lo deseaba. Quería ocultarse de todos los que pudieran verle. Se asomo para ver si alguno de los hombres que hacían su ronda andaba por allí. Pero al no ver a nadie, corrió hasta las escaleras de piedra que daban a las habitaciones de los soldados. Quería verle. estaba seguro que era una locura, pero necesitaba verle.
En la parte baja se encontraba las habitaciones que ocupaban los guardias que estaban dentro de palacio. Una hilera de puertas de gruesa madera mostraba el inicio del corredor, el pasillo estaba alumbrado con antorchas. Pero como ya era tarde, todas las puertas estaban cerradas y el corredor estaba vacío.
El fuego crepitando en la antorcha era el único sonido que se escuchaba en el pasillo. Un viento frío comenzó a correr agitando la capa y los cabellos rubios que caían de forma rebelde sobre su frente. Su subconsciente le repetía una y mil veces que estaba loco al estar en ese sitio a esa hora y que si llegaban a verle él corría peligro. Pero haciendo caso omiso a lo que su mente repetía, comenzó a caminar de forma lenta hasta quedar de frente a esa puerta. Esa puerta que tantas veces había ido a visitar a esas horas y nunca tocaba.
-- Trowa. - dijo en voz baja oprimiendo sus manos contra su pecho.
El viento comenzaba a soplar más fuerte al colarse por el hueco de la escalera de piedra. El frío ya estaba haciéndole temblar, la capa que cubría sus hombros no era lo suficientemente gruesa como para protegerle del frío. Y como la parte baja no recibía el solo en el día, las habitaciones bajo la parte principal de palacio eran aun más frías.
Estiro la mano despacio hasta esa puerta y comenzó a palpar la gruesa madera con su mano. Se sentía tan húmeda y fría. Seguramente Trowa no estaba nada cómodo en esa habitación.
Trowa estaba solo. tan solo como lo estaba él. Duo había huido de palacio la noche anterior, pero intuía que estaba bien. Sin Duo que le hiciera compañía, se sentía más solo que nunca. Solo estaba él. Trowa. Y era ahora que lo necesitaba más que antes, por que sentía frío en su corazón por el próximo anuncio del compromiso con la princesa de Catalonia. Pero en los últimos meses Trowa se había comportado demasiado frío. y sabía que Trowa estaba sufriendo al igual que él por ese tono tan formal que usaba. A que se debía ese cambio?... Ojalá pudiera saberlo. Cuanto necesitaba verlo y que las cosas fueran como ante, como cuando eran niños. Cuanto lo necesitaba.
Podía tener el valor para negarse a la boda con Dorothy, aun que estaba seguro de no lograr nada. También podía tener valor para enfrentarse a quien se le pusiera enfrente. Sabía que se defendía muy bien usando dos espadas. Pero entonces por que no podía tener el valor para confesarle a Trowa lo que sentía? O para tocar aquella puerta de madera frente a él?...
En un arranque repentino de valor, estiro su mano y toco a la puerta. Su corazón latía a toda prisa esperando que Trowa abriera, pero no sucedió. Que debía hacer? Retirarse e irse a su solitaria habitación? O entrar?...
De nuevo su mente le repitió que se fuera!. Trowa dormía y no era conveniente despertarlo. Pero otra vez ignoro esos pensamientos y empujo la puerta con su cuerpo para entrar cerrando detrás de él y sintiendo el latido de su corazón en la boca y un profundo calor que le invadía el rostro.
Había entrado en la habitación de Trowa. si alguien le veía era probable que mandaran al arquero a la horca. y esos pensamientos hacían que su corazón latiera más aprisa.
El fuego de un pequeño fogón medio iluminaba la habitación haciendo que un ligero calor impregnara el lugar por completo. La vista color aqua de Quatre comenzó a vagar por el lugar identificando las cosas en ella. Del lado derecho y sobre una pequeña mesa estaban las flechas que usaba Trowa; recargado a un lado del fogón, estaba el arco. Y del lado izquierdo la cama.
Quatre dio un par de pasos al frente hasta estar a un paso de la cama. Sobre ella pudo ver al arquero, medio destapado, dejando entre ver su torso desnudo. Sintió que un nudo se le hacía en la garganta y la boca se le secaba. No era la primera vez que veía su torso desnudo, muchas veces lo había visto cuando eran niños, pero si era la primera vez que lo veía ahora, a la edad que tenían. No sabía que el cuerpo de Trowa se había vuelto tan perfecto.
Dejo vagar su vista, sosteniendo el aire, sobre el cuerpo sobre la cama del arquero. Era tan alto!, sus músculos los tenía bien marcados, su piel estaba ligeramente tostada, debido a los rayos del sol. y su rostro se veía sereno cuando dormía. La mascara de frialdad que usaba cuando le veía, no estaba ahora sobre su cara. Sus labios delgados, entre abiertos por la respiración que le daba el sueño, le incitaban a acercarse a ellos.
Sintió que su corazón casi estallaba y como un ligero estremecimiento se apoderaba de su cuerpo. Pero que diablos hacía en esa habitación observando a Trowa como si fuera un ladrón? De nuevo su cabeza repitió que se marchara, pero de nuevo no hizo caso de ella y se acerco.
Se hinco a un lado de la cama, para poder ver bien el rostro del arquero. Cuanto daría por que despertara y tener el coraje suficiente para decirle que lo amaba. Y al escuchar esas palabras repetidas de los labios del arquero, que lo tomará entre sus brazos y le besara. como contaban los cuentos.
Cuentos?...
Si, solo en cuentos podía soñar el que el arquero le amara. Por que él era un príncipe, y estaba destinado a casarse con alguien a quien no amaba ni amaría nunca. Las leyes del reino habían sido dictadas antes de que naciera y quien era él para cambiarlas?
Se levanto dándole la espalda al arquero, mientras una lágrima traviesa daba muestras del dolor que sentía al saber que jamás podía amar libremente a la persona que ahora dormía.
-- Que haces aquí?
El frío de una hoja de acero sobre su cuello le hizo darse cuenta que Trowa había despertado y no parecía haberle reconocido. El brazo desnudo del arquero lo sujeto fuertemente por el cuello acercando el cuchillo a su garganta, mientras la otra mano le sostenía por el cabello y él solo atino a levantar los brazos para detener el brazo que sostenía el cuchillo.
-- Trowa? - dijo de forma nerviosa al sentir que el arquero ponía su mano sobre su cuello para encajar aun más la hoja del cuchillo sobre él. Pero al escuchar su voz la soltó de golpe.
-- Quatre? - al escuchar su nombre en labios del arquero, sintió una alegría enorme.
Se dio la vuelta sonriendo topándose con los ojos verde esmeralda del arquero que le veía sin entender.
-- Su majestad, no debería estar aquí, es muy peligroso - dijo Trowa bajando el cuchillo. La sonrisa de Quatre desapareció al escuchar que Trowa de nuevo se dirigía a él con formalidad.
-- Trowa.
Quatre se lanzó sobre los brazos del arquero, acurrucando su cabeza entre el hueco de su hombro. Por una reacción involuntaria Trowa cerró sus brazos sobre la espalda del príncipe Winner, dejando que el llanto del rubio cayera sobre su pecho.
-- Por favor Trowa, deja que me quede esta noche aquí - dijo Quatre entre sollozos, haciendo que Trowa sintiera un estremecimiento que comenzaba a recorrerle de pies a cabeza.
-- No. no se puede majestad - dijo Trowa de forma nerviosa, sin soltar a Quatre del abrazo en el que lo tenía.
-- Por favor Trowa, deja que me quede, nadie sabrá que he estado aquí. Me siento tan solo en el palacio. Duo se fue y aun que digan que esta en la torre no es cierto, él esta lejos. Tú eres al único a quien puedo recurrir ahora Trowa, no me apartes de tu lado, no me dejes solo. Cuando me llamas majestad es como si le hablaras a alguien más. Tu también me has abandonado Trowa?, Tu también te alejas de mi al decirme de esa forma?
-- Quatre. - dijo el arquero acercando mas al príncipe Winner a su cuerpo mientras le daba un beso en la frente - no ha sido mi intención lastimarte. Pero debes entender que yo solo soy un soldado y debo obedecer las ordenes que se me han dado.
-- Debes alejarte de mi?
-- No - dijo Trowa apresurándose a responder - debo dejar de llamarte por tu nombre. Nadie puede ordenarme que me aleje de ti o de Duo, eso jamás lo conseguirán - dijo Trowa separando a Quatre de su cuerpo para verlo a los ojos.
-- Deja que me quede aquí esta noche - volvió a pedir Quatre tristemente.
-- La cama es chica y la habitación es fría - dijo Trowa aceptando, a pesar de su nerviosismo, lo que le pedía Quatre.
-- No importa Trowa, yo puedo arreglármelas con lo que tienes - dijo Quatre sin dejar de abrazarse de Trowa y sintiendo que su corazón latía a toda prisa y que un sonrojo aparecía en sus mejillas - y prométeme que me llamaras por mi nombre cuando estemos a solas.
-- Eso si puedo prometértelo. Quatre - Quatre volteo a verlo con la más luminosa de las sonrisas, mientras Trowa lo vio de forma detenida.
Sus mejillas mostraban un adorable sonrojo y sus ojos aqua mostraban las huellas que dejaba el llanto, pero cuando sonreía brillaban como un par de estrellas. Nunca pudo resistirse a esa mirada y ahora le permitía quedarse en su habitación a sabiendas que si lo descubrían dentro de ella podía ser mandado a la horca por romper las leyes del reino Low. Pero si tenía su frágil cuerpo a su lado por una noche, aceptaba las consecuencias de ese acto.
Sin separar los brazos del cuerpo del más chico, lo condujo hasta la cama y retiro la capa que llevaba, para después quitarle las botas y acomodarlo en la cama. Quatre se dejo conducir de forma mansa y se acurrucó en la cama como si fuese un niño, mientras Trowa camino hasta la silla que estaba cerca del fogón.
-- No dormirás en la cama? - pregunto Quatre totalmente sonrojado viendo que Trowa se sentaba en la silla cubriéndose con una manta.
Trowa sintió que su cuerpo temblaba ante la sola mención. Su miembro estaba algo endurecido por la cercanía del rubio y no podía permitir que se percatara. No podía dormir con él en la misma cama. No debía dormir con él. Sus deseos podrían traicionarle y llevarlo a cometer una locura de la que se arrepentiría toda la vida.
-- Dormirás mejor tu solo en esa cama - afirmo Trowa viendo la mirada de preocupación de Quatre - yo vigilare tus sueños.
-- No - dijo Quatre sentándose en la cama - no he querido incomodarte. En la silla no dormirás a gusto - dijo bajando la mirada de forma triste - será mejor que me vaya a mi habitación y te deje solo.
Una lágrima resbaló de las mejillas blancas de Quatre brillando con la poca luz que proporcionaba el fogón. Trowa se paro de la silla al ver que Quatre estaba por levantarse.
-- No te levantes - dijo Trowa haciendo que Quatre volteara a verlo - no me has incomodado, solo pensé que dormirías mejor si no había alguien a tu lado.
-- Sería todo lo contrario - dijo Quatre sonriendo con la más luminosa de las sonrisas.
-- Sabes que me haces trampa? - cuestiono el arquero sentándose en la cama de espaldas sin ver al soberano - sabes que no te puedo negar nada cuando me pones esa cara.
-- Lo se Trowa - murmuro Quatre sin poder evitar sonreír ante las palabras.
Ambos se acostaron en la cama, demasiado juntos debido al tamaño de la misma. Quatre pasó sus brazos por el pecho de Trowa, haciendo que un estremecimiento inundara al arquero. Sabía el soberano del reino Winner lo que su simple roce podía hacerle?. Quizá era hora de decirle. Giro su rostro para hablarle, pero Quatre ya había cerrado los ojos y parecía haberse quedado dormido casi sobre su pecho.
-- Los Dioses saben por que hacen las cosas - pensó Trowa para si mismo y solo lo abrazo posesivamente, quizá por esa noche, podía soñar que las cosas eran diferentes y que Quatre, soberano del reino Winner, podía amarle libremente. Y con estas fantasías en su cabeza se dedico a velar su sueño.
El fuego crepitaba en la chimenea de aquella cabaña. Todo estaba silenció, pero podía escucharse, a lo lejos, el sonido de los búhos y el aullar de los lobos.
Duo abrió los ojos y se giro sobre su cuerpo para ver la cama donde descansaba el cazador. Este estaba boca arriba, con los ojos cerrados, aparentemente dormido. Cubría solo medio cuerpo con una cobija. Pudo notar que aun estando dormido, usaba esos gruesos guantes de gamuza con el que lo viera el día anterior. Por que no se los quitaba ni para dormir? Lo primero que pensó es que debería tener unas manos horribles para ocultarlas con esos feos guantes.
Pero eso a él no le importaba. Lo primero que haría, era levantarse del suelo y salir de la cabaña. Dos días de dormir en el suelo ya le tenían la espalda molida y necesitaba dormir de forma cómoda en una cama blanda.
Levanto las cobijas que le cubrían de forma silenciosa y se puso de pie para recoger sus botas que estaban a unos pasos de su cabeza. Pero al estirarse cayó de súbito sobre las cobijas que había levantado al sentir como algo le detenía por un pie.
-- Que demonios!! - murmuro girando su vista desde su posición para ver que era lo que lo había detenido. Y se topo con una soga fuertemente amarrada a su tobillo - ese bastardo!!! - dijo en un murmullo, mientras se estiraba para intentar desatar el nudo de la soga.
Pero el nudo estaba muy bien hecho y le resultaba imposible soltarlo. Claro!, era de esperarse que siendo un cazador hiciera tan buenos nudos para evitar que los animales se le escaparan. Pero él no era una tonta presa que iba a escaparse!!, había pensado con enojo, él era libre de marcharse si así lo quería. Así que se estiro del otro lado para alcanzar sus botas y obtener de dentro el cuchillo que era de Quatre.
Pero por más que se estiraba, no alcanzaba sus botas, estaba a solo un par de dedos de obtenerlo y no lo lograba. Volvió a intentar estirarse jalando las cobijas con sus brazos en el intento, pero nada.
Jadeo cansado y se quedo sentado en el suelo. No recordaba haber dejado sus botas tan lejos. Y no podía usar las cobijas para tratar de lanzarlas y acercarlas, por que si el cuchillo caía, el ruido podría despertar al cazador y no quería arriesgarse. Entonces se sintió extraño, era algo que había sentido antes, justamente el día anterior cuando se topo con el cazador. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y de forma brusca levanto la mirada hasta la cama.
Heero estaba sentado en la cama observándole con ojos fríos, su rostro no mostraba emociones, solo la boca ligeramente curveada y las cejas arqueadas con disgusto. Abrió la boca por la sorpresa, él le había estado observando en su intento por desatarse y no le dijo nada?.
-- Maldito mal nacido me tienes atado!! - dijo Duo con enojo - que piensas que soy? Una de tus cabras salvajes? - pero Heero solo entrecerró los ojos sin decir nada - Piensas que iba a escaparme? Por que me ataste de esta forme he? Y si me pasa algo mientras duermo? Como se supone que iba a levantarme? O si quisiera ir al baño? O que tal si..
-- Cierra tu maldita boca - dijo el cazador poniéndose de pie y caminando descalzo sobre la madera del suelo de la cabaña para pararse a un lado del trenzado.
Duo lo miro desde abajo. Si viéndolo de frente le parecía temible cuando le gritaba, ahora viéndolo desde abajo le parecía un monstruo. Y esa imagen le hizo cerrar los ojos y apretar la boca.
-- Por que reaccionas de esa forma? - pregunto Heero aun en tono molesto - piensas que voy a comerte? - Duo abrió los ojos al sentir la voz de Heero a su altura. El se había puesto en cuclillas cerca de su cuerpo, pero se mantenía lo suficientemente alejado como para no tocarle.
-- Por que me ataste? - pregunto Duo en tono más calmado.
-- Solo protegía mis intereses - dijo Heero poniéndose de pie. Duo lo miro sin entender - Estaba seguro que por la noche intentarías irte y veo que no me equivoque. Así que decidí atarte mientras dormías para evitar que te fueras - dijo viéndolo a los ojos para después darle la espalda y murmurar - y evitar que te hicieras daño.
-- Me estas secuestrando!!! - dijo Duo con enojo - vas a tenerme atado y encerrado en esta maldita cabaña todo el tiempo? - Heero volteo a verlo con la mirada fría.
-- Te dejare libre por la mañana, ahora solo duerme - dijo con voz gélida.
-- Dormir atado?? Tu crees que pueda dormir atado a esa cosa que tienes en la chimenea? - dijo Duo apuntando la forja de acero a la que estaba sujeta la cuerda con la que tenía atado su tobillo.
-- Si no te vas a dormir, por lo menos cierra la maldita boca! - dijo cada vez más enojado el cazador - yo no puedo dormir con tanto ruido.
-- Pues me vas a tener hablando toda la noche hasta que me sueltes!, yo nunca he dormido atado! Además esta cabaña es muy fría y tengo los pies congelados. y estas cobijas son muy delgadas, el aire frío me cala hasta los huesos y no solo eso, no soporto el aroma de los animales. y.
Heero se dejo caer sobre la cama de espaldas y tomo varias de las cobijas para ponérselas sobre la cabeza intentando que la voz de Duo dejara de oírse, pero Duo seguía hablando y hablando sin callarse. A caso iba a estar todo lo que restaba de la noche hablando? Dioses, si hacía eso era mejor pararse y matarlo con sus propias manos.
El canto de un gallo anunciaba que no tardaría en salir el sol, pero aun estaba muy oscuro afuera. Faltaban unas dos horas para que el sol se levantara sobre las bardas de palacio.
Por primera vez en muchos años había dormido tranquilo, sin esa sensación de soledad que le acompañaba siempre en esa enorme cama en su habitación. Había abierto los ojos desde hacía un rato y se había sorprendido al encontrarse a un lado del arquero. Por un momento había pensado que todo había sido uno más de sus sueños, pero no, Trowa ahora dormía placidamente, sujetando de forma firme sus hombros, como evitando que escapara de su lado.
Se había dado la vuelta para quedar de frente al rostro del arquero. Lucía tan sereno dormido y sin darse cuenta se encontró a si mismo acariciando los mechones castaños que caían descuidadamente sobre el rostro del más alto.
Sonrió para si mismo al ver como el arquero entre sueños sonreía y coloco una mano sobre el pecho del arquero y recargo su cabeza para descansar un poco y darse cuenta de lo que sentía en esos momentos.
Sonrió para si mismo, al sentir la tranquilidad que no había sentido antes en su amigo. Sabía desde hace tiempo, que podía sentir las emociones de otras personas, pero lo mantenía oculto. Esto lo venía sintiendo desde que era niño y al no saber que explicación darle o como utilizarlo, solo dejo que sus sentidos fueran reaccionando de vez en cuando. Solo que ahora, podía controlarlos a voluntad. A veces las emociones llegaban sin que pudiera controlarlas, como el día anterior con Hilde; o las invocaba, como sucedía ahora, con Duo. Solo que trataba de no usarlos con las personas que quería, como Trowa, Duo o su tío Traize; por que no quería interferir en sus vidas.
Se levanto un poco y suspiro al ver el rostro sereno del arquero. Ya era hora de irse, si no lo hacía ahora, no querría hacerlo nunca. Y quizá dentro de poco, alguien pasara a despertarlo para iniciar sus labores en el palacio y si lo encontraban en su habitación, Trowa podría meterse en problemas.
Se levanto del pecho del moreno para inclinarse hasta su mejilla y depositar un beso en ella. Trowa pareció parpadear, pero no se despertó. Murmuro un silencioso 'gracias' a su oído y se levanto de la cama decidido a salir.
Tomo su capa y se puso sus botas. Abrió la puerta y antes de salir por completo se asomo para asegurarse de no ser visto por alguno de los guardias.
El pasillo de nuevo estaba vació, así que antes de marcharse, se giro para ver a Trowa que seguía dormido en la cama y con un murmullo, dejo escapar las palabras que no se atrevió a decirle durante la noche.
-- Te amo Trowa - y salió por el pasillo para llegar hasta su habitación.
Heero se había levantado más cansado que de costumbre. Duo había pasado buena parte de la noche hablando tonterías. Y eso le había desvelado. Pero tenía que levantarse temprano para poder atrapar animales, además de atender los pocos que había recuperado el día anterior.
Dirigió su vista al trenzado que estaba aun en el suelo. Por lo menos ahora tenía quien pudiera ayudarle. Claro!, si no le daba por escapar de nuevo.
Había desatado el tobillo del trenzado con sumo cuidado, tratando de no tocarlo. Aun que traía sus gruesos guantes, no podía confiar en que estos podrían protegerle.
-- Despierta. - dijo Heero moviendo el bulto en el suelo con su espada.
Duo comenzó a moverse en el suelo agitando sus manos para evitar que lo que le molestaba pudiera arrancarlo del reino de los sueños.
-- Quatre. déjame dormir, no molestes. dile a alguien más que te acompañe a montar. - dijo Duo sin abrir los ojos y regresando a su posición para seguir durmiendo.
-- Te dije que despertaras. - volvió a hablar Heero moviendo a Duo con la espada de nuevo.
Duo subió las sabanas hasta su cabeza y sin abrir los ojos volvió a acurrucarse para seguir durmiendo.
-- Déjame en paz Trowa, aun no sale el sol.
Heero entrecerró los ojos al escuchar los nombres que el trenzado mencionaba. Quines eran Trowa y Quatre?... montar?
No parecía que el trenzado fuera a despertar pronto solo con llamarle, así que camino hasta la mesa de la cocina y tomo un garrafón de agua que estaba sobre ella. Y regresando hasta donde estaba Duo la dejo caer por completo en su cara.
-- Nos hundimos!! - grito Duo levantándose a la carrera de donde estaba, para toparse con las piernas del cazador que estaba frente a él con la garrafa vacía de barro en la mano - bastardo! - grito enfurecido limpiándose con las manos el agua que caía a chorros por su cabello.
-- Ayer dijiste que querías bañarte - dijo Heero regresando hasta la mesa para dejar la jarra de barro en ella.
Duo abrió la boca sorprendido. Recordaba perfectamente cuando había dicho eso, cuando estaba casi en medio del estanque. Lo menciono casi para si mismo, era imposible que Heero le hubiera oído.
-- No pudiste haberme escuchado - dijo Duo en un murmullo mientras se levantaba del suelo totalmente mojado.
-- Te escuche - dijo Heero aun de espaldas.
-- Co. como?, estaba muy lejos para que pudieras oírme - dijo Duo sin poder creerlo. Heero volteo para verlo.
-- Puedo escuchar muy bien a una distancia que no podrías imaginar. Así que cualquier cosa que digas, por más lejos que estés, podré oírla - afirmo Heero - puedo distinguir los sonidos de cualquier tipo de animal, así sea aun insecto. Puedo distinguir la respiración de un humano a la de un caballo. No necesito de luces para guiarme en las noches, mi vista es bastante clara y puedo ver muy lejos. Corro más rápido que un caballo y algunas otras cosas de las que no tienes por que enterarte.
-- No eres humano! - dijo Duo sorprendido - que eres?
-- Por desgracia soy un humano como cualquier otro - dijo Heero dándole la espalda a Duo - ahora vístete y recoge tu cama, por que hay muchas cosas que hacer.
Duo se quedo observando la puerta por la que el cazador desapareció. Podía un humano hacer todo lo que el cazador afirmaba?
-- Realmente puede oírme? - dijo en un susurro, para poco después escuchar la voz del cazador a lo lejos que solo decía 'si'.
Dentro de palacio los arreglos para el compromiso del príncipe Maxwell y la princesa Schbeiker llevaban a todo el mundo de un lado a otro. Por primera vez en muchos años había más gente de la que se podía atender.
El general de la fuerza real estaba en el establo hablando con uno de los mozos de cuadra. Uno de los caballos había escapado durante la noche y no era cualquier caballo, era Shinigami, la yegua del príncipe Maxwell.
-- Están seguros que huyo? - pregunto Miliardo a uno de los asustados mozos - no vino alguien por ella?
-- Estamos seguros señor. Anoche hubo un disturbio en el establo y cuando llegamos no vimos nada. Pensamos que había sido algún animal que asusto a los caballos, pero esta mañana nos hemos percatado de que la yegua del príncipe Duo no estaba.
-- Esta bien - dijo Miliardo haciéndoles una seña para que se alejaran - Shinigami escapó - se dijo Miliardo a si mismo poniendo una mano sobre su mentón - me pregunto si habrá ido a buscar a su amo? No me resultaría extraño que lo hiciera. Duo tiene el control sobre esos animales, por más que Traize trate de ocultarlo, ellos se darán cuenta tarde o temprano - se dijo a si mismo comenzando a caminar rumbo al palacio.
Hilde caminaba detrás de Trowa y detrás de ella iban otros dos guardias. Por ordenes de su excelencia Traize, ninguno de los reyes podrían moverse en el palacio sin una escolta. Dado que había demasiada gente.
La mirada azul de Hilde no se despegaba del semblante del arquero. Desde que llamó a su puerta por la mañana había notado un ligero cambio en él. Esta vez no se veía tan frío, podría asegurar que había un brillo especial en su mirada y que con la vista no dejaba de buscar algo. Quizá buscaba a Quatre, pero el príncipe Winner había sido llamado al lado de su tío Traize y del padre de Dorothy, Trowa no lo vería tan fácilmente ese día, claro!, si es que es a él a quien buscaba, pero como estaba de espaldas a ella, no podía apreciarlo bien.
Otra comitiva de guardias se cruzo con ellos en el pasillo rumbo al comedor. Y los ojos celestes de una chica hermosa, de cabellos rubios sumamente largos, centellaron al ver el brillo en los ojos verdes del arquero que iban delante de la princesa Schbeiker.
-- Hola Hilde! - dijo la chica deteniéndose delante de ella y obligando a los guardias a detenerse.
-- Que tal Dorothy! - dijo la morena deteniéndose a la par de la princesa de Catalonia.
-- Debes estar emocionada de que por fin te casas con Duo - dijo sonriendo la rubia - yo lo estaría si me fuera a casar en un mes con Quatre - sonrió de forma maliciosa viendo de reojo al arquero de ojos verdes. Hilde pudo percatarse de eso y noto el cambio en el semblante de Trowa.
-- Tu mejor que yo, sabe que Quatre no te quiere - dijo Hilde haciendo que la sonrisa en el rostro de Dorothy desapareciera - No deberías estar tan ilusionada con ese matrimonio, quizá no se lleve a cabo, como no se llevara el mío.
Y diciendo esto Hilde siguió caminando pasando por delante de los guardias e ignorando cualquier comentario que la rubia pudiera decirle.
-- Yo debo casarme con Quatre - murmuro Dorothy siguiendo a su sequito de guardias - a cualquier costo debo casarme con Quatre.
Cuando Duo salió de la cabaña, seguía oscuro afuera. Pero no era de extrañarse, las copas de los árboles tapaban por completo la luz del sol, haciendo que solo unos cuantos rayos se colaran entre las ramas.
Duo siguió a Heero hacía la parte trasera de la cabaña. Sabía que allí había otro cobertizo donde el cazador guardaba sus armas, algunos sacos con algo y un montón de hierbas que olían a rayos.
-- Hay que alimentar a las gallinas salvajes - dijo Heero con Duo a sus espaldas - el grano del gallinero ya se acabo, hay que llevar un nuevo saco.
-- Alimentarlas? - dijo Duo sin entender - Que ellas no se ponen a escarbar la tierra para sacar gusanos? - pregunto Duo dudoso.
-- No siempre van a encontrar gusanos en la tierra. Eso generalmente lo logran cuando llueve, por aquí hace tiempo que no cae una sola gota de lluvia. Así que toma ese saco y ve a darles de comer - dijo Heero apuntando el saco de grano, mientras él sacaba algunas trampas.
-- Esta bien, está bien... - dijo Duo acercándose para tomar el saco.
Duo tomo el saco y lo dejo caer sobre su espalda, pero pesaba tanto que a penas dio un paso y cayó al suelo con todo y lo que llevaba cargando.
-- Auch! - dijo sonoramente haciendo que el cazador volteara a verlo
-- No puedo creer que no puedas ser capaz de cargar un simple saco de granos - dijo tomando de la espalda del trenzado el saco para que pudiera levantarse.
-- Esta muy pesado!! Yo jamás he tenido que cargar nada - se quejo Duo
-- Pues deberás aprender, hay muchas cosas que hacer como para que no puedas ni levantar un simple saco de granos.
-- Si, mi amo... - dijo Duo de forma sarcástica.
-- Ya te he dicho que no eres un esclavo - refuto Heero.
-- Pues así me siento! - grito Duo.
Heero abrió el saco y tomo una alforja y lo llenó con el para después lanzárselo al trenzado que sintió el golpe en el estomago haciéndolo caer hincado.
-- Cof, no podías, cof, habérmelo dado en la mano, cof, en lugar, cof, de golpearme con él? - volvió a quejarse Duo.
-- Para ser un vagabundo eres muy débil - dijo el cazador saliendo de la parte trasera de la cabaña.
-- Yo no soy débil maldito bastardo!! - dijo levantándose - pero no me voy a dejar vencer tan fácilmente por ese arrogante mal nacido, le voy a demostrar que puedo ser fuerte - murmuro a sabiendas que Heero podía oírle.
El resto de la mañana se la pasó persiguiendo a las gallinas para darles de comer a una por una, hasta que vino el cazador y le dijo de qué forma debía alimentarlas. Solo arrojarles los granos en el suelo y ellas se pondrían a comerlas. Duo se había sentido tonto, jamás había visto a la gente de palacio alimentar a los animales del granero. Solo sabía como alimentar a los caballos y Heero de momento no tenía ninguno.
Necesitaban leña para la chimenea y Duo había salido a buscar ramas secas para eso, mientras veía como Heero armaba una trampa con cuerdas.
Heero había volteado percatándose de algo que no había visto. El cabello del trenzado estaba algo suelto de la parte de arriba y parecía volver a rebasar sus caderas, como lo había visto el día anterior.
-- Oye! - dijo viéndolo fijamente, Duo volteo siguiendo la voz de Heero.
-- Que? - dijo Duo sin entender la mirada que Heero tenía sobre él.
-- Tu cabello? - dijo tratando de entender por que lo veía mas largo. Duo atrapo la punta de su trenza y se puso a revisarla.
-- Que?, que le pasa a mi cabello? - pregunto dudoso.
-- Ayer le corte un buen pedazo, pero hoy parece tener la misma altura - dijo Heero solo viéndolo sin moverse de su lugar. Duo solo se río.
-- Mi cabello crece mucho - dijo Duo - por eso no me molesto en cortarlo. Por más que lo corto, vuelve a crecer de este tamaño - dijo Duo sin darle importancia y dejando a Heero demasiado intrigado.
-- Eso. jamás lo había oído de los ancianos - murmuro Heero viendo como Duo se internaba en el bosque recogiendo ramas secas para la chimenea.
Duo estaba recogiendo ramas en lo profundo del bosque, ya tenía una buena cantidad, creía que eran suficientes para hacer una buena fogata. Pero algo le distrajo, un ruido proveniente detrás de unos matorrales. Sabía que no era el cazador, por que se había quedado en la cabaña armando las trampas y la cabaña estaba del otro lado.
Dejo las ramas en el suelo y se acerco tratando de no hacer ruido. Abrió un poco las ramas de los matorrales y el relincho de un caballo en su cara lo asusto lanzándolo al suelo.
-- Que susto me diste! - dijo Duo levantándose al ver que aquello que lo había asustado era un caballo.
Era un hermoso caballo pinto, el fondo de su piel era blanca y totalmente salpicado de gris que le hacía lucir como si fuera plateado y lo blanco fuera la luz que se reflejaba sobre su piel.
El caballo se movió nervioso al ver que Duo se acercaba alzando ambas manos a la altura de su pecho. Algo que le había enseñado Miliardo para infundirle confianza a los animales.
-- Oh bonito, no voy a hacerte daño - dijo Duo llegando hasta un costado del hermoso corcel y acariciando su piel - ves que no iba a hacerte daño? - Dijo Duo sonriendo mientras su mano se deslizaba sobre la piel del animal - no se que haces aquí? Pareces un caballo salvaje. Me recuerdas a Shinigami, aun que ella era negra - el caballo relincho de forma mansa, Duo parecía caerle bien - pero deberás irte. Si ese ogro de Heero te encuentra aquí, va a querer encerrarte. Así que vete! - dijo Duo dando un manotazo en el lomo del caballo, haciendo que este relinchara - no hagas eso!, que no ves que se va a dar cuenta de que estas aquí?
El caballo se movió y Duo le dio la espalda. Esperaba que con eso ya se hubiera ido. Se dirigió de nuevo hasta las ramas secas y se agacho a recogerlas, cuando sintió un fuerte empujón que lo lanzo al suelo de nuevo.
-- Otra vez tu? - dijo Duo al ver que el caballo pinto estaba detrás de él y relinchaba - eres terco amigo, pero si te quedas Heero va a atraparte. Es un cazador. No sabes lo que es un cazador?
-- Zero.
El caballo relincho al escuchar su nombre y se acerco hasta el cazador y este al verlo cerca comenzó a acariciarle la crin.
-- Es tuyo? - dijo Duo levantándose.
-- Si. Zero escapo ayer junto con el resto de los caballos. Pero ya esperaba que volviera. - dijo de forma segura.
-- Si yo me hubiera escapado de ti, no hubiera regresado - dijo Duo comenzando a cargar con las ramas, mientras Heero solo lo observo.
-- Zero siempre vuelve. Lo he vendido muchas veces y siempre termina por regresar. Así que opte por quedármelo.
Duo camino hasta el caballo y le palmeo el lomo
-- Te gusta la mala vida amigo - dijo Duo sonriendo, mientras Heero solo le veía de forma extraña.
-- Llévate a Zero al establo - dijo Heero haciendo que Duo se detuviera.
-- Como gustes.
Zero estaba muy quieto, cosa que se le hizo muy extraña a Heero. Generalmente estaba nervioso delante de extraños. Por que no lo estaba con Duo?
Duo camino hasta el corcel y de un brinco saltó sobre el caballo y se detuvo de su crin. El caballo relincho de forma mansa y Duo comenzó a guiarlo hasta el establo. Heero no había podido despegar su vista cobalto de la imagen del trenzado. No cabía duda que sabía montar, sus movimientos eran graciosos y elegantes. Y montaba a 'pelo', sin nada que estuviera entre su cuerpo y el caballo. No cualquiera podía hacerlo. Y algo que nadie había logrado antes, lo había hecho Duo: montar a Zero.
Zero era un caballo salvaje. Lo había atrapado desde que era un potro y por lo mismo no había podido domarlo. Sin embargo logro venderlo, quizá a un precio más bajo por su condición de indomable. Pero el maldito caballo siempre regresaba, escapando de sus nuevos dueños y había tenido que entregar otros caballos a los dueños que le habían comprado. Por eso decidió quedárselo, y después de muchos intentos, por fin pudo montarlo sin que lo tumbara. Pero solo él, por que ni siquiera su amigo Wufei lograba montarlo.
-- Quien eres? - se pregunto en voz baja, viendo como Duo montaba a Zero como si fuera un caballo manso.
Uno de los salones de palacio estaba por completo solo. Las luces del sol se colaban por la ventana permitiendo que todo el salón estuviera iluminado. Faltaban pocas horas para que la fiesta comenzara y muchos de los invitados ya se encontraban en el palacio.
Los ojos esmeralda de Trowa estaban fijos en el suelo, como odiaba tener que hacerlo delante de esa odiosa mujer. Pero eran las ordenes que tenía y no le quedaba más que obedecer.
-- Su majestad quería verme? - pregunto Trowa sin levantar la vista, esperando que la mujer delante de él le dijera algo. Pero ella solo había comenzado a reírse y a caminar dando vueltas alrededor de él.
El largo vestido de sedas color oro se deslizaba con forma sus pasos y el cabello de un color rubio claro se movía graciosamente conforma a sus movimientos.
-- Vaya Trowa, hasta que me tratas con respeto. Como la princesa que siempre fui y que olvidaste por un tiempo.
-- . - Trowa se quedo en silencio, ni siquiera levantaba la mirada para verle.
-- Y ahora ni siquiera me respondes - dijo Dorothy riendo - siempre soñé con él día en el que me convirtiera oficialmente en la prometida de Quatre, para poder hacer justo lo que estoy haciendo. Tratarte como lo que siempre fuiste, solo un sirviente!. - dijo de frente a Trowa con aire de superioridad.
Trowa levanto la vista por primera vez clavando su vista esmeralda en los ojos celestes de la chica, para después volver a bajarlos. Ordenes eran ordenes y no podía desobedecerlas.
-- Así me gusta - dijo Dorothy - que bajes tu vista ante alguien de la realeza. Y que no hables si no se te da permiso. Nunca debes olvidarlo, por que esto mismo deberás hacer cuando pases al servicio del reino de Catalonia.
-- . - Trowa mordió su labio inferior evitando a toda costa responderle a la rubia.
-- Sabes por que pasas a nuestro servicio Trowa? - dijo Dorothy riendo de forma divertida - Por que te pedí como regalo de bodas.
Trowa mordió más su labio al grado de hacerlo sangrar un poco. Dorothy siempre había sido así con todos. A Quatre solía hacerlo llorar muy seguido y él siempre lo defendía cuando eran niños. Amaba ser su héroe, que siempre acudiera a él cuando Dorothy estaba cerca. Que le abrazara y que le pidiera que no se separara de su lado mientras ella estuviera en el palacio.
Pero ya no eran unos niños.
-- Así que no quiero que te dirijas a mi futuro esposo por su nombre, siempre debes llamarlo por su titulo real. Deberás acompañarnos a todos lados - dijo Dorothy con una risita - así sabrás lo felices que somos juntos y que no pudiste evitar.
Trowa levanto la vista con sorpresa al escuchar lo último que dijo Dorothy y se topo con los ojos celestes de la princesa clavados como dos puñales en su rostro.
-- Oh por los dioses, a caso creías que no me iba a enterar? - cuestiono y sin esperar respuesta continuo - Tu siempre has sido como un héroe para Quatre. Desde que éramos niños vi que él te admiraba mucho, que te adoraba. Pensé que esa adoración por ti se le pasaría y me di cuenta con horror que empeoro - con el dedo índice de una de sus enguantadas manos, levanto la barbilla de Trowa para que le viera - pero Trowa - dijo sonriendo de forma maliciosa - a caso tu estas enamorado de mi prometido?
Trowa sacudió su cabeza y se libero del dedo de Dorothy volviendo a bajar la vista y apretando los labios. Jamás iba a admitir delante de nadie, lo que sentía por el príncipe de Winner. Si lo hacía, era estarse mandando a la orca al ser penado con la muerte el gusto o la intimidad con alguien del mismo sexo.
-- Contesta! - dijo Dorothy exigiendo una respuesta. Trowa levanto la vista de forma altiva, por fin se le concedía la palabra.
-- Solo soy un soldado que cumple ordenes por amor a su reino. y si esas ordenes son morir por mis soberanos lo haré sin vacilar. Si su majestad piensa que esto es amor por alguno de ellos, esta en lo correcto. Por que si un soldado no ama a sus reyes, como dará su vida por ellos?
-- Entonces estaré esperando que también mueras por mi! - dijo Dorothy molesta por la respuesta dada.
-- Lo haré con gusto. - dijo Trowa sonriendo - él día en que se llegue a casar con un Winner. Pero mientras yo este solo al servicio de los herederos de Low, solo moriré por ellos.
-- Sal ahora mismo de aquí!! - dijo Dorothy muy molesta. Jamás iba a pode ganarle a Trowa, por lo menos no hasta que pasara a ser parte de su servicio.
Miliardo atravesó la habitación en la que Traize atendía a algunos invitados para llegar hasta su lado y susurrarle algo en el oído. Traize se levanto disculpándose con los hombres reunidos en el salón y guió a Miliardo hasta la biblioteca, donde se encerró con él para hablar a solas.
-- Bien, te escucho Miliardo - dijo Traize sentándose en uno de los escritorios.
-- Su excelencia, he hecho que un grupo de guardias salgan de palacio acompañando a un hombre que he vestido con las ropas del príncipe Maxwell. Me he asegurado que muchos de los invitados lo hayan visto, así no habrá duda. Como ninguno de los guardias le ha visto bien, no podrán saber que escoltan a un impostor. En cuanto estén a las afueras de palacio, otro grupo armado atacara a lo soldados. Cuatro vivirán y uno de ellos morirá, que será quien traiga la nota escrita con el rapto del príncipe Maxwell.
-- Bien Miliardo, pero me preocupa que tanta gente sepa de esto.
-- No se preocupa su excelencia. Lo soldados si son de palacio, que era lo que nos importaba. El grupo armado solo son mercenarios a los que se les ha pagado bien por el trabajo. Ellos piensan que deben aniquilar al chico de la trenza, que es quien sabe todo el plan. Mataran a uno de los guardias y colgaran la nota, que no han podido leerla por que no saben hacerlo.
-- Excelente Miliardo, entonces solo debemos esperar la noche para llevar a cabo el plan - dijo Traize sonriendo.
-- Si todo sale como lo esperamos, los soldados vivos atravesaran el puente poco antes de que las trompeteas suenen anunciando el compromiso.
Esa misma noche, dentro del salón principal la gente reía y bailaba de forma animosa. El anuncio del compromiso sería dentro de poco tiempo, se había anunciado que en cuanto la luna tocara las bardas de palacio, la música sería cortada para dar entrada al príncipe de Maxwell y a la princesa Schbeiker.
Unos ojos azul oscuro se giraban constantemente hasta las escaleras principales del salón, esperando ver aparecer a Duo por ellas. En cuanto lo viera aparecer, correría hasta él para pedirle que cancelara la boda. Aun y cuando Quatre le había dicho que Duo tampoco quería casarse y que él no estaba en el palacio, su excelencia Traize aseguraba que Duo aparecería en cualquier momento y eso le hacía dudar de la palabra de Quatre. Traize se veía tan seguro de lo que aseguraba.
Sin embargo la luna estaba por ponerse sobre la barda principal de palacio y en cuanto las trompetas sonaran, la música sería interrumpida y su suerte sellada. Como iba a poderle explicar eso a su cazador? Si en cuanto le comentó que estaban por comprometerla, estaba dispuesto a matar a su prometido con su espada. No cabía duda, que a veces el cazador era muy arrebatado.
Una lagrima resbalo por su rostro blanco al escuchar el sonido de las trompetas. Cerro los ojos con pesar al sentir la mano de su padre al tomarla por el brazo para conducirle hasta las escaleras.
No escuchaba todo lo que su padre le iba diciendo. Le regañaba por su apatía al compromiso, por estar llorando cuando debería estar feliz. Pero que sabía su padre sobre su forma de sentir? Aun con los ojos cerrados llego hasta las escaleras donde su Excelencia Traize Khrushrenada le esperaba sonriendo.
-- Se ve hermosa princesa Hilde - dijo Traize tomando la mano de la chica que el rey Schbeiker le entregaba, para besarla - estoy seguro que Duo estará muy complacido de verla.
-- Lo dudo - dijo Hilde abriendo los ojos y bajando la vista. Traize observo al rey Schbeiker al escuchar el comentario de su hija y este se apresuro en contestar.
-- Esta nerviosa, no le haga caso. Y dígame, donde esta su sobrino su excelencia? - pregunto el rey Schbeiker volteando para todos lados.
-- He mandado por él, no deberá tardar en bajar, ya ve que esta tarde Duo salio a caballo - dijo Traize sonriendo de forma convincente
-- Si, lo vi salir con cinco guardias - dijo el hombre haciendo que Hilde se sorprendiera de esa afirmación.
-- Pero mientras esperamos podemos seguir detallando los pormenores de la boda, le parece? - dijo Traize
Hilde guardo silencio y dejo de escuchar la conversación que su padre y Traize sostenían para buscar con la mirada la verde aqua de Quatre. Al distinguirla pudo ver una leve sonrisa en el rostro del rubio, que estaba acompañado por la princesa de Catalonia. Y Quatre le sonreía aun y cuando estaba en compañía de la persona a la que menos soportaba? Entonces las cosas no deberían estar tan mal. Era probable que en verdad Duo no llegara a la recepción y eso le había hecho sonreír. La sonrisa de Quatre le daba la confianza que la seguridad de Traize le había quitado.
Pero su seguridad desapareció cuando vio aparecer por las escaleras a un sequito de soldados. Todas las miradas se posaron sobre las escaleras al pensar que después de los soldados aparecería Duo. Pero quien apareció por ellas sumamente apurado, era el capitán de la fuerza real: Miliardo Peacencrafth.
Todos esperaban saber el motivo de esa intrusión en la fiesta y donde estaba Duo?. Miliardo se aproximo a Traize y este subió las escaleras para llegar hasta él. Todos vieron como Miliardo susurraba algo en el oído de Traize y como este se sorprendía, tomando una nota de papel que estaba en las manos de Miliardo.
Traize arrugo la nota y se dirigió al rey Schbeiker dejando a todos con la sorpresa en el rostro.
-- Esto es inadmisible! - grito el rey Schbeiker - como que el príncipe Duo fue secuestrado? - los murmullos de la gente no se dejaron esperar y la sorpresa apareció en el rostro de Hilde ante la noticia - que clase de seguridad tiene en este casillo para que uno de sus príncipes haya sido raptado?
-- Cálmese su majestad! - dijo Traize - en estos momentos pondremos a todos los soldados que se pueda a buscar a Duo.
-- Mi hija no se quedara sin consorte! - gritó - a sus casi 20 años ya se considera una vieja. Debió haberse casado a los 14 con el príncipe Maxwell - Traize entorno los ojos ante las palabras del rey, ya se esperaba esa reacción del hombre.
-- Rey, si usted hubiera hecho valido el acuerdo cuando debió, no estaríamos pasando por esto ahora. Su hija y mi sobrio ya estarían casados y seguramente con unos cuantos hijos. Pero según me informaron, usted no pudo convencer a su hija de venir a la boda.
-- Bueno, si, pero el príncipe Maxwell tampoco coopero.
-- Duo suele ser muy terco y no esta acostumbrado a que nadie le diga que hacer. Así que si usted utilizo la palabra deber, iba a obtener lo contrario de su parte. Pero no se preocupe, que su hija no se quedara sin un marido. Haremos todo lo que este en nuestras manos para encontrar a Duo y efectuar la boda en un mes como lo teníamos planeado.
-- Eso espero su excelencia Traize, por que si no, exigiré el cambio de consorte! - Traize abrió los ojos con sorpresa al escuchar las palabras del rey.
-- Ah si? Y se puede saber a quien tiene en mente? - pregunto con Curiosidad.
-- Claro, al príncipe Winner - dijo señalando a Quatre que estaba muy al pendiente de la conversación acalorada que tenía su tío y el padre de su amiga Hilde. Traize solo sonrió.
-- Me temo su majestad, que Quatre ya esta comprometido con la princesa Dorothy Catalonia y eso sería imposible - aseguro negando con la mano.
-- Si no es con Quatre, entonces con usted.es soltero y es un buen partido para mi hija.
Hilde se asusto al saber los planes de su padre. Ella casada con Traize Khrushrenada? Noo, mil veces casada con Duo o con Quatre. Por lo menos eran amigos y tenían más o menos la misma edad, pero Traize tenía casi la misma edad que su padre.
-- Conmigo? - Traize soltó la carcajada - es un gran honor que me considere un buen partido, pero por desgracia soy demasiado viejo para su joven y hermosa hija. La quiero como si fuera mía, me sería imposible tomarla como esposa - dijo Traize haciendo que Hilde suspirara de alivio.
-- Entonces? - cuestiono el rey.
-- Ya le he dicho, mis hombres estarán esta misma noche en la búsqueda de Duo. Le aseguro que lo encontraran y castigaremos a las personas que osaron secuestrarlo. Por mientras el compromiso entre mi sobrino y su hija sigue en pie. En cuanto Duo este de vuelta se llevara a acabo la boda.
-- Pero si en un mes no encuentran a Duo Maxwell, la boda se llevara a cabo con Quatre Winner o con usted - dijo el rey Schbeiker de forma terminante - o la alianza entre nuestros reinos quedara cancelada para siempre.
-- Sabe usted lo que esta diciendo rey Schbeiker? - pregunto Traize arqueado una ceja ante la amenaza - se estaría poniendo en contra del reino Low. Y usted sabe lo que eso significa.
-- Lo se - dijo el hombre - pero también se que si mi hija no se casa, mi reino desaparecerá al no tener un varón en el trono.
-- De una vez le advierto que no estoy dispuesto a cancelar el acuerdo con el reino de Catalonia y que yo no estoy dispuesto a casarme para hacerme cargo de su reino dejando a este desprotegido.
El rey Schbeiker se dio la vuelta enojado para salir del salón, mientras los soldados de su reino le seguían. Si era necesario, él mismo se pondría a buscar a Duo Maxwell. Su hija debía casarse y pronto.
Estaba cansado.. No, cansado no era la palabra correcta, estaba agotado.
Había trabajado todo el día en la cabaña, recogiendo cosas y alimentando a los animales. Además de haber encendido la chimenea y cocinado algunas cosas que Heero le había dado. Por un momento pensó que era comida, pero cuando levanto la cuchara de madera para probarla, el sabor amargo casi le hace volver el estomago. Y más al distinguir parte de los ingredientes que parecían ser insectos o viseras.
Que porquerías comía el cazador?
Como extrañaba las abundantes comidas del palacio. Cada noche tenían una suculenta cena, con un lechón asado, mucha fruta y abundante vino. Pero en la cabaña con el cazador, solo tenían peces, agua y una que otra fruta silvestre.
Su estomago volvió a gruñir.
Desde hacía mucho rato Heero había desaparecido y ahora él había salido de la cabaña para buscarle. No sabía por que le preocupaba que Heero no estuviera ya de vuelta, después de todo, él vivía en esas tierras desde hacía tiempo y debería conocerlas. No tenía por que preocuparse que algo le pasara. Debería preocuparse por si mismo, de noche no se veía nada y podía caer en alguna de las trampas que el cazador había colocado alrededor de su cabaña.
Levanto la vista al percatarse que la luz de la luna se colaba entre las ramas de los árboles, por la parte trasera de la cabaña. Se veía hermosa. Era enorme, redonda y blanca. Se podía decir que era luna llena. Las estrellas brillaban en todo el cielo y no había una sola nube que la tapara.
Por fin esa noche el compromiso con Hilde Schbeiker sería cancelado al no estar él presente. Estaba seguro que su tío no seguiría con el plan de casarlo y que el rey Schbeiker no estaría muy complacido con demorar la boda una vez más después de que la había estado demorando por varios años. También estaba seguro que Hilde no le odiaría por ello, sabía por la bruja One que la princesa Schbeiker tampoco quería casarse.
Ahora podía regresar a palacio. pero si su tío le obligaba a casarse se tendría que ir al reino Schbeiker y no era lo que quería. No, ya no. Había muchos cambios que hacer en el reino Low. Tenía que quedarse por lo menos tres meses más. Hasta que tuviera 21 y pudiera subir al trono.
Diablos!, tenía que soportar al cazador durante tres meses?
Siguió el pequeño sendero que iluminaba la luna y se topo con una fogata y bajo ella estaba Heero viendo al cielo. Alrededor de la fogata había algo que se estaba asando y olía en verdad delicioso. No es que tuviera tanta hambre, pero comer solo peces ya le estaba hartando. Y eso que se cocinaba en la lumbre, no parecía ser un pez y comenzaba a oler delicioso.
-- Vaya, hasta que te encuentro! - dijo Duo parado a un costado del cazador para después voltear al cielo a ver la luna cuando no recibió respuesta de este - es una linda luna llena, verdad?
-- Aun no es luna llena - aseguro Heero haciendo que Duo abriera los ojos por la sorpresa - aun faltan dos días.
-- Yo hubiera jurado que es luna llena, por que se ve tan redonda - dijo Duo. Pero Heero no le dirigió la palabra y en cambio camino hasta donde estaba la fogata y tomo una de las varas.
Duo vio expectante como Heero se sentaba alrededor del fuego y soplaba a lo que parecía ser carne sobre una rama. Su estomago volvió a protestar al percibir el aroma de la carne en ella.
Los ojos cobaltos del cazador se fijaron en los violetas que veían la carne que sostenía en sus manos. A caso siempre tenía hambre? No se acababa de comer dos peces en la cabaña y toda la canasta de granos?
-- Quieres? - pregunto el cazador tendiendo la rama que tenía en las manos.
-- Si, muchas gracias! - dijo Duo sentándose del otro lado de la fogata y tomando la punta de la rama que el cazador le tendía.
-- No puedo creer que aun tengas hambre, después de todo lo que comiste - murmuro el cazador.
-- Yo como muy bien! - dijo Duo con una sonrisa, dando la primera mordida a la carne.
Heero dejo vagar su vista sobre el vagabundo. Sus manos eran finas y cuando las vio la primera vez no tenían huellas de trabajos rudos. Un día después no podía decir lo mismo, el trenzado había tenido que hacer muchas cosas a las que seguramente no estaba acostumbrado.
Pero ese día había descubierto dos cosas más en ese vagabundo trenzado. La primera y muy importante, es que su cabello creía muy rápido. Jamás había escuchado de alguna raza que tuviera ese don sobre el cabello. Cuantos no estarían dispuestos a pagar por saber como hacía para que creciera tan rápido?. Y la segunda y no menos importante. El vagabundo había podido montar a Zero. Solo había dos respuestas para esto: Una, Zero se había vuelto manso al escaparse el día anterior o Dos, el trenzado sabía como controlar a los animales. Bueno, esos dos últimos puntos ya los comprobaría mañana.
-- Que rico!! - dijo Duo sacando a Heero de sus pensamientos y saboreando la carne que le había tendido sobre una rama de árbol - este manjar es exquisito, sabe delicioso. Que es? Nunca había comido algo tan sabroso...
-- Es carne de víbora - dijo Heero de forma fría.
Duo sintió como las nauseas llegaban de su estomago hasta su garganta y rápidamente se paro devolviendo por completo el estomago.
-- Como... como puedes comer eso? - dijo terminando de devolver el estomago.
-- No sabías que la carne de víbora es medicinal? - aseguro Heero viendo los exagerados gestos del trenzado.
-- Yo no estoy enfermo!! - recrimino Duo sintiendo que las nauseas regresaban al ver como Heero seguía comiendo y tapaba su boca con su mano.
-- Lo dicho, para ser un vagabundo eres muy débil...
-- No lo soy!!, soy muy fuerte!! - gritó Duo haciendo que Heero levantara la vista para verlo - pero yo no como porquerías, quizá por eso tienes ese carácter tan agrio. Por toda la cantidad de basura que comes. Serpientes, insectos, vísceras... yack!, luego esas horribles sopas que huelen a rayos!! De verdad que no se por que cocinas todo eso!!
-- Por que si - fue lo único que contesto Heero.
-- Pero vas a enfermarte si comes tanta porquería - aseguro Duo de forma efusiva.
-- Y por que habría de importarte que me enferme o no? - cuestiono Heero arqueando una ceja y haciendo que un rubor apareciera en las mejillas del trenzado.
-- Tienes razón!, a mi no me importa que te enfermes o no. A mi me tiene sin cuidado que te mueras o sigas vivo. Total, si te mueres salgo de mi deuda más pronto.
-- Eso quiere decir que esta noche no intentaras irte? - volvió a cuestionar Heero viéndolo fijamente.
-- No!, no me voy a ir hasta que te pague. Te dije que te pagaré y eso haré - dijo Duo algo alterado.
-- Dijiste el primer día que me pagarías, pero en cuanto se hizo noche intentaste huir.
-- No!, te dije que me quedaría ha hacer los quehaceres del día y eso hice, no me fui. Pero ahora te prometo que me quedare aquí, contigo, hasta que te pague hasta la última moneda de oro que te debo.
-- Me estas dando tu palabra? - cuestiono Heero levantándose del tronco en el que permanecía sentado y haciendo que su capa y su cabello, ligeramente largo, ondulara con el viento.
-- Te doy mi palabra - dijo Duo extendiendo la mano a Heero para cerrar el trato.
Pero Heero solo cruzo los brazos sin tomar la mano blanca y delgada que el trenzado le estaba extendiendo. Duo apretó los dientes y bajo la mano a un costado de su cuerpo con enojo. Era la segunda vez que le extendía la mano y el cazador lo rechazaba.
-- Eres un arrogante!! - grito Duo.
-- Por que lo dices? - cuestiono Heero viéndolo fijamente.
-- Te estoy dando la mano en señal de amistad y tú la rechazas como si yo tuviera una enfermedad y con ella pudiera matarte - Heero solo le dio la espalda y comenzó a caminar.
-- No necesito amigos, solo limítate a servirme. Ahora recoge todo y apaga la fogata, ya es hora de dormir.
Las palabras que Duo repetía desde la parte detrás de la cabaña, Heero podía oírlas. Hasta sus oídos llegaban las palabras, "arrogante", "mal nacido", "bastardo", "insensible", "odioso", "ogro". y otras más.
Había sacado las manos de sus guantes y las observaba a la luz del fuego de la chimenea dentro de la cabaña. Cuanto deseaba haber podido darle la mano al trenzado, sentir la calidez de otra piel diferente a la suya entre sus manos. Pero no podía tocarlo. si lo hacía lo estaría condenando a la muerte.
Por que con su solo contacto provocaba muerte?.
Por que sobre él pendía esa maldición que le obliga a no tener ningún tipo de contacto físico con nadie? .
Que había hecho para merecer ese castigo?
Humano? Había dicho que él era humano. no, él era la muerte.
Enterró la cabeza entre sus manos y se obligo a si mismo a no recordar cuantas veces alguien había muerto en sus brazos, tan solo por tocarlo.
Continuara.
Notas de la Autora:
Mil disculpas por la tardanza en la continuación de esta historia, pero me encontraba con una gripa de esas que te duran semanas y no te dejan pensar.
Mil gracias a Bony por darme la anécdota de las gallinas, jejejeje. Ya ven que no solo Duo tiene problemas con los animales de granja.
Gracias a mis amigas, Faby, Claudia2174, Xcaret y Bony por su apoyo y amistad.
Comentario extra, en el capitulo anterior olvide mencionar que significa EUNUCO. Un Eunuco es la persona que se encarga de cuidar a las concubinas del rey en un harem. Generalmente se les corta la lengua y el miembro. Por eso el reclamo de Duo a Heero de quererlo convertir en eunuco, jejejeje.
Espero que este capitulo haya sido de su agrado.
Comentarios, sugerencias, tomatazos a: maryluz_mty@yahoo.com
Review contest:
Angeli Murasaki: Jejejejeje, confieso que lo hice apropósito eso de la frase, para que pensaran mal, jejejeje. Me gusta hacer eso con mis historias. Gracias!!!
Miaka Yuy: Pues Heero sabe y de mala manera, jejejeje. Pero eso ya lo viste, nop? De todas formas más adelante se vera más de eso.
Hikaru Itsuko: Ojalá la trama te siga atrapando y que siga así hasta que llegue al final. Realmente lo espero!!
Denisse: Si!, tienes razón, Zech no es tan malvado, jejeje. Es como la conciencia de Traize, jejejeje.
Devil1: De nada!, que bueno que te gusta la historia.
Aguila Fanel: Que bueno que te va gustando la trama, ojalá que este capitulo también te haya gustado. Pero ya vez que Duo es muy terco y no se da pro vencido con el trabajo, jejejeje. Sobre Quatre y Trowa, pues ya vez, las cosas son por las ordenes, y por esa ley que hay en el reino Low.
