Los Herederos de Low
Gundam Wing
Por Maryluz
Pairings: 1x2, 34, 5H?
Category: Shonen Ai, fantasia, AU.
Raiting: PG-13.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de GW, esta solo es una historia de fanáticos para fanáticos.
Warnings: Shonen ai.
-- Dialogo -
"Pensamientos "
Capitulo 15EL FUTURO NO ESTA ESCRITO
Warning: Se que me van a odiar, pero además de la escena NC-17 aparece alguien a quien odian (la mayoría), mátenme cuando lleguen al final, si, este si es el final. Espero que lo disfruten.
Heero había abandonado la biblioteca poco después de que salió Duo y camino a oscuras por los pasillos que le llevarían hasta la habitación del trenzado. Podía ver claramente sin la necesidad de las antorchas, por lo que no le fue difícil localizar la puerta.
Abrió sin tocar y entro cerrando a sus espaldas. Pensaba encontrar a Duo dormido en su cama, pero se sorprendió al no encontrarlo en ella. En donde se había metido el trenzado?.
Se acostó para esperarlo con la ropa puesta, no debería estar muy lejos, quizá hablaba con su primo. Pero estaba tan cansado, que no se dio cuenta en que momento se quedo dormido.
Caía agua en cascadas, como un chorro que se estrellaba en un recipiente...
Comenzó a pestañear al escuchar sonidos cercanos. La luz de la mañana se colaba por entre la tela de la cortina que cubría la ventana. Un viento fresco llegó hasta su rostro y se incorporo en la cama aun escuchando el sonido que le había despertado.
Giro su rostro de un lado a otro tratando de reconocer el lugar. Una habitación lujosa, llena de acabados en oro y fuerte mobiliario de acero y madera. Vio sus ropas arrugadas, eran finas, como las de los nobles. Dejo caer su cabeza entre sus manos al llegar todos los recuerdos de los últimos días de golpe. Era el futuro rey de Low y estaba en la habitación de Duo. Solo que este no había llegado en toda la noche.
-- MAJESTAD!
El grito de una mujer le distrajo de sus pensamientos y giro su rostro hasta donde ella estaba parada. Lucía ropas sencillas, como la que usaban las mujeres en el pueblo, su cabello lucía cubierto por una pañoleta, pero de el escapaban algunos hilos de cabello en color gris. Llevaba entre sus manos un enorme garrafón de cobre. Al parecer era quien hacía el ruido del agua. La mujer mantenía su cabeza baja y temblaba de pies a cabeza. Que era lo que le había asustado tanto?
Se bajo de la cama calzándose las botas a toda prisa y camino hasta ella.
-- Por que tiemblas? – pregunto sin entender la actitud de la mujer.
-- Lamento mucho haberlo despertado – dijo sin levantar la cabeza del suelo – pero yo no sabía que el príncipe Maxwell y usted habían intercambiado habitaciones – cuantas veces su excelencia Traize le gritaba por despertarle y le castigaba con azotes por tal atrevimiento. No sabía como era el príncipe Low y eso le aterraba. Sabía que su majestad Duo era dulce y risueño y él les tenía dicho lo del baño, pero jamás se imagino encontrase a quien sería el rey en su lugar.
-- No importa, sabes donde esta Duo? – pregunto de nuevo a la mujer que mantenía la cabeza baja – y puedes verme cuando te hablo? – la mujer levanto la cabeza con miedo, pero pudo verle sin temblar. Sus ojos azules se veían serenos, no parecía molesto porque le hubieran despertado. Quizá era tan noble como los príncipes Duo y Quatre. Sintiéndose un poco más tranquila, pudo contestar.
-- Lo lamento. El príncipe Maxwell nos tenía dicho que por la mañana le preparáramos el baño, por eso lo hice. Creí que el príncipe seguía durmiendo aquí. Pero no lo he visto, no fue mi intención...
-- No te preocupes. Yo tomare el baño por él – la mujer sonrió de forma luminosa, realmente era bueno, no como su excelencia Traize.
-- Quizá el príncipe Maxwell sigue en su habitación, no suele levantarse a estas horas – dijo sonriendo la mujer.
-- Con Quatre, quieres decir – trato de entender.
-- Oh, no, el príncipe Winner se levanta muy temprano, él ya se encuentra en el comedor desde hace un buen rato.
Así que el rubio ya estaba en el comedor y Duo aun no daba señales de vida. Quizá la mujer tenía razón y seguía dormido y el único lugar que se le venía a la mente en donde podía estar era en la que debía ser su habitación.
-- Quiere que le traiga algo de ropa de su habitación majestad? – pregunto la mujer algo animada haciendo que Heero le viera fijamente.
-- Ropa?, a que ropa se refiere? – sabía que las ropas que traía puestas eran las de Duo, quizá los pantalones le quedaban algo cortos, pero bajo las botas no se notaban. La ropa del rubio seguramente no le quedaría, era más delgado y bajo que ellos. De donde sacarían ropas para él?, tenía planeado tomar ropas del trenzado, al fin y al cabo estaba en su habitación.
-- El príncipe Winner mando traer algunas prendas para usted el día de ayer. Si necesitan algún arreglo, yo lo haré con todo gusto majestad- así que el rubio había pensado en todo.
-- Puede seguir con lo que hacía – dijo Heero abriendo la puerta de la habitación – yo mismo traeré mis ropas – termino cerrando la puerta y dejando a la mujer adentro sumamente confundida.
Duo parpadeo de nuevo viendo como la luz dentro del cuarto comenzaba a subir por las paredes. Tenía mucho rato de haberse despertado, pero no quería aun salir de la habitación. Sabía que si Heero había ido a buscarlo en la noche, estaría muy molesto con él por no haber estado donde le había dicho.
Era mejor rehuirle por ese día, el día siguiente ya era el juicio. Estaba seguro de que haría un magnifico papel, rogaba a los dioses por eso. Entonces subiría al trono y mientras le coronaban, el aprovecharía el tiempo para salir del palacio.
Sería bueno quedarse en la habitación, al fin y al cabo, Heero no parecía que la fuese a ocupar. Pero su estomago ya protestaba por el hambre y además, necesitaba darse un buen baño y cambiarse de ropas.
Se incorporo en la cama y vio por la ventana. Ya había mucha gente afuera. El barullo de todos los días volvía a escucharse. Era como si las cosas estuvieran volviendo a la normalidad. Sin embargo, seguía habiendo muchos soldados en el traspatio del palacio.
Se calzó las botas, se ató solo una cinta en el cabello y trató de acomodarse la ropa lo mejor que pudo. Ya que se había quedado dormido con ellas puestas, estas estaban muy arrugadas. Iba a ir a su habitación por ropa, era seguro que a esa hora ya le tuvieran listo el baño y que Heero ya estuviera en la biblioteca estudiando las leyes o quizá en el comedor desayunando con Quatre.
Así que de forma alegre abrió la puerta de la habitación, dispuesto a ir a su cuarto.
-- Duo
La voz la reconoció de inmediato y cerró la puerta a la carrera dejando parte de su capa atrapada con ella. Pudo ver como Heero se acercaba a él con el ceño fruncido clavando su vista cobalto en sus ojos violetas y él sin poder salir corriendo debido a su capa atorada, por más que la jalaba, esta no parecía querer ayudarle. Se sintió intimidado por la frialdad con la que le veía. Sentía que estaba a punto de enfrentarse contra el dragón de su tío. Pero este era Heero, quizá sería mejor enfrentarse a un dragón y no a la furia de su primo.
-- Buenos días Heero – dijo Duo tratando de sonreír, y dejando la capa en paz, al ver como Heero se plantaba muy cerca de su cuerpo.
-- Donde demonios te metiste toda la noche? – pregunto sin contestarle el saludo. Duo trago saliva, si estaba molesto. Pero eso le daba una idea.
-- Pues estuve en tu cuarto – dijo triunfal, al fin y al cabo, pudo ser una mala interpretación.
-- En mi cuarto?
-- Si, en este – dijo apuntando la puerta de la que había salido.
-- Te dije que fueras a tu cuarto, no al mío – dijo frunciendo más el ceño.
-- Ah, disculpa, entonces te entendí mal – dijo riendo – pensé que dijiste que fuera al cuarto, creí que era al tuyo – dijo Duo tratando de sonar sincero. Pero Heero le ponía nervioso, estaba tan cerca de él que podía percibir su aroma. Su aliento cada vez que hablaba chocaba con su piel y le hacía estremecer.
-- Me da la impresión de que mientes Duo – aclaro Heero – estas rehuyendo de mi? – Duo levanto la mirada de forma sorprendida al escucharlo.
-- Por que piensas eso? – cuestiono. Quizá si era lo que hacía, pero por un momento pensó que estaba siendo sutil. O realmente Heero era muy listo. Debía ser la segunda.
-- Estas arrepentido? – cuestiono de nuevo haciendo que Duo se sonrojara. Sabía lo que le preguntaba, pero no era ni la hora ni el momento, y mucho menos el lugar para hablar de eso – contéstame Duo, estas arrepentido? – cuestiono de nuevo tomándolo por los hombros y acercándolo más a él.
Duo trago saliva nervioso, por todos los dioses, necesitaba que alguien le salvara de responder!... quería decirle que no lo estaba y jamás lo estaría. Que quería volver a entregarse a él con toda su alma. Que si seguía mirándolo de esa forma, le importaría un comino la ley que prohibía relaciones entre personas del mismo sexo y le pediría que lo volviera a repetir allí mismo, en el pasillo.
-- Duo? – cuestiono de nuevo Heero haciendo que Duo abriera la boca para contestarle.
-- Majestades...
La voz de un guardia les distrajo y Heero soltó los hombros de Duo haciendo que esté respirara aliviado y diera gracias a los dioses por haberlo salvado de hacer una locura allí mismo.
-- Disculpe que les moleste, pero acaban de llegar los reyes de Catalónia y Schbeiker y quieren hablar con su majestad Odin – Heero curvó sus labios con disgusto. Por eso le habían interrumpido de algo importante?
-- Diles que se marchen, no atenderé a nadie hasta después del juicio – dijo Heero dándole la espalda al guardia.
-- Como ordene majestad – dijo el guardia dándose la vuelta para partir.
-- No, espera! – grito Duo alarmado haciendo que el guardia se detuviera y Heero le mirara con una ceja alzada. Duo se giro para verle – Heero no conoces aun el protocolo de la realeza, no puedes pedirle a un rey que se marche!.
-- Entonces que debo hacer? – pregunto sin entender.
-- Deja me encargo de esto, después nos aseguraremos de enseñarte – dijo sonriendo para voltear a ver al guardia – mande llamar al ministro Darlian para que atienda a los reyes. Hágales preparar sus habitaciones en el palacio y avíseles que después del juicio su majestad Low les concederá audiencia.
-- Como ordene majestad – dijo el guardia haciendo una breve inclinación ante Duo y Heero, para después marcharse.
-- Por que he de atenderles? – pregunto Heero a Duo sin entender.
-- Son reyes Heero, los que pueden establecer alianzas o provocar guerras, no puedes pedirles que se marchen sin haberles visto. El protocolo indica que debe dárseles alojamiento hasta que les atiendas – Explico Duo – además teóricamente Hilde sigue siendo mi prometida y Dorothy la prometida de Quatre.
Los ojos de Heero se achicaron al escuchar lo que Duo mencionaba. La simple mención del compromiso le hizo sentirse furioso de nuevo. Lo tomo fuertemente de los hombros para encararlo.
-- Tú ya no estás prometido con nadie – dijo de forma fría haciendo que Duo le viera sorprendido – ese compromiso quedo cancelado el día en que huiste del palacio. Y contrajiste otro muy diferente conmigo hace dos noches.
Duo volvió a sonrojarse al escuchar lo que Heero dijo, al parecer el que no hubiera aparecido la noche anterior en su habitación le había molestado y el mencionar el antiguo compromiso con Hilde no aminoraba en nada su mal humor.
-- Pero el compromiso no se ha cancelado públicamente – intento explicar Duo, pero al sentir la presión que Heero ejercía sobre sus brazos, decidió callar.
La mirada de Heero estaba clavada en la violeta de forma fija. No iba a permitir que Duo se separara de su lado. No ahora que le necesitaba más que antes. No ahora que podía tocarlo y sentir esa piel suave entre sus manos que era como un elixir que le pedía a gritos volver a probarlo. La mirada violeta tan llena de luz le observaba de forma extraña. Claro, era de esperarse, pocas veces le había visto tan enojado como lo estaba ahora. Y ese enojo justificaba que le hiciera daño? Por que eso hacía al sujetarlo tan fuerte de los brazos.
Tenía que calmarse. Por que si no lo hacía, no solo Duo resultaría dañado. Sus dones podrían provocar algún accidente lamentable. Respiro profundo, antes de seguir hablando.
-- Si Wufei te escucha decir que sigues prometido con la princesa Schbeiker te haría pedazos con su espada – dijo Heero soltándolo de forma abrupta. Duo sonrió al parecer el mal humor se le estaba pasando.
-- Y tu permitirías que me hiciera daño? – cuestiono entre risas, tratando de bromear.
-- Si sigues mencionando ese asunto del compromiso, teóricamente... si.
-- Heero! – reclamo Duo entre dientes.
La puerta de la habitación de Duo se abrió y una mujer con un par de recipientes de cobre salió de ella haciendo que Duo y Heero voltearan a verla. La mujer sonrió al verles juntos.
-- Majestad Low, el baño esta listo. Y usted príncipe Maxwell, gusta que le prepare el baño también en la habitación en la que estuvo? – pregunto de forma alegre.
-- No se moleste, Duo tomara el baño en su habitación – contesto Heero a la pregunta de la mujer.
-- Pero... - trato de protestar el trenzado mientras la mujer solo parpadeo sin entender.
-- Vamos, aun no terminamos de hablar – dijo Heero tomando a Duo del brazo haciendo que la capa se rasgara por el tirón – avise que nadie nos moleste – dijo a la mujer de forma autoritaria.
De forma rápida lo metió a la habitación y cerró a sus espaldas atravesando el pasador en la puerta para que nadie les molestara. Duo parpadeo nervioso, estaba a solas con él. Ningún guardia estaba afuera. Desde su llegada, todos los soldados habían sido destinados a una unidad y aquellos que custodiaban los pasillos de las habitaciones habían sido removidos de sus cargos para ocupar otros más importantes.
Nadie les iba a molestar... esa había sido la orden.
Sintió que su corazón saltaba del pecho cuando vio la mirada de Heero recorrerle de pies a cabeza. Ese brillo en sus ojos no había desaparecido, le perturbaba, le ponía nervioso. Su cuerpo temblaba de forma inconsciente solo al verle. Era como si Heero le acariciara suavemente con su sola mirada.
Necesitaba distraerse, dejar de verlo. Por que si tan solo Heero se acercaba, iba a querer que le poseyera y no podía permitirse esa locura. Solo faltaban un día para el juicio y quien sabe, si todo salía bien, quizá ese mismo día le coronasen rey y él tenía que irse.
Así que se giro dándole la espalda para ir hasta su armario a sacar un poco de ropa. Mientras intentaba distraerse y distraer a Heero hablando de cualquier tontería.
-- Te gusta la ropa Heero? – pregunto sacando unas cuantas prendas y extendiéndolas sobre la cama – Se que Quatre trajo algunas cuantas para ti y las dejo en tu habitación. Conociendo los gustos de mi primo, estoy seguro que serán de tu agrado. Aun que son sedas brillantes como estas. Quizá estés acostumbrado a colores más oscuros, pero...
-- Quieres guardar silencio? – dijo Heero interrumpiéndolo y acercándose a Duo peligrosamente.
-- He... Heero – murmuro al sentir los brazos de Heero sobre sus hombros haciéndolo girar de forma lenta – que sucede?
-- Eso es lo que te pregunto. Que sucede Duo? – cuestiono viéndolo fijamente.
Pero Duo camino alejándose de él para llegar hasta donde descansaba la bañera de cobre. El agua se veía maravillosa, salpicada de pétalos que despedían un olor a hierbas. Se giro de nuevo para ver a Heero que no había apartado su mirada de él en ningún momento.
-- No sucede nada Heero. Quizá aun estoy un poco aturdido por todo lo que ha pasado y lo que aun esta por pasar – Heero suspiro acercándose de nuevo a él.
-- Si, tienes razón. Ambos estamos igual...
-- Puedes salir? – dijo Duo viendo de nuevo a Heero, quien levanto la vista al escucharlo – quiero darme un baño – contestó a la pregunta que Heero le hacía con la mirada.
Heero solo curveo la boca y dio dos pasos para estar más cerca de Duo. Levanto la mano y jaló las cintas de la capa del trenzado haciendo que esta cayera a sus pies. El corazón de Duo comenzó a palpitar de forma acelerada, que es lo que estaba haciendo Heero al quitarle de esa forma la capa?
-- Tu cabello ha crecido muy rápido – dijo Heero dejando deslizar una de sus manos por el cabello de Duo, arrancando en su camino la cinta con la que lo detenía, dejando que se deslizara de forma suave entre sus dedos hasta volverse a acomodar en su espalda.
-- S... si, crece muy rápido – dijo de forma nerviosa al ver como la mirada de Heero le recorría – puedes ahora... dejarme – volvió a pedir de forma suave. Pero su voz parecía pedir lo contrario.
-- No pareces muy convencido – dijo Heero en igual tono dejando que su mano tomara la tela de la camisola y comenzara a elevarla por el cuerpo de Duo de forma lenta, provocando ligeros estremecimientos en Duo por las caricias que la tela y los dedos de Heero causaban en su piel.
Era una sensación demasiado placentera, los dedos de Heero recorrían su piel con forme la tela iba subiendo. Le hacía estremecer, le hacía detener el aire. Pero no estaba nada bien, tenía que detenerlo. Al siguiente día todo iba a acabar y no quería irse con el corazón hecho pedazos.
Así que tomo la tela junto con las manos de Heero y la volvió a bajar de forma firme para acomodarla a su cuerpo.
-- Lo estoy diciendo en serio Heero – dijo Duo tratando de imprimir una seguridad que no sentía.
Heero solo lo observo, pero retrocedió levantando las manos en señal de derrota. Lejos de sentirse bien por ese acto se sintió desilusionado. Por que sentirse así?, que a caso no era lo que quería?, que Heero lo dejara bañarse?. Entonces por que si se detenía le dolía esa acción? A caso quería que siguiera insistiendo hasta que quien se rindiera fuera él?
Si, para que negarlo...
Quería que Heero siguiera insistiendo hasta que consiguiera rendir a su conciente, hasta que lograra, como hacía dos noches, que su corazón mandara sobre la razón. Pero al parecer no era algo que Heero fuese a hacer en esos momentos.
Vio de reojo como Heero salía de la habitación, así que aprovecho para terminar de sacarse las ropas y meterse al agua de la bañera. Era probable que Heero se hubiese ido de nuevo a la biblioteca y le dejara solo con sus pensamientos.
Sentía el agua refrescar su cuerpo, y eso le recordaba aquellas ocasiones en que se metía al estanque en el bosque negro. El aroma de las flores silvestres impregnaba su cuerpo y su cabello. Cerró los ojos y se sumergió en el agua tratando de invocar esos recuerdos. Jamás volvería a tener recuerdos como esos al lado de Heero.
A penas hubo salido del agua para respirar, sintió como el agua se agitaba a su lado y alguien entraba sujetándolo por la espalda.
-- Heero! – dijo al percatarse de quien era al observar las ropas del cazador tiradas a un lado de las suyas – esto es muy chico para los dos.
-- No lo creo – murmuro Heero a su oído dejando que su rostro descansara en la espalda húmeda del trenzado – cabemos los dos muy bien.
Duo comenzó a reír de forma alegre mientas su piel comenzaba reaccionar ante la cercanía del cuerpo de Heero. La bañera de cobre les proporcionaba una intimidad exagerada. Era chica, tenían que estar uno pegado al otro y eso le gustaba mucho.
-- Heero – dijo entre risas – en verdad no cabemos, debería salir si tanto quieres bañarte, o esperar hasta que yo termine.
-- Si me espero hasta que termines, el agua se va a enfriar – dijo dejando deslizar su mano por los brazos del trenzado haciendo que un estremecimiento le recorriera el cuerpo con el movimiento suave de los dedos de Heero sobre su piel – primero te ayudo yo, después lo harás tu - susurró al oído de forma suave haciendo que Duo cerrara los ojos disfrutando de la caricia.
Al no escuchar ningún comentario de Duo, Heero comenzó a recorrer de forma lenta los brazos de Duo, tomando el jabón y deslizándolo de forma suave sobre la piel de los hombros y la espalda.
Las caricias eran suaves, recorrían con exagerada lentitud cada pedazo de piel expuesta, haciendo que Duo retuviera la respiración por segundos, evitando que los sonidos escaparan de su boca. Heero pudo sentir como el cuerpo de Duo comenzaba a temblar ante el solo contacto de los dedos que escapaban de la redondez del jabón. Los suaves sonidos provenientes de los labios de Duo llegaban claramente hasta sus oídos y le gustaban. Sabía que Duo los estaba reprimiendo y quería oírlos de forma más fuerte, así que dejo que sus labios rozaran la fina piel de los hombros del trenzado, mientras sus manos masajeaban, dentro del agua, el abdomen de su compañero.
Un "Heero" escapó en forma de gemido de los labios de Duo mientras esté continuaba besando, recorriendo con la lengua la suave piel del cuello del trenzado. Mientras las manos de Duo acariciaban los costados de su cuerpo, haciendo que sus manos se movieran de forma frenética abajo del agua, tratando de tocar hasta el último punto del cuerpo de Duo.
-- Heero – volvió a decir de forma audible
Se giro solo un poco al sentir la mano de Heero subir por su pecho y tocar su barbilla, quería sentir sus labios de nuevo, saborear su esquisto sabor, sentir recorrer su lengua dentro de su boca. Los brazos de Heero lo apretaron aun más a su cuerpo, haciendo que su corazón latiera con fuerza dentro de su pecho, haciéndole jadear.
"Cual era la fuerza de este hombre que con solo el toque de sus labios le hacía reaccionar?". No debía dejarse llevar y sin embargo, estaba cediendo de nuevo.
Poco apoco la sensación del beso le fue haciendo perder la razón. De nueva cuenta cedía. Su corazón volvía a mandar sobre toda razón.
Que importaba ceder una vez más?, que importaba entregarse de nueva cuenta si al siguiente día todo iba a acabar?. Sería un recuerdo más que atesoraría en su corazón. Un último recuerdo de su amor por alguien a quien no podía tener.
Heero tomo a Duo por la cintura para acercarlo más a su cuerpo y profundizar el beso logrando que quedara de frente dentro de la reducida tina. De forma inmediata Duo cruzo sus brazos sobre el cuello de Heero sintiendo como sus cuerpos parecían amoldarse a la perfección. Heero lo abrazó aun más a su cuerpo profundizando de forma apasionada el beso que el daba, sin poder detenerse, comenzó a elevar al trenzado fuera de la tina. Con mucho cuidado y procurando no resbalar, camino desnudo por la habitación llevándolo hasta la amplia cama que había ocupado apenas unas horas antes. Donde lo estuvo esperando para hacer lo mismo que hacían ahora. Por lo menos esta vez no rehuía de él como intuía lo había hecho la noche anterior.
El aliento caliente que provenía de la boca de Heero comenzó a cubrir el pecho desnudo de Duo, al ser depositado gentilmente sobre la cama. Un estremecimiento le hizo sacudir el cuerpo completo cuando sintió como Heero comenzaba a besarle el pecho y subía de forma lenta pasando con sensualidad sus labios por el cuello, acariciando y besando haciéndole gemir de forma sonora.
-- Haa, Heero! – escapo un gemido de los labios de Duo de forma inconsciente haciéndole cerrar los ojos con fuerza, tratando de detener un poco el acelerado latir de su corazón sin lograrlo.
Los labios de Heero viajaron lentamente hasta el pecho de Duo, sentía su cuerpo actuar por sí solo, y continuó con aquel juego de caricias y besos que lo enloquecían. Se detuvo en uno de sus pezones. Comenzó a chupar y morder delicadamente, haciendo que de los labios de Duo escaparan jadeos de placer al sentirlas.
-- Heero!!
Duo levanto sus piernas de forma inconsciente entre lanzando la cintura de Heero con ellas, haciendo que su miembro ya excitado chocara con el firme estomago de Heero. Heero extendió una de sus manos para tomar el miembro excitado de Duo comenzando a masturbarlo con su mano, mientras seguía besando la suave piel del trenzado.
-- Ahh Heero...
Duo gimió de placer al sentir la calidez de la mano de Heero sobre su miembro, al sentir como su mano subía y bajaba sobre él lanzando corrientes eléctricas sobre su cuerpo haciendo que su respiración se descontrolara totalmente. Mientras la otra mano acariciaba su pecho, su pezón endurecido.
Un poco de líquido escapó del miembro de Duo mojando los dedos de Heero. Heero dejo de masturbar a Duo, extendiendo la mano mas abajo hasta llegar a su entrada expuesta por la posición que había tomado ante él. De forma lenta introdujo uno de sus dedos en la entrada del trenzado y comenzó a moverlo de forma lenta, prestando total atención a algún signo de molestia. Pero de Duo solo escapo un gemido de pasión de sus labios. Heero aprovecho ese gesto para dejar introducir un segundo dedo dentro de él.
-- Aaaahhh, Heero! – gimió Duo el nombre de su amante.
Al sentir la invasión arqueo la espalda sintiendo un espasmo de pasión invadirle todo el cuerpo. Respondiendo con movimientos rápidos de su cadera y vientre a los movimientos que Heero hacía en su entrada.
-- Duo – murmuro Heero de forma queda saboreando la sal que el sudor dejaba sobre la piel de su trenzado.
Los sonidos que escapaban de la garganta de Duo le exaltaban, le fascinaban y le excitaban. Se vio a si mismo gimiendo de forma sonora sin haberse dado cuenta. Esta vez no estaban en un campo, donde los soldados podían oírles, esta vez, las gruesas paredes del castillo de Low encubrían su entrega y les daban la libertad que hacía dos noches no habían tenido, pero que no les impidió amarse.
Heero retiro sus dedos de la entrada de Duo y lo acomodo entre sus piernas. Duo arqueo su cuerpo entrelazando aun más sus piernas a las caderas de Heero para acercarse más al miembro de Heero, para sentir su calor, su excitación en su entrada.
-- Ah!
Solo fue un leve quejido el que escapo de los labios de Duo, antes de que los labios de Heero pudieran capturar el grito que escapaba de su garganta. Duo entrelazo su mano con la de Heero, mientras con la otra lo abrazo fuertemente a su cuerpo, dejando que el miembro de Heero entrara por completo en él.
Heero comenzó a moverse al sentir los movimientos de Duo, haciendo que su vientre chocara con el miembro despierto de su trenzado. Los movimientos eran envolventes, lentos al principio, ajustando su ritmo al impuesto por los de Duo, dejando que él se moviera primero para que se acostumbrara a la invasión para después poder continuar él con el ritmo.
-- Ah Duo... - murmuro Heero en un gemido al oído de su amante.
Las embestidas comenzaron a ser más y más fuertes, haciendo que los gemidos de Duo escaparan de forma más sonora. Cada sonido que escapaba de sus bocas hacía que el placer se incrementara.
Heero volvió a extender una de sus manos sobre el sexo del trenzado moviéndolo de forma similar a sus envestidas.
-- Ah, Heero!! – gimió Duo
Y con un último gemido Duo expulsó su semilla sobre la mano y cuerpo de Heero, siendo este detonante el incentivo para que Heero derramara su semilla dentro de Duo.
-- Duo...
Totalmente agotado y con el cuerpo sudoroso Heero se dejo caer sobre el cuerpo del trenzado para besar su pecho mientras cerraba los ojos para descansar un poco y dejar que su respiración se normalizara.
Duo se abrazo al cuerpo de Heero que mantenía su cabeza recargada contra su pecho, mientras su cabello suelto se pegaba a su cuerpo sudoroso. Su corazón latía aun acelerado y su respiración no parecía querer regularse.
-- No sabes cuanto te amo – murmuro Duo, sintiendo como los brazos de Heero lo rodeaban de forma posesiva.
-- Lo se Duo, claro que lo se – dijo entre jadeos.
Un risa tranquila inundo el cuarto por breves segundos, mientras Heero se incorporo un poco para ver los ojos divertidos de color violeta. A que se debía esa repentina risa?
-- Puedo saber que es tan gracioso? – pregunto de forma severa enarcando las cejas con disgusto. Duo sonrió de forma luminosa, dejando que uno de sus dedos acariciara la mejilla de Heero.
-- Ahora deberemos bañarnos con el agua helada...
Una mueca en forma de sonrisa apareció en el rostro de Heero al saber el motivo por el cual Duo se había reído de esa forma.
-- Quizá podamos calentarla de nuevo – dijo Heero acercándose de nueva cuenta a los labios del trenzado para arrebatarle de forma apasionada un beso.
Quatre estaba sentado en el amplio comedor del palacio. Una gran cantidad de manjares eran servidos por diversos sirvientes, mientras esperaba pacientemente a que los reyes bajaran junto con el ministro Darlian para acompañarle a desayunar.
No pudo evitar que una enorme sonrisa se dibujara en su rostro cuando sintió una gran felicidad inundar su pecho. La preocupación que sentía por Duo se disipaba de forma rápida y adivinaba debido a que.
-- Puedo saber de que te ríes Quatre?
Quatre levanto la vista y pudo ver frente a él un par de ojos esmeraldas que le veían con detenimiento. No había sentido su presencia hasta que le hablo, y al verle su sonrisa se ensancho aun más.
-- Anoche estabas preocupado por Duo – dijo Quatre riendo, Trowa solo asintió – ya no tienes por que preocuparte, Heero lo esta convenciendo ahora mismo.
Trowa pudo comprender las risas del rubio y no pudo evitar que una risa acudiera a su rostro. Un profundo rubor apareció en el blanco rostro de Quatre al contemplar la mirada que Trowa le dirigía. Estaban a días de que su sueño se hiciera realidad.
La puerta del comedor se abrió y un sequito de guardias apareció seguido de una sola persona. La sonrisa de Quatre desapareció cuando pudo contemplar la figura de la princesa Dorothy Catalonia, caminando de forma segura hasta estar a un paso de él. Se levanto de forma caballerosa para saludar a la rubia, pero Dorothy desvió la vista hasta Trowa que permanecía detrás de Quatre en actitud defensiva.
-- Quiero que él se vaya – dijo apuntando a Trowa y hablando de forma imperativa – no voy a comer con un sirviente a mi lado – Quatre no cambio su expresión y solo observo a Dorothy de forma fija.
-- Trowa no es ningún sirviente, es mi pareja y amigo – afirmo haciendo que la sorpresa asomara al rostro de la rubia – y ya que estas aquí y que tu padre no tarda en presentarse, quiero que le digas que has decidido romper el compromiso que nos unía.
-- Pero Quatre! – trato de protestar.
-- Si no lo haces tu, lo haré yo, pero prefiero que sea tuya la iniciativa, así podrás decir que has sido tu la que lo decidió.
-- Por lo visto, te saliste con la tuya – dijo Dorothy viendo a Trowa con el ceño fruncido, para después darse la vuelta y salir del salón sin ver atrás.
Quatre bajo la vista de forma apesadumbrada, se sentía mal por Trowa. A pesar de que se habían criado juntos y eran amigos desde niños, Dorothy lo seguía viendo como un sirviente.
-- Lo siento Trowa – dijo sin verlo. Pero Trowa pasó sus brazos por sus hombros para abrazarlo a su cuerpo de forma firme.
-- No me importa lo que piensen los demás, solo me importas tu Quatre.
Los brazos de Trowa giraron el cuerpo del rubio para dejarlo frente a él. La enorme sonrisa en el rostro de Quatre le hizo saltar el corazón. No importaba lo que pensaran los demás, no le importaba lo que pensara el mundo entero, solo le importaba lo que pensara él...
-- Te amo Trowa – dijo Quatre parándose de puntillas para poder alcanzar los labios del arquero, quien de forma instintiva cerró sus brazos sobre la espalda del príncipe para atraerlo más a su cuerpo y poder responder a ese beso de forma apasionada.
Duo estaba frente al enorme espejo que descansaba sobre el grueso peinador de madera. Trenzaba sin cesar su cabello, mientras Heero seguía recostado en la cama, mirando con atención lo que hacía.
Duo observo por el espejo la mirada cobalto de Heero que no se le despegaba de encima y se dio la vuelta para verle de frente con el seño fruncido.
-- Que a caso no piensas levantarte ya? – reclamo viendo como Heero solo acomodaba un cojín bajo su cabeza y se acomodaba sobre la cama
-- No, estoy algo cansado – dijo de forma sería viendo fijamente a Duo. Duo frunció aun más el entrecejo.
-- Cansado?, pero de que estas cansado Heero?, aun no has salido de la habitación... - Heero solo se reclino sobre el brazo para verlo, mientras Duo se acercó hasta la cama.
-- Tu crees que es muy descansado estar arriba? – cuestiono levantando la vista hasta toparse con las enormes orbes violetas de Duo que permanecían muy abiertas por la sorpresa.
-- Pues para la próxima vez, tu estarás abajo?, así no te cansaras...
-- Eso es una invitación? – pregunto Heero jalándolo por el brazo, interrumpiendo su reclamo y haciéndolo caer hasta la cama con un intenso rubor sobre sus mejillas.
Pero que había dicho?, sabía que no habría una próxima vez, no debería haber una próxima vez. Y lo había dicho con una seguridad... que su propio corazón parecía saltar de su pecho. Latía a toda prisa mientras veía de forma detenida la mirada de Heero. Se veía ahora tan pacifica, tan serena. Nada parecida a la frialdad que parecía reflejar sus ojos la primera vez que le vio.
Cerró los ojos al ver como el rostro de Heero se acercaba al suyo para demandar un beso. Sentía su lengua recorrer su boca, mientras sus manos se deslizaban de forma lenta hasta la parte baja de la camisola. Volvían a empezar el mismo juego de hacía un rato...
Pero un fuerte golpe en la puerta hizo que Heero se detuviera y que Duo abriera los ojos al escuchar una voz femenina que le hablaba.
-- Creí haber dicho que no nos molestaran – murmuro Heero dejándose caer a un costado de la cama y cubriendo su cabeza con una de las almohadas.
-- Vamos Heero, estoy seguro que debe ser algo importante – dijo Duo levantándose de la cama para dirigirse hasta la puerta – allí te vas a quedar? – pregunto girándose para verlo antes de abrir la puerta. Heero solo asintió. Entonces Duo volvió a girarse y abrió.
-- Duo!, cuanto me alegra volver a verte!...
Heero se quito la almohada para poder ver de forma clara quien era la chica que al ver a Duo se había lanzado a sus brazos con suma emoción haciéndolo retroceder ligeramente por el impulso. Pero Duo lejos de molestarse o sorprenderse, se veía muy contento y había comenzado a reír por lo que esa chicha había hecho. Un malestar comenzó a pulsar en su estomago al ver la escena. Apretó las manos fuertemente sobre la tela de la almohada mientras seguía observando, al parecer Duo se había olvidado de que él seguía allí. Pero, quien era esa chica de cabellos cortos?
-- Hilde! – dijo Duo con efusión abrazando a la chica de forma calida. Heero apretó aun más sus manos al entender que esta era la prometida de Duo. Aquella con la que debía casarse. Quizá Duo le había dicho que la quería como a una hermana, pero no podía evitar ese sentimiento que le hacía casi romper la tela de la almohada. Duo separó un poco a Hilde del abrazo para verla mejor – por los dioses Hilde, estas muy bonita, aun que te hayas cortado el cabello, lo sigues teniendo de zorrillo – dijo Duo riendo.
-- Duo!!!, tu nunca vas a cambiar! –reclamo la morena divertida – como se te ocurre decirme eso?
-- Tu sabes que solo estoy bromeando Hilde – dijo a su vez el trenzado riendo – pero dime, que haces en mi habitación? Yo debería ir a verte, no tu a mi. No sabes que eso no es propio de una princesa? – reclamo Duo entre risas.
-- Pues ya que no te has dignado a aparecer por el salón de reuniones, he venido yo a verte, por dos razones muy importantes – Duo abrió los ojos al ver la seriedad reflejada en la cara de Hilde. Pocas veces le hablaba de esa forma, siempre estaban riendo y bromeando, pero el que Hilde le hablara así de sería, era para preocuparse.
-- Y bien?. Estoy esperando – cuestiono al ver que la chica solo había bajado la vista y no decía nada. Hilde levanto la vista y sus ojos azules brillaron por unos momentos.
-- Vengo a romper nuestro compromiso de forma oficial.
Heero volvió a recostarse de forma más serena al escuchar las palabras de la princesa. Por un momento cruzó por su cabeza la idea de que la chica se arrepentiría de cancelar el compromiso y aun quisiera casarse con el trenzado.
-- Y por eso pones esa cara tan seria? – dijo Duo entre risas abrazando a Hilde de forma cariñosa – ese compromiso ya estaba cancelado. Quizá no de forma oficial, pero recuerda que por eso huí del palacio – Hilde sonrió a su amigo – y cual es el segundo motivo?
Un intenso rubor cubrió las mejillas de Hilde cuando escucho a Duo preguntar por el motivo de ir a verle. Pero como Duo aun la tenía abrazada no pudo ver la cara que ponía al cuestionarle. Para poder decirle, se puso de puntillas para llegar hasta su oído y de forma queda susurro unas palabras.
Duo sintió que la sangre comenzaba a hervirle al escuchar las palabras que Hilde decía de forma suave. No podía creer lo que la chica le decía y no estaba dispuesto a soportarlo.
-- QUE!!, PERO COMO SE ATREVIÓ! VOY A MATARLE CON MIS PROPIAS MANOS!
-- Vas a quedarte en tu lugar y no harás nada...
-- Majestad! – dijo Hilde volteando de repente hasta la cama donde Heero permanecía recostado.
Un intenso rubor cubría las mejillas de Hilde y este se había incrementado al ver a Heero. Estaba segura que aquello que le había dicho a Duo no había podido escucharlo el nuevo rey, pero su forma de callar a Duo y pedirle que no hiciera nada, le hacían dudar.
Heero se levanto de la cama y camino de forma segura hasta estar frente a la princesa que le veía de forma fija.
-- Maldición Heero, por que me dices que no haga nada? – pregunto Duo sumamente molesto.
-- Por que es algo que no te importa, es su vida, no la tuya.
-- Majestad, es que usted sabe? – pregunto Hilde sumamente sorprendida, Heero solo asintió – pero co... como lo supo? Yo, solo, Duo... - Duo vio a Hilde. Había olvidado que Heero estaba en la habitación y no pudo evitar que se enterara de aquello que Hilde le confiaba.
-- Heero tiene un oído muy fino Hilde, no habrá nada de lo que no se entere – Hilde bajo la vista terriblemente apenada y sonrojada. Pero levanto la vista al sentir la mano de Heero sobre su hombro.
-- Duo no hará nada de lo que dijo y te felicito por tu decisión – Hilde sonrió viendo a Heero a los ojos. Duo solo se cruzo de brazos muy enojado.
-- Gracias majestad.
-- Dime Heero, no me agrada que me digan majestad.
Hilde volvió a sonreír, Heero era una persona noble, sería un gran rey una vez que subiera al trono. Y verlo al lado de Duo le causaba una gran alegría. Podía ver la forma en la que Heero veía a Duo y Duo le regresaba la vista, que había un cariño muy especial entre los dos. No por nada tenía un sexto sentido que le indicaba cuando dos personas estaban enamoradas...
El día del juicio había llegado muy pronto. La noticia se había corrido por todos los reinos y muchos monarcas habían llegado para presenciar la justicia que sería impartida por quien sería el nuevo soberano de Low. Una buena parte había llegado durante la tarde y la noche del día anterior y a muy temprana hora, aun seguían llegando más. Muchos estaban a la expectativa, esperando los resultados del juicio, por que no se habían dado los pormenores del trato. Solo se sabía que si el futuro rey no impartía bien la justicia, sería remplazado por Lord Dekim Bartón, desconociendo al príncipe Odin Low como legitimo heredero. Había quienes estaban de acuerdo en que Lord Dekim fuese el nuevo rey de Low, pero la gran mayoría de los monarcas, apoyaban al joven príncipe.
Todos conocían la triste historia. Todos sabían de la profecía que traería cambios con el nuevo soberano. Y muchos rogaban por que esta fuera cierta y fuera el príncipe Odin de quien hablaba. Veinte años habían sufrido la dictadura de Traize Khrushrenada. No estaban dispuestos a soportar otros tantos con alguien a quien no aceptaban, como Dekim Bartón.
Los monarcas habían sido acomodados cerca del trono de los reyes, del lado izquierdo, mientras la gente del pueblo estaba al lado derecho. Esas habían sido las órdenes de Heero, indicando con esa acción, que los más importantes en esa corte, eran los de su mano derecha: el pueblo.
La gente veía con interés a los tres reyes sentados juntos. Los más ancianos no dejaban de compararlos con sus padres, eran tan parecidos a ellos cuando tenían su edad. Los más nostalgias rogaban por que el rey de Low, Odin, fuese tan justo como su padre y sentenciara a los traidores a la horca, como sabían se los tenían merecido.
El senado ocupaba sus puestos al frente de los tronos de los reyes y hacía el final del amplio salón, esperaban con impaciencia la prueba final. Heero lo sabía, por eso se había pasado las últimas dos noches estudiando las leyes del reino. Si fallaba, el reino quedaría disuelto y sería ocupado por Lord Dekim, ese hombre alto y delgado que sonreía sintiéndose superior a todos. Había escuchado la conversación que mantenía con el conde Dermeil donde aseguraba que una vez que subiera al trono, lo nombraría rey de Maxwell con tal de que se casara con su hija Leia, quien tenía una hija sin padre. Dermail había sonreído y aceptaba encantado la propuesta. Como si fuera ya un hecho que Dekim fuese a subir al trono.
Duo sintió la tensión de la mano de Heero cuando tomo su muñeca. Ese simple contacto le hizo estremecer y se dio prisa en retirarlo. No quería que nadie se diera cuenta de lo que sentía por el nuevo rey. Eso estaba prohibido en Low y por más que lo amara, él tenía que casarse y dejar un heredero en el trono.
Heero solo observo de reojo como Duo bajaba la vista y ocultaba los brazos que antes descansaban sobre las recargaderas del trono. Se sintió enfurecer por dentro, pero tenía que controlarse para evitar que sus dones se apoderaran de él. Desde que había llegado al palacio de Low Duo le había estado rehuyendo y eso le tenía desconcertado, no parecía importar que hubiesen hecho el amor el día anterior y que esa mañana hubiera amanecido en sus brazos, aun Duo parecía alejado. Pero no había podido aclarar las cosas con él, por que tenía que enjuiciar a los traidores. Ya habría tiempo una vez que el juicio terminara.
Se paro en su lugar y con un simple ademán les indico a los soldados que trajeran a los primeros acusados: los soldados mercenarios que Traize había contratado.
Con paciencia escucho los cargos contra los hombres y escucho la defensa que cada uno hizo de si mismo. La mayoría se declaro culpable y rogó clemencia. Hubo quienes llorando suplicaban de rodillas que se les permitiera vivir.
Quatre observaba cuidadosamente cada gesto de Heero, sabía de antemano como se sentía con aquello. Estaba nervioso de llegar a los últimos dos prisioneros.
Heero se levanto del trono haciendo que todos guardaran silenció y que los soldados le vieran con temor. Heero podía condenarles a muerte, habían matado a mucha gente.
-- Se han declarado culpables – dijo Heero mientras los hombres le vieron asustados – todos deberían ser mandados a la horca, pero no es lo que haré.
Un murmullo se levanto entre todos los presentes. Heero les observo. Entre los soldados estaban los cinco que les habían perseguido y atacado en la cabaña. Eran hombres sin educación que hacían lo que hacían solo por dinero. Era lo único que sabían hacer. Si se les enseñaba alguna profesión, quizá pudieran ser hombres de bien y no más asesinos o mercenarios.
Quatre sonrió al sentir que Heero se relajaba y volteo a ver a Trowa que esperaba a un costado de los tronos, cuidando de los tres reyes. Trowa le devolvió la mirada por unos instantes para después regresar su vista al frente.
-- Les condeno a cinco años de trabajos en las distintas granjas de Low. Aprenderán a cuidar de los animales y a sembrar los campos. Será una forma de pagar las muertes que han causado. En cinco años se les dejara libres y podrán atender una pequeña porción de tierra que Low les asignara, si así lo quieren.
Los soldados se vieron entre si sin comprender la condena. A caso les estaban premiando?, no les mataban y si les darían algo de tierra de cultivo en cinco años?
Duo sonrió de forma luminosa. Era una forma de ahorro lo que Heero estaba haciendo. Esos hombres trabajarían en las granjas y el pago que deberían recibir se los entregarían en tierras. Era una forma de obligarles a quedarse y trabajar para conseguir un patrimonio.
El senado cabeceo en desacuerdo y la gente del pueblo estaba dividida en opiniones. Unos creían que no deberían premiarles, otros creían que era una buena decisión, ya que así los hombres trabajarían sin que intentaran escaparse.
-- Es una tontería, yo los hubiera mandado a la horca, si fueron traidores una vez, quien dice que no serán traidores dos veces? – dijo Dorothy en voz baja desde su lugar al lado de su padre.
Heero levanto la vista y la clavo en Dorothy. La rubia pestañeo sorprendida, por que parecía que el príncipe Odin le veía. Era imposible que le hubiera escuchado, posiblemente ni Hilde, que estaba justo debajo de ella, en su lugar, hubiera podido escucharle.
-- Se les ha dictado esa sentencia, por que han servido a Low por muchos años. Han servido a un superior que fue quien les daba órdenes. De lo único que son culpables estos hombres, es de no cuestionarlas. Son soldados y solo cumplían con su deber. Fueron traidores una vez? – dijo Heero entrecerrando sus ojos al observaba los celestes de Dorothy, quien trago saliva nerviosa al escuchar sus palabras en el príncipe Low – No, no lo fueron. Ellos solo obedecían a Traize. Serán Traidores dos veces? Eso solo el tiempo lo dirá. En lo personal confió en que no lo serán.
Duo y Quatre sonrieron ante lo comentado por Heero, mientras el senado comenzó a asentir. Y el pueblo unifico su voto a uno afirmativo.
Heero había ganado el primer caso. Pero ahora venia uno de los más difíciles. Con la mano indico a los guardias que sacaran a los soldados y trajeran al siguiente prisionero.
Con los pasos acortados por las cadenas que le sujetaban los pies y las manos, se había ido acercando hasta el centro del salón. La gente comenzó a gritarle y a insultarle. Pero Heero se giro para pedirles silencio.
Sabía que en las manos del nuevo soberano estaba su destino y estaba dispuesto a cumplir con cualquiera que fuera su sentencia. Sabía que sus manos estaban manchadas de sangre y que la culpabilidad martillaba su conciencia y su corazón. No tenía defensa alguna y no pensaba rogar por una clemencia que no merecía.
Ver la mirada baja de quien había sido el general de la fuerza real del reino Low le dejaba pensando. El hombre alto que estaba frente a él lucía una manta de culpabilidad que se palpaba. No se atrevía a mirarle a los ojos.
-- Miliardo Piscraf
La clara voz del hombre que leía los cargos se elevo en el salón del trono haciendo que los ojos celestes de Miliardo se levantaran del suelo y observaran a Heero.
-- Se le acusa de traición al reino de Low. Quizá no haya sido por su mano que murieron los reyes de Low, Maxwell y Winner, pero sabía que les matarían y no hizo nada para evitarlo – la mirada de Miliardo cayó de nuevo al suelo al recordar – se le acusa de la muerte injustificada de infantes varones hace más de 20 años y de la muerte de hombres, mujeres y niños de diversas aldeas. Se le acusa de ayudar a Traize Khrushrenada en cada una de sus fechorías.
Quatre sintió un peso muy grande en el corazón al escuchar las acusaciones que flotaban sobre la cabeza de Miliardo. Sabía que el rubio se declararía culpable de todo, que no iba a clamar por su vida y aceptaría la condena de muerte que Heero iba a darle. Una lágrima luchaba por salir de sus ojos, pero no iba a permitirse llorar en la corte. Apretó fuertemente su mano sobre su capa y se obligo a seguir mirando. Heero sería justo, estaba seguro, Miliardo no era del todo malo y Heero lo sabía, sabía que Miliardo se guiaba por un código de honor que le había obligado a ayudar a su tío Traize.
-- Como se declara? – pregunto el hombre, mientras Heero veía fijamente los ojos celestes de Miliardo que se habían elevado al escuchar la pregunta.
-- Culpable de todos los cargos – dijo Miliardo de forma clara.
Un murmullo resonó en toda la corte, habían estado esperando la declaración de Miliardo, pero no esperaban que fuese una de aceptación tan pronta.
-- No dirás algo en tu defensa? – pregunto Heero haciendo que los murmullos se calmaran.
-- Solo pediré perdón por todo el mal que haya causado – dijo Miliardo bajando la vista – no rogaré por mi vida, por que se que no la merezco. Acepto el castigo que se me otorgue.
Heero entrecerró los ojos, sabía que Miliardo les había estado ayudando desde las sombras, esa declaración le salvaría, pero no decía nada?. Toda la gente estaba esperando su veredicto y en sus manos estaba la vida de un hombre. Culpable por ayudar a un tirano como Traize? O Inocente por ayudarles en algunas situaciones?
-- Heero?
La voz de Duo le distrajo y giro su vista para toparse con los ojos violetas del trenzado. Duo le miraba de forma luminosa, como hacía tiempo no le miraba. Quería irse de la corte y llevárselo con él, pero no podía sin juzgar a esos hombres.
-- Lo que decidas estará bien - dijo Duo de forma suave tocándolo del brazo.
Había estado leyendo las leyes de Low y ya tenía muchos apuntes sobre nuevas enmiendas a leyes muy viejas. Así como ideas para nuevas leyes que cancelaban leyes pasadas. Pero había una cláusula que llegaba ahora a su memoria, una cláusula que podría ayudarle en su decisión.
La gente guardo silenció cuando vio que Heero se levantaba de nuevo haciendo que la capa roja ondeara a sus espaldas. Los ojos de Miliardo siguieron el movimiento del soberano, la mirada cobalto le veía fijamente, pero no adivinaba cual era su decisión. Tenía unas facciones serías, tal cual las tenía su padre, sería difícil saber que pensaba. Pero sabía, que lo condenaría a muerte... una muerte que merecía.
-- Miliardo Piscarf, al haberte declarado culpable de todos los cargos te has condenado a muerte.
El grito de la gente retumbo en la sala del palacio, todos estaban de acuerdo con la decisión de Heero, incluso la gente del senado cabeceaba en acuerdo con la decisión tomada.
Duo bajo la vista al saber que aquel hombre, quien les cuido al igual que su tío, sería condenado a muerte por la persona a la que más amaba. Pero no podía hacer nada, Miliardo había confesado y todos aceptaban la decisión de Heero. Pero sintió como Quatre le llamaba y levanto la vista para verle. Quatre sonreía, como era posible que su primo sonriera? Entonces volteo a ver a Heero, en el rostro de Heero se veía una mueca en forma de sonrisa. Que significaba eso?
-- Serás condenado a morir en la horca, a menos que...
Las palabras hicieron que la gente del palacio guardara silencio. Heero había dejado la frece inconclusa y el mismo senado esperaba impaciente por la continuación. Los ojos de Miliardo le veían también con impaciencia.
-- Alguien hable bien por ti, evitando tu muerte.
Duo volteo a ver a Quatre de forma confundida, su primo es el que sabía de las leyes y siempre que iba a firmar alguna, primero le consultaba. Pero esa petición de que alguien hablara bien por un condenado a muerte, nunca la había oído. Era algo nuevo que había inventado Heero?.
Quatre le sonrió a Duo y solo dijo en voz baja "es valida".
La gente comenzó a mirarse una a otra y a murmurar en voz baja. Se habían hecho publicas las acusaciones que pendían sobre la cabeza de Miliardo, quien en su sano juicio hablaría bien por un asesino y cómplice de tantas villanías?
La gente que permanecía de pie a las orillas del salón comenzó a hacerse a un lado al sentir como algunos guardias les empujaban, abriendo paso a alguien que caminaba de forma segura, con la cabeza altiva viendo al frente.
Duo giro la vista al ver como la gente a un costado del trono comenzaba a moverse de forma nerviosa y sus ojos violetas se posaron sobre el rostro fino de una hermosa chica. Vestía de forma elegante, como visten las cortesanas, su largo cabello rubio descansaba un poco más abajo de sus hombros y era mantenido detrás de su cabeza por un par de trenzas. Su vestido ondeaba con forme sus pasos seguros, lo mismo que su fina capa. Sus delgados brazos estaban cubiertos por guantes largos y sobre su pecho descansaba un medallón que la distinguía como una princesa.
-- Quien es ella? – murmuro en voz baja haciendo que Heero girara la vista para ver hacía donde Duo apuntaba.
La chica camino de forma decidida hasta quedar delante de los tres príncipes, sus ojos azules se posaron sobre los cobaltos de Heero en una muestra clara de desafío.
-- Majestad Low – dijo haciendo una pequeña reverencia frente a Heero – mi nombre es Relena Piscraf y quiero hablar en nombre de mi hermano Miliardo.
Los ojos celestes de Miliardo se abrieron enormemente al ver a su pequeña hermana frente a Heero. Hacía muchos años que no sabía de su familia, se había apartado tanto de ellos que jamás creyó que ahora ella, su pequeña princesa, estuviera frente a él.
Los ojos azules de Relena se clavaron en los celestes de su hermano y le sonrió de forma luminosa para después volverse a girar para ver de nuevo a Heero.
-- Su hermano? – cuestiono Heero confundido
-- Miliardo Piscraf, heredero en línea directa al trono del reino de Zanc es mi hermano. Ha estado bajo las órdenes de su excelencia Traize desde que tenía 14 años, debido al código de honor de nuestro reino. No puede condenarlo a muerte por eso, él solo ha obedecido órdenes de su excelencia como el soldado que era – dijo Relena de forma vehemente.
Heero vio el desafío en los ojos azules de la princesa y se paro en su lugar para enfrentarla, sintiendo que un profundo sentimiento de coraje comenzara a crecer en su interior.
-- Que no puedo condenarlo a muerte por seguir las ordenes de un tirano? – casi grita – El tiene libre albedrío, pudo haber escogido no matar a gente inocente como lo eran las mujeres y niños. Era el general de las fuerzas reales, y tenía el poder para negarse.
-- No, él no podía escoger! – gritó Relena haciendo que la gente se hiciera hacía atrás por el asombro – el estaba obligado a hacer lo que Traize Khrushrenada le pidiera – dijo con ojos chispeantes.
-- Entonces si Traize le pedía arrojarse a las fauces de un dragón, él tenía que hacerlo? – cuestiono Heero de forma molesta – O si le pidiera atacar a su propio reino, él tenía que hacerlo? – Relena parpadeo molesta, nadie se había atrevido a cuestionarle de esa forma su autoridad.
-- El tenía... - trato de replicar.
-- O si su excelencia Traize le hubiera pedido matar a su pequeña hermana, él tenía que hacerlo? – cuestiono Heero clavando su mirada cobalto en la azul de la princesa haciéndola palidecer.
-- Basta Heero! – dijo Duo jalando un poco la capa para pedirle que se calmara – no la ataques de esa forma, es una princesa.
Heero volteo solo de reojo para ver la mirada violeta del trenzado. Ese breve respiro sirvió para que Relena se recompusiera y pudiera volver a protestar.
-- Mi hermano debe regresar a Zanc a hacerse cargo de su reino. Mi padre esta muy enfermo y no aguantara mucho tiempo en el trono – aclaro.
Heero cabeceo en acuerdo, Relena suspiro al pensar que había obtenido lo que quería; el perdón para su hermano. Pero se sorprendió al ver como Heero caminaba ante el senado y tomaba un pliego de papel algo viejo y amarillo que descansaba a los pies del ministro Darlian.
Regreso caminando hasta el trono, con la mirada de toda la gente siguiéndolo. Volvió a pararse frente a Relena y extendió el pliego frente a sus ojos por completo desdoblado.
-- Esto es lo que te preocupa - afirmo Heero – el decreto que dice que solo los hombres pueden gobernar un reino.
Relena observo el papel con el sello de todas las casas reales. Ese era el decreto ancestral que obligaba a todo hijo varón de reyes a tener hijos para dejarlos en el trono. Jamás se imagino que estuviera en Low.
-- Esto es lo que pienso de esta ley...
-- Heero! – gritaron Duo y Quatre al mismo tiempo poniéndose de pie para evitar lo que pretendía hacer.
Pero Heero ya había roto el papel en varios pedazos y ahora los lanzaba al suelo haciendo que todos los senadores se pusieran de pie y vieran como un viento ligero, que entro de quien sabe donde, se llevara los pedazos sacándolos del salón del trono.
-- Ahora cualquiera puede gobernar un reino – dijo Heero dirigiendo la vista a todos los presentes - No es necesario que sea un varón... o un príncipe. El pueblo debe elegir quien quiere que lo gobierne.
-- Heero que has hecho? – cuestionó Duo tomando las manos de Heero – has roto una de las leyes más antiguas de Low.
-- Ya era hora de que esa absurda Ley cambiara. Y lo mismo le pasara a muchas otras, si me van a nombrar a mi como su rey.
De entre la gente que presenciaba el juicio comenzó a escucharse a una persona aplaudir la acción de Heero. La gente comenzó a moverse dejando ver al rey Schbeiker que aplaudía. Casi de inmediato el ministro Darlian se sumó a los aplausos y poco a poco la gente comenzó a unírsele, para terminar todo el salón aplaudiendo la acción.
La gente del senado volvió a tomar su lugar con renuencia, las casas reales aceptaban el nuevo curso de las cosas y ellos ya no podrían intervenir. A nadie le extrañaría que una vez en el trono, el nuevo rey cambiara al senado por gente del pueblo. No había ya sentado al pueblo del lado derecho? Antes eran los nobles quienes ocupaban ese puesto.
Los ojos azules de la princesa volvieron a fijarse en los cobalto con desafío, para después ver los violetas que le miraban de forma detenida, parecían estarle estudiando.
-- Lo que nos tiene aquí es el juicio de mi hermano, no una ley – dijo de forma firme y seria – podríamos seguir con eso?
-- Relena, por los dioses no te metas en esto! – dijo Miliardo desde su lugar.
-- Me meto por que eres mi hermano! – grito ella.
-- No puedes meterte.
La fría voz de Heero se dejo escuchar por todo el recinto haciendo que todas las miradas estuvieran sobre él. Los ojos azules de Relena se clavaron en los suyos con determinación. Pero nadie que no fuese de Low podía intervenir.
-- Si tu intención es hablar por un condenado a muerte, he de decirte que no tienes el derecho – dijo Heero tomando a Duo por los hombros para llevarlo hasta su trono dejando a Relena molesta en su lugar.
-- Pero usted dijo... - Heero volteo en ese momento dejando ver una mirada fría en sus ojos que le hizo callar.
-- Solo la gente de Low puede hablar por un condenado a muerte. Esa es la ley y estoy de acuerdo con ella. La gente a la que este hombre daño, puede intentar salvarlo. Si un hombre habla por él, le deberá su vida y ha de pagársela con servicios, tal como el código de Honor de Zanc lo determina.
-- Señor Yuy!, señor Yuy!
Una vocecita se levanto de entre la gente, Heero siguió el sonido de la voz a la derecha y pudo ver la mano de una niña sobresaliendo entre la gente del pueblo. Los soldados trataban de evitar que pasara, mientras una mujer joven, en avanzado estado de embarazo, la detenía del hombro y le susurraba que guardara silencio y dejara de hablarle con tanta familiaridad a su majestad Odin.
-- Déjenla pasar – la voz de Heero hizo que uno de los soldados tomara a la niña de la mano y la condujera hasta el trono de los reyes.
-- Quieres hablar Niao? – pregunto Heero viendo los ojos oscuros de la niña, mientras Duo sonreía al verla.
La niña giro su rostro para todos lados y comenzó a retorcer sus ropas con nerviosismos. Para terminar viendo los ojos violetas de Duo y sonreír. Relena apretó sus manos con furia.
-- Por que le hacen caso a una harapienta como esa y no a una princesa? – cuestiono furiosa. Heero levanto la vista para verla, mientras Niao bajaba su rostro con tristeza.
-- Esta niña – dijo Heero levantándose para tomarla de los hombros y acercarla a él – vale más que cualquier noble. Los reinos no existirían sin la gente del pueblo, así que princesa, agradecería se retirara de mi presencia, para hablar con la persona más importante a su lado.
El asombro se apodero de todos los presentes. Su majestad Odin había despreciado a una representante de la realeza por escuchar a una simple niña del pueblo. Relena se retiro indignada siguiendo a su guardia hasta llegar junto al resto de los soberanos.
-- Que quieres decir en defensa de este hombre Niao? – pregunto Heero de forma suave. La niña volteo a ver a Miliardo, para después voltear a ver a Heero.
-- Yo no quiero decir nada – dijo la niña haciendo que Duo aguantara soltar una carcajada – pero la señorita Noin si quiere. Ha estado llorando desde que el señor de los ojos de cielo entro al salón grandote. El llevo a la señora bonita para que la señorita Noin la cuidara, pero no se llamaba así, se llamaba de otra forma – dijo Niao frunciendo el seño. Heero levanto la vista para ver a su derecha y buscar a Lucrecia Noin con la vista.
Allí estaba ella, oculta entre otras personas que observaban el juicio. Mantenía su cabeza agachada, mientras sus mechones largos cubrían sus ojos. Podía ver como de forma nerviosa, arrugaba la falda de su vestido. Estrujaba la tela mientras mordía su labio. Parecía preocupada e indecisa. Era posible que Niao tuviera razón.
Se enderezo en su lugar seguido por los ojos de todos en el salón. Con voz clara pronunció el nombre de Noin haciéndola dar un salto en su lugar. Mientras Niao corría a los brazos de Duo y se sentaba sobre sus piernas sonriendo. Miliardo giro la vista para ver a la mujer entre la gente. Jamás se imagino que ella estuviera viendo todo y se enterara de quien era en realidad. Sus ojos celestes se detuvieron en la figura delgada que era escoltada por un par de guardias. Por segundos su vista choco con la azul de la mujer de vestidos sencillos. Pudo ver la tristeza en esas pupilas, pudo ver que el brillo que acompañaba a su mirada desde que le conocía, ahora no estaba.
-- Lucrecia Noin, si tienes algo que decir, es ahora cuando debes hacerlo – dijo Heero de forma firme.
Lucrecia bajo la vista aun indecisa. Había mucho que quería decir, pero no estaba segura de hacerlo. La gente podría ponerse en su contra y atacarle por defender a un hombre que les había hecho mucho daño. Pero por otra parte, si no hablaba ahora, era posible que Miliardo muriera y no resistiría otra perdida.
-- Yo – comenzó de forma nerviosa – yo quiero hablar en nombre de Zech... es decir Miliardo. El hombre al que ustedes acusan de traidor, me salvo la vida hace seis años, cuando mi familia entera, junto con mi prometido, fue muerta en la aldea de Lang. Yo intente quitarme la vida arrojándome a las aguas del río sin saber nadar. Este hombre – dijo apuntando a Miliardo – se arrojo para rescatarme. Después de salvarme y hacerme ver que la vida es preciosa, siguió visitándome, solo para asegurarse que no intentaría otra tontería como la que había hecho. Por eso yo le agradezco, le debo mi vida a él – Noin se giro para verlo – yo lo conocía como Zech Merquise. Es un caballero, un hombre muy bondadoso incapaz de hacer daño a alguien de forma deliberada. No soy la única a quien ha ayudado. Varias veces lo he visto llevando alimentos a familias en desgracia en el pueblo, haciéndose de la vista gorda cuando cazan sin pagar impuestos, o cuando están vendiendo en el mercado. No pueden mandarlo a la horca!, él no es capaz de dañar a nadie!.
-- Yo también quiero hablar en su nombre! – dijo una persona del pueblo alzando su huesuda mano. Heero asintió con la cabeza y el hombre paso junto a Noin – El señor Zech, no sabía que se llamaba Miliardo. El nos ha llevado comida mes a mes. Soy un hombre anciano y no puedo trabajar. Sin los alimentos que el soldado nos llevaba, no hubiéramos podido sobrevivir. Todos los impuestos que su tío Traize, nos cobraba, los ha pagado él por nosotros. Si no hubiese sido por este hombre, ya estaríamos muertos. Si no de hambre, por haber sido lanzados de nuestra casa al calabozo del palacio.
-- Y yo también he de hablar por él...
El silencio se hizo en el salón cuando una mujer de ropas oscuras y largas atravesó por completo el salón para quedar frente a los príncipes.
-- Middie? – murmuro Heero – que es lo que tienes que decir a favor de Miliardo Piscraf?
-- Miliardo fue quien te entrego a los señores Yuy, aquellos que te cuidaron por 15 años – Heero se levanto del trono con los ojos abiertos por la sorpresa – él te descubrió en la barcaza en la que te había puesto. Arranco el medallón de tu pecho y te dejo solo uno. Necesitaba probarle a Traize que habías muerto, para evitar que te siguiera buscando. Gracias a Miliardo, estas aquí ahora Heero.
Un murmullo se elevó en todo el palacio. Gracias a Miliardo tenían de nuevo a su legítimo rey. Parecía que las palabras de Lady One habían desinflado el globo de Odio que sentía el pueblo por Miliardo. No podía ser declarado culpable. El único culpable de todo era Traize.
-- Es eso cierto? – pregunto viendo los ojos celestes de Miliardo. Miliardo bajo la mirada y solo asintió de forma suave - Suéltenlo – dijo Heero de forma imperativa arrancando una sonrisa de los labios de Noin, de Duo y de Quatre – eres inocente de todo Miliardo Piscraf.
Heero se sentó en su trono apoyando la cabeza en una de sus manos. Duo susurró algo a Niao para que se levantara y mientras el alboroto de soltar a Miliardo pasaba, Duo lo aprovecho para acercarse a Heero.
-- Estas bien Heero? – pregunto tomándolo de la mano y agachándose un poco para verlo a los ojos.
Heero levanto la vista y Duo pudo darse cuenta que algo no andaba del todo bien. Dictar sentencia era demasiado duro para él. Necesitaba descansar un poco antes de tener que enfrentarse a su tío.
-- Tomaremos un descanso hasta él medio día - dijo Duo elevando la voz para que todos le oyeran.
Miliardo giro la vista buscando a alguien, pero entre toda la gente dentro de la sala del trono, no podía encontrarla. Sintió como sus esposas eran soltadas y hasta él llegaron algunos soldados para felicitarlo por haber sido encontrado inocente.
-- Sin embargo, yo me siento culpable – dijo en voz baja.
-- Hermano
Los ojos celestes de Miliardo se posaron con sorpresa en la jovencita que estaba delante suyo. Había crecido bastante desde la última vez que la había visto.
-- Relena, no esperaba que vinieras.
-- Nuestro padre, el rey Luctan, espera tu regreso. Nuestros guardias están listos para partir, solo esperan tus órdenes – dijo de forma ceremoniosa. No cabía duda que su hermana había sido criada dentro de la nobleza.
-- Que esperen, nos iremos después de juicio de Traize y de que hable con algunas personas – dijo Miliardo de forma firme. Relena se inclino un poco y se dio la vuelta para hablar a sus guardias – aun tengo que encontrar a Lucrecia – dijo en voz baja, volteando para todas partes, tratando de encontrarla.
Heero acompaño a Duo fuera del salón del trono, mientras la gente del pueblo se retiraba a sus casas en el pueblo, ya regresarían más tarde para ver el último juicio y el más importante, el de Traize Khrushrenada.
Heero se detuvo en uno de los solitarios pasillos, mientras Duo le acompaño. Se notaba la pesadez en el semblante del ex cazador. Cuando Lady mencionó que Miliardo era quien lo había entregado a los Yuy, pudo ver que Heero había cambiado su postura de no dejarlo libre a liberarlo.
-- Que daño hacía un bebé? – pregunto Heero a la nada, recargado en la pared del pasillo.
-- No lo se Heero, eso deberás preguntárselo a nuestro tío – dijo Duo viéndolo fijamente – ha sido muy dura esta prueba para ti.
-- Demasiada y aun me falta la más difícil – dijo Heero extendiendo la mano para tomar la de Duo – que bueno que estas a mi lado – Duo sonrió – permanecerás siempre a mi lado?
La sonrisa de Duo se borro al escuchar la pregunta de Heero. Heero frunció el seño. No le gustaba ver el semblante del trenzado.
-- Vas a estar siempre a mi lado? – volvió a preguntar. Duo soltó su mano de la de Heero y sonrió de forma nerviosa.
-- Oye Heero, no tienes hambre?, creo que ya es hora de comer...
-- Duo – dijo Heero en forma de advertencia. Duo suspiro, no iba a poder ocultarlo por más tiempo. Era mejor que Heero lo supiera de una vez.
-- No Heero – dijo Duo de forma queda, haciendo que Heero lo tomara de los hombros para que le viera – no puedo.
-- Por que? – demandó con voz colérica – no me salgas con que no me quieres? Por que ayer en la mañana aun me lo demostraste – dijo Heero elevando un poco la voz haciendo que Duo se sonrojara.
-- No es eso – dijo de forma nerviosa.
-- Entonces que es?, por que no entiendo a que estas jugando.
-- Yo no estoy jugando – dijo Duo soltándose de los brazos de Heero – cuando subas al trono, tienes la obligación de buscar esposa.
-- Esposo y ya lo tengo – dijo Heero clavando su vista fría en él. Duo solo cabeceo en negativa.
-- No, esposa. Debes tener descendencia, una familia a quien dejaras en el trono cuando tú faltes. Yo me iré del palacio cuando seas coronado rey... - dijo bajando la vista de forma triste – no interferiré.
-- De que diablos estas hablando? – Cuestiono Heero volviendo a tomarlo por los hombros – yo no quiero una esposa y nada ni nadie me hará cambiar de opinión. Y si se te ocurre largarte, te buscara hasta por debajo de las piedras Duo – Duo solo le observo con los ojos muy abiertos. Estaba realmente enojado.
-- Ejem
Ese sonido interrumpió la discusión, ambos voltearon para toparse con la figura bien vestida de una chica. Ella sonrió al verles haciendo que Heero soltara los hombros de Duo, pero le sostuviera por la muñeca para evitar que se fuera.
-- Lamento molestarlos – dijo ella de forma dulce.
-- No se preocupe princesa Piscraf, no interrumpe nada – dijo Duo sonriendo haciendo que Heero solo le viera de reojo de forma molesta.
-- Quiero darle las gracias Majestad Low, por liberar a mi hermano – dijo sonriéndole a Heero. Heero solo levanto un poco más la cabeza para poder responderle.
-- Yo no hice nada. La gente que lo libero fue el pueblo. Si quiere agradecerle a alguien hágalo a ellos – Duo frunció el seño por esa respuesta, no cabía duda que a Heero aun le faltaban cosas por aprender acerca del protocolo. Pero la princesa no se había molestado, aun sonreía.
-- Me gustaría hablar con usted a solas majestad Low – dijo la princesa.
-- Lo siento señorita, pero no tengo tiempo, aun hace falta juzgar a un prisionero.
-- No le quitare mucho tiempo...
-- Entonces lo que tenga que decir, dígalo ahora. Duo no se ira, de todas formas cualquier cosa que me diga, he de discutirlo con él. – Relena volteo a ver los ojos violetas de Duo, parecía dudar en decir o no lo que quería, pero decidió hacerlo.
-- Majestad, se que usted es soltero y deberá buscar esposa una vez que suba al trono – espero por alguna respuesta o comentario de Heero, pero al no obtenerlo continuo – yo soy soltera también y quizá podamos establecer una alianza entre nuestros reinos si considera un matrimonio entre nosotros – dijo Relena sonriendo.
Heero volvió a respirar pesadamente. Duo pudo darse cuenta que el enojo que sentía minutos antes no había disminuido, al contrario, había aumentado. Pudo ver como Relena iba a decir algo, pero se dio prisa en decirle que se detuviera con la mano que tenía libre. Podía ser que Heero reaccionara muy mal si ella decía alguna otra cosa.
-- Que opina majestad? – sin embargo Relena no se detuvo. Duo solo detuvo su frente con la mano. Ya no iba a poder hacer nada con lo que Heero le fuera a responder.
-- Que esta usted loca – dijo Heero haciendo que la sonrisa de la rubia despareciera por completo – jamás me casare con una mujer como usted. No estoy interesado, en la única persona que estoy interesado y que quiero que este a mi lado es Duo.
-- Bueno, yo comprendo que quiera a su primo a su lado para ayudarle a acostumbrarse al reino, pero...
-- Esta mal Interpretando señorita, estoy enamorado de Duo.
-- Heero! – dijo Duo, pero Heero se dio la vuelta dejándolos atrás.
-- Oh!, lo lamento, creo que si he cometido un terrible error – dijo Relena de forma contrariada y triste.
-- No, espere princesa – dijo Duo tomando una de sus manos – no haga caso a las tonterías que dijo mi primo, esta enojado y no sabe lo que dice. – trato de aclarar. Relena levanto la vista y sonrió de nuevo.
-- Eso quiere decir que considerará la posibilidad de un matrimonio conmigo? – cuestiono.
-- Yo creo que usted es la indicada para él. – Dijo Duo tratando de sonreír, aun que por dentro sentía que su corazón se hacía pedazos – Tratare de hacerle ver los pros de este matrimonio.
-- Entonces tengo esperanza majestad Maxwell?
-- No quiero ilusionarla. Hee... Odin es muy terco y si no quiere casarse no lo hará aun que le amenace de muerte. – Dijo Duo riendo – pero haré lo posible.
-- Me conformo con eso, no perderé la esperanza – dijo sonriendo, para después alejarse.
La gente del senado, los nobles, los reyes y el pueblo volvían a reunirse en el salón del trono. Todos esperaban con impaciencia el último juicio. El sol del medio día no dejaba que las sombras se extendieran, la hora por fin había llegado.
Lady camino por un costado de los lugares de los reyes. Tenía que localizar a la princesa Schbeiker, una visión del futuro había llegado hasta ella y quería ponerla sobre aviso. Sin embargo, Hilde Schbeiker estaba muy lejos, casi en la parte baja. Para poder llegar hasta ella, tenía que pasar por en medio de todos los reyes y sus guardias. Iba a tener que esperar su oportunidad para hablarle.
Duo estaba muy nervioso en su lugar, las palabras que le había dirigido Heero no querían desaparecer de su cabeza. "Esposo y ya lo tengo". Si tan solo eso pudiera ser posible. Pero estaba seguro que no iba a poder ser. Y la princesa indicada para ser la esposa del nuevo rey, estaba sentada al lado izquierdo, junto con todos los reyes, sonriendo de forma luminosa, segura de que él iba a poder convencer a Heero de que la aceptara. Su corazón se partía ante la sola idea de verlo casado... pero era lo mejor, por el reino, era lo mejor.
Quatre giro su vista aqua hasta Duo, podía sentir su sufrimiento y desde su lugar pudo ver la causa. La princesa de Zanc esperaba que Duo convenciera a Heero de aceptarla. Lo que Duo no podía saber eran los motivos de la princesa para solicitar esa alianza. Con su hermano en el reino, ella debía buscar esposo y sabiendo de los dones de los Khrushrenada, había escogido a Heero. Era el más poderoso y quien se haría cargo del reino de Low y ella tendría tanto poder como él, quizá más...
Quatre cabeceo al sentir lo mezquina que era esa mujer. Una vez que Duo lo supiera, sería el primero en apartarla de Heero.
Heero se levanto en el trono haciendo que un silencio sepulcral reinara. Sabían que estaban por recibir al tirano de Traize, todos esperaban impacientes por su juicio. Heero indico que trajeran al hombre.
Los gritos de la gente comenzaron a elevarse cuando poco a poco los guardias que custodiaban al preso fueron apareciendo por uno de los costados de la habitación.
-- No te atrevas a tocarme estúpido soldado, ninguno de ustedes estará jamás a mi altura – dijo Traize evitando que el soldado lo tocara y caminando a un lado de los guardias que le conducían hasta el centro del recinto.
Traize caminaba de forma segura y arrogante, podía estar encadenado de pies y manos, pero eso no le hacía perder la compostura. Los gritos de la gente no le hacían decaer, al contrario, parecían inflarle. Su mirada destellaba furia, odio, rencor... toda la clase de sentimientos que le hacían erguirse.
-- Traize Khrushrenada... - comenzó el hombre que leía los cargos, pero este fue interrumpido.
-- Excelencia Traize Khrushrenada – corrigió el hombre – soy uno de los originales Khrushrenada y no permitiré que se me despoje del titulo que por nacimiento se me otorgo. Soy un Duque y exijo que se me llame excelencia.
El hombre volteo hasta el trono donde Heero indico que continuara, mientras Traize sonreía con arrogancia desde la parte baja a sus tres sobrinos. Había conseguido su primera exigencia sin que Odin se opusiera. Quizá iba a ser fácil manipularlo como lo había hecho antes con sus sobrinos Duo y Quatre.
-- Excelencia Traize Khrushrenada, se le acusa de traición al reino Low...
-- Por favor!, como me acusan de traición, yo lleve a este reino hasta donde esta. Es uno de los reinos más poderosos de la tierra... - dijo Traize dirigiéndose a sus sobrinos y al pueblo en general.
-- Guarda silencio... Traize – dijo Heero de forma firme, pero Traize solo sonrió, mientras la gente del pueblo comenzaba a murmurar.
-- Se le acusa de la muerte directa de los soberanos de Low, Maxwell y Winner, así como de sus esposas, las hermanas de usted.
-- Vaya! ahora resulta que fui yo quien les dio a beber el vino con el veneno?. Esa fue la bruja de Middie, no yo. Ella tenía acceso a las plantas que les envenenaron, yo jamás les di a probar nada.
-- Fue por orden tuya tío – dijo Quatre de forma sería – tu mandaste matar a nuestros padres.
-- Eso es otra cosa, querido sobrino – dijo Traize sonriendo de forma cínica - Yo indique que les envenenaran, pero yo no les di el vino. Por lo que no se me puede acusar de la muerte directa de sus padres.
-- Cambia el cargo por autor intelectual – indico Heero al escribano – al fin y al cabo, lo acaba de confesar - Traize solo curvo la boca con disgusto.
-- Se le acusa de usurpar las funciones del príncipe Maxwell, falsificando su firma para la aplicación de tratados e impuestos injustificados.
-- Por todos los dioses!, Duo Maxwell es un niño que nada sabe de leyes. Como iba a saber él lo que le conviene al pueblo o no?. Gracias a esos impuestos, Low pudo defenderse de sus enemigos, gracias a esos impuestos y a esos tratados, Low es el reino más poderoso de la tierra.
-- Gracias a esas leyes, mucha de la gente del pueblo esta muriendo de hambre tío – dijo Duo interrumpiendo al hombre – una de las leyes que firmaste a mi nombre fue el cobro de impuestos triples por la siembra, por la caza, la recolección de fruta y la vendimia. Has dejado al pueblo en la calle con esos ridículos impuestos.
-- Ridículo!, esos impuestos son justificados. Se han construidos puentes y presas para la riega de los sembradíos.
-- Pero la mayoría de los ingresos iba a la compra de armas – declaró Quatre. Traize solo le vio de forma profunda.
El escribano continuó.
-- Se le acusa de la muerte injustificada de varones menores de un año hace 20 años – el hombre se detuvo, esperando la replica de Traize, pero este se mantuvo en silencio. Entonces continuó – se le acusa también, de la muerte de hombres y mujeres conocedores de hierbas o poseedores de dones de sanación.
-- Esa es una ley – replico Traize – todo aquel que maneje hierbas será condenado a muerte.
-- Ley que tú impusiste Traize – dijo Heero de forma fría - bajo la excusa de que toda persona que supiera de hierbas sabía de venenos. Aprovechaste la muerte de los reyes para hacer tu voluntad. Ya que mantuviste bajo tu protección a la hija de Middie, Lady One, quien tiene los mismos dones que su madre y a uno de tus sobrinos con dones de sanación y a otro con el don de regresar a la vida a los muertos – Traize volvió a guardar silencio.
-- Se le acusa también de la desaparición de pueblos enteros, como la aldea de Lang.
-- Un pueblo de guerreros, y no están todos muertos, aun vive Wufei Chang – dijo riendo.
-- Se le acusa...
-- YA BASTA! – gritó Traize – basta de tanta palabrería insulsa. Lo que quieren es matarme?, pues háganlo!, estoy atado de pies y manos, no puedo defenderme. Mis manos están heridas y mis oídos cansados de escuchar tanta tontería – volteo para ver a Heero de forma fija – Esta es tu revancha Odin Low Jr. Acaba con tu tío con tus propias manos, venga la muerte de tus padres y déjate de este tonto juicio que solo conduce al mismo sitio: la horca. Quiero morir luchando contra ti mano a mano, no con un lazo en el cuello. Mátame si tienes las agallas para hacerlo.
Heero se levanto de forma lenta del trono que ocupaba. Toda la gente estaba boquiabierta por las palabras que Traize había dirigido al príncipe Low. Esperaban que en cualquier momento Heero tomara su espada y bajara a batirse en duelo con Traize. Pero en el rostro de Heero solo se veía una mueca en forma de sonrisa. Traize dejo de sonreír al verlo. Por un momento sintió que había ganado, pero esa mueca en el rostro de su sobrino le hacía dudar.
-- Se te concedió el beneficio de un juicio justo. Pero cada palabra que has dicho solo te ha hundido más. No soy yo quien va a matarte, has muerto por tu propia lengua. Serás condenado a la horca como cualquier criminal.
Un grito de jubilo se elevo en todo el recinto, la sonrisa de Traize había desaparecido por completo de su rostro. Ahora solo había una mirada de rabia. Su sobrino le condenaba como un criminal cualquiera y no lo era, él era su Excelencia Traize Khrushrenada. Merecía morir con honor, ser sepultado en un mausoleo como habían sido sepultadas sus hermanas y sus cuñados. No en una fosa común con un simple adorno y la fecha de su nacimiento y muerte.
-- NOOOO!
Un grito de protesta se elevo a la par que los gritos de júbilo. En medio de todos los reyes una chica rubia se paraba mientras su padre trataba de detenerla.
-- Dorothy, siéntate ahora mismo – dijo el rey de Catalonia sosteniendo a su hija por el brazo. Pero la rubia no estaba dispuesta a rendirse.
-- No pueden matar a su excelencia Traize – grito de forma fuerte, haciendo que su grito se elevara en todo el recinto.
-- Dorothy! – murmuro Quatre desde su lugar, mientras Traize volteo confundido hasta el lugar de donde provenían los gritos.
-- Déjame padre!, voy a evitar que lo maten, él no debe morir.
-- SIENTATE! – grito el hombre.
-- NO! – protesto la rubia, soltándose del brazo de su padre y empujando a todos los que estaban por debajo de ella para llegar hasta abajo.
Heero observó a la rubia que atravesaba corriendo el salón, recogiendo con ambas manos la falda de su elegante vestido. Podía ver la desesperación en sus ojos celestes. Pero no había nada que pudiera hacer que salvara a Traize de la horca. Ninguno de los guardias se había atrevido a detenerle, todos le conocían muy bien, sabían de su temperamento y que no se rendiría hasta llegar al trono de los reyes. Pero fue Quatre quien se paro en su lugar para hablarle.
-- Dorothy – dijo Quatre bajando de su trono para verle – no puedes evitarlo – dijo tratando de evitar que se expusiera.
-- Claro que puedo! – dijo de forma muy segura pasando por un costado para llegar hasta Heero – ha condenado a su excelencia Traize a muerte? – pregunto a Heero.
-- Si – contesto de forma firme clavando sus ojos cobaltos en los celestes con curiosidad.
-- Entonces estoy en mi derecho de solicitarle en matrimonio – Heero se sorprendió al escucharla, no esperaba que alguien supiera de esa cláusula. Era la primera de las leyes que había leído al estar en la biblioteca estudiando, pero era demasiado vieja, no esperaba que alguien la recordara, pero ella la sabía. No cabía duda que la princesa de Catalonia sería una excelente reina una vez que subiera al trono de su reino. Pero, no era posible que Traize fuera a salvarse debido a ese vieja ley? - Puedo solicitar en matrimonio a cualquier hombre condenado a muerte. Eso le salvara la vida.
-- Estas loca hija!, no permitiré que te cases con ese hombre! – dijo el rey de Catalonia desde su lugar. Pero Dorothy volteo a verle muy convencida.
-- Soy mayor de edad padre y puedo escoger con quien quiero casarme y quiero casarme con su excelencia Traize Khrushrenada!
-- Dorothy! – dijo Quatre de forma queda.
Traize parpadeo de forma confundida al escuchar a la rubia. Jamás había cruzado por su cabeza que la niña que había escogido para Quatre le quisiera como esposo. Por un lado, le daba la oportunidad de cobrar venganza de sus sobrinos, ya que las minas de Catalonia le permitirían reconstruir su ejercito. Pero por el otro... había unos ojos negros que desde hacía cinco años no desaparecían de su cabeza.
-- Señor Traize – dijo Dorothy de forma dulce acercándose al hombre del cabello avellanado – espero que acepte la oferta que le hago. Odin Low no puede negarse a mi petición, es un derecho que tienen todos los condenados a muerte.
Era cierto, pensó Heero viendo fijamente la escena. Cuando leyó las leyes de Low, había una cláusula de matrimonio que podía salvar a alguien de morir, además de hablar bien por el condenado a muerte, que era lo que había salvado a Miliardo. Pero la cláusula de matrimonio se extendía a todas las provincias y no solo a Low. Ahora la princesa de Catalonia podía solicitar la mano de Traize y con eso le salvaba de morir, solo que Traize tendría que irse del reino. Pero eso no implicaba que más adelante no fuese a volver para cobrar venganza de ellos y tratar de apoderarse de Low. Estaban donde antes... Traize estaría libre y eso sembraba una constante amenaza sobre ellos. Pero no podía negarse, eso implicaría cometer un error, error que le entregaría el reino a Dekim Barton.
-- Contesta Traize – dijo Heero endureciendo sus facciones – aceptaras la propuesta de la princesa?
Un murmullo general se dejo oír en todo el recinto. Sabían que sería muy tonto departe de Traize si se negaba. El rey de Catalonia estaba bufando de la decisión de su hija, pero era cierto que era mayor de edad y no podía controlarle. Además era más terca que una mula.
Lady One aprovecho que muchos de los reyes y sus guardias se habían levantado de sus lugares para pasar hasta donde estaba Hilde. Hilde volteo cuando sintió que alguien le tocaba el hombro.
-- Lady One? – cuestiono al verle.
-- Si quieres conservarle, impide que hable – dijo de forma seria.
-- Que hable?, quien?, de quien habla?
-- Wufei – dijo dándose la vuelta para salir de allí.
Hilde se quedo viendo a la mujer. No entendía lo que le había dicho. Pero sabía que Lady veía el futuro y le estaba avisando de algo. Si quería conservarlo, que evitara que Wufei hablara. Pero donde estaba Wufei?
Giro la vista para todos lados y pudo distinguir una figura que caminaba por un costado del lado izquierdo. Lucía sus ropas verdes de gamuza, calzaba sus botas cafés oscuras y sobre su cintura descansaba su espada. Veía fijamente hacía el frente, donde Heero interrogaba a Traize por una respuesta. Se dio prisa en correr y alcanzarle. Comenzó a gritar su nombre, pero el ruido que la gente hacía, impedía que su voz llegara hasta el cazador.
Dorothy esperaba con inquietud la respuesta que Traize diría. Su corazón latía de forma apresurada, la boca se le había secado y sus piernas temblaban notoriamente. Sus ojos celestes miraban expectantes los azules, esperando por una respuesta que definiría su vida. Al saber que Traize moriría, poco le importo que su sentir le haría sucumbiría ante cualquier deseo del más alto. Poco le importo que si Traize le pedía el trono, una vez que su padre muriera, ella se lo daría gustosa. Poco le importo, que Traize no le amara, con su amor bastaría y sobraría para ambos.
-- Mi pequeña Dorothy – dijo Traize sonriéndole, haciendo que una sonrisa apareciera en el rostro ruborizado de la rubia. Quatre desvío la vista, sabía lo que venía y no quería verlo – yo...
-- SOLICITO UN DUELO A MUERTE CON TRAIZE!
El grito de Wufei que se acercaba a pasos decididos por el centro del recinto, se dejo escuchar en todo el salón haciendo que voltearan a verle.
-- Wufei! – grito Hilde parándose a un costado del lugar de los reyes. No había llegado a tiempo, Wufei había hablado. Los ojos negros del cazador le vieron de reojo pero no se regreso o se detuvo. Siguió hasta estar frente a Traize.
-- Mi querido Wufei Chang – dijo riendo – un duelo? – Wufei cabeceo de forma afirmativa.
-- No puede, debe casarse conmigo su excelencia Traize – dijo Dorothy temblando.
Quatre camino fuera del trono de los reyes para llegar hasta el costado donde estaba Trowa observando todo. Se sentía profundamente triste por la rubia. Sabía que el amor que sentía por su tío le traicionaba.
-- Quatre? – pregunto Trowa poniendo una mano en el hombro del príncipe.
-- No quiero estar aquí – dijo sin verlo.
-- Debes apoyar a tus primos – Quatre levanto la vista para ver los ojos verdes de Trowa – yo te apoyare también desde aquí. Sabes que no me moveré hasta que todo esto haya terminado – Quatre sonrió de forma luminosa.
-- Gracias Trowa! – Trowa sonrió de forma ligera, mientras Quatre se dispuso a volver al trono a un lado de Heero y Duo.
Duo estaba confundido. Primero su tío había confesado haber ordenado la muerte de sus padres y eso de forma automática lo condenaba a muerte. Pero Dorothy quería evitarlo al pedir su mano en matrimonio. Era la oportunidad perfecta para su tío de vengarse. Si aceptaba el matrimonio con Dorothy Catalonia, asumiría el reino tarde o temprano y podría atacarles en algún momento. Pero ahora Wufei pedía un duelo a muerte?. Sabía que el palurdo cazador de ojos negros quería vengarse de Traize por la muerte de su gente. Pero la condena a muerte no le era suficiente?... al parecer no. Cuando contó su historia, Wufei dijo que descansaría en paz cuando probara la sangre de Traize de su propia espada.
Ahora veía la mirada oscura del cazador ver fijamente a su tío. Estaba determinado a pelar con él. No le había importado ver a Hilde a un costado llorosa y gritando su nombre. Parecía que la determinación de Wufei era tal, que lucharía contra quien fuera por batirse a duelo con su tío.
Heero detuvo la mirada sobre las dos personas que estaban frente a Traize. La princesa de Catalonia estaba segura de obtener la libertad para Traize. Pero la mirada de Traize estaba sobre Wufei. Había un brillo especial en esos ojos azules que le indicaba cual sería su decisión si le daba a escoger.
-- Estas seguro Wufei? –pregunto Heero al cazador antes de dirigirse al preso.
-- Sabes perfectamente que esto lo he estado desando desde hace cinco años Yuy – respondió Wufei de forma firme. Heero volteo entonces a ver a Traize.
-- Y cual es tu decisión Traize? – cuestiono Heero haciendo que todas las miradas se posaran sobre el hombre – vas a casarte con la princesa Dorothy Catalonia y abandonar Low? O aceptaras un duelo a muerte con Wufei Chang?, donde si ganas, quedaras libre y podrás vagar por el reino a tu antojo, pero no entraras al palacio. Pero si pierdes, morirás. No permitiré que se usen los dones de Quatre o de Duo para regresar a ninguno de los dos a la vida.
-- Se casara conmigo! – aseguro Dorothy viendo fijamente a Heero, para después voltearse a ver a Traize – verdad?
Pero la mirada de Traize no estaba en ella, veía fijamente los ojos azules de Heero entrecerrando su mirada con odio. La decisión la ponía en sus manos e iba a tomarla...
-- Acepto el Duelo – dijo Traize de forma segura.
La mirada de Wufei centello con jubilo, por un momento había pensado que aceptaría casarse con la princesa que le salvaría la vida. Pero no, había aceptado batirse en duelo con él... con él!, como se lo debía desde hace años... esta vez, cobraría venganza por toda la gente de su aldea, por su familia, por su esposa... y por él. Comenzó a empuñar la espada, pero el grito de Dorothy le detuvo.
-- Excelencia! - grito Dorothy con desesperación – usted no puede enfrentarse a duelo con ese hombre, esta herido, va a matarle! – las lágrimas que jamás habían aparecido en su rostro, comenzaron a surgir de sus ojos sin darles permiso – cacéese conmigo y viva, después buscara la forma de batirse en duelo con quien quiera...
Wufei lanzó una maldición al escucharla, no podía ser que esa mujer lograra impedir el duelo. Pero en algo tenía razón, Traize estaba herido.
-- Lo siento mi querida Dorothy, pero no voy a casarme contigo. Y sobre mis heridas – dijo girando la vista para ver a Quatre – creo que hay una forma de que me cure, no es así Quatre?
Quatre vio fijamente el rostro de su tío, mientras todos en el salón le veían a él. Si, el podía curar esa heridas, pero, podría confiar en su tío? Se paro en su trono para hablarle, haciendo que todo el salón quedara en silencio.
-- Quiero tu palabra de que no intentaras utilizar tus dones para huir o hacer daño a la gente tío. Si me das tu palabra, puedo curarte.
Traize rió de forma queda. Podía decirle a Quatre que no huiría y que no utilizaría sus dones para hacerles daño a esos aldeanos o los reyes y después romper su promesa y hacer todo lo contrario. Pero el brillo en los ojos negros del cazador que estaba frente a él era más fuerte que su propio deseo de vengarse de sus sobrinos.
-- Yo, te doy mi palabra – dijo Traize de forma sería.
-- No, excelencia, píenselo bien, por favor se los suplico – insistió Dorothy limpiando las lagrimas de su rostro que no dejaban de salir – por fa...
-- Vete de este salón Dorothy Catalonia, no quiero que veas este duelo – dijo Traize haciendo que Dorothy se sorprendiera – sea cual sea el resultado, no quiero que lo veas.
-- Excelencia! – dijo Dorothy con las lagrimas escurriendo por el rostro.
Traize la observo fijamente, como no se había dado cuanta antes?. Las lágrimas y la decisión de la rubia por salvarle eran por que ella le quería... por eso su sonrojo cuando le había pedido matrimonio una vez que Duo huyo del palacio y el rey Schbeiker exigía el cambio de consorte. Por eso su docilidad cuando era él quien le hablaba o le conducía, siendo que era bien conocido su rudo carácter.
Pero él solo amaba a una persona...
Cerró los ojos y se acercó de forma sorpresiva al rostro de la rubia depositando un beso fugas en los labios de la chica, para de igualmente rápido separarse de ella, dejándola totalmente muda y ruborizada por el asombro de lo que había pasado.
-- Llévense a la princesa! – grito Traize, Heero solo indico con la mano que lo hicieran.
-- No, por favor, quiero quedarme, quiero ver como su excelencia Traize mata a ese cazador, déjenme – pero ninguna protesta hizo que está ves los guardias le soltaran.
El rey de Catalonia desde su lugar cabeceo en agradecimiento a Heero. Heero contesto de la misma forma, viendo como el hombre se levantaba de su lugar e iba al encuentro de su hija fuera de la sala del trono.
Quatre cerró los ojos sintiendo el dolor en el corazón de Dorothy, pero era lo mejor para ella. Su tío Traize no merecía el amor de ninguna mujer, Dorothy ya encontraría a alguien que le amara por ser ella y no la futura reina de Catalonia. Rogaría a los dioses por que eso sucediera.
Abrió los ojos y se levanto del trono, su corazón latía a toda prisa mientras caminaba de forma lenta hasta el lugar donde estaba su tío aun encadenado de pies y manos. Podía sentir dos sentimientos que se encontraban y los dos eran igual de fuertes. Uno era el de venganza y el otro... el otro no podía entenderlo bien, pero estaba relacionado con el cazador de ojos negros que no les quitaba la vista de encima. Quería enfrentarse a él en igualdad de circunstancias y para eso necesitaba que sus heridas fueran curadas.
Quatre tomo las manos de su tío en silencio y las despojo de los trozos de capa que le cubrían. Las fuertes manos de Traize estaban cubiertas de sangre y dos grandes heridas atravesaban sus palmas. Incluso comenzaban a amoratarse debido a la suciedad y a la humedad que reinaba en la "tumba".
Quatre levanto la vista para ver los ojos azules de su tío. Pero este no le veía, su mirada estaba perdida en la persona que estaba frente a él, apretando fuertemente el mango de su espada.
Comenzó a apretar las manos del hombre de forma suave primero, para sujetarlas de forma fuerte después cuando comenzó a sentir ese dolor que le producía el curar las heridas de alguien más. Las manos de Traize sujetaron con fuerza las suyas, sentía que sus manos quemaban, era aun más doloroso que en las ocasiones anteriores. Pudo ver como las heridas en las manos de su tío sanaban de forma rápida desapareciéndolas por completo. Pero su tío no le soltaba, seguía sujetando de forma fuerte sus manos, haciendo que un quejido de dolor escapara de sus labios.
-- Suéltalo!
Traize levanto la vista para toparse de frente con el arquero de ojos verdes que le apuntaba de forma amenazante con su arco y flecha. Sonrió un poco y soltó las manos de Quatre, quien retrocedió de forma inmediata para refugiarse detrás de Trowa.
-- No pensaba hacerle nada, mi amigo Trowa – dijo Traize sonriendo.
Heero no podía confiar en ese hombre. Si le daba por usar sus dones para escapar podría causar una masacre dentro del palacio. Había que asegurarse que ni siquiera iba a intentarlo. A pesar de haber dado su palabra, no podía confiar en él.
-- Y bien, que esperan para soltarme? O a caso creen que me voy a batir en duelo aun estando encadenado? – pregunto Traize viendo fijamente a Heero con una mueca desafiante en el rostro.
Duo giro la vista para ver a Heero, estaba vacilante y la gente del senado esperaba por su orden. Si su tío intentaba huir después de que Heero le concedía el duelo, probablemente harían hasta lo imposible por destituirle para darle el trono a Dekin Barton, que desde su lugar sonreía esperando que algo así sucediera.
-- Si tan solo pudiéramos inundar el salón del trono... - susurro Duo viendo el salón completo. Pero ese susurro llego a oídos de Heero de forma clara. Heero se giro para ver los ojos de Duo, había tenido una gran idea y el trenzado no lo sabia.
-- Si, eso es lo que vamos a hacer – Duo giro sorprendido para ver a Heero. Como pretendía hacer semejante locura!.
-- Estas loco Heero!, no puedes inundar el salón, hay demasiada gente, todos se ahogarían! – Heero solo le observo de forma sería. Pero en su rostro se dibujo una mueca en forma de sonrisa.
-- Podemos traer agua al salón sin necesidad de inundarlo Duo...
Se levanto de su lugar dando la orden de traer barriles con agua y colocarlos a lo largo y ancho del salón, formando un círculo con ellos. También ordeno traer a los arqueros para que rodearan a los dos hombres que se batirían.
-- Veo que no confías en mi palabra, querido sobrino – dijo Traize sonriendo sintiendo como las cadenas de sus pies y manos eran soltadas.
-- Y me culpas por no hacerlo? – respondió Heero clavando su vista cobalto en los ojos azules del hombre.
Todo estaba listo para el duelo. La gente del senado, los reyes y el pueblo estaban a la expectativa, mientras una chica de ojos azules estaba sin poder pronunciar palabra, esperando que cualquier cosa que Lady One hubiese visto fuese falsa.
Lady esperaba a un costado del salón, ante su vista llegaban las imágenes del futuro. La sangre cubriendo el piso y dos cuerpos tirados en el suelo, atravesados por espadas... sin vida. Había hecho todo lo posible... había pensado que si le decía a la princesa Schbeiker que detuviera a uno de los dos combatientes, el futuro podía cambiar... sin embargo, no era así.
Traize tomo una espada que había sido lanzada al suelo y comenzó a agitarla con sus manos, señalando con ese acto que estaba por completo curado de las heridas.
-- Mucha suerte palurdo – murmuro Duo desde su trono viendo como Wufei caminaba de forma lenta hasta estar delante de su enemigo.
Wufei levanto la mirada oscura hasta topar con la azul de Traize quien le veía sonriendo. Sentía una profunda furia recorrerle por entero el cuerpo. Después de cinco años en que había jurado vengarse, por fin tenía la oportunidad de hacerlo. Esa risa burlona que ahora le dirigía Traize le acompañaba cada noche en sus pesadillas. Esos ojos azules recorriendo su cuerpo con lujuria había aprendido a odiarlos. Esta vez no le vencería como hacía cinco años... esta vez, él iba a matarle...
Traize levanto la mano hasta las cintas de su capa y las jaló haciendo que la capa cayera al suelo recorriendo suavemente su cuerpo. Wufei solo lo vio e imitó los movimientos de Traize, no podía dejar que la capa le molestara una vez iniciado el duelo.
Dejo que su mano se deslizara de forma lenta hasta la empuñadura de la espada, mientras Traize comenzaba a tomar posición con la espada en la mano. No le fue difícil recordar esa pose, era la misma que el trenzado había usado para defenderse cuando él le había atacado. Si tan solo hubiera practicado con esa imitación de vagabundo... pero no había tenido tiempo. Como iba a saber que todo el tiempo estuvo conviviendo con un Khrushrenada que había sido educado por el único hombre que había podido vencerle?
-- MUERE! – grito Wufei empuñando la espada de forma rápida y atacando a Traize de forma sorpresiva. Pero Traize logro atajar la hoja de la espada con la punta y esta no había logrado tocarle.
-- Veo que has ganado fuerza mi amigo – dijo Traize riendo, mientras defendía una vez más con su espada el ataque de Wufei – pero no velocidad, si me sigues atacando de esa forma, volveré a vencerte...
-- JAMAS! – grito Wufei empujando la espada lo suficientemente cerca de Traize como para arañar su cara con la hoja.
Una mueca se dibujo en la cara de Wufei al haber logrado tocar la cara de su enemigo. Con la yema de sus dedos toco la sangre de la punta de la espada y sonrió más ampliamente. La sonrisa en la cara de Traize se ensancho aun más al ver ese gesto. Levanto la mano hasta su mejilla y retiro la gota de sangre que se acumulaba para llevarla hasta sus labios y lamerla con la punta de la lengua.
-- Eso es lo que quieres hacerme? – pregunto a Wufei con una risa queda. La mirada de Wufei se clavo en su rostro – quieres lamer mi sangre mi querido Chang? Tal como yo lamí la tuya?
-- CALLATE! – grito Wufei totalmente ruborizado lanzando una estocada más con su espada, pero Traize logro esquivarla fácilmente.
-- Quieres recorrer mi cuerpo, como yo recorrí el tuyo hace cinco años? Puedo recordarlo todo como si hubiese sido ayer... eras tan inocente mi querido Chang, supongo que ahora debes tener más experiencia.
-- Guarda silenció maldito bastardo! – grito Wufei de forma sonora lanzando una vez más su espada contra Traize.
-- Que noche pasamos mi querido amigo – siguió hablando el hombre deteniendo cada ataque de Wufei con maestría – fue tan apasionada, tan agradable, que desde hace cinco años sueño con volverla a repetir...
-- Nunca! – gritó el cazador.
Traize entrecerró los ojos al ver la espada de Wufei acercarse hasta él, doblo un poco el brazo para que la hoja de la espada no fuera tocada y este acto provocó que el cuerpo de Wufei se estrellara con el dorso de su adversario quedando a milímetros de su cara. La mirada oscura se dejo caer sobre la azul con odio, pero no previó que la mano izquierda de Traize se cerraba sobre su nuca para atraerlo hasta su rostro y plantarle un beso en los labios.
Con un movimiento rápido Wufei empujó a Traize con ambos brazos y se limpio los labios con la tela de la camisola mientras Traize reía a carcajadas.
-- Tan apasionado como siempre – dijo entre risas Traize – te comportas igual que aquella noche.
-- Maldito bastardo! – grito Wufei mientras volvía a blandir su espada para atacar a Traize.
-- Wufei! – murmuro Hilde desde su lugar al comprender todo lo que aquellas palabras significaban.
Una serie de murmullos comenzaron a escucharse en todo el salón del trono. Duo comenzó a completar las oraciones que Wufei dejaba inconclusas cuando hablaba de Traize. Siempre había algo que dejaba a medias y ahora podía darse cuenta de que era...
-- Heero!, tu lo sabías? – pregunto girando su vista violeta hasta topar con la cobalto.
-- Si – contesto Heero de forma seca – mi padre y yo lo encontramos en el río la misma noche en que toda su familia murió y pudimos darnos cuenta por lo que paso.
-- Por que no me dijiste nada?
-- Por que era un secreto que solo le pertenecía a él...
Duo volteo de nuevo para ver al cazador que seguía peleando con su tío. Ahora podía entender ese odio impreso en su voz cuando hablaba del hombre que había dado muerte a su familia y esposa y no conforme con eso... lo había tomado a la fuerza.
-- Quieres tomarme y poseerme como lo hice yo contigo? – volvió a decir Traize entre risas.
-- CIERRA TU MALDITA BOCA – grito Wufei totalmente ruborizado, sintiendo que su corazón se salía del pecho. Todos estaban escuchando lo que Traize estaba comentado y no sería difícil atar cabos – LO QUE QUIERO ES ACABAR CONTIGO.
-- Eso será muy difícil mi amigo – dijo Traize defendiéndose del ataque de Wufei, hasta ahora aun no lo atacaba y solo se defendía, le placía jugar con él mientras tanto, logrando confundirle y enfadarle para que cometiera algún error que le llevara a vencerlo – Quieres acabar al primer hombre en tu vida? Por que ni siquiera disfrutaste de los placeres del matrimonio.
-- MALDITO BASTARDO, ESO FUE POR QUE TU MATASTE A MI ESPOSA EL DÍA DE LA BODA!
-- Pero disfrutaste de una noche de bodas mejor... a mi lado – dijo riendo.
-- YA CALLATE Y PELEA!!
Ver el fuego en aquellos ojos negros le causaba placer. Era el mismo fuego que había visto cinco años atrás, solo que este estaba sazonado de odio, el mismo odio que le daba la fuerza para atacarle con tanta fiereza, el mismo odio que fácilmente podría vencerle sin usar su don. No podía permitir que le ganara, no iba a dejarse vencer por Wufei. Era un duelo a muerte y si la muerte era lo que buscaba, se la iba a dar...
La espada de Traize dio dos vueltas a la espada de Wufei haciéndola volar por los aires. Traize rió de buena gana al ver a Wufei indefenso de nuevo, eso mismo había pasado cinco años atrás, le vencía de la misma forma. El coraje que sentía el cazador le hizo equivocarse de nuevo y eso lo aprovecho.
Wufei vio los ojos azules de Traize y de forma lenta fue bajando hasta que sus rodillas tocaron el suelo. Mantenía ambas manos levantadas, solo esperaría por que Traize lo aniquilara, había perdido el duelo...
-- WUFEI!!!
El grito de Hilde le hizo voltear de reojo. Hilde, su princesa estaba viendo todo y se enteraba de aquel secreto que había guardado por años. Solo Heero y sus padres sabían lo que había pasado aquella terrible noche, pero ahora lo sabían todos en aquel salón. Que caso tendría vivir rodeado del deshonra?, ya ni siquiera podría estar al lado de la mujer a la que amaba. No después de que ella supiera que Traize lo había tomado a la fuerza aquella fatídica noche.
-- POR LOS DIOSES WUFEI NO DEBES MORIR!
El último grito de Hilde le hizo despertar. Había prometido vengarse y esta era su oportunidad de hacerlo. Pudo ver como su espada comenzaba a caer. Traize estaba distraído, sintiéndose demasiado seguro de su victoria. Estiro la mano al tiempo en que Traize se inclinaba para encajarle la espada al pecho. La espada cayó en su mano y se dio prisa en levantarla para encajarla a su vez en el pecho de Traize.
Lady cerró los ojos y cubrió su rostro con las manos. Pasaba todo tal cual lo vió en sus visiones. La espada cayendo en manos del cazador y siendo levantada al mismo tiempo en que la espada de Traize se inclinaba sobre su cuerpo atravesando el pecho del cazador. La espada de Wufei atravesaba también el corazón de Traize...
El salón se quedo por completo en silencio al ver la escena. Los ojos de Traize se quedaron por completo abiertos, mientras su mano se soltó y el ruido sordo de la espada estrellándose contra el suelo rompió el silenció del lugar.
Wufei cerró los ojos sintiendo un dolor profundo en el pecho. Su tarea por fin había llegado a su fin. Empujo con ambas manos el cuerpo que se sostenía con el suyo y de forma firme retiro la espada que había atravesado el cuerpo de su enemigo haciendo que la sangre fluyera a borbotones logrando hacer un charco en el piso.
De forma lenta Traize fue cayendo hincado sin apartar la vista de la figura de Wufei. De forma lenta el cazador de ojos negros levanto la espada y como había sido su promesa, probo la sangre de su enemigo de su espada, para darse la vuelta sin decir nada.
-- Me hubiera gustado dejarte más que mi sangre de recuerdo – dijo Traize sonriendo de forma queda haciendo que Wufei detuviera su paso por unos segundos.
-- Ya tengo suficientes recuerdos tuyos para toda mi vida – respondió Wufei reanudando su marcha.
-- Yo... yo... yo también te amo... - dijo Traize desplomándose por completo al charco que se había formado con su propia sangre.
-- Ridículo! – murmuro Wufei sin ver atrás.
Lady abrió los ojos con asombro. Que había pasado?. En su visión, ninguno de los dos salía vivo. Pero ahora, el cazador salía caminando dejando atrás el cuerpo de Traize. No entendía... no entendía que había pasado.
Un silencio sepulcral reinó por eternos segundos en todo el salón mientras Wufei se retiraba sin ver atrás el cuerpo inerte de su enemigo. La gente del pueblo se fue abriendo para dejarlo pasar. Todos le dirigían una mirada de respeto por lo que había hecho, más que de compasión por el pasado.
-- Tío! – grito Quatre saltando de su lugar para llegar corriendo al cuerpo del hombre. Duo trato de hacer lo mismo, pero una mano en su hombro se lo impidió.
-- Déjame ir Heero, es mi tío, el hombre que por 20 años nos cuido, no puedo dejar que muera de esa forma... - pero Heero cabeceo en desacuerdo.
-- No, él lo escogió así, déjalo morir de forma honorable Duo. Puedes darle el último adiós, pero no uses tus dones para traerlo a la vida – Duo cabeceo en acuerdo y de un saltó siguió los pasos de Quatre para llegar hasta el hombre que yacía inmóvil en el suelo del salón. Heero dirigió sus pasos fuera del recinto, había visto salir a una persona y le urgía hablar con él.
De forma gentil Quatre paso sus manos por detrás de la nuca de su tío para recargarlo sobre sus piernas. La sangre manchaba por completo el piso del salón y comenzaba a empapar las ropas del príncipe. Dos gruesas lágrimas rodaban por las blancas mejillas del rubio, mientras veía el rostro manchado de rojo de su tío.
Con pesados parpadeos Traize abrió los ojos y pudo ver los ojos aqua de su sobrino que le veía con profunda tristeza. Duo estaba detrás de su primo, viendo sin palabras el rostro ensangrentado del hombre. Traize esbozó una sonrisa al verles y levanto la mano para secar las lágrimas que caían por el rostro de Quatre dejando una marca roja de sangre al hacerlo.
-- Tío... - murmuro Quatre de forma queda.
-- No podía matar a la única persona que he amado en mi vida, verdad?, queridos sobrinos...
Quatre tomo la mano de su tío antes de que esta cayera por completo al suelo. Con un último suspiro susurro "Marimeia" y cerró los ojos dejando veinte años de su vida en el suelo de aquel salón del trono.
Duo y Quatre se vieron por segundos al no entender el murmullo, pero pensaron que sería alguna plegaría a algún dios.
"El traidor sellara su suerte al escoger las manos de su único amor..."
Dekim Barton abandono de forma rápida el lugar que ocupaba el senado seguido muy de cerca por el Duque Dermail. No había nada más que hacer, Odin Low Jr, había hecho un magnifico trabajo, no habría poder humano que le arrancara el trono de sus manos. Había estado esperando que el príncipe cometiera algún error al juzgar a Traize, ya que no lo había hecho con los anteriores prisioneros. Pero el haberle dejarle la decisión de su suerte al propio Traize había sido un movimiento extraordinario, digno de un verdadero conocedor de las leyes de Low. Como era posible que un hombre que no había vivido los últimos 20 años en el reino, supiera más de leyes que el propio senado?
-- Lord Dekim
Una voz bien timbrada a sus espaldas le hizo detenerse junto con su sequito de guardias. Abrió de forma enorme los ojos al toparse frente a frente con el mismísimo príncipe Low rodeado de varios de los guardias a quienes identifico de inmediato como el arquero Barton y algunos de los hombres de los Maguac de Winner.
-- Majestad Low!
-- Se retira tan pronto? – pregunto Heero acercándose a él de forma fría.
-- Pues, hemos visto que el juicio ha terminado, no creo que nuestra presencia sea necesitada por más tiempo. Si requiere del senado, sabrá donde encontrarnos – dijo Dekim dándose la vuelta para salir.
-- Tiene razón – dijo Heero haciendo que el hombre se detuviera y se girara con curiosidad a verle – se donde encontrar al senado.
-- Entonces con su venía, nos retiramos – dijo Dekim inclinándose frente a Heero.
-- El senado está y estará en el pueblo – aclaro Heero haciendo que Dekim clavara su cansada vista en el rostro de Heero con molestia.
-- Como dice?
-- Desde este momento los nobles de Low dejan de pertenecer al senado. Sus lugares serán ocupados por gente del pueblo. Son ellos quienes saben que es bueno y que no lo es para el pueblo. Los nobles de este reino jamás lo sabrían.
-- Pero no puede... - trato de protestar.
-- Como el nuevo rey de Low puedo hacer esto y más. Ya sabrá de las nuevas disposiciones cuando estas se promulguen.
-- Cuando... cuando se promulguen? – murmuro Dekim entre dientes – como nobles del reino tenemos derecho a saber de las nuevas leyes antes de que sean promulgadas. No puede tratarnos como a un plebeyo cualquiera. No somos aldeanos!, somos nobles!
-- Para mi no hay ninguna diferencia entre aldeanos o nobles Dekim y esa será mi política de ahora en adelante – Dekim apretó los dientes sumamente molesto.
-- Como diga... majestad – dijo entre dientes, inclinándose brevemente para después darse la vuelta y salir como alma que lleva el diablo.
El nuevo rey llevaría a cabo la política de su padre y eso le concedería el favor del pueblo, tal como le había sucedido al antiguo rey. Sería amado por su pueblo y respetado por los reyes más fuertes de los alrededores al haber hecho tan buen trabajo en los juicios. Muchos sabían de los dones de los Khrushrenada, por lo que también sería temido.
No cabía duda... la profecía, tenía razón.
"Dos decenios pasaran, antes de que llegue el verdadero rey a ocupar el lugar que le corresponde y pondrá las cosas en su lugar, cambiando por completo el curso de la historia..."
Ya comenzaba a cambiar las cosas... había roto el documento de la sucesión real, había colocado al pueblo en el sitió que por siglos había pertenecido a los nobles en el salón del trono y ahora... despedía al senado...
La profecía... era verdad.
Duo vio con ojos tristes como la corona que descansaba en un cojín aterciopelado rojo era levantada por dos sacerdotes del templo de los dioses para ser colocada sobre la cabeza de Heero. El pueblo entero vitoreaba al nuevo rey con regocijo, pero el sentía que su corazón se hacía pedazos.
Siendo Heero el nuevo rey, iba a tener que casarse pronto...
Bajo la vista con pesar. Todo había salido bien. El juicio había sido todo un éxito, aun que su tío había muerto, había muerto de forma honorable y eso le daba el derecho a ser enterrado junto a sus padres, como un miembro más de la poderosa familia de reyes.
Mientras todos estaban de pie, viendo como Heero repetía el juramento de proteger al reino con su propia vida, aprovecharía para huir. Nadie iba a echarlo de menos, nadie se daría cuenta que se iría del palacio.
Giro la vista para todos lados y al percatarse que nadie le veía, se dio la vuelta para salir del salón a toda prisa. Llegaría a su habitación, metería algunas cuantas cosas en un saco y se iría. No iba a interferir con la labor de Heero. Quatre podría enseñarle lo necesario del protocolo para que no fuese a provocar una guerra con su frialdad.
A pesar de saber que tarde o temprano iba a tener que hacerlo, dolía y dolía mucho el dejarlo.
Subió a toda prisa las escaleras y entro en su habitación sintiendo un nudo en la garganta. Sabía que nadie le seguía, Heero había indicado que después de la coronación vería a todos los reyes porque había leyes que quería cambiar de inmediato, leyes que beneficiarían a todos y no solo a Low. Por eso sabía que no era necesario apurarse, Heero seguramente estaría ocupado toda la noche y quizá, toda la semana también.
No iba a poder detenerle... mucho menos, buscarle.
Wufei terminaba de arreglar a Sheldong en las caballerizas del palacio Low. Ya había logrado cobrar venganza sobre el hombre que había aniquilado a su gente y mancillado su honor. No tenía nada más que hacer en Low. Podía escuchar mucho ruido proveniente del salón del trono, no era de extrañarse, Heero había hecho un buen papel y ahora le coronarían rey. Pero él no estaría para verlo... no podía estar allí.
Sentía su corazón hecho pedazos. Había logrado mantener en secreto lo que Traize le había hecho, pero ahora ese hombre lo había hecho publico ante toda la gente de Low, ante varios de los más importantes reyes y sobre todo... ante su princesa. Había prometido jamás darlo a conocer mientras siguiera con él, pero esa noche había huido de su lado y la fuerte corriente del río lo había arrastrado hasta las orillas del bosque negro, donde Heero y su padre lo encontraron y le curaron. Sabía que Traize no mantendría su promesa, pero no esperaba que lo revelara de esa forma. Delante de toda su gente. Delante de ella...
Con que cara podría seguir con ella después de lo que le había pasado?
Ella era una princesa y él un simple cazador. Quizá lo había aceptado como su pareja y estaba dispuesta a luchar por su amor si su padre se negaba a su relación... pero eso era antes de que se enterara.
Incluso ahora su padre sabía todo...
No era merecedor de ella.
Tenía que irse de Low lo antes posible. Ya le enviaría una carta cuando todo el asunto de Heero se calmara un poco.
Tomo las riendas de Sheldong y de un saltó subió a su lomo. Iría primero a su cabaña a reabastecerse de víveres y después tomaría camino rumbo al sur. Se alejaría lo más posible de Low, lo más lejos de Schbeiker... lo más lejos de ella, hasta que pudiera olvidarle...
Encajó los talones en el cuerpo del animal para que este saliera al galope de la caballeriza, pero una sombra parada delante suya le hizo jalar las riendas haciendo que el animal se parara en dos patas.
-- Pero con un demonio!!!, como se le ocurre atravesarse al paso de un animal como este? – cuestiono sumamente molesto al no ver a la persona que le había obligado a detenerse.
Pero calló de forma abrupta al ver unos ojos azules llorosos viéndole fijamente. Su corazón comenzó a latir de forma apresurada, mientras su cuerpo tembló de forma imperceptible. No... no quería que le viera partir. No era justo tener que despedirse de esa forma.
-- Yo... yo... - comenzó tartamudeando, pero su boca se había secado de golpe y no le permitía decir nada coherente.
-- Wufei? Te marchas sin despedirte?
-- Hilde yo? – logro pronunciar al verla de esa forma frente a él. Sus ojos azules deshaciéndose en lagrimas, le partía el alma verla llorar de esa forma, pero no podía quedarse. No después de que ella sabía todo.
Tomo fuertemente las riendas y apretó los labios. Tenía que tener el suficiente coraje para decirle adiós. Ya encontraría a alguien mejor que él. Alguien que la mereciera más. Alguien que no tuviera las marcas en el cuerpo de aquel tirano.
-- Lo lamento majestad, pero debo partir – dijo sin verla, haciendo que Sheldon avanzara de forma lenta pasando por en frente de Hilde.
-- Wufei te amo! – grito Hilde entre sollozos. Wufei detuvo a Sheldon y se giro sobre el lomo del animal para verla.
-- Ya me olvidaras. Encontraras a alguien que te merezca más que yo...
Volvió a girar sobre el lomo sintiendo un nudo en la garganta, mientras una lágrima se escurría por su mejilla sin darle permiso. Sentía que su corazón se partía en miles de pedazos, al decir esas palabras tan crueles, y una parte de ellos se quedaba al lado de su amada.
-- No puedes dejarme!, no puedes irte! – Gritó siguiéndolo, pero Wufei apretó los dientes y los ojos fuertemente y encajó más fuerte los talones en Sheldong - ESTOY ESPERANDO UN HIJO TUYO!!!.
Wufei encajó los talones en el cuerpo del animal, pero por el asombro no sujetó la rienda y por la rapidez con la que Sheldon salio, cayó de bruces al suelo. Hilde corrió hasta él asustada al verle caer de espaldas y no moverse. Pero al llegar, Wufei estaba con los ojos abiertos viendo al cielo y repetía en voz baja.
-- Un hijo, un hijo, un hijo, un hijo... - Hilde comenzó a reír al ver la reacción de su cazador.
-- Si Wufei, un hijo tuyo y mío – dijo viéndolo con una sonrisa – y no puedo permitir que dejes a tu hijo sin padre, no permitiré que te vayas, soy capaz de mantenerte atado con tal de que no me dejes.
Wufei dejo de ver al cielo y centro su mirada sobre el rostro blanco de Hilde, cuanto la amaba...
-- Pero yo... Traize... él – trató de explicarle, pero Hilde le abrazo en el suelo y de forma instintiva correspondió al abrazo.
-- No fue tu culpa – murmuro de forma queda – yo curare cualquier herida que aun tengas, yo y tu hijo lo haremos con nuestro amor y cuidados.
-- Hilde... te amo...
Wufei abrazó más fuerte a su cuerpo el delgado cuerpo de su princesa. Como había pensado tan siquiera el dejarla? Después de la muerte de su esposa, ella era la única que había penetrado sus defensas y había llenado su corazón de nuevo. Y ahora le daba lo que más ansiaba en la vida... un hijo.
Un Hijo...
Todo era un verdadero caos...
Preceder una reunión de reyes era más de lo que se imaginaba. Todos los hombres hablaban al mismo tiempo y ninguno prestaba atención a lo que decía el otro. No había podido decir ninguna de sus ideas aun y ya quería salir del lugar.
La ceremonia de coronación había sido corta, así lo había decidido por que quería reunir a todos de una vez y dar por terminada la reunión. Pero al parecer iba a ser una tarea titánica y sin Duo a su lado, era un más difícil.
Por que el trenzado no había entrado con ellos?
Sabía de antemano que no gustaba de la política y las leyes, pero lo necesitaba a su lado como apoyo. A caso Duo no sabía eso? Sin él a su lado iba a ser muy difícil tan siquiera lograr que todos los hombres guardaran silencio.
Giro la vista para ver a Quatre que hablaba con el rey de Schbeiker de forma animada, al parecer lograban algún acuerdo. Por lo menos dos de todos los que estaban en esa ruidosa reunión lograban ponerse de acuerdo en algo.
Jaló la capa de Quatre y esté al sentir el tirón giró la vista para ver a su primo. Su mirada dejaba ver una clara señal de fastidio.
-- Donde esta Duo? – le pregunto al rubio al oído, podría haberlo preguntado en voz alta, era probable que nadie prestara atención a sus palabras, pero prefirió hacerlo al oído del rubio.
-- Desde que fuiste coronado no lo he visto. Pensé que estaría aquí, pero tampoco lo vi llegar – Quatre sintió la mirada fría de Heero clavarse en sus ojos, pudo sentir un sentimiento muy fuerte provenir de su primo. Estaba muy molesto, pero en sus facciones no se veía ese enojo reflejado.
-- Usa tu maldito Don y dime que esta haciendo? – dijo de forma fría haciendo que Quatre se sobresaltara. Abrió los ojos de forma enorme al sentir lo que Duo planeaba.
-- Esta huyendo de ti.
Al escuchar las palabras de Quatre, Heero se levanto a la carrera haciendo que todos los presentes guardaran silenció por el asombro. Heero los observo a todos de forma fría, para después tomar una serie de documentos que estaban sobre la mesa frente a él.
-- Estas son leyes y decretos con los que Low no esta de acuerdo, ni la gente del pueblo de todos sus reinos - dijo Heero viéndolos a todos – Y esto es lo que haremos con ellos...
De forma firme, tomo las viejas hojas amarillentas y las partió por la mitad, tal como lo había hecho con el decreto de sucesión. Los ojos de todos los hombres se desorbitaron al ver lo que el nuevo rey de Low le hacía a leyes muy viejas. Pero ninguno dijo nada, solo vieron como las hojas caían pesadamente a la mesa.
Heero tomo la corona entre sus manos y la dejo caer sobre la cabeza de Quatre. Quatre levanto la vista sin comprender, pero Heero esbozo una ligera sonrisa.
-- Hazte cargo mientras vuelvo.
-- Pero Heero...
-- Lo harás bien, tengo algo muy importante que hacer.
Y sin dar más explicaciones, salió corriendo del salón dejando a todos los presentes discutiendo entre si.
Quatre vio las hojas sobre la mesa, entre ellas estaba la ley que prohibía las relaciones entre personas del mismo sexo. Ya era hora de que esa ley cambiara, Heero había hecho la primera parte: eliminarla; ahora le tocaba a él hacer la segunda: borrarla por completo del mapa.
-- Señores – dijo Quatre levantándose de su lugar, pero nadie le presto atención – señores guarden silencio – pero de nuevo no lo hicieron – CALLENSE!!! – grito haciendo que todos los hombres le vieran por primera vez – tenemos que hacer cambios a las leyes y si no nos ponemos de acuerdo, no vamos a salir nunca de aquí. Tengo los apuntes que Heero me dejo y más nos vale ponernos a trabajar.
-- Su majestad se llama Odin, por que insten algunos en decirle Heero? – pregunto uno de los reyes. Quatre sonrió y mostró una hoja sellada y firmada por el nuevo rey.
-- Puede que su nombre real sea Odin Low, pero el prefiere que le llamen por el nombre que le dieron sus padres adoptivos, Heero Yuy y para eso ha firmado esta petición. No es una ley, ni un decreto, solo es la petición de llamarle Heero Yuy y dejar descansar el nombre de su padre, el anterior rey de Low.
Los hombres sonrieron. Hubiera sido fácil para el rey hacer una ley que prohibiera llamarle Odin Low, pero en lugar de eso, hizo una petición. No obligaba a nadie a decirle Heero, se los pedía de forma amable.
Este era el verdadero cambio de un verdadero rey preocupado por la gente y no por si mismo.
Heero atravesó a toda prisa los pasillos. Al parecer el trenzado pensaba cumplir con lo que le había dicho de abandonar el palacio una vez que fuese coronado rey. Y a pensar de que le había dicho de buscarlo hasta pro debajo de las piedras si lo hacía, había decidido huir.
Pues no iba a permitírselo...
-- Guardias! – grito a varios de los hombres que se encontró al dar la vuelta al pasillo. Los hombres se acercaron a la carrera al escuchar el grito – si el príncipe Duo Maxwell piensa salir del palacio, prohíbanselo.
-- Si señor! – dijeron los hombres al unísono.
Heero siguió caminando hasta llegar a las escaleras que le conduciría a los cuartos y comenzó a subir los escalones de dos en dos. No iba a permitir que Duo le dejara por una tontería. Si Duo no le quisiera, no le detendría, pero Duo le amaba, lo mismo que él. Entonces no tenía por que irse.
Duo se asomo por las escalares justo en el momento en el que Heero comenzaba a subirlas. Se dio la vuelta a la carrera y corrió de nuevo hasta su habitación. Dejo caer el pasador sobre la puerta mientras pensaba como escaparse.
No era posible que ya hubiese terminado la reunión. Había sido muy rápido. Aun recordaba cuando su tío se reunía con el senado o con algunos reyes. Se tardaba horas!. A veces el sol se ponía y no salían del salón. Por eso había intuido que Heero tardaría lo mismo, o más.
Pero no!, Heero se dirigía al segundo piso y estaba casi seguro que iba a buscarlo a él.
Retrocedió de forma insegura cuando escucho que tocaban a su puerta, para poco después escuchar la voz de Heero llamándole. Como lo pensaba, había subido a buscarle. Había sido un tonto al no escapar mientras le coronaban Pero se había tomado su tiempo al buscar ropas en la lavandería para cambiarse y llevar algunas monedas de oro del salón del tesoro.
Pero que tonto y confiado había sido, ahora Heero estaba a punto de atraparle.
Giro la vista y vio por la ventana. Abajo la gente caminaba de forma despreocupada. Si pensaba salir por la ventana, hubiera sido mejor salir de noche, cuando nadie le viera. Pero ahora no tenía más opción.
Tomo la tela de la cortina y la dejo caer sobre la cornisa de la ventana. No sería la primera vez que lo hacía. Así que se dejo deslizar por la gruesa tela. En poco tiempo ya estaría abajo, pero iba a tener que correr si no quería que Heero lo atrapara.
Heero había tratado de abrir la puerta y al encontrarla cerrada, dedujo que Duo estaría adentro. Pero por más que le llamaba, este no le respondía. Si no fuera por que tenía un oído muy fino, hubiera pensado que dentro no había nadie. Pero pudo escuchar unos pasos alejándose de la puerta y como la tela de la pesada cortina era levantada y movida. Podía escuchar como esos mismos pasos subían a algo y como la tela rasposa se friccionaba sobre otra más delgada.
Duo estaba escapando por la ventana...
Comenzó a empujar la gruesa puerta de madera, pero no cedía. Como derribar una gruesa puerta de roble? Retrocedió un poco para verla y extendió la mano. Una enorme ráfaga de viento comenzó a soplar empujando de forma cada vez más y más fuerte la puerta, haciendo que el pasador saltara por la fuerza del viento al empujar la puerta.
Duo sintió como el viento empujaba la cortina y le hacía soltar la tela de la cortina de la parte de arriba. Amarro uno de sus pies a la parte de abajo, pero no aguantaría mucho colgado de cabeza.
-- Maldición!! – grito tratando de pescarse de la forma de arriba de nuevo de las manos. Pero la capa se enrollaba entre su cabeza y sus brazos y eso se lo hacía imposible.
El viento comenzó a mecerlo e indudablemente eso le recordó a la primera vez que trato de escapar de Heero. Había caído en una de sus trampas y colgaba del pie de cabeza, hasta que Heero cortó la cuerda y se había dado un buen golpe al haber caído de forma desprevenida.
-- Me voy a marear si sigo dando vueltas aquí!
Empujo la capa hacía un lado y levanto la cabeza para tratar de pescar la tela de la cortina de nuevo, pero al elevar la vista vio la figura que menos esperaba ver recargado en la cornisa de la ventana viéndolo fijamente.
-- Tratando de escapar de nuevo? – cuestiono clavando su vista cobalto en la violeta – hasta cuando vas a huir de tus responsabilidades Duo?
-- Que responsabilidades? – cuestiono desde su lugar, tratando de sujetar la tela sin lograrlo – contigo como rey, me relevas de toda responsabilidad de gobernar.
-- Tu responsabilidad conmigo Duo, a eso me refiero – dijo frunciendo el entrecejo.
-- Tu tienes tus propias responsabilidades, como casarte y tener hijos! – Reclamo el trenzado – yo no voy a convertirme en tu amante, por eso me voy, no voy a interferir con un protocolo más antiguo que el propio tiempo.
Heero esbozo una sonrisa que hizo que Duo sintiera como si una corriente eléctrica le recorriera el cuerpo.
-- Esa ley la acabo de romper...
-- Pero...
-- Vas a casarte conmigo? O Voy a tener que convencerte de alguna forma?
Un intenso rubor cubrió las mejillas de Duo. Vaya forma de proponerle matrimonio, mientras permanecía colgado de cabeza. Sentía que la sangre fluía de forma rápida por todo su cuerpo y no era precisamente por estar al revés.
-- Pero los Khrushrenada desaparecerán... Quatre se casara con Trowa y si tu y yo lo hacemos... no habrá nadie que herede los dones que tenemos.
-- Para que necesita el mundo seres como nosotros?, Para ocasionar muerte?, Para ser temidos por pueblos enteros?, Para ser usados como armas?, Para que Duo?... Nadie necesita estos dones. Es bueno que desaparezcan con nosotros.
Duo volvió a girar la vista para ver a Heero en lo alto de la cornisa y una luminosa sonrisa apareció en sus labios al conocer las palabras de Heero. Era cierto. Para que quería alguien dones como los suyos?
Heero subió a la ventana ante los ojos asombrados de Duo, que pretendía hacer el ex cazador de ojos cobalto?
-- Heero!, ten cuidado, no vayas a caer, esta muy alto! – dijo sintiendo la fuerza del aire que le movía constantemente. Pero Heero parecía no temer a las alturas.
-- Si tu estas colgando de cabeza sin temor a caer, por que yo no he de estar aquí... a punto de saltar?
-- QUE!!!
Heero dio un paso fuera de la cornisa y ante los ojos asombrados de Duo vio como iba bajando poco a poco hasta estar a su altura. Tendió ambos brazos para tomar al trenzado al tiempo en que soltaba la tela que sujetaba la pierna y juntos bajaban al suelo. El viento que Heero había hecho que circulara a su alrededor les sostuvo hasta que estuvieran a salvo.
Duo bajo la vista aun asombrado, no esperaba que el don de Heero le permitiera saltar desde esa altura. Era cierto que si ese don caía en malas manos, la gente tendría mucho que temer. Era cierto lo que decía Heero, el mundo no necesitaba gente como ellos.
Sintió algo calido que le sujetaba por la babilla y le obligaba a levantar la vista. Se topo de lleno con esos ojos cobalto que le miraban como tratando de adivinar sus pensamientos. Si fuese Quatre quien le estudiara de esa forma, estaba seguro que sabría todo lo que sentía. Pero quien le observaba era Heero y su mirada le recorría de forma lenta el rostro, haciéndole enrojecer.
-- Entonces, te casaras conmigo? – pregunto Heero sin apartar su vista de la violeta.
-- La ley... - trato de decir, pero Heero levanto el pulgar de la barbilla para depositarlo sobre sus labios y callarlo.
-- Esa ley ya no existe y Quatre se encargara de que ni siquiera sea nombrada en las nuevas.
Duo vio fijamente los ojos cobalto de Heero. La gente que aun caminaba por el traspatio del palacio comenzaba a detenerse para verlos. Formaban una pareja magnífica, el cabello de Duo se agitaba por el viento que corría al mismo tiempo en que ambas capas ondeaban de forma libre.
Duo elevo las manos para tomar la mano de Heero que aun descansaba sobre su barbilla, Heero entrelazo la otra mano para sujetar las de Duo. Con una enorme sonrisa Duo respondió por fin.
-- Si, acepto casarme contigo.
Heero sonrió al escuchar la respuesta y dio un paso hasta el rostro de Duo. De forma lenta tomo el rostro de Duo entre sus manos para depositar un beso calido sobre los labios del trenzado.
Duo sintió que su corazón latía a toda prisa. Olvido donde estaba y que aun habían aldeanos a los alrededores, sería una sorpresa para todos ver al rey Low y al príncipe Maxwell besándose en medio del patio del castillo. Pero no le importaba, ya no importaba nada...
Levanto los brazos y los entrelazó detrás del cuello de Heero para profundizar el beso. No tenía por que irse, no tenía por que abandonarlo, jamás iba a dejarlo... Los brazos de Heero bajaron del rostro del trenzado para pasarlos por su espalda en un abrazo posesivo y poder regresarle el beso de la misma forma e intensidad.
Tuvieron que separarse cuando se hizo falta el aire.
Duo vio lo que jamás había visto al observar el rostro de Heero, estaba sumamente sonrojado. Cuando los sonidos llegaron hasta sus oídos, giro el rostro para ver como una pequeña multitud de aldeanos, soldados y familiares de los reyes les aplaudían de forma sonora y gritaban de forma alegre un "Felicidades".
Duo sonrió avergonzado escondiendo el rostro entre los pliegues de la capa de Heero que no había dejado de abrazarle.
-- Sabías que un beso en público es como gritar a los cuatro vientos que vamos a casarnos? – murmuro Duo totalmente sonrojado.
-- Entonces, volvamos a gritárselos...
-- Pero... podrás acostumbrarte a todo esto? - interrumpió Duo totalmente sonrojado - Heero volvió a tomar a Duo por la espalda para acercarlo hasta sus labios y volver a besarlo, sin darle una respuesta.
-- Si pudiste acostumbrarte a dormir en el suelo – dijo Heero separándose de los labios de Duo para verlo fijamente a los ojos – creo que podré fácilmente acostumbrarme a dormir en una cama muida abrazando a la persona que más amo en el mundo.
Un intenso rubor cubrió el rostro de Duo mientras su corazón comenzó a latir desbocado en su pecho. Lo que Heero había dicho le había llenado de una felicidad infinita. De forma feliz levanto los brazos y los cruzó por detrás del cuello de Heero para ser él quien le besara en esta ocasión ante la vista de toda la gente del pueblo.
La reunión de los reyes había tardado mucho más de lo que esperaba. Ver al nuevo rey de Low salir del salón dejando al príncipe Quatre con la responsabilidad de establecer las nuevas leyes le daba a entender que sería un gobierno conjunto. Los tres herederos de Low gobernarían un solo reino que involucraba a los ricos reinos de Low, Maxwell y Winner.
Y no había estado equivocado.
Al poco tiempo Heero y Duo habían regresado a la reunión informando precisamente lo que se había imaginado. Y entre todos habían establecido las nuevas leyes que sustituían a las que Heero había roto.
Pero ponerse todos de acuerdo, había llevado mucho tiempo.
Ahora cabalgaba sobre el lomo de su caballo rumbo al pueblo. Tenía que encontrar a esa persona. No importaba que rayara el alba, tenía que encontrarla antes de partir rumbo a su reino.
Iba a decirle todo... todo lo que aun no sabía. De todo lo demás se había enterado al ser capturado y enjuiciado. Ahora Noin pensaría lo pero de él... pero a caso no lo había defendido?, A caso no le creía incapaz de hacerle daño a alguien de forma deliberada? A caso...
No... no podía guardar ninguna esperanza. Solo iba a darle las gracias, a decirle aquello que aun le falta por conocer y... a despedirse.
La guardia de Zanc ya le esperaba a las afueras del pueblo. Había mandado a su hermana en un carruaje rumbo a su reino en cuanto Heero fue coronado rey. Por más que la chica había protestado, la había mandado aun en contra de su voluntad. La declaración que su hermana le hizo antes de irse por completo enfadada, es que iba a casarse con Heero y que en cuanto lo hiciera le pediría que invadiera Zanc para tomar el control del reino.
Su hermana estaba enferma de avaricia. Era por órdenes de su padre que había ido a buscarle. Si Heero hubiese roto el titulo de la sucesión real antes, ella hubiera hecho hasta lo imposible por evitar que se presentara en Zanc a reclamar el trono. Ahora ya era demasiado tarde.
Su capa ondeó por la velocidad que llevaba haciendo que se agitara al paso del corcel. Pudo divisar a lo lejos aquella choza que solía visitar con frecuencia. Todo estaba a oscuras, era muy posible que ella durmiera. Quizá debería esperar a que se despertara, pero le urgía verla. Saber que pensaba de él después de que sabían quien era realmente.
Desmonto de Tarquis de un salto y se dirigió hasta la puerta de la choza. Pudo ver que estaba abierta, así que la empujo. Busco con la vista en aquella pequeña habitación que Noin ocupaba, pero estaba vacía. Giro la vista por todo el lugar buscando alguna señala que le indicara que Noin había estado allí hacía poco tiempo. No quería pensar que no había vuelto... No quería pensar que Noin se hubiese atrevido...
-- Noin!!
Miliardo salió corriendo de la choza de Noin con un terrible presentimiento haciéndole latir el corazón. Subió de un salto a Tarquis y lo guió hasta la orilla del rió. Ese mismo lugar era donde había conocido a Noin, el mismo lugar donde Noin había intentado suicidarse arrojándose a sus aguas profundas.
Entre las sombras que producía el sol al ir saliendo, pudo ver una figura a las orillas de las aguas. Pero el sol le impedía ver bien. No sabía si la persona que estaba parada a la orilla era Noin o alguna otra persona.
Quería gritarle que se detuviera, quería gritarle que no se arrebatara la vida porque de hacerlo le arrancaría parte del corazón. Sin embargo su garganta se negaba a emitir ningún sonido. Lo que hizo fue encajar más fuerte los talones en el animal para correr hasta la orilla.
El sol volvió a cegarle impidiéndole ver el rostro de la persona a la que se dirigía. Sin medir las consecuencias de sus actos, estiro los brazos y la subió hasta el animal separándola de la orilla del rió lo más rápido que pudo.
-- Zech!, Zech!
La voz que tan bien conocía le hizo disminuir la velocidad con la que conducía a Tarquis. Cuando levanto la vista pudo ver los ojos asustados de Noin. Sus brazos estaban cerrados de forma fuerte sobre el delgado cuerpo de la chica, evitando a toda costa que ella pudiera escapar. Las manos de Noin sujetaban con fuerza la capa de Miliardo, su mirada asustada le vería directamente a los ojos celestes, pero un intenso rubor cubría sus mejillas.
-- Noin, como puedes intentar suicidarte de nuevo? – cuestiono Miliardio viendo con el ceño fruncido a la chica.
-- Suicidarme? – cuestiono sin entender – que te hace pensar semejante cosa?
-- No mientas, estabas a las orillas del rió, no dormiste en tu choza... - dejo entre ver la preocupación que eso le había causado.
-- Estaba lavando la ropa – dijo la chica con una sonrisa en los labios – me levantaste de la orilla sin ver lo que traía en las manos? – dijo mostrando una prenda totalmente mojada – me enseñaste a amar la vida de nuevo, me enseñaste a luchar por mis sueños y a sobrevivir. No volvería a intentar suicidarme si... - dijo bajando la vista totalmente ruborizada.
Miliardo sonrió de forma amplia y detuvo a Tarquis bajando de él. Tendió los brazos a Noin y le ayudo a bajar. Noin en ningún momento rechazo la ayuda o su compañía, eso le indicaba que su forma de pensar no había cambiado con respecto a él. Quizá ya era hora de decirle a lo que había regresado.
-- Noin, debo irme, mi padre me espera en Zanc – dijo Miliardo de forma queda. Noin levanto la vista con sorpresa, para después bajarla.
-- Lo se
-- Pero no quiero irme sin que sepas algo – Noin levanto la vista de nuevo, sus ojos luchaban por no dejar derramar las lágrimas. Pero estas eran más fuertes que ella – Noin!
Miliardo levanto la mano para secar con su dedo índice la gota que se deslizaba de forma suave sobre la blanca mejilla de la chica. Casi de inmediato Noin atrapo la mano entre las suyas y dejo que sus labios rozaran de forma sutil la mano de Miliardo.
-- Mientras creí que eras un soldado, tenía la certeza de que te vería en Low. Venías muy seguido a verme y tus visitas me alegraban la vida. Pero ahora que se que eres un príncipe, tengo la certeza de que no volveré a verte y eso me parte el corazón – dijo tratando de ahogar un sollozo.
Miliardo soltó la mano que Noin le sostenía para tomar el rostro de Noin con ambas manos y obligarle a verle a los ojos.
-- Me veras muy seguido, todos los días si lo quieres – Noin le vio de forma confundida – Lucrecia Noin he venido con la esperanza de que aceptes ser mi esposa y te conviertas en la futura reina de Zanc.
-- Zech yo... es decir, príncipe Miliardo, yo no se que decir – dijo Noin totalmente ruborizada viendo los ojos celeste de Miliardo.
-- Solo di que aceptas – dijo Miliardo aproximándose de forma lenta hasta los labios de Noin para depositar un beso sutil.
Noin se puso de puntillas y entrelazó sus brazos detrás del cuello de Miliardo para corresponder al beso dado.
-- Yo... acepto – dijo Noin con una sonrisa, separándose ligeramente de los labios de Miliardo.
-- Entonces es hora de ir a nuestro reino – dijo Miliardo subiendo a su caballo y tendiendo la mano a Noin para que le acompañara.
-- Si
Noin subió al caballo con Miliardo, dejaba atrás su vida en Low para acompañar en la suya a Miliardo, al hombre del que se había ido enamorando poco a poco. El hombre que le había salvado de la muerte en más de una forma.
Miliardo abrazo a Noin a su cuerpo mientras agito las riendas de Tarquis para encaminarlo hasta donde lo esperaba la guardia. Cuanto tiempo tuvo que guardar lo que sentía por Noin sin poderlo decir? Con la muerte de Traize se había liberado de la promesa, incluso desde antes, desde que había descubierto que le había engañado por tantos años. Pero era hasta ahora que podía decirle a Noin cuanto le amaba.
-- Noin, te amo – susurró Miliardo al oído a la chica, haciéndola estremecer.
-- Y yo te amo a ti, mi Príncipe - respondió Noin dejando que una lagrima escurriera por su mejilla, pero esta vez de felicidad.
Desde lo alto de una colina varios hombres veían como el sol comenzaba a bañar las casas de aquel poblado. Un viento fresco agitaba sus ropas y sus largas cabelleras, mientras su vista cansada y una sonrisa ligera adornaban sus rostros llenos de arrugas.
-- Hemos vuelto a las tierras que nos vieron nacer – dijo uno de ellos con profunda nostalgia.
-- Hemos vuelto en las tierras que nos vio nacer para que nos vea morir – aclaró otro de los hombres con voz sería.
-- Morirás tú viejo decrepito, yo aun pienso vivir muchos años...
-- G, como te atreves a interrumpirme – farfulló J sumamente enojado viendo con cólera a su compañero.
-- Basta los dos!, cuando será el día que dejen de discutir? – trató de imponer un poco de orden Howard acercándose a ellos sonriendo – por que yo creo que ni aun muertos dejarán de hacerlo. Ya los veo yo del otro lado, discutiendo quien lloro más por ustedes.
Una sonora carcajada se dejo oír en el pequeño grupo haciéndoles unirse a ella poco después. Las sonrisas adornaron sus rostros y fijaron su vista cansada en aquel valle. Las tierras de Maxwell parecían sonreír con ellos porque las hierbas se agitaban de forma alegre a su paso.
Los aldeanos del pueblo fueron saliendo curiosos al ver como el pequeño grupo avanzaba. Todos saludaban a los hombres montados en finos corceles negros. Los niños preguntaban alegres a sus padres por el curioso grupo vestido totalmente de negro. Al poco tiempo un coro de voces respondía a la pregunta general de forma alegre:
Los Shinigamis han vuelto para quedarse...
Dekim Barton estaba muy enojado, habían sido promulgadas nuevas leyes con las que no estaba de acuerdo. Pero como ya no formaba parte del senado, no había nada que pudiera hacer.
La noticia que lo tenía más intranquilo era la referente a la sucesión real.
Se había anulado la ley que prohibía las relaciones entre personas del mismo sexo, avalada por la mayoría de las casas reales, y para poner un ejemplo a seguir se habían llevado acabo varias bodas reales entre personas del mismo sexo. La princesa de Alliance, antes comprometida con el príncipe Milliardo de Zanc, había contraído matrimonio con Lady Noventa. Y el príncipe Quatre Winner contraía matrimonio con el general de la fuerza real Trowa Barton!. También se habían casado la princesa de Schbeiker, antes comprometida con el príncipe Maxwell, pero se había casado con quien comando las tropas que derrocaron a Traize. Ahora sería el príncipe del reino Schbeiker y se dio la noticia de que en pocos meses nacería el primogénito de la pareja.
Lo que más le había molestado era el matrimonio del rey Low, ahora rey Yuy por una petición.
Pero como se atrevía a solicitar que le llamaran Heero y no Odin, que era el nombre de su padre?
Algo con lo que estaba totalmente en desacuerdo respecto a la ley de sucesión, era el referente a aquellas familias reales que no tendrían familia a quienes heredarles el reino. Para esas familias reales se había establecido que el reino pasara a manos de alguien elegido por el pueblo.
Eso se convertía en democracia!, una idea del mismo rey de Low que había agradado al pueblo y lo apoyaban los reinos con ciertas reservas.
Democracia, por todos los dioses!
La princesa de Zanc, Relena Peacencrafht, le había ido a solicitar ayuda para convencer al rey Yuy de aceptarla como esposa. Ya que al parecer el príncipe Maxwell no le iba a ayudar. Eso le convenía mucho, ya que la princesa le había prometido ayudarle a establecer el orden. SU ORDEN, por supuesto. Pero por más que había movido sus influencias con los nobles, nadie había logrado hacer que el rey Yuy cambiara de opinión. Y por el contrario, declaraba a todo el que le insinuaba de su matrimonio con una mujer, que jamás lo haría, se casaría con Duo Maxwell.
Y así había sido...
Unos meses después de promulgada la ley y después de la boda de su primo Quatre, Heero Yuy y Duo Maxwell habían contraído matrimonio. Apenas unos días antes del cumpleaños numero 21 del príncipe Maxwell. Los invitados especiales de la boda habían sido el pueblo y no los nobles!, otra cosa más para enfadarse.
Ambos habían llegado montados en dos magníficos caballos salvajes. Uno blanco con manchas negras que simulaba ser de un color plateado y el otro de un hermoso color negro que destellaba reflejos azulados. Según pudo escuchar, eran los caballos Zero y Shinigami.
Heero Yuy irradiaba una autoridad que les faltaba a los príncipes Duo y Quatre. Y tenía la simpatía del pueblo entero, cosa que no tenía su excelencia Traize. No iba a poder hacer nada contra ellos. La alianza entre los príncipes era notoria. Sus dones unidos serían invencibles, sobre todo los que poseía el rey.
Ni como armar una rebelión como la que había echo su excelencia Traize.
Sin embargo, tenía un as bajo la manga...
Para que Traize entrara al palacio Low y traicionara a sus hermanas y cuñados, se habían llevado años. Más de una década. Quizá se tardaría lo mismo para hacer algo parecido.
Por eso iba ahora a ver a la única persona que podría ayudarle sin cuestionar sus motivos. La única arma que podía servirle para sus planes. La única persona que podría lograr cumplirle sus sueños: Ser el dueño absoluto de los reinados conjuntos de Low, Maxwell y Winner.
El sol alumbraba por completo un hermoso campo de flores, mientras una pequeña niña jugaba en medio de él. Tres hombres a caballo se acercaban por el camino, mientras una mujer vestida de forma elegante salía de una casa rodeada de árboles para recibirles.
-- Papá!, que sorpresa verte – dijo la mujer dibujando una hermosa sonrisa al ver al hombre que se detenía con el ceño fruncido.
Hacía años que el hombre le había repudiado y para ella era una feliz ocasión el que fuese a visitarla. Quizá el enojo por lo que había hecho ya se le había pasado.
El hombre, delgado y vestido como el Lord que seguía siendo, por lo menos los títulos aun no los retiraba el nuevo rey, bajo del caballo de forma apresurada. Su ceño fruncido y la boca curveada con disgusto, le hicieron borrar la sonrisa a la joven dama.
-- Donde esta ella Leia? – pregunto caminando por delante de la mujer de forma apresurada volteando para todos lados, buscando con la vista a su arma.
-- Ella?, quien? – pregunto la joven siguiendo a su padre mientras atravesaba la sala de la casa para llegar al patio.
No podía estarse refiriendo a quien pensaba, no había querido conocerle antes, por que irle a buscar ahora?. Un terrible presentimiento llenó su corazón haciéndole latir de forma apresurada.
-- Tu hija, donde la has escondido Leia? – dijo parándose abruptamente para verle a los ojos.
Los ojos de Leia comenzaron a llenarse de lágrimas, ese mal presentimiento que tenía, su padre se lo confirmaba, iba a buscar a su pequeño tesoro. Levanto sus manos para esconder su rostro entre ellas mientras las lágrimas abandonaban sus ojos. Dekim no se inmuto por las lágrimas de su hija.
-- Basta!, no es hora de que llores – dijo tomándola fuertemente de las manos para verla a los ojos – he venido por tu bastarda!
-- No, no, nooo!! – dijo soltándose de los brazos de su padre para salir corriendo por la puerta en busca de la niña. No podía permitir que se la quitaran, no iba a dejar que su padre se llevara a su hija de su lado.
Leia corrió hasta donde estaba la niña y al escuchar los pasos de su madre, la pequeña de seis años sonrió al verle y se levanto con una hermosa sonrisa.
-- Mira mamita, mira, puedo crear fuego con mis manos! – dijo la niña feliz mostrándole una pequeña llama en su dedo índice.
-- Marimeia! – dijo Leia llegando hasta ella y abrazándola, tratando de esconderla de los hombres.
El padre de Leia se paro a sus espaldas viendo a la niña con una sonrisa. Podía causar un fuego con sus manos, tenía un don especial, como todos los descendientes de Khrushrenada.
-- Tráiganla – les dijo a sus hombres – vamos a llevarla al castillo Barton.
-- Si, Lord Dekim – dijeron ambos hombres mientras se disponían a cumplir las ordenes de su señor.
Cuando supo que Leia, su única hija, estaba embarazada. Trato por todos los medios de hacerle perder al producto. Pero su hija estaba tan empecinada en tenerlo, que logro protegerlo de todo y la dio a luz lejos del castillo Barton, para evitar que su padre se enterara. Sin embargo logro dar con ella. Después de amenazarla con matar a la niña, logro sacarle el nombre del padre. Su excelencia Traize Khrushrenada...
Después de todo, su hija había sido inteligente al embarazarse de ese hombre. Los dones de los Khrushrenada pasaban de generación en generación y ahora él podría utilizar a Marimeia para hacerse del poder de Low.
Después de todo, los dones no morirían con los reyes de Winner, Maxwell y Low. Aun quedaba una Khrushrenada viva y era una mujer, una mujer que podría dar a luz a más Khrushrenadas con dones.
Y todos estarían a su servicio, río Dekim al solo imaginarlo. Quizá no había logrado ser rey, pero sería el abuelo de una verdadera princesa.
Los dos hombres que acompañaban a Lord Dekim llegaron con la niña arrastrada de la mano, mientras Leia lloraba suplicando por que se la dejaran.
-- Mamá a donde me llevan?, mamá! – lloraba la niña tratando de soltarse.
-- Por favor papá no me la quites, es lo único que me queda de él – lloró Leia frente a la figura impasible de Dekim.
-- Deberías dar gracias a los dioses de que no las maté a las dos cuando supe de tu deshonra – dijo de forma fría el hombre dándose la vuelta para salir de la casa.
-- Marimeia! – lloró la mujer viendo como subían a su hija al caballo de Dekim – Marimeia!! – volvió a gritar al ver como se alejaban de la casa.
Una flecha surco los aires partiendo el sonido con su viaje. Junto a ella, otras dos viajaron haciéndole compañía. Acortaron la distancia entre si acercándose a su blanco. De forma certera atravesaron las telas finas y la piel de los tres hombres a caballo arrancando un grito de dolor.
Leia se quedo horrorizada al ver como los tres caballos se levantaba en dos patas de forma abrupta y su pequeña hija comenzaba a gritar al ver como su abuelo cayó al suelo agonizante. Tres hombres encapuchados se acercaron al galope arrancando a la niña del caballo de Dekim y se acercaron a Leia de nuevo.
Las lágrimas de Leia empapaban su rostro, pero no le impidieron sonreír cuando aquel que había arrancado a su hija del caballo de su padre se acercaba para devolvérsela.
-- Gracias señor...? – dijo Leia sonriendo entre lagrimas al hombre que descubrió su rostro para contestar a su sonrisa y su pregunta.
-- Ralph, solo llámeme Ralph – dijo sonriendo en respuesta haciendo que los mechones oscuros de cabello cayeran hasta sus ojos.
-- No se como puedo pagarle – dijo abrazando a su hija – no se que hubiera hecho sin ella. Que bueno que estaban ustedes por aquí. Esos ladrones trataron de llevarse a mi hija.
-- No se preocupe más porque algo como eso llegue a ocurrirle – dijo dándose la vuelta en su caballo para alejarse de ambas, pero luego se giro para verlas y sonreírles a lo lejos – mis hombres y yo vivimos a poca distancia de aquí. Así que estaremos al pendiente de lo que pueda pasarles – Leia sonrió de forma luminosa.
-- No sabe... no sabe cuanto le agradezco - Ralph se giro sonriendo mientras murmuraba en voz baja.
-- Ya me han pagado por protegerles.
Se alejó al galope con sus hombres. Se había establecido muy cerca de casa de Leia Barton y figuraría como su guardaespaldas, sin que ella lo supiera. Habían sido las últimas órdenes de su excelencia Traize y le había dotado de una enorme fortuna para ello.
De momento... desaparecería al tirano de Lord Dekim Barton, al fin y al cabo, Leia los había catalogado como ladrones.
Lady termino de escribir la última línea sobre aquel enorme libro de pastas rojas cerrando los ojos. Hasta cuando las visiones del futuro llegarían hasta ella y su mano escribiría sobre esas hojas? Había visto un nuevo peligro...
Sonrió cerrando el libro de golpe. No, realmente no lo era. No había por que interrumpir al rey en su descanso o debería decir, luna de miel?.
Se levanto tomando el libro entre sus manos y giro su rostro para ver el fuego que crepitaba en la chimenea del cuarto. Camino de forma decidida hasta él y arrojó el libro a las llamas. Lo había encontrado de nuevo por casualidad en una de sus salidas al mercado, después de que regresaba de dar clases de hierbería a los aldeanos de Low, algo nuevo propuesto por Heero. El vendedor no sabía cuan importante era aquel objeto y le pedía dos monedas de cobre por él. Ella le dio dos monedas de oro haciendo que el chiquillo salta de gusto. Ya no se pagaban impuestos por las vendimias, ni por la caza. El pueblo estaba contento con las nuevas leyes y mucho más contento con el nuevo rey.
Se inclino un poco para ver como las llamas envolvían cada hoja del libro, llevándose en su abrazo cada palabra escrita en los últimos veinte años y las visiones del futuro.
Sin embargo, se había equivocado al ver la muerte del cazador de ojos negros. La voluntad de Traize había sido más fuerte. Cuando en su visión veía la mano de Traize atravesando el cuerpo del cazador, en la realidad, Traize no lo había hecho. Se detuvo antes de dañar a su único amor...
Se había equivocado...
-- No hay nada escrito, el futuro lo vamos creando con nuestras propias decisiones... - dijo cerrando los ojos fuertemente. Totalmente convencida que el futuro no puede ser predicho.
-- Sabias palabras Mi Lady.
Lady One se enderezo en su lugar al haber escuchado una voz masculina a sus espaldas. Unos ojos verdes le veían con admiración. Sonreía haciendo una reverencia ante su presencia haciendo que su larga trenza rubia se moviera hacía el frente por el movimiento. Por primera vez en muchos años se sintió enrojecer. El caballero frente a ella vestía de forma elegante, lo había visto antes, cuando llegó al palacio envuelto en una capa negra.
-- Disculpe si le interrumpo, pero su majestades Quatre y Trowa preguntan si le acompañaran a cenar?. Para mi sería un honor escoltarla hasta la mesa... princesa. – Heero le había otorgado el titulo de princesa al considerarla su hermana. No le importaba que no fueran hermanos de sangre, él la quería como tal y eso le era suficiente para otorgarle un titulo real.
-- Shinigami, el honor será todo mío – dijo Lady extendiendo la mano sonriendo para posarla sobre la que le extendía el caballero.
-- Llámeme Erick, por favor – dijo sonriendo de forma alegre.
-- Entonces usted deberá llamarme solo Lady – contesto igualmente.
Erick sonrió a Lady de forma luminosa y comenzó a caminar con ella charlando de mil cosas. Por primera vez en veinte años, se sentía libre de las ataduras de su pasado. Por primera vez en veinte años, se sentía una mujer y no un arma.
Por primera vez en veinte años... se sentía realmente feliz.
El sonido de un niño balbuceando podía escucharse en aquella habitación a medio iluminar, mientras una mujer vestida de largo, escribía sin descanso sobre un libro de pastas gruesas.
-- Por los dioses Middie, deja de escribir en ese libro y ven a ver a mi pequeño Odin – la mujer volteo sonriendo a ver a quien le hablaba.
Llevaba en brazos al heredero, tenía solo meses de nacido, pero ya cargaba sobre sus hombros el futuro del reino.
Sonrió cuando la reina puso frente a ella el pequeño bulto. Sus enormes ojos azules le vieron por eternos segundos haciéndole sonreír con melancolía.
-- Es hermoso reina Arisha. Voy a darle un obsequio – dijo sacando de entre sus ropas un medallón dividido en dos. Lo colocó sobre el cuello del bebé, quien de inmediato lo tomo entre sus pequeñas manos e intento meterlo a su boca, siendo detenido por la reina.
-- "Cuando toque sin tocar el corazón sobre sangre real del verdadero amor", que significa este acertijo Midde? – pregunto curiosa.
-- Es solo una protección, prométame que no ha de que quitárselo – dijo suplicante.
-- Tiene algo que ver con la profecía de la que tanto hablas? – Middie aparto la mirada de su reina. Sabía de antemano que ninguno de los reyes quería saber de esa profecía. Pero era la única forma de proteger al joven heredero de todo lo que le esperaba – no se lo quitare Middie, te lo prometo – dijo la reina al ver la preocupación en el semblante de la bruja.
-- Gracias! – dijo sonriendo al volver a verla.
-- Solo dime algo – sonrió Arisha – mi pequeño Odin será feliz cuando crezca?
-- Mami, Mami!
Ambas mujer giraron su vista para ver a la pequeña niña que llegaba corriendo. Lady, la única hija de Middie y la consentida de la reina.
-- Puedo cargar al bebé?, puedo?, puedo? – dijo extendiendo los brazos para tomar al pequeño niño que intentaba llevarse a la boca el medallón que Middie había puesto en su cuello.
-- Claro Lady, solo cuídalo bien – Middie lo tomo entre brazos y sonrió ampliamente para después volteara a ver a su madre que le sonreía – cuando voy a tener un hermanito mamá?
-- Muy pronto cariño – dijo Middie agitando los cabellos sueltos de su hija con melancolía, para después pensar para si misma – más pronto de lo que te imaginas querida.
-- Que bueno! – Grito con emoción la pequeña para después voltear a ver al bebé que tenía en brazos – pero mientras llega mi hermano, tu serás mi pequeño hermanito – dijo sonriendo.
-- Puedes ahora contestarme Middie?, Odin Jr, será un hombre feliz? – volvió a preguntar viendo los ojos azules de Middie. Middie sonrió en respuesta.
-- Te lo puedo asegurar – dijo sonriendo – Odin Low Jr, será un rey bondadoso y justo, tan parecido a su padre tanto física como moralmente. No será nada común, será el más fuerte y poderoso de los reyes y se hablara de él por siglos.
Los ojos oscuros de Arsiha se abrieron con orgullo y felicidad, quería saber más de su hijo, quería conocer todo de él. Pero su esposo le prohibía que hablara del futuro con Middie. Sin embargo era más fuerte que ella. Así que solo haría una última pregunta.
-- Encontrará a alguien que ame y que lo ame por quien es y no por lo que representa? – Dijo implorando con sus manos cruzadas, rogando por que la respuesta fuera un si – dime que no le obligaran a casarse sin amor.
-- No se preocupe majestad, Odin encontrará a esa persona especial a su tiempo y ha de enamorarse como jamás creyó estarlo. Y será plenamente correspondido por quien ha de ser su pareja por siempre.
-- Como quisiera verlo ya crecido y viviendo con esa persona – dijo de forma soñadora la reina, sin percatarse que Middie había desviado de nuevo la vista y secaba una lagrima que escapaba de sus ojos.
-- Yo también quisiera verlo – dijo Middie suprimiendo un sollozo para de nueva cuenta hablar para si misma mientras veía a su hija jugar con el heredero de Low – pero se que no hemos de llegar con vida a ese momento.
Un golpe en la puerta les distrajo y con un adelante la reina dejo entrar a un mensajero del reino Maxwell. Le entregaron un pergamino el cual se dio prisa en leer, su hermana Dalaina le daba una gran noticia. Su primogénito ya había llegado. Una noticia que sabía desde hacía tiempo.
La hora de que la profecía se cumpliera llegaba demasiado pronto...
Dos caballos a la distancia corrían al galope llevando sobre sus lomos a los reyes de Low. Sus finas capas ondeaban al viento mientras uno de sus dueños sonreía de forma luminosa y el otro mostraba a penas una mueca en forma de sonrisa.
-- Mira Heero! – grito Duo haciendo que Shinigami detuviera su carrera – desde aquí se ve todo el reino.
Heero detuvo a Zero detrás de Duo para ver lo que señalaba. A la distancia el reino de Low se levantaba majestuoso, dejando entre ver, detrás de las luces de un sol que se ocultaba, las sombras de las construcciones de la aldea y el castillo abrigándolas bajo su protección.
-- Lo más hermoso que veo no esta tan lejos – dijo Heero. Duo volteo a verlo con el ceño fruncido.
-- No entendí
Una mueca en forma se sonrisa se dibujo en el gallardo rostro del rey. Tomo de nuevo las riendas de Zero y se acerco a Shinigami para quedarse cerca del rostro de Duo.
Levanto de forma lenta la mano para depositarla sobre el hombro de Duo y acercarlo de forma lenta hasta su rostro. Por instinto Duo cerró los ojos y dejo que los labios de Heero rozaran los suyos de forma suave.
-- Eres tu Duo – murmuro Heero cerca de los labios de Duo.
Duo levanto los brazos para acercar más a Heero a su cuerpo para volverlo a besar. Estaban pasando un tiempo después de la boda en la cabaña que Heero tenía en medio del bosque negro.
Justo en el lugar que se conocieron.
Justo en el lugar en que los ojos cobalto de Heero le habían llamado la atención y justo en el lugar en el que Heero había caído preso de aquellos ojos violetas que semejaban el color de las lilas que flotaban en las aguas del río del bosque negro...
OWARI
Notas de la Autora.
Por fin lo termine. Hasta parece que el titulo lo saque de X, jejejeje. Pero es que esta muy acorde con la historia y por eso lo puse. Yo soy de las que cree que el futuro no esta escrito y lo vamos construyendo segundo a segundo. Alguien me dijo que mi teoría sobre el destino es parecida a una de Einstein (oO!), juro que no la he leído y es lo que realmente pienso. El futuro es lo más fácil de cambiar. La vida de una persona es como un enorme árbol lleno de ramas, nosotros elegimos que rama cruzar. En algún momento la rama que cruzamos chocara con la rama de alguien más. Y eso es lo que dicen cuando los destinos se cruzan. Pero tu eliges que rama, no esta escrito. Bien pudiste elegir otra rama y quizá no conocerías a X o Y persona. Es tu elección al fin y al cabo, son tus decisiones las que te llevan al lugar al que estas. Fin de las boberías sobre el destino.
He batallado mucho para darle un final a esta historia y creo que lo he dejado con un sabor a continuara, jejejejeje. Pero no pienso continuarlo, la historia llega hasta aquí, ni siquiera un epilogo haré en esta ocasión.
Sorry por la tardanza, pero en verdad tuve muchos, muchos problemas que me impidieron escribir por una buena cantidad de tiempo. Algunos saben que fue lo que paso. Paro los que no saben solo les diré que fueron motivos muy poderosos, pero ya estoy de vuelta y lista para seguir escribiendo. Escribir es mi pasatiempo favorito, lo mismo que dibujar (alguien sabe que estoy dibujando Juego por un Beso?, pues ya lo saben :P. Estará en la pagina de Itzukiai, cuando ella tenga un tiempito de subirlo y esta en el grupo de yahoo de Sei mangadoujinshisfans )
Espero que les haya gustado la historia y el final, como siempre, me salio muy empalagoso, jejejejejeje.
Agradezco a mis amigas de siempre, Faby, Claudia, Bony y Marlene por siempre estarme presionando con el siguiente capitulo y por estar allí siempre. Gracias Chicas!!!
Y como siempre, comentarios, sugerencias, tomatazos a:
Review Contest:
Después de siglos, voy a responder sus maravilloso mensajes, jejejeje.
Hikaru Itsuko: Ojalá te haya gustado el final, ya vez que era muy difícil que Heero dejara ir a Duo. Y como dijiste, después de todo lo que pasaron, jejejeje. Y sobre lo que paso con Wufei, me late que tu idea era la correcta, jejeje.
dayamara belsebú de Maxwell: Sorry por la tardanza, pero fueron causas de fuerza mayor, jejeje. Lo bueno es que aquí esta el final y ojalá te haya gustado.
Denisse : Hola amiguita, espero que ya estés mejor y espero que el final te haya gustado y no te haya decepcionado, pero como sabes, me encantan los finales felices, jejejejeje. Se que tu hubieras sido una de las primeras en brincar si se me ocurre matar a Wufei, cierto?. Te diré que la idea cruzo por mi cabeza unas cuantas veces, pero al final, me incline por dejarlo vivo.
DarkMousy: Te mongo el Mousy para diferenciarte de Dark Elliot, jejeje. Ojalá que el final te haya gustado y con referencia al chat?, cual chat?, yo solo me conecto al Hotmail. Si quieres chatear conmigo, mi dirección es maryluzmty71 (sin espacios).
Dark Elliot: Dark!!!, sorry, sorry, pero no pude dejar vivo a Traize después de todo lo que había hecho. Hubiera sido bueno, pero... nop, simplemente no pude, mi idea del final estaba ya planteada desde que comencé con el capitulo cero, jejejeje. Puedes verlo en la profecía.
Yuki Ayanami: Pues ya quedo medio aclarado lo que paso entre Traize y Wufei, jejejeje. No podia aclararlo del todo, por que me aventaba otras 50 hojas de fic, jejejeje. Ojalá te haya gustado el final y sorry por la enorme demora en actualizar.
Loreto Winner: Ojalá estes leyendo esto Loreto, hace siglos que no sabemos nada de ti. Pero fijate que no, Herederos no es más largo que Juego por un Beso, este a lo mucho llega a 300 hojas, Juego se paso de las 500. Tortura ya se comienza a publicar en este espació, solo le daré un respiro a la gente, jejejeje. (No mucho, solo una semana).
Angeli Murasaki: Jejejeje, se lo que se siente esperar un final y sentirse triste por que se acaba. Pero ya estoy trabajando en otra historia, ojalá te guste. Y espero que el final de esta haya sido de tu agrado.
Uru Yuy: Espero que el final de la historia te haya gustado. Espero que no se me haya quedado nada aun por explicar, jejejejeje.
Ryo Asakura: Sorry por la demora, pero ya esta el final. Espero que te haya gustado. Ya sabes por que Duo se quería ir y como es que Wufei tomo venganza de lo que le hizo Traize.
Devil1: Gracias!!!, Espero que el final te haya gustado.
Aguila Fanel: Pues ya esta el final, espero que te haya gustado. Como viste Heero no dejo que Duo s ele fuera de las manos, jejejejeje.
Noin Weib Kreuz: Te digo lo mismo Noin, donde quiera que encuentre un fic tuyo, allí me tendrás al borde del asiento comiéndome las uñas, jejejeje. Ojalá ponto nos traigas las continuaciones que tanto anelamos!!. Gracias por tu comentario y ojalá el final haya sido de tu agrado.
Carmin: Como, matar a Miliardo??, no podía, el pobre fue engañado por la astucia de Traize, jejejeje. Además no podía dejar solo a Noin, cierto!!. Espero que el final te haya gustado Carmin... ups!, lo olvide, tu primero lees estos comentarios, antes de leer el fic. Bueno, ya te revele parte del final, jejejejeje, espero que te guste.
Quatre reyes: Yo se que tus preferidos son los 3x4, solo hay que ver tu nick, jejejeje. Pero pues ya se acabó la historia, espero que te haya gustado el final y espero pronto estar haciendo otro 3x4 para ustedes.
Patcame: Sorry por la demora, pero aquí esta ya el final. Espero que te haya gustado como acabo todo.
Maria Wong: Bueno, espero que te haya gustado el final. Espero que te vaya bien en los estudios.
Kayla: Gracias por tu comentarios, pues ya esta el final, espero que te guste.
Uff!!, creí que nunca iba a terminar con los reviews, jejejeje. No tenía idea que tenía tanto tiempo sin actualizar, ahora si que me pase. Pero bueno, no se podrán quejar son 54 hojas de final.
Mil gracias a todos por leer esta locura que se me ocurrió una noche en que veía un príncipe en Nueva York por enésima vez , jejejeje.
Mil Gracias a todos por sus reviews, por sus correos y por su apoyo.
Nos vemos en el próximo fic.
