Digimon no me pertenece.
Pareja: Takeru y Hikari.
Imagen propuesta: 93. Una chica caminando descalza de noche por Crystalina M
Una extraña confesión
—¡Taichi me va matar! —grita exasperado un joven de cabellos rubios y rebeldes mientras caminaban preocupado por su vida — ¿Por qué nunca puedo decirle que no?
A unos pasos delante de suyo, una joven de cabellos cortos soltaba una carcajada haciendo que el joven simplemente mirara al cielo y preguntara por qué Dios jugaba en su contra. No era un mal muchacho, por el contrario; siempre había sido el tipo de persona que todos desearían tener como amigo y los padres como su futuro yerno. Algo que debía dejar de pensar porque esa carcajada no era algo usual en esa pequeña joven de cabellos cortos que iba adelante. Por el contrario, ella era el tipo de persona callada y sensata que siempre cuida de los demás y jamás hace algo de lo que se avergonzaría después. Ese punto era el que rondaba en la cabeza del joven. Ella nunca había hecho estupideces, pero ¿por qué ahora? Si bien, Takeru jamás pensó que la noche de chicas de Hikari en la universidad lograra que ella no solo se decidiera por probar las bebidas alcohólicas, sino que además terminara tomando tres tipos diferentes de bebidas y terminara tan ebria que su amiga más cercana solo pudo pensar en llamar a Takeru para prolongar las futuras reprimendas de aquella joven que solo se ríe a carcajadas.
—Lo la cerveza te lo perdono. Yo también salgo a tomar algunas veces con mis amigos —suspira mientras se rasca la cabeza —, pero meterle tequila y vodka ¿en qué rayos pensabas cuando dijiste que sí?
—No pensaba —dijo de forma animada —. Después de la cuarta cerveza, honestamente no pensaba.
—Tu hermano nos va matar —le dice mientras comienza acelerar el paso. No se supone que los borrachos se les dificulta caminar —. A ti por tomar más de la cuenta y a mí por acolitártelo.
—Tu nunca me los hubieras permitido —dice de pronto deteniéndose y girando el rostro hacia él —. En parte dije que si por eso. Mi hermano y tu son iguales, nunca me dejan tomar riesgos.
—¿Hikari? —dijo sorprendido.
Siempre había escuchado historias acerca de que las personas ebrias siempre se sinceraban cuando ya estaban a punto de perder la conciencia; pero por más que la miraba, Hikari no tenía la mirada alegre y perdida del borracho. Por el contrario, si no fuera por el aliento a alcohol y las mejillas ligeramente sonrojadas, podría jurar que ella no ha tomado absolutamente nada. Su mirada fija y su postura más ejercida de lo usual le daban un toque de superioridad ¿Esto será lo que dicen de las personas necesitan alcohol para convertirse en seres valientes? Pensó mientras en su mente buscaba la forma más segura de esconder a Hikari de Taichi hasta que se le pasará la resaca. Lo bueno era que era viernes o mejor dicho sábado en la madrugada.
—Es eso lo que me molesta de ti —volvió a soltar de repente —. Siempre tan educado y servicial. Dispuesto a ayudar a la damisela en apuros. Pues te tengo noticias, yo nunca he sido la damisela en peligro —eso ultimo lo dijo señalándolo con el dedo índice derecho.
—¿Te molesta que sea educado y servicial? —eso si lo molestaba — ¿Entonces quieres que me comporte como un animal al igual que la mayoría de mis amigos?
—Claro que no —gritó molesta y él por inercia dio un paso atrás —. Quiero que dejes de ser ese príncipe azul conmigo. Quiero que sea directo y atrevido conmigo. Quiero sentir el susurro de tu voz en mi oreja antes de que me beses con deseo. Quiero sentir la sangre en mis mejillas con cada beso tuyo y si todo sale bien sentir tu piel con la mía y hacerlo contigo, solo contigo —eso ultimo lo dijo con un sonrojo que le llegaba hasta las orejas.
Tres, dos, uno… ¿QUÉ? Fue lo único que pudo pensar Takeru mientras en su joven mente pasaba cada una de las historias, canciones, poemas y sueños que había tenido desde la preparatoria y jamás se había atrevido a investigar si era algo que podía ser posible. Siempre su miedo a cumplir las expectativas de Taichi, lo obligaban a dar tres pasos atrás y no afrontar los sentimientos que poseía por su mejor amiga.
—Tu… tu… tú quieres que yo… —las palabras se perdían en su garganta —. Tú quieres que tú y yo…
—Te lo explico en plastilina o que —dijo exasperada. Por qué extrañamente esta Hikari le daba miedo y a la vez excitación. Debe ser un idiota o masoquista. Aunque honestamente nunca había leído esas novelas de sadomasoquismo y sumisión; pero algo en su ser le decía que, si eran ellos los protagonistas, el iría como borrego al matadero —. Si quisiera a alguien como Taichi, jamás me hubiera interesado en mi mejor amigo —soltó molesta —. He leído tanto sobre relaciones incestuosas que honestamente no me molesta.
—Maldito Game of Thrones —susurró molesto. Jamás pensó que ella fuera indiferente a ese tema.
—No culpes a los libros —dijo de repente asustándolo al punto de hacerlo perder un poco el equilibrio —. Te culpo por tomar a los idiotas más grandes del universo como ejemplo —simplemente la mira confundido y ella solo cierra los ojos —. A tu hermano y al mío. Los dos idiotas más grandes del mundo.
—En eso estoy de acuerdo contigo —soltó de repente sorprendiéndola —. Siempre he querido ser lo que tú quieras que sea para ti. Pero honestamente es difícil decidirme en el chico educado y serio (Yamato) o el idiota arriesgado (Taichi).
—No quiero que seas ninguno —dijo en frente de él ¿en qué momento se acercó? —. Solo quiero que seas el niño valiente que me pidió soltar su mano hace años atrás para protegerme y me siento feliz de no haberlo hecho, porque aún la sostiene. Mi mejor amigo y la persona en la que puedo confiar siempre.
En ese momento no logra analizar más las palabras de Hikari, porque siente como algo suave presiona sus labios. Puede sentir las pequeñas manos de Hikari sujetando su rostro y el sabor a alcohol en sus labios. Siempre pensó que sería la sensación más fastidiosa, pero se sentía extrañamente atraído por ella. Sin pensarlo puso sus manos en su cintura y la atrajo más. Podía sentir como el calor lo invadía y cada parte de él se llenaba de deseo. El rose se convirtió en algo profundo y excitante. Hikari ya revolvía su cabello y el la abrazaba con más fuerza. Solo en la cintura, no podía convertiste en el animal que quería ser estando ella borracha. No hay que abusar de los limites. En ese preciso instante sintió que tenía que para si no quería tirarse en el rio helado a estas horas de la mañana.
—Yo te amo y siempre lo he hecho —susurro Hikari suavemente.
—Yo también te amo, pero te lo recordaré en la mañana cuando lo hayas olvidado —le dijo mientras le besaba suavemente la frente.
El momento solo duro exactamente siete segundos, porque Hikari de la nada perdió los colores y Takeru sabía perfectamente que ocurriría y sin pensarlo dos veces dio un paso a la derecha y dos atrás antes de que Hikari comenzara a vomitar todo lo que había en su estómago. Se acercó a ella con sumo cuidado para evitar ensuciarse. La amaba, pero se debe ser muy estúpido querer oler a vomito todo el día. Hay límites incluso en el amor.
—Qué bueno que nos besamos antes de esto —suspiró aliviado mientras le daba palmadas en la espalda y escribía un mensaje en su telefono—. Creo que le deberé a Sora-san una invitación a su restaurante favorito por una semana.
Hikari simplemente no respondió, seguía en su trance y sacando todo de su organismo. Takeru espero tranquilo y agradecido de que en sus labios solo tenía el sabor a alcohol y no algo peor. Quizás Hikari estuvo así unos cinco minutos en esa posición hasta que se puso de pie y observo a Takeru. El notó que, aunque estaba blanca como un papel, un ligero sonrojo crecía y estaba totalmente seguro que no era por el alcohol. Sin pensarlo le ofreció un chicle.
—No creo que quieras llegar con ese sabor al departamento de Sora-san —ella simplemente asintió y se puso en la boca.
Sora era la única que vivía en su propio departamento. La única suficientemente responsable para ello y la única que honestamente confiaba que guardaría el secreto. Ella no dejaría que nadie supiera del pequeño incidente y Takeru no podría estar más agradecido de tenerla cerca. De repente Hikari se quitó los zapatos después de aquel desastre excusándose que los tenía sucios y comenzó a caminar. Takeru no pudo evitarlo y saco su teléfono para tomar una foto de ella mientras las luces de la noche le daban un toque más romántico.
—La chica caminando descalza de noche —dijo para sí mismo mientras observaba la foto y la guardaba en su teléfono.
Sora los esperaba con una tina llena de agua caliente y ropa limpia en la mesa de centro para Hikari. Takeru simplemente agradeció a Sora y le dijo que llegaría antes de mediodía con medicamentos para la resaca de Hikari.
—¿Ella no hizo nada estúpido? —pudo escuchar a Sora quien se asomaba desde la puerta del baño.
—Solo nos besamos —respondió sonriendo viendo como Sora se tapaba la boca con las manos —. No le digas que te lo dije, porque lo más seguro es que no recuerde nada mañana.
Y efectivamente, a la mañana siguiente encontró a una Hikari acongojada y traumatizada por no recordar absolutamente nada de la noche anterior. En el instante en que le abrió la puerta pudo ver como el rostro de Hikari aun con ojeras se mostraba realmente hermoso. Sus mejillas sonrojadas y sus ojos llenos de preocupación y angustia. Esa era la Hikari que recuerda y ama.
—Buenos días Hikari —dijo casi en un susurro por medio a que tuviera dolor de cabeza—. Te traje medicamentos para la resaca.
Ella sin decir más abre la puerta y lo deja seguir para sentarse en el pequeño sofá de la sala. El tranquilamente entra a la cocina y sirve algo de agua para llevársela a Hikari.
—¿Cómo te sientes? —le pregunta mientras le pasa el agua y los medicamentos —. Te sentirás mejor en unas horas.
—La cabeza me duele, pero no por lo resaca sino porque no puedo recordar nada —dice antes de tomar los medicamentos y beber agua —. Desperté con un aliento tan asqueroso que me tuve que cepillar los dientes alrededor de unas diez veces esta mañana.
—Vomitaste hasta lo que comiste la semana pasada —dice tranquilo —. Es más no pensé que en tu pequeño cuerpo pudieras alojar tanta comida.
—Jamás en la vida haré algo tan estúpido de nuevo —dijo mientras ponía sus manos sobre su cabeza.
—¿Entonces no volverás a tomar? —preguntó mientras ella negaba con la cabeza —. Es una lástima, porque la Hikari que conocí ayer me dejo bastante impactado.
—¿Dime que no me avergoncé en público? —preguntó rostro pálido.
—Jamás dejaría que te avergonzarás en público —responde Takeru rápidamente —. Solo me encaraste y me dijiste cosas que necesitaba escuchar.
—¿Qué cosas? —pregunta curiosa y las mejillas ligeramente sonrojadas.
—Que ya no somos niños —"no hay marcha atrás" pensó mientras se acercaba más —. Que he sido un idiota y que odiaré de ahora en adelante Game of Thrones.
—¿De qué estás hablando? —dijo confundida.
—De que quieres que sea directo y atrevido. No seré más la persona que no quieres que sea —dice en un susurro al oido.
Sin pensarlo dos veces la besa en los labios. Esta vez es diferente porque Hikari no logra reaccionar con claridad los primeros segundos. El sabor es a limón, debió exprimir el sumo y usarlo como enjuague bucal cuando se desesperó. Debo admitir que este sabor es definitivamente mejor que el alcohol. Cuando ella reacciona responde el beso y termina recostada en el sofá mientras sus manos agarran fuerte la camiseta de Takeru. Todo parece un sueño hecho realidad, besándose y sintiendo esos deseos que tiene reprimidos desde hace tanto tiempo. Hasta que de un momento a otro Takeru siente como gotas de agua golpean su rostro haciendo que se separe de Hikari. Confundido observa a la culpable de ello y puede ver a una Sora muy molesta.
—Mi departamento no es motel —sus palabras son tan frías que logra que Takeru se ponga de pie de un golpe —. Así que te vas Takeru o yo misma te saco a patadas.
—No soy un gato para que me rocíes agua en el rostro —susurra molesto y confundido.
—Así es la forma en la que se separan los gatos en celo —dice mientras vuelve a rociarle el rostro —. Además, Taichi viene para aquí. No creo que él quiera ver a su hermanita contigo y tu amigo así —lo último lo dice sin mirarlo y un leve sonrojo.
En ese momento Takeru baja la mirada hacia sus pantalones solo para confirmar que Sora tiene razón y observa a Hikari que simplemente oculta su rostro extremadamente rojo. Sin pensarlo sale corriendo al baño para quitarse la ropa y meterse en la ducha helada.
—¿Por qué nunca tengo nada fácil? —grita molesto mirando el techo.
Al cabo de uno minutos sale de la ducha tranquilo y se viste porque ya no tiene razones para que lo pueda matar Taichi. Se observa en el espejo y se sonríe a sí mismo antes de salir. En la sala se encuentra Taichi hablando de lo agotador y molesto que es su nuevo trabajo. En el momento en que lo ve lo saluda con un fuerte abrazo.
—¡No pensé verte aquí! —dice sonriendo — ¿Te acabas de duchar? —eso ultimo un poco molesto.
—Si —sale de sus labios temeroso —. Estuve… Estuve corriendo por lo del torneo y Hika… Hikari me llamó y al llegar Sora-san me presto el baño para poderme duchar porque estaba sudado.
—Ah con que eso era —la sonrisa regresó a sus labios y todos suspiraron aliviados —. En un momento pensé que habías quedado a dormir aquí.
—¡Por supuesto que no! —gritaron los tres al mismo tiempo haciendo que un confundido Taichi riera.
—Vale, vale, no preguntaré más —dijo mientras se sentaba en el sofá —. Sora me dijo que Hikari estuvo trabajando en su proyecto hasta tarde y lo más cercano era la casa de Sora —falso, la casa de Takeru está más cerca, pero Takeru no es estúpido y sabía que podría pasar si Hikari se quedara en su casa —. Takeru la acompañaras a casa ¿verdad?
Simplemente asiente y rápidamente toma la mano de Hikari para sacarla de allí, pero Sora le rocía el rostro de nuevo.
—¿Y ahora por qué? —la observa realmente molesto.
—Para que recuerdes que a los gatos se entrenan así —sonríe antes de rociarle de nuevo el rostro. Hikari sonríe con las mejillas sonrojadas y Takeru simplemente bufa molesto y salen del departamento.
El camino es callado porque no sabe realmente que decirle a Hikari. Su momento de valentía se esfumó y lo dejó confuso y totalmente avergonzado ¿Las malditas hormonas no se calman cuando cumples veinte? Al parecer no y siguen dejándote en ridículo. Lo único bueno de todo esto es que Hikari no ha soltado su mano desde que salieron. Es finales de primavera y se puede sentir como la temperatura aumenta. Al final ninguno dice una sola palabra del incidente hasta llegar a la puerta de donde vive Hikari.
—Bueno, nos vemos luego —dice Takeru algo apenado y arrepentido de no ser tan decidido.
—Espera —sale de los labios de Hikari haciendo que Takeru acate la orden de inmediato —. Gracias.
—Sabes que siempre te cuidaré, no lo dudes —dice sonriendo.
—No me refería a eso —sin pensarlo se acerca y le da un suave beso en los labios —. Gracias por también amarme.
—¿Lo recuerdas? —pregunta esperanzado y ella simplemente asiente —¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque acabo de recordarlo hace un momento y es lo único que recuerdo—sus mejillas están sonrojadas —. Takeru no tengo ni idea que te dije antes de que me dijeras que me amabas y honestamente no me interesa —sus mejillas están aún más sonrojadas —. Lo único que me importa es que hagas caso a lo que te dije mientras no estaba en mis sentidos —Takeru no puede evitar sonreír —. Y por favor, no aceptes consejos de mi Hermano y Yamato-san. Los quiero, pero son demasiado estúpidos con las mujeres.
—Entendido —dice con la mano en la frente haciendo que Hikari sonría. Sin pensarlo le da un beso de despedida —. Hoy es sábado y pasaré por ti a las cinco para cenar.
Ella simplemente asiente y entra a su departamento. Takeru toma el ascensor con una sonrisa en el rostro observando la foto que le tomó esa noche. La siguiente vez que Hikari decidiera perder la razón sería con él y nadie más. Porque la niña sensata y callada lo enamoraba cada día, pero la franca y directa lo tenía loco.
