The Legend of Zelda no me pertenece, es propiedad absoluta de Nintendo. Los OC son de mi completa autoridad.
Rango: K+
Advertencia: Posible OC (Personaje propio), OoC (Fuera de personaje) La historia se narra en los hechos de Ocarina of Time.
Capítulo 2:
Desperté, muy extrañamente, temprano en la mañana con una gran sonrisa en el rostro. Sin pensarlo, me vestí rápidamente, por lo que no me dio tiempo de alisar el largo cabello que poseía en aquel entonces, dejándolo rebelde y a su suerte. Salí de mi alcoba corriendo haciendo que las guardianas me observaran sorprendidas para después sonreír y seguir con su labor. Me sentía contento, quería verla. Al doblar la esquina choqué con algo grande, por lo que perdí el equilibrio, pero algo agarró de mí antes de que tocara el suelo. Logré ver unos ojos dorados y cabellos rojos como los míos; se trataba de Dire.
–Dire– Dije en forma de saludo recobrando la compostura, pero sin perder la sonrisa.
–Mi señor–Ella hizo una corta reverencia ante mí para después mirarme con preocupación– No debe correr por los pasillos, muchas de nosotras andamos con armas blancas que podrían hacerle algún daño–
–Dire–Dije reprochándole–Me has entrenado durante toda mi corta vida, podría evadir un ataque como esos–
–Aun así, chocó conmigo–Hice un pequeño puchero mientras entrecerraba las cejas–Aún falta mucho que aprender, joven Ganondorf–Pronunció mi nombre.
–Lo sé, lo sé–Le resté importancia– ¿Dónde está?–Pregunté.
– ¿El que, mi señor?–
–Ella–
–Ah…–Exclamó–Se encuentra en la alcoba que usted le asignó, en la sala este, la del gran balcón–Explicó la Gerudo.
Sonreí y comencé a correr nuevamente en esa dirección a pesar de ser regañado nuevamente por Dire. ¿Qué estaría haciendo ella?
Llegué a la puerta de la habitación donde Dire me dijo que ella se encontraba. Sin pensarlo, ni tocar, entré en la lujosa alcoba. Me encontré con dos Gerudo terminado de arreglar a la mujer que había comprado, pero no lograba verle, pues esta se encontraba de espaldas a mí y le cepillaban el largo y sedoso cabello cenizo que ella poseía.
–Su majestad–Las dos Gerudo dejaron su tarea para arrodillarse ante mí y dejar a la mujer aun frente al espejo, la cual no había movido ni un musculo.
–Déjenme verla–Ordené a las Gerudo, las cuales automáticamente se levantaron y la ayudaron a ella a levantarse.
Apenas tenía 10 años, pero sabía reconocer la belleza; por lo que me quedé sorprendido del cambio que había dado aquella sucia y maltrecha mujer que compré en el mercado.
Frente a mi había una hylian, alta, de brillante cabellera rubio cenizo, de hermosos ojos azules cielo, a pesar de estar opacos; de tez blanca con aquel hermoso toque rosa pálido en sus mejillas. Vestía un vestido suelto, ajustado a su cintura por el corsé marrón, de mangas largas que cubrían a partir de su antebrazo dejando los hombros al descubierto y un par de sandalias marrones de tiras que cubrían sus pantorrillas. La vestimenta era sencilla, como ella. A pesar de verse hermosa, ella tenía la cabeza gacha, su semblante triste y perdido.
–Déjenos solos–Volví a ordenarles a las Gerudo, las cuales, tras una reverencia y ayudándola nuevamente a sentarse se marcharon.
Agarré un banco y me senté frente con frente a ella, la cual no hacía nada más que mirar el suelo.
–Entiendo que debas estar confundida–Dije, pero ella no hizo nada ni dijo nada–Estas en el territorio Gerudo, más bien, en el desierto–Comencé a explicarle–Yo, a pesar de ser un niño, soy el gobernador de estas tierras–Seguía sin hacerme el menor caso– ¿me estas escuchando?–Me estaba molestando. Ella alzó levemente la cabeza para posar sus opacos ojos en mí, entendí que si lo hacía–A partir de ahora este es tu hogar, ¿entendido?–
Ella volvió a bajar la mirada. Encogí mis hombros sin dejar de observarla, ahí, tan débil, vulnerable, solitaria, apagada.
Una flor marchita.
Me levanté y agarré su mano, haciendo que levantara nuevamente su rostro con el semblante confundido por mi acción.
–Vamos–Dije alegremente mientras la ayudaba a levantarse de la banca–Daremos una vuelta por el castillo–Comenzamos a caminar algo lento, ya que ella se movía desconfiada.
Salimos de la habitación y atravesamos el largo pasillo hacia los largos escalones que llevaban al vestíbulo. Antes de siquiera bajar el primer escalón la observé como ella se agarraba de las paredes y las tanteaba aun mirando al suelo. No entendí esa acción, después le preguntaría a Dire.
–Vamos a bajar los escalones, ten cuidado–bajé uno y cuando fui a bajar el segundo su inmovilidad me detuvo.
Volteé mi mirada hacia ella encontrando miedo en su rostro. Miré sus opacos ojos entendiendo el porqué de su miedo. Ella era ciega, no podía ver. Tal vez pensaba que se caería o algo por el estilo.
–No te pasará nada–Afirmé apretando más mi agarre a su mano, la cual no me agarraba, haciendo que ella levantara su mirada hacia mí a pesar de no verme–No dejaré que caigas–
Vi que ella relajó sus facciones, por lo que me dio a entender que podía continuar. La guié para que bajara el primer escalón, vaya fue la sorpresa en su rostro al lograrlo, después avanzó con más confianza. Sonreí viendo el progreso. Al parecer ella no era ciega hasta hace muy poco.
Una vez terminamos de bajar los interminables escalones la felicité por su logro. Ella alzó la mirada hacia mí y logré ver una pequeña sonrisa que me hizo sonrojar levemente. Era la primera sonrisa que me daba, aunque era muy pequeña, nadie la notaría, pero yo estaba atento a cada uno de sus movimientos, hasta de su respirar; incluso podía jurar que sabía cuánto demoraba su corazón en palpitar.
Dimos un recorrido por el castillo, donde ella se apoyaba siempre de la pared derecha. Le enseñé la cocina, de donde le di una roja manzana la cual degustó con cuidado; fuimos a la sala de entrenamiento, pero nos largamos rápido, al parecer no le gustaban las armas; al establo, donde le enseñé a mi caballo favorito: Darkness; después a la sala de baile donde bailamos muy torpemente, ella porque no veía, yo porque no sabía. Entre muchas cosas más, pero el tiempo pasó más rápido de lo que esperaba, y ya era la hora de dormir. La llevé a su habitación y tras dejarla sentada en la cama me acerqué a la puerta de salida.
–Mañana iremos al pueblo–Le advertí. Ella asintió levemente. Al menos ahora asentía–Nos vemos–Me despedí, pero ella no dijo nada.
Salí de su alcoba y tras cerrar la puerta llamé a dos Gerudo. Les ordené vigilarla y si necesitaba algo, fuera lo que fuera, que se lo dieran. Después fui a buscar a Dire y le pedí que colocara como su escolta personal a una Gerudo de su mayor confianza. Siendo ella ciega, necesitaba compañía, yo no podía estar todo el tiempo con ella, seguía siendo Rey y tenía mis obligaciones.
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Hola Hola! ¿Cómo han estado? Disculpen si me demoré, recuerden que tengo varias historias y tengo que actualizarlas a todas!
Gracias a todos aquellos que leen esta historia. LOS AMO!
