Imagen propuesta 28. Chica en tren. patriot117

Digimon no me pertenece

Pareja: Takeru y Hikari

Siempre a la misma hora espero pacientemente el sonar del carril avisando el tren de las seis haga su llegada. Se que no debería hacerlo, pero que más da; siempre he sido un cobarde que no se atreve a dar el paso. Llevo siete días en lo mismo y espero que hoy sea el momento. El tren hace su aparición puntal y sin pensarlo un segundo entro al mismo vagón de siempre para encontrarla allí, sentada leyendo unas hojas. Quizás es editora y ello es un manuscrito o es escritora y está revisando su manuscrito, siempre es lo mismo que pienso mientras me quedo de pie a dos sillas de donde esta ella. Todo es silencio ante mí, aun cuando sé que es viernes y todo el mundo habla sobre el partido de esta noche. Es la final de beisbol y esta ruta pasa por el estadio. Así que me quedo veinte minutos viéndole mientras ella pasa las hojas por un determinado tiempo. El tren se detiene y las puertas se abren para que toda esa gente salga rumbo al estadio y algunos pocos entren. El puesto al lado de ella está vació y me quedo allí dos segundos pensando que hacer; hasta que mi conciencia, harta de esperar el momento justo, me grita que vaya hacia ella y que dejará de ser una fantasía si tengo el valor suficiente para hacerlo. Así que inhalo una bocanada de aire y avanzo hacia ella tembloroso y decidido.

—Hola —ella levanta el rostro y me observa curiosa —¿Puedo sentarme?

Ella simplemente asiente y se mueve hacia la otra silla para que me pueda sentar. Tomo otra bocana de aire y hago mi primer y último intento.

—Mucho gusto, me llamo Takeru—digo intentando ocultar mis nervios.

—El placer es mío, soy Hikari —me responde sonriendo.

—¿Ese manuscrito es tuyo? —pregunto nervioso.

—Si; de hecho, son varios cuentos para niños. Soy profesora —me dice bastante orgullosa.

—Yo soy periodista. Bueno soy el chico de los mandados por ahora —ella no puede evitar sonreír ante mi honestidad —. Si tu quieres puedo revisarlo y enviarlo a un amigo que es editor.

—!Eso seria maravilloso! —no puede ocultar la emoción que emana de ella.

Y así comenzó el momento en el que la chica del tren que observé por siete días se convertiría en mi prometida dos años más tarde.