A partir de una imagen. Imagen 6: Chico llevando en brazos a chica. Cortesía de Genee.


—Bájame Taichi —decía con las mejillas completamente sonrojadas.

—No —dijo marcando muy bien la "n" por quizás dos segundos —. Los pies de la princesa no deben tocar el asfalto sin zapatos.

—¡Qué no soy una princesa! —le dijo claramente molesta.

—Yo tampoco soy el gallardo príncipe —una sonrisa se asoma en sus labios al ver la expresión de histeria futura de Mimi —. Así que no te bajaré. Además, perdiste un zapato. Típico de la cenicienta.

—No soy una princesa ya te lo dije —bufa mientras golpea su pecho y logra que Taichi sonría.

—La cenicienta tampoco lo era hasta que conoció al hada madrina.

—¿Quién se supone que es el hada madrina? —su rostro hay curiosidad. Taichi no puede evitar sonreír.

—Yo —se encoge los hombros.

—¿Cómo que tú? —dice incrédula —. Tu no me diste el vestido. Los zapatos o la carroza.

—Si lo hice, solo que esta hada madrina no trabaja solo —su sonrisa es infantil, como la de un niño después de una travesura —. Sora te aconsejó el vestido que yo elegí dos días antes, los zapatos mi hermana me ayudo y el auto fue cortesía del padre de Yamato que por cierto debo devolver con el tanque lleno.

—Si eres el hada madrina como dices ¿por qué no estoy con el príncipe azul?

—Porque ya pasó el toque de queda.

—Eso no es cierto —resopla molesta Mimi.

—Tal vez lo que pasa es que estoy realmente celoso —eso la sorprende por completo y lo observa para ver con no ha dejado de sonreír, pero tiene las mejillas completamente sonrojadas —. Debería existir algún manual en donde la hada no se enamore de la princesa.

—Taichi —es lo único que sale de los labios de Mimi.

—Está bien Mimi —le dice sonriendo —. No es la primera vez que…

No deja que termine de hablar cuando el siente los labios ella sobre lo suyos. No puede ocultar la sorpresa y se detiene en seco. Mimi se separa para verlo. Está totalmente sorprendido y cuando va responderle ella lo calla de nuevo con otro beso que esta vez él corresponde. El sabor para ella es de menta con hierbabuena y para Taichi es a fresas; realmente irónico, porque las detesta. Al cabo de unos segundos se separan y se sonríen. Mimi recuesta su cabeza en el hombro de Taichi y oculta su rostro en su cuello.

—¿Qué fue eso? —pregunta Taichi sin ocultar esa sonrisa y el brillo en sus ojos.

—Deberían hacer un manual de no enamorase de tu hada madrina —Taichi suelta la carcajada ante el comentario —. Yo sabía que habías sido tu todo este tiempo —se separa para ver la expresión incrédula de él.

—¿Quién te dijo? —ella solo saca la lengua y comprende quién fue el traidor —. Pensé que Koushiro podía guardar un secreto.

—Al parecer no y me alegro de que no lo haya hecho.

—Yo tampoco —responde Taichi antes de besarla de nuevo.