The Legend of Zelda no me pertenece, es propiedad absoluta de Nintendo. Los OC son de mi completa autoridad.
Rango: K+
Advertencia: Posible OC (Personaje propio), OoC (Fuera de personaje) La historia se narra en los hechos de Ocarina of Time.
¡Hola a todos! ¿Cuánto tiempo? Peo tranquilos, ya estoy aquí y esta vez con un nuevo cap. ¡Espero lo disfruten!
Capítulo 4:
El característico sonido de metales chocando con fuerza se escuchaba en toda la gran sala de entrenamiento. Me encontraba practicando con Dire como todos los fines de semana. Traté de darle una fuerte estocada, pero grande fue mi sorpresa al ver como Dire lo esquivó con un par de volteretas y me dejó indefenso en el suelo con su espada en mi cuello.
–Su fuerza en la espada es bastante buena, pero no utiliza la cabeza–Me regañó–Las tácticas determinan tanto la victoria como la derrota, recuérdelo–Me ayudó a levantarme.
– ¿Qué me recomiendas?–Pedí consejo.
–Estudie los movimientos, trace una estrategia para vencer al enemigo, mire sus puntos débiles en su postura–
–No me refiero al entrenamiento–Me encogí de hombros–Es sobre ella–
Dire suspiró–Mi señor, me parece que está obsesionado con esa mujer–
– ¿Te parece?–Pregunté irónicamente.
Sí, lo estaba; pero es que ella reflejaba todo lo nuevo del mundo que no conocía, un mundo que quería conocer a fondo, tanto las verdades como las mentiras. No era nada sentimental, eso podía asegurarlo, a parte, era muy chico aún como para pensar en algo como eso.
Dire negó con su cabeza mientras volvía a suspirar– ¿Y qué sucede?–Preguntó.
–Casi ni habla–Comencé a explicarle–, no me tiene confianza de ningún tipo–
–Es natural, mi señor. Debe de sentirse apresada, alejada de su verdadero hogar–
–Pero la hubieran matado, ¡yo la salvé!–
–A veces, por muy mal que la estés pasando, estar en el lugar al que perteneces te hace sentir mejor–Comentó. Entonces, ¿no se sentía cómoda? ¿Quería irse? Esas preguntas se formularon en mi mente asustándome de paso–Lo mejor sería que hablara con ella, ¿no cree?–
–No me va a responder nada–Suspiré derrotado–Lleva 3 meses así, cada vez que le pregunto algo de importancia no me responde, es que casi ni me habla–
– ¿Y si le da su propio espacio?–
– ¿Su espacio?– ¿Cómo que su espacio?– Su alcoba es bastante grande, ¿quiere más espacio que ese?–
Dire soltó una carcajada–No me refería a ese espacio, mi señor–Me sonrojé levemente por mi equivocación–Nosotras las mujeres necesitamos espacio personal, un día de soledad completa para pensar y reflexionar. No creo que se sienta cómoda teniendo las 24 horas del día alguien que la observa–
– ¿Me estás diciendo que debo de quitarle su escolta?–Pregunté incrédulo.
–Solo un día cada semana–Bajé mi mirada al suelo de arena maciza, tal vez Dire tenía razón y sí se sentía presionada–Cambiando el tema, necesito que se concentre. Está bien preocuparse, pero recuerde que tiene responsabilidades que cumplir–
Asentí mientras salíamos de la sala hacia el pueblo hablando de misiones, y problemas. Hablando de problemas, como si hubieran sido invocados, en la entrada de la fortaleza podía oír un bullicio.
– ¿Pero porque no se puede entrar?–La voz de un hombre llegó a mis oídos y mientras más nos acercábamos más distinguíamos a los extranjeros, seguramente hylianos–Vamos, déjanos pasar–Eran como tres.
–Está prohibido la entrada de cualquier voe*–Dijo firmemente la Gerudo que se hallaba haciendo guardia en la entrada–Hagan el favor de largarse–
–Pero que mujer más pesada, que nos dejes pasar–Los hylianos sacaron sus armas, haciendo que la Gerudo también desenvainara las suyas.
– ¿Qué sucede aquí?–Mi simple pregunta hizo que la Gerudo retrocediera para dejarme la vista libre.
–Ellos quieren pasar, mi señor–
– ¿Acaso ya no les explicó que está prohibido la entrada de cualquier voe? Lárguense–Dire optó su posición de ataque.
–No me lo creo–Uno de los hylianos se mostró sorprendido– ¿Tu eres el matriarca? Pareces muy joven–Me señalaron, aunque no le tomé importancia.
– ¿Y todas estas mujeres son para ti? Vaya que eres suertudo, seguramente hacen todo lo que les digas, seguro haces muchas cosas con ellas–Comenzaron a carcajearse.
Me estaban cabreando sus comentarios, tratando a las Gerudo de esa manera tan grosera, ¿ni porque eran mujeres podían tenerle un poco más de respeto? Estaba tan molesto que estuve a punto de desenvainar mi espada para rebanarles el cuello, incluso podía jurar que una oscura voz me decía que lo hiciera; cuando una figura blanca pasó por mi lado veloz y abofeteó a uno de ellos haciéndolos callar por la sorpresa.
Mostré asombro en mi rostro al ver que era ella. Ahí estaba, posicionada frente a esos hombres "mirándolos" enojada. No sabía cómo sentirme en esos momentos, viéndola ahí fuerte. ¿Qué había pasado con aquella flor marchita?
–Márchense–Les dijo decidida a los hylianos.
– ¿una…hylian? ¿Qué hace una hyliana en el Desierto Gerudo?–
–Eso no tiene nada que ver con ustedes–Desenvainé la espada y me coloqué frente a ella y las Gerudo–Será mejor que se larguen, o pueden quedarse y ser rebanados–Les sonreí con superioridad.
Uno de ellos chasqueó la lengua molesto mientras guardaba su arma y con él los otros dos hicieron lo mismo. Dieron media vuelta no sin antes volver a mirar a la hylian y se perdieron en las arenas del desierto en búsqueda de su territorio. Me volteé hacia ella sin saber que decirle o hacer. Nos había ayudado, pero ¿Cómo decirle "gracias" sabiendo que no me responderá un "de nada"?
–Ven–La cogí de la mano al tiempo que la escolta que le había asignado llegaba–Tienes el día libre–Le dije a la Gerudo la cual se mostró confundida.
Comencé a caminar aun agarrando su blanca mano que hacía contraste con la mía. Caminamos por las calles hasta que entramos al castillo y llegamos a la sala del trono. La solté y me coloqué frente a ella. A pesar de tener 11 años recién cumplidos era alto, ya tenía 1.65, casi estaba de su tamaño.
– ¿Por qué estabas ahí?–Le pregunté, pero ella no respondió–No debiste haber hecho eso, ¿y si se hubieran revelado?–Le regañé mientras ella bajaba la cabeza.
–No podía seguir oyendo sus groserías–Susurró haciéndome callar para poder oírla–Solo…Solo me dejé llevar por mis impulsos, lo siento–Se disculpó.
¡¿Pero qué estaba haciendo?! La idea era darle las gracias, ¡no regañarla! Encogí mis hombros y sonreí–Esta bien–Levanté mi mano para acariciarle la mejilla pero me detuve a solo centímetros de esta y volví a bajar la mano–Pero no vuelvas a hacerlo estando sola, puede ser peligroso. Vamos, te acompañaré a tu habitación–
Llegamos a su alcoba y ella se sentó en la cama sin ningún esfuerzo, al parecer ya podía sobrellevar su discapacidad en la visión. Me senté frente a ella en un butacón y la observé por unos segundos en completo silencio.
–Yo quería preguntarte algo–Confesé–he notado que…eres muy callada y seca; entiendo que debe ser por el cambio al que te he impuesto y debe ser difícil, así que…–Cerré mis puños meditando si debía continuar– ¿Quieres volver a…?–
–Me siento bien–Interrumpió mi pregunta–Solo estoy preocupada–Susurró mientras volteaba su opaca y sin vida mirada hacia el balcón.
–Por una persona, ¿cierto?–La afirmación me salió a reproche.
Ella no respondió como me lo imaginaba. Apreté mi mandíbula y me sentí hervir. Me levanté rápidamente y sin despedirme salí de su alcoba cerrando la puerta. No sabía la razón, pero solo quería que me mirara a mí, yo quería ser en quien pensaba; tal vez sentía eso por haber sido el centro de atención toda mi vida, y que ahora venga ella y apenas me mire…
–Me molesta–Susurré mientras me perdía en las sombras de los pasillos del castillo.
-o-o-o-
Voe*: es una forma en la que las Gerudo identifican a los hombres.
