Gracias por las buenas respuestas a esta idea ;vv; Lxs adoro muchísimo 3
Este capítulo se trata de la que yo creo es la ship más sensual que he podido pensar. Ya verán por qué está rateado T. Adoro a este par desde mis épocas de 12 años leyendo fanfics yaoi acá en fanfiction. Como que nunca exploté a estos dos como debía. Así que acá va.
Sin más preámbulos, los dejo con "Gouenji" y este capítulo que quise escribir con mucho cuidado para no joderla.
Disclaimer: Inazuma Eleven y sus personajes no me pertenecen, son de Level-5. El día en que me pertenezcan, ya están advertidos.
II
Gouenji
Estúpido. Siempre estaba mirándolo con esos ojos intensos y eso le inquietaba. Ojalá algo pasara y se quedara ciego o al menos no pudiera mirarle. Sabía que eso era malo, y que tenía que tener cuidado con lo que pedía, pero no podía evitarlo.
Tampoco es que le molestara que lo mirara, es sólo que... ¿No podía hacerlo como a una persona normal? Desde que llegó al equipo, lo único que hacía era observarlo con intensidad, como si pudiera estudiarlo, leerlo o quizá descifrarlo. Era incómodo pero no sabía como hacérselo saber sin que sonara raro. A veces se reía solo y eso sólo lograba molestarlo más. ¿Qué tenía de gracioso?
Como sea, estaba claro que Gouenji Shuuya tenía un problema con Kazemaru Ichirouta.
Y Kazemaru Ichirouta estaba jodidamente molesto.
Para peor las insinuaciones del peliblanco hacia su persona eran tan ligeras, y a la vez tan potentes, que le causaban escalofríos. Uno que otro comentario con esa mirada suya, una cercanía, un roce de mano. Nunca se sabía con qué atacaría más tarde, literalmente. ¿Su más nueva táctica? Acercarse lo suficiente para que él se sintiera observado y hablarle en voz baja. Luego alejarse. ¿Su último ataque? El día de ayer, después del entrenamiento, asegurándose que nadie los viera. ¿Las palabras que le había dicho? "Estoy empezando a perder la paciencia".
Maldito seas, Gouenji Shuuya. Y maldita sea esa mirada tuya.
Luego de ese entrenamiento, Kazemaru se había quedado solo en los vestidores. Bueno, no completamente sólo. Estaba colocándose la camisa, preparándose para volver a casa, cuando lo escuchó.
—Vaya, vaya, mira quién se ha quedado esperándome.
Suspiró con pesadez y volteó a ver a Gouenji, parado detrás de él. Maldita sea la suerte, coincidencia, fortuna, como quiera que se llame esa cosa.
—Tú eres el que me espera, no seas mentiroso.— Contestó, con sarcasmo. Lo menos que podía hacer era tomarse esta mala racha con humor.
—Mh... Bien, te creeré por esta vez.— Replico el otro, con una risa leve. Pasaron unos segundos de silencio.— ¿Qué pasa por tu mente?
—Nada importante, al menos para tí.— Se apresuró a decir el otro, viendo venir el ataque del peliblanco.— Aunque tú deberías saberlo, dices que es taaaaan fácil leerme.— Más sarcasmo. Estaba jugando con fuego y lo sabía.
—Lo es. Y el sarcasmo como arma no te está apoyando.— Sonrió el delantero, sentándose a su lado. Kazemaru dejó de abrochar su camisa y lo miró.
—¿Qué, acaso tengo algo raro en mi cara aparte del pelo en mi ojo?— Preguntó el defensa, intentando endurecerse mentalmente ante el otro, quien rió en respuesta y ejecutó su maniobra. Se acercó y le tomó una mano, observándolo fijamente a unos cuantos centímetros de su rostro.
—¿Por qué no hablamos de lo rojo que está tu rostro, Ichi-kun?— Y eso empeoró al oir su nombre dicho de esa manera.
—No me llames así.— Reaccionó el defensa, evitando hacer contacto visual.
—¿O es que enrojecerías el doble con ello?— Insinuó el peliblanco, usando una mano para hacer que el otro lo mirase. Era inútil luchar.— Te dije que mi paciencia estaba agotándose.
—... Igual que la mía.
Uno, dos, tres. Ahora.
No se dió cuenta de cuándo empezó a devorarle los labios con fiereza, y prefirió no darse cuenta. En lugar de ello, dejó que el tiempo se detuviese en su sitio, con una camisa a medio abrochar y sus brazos alrededor del cuello del delantero. Sin darse cuenta, el peliazul se fue acercando lo suficiente como para sentarse en su regazo, moviendo la cabeza y permitiéndole al otro que su lengua acariciara la propia. Se escuchaban suspiros en el lugar vacío, que empezaba a llenarse del calor de la pareja que ahí se encontraba. No pasó mucho hasta que el contacto se cortó y ambos quedaron frente con frente, mirándose y recuperando el aire. El peliblanco iba a bajar sus labios al cuello del defensa, pero él lo detuvo.
—Aún no.—Le dijo, en voz baja.— No creo tener la edad para esto y tampoco quiero que nadie nos vea.— Recibió una risa por lo bajo como respuesta y dos manos que lo ayudaban a terminar de abrocharse la camisa y le pasaban la chaqueta del uniforme mientras el defensa retornaba a su lugar.
—¿Entonces qué?— Le preguntó el peliblanco, alzando una ceja.— ¿Lo dejarás así y te olvidarás de esto?
—... No.— Kazemaru agarró sus cosas y se levantó, haciendo que Gouenji lo siguiera.— Te aseguro que no.
Acto seguido, le tomó la mano y se fue.
Y así es como empezaba una relación entre un tornado y una explosión volcánica.
